Skip to main content

Full text of "Teatro español"

See other formats


Google 


This  is  a  digital  copy  of  a  book  that  was  prcscrvod  for  gcncrations  on  library  shclvcs  bcforc  it  was  carcfully  scannod  by  Google  as  parí  of  a  projcct 

to  make  the  world's  books  discoverablc  onlinc. 

It  has  survived  long  enough  for  the  copyright  to  expire  and  the  book  to  enter  the  public  domain.  A  public  domain  book  is  one  that  was  never  subject 

to  copyright  or  whose  legal  copyright  term  has  expired.  Whether  a  book  is  in  the  public  domain  may  vary  country  to  country.  Public  domain  books 

are  our  gateways  to  the  past,  representing  a  wealth  of  history,  culture  and  knowledge  that's  often  difficult  to  discover. 

Marks,  notations  and  other  maiginalia  present  in  the  original  volume  will  appear  in  this  file  -  a  reminder  of  this  book's  long  journcy  from  the 

publisher  to  a  library  and  finally  to  you. 

Usage  guidelines 

Google  is  proud  to  partner  with  libraries  to  digitize  public  domain  materials  and  make  them  widely  accessible.  Public  domain  books  belong  to  the 
public  and  we  are  merely  their  custodians.  Nevertheless,  this  work  is  expensive,  so  in  order  to  keep  providing  this  resource,  we  have  taken  steps  to 
prcvcnt  abuse  by  commercial  parties,  including  placing  lechnical  restrictions  on  automated  querying. 
We  also  ask  that  you: 

+  Make  non-commercial  use  of  the  files  We  designed  Google  Book  Search  for  use  by  individuáis,  and  we  request  that  you  use  these  files  for 
personal,  non-commercial  purposes. 

+  Refrainfivm  automated  querying  Do  nol  send  automated  queries  of  any  sort  to  Google's  system:  If  you  are  conducting  research  on  machine 
translation,  optical  character  recognition  or  other  áreas  where  access  to  a  laige  amount  of  text  is  helpful,  picase  contact  us.  We  encouragc  the 
use  of  public  domain  materials  for  these  purposes  and  may  be  able  to  help. 

+  Maintain  attributionTht  GoogXt  "watermark"  you  see  on  each  file  is essential  for  informingpcoplcabout  this  projcct  and  hclping  them  find 
additional  materials  through  Google  Book  Search.  Please  do  not  remove  it. 

+  Keep  it  legal  Whatever  your  use,  remember  that  you  are  lesponsible  for  ensuring  that  what  you  are  doing  is  legal.  Do  not  assume  that  just 
because  we  believe  a  book  is  in  the  public  domain  for  users  in  the  United  States,  that  the  work  is  also  in  the  public  domain  for  users  in  other 
countries.  Whether  a  book  is  still  in  copyright  varies  from  country  to  country,  and  we  can'l  offer  guidance  on  whether  any  specific  use  of 
any  specific  book  is  allowed.  Please  do  not  assume  that  a  book's  appearance  in  Google  Book  Search  means  it  can  be  used  in  any  manner 
anywhere  in  the  world.  Copyright  infringement  liabili^  can  be  quite  severe. 

About  Google  Book  Search 

Google's  mission  is  to  organizc  the  world's  information  and  to  make  it  univcrsally  accessible  and  uscful.   Google  Book  Search  hclps  rcadcrs 
discover  the  world's  books  while  hclping  authors  and  publishers  rcach  ncw  audicnccs.  You  can  search  through  the  full  icxi  of  this  book  on  the  web 

at|http: //books.  google  .com/l 


Google 


Acerca  de  este  libro 

Esta  es  una  copia  digital  de  un  libro  que,  durante  generaciones,  se  ha  conservado  en  las  estanterías  de  una  biblioteca,  hasta  que  Google  ha  decidido 

cscancarlo  como  parte  de  un  proyecto  que  pretende  que  sea  posible  descubrir  en  línea  libros  de  todo  el  mundo. 

Ha  sobrevivido  tantos  años  como  para  que  los  derechos  de  autor  hayan  expirado  y  el  libro  pase  a  ser  de  dominio  público.  El  que  un  libro  sea  de 

dominio  público  significa  que  nunca  ha  estado  protegido  por  derechos  de  autor,  o  bien  que  el  período  legal  de  estos  derechos  ya  ha  expirado.  Es 

posible  que  una  misma  obra  sea  de  dominio  público  en  unos  países  y,  sin  embaigo,  no  lo  sea  en  otros.  Los  libros  de  dominio  público  son  nuestras 

puertas  hacia  el  pasado,  suponen  un  patrimonio  histórico,  cultural  y  de  conocimientos  que,  a  menudo,  resulta  difícil  de  descubrir. 

Todas  las  anotaciones,  marcas  y  otras  señales  en  los  márgenes  que  estén  presentes  en  el  volumen  original  aparecerán  también  en  este  archivo  como 

tesümonio  del  laigo  viaje  que  el  libro  ha  recorrido  desde  el  editor  hasta  la  biblioteca  y,  finalmente,  hasta  usted. 

Normas  de  uso 

Google  se  enorgullece  de  poder  colaborar  con  distintas  bibliotecas  para  digitalizar  los  materiales  de  dominio  público  a  fin  de  hacerlos  accesibles 
a  todo  el  mundo.  Los  libros  de  dominio  público  son  patrimonio  de  todos,  nosotros  somos  sus  humildes  guardianes.  No  obstante,  se  trata  de  un 
trabajo  caro.  Por  este  motivo,  y  para  poder  ofrecer  este  recurso,  hemos  tomado  medidas  para  evitar  que  se  produzca  un  abuso  por  parte  de  terceros 
con  fines  comerciales,  y  hemos  incluido  restricciones  técnicas  sobre  las  solicitudes  automatizadas. 
Asimismo,  le  pedimos  que: 

+  Haga  un  uso  exclusivamente  no  comercial  de  estos  archivos  Hemos  diseñado  la  Búsqueda  de  libros  de  Google  para  el  uso  de  particulares: 
como  tal,  le  pedimos  que  utilice  estos  archivos  con  fines  personales,  y  no  comerciales. 

+  No  envíe  solicitudes  automatizadas  Por  favor,  no  envíe  solicitudes  automatizadas  de  ningún  tipo  al  sistema  de  Google.  Si  está  llevando  a 
cabo  una  investigación  sobre  traducción  automática,  reconocimiento  óptico  de  caracteres  u  otros  campos  para  los  que  resulte  útil  disfrutar 
de  acceso  a  una  gran  cantidad  de  texto,  por  favor,  envíenos  un  mensaje.  Fomentamos  el  uso  de  materiales  de  dominio  público  con  estos 
propósitos  y  seguro  que  podremos  ayudarle. 

+  Conserve  la  atribución  La  filigrana  de  Google  que  verá  en  todos  los  archivos  es  fundamental  para  informar  a  los  usuarios  sobre  este  proyecto 
y  ayudarles  a  encontrar  materiales  adicionales  en  la  Búsqueda  de  libros  de  Google.  Por  favor,  no  la  elimine. 

+  Manténgase  siempre  dentro  de  la  legalidad  Sea  cual  sea  el  uso  que  haga  de  estos  materiales,  recuerde  que  es  responsable  de  asegurarse  de 
que  todo  lo  que  hace  es  legal.  No  dé  por  sentado  que,  por  el  hecho  de  que  una  obra  se  considere  de  dominio  público  para  los  usuarios  de 
los  Estados  Unidos,  lo  será  también  para  los  usuarios  de  otros  países.  La  l^islación  sobre  derechos  de  autor  varía  de  un  país  a  otro,  y  no 
podemos  facilitar  información  sobre  si  está  permitido  un  uso  específico  de  algún  libro.  Por  favor,  no  suponga  que  la  aparición  de  un  libro  en 
nuestro  programa  significa  que  se  puede  utilizar  de  igual  manera  en  todo  el  mundo.  La  responsabilidad  ante  la  infracción  de  los  derechos  de 
autor  puede  ser  muy  grave. 

Acerca  de  la  Búsqueda  de  libros  de  Google 


El  objetivo  de  Google  consiste  en  organizar  información  procedente  de  todo  el  mundo  y  hacerla  accesible  y  útil  de  forma  universal.  El  programa  de 
Búsqueda  de  libros  de  Google  ayuda  a  los  lectores  a  descubrir  los  libros  de  todo  el  mundo  a  la  vez  que  ayuda  a  autores  y  editores  a  llegar  a  nuevas 
audiencias.  Podrá  realizar  búsquedas  en  el  texto  completo  de  este  libro  en  la  web,  en  la  página|http :  /  /books  .  google  .  com| 


i    Y  ÁDMniSTRAaól!  /   /¿.(i 

'/  L_lRICO-DRAMÁTlCA. 

/  I,  I 

EL 

DESHEREDADO 


COIIDU  IR  TBES  ACTOS,  H  mSO 


ORIGINAL  DE 


D.    VALENTÍN    GÓMEZ 


REPRESENTÓSE  POR  PRIMERA  VEZ  EN  EL  TEATRO  ESPANpL 
EL  18  DE  NOVIEMBRE  DE  1884.         .   . 


* 


\<r- 


MADRID 

IMPRENTA  DB  A.   PÉREZ  DUBRULL. 
V\w  Baja,  núm,  %%, 

1884 


Pablo.     ¿Quién  la  ataca? 

Elena.  La  calumnia, 

Y  usted,  que,  al  venir,  la  afirma. 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor ,  y  nadie  po'drá ,  sin  su 
permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en  España  y  sus  pose- 
siones de  Ultramar ,  ni  en  los  países  coa  los  cuales  haya  celebra- 
dos ó  se  celebren  en  adelante  tratados  internacionales  de  propie- 
dad literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Administración  Lírico- Dramática  de 
D.  EDUARDO  HIDALGO,  son  los  exclusivamente  encargados 
del  cobro  de  los  derechos  de  representación  y  de  la  venta  de 
ejemplares. 

hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


v/ 


^-3-  33 


/- 


Tributo  de  justicia  es  declarar  aquí  que  debo  á  la  eje- 
<;ución  de  esta  obra  una  buena  parte  del  éxito  que  ha 
obtenido. 

Antonio  Vico,  flexible,  inspirado  ó  grandioso,  según  la 
situación  requería ,  se  propuso  dominar  al  público,  y  acabó 
por  hacerlo  esclavo  de  su  voluntad  :  privilegio  únicamente 
reservado  al  genio.  La  Sra.  Tubau,  que  tantos  triunfos 
ha  conquislado  en  la  comedia ,  demostró  que  su  talento  es 
capaz  de  vencer  todas  las  dificultades.  En  algunos  momen- 
tos se  elevó  á  la  altura  de  las  más  insignes  actrices  que  han 
honrado  la  escena  española.  El  Sr.  Catalina,  á  cuya  buena 
amistad  debo  el  desempeño  de  su  poco  simpático  papel,  lo 
caracterizó  tan  maravillosamente,  que  si  los  aplausos  de 
los  entendidos  se  oyeran  siempre ,  en  cada  escena  hubiese 
alcanzado  una  ovación.  El  veterano  Fernández,  regocijo 
tradicional  del  Teatro  Español ,  probó  que  sabe  hacer  llorar 
tanto  por  lo  menos  como  sabe  hacer  reir.  La  incomparable 
característica  Sra.  Zapatero,  la  señorita  Casado  y  los  seño, 
res  Cirera  yBalaguer,  dieron  al  cuadro  los  toques  necesarios 
para  que  resultara  perfecto. 

Reciban  todt)s  el  testimonio  de  mi  máá  profunda  grati- 
tud, y  de  mi  cord^'^í'"''^'»  «ij^wHíJ. 

Con  que  me  pinches. 
Ifjta.  lQ°^  lástima  1 

I  Si  fuera  yo  !....  (Como  amenazándole  $n  broma.) 
Cándido.       (Alargando  el  brazo  para  darle  en  la  cara  á  Rita.) 

¡Tul....  Lo  creo  : 

Gomo  que  eres  más  remala.... 
Elena.         Pero  ¿  te  estás  quieto  ? 
Cándido.  ^s  ella 

Que  me  insulta. 
Rjta.  I  Tarambana  I 

Cándido.     Vieja. 
.Elena.  Vamos. 

(Haciendo  que  se  esté  quieto  y  acabando  de  coeer.) 


5 


Cándido. 

Se  acabó. 

Elena. 

¡  Justo !  Te  irás  sin  corbata.  (S»  la  pone.) 

Cándido. 

;  E9  verdad !  ¡  Buena  está  ya  ella  I 

Elena. 

I  Qad  qaieres ,  hijo  I  Se  gasta 

(Mientras  se  la  pone) 

Muoho,  y  papá,  aunque  es  muy  bueno^ 

Y  sin  descanso  trab^ga , 

No  logra  que  de  sus  manos 

Corran  arroyos  de  plata , 

En  vez  del  agrio  y  copioso 

Sudor  que  su  frente  baña. 

Rita. 

Porque  es  tonto. 

Elena. 

¡  Rita ! 

Rita. 

Quiero 

Decir  que  el  señor  se  pasa 

De  bueno,  y  en  este  mundo 

Al  que  es  bueno  lo  machacan. 

Cándido. 

Entonces  voy  á  ser  yo 

Más  malo  que  una  pedrada. 

Elena. 

Lo  que  has  de  hacer  tú  es  traer 

Buena  nota.  No  te  vayas 

• 

Á  aturdir  en  el  examen  ; 

Que  si  te  dan  calabazas , 

Para  mi  será  disgusto, 

• 

Para  tu  papá  desgracia. 

/ 

Ya  sabes  lo  que  es.... 

Cándido. 

De  sobra- 

Pero  el  caso  es  que  son  tantas 

Las  asignaturas....  |Y  ^ 

Vete  ahora  á  recordarlas ! 

El  grado  de  bachiller 

En  Artes  es  uoa  papa ; 

Créelo,  mamá. 

Elena. 

;  Bah  I  No  digas 

Simplezas. 

Cándido. 

¡  Simplezas  I  í  Vaya  t 

Todos  los  chicos  lo  dicen.... 

Rita. 

1  Los  chicos  I  Razón  que  aplasta^ 

Cándido. 

Quien  va  á  aplastarte  soy  yo, 

Si  me  llevas  la  contraria. 

Elena. 

De  todos  modos,  á  ver 

Si  cumples  como  Dios  manda. 

¿Oyes? 

Cándido. 

Sí;  sí....  pero,  mira; 

Papá  tiene  cosas  rdras. 

¿Por  qué  no  me  recomienda 

Como  hacen  otros?  Bien  maula 

Es  Garlitos,  y  bien  pigre  y 

Y  ya  Tes  qué  notas  saca. 

No  hay  miedo  que  lo  suspendan. 

Aunque  no  conteste  nada. 

¡Y  es  natural!  Don  Fernando 

Con  los  profesores  habla  ; 

Ó  busca  quien  ios  conozca , 

Y  allá  va  con  dos  mil  cartas; 

Y  al  cabo,  si  una  no  pega , 

Siempre  hay  otra  que  no  falla. 

Elena. 

¡Bonito  es  papá! 

Rita. 

Sí;  vete 

Á.  él  con  esa  serenata. 

Elena. 

Aborrece  de  tal  modo 

Todo  aquello  que  no  vaya 

Por  el  camino  derecho, 

Que  ni  la  vida  aceptara. 

Si,  agonizando,  debiera 

Á  una  injusticia  esa  gracia. 

Cándido. 

Pues  luego  que  no  se  queje 

De  lo  que  ocurra. 

Elena. 

Faltaba 

Sólo  que  hoy  á  tu  abnelito, 

Que  va  á  llegar,  le  obsequiaras 

Con  un  suspenso. 

Cándido. 

Por  mf.... 

( No  voy  á  decir  palabra ; 

Lo  estoy  viendo.)  ¡Ba  I  Hasta  luego. 

Rita. 

Gomo  salgas  bien.... 

Cándido. 

¡Qué! 

Rita. 

Nada., 

Cándido. 

¿Vas  á  hacerme  algún  regalo? 

Rita. 

He  echado  el  ojo  á  una  tarta 

De  almendras.... 

Elena. 

(Con  dulce  reconvención.)  \  Mujer  I 

Cándido. 

(Abrazándola,)                                    \  Ay,  Rita  I.... 

(Me  quedaré  con  las  ganas.) 

(Va  á  ealiry  y  entran  Fernando  y  Luha.) 

8 

"   ESCENA  II. 

DICHOS ,  FERNANDO  y  LUÍSA. 

Cándido.     iDon  Fernando  I 

Fernando.  \  Hola^  estudiante  1 

¿  Estás  todavía  en  casa  ? 
Cándido.     Ahora  me  voy.  ¿Y  Garlitos? 
Fernando.  Salió  hace  media  hora  larga. 
Cándido.     Tiene  numero  más  bajo 

Que  el  mío.  ¡  Adiós ! 
Elena.  ¡Adiós I  Calma, 

Y  no  te  aturdas. 
Cándido.  Veremos. 

Fernando.  Buena  suerte. 
Cándido.  Muchas  gracias. 

(Y<M9  por  el  fondo  con  Rita.J 

ESCENA  IIL 

ELENA  ,  FERNANDO  y  LUÍSA, 

Fernando.  Estos  hijos.... 

Luisa.  ¿Y  el  pequeño ? 

Elena.        Ayer  nos  lo  trajo  el  ama 

De  Hortaleza :  está  muy  gordo. 
Fernando.  ¡Por  milagro  I  ¡Son  tan  zafias 

Las  nodrizas  de  la  tierra, 

Y  sobre  todo  en  su  casa  I 
Gomen  mal :  no  beben  vino , 
Abren  puertas  y  ventanas  , 
Dejando  á  las  criaturas 
Entre  aires :  luego  trabajan 
Gomo  bestias....  [Ay,  Elena! 
Nodrizas  ,  de  la  montaña , 

Y  junto  á  los  padres. 
Elena.  Gierto. 

Pero,  amigo,  son  muy  caras , 

Muy  exigentes.... 
Luisa.  ¿Qué  importa , 

Si  crían  bien? 
Elena.  ^         Al  que  nada , 

Gomo  tú  ,  en  oro.... 
Fernando.  l.Pamplinas ! 


^ 


9 


Elena. 

Luisa. 

Fernando. 

Luisa. 

Fernando. 

Luisa. 

Fernando. 

Luisa. 


Fernando. 

Elena. 

Fernando. 


Elena. 
Fernando. 


Elena. 
Fernando. 

Elena. 


Fernando. 


Sí  Ricardo  se  empeñara , 
¿Qué  digo  empefiarse?,  sólo 
Con  qae  le  diera  la  gana , 
Tendría  lo  qae  yo  tengo, 

Y  aan  más ;  pero  él  está  en  Babia , 
Pone  á  todo  inconvenientes, 

Á  caalqaier  cosa  le  llama 
Picardía,  indignidad , 
Bajeza ,  abuso  ó  estafa, 

Y  es  claro  :  así  están  ustedes : 
Con  dignidad....  y  sin  blanca. 
Tendrá  usted  razón ,  Fernando : 

I  Mas  qué  quiere  usted  que  le  haga  ? 
¿Qué  has  de  hacer?  Plantarte. 

Justo. 

Y  hablarle  gordo. 

Y  al  alma. 
Decirle  que  es  mal  esposo. 
Que  es  un  padre  sin  entrañas. 
Que  lo  primero  es  vivir 
Con  decencia ,  como  cuadra 
Á  vuestra  clase. 

Evidente. 
Pero.... 

I  Mire  usted  qué  sala  t 
I  Qué  muebles !  \  Y  cuarto  bajo  I 
Estará  lleno  de  ratas ; 
Chiquitín,  sin  luz,  sin' aire....  ^ 

Y  con  todo  eso  no  es  ganga. 
Diez  reales  diarios. 

i  Bueno! 
Él  lo  quiere  :  santas  Pascuas. 
¿  Y  adonde  ha  ido  ese  simplote  ? 
Hoy  llega  su  padre. 

¡Cascaras! 
¡  Otra  boca  más ! 

Por  fuerza ; 
Al  pobre  viejo  le  faltan 
Los  recursos  :  está  enfermo : 
¿Qué  ha  de  hacer?  Venirse  á  casa  , 
Junto  al  hijo  por  quien  tanto 
Se  desveló. 

Sin  sustancia. 


10 


Porque  el  hijo,  que  ha  hecho  ahora 

Oposición  á  una  cátedra , 

Y  acaso  puede  obtenerla 

Si  no  sé  duerme  en  las  pajas , 

Ni  hace  hincapié  en  el  decoro 

Ni  en  todas  esas  bobadas 

• 

Que  le  están  volviendo  el  Juicio 

Gomo  al  héroe  de  la  Mancha , 

No  dará  un  paso  siquiera 

Para  inclinar  la  balanza 

En  su  favor,  y  á  la  postre 

Se  quedará  como  estaba  ; 

Muy  íntegro,  muy  honrado, 

Muy  caballero....  y  muy  mandria. 

Elena. 

Será  como  usted  lo  dice, 

De  seguro. 

Luisa. 

¿Y  tendrás  calma 

Para  aguantarlo? 

Elena. 

¿Qué  harías 

Si  en  mi  lugar  te  encontraras? 

Luisa. 

Contéstale  tú ,  Fernando. 

Fernando. 

¡  Bonita  es  ella  !  Buscaba  , 

Gomo  golondrina  errante  , 

Otra  atmósfera  más  grata  , 

Y  aquí  dejaría  el  hielo , 

Y  la  ventisca  y  la  ^escarcha 

Para  los  demás. 

Elena. 

•     ¿De  veras? 

Luisa. 

¡Pudiera  ser!  (Riéndose.) 

Elena. 

¡Virgen  Santal 

Así  te  juzga  y  te  juzgas: 

¿Y  vivís  en  paz? 

Fernando. 

Y  en  gracia 

De  Dios. 

Elena. 

•  Lo  dudo. 

Luisa. 

1  Qué  tonta  I 

El  que  vive  en  la  abundancia 

• 

TSa  dichoso. 

Elena. 

'     No  lo  niego  ; 

Pero  es  que  no  se  me  alcanza 

Que  nudo  que  el  amor  hizo , 

La  pobreza  lo  deshaga. 

Luisa. 

Donde  no  hay  harina  ,  dice 

11 

El  refrán.... 
Elena.  Refrán  qne  fiíUa 

Machas  veces.  Reconosco, 
Porque  es  yerdad  muy  amarga , 
Qae  el  resplandor  del  dinero , 
Ciomo  el  sol  que  el  mando  bafla , 
Fecnnda  hasta  el  yermo  estéril 
De  la  estúpida  ignorancia ; 
Con  ropaje  de  yirtod 
Á  la  iniquidad  disíirau ; 
Sepulta  á  la  fealdad 
Bajo  deslumbrantes  galas  ; 
Da  á  veces  vida  al  enfermo  , 
Incienso  á  la  cortesana  , 
Dignidad  al  vil ,  y  acaso 
Honor  y  gloria  á  la  infamia ; 
Pero  que  el  amor  se  extinga 
Al  peso  de  la  desgracia  ; 
Que  el  dolor  no  estreche  más 
Á  corazones  que  se  aman , 
Gomo  unir  suele  el  peligro 
Á  los  hijos  de  una  patria  , 
Eso  lo  dirán  tus  labios, 
Pero  no  lo  siente  tu  alma. 

ESCENA  IV. 

DICHOS,  RICARDO,  D.  ÁNGEL  y  PABLO. 


Ricardo. 

(Dentro.) 

Por  aquí....  i  Elena  ? 

Elena. 

Ellos  son. 

(Dirigiéndose  á  la  puerta  del  foro.) 

Fernando. 

(Á  Lútea.) 

Esta  nueva  lotería 

Que  les  cae.  (SaUn.) 

Elena. 

(Abrazando  á  D.  Ángel.)  ¡Padre  I 

D.  Ángel. 

I  Hija  mía  I 

Elena. 

¿Qué  iá[l  (Cogiéndole  del  brazo  y   llevándolo  á   una 

mala  butaca  que  hay  en  un  contado. ) 

Aquí....  en  el  sillón. 

D.  Ángel. 

¿El  viaje?  Bien.  Demasiado 

Largo ;  aunque  es  de  sospechar 

Que  el  deseo  de  llegar 

12 
Me  lo  haría  más  pesado 

Ricardo.       (Preientando  á  Fernando  y  Luisa.) 

Fernando  Gil ;  su  señora; 
Vecinos  y  amigos  tales , 
Qae  no  los  hay  más  leales. 

D.  Ángel.    Séanlo  míos  desde  ahora. 

Fernando.   Así  será. 

Ricardo.       (Presentando  á  Pablo  y  Elena  recíprocamente. } 

Mi  mujer.... 
.  Pablo,  antiguo  camarada 

De  colegio. 
Eiena.        (Dándole  la  mano J  Muy  honrada.... 
Pablo.        Más  que  lo  es  no  puede  ser. 
D.  Ángel.     ¿Y  Gandidito,  mi  nieto? 

Quiero  verle;  que  le  UaoieD . 
Ricardo.     Hoy  le  tenemos  de  examen : 

Será  un  bachiller  completo. 
D.  Ángel.     ¡  Pobre  muchacho  I....  ¡Tan  pronto 

Metido  en  esa  Babel 

De  librotes !....  Y  eso  que  é\ 

No  tiene  nada  de  tonto. 
Ricardo.     No  lo  tomaba  usté  á  exceso 

Respecto  á  mí. 
D.  Ángel.  Es  diferente. 

Ricardo.     Sí ;  yo  era  hijo  solamente, 

Y  él  es  nieto. 

D.  Ángel.  Pues  será  eso. 

Fernando.  ¿Y  de  dónde  viene? 
D.Ángel.  ¿Quién? 

¿  Yo  ?  De  la  ^Montaña . 
Fernando.  Aquello , 

Según  dicen,  es  muy  bello 

En  el  verano. 
Elena.  Un  Edén. 

Fernando.  ¿  Usted  lo  conoce  ? 
Elena.  I  Oh  1  Sí. 

Allí  mi  infancia  pasé , 

Allí  á  mi  Ricardo  amé  , 

Y  espero  morir  allí. 

(Á  D.  Ángel.) 

Aún  veo,  padre,  aquel  prado 
Que  está  de  la  iglesia  á  espalda , 
Como  manto  de  esmeralda 


13 

De  flores  mil  matizado; 
Aquellos  anchos  nogales, 
Aquellos  robles  aflejos 
Que  parecen  aún  más  Tiejos 
Junto  á  los  tiernos  maiEales ; 

Y  abajo  el  cauce  sombrío 
Por  donde,  en  hilos  de  plata , 
Entre  guijarros  desata 

Sus  puras  ondas  el  rio ; 
Lugares  todos  risueflos 
Bafiados  con  la  fragancia 
De  recuerdos  de  la  infancia 

Y  de  amorosos  ensuefios ; 
Allí  pienso  vegetar 

Con  mis  amores  á  solas , 
Libre  y  lejos  de  las  olas 
De  este  turbulento  mar ; 
Yá  través  del  aéreo  tul 
Que  entre  las  brumas  se  pierde. 
Ver  abajo....  i  todo  verde  1 
Ver  arriba. ...  i  todo  azul  I 
Fernando.  {Poesía! 


D.  Ángel. 

No:  realidad. 

Ricardo. 

Y  exacta. 

Pablo. 

Y  encantadora. 

Luisa. 

Harás  muy  buena  pastora 

De  aquella  Arcadia. 

Fernando. 

Es  verdad. 

Ricardo. 

(Á  Pablo.) 

Pablo,  ya  sé  que  te  pesa; 

Pero,  pues  te  hallé  en  el  tren, 

Hoy,  aunque  no  almuerces  bien» 

• 

Vas  á  honrar  mi  humilde  mesa. 

Pablo. 

¡  Imposible ! 

D.  Ángel. 

Yo  repito 

El  ruego  por  cuenta  mía. 

Va  usted  á  hacer  compañía 

Á  mi  excelente  apetito. 

Los  dos  solos,  ¿  no  es  verdad  í 

Y  cuanto  antes. 

Elena. 

Sin  demora. 

Pablo. 

Yo  suplico  á  usted,  señora.... 

Ricardo. 

¿  Desdenes  á  la  amistad  I 

14 

Pablo.        Si  tengo  el  tiempo  tasado.... 

I  Si  lo  sabes  I 
O.  Ángel.  No  es  perdido 

Cualquier  tiempo  bien  comido. 

Sino ,  al  revés ,  muy  ganado. 

Conque.... 
Ricardo.  i  Justo  1  Al  comedor.  « 

Fernando.  (Á  Luisa.) 

Eran  pocos.... 
Luisa.        (Id,  á  Femando J  \  Pobre  Elena ! 
Fernando.  Mira  á  ver  si  en  su  alacena 

Falta  algo,  y.... 
D.  Ángel.     (Por  Fernando,)    Si  este  scñor.... 
Fernando.  Mil  graciav<}.  Tengo  que  hablar 

Con  Ricardo. 
Luisa.         (A  Elena.)        Y  yo  contigo. 
O.  Ángel.     Pues  i  eal :  en  marcha.  (A  EUna.) 

Te  digo 

Que  voy  con  gusto  á  almorzar. 

(Vanee y  derecha,  D.  Ángel  del  brazo  de  Elena»   Pablo 
ofrece  el  brazo  á  Luisa.) 
Pablo.  (Á  Luisa.) 

Sírvase  usted  conceder.... 
Luisa.         Muchas  gracias,  caballero. 

(Aparte.) 

Es  galán  el  forastero.) 

Pablo.  (ídem,) 

(Es  muy  bella  está  mujer.) 
ESCENA  V. 

RICARDO  y  FERNANDO. 

Fernando.   Por  la  nueva  obligación 

Que  te  impones ,  es  preciso 

Que,  más  que  nunca  ,  sumiso ; 

Escuches  hoy  mi  opinión. 
Ricardo.     Escucharla,  como  escucho 

Tus  consejos  siempre ,  es  poco. 
Fernando.   Pero  dejar  de  ser  loco 

Quizá  te  parezca  mucho. 
Ricardo.     Con  arreglo  á  tu  sistema 


15 


Fernudo. 

Ricardo. 

Femando. 

Ricardo. 

Fernando. 


Ricardo. 

Femando. 
Ricardo. 


Fernando. 
Ricardo. 

Fernando. 

Ricardo. 

Fernando. 


Ricardo. 

Femando. 

Ricardo. 


Fernando. 


Quizá. 

Si  mi  vos  amiga 
Noteconyenoe.... 

Qae  siga 
Cada  loco  con  tu  tema. 
Ricardo,  ¿quieres  ganar 
La  cátedra? 

Por  sopuesto. 
El  tribanal  me  ha  propaeeto.... 
Ya  lo  eé  :  en  primer  logar. 
Mas  no  alcanza  el  que  no  mega  ; 

Y  asi  importa  poco  que 
El  tribunal  te  la  dé , 

Si  el  ministro  te  la  niega.  « 

Dices  muy  bien  :  .mas  yo  espero 
Que  no  me  la  negará. 
¿Por  qué? 

;  Por  qué  I  Claro  está  ; 
Pues  porque  soy  el  primero. 

Y  aunque  es  libre  en  la  elección , 
Tal  es  la  ventaja  mía , 

Que  desairarme,  seria 
Escarnecer  la  opinión. 
Todo  el  muudo  ha  presenciado 
Los  ejercicios.... 

De  modo.... 
Que  de  mí  lo  espero  todo , 
Pues  todo  me  lo  he  ganado. 
Nada :  tu  eterno  registro. 
¿  Qué  quieres  ? 

Que  me  concedas 
Que  sin  cátedra^  quedas 
Como  no  hablen  al  ministro. 
jCal 

¿Te  pasma? 

Harto  sé  yo.... 
Mas  repugna  á  mi  conciencia 
Que  se  otorgue  á  la  influencia 
Lo  que  á  la  justicia  no. 
Siempre  igual :  ¡  siempre  don  Justo  I 
¿Pero  querrá  este  mancebo 
Que  se  corte  un  mundo  nuevo 
Por  el  patrón  de  su  gusto? 


16 

Tus  doctrinas  serán  bellas , 

Mas  no  te  hagas  ilusiones : 

Buscar  recomendaciones 

íüs  lo  derecho  :  sin  ellas 

No  anda  espediente  ninguno , 

Ni  se  da  á  nadie  un  destino , 

Ni  se  concede  un  camino  # 

Á  un  contratista  importuno  ; 

Ni  te  escucha  un  Director^ 

Ni  te  absuelve  un  tribunal , 

Ni  llegas  á  concejal , 

Diputado  ó  senador. 

Y,  en  ñn^  pues  me  apuras  tanto 

Considera  que  hasta  al  cielo 

Hay  que  pedir  con  anhelo 

Por  mediación  de  algún  Santo. 

Luego  bien  se  me  figura 

Que  sin  recomendación , 

Ni  aun  la  eterna  salvación 

Puedes  darla  por  segura. 
Ricardo.     De  modo  que  Belcebú 

Debe  estar  muy  bien  conmigo. 
Fernando.  Probablemente. 
Ricardo.  i  Y  yo  digo 

Que  no  me  protejas  tú , 

Y  otro  cualquiera  también 
Que  se  interese  por  mi  ? 
Mas ,  confiesa*^ :  ¿  es  asi 
Gomo  se  vence  el  desdén 
Del  ministro?.... 

Fernando.  i  Hombre  !  Confieso...» 

Ricardo,     i  Si  estoy  ya  de  todo  al  cabo  I 
Él  fluiere  hacerme  su  esclavo , 

Y  yo  no  nací  para  eso. 
Ayer  me  hablaste  otra  vez 
Del  mismo  asunto ,  y  querías 
Demo&trar  que  son  manías 
Las  dudas  de  mi  honradez. 
Y,  á  vuelta  de  mil  razones, 
Adiviné— hablando  en  plata — 
Que  aquí  de  comprar  se  trata 
La  fe  de  mis  convicciones. 

Fernando.  Que  él  trabsge  cuanto  pueda 


^7 

Pop  lograr  qae  ta  talento.... 
Ricardo.     ¿  Cree  él  qae  mi  entendimieato 
Es  alhiga  en  almoneda? 
Pnes  dile  qae  no  se  estilan 
Esas  ventas  en  mí  plaza  ; 
Qae  ios  hombres  de  mi  raza 
Ni  se  yenden ,  ni  se  alquilan. 
Qa^otismo,  necedad , 
Orgullo.... 

Eso  de  mi  enenta. 
Pero  de  la  vuestra,  venta , 
Ck)rrupci6n,  indignidad..,. 
CSoitapara.... 

Tu  posición 
Con  la  mía  :  eso  has  de  hacer; 

Y  luego  que  tu  mujer 
Haga  igual  comparación  ; 

Y  tu  chico,  si  se  muere 
De  hambre,  y  tu.... 

(Saliendo.)  ¿Qué  OS  OSO? 


Fernando. 
Ricardo. 


Fernando. 


Palilo. 
Ricardo. 


Que  hace  el  oficio  de  diablo 
Un  amigo  que  me  quiere. 


I  Ay,  Pablo  f 


ESCENA  VI. 

DICHOS  y  PABLO. 


Pablo.  Eso  es  grave. 

Fernando.  No  haga  caso. 

Este  es  un  loco  de  atar , 

Y  es  necesario  sacar 

Á  este  loco  de  un  mal  paso. 

Ayúdeme  usted. 
Pablo.  ¿Pues  no? 

Si  usted  se  sirve  explicarse.... 
Fernando.    Que  dice  que  es  humillarse, 

Pues  que  ya  le  concedió 

Su  cátedra  un  tribunal , 

Ver  al  ministro,  ofrecer 

Sus  servicios . . . .  ¡  vaya  I . . . .  hacer 

Lo  que  hace  cualquier  mortal. 
Pablo.         No  es  este  arranque  el  primei*o  (Riéndose) 

2        _ 


18 


Fernando. 

Ricardo. 

Fernando. 

Pablo. 
Ricardo. 


Pablo. 
Ricardo. 


Fernando. 


Pablo. 
Ricardo. 


De  su  vida....  Siempre  ha  sido 
Un  caballero  camplido.... 

Y  tín  tronado  caballero. 
Aún  haréis  qae  me  desate.... 
Explicándonos  teorías 

Que  son  puras  tonterías. 
}  Pues !  De  un  tonto  de  remate. 
I  Conque  ton to  I . . . .  Por  Dios  vivo. 
Que  mi  amor  propio  ofendéis , 
Necios ,  porque  no  sabéis 
Cómo  el  bien  y  el  mal  concibo,  \ 
Cómo  lucha  mi  razón.... 

Arrancad  mi  íe  de  aquí ,  (Dándose  en  el  pecho) 

I Y  á  ver  quién  me  gana  á  mi 
Á  desleal  y  á  bribón ! 
¡  Ja  I  I  ja  1  ¿  Nos  harás  creer 
Que  la  cosa  es  para  tanto? 
Bueno  sofMPnque  no  santo : 
Mas  sé  bien  lo  que  hay  que  hacer. 
¿Tienes  fe?  Quema  tu  templo. 
¿Honor?  Quebranta  tu  escudo; 
Á  toda  maldad  sé  mudo , 
De  toda  vileza  ejemplo: 
Al  débil ,  capirotazo ; 
Con  el  fuerte ,  reverencia  ; 
Silenciosa  la  conciencia , 

Y  dexible  el  espinazo. 
Que  tu  mano  se  desmande 

Y  dé  al  prójimo  un  disgusto..., 
Mas,  ¿  vences  ?  Tú  eres  el  justo , 
El  sabio,  el  ilustre,  el  grande. 

Y  habrá  lo  que  siempre  ha  habido 
En  este  mundo  traidor  : 

Laurel  para  el  vencedor , 
Calvario  para  el  vencido. 
Como  pasa  en  cualquier  lidia. 
Todo  en  la  vida  es  igual : 
Una  batalla  campal, 

Y  el  que  pierde,  se  fastidia. 
Eso  es  ,  y  así  eí  mundo  acata 
De  cada  cuál  el  destino. 

Y  castiga  al  asesino 

Que  á  un  solo  individuo  mata ; 


19 

'    Y  al  que  haca  mil  atropellos , 
Porqae  la  historia  los  cuente , 

Á  ese  le  ciñe  la  frente 

Con  inmortales  destellos. 

Y  más  aún  :  eambia  hasta  el  nombro» 

Según  sea  lo  ultrajado  : 

El  que  mata  á  uno,  i malvado  1 

El  que  mata  á  mil,  ]  grande  hombre! 

Así  es  el  mundo:  eso  pasa. 

Ya  estáis  viendo  que  lo  sé. 

lías  no  es  ese  el  mundo-qne 

Será  huésped  de  mi  casa. 
Fernando.  ¡  Y  qoe  ^tos  sabios  no  entiendan 

Que  entre  ser  lobo  ó  cprdero, 

Hay  que  elegir  I 
Ricardo.  Pues  no  quiero 

Ser  lobo. 
Fernando.  Pues  te  meriendan. 

Ricardo.     Ó  no. 

Fernando.  j  Yaya  I  Y  en  adobo. 

Ricardo.     ¿  Por  qué  ? 
Fernando.  ¡  Por  qué  1  Muy  sencillo. 

¿No  estás  siendo  un  corderillo 

Porque  no  quieres  ser  lobo? 

¿No  pasas  angustias  mil? 

¿No  te  encuentras  apurado 

Á  veces  por  un  puñado 

De  duros,  que  un  zascandil , 

Sin  méritos  ni  talento, 

Ni  fortuna  conocida, 

C!on  una  mojer  perdida. 

Se  gasta  á  cada  momento  ? 

¿No  te  ahoga?..., 
Rieardo.  ¿Gallarás? 

Fernandor-¿Este  modo  de  vivir? 

¿Qué  es  esto  sino  servir 

De  merienda  á  los  demás? 

Ricardo.      ¡  Pablo  !  (Como  pidiéndole  auxilio,) 

Fablo.  La  verdad  :  todo  eso 

Que  te  dice  don  Fernando , 
Me  está,  chico,  demostrando 
Que  tienes  muy  poco  seso. 
Bien  está  que  la  conciencia 


20 

A  toda  ylrtnd  respete ; 
Mas  DO  tanto  que  sujete 
Con  grillos  nuestra  existencia. 
Ricardo.     Corriente,  Ya  se  acabó. 

No  sé  qué  es  mal  ni  qué  es  bien. 
Soy  un  imbécil  en  quien 
La  desgracia  se  cebó. 

Y  en  medio  de  tanto  alarde 
De  concienzuda  inquietud, 
Resulta  que  es  mi  virtud 
Escrúpulos  de  cobarde. 
Pero  al  cabo  hemos  de  ver 
Quién  mejor  ha  de  salir : 
La  desgracia  en  combatir , 
ó  mi  constancia  en  vencer. 

Fernando.  {Se  acaból  ¡Voy  á  buscar 
Á  mi  Luisa,  y  la  del  hnmo ! 
Que  en  esta  casa  presumo 
Que  nos  vais  á  contagiar, 

Y  tengo  mucho  interés 

En  no  aprender,  ni  el  camino 

Que  lleva  á  San  Bernardino , 

Ni  el  que  va  hada  Leganés.  ( v<u$  por  la  derecha.; 

ESCENA  Vn. 

RICARDO  y  PABLO. 

Ricardo,     i  Siempre  así  I  Su  corazón , 
.generoso  cual  ninguno, 
Mas  quiere  verme  hecho  un  tuno 
Que  no  en  mala  posíción« 

Y  en  esta  riña  constante  , 
Él  me-arguye  y  yo  replico : 
«Que  tienes  que  hacerte  rico 
«Que  no  he  de  hacerme  tunante... .> 
Con  lo  cual,  y  esta  virtud 

De  la  que  dice  él  horrores , 
Yo  le  debo  mil  favores , 

Y  á  mí  él  sólo  gratitud. 
Pablo.         Parece  bueno. 
Ricardo.  Y  merece 

Mi  afecto,  y  á  él  me  acomodo ; 
Porque  es ,  en  medio  de  todo  , 


21 


Mejor  de  lo  que  parece. 

• 

Seria  nn  hombre  cal>al                   ^ 

Si  á  SQ  alma  noble  y  hermosa 

No  le  faltara  ana  cosa 

Pablo. 

¿Blqaé? 

Rioardo. 

Sentido  moral. 

Pablo. 

Porqae  á  tu  opinión  me  asocio 

Respecto  de  ese  sentido 

Qae  siempre  en  ti  he  conocido , 

Voy  á  fiarte  nn  negocio. 

Rioardo. 

¡  Negocios  á  mi  I  Medrado 

Qaedarás  ,  si  en  mí  lo  fias. 

Pablo. 

Tan  £loil  es ,  qae  podrías 

Encomendarle  á  un  criado. 

Es  cuestión  de  buena  fe. 

Rioardo. 

Aon  así.... 

Pablo. 

No  te  defiendas. 

Necesito  que  me  vendas 

Estos  créditos.  (Saca  uno*  papeln.) 

Ricardo. 

1  Por  qué 

No  los  vendes  tú  ? 

Pablo. 

Porque  hoy 

Es  imposible. 

Ricardo. 

Mal&ana 

Puedes  hacerlo. 

Pablo. 

Una  anciana 

Me  está  esperando,  y  me  voy. 

Ricardo. 

¿Tu  madre?.... 

Pablo. 

Me  llama  ansiosa  ; 

Tal  vez  se  siente  morir. 

¿  Necesitaré  decir 

Que  no  pienso  en  otra  cosa  ? 

Pongo  el  endoso  al  momento.... 

(Se  acerca  al  secreter,  donde  hay  tintero  y  pluma,  y  mi- 

pieza  á'endosarloe  mientras. habla, J 

Fué  una  herencia. ... 

Ricardo. 

Mas.... 

Pablo. 

Procura 

Vender  bien.  Se  me  figura 

Que  están  á  veíate  por  ciento. 

No  tengo  por  muy  seguros 

Mis  informes.  Tú  verás. 

Calculo  que  sacarás 

22 


Ricardo. 


Pablo. 
Ricardo. 

Pablo. 

Ricardo. 

Pablo. 


Ricardo. 
Fernando. 

Ricardo. 


Fernando. 

Ricardo. 
Fernando. 


De  caatro  á  oinco  mil  daros. 
Le  preguntaré  á. Fernando , 
Qae  de  estas  cosas  entiende. 
Él,  que  en  Bolsa  compra  y  vende, 

Y  está  siempre  acombando 
Á  sociedades  y  empresas 
Gomo  eterno  consejero  ^ 
Redncir  podrá  á  dinero 
Estas  palabras  impresas. 
Guando  cobres.... 

Te  lo  advierto 
Por  telégrafo,  y  te  giro. 
¡Hombre,  por  Dios  I  ¿Es  un  tiro 
Tal  asunto? 

Sí,  por  cierto. 
El  oro.... 

Gomo  te  cuadre. 
Bien  que  volveré  en  seguida , 
Si  lo  permiten  la  vida 

Y  la  salud  de  mi  madre; 
De  modo  que  es  necedad 
Manifestar  esas  prisas. 
Vendes  el  papel,  nie  avisas, 

Y  guardas  la  cantidad. 

(Femando  y  Luisa  cruzan  por  ti  forOy  como  fiara  salir 
de  casa  y  marcharse  á  la  suya.) 

¡  Ah,  Fernando  !  (Llamándole.) 

(Desde  el  foro .)         4  Qué  hay  ?  ¿  Al  cabo 
Logró  convencerle  usted?  (A  Pablo J 
Es  de  los  que  en  la  pared 

(Á  Pablo,  refiriéndose  á  Fernando) 

Meten  con  la  frente  un  clavo. 
Se  trata  ahora.... 

i  Y  que  no  empalen 

Á  hombres  de  tales  ideas ! 
De  que  estos  papeles  veas 

Y  me  digas  lo  que  valen. 

I  Ah  1  ¡  Ya  I  Luego  los  veré. 

(Se  los  guarda  en  el  bolsiUo.) 

Ahora  voy  al  ministerio 
Á  decir  que  un  hombre  serio 

(Con  afectación  burlesca) 

No  pone  en  venta  su  fe  : 


23 


Ricardo. 

Pablo. 

Ricanio. 

Pablo. 

Ricardo. 

Pablo. 
Ricardo. 

Pablo. 


Ricardo. 
Pablo. 

Ricardo. 


Pablo. 

Ricardo. 

Pablo. 


Cándido. 

Ricardo. 
RHa. 


Que  no  sacrifloarás 
Al  intoréa  el  honor ; 
En  fin....  qne  eres  el  mayor 
Memo  que  he  visto  jamás. 

fVeu$  con  Luisa  ,  ditjntéi  de  mtttr  to«  papeUt  tn  el 
boMU}.) 

¡  Implacable  1 

¡  Delicioso  I 
¿  Te  hace  gracia  ? 

Es  buen  amigo. 
Di  más  bien  qae  es  enemigo 
Sitiador  de  mi  reposo. 

(Mirando  eu  reloj.) 

¡  Oh !  I  Qué  tarde  1  ¡Adiós  I 

Espera. 

Te  acompañaré. 

¡  Tü||  Qaita. 
Voy  á  hacer  ana  visita 
De  camplido,  á  la  carrera ; 
Luego  un  encargo  y  y  después 
Á  la  estación  sin  demora. 
Pero.... 

(Abrazándole.)  \  Adiós!  Queda  uua  hora; 
El  tiempo  justo. 

i  Adiós  y  pues! 

(Le  abra%fif  y  le  acompaña  hcuta  la  purria ,  9aU$ndo  al 
paeiüo,  donde  vuelve  á  detpediree.) 

\  Que  esté  bien  tu  madre  I 

Gracias. 
Te  giraré. 

Me  importunas. 

(Vate.  Ricardo  vuelre  hacia  el  proeceniOy  y  va  á  diri» 
giree  á  la  habitación  donde  ee  supone  que  están  su  mti« 
jer  y  su  padre^  y  entran  por  el  foro  Cándido  muy 
triste,  y  Rita  que  lo  trae  medio  abrasado, ) 

ESCENA  VIII. 

CÁNDIDO,  RITA  y  RICARDO. 

Para  él  todas  las  fortunas , 
Y  para  mí  las  desgracias. 
¿Qué  es  eso? 

Nada,  señor. 


24 


Ricardo. 
Rita. 

Ricardo. 
Cándido. 

Rita. 

Ricardo. 
Cándido. 
Rita. 

Ricardo. 
Rita. 

Ricardo. 
Rita. 

Ricardo. 

Cándido. 


Rioardo. 
Cándido. 
Ricardo. 


Cándido. 
Rita. 

Ricardo. 


Qaeasted  es  may  bueno....  ¡Glaro^! 

Y  á  todo  pone  reparo, 

Y  estima  en  macho  el  honor; 

Y  usted  no  ceja,  aunque  ceje 
El  mundo,  ni  en  un  tantico.... 
¿Y  qué? 

Pues  nada;  que  al  chico 
Lo  han  partido  por  el  eje. 
¡Ehl 

¡  Si  mi  suerte  es  más  mala !.... 
Me  tocó  de  Tiko*Brahe.... 
Las  calabazas  que  trae 
No  caben  en  esta  sala. 
¡  Mentira  I  (A  Cándido,)  Di  tú  que  miente. 
¡Sil  ¡Mentir! 

No  dé  usted  gritos, 
Porque  en  cambio.... 

¿Qué? 

Á  GaHitos 
Le  han  dado  sobresaliente. 
¡  Esto  más ! 

No  se  descuida 
Su  papá,  y  toca  el  teclado.... 
No  es  eso :  es  que  este  malvado 
Me  quiere  quitar  la  vida. 
No,  señor;  si  sá  más  que  él. 
¡  Si  ha  contestado  muy  mal ! 
¡  Si  ha  dicho  que  el  lago  Aral 
Estaba  junto  á  Teruel  1 
¡Si  á  Aníbal  lo  ha  hecho  romano^ 

Y  de  Amílcar  Barca  suegro; 

Y  ha  dicho  querrá  muy  negro 
Escipión  el  Africano ! 

¡  Disculpas  de  tu  torpeza  I 
Son  verdades. 

Ya  haré  yo 
Que  entre,  si  la  ciencia  no , 
Esta  silla  en  tu  cabeza. 

(Amenazándole  con  una  silla.) 
PerOy  papá....  (Huyendo.) 
(Amparándolo  con  su  cuerpo.)  ¡Señorl....  ¡Anda! 

Tras  de  suspenso,  garrote. 
Al  que  es  duro  de  cogote 


2& 

Con  el  palo  se  le  ablaada. 

(Cándido  huyt  d§  Ricardo,  dando  gñion  dé  auarilio,  y 
jalen  E1$na  y  D,  Ángel  por  la  pu9ria  dtrúeha.) 

ESCENA  IX. 

DICHOS ,  ELKNA  y  D.  ÁNGEL. 


CáRdldo. 

(Gritando.) 

¡Mamá  I 

Elena. 

¿Quá  pasa? 

Cándido. 

(Refugiándose  trat  de  Elena  y  D,  Ángel.) 

¡Ay  de  mi! 

D.  Ángel. 

¡Hijo  mío!  (Abrazando  á  MU  nieío.) 

RIoardo. 

He  de  matarle. 

D.  Ángel. 

Si  te  atreyes  á  tocarle. 

Verás  tú  quién  manda  aqoí. 

RIoardo. 

Usted  no  sabe.... 

Gandido. 

¡  Ay,  abuelo ! 

Han  sido  injustos  conmigo. 

Elena. 

¿Suspenso? 

Gandido. 

Sí. 

Ricardo. 

¿Qué  castigo 

No  merece  ese  pilluelo?                      ^ 

D.  Ángel. 

¿Por  eso  ?  ¡  Vaya  una  cosa  I 

El  miedo.... 

Cándido. 

¡  No  I  La  fortuna. 

D.  Ángel. 

£1  miedo.  Habrás  dicho  alguna 

Barbaridad  horrorosa. 

Cándido. 

Tanto.... 

Rita. 

¡Nol 

Ricardo. 

1  También  tú  vas 

A  decir?.... 

Rita. 

Porque  se  entere,  (A  D.  Ángel/ 

Diré  que  el  seftor  no  quiere 

Recomendarlo  jamás. 

Y  así  que  al  pobre  lo'atacan 

Gomo  á  una  cosa  perdida ; 

Y  á  poco  que  se  descuide.... 

¡Es  natural  I....  Lo  machacan. 

Cándido. 

Eso  es ,  abuelo. 

Elena. 

Y  yo  abundo 

Rn  vuestro  modo  de  ver. 

26 
D.  Ángel.     (A  Ricardo.) 

Hijo  mío,  hay  que  tener 

Un  poquito  más  de  mundo. 

Si  exageras....  * 
Ricardo.  No  exagero , 

Padre  mío* 
D.  Ángel.  Quizá  sf . 

Ricardo.     Lo  que  de  usted  aprendí ; 

,  Justicia  én  todo :  eso  quiero. 

Dócil  soy  á  la  enseñanza 

Que  usted  me  dio. 
D.  Ángel.  ¿  Y  yo  decía 

Que  todo  asi  se  debía 

Lleyar  á  punía  de  lanza? 

Ni  yo  era  tan  indiscreto , 

Ni  me  cupo  en  la  mollera 

Que  mi  enseñanza  sirviera 

Para  reprobar  á  un  nieto. 
Ricardo.     Gomo  estudia  él ,  yo  estudié. 

Nadie  me  recomendó. 

¿.Usted  recuerda  si  yo 

En  algo  le  disgusté? 
D.  Ángel.    ¡  Nunca,  eso  no !  Por  ningún 

Ck)ncepto.  Eras  tú ,  en  verdad  ^ 

Mi  orgullo  y  mi  vanidad.... 

]  Y  sigues  siéndolo  aún  I 

(Le  abraza  con  gran  efutión.) 

ESCENA  X. 

DICHOS  y  FERNANDO. 
Fernando.    \  Firme  I  \  Firme  I  (D.  Unga  y  Ricardo  «•  separan,) 

¡  No  I  ¡  No  I  Insistan 

En  el  achuchón. 
Ricardo.  ¡  Fernando ! 

Fernando.  (A  d,  Angei.) 

I  Le. está  usted  felicitando 

Porque  se  queda  j?^  istam  ? 
Ricardo.     ¿Qué  dices? 
Fernando.  Lo  regular, 

Lo  lógico,  lo  esperado. 
Ricardo.     ¿Mi  cátedra  ?. . . . 
Fernando.  Se  la  han  dado 


27 

Al  qae  iba  en  tercer  lagar. 

(ñila  tira  d$  un  brazo  á  Candidiío  pmra  lk9ár$e¡o  ;  ptro 
el  muéhfkcho  n  r$mU  ,  ponkndo  at9nción  á  lo  que  «• 
habla,) 

Ricardo.     ]  Al  tercero  t  Es  an  horror. 
Fernando.  ¡  El  horror  de  los  horrores  ! 
Ricardo.     ]  Si  de  los  opositores 

Precisamente  era  el  peor ! 
Fernando.  Pero  se  dio  buenas  trazas , 

Y  la  ha  pescado. 

Rita.  ¡  Ahí  está  ! 

Cándido.      (0^*^  m  ha  separado  de  Ritaf  y  se  acerca  al  abuelo  para 
decirle  de  modo  que  lo  oigan  todot.) 

Y^  ve  usted  cómo  á  papá 
Le  dan  también  calabazas. 

Ricardo.       ¡  Bribón  I  ( Amenazándole. J 

Elena.  ¡  Yete  I  {Á  Cándido,  que  te  va  con  Rita.) 

ESCENA  XI. 

ELENA,  RIOARDO,  D.  ÁNGEL  j  FERNANDO. 

D.  Ángel.  Se  desquita . 

LeiDJariaste.... 
Ricardo.  Y  me  ha  humillado. 

I  Este  golpe  inesperado  . 

Toda  autoridad  me  quita , 

Hasta  con  él ! 
Elena.  Ten  más  calma. 

Fernando.  La  culpaos.... 
Ricardo.  Es  de  mi  suerte. 

Que  en  deshojar  se  divierte 

Las  ilusiones  del  alma. 

En  mi  estudio,  en  mi  trabajo 

Toda  mi  fortuna  estriba. 

El  me  está  diciendo  ¡arriba! 

Y  la  suerte  dice  ;  abajo  I 

¡  Y  abajo  siempre  1....  Es  cruel 
Por  noble  escala  buscar 
La  manera  de  llegar 
De  la  fortuna  al  cancel ; 

Y  al  tocar  en  el  peldaño 
Que  era  toda  mi  ilusión , 
Interponerse  el  burlón 


28 


Rflpectro  del  desengaño: 

Y  llega  el  vil,  y  conquista 

Lo  que  quiere,...  ¡Á  tal  contraste 

Ya  no  hay  paciencia  que  baste , 

Ni  virtud  que  se  resista! 

Fernando. 

¿Al  ña  lo  vas  viendo  claro? 

Ricardo. 

Del  infortunio  á  ia  luz. 

Fernando. 

¿Quieres  arrojar  tu  cruz 
Sin  necio  monjil  reparo , 
Y  á  mi  amistad  verdadera 
Dando  inefable  alegría , 
Ganar  en  un  sólo  día 

^ 

El  pan  de  tu  vida  entera? 

Elena. 

¿Qué  dice  usted? 

D.  Ángel. 

¿Cómo  es  eso? 

Ricardo. 

Habla. 

Fernando. 

Y  todo  en  tu  interés. 
Mas  no  me  digas  después 
Si  en  el  fiel  está  ó  no  el  peso. 
Podría  hacer  por  mi  cuenta 
El  negocio....  y  lo  mereces. 
Mas  ver  prefiero  mil  veces 
Á  tu  familia  contenta. 
Que  próspero  y  sonriente 
La  vida  pases  tranquilo, 
Y  no  te  tenga  de  un  hilo 
La  necesidad  pendiente. 

Ricardo. 

I  Acaba  I 

Elena. 

¡  Dios  Soberano  I 
¿Será  verdad? 

Fernando. 

Yo  lo  digo  , 
Y  basta.  Pablo ,  tu  amigo , 
Te  pone  el  oro  en  la  mano. 

Ricardo. 

¡Sus  papeles  I.... 

Fernando. 

Aquí  están.  (Los  saca.) 

• 

Te  habrá  dicho  que  darían 

Por  ellos ,  si  se  vendían , 

« 

Cinco  mil  duros  ?   (Ricardo  hace  signo 

afirmativo.) 

Darán 

« 

Veinticinco  mi) . 

Ricardo. 

(Encogiéndose  de  hombros.)    Mejor 

Para  Pablo. 

Fernando. 

Para  ti. 

Tú  le  darás  el  vendí.,.. 
Ricardo.     [  Si  I  Por  todo  sa  Talor. 
Fernando.  { Estúpido  1 1  No  me  entieodeef 

Ricardo.      (Con  Moma.) 

Puede  ser.  i  Soy  tan  cerril  I.... 
Fernando.  Tú  compras  por  cinco  mil » 

Y  luego  á  mí  me  los  Tendes.... 
Ricardo.     ¿A  ti? 

Fernando.  Por  medio  millón 

Que  te  entregaré  al  contado. 
{  En  ty  vida  has  sospechado 
Tan  hermosa  operación  I 

Ricardo.     Ni  á  comprenderla  del  todo 

Alcanzo»  ni  en  ti  me  explico.... 

Fernando.  Mas  si  voy  á  hacerte  rico, 

¿i  ti  qué  te  importa  el  modo? 

Ricardo.     Tu  criterio.... 

Fernando.  Ya  yolyemos.... 

{Á  Eltna  y  D,  Ángel.) 

Díganle  ustedes,  por  Dios, . 

Que  no  sea  atún. 
Elena.  Los  dos 

Ni  voz  ni  voto  tenemos. 
D.  Ángel.    Bien  estará  lo-qae  él  haga. 
Fernando.  ¡  Si  el  negocio  es  evidente  I 

Él  compra  al  precio  corriente, 

Y  al  precio  corriente  paga. 
Sólo  que  yo,  porque  veo , 
Que....  asi  la  cuenta  me  sale, 
Le  doy  más  de  lo  que  yale , 

Y  se  hace  rico,  y  laus  Deo. 
D.  Ángel.    Yo  no  hallo  en  eso  baldón 

Ni  ofensas  á  la  moral. 
Elena.        Parece  muy  natural 

Y  justa  esa  operación. 
Femando.  ¿  No  ha  d^  ser  ? 

Elena.         (Aparte.)  (i  Virgen  María  I) 

Ricardo.       (Aparte.) 

( ¡  Si  fuera  lo  que  asegura  !.... 
Es  demasiada  ventura 
Para  que  pueda  ser  mía.) 

Fernando.  ¿Conque  vamos  á  endosar?.... 

Ricardo.     Espera  un  poco,  ¡  pardiez! , 


30 

Qae  si  snerte  y  honradez 
Hoy  se  van  aquí  á  encontrar 
Unidas  por  lazo  faerte , 
No  vendrán  con  tal  llaneza 
La  honradez  por  su  nobleza  , 
Por  haésped  nuevo  la  suerte. 

Fernando.  Bien. 

Ricardo.  Tu  proyecto  repruebo 

Si  á  perjudicarte  vas , 
Pues  no  he  de  deberte  más 
De  lo  mucho  que  te  debo. 

Fernando.   ;  Ah  I  No :  no  te  cause  apuros 
Mi  generosa  arrogancia , 
Porque  sobre  tu  ganancia 
Gano  yo  cinco  mil  duros. 

Ricardo.     Entonces  resultará 

Que  á  Pablo  no  le  conviene 
El  valor  que  el  papel  tiene  ^ 
Sino  el  valor  que  tendrá. 
Tú  sabes  que  va  á  subir 
De  seguro. 

Fernando.  i  Soy  yo  bobo ! 

Ricardo.     ¿Y  acaso  no  es  también  robo 
El  robo  del  porvenir? 

D.  Ángel.    (Robol....  ¡Hijo  mío! 

Elena.  Eso  no. 

Mira  lo  que  haces. 

Fernando.  i  Qué  diablo  I 

¿Por  qué  hemos  de  darle  á  Pablo 

Lo  que  él  nunca  imaginó? 

La  sociedad  franco-hispana, 

Cuyas  son  estas  acciones, 

Litiga  por  diez  millones 

Que  le  deben.  Si  los  gana, 

Es  de  absoluta  evidencia 

Que  multiplica  el  valor.... 

¿Los  ganará?  Sí,  señor  : 

I  He  visto  yo  la  sentencia  I 

He  aquí  el  secreto  del  cual 

Depende  que  este  papel 

Suba  á  ciento  y  más.  ¿  Tiene  él 

Que  ver  en  esto? 

Ricardo.  Si  tal. 


31 

¿La  sabida  es  cierta? 
Fernando.  i  Es 

Infalible  I 
Ricardo.     (Aparte.)    ¡Honra  tirana  I 

—¿Y  cuándo? 
Fernando.  En  esta  semana. 

Ricardo.     Luego  es  robo  :  ya  lo  ves. 
Fernando^-  Di  negocio. 
Ricardo.  Venga  acá 

Ese  crédito  endiablado....  (Lo  coge,) 

Hijo  soy  de  padre  honrado ; 

Honra  sólo  en  mí  verá. 
D.  Ángel.    { Bravo ,  hijo ! 
Elena.        (Aparte.)         Desprecia  el  oro.... 

{Pobres  hijos  1 

Ricardo.       (Encerrando  loe  papelee  en  un  cajón  del  eecreter.) 

Al  encierro. 

I Y  aun  parece  poco  el  hierro 

Para  guardar  mi  decoro ! 
Fernando.  {Pero  hay  tal!....  Conque  me  avengo 

Á  que  este  negocio  lo  hagas 

Sólo  tú....  ¿y  así  me  pagas 

El  cariño  que  te  tengo  ? 
Ricardo.     |  Femando  del  corazón ! 

¡Tuya  es  mi  sangre....  mi  vida  I 

Pero  que  tu  amor  no  pida 

Al  mío  una  mala  acción. 
Fernando.  Eso  es  soberbia ,  6  marcada 

Insensatez ,  no  heroísmo. 
Ricardo.     Sofismas  del  egoísmo 

Contra  mi  conciencia  honrada. 
Fernando.  Pues,  h\jo,  siguiendo  así , 

Te  morirás  de  hamb.re....  y  de  honra. 
Ricardo.     Morir  de  hambre  no  deshonra  : 

*  j  Vivir  de  la  infamia  sí  I 
Fernando.  {Mentecato!  ¿Eres  capaz?.... 
Ricardo.     { De  todo,  sí  I  {No  me  aterra  « 

Estar  con  el  mundo  en  guerra , 

Si  estoy  con  mi  honor  en  paz ! 

(Fernando  ee  va  muy  contrariado.  Ricardo  abraza  á  i« 
padre  y  á  eu  mujer,  y  cae  el  telón) 

FIN  DEL  ACTO  PRIMERO. 


ACTO  SEGUNDO. 


La  misma  deooración. 


ESCENA  PRIMERA. 

RICARDO  y  ELENA. 

(Ricardo  entra  de  la  calle,  y  contempla  á  m  mujer  trabajando 

Junto  á  la  reja.) 

Ricardo,     i  Trabajando  sia  reposo 

Gomo  ana  esclava,  sujeta 

De  la  escasez  fementida 

Á  la  indomable  cadena  I 
Elena.         ;  Qué  remedio !  Más  angustias 

Tu  corazón  noble  estrechan, 

Que,  sobre  el  trabajo,  sientes 

Lo  ruin  de  la  recompensa. 
.  Ricardo.     No  sabes  bien .... 
Elena.  Lo  que  ignoro 

Me  lo  dice  la  sospecha , 

Y  en  siendo  desagradable, 
De  seguro  nunca  yerra. 
¿Qué  te  han  dicho? 

Ricardo.  iNada  en  suma. 

Que  traduzca  más  novelas 

Y  más  libros  sin  sustancia , 

Y  más  odiosas  simplezas , 
Si  quiero  ganar  mil  reales 

Más  al  afio....  j Honra  á  cualquiera 

Que  es  doctor,  como  yo  soy , 

En  filosofía  y  letras. 

Tener  cuatrocientos  duros 

Desueldo  anual  I 
Elena.  ¡Es  miseria 

Ciertamente ! 
Ricardo.  Y  entre  tanto, 

-El  que  explota  por  entregas 


Elena. 
Ricardo. 


Elena. 
Ricardo. 

Elena. 


33 

Todo  lo  Til  qae  prodaoe 
La  frivolidad  francesa , 
Se  está  haciendo  millonario. 
Ya  tiene  hotel,  carretela » 
CSasa  de  campo,  un  negrito , 
Secretario  y  cocinera 
De  primer  orden. 

I Y  entiende?.... 
I  Vaya  ai  entiende  de  letras  I 
I  Las  ba  llevado  á  la  espalda 
Gnando  era  mozo  de  imprenta  I 
Dentro  de  dos  ó  tres  años 
Será  ministro  de  Haciend)i , 
ó  senador  vitalicio , 
ó  titnlo  con  grandeza. 
Así  es  el  mundo. 

Ya  veo 
Que  el  mando  es  de  una  manera.... 
Yo  he  visto,  en  cambio,  crnaar 
Por  delante  de  mi  reja , 
En  un  lando  que  arrastraban 
Dos  potros  de  raza  inglesa, 
Á  una  mcger  entre  pieles 
De  nutria  y  armiño  envuelta , 
Despidiendo  de  sus  ojos 
Relámpagos  de  soberbia , 
Tales  que  más  que  miradas 
Parecían  desvergüenzas. 
La  he  conocido.  Era  una 
De  esas  mil  aventureras 
Que  el  vicio  opulento  ^Iquila , 

Y  el  impudor  lisoi^ea , 
Llenando  de  oro  y  perfumes 
Su  corrompida  existencia. 
Su  vista  produjo  en  mi  alma 
Tal  amargura,  que  hubiera 
Perseguido  aquel  carru^e , 
Lanzando  gritos  de  hiena 
Gojitra  el  mundo  que  no  arroja 
De  su  seno  e.?as  vilezas, 
Contra  el  ocioso  magnate 
Que  en  eso  gasta  sus  rentas, 

Y  contra  la  misma  suerte 


34 


Ricardo. 


Elena. 


Ricardo. 

Eiena. 

Ricardo. 


Elena. 


Ricardo. 
Elena. 
Ricardo. 
Elena. 


Ricardo. 
Eiena. 


Que  á  gente  tal  da  riquezas. 
I  Tienes  razón!  Hay  horribles 
Injusticias  en  la  tierra 
Qae ,  bien  miradas ,  parecen 
Escarnio  de  la  conciencia. 
Fernando  á  veces  arguye 
Con  tanto  Yigor.... 

Que  aterra , 
Porgúele  ayudan  los  hechos 
Con  espantosa  elocuencia. 
En  estos  días  amargos 
Más  la  memoria  recuerda, 
Cómo  á  mi  padre  un  amigo 
Le  robó  vida  y  hacienda. 

Y  el  criminal  opulento 
Quizá  dejó  pingüe  herencia 
Con  que  gozarán  sus  hijos 

De  los  bienes  de  la  tierra.  (Pausa.) 
¿Y  mi  padre? 

Á  Misa. 

I  Pobre 
Viejo  I  Al  llegar  á  la  meta 
De  su  vida  ,  cuando  más 
Cuidados  el  cuerpo  anhela , 

Y  el  espíritu  más  calma  , 
Menos  cuidados  encuentra 

Y  menos  paz. 

Hasta  ahora 
No  sabe ,  aunque  lo  sospecha , 
Cuántas  cosjas  hay  que  hacer 
Porque  no  falte  en  la  mesa 
Ni  lo  que  el  gusto  le  pide , 
Ni  lo  que  el  doctor  le  ordena. 
Privándote  tú.... 

De  nada, 
j  De  todo ! 

I  No  1  ¡Si  supieras 
Lo  que  el  más  pequeño  exceso 
Hecho  de  continuo  ,  cuesta  I 
Y  á  Cándido  hay  que  buscarle 
Un  profesor. 

Y  á  Hortaleza 
Hay  que  mandar  el  importe 


35 


Ricardo. 
Elena. 


:Rlcardo. 


Elena. 


Dlcardo. 


Elena. 
Ricardo. 


Elena. 
.Ricardo. 


De  dos  mesoF. 

¿  Dos  se  adeudan 
Á  la  nodriza  ? 

Y  van  cnatro 
Que  nuestra  honrada  sirrienta  , 
La  pobre  Rita ,  no  cobra 
Ni  un  real. 

fPcueándou  nervioio  y  agitado,) 

\  Pues  es  lisonjera 
Nuestra  posidón  sin  duda  I 
I  Y  el  poryenir  se  presenta 
De  color  de  rosa  y  nácar, 
Salpicado  de  oro  y  perlas  !.... 
¡  La  cátedra  !....  Era  mi  sueño.... 
Mi  ilusión ,  mí  recompensa.... 
Trabajé  con  tanto  ahinco. 
Tantas  noches  pasé  en  vela 
Devorando  libros ,  tantas 
Esperanzas  puse  en  ella , 
Que  el  desengaño  me  ha  herido 
Gomo  si  en  noche  serena 
El  cielo  sobre  mi  frente 
Desprendiese  una  centella. 
No  te  amilanes  por  eso; 
[  Valor ,  Ricardo ,  y  paciencia  ! 
Dios  es  bueno ,  y  no  abandona 
Á  los  suyos. 

Pero  deja 
Que  la  astucia  y  la  perfidia, 
La  audacia  y  la  desvergüenza , 
Monopolicen  las  altas 
Dignidades  de  la  tierra , 

Y  da  al  orgullo  palacios 

Y  chozas  á  la  modestia. 

I Y  acaso  van  siempre  unidas 
La  ventura  y  la  riqueza  ? 
Ks  verdad  :  Dios  justiciero 
Todo  lo  mide  y  compensa  , 

Y  este  amor  de  que  gozamos , 
Á  muchos  ricos  les  niega. 
Dicha  que  el  oro  no  compra.... 
Que  á  veces  el  oro  ahuyenta. 
Eso  no  ;  porque  te  juro 


36 

Qae  poseerlo  quisiera, 
No  por  mi  y  \  Dios  es  testigo  I 
I  Por  vosotros !  j  Por  mi  Elena  I 
Si  por  eso  cabalmente 
Mi  corazón  se  rebela 
CSontra  la  suerte  enemiga 
Que  me  persigue  y  me  cerca  , 
Desbaratando  mis  planes, 
ó  amargando  más  mis  penas  I 

ESCENA  II. 

DICHOS  y   D.   ÁNGEL. 


Elena. 
Ricardo. 


D.  Ángel.    ¿Qué  hablas  de  penas? 

Ricardo.  i  Hay  tal  t 

¿  Qué  penas  puede  aquí  haber  ? 

Las  que  siempre  ha  de  tener 

El  cuidado  paternal. 
D.  Ángel.    ¿  Alguna  de  las  trastadas 

De  Cándido? 

No,  señor* 

Justificado  temor 

De  que  vuelva  á  las  andadas. 

Si  el  verano  no  aprovecha , 

Ni  lo  perdido  recobra.... 
D.  Ángel.    Para  calabazas  sobra 

Con  la  reciente  cosecha. 

¿Y  eso  no  más  os  apura? 

Y  es  bastante. 

No  me  fio  : 

Pues  veo  aquí  en  torno  mío  ^ 
Mirar  triste,  frente  oscura, 
Tal  cual  lágrima  furtiva, 
Tal  cual  sofocado  anhelo ; 
Hondas  huellas  de  desvelo , 
Señales  de  in^iuietud  viva.... 

Y  el  recelo,  que  es  ladino, 
Ha  llegado  á  imaginar, 
Que  me  queréis  ocultar 
Algo  que  quizá  adivino. 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


37 


•Itioardo.     j  Ocnltarle  I  ¿  De  qué  suerte? 

0  son  ó  no  son  antojos 

El  llanto  de  nuestros  ojos , 
Las  señales  que  usté  advierte 
De  la  inquietad  en  que  estamos* 
¿Son  antojos?  Nada  son. 
¿Son  verdad?  Pues  no  hay  razón 
En  decir  que  la  ocultamos. 
Porque  sí  es  fácil  leer 
En  llanto,  mirada  y  frente , 
Fuera  ocultar  neciamente 
Lo  que  todos  pueden  ver. 
D.  Ángel.    Tu  argucia  se  desbarata 

Por  si  misma.  Nadie  ignora 
Que  el  alma  á  veces  traidora 
En  el  rostro  se  delata ; 

Y  aunque  ocultarse  pretenda , 
Porque  sospechas  recele , 
Casi  nunca  evitar  suele 

Que  un  simple  gesto  la  venda. 

Y  esconde  mal  sus  enojos 
Detrás  de  una  cardjada. 
Pues  el  alma  desgarrada 
Se  asoma  entera  á  los  ojos. 

1  Ilusión  I 
¿También  dirás 

Qae  me  oye  Elena  con  calma  ? 

(Observando  qu«  Signa  tt  Una  «I  panudo  á  lot  ojoi») 

(Á  eüa.) 

Las  madres  tenéis  un  alma 
Más  franca  que  los  demás, 
babla  tú :  di  con  franquesa 
Si  estoy  sofiando  6  despierto; 
Aflrma  qae  sólo  es  cierto 
Qae  he  perdido  la  cabeza  ; 
Jura  qae  es  antojo  vano , 
Aunque  de  í^o  vacilas, 
La  perla  de  tus  papilas 
Que  me  ha  caído  en  la  mano. 
I  Señor  I 

¡Padre!  Si  nosotros.:.. 
Ya  vuestro  pesar  sospecho.. 
Mas  me  negáis  el  derecho 


Bleardo. 
D,  Ángel. 


€lena. 
Rleardo. 
D.  Ángel. 


>  .•  • 


38 


Elena. 
D.  Ángel. 


Ricardo. 
Elena. 
D.  Ángel. 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


De  safrirlo  con  vosotros. 

Y  esto  es  una  picardía , 
Una  infamia....  Si,  seflor.... 
I  Para  ellos  todo  el  dolor, 

Y  para  mí  la  alegría! 
I  Quién  ha  visto?.... 

; Padre  amado! 
Lo  sé  todo,  hija  querida. 
Estáis  pasando  la  vida 
Que  pasa  el  desheredado ; 
No  el  obrero ,  el  menestral, 
Que  con  poco  se  contenta , 
Sino  el  que  vive  y  alienta 
De  la  vida  intelectual : 
El  que  su  virtud  no  doma 
Ante  ofertas  de  villanos , 

Y  en  sociedad  de  milanos 
Hace  oflcio  de  paloma. 

Y  cuando  es  la  casa  escombros , 
Llega  un  viejo  miserable 

Á  ser  carga  insoportable 
De  vuestros  débiles  hombros. 
¿Y  usted  piensa?.... 

¿Quién  le  dijo?..., 
Pien30>que  vine  á  aguardar 
El  momento  de  espirar 
Entre  los  brazos  de  mi  hijo. 

Y  que  á  este  dulce  consuelo 
De  una  vida  triste  y  larga , 
Se  opone  la  prueba  amarga 
Con  que  os  aquilata  el  cielo. 

¿  Pero  usted  ha  sospechado  ?. . . .    * 
No  sospecho :  cierto  estoy 
De  que ,  á  pesar  vuestro ,  soy 
Un  estorbo  harto  pesado. 
¡  Padre  I 

No  hay  nada  que  hablar. 
¡  La  pobreza !....  No  me  extraña.... 
Me  volveré  á  la  montaña , 
Á  mi  solitario  hogar.... 
¿Hambre  ?  No  la  he  de  sentir. 
Yi  cas  y  hazas  me  darán 
Rica  leche  y  tierno  pan 


39 


RicaNo. 


D.  Ángel. 
Ricardo. 


D.  Ángel. 
Elena. 
D.  Ángel. 


De  borona....,  i  y  á  vivir! 
Nada  me  cansa  temor, 
Sino  estar  solo  otra  vez ; 
Qne  si  es  mala  la  vejez , 
Estando  solo  es  peor. 
Pero.... 

I  Basta !  No  consiento 
Qne  siga  nsted ,  padre ,  hablando , 
Porqne  me  está  desgarrando 
El  corazón  con  su  acento. 
¿  Usted  carga  ?  ¿  Usted  estorbo  ? 
¿  Y  de  nn  hijo  ?  ¡  Padre  mío  1 . 
Ni  el  alma  perdió  sn  brío , 
Ni  la  dura  espalda  encorvo 
Ante  el  trabi^o  y  la  Incha 
Contra  la  fortnna  loca. 
I  Qne  hoy  la  recompensa  es  poca  ? 
Pero  la  esperanza  es  mncha. 
Ni  hay  motivo  ni  ocasión    - 
De  apnrarse  y  cavilar. 
Usted  á  pedir ,  yo  á  dar  ; 
Porqne  esa  es  mi  ol^igación. 
¿Qne  trabajo,  y  Incho?  Asi 
También  nsted  trabigó.      « 
¿Qué  menos  he  de  hacer  yo 
Qne  h)  qne  hizo  nsted  por  mí? 
iHyol 

¡Si  la  sangre  fuera 
Mercancía ,  yo  le  fío 
Que  por  nsted,  padre  mío, 
Toda  mi  sangre  vendiera  1 

fAbrazándoU,) 

I  Bendito  seas! 

(Aparte,)  Señor, 

¿No  premiarás  sn  honradez? 
Dulce  será  mi  vegez 
Mientras  conserve  tn  amor. 


40 


ESCENA  III. 


DICHOS  y  CÁNDIDO ,  por  el  foro. 


Cándido. 

Baenos  días. 

D.  Ángel. 

Ven  acá 

Descastado  rapazuelo. 

Hoy  no  te  he  visto. 

Cándido. 

(Con  frialdad,)           \  Hola ,  abuelo ! 

Ricardo. 

¿Qué  es  eso  de  hola? 

Eiena. 

I  Ya,  ya  I 

Entras  de  un  modo.... 

Cándido. 

(Volviéndote  hada  Elena,)  ■  \  Psché  I 

Eiena, 

(Reparando  en  él.)                              \  A  VCrl 

^Qaé  tienes  aquí?  (Señalando  la  naris.) 

Cándido. 

I  Yo!  Nada. 

Eiena. 

La  nariz  ensangrentada.... 

I  Mírale  f  (á  Ricardo). 

Ricardo. 

¡Sil  ¿Qué  ha  de  ser? 

Cachetina  ó  coscorrón. 

I  Son  de  oro  estos  angelitos! 

Cándido. 

Cachetina  con  Cari  i  tos, 

Porque  me  ha  llamado  hambrón. 

Ricardo. 

¡Hambrón! 

Cándido. 

Y  otras  cosas. 

Eiena. 

¡Sí! 

Cándido. 

Pero  lleva  una.... 

Ricardo. 

¿Qué  dices? 

Cándido. 

Él  me  ha  dado  en  las  narices : 

Yo  le  he  puesto  un  ojo  asi. 

(Señalando  la  hinchazón.) 

¡Pues  no  faltaba  más  que  eso! 

1  Porque  él  tenga  cuanto  quiera 

Va  á  insultamos?....  Ni  que  fuera 

El  hijo  de  un  principesa. 

Ricardo. 

Y  en  resumen.... 

Cándido. 

En  resumen , 

Ha  dicho  que  su  papá, 

De  ti  y  de  todos  está 

Hasta  aquí.  Que  le  consumen 

Lo  que  él  con  arte  ha  ganado 

41 


Elena. 


Ricardo. 


Tu  soberbia  y  tn  altivez. 

Qae  69  may  buena  to  honradez 

Para  TÍYír  de  prestado. 

Que  es  mny  grande  ímpertineDoia 

Ser  Yolontarios  mendigos , 

Y  moler  á  los  amigos 
En  nombre  de  la  conciencia. 
Que ,  en  fin ,  por  tu  culpa,  todos 
Pasamos  horribles  hambres , 

Y  somos  anos  pelambres 
Que  nos  comemos  los  codo9. 
t  Y  más  airado  me  paso. 
Que  de  ello  dio  fe  completa 
El  codo  de  esta  chaqueta  , 

Comido  ya  por  el  aso  I  (Eruéñando  un  codo  rato.) 
(A  Rieardo,  que  ha   oido  todo  uto  eon  demontraciont» 
de  ira  y  de  vergüenza.) 

{ Ahí  (Ricardo! 

Ya  colijo 

Lo  que  me  dice  tu  afán. 

Que  tu  alma  abrasando  están 

Las  palabras  de  nuestro  h^o. 

Si  mi  rabia  adivinó 

Cuánto  te  hace  esto  sufrir, 

¿Para  qué  me  has  de  decir 

Lo  qué  estoy  sintiendo  yo  ? 
D.  Ángel.    Pero  hacéis  caso.... 
RIeardo.  De  nada, 

Padre  mió.  ]  Niñerías  I 

Sólo  que  hay  algunos  días 

En  que  parece  cargada 

La  atmósfera  de  un  vapor 

Que  se  dilata  y  transforma , 

Y  toma  á  veces  la  forma 
De  un  demonio  tentador. 

'         Y  la  razón  más  tranquila 
Se  perturba  y  oscurece , 

Y  el  corazón  se  ennegrece 

Y  la  voluntad  vacila. 

Y  como  el  sol  se  apresura 
Á  huir  si  la  sombra  viene, 
Huyela  virtud,  que  tiene, 


42 


D.  Ángel. 
Ricardo. 
D.  Ángel. 
Ricardo. 


.  Ángel. 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


Ricardo. 


Gomo  el  sol,  su  noche  oscura. 
La  virtud»  hija  del  cielo  , 
Debe  ser  perpetua  aurora. 
El  corazón ,  cuando  llora , . 
Busca  en  la  noche  consuelo. 
{ Ah  t  No  quiero  adivinar 
Tu  pensamiento.... 

¿Porqué? 
Que  he  tenido  mucha  fe  , 

Y  que  me  empieza  á  faltar  : 
Que  otras  ideas  oprimen 
Mi  cerebro  ardiente  y  loco , 
Y,  en  ñn,  que  ya  poco  á  poco 

Voy  comprendiendo....  {  hasta  el  crimen ! 
j  Doblar  la  frente  á  la  dura 
Adversidad!....  ¡Fementido I 
El  alma  honrada  ha  nacido 
Para  mirar  á  la  altura. 

*  ¿Hay  tormenta?  Pecho  fuerte 
Á  una  y  otra  sacudida ; 

Que  el  combate  de  la  vida 
Lo  acaba  pronto  la  muerte.  * 
¿Triunfa  el  malo?  No  lo  siento; 
Porque  yo  sé  que  consigo 
Lleva  siempre  su  castigo.... 
¿Cuál  es? 

El  remordimiento. 

*  Y  menos  que  nadie  puede 
Ser  infame  el  buen  cristiano , 
Porque  en  este  mundo  insano 
Ya  sabes  lo  que  sucede ; 
Guando  se  cuenta  ó  se  ve 

La  infamia  de  algún  creyente , 
¡Qué  alborozo  entre  la  gente 
Honrada,  pero  sin  fe  1 

Y  es  que  en  tal  contradicción 
Se  supone  este  argumento ; 
Honrado  el  descreimiento, 
Infame  la  devoción.  * 
Todo  es  verdad,  y,  á  mi  ver, 
Si  de  alga  en  esto  he  pecado , 
Es  de  haber  exagerado 


43 

GDmplimientos  del  deber. 

Usted  lo  sabe ;  asted  mismo 

Me  lo  ba  ecbado  en  can. 
D.  Aniel.  Es  oierto. 

Rioarilo.     Paes  si  ya  con  gusto  advierto 

Qae  á  mis  pies  se  abre  el  abismo , 

Y  basco  ea  sa  oscuridad 
Consuelos  á  mi  inquietud, 
I  Qaé  asaltos  á  mi  virtud 
No  dará  la  iniquidad? 

Y  ja  ha  oído  usted;  la  gente 
Aprecia  allá  á  su  manera 

Mi  virtud....  Porque  quisiera 
Que  no  fuese  ni  indigente , 
Ni  mendiga  de  un  hermano.... 
I  Mártir  siempre ;  eso  he  de  ser ; 
Qae  no  puedo  ni  tender 
Al  transeúnte  la  mano ! 
D.  Ángel.    ¿Ya  te  exaltas?  Se  acabó. 

Exageras.  fÁ  Cándido,)  Ven  acá ; 
Lo  que  dice  ahora  papá 
No  se  lo  he  enseñado  yo. 
Que  fuese  leal ,  y  honrado , 

Y  caballero :  eso  sí ; 

Y  he  de  enseñártelo  á  ti , 

Si  es  que  no  lo  has  heredado. 
Pero  no  que  trae  perjuicio 
La  virtud  siempre  y  sin  tasa  , 
Aunque  ponga  mesa  y  casa 
Á  sus  adeptos  el  vicio. 
No,  hiio  mío ;  al  qae  parece 
Más  dichoso ,  á  aquel  tal  vez 
Le  reserva  la  vejez 
Todo  el  mal  que  él  se  merece. 

Y  el  que  millonadas  cuenta , 
Tiene,  como  aguda  espina  ,^ 
Un  hijo  que  le  asesina  , 

ó  ana  mujer  que  le  afrenta. 
Porque  todo  está ,  en  rigor, 
Compensado  por  el  cielo , 

Y  no  hay  dolor  sin  consuelo  > 
^  sNi  hay  ventura  sin  dolor. 


44 


Cándido. 
D.  Ángel. 
Elena. 


Ricardo. 


¿  Lo  olvidarás  ? 

I  Por  supuesto  ! 
Siempre  honrado  /aunque  té  apene. 
¡  Siempre  honrado  I 

(D,  Á»g$l  y  Elma  tienen  en  medio  á  Cándido  ,  mienlras 
Ricardo  está  á  un  lado  luchcMdo  con  eiu pensamientos,) 

D.  Ángel.     (Cogiendo  á  Cándido  por  un  hrazo  y  poniéndolo  Junto  á 

Ricardo.)  ^  Á  ver  SÍ  tiene 

Que  decir  tu  padre  á  esto 
Alguna  cosa.... 

¡  Oh  I  I  Por  Dios  I 
¡  Antes  muerto  que  malvado ! 

(Abrasando  á  su  hijo.) 
Honrado  él.  (Por  D,  Ángel.) 

Gomo  él  yo  honrado.... 
¡  Sé  tú  digno  de  los  dos  ! 

(Femando  aparece  «n  la  puerta  del  fondo.) 
(Ricardo  á  Elena ,  D,  Ángel  y  Cándido.) 

I  Dejadnos  I 

¡  Es  él !  (A  Ric)  Ten  calma. 
Sé  prudente. 

Nada  teman. 

(Los  conduce  suavemente  hasta  la  puerta  derecha ,   por 
donde  se  van.) 


Elena. 
D.  Ángel. 
Ricardo. 


ESCENA  IV. 


FERNANDO  y  RICARDO. 


Fernando.  Chico  ,  me  miras  de  un  modo , 
Que  si  no  te  conociera , 
Más  que  tomar  la  palabra 
Me  harías  tomar  la  puerta. 
¿Qué  te  sucede? 

Ricardo.  Yo  mismo 

Quizá  decirlo  no  sepa , 
Porque  estoy  viéndote ,  y  dudo, 
Por  lo  que  el  alma  recuerda, 
Si  tu  presencia  es  favor , 
ó  es  agravio  tu  presencia. 

Fernando.  Si  tienes  en  la  epidermis 


45 

La  misma  delicadeza 

Que  en  el  honor,  es  posible 

Qne  agravio,  y  profundo,  yeas 

En  lo  que  yo  considero 

Qne  es  no  más  insticia  seca. 
Ricardo.     ¿  Justicia  vienes  á  hacerme  ? 

Traerás  dogal. 
FernaBdo.  Gomo  quieras. 

¡  Tú  has  de  ser  quien  te  lo  pongasl 
Ricardo.     Pero  tú  me  traes  la  cnerda. 
Fernando.  Fácil  te  será  cortarla 

Si  el  orgullo  no  te  ciega. 
Ricardo.     ¿  Por  qué  has  de  llainar  orgullo 

Á  mi  honradez  ? 
Fernando.  Ó  soberbia; 

No  riñamos. 
Ricardo.  Honradez: 

Este  es  su  nombre. 
Fernando.  De  guerra. 

Ricardo.     ¿  No  lo  admites  ? 
Fernando.  No  lo  admito. . 

¿  Quá  he  de  admitir  ?  ¡Bueno  fuera 

Que  yo  te  diera  patentes 

De  honradez,  cuando  con  ellas 

Podías  dármelas  tú 

De  bribón  de  siete  suelas  I 

¿Reconozco  tu  honradez  ? 

Pues  me  declaro  gatera. 

Y  como  yo  no  me  tengo 

Por  tal ,  que  te  juzgue  es  fuerza, 

Ó  victima  del  orgullo, 

Ó  enfermo  de  la  cabeza. 
Ricardo.     Eres  lógico. 
Fernando.  Mediano; 

Pero  sé  dónde  me  aprieta 

El  zapato. 
Ricardo.  Ya  presumo 

Que  en  eso  tu  saber  llega 

Hasta  el  non  plus. 
Fernando.  No  exageres» 

Porque  ofendes  mi  modestia. 

Puedo  probarte  que  soy  , 


46 


Ricardo. 
Fernando. 
Ricardo. 
Fernando. 


Ricardo. 
Fernando. 


Aan  en  esa  misAia  ciencia , 
Una  humilde  medianía , 
Que  á  veces  da  en  torpe  y  necia. 
¿Aveces? 

¿Pues  tú  lo  ignoras? 
¿Lo  dirás?.... 

Vamos  á  cuentas. 
Con  todas  las  picardías 
De  un  hombre  tan  sin  conciencia 
Gomo  yo,  por  ti,  Ricardo, 
He  hecho  cosas  que  no  hiciera 
Por  un  hermano  quizá 
Algún  santurrón  de  pega. 
¿Es  cierto? 

Cierto. 

Esperaba , 
Si  he  de  hablarte  con  franqueza , 
Que  tu  mérito,  auxiliado 
De  enérgicas  influencias, 
Te  hubiese  hecho  profesor, 
Abriéndote  una  carrera 
Excelente  y  compatible 
Con  toda  clase  de  empresas, 
í'alló  el  cálculo ;  tú  sabes 
Por  culpa  de  quién  ;  primera 
Decepción  que  á  mis  proyectos 
Dio  tu  altivez  quijotesca. 
Vino  en  seguida  el  negocio 

De  tu  amigo  Pablo.  (Ricardo  mira  al  secreter.) 

Observa 
El  mueble  donde  encerraste 
Tu  fortuna.  Allí  te  espera  , 
Ofreciendo  á  tu  familia 
Pan,  sosiego  y  dicha  cierta. 
¿Qué  haces  tú?  Noble  y  honrado ^  n 
Rechazas  esas  ofertas , 
Porque  tu  decoro  es  antes 
Que  el  pan  de  tus  hijos.  ¡  Mengua 
Para  tu  virtud  I  Yo  llamo 
Á  eso  egoísmo,  pues  cuenta 
Con  satisfacciones  propias 
Á  costa  de  ías  ajenas. 


47 

Ricardo.     ¡Fernando! 

FerMUido.  Nada  me  arguyas. 

Cada  caál  ye  á  su  manera 
Lo  que  es  bueno  y  lo  que  es  malo 
Lo  que  da  honra  y  lo  que  afl^nta 

Y  yo  digo  que  quien  todo , 
Hasta  su  propia  conciencia, 
Sacrifica  por  ahorrar 

Á  los  suyos  hambre  y  penas, 
Es  bueno,  y  honrado,  y  noble. 
Por  más  que  á  ti  te  parezca 
Que  es  mejor  dar  á  los  hijos 
Una  ración  de  entereza , 
Dos  varas  de  dignidad 
Para  calzón  y  chaqueta , 

Y  para  sus  dlTersiones 
Cuatro  duros  de  vergüenza. 

Ricardo.     ¡  Sacíate  bien !        ^ 

Fernando.  ¡  Todavía  I 

Ricardo.     ¿Todavía? 

Femando.  Sí ;  me  queda 

,      El  rabo  por  desollar. 

Ricardo.     ;  Pues  continúa  y  desuella ! 

Fernando.  Por  amistad,  porque  admiro 
Tu  preclara  inteligencia  • 
Porque  esperé  que  llegases 
Á  la  alta  cima  con  ella , 
Y,  en  fin,  porque  soy  un  hombre 
Que  quiere  y  odia  de  veras , 
Ha  puesto  siempre  en  tus  manos 
La  llave  de  mi  gaveta. 
En  tus  apuros  más  graves 
Yo  he  sido  tu  providencia, 

Y  aun  á  ellos  se  adelantaba 
Mi  solicitud  sincera. 

Ricardo.     No  lo  olvido. 
Femando.  Yo  creía 

Que  sí. 
Ricardo.  ¿También  me  motejas 

De  ingrato? 
Fernando.  La  gratitud 

Jamás  convence  sin  pruebas. 


48 


Ricardo. 

Fernanjlo. 

Ricardo. 

Fernando 

Ricardo. 

Fernando. 


Ricardo. 
Fernando. 


Ricardo. 


Fernando. 


Ricardo. 


¿Cómo  probarte?.... 

Es  muy  fácil. 
Á  ver.  * 

Pagando  tus  deudas. 
¿Qué  dices? 

Obligación 
Tan  grave  y  sagrada  es  esa, 
Gomo  otras  que  tü  te  impones 
Haciendo  del  mundo  befa. 
Ni  contestes  que  por  ahora 
No  puedes  cumplir  con  ella , 

Porque  está  allí  tu  fortuna   (Señalando  el  secretei) 

Que  te  desmiente  y  protesta. 
¿Pero  seriamente  dices?.... 
I  Pues  no  1  ¡La  cuestión  no  es  seria 
Que  digamos  1  Mil  quinientos 
Duros  te  he  cargado  en  cuenta. 
Los  necesito.  Veamos 
Qué  responde  tu  conciencia. 
Venías  á  hacer  justicia , 

Y  ya  has  sacado  la  cuerda*... 
Pero  entiendo.  Tú  pretendes 
Apurarme  la  paciencia : 
Que  la  ira  del  corazón 

Se  me  suba  á  la  cabeza , 
Y/ sea  yo  al  ñn  y  al  cabo 
Lo  que  tú  quieres  que  sea. 
¿  No  es  esto  ? 

Pido  lo  mío. 
Lo  demás  no  me  interesa. 
Tengo  un  derdcho  :  lo  ejerzo. 
Tú  ún  deber  :  cúmplelo. 

I  Sea  I 
Fuiste  amigo ;  fuiste  hermano.... 
Nunca  exigí  á  tu  largueza 
Lo  que  por  su  propio  impulso 
Quiso  darme...*  Hoy  ya  me  lo  echas 
En  cara.  Los  privilegios 
De  la  amistad  ,  las  ternezas 
Del  cariño  se  acabaron , 

Y  ya  ñ'ente  á  frente  quedan  , 
Un  acreedor  que  reclama 


49 

Y  un  deador  qae  no  te  nieft 
Sa  deuda.  Me  es  imposible 
Pagarla  en  el  acto.  Apela 

Al  tribunal ;  has  que  embarguen.... 
Bstos  pedazos  de  estera , 
Mis  libros,  mis  pobres  muebles , 
Bl  Sueldo  Til  conque  apenas 
Puedo  dar  pan  á  mis  hijos , 
T  á  mi  padre  y  á  mi  Elena ; 
Arrójame  á  los  más  hondos 
Abismos  de  la  miseria  , 

Y  pon  encima  una  losa 
Donde  el  mundo  entero  lea 
Esta  inscripción :  «Aquí  yace 
La  honradez ,  sitiada  y  muerta 
•Por  la  mano  de  un  amigo. 

I  Escarmentad  ,  y  huid  de  ella !  » 
Esto  hacer  puedes ,  Femando : 
Hazlo  al  ponto. 

Fernando.  ¿  Y  consintieras 

En  ello  ¡  mal  padre  1.... ,  y  tienes 
En  tus  manos  la  riqueza  ? 

Ricanle.     Si  tal. 

Fernaado.  ¿  Y  amas  á  tus  hUos  ? 

Ricardo.     Por  ellos  la  vida  diera. 

Fernando.  ¿  Y  á  tu  mujer  y  á  tu  padre  ? 

Ricardo.     Iría  de  puerta  en  puerta 
por  ellos. 

Fernando.  Mientes,  Ricardo. 

No  hay  en  la  naturaleza 
Quien  ame  asi.  Por  sus  hijos , 
Todos  los  seres  que  pueblan 
La  creación,  se  acometen  "* 
Con  recíproca  fiereza  ; 

Y  matan,  si  es  menester, 
*        Y  mueren.... 

Ricardo.  También  muriera 

Yo  por  ellos. 
Fernando.  ¡  No  1  Lo  barias 

Escrúpulo  de  conciencia. 
Ricardo,     i  Oh  1  ]  Yete  ó  calla  1 
Fernando.  Veremos 


50 

Adonde  tu  yirtud  ll^ga. 
Ricardo.     ¿Pero  eres  capaz? 
Fernando.  De  todo. 

Ricardo,     i  Tú. ...  mi  amigo  1 
Fernando.  No  me  tengan 

-  Ppr  tal.  De  hoy  en  adelante 

Seré  lo  que  más  te  aterra ; 

Tu  acreedor. 
Ricardo.  I  Mi  verdugo] 

Fernando.  Tu  verdugo.  Gomo  quieras. 

ESCENA  V. 

RICARDO  y  ELENA. 


Ricardo. 
Elena. 


Ricardo. 
Elena. 


Ricardo. 


(Ricardo  queda  un  motrunto  como  dwopando  toda  la 
amargura  de  su  alma,  y  al  votnor  el  rostro,  se  en* 
cuentra  con  su  mujer,  que  ha  salido  por  la  puerta  dt^ 
recha,)    • 

jElenal  *«'•* 

iRicardoI  ¡Noble 

Mártir!  Ven. 

(Abriendo  sus  brazos.  Ricardo  se  arroja  en  ell^,} 

¿TÚ sabes?  ..    .  : 

Sé 
Que  es  como  el  hierro  tu  fe , 

Y  tu  virtud  como  el  roble. . 
Alza  tu  frente  serena , 

Y  ya  que  padeces  tanto , 
Da  expansión  á  tu  quebranto 
En  los  brazos  de  tu  Elena. 

¡Mi  bien!....  Del  deber  esclavo 
Soy ;  de  la  suerte  capricho.,.. 
Hierro  es  mi  fe ;  tú  lo  has  dicho; 
Pero  el  hierro,  al  fin  y  al  cabo» 
Dócil  y  blando  se  entrega , 
Aunque  de  duro  presume , 
Al  fuego  que  lo  consume 

Y  al  yunque  que  lo  doblega.  ' 
Así  para  el  alma  son, 

Cercada  de  iniquidad , 
El  yunque  la  adversidad , 


51 


filoardo. 


■Elena, 
fiioardo. 


Elena. 


Jticarilo. 


Elena. 
Ricardo. 


El  foego  la  indignación. 

I  Te  ha  humillado ,  y  por  tu  amigo 

Se  Tendía  1.... 

En  mí  Beeeba.... 
Esta  es  la  última  prueba  , 
ó  es  el  último  oaatigo; 
Porque  ya  no  sé,  en  verdad , 
Tan  eoníuso  y  loco  estoy. 
Si  soy  un  mártir,  6  soy 
Un  monstruo  de  iniquidad. 
{ Mártir  eres  ( 

¡Mártir!....  Si, 
Que  á  vosotros  os  Inmola. 
¡  Si  fuese  mi  dieha  sola 
La  saeriflcada  aquí  I.... 
Pero  es  la  vuestra.... 

Seremoe 
Tas  auxiliares.... :  ¿qué  importa? 
Á  la  larga  ó  á  la  corta , 
]  Ya  lo  verás  !....  venceremos. 
I  Lachar  siempre  I  Bien  está.       « 
I  Á  luchar!  Siento  en  mi  pecho 
Saikgrar  la  herida  que  ha  hecho 
El  que  fué  amigo,  y  es  ja 
Mi  acreedor.  De  tal  modo 
Le  qaiero  satisfacer, 
Que  estoy  dispuesto  á  vender , 
Menosja  conciencia ,  ;  todo ! 
Da  nuestras  madres  los  dos 
Algo  que  vale  guardamos  •: 
Crimen  es  que  lo  vendamos  ; 
¡  Ma&  que  nos  perdone  Dios  I 
Yo  un  retrato ,  prodigiosa 
Obra  de  arte.  Tú  escondido 
Un  medallón  guarneóido 
De  diadema  primorosa 
De  briliautes.  { Prenda  amada  ! 
Venderemos  sin  reparo 
Hasta  el  recuerdo  más  caro 
De  nuestra  vida  pasada. 
¡  Imposible  I 

Con  razón 


62 


Elena. 

Ricardo. 
Elena. 


Mi  pfoyecto  te  atormenta , 
Qae  es  duro  poner  en  venta 
Pedazos  del  corazón. 
Pero  lo  exige  la  suerte , 

Y  es  preciso.  - 

Elena.  |  Es  impcMsible  I 

Ricardo,     i  Si  el  sacrificio  es  horrible  I 
I  Si  es  un  insulto  á  la  mnertef 
¿Crees  tú  qae  mi  insensatez 
Llega  hasta  desconocerlo? 
I  Es  qué  yo  no  puedo  hacerlo, 
Porque  lo  hice  ya  otra  vezl 
¡Otra  vezl....  (Tú!  ¿Cómo? ¿Guándof 
^  Seis  meses....  aún  no  los  ha  hecho....:. 
Yo  extenuada....  tú  en  el  leicho.... 
Nuestra  niña  agonizando.... 
Dios  al  fin  se  la  llevó, 

Y  otro  án^el  en  su  lugar 
Vino  en  la  cuna  á  ocupar 
El  sitio  que  ella  dejó.... 
¿Recuerdas? 

¡Oh!  iSll..;- 

¿  É  ignoras^ 
I'Ayl,  que  muertes  y  dolencias, 

Y  largas  convalecencias, 

Y  deudas  abrumadoras 

Que  el  endeble  caudal  minan 

Y  sacrificios  exigen , 

Si  espantan  por  lo  que  afligen  y 
Asustan  por  lo  que  arruinan? 

Ricardo.     Bien....  ¿y  qué? 

Elena.  Todo  fiütaba...» 

La  necesidad  crecía : 
El  dolor  nos  consumía ; 
La  miseria  añlenazaba ; 
Por  miedo  á  ingratos  y  esquivo» 
No  pedí  de  puerta  en  puerta 
Un  nicho  para  la  muerta  , 

Y  pan  ¡ay  I  para  los  vivos : 
¿Qué  hacer,  dime,  en  tanto  afiín?^ 
El  medallón....  ¡Fui  cruell 

I  El  alma  vendí  con  él ; 


Ricardo. 
Elena.-' 


53 


Ricardo. 


"Elena. 
Ricardo. 

Cleaa. 
Alcardo. 


Pero  dio  nicho  y  dio  jpta  I 

iBlalmal....  ¡Tieoes  razón, 

Elena  I  Yo  reverencio 

Mis  tu  heroico  silencio 

Qae  admiro  ta  abnegación. 

Remedio  pusiste  al  mal : 

Es  cierto :  ¿  mas  tú  podías 

Gallarte  caando  vendías 

Hasta  el  cariño  filial  ? 

¿Cómo  ni  doliente  grito, 

Ni  amarga  qaeja  exhalaste , 

Guando  al  mercado  arrojaste 

Aquel  recuerdo  bendito  ? 

¡Elena....!  Del  pecho  sube 

La  sangre  á  la  airada  frente , 

Gomo  del  mar  el  hirviente 

Vapor  que  forma  la  nube. 

Tanta  angustia  ,  tanto  amor 

Tan  estériles....  ¿Qué  es  esto? 

I  Qué  monstruos  se  han  interpuesto 

Entre  mi  dicha  ymi  honor? 

]  Y  aun  me  humillan  I....  ¡Pues  que  venza 

Ese  mundo  que  me  ultraga  ! 

¡Ricardo! 

Queda  otra  alhaja 
Que  vender. 

¿  Cuál  ? 

¡La  vergüenza ! 
Conservó  este  bien  precioso 
El  alma  donde  reside  , 
Y  boy  el  mundo  me  la  pide 
Para  hacerme  poderoso. 
Negarla  fuera  locura 
Desde  el  punto  en  que  he  mirado, 
Vuestra  desdicha  de  un  lado , 
Del  otro  vuestra  ventura. 
I  Que  á  la  conciencia  no  cuadre  . 
Tal  solución!....  ¿Y  quehacer? 
'  Que  dé  pan  á  mi  muier , 
A  mis  hyos  y  á  mi  padre. 
¡  Honor  I  ¡  rectitud  I  ¡  decoro  I 
Con  ellos  siempre  he  vivido , 


54 


Y  hasta  ahora  nnnca  han  sabido 
Cómo  se  fabrica  el  oro. 

*  i  Su  compañía  embaraza 

Y  hasta  es  bárbara  y  cruel? 
Pues  salgan  ,  como  papel 
Que  se  cotiza  ,  á  la  plaza  I 

I  Mercancías  al  mercado  I 

(Elena  se  enjuga  el  llanto.) 

\  Necia  de  ti  I  ¿  Por  qué  lloras  ? 
I  Si  ya  me  pesan  las  horas 
Que  he  perdido  en  ser  honrado  \ 
No  te  dé  pena  ninguna ; 
Desde  hoy  quedarán  abiertas 
De  par  en  par  esas  puertas 
Á  la  insolente  fortuna.  * 

Elena.         { Ricardo  mío ! 

Ricardo.  El  inñerno 

Me  está  prometiendo  á  gritos 
Horizontes  infinitos 
Bañados  de  un  sol  eterno  ; 
Placeres,  felicidad , 
Auroras  llenas  de  encanto.... 
¡  Hasta  las  gotas  de  llanto 
Serán  perlas....  de  verdad  I 
]  Poner  á  esta  dicha  valla  I 
i  Por  el  alma  ?  ¿  Y  quién  la  estima  f 

■  ¡  Qao  grita  I  Pues  oro  encima : 

{  Verás  cómo  al  fln  se  calla  f 

Elena.         Me  espantas. 

Ricardo.  ¿  Por  qué  ? 

Elena.  Por  todo.... 

Por  ti....  Por  mí....  Es  que  no  quiero 
Que  en  este  combate  ñero 
Arrojes  tu  honor  al  lodo. 

Ricardo.     Lo  exige  así  nuestra  vida, 
Nuestra  misma  salvación. 

Elena.         Eso  es  desesperación 

De  tu  conciencia  suicida. 
Peleaste  :  ha  sido  inñel 
La  fortuna  á  tu  heroísmo  : 
Huyes  ciego  :  hay  un  abismo , 
Y  te  sepultas  en  él. 


86 


Ricardo. 


Elena. 

Ricanlo. 

Elena. 

Ricardo. 

Elena. 
Ricardo. 


I  Eso  pasa  I 

¡  Necio  afin ! 
Si  en  ese  abismo  que  dices 
Están  los  seres  felices , 
Vamos  donde  ellos  están. 
¿  Te  olvidas  de  Dios ,  que  aqiil 
Mil  veces  nos  amparó  ? 
¿He  de  pensar,  en  El  yo, 
Si  Él  se  ha  olvidado  de  mí  ? 
¡  Blasfemo!  Tu  fe  acrisola. 
Pues  con  el  dolor  la  prueba. 
Es  una  ola  que  me  lleva , 
¿Y  va  á  salvarme  esa  ola  ? 
¡Ricardo! 

(Sé  lanza  al  ttcrtUr,  y  abre  a  eaján.) 

Aqulla  salud. 
La  dicha,  el  goce,  el  encanto,... 
Sal,  fortuna,  y  seca  el  llanto 
Que  hace  correr  la  virtud. 
De  escrúpulos  y  temores 
Fuiste  aquí  i*uin  prisionera. 
Rompe  el  hierro  y  sal  afuera 
Á  lucir  tus  esplendores. 
¿Á  qué  mirar  con  desdén 
Tus  halagos  y  tus  bienes  ? 
Cortejo  de  infamia  tienes, 
Pero  lo  pagas  muy  bien* 
*  Le  das  al  triste  alegría , 
Color  sano  al  macilento , 
Al  estúpido  talento , 
Al  deforme  gallardía.* 
Surja,  pues,  de  estos  papeles 
El  oro  en  raudal  fecundo , 
Único  rey  en  el  mundo 
De  cristianos  y  de  infieles. 
¡  Yo  le  acato  1  Tú  verás  (Á  Elena) 
Si  me  da  honor,  dicha  y  nombre.... 
Ya  soy  vil ;  ya  soy  un  hombre 
Como  todos  los  demás. 

(Se  va  por  el  foro  con  los  papelee,) 


56 

ESCENA  VI. 

•    ■   ■  '  • 

ELENA. 
]Se  füál  El  vértigo  le  empi\jft.... 

(Kicuchando.) 

Anhelante,  atropellado 

Devora  losescaloneft, 

Que  crcgen  bsgo  sns  pasos.... 

¡Ya  llegó  1  Le  siento  arriba.... 

Percibo  su  fatigado 

Respirar....  Ya  suena  el  timbre.... 

Le  abren....  La  voz  de  Fernando.... 

La  de  Luisa....  Cierran....  Vienen 

En  direcoión  del  despacho....  > 

(Como  si  por  las  pisadas  del  techo  conociera  lo  que  hacen 
la$  personas  que  se  supone  están  arriba.) 

I  El  crimen  que  se  consuma  1 

¡El robol....  ¡Ohl....  ¡Ladrón  Ricardo!.... 

De  pena  murió  mi  padre 

Porque  le  arruinó  un  malvado. 

¿Causará  mi  esposo  ahora 

En  su  amigo  tal  estrago?.... 

¡Ohl....  ¿Quién  piensa?....  Lo  que  él  haga 

Por  hacerlo  él,  ya  no  es  malo, 

Pues  la  perfidia  no  cabe 

En  quien  vivió  siempre  dando 

Á  la  maldad  sus  desprecios  , 

Y  á  la  virtud  sus  halagos. 

ESCENA  VIL 

DICHA   y  RITA. 

Rita.  ¡Señora! 

Elena.  ¿  Qué  hay  ? 

Rita.  Que  preguntan 

Por  el  señor.  . 
Elena.  No  ha  bajad  o 

Todavía. 
Rita.  Es  un  amigo 

Que  hará  un  mes  ,  si  no  me  engaño  , 


57 


BstUTo  aqni. 

Elena. 

No  recuerdo.... 
¿  Cómo  se  llama  f 

Rita. 

Don  Pablo 
Marín. 

Elena. 

I  Don  Pablo  I  ( ¡Dios  mío  1 ) 

Rita. 

E¡8  aqael  señor  tan  gnapo 
Qae  Tino  de  vifl^je.... 

Elena. 

|SII.... 

Rita. 

Y  almorsó  luego.... 

Elena. 

Ya  caigo. 

Rita. 

Y  á  qaien  tanto  agasajaba 
La  esposa  de  don  Fernando.... 

m 

Elena. 

(Sin  oiría.) 

1  Marín  I  ¡  Marín  I 

Rita 

Y  por  cierto 
Que  ella  y  él  se  han  encontrado 
Casi  á  la  puerta ,  y  que  estaban 
Tan  obsequiosos  y . . . . 

Elena. 

(Siguitndo  él  cur$o  d«  $u$  ideas.) 

I  Vamos, 
Que  extrafias  coincidencias 

m 

• 

Hacen  efectos  extraños  I 
Bse  apellido  despierta 
Recuerdos  tristes  y  amargos.... 
1  Marín  !  Que  pase. 

Rita. 

Al  momento. 

Elena. 

(Denme  los  cielos  su  amparo.) 

(Luiia  Sé  va  por  el  foro,  siguiéndola  Pablo  con 

la  visí.% 

hasta  que  desaparece,) 

ESCENA  VIII. 


ELENA   y    PABLO. 


Pablo. 
Elena. 


Pablo. 


¡Señora!.... 

Tanto  placer 
En  que  nos  honre  de  nuevo. 

(Indicándole  una  siüa,) 

Nunca  podré  como  debo 
Su  bondad  agradecer. 


58 


Elena.        ¿Llegó  usted?.... 

Pablo.  De  madrugada ; 

Y  como  en  mi  vida  errante 
Es  un  siglo  cada  instante 

Y  gran  quehacer  no  hacer  nada , 
Vengo,  importuno  quizá , 

Á  saludarles  ahora , 
Pues  tal  vez  la  nueva  aurora 
No  me  halle  en  la  corte  ya. 
Elena.        No....  ¡Importuno!....  (¿Porqué  silente 
Tan  cruel  agitación? 
Lo  que  hay  en  mi  corazón , 
¿Es  odio  ó  remordimiento?) 
(Sospecho  que  mi  presencia 
No  es  de  su  mayor  agrado.) 

Con  que  usted....  (Se  para.) 

¿La  he  molestado 
Quizá  con  la  impertinencia 
De  mi  visita? 

No  á  fe. 
Harto  sé  yo  lo  que  pasa.... 
Guando  está  Ricardo  en  casa,  (Levantán(ion$) 
Por  la  noche....  volveré. 
Vendrá  al  punto.  Si  está  arriba 
En  el  principal.... 

Con  todo.... 
Perdóneme  si  en  el  modo 
De  recibirle,  algo  esquiva , 
Displicente  ó  contrariada  , 
Le  he  podido  parecer. 
Fuera  de  que  soy  mujer , 
Soy  madre,  y  no  afortunada, 

Y  apenas  se  pasa  día 

Sin  que  por  varios  azares 

No  reciba  mil  pesares 

Á  cuenta  de  una  alegría. 

Conque  así,  vuelva  á  ocupar 

Su  silla.... 
Pablo.  A  tales  extremos....  (Sb  menta.) 

Elena.        Y  á  Ricardo  aguardaremos , 

En  plática  familiar 

Y  amistosa  entretenidos. 


Pablo. 

Elena. 
Pablo. 


Elena. 
Pablo. 


Etena. 

Pablo. 
Elena. 


59 


Pablo. 
Elena. 

Pablo. 
Elena, 


Pablo. 
Elena. 


Pablo.         Yo  me  rindo  á  disoreción  : 
Porque  es  la  conversación 
Deleite  de  los  sentidos , 
Guando  ios  mneye  y  provoca 
Ei  irresistible  acento* 
De  on  gallardo  entendimiento 
Qae  habla  por  tan  dalce  boca. 

Elena.        Esa  flor  de  cortesía , 

,   Por  el  aroma  qae  encierra , 
Dice  qae  nació  en  la  tierra 
Del  genio :  en  Andalacía. 
Ándalas  soy. 

(Será....  ¡Cielos  1) 
¿De  Cádiz? 

Allí  nací. 
Pnes  á  algaien  conoció  allí 
Mi  padre....  (j  Si  mis  recelos 
No  eran  falaces ! ) 

I Á  quién  ? 
Lo  recuerdo  en  este  instante : 
Era  un  rico  comerciante 
Que  se  llamaba  también 
Marín.... ,  como  usted. 

¿Su  nombre? 
José  Antonio. 

Exactamente : 
Mi  padre. 

Su....  (¡  Dios  clemente  I) 
I  Usted  hijo  de  aquel  hombre!   (Se  Uvantt.) 
Ese  tono.... 

¿  Es  agresivo  ? 
Présame  que  sí. 

Mal  hecho , 

Porque  ahora  siento  en  el  pecho 

Un  placer  tan  hondo  y  vivo , 

Que  no  sabría  decir 

Cuánto  debo  agradecer 

Qué  me  canse  este  placer 

Quien  tanto  me  hizo  suíHr. 
Pablo.        No  comprendo.... 
Elena.  ¿  Qaé  más  da 

Con  tal  que  lo  entienda  yo..... 


Pablo. 
Elena. 
Pablo. 

Elena. 

Pablo. 
Elena. 
Pablo. 
Elena. 


Pablo. 


.60 

Una  historia  que  pasó , 

Y  otra  historia  que  vendrá. 
Desventaras  y  traiciones , 
Virtudes  sin  esperanzas , 

Y  repentinas  venganzas 

ó  Justas  compensaciones.... 
I  Qué  sé  yo ! 

(¡Está  delirando  I) 

fisCENA  IX. 

DICHOS,  y  RIO  ARDO. 


Ricardo. 
Elena. 


Ricardo. 


Pablo. 

Ricardo. 
Elena. 
Pablo. 
Ricardo. 


Elena. 


¡Elena! 

I  Gracias  á  Dios  I 
¡No  hace  poco  que  los  dos 
Te  estamos  aquí  esperando ! 
Pablo,  perdona....  Mi  padre 
Me  entretuvo....  (A  Elena.)  (Vete  afuera.) 

(Elena  se  sonríe  y  no  obedece.) 

I  No  me  preguntas  siquiera 
Por  la  salud  de  mi  madre  ? 
Tu  madre....  Sí.  (Vete.)  (A  Elena.) 

¡No! 
( ¿También  éste  ?. . . .  ¿  Será  enredo  ? ) 
( Delante  de  ella  no  puedo 
Hacer  una  infamia  yo.) 

Te  suplico....  (ÁltOf  é  insistiendo  en  que  se  vaya.) 

I  Qué  tenaz  I 
Rarezas  de  mi  marido, 
Señor  don  Pablo.  Ha  creído 
Que  soy  mujer  incapaz 
De  entender  en  sus  negocios, 
Y  piensa  echarme,  sin  ver 
Que  el  marido  y  la  mujer, 
Á  cierta  edad,  son  dos  socios. 
La  prueba.  Agentes  leales, 

(Con  gravedad  afectada) 

Hoy  hemos  enajenado 

Su  crédito  ,  que  ha  importado 

Cien  mil.... 


61 


Rlcanio. 

Pablo. 

Elena. 

Pablo. 

Ricardo. 

Elena. 


Pablo. 


Elena. 


Ricardo. 
Elena. 


Pablo. 
Elena. 
Ricardo. 
Elena. 


{Interrumpiéndola  con  energia.J 

Quinientos  mii  reales* 
¿  Qué  dices  ? 

Está  demente. 
Me  lo  flgnro  hace  rato. 

]  Quinientos  mil  I  (Con  firtMsa.) 

1  Insensato! 
4  Cuál  es  el  precio  corriente  7 
Dígalo  usted.  (Á  Pabio.j 
El  papel 
Está  á  veinte ;  y  son  cabales 
Cien  mil  reales. 
(Á  Ricardo.)         ¡  Cien  mil  reales ! 

(Á  Pablo.) 

I  Ye  usted  si  entiendo  más  que  él  ? 

(  Vttéhi  á  mirar  á  Ricardo  ^  qu4  ttlá  como  atónilo. 

Pero.... 

i  Galla !  Y  no  te  asombres 
De  que  en  varios  pareceres , 
Alguna  vez  las  mujeres 
Sepamos  más  que  los  hombres. 
¡  Ja  I  ¡ja !  I  ja  I  No  vuelve  en  sí    « 
De  asombro  y  de  confusión , 
Por  la  elocuente  lección 
Que  acabo  de  darle  aquí. 
¡Tiene  gracial  (SeH$.) 

¡Ya  se  ve! 
¿Quieres  dejarme?.^.. 

¿Qué?  ¿ Hablar  r 
Nos  volverás  á  probar 
Que  ignoras  lo  que  yo  sé. 

¡Nada!  (ímpidiéndoU  hablar.) 

En  vano  te  atormentas , 
Hgo,  por  Justificarte. 
Ya  ves  que  puedo  enseñarte, 

(A  Pablo) 

¿Yerdad?  á  echar  bien  las  cuentas. 
Ck>nque  (Á  Pablo)  duba  al  principal; 
Femando  y  que  es  hombre  exacto, 
Le  pagará  á  usté  en  el  acto 
La  cuenta  justa  y  cabal. 
Él  se  ha  encargado.... 


62  ^ 

Pablo.  MU  veces 

Debo  á  usted  agradecer.... 

(Elena  le  empuja  euaüemfíntú  haci^  la  puerta,) 
(A  Ricardo.) 

Aprende  de  ta  mi:ger , 
I  Infel  iz ! ;  No  ia  mereces. 
Elena.         ¡Ya  se  ve  I  jSi  el  majadero 
Ni  siquiera  me  conoce !.... 
¡Conque  adíósl ....  Y  que  usted  goce 
Muchos  años  su  .dinero. 

(Empujándole  hacia  la  puerta,  para  evitar  que  Ricardo  le 
hable  de  nuevo. — Vaee  Pablo.) 

ESCENA  X. 

RICARDO  y  ELENA. 


Ricardo.     ¿Qué  repentina  mudanea 

Es  esta  ?  i  Qué  te  ha  pasado? 

Elena.        Que  mi  alma  ha  carbonizado 
E|l  rayo.de  la  venganza. 
Te  venció  á  ti  la  injusticia 
Del  mundo  :  á  mi  la  de  un  hombre 
Ha  habido  cambio  de  nombre : 
Lo  que  era  robo  es  justicia. 

fiioardo.     ¡  Nueva  angustia ,  y  más  cruel ! 
Pablo....  á  ti^,.. 

Elena.  >  ¡Qué  desvario ! 

Fué  su  padre ;  robó  al  mío 
Más  que  nosotros  á  él. 

Y  no  la  fortuna  sólo 

Y  todo  inseguro  bien,  • 
Sino  la  vida  también 

Costó  á  mi  padre  aquel  dolo. 
Ve,  pues,  cómo  en  la  partida   . 
Es  él.  en  ganar  primero , 
.  Porque  él  me  da  mi  dinero , 
Mas  yo  le  dejo  la  vida. 
Ricardo,     i  Robos ,  crímenes ,  maldades » 
Se  eslabonan  de  mil  modos ; 

Y  así  van  formando  todos 


63 

Cadena  de  iniqaidadesl 

4 Conque,  en  fin,  e3  un  rebafto 

De  fieras  la  hnmaaidad, 

Donde  reinan  la  maldad» 

La  Tíleza  y  el  engaño?  ^ 

¿Y  en  la  ptga  de  cinismo 

Se  ha  de  dar,  coal  ley  constante, 

La  gloria  al  que  va  delante, 

Al  que  atrás  queda  el  abismo  T 

¿Y  en  tanto  gime  y  se  apoca 

La  virtud  siempre  escondida , 

Como  humilde  flor  nacida 

En  las  grietas  de  una  roca  ? 

Pues  si  esto  es  así ,  ¿quién  trata 

De  redimir  á  esas  fieras  ? 

¡  Dispon  de  mí  como  quieras , 

Genio  del  mal,  roba  y  mata ! 

I  Bien  has  hecho,  esposa  mía ! 

Nos  saca  el  diablo  en  su  coche 

De  las  sombras  de  la  noche 

Á  la  luz  de  un  nuevo  día. 

¿Falta  que  el  ministro  vea 

Mi  adhesión....  mi  servilismo?.... 

¡Los  verá  mañana  mismo  I 

¿Que  seré  un  vil?  )  Que  lo  sea  I 

Yengan  oro,  aplausos ,  gloria  ; 

Qae,  puestas  en  parangón 

La  victoria  y  la  razón  , 

Lo  importante  es  la  victoria. 

ESCENA  XI. 

DICHOS ,   CÁNDIDO  y  RITA ,  que  traerán  medio  desvane- 
cido á  D.  ÁNGEL  por  la  puerta  lateral  izquierda. 

Cándido.     ¡Papal 

Rita.  I  Señor  I 

D.  Ángel.  ¡Ah! 

Ricardo.  I  Ese  grito ! 

Elena.        i  Tu  padre  í 

Rita.  Está  accidentado. 

Cándido.     No  sé  lo  que  le  ha  pasado ; 


o4 

Mas  se  muere. 
Ricardo.  { Dios  bendito  I  (A  mía,) 

Yaela :  i  an  médico ! 

(Ricardo  y  Elena  sientan  á  D.  Ángel  en  un  sillón ,  donde 
queda  aplomado ^  como  quien  sufre  «n  ataque  cerebral.) 

Rita.  ¡  Corriendo  I  ^i^eta /'oro.; 

Ricardo,     i  Padre  mío  I....  j  Horrible  pena ! 

Elena.        ¿Muerto? 

Ricardo.  No  digas  ,  Elena , 

Lo  que  está  el  alma  temiendo. 

¿  Qué  es  lo  que  el  cielo  me  advierte 

Al  dar  este  primer  paso? 

¡  Fortuna.,  serás  acaso 

Mensajera  de  la  muerte  I 

(Cae  el  telón. J 


FIN  DEL  ACTO  SEGUNDO. 


ACTO  TERCERO. 


Sala  «legante.  Puertas  laterálea  y  ea  el  fondo.  MaeblM  d«  boen 
gusto ,  aanqne  no  de  gran  Talor.  Á  un  lado  an  entredós ,  y 
encima  algunos  objetos  de  adorno^  con  juego  de  reloj,  can- 
delabros,  etc.  Á  otro ,  nn  elegante  secreter  y  recado  de 
escribir.  Espejos ,  cortinajes,  en  relación  con  el  tono  general 
de  la  pieza. 

ESCENA  PRIMERA. 

D.  ÁNGEL  y  RITA. 

(D,  Ángel  sentado  en  un  sillón.  Habla  y  anda  con  atgún 
trabajo ,  como  quien  está  convaUeiente  de  un  ataque  á 
la  cabeza.) 

Rita.  i  Quiere  usted  que  abora  le  sirra 

Uncaldito? 
D.  Ángel.  ¡Nol 

Rita.  iQaéempeftof 

¿Ya  usted  á  morir  de  hambre 

Por  hacer  caso  del  médico  ? 
D.  Ángel.    Déjame. 
Rita.  i  Vaya  una  copa 

De  Jerez? 
D.  Ángel.  ¡No! 

Rita.         ^  ( ¡  Pobre  viejo  I 

No  es  el  mal :  es  la  tristeza 

Lo  que  le  está  consumiendo.) 
D.  Ángel,    i  Ay ! 
Rita.  Señor  :  ¿  le  duele  á  usté  algo? 

(D.  Ángel  se  llwa  la  mano  al  corazón,) 

El  corazón :  lo  comprendo. 

¡Yo  también  siento  una  angustia , 

Una  desazón.... ,  un  pésol 
D.  Ángel.    ¡  Pobre  Rita  f 
Rita. ,  •  .    \  Claro  !  Bstoy 

Tragando  tanto  veneno.... 

i  Que  me  calle  ?  Harto  he  callado : 

5 


66 

Paes  OD  año  de  silencio 
Para  ana  mcger  es  más 
Qae  quince  siglos  de  infierno. 
Es  qae  no  hay  trazas ,  señor , 
De  mejora ,  ni  de  arreglo. 
Usted  pasa  aquí  los  días 
Casi  impedido  y  enfermo » 
Sin  más  consuelo  que  yo.... 
¡  Que  ya  ve  usted  si  es  consuelo  ! 
El  señor,  siempre  ocupado , 

Y  distraído  é  inquieto ; 
Gomo  se  acuesta  con  sol , 
Se  levanta  con  luceros , 

Y  una  vez  por  la  oficina , 

Y  otra  vez  por  el  Ck>ngreso , 

Y  otras  porque  don  Fernando 
Se  lo  lleva  á  esos  consejos 
De  sociedades  ó  empresas , 

ó  diablos ,  que  yo  no  entiendo , 
Ello  es  que  no  come  en  casa 
Sino  allá  de  Pascua  á  Adviento , 

Y  hasta  para  ver  á  ustedes 
Le  falta  una  honí'de  tiempo. 
La  señora  ,  por  su  parte, 
Se  deja  llevar  del  celo 

Con  que  doña  Luisa  busca 
Distracciones  y  festejos , 

Y  por  no  aburrirse  aquí 
Con  este  par  de  estaíermos  y 
Usted  perdone ,  señor, 
Nos  llaman  asi  á  los  viejos , 

^  Se  va  donde  bien  le  place , 

ó  donde  se  aburra  menos. 

Y  entre  tanto  el  señorito.... 
D.  Ángel.    ¡Ese,  ese  I 

Rita.  Ya  está  buen  nieto. 

No  estudia  ni  una  palabra  ; 

Pero  sabe  el  rapazuelo 

De  cosas  que  no  debiera, 

Más  que  Briján. 
D.Apgel.  ¿Juega? 

RÍta.  Juego , 


67 

Gafé  ,  fonda,  toros....  {  yamos! 
No  hay  ya  por  dónde  cogerlo. 
Es  de  perlas  el  mocito 
Desde  qne  tiene  dinero. 
I  Mal  haya,  mal  haya  la  hora 
En  que  cambiaron  los  vientos » 

Y  vino  aqu[  la  fortuna 
Gomo  llovida  del  cielo ! 

D.  Ángel.     ¡Llovida  del  cielo  I....  ¡Vaya  I 
Ricardo  es  hombre  de  mérito, 

Y  llegó  á  subsecretario 
Por  el  camino  derecho. 
Esto  me  habéis  dicho  todos, 

Y  claro  que  esto  es  lo  cierto,    . 
Pues  la  suerte  al  íin  se  cansa 

De  perseguir  á  los  buenos. 
Rita.  Si  no  digo  lo  contrario , 

No,  señor ;  pero  sostengo 
Que  estos  cambios  repentinos , 
Como  los  cambios  de  tiempo , 
Guando  no  matan,  trastornan 
La  maquinaria  del  cuerpo. 
*  Ya  lo  decía  mi  hermano 
Que  murió  de  cura  en  Viesgo; 
Dinero  que  cuesta  poco , 
No  da  de  sí  nmk  bueno; 

Y  aun  el  que  cuesta  sudores 
Tiene  sus  más  y  sus  menos.  * 

ESCENA  II. 

DIÓHOS  y  CÁNDIDO  por  el  foro,  con  an  paro  «n  la  boca, 
y  con  maneras  algo  acholadas. 

Cándido.     ¡Olél 

D.  Ángel.  ¡  Cándido  I 

Cándido.  Abuelito. 

¿Qué  tal  va? 
D.  Angei.  Migor. 

Cándido.  Me  alegro. 

Tiene  usted  muy  buen  <solor , 

Y  empieza  usté  á  andar  más  suelto , 


68 


D.  Ángel. 

Cándido. 

Rita. 

Cándido. 

Rita. 


Cándido. 


D.  Ángel. 
Cándido. 

Rita. 

D.  Ángel. 

Cándido! 

D.  Ángel 
Cándido. 


¿No  es  verdad?  Si,  |poco  á  poco 

Se  Yolyerá  á  poner  bueno » 

Y  sano,  y  fuerte!...  Un  cigarro.... 

(Ofreciéndole  un  puro.) 

Es  de  la  Habana  ;  veguero. 
.  ¡  Quita  allá  I . . . .  Puede  servirte 
de  bastón. 

iJal  ijal 

( I  Arrapiezo  1) 
Mamá,  ¿no  ha  venido?....  ¿No  oyes, 
Vieja  incivil? 

Gomo  tengo 
Este  quehacer  á  mi  cargo, 
En  los  demás  no  me  meto. 
Supongo  que  ha  ido  de  tiendas 
Gomo  siempre. 

({Y  sin  dinero!.... 
Ese  imbécil  de  Garlitos 
Me  va  á  dejar  sin  pellejo. 
Maneja  el  taco  de  un  modo....  ^ 
1  Galla!  \  Y  ahora  que  recuerdo  ! 
Me  ha  dado  él  con  cierta  sorna 
Este  número  del  Trueno,.,,  (Lo  naca.) 
Mientras  echo  una  ojeada, 
Voy  á  ver  si  lo  entrejtengp....) 

(Refiriéndote  á  D:  Ángel ^ 

Abuelito. 

¿Qué  te  ocurre? 
Usted  que  es  un  hombre  experto 
En  cosas  de  mundo.... 

¿Quieres 
Dejarle  en  paz? 

Que  es  mi  nieto, 
Rita,  y  al  fln  me  hace  gracia.... 
No  sabes  ni  entretenerlo, 
¡Gruñona! 

Habla. 

Este  papel 
Es  el  número  primero 
De  un  periódico  en  que  escriben 
Muchos  brillantes  ingenios , ' 
Unidos  bajo  este  lema  : 


D.  Ángel. 
Cándido. 


D.  Ángel. 


Cándido. 


Rita. 
Cándido: 


Rita. 
Cándido. 


«Garrotazo  y  tente  tieso.» 
De  modo  qae  al  que  le  cogen 
Porsucaenta.... 

Ya  comprendo : 
Lo  dejan  en  caeros  tívos.... 
No,  señor;  en  cueros  mnertos. 
Pues  bien;  Garlitos,  que  es  ya 
Un  literato  tremendo , 
Seirún  él  afirma.... 

¡  Qué  oigo  I 
¿Literato  el  picaruelo , 
T  no  sabe  una  palabra 
De  nada  ? 

¡  Toma  1  Por  eso.  >^ 

Digo,  pues ,  que  él  me  ha  entregado 
Este  papel,  y  riendo , 
Con  esa  risa  cargante 
Del  que  sorprende  nn  secreto , 

Y  quiere  darlo  á  entender 
Con  vaguedad  y  misterio , 
Ha  añadido :  «  Que  circule ; 
Sale  el  número  soberbio ; 
Verás  ahí  un  parrafillo 
Que  yale  cualquier  dinero 

Este.  (Señalando  en  el  papel.) 

El  párrafo,  en  verdad, 
Es  feroz;  mas  no  lo  entiendo. 
¿Quiere  usted? 

Quita  allá.  iEstamoa 
Para  lecturas  y  cuentos  I 

Y  luego  dices  que  nadie 
Más  que  tú  cuida  al  enfermo , 

Y  nunca  le  proporcionas 
Distracciones. 

¡Trapacero! 
¿Te  atreverás? 

I  Galla  I  Y  ponle 

Los  anteojos....  (Se  ios  pone  il  miemo.} 

Así ;  veo 
Que  soy  más  útil  que  tú. 
Yo  haría  un  gran  enfermero» 
¿No  es  verdad? 


D.  Ángel. 

Cándido. 

Rita. 

Cándido. 


D.  Ángel. 


Cándido. 


D.  Ángel. 

Rita. 

Cándido. 

D.  Ángel. 

Cándido. 
D.  Ángel. 


70 


I  Si  tú  quisieras 
Darme  gusto  con  ser  bueno  I 
¿Quién  ha  dicho  que  soy  mato? 
Yo  lo  digo,  y  lo  sostengo. 
D(jolo  doña  Remilgos.... 
¿  Porque  me  gustan  los  toros 

Y  saludo  á  los  toreros  ? 
¿Porque  voy  á  los  teatros 
Á  dirigir  los  pateos 

Dé  las  comedias  que  escriben 
Los  amigos  ?  ¿  Porque  juego  ?.... 
jEn  cambio  soy  un  legista 
Que  va  á  saber  más  derecho....! 
Ya  ve  usted  que  saco  notas 
Brillantes  ;  ya  no  hay  suspensos.... 
Tu  padre  es  subsecretario ; 
Habla  mucho  en  el  Congreso  , 

Y  recoges  ttí  una  parte 
Del  fruto  de  su  talento. 
Guando  era  él  pobre  y  oscuro, 
¡  Qué  poco  caso  te  hicieron  I 

Hoy  que  triunfa ,  y  suena ,  y  charla , 
¡  Ya  eres  muchacho  de  mérito ! 
I  Justicia  humana ! 

( Chochea. ) 
Pues  busque  usted  el  remedio 
Para  esas  cosas....  (  Y  en  tanto 
Veré  si  por  aquí  encuentro.... 

{Mirando  por  encima  de  loe  entredoeee  mientras 
D,  Ángel  lee  el  periódico.) 

I  Quiá !  Será  al  fln  mi  reloj 
El  que  me  saque  de  aprietos. 
I  Como  siempre  !  Ya  se  va 
Solo  á  la  casa  de  empeños.) 
¡  Válgame  Dios  !  j  Á  él  aluden ! 
Señor ,  ¿  qué  pasa  ? 

¿Qué  es  eso?. 
¿  Le  da  á  usted  algo  ? 

No  es  nada* 
Este  periódico,... 

¿  El  Trueno  ? 
I  Una  infamia  I....  i  una  calumnia 


71 


Horrible....  atroz  I 

Cindldo. 

Por  sopaesto : 

¿Perogoiénes?.... 

D.  Ángel. 

No  te  importa. 

Rita. 

I  Si  no  has  de  haoer  nada  bneno  1 

¿  Quién  te  manda  á  ti  traerle 

Papelotes  ni  embeleooe  ? 

Sosiégaeae  nsted. 

D.  Ángel. 

( 1  Es  claro  t 

Gomo  he  estado  Un  enfermo, 

Entre  la  vida  y  la  muerte  , 

No  he  sabido  nada....  ¡oh  cielos  1 

Si  es  verdad  lo  que  aquí  dicen , 

¿  Por  qné ,  por  qaé  no  me  he  muerto  ? ) 

Rita. 

I  Seftor  I 

Cáadldo. 

j  Abnelito  I 

D.  Ángel. 

Digo 

Que  no  es  nada.... 

Cindldo. 

( No  lo  entiendo. 

Alguna  chochez....  Mas  juro 

Que  si  hay  aquí  algún  enredo 

deltalGariitos,  nosyamos 

Á  yer  las  caras  muy  presto. 

Yo. haré  que  me  explique  hoy  mismo....) 

Rita. 

Vamos,  don  Ángel,  adentro, 

Y  arroje  usted....  (Quiert  quilarl$  el  papa,) 

D.  Ángel. 

1  Quita  allá  I  (Guardándolo.) 

i  Qué  sabes  tú  lo  que  es  esto  ? 

Rita. 

(Á  Cándido.) 

¡Por  til....  4  Lo  ves? 

Cándido. 

I  Galla !  Viene 

• 

Mi  papá. 

D.  Ángel. 

¿Solo? 

Cándido. 

No  creo.... 

• 

(Uirando,) 

Con  don  Fernando.  Me  escurro 

Por  este  lado.  (S9  va  por  laputrta  dtrecha,) 

D.  Ángel. 

No  quiero , 

Delante  de  gente  extraña , 

Pedirle  cuentas.... 

(Se  dirige  á  la  puerta  izquierda,  y  entran  Ricardo  y  Fer» 

fiando  por  el  fondo.) 

72 
ESCENA  III. 

RICARDO,  FERNANDO,  D.  ÁNGEL  y  RITA. 

Ricardo.  No  hay  cuerpo 

Ni  espíritu  que  esta  vida 
Soporten  eo  paz  y  en  calma. 

Fernando.  ¡  Siempre  igual ! 

Ricardo.  j  Si  hasta  del  alma 

Parece  que  uno  se  olvida ! 

(Hacia  dentro.) 

No  recibo  á  nadie  ya : « 

.  (A  Ftmando.) 

Ni  voy  á  comer  contigo. 
Fernando.  ¡Pues  no  faltaba!.... 
Ricardo.  Te  digo 

Que  estoy  hasta  aquí. 
Fernando.  I  Agua  va  I 

Ricardo.     ¿Ni  un  momento  de  reposo, 

Ni  un  minuto  de  espsmsión 

Obtendrá  mi  corazón 

De  hijo,  de  padre  y  de  esposo? 
Fernando.  Aún  guardas  la  levadura 

De  pasados  quijotismos. 

No  se  deben  á  sí  mismos 

Personiges  de  tu  altura. 

Está  tu  dicha  presente 

En  subir  sin  descansar. 

¿Te  irías  ahora  á  parar 

En  mitad  de  la  pendiente  ? 

Ricardo.       (Viendo  á  su  padre.) 

¡Oh!  ¡Mipadrel 

(Yendo  á  él  con  efusión.) 

D.  Ángel.  Ni  siquiera 

Tienes  ojos  para  mí. 
Ricardo.     Perdón,  si  al  entrar  no  vi.... 
D.  Ángel,    i  Qué  triste  es  esa  ceguera  t 
Ricardo.     Diariamente  pregunto 

Por  usted. 
D.  Ángel.  Es  de  rigor. 

Te  dicen  que  voy  mejor. ... 
Ricardo.    Cierto. 


73 

D.  Ángel.  Y  paus  á  otro  aannto. 

RlGardo.    Los  negocios.... 

D.  Ángel.  Pero  aunque  es 

Bíi  mejoría  verdad, 
Tengo  ahora  otra  enfermedad 
De  que  he  de  hablarte  después. 

(V€ue  apoyado  en  Rita,) 

ESCENA  IV.     .. 

RICARDO  y  FERNANDO . 

Ricardo.    ¿Yes,  Femando?*... 

Fernando.  Que  es  un  nifto 

Setentón  :  eso  se  ve. 

¿Le  falta  algo? 
Ricardo.  Quizá  cree 

Que  le  falta  mi  cariño. 

Y  á  su  inflexible  virtud  , 

Y  á  su  viril  entereza. 

No  le  espanta  la  pobreza , 
Pero  sí  la  ingratitud 

Fernando.  ¿Qué  ingratitud? 

Ricardo.  Yo  te  digo , 

Por  la  fe  del  alma  mía , 
Que  el  perder  su  amor  sería 
Para  mí  el  mayor  castigo. 

Y  que  estoy  saíriendo  advierte 
Tales  amarguras  ya , 

Que  esto  sólo  faltará 
Para  maldecir  mi  suerte. 

Fernando.  Descontentadizo  y  loco , 

¿Qué  habrá  que  te  satisfaga  f 
¿Dinero?  Ya  no  te  halaga  : 
¿Poder?  Te  parece  poco. 

Ricardo.    Bs  el  corazón  humano 

Sima  que  jamás  se  llena  ; 

Y  está  en  su  fondo  la  pena 
Gomo  en  la  flor  el  gusano. 

Fernando.  Es  que  el  más  inadvertido 

Ve  negra  sombra  en  tu  frente, 
Que  está  diciendo  á.la  gente  : 
<  Aquí  va  un  hombre  aburrido.» 


74 

Ricardo.     Y  dice  bien ,  ¡  sí,  por  Dios  I 
Paes  mi  espíritu  comprimen 
Remordimientos  de  un  crimen 
Que  otros  de  sí  trajo  en  pos. 

*  Y  ni  esta  existencia  activa , 
Ni  el  fulgor  que  la  rodea , 
Arrancan  de  aquí  la  idea 
De  la  infamia  primitiva.'^ 
Además....  ya  lo  estás  viendo ; 
Desde  que  al  ministro  hablé , 

Y  en  su  fracción  ingresé  , 

Y  empecé  á  subir,  mintiendo 
Doctrinas  y  convicciones 

En  que  jamás  he  creído , 
Soy  un  hombre  de  partido  ; 
Hombre  de  odios  y  pasiones. 
Por  eso  mi  habilidad 
Hace,  con  torpe  malicia  , 
Defensa  de  la  injusticia 

Y  escarnio  de  la  verdad. 
Nunca  siento  lo  que  digo ; 
Nunca  digo  lo  que  siento : 
Soy  veleta  :  sopla  el  viento 
Del  interés  ,  y  le  sigo. 
Voto  y  hablo  sin  conciencia , 
Gomo  el  más  ruin  mequetrefe  : 
¿Mi  criterio?  El  de  mi  jefe. 
¿Mi  moral?  La  conveniencia. 

*  Si  de  uno  y  otro  empleado 
Anda  el  interés  por  medio , 
Sacrifico  sin  remedio 

Al  bueno  por  el  malvado.  * 

Y  como  á  lo  alto  subí , 
La  envidia  se  desató , 
Y,  es  natural ,  se  arrojó 
Gomo  un  tigre  sobre  mí. 
Así  mi  ilusión  se  acaba , 
Ahogándose  en  esta  vida 
Mi  razón  envilecida 

Y  mi  voluntad  esclava. 
Fernando,  i  Oh  suprema  insensatez  ! 

De  cualquier  cosa  te  asombras : 


75 

I  Quieres  volver  á  las  sombras 

Dé  ta  pasada  estrechez  ? 

Reoaerda ,  si  eres  prodente , 

Lo  que  has  sufrido  y  llorado. 
Ricardo.      El  infortonio  pasado 

No  oonsoela  del  presente. 
Fernando.  Pero  comparar  es  cuerdo 

De  un  tiempo  y  otro  el  valor. 
Ricardo.     La  pena  de  hoy  es  dolor : 

La  de  ayer  sólo  es  recoerdo. 

Y  aunque  valga  menos  oro, 

Al  fin  y  que  es  más  noble  advierte 
Combatir  contra  la  suerte 
Que  contra  el  propio  decoro. 
*  Por  eso  I  ay  1  harto  de  mi, 
Harto  de  todo ,  ya  voy 
Echando  de  menos  hoy 
Algo  que  ayer  hubo  aqai. 
Interior  satisñicción , 
Reposo  de  la  conciencia  , 
Dignidad  de  la  existencia 

Y  altivez  del  corazón. 
Bienes  casi  inadvertidoT 
Por  amor  de  otros  cuidados  , 

Y  nunca  bien  estimados 
Sino  cuando  están  perdidos.  * 

Femando.  Pues ,  hUo,  vuelve  hacia  atrás : 
Sacrifica  la  materia , 

Y  otra  vez  á  la  miseria 
Dale  aquí  albergue.  . 

Ricardo.  I  Jamás  1 

Si  á  costa  del  torcedor 
Que  me  agobia  en  torno  mió, 
Ya  no  hay  hambre ,  ya  no  hay  frío , 
Ni  lamentos ,  ni  iiolor ; 
Reine  la  perfidia  aquí , 
Siendo,  por  distintos  modos , 
El  bienestar  para  todos 

Y  las  penas  para  mí. 
FemaBdo.  {Bien! 

Ricardo.  ¿Y  Pablo? 

Fernando.  I  Pobre  diablo  I 


76 

Le  he  oonooido  después , 

Y  hombre  no  vi  más  cortés^ 
Ni  más  bonachón  qne  Pablo. 
Ha  poco  en  Satarrarán 

Le  hallamos ,  y  no  sabia 
Separarse  en  todp  eldia 
De  nosotros.  Te  dirán , 
Si  á  Elena  y  Luisa  preguntas 
Por  ál ,  que  Pablo  es  modelo 
En  quien  poner  quiso  el  cíelo 
Todas  las  bondades  juntas. 

Ricardo.     ¡Si  sabe!.... 

Fernando.  Es  rico,  y  no  entiende 

De  negocios ,  ni  él  se  cuida 
Más  qne  de  comprar  la  yída 
Gomo  el  placer  se  la  yende. 
Gara  ó  barata ,  es  igual , 
Gomo  le  sea  agradable. 

Ricardo.    *  Pero  está  aquí ,  y  es  probable 
Que  circunstancia  casual 
De  mi  pérfido  contrato 
Le  dé  la  razón. oculta, 

Y  si  la  sabe ,  me  insulta  , 

Y  si  me  insulta,  le  mato. 
Fernando.  ¡  Echa ! 

Ricardo.  i  Pues  no  I  Consecuente 

Con  tu  modo  de  juzgar  : 
No  se  debe  uno  parar 
En  mitad  de  la  pendiente. 
I  Tras  de  un  crimen ,  ciento  y  mil  I 
¡  La  bola  que  siempre  rueda  I 
^       Logre  el  triunfo  quien  más  pueda , 

Y  puede  más  el  más  vil. 
Fernando.  Basta  de  locuras  ,  ¿eh  ? 

Que  el  tiempo  pasa  volando , 
.  Y  nos  están  esperando 

En  los  Cisnes. 
Ricardo.  i  Para  qué  ? 

Fernando.  ¡  Hombre ,  por  Dios !  Mis  oonsocios 

Los  del  canal  del  Oeste. ' 

La  concesión....  ¡  Ay,  qué  hombre  este 

Para  dirigir  negocios ! 


Tí 

Si  la  alcanzas ,  redondea» 
Ta  fortnna.... 
Ricardo.  Sí ;  ya  estoy. 

Y  tú  te  libras  por  hoy 
De  la  mina. 

Fernando.  (Alarmado,)    No  lo  creas. 
Ricardo.     Has  perdido  un  dineral 

En  Bolsa.... 
Fernando.  No  con  exceso.... 

Ricardo.     \  Has  perdido  I 
Fernando.  Paes  por  eso 

Me  hace  más  falta  el  Canal. 
Ricardo.     ¿  Para  ahogarte  en  él  ? 
Fernando.  ¡  Bromitu  I 

I  Baeno  !  {  Ea  I  En  casa  aguardo. 

Y  considera ,  Ricardo.... 
Ricardo.     ¡  Ya  sé  1  Que  me  neoesitas. 

(Se  va  Femando  por  el  foro,) 

ESCENA  V. 

RICARDO  y  D.  ÁNGEL. 

D.  An«el.    ¿  Sólo  estás? 

Ricardo.  j  Padre  I 

D-  Ángel.  Ya  es  hora 

De  que  un  momento  te  vea 
Sin  gente. 

Ricardo.  Bendita  sea 

Esta  ocasión  bienhechora 

Que  me  permite  anudar 

De  mi  amor  los  dulces  lazos , 

Porque  no  hay  como  estos  brazos. 

Señor,  para  descansar. 

(Quiere  abrazarle,  y  D.  Ángel  le  detiene  J 

D.  Ángel.    No  tan  presto. 

Ricardo.     (Asombrado,)      j  Qué  1 1  Rechsza 

De  mi  amor  filial-?.... 
D.  Ange).  No  tal : 

Es  que  hasta  al  amor  filial 

Le  sienta  bien  la  cachaza. 

Porque  siempre  sucedió 


78 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


Rfeardo. 


Qaa  ex\ja  correspondencia 
<  Ese  amor....  cuando  en  conciencia 
Paede  merecerla....  ó  no. 
¿Qaádice? 

De  razón  lleno 
Exigiste  mi  cariño , 
De  nifio....  porque  eras  niño , 
De  hombre  ya,  porque  eras  bueno. 
¿  Quién  sabe  si  esta  razón 
Ya  á  persuadirme  no  llega, 

Y  hoy  su  cariño  te  niega 
Mi  paternal  corazón  ? 
]  Usted....  á  mí !  í  Lindo  paso  ! 
¿Se  figura  que  le  olvido , 

Y  está  agriado  y  resentido 
De  mi  ingratitud,  acaso? 

¡  Oh  I  por  Dios,  padre  del  alma  ; 
Considere  que  me  encuentro 
Gomo  fuera  de  mi  centro 
Sin  un  instante  de  calma ; 
Que  estos  deberes  impíos 
ftíe  obligan  á  ser  quizás 
Esclavo  de  los  demás 

Y  tirano  de  los  míos, 

Y  aceptará  mis  disculpas ; 
Y ,  al  menos  por  esta  vez  , 
No  serán  para  tal  juez 
Irremisibles  mis  culpas. 

D.  Ángel.    Me  duele,  sí,  verte  lejos, 
Siempre  lejos  de  mi  lado , 
Que  son  amor  y  cuidado 
Nueva  vida  de  los  viejos  ; 
Pero  por  más  que  afligido 
Me  dejaseis  todo  el  día 
En  un  rincón,  no  saldría 
Deíinis  labios  ni  un  quejido , 
Teniendo  yo  la  certeza 
De  que  eras  digno  heredero 
De  quien  ante  el  mundo  entero 
Nunca  dobló  la  cabeza. 
¿Pues no  soy?.... 

Eso  es  preciso 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


79 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


Ricardo. 


D.  Ángel. 
Ricardo. 


D.  Ángel. 
Ricardo. 

D.  Ángel. 
Ricardo. 

D.  Ángel. 
Ricardo. 


Qne  me  digas  sin  demora : 

Qae  es  la  calumnia  traidora 

La  qne  mancillarte  qarso, 

Sin  pretexto  ni  razón , 

Bq  este  papel  infame....  (Saea  a  ptnódico.) 

Y  que  es  un  vil  qnien  te  llame 
Publicamente  ladrón. 

(Aterrado,) 

¡Ladrón  I....  |Gon  mi  nombra....  Á  ver..., 
4  Tu  nombre  en  bascar  te  empeñas? 
Gaando  se  dan  bien  las  sefias, 
El  nombre  no  es  menester. 

(Indicándole  en  el  periódico  lo  que  éste  dice,) 
(Leyendo  por  encima,) 

«Orador....  alto  empleado.... 

Pobre  ayer....  desconocido.... 

Que  amaneció  enriquecido 

Con  un  capital  robado 

Á  un  amigo  generoso 

Qne  en  su  honradez  confió. ...> 

¿No  eres  tú?  Dilo. 

¡Yol....  ¡Yo! 
¡Deshonrado!....  ¡  Dios  piadoso  I 

(Devorando  el  periódico  eon  loe  ojae») 

\  Aún  hay  más*! 

Viéndolo  estoy  9 
Aunque  apenas  leerlo  puedo. 
¿De  indignación?.... 

No :  de  miedo 
Do  verme  tal  como  soy. 
I  Qué  dices !....  ¿No  es  falsedad?.... 
Déjeme  usted  qne  lo  lea , 
Porque  aún  puede  ser  qne  sea 
Menos  cruel  la  verdad. 

(Leyendo  con  febril  agitación.) 

«Dicen  que  el  amigo,  empero, 
Se  venga  del  burlador, 
Reintegrándose  en  amor 
Á  cuenta  de  su  dinero. 

Y  que  á  la  miger  le  halaga 
Restitución  tan  oculta, 
Porque  asi  el  robo  resulta 


80 


^ 


D.  Ángel. 
Ricardo. 
D.  Ángel. 
Ricardo. 


D.  Ángel. 
Ricardo. 
D,  Ángel. 
Ricardo. 

D.  Ángel. 
Ricardo. 
D.  Ángel. 


Ricardo. 

D.  Ángel. 
Ricardo. 


D.  Ángel. 


Adelanto  de  la  paga.» 
¡Oh!  I  Qa¿  infamia  I 

¿LadeqniéB? 
¡  La  de  todos  1 

i  Dios  bendito  1 
Manto  de  sombra  infinito 
Que  oscarece  todo  bien.... 
Gedl  del  mundo  á  la  idea , 
Cansado  de  angustia  tanta , 

Y  hoy  contra  mi^e  levanta 

Y  el  rostro  me  abofetea. 

Y  es  conmigo  tan  cruel, 
Que  está  mi  honra  vinculada 
En  una  frase  estampada 
Sobre  un  mezquino  papel. 
¿Mas?.... 

¿Qué  hacer,  si  me  condena? 
Ahogar  la  calumnia  impia. 
Si  no  lo  es  la  traición  mia , 
¿Por  quá  ha  de  serlo  la  ajena? 
¿No  es  calumnia  tu  traición? 
¡No,  padre  1 

¡Desventurado! 
Tuve  un  hgo,  que  era  honrado.... 
¡Lo  perdí!.... 

\  Por  compasión  1 
¡He  aquí  el  dolor  más  acerbo  I 
-Dájame. 

No ;  aunque  merezca 
Que  la  opinión  me  escarnezca 
Después  que  me  hizo  su  siervo; 
Aunque  me  sienta  morir 
Entre  pérfidos  amaños , 
De  celos  y  desengaños, 
Todo  lo  podré  sufrir; 
¡  Falacia,  escarnio,  desvío , 
La  muerte,  si  es  menester ; 
Todo,  en  fin,  menos  perder 
Su  amor  de  usted,  padre  mío ! 
Que  á  este  amor  ceda  y  se  doble 
Mi  entereza  lograrás ; 
Pero  en  cambio  perderás 


81 

Mi  estimación,  qoe  es  más  noUe. 
|Si  por  ustedes  oail.... 
Bnsqaé  pan  con  loso  afán. 
Honrado  te  di  yo  el  pan ; 
Dámelo  honrado  tú  á  mí. 
Pedí  al  cielo,  como  un  bijo 
Pide  á  un  padre;  en  vano  fué. 
¿Y  quién  le  pone  á  la  fe 
Condición  ni  plazo  QJo? 
La  injusticia  de  los  hombres. 
Se  la  afh>nta. 

No  se  paede. 
Pnes  de  lo  que  hoy  te  sucede , 
Ni  te  quejes  ni  te  asombres. 
Con  sangre  del  msl  nacido 
La  iivjuria  he  de  reparar. 
¿Con  sangre  quieres  lavar 
Honor  que  está  ya  perdido? 
¡  Padre  1 

(Con  lágrinuu.j  Recuerda  que  un  día 
Dejar  quise  esta  morada , 
Por  no  ser  carga  pesada , 
De  un  hijo  que  yo  tenia. 
Hoy  de  nuevo  me  despido, 
Y  al  pan  negro  he  de  volver  ^ 
Porque  no  quiero  comer 
Pan  blanco  mal  adquirido.  fVcuepor  laderteha.) 

/ Ricardo f  agobiado,  oculta  la  cara  «ntre  ku  manos,  kanta 
que  oye  la  voz  de  EUna,  que  le  saca  de  su  abatimUnta.) 


ESCENA  VI. 

RICARDO  y  ELENA  por  el  fondo,  hablando  con  un  criado 

y  con  Rita. 


Rieanlt. 

D.  Ansel. 

Ricardo. 

D.  Ancel. 

Ricardo. 
D.  Aacel. 
Rieardo. 
D.  Aacel. 

Ricardo. 

D.  Ángel. 

Ricardo. 
D.  Ángel. 


Elena.  (Ai  criado.) 

k  Luisa  que  esperaré 
Impaciente  su  visita , 
Pnes  tanto  le  importa.  Rita , 
Lleva  esto  adentro.  (Entra  EUna.) 
Rita.  Bien.  (Vase.j 

Ricardo.       (Volviéndose  con  rapidez  como  movido  de  un  resorte.) 

iQaó! 

A 


82 


Elena.  (Viéndole,) 

¡Ricardo! 

(Se  contemplan  un  instante,  Ricardo  á  Elena  del  modo 
que  su  situación  requiere:  con  oito,  con  ardiente  euriO' 
sidad,  con  altivez  indefinille.  Elena  á  Ricardo  con  ex» 
trañeza  mezclada  de  temor,  en  cuanto  observa  la  acti- 
tud de  Ricardo.) 

Tus  ojos  rojos.... 

I  Me  aterran ! 
Ricardo.  Y  á  mi  tu  calma. 

I  No  es  verdad !  No  sale  el  alma 

Toda  entera  por  los  ojos. 

Porque  si  esto  fuera  así , 

Tu  espanto  seria  tanto/ 

Que  no  hallaría  tu  espanto 

Donde  ocultarse  de  mí. 
Elena.         ¡  Jesús  1  ¿Qué  es  esto?  ¿  Á  mí  agravios  ? 

¿Tal  lenguaje? 
Ricardo.  ;  Fementida ! 

Elena.        Primera  vez  en  la  vida 

Que  me  escarnecen  tus  labios. 
Ricardo.     Hay  razón. 
Elena.  Mucho  ha  de  ser 

Que  á  lo8  veinte  años  de  unión 

Encuentres  una  razón 

Para  poderme  ofender. 
Ricardo.      ¡  Veinte  años !  Sale  la  aurora , 

Y  anochece  en  solo  un  día. 
Para  hacer  una  falsía 
Sobra  el  día :  basta  una  hora. 

Elena.         (Pausa,)  Te  miro,  y  en  vano  lucho 
Por  saber,  en  conclusión , 
Si  tú  me  hablas  en  razón, 
ó  yo  sin  ella  te  escucho  ; 
Pues  dicen  esos  extremos 
Que,  ó  yo  sueño,  ó  tú  estás  loco^ 
ó  es  que  ya  nos  vemos  poco 

Y  apenas  nos  conocemos. 
Ricardo.     Cierto  que  sueño  ó  locura 

Es  que  yo  en  el  alma  herido 

Haya  tan  bajo  caído 

Desde  que  estoy  en  la  altura. 


as 


Aicardo. 


¿No  sabes? 

Elena.  Claro  se  ye 

Qae  te  agobia  nn  dolor  ñero  : 
Qae  estás  sa friendo... •  que  quiero 
Sufrir  contigo  :  eso  sé. 

Ricardo.      Habíame  asf ,  por  piedad , 

Aunque  me  engañe  tu  amor: 
Que  todo  engaño  es  mejor 
Que  una  impúdica  verdad. 

€lena.  ¡Yo  engañarte!  Galla,  y  piensa 

Que  de  ultrajarme  otra  vez, 
El  silencio  y  la  altivez 
Serán  mi  única  defensa. 
¡  Eso !  Altiva ,  airada ,  ruda  : 
Pídele  á  tu  corazón 
Volcanes  de  inüignacir^n, 
Para  que  abrasen  mi  duda. 
Pues  con  la  fama  perdida , 
De  mi  padre  despreciado, 
Si  de  ti  soy  engañado, 
¿Para  qué  quiero  la  vida? 
Cálmese ,  por  Dios ,  tu  pena 

Y  esa  fíebre  que  te  abrasa , 

Y  dime  al  fin  lo  que  pasa  , 

Y  ña  en  tu  honrada  Elena. 
Ricardo.      Honrada....  ¿verdad?....  {honrad:' ! 

Mira  que  ya ,  por  tu  honor , 
Pido  que  vuelva  el  horror 
De  mi  existencia  pasada. 
Este  papel....  di  que  miente  : 
Di  que  el  cieno  que  te  arroja 
Ni  siquiera  te  sonroja , 
Porque  no  llega  á  tu  frente. 

Elena.         Pues  ¿qué  dice?.... 

Ricardo.  Eco  sonoro 

Que  en  ondas  mil  se  derrama , 
Ladrón  á  gritos  me  llama 

Y  marido  sin  decoro. 
Elena.         ;  Ladrón !... .  ¡  Oh !  (Leijendo.) 
Hicardo.  iSíI  ¡Quién  diría 

Que  me  llegase  á  haiagar, 
Saber  que  no  hay  en  mi  hogar 


Elena. 


84 


Ricardo. 
Elena. 


Ricardo. 
Elena. 


Más  infamia  que  la  mía ! 
Elena.        i  Poder  de  Dios  1 1  Tal  ultnge 
Sólo  el  inflerno  lo  inspira ! 
I  La  verdad  y  la  mentira 
Dentro  del  mismo  engranaje ! 
Luego  ese  papel  mintió, 
t^ara  tu  tranquilidad. 
Mas  para  el  mundo  es  verdad 
Que  soy  una  infame  yo. 

(Con  duden.) 

¡El  mundo  I.... 

¿No  ves  que  entiende 

Que,  como  lobo  sin  loba. 

Nunca  hay  marido  que  roba 

Sin  esposa  que  se  vende? 

Anónimo  acusador ,  (Ai  papa) 

¿Quién  eres? 
Ricardo.  ¿Quién  ha  de  ser? 

El  olvidado  deber 

De  si  mismo  vengador. 

La  centella  que  fíilgnra 

Del  trueno  al  ronco  estampido , 

Que  perdona  al  escondido 

Y  mata  al  que  está  en  la  altura!  (Paiua.)' 

Mas  I  qué  idea!  ¿No  podría  (De  pronto) 

Ser  autor  de  nuestro  dafio 

Pablo,  que  venga  su  engaño 

Con  tu  infamia  y  con  la  mía?  . 
Elena.         i  Pablo ! 
Ricardo.  Quizá  nos  deshonra , 

Vengativo  ó  justiciero  , 

Para  cobrar  su  dinero 

En  pedazos  de  nuestra  honra. 
Elena.        No  puede  ser. . . . 
Ricardo.  Mas  si  eso  es , 

Yo  te  juro  que  ha  hecho  mal 

Poniendo  á  su  capital 

Mi  infamia  por  interés. 
Elena.        ¿Qué  intentas? 
Ricardo.  Que  si  en  mi  mengua 

Por  vengarse  no  repara, 

Le  voy  á  azotar  la  cara 


85 

Con  sn  dinero  y  ea  lengaa. 
¡ProYidencia  bienhechora, 
Qae  al  cabo  me  quino  oir  I 
Ya  tengo  en  qnien  esprimir 
El  rencor  que  me  devora. 

ESCENA  Vn. 


l.uísa. 
Hicardo. 

t.Hfsa. 
Ricardo. 


DICHOS  y  LUÍ3A ,  por  el  fondo. 

I  Elena ! 

(Aiwr  á Luisa. j  ¡Loísat  (¡\h!  Él  podrá 

Bascar  á  ese  hombro....)  ¿Fernando?.... 

Le  estaba  á  nsted  esperando 

Impaciente. 

Corro  allá.  (Ym6  por  tx  foro.) 


ESCENA  VIII. 


BLKNA  y    LUISA. 


Loíaa. 

\  Elena  mía  I  (Con  gran  inquiitud.J 

Elena. 

¡Oh!  ¡Quéá  punto 

Piadoso  el  cielo  te  envía  I 

Es  la  amistad  el  rocío 

De  las  almas  añigidas. 

Luías. 

(ñetírándotej 

Yo  no  debo.... 

Elena. 

¡  Virgen  Madre ! 

¿También  me  juzgas  indigna?.... 

Luisa. 

¡  Al  contrario  I 

Elena. 

¿También  dudas?.... 

¿Tan  por  el  suelo  y  perdida 

Anda  mi  fama,  que  todos 

Me  rechazan  y  abominan  ?.... 

Luisa. 

¡  Dudar  yo  !  j  Si  td  supieras !.... 

Elena. 

Que  es  una  calumnia  inicua 

Que  se  propaga  creciendo 

Á  impulso  de  la  malicia  ; 

• 

Que  nadie  la  pondrá  en  duda. 

Porque  sabe  hacer  la  envidia 

De  los  más  vanos  indicios 

86 

Las  pruebas  máá  fldedignas ; 
Qae  ahora  me  saldrán  al  paso 
La  borla  con  sus  sonrisas , 
La  virtud  con  sos  desprecios  , 
El  vicio  con  sos  caricias  ; 
Qoe  el  deshonor  de  mi  esposo 
Mi  deshonor  justifica; 
Todo  esto  sé  :  ¡  ya  ves  coánto 
He  aprendido  con  ser  rica  ! 

Luisa.        No  exageres ,  y  dé  treguas 
Tu  dignidad  ofendida 
Al  enojo.  Lo  que  importa 
Es  que  esa  infame  noticia 
No  dé  ocasión  á  Ricardo 
Para  aumentar  tu  desdicha. 

Elena,         { Aumentarla !  No  es  posible. 

Luisa.        ¿  Sabe  ? 

Elena.  j  Todo !  É  imagina 

Que  Pablo  es  quien  me  calumnia 
Por  vengarse. 

Luisa.  ¿  Y  qué  ? 

Elena.  Salía 

Con  ánimo  de  arrancarle , 
Donde  le  encuentre,  la  vida. 

Luisa.         I  Jesús ! 

Elena.  Si  estoy  por  decirte 

Que  hará  bien  :  y  que  yo  haría 
Lo  mismo  que  él  si  pudiera.... 

Luisa.         Elena  ;  \  por  Dios !  {  Deliras  ! 
Pablo  ignora  lo  que  pasa. 

Elena.        ¿  Qué  sabes  tú  ¥ 

Luisa.         (Turbada.)  Se  adivina.... 

Quien  le  conozca.... 

Elena.  También 

Así  pensaba  yo  misma 
Hace  poco ,  y  ahora  dudo 
De  todos....  y  de  ti ,  Luisa. 

Luisa.         I  Elena ! 

Elena.  Si  ya  comprendo 

Que  Ricardo  dude,  y  pida 
Que  esté  mi  inocencia  clara 
Gomo  el  sol  del  Mediodía.... ! 


87 

Guando  se  salta  en  el  cieno , 

Hasta'al  armifio  salpica. 
i-uiaa,         ¡  Sosiégate  I  Y  reflexiona 

Que  lo  que  hoy  más  necesitas 

Es  evitar  cualquier  lance 

Entre  Pablo  y.... 
Elena.  2  Qué  porfía  ! 

¿  Por  qué  ese  nombre  en  tus  labios.... 

Y  el  carmín  en  tus  mejillas  ? 

¿  Á  qué  has  venido  ?  Responde. 
Luisa.        Á  consolarte. 
Elena.  { Mentira  ! 

Temes  un  duelo.  Una  muerte 

Va  á  amenazar  á  dos  vidas. 

¿Cuál  de  ellas  te  importa  ? 
Luisa.  I  Elena  ! 

Elena.         Ya  lo  has  dicho.  No  prosigas. 

Ni  te  atreves  á  mirarme , 

Gomo  la  inocencia  mira , 

Gara  á  cara....  j  Oh  cielo  santo  I 

Si  acaso  tú  sorprendida 

Por  Femando....  ¡  Es  imposible! 

i  Tal  maldad  I 
Luisa.  ¿ Pero  imaginas  ? . .. . 

Elena.         i  Qué  sé  yo !  Todo  lo  temo 

De  una  disculpa  egoísta.... 

Luisa ,  si  me  has  calumniado ; 

Si  tu  esposo  le  confirma 

Á  Ricardo  la  calumnia  ; 

Si  eres  tan  falaz  amiga.... 

Luisa.  Galla ,  y  sabrás. . . .  (Pablo  aparen^  en  la  pwtrU.J 

¡Él....! 
Elena.  ;  Don  Pablo  I 

¡  Usted  aquí !  ¡  Dios  me  asista  I 

ESCENA  IX. 

DICHAS  y  PABLO. 


Pablo.        Ruego  á  usted .... 

Luisa.  (Mis  pasos  sigue.) 

Elena.        Guando  clava  la  malicia 


88 

Sus  ojos  ea  esas  puertas , 

¿Las  cruza  aaf  su  osadía? 
Pablo.        Mal  recibe  usté  al  amigo 

Que  fué  en  otro  tiempo  víctima.... 
Elena.        Del  de  usted  lo  fué  mi  padre : 

Hay  faltas  que  son  justicias. 
Pablo.    •    Nunca  las  faltas  ajenas 

Nuestras  faltas  justifican. 
Laísa.        Grave  es  la  de  usted ,  sin  duda  , 

Al  venir  aquí, 
Pablo.  No ,  Luisa. 

Me  atrae.... 
Elena.  El  deseo  inicuo 

De  venganza.  Usted  me  priva , 

Al  entrar  aquí ,  de  toda 

Defensa  de  la  honra  mía. 

Salga  usted.... 
Luisa.  Antes  que  llegue 

Ricardo.... 
Pablo.  ¿  Por  cobardía  ? 

1  Eso  no  ! 
Luisa.  Yo  se  lo  ruego.... 

Pablo.  (Apañe  á  LuUa.) 

(Á  condición....) 
Elena.  ¡  Y  aun  vacila  I.... 

1 Y  se  precia  de  hombre  honrado  I.... 

Luisa.  (Á  Pablo.) 

(Salga  usted....) 

Pablo.  I  Adiós  !  {  Va  á  salir.) 

Ricardo.     (Por  ei  foro.)  ¡Justioia, 

Castigo  de  la  impudencia! 
I  Atrás ! 

ESCENA  X.. 

DICHOS  y  RICARDO. 
Elena.  (¡  Mayor  desventura  I) 

Ricardo.       (Á  Pablo.) 

Lo  que  Fernando  asegura 
Lo  confirma  tu  presencia. 

Pablo.  (Con  sorpresa.) 

I  Fernando  1 
Ricardo.  {Solos  aquí ! 


89 

¡láosl  (Á  Eiii^.) 
Elena.  ( I  Ay  ! ) 

Liifsa.         (A  Eima.)        ( ¡  Salvarte  espero  I ) 

fVá»  Elena  por  la  isquitrda  y  luÍMa  por  ti  foro.) 

ESCENA  XI. 

RICARDO  y  PABLO. 


Pablo. 
Ricardo. 


Pablo. 


Ricardo. 


Pablo. 


Ricardo. 
Pablo. 

Ricardo. 


¿Me  explicarás?.... 

El  acoro 

To  lo  explicará  por  mí. 

Ni  atenoacióQ  ni  disculpa 

Para  encubrir  tu  falsía. 

Ten  al  menos  la  osadía 

De  aceptar  toda  tu  cnlpa« 

Que  el  rencor  que  en  mi  pecho  arde 

Se  podría  amortiguar 

Si  se  llegase  á  encontrar 

Frente  á  ícente  de  un  cobarde. 

No  he  Yuelto  el  rostro  Jamás 

Ni  á  los  hombres  ni  á  las  ñeras. 

Pero  quiero.... 

Lo  que  quieras , 

En  siendo  sangre ,  tendrás. 

*  Que  la  tuya  necesito 

Lo  dicen  mi  odio  y  mi  honra, 

Por  autor  de  mi  deshonra 

Ó  tíscal  de  mi  delito.  * 

Bien  está  :  mas  me  importuna 

Que  asi  mi  paciencia  pruebe 

Quien  á  mi  dinero  debe 

Casi  toda  su  fortuna. 

Y  es  notable  insensatez 

Pretender,  por  lo  que  veo, 

Que  pase  yo  aquí  por  reo, 

Guando  puedo  ser  el  juez. 

I  Sabes  ? 

Que  fuiste  traidor. 

¿Quién  lo  ignora? 

Nos  juntamos 


90 


Dos  que  por  igaal  robamos  : 

Yo  el  dinero  :  tú  el  honor. 

Pablo. 

¡Yo! 

Ricardo. 

Pero  en  esta  jornada 

Sólo  un  ladrón  aquí  habrá. 

(Va  á  m  secreter  y  firma  un  talón,) 

• 

Esta  es  mi  firma.  Ten.  Ya 

Queda  mi  deuda  pagada. 

Pablo 

¿  Quién  te  lo  exige  ? 

Ricardo. 

Es  razón 

Dejarte  así  satisfecho. 

1  No  ves  que  compro  el  derecho 

De  partirte  el  corazón? 

No  te  seré  ahora  importuno 

Con  mis  quejas  y  razones. 

¿  Había  aquí  dos  ladrones  ? 

Pues  ya  no  queda  más  que  uno. 

Pablo. 

Ó  te  engañan,  ó  te  engañas. 

Mira.... 

Ricardo. 

No.  seas  yillano , 

Que  está  ya  ardiendo  mi  mano 

Por  llegar  á  tus  entrañas. 

Pablo. 

¡  Obcecación ! 

Ricardo. 

¿  Ni  el  ultraje 

Te  exalta? 

Pablo. 

¿  De  ti  ?  Lo  arrostro. 

Ricardo. 

Pues  te  azotaré  en  el  rostro 

Para  encender  tu  coraje. 

Pablo. 

i  Oh  1  Basta,  juro  á  los  cielos, 

De  torpes  baladronadas ; 

Yo  te  curaré  á  estocadas 

Tu  necedad  ó  tus  celos. 

Ricardo. 

Pero  al  punto. 

Pablo. 

Sí ;  y  á  muerte. 

Ricardo. 

Fernando  será  testigo. 

Pablo. 

Llevo  la  razón  conmigo. 

Ricardo. 

Y  yo  el  odio ,  que  es  más  fuerte. 

(Vást  Pablo  por  el  foro,) 

91 

ESCENA  XII. 

RICARDO. 

Al  fia  respiras ,  honor , 
ÍDespués  de  tanto  luchar. 
Ya  me  paedo  presentar 
Á  mi  padre  sin  rubor. 
Ya  mi  conciencia  se  estima 
Gomo  luz  de  un  hombre  honrado. 
Parece  que  me  he  quitado 
Un  mundo  entero  de  encima . 
¡Padre!  ¡Elenal....  ¡Ella! 

ESCENA  XIII. 

RICARDO,  ELENA  y  D.  ÁNGEL,  qa«  salea 
por  distinta  puerta. 


Elena. 

(Me  abrasa 

La  impaciencia.) 

D.  Ángel. 

¿Qué  sucede? 

Ricardo. 

Que  un  hombre  de  bien  ya  puede 

Vivir  tranquilo  en  mi  casa. 

D.  Ángel. 

¿Cómo?  ¿Has  hecho?.... 

Ricardo. 

Padre  mio^ 

Mi  obligación;  dar  á  ese  hombre , 

Con  un  crédito  á  su  nombre, 

Un  cartel  de  desafío. 

Que  si  el  mundo  me  arrastró. 

Y  hoy  ladrón  y  vil  me  llama , 

Al  volver  hoy  por  mi  fama 

Me  vengo  del  mundo  yo. 

D.  Ángel. 

¡Mi  sangre  es ! 

Ricardo. 

Por  ella  exhalo 

La  luz  del  bien  generosa. 

D.  Ángel. 

¡Si  el  que  tiene  un  alma  hermosa 

No  aprende  nunca  á  ser  malo ! 

Ricardo. 

Eso  no  es  siempre  verdad. 

(Mirando  á  Elena  con  severa  dignidad.) 

92 


D.  Ángel. 
Ricardo. 


Elena. 
Ricardo. 


Elena. 


Ricardo. 
Elena. 


Ricardo. 
Elena. 


D.  Ángel. 


(Comprendiendo ,) 

Dices  bien.  ( ¡  Baja  la  frente ! )  (Mirando  á  Elena.) 

Aún  se  respira  aqni  ambiente 

De  impureza  y  liviandad. 

La  opinión ,  de  su  traición 

Ha  dictado  la  sentencia. 

Si  me  absuelve  mi  conciencia. 

¿Qué  me  importa  la  opinión? 

Ella  es  juez.  (Elena  quiere  hablar,) 

íSilencioI  Inmolo 

Mi  fortuna  á  mi  honradez ; 
Desheredado  otra  vez, 
Virtud  quiero  aqui  tan  sólo. 
Muerte  daré  al  mal  amigo 
De  su  torpe  amor  en  precio ; 
Á  la  mujer.... 

El  desprecio. 
•¿  No  es  este  el  mayor  castigo  ? 
Mas  ¿por  qué  muerte  violenta 
También  no  ha  de  merecer? 
Mata  más  á  la  mujer 
La  soledad  de  su  afrenta. 
¡Es  cierto,  cruel!  Ni  aun  quieres 
Con  mi  muerte  demostrar, 
Cómo  saben  castigar 
Los  que  aman  á  sus  mujeres. 
¡  Me  desprecias !....  Pues  confieso 
Que  ni  esa  injuria  me  exalta.. 
Estoy  yo  demasiado  alta 
Para  irritarme  por  eso. 
¿Alarde? 

Lo  puedo  hacer. 
No  hay  falta  en  mí....  Sí  que  hay  una  ;. 
Creer,  cual  tú,  que  la  fortuna 
Es  todo  dicha  y  placer. 
Calumniada  y  perseguida. 
Sólo  un  dolor  me  devora; 
Ver  que  se  pierde  en  una  hora 
Amor  de  toda  una  vida. 
I  A.diós  I 

(Á  Ricardo.)    Será  pop  ventura 
Inocente? 


93 


Ricardo. 

1  Ay  I  No. 

D.  Ángel. 

Hijo»  mira.. 

Ricardo. 

Roba  á  yecos  la  mentira 

Sa  emoción  á  la  temara. 

D.  Ángel. 

Mas.... 

Ricardo. 

2  Ay,si  de  sn traición 

No  hubiese  una  y  otra  praeba  1 

¿  No  ye  asted  qoe  se  me  Hoya 

Botero  mi  corazón  ? 

ESCENA  XIV. 


DICHOS  y  CÁNDIDO. 


Cándido. 

Elena^ 

Cándido. 

Elena. 

Cándido. 

Elena. 


Cándido. 


Ricardo. 
Elena. 

Cándido. 


Ricardo. 
Elena. 


(Al  »alir  Elenaj  entra  Cándido,  que  la  detime,) 

\  Madre ! 

¡Hijo  mío  I 

(Enterándoee   de  lo  que  pasa.)  ¿  Qué  68  OStO  f 

Me  ultrigan....  ¡Me  voyl 

¿  Adonde  ? 
Donde  la  yirtad  esconde 
Rubor  de  un  crimen  sopaesto  : 
¡  Donde  halle  amparo  de  Dios  ! 
No ,  madre  :  si  ya  he  sabido 
De  quién  el  rayo  ha  partido 
Que  os  hiere  en  la  honra  á  los  dos. 
¡  Oh  I  ¿  De  quién  ? 

Claro  lo  infiero. 
¿De  Luisa? 

Ella  lo  ha  fo]Jado  , 

Y  su  hijo  lo  ha  diyulgado, 

Y  hoy  lo  sabe  el  mundo  entero. 
¿  Cómo  pudo  ser  capaz 

De  inferir  tan  graye  ofensa  ?.... 
Pues  será  ella  mi  defensa. 


ESCENA  XV  Y  ULTIMA. 

DICHOS  y  FERNANDO  por  el  fondo. 

Fernando.  La  mía  es  más  eficaz. 

Eiena.        (¡Él!) 

Ricardo.  ¡  Fernando !  Habla.  Ya  anhelo 


94 


Fernando. 


Elena. 
Ricardo. 
D.  Ángel. 
Fernando. 

Ricardo. 
Fernando. 


Ricardo. 


Elena. 
Ricardo. 


Fernando. 
D.  AngeL 
Fernando. 


Noticias  de  mi  enemigo. 
Que  tú  serías  testigo 

Y  yo  actor  en  ese  daelo  , 
Á  no  huir  aquel  traidor 
Llevándose  eotre  sus  brazos 
Mi  decoro  hecho  pedazos 

Y  hecho  escarnio  vil  mi  amor. 

\  Ah  !   (Con  natural  satisfacción.) 

¿  Qué  dices  ? 

I  Que  esto  pasa  ! 

(Mostrando  una  carta  á  Ricardo.) 

¡  De  mi  mujer  ! 

¿Y  ella  cuenta?.... 
La  escribió  ,  por  más  afrenta. 
De  Pablo  en  la  propia  casa. 
Calumnió,  por  explicar 
Una  carta  y  una  cita. 
Quien  honras  ajenas  quita , 
Mal  la  propia  ha  de  íjuardar. 
Os  causó  breve  perjuicio; 
Mas  mi  ruina  al  ver  segura , 
Se  va  á  buscar  la  ventura 
En  el  lodazal  del  vicio. 

(Lee.) 

«  Adiós ;  Pablo  á  huir  me  obliga; 

Y  aunque  el  honor  me  condena  , 
Que  soy  ,  le  dirás  á  Elena  , 
Mala  esposa  y  buena  amiga.» 

(Fernando,  con  la  cabeza  baja  y  agobiado  de  dolor.  Hi. 
cardo,  al  concluir  la  lectura,  quiere  arrojarse  á  los 
pies  de  Elena ,  que  le  detiene^  indicándole  con  la  mano 
á  Fernando. ) 

\  Elena  I 

í  Galla  ! 

Es  razón. 
Sea  el  infortunio  ajeno 
Triste  y  compasivo  freno 
De  nuestra  justa  expansión. 
¡  Oh  I  \  Gracias  ! 

i  Pobre  1 

Es  verdad 
Que  todo  está  compensado. 


95 


Ricardo. 

D.  Ángel. 

Ricardo. 
D.  Ángel. 


Ricardo. 
D.  Ángel. 


Elena. 
Ricardo. 
Elena. 
Ricardo. 


¡  Yo  también  desheredado 
De  toda  felicidad ! 
¿Y  dónde  ese  bien  se  encierra 
Qae  cuesta  tantas  batallas? 
Pues  si  en  la  virtud  no  lo  hallas , 
No  lo  basques  en  la  tierra. 
Es  la  virtud  perseguida.... 
Ya  lo  sé:  pero  ¿es  dichoso 
Quien  busca  y  goza  afanoso 
Los  placeres  de  la  vida? 
i  No  á  fe  1 

Pues  entonces....  ¡ea ! 
Busquemos  el  bien  posible  ; 
La  paz  dulce  y  apacible 
De  mi  cantábrica  aldea. 
¿Os  place? 

Al  punto  :  á  gozar 
De  nuestro  amor  allf  á  solas. 
Á  huir  lejos  de  las  olas 
De  este  turbulento  mar. 
Y  á  través  del  aéreo  tul 
Qae  entre  las  brumas  se  pierde... 

(Interrumpiéndola  con  efusión.) 

Ver  la  tierra  ¡  toda  verde ! 
Ver  el  cielo  i  todo  azul  I 

fCa€  el  telón,) 


FIN. 


LA 


DESOBEDIENCIA 


DRAMA    ORIGINAL  EN    TRES  ACTOS   T   EN   VERSO 


nc 


D.  RAMÓN  LON  DE  COMPAÑA. 


PREMIADO  EN  EL  CONCURSO  DE   PRODUCCIONES  DRAMATiCASÜ 
ABIERTO    POR   LA    EMPRESA    DEL  TEATRO 


CIRCO  BARCELONÉS 


BARCELONA. 

ESTABLKOIIIIENTO  TIPOGRÁFICO  DE  NARCISO  ÜAUIREZ. 
calle  de  Eseudillers,  n.'  40,  piso  principal. 

1862. 


/ 


Persona». 


DOLORES.  GARLOS. 

D.'  ISAREL.  RICARDO. 

JULIANA.  D.  JUAN. 
RAFAEL. 


Primer  acto,  en  Cádiz ;  los  dos  siguientes  en  Madrid 


ACTO  PBIISRO. 


Sala  de  recíbimieDlo  en  una  fonda.  Puertas  al  fondo  y  una  á  cada  lado. 


ESCENA  PRIMERA. 

DOLOREá  y  después  JULIANA. 

DoLOB.     [Besando  un  pensamiento.] 

Sí,  ya  sé  lo  qae  me  dices, 

aunque  callas,  bella  flor. 

Toma  olro  beso;  del  alma, 

florecilla,  te  lo  doy. 
J  ULIA.      [Entrando  por  la  i%qiúerda, ) 

;  Ta  está  aquí  la  señorita ! 

Cumpliré  mi  obligación.        (Sale  foro, 
Dolor.    Di:  me  ama  Carlos  de  veras  ? 

¿Podrá  olvidarme?  iNol  iNo! 

¡  Dejó  en  tus  bojas,  su  labio, 

un  juramento  de  amor  I 


ESCENA  I!. 

DOLORES,  CARLOS  y  JULIANA. 


Julia. 

[Señalando  á  Dolores.)  Allí 

Carlos. 

Toma !  [Dándola  dinero.) 

Julia.  '■ 

Cinco  duros!) 

Mil  gracias.  (Viva  el  amor  I ) 

Carlos  se  acerca  á  Dolores  de  puntillas. 

Dolor. 

Por  mensajera  de  amores 

te  pondré  en  mi  corazón, 

mas,  antes,  toma  otro  beso. 

Car. 

1  Qué  dichosa  es  esa  flor ! 

Dolor. 

;AyI  ¡Carlos I 

Car. 

[Dolores  mia! 

DoLon. 

¡  Creí  estar  sola  I 

Car. 

\  Por  Pii»s  r 

—  6  — 


Dolor. 

JüL. 

Dolor. 

Car. 

Dolor. 


Car. 

Dolor. 

Car. 

Dolor. 


Car. 


Dolor, 


Car. 
Dolor. 

Car. 
Dolor. 


;  No  te  ofendas  I  El  que  adora, 
siempre  busca  una  ocasión. 
Si  viene  mamá !..  (Juliana ! 
No  hay  cuidado,  alerta  estoy. 
Yete  pronto,  Carlos. 

¿Temes? 
I  Y  es  fundado  mi  temor  I 
Esta  mañana,  mamá, 
de  ti,  un  gran  rato,  me  habló. 
¿De  veras?  ¿Y  qué  te  dijo? 
iConsejos  de  madrel 

( ¡Ay  Dios! ) 
¿Pero  ha  observado? 

iSus  ojos 
penetran  mi  corazonl 
Allá  en  Madrid,  mamá  algo 
de  nuestro  amor  sospechó, 
y  al  encontrarte  hoy  en  Cádiz 
mas  se  alarma,  con  razón. 
No  sé  porqué;  es  natural 
que  también  me  bañe  yo; 
y  haber  elegido  á  Cádiz, 
puede  ser  casual 

iNol  iNoI 

(Cádiz,  y  una  misma  fonda! 

Coincidencias  raras  son! 
Yo  la  hubiera  confesado 
esta  mañana  mi  amor; 
(porque  es  tan  buena  mamá, 
que  no  merece  ficción! 

Pero  estuvo  tan  severa 

;Y  no  eslrañes  su  rigor! 

Que  en  verme  feliz,  mi  madre, 

cifra  toda  su  ambición 

Feliz  conmigo  serás. 
Mamá  lo  duda,  y  su  amor 
justifica  sus  recelos. 
¿Recelas  tú  también? 

(Yo! 
(Pregunta  á  la  mariposa 
si  tuvo  á  la  luz  temor! 
Yo,  cual  ella  confiada 


-  7  — 

te  eutrego  mi  corazón; 

si  tú  con  ta  amor  lo  secas, 

¡que  te  lo  perdone  DiosI 
Car.       ¿Mas,  tu  madre  porqué  duda? 
Dolor.    Allá  en  Madrid  se  informó 

no  lo  estrafies,  porque  es  madre! 

Y  alguien,  con  mala  intención 

sin  duda,  (lijo  de  ti 

Car.        Cuentos,  chismes,  como  el  sol 

es  puro  mi  proceder; 

recta  y  noble  mi  intención. 
Dolor.    lAyl  ¡Carlos!  ¿Te  has  ofendido? 

Perdona;  culpable  soy: 

yo  no  he  debido  decirte..*... 
Car.       Dolores,  cuando  al  honor 

atacan  los  alevosos 

Dolor.    ¿Y  qué  le  importa?  Los  dos 

nos  bastamos  en  el  mundo! 
Julia.      ¡La  señora! 
Dolor.  .  ¡Yete! 

Car.  ¡Adiós! 

ESCENA  III. 

DOLORES,  JULIANA  y  después  ü.»  ISABEL. 

JcLiA.      Señorita,  ahora  conviene 

que  hable  Y.  mucho  conmigo, 

y  asi  disimularemos 

Dolor.    No,  Juliana;  ¡mortifico, 

fingiendo,  mi  dignidad! 

fietirate 
JoLiA.      [Humildemente.]  ¡Me  retiro! 
D.*IsAB.  ¡Dolores! 
Dolor.  ¡Mamá! 

D.*  IsAB.  Te  traigo 

noticias  de  un  buen  amigo. 
Dolor.    ¿Quién  es^  mamá? 
D/  IsAB.  Ralael; 

nuestro  valiente  marino. 
Dolor.    (¡Cielos!) 
D.*  IsAB.  En  Cádiz  está, 

y  viene  á  vernos  hoy  mismo 


—  8  — 

jDoloresl  Poco  te  alegra 

esta  noticial 
DoLOB.  (iDios  mió!) 

Al  buen  Rafael,  mamá, 

yo muy  de  vera»  estimo . 

D/  IsAB.  {Con  tierna  amargural)  (Dolores  mial 

Dolor.    ;MamáI 

D.*  IsAB.  iGuantas  penas  adivinol 

Dolor.    ¡Penas! 

D.'  IsAB.  I  Si!  Mi  corazón, 

traidor  pufial  me  lo  ha  herido! 

Tú  eres  toda  mi  ventura, 

mi  solo  amor,  mi  delirio 

¡cómo  no  sufrir  al  verte 

hoy  presa  de  un  libertino! 
Dolor.    ¡Mamá! 
D.*  IsAB.  ¿Te  ofendes?  ¡Lo  veo! 

Esa  palabra  que  he  dicho, 

Dios  la  coloca  en  mis  labios 

para  avisarte  el  peligro. 
Dolor.    ¡Ay! 
D.*  IsAB.        ¿Lloras,  Dolores  mía? 

¡Por  piedad!  Yo  te  suplico 

;YoI  jTu  madre  casi  anciana! 

¡Que  olvides  tu  desvario! 
Dolor     Me  rasga  Y.  el  corazón! 
D.*  IsAB.  Pobre  corazón  sencillo, 

que  en  el  cáliz  de  una  flor 

bebe  veneno  escondido. 
Dolor.    Yoy  allá  dentro  un  instante; 

si  V.  quiere 

D.MsAB.  ¡Te  fatigo! 

¡Compadéceme,  Dolores!       [La  he^a) 

¡Te  quiero  tanto,  ángel  mió!      [Se  retira  Dolores  llo- 
rando,) 

ESCENA  IV. 

I).*  ISABEL,  después  RAFAEL, 

D.*  IsAB.  ¡Señor!  ¡Señor!  ¡Por  piedad! 
¡Iluminadla,  Dios  mío! 
¡Su  débil  planta  coloca 


—  9  — 

al  borde  de  un  precipicio, 

y  vendas  de  amor  la  o'caltan 

los  horrores  del  abismo  I 
Raf.       {Desde  lafmerta.)  ¡La  sefiora  de  Guzman? 
D.'  IsAB.  iRafael!       (  Yendo  á  él ) 
Raf  .       Mi  buena  amiga 

i  una  lágrima  en  los  ojosl 
IsAB.       \Si,  Rafaell  ¡Son  desdichas 

que  á  las  madres  suelen  dar 

por  pagos  de  amor  las  hijas! 
Raf.         iDoiores....!  ¡Me  asusta  Y.! 

Siempre  en  Madrid  la  vela, 

modelo  de  amor  filial, 

dulce,  virtuosa,  digna.... 
IsAB.       Hoy  de  mi  temor  la  causa 

es  tal  voz  su  bondad  misma. 

Pura  y  noble,  no  sospecha 

ffue  cabe  en  amor  perfidia. 
Raf.       ¡En  amorl  ({\yl  llegué  tarde ) 
IsAB.       (Ella  amaba....!  Lo  sabial)  ^06«en'(ífu/o/e.; 
Raf.       Sefiora,  con  que  Dolores? 
IsAB.       Temo  que  pueda  ser  victima 

de  los  halagos  de  un  hombre 

de  inclinaciones  malignas. 
Raf.        ¡Dolores!  Es  imposible. 

En  su  noble  orgullo  altiva, 

no  puede  á  un  amor  mezquino 

dar  en  su  pecho  cabida. 
IsAB.       Por  desgracia,  Rafael, 

bajo  un  eslerior  que  brilla, 

ocultan  algunos  hombres, 

la  bajeza  y  la  mentira. 
Raf.       iEs  verdad! 
IsAB.  Y  mi  Dolores 

hoy  sobradamentejrica, 

puede  ser  para  un  malvado 

objeto  de  su  codicia. 
Raf.       ¡Ay,  sefiora!  ¡Esas  palabras 

la  dignidad  mortifican! 

Será  verdad,  pero  es  fuerza 

que  un  alma  noble  resista, 

el  creer  que  todo  un  hombre 


—  lo- 
ante un  vil  metal  se  humilla, 

y  roy  de  la  creación 

hace  al  alma  mercancía.  {Juliana  atraviesa  el  teatro.) 
IsAB.       (¡Qué  noble  y  qué  generoso! 

¡Cuánto  pierdes,  hija  mia!) 

Juliana,  avisa  al  instante, 

que  salga  la  señorita. 
Rai'.       Tal  vez  estará  ocupada. 
IsAB.        No  lo  está;  vendrá  en  seguida: 

y  si  V.  triste  la  encuentra 

es  que  ha  poco  la  decia 

cuanto  el  corazón  padece 

con  los  temores  que  abriga. 

¡Y  ella  que  quiere  á  V.  tanto, 

pena  amarga  sentirla.  ..I 

Pero,  ¿quién  es  ese  hombre, 

que  aquellas  tiernas  caricias 

con  que  gozaban  dos  almas, 

tiene  en  dolor  convertidas? 
IsAB.       Tal  vez  V.  lo  conozca. 

Es  de  muy  buena  familia; 

tiene  escelentes  modales 

y  figura  distinguida.... 

Pero  después,  sus  costumbres... 

Seguiré;  viene  mi  hija 


R,\F. 


•  ESCENA  V. 

DICHOS  y  DOLORES. 


Dolor.    ¡Rafael!  {Le  dá  la  mano.) 

Raf.  ¿Cómo  vá? 

Dolor.  Mal; 

y  presumo  que  los  baños 
son  científicos  engaños. 

Raf.       ¿Siempre  nerviosa? 

Dolor.  ¡Fatal! 

Desde  que  á  Cádiz  llegué, 
muy  pocos  son  los  instantes 
que  me  siento  bien. 

IsAB  Pues  antes, 

bien  te  burlabas.... 


—  11  — 


Dolor. 


Raf. 

Dolor. 
Raf. 

ISAB. 

Raf. 


Dolor. 

ISAB. 


Raf. 

ISAB. 


Si  á  fé. 
Yo  decía  que  eran  mimos 
ios  accidentes  nerviosos. 
¡No  siempre  somos  piadosos 
con  el  mal  que  no  sufrimos! 
¡Ay!  ¡Es  verdad,  Rafaeit 
Por  eso  nunca  me  quejo. 
Curar  puede  un  buen  consejo. 
iQue  á  veces  es  muy  cruel! 
Porque  sí  el  padecimiento 
llegó  á  hacerse  ya  invencible, 
pretendiendo  un  imposible, 
solemos  dar  un  tormento! 
((Dile  que  si,  corazón!) 
Si  el  alma  es  la  que  padece, 
invencible  el  mal  parece; 
mas,  lo  cura  la  razón. 
(  Con  la  mano  en  el  corazón, ) 
;Hay  aqui dentro  un  poder.^.. 
Pero,  de  Dios  la  clemencia, 
puso  aqui  la  inteligencia, 
para  poderlo  vencer. 


ESCENA  VI. 

DICHOS  y  CARLOS. 

Car. 

¿Se  sirve  V.  permitir...?  [Desde  1 

ISAB. 

(iCielos!) 

Dolor. 

(iCárlos!) 

ISAB. 

¡Adelante! 

Car. 

Voy  á  marchar  al  instante. 

y  me  vengo  á  despedir. 

I5AB. 

¿Va  V.  á  marchar? 

Dolor. 

(¿Será  cierto?) 

Car. 

Voy  á  buscar  en  Valencia 

movimiento,  concurrencia; 

¡aquí  poco  me  divierto! 

Gozar  en  Cádiz  crci 

placeres  y  diversiones; 

eran  vanas  ilusiones, 

sefioras,  y  las  perdí. 

—  12  — 

Por  eso,  en  Cádiz  ya  triste, 

la  valenciana  algueria 

bosco  para  mi  alegría. 
Dolor,   (i Algún  misterio  aqui  existe!) 

¿Y  es  muy  pronto? 
Car.  Si;  esta  tarde. 

Dolor.    iQué  prisa  por  viajar! 
Car.       Quiero  á  Cádiz  olvidar. 
Dolor.    lEntonces,  no  lo  retarde!  (ofendida.) 
Raf.       (Me  parece  algo  insolente.)  (mirándole) 
IsAB.       ¿A  qué  hora  sale  el  tren? 
Car.       a  las  tres. 

Isab:  iQue  vaya  bien!  Isaludándole] 

Car.       IMÍucbas  gracias;  igualmente,  {saluda  y  vúse,] 
ISAB.       (¡Gracias!  Gracias,  Virgen  mia!) 
Raf.       (iDios  mió!  ¡Cuánta  aflicción 

en  su  pobre  corazón!) 
Dolor.    (¡Dlme  qué  es  esto,  alma  raia!)  [eayend')  en  una  silla) 
IsAB.       lAy!  iNi  aun  me  atrevo  á  mirarla! 

A  su  amistad  la  confio:  {á  Rafael) 

¡tal  vez  torpe  el  labio  mío, 

no  supiera  consolarla!       [sale] 

ESCENA  VIL 

RAFAEL  y  DOLORES. 

Raf.       iConsohurla  y  por  él  llora! 

¡Rumbo  ciego  de  la  vida! 

¡Amor  para  quien  olvida! 

¡Y  amistad  para  el  que  adora! 

¡Vamos!....  Probemos.  ¡Dolores! 
Dolor.    Rafael!.... (¿Qué  dirá,  cielo?) 
Raf.       Difícil  es  el  consuelo 

para  amargos  sinsabores. 

Pero  si  mi  amistad  fiel 

merece  á  V.  confianza... 
Doi.OR.   ¿Puede  V.  darme  esperanza  ...? 

¡No  puede  V.,  Rafael! 

Le  confieso  mi  pasión, 

¡bien  su  amistad  lo  merece! 

¡sepa  V.  cuanto  padece 


—  13  — 

este  pobre  corazón! 
Raf.       (Tanto  amor....! 
Dolor.  {Es  estremado! 

Sí,  mis  labios  no  lo  ocultial 
Raf.       (iCielosl....  Hay  hombres,  qae  insultan 

con  so  dicha  al  desdichado!) 
Dolor.    Por  su  amor  perdí  la  calma, 

y  hoy  lloro  al  verle  cruel; 

porque  este  amor,  Rafael, 

es  el  culto  de  mi  alma! 
Raf.       |T  él  tan  dichoso....  ¡Dios  mío! 

¡Riendo...!  de  Y.  se  aleja.... 
Dolor.   Tal  vez....  una  Injastá  queja...  [meditando.) 
Raf.       (Quejas  de  un  ángel....  Impío!) 
Dolor.    Mi  amor,  á  mamá  disgusta; 

yo  se  lo  indiqué,  y  su  honor 

sacrifica  nuestro  amor 

á  una  repugnancia  injusta. 
Raf.        Sí  fuera  tan  delicado, 

yo  tal  vez  le  perdonara... 
Dolor.    ¿Cómo? 
Raf.  El  que  hoy  á  Y.  causara 

un  dolor  tan  estremado. 

ESCENA  VIII. 

DICHOS  y  JULIANA. 

Raf.       (Le  veré;  si;  mi  lealtad 

sofocará  mi  dolor; 

iy  si  es  digno  de  su  amor, 

Dios  le  dé  felicidad!) 
Julia.      Don  Rafael,  la  señora 

desea  que  si  Y.  puede, 

á  comer  aquí  se  quede 
Raf.       Con  mucho  gusto.  ¿4  qué  hora? 
Dolor.    Siempre  á  las  cinco  comemos, 

mas  sí  Y.  tiene  que  hacer 

Raf.       Antes  pienso  yo  volver. 
Dolor.    Y  si  nó  le  esperaremos. 


—  14 


ESCENA  IX. 


Julia. 

DOLOB. 

Julia. 
Dolor. 


DOLORES  y  JULIANA. 

Señorita,  ¿qué  hay  de  nuevo? 
Muy  triste  encuentro  el  semblante. 
¡Mas  triste  está  el  corazón! 
¿Qué  hay,  sefíorita?       (Curiosidad) 

Pesares!       (Entra  en  su  cuarto) 


Julia. 


Car. 
Julia. 


ESCENA  X. 

JULIANA  y  después  CARLOS. 

I  Pesares! íQué  reservada! 

No  hay  miedo  que  la  sonsaquen  I 

Ni  yo  que  soy  su  doncella 

y  sirvo  de  lleva  y  trae, 

puedo  pescar  un  secreto 

de  esos  gordos.  ¡Qué  coraje! 

Dicen  que  es  de  muy  mal  gusto 

tener  ciertas  libertades 

con  las  criadas.  ¡Caramba!    - 

Si  su  correo  nos  hacen 

siempre  que  les  acomoda, 

no  es  justo  que  después  guarden 

esa  orgullosa  tiesura; 

lo  uno  ú  lo  otro.  iCabales!       [Carlos  se  asoma  á  la 

^  ,.  puerta  con  recelo.) 

¡Juhana! 

¿Quién  es?  iD.  Cários! 
Entre  V. 

Temo 

No  hay  nadie. 
¿Donde  está  la  señorita? 
Allá  dentro. 

¿Con  su  madre? 
Sí  señor. 

¿Y  el  caballero 
que  estaba  aquí  poco  hace? 


1 
1 

—  15  — 

Julia. 

Ahora  mismo  salió, 

y  viene  á  comer  roas  tarde. 

Car. 

¿Y  quién  es? 

Julia. 

¡Un  capitán 

denaviol ;T  elegante! 

• 

lYricol  jY  joven!  jBuen  mozo! 

Car. 

Chiquita,  no  td  entusiasmes; 

con  que  me  digas  su  nombre 

mi  pregunta  satisfaces. 

Julia. 

Se  llama  don  Rafael 

Poncede 

Car. 

Basta;  no  acabes: 

■f. 

el  de,  ya  mé  lo  figuro. 

Escúchame;  es  importante 

que  sin  perder  un  momento 

, 

con  la  señorita  hables; 

. 

y  asi,  con  mucho  talento, 

como  cosa  tuya  ¿sabes? 

dila  que  me  has  visto  aquí; 

y  si  viene  bien,  añades, 

que  estoy  de  un  humor  fatal. 

Julia. 

¿Tiene  V.  también  pesares? 

Car. 

¡A.y!  isi,  Juliana,  los  tengo!        (Fi 

Julia. 

Están  Yds.  iguales, 

la  señorita  también 

Car. 

lAy!  iLos  mios  son  muy  grandesl 

Julia. 

iPero  D.  Carlos!  ¿Qué  pasa? 

Car. 

Ya  te  lo  diré  mas  tarde. 

Ahora  vé;  pero  cuidado; 

es  preciso  que  remaches 

que  yo  no  te  he  dicho 

Julia. 

lYa! 

Estas  son  tretas  de  amantes.     (Eni 

Car. 

Pues  señor,  igolpe de  Estado! 

Hago  bien,  era  preciso. 

Su  madre  tiene  talento 

y  sus  ojos  en  mi  fijos 

Cortemos  la  retirada 

con  un  golpe  decisivo; 

que  mucho  puede  una  madre, 

si  la  ven  llorar  sus  hijos. 

(Fingkndü.) 


(Entra  en  su  cuarto,) 


-  16  — 
ESCENA  XI. 

DOLORES  y  CARLOS. 

Car.       {Dolores! 
Dolor.  [Garlos! 

Car.  ¡Aquil 

Dolor.    ¿Te  causo  tal  vez  pesar? 
Car.       No:  mas,  pensaba  marchar 

sin  despedirme  de  ti. 
Dolor.    ¡Pensabas  bienl  Porque  al  verme, 

hombre  lú,  de  educación, 

una  vaga  esplicacion 
*  tendrías  que  concederme. 

Mas,  no  te  importe  el  deber 

de  un  hombre  que  es  delicado, 

¡que  aquí  queda  ya  esplicado,       [al  corazón,) 

¡buen  Garlos,  tu  proceder! 
Car.       ¡Dolores!  ten  compasión 

de  quien  hoy  mucho  padece. 
Dolor.    ¿Qué  tú  padeces? 
Car.  ;Y  crece 

ai  mirarte  mi  aflicción! 

De  mi  suerte  los  rigores, 

podré,  sin  verle,  arrostrar; 

mas...  si  té  llego  á  mirar, 

¿cómo  dejarte ,  Dolores? 
Dolor.  Pero,  si  ha  poco  te  vi... 
Car.        ¡Mostrando  mentida  calma, 

por  deber! 
Dolor.  ¡Carlos  del  alma!  {corre  hacia  él) 

¡Y  yo  dudaba  de  ti! 

Mis  palabras...  .¡ya  lo  veo! 

hirieron  tu  pundonor....! 
Car.       y  sacrifiqué  mi  amor! 
Dolor.   ¡Te  creo,  Carlos,  te  creo! 

Mas,  tu  sacrificio  horrible! 

¿no  ves  que  me  mataria? 
Car.       ¡Es  mi  deber....! 
Dolor.  ¿Todavía? 

No,  Carlos;  es  imposible. 
Car.       ¡No  hay  dicha  que  bien  me  cuadre 


—  17  - 

sin  tas  ojos  adoradosl 

Mas ¡son  para  mí  sagrados 

los  deseos  de  una  madrel 

Dolor.    iGárlos! {Profunda  amarg^tra) 

Car.  En  mi  soledad 

viviré  pensando  en  ti; 

ly  ojalá!  que  deje  aqui 

mi  ausencia,  felicidad. 
Dolor.    {Felicidad! ;No  comprendo 

esa  manera  de  amar! 

Sin  duda  sabéis  jurar 

amor  los  hombres,  ;míntiendo! 

¿Cómo  queréis  que  en  el  alma 

dondelinfíltrais  la  creencia 

del  amor,  ;qae  es  su  existencia! 

quepa,  sin  su  amor  la  calma? 

Mentiras  son  los  amores 

que  nos  pintáis,  engañosos; 

juramentos  alevosos 

los  que  nos  juráis. 
Car.  iDolores! 

Dolor.    ¡Y  la  mujer,  que  suspira 

por  ese  divino  aliento, 

rinde  culto  á  un  sentimiento, 

que  en  vosotros  es  mentira. 
Car.       No  es  mentira  mi  pasión; 

y  son  injustas  tus  quejas 
Dolor.    ¿Amas  y  de  aqui  te  alejas? 
Car.        ¡Dejo  aqui  mi  corazón! 

¿No  amas  á  tu  madre? 
Dolor.  Si; 

Icon  toda  el  alma  la  quiero! 

Mas ¡si  yo  morir  prefiero 

á  separarme  de  ti! 
Car.       ¿y  si  en  la  prueba  desmayas?  « 

Dolor.    ¡Desmayar! ¡Vanos  temores! 

Car.       ¡Tú  me  haces  débil,  Dolores!        [Con  ternura) 

Dolor.    ¡Carlos  mió! ¡No  te  vayas!        [Juliana  atraviesa 

el  teatro  y  sale  por  el  fondo) 
Car.       Pues  vence  la  oposición 

de  tu  madre. 
Dolor.  ¿Cómo,  di? 

t 


18  — 


Car. 

Dolor. 

Car. 


Dolor. 
Car. 

Dolor. 


Car. 
Dolor. 


Car. 


Dolor. 


Car. 

Dolor. 

Car. 

Dolor. 


¿Tienes  confianza  en  mi? 
¿No  le  di  mí  corazón? 
Pruébame  pues  generosa 
lafé  de  tu  labio  puro. 
Ven  conmigo. 

¿Yo?       [Asustada.) 
Lo  juro; 
maSana  serás  mi  esposa. 
¡Pero  hija  ingrata  s#é! 

¡Mi  madre  que  me  ama  tanto! 

¿Quién  enjugará  su  llanto? 

iTienes  razón!  iQuédate!        [En  acción  de  irse.) 

jCáriosl  ¡Carlos!  ¡Por  piedad! 

¡En  qué  terrible  martirio 

me  colocas! 

Un  delirio 
era  mi  felicidad! 
Yo  la  soñé  confiado 

en  tus  palabras  de  amor! 

Era  sueno y  el  dolor 

de  la  verdad  me  ha  dejado. 
¡Quédate!... 

¡Nó!...  ¡Qué  agonía!... 
¡Carlos!  haré  lo  que  quieras!... 

(después  de  un  momento  de  lucha  . 
( ¡  Ah !  Ya  he  vencido!...)  ¿De  veras? 
(¡Perdóname,  madre  mia!) 
Dolores  mia,  en  mi  honor 
ten  completa  confianza. 
Si  perdiera  esa  esperanza 
me  malaria  el  dolor! 


ESCENA  Xll. 

^  DICHOS  y  JULIANA. 

JuL.        He  visto  bajar  de  un  coche 

al  señorito  Rafael.  [Entra  precipitadamente.] 
Car.       ¿Serás  á  tu  oferta  fiel? 
Dolor.    ¡Sí!  ¡Lo  seré!... 
Car.  ¡Hasta  la  noche! 

[Carlos  al  salir,  hace  sena  á  Juliana  que  sale 
hablando  con  él.  Dolores  queda  muy  consternada.) 


-  19  - 


ESCENA  XIII. 

DOLORES  y  de»paes  RAFAEL. 


DoLOB.    ¡Hasta  la  noche!...  ¡Dios  santo! 
tengo  un  abismo  á  mis  pies; 
y  como  el  mirarlo  espanta, 
¡los  ojos  cierro  al  caer!... 
¡Pensamiento,  no  me  acoses! 
¡Razón  mía,  déjamel 
¡Ven,  corazón,  con  tu  faego 
á  cegar  mis  ojos,  ven!... 
{Queda  un  instante  en  consternada  aflicción  y  entfa  Rafael] 


Raf. 


Dolor. 


Raf. 


Dolor. 


Raf. 


Dolor. 


Raf. 


Dolor. 


A  mi  pesar  me  he  tardado... 
¡Ay!...  ¡Dolores!...  ¿Llora  V.? 
¡Rafael!  Mi  buen  amigo, 
no  eslrafie  mi  padecer; 
porque  amo...  ¡y  esta  palabra, 
palabra  de  dolor  es! 
¡No  lodos  asi  lo  esplican!... 
¡Mas,  yo  lo  comprendo  bien! 
V.,  por  amor  derrama 
un  llanto,  que  habrá  de  hacer 
feliz  al  hombre,  que  inspira 
tan  elevado  interés. 
¡Ser  amado  asi,  Dolores, 
dicha  grande  debe  ser! 
¡Suelen  los  hombres  por  dichas 
desventuras  devolver! 
Su  vida,  á  la  que  le  mala, 
ofrece  el  hombre  también! 
¡Si  la  lucha  que  padezco 
pudiera  Y.  comprender! 
Si  á  mi  amistad  la  confía 
quizás  consuelo  le  dé, 
¡que  es  grande  ya  la  esperiencia 
que  tengo  en  el  padecer! 
Si,  si;  su  amistad  será... 
mi  guia  y  mi  amparo  fíel; 
que  al  borde  de  un  precipicio 
tengo  colocado  el  pié. 


—  20  — 

Raf.        ¡Un  precipicio!...  iDolores! 

¡Gaidadol...  porque  al  eaer 

es  la  vida  de  una  madre 

la  que  peligra... 
Dolor.  iLo  sel 

Por  eso  mi  pena  es  grande: 

porque  el  corazón  se  ve 

colocado  en  lucha  horrible 

entre  el  amor  y  el  deber . 
Raf.       iQue  venza  el  deber,  Dolores! 
Dolor.    ¡Ayl  Por  piedad,  Rafael! 

¡Tengo  una  oferta  empeñada!... 

¡No  puedo  retroceder! 
Raf.       Si  esc  empeño  es  una  falta 

¿quilín  puede  exigirlo,  quién? 
Dolor.    ¡El  hombre  á  quien  idolatro!... 
Raf.       ¿Pero  esa  oferta  cuál  es? 
Dolor.    ¡Marchar  con  él  esta  noche!  {con  timidez) 
Raf.       ¡Dolores! 
Dolor.  Pero  seré 

mañana  mismo  su  esposa. 
Raf.       ¡Dolores!  ¡Me  asusta  Y.! 

¡Es  cierto!...  Sobre  un  abismo 

tiene  colocado  el  pié, 

pero  está  á  su  lado  un  hombre 

que  la  sabrá  sostener. 
Dolor.    ¡Pues  á  morir  resignada 

sin  Garlos...  me  quedaré! 

ESCENA  XIV. 

DICHOS  y  DOÑA  ISABEL. 

Raf.       [Contemplándola], 

¡Morir!...  ¿Y  no  he  de  poder...? 
IsAB.  Vamos,  vamos  que  ya  es  hora. 
Raf.       Si,  vamos...  (¡Ay  cómo  llora!) 

¿Qué  hacer.  Dios  mió,  qué  hacer? 
IsAB.       Dolores,  que  es  tarde  ya. 

{Va  poco  á  poco  hacia  el  fotp-) 
Raf.       Hablar  á  Garlos  espero.  [Bajo  á  Dolores.) 
Dolor.    ¡Ay!  ¡Si  él  se  ausenta  yo  muero! 


—  21  — 

Raf.        Sí  ama  á  V.,  se  quedará. 
Qae  por  salvar  el  abismo, 
qae  ameDaza  esa  pasión, 
obtendré  la  bendición 
de  un  sacerdote  aqoi  mismo. 

Dolor.    ¿Es  dé  veras?  {alegre) 

Raf.  Si,  Dolores. 

DoLOB.    Me  devuelve  V.  la  calma. 

Raf.       (iSi  nace  el  amor  del  alma 
No  lo  matan  los  rigores!) 


-- >**4^^   C^^"- 


—  22  — 


ACTO  SEGUNDO. 


Gran  salón  iluminado  y  adornado  con  profusión  y  elegancia.  A  menudo 
atraviesan  criados  con  objetos  de  servicio,  y  convidados  formando 
animados  grupos.  Música  ¿  lo  lejos. 

ESCENA  I. 

CAHLOS  y  RICARDO. 

Ric.        Eres  el  rey  de  la  noche, 

chico ,  has  producido  efecto; 

las  damas  le  dan  sus  guiños; 

sus  halagos  los  banqueros. 
Car.       Déjame  pues  los  segundos, 

y  toma  tú  los  primeros. 
BiG.        Me  acomoda^  y  en  justicia 

yo  solo  me  los  merezco ; 

porque  si  las  damas  gozan 

esta  noche  el  embeleso, 

de  ese  aire  tan  confortable, 

ese  perfume  arabesco, 

esas  flores,  esa  luz, 

esos  lán  guidos  acen  tos ... . 
Car.        ¡Chico  1 1  Chico!...  que  te  elevas!... 

;Yas  á  hacer  algún  soneto! 
RiG.        ¡Ay!  jOjalá.... ¡Cuánto  diera 

por  hilvanar  cuatro  versos! 

En  tornees  me  lloverían 

las  conquistas.... 
Car.  ¡Ui  qué  necio! 

Hazte  rico ,  y  aunque  escribas 

peor  que  un  alcalde  lego, 

y  digas  mas  disparates 

que  un  sacristán  en  un  rezo, 

conquistarás  mas  muchachas, 

que  protestantes  Lutero. 
EiG.       Pues  entonces ,  tú  eres,  Cario», 


j 


—  23  — 

escepciou  de  tu  precepto. 

Uá  (res  años,  no  tenías 

en  verdad  mucho  dinero; 

vas  á  Cádiz,  y  te  casas 

con  un  ángel,  que  al  regreso 

te  entrega  su  buena  madre 

un  capitalazo  inmenso. 

Juegas ,  derrochas ,  negocias 

con  malditísimo  acierto, 

y  á  los  tres  aiios  cabales 

estás  tronado.... 
Car.  ¡Silencio! 

Ríe.        Nadie  escucha.  T  sin  embargo, 

tronado  y  todo,  yo  creo 

que  no  andas  tan  despreciado 

de  las  Evas.... 
Gab.  ¡Majadero!    (mirando  por  todua  parles) 

Si  Dolores  ó  mi  suegra 

llegasen  á  oír.... 
Ric.  No  hfiy  miedo. 

La  cuestión  de  los  honores 

las  ocupará  allá  dentro. 

Aunque  tu  suegra  es  un  lince 

de  ojos  y  oídos  tan  diestros, 

que  es  fuerza  no  descuidarse, 

porque  las  recoge  al  vnelo. 
Car.       Está  siempre  prevenida 

contra  mi. 
Ríe.  ¡Pues  yo  lo  creo  I 

No  olvidará  fácilmente 

el  lance  del  casamiento. 
Car.       Ella,  al  ñn,  nos  abrazó.... 
Ríe.        Cuando  no  había  remedio. 

Dada  ya  la  bendición, 

eran  vanos  sus  esfuerzos. 

Ella  idolatra  á  su  hija, 

y  aquel  amigo  tan  bueno, 

pudo  al  fín  reconciliaros.... 

Y  ahora  que  hablamos  de  eso, 

¿qué  se  hizo  el  buen  marino? 
Car.        ¡Qué  sé  yo!  iVaya  un  recuerdo!  {de  mal  hmior.] 
RiG.        ¡Hombre!  ¡Tú  le  debes  tanto..,! 


—  24  — 


Car. 

Le  pagaré  en  padre  nuestros 

si  sé  que  algún  temporal.... 

BiG. 

¡Carlos!  {sorprendido.) 

Car. 

|Ricardol...iQué  necio! 

mafiana  dirás  lo  mismo 

tú  de  mi. 

RlG. 

iQué  pensamiento! 

Car. 

Hoy  vives  á  mis  espensas, 

y  cuando  nos  separemos, 

repetirás  el  refrán.... 

Si  le  he  visto  no  me  acuerdo. 

Ríe. 

(Con  dignidad]  Tus  palabras  son  indignas, 

del  labio  de  un  caballero. 

Si  yo  vivo  á  tus  espensas 

.   es  porque  accedi  á  tus  ruegos. 

Car. 

Vaya,  chico,  no  te  amosques. 

Ríe. 

Me  insultas,  y  me  deflendo. 

Quisiste  que  te  ayudara 

á  salir  de  tus  enredos.... 

Car. 

Que  hoy  están  mas  embrollados.... 

Ríe. 

Por  culpa  de  tus  escesos. 

Y  si  aun  estoy  á  tu  lado, 

¡á  tus  espensas  viviendo! 

es  por  si  puedo  evitarte 

el  triste  fin  que  preveo. 

Car. 

Pues  pelillos  á  la  mar; 

isi  tú  conoces  mi  genio! 

Ríe. 

Pero  dices  unas  cosas.... 

Car. 

Las  digo  cuando  no  pienso. 

Vamos  á  animar  el  baile: 

■  ya  sabes  tú  lo  que  intento. 

Ríe. 

Con  mentidas  apariencias 

deslumhrar  los  usureros: 

mas,  en  camino  escabroso 

al  fin,  Carlos,  se  dá  el  vuelco. 

Car. 

Veremos.  Si  yo  consigo 

que  Dolores,  á  mis  ruegos, 

llegue  á  firmar  la  escritura 

de  los  molinos,  de  cierto 

dará  D.^Juan  por  mi  firma 

con  plena  fé^su  dinero. 

Ríe. 

¡Y  esas  fincas  son  ya  solo, 

-  ¿5  - 

de  un  caudal  tan  grande  el  resto! 

Y  tu  hijal....  PobrecíUa....! 
Cab.        Déjate  de  sermoneos. 

Para  salir  adelante 

lo  que  importa  es  ganar  tiempo. 

ESCENA  II. 

DICHOS  y  D.  JUAN. 

D.  Ju.     Señores,  beso  la  mano... 

Car.       ¡Señor  D.  Juan  de  Vinuesa! 

D.  Ju.     Aunque  Y.  no  me  invitó, 
como  tenemos  franqueza, 
me  hablaron  hoy  de  este  baile, 
y  dije....  Yoy,  ¿qué  me  cuesta? 

Car.       Ha  pensado  Y.  muy  bien. 

D.  Je.     Y  si  un  podo  mas  me  aprieta 
la  chica,  también  la  traigo. 

Car.       Debió  Y.  hacerlo. 

D.  Ju.  Es  tarea, 

la  de  andar  cuidando  niñas, 
mas  grande  que  mi  paciencia. 

Y  además,  hoy  nd  merece 
que  me  afane  en  vcomplacerla. 

Car.       ¿A.lgun  disgustillo? 

D.  Ju.  Si, 

mas  si  la  niña  se  empeña 
en  seguir  con  su  capricho 
yo  la  ajustaré  la  cuenta. 

RiG.        Qué,  ¿la  ronda  algún  galán? 

D.  Ju.     Ño,  que  ronda  mis  talegas. 
Mas  si  se  descuida  un  poco 
yo  se  las  daré  en  las  piernas. 
Tengo  aun  guardada  la  vara 
con  que  media  en  la  tienda, 
y  si  la  coge  este  puño, 
no  le  ha  de  saber  á  -almendras. 

Car.       Pero,  D.  Juan,  ¿es  delito 

el  que  los  hombres  la  quieran? 

D.  Ju.     Los  hombres  no :  los  canallas, 
que  dan  de  acera  en  acera 


—  26  — 

sin  mas  oíicio  ni  estudio 

que  oler  ricas  herederas       [Carlos  muestra  enfado.) 
Para  esa  plaga,  D   Carlos, 

un  garrote  es  la  receta. 
Ríe.         [¡Pobre Carlos!.  ..  ¡Quécastigo!) 
D.  Jü.      ¡Es  cosa  que  desespera....! 

Un  pobre  padre  cavila, 

suda,  sufre  y  se  desvela, 

y  cuando  ya  ha  conseguido 

asegurar  la  existencia 

de  la  hija  á  quien  adora 

viene  un  quidam,  la  requiebra 

y  pone  enjuego  ese  arle 

que  ellos  tienen  por  carrera, 

y  la  fortuna  y  la  dicha 

de  una  familia  se  lleva 

para  después....  ¡Asesinos! 

Jugarla  al  treinta  y  cuarenta! 
Car.       Vamos,  D.  Juan,  no  se  enoje, 

ya  sabrá  su  inteligencia 

buscar  para  la  muchacha 

marido  que  la  convenga 
D.  Jü.     Marido  trabajador, 

honrado ,  aunque  pobre  sea, 

esto  es  lo  que  yo  deseo, 

y  esto  ha  de  ser^  á  la  fuerza, 

H)  yo  sabré  poco  á  poco, 

mis  millones  y  mis  rentas, 

de  una  manera  legal 

ceder  á  Beneficencia; 

que  no  ha  de  tirar  el  vicio 

lo  que  falta  á  la  indigencia. 
Car.       y  por  fin,  ¿cuándo  es  la  marcha? 
D.  Ju.     Ha  quedado  ya  suspensa. 
Cab.        ¿No  va  V.  á  Cádiz?  {sorpresa} 
D.  Jü.  No; 

porque  quiero  estar  alerta 

de  esas  cosas  de  la  niña. 

¡Vaya!.... ¡A  mi  no  me  la  pegan! 

Ya  mandé  al  corresponsal, 

para  el  cobro  aquellas  letras. 
Car.       ¿Las  mandó  V,?  [sobrecogido] 


—  27  -- 

D.  Ju.  Pues  es  claro:  {mirándole  fyo,) 

¿qué  había  de  hacer  con  ellas? 
Car.       Lo  decia...  por  ..  ¡repontAidk)«e) 
D.  Ju.  ¿Pensaba  {con  desconfianza' 

Y.  tal  vez  recogerlas? 
Car.       Quizás....  hoy  me  sobran  fondos.,.. 
Ríe.        (¿Qué  borrasca  será  esta?) 
D.  Ju.     Las  mandé  hace  cuatro  dias. 
Tal  vez  el  aviso  venga 
de  la  aceptación  mañana. 
Car.        (Mañana. . . . !)  {con  amargura) 
j)  jü,  (Algo  le  ¡nquietal)  {observándole) 

¿Si  la  noticia  que  dieron 

en  la  Bolsa,  será  cierta?) 
Ríe.        (Algo  le  pasa. )  {observando  á  Cárhs) 
D.  Ju.  I>on  Carlos, 

está  V.  tri8le,'¿en  qué  piensa? 
Car.       Yo  triste....?  No;  distraído.  ( reponiéndose) 
D.  Ju.     ¿Pensaba  Y.  en  esas  letras? 
Car.        iCa...!  No  señor.,..!  Y.  dijo, 

que  guardaría  en  cartera 

los  fondos  que  sobre  Cádiz 

cómodamente  le  dieran, 

y.,  •. 
D.  Ju.  Al  suspender  el  viaje 

cosa  muy    natural  era 

negociar  aquel  papel 

que  no  tenia  ya  cuenta. 
Car.       Muy  natural,  si  señor, 

¿y  quién  otra  cosa  piensa? 

D.  Ju.     Me  parecía  que  Y 

Car.       ¿Lo  sentiría? iQué  quimera! 

Yamos,  Ricardo,  acompaña 

al  señor,  para  que  vea 

la  animación,  la  alegría 

que  por  los  salones  reina. 
Ríe.        Con  mucho  gusto. 
D,  Jü.  Mil  gracias. 

(¡Aquí  hay  algo.  iJuan,  alerta!; 


--  28 


ESCENA  III. 

CARLOS,  y  después  DOLORES. 


^\» 


Car.        ¡Mañana! ¡Sí! ¡Estoy  perdido! 

¡Malhaya  mi  negra  suerte! 

¡Cómo  escapar  de  este  trance! 

¡Si  las  horas  son  tan  breves! (Pausa.) 

No  hay  remedio,  la  escritura 

es  necesario  que  quede 

firmada  esta  misma  noche, 

y  que  mañana  la  entregue, 

antes  que  venga  el  correo 

y  ese  usurero  se  entere.      [Dolores  se  acerca  pausa- 

Y  aun  es  fácil  ique  aceptar  daménte.) 

la  equivalencia  se  niegue..... 

¡T^aldito  juego!  ¡En  qué  lances 

tan  apurados  me^raetes! 
Dolor.    ¡Carlos! ¿Quién  al  verte  asi, 

que  boy  das  baile  pensará*? 
Car.        ¿Por  qué? 

Dolor.  ¡Tan  triste! 

Car.  Será 

que  estaba  lejos  de  ti. 
Dolor.    ¡Carlos!  ¡Carlos!  Todavía 

puedes  hacerme  dichosa. 
Car.       ¿Todavía? ¿Qué  otra  cosa 

quiero  yo,  Dolores  mia? 
Dolor.    ¡Sin  embargo!....  ¡No  lo  soy! 
Car.       ¿En  qué  te  pude  ofender? 
Dolor.    ¡En  hacerme  coni prender 

lo  que  va  de  ayer  á  hoy! 

Car.        ¡Pues  qué!  ¿Existe? 

Dolor.  No  te  asombres: 

te  ha  estudiado  el  alma  mia. 
Car.  Te  amo  como  el  primer  día. 
Dolor.    ¡Qué  saben  de  amar  los  hombres! 

Llaman  amor  ál  afán 

que  en  su  mente  se  despierta! 

¡Llama  vil,  qxie  nace  muerta! 

Cenizas  que  al  aire  van! 


Car. 

Dolor. 

Car. 

Dolor. 

Car. 

Dolor 


Car. 


—  29  — 

Nuestras  palabras.... 

¡Engaños! 
¿Y  las  praebas?.... 

iFíngimíentos! 

Verdades  son 

iLos  tormentos 
que  nos  dan  los  desengaños! 
¡/Vy!  no  te  enojes;  ten  calma, 
no  me  quejaré  jamás, 

esto  ha  sido  nada  mas 

¡un  estallido  del  alma! 

Mas,  Dolores,  ¡por  piedad! 

¿Qué  puedo  hacer  por  probarte 

que  deseo  rodearte       {Asoma  P.»  Isabel  por  el  fon- 


Dolor. 


Car. 

D.'  ISAB. 

Dolor. 

D.*  ISAB. 

Car. 

D.'  ISAB. 

Car. 

D.'  ISAB. 

Dolor. 

D.'ISAB. 


de  dicha  y  felicidad? 

¡Felicidad! Ñola  labra 

el  estudio  ni  el  talento; 
frágil  como  el  pensamiento, 
la  destruye  una  palabra! 
¡Ayl  ¡Mi  madre!  ¡Carlos,  ven, 
si  adivina  mi  dolor 

se  muere ¡Qué  adulador! 

¿Con  que  te  parezco  bien? 
Esta  noche,  con  razón 
los  hombres  me  envidiarán. 
(¡Dios  miol  ¿Me  engañarán?) 
Pues  ven  conmigo  al  salón. 
¡A.hl  ¿qué  es  eso?  En  retirada! 
La  confusión  me  molesta. 
Es  brillante  nuestra  fiesta. 
Si,  Carlos,  muy  animada. 
Voy  con  Dolores,  á  dar 
cuatro  vueltas  por  alli. 
Muy  bieft. 

¿Se  queda  V.  aquí? 
Quiero  un  rato  descansar. 


do  y  baja  ¡entamente) 


[Hace  que  ve  á 
D.' Isabel.) 


ESCENA  IV. 

D.'  ISABEL 

D.*  IsAB.  Será  posible,  Señor!        {Migándoles  al  salir.) 
que  eso  sea  fingimiento 


-  30  - 

¡A.yl  iQué  lucha!  Ni  un  instante 

de  tranquilidad  encuentro 

¡Siempre  leyendo  en  sus  ojos! 

iSiempre  disgustos  temiendo! 

iHacedla  feliz,  Dios  mió! 
¡Con  toda  el  alma  os  lo  ruego! 

ESCENA  Y. 

RAFAEL  y  D.»  ISABEL. 

Raf.        (Sin  reparar  en  doña  Isabel] 

Un  baile  ¿Serán  felices?.... 

iSi,  Dios  mió,  protegedla!...  . 
D."  IsAB.  No  me  engaño  ....  es  Rafael. 
Raf.       ¡Doña  Isabel!       [Corriendo  á  ella.) 
D .'  IsAB.                      ¡Qué  sorpresa! 
Raf.        ¡y  Dolores! ¿Es  feliz? 

¿Qué  es  esto?  iA.y  Dios! ¿Tiene  penas? 

D."  IsAB.  Yo  no  lo  sé,  Rafael. 

Si  juzgo  las  apariencias, 

todas  dicen  que  es  teliz. 

Su  marido  la  rodea 

de  atenciones  y  cuidados; 

por  mas  que  mí  amor  observa, 

jamás  fundado  motivo 

á  sus  recelos  encuentra 

Raf.       Entonces 

D."  IsAB.  Yo  no  me  esplico 

la  causa  de  mis  sospechas; 

pero  dudo,  Rafael; 

y  en  una  lucha  tremenda, 

sus  halagos  no  me  halagan, 

su  alegría  no  me  alegra. 
Raf.       ¿Será  quizás  prevención? 
D.'  ISAB.  No  sé;  tal  vez  eso  sea. 
Raf.       No  olvide  V.,  amiga  raia, 

que  la  prevención  altera 

la  misma  verdad,  y  dice 

un  gran  hombre  al  hablar  de  ella, 

que  es  el  crimen  del  honrado, 

maldad  de  las  almas  buenas. 


-  31  - 

IsAB.      Y  diga  V.,  Rafael, 

¿cómo  es  que  en  Madrid  se  encuentra? 
Raf.       Sefiora,  mi  historia  es  larga . 
IsAB.      Pero  mucho  me  interesa. 
Raf.       Estaba  en  Espafia  triste 

y  me  embarqué  para  América; 

enfermo  cal  al  llegar, 

y  vi  la  muerte  tan  cerca 

que  acordándome  de  ustedes 

no  creí  volver  á  verlas. 

El  peligro  venció  al  fín 

mi  fuerte  naturaleza, 

y  con  afán  trabajé 

fiel  á  mí  Patria  y  mi  Reina. 

Su  augusta  bondad  premió 

mis  servicios  con  largueza 

y  ascendí  á  jefe  de  Escuadra. 
IsAB.      Reciba  mi  enhorabuena, 

y...  ¡Rafael!  una  madre 

con  mas  verdad  no  la  diera 

¡que  le  quiero  como  un  hijo! 
Raf.        (¡Gomo  á  un  hijo!) 
IsAB.  [iSi  lo  fuera!) 

Raf.       Mi  buena  madre  perdí, 

y  otra  buscaba  en  la  tierra!... 
IsAB.       jLa  suerte  nos  separó! 
Raf.        ;E1  corazón  nos  acerca! 

¡En  nombre  de  Dios  seremos 

unidos,  su  Providencia! 
IsAB.       Dios  desde  el  cielo,  hijo  mío, 

nuestra  santa  unión  acepta. 

Ahora  ya  soy  mas  fuerte. 

Dos  velaremos  por  ella. 
Raf.       Mi  tío  al  morir  en  Cádiz 

me  ha  dejado  sus  riquezas; 

pero  á  mi....  ¿de  qué  me  sirven? 

¡Las  olas  del  mar  me  esperan! 
Isab.       ¿Nos  deja  V.  otra  vez? 
Raf.       Yengo  á  Madrid  con  licencia; 

y  aunque  otra  vez  aquí  estuve. 

ya  nadie  de  mi  se  acuerda. 

Solo  pues  vine  á  la  corle 


ISAB. 


RAFf 
ISAB. 

Raf. 

ISAB. 

Raf. 

ISAB. 

Raf. 


-  32  - 

por  ustedes;  y  quisiera 
al  separarme  de  aqui 
que  todos  felices  fueran. 
No  hablemos  en  este  instante 
de  dolorosas  ausencias. 
Nosotros  procuraremos 
que  aquí  mucho  se  detenga 
V  Dolores  y  su  hija... 

[Aparecen  D.  Juan  y  Ricardo  y  van  bajando 
distraídos  en  su  conversación 

¿Su  hija?... 

jTengo  una  nieta! 

¡Y  es  preciosa  como  un  ángel! 
iHija  suya!...  Quiero  verla. 
Antes  iremos... 

No,  no; 

primero  la  niña. 

Sea. 

Antes  de  llegar  al  cielo 
quiero  contemplar  sus  puertas. 

[Entran por  la  puerta  izquierda.) 


ESCENA  VI. 

D.  JUAN  j  RICARDO. 


D.  Jü.    Debe  ser  un  millonario 

el  que  tira  así  el  dinero. 

RiCAR.    El  gusto  también 

D.  Ju.  No  quiero 

gusto  tan  estrafalario. 

¿Yo  había  de  ver  á  todos 

trinchando  pavos,  jamones, 

a  costa  de  mis  doblones? 

iCa!  Que  se  coman  los  codos. 

Pero  en  fin,  si  el  hombre  es  rico 

y  en  eso  goza,  bien  hecho; 

á  él  le  gusta,  buen  provecho 

¿Y  es  grande  el  caudal? 

No  es  chico. 

(Se  equivoca,  aquí  no  caza.) 
D.  Ju.     lOh!  ¡Su  crédito  se  afirma! 


RlCAU. 


—  33  - 

;Sí  sefior! ¡Yalesa  firma 

mucho  dinero  en  la  plasta! 

Ya  ve  Y.  ¡veinte  mil  duros, 

por  ella  di  yo  al  contado! 

¡Oh!....  i  Y  estoy  muy  descansado! 

i  Sus  giros  son  mny  seguros! 

¿Qué dice  Y.,  D.Ricardo? 
AiCAa.    Yo  nada.  D.  Juan. 
D.  lu.  No  es  mHfho.      (f^  Mkfado: 

(Este  mozo  está  muy  ducho; 

y  esto  me  huele  á  petalo. 

Pues  como  yo  llegue  á  oler 

que  el  bombre  marcha  en  derrota, 

antes  de  la  bancarota, 

los  huesos  le  he  de  ttoler . 

¡Pues  quél  ¿Somos  aqni  irrimos? ) 

Digo»  sefior  D.  Ricardo 

RiCAa.    ¿Qué,  D.  Jua»?       (Divinidad) 

D.  Ju.  Nada«...  Q«e  aguardo 

¡Yeremos  cómo  salimOBl (Sé  ¥etirn.) 

ESCENA  VII. 

RIC4RÜ0. 


RicAa.    Ese  hombre  des^onAa 

y  hace  bien;  algún  enredo 
hay  fraguado  en  esas  tetras; 
yo  de  ellas  no  tengo  asiento 

en  los  libros ¡qué  desorden!... 

Algún  apuro  del  juego 

le  obligó,  y  huyó  de  mi 

No  mas,  no  mas;  yo  no  quiero 
partir  con  él  la  deshonra 
de  sus  instintos  perversos: 
quiero  vivir  con  htmor 
allá  en  mi  rincón  modesto. 

AJli  vienen ¡Pobre  victima! 

¡Tan  buena! {La  compadezco!. 


—  34  — 

ESCENA  VIII. 

CARLOS,  DOLORES  y  RICARDO. 

Car.        ¡Hola,  Ricardol ¿Tan  solo? 

¿Pues  y  D.  Juan? 
BiCAR.  No  lo  sé. 

Andará  por  allá  dentro. 
Dolor.    Y  ese  buen  hombre,  ¿quién  es? 
Car.        Un  comerciante  oany  rico; 

amigo  mió. 
HiCAR.  Pues  él        {bajo  á  Carlos) 

salió  bufando  de  aqui. 
Car.        ¿Salió  enfadado?  ¿Por  qué?  (%o  á  él,) 
RicAR.    Yo  creo  que  desconfia. 

Car.        Pues  vé  tú,  Ricardo,  vé 

RiCAR.  ¿Yo? 

Car.       ¡Por  DiosI  iNo  me  «abandones! 

jEres  mi  amigo  I  Habíale, 

Ricardo,  y  esas  sospechas 

procura  desvanecer. 
EicAH.    Voy  á  hablarle,  mas  te  advierto 

que  yo  no  le  mentiré. 

ESCENA  IX. 

DOLORES  y  CARLOS. 

Dolor.    Secretos  á  todas  horas 

y  en  todas  partes  tenéis. 
Car.       ¿Secretos,  Dolores  mia? 

No  lo  creas,  solo  fué 

hacerle  unas  advertencias 

sobre 

Dolor.  No  quiero  saber 

las  advertencias  que  haces 

á  tu  confidente. 
Car.  ¿El?  . 

¿Mi  confidente?  jDolores! 

¿Porqué  dudas  de  mi  fe? 

En  fin,  le  seguiré  hablando 


—  35  — 


f 


de  aquel  negocio  ¿Si? 

Dolor.  Bien. 

Car.        Pues  verás,  es  una  empresa 
de  gran  resultado;  (res 
somos  abora  ios  socios; 
pero  en  cuanto  la  olfateen 
adquirirán  las  acciones 
crecidísimo  interés. 

Dolor.    Puedes,  Garlos,  emprenderla 
si  tan  ventajosa  es. 
Ya  sabes  qne  yo  no  entiendo..  . 

Car.        Pero  yo  tengo  el  deber, 
muy  grato,  de  consultar 
contigo  estas  cosas;  ¿quién 
podiera  aconsejarme 
con  un  deseo  mas  fiel? 

Dolor.    Eso  en  verdad,  me  sorprende, 
por  ser  la  primera  vez 
que  de  estas  cosas  me  hablas; 
mas  te  lo  sé  agradecer. 

Car.        Además,  era  preciso 

que  de  esto  te  hablase,  pues 
necesito  que  me  firmes 

un  documento. 
Dolor.  ¡EsoesI 

¿Por  qué,  di,  no  has  empezado 

por  donde  concluyes? 
Car.  ¿Qué? 

No  comprendo 

Dolor.  Nada,  Carlos; 

cuando  quieras  firmaré. 

Todo  cuanto  tengo  es  tuyo. 

lAyl  quién  pudiera  tener 

arenas  de  oro  en  montañas 

y  ponerlas  á  tus  piésl 
Cab.  Yo  quiero  tu  corazón. 
Dolor.    ¡Mi  corazón! ¿Para  qué? 

La  riqueza  que  él  contiene 

poco  te  puede  valer; 

que  en  el  mundo  es  mala  prenda 

la  prenda  que  no  se  ve. 
Car.       Me  hablas  con  tanta  amargura.... 


[Sonrisa  amar  y  a. 


-  3«  — 


Doion. 


Car. 

Dolor. 
Car. 


DOiOR 


€ar 
Dolor. 
€ar. 
Dolor. 


No  me  hagas  caso;  ¿Ao  ves 

que  en  mi  locura  de  amor 

ni  lo  que  mo  digo  sé? 

Pues  voy  á  entrar  en  mí  cnario 

á  buscar  ese  papel. 

¿Tanta  prisa  corre? 

Si; 
iemprano  debo  tener 
una  j  un  ta  con  mis  sm^los 

y  quisiera 

Vé  por  él.       íB^tra  CMos.) 
En  algún  conflicto  Cárkrs 

se  encuentra:  ¿qué  podrá  9er? 

Mas  ¿qué  importa? Mi  U^Één* 

toda  mi  ambición  es  él; 
que  arruine  mis  riquetM. 
pero  que  en  caftMo  U  dé 
creencias  al  alma  mia; 
ilusión,  venturftr,  fó. 
Dolores,  aquí  está  ya. 
Venga. 

Lo  puedes  Her. 
Dame  una  pluma.       [Se  ae&rcé  pata  firifmr  en  una 

mesita  y  en  el  instante  que  coge  lá  ptunui  salen 

D.*  Isabel  y  Rafael.) 


ESCENA  IX. 

DOLORES,  !).■  ISABEL.  CARLOS,  RAt^AEL. 


D*  ISAB. 


Dolor. 


Car. 
Raf. 
Car. 


Aqui  están. 

I  Dolores  I 

¡Ahí  iRafaell  [Al  \>er  Dolores  á  Rafael  tira  la  plu- 
ma  y  se  dirige  á  él  dándole  las  manos:  D^  Isabel  se 
queda  junto  á  la  mesita  mirando  la  escrilnrd.) 

(£1  infierno  es  quien  le  trae.) 

iCártos! 


Un  abrazo.  [Kien! 
Asi  el  corazón  esplica 
solamente  su  placer. 

D.*  ISAB.  {Una  escritura  de  venta! 

Dolor.    Supongo  qUé  esfai'á'V. 


[Leyenda.) 


—  37  -^ 

mucbos  días  C4»i  DOgolrofi. 
Raf.       Tengo  licencia  de  an  mes. 

Dolor.    {Eso  es  tan  pocol 

Car.  (Ks  un  siglo.) 

Dolor.    ¿  No  habrá  próroga? 

Raf.  Tal  vm. 

B.*  IsAi.  Mo  fcfá  míeqtros  yo  viva.        (ñampt  la  e$cntufa.) 

Dolor.    ¡Mamá!  ¿qué  es  eso? 

D.*  IsAB.  Roaiper 

un  documento  que  es  nulo. 
Car.       ¿Nulo,  señora? 
D.*  IsAB.  Lo  es. 

No  es  posible  que  en  Espafía 

pueda  permitir  la  ley 

que  las  madres  deshereden 

á  sus  hijos  al  naeer. 

Dolor.    ¡Mi  hijal iCielos! (Es  verdadl 

Car.       Yo  soy  su  padre  y  sabré 

cual  cumple  á  la  conyetiiencia 

su  fortuna  defender. 
D.*  IsAB.  Ya  no  creo  en  sus  palabras, 
•  que  me  espliea  ese  papel 

cómo  ha  defendido  el  padre 

Um  bienes  que  le  entregué. 
Raf.       Yaya,  Carlos,  ya  haUaremoR. 

Yo  ruego,  D.*  IsaM, 

se  suspenda  este  kicidente 

para  arreglarlo  después. 
Dolor.    iMamál ¡Carlos!  OenCe  liega, 

¡que  no  puedan  oomprender! 

ESCENA  XI. 

DICHOS,  D.  JUAN  y  RICARDO 

D.  Ju.     ¡  Hola,  D.  Carlos  I  Parece 

que  el  sarao  ya  le  cansa. 
Car.       ¿  Cansarme?  No,  no  seflor. 
D.  Ju.     Como  veo  que  se  escapa^ 
Car.       Un  instante  de  familia. . . 
D.  Ju.     ¿Es  la  señora?  Su  cara 

diciendo  está  que  es  muy  buena. 


—  38  — 

Dolor.     ¡Cabailerol  muchas  gracias. 
D.  Ju.      Yo  no  gasto  cumplimientos, 

señora,  franqueza  rancia, 

lo  que  me  gusta  me  gusta, 

la  hipocresía  me  enfada. 
Dolor.    Pues  no  es  eso  de  estos  tiempos. 
D.  Ju.      {Es  verdadl...  [Hay  cada  trampal  (Mirando  á  Carlos) 

Mas,  conmigo  los  tramposos 

que  no  gasten  muchas  chanzas, 

porque  yo,  nada  de  pleitos, 

el  que  la  hace  me  la  paga. 
Dolor.    íQué  hombre  tan  originall  [á  Rafael) 
Raf.        Algún  sentido  le  falta 

ó  no  tiene  educación. 
Car.        ¿Qué  tienes?  {Bajo  á  él.) 
RiCAR.  Desconfianza. 

Car.        Vamos.  ¿Y  qué  le  parece, 

D.  Juan,  del  baile? 
D.  Ju.  Una  jaula 

de  gorriones  que  pican 

batiendo  todos  las  alas. 

En  mis  tiempos,  de  otro  modo 

las.  señoritas  bailaban. 

[Aparece  un  criado  con  un  pliego  en  la  mam>.) 
(^BéADO.   ¿El  Sr.  D.  Juan  Viftuesa? 
D.  Ju.     Yo  soy:  ¿qué  es  eso?  ¿una  carta? 
Criado.  Del  telégrafo...  (iSereíira.) 
D.  Jü.  iDiabloI 

Algo  muy  urgente  pasa.  {Abre  y  lee.) 
Car.        ¡Del  telégrafo!...  ^Ricardo! 

¿Qué  será? 
D.  Ju.  ¡Me  lo  peoisabal^.. 

Es  V.  un  hombre  infame. 

(A  Carlos:  movimiento  general^  los  comidados 
&e  agrupan  y  se  acercan.) 
Car.        ¿Y.o?... 
Dolor.  ¿Qué  dice? 

Car.  Esa  palabra... 

D.  Ju.     Señor  mió,  está  bien  dicha. 
Dolor.    Mucho  su  orgullo  le  engaña; 

que  es  torpe  y  grosero  el  labio 

que  no  respeta  á  las  damas. 


—  39  - 


D.  Jü. 
Dolor. 

ISAB. 

Raf. 
Car. 
D.  Jo. 


Car. 
ü.  Jü. 

Dolor. 
Raf. 


D.  Jo. 


Car. 

ISAB. 

Rigar. 

Dolor. 

Raf. 


Y  es  un  infame,  sefiora, 
aquel  que  da  letras  falsas. 
¡Cielos! 

(Dios  miol 

(¡Es  posible!' 
V.  se  equivoca. 

Vaya, 
que  decidan  los  seQores 
si  la  cosa  está  bien  clara. 
Yo  entregué  veinte  mildurop 
con  completa  confianza 
ai  señor,  que  me  dio  letras 
contra  un  D.  Pedro  de  Vargas,  *  • 

residente  en  Cádiz;  mando 
para  el  cobro  las  libranzas, 
y  al  recibirlas  me  dicen 
que  no  se  encuentra  en  la  plaza 
el  tal  señor.  ¿£h?...  ¿Qué  es  esto? 
Voy  áesplicar... 

iBuena  farsa! 
lAy!  Dios  mió!  ¡qué  vergüenza! 
(Todo  por  ella.)  Soy  Vargas.    (Col^feánaose  al  frente 
Anoche  llegué  de  Cádiz.  de  D.  Juan.] 

Cobre  V.  esas  libranzas.  (Le  da  una  cartera.) 
No  hay  duda,  si,  son  billetes  (examinándo¡of(.^ 

de  nuestro  Banco  y  de  Francia... 
Caballero,  V.  perdone. 
[Mirando  á  Dolores  y  iu  madre.)  (¡Ay!  ¿Ooe  díráiiV 

(¡Desdichada!) 
(Pero  ¿qué  es  esto?) 
(Mirando  á  Rafael.)  (¡Dios  miol 
Es  el  ángel  de  mi  guarda!) 
(La  amistad  vela  en  la  tumba 
de  los  amores  del  alma.) 


—  4Q  — 


r^i»»n- 


■y» — 1 


ACTO  TBRGIRO. 


Sala  amueblada  con  elegancia.  Dos  puertas  á  derecha  é  Izquierda  ^  en 

primer  término.  Otra  al  fondo. 

ESCENA  PRIMERA. 

DOLORES  y  D.»  ISABEL. 

[Dolores  sentada  j^  UovntkiQ»  haiiel  de  pié») 


Dolor,    i  Ay  1 . . . .  Esas  palabras  i^idgan 
el  pobre  corazón  mió).... 

IsAB.       Dios  que  coleeé  eB  mis  Ittbkfi 
los  materBalea  avisos, 
hoy  nos  dá  también ,  Dolores» 
la  amargura  por  caslígo. 
Tu  pobre  madre » llorando, 
á  tu  corazón  deaia: 
«I  pobre  corazón  sencillo  (ÜNwnifi) 
»que  en  el  cáliz  de  la  flor 
«bebe  veneno  ese^mdido  1» 

Dolor.    ¿  De  qué  sirven ,  madre  mía» 
esos  recuerdos?....  MaFtirío<ai 
son ,  que  redoblan  cíñeles 
los  dolotrea  que  sufrimos  t.... 
Y....  ¡  Dios  lo  sabe  I....  No  lloro, 
madre ,  por  el  dolor  díq, 
I  lloran  mis  ojos  el  Ihoito 
de  esos  ojos  tan  goeríde»  t 

IsAB.       No  llores  mas ,  hi>a  mía ;  {he$ándM) 
yo  por  tus  penas  me  aflijo, 
porque  daria  mi  sangre 
para  evitarte  un  suspiro. 
No  llores ;  resignación ; 
arrostremos  del  destino 
los  rigores ,  con  firmeza : 
tenemos  un  buen  amigo, 
benéfica  Providencia 


—  41  — 

que  alivia  nuestros  conflictos. 

DoLOB.    Pero  sus  favores  puedsn, 

sin  él  sospecharlo ,  herirnos. 

Isas.       ¿  Herir,  hija  f 

DoLOB.  V.  no  sabe 

un  secreto  que  adivina 
y  que  entre  amavios  4olon$s 
está  en  su  pecho  esc<MKU4o. 
El  me  ama. 

IsAB.  ¡  Ks  verdad  I 

Dolos.  (Sin  duda, 

lo  habrá  V.  conocido  1 

IsAB.      Si ,  Dolores ,  mas  su  asMf 
no  te  herirá ;  yo  lo  fio. 

DoLOB.    Ta  sé  que  no  ruborisa 

el  amor  que  yo  le  inspiro'; 
que  él  ama  sis  ospenMia 
de  verse  correspondió». 
Mas ,  sus  favores  rectoi 
de  Garlos  en  beneficio, 
y  hay  algo  en  mi  qus  rae  dics 
que  no  debo  permitirlos. 

Isas.       i  Ay  I....  Es  verdad ,  hqa  wa; 
nobles  son  eam  instinloa ; 
y  aunque  severos  pareacaii « 
tú  no  dudes  e»  eNfiinrloa ; 
que  en  las  materias  da  hmnr 
es  la  esperlencia  ub  ddtto. 

DoLOB.    Por  eso ,  mamá ,  deseo 

que  Garlos  devueiva  hoy  mismo 

á  Rafael  el  dinero 

que  anoche  de  él  f&oMutÉt», 

IsAB.       \  Veinte  mil  durosl....  ¿Y  ténoft 
I  En  despilfarres  y  vicios^ 
nuestra  envidiable  fortmift, 
tu  Garlos  ha  consnisido  I 

DoLOB .    Ese  préstamo  m»  qo»mm 
j  dvroiverio  es  prscia». 


—  42  — 


ESCENA  II. 

DICHOS  y  D.  JUAN, 


D.  Ju.      I  Señorash...  Si  me  permiten.... 
Dolor.    Señor  D.  Juan  I....  Adelante. 

* 

D.  Ju     ¿Ustedes  han  descansado? 

Dolor.    Gracias. 

IsAB.  Tal  cual. 

D.  Jo.  Que  me  place. 

Yo  he  dormido  mal  anoche, 

y  soñé  mil  disparates.  • 

Señora ,  por  mas  que  hacia 

siempre  tenia  delante 

de  mis  ojos  esa  cara.... 

Ruego  á  Y.  que  no  lo  estrañe ; 

porque  yo  anoche  veia 

tanta  pena  en  su  semblante 

que  no  lo  pude  olvidar 

después  de  pasado  el  lance. 
Dolor.    La  sorpresa.... 
D.  Jü.  Soy  muy  rudo. 

i  Qué  quiere  V 1....  Mi  carácter 

es  áspero ,  lo  conozco. 

Yo  no  quiero  que  me  engañen  ; 

ese  es  todo  mi  prurito. 

Con  honradez ,  de  mi  hacen 

cuanto  quieren  mis  amigos. 

Tengo  apego  á  mis  reales, 

eso  si ,  que  mi  fortuna 

me  ha  costado  mis  afanes. 

Mas ,  si  llega  la  desgracia 

á  mis  puertas ,  no  va  en  balde : 

^ara  mi  entonces  la  plata, 

señora ,  muy  poco  vale. 
IsAB.       (i  Oh  I  qué  hermoso  corazón  1) 
Dolor.    ¿Quiere  Y.  su  mano  darme?  (alargándole  la  suya.) 
D.  Ju.     Apriete  Y.  que  aunque  es  áspera 

corre  en  ella  buena  sangre. 
Dolor.    Hoy  mismo ,  de  su  amistad 

quiero  una  prueba. 


—  43  — 

D.  Ju.  Al  instante. 

Dolor.   Quiero  vender  unas  fincas. 
D.  Ju.    ¿T  son  casas? 
Dolor.  OliTares, 

en  el  término  de  Córdoba. 
IsAB.      ( I  Los  molinos  t.... ) 
D.  Ju.  Muy  distantes 

están  de  mi  vigilancia ; 

pero  no  importa;  y  me  hace 

muy  buena  cuenta  el  comprarlos ; 

tengo,  ya  hace  tiempo,  planes 

de  adquirir  algunas  fincas ; 

porque  si  mis  onzas  caen 

en  manos  de  un  perillán  , 

muy  pronto  las  dará  al  aire ; 

y  las  fincas  á  lo  iDenos 

podrán  tal  vez  conservarse. 

Con  que  vamos  al  negocio ; 

Y.  dirá  cuanto  valen 

Pero  ¿  qué  es  eso  ?. ...  V.  Hora .  '  .4  Isa  bel. ) 
Dolor,    i  Mamá!.... 
IsAB.  No  es  nada. 

D.  Ju.  ¿Hay  pesares? 

IsAB.       Tengo  cariffo  á  esas  fincas. 
D.  Ju.    Pues  que  de  ellas  no  se  trate. 
IsAB.      No  sefior ;  lo  hago  con  gusto. 
D.  Ju.    Ta  yo  no  entiendo  este  lance; 

¿  vende  con  gusto  llorando  ? 
Dolor.    Óigame  Y.  un  instante 

porque  en  Y.  se  descubren 

sentimientos  tan  leales , 

que  seria  poco  digno 

nuestras  penas  disfrazarle. 
D.  Ju.    Sí  no  hay  franqueza ,  seSora  , 

¿á  qué  son  las  amistades? 

Después  de  darme  la  mano, 

si  sus  penas  me  ocultase 

yo  lljimara  á  ese  apretón  , 

trampa  para  falsedades. 
Dolor.    Empresas  muy  desgraciadas 

y  gastos  considerables , 

hoy  nos  causan  el  conflicto 


de  un  compri^is^  muy  grande. 
D.  Ju.    jAhl....  ¡Yal.....  D.  fédrode  VftKgas 

8in  duda  por  reembolsarse^ 

de  los  veinte  mil  que  dié 

aprieta  porque  le  caldea 

Dolor.    No,  no,  D.  Juan,  ni  él  es  Valgas , 

ni  desea  qm  le  pa^uan. 
D.  Ju.    ¿Que  no  es  Vargas? 
Dolor.  No  sador^ 

Ya  sabrá  V.  e^ios  itelaUee. 

Ahora ,  si  de  m  amistad 

quiere  Y.  una  pruebí^  darüN » 

puede  recibir  los  UtuJo^ 

de  esas  fincas  al  ia»Uatd. 
D.  Ju.    Si  en  esta  ocasión ,  seUorat 

fuera  solo  comercianid , 

yo  podría  fácilmaníe 

de  su  apuro  apro¥eeharme. 

Mas  soy  su  amigo  y  bo  ^nieri^ 

por  VUQ4IS  cuaiUos  reales , 

apretar  mas  el  dogal 

en  la  garganta  de  un  óa^. 

Yo  támbim  tet%f§d  una  hija , 

y  podrá  un  día  efaomAnsne 

en  apuros  como  estes. 
IsAB.       I  Ay  I....  ¿ tan  amargm? 
D.  Ju.  iQmén  eabe  t... 

I  Ojalá  encuentre  «n  amige 

que  de  su  aflicción  lasáis  1.... 

Vamos vamos  si  tiegoeio. 

Yo  compro  esos  olivares 

por  toda  su  tasación. 
Dolor.    Pudiera  perjudicara, 

y  nosotros  no  queremo...... 

D.  Ju.    Yo  soy  rico,  Dids  es graii4e, 

otros  negocios  hairé 

en  que  pueda  desqiii4arme : 

que  aunque  es  el  tanto  for  ciento     ^ 

la  vida  del  comerciable  , 

tiene  también  oorazoQ , 

y  si  se  llega  á  tocaiie 

se  acuerda  que  Mm  ie  sioMla 


-  45  — 

qae  aasilie  ásus  seiiiejantte» 

Vamos ,  señoras  ,  Horatida , 

nada  puede  adelantarse. 

¿Hace  falta  hoy  el  dfner»? 
Ü0ÍM.    Boy ,  sft  setter ,  ^er o  antee 

iremos  al  escritorio 

por  los  titules. 
D.  Jo.  Mas  tarde. 

¿Y.  cuánto  neoesitií? 
DoLOi.    Veinte  mil  duros.  (Con  Umides ) 
D.  Ju.  Cabales 

los  tengo  en  una  cattera ; 

voy  por  ellos  al  instante. 
Dolor.    ¿  Pero  asi ,  sin  docuisento?.... 
D.  Jo.    Lo  tengo  en  ese  semMante ; 

que  es  el  honor  para  mi 

la  firma  mas  respetable. 


DOLOl. 
ISAB. 


Dolor. 

ISÁB. 


Dolor. 


ISAI 


ESCENA  III. 

D.*  16ABBL  y  DOLORB&. 

I  Ay !  I  Qué  hombre  tan  bondadoso ! 

I  Dios  ilumine  á  su  bija , 

y  él  no  sufra  la  amargura 

de  verla  infeliz  un  dia  1 

1  Mamá  1 1  Siempre  esos  recuerdos ! 

Tú  eres  madre ,  y  necesitas 

afirmarte  en  el  consejo 

que  habrás  de  dar;  pues  si  olvida* 

que  fué  tu  desobediencia 

la  causa  de  tus  desdlebas*, 

has  de  llorar  como  madre 

lo  que  yo  lloro,  hija  mia« 

I  Mi  hija  !  Voy  á  besarla  y 

el4a  mis  pena»<aliviai  [Mnlra  izquisrdit] 

ESCENA  IV. 

D«  ISABEL. 

I  Bésala ;  que  ese  conduele  {fátfúHéMkn  mwnñarse) 
es  el  que  Dios  te  destffm , 


—  46  — 

para  poder  soportar 

con  valor  tu  pobre  vida  1.  .. 

Allí  viene i  infame  I....  vamos, 

hoy  su  vista  me  horroriza. 
( Entra  precipitadamente  por  la  puerta  izquierda.) 

ESCENA  V. 

CARLOS  y  RICARDO. 

Car.       Sobradamente  moral 

estás ,  chico,  y  le  confieso 

que  no  es  lo  que  me  hace  falta 

tu  sermón ,  sino  dinero. 

Ríe.        Si  no  lo  hubieras  tirado 

Car.        Lo  tendría ,  ya  lo  creo  ; 

pero  es  el  resultado , 

mi  amigo ,  que  no  lo  tengo , 

y  que  sin  él  es  la  vida 

para  mi  un  enorme  peso. 
KiG.        I  Un  peso  I  i  Si ,  es  la  palabra ! 

Cuando  apuráis  los  escesos , 

cuando  entre  vicios  y  orgias , 

alegres  pasáis  el  tiempo , 

llamáis  á  la  vida  humana 

leve  soplo ,  pero  es  cierto 

que  servis  con  vuestra  vida 

al  cuerpo  social  de  peso, 

pues  sois  pedazos  podridos 

que  estorbáis  su  movimiento. 
Car.       Gracias ,  chico. 
Ríe.  Es  la  verdad. 

T  si  tuvierais  al  menos 

firmeza  para  sufrir 

la  pobreza ,  y  de  escarmiento 
(Dolores  aparece  en  la  puerta  y  escucha  los  últimos 
versos  de  Ricardo) 

sirvieran  las  privaciones 

hijas  de  aquellos  escesos , 

el  mundo  os  perdonária : 

mas ,  como  arrepentimiento, 

os  cansa  de  las  familias 


€ar. 


—  47  — 

la  dulce  paz  y  sosiego , 
y  en  vez  de  buscar  ansiosos 
su  bienestar  y  sustento , 
á  la  vida ,  que  es  su  vida , 
cobardes ,  la  llamáis  peso. 
I  Oh  !  la  vida  de  familia 
está  llena  de  embelesos  I 


ESCENA  VI. 


DICHOS  V  DOLORES. 


Dolor,    i  Está  llena  de  amarguras 

y  desengaños  horrendos  1.... 
€ar.        ( Esto  es  lo  que  me  faltaba ! )       ( Con  disgusto) 
Ríe.         I  Dolores  I         ( Saludándola,  ] 
Dolor.  V.  es  bueno. 

A  mi  pesar  escuchó 

lo  que  estaba  Y.  diciendo, 

y  yo  tengo  que  pedirle 

perdón  por  mis  pensamientos. 
Car.        Asi  en  lodo  te  equivocas ; 

creías  que  sus  consejos 

Dolor.    Al  oirlo ,  mis  creencias 

he  cambiado,  y  lo  confieso. 
Hic.        Yo,  Dolores ,  sus  sospechas 

con  grave  pesar  comprendo ; 

mas ,  crea  que  tiene  en  mi    . 

un  amigo  verdadero.  [Saluda] 
Car.        i  Ah !  no  te  vayas  ahora.         ( Bajo  á  Ricardo ) 
BiCAR.     Con  tu  esposa,  bien  te  dejo. 


ESCEiNA  VII. 

DOLORES  y  CARLOS. 


Dolor.    ¡Carlos!.*..  ¿Qué  tienes?; 
Car.  Dolores, 

mal  humor.  .     . 

Dolor.  Pues  yo  quisiera....  . 

Car.   V    Qued^  continuo  estuviera 


—  48  — 

requebrándote  de  amore». 
Dolor.    ¿  Quién  te  ha  dídio  t....  (Oon éégmdmi) 
Car.  Yo  lo  sé< 

Dolor.    Pues  muy  mal  que  lo  has  ]Mnsado  ; 

del  labio  que  me  ha  engañado 

mentiras  no  codicié»  ' 

Car.       ¿Lo  ves?....  Quejas. 
Dolor.  No  lo  son  ; 

nada  ya  mi  amor  pretende ; 

mas ,  al  sarcasmo  que  ofende 

contesta  mi  indignación , 
Car.        \  Hola  1  i  hola  1 1  Tienes  bríos  1 
Dolor     i  Mi  amargura  me  los  dá  ! 
Car.       Pues  ten  presente  que  ya 

me  cansan  los  di^svarios. 
Dolor.    ¿Desvarios? 
Car.  La  verdad ;. 

¿  cree  tu  mente  estremosa 

que  es  matrimonio  otra  cosa 

que  una  sincera  amistad? 
Dolor.    Si  por  el  mió  juzgara, 

yo  que  desdichada  soy, 

al  oirle ,  Carlos,  hoy, 

vil  engaño  le  llamará. 
Car.       Me  insultas.... 
Dolor.  Tú  abres  las  llagas 

que  hiciste  en  el  alma  tnia ; 

\  consuelos  á  dar  venia 

y  con  injurias  me  pagas ! 
Car.       \  Si  para  verte  contenta, 

eis  preciso  que  mi  amor 

te  cante  cual  trovador 

que  en  sus  layesl  se  alimenta! 

Es  fuerza  ya  cónypi^nder,  .. 

aunque  bajes  de  tu  cielo, 

que  el  amor  retnoofta  d  vuelo 

para  después  descender. 

T  ya  en  la  tranqcriia  calma 

que  nos  dá  ia  ftetidicion, 

habla  fria  la  razón, 

y  deja  quieta  el  ahina. 

(Marcha  con  desenfUb  por  fl  fmrr  y  qméda  DqIm'sí 


Dolor. 


Raf. 

Dolor. 


Raf. 


Dolor. 
Raf. 


Dolor. 
Raf. 


DotOR. 


Raf. 
Dolor. 
Raf. 
Dolor. 

Raf. 


—  49  — 

manifestando  en  9U  ¿emhlaiUB  lu  doloroM  torpre$a.¡ 
¿T  es  este  por  quien  ingrata 
los  consejos  desprecié 
de  mi  madre,  y  la  causé 
ese  dolor  que  la  nuLla? 
¿Es  este  por  quien...  ¿que  digo? 
¿Pensamiento  criminal!... 
Aunque  él  sea  desleal 
mi  amor  vivirá  conmigo. 

ESCEMVIH; 

RAFAEL  V  DOLORES. 

[Rafael  entra  pausadamente  observando  á  Dolores,  y 
ella  al  verle  procura  disimular  su  dolor  sosíriéndose.) 
iQué  pensativa,  Dolores! 
lAh!...  ¡Rafaell  Si...  pensaba... 
en  un  vestido...  y  casaba 
en  mi  mente  los  colores. 
(jSufriendo  está!)  El  pensamiento 
es  por  demás  ingenioso; 
tal  vez  por  eso^  dudoso 
me  parece. 

¿Con  que  miento?  (Sonriendo.) 
Mentir,  no;  mas,  desfigura 
lo  que  está  en  el  corazón; 
¡también  las  sonrisas  son 
recursos  de  la  amargura! 
Soy  feliz... 

Verdad  es  esa 
que  sirve  al  dolor  de  ultraje! 
jTiene  la  pena  un  lenguaje, 
que  riendo,  se  conflesal 
(¡Alerta,  decoro  mió!) 
Yo  no  sé  porqué  le  estraña 
mi  sonrisa. 

¡Porque  engafia! 
No;  de  veras  me  sonrio. 
(¡Qué  insistencia!) 

Lo  que  es  hoy, 
V.  no  acierta. 

Tal  vez... 


-  50  - 

(lAtertal  lAlerta,  honradez!) 
BoLOR.    Como  nunca  feliz  soy. 
R^F.       Reciba  la  enhorabuena  {dignidad) 

cíe  mi  cariño  profundo. 

¡DoloresI  Nadie  en  el  mundo 

como  yo  siente  su  pena. 

Y  si  en  creer  he  insistido 

que  y,  misma  se  engañaba, 

al  hacerlo,  no  olvidaba 

mis  deberes. 
DüLOR.  ({Le  he  ofendido!) 

iRafael!  Si  Y.  comprende 
-*     la  pena  del  alma  mía, 

¿porqué  la  falsa  alegría 

que  llevo  al  rostro  le  ofende? 

¿No  es  simpático  el  delirio 

que  entre  las  sonrisas  crece? 

jPues  qué!...  ¿Usted  no  compadece 

al  que  ríe  en  el  martirio? 
Raf.        Yo  lo  sé  compadecer; 

y  si  descubrirlo  anhelo 

es  para  darle  consuelo. 
Dolor.    ¡Consuelo!...  ¡No  puede  ser! 

Su  buena  amistad  no  alcanza 

á  mitigar  mi  aflicción. 

;¿Quién  consuela  un  corazón 

que  adora  sin  esperanza? 
Raf.        |Ay!  ¡Es  verdad!  Lo  olvidé, 

¡y  olvidarlo  nodebia!..» 

per  lone  Y.,  amiga  mia, 

si  su  dolor  aumenté. 

Yo  bien  sé  que  es  invencible 

ése  dolor  que  devora 

el  alma,  cuando  se  llora 

por  un  amor  imposible. 
Dolor.    ¿Usted? 
Raf.  Dejemos,  Dolores, 

esa  cuestión  que  entristece, 

y  hablemos,  si  le  parece, 

de  bailes,  música  y  flores. 


51  — 


ESCENA  IX. 

DICHOS  V  RICARDO. 

DOLOB.     ¡Ah!  Ricardo,  venga  Y. 
Bafael,  yo  le  presento 
en  el  señor  un  amigo 
á  quien  de  veras  queremos. 

Raf.        Favorecido  seré 

si  me  concede  su  afecto. 

Ric.       Aunque  no  he  teníJo  el  gusto 
de  tratarle,  ya  hace  tiempo 
que  le  conozco  y  le  admiro 
por  sus  nobles  sentimientos, 

Raf  .       M  uchas  gracias. 

DoLOB.  Rafael, 

voy  un  instante  allá  dentro. 

Raf.       To  también  voy  á  salir. 

DoLOB.    Mas  volverá? 

Raf.  Si. 

DoLoa.  Basta  luego. 

ESCENA  X. 

RAFAEL  y  RICARDO. 

Raf.        ¿y  Garlos?  Hoy  no  lo  he  visto. 
Ríe.        Aquí  estaba  hace  un  momento 

con  Dolores. 
Raf.  (;Ah!  sin  duda 

algún  disgusto  tuvieron. 

Esos  eran  los  colores 

en  que  ella  pensaba  lesosl) 
Ri€.        (Está  muy  triste...  ¡Qué  ideal... 

jEll...  iDios  mió!...  ¿Será  cierto?) 

ESCENA  Xí. 

DICHOS  ▼  D.  JUAN. 


D.  Ju.     Caballeros,  buenas  tardes. 
¿Por  dónde  está  la  familia? 


-  52  - 


RAr. 

¡Holal  ¡El  sefior  de  Yinuesal 

B.  Jü. 

Servidor... 

Raf. 

(Hoy  mi  mentira 

preciso  esjnstiñcar.) 

D.Jü. 

¿Lo  tendremos  muchos  días 

por  la  corle? 

Raf. 

Si,  señor, 

algunos. 

D.  Jo. 

Pues  yo  creía 

quo  negocios  del  comercio 

poco  aqui  le  entretendrian. 

Ríe. 

El  sefior  no  es  comerciaiite. 

D.Jü. 

I  Ahí  ¿No?  Pues  me  maravilta. 

Raf. 

¿Acaso  las  letras,  soto 

á  comerciantes  se  ^ran? 

D.  Jo. 

Es  verdad. 

Ríe. 

¿Usted  queda?  (a  Rafael.) 

Raf. 

Si,  un  instante. 

Ríe. 

Hasta  h  vista; . 

voy  á  ver  si  encuentro  á  Cárlód. 

D.  Ju. 

Y  á  echar  cuatro  guiñadítas 

á  los  balcones. 

RlCAR. 

D.  Juan, 

no  busco  heredefa»  ricas. 

ESCENA  X. 

RAFAEL  y  D.  JUAÍÍ. 

Raf.       Me  alegro  de  verle  á  solas. 

D.  Juan,  el  deber  me  obliga 

á  darle  una  esplicacíon.,. 
D.  Ju.     ¿Sobre  el  nombre?...  Lo  sabia, 

el  Vargas  no  es  su  apellido. 
Raf.       ¿y  quién  pudo? 
D.  Ju.  Mis  amigas 

las  señoras  de  esta  casa. 
Raf.       Yo  creí  que  guardarían 

cierta  reserva... 
D.  Jo.  ¿Conmigo? 

Se  equivoca:  depoéitati 

en  mi  toda  coufíanta. 


^  53  — 

Y  hacen  may  bien...  tPobreeillasl 

¡Con  qué  amargura  lioratev 

al  ofrecerme  sus  fincasl 
Raf.       ¿Qué  es  lo  que  dice,  buen  bomibr»? 

¿Que  lloraban  y  ofrecían? 
D.  Ju.     En  venta  unos  olivares; 

ipues  quél...  ¿Y.  no  lo  saikiaf 
Raf.       Si  lo  hubiera  sospechado... 
D.  Ju.     Cometí  una  losteria, 

mas  como  yo  le  vi  anoche 

tan  unido  á  esta  familia... 
Raf.        Soy  su  amigo  mas  leal. 
D.  Ju.     Su  cara  lo  garantiza. 
Raf.       Pues  no  me  guarde  reserva; 

los  hombres  de  bien... 
D.  Ju.  Confian.., 

y  mucho  mas,  que  la  compra 

al  fin  ha  de  ser  sabida. 
Raf.        Pero  ¿V.  compró? 
D.  Ju.  Al  contado: 

mas,  compré  con  hidalguía; 

que  aunque  una  venta  apurada 

era  lo  que  me  ofrecían, 

yo  olvidé  mi  profesión 

al  frente  de  sus  desdichas. 
Raf.        iMuy  bien,  D.  Juanl  Y  otra  prueba     [apntándole  la 

permítame  que  le  pida.  mano.; 

D-  Ju.     ¿Y  qué  es  ello? 
Raf.  Qao  ahora  mismo 

me  venda  Y.  esas  fincas. 
D.  Ju.     ¿A  V.? 
Raf.  a  mí:  y  no  reparo 

en  el  precio. 
D.  Ju.  ({Cuánta  prisa! 

¿Querrá  después  obligarlas?] 
Raf.       ¡Pobre  hombrel  Desconfia...) 

¿Qué  dice  V.? 
T>.  Jü.  Caballero, 

anoche  yo  presencié 

una  acción  que  fué  muy  digna; 

pero  al  fin  esas  señoras 

que  deben  ser  sus  amigas. . . 


—  54  — 

Raf.        lAcuden  á  V.  liorando, 

y  de  mi  amistad  se  olvidan  I 
D.  Ju.     Y  como  ellas  son  tan  baenas^ 

eso  me  da  mala  espina. 
Raf.        iCaballero! 
D.  Ja.  iSeñor  miof 

la  franqueza  es  mi  divisa. 

Yo  ni  sé  quién  es  V... 
Rai^.        Un  general  de  marina.  (Enseñándole  elfajxn,) 
D.  Xü.     iGeneralt...  Ya  es  otra  cosa, 

que  aquel  que  una  faja  ciña, 

debe  ser  en  sus  acciones 

tan  noble  como  su  insignia. 

¿Qué  quiere  V.?  ¿Los  molinos? 

Suyos  serán  en  seguida 

que  los  títulos  me  entreguen. 
Raf.       ¿No  lo  han  hecho  todavía? 
D.  Jü.     No  señor,  yo  conocí 

que  hoy  necesidad  tenian 

de  dinero;  fui  por  éí 

y  á  traérselo  venia. 
Raf.       Es  V.  un  hombre  honrado. 
D.  Ju.     En  eso  cifro  mi  dicha. 
Raf.       Procure  V.  averiguar, 

D.  Juan,  lo  que  necesitan, 

y  ofrézcaselo  al  instante; 

yo  abonaré  cuanto  pidan 

y  cuente  con  mi  amistad.  [Dándole  la  mano,) 
D.  Ju.     Disponga  Y.  de  i:a  mia. 

ESCENA  XIII. 

D.  JUAN  y  después  DOLORES. 

D.  Ju.     ¡Yaya  un  hombre  campechanof 

¡Y  ya  general!...  iTan  jóvenl... 

jDigoI...  iQué  linda  pareja 

harían  él  y  Doloresl... 
Dolor.    ¡Aquí,  D.  Juan,  y  tan  solol 
0.  Ju.     Estaba  aquí  con  un  hombre, 

señora,  que  me  ha  hechizado. 


-  53  — 

DoLOB.    ¿Y  quién  es? 

D.  Ju.  No  sé  su  nombre, 

el  general. 
DoLOB.  ¿Rafael? 

D.  Ju.      Ese  será.  ¡Vaya  un  portet 

Señora,  si  Y.  enviuda... 
Dolor.    ¡Jesusl...  {D.  Juant 
D.  Ju.  No  se  asombre; 

lo  mismo  lleva  la  muerte 

á  los  viejos  que  á  los  jóvenes. 

Pero  no  hablemos  de  eso. 

Aquí  la  traigo  en  talones 

contra  el  banco  ese  dinero. 
Dolor.    iQuánta  bondad! 
D.  Ju.  (Ya  noesmia, 

pues  tengo  quien  me  lo  abone.) 
Dolor.    Ahora  Garlos  no  está  ahi, 

tiene  los  títulos... 
D.  Ju.  Tome 

V.  el  dinero  ahora; 

y  ya  habrá  tiempo  que  sobr» 

para  arreglar  lo  demás. 

A  mamá,  mis  espresiones, 

y  hasta  luego. 
Dolor.  ¿Vuelve  V.? 

D.  Ju.    Puede  que  vuelva,  Dolores. 

1  Me  gusta  tanto  su  trato  I 
Dolor.    Pues  vuelva  un  ratito  entonces  : 

yo  procuraré  un  instante 

olvidar  mis  aflicciones. 


ESCENA  XIV. 

DOLORES  y  después  CARLOS  y  RICARDO. 


Dolor,    i  Qué  honradez  I....  Estas  personas 
son  ángeles  en  la  tierra , 
son  los  médicos  del  alma 
que  mitigan  nuestras  penas. 

(Carlos  aparece  con  Ricardo  y  demuestra  malhumor 
en  su  semblante,  Dolores  se  dirige  á  su  encuentro.  Un 
criado  coloca  luces  en  las  mesas.) 


-  56  — 

Dolor.    ¡Garlos!.... 

Car.  ( ¡  Vamos  con  la  era2 ! ) 

Dolor.    Garlos  ,  estoy  muy  contenta. 
Car.       ¿Si,  Dolores?....  iQué  milagro! 

No  sueles  tú 

Dolor.  Mí  imprudenoia      (con  enmrgura) 

me  hace  á  veces  declarar 

de  mi  corazón  las  penas. 
Car.       Bueno,  bueno,  no  empecemos 

con  altisonantes  quejas. 
Dolor.    (No  me  quejaré ,  descuida  I 
Ríe.        ( I  Dios  mío ! ;  Qué  difórencia  I 

I  pobre  Dolores  I ) 

Dolor.  Yo  creo       {eomáuíwwru) 

que  boy,  Garlos ,  te  desesperas 

porque  no  puedes  pagar 

con  exactitud  tus  deudas. 
Car.       Pero  yo  las  pagaré ;      [con  tnftíéé ) 

tengo  aun  negocios  ,  empresas, 

y  me  ba  de  sobrar  dinero 

para  saldar  esas  cuentas. 
Dolor.    Si>  mas  tú,  pundonoroso, 

estarás  sufriendo  mientras ; 

y  yo,  como  es  mí  deber, 

quiero  ayudarte. 
Car.  ¿De  veras? 

¿  Acaso  puedes  aun  ? 
Dolor.  Sí,    [toma  l09  MíHes  de  k  in^) 

darte  lo  que  me  queda. 

Toma. 
Car.  ¿  Qué  es  esto  ?. . . .  ¿  Billetes  ? 

Dolor.   He  realizado  la  venta 

de  los  molinos. 
Car.  Dolores !       {con  Alegrúi) 

\  Qué  buena  eres  !  [  Qué  buena  ! 
Dolor.    \  Garlos  I  { Me  haces  mucho  dáfio  1 
Car.       Perdóname  mis  rarezas. 
Ríe.        ( (Ayl  i  Cómo  degrada  el  \UÁol) 
Dolor.    Garlos  ,  tienes  una  d«ada 

que  considero  sagrada. 
Car.       i  Y  cuál  es  ? 
Dolor.  La  de  las  letras. 


—  67  — 


Car. 

¡  Ah  I  Si ,  pero  Rafael 
es  rico  y  tendrá  paciencia. 

Dolor. 

No,  Carlos ,  ese  di&ero     («on  «iikmnM  ) 
es  preciso  que  devuelras. 

Car. 

I  Pero  si  nos  qaiere  tanta! 

Dolor 

Por  eso. 

Ríe. 

(lAhl  i  Mi  sospecha  1.... 
Sin  dada  su  honor  la  dkta — ) 

Car. 

Yo  no  sé  porqaé  te  empeñas 

Dolor. 

Págale,  yo  te  lo  ruego. 

Car. 

Corriente. 

Dolor. 

No  lo  detengas. 

Car. 

Bien ,  descuida. 

Dolor. 

Gracias ,  Carlos. 
( I  Qué  peso  de  aqui  se  aleja ! ) 

• 

ESCENA  XV. 

CARLOS  y  RICARDO. 


Car.        Ciento doscientos... .«      (conUmdo  m  la  mesa) 

Ríe.  I  Qué  aiaía  !    ( €onttmp¡ándok 

Estos  hombres  se  deleitan 

con  la  \lsta  del  dinero, 

y  ese  mismo  afán  los  lleva 

á  arruinarse  en  el  vicio  ; 

porque  en  su  ambición  ,  desean 

dejar  hambrienta  y  desnuda 

á  la  humanidad  entera. 
Car.       i  No  hay  mas  que  veinte  mil  duros  1 

I Y  justamente  es  la  cuenta 

pendiente  con  Rafael  I 
Ríe.        Pues  le  pagas  y  te  quedas 

por  ese  lado  ya  libre. 
Car.       Está  claro.  Mas ,  no  piensas 

en  que  tengo  otros  boquetes 

que  tapar. 
RiG.  Por  ese  eaipiezas. 

Car.        Empiezo  y  acabo,  chico. 

Esto  es  todo  lo  que  queda 

de  mi  caudal ;  si  lo  doy /  j 


—  58  — 

Ríe.        ¡  Garlos  I  i  Por  Dios  I  No  detenga» 

ese  pago  que  Dolores 

con  tanto  interés  desea. 
Car.       Ella  e^  mujer  y  no  sabe. 
llic.        (Quizá  es  él  el  que  no  sepa.... ) 
Car.       y  tal  vez  con  inedia  hora 

de  buena  suerte  pudiera 

Ric.        I  Garlos  1  ¿Qué  dices? 

Gar.  ( Ricardo  I 

I  Ahi  enfrente  I Está  tan  cerca  I.... 

I  Media  horita  de  fortuna  I.... 
Ríe.        Quizá  con  menos  te  pierdas 

para  siempre  1 
Car.  o  me  desquito. 

Ric.         1  Garlos  I  I  Por  Dios  I  ¿  En  qué  piensas  ? 
Gar.       (i Qué  oficioso!) 
Ríe.  A  Rafael 

busca  al  instante  y  entrega 

ese  dinero. 
Gar.  Rien,  voy. 

Ríe.        ¿  Sí  ?  Garlos ,  ¿  sí  ?  ¿  vas  de  veras? 
Gar.       i  No  te  be  dicho  ya  que  si  1 
Ríe;        Te  acompasaré. 
Gar.  No  ofendas 

mi  decoro  con  tus  dudas. 
Ríe.        Rien ,  no  insisto. 
Gar.  Hasta  la  vuelta. 


ESCENA  XVL 

RICARDO,  después  RAFAEL  y  D.  JUAN. 

Ríe.        ¿Irá?....  ;  Quiera  Dios  que  sí  1 

Ya  muy  poco  de  él  me  fío  ; 

1  lo  ha  llegado  á  dominar 

de  tal  manera  ese  vicio  I.... 

Pero  irá ,  sí ,  no  lo  dudo ; 

está  en  su  interés i  Dios  mió  I    {viendo á  Rafael) 

Los  ha  debido  encontrar 

A  Viene  Garlos  ? 
Aa'v.  Lo  hemos  visto 


—  59  — 

al  entrar ;  iba  de  prisa. 
Ríe.        i  Y  qué  1  ¿  nada  les  ha  dicho  ? 
D.  Ju.    Nos  saludó  y  siguió  al  trote. 
Bic.        ¡  Voy  1      ( sale  corriendo ) 
D.  Ju.  ¿  Está  loco  ese  chico  ? 

Eap.       Tal  vez  Carlos  se  olvidase 

de  algún  encargo  precioso 

Aqui  vienen  las  señoras. 

ESCENA  XVII. 

DICHOS  y  DOLORES  y  D.«  ISABEL. 


Dolor. 

1  Oh  t  ¡  Nuestros  buenos  amigos  1 

D.  Jü 

Buenas  noches. 

ISAB. 

¡  Rafael , 
en  todo  el  dia  le  he  visto ! 

Baf. 

Aqui  he  estado. 

ISAB. 

Yo  allá  dentro 
con  mi  nieta 

D.    Jü. 

Los  mimitot 
de  los  abuelos ; ;  caramba  t 
1  Si  tuviera  un  nietecillo ! 

Raf. 

¿  Hay  hijas  ya  casaderas  ? 

D.  Jü. 

Una  sola  hemos  tenido. 

Dolor. 

Y  deseo  conocerla. 

D.  Jü. 

No  vendrá ,  porque  la  envió 
á  viajar  con  su  madre. 

Raf. 

¿Y  V.  se  queda? 

D.   Jü. 

Preciso ; 
mis  negocios  no  me  dejan 
ir  con  ellas ,  y  afligido 
me  quedo ,  créanlo  ustedes , 
porque  mis  placeres  cifro 
en  sentarme  junto  á  ella 
y  que  me  lea  algún  libro , 
que  muchas  veces  no  entiendo^ 
porque  estoy  entontecido, 
sin  pensar  mas  que  en  mirarla^ 
sin  ver  mas  que  sus  hechizos. 

Dolor. 

Entonces  ese  viaje 

j 
j 

—  60  — 


D.  Ju. 

El  diablo  lo  ha  querido. 

Ibab. 

¿Lo  motiva  algún  pesar? 

D.  Jü. 

No  es  muy  alegre  el  motivo. 

Mas ,  lo  teugo  por  su  bien. 

Raf. 

;  Ah  I  1  Ya  caigo  !  Habrá  amoríos 

D.  Jü. 

Algo  hay  de  eso,  general ; 

me  la  ronda  un  lechuguino, 

comerciante  del  amor. 

que  pretende  hacerse  rico 

vendiendo  palabras  tiernas, 

juramentos  y  suspiros. 

( Dolores  permanece  muy  tnste  durante  esta  parla 

mentos, ) 

ISAB. 

( 1  Ay  1 1  El  retrato  de  Carlos ! ) 

D.    Jü. 

Ta  yo  hubiera  concluido 

ese  negocio,  á  mi  modo ; 

pero  mi  esposa  me  dijo. 

y  no  le  falta  razón , 

que  era  mas  fácil  camino 

poner  leguas  de  por  medio. 

ISAB. 

Una  ausencia ,  amigo  mío, 

suele  también,  no  lo  dude, 

apresurar  el  peligro. 

Dolor. 

iMamá,  por  DíosI  {Bajo.) 

ISAB. 

Sobre  todo, 

si  V.  quiere  estar  tranquilo, 

ino  se  quede  V.,  ü.  Juanl 

Como  amiga  se  lo  aviso, 

que  vence  á  una  pobre  madrt 

la  trama  de  un  libertino 

D.Jo. 

¡No  lo  echaré  en  saco  roto! 

Raf. 

Sefiora,  yo  la  suplico 

que  dejemos  esas  cosas. 

D.  Jü. 

Si,  vamos  á  hablar.  .  del  Circo 

de  los  caballos...  jCarambal 

¡Cómo  me  gustan  los  brincos 

que  dan  aquellas  muchachas! 

¡Eh!  ¿general?...  iQué  prodigio! 

Raf. 

Me  gusta  poco  el  talento 

en  los  pies,  amigo  mío 

„  « 

Dolores,  sí  V,  qnisiera 

tocar  un  poco... 

-  61  — 

D.  Jü.  Preciso: 

¿no  ha  de  querer,  si  es  taa  buena? 
BoLOR.    No  me  siento  bien. 
Raf.  No  insisto. 

IsAB.       Si,  Dolores,  toca  un  poco. 
D.  Ja.     Y.  me  tiene  ofrecido 

olvidar  sus  aflicciones. 
Dolor.    Es  verdad. 
D.  Ju.  Pues  on  ratito 

de  música,  vamos,  vamos. 

[Se  ürigm  todo»  á  la  fmeft^dé  la  ÍM'fuiéf áspero  Do- 
lores ve  entrar  á  Ricardo  y  «a  á  ««  mmifintro:  los 
demás  entran.) 

Dolor.    ¿Y  Carlos? 

Ríe.  De  aqni  ha  salido, 

y  no  he  podido  encontrarle. 
Dolor.    ¿Dónde  estará? 
Ríe.  No  adivino... 

Dolor     Si  vuelve,  dígale  Y. 

que  quiero  verle  ahora  mismo. 
RiG.       Bien:  se  lo  diré,  Dolores. 
Dolor.    No  lo  olvide,  amigo  mío.  (Entra.) 

ESCENA  XVlil. 

RICARDO. 

RiCAR.     ¡El  corazón  se  me  parto 
al  mirarla!  ¡Pobrecilla! 
¡La  miseria  y  deshonor 
premios  de  su  idolafríal 
llnfelízl  |Tan  confiadal 
De  aquí  se  marchó  tranquila 
creyendo  que  su  marido 
sus  deberes  cumpliría. 
lY  él  mientras  tanto  en  un  naipe, 
la  honra  de  su  familia 
depositará,  riendo 
cuando  la  vea  perdida! 
( Aparece  Carlos  ,  con  ilsetnbkmte  demuiaió  a  caida  la 


eabexú  sobra  elpecho,) 


•  •••  • 

•  •  w  •  • 

•  •  •  •  • 


—  62  — 

|A.llí  viene!...  Dios  piadoso!.. . 
Es  segura  su  ruina. 

( ün  instante  de  pausa  mientras  Carlos  baja  lentamente 
á  la  escena.) 


ESCENA  XIX. 

CARLOS  y  RICARDO. 


Ríe. 

Di,  Carlos,  ¿de  dónde  vienes?  {Con  timidez.) 

Car. 

De  j  ugar .  (Secamente . ) 

Ríe. 

¿Y  perderías? 

Car. 

Si;  todo  lo  que  llevaba. 

Ríe. 

¡Carlos!  ¿Qué  has  hecho? 

Car. 

Quería 

desquitarme,  y  he  perdido. 

Ríe. 

¿Ya,  qué  te  queda?  (Con  amargura.) 

Car. 

(Mi  vida; 

la  jugaré  en  un  albur 

que  es  seguro...) 

Ríe. 

(iMe  horroriza 

esa  calma!...) 

(Se  oyen  melancólicos  sonidos  en  el  piano.) 

«Car. 

Di,  ¿qué  es  eso? 

Ríe. 

Es  Dolores. 

Car. 

(Despedidas 

parece  que  esté  tocando!... 

Pues  voy  á  darle  la  mia.) 

(Entra  precipitadamente  en  la  puerta  de  la  derecha 

y  cierra.} 

Ríe. 

¡Carlos!  Di,  ¿qué  vasa  hacer? 

iHa  cerrado!...  ¡Virgen  mía!... 

¡Carlos!...  ¡Carlos!...  No  le  veo... 

(Mirando  por  la  cerradura.) 

¡Y  esta  puerta!  ¡Ah!  una  silla!  (Mirando.) 

¡Sobre  ella  pone  los  píésl... 

¡Oye,  Carlos!  ¿Qué  meditas? 

¡Piensa  un  instante  en  Dolores! 

(Cesan  los  sonidos  del  piano.) 

^  ¡Piensa,  Carlos,  en  tu  hijal... 

»-^«"^-  ^ 

¡Carlos!  ¡Carlos!  ¡Piensa  en  Dios   (con  grito  amargo) 

-  «3  — 

qoe  condena  al  SQícidal... 
[Empujando.)  La paerta  está  mal  cerrada!... 
Tal  vez  con  faerza  consiga... 
( Hace  esfuerzos  por  abrir  la  puerta  que  va  cediendo 
lentamente.  Entran  Dolores  y  todos  los  demás.) 

ESCENA  XX. 

DOLORES,  D.*  ISABEL,  D.  JUAN,  RAFAEL,  RICARDO. 


DOLOm. 

Ríe. 

Dolor. 

Ríe. 

Dolor. 

Ríe. 

Dolor. 

Ríe. 

Dolor. 

Ríe. 
Dolor. 


ISAB. 

D.  Jü. 

ISAB. 

Raf. 

ISAB. 


Dolor. 
Isab. 
Raf. 
Dolor. 


¿Qaé  hace  V.?  (A  Ricardo.) 

lüolores!...  Nada... 
¿Y  Carlos? 

To  no  lo  sé. 
Quizá  en  sn  cuarto...  veré...  (Se  dirige á  él , 
Está  la  puerta  cerrada. 
¡Cerrada  I...  (En  aceton  de  abrirla.) 

¡Por  Dios,  señoresl 
iNo  permitan  que  aquí  venga! 
Nadie  habrá  que  me  detenga. 

[Se  dirige  á  la  puerta  y  empuja  con  fuerza. 
lEsta  es  su  tumba,  Dolores! 
¡Su  tumba!  i  Ahí 

(Gran  grito  y  cae  en  brazos  de  Rafael.  La  puerta 
se  abre.) 

iCielo  santo! 
¡Qué  horror!  ¡Dios  mió!  iQué  horror! 

(Mirando  al  cuarto.) 
¿La  habrá  muerto  su  dolor? 
No,  que  ya  veo  su  llanto. 
{Dolores!...  iVen,  hijamia!... 
¡Dolores  se  desprende  de  los  brazos  de  Rafael,  y  des- 
atentada y  tropezando  se  dirige,  poniendo  las  manos 
por  delante,  hacia  el  lado  opuesto  de  donde  vio  á 
Carlos  muerto.) 
¡Luces !  ¡  Luces  !....  ¿Dónde  está  ? 
¿  Luces  ? 

¡  Dios  mió!....  ¿Será? 
¡Quiero  verle!....  ¡  Qué  agonia  I.... 
¿  Porqué  la  luz  apagaron  ?     ( restregándose  (o«  ojos ) 
¡  Jesús  !  ¡  Y  qué  horrible  velo ! 


•  **• 


—  «4  — 

Raf.        1  Está  ciega  1    ( griio  amargo ) 
Dolor.  i  Ciega !  { Cielo ! 

(Cae  en  brazos  ds  Ráf&el) 
Raí.       i  Ta  mis  temores  llegaron  1 

1 Y  Dios  en  su  omnipotencia  , 
para  cumplir  su  jaicio , 
alli  ha  castigado  ^1  vicio , 
y  aquí  la  desobediencia ! 


FIN  WL  DBAMA. 


Habiendo  examinado  este  drama,  no  hallo  in- 
conveniente en  que  su  representación  sea  auto- 
rizada. 

Madrid  20  de  mayo  de  1862.— El  censor  de 
teatros. — Antonio  Ferrer  del  Rio. 


s 


^  X  ^ 


'>^y<£^  ¿;>^    ¿í^ 


M   Q 


DE  SOPETÓN. 


» » 


'   I  * 


mEm.  w 


^«*-^  T»*».    -.í».->-. 


** 

C 


'■V 


'<■«._.,. 


.  \ 


MANUEL  QUEÍRO 


jr 


Q 


DE  SOPETÓN 


JUGUSTB 


EN  DN  ACTO  Y  EN  PROSA 


ORIGINAL    DE 


RICARDO  REVENGA. 


£ftf  eoado  con  éxito  en  el  Teatro  LARA  el  JaoTes  20  de  Octubre  de  1M7» 


% 


'^o 


M  Q 


MADRID. 

SkCPBBNTA  DB    JOSB  RODRICKTBZ. 

MoiAa,  100,  priiuipal. 
'     1887. 


r 

■  k 

f         ' 


PERSONAJES. 


ACTORES. 


MERCEDES \\...  S¿ía.  D.*  Matilde  Rodríguez. 

JOAQUINA N.  Sanz  Sevilla. 

RAFAEL.' Sres.  D.  José  Rubio. 

DON  TERENCIO N.  Díaz. 


Esta  obra  es  propiedad  de  sa  autor,  y  nadie  podrá,  sin  su  per- 
miao,  reimprimirla  ni  representarla  en  España  ni  en  sus  posesiones  de 
Ultramar,  ni  en  los  países  con  los  cuales  haya  celebrados  ó  se  cele- 
bren en  adelante  tratados  internacionales  de   propiedad  literaria. 

El   autor   se  reserva*  el   derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Administración  Lírica-Dramitica  de  DON 
EDUARDO  HIDALGO,  son  los  encarg-ados  exclusivamente  de  conceder 
ó  negar  el  permiso  de  representación  y  del  cobro  de  los  derechos  de 
propiedad. 

Queda  Hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


■s 


ACTO  ÚNICO.  %. 


Gabinete  tocador  de  una  señora.  Á  la  derecha  un  balcón;  á  la  Izquierda 
puerta  que  se  supone  ser  do  ana  alcoba.  Paerta  al  foro.  Sillas,  aillo- 
nes,  un  tocador,  un  velador  con  servicio  de  té,  un  qainqa¿  encen- 
dido. Es  .de  noche. 

^l  levantarse  el  telón  aparece  Joaquina  sentada   en  an  sillón    y 
darnoiendo.  Transcurrido  on  breve  momento  sonari  un  campanillo* 


ESCENA  PRIMERA. 

JOAQUINA. 

JoAQ.       Calle,  mo  he  dormido,  no  tiene  nada  de  particular^ 
ya  debe  ser  rnuy  tarde;  y  los  señores  sin  venir,  (suena 

un  campaniiiaio.)  GraCÍaS  á  DioS,  ya  están  ahi.  (Sale  ne- 
vándose el  quinqué  y  dejando  á  oscuras  la  escena •) 

ESCENA  II. 

JOAQtJINA  y  RAFAEL. 

Oyese  ruido  de  voces  como  si  disputar». 

JoAQ.      '  Le  digo  á  usted  que  no  puedo,  estas  no  son  horas  do 

recibir. 
Rafael.  Todas  las  horas  íon  santas  y  buenas  para  recibir 


—  6  — 

cuarenta  reales.  (Dincosoios.) 

JoAQ.  Para  eso  si  señor,  (Tomándolos.)  pero  yo  no  puedo  con- 
sentir... Yo  no  le  conozco  á  usted;  no  sé  si  es... 

Rafael.  ¿Un-  ladrón?  No  debe  serio  quien  se  presenta  con  se- 
mejantes tarjetas;  y  además,  por  ventura,  digo,  no; 
por  desventura,  ¿tengo  yo  cara  de  ladrón? 

JoAQ*  No  digo  eso;  pero  veamos  qué  pretende  usted  en  esta 
casa  y  á  hora  tan  intempestiva. 

Rafael.  ¿Qué  pretendo?  ¡Ahí  joven  simpática;  busco  la  paz 
del  corazón,  la  felicidad! 

JoAQ.      ¿Aqiií  busca  usted  eso? 

Rafael.  Y  lo  encontraré.  Yo  diré  á  tu  señora... 

JoAQ.  Usted  dirá  lo  que  quiera,  y  ella  le  pondrá  de  patitas  en 
la  calle,  como  hago  yo;  advirtióndole  que  si  no  se  mar- 
cha alboroto  y  chillo,  y... 

Rafael.  Tranquilízate  niña.  Promete  ayudarme  y  te  lo  re- 
feriré todo.  Has  de  sabor  amabilísima  y  graciosa 
María.  ¿Te  llamas  María? 

ioAQ.       No  señor,  Joaquina. 

Rafael.  Es  igual.  Has  de  saber,  repito,  amabilísima  Joaquina, 
qu&  la  felicidad  de  tu  señora  depende  de  que  yo  hable 
con  ella  esta  misma  noche.  ¿No  se  casa  mañana? 

JoAQ.     •  Sí,  señor,  pero... 

Rafael.  Yo  vengo  á  impedir  ese  matrimonio. 

JoAQ.       ¡Pues  vaya  una  gracia!  y  á  usted  quién  le  mete... 

Rafael.  Mucho  deseas  saber.  Bastan  esos  cuarenta  reales 
para  que  me  permitas  esp'^rar  la  llegada  de  tu  señora 
escondido  en  cualquier  parte? 

JoAQ.       No,  señor,  ni  mucho  menos. 

Rafael.  Pero  sí  algo  más.  Ahí  Tan  cien  reales.  (Dándoselos.) 

JOAQ.         Tampoco  bastan.  (Tomándolos.) 

Rafael.  ¡Joaquinal  ¡Joaquina!  Eres  insobornable,  pero  te  guar- 
das mi  dinero.  ¿Qué  es  preciso  hacer  para  ablandarte? 
JoAQ.       Marcharse. 
Rafael.   Quedándote  con  mis  siete  duros.  No  me  marcho,  (s© 

ftionta.) 

;  JoAQ.       Considere  usted  que  me  compromete. 


A7 


\ 


TUfásu 


iOAQ. 

Rafael. 

JOAQ. 

Rafael. 

JOAQ. 

Rafael. 

JOAQ. 


—  7  — 

¡Oh!  qmé  idea  tan  feliz!  Juro  no  comprometerte;  me 
esconderé  en  el  balcón  y  diré  que  he  saltado  desde 
el  de  la  casa  próxima*  Están  muy  juntos  y  fácil- 
mente... 
Ni  aún  así. 
|Gómo!  ¿ni  saltando? 

NOy  señor,  ó  se  vá.  usted  ó  pido  socorro.  (SaMs  na  mb- 
puiíiaxo.)  ¡Ayl  ¡Ya  están  ahí! 
Lo  ves,  ya  no  hay  tiempo.  La  Providencia  quiere  que 
salve  á  tu  señora. 

{Estoy  perdida,  qué  va  á  ser  de  mí!  Escóndase  usted, 
por  Díosy  y  no  diga  que  yo... 

Soy  mudo.  (Se  esconde  en  el  beleón.) 

¡Qué  compromiso.  Dios  iníol  Estoy  temblando,  (saie.) 


ESCENA  III. 

JOAQUINA,  MERCEDES  y  D.  TERENCIO. 

Terenc.  ¿Cómo  has  tardado  tanto  en  abrir? 

JoAQ.       Me  había  dormido,  señor. 

Terenc.  Está  bien;  retírate. 

JoAQ.       ¿La  señora  quiere  que  la  ayude  á  desnudarse? 

Merc.      No,  me  desnudaré  sola.  Vé  á  descansar,  que  bien  lo 

necesitas. 

Por  eso  no  se  prive  la  señorita  de  mis  servicios. 


JOAQ. 

Merc. 

JOAQ» 


Gracias.  Retírate  te  digo. 


(¡Jesús,  Jesús!  ¡qué  vá  á  pasar  aquí!)  (VMe.) 

ESCENA  IV. 

MERCEDES  v  D.  TERENCIO. 


Tere^<^«  ^^  cuatro  y  media,  poco  tiempo  nos  queda  para  des- 
cansar... Á  las  cinco  tienes  que  estar  dispuesta  para 
que  lleguemos  á  San  Luís  á  las  seis.  Qué  cariño  tengo 
á  la  iglesia  de  San  Luis.  Allí  me  he  casado  tros  veces; 
y  tú  ya  vas  con  la  segunda,  y  quiera  Dios  que  no  sea 
la  última. 


—  8  — 

« 

Merc.  ¿Tío,  qué  dice  usted?  pieasa  usted  ya  en  que  se  mue- 
ra Isodoro. 

Tbrenc.  No,  pero  no  quiero  verle  viudo;  y  no  le  veré:  en 
nuesta  familia  los  matrimonios  han  tenido  siempre  un 
término  feliz.  ¡Pero  me  parece  que  no  estás  todo  lo  ale- 
gre que  debías!  ¿Aicaso  no  te  satisface  tu  matrimonio 
con  Isidoro?  Es  un  buen  muchacho,  un  poco  así...  ¿Có- 
mo diré? 

Mero.  ¡Tonta,  y  además  tan  inexpresivo!  ¡Parece  que  siem- 
pre esta  durmiendo! 

Tere;«c.  No  sólo  lo  parece,  sino  que  se  duerme  efectivamen- 
te. Esta  misma  noche  en  el  baile  he  tenido  que  des- 
pertarle. 

Merc.  No  es  un  marido  lo  qiie  me  ha  proporcionado  usted,  es 
una  marmota. 

Terenc.  ¿y  de  eso  te  quejan?  Las  marmotas  se  dice  que  duer- 
men durante  seis  meses  del  año.  Esto  te  asegura  un 
semestre  feliz. 

Merc.      ¿Cuál,  tío? 

Terenc.  Ese;  el  que  duerme  no  molesta.   ' 

Merc      Puede  usted  creer  que  si  me  caso,  es  únicamente  por 
•  complacer  á  usted.  Isidoro  es  tan  superficial,  tan  po- 
quita cosa;  es  un  cero. 

Terenc.  Pónle  á  tu  derecha  y  valdrá  diez.  Tú  harás  de  él  man- 
gas y  capirotes,  ¿qué  más  puedes  pedir?  Un  marido  así 
es  una  ganguita,  y  yo  te  lo  he  buscado,  ingratona. 
¡Ah!  y  se  me  olddaba  la  mejor  condición  que  tiene;  os 
tan-  enclenque  y  tan  flacucho,  que  con  razón  espero 
que  no  será  tu  último  marido. 

Merc      ¿Pero  tío,  qué  teorías;  está  usted  en  su  juicio? 

Terenc  Ya  lo  creo,  y  en  mis  glorias,  viendo  que  las  gentes  se 
casan.  Yo  soy  así,  muy  belicoso;  gozo  viendo  luchas 
intestinas. 

Merc  ¡Pero  eso  es  cruel!  Yo  debía  demostrar  carácter;  ca- 
sarse sin  amor... 

Terenc  ¡Déjate  de  tonterías  y  además  ya  no  es  tiempo  de  re- 
troceder. ¡Animo!  A  la  tercera  ya  la  vencida,  el  otro 


o 


—  9  — 

será  mejor.  Conque    (La^tiiUndoie  y  didgiéodoM  hteia  la 

puerta.)  ten  esperanzas  y  buenas  noches. 
lÍEitc*      ¿Dfgame  usted  tío;  hace  algún  tiempo  no  le  pidieron» 

á  usted  mi  mano? 
Terenc.  ¡Naturalmente,  Isidoro! 
Mbrc.      No  me  refiero  á  él,  sino... 
Terenc.  Ah,  si.  Un  perdido,  un  cualquiera. 
I^Ierc.      Nunca  quiso  usted  decirme  su  nombre. - 
Tebeng.  Ni  te  interesa. 
Merc.      Sin  embargo;  la  curiosidad... 
Terenc  Es  hermosa  condición    cuando   signiílca   limpieza, 

pero... 
Merc,      Sea  usted  amable. 
Terenc.  ¡Qué  empeño!  en  fío,  te  complaceré  para  que  me  dejes 

ir  á  descansar.  Piedi ahila,  ese  comicuclio  calaverón 

tuvo  el  atrevimiento  de... 
llERC.      ¡Pedrahita! 
Terenc.  Si,  un  hombre  como  una  piedra  que  hubiera  hecho 

imposible  tu  tercer  matrimonio.  Ya  estás  satisfecha,  á 

dormir  y  mañana  á  las  cinco... 
Merc.      Buenas  noches,  tío. 
Terenc.  Hasta  mañana,  digo,  hasta  luego,  (váse.)  . 

ESCRNA  V. 

MERCEDES  qaítáadose   las  flores  de  la   cabeza  y  poniéndose  sobra  «I 

vestido  un  peinador. 

Merc  ¡Qué  particular  os  mi  tío  y  cuáo  débil  soy  yo!  ¿Por  qué 
consentiré  en  casarme  con  Jsidoríto  de  mis  pecados? 
No  le  amo,  es  verdad;  pero  también  lo  es  que  no  amo 
á  nadie,  lo  cual  ya  es  una  ventaja  para  é!  que  dentro 
de  pocas  horas  tendrá  dereclu)  á  llamarme  suya... 
¿Cómo  será  esej  Pedrahita?  Dicen  que  es  hombre  de 
talento  y  que  tiene  gran  partido  entre  las  mujeres.  So- 
lo por  esto  quisiera  haberle  conocido;  pero  ya  es  tar- 
de. Mañana  no  tendré  ni  aún  el  derecho  de  alimentar 


—  iO  — 

este  deseo.  (Saenan  los  eristales  del  balcón.)  ;Ay¡  ¿qué  ruí- 

do  es  ese?  El  balcóa  que  está  abierto.  Joaquina  se  ha 
olvidado  de  cerrarlo.  ¡Qué  frío!  (Se  diñge  á  cerrar  el 

balcón.) 

ESCENA  VI. 

MERCEDES  y  RAFaEL. 

Merc.      ¡Ay!  ¡Ladrones!  ¡Socorro!  ¡Soco 

Rafael.  ¡No  grite  usted,  seuora,  po.r  favor!  (Rafael  aparece  sin 

sombrero  ni  gabán,  sucio  y  descompuesto  el  traje  como  si  habie» 
ra  escalado  el  balcón.) 
Merc.        ¡Socorro!  ¡SO^O...  ¡ah!  (Cae  desvanecida  en  un  sillón  ) 

Rafabil.  Buena  entrada.  ¡Señora!  ¡señora!  No  vuelve  en  sí.  ¿Qué 
la  daría  yo?  Aquí...  en  el  tocador.  Opoponax,  Heno, 
Vinagrillo...  Con  esto  la  rociaré.  (Hace  lo  que  dice.)  Ya 
vuelven  las  rosas  á  su  cara.  ¡Qué  linda  es! 

Merc.      ¡Ay! 

Rafael.  Nada  tema  usted.  Tranquilícese,  señora.  ConQeso  que 
la  manera  de  entrar  es  un  poco  rara,  pero  deseche  us- 
ted el  miedo,  soy  inofensivo,  una  palomita  sin  hiél, 
.  créalo  usted... 

Mero.  ¡No  puedo!  ¡no  puedo!  ¡Estoy  temblando.  ¿Quíe'n  me 
'   asegura  que  no  es  usted?... 

Rafael.  Un  desgraciado,  señora.  Un  desgraciado  que  ha  tenido 
la  desventura  de  que  un  mando  llegara  inoportuna- 
mente. Si  como  un  atrevido  gimnasta  no  salto  á  esc 
balcón,  precioso  asilo  para  mí,  el  honor  de  una  señora 
se  hubiera  perdido  y  yo  quizá  no  tendría  alguna  cos- 
tilla sana. 

Mero.      Esa  aventura... 

Rafael.  Yo  no  he  sido,  yo  no  lie  sido.  ¡Soy  inocente!  Una  víc- 
tima de  la  amistad  y  de... 

Merc.      Pero... 

Rafael.  ¡Chist!  ¡Gállese  usted!  (se  acerca  ai  balcón.)  ¡Gracias  á 

Dios!  (Dejándose  caer  en  un  sillón  ) 


—  n  - 

Merc.      ¡Caballerol  ¿se  sienta  usted? 

Rafael.  ¡Me  ahogo,  señora,  me  ahogo!  (Ahora  creo  que  me 

tocaba  á  mí  desmayarme.) 
Merc.      Aquí  no  puede  usted  permanecer  un  instante  más. 
Rafael.  Es  verdad;  pero  permita  usted  que  tome  alientos.  ¡Ha 

sido  tan  grande  mi  susto! 
Merc.     Le  ruego  á  usted  que  cuanto  antes  se  tranquilice,  y 

sobre  todo,  que... 
Rafael.  ¿Que  me  vaya?  Al  punto,  pero  no  sin  pedir  á  usted 

mil  perdones,  excusar  una  y  cien  veces  mi  conducta 

y  rogar  á  usted  que  crea  que  siento  eu  el  alma.^. 
Mero.     Está  bien,  caballero,  apresúrese  usted. 
Rafael.  ¿Pero  no  me  perdona  usted?  ¿ni  siquiera  me  dice  que 

me  compadece? 
Merc      Si,  si,  todo  lo  que  usted  quiera;  le  perdono  y... 
Rafael.  ¡Ah!  Entonces,  ya  será  usted  tan  amable  que' me  con* 

sienta  que  arregle  un  poco  mi  traje  antes  de  salir,  (ai 

deciV  esto  eog^e  aa  MpUlo,  se  eepilli  mlriodose  ai  espejo  y   se 

arreg^u  la  corbata.)  ¡Y  ahora  que  caigo!  He  perdido  mi 
sombrero.  ¿Cómo  voy  á  salir  sin  él?  ¿No  tiene  usted 
ninguno  que  prestarme?  Cualquiera,  una  cachucha, 
una  gorrilla. 

Merc      ¿Se  está  usted  burlando? 

Rafael.  De  ningún  modo.  ¡Burlarme  yo  que  soy  el  hombre 
más  galante  del  mundo,  de  una  señora  tan  distingui- 
da y  tan  hermosa!  Porque  usted  es  muy  distinguida, 
y  sobre  todo  muy  hermosa. 

Merc  (¡Pues  no  me  echa  flores!  Este  hombre  está  loco,  y 
es  lástima,  tiene  distinción  y  es  guapo.)  ¿Concluye 

usted?  (Coa  irooía.) 

Rafael*  En  seguidita.  Un  instante  más  y  me  pone  usted  de  pa- 
titas en  la  calle.  '  •  ,        ^ 

Merc      Y  una  vez  en  ella,  espero...    ' 

Rafael.  ¡Ah!  Puede  usted  contar  con  mi  discreción. 

Merc.      Es  una  suerte  para  m!. 

Rafael.  ¡Ea!  Ya  estoy.  ¡Hola!  ¿Parece  que  ha  estado  usted  de 
baile?  Elegantísimo  traje,  precioso  color,  muy  chic. 


O 


—  l!íí  — 

¡Bonito!  ¡boQÍtísimo! 
Merc.      Espero  á  usted,  caballero. 
Rafael.  Crea  usted  que  si  hubiera  podido  encontrar  otra  sa- 

lida... 
Merc.      Abusa  usted  de  mi  paciencia. 

Rafael.    ¡Señora!  (Saludando  y  dlrlgiéndogo  hacia  la  paerta.  Antes  d» 
llegar  á  ella  suenan  dos  g^olpet.) 

Merc.      ¡Ay,  Dios  mío! 

ESCENA  VII. 

DICHOS  y  D.  TERENCIO  desde    fuera. 

Terenc.  ¡Mercedes!  ¡Mercedes!  ¿Estás  visible? 

Merc      No,  tio;  ¿qué  quiere  usted? 

Terekc.  Acabo  de  leer  en  La  Correspondencia  que  anoche 

hubo  un  robo  en  esta  calle.  Ten  cuidado  y  echa  el 

pestillo. 
Merc.      Sí»  tío. 

Terenc  Para  mayor  seguridad  te  encierro  con  llave,  (cierra.) 
Merc      ¡Cielos! 

Rafael.  ¡Nos  encerró!  (Me  alegro.) 
Terenc  Si  necesitas  algo,  llama.  ¡Buenas  nochesl 

ESCENA  VIH. 

MERCEDES  y  RAFAEL. 

Merc      No,  esto  es  imposible.  ¡Tío!  ¡tío! 

Rafael.  ¡Por  favor,  no  le  llame  usted!  Va  en  ello  el  honor  de 

una  señora. 
Mkrc  ,  ¿Y  el  mío,  caballero? 
Rafael.  Bueno;  será  el  honor  de  dos  señoras. 
Merc      Poro  es  que  usted  ^o  puede  permanecer... 
Rafael.  Lo  que  es  por  poder,  sí  sóñofa.  Pero  en  fin,  dígame 

usted  una  salida  y... 
Merc      Si  no  la  hay. 


—  15  — 

Rafabl.  Entonces,  ¡qué  remedio!  Esperaremos  á  que  llegue 
el  día. 

Merc.      Pero  si  me  caso  á  las  seis. 

Rafael.  ¿Y  eso  qué  importa  para  que  llegue  el  día?  Daráa  las 
seis  y  usted  se  casará.  ]Qué  desgracia!  Y  yo  á  l;m 
seis  menos  cuarto  me  esconderé  en  cualquier  parte. 
Poco  sitio  me  basta;  sé  hacerme  el  chiquito. 

Merc.      ¿Pero  hasta  entonces? 

Kafael»  Hasta  entonces,  figúrese  usted  que  hago  una  visita. 
Me  invita  usted  á  que  tome  asiento.  Yo  lo  tomo,  (se 
sienta.^  y  para  distraerla,  refiero  anécdotas,  historie- 
tas, chismes  del  gran  mundo. 

Merc.       No  estoy  para  chismes  ni  cuentos. 

Rafael.  Bueno;  pues  no  se* los  refiero  á  usted.  Quiere  usted 
que  recite  versos: 

Una  tarde  de  verano, 
cuando  pájaros  y  flores... 

Merc.      ¡Jesús!  Hágame  usted  el  favor  de  callar. 

Rafael.  ¿Tampoco  le  gustan  á  usted  los  versos?  ¡A,h!  vamos, 
quiero  usted  que  esta  visita  tenga  el  corte  habitual, 
que  hablemos  del  tiempo.  ¡Pero  ha  visto  usted  qué 
tiempo  tan  frío,  y  esto  no  es  natural!  ¡Qué  viento!  ¡qué 
lluvias! 
y  Merc.  ¡Qué  chaparrón  es  usted!  Me  ha  puesto  usted  nervio- 
sa. ¿Quiere  lísted  decirme  qué  necesidad  tenía  yo  de 
verme  en  este  compromiso? 

Rafael.  Ninguna,  señora,  ninguna. 

Merc      Confiese  usted-.. 

Rafael.  Confieso  y  comulgo  con  lo  que  usted  desee. 

Merc.  ¡Verme  á  estas  horas,  y  la  víspera  de  mi  matrimonio, 
^encer^ada  con  un  desconocido! 

Rafael.  ¡Oh,  señora!  perdón,  perdón  mil  veces,  por  un  olvido 
que  al  punto  voy  á  subsaoar.  Tengo  el  gusto  de  pre- 
sentar á  usted  á  mi  más  querido  anfigo  Rafael  Pie. 
*  drahita. 

Merc      ¡Piedrahita!  ¿Usted  es?... 

Rafael.  Piedrahita,  sí,  señora,  actor  eminente,  según  dicen. 


^o 


-  14  — 

¿Quiere  usted  que  h  recite  alguna  escena  de  mi  reper- 
torio? ¿Desea  usted  que  cante?  ¿En  español  ó  en  fran^ 

^        C^S?  (Canta.)  ^^  , , „^,^„,^„ .„  ty 

YÍt        \  Je  venáis  adentre  dans  ta  charntre,  \    hf/ 

í/l  íl     1  Minuit  finissait  de  sonner.  Lní  V 

Merc.      MejorTiubiera áido  que  noüübíese  usted  entrado. 

Rafael.  Para  usted,  sí,  y  también  para  mi,  que  saldré  impre»^ 
sionado  por  su  belleza  y...  ¿Por  qué  se  casa  usted^ 
señora? 

Merc.      ¿Y  á  usted  qué  le  importa? 

Rafael.  ¡Es  verdad;  pero  qué  lástima,  tan  joyet),  tan  hermosa 
y  viudal  Porque  usted  debe  serlo,  ¿verdad?^ 

Merc.      Sí,  señor. 

Rafael.  Entonces  para  qué  repetir.  La  viudez  es  el  apogeo  de 
la  gloria.  ¡Una  viuda,  es  una  capitana  generala! 

Merc      Sin  embargo,  un  marido... 

Rafael.  Es  un  trasto  incómodo,  cuando  no  se  le  ama,  y  usted 
no  debe  amar  al  quQ  lo  va  á  ser  suyo. 

Mero.      Esa  suposición... 

Rafael.  No  es  suposición,  es  seguridad.  El  mundo  anda  tan 
revuelto,  que  los  matrimonios  sin  amor  son  muy  fre- 
cuentes. Por  eso  no  me  caso  yo.  Hace  poco  pensé  ha<- 
cerlo.  Un  amigo  pidió  en  mí  nombre  la  mano  de  cier-^ 
'  tK  deliciosa  viuda;  pero  su  tío,  siempre  ha  de  haber 
un  tío  por  medio,  me  la  negó. 

Merc      ¿Y  por  qué? 

Rafael.  Porque  soy  cómico,  porque  soy  un  artista.  ¿Pero  qué 
saben  los  tíos  de  arte,  ni  de  nada? 

Merc  Quizá  no  fuera  esa  la  razón.  Si  lleva  usted  una  vida 
de  aventuras,  como  la  que  aquí  le  ha  traído. 

Rafael.  ¡Oh,  no^  señora,  no!  Sólo  el  arte  me  ha  dejado  soltero. 
¡Compadézcame  usted,  señora!...  ¡Yo  amaba  y  amo  á 
esa  colega  de  usted  en  viudez  con  toda  el  alma,  con!. .. 

Merc      Y  diga  usted,  ¿esa  señora  se  llama?... 


—  15  — 

ESCENA  VIII. 

DICHOS  T  D.  TERENCIO,  dtob*. 

Tereng.  ¡MercedesI  ¡Mercedes! 

Merc.      ¡Otra  vez  mi  tíol 

Rafael.  ¿Pero  ese  señor  es  sonámbido? 

TiaENG.  Veo  luz  en  tu  cuarto.  ¿Por  qué  no  has  apagado?  ¿Estás 

ya  acostada? 
MsRC.      Si,  señor;  pero  estoy  leyendo. 
Tereuc.  ¡Qué  imprudencial  Vas  á  prender  fuego  á  las  corti-» 

nillas. 
Rafael.  (Excelente  idea.) 
Terenc.  Si  no  apagas  en  seguida,  voy  yo  mismo. 
Merc.      Pero  tío... 

Rafael.  (Apagando  uius.)  Nada  tema  usted,  señora. 
Merc.      ¡Ah!  ¿Qué  ha  hecho  usted? 
Rafael.  Es  preciso  no  contrariarle. 
Tererc.  Yaya,  muchas  gracias.  Duérmete  y  descansa. 

ESCENA  IX. 

MERCEDES  y  RAFAEL. 

Merc.      ¡Dios  mío,  qué  noche!  Yo  asi  no  puedo  estar. 

Rafael.  Pues  yo  empiezo  á  acostumbrarme  á  las  sombras. 

Merc.      ¡Oh,  caballerol  ¡Sálveme  usted!  ¡Váyasel 

Rafael.  ¿Pero  á  dónde? 

Merc.      Al  balcón. 

Rafael.  Señora,  sea  usted  caritativa.  La  mañana  es  muy  fría 
y  sin  sombrero,  y  muy  constipado. 

Merc.      Entonces,  ¿qué  hacer?  Así  no  podemos  seguir. 

Rafael.  ¿Por  qué?  Una  luz  apagada  no  estrecha  las  distancias. 
Yo  soy  todo  un  caballero  con  luz  ó  á  oscuras,*y  para 
probarlo  voy  á  colocarme  lejos,  en  el  otro  extremo  de 

la  habitación,  (caminando  á  tiaatas  tropiesa  con  •!  velador  y 
romp»  una  tasa.) 


í 


—  16  — 

Merc.      i\y,  Dios  mío!  ¿Qué  es  eso? 
Rafael.  Nada,  oada;  una  taza  rotd. 
Merc.    ¡Mi  servicio  de  té!  ¡Uu  regalo  de  mi  marido! 
Rafael.  Lo  reemplazaré,  señora;  ao  el  marido,  síqo  el  servi- 
cio. Compraré  á  usted  lo  que  he  reto  y  lo  que  pueda 

romper  en  adelante.  (Se  sienta  en  un  rincón  de  U  sala.)  En 

verdad,  señora,  que... 

Merc.  Le  ruego  á  usted  que  no  me  hable,  porque  no  pienso 
contestarle. 

Rafael.  Entonces  hablaré  solo.  ¡Oh  desgraciado  de  mí,  y  cuan 
feliz  podía  haber  sido  si  don  Terencio  no  rae  hubiese 
negado  la  mano  de  Mercedes,  de  esa  mujer,  de  ese 
ángel  tan  hermoso  y  tan!... 
'Merc.      ¡Caballero! 

Rafael.  ¡Y  la  amo,  sí,  más  que  pueda  amarla  ese  imbécil  de!... 

Merc      No  guardará  usted  silencio. 

Rafael.  Imposible,  una.  vez  tomado  el  hilo,  soy  una  carretilla. 
Continúo. 

Merc  No,  no;  .dígame  usted.  Si  tanto  ama  usted  á  esa  seño- 
ra, dejando  farsas  á  un  lado,  si  tanto  me  ama  usted, 
¿cómo  se  explica  la  aventura  de  esta  noche? 

Rafael.  Esa  aventura  es  una  comedía  más  sobre  las  muchas 
que  hago,  el  oficio... 

Merc.      ¿Entonces  cómo  entró  usted  aquí? 

Rafael.  Por  la  puerta. 

Merc      ¿Podría  usted  probarlo? 

Rafael.  ¿Tiene  usted  interés  en  ello? 

Merc      Quizá. 

Rafael.  Sí  puedo,  sí;  puedo  probar  á  usted  eso  y  también  que 

la  adoro.  (Se  levanta  y  se  acerca  poco  á  poco  á  Mercedes.) 

Merc      Caballero,  se  me  figura  oír  su  voz  másicerca. 
Rafael.  No;  es  que  levanto  la  voz  para  que  usted  me  oiga. 
Merc.      Falso.  Usted  ha  dejado  fu  sitio. 
Rafael.  Si;  pero  no  tenga  usted  miedo,  no  romperé  nada. 
Mrrc      ¡Vuelva  usted  á  su  rincón,  ó... 

Rafael.  ¡No  sea  usted  cruel!  (Se  acerca  hasta  ponerse  4  su  lado  y  se 

arrodüía  ante  «lia.)  ¡Déjeme  que  la  diga  cuánto  la  amo, 


I 

1 


Q 


—  47  — 


!••• 


eseúcheme  usted,  óigame!. 

MKRC»        (Se  1eT«nta,  eocre  al  baleen  y  lo  tbre.  Et  d<  día.)  |  áhl  |  Al  fiot 

Rafael.  (]>«iamiirado.)  ¿Eh?  ¿Qué  pasa?  ¿Qué  es  esto? 

Merc.      El  sol. 

Rafael.  Sol  indiscreto* 

Merc.     ¡Ay,  Dios  mió!  ¡Las  seis! 

ESCENA  X. 

DICHOS  y  D.  TERENCIO»  dmiro. 

Tere?(c.  ¡Mercedes!  ¡Mercedes! 

Rafael.  ¡El  tiol  ¡Pero  ese  señor  és  un  posma! 

Terenc.  Las  seis.  ¿Estás  dispuesta?  ¿Puedo  entrar? 

MsRc.     En  seguida,  tío.  ¡Por  favor,  escóndase  usted! 

Rafael.  ¿En  dónde,  señora?  ¿Aquí?  (En  la  aUoba.) 

IIerc.      No,  esa  es  mi  alcoba* 

TERErvG.  Date  prisa,  mujer. 

Merc.     Aquí,  en  el  balcón...  Pronto,  pronto,  (se  ateondeRtiaei.) 

Terenc.  ¿Puedo  entrar? 

MeRG.        Sí,  entre  usted.  (Entra  D.  Torendo.) 

Terenc.  Yaya  una  calma.  ¿Pero  hija,  aún  estás  así? 
Merc.      Iba  á  vestirme  ahora  mismo. 
Ter£!«c«  ¿Pero  cómo  demonio  llevas  el  traje  de  anoche? 
Merc.      Es  verdad;  distraídamente  me  lo  he  vuelto  á  poner. 
Tbrenc.  Estás  turbada,  emocionada,  pues  si  esto  es  á  la  se- 
gunda. 

Rafael.  (Dentro.)  ¡AtChísr(E8toniodando.) 

Merc.      (Torpe.) 

Terenc.  Dios  te  ayude. 

ItfERC.     Gracias. 

Terenc.  Hoy  es  un  gran  día  para  tí.  Vas  á  jurar  en  los  altares. 

Rafael.  -¡  Atchisl 

Terenc.  ¿Te  has  constipado,  sobriiúta? 

Merc.      (¡Ay,  Dios  mío!  ¡ese  hombre  quiere  perderme!) 
Rafael.  ¡Atchis! 

Terei^c.  Me  ptrece  sobrina,  que  esta  vez  no  has  sido  tú. 
JtfBRC.      Si,  tío;  la  emoción  me  hace  estornudar.  Esto  es  muy 


—  18  — 

frecuente. 
Terenc.  Emociones  que  obran  como  el  rapé,  no  lo  creo;  antes 

bien  se  me  figura  haber  oido  en  el  balcón... 
Merc.      ¡Ah,  sí,  habrá  sido  el  loro. 
Terenc.  ¡Un  loro  que  estornuda! 
Merc.      {Habrá  aprendido    de  oírme!    Teda  la  noche  estoy 

¡Atchís!  ¡Atchís! 
Terenc.  No  me  convenzo,  quiero  verlo  por  mis  propios  ojos. 

(Dirig^éndcse  al  balcóa.) 

Merc.      No,  tío,  deje  usted, 
Terenc.  ¡Caracoles!  Un  hombre.  No  es  mal  loro. 
Rafael.  (SaUendo.)  ¡Atchis! 

Terenc.  Dios  le...  ¡Un  cuerno!  ¿Qué  hace  usted  aquí?  ¿Se  pue- 
de saber? 
Rafael.  ¡Qué  inconvenientes  son  los  constipados  de  cabezal 
Terenc.  Responda   usted,  pero  pronto.  ¿Qué  hacía  usted  en  el 

balcón?  */ 

Rafael.  Perdóneme  usted,  soy  muy  caprichoso,  y  se  me  había 

antojado  un  clavel  que... 
Teremc,  No  sea  usted  embustero:  ni  en  el  balcón  hay  claveles, 

ni  siquiera  es  tiempo  de  ellos. 
Rafael.  Por  eso  no  los  he  encontrado. 
Terenc.  Broraitas  á  mí,  ¿eh?  Ya  adivino,  usted  debe  ser  el  la- 
drón que  anda  por  estos  barrios.  Si,  si;  usted  tiene 
cara  de  ladrón. 
Rafael.  ¡Señor  mío! 

Merc.      ¡Sálveme  usted,  no  le  desmienta! 
Rafael.  ¡Señora!  ¿quiere  usted  que^  vaya  á  parar  á  la  cárcel- 

raodelo.; 
Merc      Sea  usted  generoso,  mí  honor... 
Rarael.  Voy  á  salvarlo.  Escúcheme  usted,  señor  de  Marín. 
Terenc  ¡Sisera  conocido!  hasta  los  ladrones  stiben  mi  apellido. 
Rafael.  Yo  no  soy  ladrón,  sino  Rafael  Piedrahita,  actor,  y... 
Terenc.  Falso. 

Rafael.  Puede  usted  convencerse  de  ellos.  (Dándole  una  eartera.) 
Examinando  los  documentos  que  encontrará  en  esa 
cartera.  Ya  en  otra  ocasión  pedí  á  usted  por  conducto 


^  Q 


-.  i9  — 

de  un  amigOy  la  mano  de  esla  señora,  y  hoy  vuelvo  á 
repetir  mi  petición. 
MxRC.     Y  yo  contesto  por  mi  tío,  diciendo  que  no  puedo  con- 
ceder mi  maso  á^^uien  entró  en  mi  casa  huyendo  de 
un  marido  celoso. 
.  Tereüic.  ¡Canario!  ¡Conque  asi  las  gastaba  Isldorito!  No  es  ex- 
traño qiy;  se  duerma,  y  que  esté  tan...  Expiíqueme 
usted  estas  cartas. 
Rafael.  Son  una  correspondencia  entre  el  fuiuro  de  esta  se- 
ñora, y  ju  vecinita  de  ustedes.  Llegaron  á  mi»  ma- 
nos de  un  modo  difícil  de  contar,  y  si  ustedes  me  lo 
permiten,  voy  al  punto  á  devolvérselas,  rogándoles 
.    que  por  el  honor  de  esa  señora,  no  divulguen  la  aven- 
tura. • 

Tebe2(íc.  ¡Vaya,  vfiya;  con  Isidorito? 

Rafael.  Señora.  (Deipidióadose.) 

Merc.      ¿Se  va  usted? 

Rafael.  Sí,  la  esperan  á  Usted  en  la  iglesia. 

Terenc.  ¿Cómo  en  la  iglesia?  mi  sobrina  ya  no  se  casa,  y  á  fé 
que  lo  siento. 

Rafael..  ¿Lo  siente  usted?  Todo  tiene  remedio,  concédame  us- 
ted la  mano  de  su  sobrina,  y... 

Mehc.      Si  la  concede,  yo... 

Tereiic.  ¿Os  casáis  D12  sopetón?  ¡Bravísimol  Los  malos  tragos 
pasarlos  pronto.  ¿Te  decides? 

Merc.  Veremos...  Si  estos  señores,  (ai  público.)  Me  ofrecen 
el  regalo  de* boda  que  deseo... 

Rafael.  Yo  lo  perdiré.  (ai  púbUco.)  Señores,  Doña  Mercedes 
Marín  y  don  Rafael  Piedralílta,  participan  á  ustedes 
su  próximo  enlace,  y  les  ofrecen  su  casa  en  la  ca- 
lle de Teatro  de  Lara. 


FIN. 


M   Q 


lid 


1 


DESQUITE 


JIGUETE   EX  TRES  ACTOS  Y   tH  VERSO 


ORIGINAL 


DE 


CEFERINO   FALENCIA 


ESTRENADA 


Etf  EL  TEATRO  DE    APOLO    L\    NOCHE    DRL   5    DE    JUÍ.tO    DR    1881. 


MADHID: 

Imprenta  de  La  Ioi<:ria  ,  á  cargo  de  Josó  Blasco. 

LOPE    DE    VEGA,    23    Y    25,    BAJO. 

1881. 


{ 


PERSONAJES  ACTORES 

ADELA. Skñora     Tübaü. 

ANA Señorita  Rodriodez. 

DOROTEA SeSorita  MsifENDia. 

MIGUEL 8eSor        Zamora. 

EMILIO 9  Guerra. 

TORCUATO .  RiQüELM*. 

SIMÓN »  Lirón. 


ÉPOCA     ACTUAL. 


1 


y 


Esta  obra  es  propiedad  del  autor  ,  y  nadie  po- 
drá, sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla 
en  España  y  sus  posesiones  de  Ultramar,  ni  en 
los  paises  con  los  cuales  haya  celebrados  ó  se  ce- 
lebren en  adelante  tratados  internacionales  de 
propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Galería  Lírico-Dramá- 
tica, titulada  El  Teatro,  do  los  HIJOS  de'  A. 
GULLON,  son  los  exclusivamente  encargados  de 
conceder  ó  negar  el  permiso  de  representación  y 
del  cobro  de  los  derechos  de  propieaad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


ACTO  PRIMEKO. 


Sala  elegantemento  amueblada.  Puertas  al  foro  y  laterales.  Balcón  i  la  derecha 

segundo  término. 


ESCENA  PRIMEEA. 

ANA  y  EMILIO.  Este  sentado  en  un  BÍllon  ó  butaca  sin  reparar  en  Ana,  haciendo 
números  en  ana  cartera.  Ana  sentada  en  una  silla  Junto  ¿  un  velador,  leyendo 

unas  tarjetas  que  va  dejando  sobre  dicho  mueble. 


Ana. 


Emil.10. 
Ana. 

Emilio. 


a  Luis  Ordofíez. — José  Iglesias. — 
Las  de  Vega.— El  Doctor  Pardo.— 
El  Coronel  Castro — Nunez. — 
Merceditas  Buiz. — Milagros». — 
¡Todos,  todos,  menos  él! 

(Dejando  do  leer  y  con  abatimiento.) 

¡Menos  mi  esposo  adorado, 

todos  hoy  me  felicitan 

día  de  mi  cumpleaños  I 

¡Ni  un  recuerdo,  ni  una  frase 

ha  salido  de  sus  labios  1 

¡Es  natural  I...  su  memoria, 

asuntos  mucho  más  altos 

la  tienen  preocupada: 

¡los  números!  (Con  amarga  ironía.) 

(Llevo  cuatro.)        (Para  sí.) 
(¿Eh?  ¿Qué  tal?) 

¡Hola!  ¿Ahí  estabas? 

(Reparando  en  su  niujer.) 


No  te  he  visto...                    (Sin  deJw  de  haoer  número»  ) 

Ana. 

No  es  extraño: 

¡hace  tiempo  qae  estás  ciego! 

Emilio. 

(1  Qué  torpe  soy!  ¡Al  contrario!) 

Ana. 

¿Luego  no  digo  verdad? 

Emilio. 

(Eso  es:  aquí.)                   (8»ii  oiría  y  abstraído  en  lo  sayo.) 

Ana. 

¿Con  quién  hablo 

yo? 

Emilio. 

¿Eh?  ¿Qué  decias? 

Ana. 

Decia...  Nada.  (¡Dios  santo!)          (Pausa  corta  ) 

¿Has  visto  cuántas  tarjetas 

mis  amigos  me  han  mandado? 

Pairan  de  veinte. 

Emilio. 

8í,  negro. 

Ana. 

I  Emilio! 

Emilio. 

(Poniendo  el  cuadro 

y  después  á  la  docena,,.) 

Ana. 

¡Emilio! 

Emilio. 

¿Qué? 

Ana. 

¡Por  los  clavos 

de  Cristo!... 

Emilio. 

Di  cuanto  quieras. 

Ana. 

Pero  si  te  estoy  hablando... 

¿Recuerdas  qué  dia  es  hoy? 

Emilio. 

¿No  es  viernes? 

Ana. 

¡Sábado! 

Emilio. 

(Procurando  ayudar  á  su  memoria.) 

¿Sábado? 

(Sigaiendo  distraído  y  contestando  maquinaimente.) 

¡Me  alegro!  (Estaré  de  buenas.) 

Ana. 

¿No  caes?... 

Emilio. 

La  verdad,  no  caigo... 

Ana. 

Pero  hombre,  ¿en  qué  mes  vivimos? 

Emilio. 

En...  Febrero. 

Ana. 

8i  es  en  Marzo... 

0 

y  estamos  á  veintisiete. 

Emiliq. 

¿Y  qué?                (Después  de  quedarse  un  momento  parado.) 

Ana. 

• 

¡Ingrato! 

Emilio. 

¿Eh? 

Ana. 

¡Ingrato! 

ESCENA    II. 


DICHOS.— Kistwl. 


Miguel. 

¿Eso  es  por  mi? 

Ana. 

Nó,  señor, 

es  por  tu  entrañable  hermano. 

MiauBL 

¿Sí?  ¿Pues  qué?... 

Emilio. 

(Que  continúa  como  en  la  escena  anterior.) 

No  sé  qué  tiene 

ni  por  qué  se  ha  incomodado. 

Miguel.  . 

Siempre  habrás  i&áo  motiyo... 

Emilio. 

I  Mira,  déj&me! 

Ana. 

Me  marcho.      (^^^  «^ 

Miguel. 

Pero  oye... 

Ana. 

¿Qué? 

Miguel. 

Aún  no  me  has  dicho 

qué  te  parece  este  cuarto. 

¿Te  gusta? 

Ana. 

fc^i. 

Miguel. 

Ya  lo  creo; 

como  Adela  y  yo  habitamos 

el  de  enfrente,  y  de  ese  modo 

« 

Y  Ivés  de  tu  hermana  al  lado... 

Ana. 

Igual  que  nosotros  dos; 

aunque  sospecho  que  el  cambio 

de  inquilinos,  para  tí 

uo  ha  sido  muy  de  tu  agrado. 

La  Tiuda  que  aquí  habitaba... 

Miguel. 

No  hagas  juicios  temerarios: 

es  una  señora...  (viuda), 

me  consta,  pueJo  afirmarlo; 

sólo  que  Adela,  tu  hermana 

—que  es  la  que  te  habrá  enterado,^ 

tiene  celos  de  su  sombra; 

pero  créeme,  infundados. 

porque  yo...  (Lo  cierto  es  que 

no  ha  sido  por  no  intentarlo.) 

Ana. 

Sí,  sí;  tanto  tú  como  éste 

¡jamás  habéis  roto  un  plato! 

8 


lEa!  Hasta  luego. 

Miguel. 

¡YfelicesI 

Ana. 

I  Felices!...  Eso  á  tu  hermano. 

Miguel. 

Pues  ¿no  es  hoy  tu  dia? 

Asta 

Cierto; 

pero  el  que  tiene  el  encargo 

de  hacer  felices  mis  días 

se  cuida  tan  poco... 

Miguel. 

¡Ah!  Vamos... 

Ana. 

I  Adiós!  ¡Que  almorzamos  juntos! 

Miguel. 

8í,  ya  sé. 

Ana. 

Solos  los  cuatro. 

Miguel. 

Nó,  yo  no  sé  si  podré, 

y  á  decirte  eso  he  pasado. ' 

Tengo  una  cita... 

Ana. 

¿Una  cita?... 

Miguel. 

Quiero  decir...  (¡Soy  un  sandio!) 

que  almuerzo  hoy... 

Ana. 

¡Eso  es  escusa! 

¿Con  quién? 

Miguel. 

Con  un  candidato 

á  senador;  la  política 

le  convierte  á  uno  en  esclavo... 

Tengo  que  ir  luego  á  las  Cortes 

á  ver  á  dos  diputados... 

y  desde  allí  al  Ministerio, 

y...  ¡Te  digo  que  estoy  harto! 

Pero  otro  dia  cualquiera... 

« 

Quizá  me  escape  hoy  un  rato. 

Ana, 

I  Solas!                                            (May  afligida.) 

Miguel. 

¡Vamos,  no  te  apures!... 

Ana. 

¡Apuesto  á  que  ese  inhumano 

se  va  también! 

Miguel. 

¿Por  qué  dausa? 

¡El  no  est:i,  tan  ocupado 

como  yo! 

Ana. 

¿Ves?  Ni  aun  me  oye. 

¡Me  voy  de  aquí!                            (Vásc.) 

Emilio. 

(¡Di  en  el  clavo!) 

9 


ESCENA  III 


£MIL}O.^MIGUEL 


Emii^io 


Miguel, 

Emilio. 

MiauKL. 


Emilio. 

MlGUBL. 

Emilio. 


Miguel. 


tiMlXlO. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 


Emilio. 
Miguel. 

Emilio. 


(Looo  de  contento  y  para  b1  . ) 

Una  peseta  á  esta  linea , 
dos  duros  á  este  caballo^ 
ocho  pesetas  á  nones 
y  otras  ocho  al  encamado, 
I  Ya  hallé  la  combinación! 
Voy  ahora  mismo. . . 

¡Despaciol 
{Déjame,  qne  estoy  de  prisa! 
También  yo.— Pues  es  el  caso. . . 

(Deteniéndose  al  ver  que  bu  hermano  se  ha  entrado  en  el  cuarto 
de  la  derecha.  Emilio  sale  y  onira  cuando  el  actor  lo  t'-iiga  iH>r 
conveniente  y  á  la  par  ceta  trocando  el  traje  de  ca&a  por  el  do 
calle.) 

Pero  hombre. .. 

Signe,  que  te  oigo. 
Nó;  ¡ven  aquí! 

I  Qué  pepado! 
¡Si  te  oigo  perfectamente! 
Continúa,  (i Soy  un  sabio!) 
Pues  bien;  yo,  por  impedírmelo 
un  asunto  reservado 
que  reclama  mi  presencia, 
hoy  no  puedo  acompañaros 
á  comer.  ¿Me  has  entendido? 
Sí,  que  te  vas.  ¡Bri bonazo! . . . 
haz  lo  que  gustes. 

Es  que . . . 
¿Qué? 

Si  los  dos  nos  marchamos 
y  las  dejamos  sólitas, 
hoy  que  es  dia  señalado . . . 
¿Señalado?. . .  ¿Pues  qué  es  hoy?. . . 
¡Hombre,  si  es  el  cumpleaños 
de  tu  mujer! 

¿Eh? 


10 


Miguel. 

Lo  qne  oyes. 

Emilio. 

I  Toma! . . .  ¡pues  ya  está  explicado 

su  enojo  conmigo! 

Miguel. 

iPi^es! 

La  manera  de  enmendarlo 

es  que  ahora  mismo,  al  momento, 

hecho  un  borreguito  manso, 

vayas  á  su  gabinete 

y  confieses  tu  pecado. 

Emilio. 

•    I  Eso  es;  y  quedarme  en  casa 

y  no  salir  ahora! . . . 

Miguel. 

Es  claro. 

Emilio. 

¡Pues  es  turbio!- 

Miguel. 

¡Bah!  Después 

que  la  pobre  me  ha  rogado 

con  lágrimas  en  los  ojos! . . . 

Sobre  tpdo . . - 

Emilio. 

¡Voto  al  chápiro  I 

Miguel. 

¿Qué  se  diría  de  tí? 

I  Horror!  ¡No  quiero  pensarlo! 

I  ün  marido  que  abandona 

asi  á  su  objeto  más  caro 

en  un  dia  como  el  de  hoy! ... 

Emilio. 

¡Miguel!. . . 

Miguel. 

¡Si  tal!  (Le  he  aplastado.) 

Emilio. 

Pero  bien,  ¡si  tú  te  quedas! . . . 

Miguel. 

¿Quién,  yo?  ¡Me  están  esperando! 

Tengo  que  ver  al  ministro 

para  un  negocio. . . 

(Pugnando  ix)r  marcharse.  Emilio  le  dAtiene  ) 

Emilio. 

• 

Eso  es  falso. 

¿Qué  negocio  es  ese? 

Miguel. 

Uno . . . 

Emilio. 

De  faldas,  eh? 

Miguel. 

¡  Calla !           (Todo  asuBtado.) 

Emilio. 

Callo; 

pero  has  de  quedarte  aquí. 

Miguel. 

Hoiuhre,  si  estás  engañado. 

Emilio. 

¿Sí,  eh?  ¿Piensas  que  soy  tonto? 

¿piensas  que  no  estoy  al  cabo? 

¿que  yo  no  sé  bien  tu  vida 

Miguel. 

EImilio. 

Miguel. 
Emilio. 


Miguel. 


Emilio. 
Miguel. 


Emilio. 

Miguel. 
Emilio. 


Miguel. 
Emilio. 


Miguel. 
Emilio. 


11 

y  no  B6  todos  tus  pasos? 
¿Crees  que  á  mi  se  me  oculta 
qne  en  la  calle  de  los  Ca&os? 

(Muy  Bobrwaltado  y  temiendo  qoe  le  oigan.) 

¡  Eso  era  antes! 

Antes  y  ahora: 
y  sé  hasta  el  nombre, 

lMá6biÚ<)!... 
Gomo  tu  mujer :  Adela. 
¿Qué  pensaste,  mentecato? 
Yo  soy  tu  hermano  mayor 
y  tengo  el  deber  sagrado 
de  velar. . . 

¿Vas  ahora  á  ecliarme 
un  sermón?  ¿Y  si  yo  canto? 
¿  Y  si  yo  digo  que  tú, 
fingiendo  estar  ocupado 
en  cosas  de  abogacía, 
pasas  las  horas  jugando 
á  la  ruleta  y  perdiendo 
hasta  el  pelo? 

Te  «igafiaron. 
¿Engañar?  Estos  no  engañan. 
¡  Si  te  he  visto!  |  Uu  abogado 

(Se  han  cambiado  Ioh  papelee.) 

joven,  rico  y  de  talento 
perder  su  tiempo  buscando 
combinaciones! . . . 

Y  al  fin 
di  con  una. 

iVisionarioI 
Me  han  ganado  mucho,  ¡mucho! 
i  Oh!  Pero  he  de  recobrarlo, 

¡y  hoy  mismo !  (Olsponiéndoee  á  t«alir.) 

Bueno,  tú  vete; 
yo  también. 

¡Alma  de  cántaro! . . . 
Si  yo  gano,  ¡tú  no  pierdes ! 
¿Transigimos? 

I  Transíamos  I 
¿Juegas  á  pares  ó  nones 


'.Por  8WoJo«.) 


Miguel. 
Emilio. 

MiGüBL. 

Emilio. 


Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 


Emilio. 
Miguel. 
Emilio. 
Miguel. 

Emilio. 


12 

el  que  se  queda? 

Aceptado. 
Si  acierto  te  quedas  tú. 

Pide.  (Sacando  unas  monedas  del  bolsillo.) 

(¡El  Espíritu  Santo 
me  ilumine!)  Pares,  nones; 

digo .  . .      (Queriendo  decirlas  dos  cosas  á  la  vez.) 

lEa!  ¿en  qué  quedamos? 
Pues . . .  pares. 

Bien:  está  dicho. 
A  ver. — Nones,  te  he  ganado. 

(Contando  las  monedas  ) 

¡Los  nones!  ¡Siempre  los  nones ! 
¡Adiós! 

Pero  escucha,  hermano. 
No  hay  tio  pásame  el  rio. 
Vuelvo.  (Saliendo  sin  hacerle  caso .) 

¡Lucido  he  quedado! 


ESCENA  lY 


EMILIO  solo. 


¿Y  qué  hago  yo?  Si  me  voy 
provoco  aquí  mil  cuestiones! 
Pero  ¿y  mis  combinaciones, 
por  qué  no  ensayarlas  hoy? 
¿Por  qué  hoy  mismo  no  tocar 
sus  felices  resultados? 

(Cogiendo  el  papel  ó  cartera  donde  ha  estado  hp.ciendo  números.) 

Nada,  los  tengo  amarrados; 
no  se  pueden  escapar 
por  ningún  lado,  ¡ninguno! 
Yo  nunca  pierdo:  ¡eso  es! 
Que  son  pares,  gano  tres, 
que  son  nones,  gano  uno. 
Mucho  me  tenéis  allá , 
¡banqueros  sin  corazón! . . . 
Pero  esta  combinación 
de  todos  me  vengará. 


13 

¡Cómo  me  voy  á  reir 

al  mirar  vuestros  semblantes  1 

¡Eal  marchemos  cuanto  antes. 

¡Demonio! 


(Al  ver  é,  RU  inuj  r  ) 


ESCENA  V 


Dicho.    ANA. 


Ana. 

Emilio. 


Ana. 

Emilio. 


Ana. 

Emilio. 

Ana. 

Emilio. 


Ana. 

Emilio. 


Ana. 

Emilio. 


Ana. 

Ehilio. 

Ana. 

Emilio. 


¿Vas  á  palir? 
Sí,  ya  estoy  haciendo  falta: 
tengo  que  ver  á  un  cliente 
ahora  mismo. 

¡Justamente 

ahora  mismo! . .  • 

El  tal  Peralta 
me  tiene  vuelto  el  sentido. 
Conque  ¡adiós! 

¡Adiós! 

¡Ah! 

¿Qué? 
(Ya  me  iba.)  Perdóname, 
hija,  soy  un  aturdido. 
Ya  sé  por  qué  antes  de  aquí 
te  fuiste  tan  enojada. 
Esta  memoria  endiablada. . . 
¡Hola! . . .  ¿ya  caíste? 

Sí: 
y  te  quiero  yo  vengar 
de  mi  proceder  injusto. 
¿Qué  usarías  tú  con  gusto? 
Nada. 

(Como  he  de  ganar 
la  compro  cualquier  prendido.) 
Varaos,  di;  y  cese  tu  encono. 
Yo  otra  joya  no  ambiciono 
que  el  amor  de  mi  marido. 
Ese  seguro  le  tienes. 
¿Seguro? 

Sí,  te  lo  jtlro. 


i4 

Aka.  Pues  si  le  tengo  seguro, 

ya  no  ambiciono  más  bienes. 
Emilio.  Como  pmeba,  sin  embargo... 
Ana.  ¿Cómo  prueba?  En  el  momento 

puedes  darme  una. 
Emilio.  Consiento. 

Ana.  ;No.te  vayas! 

Emilio.  Hazte  cargo 

de  que  esperándome  están; 

que  es  mi  presencia  precisa.. 
Ana.  Si,  si. 

Emilio.  Mira,  tengo  prisa; 

creo  me  dejarán 

muy  pronto;  y  si  así  no  es, 

id  comiendo  y  no  esperanne. 

¡Adiós!  (i Voy  á  desquitarme! 

Que  son  pares;  gano  tres.) 

(Sale  apresuradamente  y  tropieza  con  Adeáa  que  viene  por  la 
puerta  del  foro.) 

ESCENA  VI. 

ANA.— ADKIiA. 


Adela. 

¡Ay! 

Emilio. 

¡Perdona! 

Ana. 

¡Hermana  mi  a! 

(Llorando  y  arrojándose  en  brnzo$<  de  su  hermana.} 

Adela. 

¿Vas  á  llorar?  ¡Esta  es  buena! 

Ana. 

¡Si  me  está  ahogando  la  pena! 

Ni  siquiera  en  este  dia 

se  ha  podido  reprimir, 

por  más  que  se  lo  he  rogado. 

Ya  lo  has  visto;  ¡se  ha  marchado! 

Adela. 

¿A  jugar? 

Ana. 

¿Dónde  ha  de  ir? 

8i  ya  no  tiene  otro  oficio, 

• 

ni  otra  ilusión,  ni  otro  sueño? 

¡si  hoy  es  tan  sólo  su  empeño 

ese  malhadado  vicio! 

it 


Adela. 
Ana. 


Adbla. 
Ana. 
Adela. 
Ana. 


i  Afición  torpe  y  maldita 

que  con  él  acabará  I 

¡Qué  TÍda  lleva  y  me  da! 

¡Dártela,  nó:  te  la  qnita! 

Ya  nada  le  hace  sentir, 

ya  todo  le  importa  nada, 

y  sn  esposa  desgraciada 

tiene  qne  mirarle  ir, 

como  nn  ciego,  al  precipicio, 

cansa  de  tantos  tormentos; 

¡y  es  que  ya  sus  sentimiento!» 

se  los  ha  secado  el  tícío! 

— Escúchame:  el  otro  dia 

entré  en  su  cuarto,  y  estaba 

todo  que  lástima  daba: 

él,  en  un  sillón  dormia, 

¡ay  hetmana!  y  como  un  hido. 

Las  sillas,  la  mitad  rotas; 

aquí  el  chaqué,  allí  las  botan; 

los  papeles  por  el  suelo, 

medio  cojo  el  velador, 

un  tintero  en  él  volcado, 

¡el  sombrero  apabullado!... 

en  fin,  Adela,  un  ¡horror I 

Le  desperté^  abrió  los  ojos, 

y  al  verle  tan  descompuesto 

le  dije:— pero,  ¿qué  es  esto? 

¿Quién  ha  estado  aquí?— «Los  rojos,» 

— contestó  lleno  de  ira, 

quedándose  en  mí  muy  fijo. 

¿Los  rojos? 

Sí,  eso  dijo» 
¿Es  que  juega  ó  que  conspira? 
Yo  no  sé  ni  estoy  segura 
si  ambas  cosas  le  trapn  ciego; 
¡sólo  sé  que  en  este  juego 
he  perdido  mi  ventura! 
En  fin,  cuanto  yo  te  diga 
acerca  de  sn  extravio 
resulta  pálido  y  frío; 


10 

y  á  tanto  el  juego  le  obliga, 
que  en  números  y  barajas 
cifra  toda  su  ambición. 

Adela.  i  Qué  vergüenza  I 

Aká.  El  muy  bribón, 

hasta  me  ha  empeñado  alhajas. 

Adela.  Terrible  es,  hermana  mía, 

cuanto  llevas  referido: 
pero...  aquello  tan  sabido 
«Cuentan  de  un  sabio  que  un  diaD. 
viene  de  perilla  aquí, 
y  calmar  puede  tu  duelo: 
si  quieres  hallar  consuelo, 
oye,  y  compárate  á  mí. 
Tu  esposo  al  vicio  se  entrega 
y  de  su  vicio  es  esclavo, 
es  muy  cierto,  pero  al  cabo 
si  un  dia,  que  siempre  llega, 
viendo  ya  su  error  patente, 
vuelve,  pecador  contrito, 
y  el  beso  de  paz  bendito 
quiere  estampar  en  tu  frente, 
podrás  su  halago  aceptar 
llena  de  amor,  y  segura 
de  que  tu  frente  tan  pura 
sus  labios  no  han  de  manchar. 
Que  aunque  t-  naz  y  ambicioso, 
no  es  á  tu  cariño  infiel. 
Pero,  hija  mia,  ¿y  Miguel? 
¿y  mi  carísimo  esposo? 
Ese  á  la  fea  y  la  hermosa 
siempre  se  halla  persiguiendo, 
y  á  todas  ellas  vendiendo 
amor  que  roba  á  su  esposa. 
El  á  todas  las  iguala, 
pues  lo  mismo  hace  la  corte 
á  la  dama  de  alto  porte 
que  á  la  humilde  mcuestralíl* 
i  Y  así  se  pasa  las  horas 
y  los  meses  pasa  asi! 


17 


Aka. 

Adela 


Asa. 

Adela. 


Ana. 

Adela. 
Ana. 

Adela. 


Ana. 
Adela. 


iOh! 
La  otra  noche  le  vi 
dando  el  brazo  á  do?...  8etiora9. 
¿Piensas  que  se  avergonzó 
al  Terse  de  mi  delante? 
¡Nadal  signió  tan  campante; 
y  al  interrogarle  yo 
cuando  á  casa  hubo  venido, 
me  contestó  el  bribonazo 
que  las  llevaba  del  brazo 
porque  se  habian  perdido. 
¡Perderse!... 

Sí  tal.  ¿Te  olvidas 
del  sugeto  que  es  Miguel? 
¡Quién  duda  que  al  ir  con  él 
estaban  ya  bien  perdidas! 
Pero  bien,  ¿y  tú  qué  has  hecho 
para  que  ese  Belcebi'i 
se  enmiende? 

Pues  lo  que  tih 
ahogar  el  llanto  en  mi  pecho. 
¡Qué  pruebas  de  amor!  ¡Qué  pruebas! 
¿Habrá  en  el  mundo  otras  dos 
más  desgraciadas?  ;Ay  Dios! 
No  te  aflijas  ni  conmuevan; 
nada  de  llantos,  no  tal; 
muestra  tus  ojos  serenos: 
¿será  que  yo  sufra  menos 
siendo  más  grande  mi  mal? 
Ríe  y  halla  por  los  codos, 
qne  es  lo  que  debes  hacer: 
el  llanto  de  la  mujer 
se  traduce  de  mil  moJos; 
y  no  son  lágrimas,  nó, 
lo  que  aquí  necesitamos, 
f  8  menester  que  algo  hagamos, 
Bif  n,  ¿y  qué  hacer? 

¿Que  se  yo? 


s 


18 


ESCENA  VII 


Dichos.     DOROTEA. 


DOBOTEA. 

Señorita,  un  caballero 

espera  y  pide  permiso 

para  entrar. 

Ana. 

¿No  lo  conoces? 

Dorotea. 

Nó;  yo  aquí  nunca  le  he  visto. 

Ana. 

Bueno,  pues  dile  que  vuelva, 

porque  no  está  el  señorito. 

Dorotea. 

Pregunta  por  la  señora, 

Ana. 

¿Por  mi?  ¿Quién  será? 

Adela. 

No  atino... 

Ana. 

Sea  quien  quiera,  no  estoy 

ahora  para  cumplidos. 

Dorotea. 

Bien. 

Adela. 

Dorotea,  que  pase. 

Verás  cómo  descubrimos 

algo  que  no  sea  bueno; 

y  si  me  engaño  en  mis  j  uicios. 

con  despacharle  en  seguida 

es  asunto  concluido. 

(\^áse   Dorotea.) 


ESCENA  VIII 


Diclias.  TORCUATO.  (1) 


Torcüato. 

Adela. 

Torcüato. 


Adela. 


Si  ustedes  dan  su  licencia.,. 
¡Adelante! 

(¡Qué  prodigios 
de  belleza!...  Pero  ¡tate! 
¿á  cuál  de  ellas  me  dirijo? 
¿cuál  será  la  que  yo  busco?) 
Usted  dirá... 


(Desde  la  puerta.) 


(1)  Esto  personaje  debe  representar'iin  tipo  extremadamente  nervioso,  y  efecto 
de  ello  son  los  gestos  y  guiños  de  que  se  haeo  mención  en  el  diálogo.  Al  buen  talen- 
to del  actor  queda  confiado  la  oix)rtunidad  de  las  rofcridas  contracciones,  i>ro- 
curando  que  el  carácter  no  resulte  recargado. 


Í9 


ToRCÜATO. 

Adela 

ToRCÜATO. 

Adela. 

torcuato. 

Adela. 

ToRCÜATO. 


Adela. 

ToRCUATO. 

Adela.  - 

ToRCÜATO. 

Ana. 

ToRCÜATO. 


Adela. 

ToRCÜATO. 

Adela. 

Torcüato. 

Ana. 

TorcüaTo. 

Adela. 
Torcüato. 


Paes  j'o  digo... 
(Esta  debe  ser...) 

Bepamos... 
(;  Ay  qué  jestos  y  qné  guiños!) 
(¡Caramba,  ya  estoy  nervioso!) 
Soy  Torcüato  Riotinto 
y  Ríoclaro. 

Está  usted 
fresco  con  sus  apellidos. 
Qué  quiere  usted,  mis  abuelos 
tuvieron  ese  capriebo... 
¿Y  bien? 

Soy  el  encargado... 
más  claro;  yo  soy  el  íntimo 
de  las  señoras  de  Grande. 
¿De  Grande? 

Un  señor  muy  chico 
que  se  apellidaba  asi. 
¡Ah,  vamos!... 

Contrasentidos 
de  este  mundo.  (¡Es  de  primera!) 
(Esto  no  es  hombre,  es  un  mico.) 
(Qué  aspecto  tiene  esta  viuda 
tan  francote  y  expansivo.) 
Pues  bien,  como  usté  ya  sabe, 
la  otra  noche  en  el  tresillo 
que  ustedes  jugaron... 

¿Eh? 
Perdió  usted,  y  me  lo  explico, 
porque . . . 

Caballero,  usté 
se  engaña. 

(Caracolitos!) 
Pero  ¿qué  dice  este  hombre? 
(Qué  apostamos  que  erré  el  tiro! 
pero  como  no  está  sola. . .) 
Hable  usted  claro,  y  repito. . . 
Nó,  nada;  me  he  equivocado: 
soy  bastante  distraido 


(Haciendo  gestog.x 


20 


Ana. 

ToRCÜATO. 


Adela. 

ToRCÜATO^ 


Adela. 

ToRCÜATO. 


¡Me  gusta! ' 

Mil  perdones. . . 
(De  primera,  de  primí8*<iiiio!) 
Ya  usted  sabe  demasiado . . . 
pero  como  soy  muy  listo 
comprendo  su  situación. 
Pero  si  es  que. . . 

Sí,  entendido. 
Ya  vendré  otro  cualquier  dia 
á  recoger  ese  pico: 
no  corre  prisa  ninguna. . . 
¿A  qué  hora? 

I  Señor  mió!. . . 
Estoy  á  los  pies  de  ustedes. 


(Vise ) 


ESCENA   IX 


ADELA  ,  ANA  y  después  DOROTEA. 


Adela. 


Ana. 


Adela. 


Dorotea. 
Ana. 

Adela. 


¡Toma! ...  y  se  va  sin  decirnos. . . 
Pues  quedamos  enteradas: 
y  lo  que  es  esto  no  es  lio 
de  los  otros. 

¿Lo  estás  viendo? . . . 
Mejor  nos  hubiera  sido 
no  recibirle. 

Es  un  necio.  (Mirando  por  el  balcón  ) 

¡Calla!  mi  eaposo  amantÍ8Í7no, 

¿(!ómo  volverá  tan  pronto? 

Algún  percance  imprevisto 

le  hará  venir. — ¡Dorotea!  (Llamando.) 

(La  doncella  se  presenta  onsoguida  ) 

Si  vienen  los  señoritos 

y  preguntan  por  nosotros, 

dice  usted  que  hemos  saliJo. 

Muy  bien.  (Váse.) 

¿Piensas  que  salgamos? 
Xó,  sígneme;  aunque  rs  un  vicio 
muy  feo,  voy  á  espiar 
á  Miguel,  porque  imagino 


Ana. 
Adela. 


Ana. 

Apela. 


21 

que  hoj'  va  á  ser  dia  de  prueba.  . 

¿Quién  gabc? 

Ya  va  á  servirnos 

la  puerta  que  hemos  mandado 

abrir  con  el  fin  sencillo 

de  Comunicarnos  todos 

hin  que  nos  sea  preciso 

el  salir  á  la  escalera; 

V  como  nuestros  maridos 

aún  no  saben  nada  de  esto, 

gracias  á  lo  repulsivo 

que  á  los  do»  les  es  su  hogar. . . 

Pero . . . 

Haz  lo  que  te  digo: 
pasemos  ahora  á  mi  casa, 
y  defines  yo . . .  con  sigilo . . .      (Váttse  por  la  derecha.) 


ESCENA  X 


MIGUEL.    DOROTEA 


Miguel. 

Dorotea. 

Miguel. 


Dorotea. 


Miguel. 


¿Y  no  está  en  casa  mi  hermano? 

Nó,  señor. 

(Habrá  bandido!... 

no  ha  podido  contenerse.) 

¿Y  la  señora? 

Lo  mi«mo: 

s«li  >  con  la  scñorit^i 
Adela. 

(¿Dónde  habrán  ido; 
en  un  dia  como  el  de  hoy 
y  sin  nada  habernos  dicho? 
En  fin . . .)  Puede  usted  marcharse. 


ESCENA   XI 


MIGUEL.    Después  ADELA. 


Miguel. 


Pues,  señor,  ¡estoy  lucido! 
Salgo  de  casa  llevando 


07 


Adela. 
Miguel. 


cien  duros  en  el  bolsillo, 

espero  á  que  baje  Adela, 

baja;  j  pian,  pÍQuino 

nos  lleva  uu  simón  de  plaza  • 

al  restaurant  del  Retiro. 

Empezamos  á  comer, 

y  al  trinchar  un  solomillo 

la  digo  viendo  su  mano; 

«Ay  que  manojo  tan  lindo 

de  azucenasl — ¡Lisonjero! 

i  Adulador! . . . — ¡Nó,  mi  hechizo! 

I Y  qué  garganta! — ¿Te  gusta? 

i  Oh!  qué  medallón  he  visto 

tan  precioso  el  otro  día . . . 

—¿Dónde?— ¡Cállate,  aturdido! 

¿A  que  piensas  regalármelo?        . 

— Pues  claro  está.— No  lo  admito. 

— Dime  dónde.  Te  lo  ruego. 

— ¡  Ay,  Jesús! — ¡Te  lo  suplico! . . . 

— ¿Ha  sido  en  casa  de  Marzo? — 

— Sí. — Y  apenas  citó  el  sitio, 

me  planto  en  la  joyería 

en  menos  que  ahora  lo  digo. 

Veo  el  medallón;  me  piden 

dos  mil  reales;  no  replico 

y  los  pago  á  toca  teja : 

pero  .¡ay  Dios !  en  el  camino 

me  acuerdo  de  que  la  fonda 

me  va  á  costar  un  sentido, 

y  no  me  ha  quedado  un  céntimo. 

Vengo  aquí  á  buscar  á  Emilio 

y  se  ha  marchado  á  la  timba. 

¿Qué  hacer?  ¿A  quién  me  dirijo? 

(Que  ha  entrado  de  puntillas  por  la  derecha.) 

¿Qué  le  pasa  que  habla  solo? 
(Y  es  un  regalo  bonito. 

(Se  ha  sentado  en  una  butaca  y  está  mirando  el  medallón.) 

¡Ya  lo  creo!  esmalte  negro  , 
con  su  inicial  y  un  cintillo 
de  brillantes.) 


2:; 


Adela. 


Miguel. 
Adela. 


Miguel, 
Adela. 

Miguel. 
Adela. 


Miguel. 
Adela. 


]\[lGUEL. 

Adela. 


Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 


Miguel. 
Adela. 

Miguel. 


^ 
y 


(I  Hola,  hola! 

(Mirando  por  encima  do  Miguel  y  sin  ser  viüta  do  este.) 

¿Será  para  esa?...) 

( i  No  VÍ70 ! . . . )  (Impaciento.) 

(Como  asaltada  por  una  idea  y  arrobatando  el   modallon  á 

Miguel.) 

Mnclias  gracias. 

¿Eh?  (iDios  santo!) 
¡Qué  elegante  y  qué  sencillo! . .  - 
Y  con  mi  inicial  y  todo! . . . 

(Sumamente  contrariado  y  procurando  quitár¡jcle.) 

Si ,  pero  mira . . . 

I  Qué  lindo! 
I  Ay,  Miguel! ...  ;tú  no  comprendes 
todo  el  placer  que  recibo 
al  recibir  de  tu  mano 

esta  prueba  de  cariño!  'i^ 

(¡Yo  sudo!) 

Esta  es  la  primera 
desde  que  al  altar  subimos.  * 

¡Gracias,  Miguel  de  mi  alma! 
¡Gracias  mil,  te  lo  repito!     (^uciía  ironía.) 
¡Nó,  no  hay  de  qué! . . . 

¡  Con  qué  orgullo 
le  ostentaré,  suspendido 
de  mi  cuello,  como  prueba 
del  amor  constante  y  fino 
que  me  profesa  mi  esposo! . . . 
(¿Y"  ahora  cómo  se  le  quito?) 
Bien,  sí;  dame  acá. 

(¡Te  veo!) 
Trae. 

Déjamele;  imagino 
lo  que  me  vas  á  pedir: 
que  me  lo  ponga  ahora  mismo. 
Pues  bien ,  te  daré  ese  gusto,      (intentando  ponérsele.) 
(i  Ya  escampa!)  ¡Nó,  nó,  trae  ! 

¡Niño! 
Lo  que  se  da  no  se  quita.  (Con  cierta  coquetería.) 

Si,  no  niego  ese  principio; 


V 


24 


pero  yo  no  te  le  he  dado. 

Adela. 

¿Nó? 

Miguel. 

Me  le  has  quitado. 

Adela. 

(Inicuo!) 
¿No  es  para  mí? 

Miguel. 

Nó,  señora. 

Adela. 

Bien;  de  ese  modo. . . 

(Alafgándole  aunque  sin  intención  de  soltarle.) 

Miguel, 

(Respiro!) 

{X\  ir  A  cogerlo . ) 

Adela. 

Antes  di  para  quién  es. 

(lio  tirándolo.) 

Miguel. 

Para . . . 

Adela. 

(Ya  no  hay  duda.)  Dilo. 

I  Ah!  ¡Ya!  Nó,  no  me  lo  digas. 

• 

(Me  he  de  divertir  contigo.) 

• 

Es  para  mi  hermana. 

Miguel. 

(Atiza!) 

Adela. 

Como  hoy  es  su  dia. . .  i  Picaro! . . . 
I  qué  callado  lo  tuviste! 

Miguel. 

Mujer...  (¡Estoy  divertido!) 

Adela. 

Mira,  pues  te  le  agradezco 
mucho  más. 

Miguel. 

¿Sí,  eh? 

Adela. 

¡Muchísimo! 
La  tiene  en  tal  abandono 
el  bribón  de  su  marido. 

que...  ¡voy  corriendo  á  llevársele!  (Di>i)oniéndose  á  «ai ir  ^ 

Miguel. 

¡Nó,  nó! 

0 

Adela. 

¡  Ay,  hombre. . .  qué  gritos! . 

t    • 

Miguel. 

Si  es  que  no  me  pertenece 
esa  joya. 

Adela. 

¿Nó?¿E8de  Emilio? 

Miguel. 

Si. 

Adela. 

¡Pues  mejor  que  mejor! .... 

Miguel. 

Nó. . .  sí. . .  (¡Soy  un  beduino!) 
Dámele  y  te  explicaré. . . 

Adela. 

iCá!  (¡Qué  torpe  es  el  delito!) 
Voy  á  darla  el  alegrón. 

Miguel. 

Pero... 

Adela. 

(Toma  regalitos!) 

(Escapándose  por  la  segunda  izquierda.) 

ESCENA  XII 

MIGUEL  solo. 

I  Adela!— iQiie  se  le  lleva! 

— ¡Oye?  —¡Que  so  le  llevó! 

Y  me  está  bien  empleado; 

lo  merezco,  sí  señor! 

¿Quién  me  manda  á  mi  sacarle 

aquí,  en  esta  habitación, 

y  estarme  hecho  un  papanatas 

contemplándole! . . .  iGran  Dios! 

y  la  otra  estará  esperando. . . 

Si  tuviera  un  chiripon 

Emilio.-— El  cielo  te  enviii, 

(Al  ver  entrar  á  bu  hermano  que  ^icne  muy  alicaído 

ESCENA  XIII 

Dicho.   EMILIO. 


Emilio. 
Miguel. 


Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel, 

Emilio. 


I  Di  el  infierno,  y  es  mejor! 

¡Dios  mió! ...  ¡le  han  desplumado! 

Ya  sí  que  no  hay  salvación. 

(Pausa  corta  durante  la  cual  los  dos  so  hau  scutado  cuu  cierto 
abatimiento.) 

Pero  ¿lo  has  perdido  trd  j? 
Todo,  ¡menos  el  honor! 
¡Veintitrés  negros  seguidos! 
¿Veintitrés? 

O  veintidós. 
¡EsD  es  casi  una  partida 
de  insurrectos! 

¡Maldición! 
¿No  era  tu  juego  infalible? 
Lo  sostengo,  ;sí,  señor! 
Entonces  ¿cómo  has  perdido? 
¿Cómo?  Se  me  concluyó 
el  dinero  antes  de  tiempo 


26 


Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 
Emilio, 


Miguel. 


Emilio* 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 


Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 


porque  estaba  en  un  error. 
Yo  creí  que  el  diez  y  ocho 
era  pasa, 

¡Y  resultó 
higo! 

i  Mira,  no  te  burles! ... 
Pues  tengo  bonito  humor! . . . 
i  Burlarme!  ¡Si  tú  supieras 
en  qué  compromiso  estoy! . . . 
Nó,  no  quiero  saber  nada!  ( pausa.) 

I  Ah !  (Al  ver  el  secretai  re.) 

¿Qué  es  ello? 

¿Y  por  qué  no? 

(ContefctáHdoEc  á  tí  niitmo. 

Mira,  en  aquel  secretaire 
que  está  junto  á  aquel  balcón, 

(Se  supone  que  dicho  mueble  está  en  la  habitación  de  la  de. 
derecha.)  « 

tiene  mi  mujer  el  gato; 
por  suerte  aún  no  la  ocurrió 
quitar  la  llave . . . 

Comprendo. 
I  Vas  á  ser  tú  el  tomador 
de  lo  tuyo! 

Nó,  al  contrario ; 
vas  á  serlo  tú. 

¿Quién,  yo? 
Sí  tal. 

¡Y  cómo  me  arreglo 
estando  ahí  mismo  las  dos! 
Yo  me  las  traeré  á  esta  sala, 
y  con  cualquier  relación 
procuraré  distraerlas: 
tú  mientras . . . 

Di,  ¿no  es  mejor 
que  te  las  lleves  más  lejos? 
¡Nada  de  eso! 

;.Por  qué  nó? 
Porque  Anita  está  escamada, 
y  si  advierte  la  intención 


MiOUEL. 

Emilio. 


Miguel. 
Emilio. 


27 

lo  echamos  todo  á  perder. 
El  negocio  es  tentador: 
pero ,  la  verdad ...  ni  Caco . . . 
I  Eh!  ¡no  tengas  aprensión! .  •  • 
sal  airoso  de  tu  empresa, 
que  aquí  queda  el  editor 
responsable. 

Mas. . . 

[(¿ue  vienen! . . 
aprovecha  la  ocasión. 

ESCENA  ULTIMA 

Dichos.    ANA  y  ADELA. 


Ana. 

Adela.' 
Emilio. 


Ana. 


Emilio. 

Miguel. 

Ana. 


Emilio. 
Adela. 


No  esperaba  tal  sorpresji.  (May  ooEtenta  á  su  hermana.) 

Pues  tu  esposo  le  ha  traído. 

Vamos,  ¿ves  cómo  he  venido, 

tontuela  mia?.  • .  Confiesa 

que  antes,  al  verme  marchar  ^ 

sin  hacer  caso  de  tí, 

me  echaste  una  fama . . . 

8í. 
¿Por  qué  te  lo  he  de  ocultar? 

(Durante  esta  escena  Emilio  no  cesa  de  dirigir  miradas  á  su  her- 
mano,  indicándole  que  pase  ¿  la  habitación  del  secretairc.  Mi- 
guel procura  obedecerlo,  pero  lo  detienen  las  miradaf*  de  Adela, 
que  muy  recelosa  procura  adivinar  algo  en  los  semblantes  do 
los  hermanos,  hasta  que  el  diálogo  lo  indique.  El  autor  deja  al 
buen  juicio  do  los  actores  la  repetición  de  esto  juego.) 

( ¡  Jem ! )  (A  su  hermano .) 

(¡Ya  voy!)  (id.) 

Y  no  te  extrañes 
si  CHta  vez  fui  mal  pensada. 
¡  Estoy  tan  acostumbrada 
hace  tiempo  á  que  me  engañes! 
¿Quién,  yo?  ¿engañarte  tu  esposo  ? 
Desecha  juicios  tan  vanos. 
(¿Qué  traerán  ahora  entre  manos. .  - 
porque  en  su  acento  meloso 
se  ve  clara  su  falsía.) 


28 


Pues  6Í,  querido. . .  pariente,           (irónica  á  Emilio.) 

tienes  un  gusto  excelente, 

y  á  esta  se  lo  decía 

viendo  el  rico  medallón 

'  con  que  hoy  la  has  obsequiado. 

Emilio. 

¿Eh?  ¿que  yo  la  he  regalado?           (Muy  sorprendido.) 

Miguel. 

(Chit,  que  me  pierdes!) 

Ana. 

Acción 

que  está  grabada  en  mi  pecho, 

y  estará  por  siempre. 

Emilio. 

¡Amen! 

Ana. 

Tú  no  sabes  todo  el  bien 

que  en  este  dia  me  has  hecho. 

Emilio. 

(Pero  oye . . . )                             (a  Acieía.) 

Adela. 

i  Es  joya  muy  rica!     (Desentendiéndose.) 

Ana. 

Para  mí  de  gran  valor, 

porque  la  estima  mi  amor. . . 

Adela. 

Justo,  en  lo  que  significa. 

Emilio. 

¿Pues  qué  te  habias  creido  ? 

# 

(Procurando  sacar  partido  de  la  situación.) 

Miguel. 

f ¡Aquí  yo  soy  el  que  pierdo!) 

Emilio. 

¿Que  hoy  no  tendría  un  recuerdo 

para  tí  tu  íiel  marido? 

Adela. 

(¡Bribón!) 

Emilio. 

No  te  ocultaré , 

francamente,  que  ignoraba 

hasta  en  el  dia  que  estaba ; 

pero  apenas  me  enteré, 

salí  de  aquí  por  la  posta 

y  fui  á  casa  del  joyero. 

Miguel. 

(¡Qué  cinismo!) 

Adela. 

(¡Habrá  embustero !) 

Miguel. 

(¡Cómo  se  luce  á  mi  costa!) 

Emilio. 

Así,  pues,  cese  el  enojo 

que  nublaba  tu  semblante, 

y . . .  (¿Qué  hace  ese  tunante?) 

Miguel. 

(Nada,  no  me  quita  ojo 

mi  mujer!) 

Adela. 

Yo  si  que  espero 

tener  un  recuerdo  igual 

'>9 

en  mi  dia. 
Ana.  Es  natural. 

Adela.  ¡Vaya!  Este  es  mny  caballero 

y  me  quiere. . . 
Emilio.  Con  locura; 

y  yo  á  su  defensa  acudo. 
Adela.  Si  lo  sé;  si  no  lo  dudo , 

¡hombre,  si  estoy  muy  segural 
Emilio,  Adela,  eres  inclemente 

y  muy  injusta :  ¡óyeme  1 

Más  cerca.  ¿Sabéis  por  qué 

(ProcuraDdo  atraerla  é  interef>arla  en  lo  que  dice.) 

se  muestra  algo  indiferente . 

Miguel?  • 

Adela.  ¿Tiene  celos? 

Emilio.  Sí; 

¡y  unos  celos  horrorosos! 
Ana.  ¿De  quién? 

Emilio.  Hija,  los  celosos 

de  todo  dudan. 
Adela.  ¿Y  á  tí 

te  lo  ha  dicho? 
Emilio.  Sí,  señora. 

Yo  trato  de  disuadirle, 

pero...  ¡Da  lastima  oírle! 
Ana.  ¡Pobre! 

Emilio.  Hay  reces  que  llora, 

y  si  asi  sigue  fe  muere. 
Adela.  Pero  bien,  ¿por  qué  está  así? 

Emilio.  Porque...  atiende,  ven  aquí, 

que  no  quiero  que  se  entere. 

(Emilio  procura  esti-cchar  máa  el  gi'upo.  Adela  oye  lo  qne  eite 
dice  íJon  curiosidad,  pero  sin  creer  en  e  lo. ) 

La  marquesa  de  la  Encina 
dio  un  thé, — trillante  por  cierto,— 
porque  á  su  sobrino  Alberto 
le  hicieron  guardia  marina. 
Los  dos  fuimos  invitados; 
pero...  Miguel... 
Miguel.  (¡Cómo  suda!) 


30 


Emilio. 

Como  él  os  así...  ó  sin  duda 

por  RUS  múltiples  cuidados, 

pe  olvidó  del  dicho  thé. 

Yo  iba  solo,— aunque  era  un  feo,— 

cuando  ya  en  la  puerta,  veo 

á  tu  es  esposo. 

Adbla. 

Bien:  ¿y  qué? 

Emilio. 

Sube  conmigo,  le  dije. 

— No  puedo,— contestó  al  punto;— 

me  importa  más  un  asunto 

que  ahora  mi  presencia  exige. 

Ni  vengo  vestido  yo 

como  la  etiqueta  manda... 

—¿Y  eso  qué?  ¡Anda,  hombre,  anda! 

¡Entra! 

(Muy  impaciento  y  procuramlo  que  ku  lií.»rmaiio  le  entienda/) 

Adbla. 

¿Y  él?... 

Emilio. 

; Por  fin  entró!         {X  tiempo  que  el  otro  pasa.) 

Subimos,  y  en  el  thé  aquel 

perdió  Miguel  su  alegría, 

pues  todo  el  mundo  decia 

al  verle:— ¡Pobre  Miguel! 

Adela. 

¿Y  eso  le  tiene  aburrido? 

Emilio. 

\  a  ves  que  aunque  calma  sobre... 

Ana. 

Cierto. 

Emilio 

La  palabra  «pobre», 

tratándose  de  un  marido... 

Adela. 

Bien,  yo  curarle  prometo; 

y  eso  que  su  enfermedad 

es  ya  crónica.                         (Mucha  intención.) 

Emilio. 

.     (Verdad.) 

Miguel. 

(Que  ha  salido  de  la  habitación  y  al  oido  do  Emilio:) 

(Conseguimos  nuestro  objeto.) 

Emilio. 

Pues  vamonos.                (Sin  iwdcr.^o  contener  ) 

Ana. 

¡Cómo!  ¿os  vais? 

Adela» 

(¡No  digo!) 

Emilio. 

Sí;  mas  descuida, 

que  volvemos  en  seguida: 

entre  tanto  os  arregláis 

y»«. 

2Í 


Adbla. 

(¿Dónde  irán  estos  dos?) 

Ana. 

Quien  te  espere  que  se  aguarde. 

(Muy  couti'AríaUa  y  en  touo  do  súplica.) 

MlGUBL. 

¡Que  es  tardtí,  Emilio,  que  es  tarde! 

Adela. 

No  le  niegues.                  (a  Ana.) 

Emilio. 

Vamonos. 

Adela. 

¡Vete!  y  tú  también:  ¿qué  tardas? 
si  ese  es  el  plan  combinado. 

Emilio. 

Adela,- esto  es  demasiado. 

MlUEL. 

Pero  sigúeme;  ¿qué  aguardas? 

Adela. 

¡Sí,  que  esperan! 

Ana. 

Oj^e;  oid... 

Emilio. 

Mire  usted  que  suponer...  . 

(Fingiendo  mncha  indignación  y  alejándose  Kin  hacer  easo  á  lu 

esposa.) 

Adela. 

¡  Ah!  i  Abierto  el  secretante! 

(Entra  precipitadamente  en  la  habitación.) 

Km  i  LIO. 

(¡Bravísimo!  ¡eres  un  Cid!) 

Miguel. 

(\  o  compro  otro  medallón.) 

Emilio. 

(¡Me  traigo  hasta  los  tapetea!) 

(Vanee  i)or  el  foro  del  brazo  y  locos  de  al<»gria.) 

Adela. 

(Saliendo  mny  indignada.) 

¿No  tenias  dos  billetes 
guardados  en  tu  cajón? 

Ana. 

De  cuatro  mil  reales,  sí. 

Adela. 

¡Pues  se  llevan  uno! 

Ana. 

(Corriendo  á  la  puerta  para  llamarles.) 

I  Infames! 

Adela. 

Kó,  ven  aquí,  no  les  llames. 

Ana. 

¡Oh! 

Adela. 

Nada  de  eso. 

Ana. 

¡Ay  de  mí! 

Adela. 

No  llores  ni  hagas  extremos. 

Ana. 

¡Infiel! 

Adela. 

Nada  de  afligirse. 
¿Ellos  van  á  diveitirse? 
¡Todos  nos  divertiremos! 

t'IK   DEL   tRlMER   ACÍO. 


^M^^ki 


ACTO  SEGUNDO. 


Gabinete.  Balcón  al  foro.  Secretaire  ¿  la  izquierda  del   balcón.  Tres  puertas 
laterales.  Una  á  la  derocha  3'  (I08  ü  la  izquierda.  Chimenea. 


ESCENA  PRIMERA. 


EMILIO  y  MIOUEL. 


Emilio. 

Ha  sido  por  un  azar, 

porque  mi  plan  es  muy  cierto. 

Me  encontré  en  la  calle  á  uñ  tuerio, 

¿cómo  habia  de  ganar? 

Luego,  cuando  allí  llegué, 

al  sentarme  en  mi  sillón 

ipaf!  me  veo  á  don  Simón; 

y  es  natural,  me  azaré. 

Ya  yes  que  todo  usurero 

tiene  mala  sombra. 

Miguel. 

Sí. 

Emilio.    . 

No  miento:  apenas  le  vi 

me  echaron  el  primer  cero. 

Miguel. 

¿Qué  hay  que  esperar  de  un  judío? 

Emilio. 

¿Y  sabes  con  qué  entremés 

vino?  Pues  los  pagarés 

que  se  cumplen  lioy. 

Miguel. 

.    ¡Dios  mió! 

Emilio. 

Y  que  si  no  le  pagamos 

nos  lleva  á  los  tribunales. 

áá 


MiauBL.. 

i  No  es  nada,  yeinte  mil  reales 

en  la  sitnacíon  que  estamos! 

Smilio. 

Yo,  porque  eo  paz  me  dejara 

7  de  mi  lado  se  fuera, 

^ 

le  dige  que  se  TÍniera 

por  aquí. 

MieuBL. 

¿Qaién  nos  ampara? 

Emilio. 

Yo. 

MlOUSL. 

¿Tú? 

Emilio. 

Yo  mismo:  si  tal. 

Dame  veinticiDCO  duros 

y  acaban  estos  apuros. 

Miguel. 

¡Hombre,  si  no  tengo  un  real ! 

Emilio. 

¿Quenó? 

Miguel. 

¿Yo  qué  he  de  tener? 

Emilio. 

; Bribón!  ¿En.qué  has  invertido 

lo  que  te  ha  pertenecido?  . 

¡Dos  mil  realazosi 

Miguel. 

¡A  ver! 

Medallón,  fonda... 

Emilio. 

¡Bah!  ¡bah! 

¡Eres  un  derrochador!. 

Miguel. 

¿  Hubiese  sido  mejor 

que  tú  lo  perdieras? 

Emilio. 

¡Ca! 

Si  vieras  cuan  se  admiraban 

al  ver  mi  juego  infalible  ^ 

los  banqueros... 

Miguel. 

¿Es  posible? 

Emilio. 

¡Te  digo  que  tiritaban! 

Claro,  soy  su  perdición,* 

su  eonstante  pesadilla: 

pero  yo,  teme  en  mi  silla, 

les  trato  sin  compasión. 

Miguel. 

Sí,  ya  lo  he  visto. 

Emilio. 

Nó;  atiende. 

Miguel. 

(i  Está  loco!) 

Emilio. 

Yo  ya  sé 

que  he  perdido  iimcho. 

Miguel. 

¿Y  qué? 

3 


Emilio. 
Miguel. 


ErifiLio. 
Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 


Miguel. 
Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 
Miguel. 


Emilio. 
Miguel. 
Emilio. 
Miguel. 


34 

Chico,  perdiendo  se  aprende. 
¡Pues  eso  es  lo  que  yo  digol 
Ea  fin,  hoy  hay  que  minar 
el  mundo,  para  callar 
á  ese  feroz  enemigo. 
¡A  don  Simón! 

¡Claro  ee.! 

¡  Oh  dicha!  (Fijándose  en  el  secretaire) 

¡Nó!  Está  cerrado. 

¿Y  tu  mujer? 

Se  ha  marchado 

con  la  tuya. 

¡Hola!  ¡Y  van  tres! 

¿Vas  á  dudar  de  tu  esposa? 
¡Hombre,  nunca  falta  un  bu! 
¿Si  será  ella  com<!>  tú?  . 
¡  Es  que  yo  soy  otra  cosa! 
Vaya,  tú  eres  un  pedazo 
de  tonto,  que  por  andar 
así,  te  vas  á  ganar 
el  mejor  día  un  trancazo, 
si  das  con  uno  de  genio... 
¡Soy  muy  prudente! 

¡Bobada! 
Di,  la  de  ahora  ¿no  es  casada? 
Sí,  ¡pero  tiene  un  ingenio!... 
¡Oh! 

Y  un  marido  celoso 
que  de  su  poder  abu?a. 
¡Ya! 

La  tiene  cual  reclusa. 
Pero,  chico,  lo  chistoso 
es  que,  á  pesar  del  rigor 
con  que  guardarla  ha  querido, 
hasta  hoy  solo  ha  conseguido 
ser  él  nuestro... 

¡Horror!  ¡Horror! 
Y  ella  ha  inventado  ese  ardid... 

¿Bí?... 

¡Si  es  lo  más  ingeniosa!... 


35 

1 

Verás,  oye:  es  muy  g^sa, 

¡macho! 

Emilio. 

¿Hija  de  Madrid? 

MiOUEL. 

Nó,  señor,  et  de  Almadia. 

- 

Su  esposo,  que  es  de  los  lelos. 

la  compra  anos  caramelos 

de  cierta  confitería 

donde  yo  conenrro  mocho, 

casi  cuotidianamente. 

¿Me  entiendes? 

Emilio. 

Perfectamente. 

MlGUBL. 

Como  el  hombre  es  poco  ducho, 

no  se  le  ocurre  pensar 

que  entre  aquellos  papelítos. . . 

Emilio. 

¡  PuesI  vaú  algunos  escritos 

• 

en  cifra,  para  evitar... 

Miguel. 

¡Sí!  sí.  Pues  ¿y  la  manera 

'  (Oekbrándofle  la  grada. 

que  tiene  de  contestarme? 

Emilio. 

Pero,  hombre,  ¿Tas  á  contarme?... 

Miguel. 

¡Si  eso  enamora  á  cualquiera! 

¡Si  es  lo  más  lista!... 

Emilio. 

¡Lo  creo! 

Mas... 

Miguel. 

¡Es  para  que  te  rías! 

A  las  tres,  todos  los  días 

recibo  yo  mi  correo. 

y  ¡asómbrate! 

Emilio. 

¡Ya  me  asombro! 

Miguel. 

Me  lo  entrega  en  propias  manos 

uno  de  esos  italianos 

que  con  la  mdsica  al  hombro 

se  ganan  por  ahí  la  vida 

tocando  un  mal  organillo. 

Emilio. 

Pero  ¿cómo? 

Miguel. 

Es  muy  sendllo. 

A  la  hora  convenida 

se  planta  bajo  el  balcón. 

mi  hombre:  sueña  una  tocata. 

que  suele  ser  La  Traviata, 

56 


y  ella,  con  gran  precaución... 

Emilio. 

¿La  Traviata? 

Miguel. 

iNó:  no  tal! 

Adela,  que  ese  es  su  nombre. 

se  asoma:  ve  si  es  nuestro  houibre, 

y  en  perros  le  arroja  un  rteal 

bien  envuelto  en  un  papel. 

Emilio. 

Papel  que  estás  tú  esperando. 

(Miguel  hace  signos  aflrmatiTOi  ) 

¡Lo  que  se  ya  adelantando^ 

en  ciertas  cosas,  Miguel! 

Miguel. 

¿Qué  quieres? 

Emilio. 

La  gran  cuestión 

es  ver  ahora  de  pagar... 

Miguel. 

Yo  me  tengo  que  marchar... 

Emilio. 

Huyendo  de  don  Simón, 

¿no  es  cierto? 

Miguel. 

(iPues  claro  es!) 

Nó:  Toy  á  ver  si  realizo 

un  empréstito  al  Suizo.. 

donde  me  espera  Valdés. 

Emilio. 

¿Eso  es  verdad? 

Miguel. 

I  No  que  nó! 

Emilio. 

Oye... 

Miguel. 

Si  me  da  dinero. 

pagamos  al  usurero, 

¡y  á  vivir!                                        (^rase.) 

Emilio. 

iEh!...  Se  largó. 

ESCENA  II. 

EMILIO. 

¡Pues  lo  que  es  yo  no  me  aguardo! 

Pero...  ¡si  soy  un  gallina! 

Una  vez  que  el  campo  es  mío 

y  ahora  no  hay  quien  me  lo  impida, 

¿por  qué  no  probar  á  abrir? 

Al  momento. — En  su  mesilla 

creo  que  tiene  unas  llaves... 

(Vaie,  primera  puerta  izquierda  ) 


87 


ESCENA  III, 


ADELA  7  ANA  que  salen  por  la  aegunda  paerta  izquierda  muy  quMito. 


Adela. 
Ana. 

A  OBLA. 


Ana. 


Adela. 
Ana. 

A  déla. 

Ana. 

Adela. 


Ana. 

Adela. 


¡Giste!  iLapuertecita 
Ya  á  servinioB  de  mnehol 

¡Ohl 
iDíoB  mío!  iCaánta  perfidia! 
¿Conqae  mi  señor  marido 
lecibe  todos  los  dias 
un  papel  de  uaa  manera 
tan  ingeniosa  y  artística? 
¡  Yo  le  daré  caramelos, 
y  Traviatas  y  cartitas! 
¿Te  sabes  bien  la  lección? 
Saberla,  sí;  pero  mira 
que  yo  uo  voy  Á  poder 
fingir  bien. 

¡Qué  tontería! 
¡Y  nos  exponemos  mucho 
en  este  juego! 

Pues,  hija, 
¿és  poco  lo  que  toamos? 
¿Y  si  perdemos? 

¿Te  olvidas 
de  que  hasta  hoy  han  sido  inútiles 
las  lágrimas^  las  sonrisas, 
las  súplicas,  los  desdenes, 
y  en  fin,  hasta  las  caricias? 
¡Pues  vamos  á  ver  sí,  hiriéndoles 
del  corazón  otras  fibras, 
toman  luego  al  buen  camino 
ese  par  de  almas  perdidasl 
¡  Ah!  ¿Dónde  has  puesto  la  llave 
del  secretmre? 

Aquí  encima, 
en  este  joyero 

Nó: 


Ana. 

Adela. 
Ana. 

Adela. 


38 
ponía  a^uí  más  á  la  vista. 

(Adela. la  pone  sobra  el  mueble  en  que  esté  el  Joyero.) 
Guando  vuelvan  á  la  carga, 
que  estoy  de  ello  segurísima, 
verán  qué  buenos  billetes 
se  encuentran. 

i  No  estoy  tranquila! 
i  Calla,  que  vuelve  tu  ospoao! 
Pero... 

I  Ven^  no  seas  niüa!     "     (Vanse  por  la  derecha. ) 

ESCENA   IV. 


EMILIO:  después  A^A. 


Emilio. 


Ana. 

Emilio. 
Ana. 

Emilio. 


Ana. 

Emilio. 

Ana. 
Emilio. 

Ana. 

Emilio. 

Ana. 

Emilio. 

Ana. 


(Sin  verla.) 


(Al  ver  á  Ana.) 


Por  poco  eneueako  las  llaves. 
A  ver  si  alguna.,.  Esta  es  chica. 

(Probando  las  llaves  que  trae  en  su  llavero.) 
(i  Adela  no  me  engasaba! 
¡Dios  mió,  qué  villanía!) 
Ninguna  ajusfa. 

(Si  eséoy 
por  confundirle!...) 

¡Por  vida!... 
Quizá  con  unas  tijeras... 
Voy  á...  (¡María  Santísima!) 
¿Te  causa  ya  miedo  el  verme? 
Nó...  es...  qué...  como  creia... 
que. . .  babias  salido. . . 

lYal 
Y  no  oí  la  campanilla 
ni... 

¿Me  esperabas? 

¡Es  claro! 
(¿Me  habrá  visto?) 

¿Qué  decias? 
Nó,  nada.  (Señor,  ¿hay  duerides 
en  esta  casa  maldittt?) 
¿Supongo  que  pensarás 
salir?... 


39 


Emilio. 

Nó:  ahora  no  teaia».. 

Ana. 

¡Gracias  á  Dios  qiiQ  una  vez 
se  te  puede  hablar  sin  prisa! 

Emilio. 

¿Pues  de  qaé  quieres  hablarme? 

Ana. 

De  algo  que  el  sueflo  te  quita. 

Emilio. 

¿Y  qué  es  ello? 

Ana. 

No  te  enfades; 
y  perdona  si,  atreyida, 
pretendo  darte  un  consejo, 
más  que  de  esposa,  de  amiga. 
No  juegues  más  á  docenas, 
ni  á  los  cuadros^  ni  á  las  lineas. 

E  MILIO. 

lAnita! 

Ana. 

No  seas  tonto 
y  juega  á  la  repetida. 

(£1  asombro  de  Smilio  debe  ser  creciente.) 

¿Que  salen  pares?  A  pares 

hasta  que  quiebren.  ¿Que  tiran 

nones?  Pues  te  Tas  á  nones 

sin  vacilar. 

4 

Emilio. 

iPero  chica!... 
(¡Dios  mió,  qué  estoy  oyendo!) 

Ana. 

La  jugada  es  muy  sencilla. 
lAh!  No  juegues  martin-galas 

(Medio  mutís.) 

porque  son  una  engañifa: 

para  uno  que  sale  bien... 

Emilio. 

íYo  estoy  en  Babia! 

Ana. 

¡Medita 

mi  consejo,  y  buena  suerte! 

• 

(¡Cumplí  mejor  que  creial) 

ESCENA  V. 


EMILIO. 


¿Pero  oye?...  ¡Yo  estoy  sonando! 
¿Esto  es  verdad  ó. mentira? 
¿Quién  I9.  ha  enseñado  e^ps  térniinos 
ruletescos,  que  se  estilan 
Bolamente  en  ciertos  eirculos?,.. 


40 

cNo  jae2;iiee  cuadros  ni  lineas.» 
¿Sí  tendrá  razón?  ¿(jaé  es  esto? 

(Reparando  en  la  liare  que  ha  dejado  Ana..> 

¡La  llave  de  ahí!  [Oh  dicha! 
¡Se  la  ha  dejado  olvidada! 
¡A  ver  antes  si  me  expían!... 

(Mirando  por  la  puerta  que  se  ha  marchado  su  mujor.) 

¡No  está,  no  está!  ¡El  mando  es  mió! 
Cometo  una  acción  indigna; 
¡pero  el  caso  es  explotar 
sin  perder  tiempo  la  mina ! 

(Se  dirige  al  secretatre,  le  abre  y  comienza  i  it^gistrar  los  ssl> 
Iones.) 

A  ver...  Aquí  nó...  Tampoco 
en  este.  Guantes,  horquillas... 
¡  Domonio!  Si  no  hay  un  céntimo, 
á  lo  menos  á  la  vista!... 
¿Calle?  ¿Qué  esto  que  asoma 
dehajo  de  esta  tablilla?... 
¡Un  papel!  ¡Nó,  que  son  dos! 
¡Una  carta  con  la  firma 
de  Adela!  ¿Cómo? — «A  las  siete»... 
¿Qué  es  esto?  ¡Ah,  fementida! 
¿A  ver?  ¡Y  una  papeleta 
de  empeño!  Y  que  esta  no  es  mia 
estoy  cierto. — «Medallón 
con  esmalte  y  piedras  ñnas.» 
¡  Será  el  medallón  que.. .  ¡  An a ! 
¡Adela!  ¡Qué  significa!.*. 

ESCENA   VI 

Dicho.  TORCUATO. 


torcüato. 
Emilio, 
tobcuato. 
Emilio. 

torguáto. 


Caballero... 

¡  Eh!  (Sorprendido  y  muy  incomodado.) 

Servidor... 
Muy  señor  mío.  ¿Podría 
saber?... 

¿A  lo  que  venia? 


41 

Emilio.  Si;  si  me  hace  usté  el  favor... 

(Que  contraste  U  dulBura  de  Tormato  con  el  carActer  agrio  y 
fuerte  de  Emilio.) 

ToKCüATO.     (¡Dios  mío!  Este  ¿qniéu  será? 

Según  dijo  doña  Inés, 

era  viuda.)] 
£milio.  (¿Qué  entremés?...) 

ToRCüATo.     ¿La  señora  no  estará? 
Emilio.         iCómo! 

ToRCüATo.  (¿Será  algún  amante?) 

Emilio.  ¿Buscaba  usté  á  la  señora? 

ToRCüATO.     Justamente, 
Emilio.  Pues  ahora 

no  se  halla  aquí*,  mas,  no  obstante, 

yo... 
ToRCüATO.  Nó,  no  tal:  es  distinto . 

Emilio.  ¿Cómo  distinto? 

ToRCüATo.  ( í  Me  escamo ! ) 

Emilio.  ¿Quién  es  usted? 

ToRCUATo.  Yo  me  llamo 

don  Torcuato  Riotinto. 
Emilio.  ¿Y  qué? 

Torcuato.  (Mala  cara  tiene; 

mas  si  paga...) 
Emilio.  Sin  pretextos; 

¿quiere  usted  no  hacer  más  gebtos 

y  decir  á  lo  que  viene  ? 
Torcuato.     Pues  yo...  La  señora  sabe 

quién  soy.  Antes  vine... 
Emilio.  (¡Hola!) 

Torcuato.     Mas  como  no  estaba  sola... 
Emilio.         (¡Caracoles,  esto  es  grave!) 

¿Y  ha  de  ser  sola  también    . 

como  usted  pretende  verla?        (Procurando  dominarse.) 
Torcuato.    Yo  por  no  comprometerla... 
Eimilio.        Es  claro,  hace  usted  muy  bien. 

(¡A  este  le  rompo  el  bautismo!) 
Torcuato.    La  cosa  no  es  casi  nada, 

y  ya  estará  acostumbrada, 

porque  otras  veces  lo  mismo 


42 

le  ha  solido  acontecer. 

Amigo,  el  jnego  es  asi: 

hoy  á  tí,  mañana  á  mí... 
Emilio.         ¿Cómo? 
ToRCüATO.  La  tocó  perder 

en  la  última  reunión. 
Emilio.         (¿Qué  dioe?) 
ToRCüATo.  La  suerte  es  loca; 

tuvo  que  jugar  de  hoca, 

«Azares  del  juego  son.» 
Emilio.         ¿De  qué  juego? 
ToRcuATo.  (¡Este  me  pega!)  ■ 

Emilio.         ¡Hable  usted  pronto!  (Muy  incomodado,) 

ToRCüATo.  (¡Aydemí!) 

Emilio.         Porque  sepa  usted  que  aquí 

¡yo  solo  soy  el  que  juega! 
ToRCüATo.    Y  la  seno... 

Emilio.  i  No  es  verdad !  (Sin  dejarle  terminar  la  frase.) 

¡Eso  es  falso! 
ToRcuATO.  ¿Cómo?  ¿qué? 

Emilio.  (¿Jugar  Ana?)  ¡  Salga  usté 

ó  hago  una  barbaridad! 
ToRCüATO.    Lo  pide  de  tal  manera... 

(8eñor  ¿dónde  me  metí?)  (Medio  múüs.) 

Emilio.         (¡  Ah!  qué  idea!  ¡Es  mejor,  sí!) 

Oiga  usted:  ¡soy  una  fiera! 

(Trayéndole  al  proscenio  cogido  por  las  solapas  de  la  levita.) 

ToRCüATo.    Lo  creo. 

Emilio.  Gran  tirador 

de  sable  y  pistola. 
ToRCüATo.  (¡Atiísa!) 

Emilio.         Escoja  usté:  una  paliza 

ú  obedecer. 
ToROüATO.  (¡Pues,  señor, 

la  elección  no  es  muy  dudosa!) 

Bien:  ¿qué  q^uiere  usté  de  mí? 
Emilio.         Poca  cosa.  Entre  usté  ahí 

sin  replicar. 
ToROU  ATO.  (¡Qué  graciosa 

situación!)  Pero... 


£milio. 
torcüato. 

Emilio. 

torcuato. 


43 

I  No  admito 
escusas! 

(¡Ay  qné  Nerón! 
Me  ya  ¿  salir  sarampión 
del  disgnsto!) 

¡Y  si  da  nn  grito, 
si  alguien  llega  á  sospechar 
de  que  está  usté  ahí  encerrado!... 
Nó,  nó;  yo  estaré  callado. 

(Lo  encierra  en  la  primeva  habitacbn  de  U  izquierda,  anB<|ao 
sin  quitar  la  Uarc.) 


Emilio.         ; Pronto  lo  he  de  averiguar! 

ESCENA    VII 


EMILIO,  despnee  UI6T7EL. 


Emilio. 

I  Ana! — ¡Si  no  puede  ser!                         (LUmando.) 

Pero...  ¿y  esta  papeleta? 

(Se  ha  guardado  la  carta  y  la  papeleta  la  tiene  en  la  mano.) 

¿Y  la  lección  de  ruleta? 

■ 

¿Y  este  hombre?...  ¡Voy  á  perder 

el  juicio! . . . 

Miguel. 

¿Qué  te  sucede? 

Emilio. 

Nó,  di  mejor:  ¿qué  nos  pasa? 

(¡Qué  idea!  Voy  á  esta  casa 

de  empeños,  y  que  ese  se  quede 

encerrado.)  CPor  la  casa  de  préstamos  que  indica  la  papeleta.) 

Miguel. 

¿Vasa  hablar?... 

Emilio. 

Me  quiero  antes  persuadir . 

Sólo  te  puedo  decir 

que  haces  bien  en  sospechar 

de  Adela. 

Miguel. 

¿Te  burlas? 

Emilio. 

Nó. 

Miguel. 

¡Explícate! 

Emilio. 

Tengo  pruebas... 

Miguel. 

¡Cielos! 

Emilio. 

De  aquí  no  te  mueras 

hasta  que  regrese  yo. 

44 


MiauEL. 

¡Perjura! 

Emilio. 

I  Paciencia!  j  Calma! 

(Deteniendo  á  sa  hennano  que  quiera  ir  ea  busca  de  su  miúer.) 

I  Ni  nna  palabra,  ni  un  gesto 

hasta  mi  yuelta! 

Miguel. 

¡Eb  que  esto, 

chico,  le  llega  á  uno  al  alma! 

Emilio. 

I  Oh!  ly  tanto! 

Miguel. 

¿Ana  también? . . . 

Emilio. 

I  También:  también  me  la  pega! 

Miguel 

I  Horror! 

Emilio. 

I  Me  consta  que  juega, 

y  que  pierde! . . . 

Miguel. 

Pero  ¿quién 

ó  quiénes? . . . 

Emilio. 

¡No  has  de  decirlas       (sin  hacerle  caso.) 

ni  tanto  asi  de  este  asunto! 

Miguel. 

Si  puedo. . . 

Emilio. 

Yo  yuelTO  al  punto. 

(Vase  segundn  puerta  dcrcclia.) 

Miguel. 

¡Pronto,  para  confundirlas! 

ESCENA    VIII 


MIGUEL:  después  ADELA. 


Miguel. 


Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 


ce  Piensa  mal  y  acertarás,» 
dice  un  refrán  que  yo  sé. 
Yo  pensé  mal. . .  y  acerté. 

(¿Si?  ¡Pues  tú  lo  pagarás!)  (Que  le  habrá  oído.) 

(¡Ella!) 

(¡Valor,  y  adelante!) 
(¡Qué  mal  me  reprimo!  ¡Ingrata!) 
Miguel. 

(¡Cómo  se  retrata 
la  traición  en  su  semblante!) 
¿Qué  tienes?  ¿Qué  te  ha  pasado? 

(Con  extremada  solicitad.) 


4 


.> 


MlOÜBL. 

Adela. 


Miguel. 
Adbla. 

MlGUBL. 

Adbla. 


Miguel. 
Adela. 


Miguel. 
Adela. 

Miguel. 
Adela. 


Miguel, 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 
Miguel. 


Nada. 

Mejor  que  m^jor. 

(Se  BÍenta  en  el  confidente,  saca  nn  caramelo  de  loa  que  traerá 
en  el  bolfillo  y  arroja  el  papel  cerca  de  bu  cüporo,  con  el  fin  de 
que  éste  se  fl}e  en  ella.  Miguel  no  hace  cara.) 

¿Quieres  hacerme  un  favor? 

¡Cuál? 

Ven:  sentarte  á  mi  lado. 

¡Me  encuentro  muy  bien  aqui! 

No  me  extraña  lo  que  escucho. 

Hace  mucho  tiempo,  mucho, 

que  advierto  que  huyes  de  mi. 

(¿Y  se  atreve  á  provocarme?) 

Soy,  no  obstante,  de  las  terca»; 

y  ya  que  tú  no  te  acercas, 

tendré  yo  que  aproximaime. 

(Cogo  una  silla  y  se  sienta  al  lado  de  Miguel.  Al  minno  tiempo  qne 
está  hablando,  pix>cura  dar  vueltas  al  caramelo  que  tiene  en 
la  boca.) 

¡Qué  cinismo!  (Leyantándose.) 

¡Hombre,  por  Dios,   (Haciéndole  sentar.) 

no  te  vayas:  siéntate! 
(¡Sefior:  paciencia!) 

¿Por  qué 
no  hemos  de  charlar  los  dos 
un  rato  aqui,  sin  testigos? 
¿O  es  que  á  mi  me  negarás 
lo  que,  de  seguro,  das 
al  peor  de  tus  amigos? 
¿Qué  tienes?  ¡Algo  me  oculta 
ese  pecho  en  este  instante! 
¿Qué  sientrs? 

¡Ay  qué  cargante! 
¡Nada! 

¡Bien! 

(¡Es  que  me  insulta 
al  mostrar  tal  interés!) 
Callaré  si  te  incomodas. 
¡Te  amo  tanto!. . . 

(¡Lo  de  todas!) 


ÁDfiLA. 
MíGUBL. 

Adela. 

MlGUAL. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel, 


(Estudíese  esta  frase.) 


Adela. 

Miguel. 

Adela. 


Miguel. 
Adela. 


Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel. 
Adela. 


46 

I  No  te  enfades! 

(Cierto  es!) 
¡Alza  la  vista  del  snelo, 
que  pueda  yo  verme  en  tí! 
I  Adela!  ¡Adela! 

¡Así,  así! 
¿Qué  comes? 

Un  caramelo. 
(¡Dios  mió!) 

¿Qué,  quieres  unO? 
(¡Qaé  casualidad!)  Bí,  dame. .  • 
(¿Qué  apostamos  que  esta  infame?) 
Este  es  hoy  mi  desayuno. 
¿Sí? 

No  he  tomado  otra  cosa, 
y  eso  que  es  tan  tarde. 

(íOh!) 
Mira:  no  sabia  yo 
que  fueses  tú  tan. . .  ¡golosa! 

(Al  tomar  el  caramelo  que  le  ha  dado  Adela,  lo  dewnvuelTe  y 
proctira  ver  si  el  papel  tiene  algo  escrito.) 

Nó,  pues  no  soy  mucho. 

(¡Infiel!) 
¿Qué  haces,  hombre?  ¿Tú  estás  lelo, 
ó  es  que  en  vez  del  caramelo 
vas  á  comerte  el  papel?J 
¡Ay  qué  cara! 

(¡No  reposo!) 
¡Ahí  ¡Necia!  Pues  si  sé  ya 
lo  que  tú  tienes...  ¡Jal  ¡ja!... 
¡Siempre  has  sido  tan  celoso!... 
¡Mira  que  esto  es  inaudito! 
¿Conque  usted  de  mi  recela? j 
¿Y  es  sin  razón? 

¡Ja!  ¡jal 

¡  Adela! 
¡Vaya  otro  caramelito!  .   (Mucha  coquetería  ) 

¡Mira,  y  de  guayaba! 

¿Sí? 
¡  Sí : .  para  tí  lo  guardaba ! 


i1 


Miguel. 
Adbla. 

MlGQSL. 


Adela. 

Miguel. 

Adela. 


(¡tHoB  mió,  me  da  guayaba!) 

{Ahí  (Al  doKnTolyerle  y  mirar  el  |«p«l.) 

(¡Ya  dio  con  ello!) 

Di: 
¿qué  es  esto?  ¡Nó!  ¡Calla!  ¡Vete, 
yete  de  mi  lado! 

¡Ay,  liyol      (Mostrándow  soQveiidUa.) 

¡Dámelos  todos:  lo  exijo! 

¡  Bien,  hombre:  toma  el  p^qnete! 

(Dándole  el  'paqnetito  de  caramelo!  qae  traerá  en  el  boMIlD. 
Miguel  los  arroja  sobre  un  yelador,  y  muy  colérico  y  oon^iUao 
comienza  á  desenvolvcriof. 


Miguel. 

¡A  ver!... 

Adela. 

(Mncho  le  exaspero; 

pero  ese  ardor  le  redime.) 

Miguel. 

¡Una  ka!  ¡Una  jota!  Dime: 

¿esto  es  una  o  ó  un  cero?         (Mostrándola  un  papeUto.) 

• 

Adela. 

¡Ay,  yo  no  sé;  soy  tan  lerda!... 

Miguel  . 

¡Es  cero,  no  hay  duda,  nó: 

como  diciendo  qne  yo 

soy  aqni  nn  cero  á  la  izquierda! 

¡Mas  ya  lo  yeremosl 

AdbIíA. 

¡Hombre! 

Miguel. 

Dime;  ¿dónde  se  han  comprado? 

Adsla. 

6i  me  los  han  regalado. 

Miguel. 

¿Quién? 

Adela. 

¿Quién? 

Miguel. 

¡Su  nombre!  Su  nombre! 

Adela. 

¡Cálmate! 

Miguel. 

¡Que  asi  me  váidas, 

infiel! 

Adela. 

¿Yo  infiel  á  tu  amor? 

Miguel. 

¡Si,  señora! 

Adela. 

¡Nó,  señor! 

Miguel. 

¡No  rae  insultes! 

Adela. 

¡No  me  ofendas! 

Miguel. 

¿Conque  no  amas? 

Adela. 

¡Con  locura! 

Miguel. 

¿Y  lo  confiesas? 

Adbla. 

¡Pues  Bí! 

4g 


Miguel. 

¡Qué  descaro! 

Adela. 

¡Si  esa  tí! 

Miguel. 

¡Perjura! 

Adela. 

¡Miguel! 

Miguel. 

¡Perjura, 

aparta! 

Adela. 

(¡Voy  viento  en  popa!) 

Escucha. 

Miguel. 

¡No! 

Adela. 

¡Pues  adiós! 

Miguel. 

¡Nos  veremos! 

Adela. 

¡Sí!  (Los  dos 

van  apurando  la  copa!) 

(Vaae  por  la  primera  puerta  derecha  ) 

ESCENA  IX. 


Miguel. 


torcuato. 

Miguel. 

tor  guato. 

Miguel. 

Torcuato. 

Miguel. 

Torcuato. 


Miguel. 


Torcuato. 
Miguel. 


MIGUEL:  después  TORCUATO. 

Pero,  señor,  ¿es  posible? 

¡Pues  claro!  ¿No  lo  estoy  viendo? 

Yo  necesito  saber 

quién  es  el  vil  que  trae  esto. 

¡Si  le  cojo  entre  mis  manos! . . . 

¡Caballero! 


(Por  el  paquete.) 


(Llamando  dentro.) 


¿Eh? 

¡Caballero! 
Pero  ¿^uién  diablos  me  llama? 
¡Aquí! 

¿Dónde?  Si  no  veo... 
¡Aquí  en  este  gabinete! 
Hágame  usted  el  obsequio 
de  abrir,  estoy  encerrado. 
(¡Un  hombre  aquí!  ¡Dios  eterno! 
¿Será  esta  la  prueba  que 
Emilio? . . .  Ahora  lo  veremos.) 
¡Salga  usté!. . . 

¡Un  millón  de  graciaB! 
No  hay  de  qué.— Mas  sin  rodeos: 
¿qué  hacia  usted  en  ese  cuarto? 


49 


torcuato. 
Miguel, 
torcüato. 
Miguel. 

ToRCÜATO. 

Miguel. 

ToRCÜATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 


Miguel. 

tor guato. 
Miguel. 

ToR  GUATO. 


Miguel. 


ToR  GUATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 

Miguel.. 
Torcuato. 


'M<>í»trí\nclosolo.) 


Miguel. 


Diréánstei... 

¡Sin  cnmplíinientog! 
Soy  Torcuato  Riotinto. 
Al  grano. 

(iUjI  ¡qué  mal  genio!) 
He  venido  aquí  á  cobrar. . . 
¿De  parte  del  usurero 
don  Simón? 

No  tal:  de  parte 
de  unas  señoras . . . 

¡No  es  cierto! 
¿Eh?  (¡Qué  afán  de  desmentirme 
tienen  esto^  caballeros!) 
Le  juro  á  usted  que  es  verdad 
cuanto  le  digo. 

¡Acabemos! 
¿Conoce  usté  este  paquete? 
¿Cómo? 

¿Y  estos  caramelos? 
¿A  ver? — «La  colmena  de  oro». 
¡Si,  señor;  y  son  muy  buenos! 
Doy  fé,  porque  compro  muchos. 
Sí,  si  estoy  en  el  secreto. 
(¡No  sé  como  no  le  ahogo!) 
Oiga  usted,  yo  soy  de  hierro: 
¡tengo  el  corazón  de  bronce! 
¡Ay  Dios! 

¡Y  entrañas  de  acero 
colado! 

Es  usté  una  mina 
sin  explotar. 

¡So  embeleco! 
¿Es  que  piensa  usted  burlarse? 

(Gogiendo  una  silla  paru  tirársela.) 

;Nó,  notal!  ¡Socorro!  ¡fuego! 

(¡Ahí  ¡qué  idea!  ¡Así  me  escapo!) 

¡  Señor  mió,  este  atropello 

de  que  yo  estoy  siendo  víctima, 

ni  es  justo  ni  le  tolero! 

¿Eh?  ¿qué  quiere  usted  decir? 


J^eyendo  ) 


TORCÜATO. 


Miguel, 
torcuato. 

MiniTKL. 

ToRCÜATO. 
MiOUKL. 


ToRCÜATO. 

Miguel. 

ToRCÜATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 

Miguel. 

ToRCÜATO. 

Miguel. 


Miguel. 


Miguel. 


50 

¡Ahí  tiene  usted,  y  hasta  Inego! 

(Alargándole  su  tarjeta  qiio  Mjjfuel  rpchaz.T .  deteniéndola:  al 
minmo  tiempo.) 

¡Cá,  nó!  ¡Si  usted  no  se  vá! 
¿Duelitos  á  mí? 

¡Eso  quiero! 
8í,  3'0  lo  mato  á  usted; 
pero  ha  de  ser  como  á  un  perro. 
Pero,  hombre,  ¿por  qué? 

¿Por  qué? 
¿Acaso  no  ha  dado  en  ello? 
¡Yo  soy  su  esposo! 

¿Mi  esposo? 
(¡Este  es  un  pillo  ó  un  necio!) 
¡  Esposo  de  esta  señora! 
¡Dios  mió!  ¡Qué  estoy  oyend(I 
¿Pues  no  es  viuda? 

Demasiado 

sabe  usted  que  nó. 

(¡Yo  muero!) 
¡Hacia  aquí  Tiene!  ',Miraii«ioj 

¡Que  venga, 
que  venga  es  lo  que  deseo! 
¡Cá,  nó!  ¡si  va  usté  á  decirla 
que  yo  he  salido! 

Comprendo. 
Y  va  usted  á  hablar  con  ella, 
mientras  yo  en  este  aposento . . . 
Ese  recurso  es  muy  pobre 
y  además  muy  violento. 
Bien:  será  lo  que  usted  quiera. 
Pero  es  el  único  medio 
de  probarme  su  inocencia. 
¡Y  ei  hace  usté  un  solo  gesto! . . . 
Hombre,  de  eso  no  respondo: 
soy  un  manojo  de  nervios, 
y... 

Pues  bien:  ¡si  ella  sospecha 
que  yo  les  estoy  oyendo. . . 
salgo  y  lo  estrangulo  á  usted! 


5) 


'1^ 


ToRCUATo.      i  Pero  hombre! .  - . 
Miguel.  ¡Lo  dicho! 

(Entra  en  la  primera  puorta  izquierda,  qnccl¿ndo<io  entre  las 
cortinas.^ 

ToucuATo.  ;Cielo8! 

¡Y  lo  hará  como  lo  dice! 
;De  aquí  salgo  sin  pellejo! 

ESCEÍTA  X. 

TORCUATO,  ADELA,  MIGUEL  oculto  tra?«  laí»  cortinn*. 

Adela.  ¡Oh,  señor  de  Riotiiito! 

¿Usted  por  aquí  otra  vez?  ^ 

roRci'ATo.     Yo. . .  si . . .  (¡Qué  cara  de  juez!) 

El  actor  encargado  do  este  papel  comprenderá  perfectamente  lo 
critico  de  su  útnacion.  Toda  la  eocena  debe  hacerla  temblando 
j  sin  apartar  la  rista  de  la  habitación  enquee^tá  Miguel  O 

¡Ya  voy!— (¡Tengo  un  laberinto 

(Contestando  á  las  «eñas  que  le  hace  Miguel  para  que  hable  ú  sn 
esposa.) 

de  ideas  en  mi  cabeza! . . . ) 

Señora,  debo  advertir 

que  yo . . . 
A.D15LA*  (Se  va  á  divertir 

el  que  escucha  en  esa  pieza!) 

Siéntese  usted. 
ToRcuATO.  (¡Sí,  al  momento!) 

Adela.  Y  hable  cuanto  guste  ahora. 

ToRCüATo.     Muchas  gracias;  nó,  señora. 
Adela.         ¿Cómo?  ¿qué? 
ToROüATo.  ¡Que  no  me  siento! 

Adela.  ¿Tanta  prisa  tiene  usté, 

ó  tan  mal  ae  halla  á  mi  lado? 
TorcuaTo.     Nó,  mas. . .  (Bien,  ya  estoy  sentado. 

(Miguel  lo  hace  señan ) 

Verdugo!) 
Adsla.  ¡Pero  hombre! 

ToRcüAto.  ¿Qué? 

Adela.  ¡La  ocurrencia  es  peregrina! 

Torcüato.     Nó,  pues  yo  no  he  dicho  nada. 


Adela. 

Miguel. 

Adela. 


tokcüato. 
Miguel, 
torcuato. 
Adela. 


ToRCUATO. 

Adela, 
tor  guato. 
Adela. 

ToR  GUATO. 

Adela. 

ToR  GUATO. 


(Mucha  ii  trnci<ni_) 


(A  Toi'cunto.) 


Sí,  si  ya  lo  sé. 

(¡Taimada!) 
Mas  yo  no  tengo  bocina; 
y  aunque  así  podemos  vernos, 
para  el  ca^o  no  es  iguSl, 
porque  á  una  distancia  tal 
es  imposible  entendernos. 
(¡Qué  lenguaje,  santo  Dios!) 
(¡Acerqúese  usted!) 

;  Comente! 
Aquí  en  este  confidente 
hay  sitio  para  los  dos. 

(Torcuato  so  sienta  al  lado  de  Adela.  I^as  fígiira»  deb^n  estar  co- 
locadas de  modo  que  Torcuato  y  Wipruel  so  vean  do  fronte,  y 
Adela  de  espaldas  á  su  esposo.)  .  • 

(¡Esto  se  pone  muy  serio!) 
I A  jajá! 

(¡Y  el  otro  allí!) 
Ea,  empiece. 

(¡Desde  aquí 
me  llevan  al  cementerio!) 
(¡Veremos  si  te  resistes 
á  esta  lección!) 

(¿Y  que  digo?) 
Su  esposo  de  usté. . . 

(Queriendo  indicarle  con  los  ojos  que  Miguol  escucha.  Adela  no 
le  entiendo.) 


Adela. 

¡Ay,  amigo! 

¡no  hablemos  de  cosas  tristes! 

Torcuato. 

Iba  á  decir  que  salió . . . 

Adela. 

Bien:  ya  volverá. . . 

Torcuato. 

(¡Y  al  punto!) 

Adela. 

Hábleme  usted  de  su  asitnto 

V  dejémosle  en  paz. 

Miguel. 

(¡Oh!) 

Adela. 

El  pobre  anda  por  ahí 

ajeno  de  que  aquí  estamos . . . 

TtRCUATO. 

¡Sí;  muy  ajeno!  (Apostamos 

que  se  ha  prendado  de  mi! 

¡Y  P8  preciosa!) 

Adela, 
torcuato. 

Adela. 

torcüato. 

Adela. 

ToRCÜATO. 

Adela. 


TORCÜATO. 


Adela. 


ToRCÜATO. 


Adela. 

ToRCüATO. 

Adela. 

ToRCUATO 


53 

Vamos...  ¿qué? 
Temo  dar  á  usted  enojos. . . 
(i Ay!  iqué  ojos,  señor,  que  ojos!)  (Por  Ioü  do  Mignoi ) 
¡Cómo! 

¡Qué  ojos  tiene  ui»té! 

¡Já!  ¡Já! 

(¡Se  alegra!  ¡Yo  muorol . .  ) 

Señora . . . 

¡Nó,  si  me  rio!. .  • 
Ante  todo,  amigo  mió, 
¿usté  es  casado  ó  soltero? 
Lo  que  á  usté  le  agrade  uiús. 
Digo,  nó,  me  he  equivocado: 
soy  casado  y  muy  casado, 
y  con  hijos  además. 
Adoro  á  mi  esposa,  ciogo, 
y  Dio8  nuestro  amor  bendice; 
asi  que,  como  quien  dice, 
estoy  ya  fuera  de  juego. 
(¡A  ver  si  ese  tigi-e  hircano 
cesa  ya  de  sospechar! 

¡Miento;  mas  en  mi  lugar 
mintiera  el  mejor  cristiano!) 

Pues  me  resisto  á  creer 

ese  amor  que  usted  proclama: 

si  tanto  á  su  esposa  ama, 

¿por  qué  dice  á  una  mujer 

lo  que  antes  á  mi  me  ha  dicho 

lleno  de  amoroso  afán? 

¿Por  qué,  moderno  don  Juan? 

¡Ahí  verá  usted,  por  capricho  ! 

porque  me  obligan . . .  á  ello 

las  gracias  que  usté  atesora; 

por  eso  mismo. 

¿Si? 

(¡Ahora 

me  ahogaban  con  un  cabello!) 

Ciego  dice  usted  que  está, 

y  el  que  está  ciego  no  ve. 
,    (¡Y  tanto!) 


Adela. 


torcuato. 
Adbla. 


torcüato. 
Adela. 

ToRCÜATO. 

Adela. 

ToRCÜATO. 

Miguel. 
Adela. 

ToRCÜATO. 

Adela. 


torcuato. 
Adela. 

ToRCÜATO. 

Adela. 

ToRCUATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 


Más  claro;  que 
usted  para  si  dirá: 
«Mujer  que  por  su  marido 
se  ve  tan  abandonada 
y  sin  piedad  relegada 
al  más  humillante  olvido, 
por  fuerte  y  santa  que  sea, 
es  tanto  lo  que  padece, 
que  si  otro  su  amor  la  ofrece. .  y> 
(\Aj,  Dios  mió,  que  flaquea!) 
«Sólo  por  dar  que  sentir 
al  infiel  que  la  maltrata, 
es  capaz. . . 

(I  Aliora  me  mata!) 
¡Jesús!  ¡lo  que  iba  á  decir!  r 

Sí,  sí;  no  diga  usted  más: 
lo  que  resta  lo  adivino. 
¡Mi  esposo  es  un  libertino! . . . 
¡Nó,  nó! 

(¡Ya  me  lo  dirás!) 
¡De  esos  que  al  crimen  incitan 
con  su  infame  proceder! 
Consuele  á  usted  el  saber. . . 
Sí,  que  liay  muchos  que  lo  imitan 
y  exigen  de  sus  esposas 
amor  y  fidelidad. 
Señora,  ¡por  caridad, 
no  me  diga  usté  esas  cosas! 
¡Usted  me  ama,  de  fijo! 

¡Yo,  nó!  (Levantándose  muy  asustado.) 

Y  aunque  bien  no  cuadre 


a. . . 


¡Chist!  ¡chis! . ..  (Creo  en  Dios  padre!) 


¡Infames! 


Creo  en  Dios  hyo. 

(Al  decir  esto  cae  medio  desmayado  en  el  aliento 


áS 


ESCENA  XI. 


Dichos.  MIGUEL: despnei  ANA. 


Adela. 

Pero  ¡estás  loco! 

Miguel. 

¡Traidora! 

TORCÜATO. 

(¡Qué  sitaacion  tan  crael!) 

MiGüBL. 

¡Te  he  escuchado! . . . 

Adela. 

¡Si!... 

Ana. 

¡Miguel! 

(Eutrando  muy  usurad*.) 

IGCEL. 

Ana. 

MIGUEL. 

tobcüato. 
Ana. 

Adela. 

Ana. 

Adela. 
Miguel. 

torcüato. 

Miguel. 

Adela. 


Miguel. 

Adela. 

Miguel. 


ToBCÜATO. 

Miguel 


¡Abajo  está  una  señora 
que  pretende  yerte! 

¡A  mi! 
Y  grita  que  se  las  pela. 
Dice  que  se  llama  Adela. . . 
(¡Dios  mió!) 

(¡Adela!) 

Y  que  8Í 
lio  ki  obedeces  muy  listo. . . 
¡Quién  te  manda  de  tal  modo! 
Sube,  atropella  por  todo 
y  arma  la  de  Dios  es  Cristo! 
¡Qué  mujer  es  esa! 

Vov.. . 

(Sumamente  conti-aiiado  y  siti  haber  qué  rcs^ionder.^ 

Diga  usted,  ¿qué  señas  tiene? ...  (a  Ana/j 

Una  señora  que  Tiene. . . 
¡Abuscarte;  sí;  ya  estoy: 
esa  es  alguna  querida! . . . 
¡Yo  quiero  verla!. . . 

¡Nó!  (¡Cielos!) 
¡Y  tú  de  mí  tienes  celos! 
Déjame:  vuelvo  en  seguida. 
(Pero. . .  este  se  escapará. . .) 
Pase  usté  á  esa  habitación . . . 
¡Otra  vez ! 

¡Sin  dilación! 


; 


Ton  cu  ATO. 


Adela. 

MlOüBL. 

Adela. 
Miguel. 


56 

(¡Si  será! ...  ¡Si  no  será!) 

(Miguol  encierra  á  Torcuato  en  la  misma  habitación  de  que  le 
sacó,  guardándose  la  llave  y  corriendo  además  un  pestillo.) 

¡Esos  BOD  necios  estremos: 
el  señor  es  inocente! 
Bien;  vuelvo  al  punto. 

Corriente : 
¡mal  esposo! 

¡Ya  hablaremos! 

(En  tono  de  amenaza  y  saliendo  precipitadamente  por  la  .segun- 
da derecha.) 


ESCENA  XII. 


adela  y  ANA. 


Adela.  ¡Oh!  ¡no  hay  tiempo  que  perde» ! 

Ana.  ¡Esto  es  provocarles  mucho! 

Adela.  Animo,  no  me  abandones, 

que  falta  poco;  lo  último. 
Ana.  No  dirás  que  no  fui  exacta 

en  venir. 
Adela.  Si;  muy  á  punto. 

¿Y  ese  hombre? 
Ana.  ¿El  usurero? 

¡Ahí  está  hecho  un  energúmeno  I 

Como  ha  venido  tres  veces 

y  no  ha  encontrado  á  ninguno 

de  los  dos . . . 
Adela.  Dile  que  venga. 

¡El  cambiazo  va  á  ser  chusco! 
Ana.  ¡Dorotea,  trae  á  ese  hombre! 

(Llamando.  La  criada  aparece  y  vuelve  á  6ulir  euacguida. 

Adela.  Se  le  darán  sus  mil  duros; 

pero  antes  ha  de  ayudarnos 
á  conseguir  nuestro  triunfo. 


57 


ESCENA  XIII. 


Dichafi.  D.  SIMÓN,  DOKOTKA. 


Adela. 

Pase,  pase  usté  adelante. 

Simón. 

¿No  están?  ¡Esto  es  un  abuso! 

lesto  no  se  hace  con  nadie! 

¡Esto  es  estafarle  á  uno! 

Ya  lie  venido  siete  yeces 

y  otras  que  vengo  y  no  subo 

y  me  estoy  en  el  portal 

acechando:  son  recursos 

de  que  tengo  que  valerme. . . 

Adela. 

Bien;  mas.. . 

ISlMOiN. 

Su  esposo. . .  uó,  el  suyo... 

(Di  rigiéndose  alternativameuto  á  la»  dob  ) 

me  ha  mandado  que  viniera 

y  aún  no  le  he  visto:  presumo 

que  faé  por  desentenderse 

de  mi. 

Adela. 

¡Por  Dios! 

Simón. 

¡Mas  les  juro!... 

Ana.' 

Bien:  ¿usted  querrá  cobrar? 

Simón. 

¡Me  parece  que  es  muy  justo! 

Adela. 

Pues  yo  le  prometo  i  usted 

que  cobrará. 

Simón. 

¡Oh!  ¡de  seguro! 

Adela. 

Y  habiaiá  usted  con  los  dos. 

Simón. 

Ese  es  mi  deseo  único. 

Adela. 

Pronto,  acompaña  al  señor.                       a  Dorotea  ^ 

Dorotea. 

Venga  usted. 

Simón. 

¿Qué  es  lo  que  escucho? 

¿Es  así  como  se  paga? 

Adela. 

Yo  lo  que  prometo  cumplo. 

Quiero  qne  usted  les  sorprenda. 

Simón. 

Bien:  de  ese  modo. . .  mas  dudo. . . 

Adela. 

Entran  ustedes  por  casa,                          i^  dorotca.) 

dan  la  vuelta. . . 

Simón. 

(¡Con  qué  gusto 

Dorotea. 
Adbla. 

Dorotea. 

Adela, 


58 

les  echaría  á  presidio!) 

Vamos ... 
Si  el  otro  hace  escrúpulos, 
con  un  engaño  cualquiera. . . 
Descuide  usted. 

( Vaae  con  don  Simón,  por  la  segunda  puerta  derecha . ) 

|Ay!  ¡yo  sudo! 

ESCENA  XIV 


Dichas:  luego  TORCUATO, 


Ana. 

AdEL4. 


Tokcuato. 

Adela, 
torcüato. 

x\dela. 

tor  guato. 


Ana. 

Adela. 

ToRCÜATO. 


Adela. 

ToRCUATO. 

Adela. 


¡Dios  quiera  que  tanta  farsa 

no  nos  dé  serios  disgustos! 

¡Encerrarle  en  ese  cuarto! . . . 

¡Oh,  sí!  ¡el  cielo  lo  dispuso! 

¡Bendita  puerta  secreta 

y  quien  tal  idea  turo! 

¡Cómo  se  van  á  quedar 

mi  buen  marido  y  el  tuyo 

al  ver  salir  á . . . 

¡Respiro! 

¿No  está  su  esposo  el  verdugo? 
¡Nó! 

¡Mi  bastón,  mi  sombrero! 

¡  No  estoy  aquí  ni  un  minuto! 
Es  que  estarán  á  la  puerta; 
y  al  verle  salir. . . 

¡San  Bruno! 

¡No  importa,  por  la  boardilla 

me  marcho:  yo  más  no  sufro! 

¡Pobre!  Deja  que  se  marche. 
Nos  hace  aún  falta.  , 

¡Qué  escucho  I 
¡Oigo  voces!  ¡Ellos  son! 
¿No  hay  por  ahí  un  baúl  mundo? 
¡Un  armario,  en  cualquier  parte! 
¡Aquí! 

¡Nó,  no  estoy  seguro! 
¡Que  llegan! 


(Cogiéndolos  de  doiiUe 
los  haya  dejado^ 


torccato. 

Adela. 

Ana. 

Adela. 


59 

¿Tiene  cerrojo? 


¡Si! 


(i  Yo  tiemblo!) 

(iDisimulo!) 

ESCENA  ÚLTIMA. 


Dichas.  EMILIO,  MIGUEL  y  TORCUATO  entre  las  oortinaa.  Emilio  y  Miguel, 

ciegos  de  furor,  se  dirigen  cada  cual  á  su  mujer  y  latí  llevan  al  proscenio.  Todo» 

quieren  hablar  á  un  tiempo,  pero  procurando  que  lleguen  bien  al  público  toda» 

las  palabras.  Esta  escena  debe  ser  un  relámpago. 


Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Adela. 

Ana. 

Emilio. 

Miguel. 

ToRCÜATO. 

Emilio. 

Adela. 

Miguel. 

Emilio. 

Ana. 

Emilio. 

Adela. 

Emilio. 

Adela. 

Miguel. 

Emilio. 


ToRCUATO. 

Emilio. 


¡Venga  usted,  señora! 
¡Responda  usté,  ingrata! 
¿Conque  usted  empeña? . . . 
¿Conque  usted  me  engaña? 
¿Conque  caballitos? 
¿Conque  la  guayabal 
¡Yo! 
¡Yo! 

¡Que  vergüenza 
jugar  una  dama! 
Admitir  piropos 

de  un  quidam,  de  un  mandria! . . . 
(¡Creo  que  me  nombran!) 
¡  Esto  es  una  infamia! 
¡No  es  cierto! 

¿No  es  cierto? 
¿Me  engaño? 

¡Te  engañas! 
¿Miguel,  oyes  esto? 
¿Oyes  esto,  Ana? 
¿Aún  niegas? 

¡Aún  niego! 
¡Pues  basta! 

¡Pues  basta  I 

(Los  dos  se  dirigen  al  cuarto  donde  dejaron  encerrado  á  Torcua- 
to,  que  es  el  primero  de  la  izquierda.  Ana  y  Adela  se  remuMi 
celebrando  el  triunfo  que  van  á  conseguir.) 

(¡Oh  qué  par  de  tigres! 
¡Si  allí  me  encontraran! . . .) 
Oye:  ¿tú  qué  buscas 
aquí  en  esta  estancia? 


60 


Miguel. 

Eso  te  pregunto. 

TORCÜATO. 

(¿A  que  ahora  se  agarran?) 

Emilio. 

¿Dónele  está  esta  llave? 

Miguel. 

lAqui! 

Emilio. 

¿\  quién  te  manda? . . . 

¡  La  vida  de  este  hombre 

es  mia! 

MiüEL. 

¡Caramba! 

» 

¡  Pronto  lo  sabremos! 

¡Que  salg^i ! 

Emilio. 

I  Que  salga! 

Los  DOS. 

i  Salga  usté  al  punto! 

(Hau  abiort»  la  puerta  y  se  prefcouta  D.  Siuion,  que  con  muy 

bruscas  maneras  dice:) 

Simón. 

Pero  ¿se  me  paga? 

Los  DOS. 

¡Don  Simón!  ¿Qué  es  esto? 

Emilio. 

¿Y  el  que  aquí  se  hallaba? 

Simón. 

¡Basta  de  encerronas! 

(Se  oye  en  la  calle  un  organillo  que  toca  La  Tro. data.) 

Miguel. 

¡Cielos!  ¡La  Traviata! 

Adela. 

¿Quién  es  este  hombre? 

TORCUATO. 

(¡Dios  mió,  qué  casa!) 

Adela. 

(Afcom  ándese  pc>r  el  balcón  y  envolvicudo  uno»  cuarto»  eu  un 

papel,  que  le  an-ebata  bu  esposo,  conforme  lo  marca  el  diálogo.' 

¡Ay!  ¡es  el  que  viene 

todas  las  mañanas! 

Le  echaré  unos  cuartos . . . 

Simón. 

Voy  al  juez  de  guardia. 

Miguel. 

¡Traiga  usté  eso,  infame  I 

Ana. 

Y  ahora  ¿por  qué  callas? 

Torcuato. 

(¡Igual  hace  Adela! 

¡Esto  ya  me  escama!) 

Miguel. 

«Mañana  al  Retiro ...»                                Leyendo  > 

Simón. 

¡No  valen  palabras! 

Emilio. 
Miguel. 
Ana. 
Adkli. 


¡Dios  mió! 


¡Dios  mió!         vTiruudosc  sobre  unas  butaca^.' 


Nos  aman! 


¡Nos  aman! 


FIN    DEL   ACTO    SEGUNDO. 


ACTO  TERCERO. 


La  mUniu  docoracion  del  acto  K^tnindo. 


ESCENA  PRIMERA. 

MIGUBT^  y  EMILIO,  ambos  s^ntaüoB  en  butacas  y  áormuim. 

Emilio.  ¿Eh?  ¡Demonio!...  ¡Me  he  dormidol 

¡Y  qné  suefio,  Santa  Tecla! 
Soñaba  qne  mi  mnjer 
daba  impulso  á  una  ruleta, 
y  que  yo  estaba  jugando. 
¡Sólo  el  pensarlo  me  altera! 
¿Habrán  venido?  ¡No  hay  nadie! 

(Levantándose  y  registrando  toda  la  (^-icena.) 

;  Y  son  ya  las  cinco  y  media! . . . 
«Dormid  tranquilos:  estamos 

(Leyendo  un  papel  que  habrá  «obre  el  vt'l:níor.) 

en  casa  de  la  Condesa.i> 

¿Se  jugará  allí?  Pues  nó, 

y  se  bailará  sin  tregaa, 

y  habrá  buffet,  y  habrá  pollos 

y  con  tomates .. .  ¡pérfida! 

y  estará  allí  el  Riotinto, 

y  ella,  infiel,  falsa  y  coqueta. . . 

¡Bah!  ¡Nó,  la  estoy  ofendiendo! . .  .^ 

¡Imposible! . . .  ¡Tan  modesta, 


f52 


MlGCEL. 

Emilio. 

Miguel. 
Emilio. 

Miguel. 


Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

MlGUKL. 


Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 


Miguel. 

Emilio. 
Miguel. 


Emilio» 
Miguel» 


tan  amorosa,  tan  santa! . . . 
¡Oh!  desde  que  sé  que  juega 
creo  que  oculta  en  su  pecho 
cuanto  hay  de  malo  en  la  tierra. 

¡Dios  mío!  ¡Si  ya  amanece!         (Asomándose  ai  balcón.) 

¡Miguel! . . .  ¡Pero,  hombre,  despierta! 

¡Ah!  ¿Eres  tú? 

¡Yo!  ¡Cuidado 

que  se  necesita  flema! . .  •. 

¿Para  qué? 

Para  dormir 

en  situación  como  ésta. 

Hombre,  me  quedé  traspuesto; 

pero  he  soñado  con  ella, 

con  mi  mujer. 

¡Como  yo! 

¿Y  te  extraña  que  me  duerma? 

Es  que  yo  sueño  despierto. . . 

Bien.  ¿No  han  venido? 

Ni  piensan, 

por  lo  visto. 

¡Yo  no  aguanto 

más;  no  tengo  paciencia: 
¡me  voy! 

Pero  ¿dónde  vas? 

A  casa  de  esa  condesa. . . 

¿Y  sabemos  por  ventura 

qué  titulo  es  el  que  lleva 

dicha  señora,  si  hasta  hoy 

ignoramos  que  tuvieran 

tales  relaciones?. . . 

Cierto. 

¡Valiente  noche! 

¡Soberbia! 

¡Mira  que  estar  esperándolas 

aquí  siete  horas  enteras! . . . 

A  mí  se  me  han  hecho  años. 

¡A  mí  siglos! 

¡Y  ese  pécora, 

^se  mono  con  levita, 


est4urá  allí  dando  vaeltas! 

Pero  lo  qne  aún  no  me  explico 

es  cómo,  de  qné  manera 

se  CBcapó. 

Emilio. 

Yo  lo  oncern* 

y  dejé  la  llaye  pnonta. 

yiiovF.L, 

Y  yo  le  volví  á  encerrar. 

y  hasta  tení?o  la  certeza 

de  haber  corrido  el  pestillo. 

Emilio. 

Menuda  fué  la  sorpresa. . . 

¡hallarnos  con  don  Simón! . . . 

Miguel. 

¡No  me  le  nombres  siqniera! 

¿Le  pagaron? 

Emilio. 

Le  pagaron. 

Miguel. 

Porque  yo  no  me  doy  cuenta 

de  lo  que  pasó  después. 

'   En  fin,  menos  mal.  ¡No  llegan!        (Mny  iuipActerite.) 

¡  Ah!  Ya  me  había  olndado. . . 

¿No  dices  que  tienes  pruebas 

de  que  mi  esposa  es  culpable? 

Emilio. 

Las  tengo. 

MlGUflL.. 

Vamos  á  verlas. 

Emilio. 

Tengo  una  carta. 

Miguel. 

¿Una  carta? 

Emilio. 

Que  con  una  papeleta 

de  empeño,  estaba  escondida 

en  el  secretaire:  espera . . .     (Rpgi«tráníirwo  los  boiPiíios/ 

¡creo  que  la  llevo  aquí! 

Miguel. 

¿Qué  dice? 

Emilio. 

Dice  á  la  letra. . .                           •^uq^^. 

(tMañana,  á  las  siete  en  punto, 

bajo  para  ir  á  la  Perla. 

Mi  honor  á  tu  honor  lo  fío.i> 

MlGUKL. 

Cielo  santo,  ¡qué  sospecha! 

(Todo  aiitistado  por  el  rocuonlo  do  1.1  carta  ) 

¿Tiene  un  borrón  el  «honor?» 

Emilio.    • 

Sí  le  tiene» 

Miguel. 

Pues  es  de  ella. 

Emilio. 

¿De  qué  ella? 

Emilio. 

¡Déla  otra! 

VÁ 


Emilio. 

MlGUBL. 

Emilio. 
Miguel. 

Emilio. 

MlíilTEL. 


Kmii.io 


¿De  quft  otra? 

¡Qué torpeza!. . . 
De  mi . . . 

¡María  Santísima! 
¡Ay!  ¡Y  habrá  visto  esta  esquela 
mi  mujer! . . . 

¡Pues  está  claro! 
Pero  ¿tienes  la  evidencia? 
¡Sí,  hombre!  ¡Si  en  cuantas  cartas 
me  ha  mandado  hasta  la  fecha 
ha  echado  en  el  mismo  sitio 
un  borrón!  ¡Oh!  ¿Con  qué  fuerza 
moral,  ahora  á  mi  mujer 
me  atrevo  á  pedirle  cuentas? 
Si  no  fueras  imprudente. . . 
Esos  pape'es  se  queman. 
Mas  no  importa;  aquí  estoy  yo. 
¡Chist!  que  creo  que  se  acercan. 


ESCENA    IT. 

PiohoR.  ADELA  y  AKA.  Vienen  con  trajes  de  baile  y  con  abrigos,  rióndosc  y 
Ungiendo  no  reparar  en  áu»  marido»  hasta  que  lo  marque  el  diálogo 


Adkla. 

¡Ja,  ja!  ¡Vamos,  aún  me  rio! 

El  lance  ha  sido  extremado. 

Mira  que  haber  deshancado 

á  la  condeFa . . . 

Emilio. 

(¡Diosmio!) 

Ana. 

¿Pues  y  aquel  otro  que  á  tí . . . 

Adela. 

¡Ay!  ¡Si  no  le  pongo  gesto. . . 

Emilio. 

¡Pero,  señor!  ¿Oj'es  esto? 

Adela. 

¡  Ah!  jque  estáis  los  dos  aquí! 

Emilio. 

Ya  lo  ves. 

Adela. 

A  fé  de  Adela 

que . . * 

Miguel. 

¿Te  espantas? 

Adela. 

¡Sí,  me  espanto! 

Miguel. 

¡Qué  quieres,  nos  gusta  tanto 

pasar  las  noches  en  vela . . . 

(a  Miguel.) 


Adela. 


MiGUEr, 

Adela. 

Miguel. 

Emilio. 

Adela. 

Emilio. 

Ana. 

Adela. 


Emimo. 
Adela. 

Emilio. 


AXA. 

Emilio. 


Adela. 


(Ifodio  mutis.) 

(ion  enorffia.) 

(Con  altaneria.^ 


(0->n  fuerza.) 


Eso  hace  tiempo  ]o  sé: 
imejor  diVho,  lo  Rabemos! 
¡Ea!  Nosotras  tonemofl 
que  dormir. . . 

I  Señora! 

No,nailn....  (j  Todo  lo  sabe!) 
Espprad 

Pero. .. 

^.  i  Lo  exijo!  ,u,.n  ruerza.; 

^Vlira,  30...  (Quorionnosíncorarso  y  pronta  ádoí.oiibririoMo  ^ 

(iSiloncio!)  Ay,  hijo,    ca  Ana  can  rapIJer.  ^ 

¿a  que  ese  tono  tan  gjare 
y  ese  ceño  tan  adusto? 
¿Y  aim  lo  preíjuntas? 

i  Es  claro! 
Habla:  no  tengas  reparo. 
Decidme:  ¿es  lícito,  es  justo 
qnc-  estemos  aquí  los  dos 
de  horribles  celos  muriendo 
cuando  os  estáis  divirtiendo 
por  €8os  mundos  de  Dios? 
¿No  es  indigno  proceder 
que  de  los  límites  pasa, 
que  se  esté  el  marido  en  casn 
y  en  el  baile  la  mujer? 
¿No  es...  íachi! 

i  Jesús! 

Di,  di: 
¿no  es  esto  un  cruel  sarcasmo, 
que  hasta  hemos  cogido  un  pasmo 
por  esperaros  aquí? 
¿Quién  tal  maldad  supusiera? 
¿Quien  tal  hubiera  creído? 
¿Conque  tanto  habéis  sufrido 


(Estornuda.  > 


en  una  noche  de  espera? 
¡Pues  juzgad  cuántos  disgustos 
y  cuántos  pasmos  cogieron' 
las  que  uno  tras  otro  vieron 
trascurrir  dos  años  justos 


C  »n  oonipapion  cómit.i.} 


e,r, 


esperando  que  ú  su  hogar 

volviera  su  esposo  amado!  (Movimiento  do  los  dos.) 

Xó;  si  nos  hemos  cansado 

ya  de  sufrir  y  esperar: 

que  en  este  mismo  silion 

tanto  frío  hemos  sentido, 

que  ya  está  seco,  aterido 

nuestro  pobre  corazón. 
Emilio.  ¡Adela! 

Adela.  Hoy  por  vez  primera 

rompimos  nuestra  clausura 

y . . .  mira,  se  me  figura 

que  no  será  la  postrera . . . 

¿Sí,  eh? 

¡Porque  hemos  pasado 

el  tiempo  admirablemente! 

;8í,  si  ya  lo  sé! 

(¡Serpiente!) 

Ya  sé  que  habéis  deshancado . . . 

¡Jesúfr! 

¡Esperad!  ¿No  ois? 

(¡Ay!) 

Esas  no  son  razones: 

queremos  explicaciones. 

¿Atin  más? 

¿De  dónde  venis? 

¿No  lo  oyes?  De  divertirnos. 

Pues  qué  ¿no  somos  de  Dios 

como  sois  vosotros  dos?. . . 

¿O  creísteis  que  al  unirnos 

para  siempre,  al  pronunciar 

el  81  que  á  todos  ataba, 

una  mártir  ó  una  esclava 

comprasteis  en  el  altar? 
Ana.  ¡Por  Dios,  déjales,  no  hables!  (a  Adela  muy  a^nstada.) 

Adela.  ¡Os  engañáis  muy  de  veras: 

somos  vuestras  compañeras 

y  no  siervas  miserables! 

8i  debemos  lamentar 

vuestras  penas  y  dolores, 


Emilio. 
Adela. 

Emilio. 

Miguel. 

Emilio. 

Adela. 

Miguel. 

Ana. 

Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 


(erodio  mutis.) 


Miguel. 
Emilio. 

MlGCEL. 

Emilio. 
Adela. 
Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

Adela. 


Miguel. 
Emilio. 
Adela. 
Emilio. 


<;7 

todos  vuestros  sinfiaboros, 
también  debemos  gozar 
como  TOBotroR  ^zais: 
también  nuestro  corazón, 
que  ve  con  qué  sin  razón 
crueles  le  atormentáis, 
necesita  recrearse 
para  que  no  le  ahogue  el  llant^i, 
ya  que  los  que  amaba  tanto 
nunca  quisieron  cuidarse 
de  darle  paz  y  ventura 
como  juraron ,  im  pios ; 
por  eso  á  tantos  desvíos 
no  pagamos  con  usjara, 
y  á  su  profundo  desden 
con  el  desden  contestamos: . 
si  así  los  atormentamos, 
que  sufran  ellos  también, 
que  puedan  pbr  sí  apreciar 
el  dolor  que  aquí  sentimos: 
como  ellos  cumplen,  cumplimos: 
¿de  qué  se  pueden  quejar? 
(¡Anda,  contesta!) 

^EPte  y  Emilio  están  como  anonadados  iT«r  lan  razones  de  Adela.) 

(¡Yo!) 

(¡Pues!... 
porque  yo  estoy  coartado.) 
(¿Y  acaso  yo  no.  he  faltado?) 
(¿Lo  ves,  hermana,  lo  ves?) 
Pero  aunque  hemos  áelinquido 
es  muy  diferente. 

Sí. 
I  Adela!  í  Adela! 

¿Es  á  mí 

(Mu j  pória  y  mirándole  fijamente.) 
ó  á  la  otra? 

(|Me  ha  partido!) 
Es  qi#  si  esas  teorías . . . 
¡Estamos  rendidas! 

¿Eh? 


cd 


Adela. 

¡Adiós! 

Emilio. 

i  Ana! 

Adela. 

(Sigúeme.)                             (a  Ana.) 

¡Bnenos  dias! 

Ana. 

Buenos  días. 

( v'^anse  primera  puerta  derecha  ) 

ESCENA    III 


MIGUEL  y  EMILIO. 


Miguel. 

Después  de  esto,  ¿qué  nos  qne.la? 

Emilio. 

i  Una  horca! 

Miguel. 

iNó,  te  engañas: 

la  separación  al  punto! 

Emilio. 

Sí. 

Miguel. 

Pero  antes  la  venganza. 

Yo  necesito  matar 

á  ese  hombre. 

Emilio. 

¿Y  dónde  se  halla? 

Miguel. 

¿Crees  que  si  lo  supiera 

no  estaría  ya  en  la  caja? 

Me  voy  á  ver  á  Ramiro. 

Emilio. 

¿Ah(M-a? 

Miguel. 

Ese  tarambana 

conoce  á  medio  Madrid, 

puesto  que  de  todos  habla, 

^ 

y  en  todas  partes  se  mete, 

y  á  todos  saluda  y  trata. 

Quizá  ese  me  dé  noticia. 

¿Recuerdas  cómo  se  llama? 

Emilio. 

Rio  tinto.  Pero  observa 

que  ir  ahora  tan  de  mañana 

á  incomodar  á  tu  amigo. . . 

Miguel. 

Tengo  con  él  confianza. 

pero  aunque  no  la  tuviera. 

Adiós.                 (Va  á  salir  do  bata  y  con  el  sombrero  puesto.) 

Emilio. 

Que  vas  hecho  un  fachii 

Miguel. 

Es  verdad:  tira  de  aquí. 

(Se  quita  la  bata  y  se  pone  la  levita.) 

69 


Emilio. 

Te  advierto  qne  si  le  hallaR 

te  le  traigas  por  la  posta. 

Miguel. 

¿Para  qué? 

Emilio. 

La  cosa  es  clara; 

porque  quiero  que  me  saque 

de  estas  dudas  que  me  matan. 

Miguel. 

¿Pero  atín  dudas? 

Emilio. 

¡Qué  sé  yo! 

Que  DO  hagas  una  trastada 

Miguel. 

y... 

¡Bueno;  te  le  traeré, 

y  después  le  rompo  el  alraaf 

(Vatóo.) 


ESCENA    IV 


EMILIO:  despaes  ANA. 


Emilio.  ;  Ay  Dios  mió!  ¡En  unas  horas 

estoy  purgando  las  faltas 

de  mis  treinta  años!  ¡Si creo 

que  hasta  me  han  salido  canas!  (Mirándose  á  un  c&iwjo.) 
Ana.  (¡Nó,  yo  se  lo  cuento  todo, 

quiera  ó  no  quiera  mi  hermana, 

que  la  lección,  aunque  justa, 

se  va  haciendo  muy  pesada!) 

¡Emilio! 
Emilio.  Ven,  ven  aquí. 

Siéntate  ahí  y  séme  franca. 

(Con  cierta  entonación  cómica  lo  (iii^^  sigue,  despucs  de  sontarác.) 

¿Por  qué  tienes  ese  vicio 

que  tus  virtiides  empaña? 

Si  tú  no  eres  ambiciosa 

ni  las  riquezas  te  halagan, 

¿qué  vas  buscando  en  el  juego? 

¿Qué  es  lo  que  pretendes,  Ana? 

¿Qué  deseas  tú  en  el  mundo? 

A  mi  lado,  ¿qué  te  falta? 
Ana.  ¡Tu  cariño! 

Emilio.  ¡Mi  cariño! . . . 

¿Y  le  buscas  en  la  banca 


70 


Ana. 

Emilio. 


Ana. 

Emilio. 


Ana. 


ó  en  la  ruleta? . .  - 

i  Pero,  hombre! .  - 

¡  No  proiiuucie»  uiás  palabras, 

que  cada  frase  que  dice» 

el  corazou  me  desgarra! 

¿Tú  sabes  lo  que  es  el  juego? . . . 

¿Tú  lo  sabes,  desgraciada? 

¡Oh! 

¿Sabes  tú  que  ese  vicio 

es  huracán  que  arrebata 

los  más  nobles  sentimientos 

que  florecen  en  el  alma? 

¿Sabes  que  todo  el  que  juega 

lleva  la  ruina  á  su  casa? 

¡Así  estamos  sin  un  cuarto!     (Coii  cxasiwraciün  cómica.) 

¡Asi  empeñamos  alhajas! . . . 

¡Y  así  tendremos  un  dia 

que  empeñar  hasta  las  sábanas! 

¿Ignoras  que  el  jugador 

es  un  ser  que  se  degrada 

á  tal  punto,  que  hasta  olvida 

BUS  afecciones  más  caras?  > 

¿Sabes  que  pierdes  mil  veces 

por  sólo  una  vez  que  ganas, 

y  que  hay  muchos  caballeros 

(ine  sin  ser  justicia  amarran^ 

Pero . .  • 

(Aparcco  Ailcla  por  la  primera  puerta  ilerecha,  desde  donde  oye 
lo  que  resta  de  la  escena.) 


Adela. 

(¡La  está  predicando 

él  mismo!  Pues  tiene  gracia.) 

Emilio. 

¿No  sabes  que  la  ruleta 

es  fiera  que  no  se  sacia 

y  que  si  mucho  la  das 

más  te  pide  y  más  se  traga? 

¿Cómo  sin  faltarme  á  mí 

puedes  tú  jugar  á  faltas? 

Ana. 

¡Por  Dios! 

Emilio. 

¿No  sabes  que  tod 

el  que  juega  no  descansa? 


7! 

Si  duerme,  sueña  en  el  juego, 
y  cual  sediento  con  agua, 
¡sueña  que  bebe  y  no  bebe! . 
i  sueña  que  gana  y  no  gana! 
¿No  sabias  todo  esto? 
Respóndeme:  ¿por  qué  callas? 
Eu  fin,  ¿uó  sabes  que  el  Código , 
conjunto  de  leyes  sabia», 
impone  penas  muy  duras 
al  taliur;  y  si  le  atrapan 
lo  conducen  á  una  cárcel, 
donde  mil  tormentos  pasa? 

USCENA  V 

Dichoe.  ADBLA. 


Adela. 

i  Ay!  ¿Pues  cómo  estás  tú  aquí? 

(A  Emilio) 

Emilio. 

Estoy  porgue... 

(Furioso.) 

Adela. 

¡Dilo,  acaba! 

• 

Emilio. 

Porque  soy  un  caballero: 
¿lo  entiendes? 

Ana. 

(¡Por  Dios!) 

(A  su  hermana.) 

Emilio. 

Y  basta 
de  estúpidas  transacciones 
que  mi  dignidad  rebajan; 
porque  tú  con  tu  cinismo^ 
y  esta  con  estar  callada, 

habéis  hecho  ya  imposible 

■ 

vivir  en  la  misma  estancia. 

Ana. 

Pero  óyeme. . . 

Emilio. 

Nada,  hoy  mismo 
escribiré  á  Salamanca 
y  le  contaré  á  tu  padre 
la  verdad  lisa  y  muy  llana. 

Adela. 

Bien  hecho,  porque  nosotras 
pensamos  llevar  la  carta. 

Emilio. 

¿Que  08  vais?  jeso  lo  veremos! 

Adela. 

¿Pues  no  nos  echas? 

Emilio. 

i  Ingratas! 

Ana. 

Emilio. 


72 


1  Emilio! 


¡Déjeme  usted! 


(Vá£C  pacrta  derecha  ) 


ESCENA  VI 


ADELA.— ANA. 


/-/ 


Ana 

Adela. 
Ana.  5 
Adela. 


Ana. 

Adela. 


Ana. 


Ade'la.. 


Ana. 
Adela. 


Ana. 


¡ Por  Diütí,  escucha!  (Qiiieudo  aotener  á  Emilio  ) 

¡Ten  calma! 
Nú,  no  callo  más. 

Pues  bueno; 
ve  y  arrójate  á  sus  plantas 
y  dile  que  se  equivoca, 
que  todo  esto  es  unaT  farsa, 
que  eres  lo  que  siempre  lias  «ido, 
en  fin,  que  eres  una  santa; 
y  aunque  jures  y  perjures 
y  aunque  en  llanto  te  deshagas, 
ni  él  hará  caso  de  tí 
ni  creerá  en  tus  palabras. 
Pero  ¡Dios  mió!  ¿que  hacor^ 
Lo  que  ya  te  he  dicho:  aguarda    .. 
á  que  venga  don  Torcuato 
y  verás  cómo  se  aclara 
todo  esto  en  un  minuto . 
Sí,  sí. . .  espérale  sentada. 
Buen  rato  ha  llevado  el  pobre 
para  que  le  queden  ganas 
de  volver. 

Pues  volverá. 
Antes  de  que  se  marchara 
ayer  tarde,  le  exigí 
la  promesa  de. . . 

¡Bobada! 
Pues  vendrá,  te  lo  repito, 
y  vendrá  hoy  por  la  mañana. 
¿Te  olvidas  que  el  muy  pobrete 
supone  que  estoy  prendada 
de  su  figura? . . . 

No  obstante . . . 


Al>BLA. 


Ana. 

Adbla. 

Ana. 

Adela. 


Ana. 


Ad£la. 


Ana. 

Adbla. 
Ana. 


Adela. 
Ana. 

Adbla. 


Ana. 
Adela. 


73 
(Que  se  ha  dirigido  al  baloun  y  mirado  por  él  á  la  calle.) 

¿Ves  como  no  me  engañaba? 
Allí  está. 

¿Quién?  ¿Don  Torcuato? 
El  mibnio  que  viste  y  calza. 
¿Le  dijiste  que  á  esta  hora? 
Yo  nó. . .  pero  por  las  trazas, 
el  amor  no  le  ba  dejado 
dormir . . .  (Casi  estoy  tentada 
de. . .  81;  cuanto  antes  mejor.) 

( Viendo  que  bu  hermaua  ha  abierto  Uw  peraiauab  y  que  agita  nu 
pañuelo.) 

¿Qué  haces? 

Abrir  las  persianas: 
le  dije  que  no  subiera 
hasta  que  yo  le  avisara. 
Pero  ¿estás  loca? 

Ya  sube. 
Adela,  yo  estoy  en  ascuas. 
Todo  esto,  aun  cuando  es  fín¿j^ido, 
la  dignidad  lo  recliaza, 
y  hemos  hecho  mal,  muy  mal. 
i  Y  dale!  ¡Ya  estás  pesada! 
¡Perdón  ame  I 

No  te  niego 
que  en  esta  ruda  batalla 
hemos  avanzado  mucho; 
pero,  hija,  el  refrán  lo  canta: 
«nunca  mucho  costó  poco,» 
y  sabes  que  la  ganancia 
ba  sido  grande. 

Eso  si. 
¡Son  recursos  de  quien  ama! 


(Cumo  incxjmodada  ) 


ESCENA  VII 


Dichas  y  D.  TORCUATO   foro  derecha. 


Torcuato.     Señoras . . . 

Adela.  ¡Oh!  Pase  usted. . . 


74 


TüRCüATO. 


Adela'. 

torcüato. 

Adela. 

ToRCüATO. 

Adela. 

ToRCÜATO. 

Adela, 
torcuato. 

Adela. 

ToRCUATO, 

AdeIíA. 

ToRCÜATO. 


pase  ubted,  y  muchas  gracias 

por  su  obediencia  sin  límites. 

Señora^  hablemos  en  plata: 

yo  no  he  pasado  en  mi  vida 

horas  tan  desesperadas 

como  las  que  han  trascurrido 

desde  que  pisé  esta  casa. 

Yo  he  sufrido  tres  encierros, 

yo  escuché  mil  amenazas 

y  me  he  expuesto  á  que  dos  tigres 

se  comieran  mis  entrañas . . . 

Porque  esos  dos  caballeros 

son  dos  tigres  de  Bengala. 

Yo  no  he  pegado  mis  ojos 

en  esta  noche  pasada, 

y  esta  es  la  razón  por  que, 

apenas  despuntó  el  alba, 

me  he  encontrado  en  esta  calle 

como  traido  por  máquina. 

Yo  no  pensaba  volver, 

sin  embargo,  á  esta  morada, 

y  si  he  tenido  valor 

esta  vez  para  pisarla, 

es  debido  solamente 

á  los  celos  que  me  abrasan. 

i  Celos!  ¿De  quién? 

i  De  su  esposo! 
¿Pe  mi  esposo?  ¡Virgen  santa! 
Dígame  usted:  ¿su  marido 
fuma? 

Si. 

¿Y  usa  petaca? 
¡Claro! 

¿8e  llama  Zurita 
de  apellido? 

Así  se  llama. 
¿Y  tiene  un  lunar  aquí . . . 
quiero  decir,  en  su  cara? 
Sí,  señor. 

(¡El  es!  ¡él  es! 


(Señalando  ) 


¡Oh!  ¡Tomaré  la  revancha!) 

8eñora,  usted,  segau  dijo, 

se  eacuentra  mu/ ultrajada 

por  £u  esposo...  ¡JO  tambiea 

deseo  tomar  venganza! 

¡Venguémonos! 

Adela. 

¿Cómo? 

TOUCÜATO. 

AmáudoiiOH. 

Adela. 

Basta,  señor  mío,  basta. 

Ana. 

Pero  ¿qué  dice  este  hombre? 

Adela. 

Usted- no  sabe  lo  que  habla; 

y  si  perdono  la  ofensa, 

lo  hago  solamente  en  gracia 

á  la  serie  de  disgustos 

que  llevó  por  nuestra  causa. 

Usted  vino  aquí  engañado, 

pues  la  viuda  que  buscaba... 

TORCÜATO, 

Sí,  señora,  lo  sé  todo; 

sé  que  esta  misma  semana 

se  ha  mudado  de  este  cuarto. 

Adela. 

AuilW),  usted  con  su  charla 
no  me  dio  tiempo  á  decirle... 

(Aparece  Migad  i)or  la  pucrla  del  furo.) 

Miguel. 

¡Santo  Dios! 

Todos, 

¿Eh? 

TORCUATO. 

No  se  vayan               (-^  ^^  scñoraa.) 

ustedes. 

Miguel. 

¡Dejadnos  solos!... 

¡Salid! 

Adela. 

(¡La  verdad  le  salva!) 

(A  Torcaatü  bajo  y  rápido.) 

ESCENA    VIII 


D.  TORCUATO.— MIGUEL. 


ToRCüATO. 

Miguel. 


(¡Yo  te  haré  que  te  refrenes!) 

Ahora  sígame  usté.  (Torouato  quiere  hablar.) 

¡Silencio!  (Antes  cumpliré...) 

¿Emilio?  (Llamando.) 


Emilio. 
Miguel. 


70 

¿Qué?    . 

I  Allí  le  tienea! 

ESCENA   IX 

Dichos.— EMILIO. 


(Saliendo.) 


Emilio. 

Toro  ü  ATO. 

Emilio. 

Miguel, 


torcuato. 
Miguel. 


TORCÜATO. 

Emilio. 
Miguel. 

ToRCüATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 


Emilio. 


ToRCÜATO. 

Emilio. 


Hombre,  celebro  de  veras 
bailarle  otra  vez  á  tiro. 
¿Eb? 

Te  ba  indicado  Ramiro... 
No  tal:  dile  cuanto  quieoras. 
Yo  aquí,  mero  eí^pectador, 
ni  aun  despegaré  mis  labios, 
porque  exigen  mis  agravios 
una  explicación  mejor. 
Pero... 

i  Que  no  quiero  bablar 
con  usted  una  palabra! 
Veremos  si  abora  hay  quien  le  abra 
la  puerta  para  escapar. 
Yo  daré  á  ustedes,  cual  debo,  ' 
explicaciones... 

Al  punto. 
Termina  pronto  tu  asunto, 
que  enseguida  me  lo  llevo. 
¡8eñor  mió! 

No  alborote 
y  siéntese  usted  ahí. 
(¡Nada,  disponen  de  mí 
como  si  fuera  un  monote!) 
Usted  que  mejor  pai  ece, 
mis  disoulpas  oirá. 
Acusado,  el  juez  bará 
la  justicia  que  merece 
su  criminal  proceder. 
¿Criminal?  Nó,  no  hay  razones. 
No  me  haga  usté  observaciones 
y  comience  á  responder. 
¿Cuántos  años  usted  cuenta? 


(A  Emilio.) 
(Grave  ) 


I  é 


torcuato. 

Emilio. 

torcüato. 

Emilio. 

ToRCÜATO. 

Emilio. 

ToRCÜATO. 

Emilio. 
Miguel. 

ToRCÜATO. 

Emilio. 

ToRCUATO. 


Miguel. 

tórcuato. 

Emilio. 

ToRCUATO. 

Miguel. 

Emilio. 

Miguel. 

ToRCÜATO. 

Miguel. 

ToRCÜATO. 

Emilio. 

ToRCUATO. 


(¡Pero  estoB  hombres  son  Iocob!  ) 
Treinta  y  cinoo. 

¡Eh! 

Si  son  pocos, 
por  mí  me  pondré  noventa. 
¿Qué  intención  trajo  á  esta  onsa? 
La  verdad  clara  y  desnuda. 
Vine  buBcando  á  la  viuda 
del  brigadier  Bala-rasa. 
¿La  que  Re  mudó  de  aquí? 
)Sí,  señor,  el  otro  día; 
cosa  que  yo  no  sabia 
hasta  ayer  cuando  salí. 
Y  á  propósito:  ¿se  sabe 
cómo  y  por  dónde  ha  salido? 
¿Supongo  que  no  habrd  sido 
por  el  ojo  de  la  llave? 
Nó,  señor. 

¿Pues  de  qué  treta 
para  escapar  se  valió? 
La  c  nada  me  sacó 
por  una  puerta  secreta 
que  creo  se  comunica 
con  ese  cuarto  de  enfrente. 
¿Con  el  mió? 

Justamente. 
Entonces  asi  se  explica 
el  hallar  á  don  Simón. 
Todo  esto  ha  sido  una  farsa 
en  la  que  he  hecho  yo  el  comparsa. 
(¡Este  mozo  es  un  bribón!) 
(O  un  tontucio  sin  malicia.) 
(¡Me  hace  gracia  tu  paciencia!) 
Probada  ya  mi  inocencia, 
reclamo  á  mi  vez  justicia. 
Está  usted  en  un  error, 
porque  yo  no  le  he  creído. 
Señor  juez,  justicia  pido. 
¿Contra  quién? 

Contra  el  señor. 


Miguel. 

torcuato, 

Miguel. 

ToRCUATO. 

Miguel, 
tor  guato. 
Miguel. 

ToRCUATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 

Miguel. 

ToRCUATO. 


Emilio, 
Miguel, 
torcüato. 
Emilio. 

ToRCUATO. 

Emilio. 

ToR  GUATO. 


Emilio. 

ToRCÜATO. 


¿Contra  iní? 

Sí,  caballero* 
j  Ea !  basta  ya  de  engaños. 
En  la  calle  de  los  Cafios, 
número  treinta,  tercero... 
¿Cómo? 

Habita  una  sefiora... 
¡Silencio! 

i  No  callaré! 
(¿Cómo  sabe  este?...) 

¿Por  qué 
no  me  desmíente  usté  aliora? 
¡Que  le  rompo  á  usted  el  alma 
si  oyen  esa  relación ! 
Bien,  bajaré  el  diapasón; 
pero  escúcheme  con  calma. 
Esa  engañosa  sirena 
de  mirada  tan  ardiente, 
astuta  cual  la  serpiente, 
con  un  corazón  de  hiena, 
estaba  ligada  á  mi 
por  lazos... 

¡Puf!...  (¡Te  has  lucido!) 
¡Cómo!  ¿es  usted  su  marido? 
¡Yo  soy  su  marido,  si! 
¡  Puf! 

Sí,  sí,  ríase  usté, 
¡búrlese  de  mi  desgracia!... 
Hombre,  yo...  (¡Puf!  ¡Tiene  gracia!) 
Sí^  señor,  yo  soy  el  que, 
de  mi  buen  nombre  en  desdoro, 
— sin  saber  lo  que  eran  celos- 
compraba  los  caramelos 
de  la  «Colmena  de  Oro.» 
Yo  soy  el  que  aquella  ingrata 
trató  como  á  presidiario; 
¡yo  le  daba  un  real  diario 
al  bribón  de  la  Traviata  ! 
¿Pagaba  usté  al  mensajero? 
Sí,  señor;  porque  la  infiel, 


(Riendo  ) 


•39 

para  arrojarle  el  papel 

me  pedia  á  mi  el  dinero. 

¿Concibe  usted,  la  verdad. 

que  haya  tan  inicnos  seres? 

¡Le  digo  á  usted  que  hay  mujeres  .. 

Miguel. 

(¡También  es  casualidad!) 

TORCUATO. 

¿Y  aún  se  atreve  ¡por  quien  soy! 

ese  sefior  á  insultarme?... 

« 

¡y  aún  pretenderá  matarme! ... 

MlGÜEIi. 

¡Vaya!... 

ToRCÜATO. 

¡Más  muerto  que  estoy !,., 

Emilio. 

Pero... 

TOBCÜATO, 

olYo  la  amaba,  si; 

mas  con  lo  que  habéis  osado, 

imposible  la  haisr  dejado 

para  vos  y  para  uii.» 

Miguel. 

¿Va  usté  á  hacer  ahora  el  Tenorio? 

TOR  GUATO. 

¡Nó:  lo  que  yo  he  estatlo  haciendo 

es  el  Cristo!... 

Emilio. 

¡Puf! 

ToRCUATO. 

*                        ¡Y  sufriendo 

las  (venas  del  purgatorio! 

Miguel. 

¿Y  usté  á  mi  esposa  asedió 

"•^  "^ 

para  vengarse  de  mí? 

TOR  GUATO. 

Merecia  usted  que  sí... 

pero  lo  cierto  es  que  nó. 

Mjgüel. 

¿Y  quién  le  pudo  contar?... 

porque  aunque  sea  muy  listo... 

ToRCÜATO. 

Las  escenas  que  aquí  he  visto 

me  empezaron  á  escamar. 

Fui  á  ver  á  Adela... 

Emilio. 

¡Es  chistoso! 

ToRCUATO, 

Y  á  poco  rato  sonó                                ^ 

la  Traviata:  me  pidió 

el  real:  entonces  furioso 

arrebátela  el  papel, 

vi  su  delito  palmario, 

registré  bien  en  su  armario. .  * 

y  esta  petaca  de  piel               (Mostráníloie  la  qne  habrá 

explicarle  más  me  evita.            sacado  del  boisiuo.) 

Emilio. 

torcuato. 

Emilio. 

torcüato. 


MlGURL. 
ToRCÜATO. 

MiauEL. 


Emilio. 
Miguel. 
Ton  cu  ATO. 


Miguel. 


ToRCÜATO. 


Emilio. 
Miguel.    ' 


80 

¡Déjeme  uatod  qae  me  asombre! 
¿  De  piel? 

Justo. 

¿De  piel? 

¡Hombro, 
hay  muchas  que  son  de  pita! 
Yo  supongo,  caballero, 
que  usted  no  os^rá  decir. 
Nó,  señor,  no  sé  mentir. 
Porque  tiene  tarjetero ... 
Bien;  termine  esta  cuestión, 
y  puesto  que  no  hay  manera, 
elija  el  arma  que  quiera. 
¡Miguel! 

¡No  hay  apelación! 
Yo  me  doy  por  satisfecho, 
pues  también  me  vengo  así, 
con  hacer  ambos  allí 
la  escena  que  aquí  hemos  hecho. 
Va  usté  á  verla:  yo  furioso 
subo  y  les  sorprendo. . .  - 

¿Eh?    . 
¿Es  decir  que  piensa  usté 
que  vaya  yo  á  hacer  el  oso? 
¿No  le  he  hecho  yo?  De  esa  suerte 
Adela  me  deja  en  paz; 
porque  si  no,  es  muy  capaz 
de  perseguirme  de  muerte. 
Si  es  ó  nó  justo  mi  intento 
que  lo  diga  el  señor  juez. 
(Acepta  por  esta  vez 
y  date  por  muy  contento.) 
¡  Es  que  si  bien  se  repara, 
también  vo  estov  ofendido' 


(Burlándose.) 


81 


ESCENA    X 


Dichos  ANA  y  ADELA. 


ADSL.A. 

MlGUSL. 
Al>£LA. 

torcüato. 
Ana- 
Emilio. 


Ana. 

Emilio. 

Ana. 


Emilio. 

Ana. 

Emilio. 

MlOüSL. 


Adela. 

Miguel. 

Adela. 


(A  EiLÜio.) 


Miguel. 
Adela. 


Pues  si  aún  no  estás  convencido, 
fíjate  bien  en  mi  cata. 
¡Adela! 

No  mira  asi 

la  majer  qae  es  cnal  nosotras. 

(Eso  segnn...  porqne  hay  otras...) 

¿Y  tú  dudas  aún  de  mí? 

Yo  no  quisiera  dndar 

de  tn  pnro  corazón; 

pero,  hija,  aquella  lección 

y  el  lenguaje  singular 

que  usaste... 

Si,  si. 

¡Confiesa 

qi  ^  CBcami.'fa  al  más  bendito! 

Lo  aprendí  en  este  librito 

que  estaba  sobre  la  mesa.  * 

(Mostrando  uno  que  trac  en  la  mano  ) 

«Manual  del  jugador.» 

(¡Que  haya  estado  yo  tan  ciego!) 

¿Qué  haces?  (Vi«ndo  que  lo  arroja  al  fuego.) 

Arrojarle  al  fuego, 

que  ese  es  su  sitio  mejor. 

¿Y  la  gitayaha?  ¿Y  el  cocOy 

(A  Adela  y  oomo  continiiando  la  conversación,) 

y  el  organillo  y  la  cita? 
Pues  todo  eso... 

i  Quita,  quita! 
Ven  aquí,  no  seae  loco. 
De  tu  labio  lo  escuché 
cuando  á  Emilio  le  contabas 
cómo  te  comunicabas... 
¡Ah! 

Y  estas  cartas  que  hallé. 


^  * 


82 


Miguel. 

Adela. 

Miguel. 

torcuáto. 

« 

Emilio. 

Adela. 

Miguel. 
Adela. 
Emilio. 
Ana. 


Emilio. 

Adela. 

Miguel. 

Adela. 

Emilio. 

Ana. 

Adbla. 
Ana. 

Emilio. 

torcüato. 

Miguel. 

Emilio. 

torcuato. 

Todos. 
Miguel. 

ToRCUATO. 

Emilio. 


me  acabaron  de  explicar...' 

(Mostrando  las  que  trae  en  la  mano.) 

¡Basta!  ¡ Perdona á  un  infame! 
iBah! 

Dame  esas  cai*tas,  dame, 
que  las  quiero  yo  quemar. 
(Merece  aquella  coqueta 
verse  aquí  fcan  despreciada.) 
Y  decidme:  no  es  por  nada, 
pero...  ¿y  esta  papeleta 
que  yo  hallé  de  un  medallón? 
Yo  ese  destino-le  he  dado... 
como  estaba  tan  manchado... 
¿Manchado? 

(Con  la  intención.) 
¿Y  ese  baile  á  que  habéis  ido? 
i  Sí,  buen  baile  te  dé  Dios! 
Mientras  dormíais  los  dos, 
en  casa  le  hemos  leido. 
¿Leer?  ',t. 

¡No  ha  sido  mal  ckasco! 
¿Qué  baile  ó  qué  amiga  es  esa?      i 
<ic  El  baile  de  la  condes a.D 
i  Ah!  sí,  una  amiga  de  Blasco. 
Ea,  todo  se  acabó 
y  pelillos  á  la  mar. 
Sí. 

¿Volverás  á  jugar?) 
Mira...  no  digo  que  nó. 

(Con  la  intención  que  el  actor  comprende  demasiado.) 

(Estos  señores  no  ven...) 

(Emilio  y  Miguel  estrechan  reepectivamente  á  las  dos.) 

¡  Qué  buenas! 

¡Qué  cariñosas! 
(No  puedo  ver  ciertas  cosas.) 
iQue  ustedes  lo  pasen  bien! 
¡Ahí 

¿Amigos  ó  enemigos? 
I  Amigos!  (Si  no  me  mata.) 
•  Ha  perdido  usté  una  ingrata 


(^edio  mutis.) 


(Tendiéndolo  f  u  mano.) 


831 

y  ha  ganado  cuatro  amigos. 
Adela.  Hacer  como  hacen.. .  uo  tanto 

que  Bólo  el  pensarlo  espanta; 
pero  es  difícil  ser  santa 
cuando  el  hombre  no  es  un  santo. 
Y  pues  somos  vuestro  encanto, 
que  el  fuerte  la  lucha  evite 
y  nunca  nos  precipite 
con  cieg^a  y  loca  manía. 
Porque  ¡ay  de  todos!  el  dia 
que  buscamos  el  Desquite. 


FIN. 


r 


LOS  DISTL1ÓS  PDBUGOS. 


V 


i  * 


DESTINOS  PfiBlICOS 


COOBU  El  TRIS  IGTOS  I  n  PftHI 


ORieiHAl  vt 


DON    ADOLFO    VARGAS. 


BADAJOZ:— 1873. 
Iiwprenta  y  librewa  de  D.  Emilio  Orduíu. 


MATILDE, 

£ursá. 

ANÍBAL. 

EUGENIO. 

ANTONIO. 

BERNABÉ. 

GARCÍA. 

SANTIAGO  fOrdei^%a,4e<m  Gobiertio  cwil) 
Otro  Ordenanza  de  Telégrafos. 
Inspectores  y  Agentes  de  orden  público. 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor. 
Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  Ley. 


ACTO  PBUeRO. 


Despacho  de  un  Gobernador  de  provin<!Ía.  Sala  lujosamonfe  ntnu<'blada.  A  la  dere- 
cha un  velador:  profusión  de  papeles.  Puerta  al  foro  y  laterales. 

dsoena.  1. 

AMBAL,  ANTONIO,  GARCÍA  esori'bieodo  sobre  el  velador. 

• 
Aníbal      Señor  don  Arptoniol  Tanto  bueno  por  mi  casa  Habla  perdido  h 

esperaazu  de  ver  á  usted  hoy.  Creí  que  no  iba  t  tener  el  gnsu 

de  saludarle. 
Antonio.  Yo  no  quería  privarle  de  esa  satisfacción ,  ni  privarme  tanipocc 

de  la  que  siempre  esperimento  al  estrechar  mi  mano  con  la  de 

una  persona  tan  apreciable  y  tan... 
Aníbal.    Basta,  basta:  agradezco  infinito.. ••  y....  vamos,  quó'  hay  de 

política?    , 
Antonio.  Lo  de  todos  los  días.  Aeabo  de  recibir  algunas  cartas  de  vario! 
'  companeros  de  Diputación,  en  las  que  me  dicen  que  se  nota  ei 

Bladrtd  cierta  efervescencia,  y  se  temen  nuevos  trastornos  ei; 

provincias. 
Aníbal.    Esta  es  la  Espafia  de  siempre!  A  todas  horas  amenazados  poi 

esos  malditos  revoltosos,  que  lo  mismo  gritan  en  tavor  de  Im 

instituciones  liberales,  que  enarbolan  la  bandera  del  absolutismo. 

Y  la  verdad  q^,  que  hoy  no  bay  motivo...  £1  gobierno  dá  á  cada 

cual  lo  que  es  suyo  y  creo  que  nadie  debe  tener  queja. 
Antonio.  Si  hoy  se  abusase  del  poder  como  en  otros  tiempos...  En  la  épo^ 

ca  en  que  usted  y  yo  andábamos  errantes  y  perseguidos;  cuandc 

no  regia  otra  ley  ni  se  conocía  otra  justicia  que  el  capricho  de 

los  encargados  de^admisistrarlas,  entonces  estaban  justificadas  la; 

conspiracioues,  tos  motines,  las  asonadas.  ..(Qué  tiempos  aquellos!. , 
Anikal  .    iQué  perversidad  da  costumbres  I 
Antonio,   ¡t^uánto  abusol 
Aníbal.     \Qué  despilfarrol 
Antonio.  ¡Qué  inmoralidad! 
Aníbal.    Si  el  pais  comparase  en  calma  aquellos  tiempos  con  estos,  po« 

diamos  vivir  boj  ea  uaa  paz  octaviana.  ^ 


—  2  — 

Antoi9IO.  Momentos,  hay  sin  embargo,  en  qae  dudo  si  los  terribles  males 
qué  sobre  nosotros  pesan,  tienen  origen  en  las  desacertadas  dis- 
posiciones de  los  gobernantes,  ó  en  la  resistencia  que  á  obedecer 
prestan  de  ordinario  los  pueblos.  Desengáñese  usted,  señor  don 
Aníbal;  raientfás  los  encargados^de  adhmiistrar  las  leyes,  no  pro- 
curen que  la  Justicia  aparezca  pufa'y  brillante  en  todas  sus  ma- 
nifestaciones, la  Nación  será  ío  que  viene  siendo  hace  algún  tíem- 
•     .     po,  y  al  fin  veremos  realizado  el  adagio  vulgar  de  «el  maJ  largo... 

Aníbal.  Me  parece  que  usted  como  l)ipulado,  y  yo  como  Gobernador...  no 
dejamos  nada  que  desear  Entodos*  mis  actos  procuro  inspirarme 
en  esas  ¡deas  Si  todos  mis  compañeros  fuesen  como... 

Antonio.  Ahí  Si  todos  h¡ci6s -n  lo  que  usted  Dfaee,  el  país  sería  una  balsa 
de  aceite:  pero  desgraciadamente.^. 

Garcia.  (Aparte )  iMiíntras  el  uno  cobre  cuarenta  mil  realtís  de  sueldo,  y 
el  otra  sea  arbitro  de  los  destinos  del  país,  todo  vá  bien. 

Aníbal  .   ¿Qué  dice  üsterf,  señor  García? 

Gargu.  Q^ue'nb  áé  cóíno  contestar  á  las  remetidas  súplicas  de  los  que  en 
la  última  elección  favorecieron  al  Gubierno  con  el  suíí^agio.  Us- 
tedés  han  coíitráido  con  ellos  ciertas  deudas,  q<ie  aún  no  estfia 
'satisfechas. 

Aníbal.,  Hombre!  Ladeuda'es  la  vida  de  las  naciones!.!,  y  ¿cree  usted 
íjíie  hay 'alguien-,  éñél  dia,  que  pueda  vivir  sin  ella? 

Antoj^io.  Procure  usted  alimentar  en  tos  am*lgos  la  esperanza  de  que  todo 
se  andará 

Aníbal.    Justo!  Dígá'es/jue  con'el  tiempo...  .       '        . 

García:  (Aporte)  Sí,  Con  el  iietíipo...  ráadárán  las  'bfévás.  ¡Cuánta 
farsa!  Estaos  .la  política! 

Antonio,  lia  política  úo' tiene  ¿ntranás,  sefthr  Garcia. 

García.'   Lo  que  no  liéne  la  í)ólítica,  señor  Diputado,  es  otra  cosa.    (Ap) 

Aníbal.  Con  que' lo  diéha:  en  la  primera  vacante  colocaremos ^á  su  her- 
iríanjío  de'ósted.  •  ' 

García.    i(Lo  dudo.) 

Aníbal     Este  muchacho 'és  una  alhaja! 

Antonio.  Lo  parece  ¿n  efecto. 

»     •    •  •     »        '  ■  .  '    ¡  .  ' 

* 

Dichos  y  Bernabé;  ; 

Aníbal.  Aquí  tiene  usted  al  jefe  de  la  Adminjsthtejbn'ecbnóniifca,  persona 
muy  apr.eciable  por  todos  <?onceptos.' 

*     (de  estrechan  (odas  tas'ffídñó^:/  /  ' 
ANTomo._Le  conozco  mucBo.  Sé  qae  eke  c'abáíldro  ¿á'tín''fltó'(}R)nar¡o  pú- 


-  $  - 

bllbb,  di^rfo  de  la  ftiais'alta  e^tim  oioii,  y  i'  qoién  hoy  tenia  que 
hablar  de  un  asunto  de  granírntarte. 

BeintABÉ.  NíDguríaoida^íotí  mejor  que  esta. 

ANTONIO.  1.0  dejareíno-^  para  mas  tarde, 

BJBftMABÉ.  Mejor  áefá.  fWrfpiéñéoie  á  'Amia/ )  Tenérnoste  orden  de  cef^n- 

tía  de  aquél' mozo.  VA  ftHnistro  ha  rBspéndido  a  nuestras  iniiíca- 

'Giones'iBaB'pr(Vnlo de  loque  yo  esperaba;  paro  es  el  «aso»  qun 

para  reeoiplazarle  nombra  á  otro  quevoes  il  sobrino  de  su  señora 

de  \isted  * 

AifiBAL.    De  terts? 

Bébiyabé  ,£I  oiievo  en^eado  se  llama  don  Lope  de  Hodaja5^ .. 

AisJBAL.  De  Rodajas!.  .  |EI  mismol  fEÉtrafiánUoH J  Rcidajillas!...  pues... 
jnstamentel  ;.  El  hi}o  de  una  señora  eéti  quien,  según  se  di66  por 
Madrid,  sestuvo-  el  Ministfo  en' sus  buenos  tiempos  ciertos  amoríos 
«  de  un  carácter  estravagante  y  raro  El  sBhor  don  Lope  RodajasI . . . 
Coma  quiea  dióe  .  un  n^oo  qne  no  servirá  en  la  ofíoina  mas  que 
de  estorbo,  y  no  hará  otra  ekm  que  a}>radar  ia  sangre  a  su  jefe! 

Bernabé.  ¿Y  para  esto  hornos  pedido  nosotros  ia  cesantia  de  un  joven  tan 
aprovechado,  deisn  chico  que  pre-Ua  tari  buenos  servicios? 

Aníbal.  ¡Estamos  fresóos  con  el  señor  Rodajast  Siquiera  mi  sobrino,  aun- 
que tampoco  sabe  bien  á  bien  escribir,  ai  lado  de  su  tío... 

Antonio.  Al  lado  de  su  tio  seria  con  el  tiempo  un  grande  hombrel 

Bernabé.  Y  qué  vamos  ha  hacer  ahora,  señor  Gobernador,  con  el  pobre  do 
Cuesta?  . 

"Antonio,  Qné?. . .  Qué?. . .  Qué  es  eso  de  Cuesta? 

AnibAi..  Friolera!  Que  el  Ministrólo  030  de  sus  atribuciones,  le  ha  dejado 
cesantiBl 

Antonio.  ¿A  Cuesta  cesante?  Cesante  mí  ahijado!...  y  cesante,  merced  á 
las  gestiones  de  ustéd^  dos,  para  qne  le  reemplazase  el  sobrinito 
^e  su  esposa,  que  es  un  buen  perillán? 

Aníbal.     fCon  energía)  Mi  esposa  oo  es  p^rillftn,  señor  Diputado! 

Antonio.  Su' sobrinito  de  usted  quiero  decir;  señor  Gobernador!  y  es  pre- 
ciso que  la  injtetícla  que  acaba  de  cometer  el  Gobierno,  se  re- 
pare inmediat^mien  te  ^  puesi  de  lo  (entrarlo,  mañana  salgo  para 
Madrid,  y  no  qneda  en  esta  provincia  títere  con  cabeza. 

Aníbal.    Lo  hecho  no  tierie  remedio    • 

AitTómo. :  Puede^nsted  servn^e  del  telégrafo* 

Aníbal.    Está  interrumpida  la  líoea. 

Bernabé   Señores;  podemos  fohnar  ana  nueva  combinación, 

ANTONto.  Véáníos  cómo;  •  • 

íftNÍBAt.    Este.  Administrador -es  el  hombre  de  los  grandes  recursos. 

BfiBNABé.  En  la  dependencia  de'fei  cargo  hay  cuatro- empleados  que  disfru- 
•    tan  el  mbmo  haber  qüc  ol  rce{«nendado  del  seüior  don  AntoniOj 


7  sacrificaodo  á  uoo  de  ellos.,  estama'i  fuera  del  paso.-  (Saca  un 
papel  y  lee.)  En  la  seocioa  de  propiedades)  es  inútil  ppnsj»r:  el 
ufioial  primero  cuenta  con.uiia  alta  influencia  dentro  del  MinUle- 
rio.  Eq  la  de  Estancadas  tampoco,  porque  se  hi  estancado  en 
eli(t  sU  antiguo  y  bien  reputado  jefe  y  no  hay  fu^rzís  humanas 
que  le  muevan  de  su  puosto  Solo  nos  queda  el  q.ie  constanto» 
mente  está  auxiliando  los  trabajos  de  la  S<íoretaria  del  Gjbieroo« 
y  el  señor  Betanzos. 

INtonio.  k  ese  seQ'>r  Bjtanzos  acusa  la  opinión  pública  de  no  jugar  nunca 
limito  en  el  despacho  de  lo^  negocios  Se  di<íe,  que  vende  los  es- 
tancos, que  negocia  las  comisiones  de  apremio, 'que  descuenta 
los  libramientos  de  carreteras,  etc  .   etc   . 

VwBAL,  ¿Es  punible?...  jQ.ié  inmopalidadl  Qué  esc-'m-Ialo!  En  una  provin- 
cia á  cuyo  frente  se  encuentra,  don  Anibal  Gimeaezl...  ¿(Jué  se 
dirá  si  yo  sigo  consintiendo?... 

\ntonio.  Asi  lo  aseguran  las  gentes,  y  voz  del  pueblo  .  Abusos  tamaños 
deben  castigarse,  y  como  representante  del  país  tampuco  consiento.. 

Serfyabé.  Tienen  ustedes  razón,  señores:  todo  lo  que  de  él  se  dice  no  ca  -> 
rece  de  verdad,  pero  ese  ejnpleado  son  mis  pies  y  mis  manos,  y 
sin  él  no  podría  marchar  la  dependencia, 

Inibal.    ¡Habráse  visto  un  hombre  mas  cínico  I 

Vntonio.  Este  hombre  no  sabe  lo  que  se  habla.  ¿Cómo  se  atreve  osted  á 
declararse  cómplice  de  tan  criminales  hechos? 

ÜLNiBAL,    Si  la  dependencia  no  puede  marchar,  que  se  esté  parada. 

ANTONIO.  Lo  que  procede,  señor  Gobernador,  es  suspender  &  ese  faneiona- 
rio  de  empleo  y  sueldo,  y  dar  af  Gobierno  cuenta. 

IVnibal      (Con  energía)  Queda  suspenso  de  mi  orden. 

I^NTONio.  Yo  apoyaré  4.a^ted  en  tan  justa  determinación. 

Bernabé,  Ustedes,  sei^res,  podrán  hacer  lo  que  gusten,  pero  no  ban  con- 
tado con  la  huéspeda.  La  persona  que  nos  ocupa  es  ía  que  está 
en  los  secretos  íntimos  de  ciertos  acuerdos  tomados  para  el  triun- 
fo de  las  últimas  elecciones;  debido  &  su  sagacidad  y  á  su  auda- 
cia» se  legalizaron  aquellas  cuarenta  bajas  en  la  matricula  de  sub- 
sidio, á  cuyos  industriales  debió  la  victoria  el  señor  don  Antonio. 
.Por  consecuencia  de  un  medio  ingenioso  propuesto  por  el  mismo, 
disfruta  usted  una  dehesa,  cuya  cabida  es  de  cinco  mil  fanegas, 
y  no  ha  hecho  k  la  Hacienda  mas  que  el  abono  da  mil  quinientas, 
y  merced  k  él... 

iNTomo.  Bueno,  biieno,  señor  don  Bernabé. 

ANÍBAL.    Ble  parece  que  sería  una  imprudencia,  señor  don  Antonio... 

(ANTONIO.  Es  claro:  eso  seria  atrepellar  por  todo:  eso  sería  pagar  con  una 
ingratitud  los  buenos. servicios  y...  • 

\«iBAL.    El  hombre,  ante  lodo,  debe  ser  agradecido. 


-5-  I 

kmwvk.  Ldifaote  ttstad  Ift  suspéns  oa,  hóflrt)re;  lemat»  usted  la  sospeosion.  > 

Anisal     Quedar  de  mi  orden  levantada. 

BsRiiAQÉ.  .£d  último  tármJQo,  sacrificar  al  boeno  de  Rodrigues  diciendo  al 
MíQíslro  que  los  cargos  hechos  al  abijado  de  don  Aalooio  eran* 
iofundados.  y  que  del  espediente  resulUa  gravisimas  acusaciones 
coQira  esta  nueva  víctima.    .  ^ 

Aníbal.    Eugenio!..*  £ttgenio  es  un  ebieo  virtuoso  • .  tan  buen  hijo  ..  que 
me  e.^  muy  dnro  legarle  la  infamia  de  hitas  qne  él  no  ha  coroe-j- 
tidoy  poro  por  servir  á  este  sehúrr,  seria  yo  capaz.  . 

Amoiwo*  No  esperaba  meóos  de  un  amigo  tan  leal  y  tan  sincero  como  usted. 

Bebivabé.  Yamo;},  pues,  al  telégrafo,,  y  una  vea  coaaeguido  laqoe  se  desea, 
concluya  esta  enojosa  cuestión.  ^ 

Antonio.  Vamos,  sí,  pronto. 

Aníbal.     (Qué  cesas  tienen  que  hacer  los  hombrea  cuya  subsistencia  de- 
pende del  presupuestol)  fAparte.J 

{VámeJ 

Elsoexia  III. 

MATILDE. 

De  seguro  han  estado  fraguando  alguna  intriga.  Gradas  á  Dios 
q4ie  se  loarcliaron  ese  par  de  empalagososl  Me  tiemblan  las  car- 
nes Gtda  vez  qu^  cojeo  a  papá  por  su  cuifnta  No  le  dejan  ui  d 
sol  ni  á,  sombra  Desde  que  se  encuentra  al  frente  de  eBta  provin- 
cia, se  ha  quitado  lo  menos  diez  años  de  vida.  Cualquiera  creerá 
que  el  eargo  de  Gobernador  civil  es  uua  ganga.  A  las  horas  or- 
dinarias de  oficina,  sude  convertirse  este  despacho  en  un  valle 
de  lágj'iffias;  y  eso  que  yo  procuro  que  no  lleguen  hasta  aquí 
muchos  infelices  ¿^quienes  despido  á  la  puerta,  socorriéndoles 
con  algunas  limosnas  Esta  mañana  me  eché  doce  duros  en  el 
bolsillo,  y  en  el  trascurso  del  dia  los  he  repartido  oomo  pan  ben- 
dito Poco  míls  da  quinientos  reales  me  quedan  de  los  dos  mil 
que  me  dio  papá  para  el  abono  del  teatro  yel  pago  de  la  modis- 
ta,, pero  yo  puedo  pasar  sin  diversiones  y  sin  lujo.  Harto  caro  me 
enasta  tan  cristiano  desprendimiento.- Fijas  en  mí  las  miradas  de 
todos  al  verme  con  este  modesto  tragp;  separada  de  la  sociedad; 
huída^  por  decirlo  asi,  denlos  sitios  públicos,  atribuyen  mi  con- 
diicta  á  una  economía  mal  entendida,  me  tachan  de  miserable  y 
dicen  que  los  cuarenta  mil  reales  de  sueldo-  no  son  para  guardar- 
los: deben  destin^^rse  á  dar  al  cargo  de  Gobernador  el  dec(;ro 
que  su  alta  posición  reclama  En  esta  razón  se  apoyan  las  mr 
maraoiones  de  que  en  la  caita  sociedad  soy  obieto^  §¡  osteal 


lojd  y  grandeza,  me  vería  libre  de  sus  amargas  oensiiras,'  pero 
estaría  sujeta  á  la  de  esos  pobres  cuyas  lágrimas  enjugo  hoy. 
iQué'diffcil  es.  Tivír  á  gusto  de  lu  mayoría  do  lus  gente^^l  A  papá 
le  sucede  pooo  mas  ó  monos  que  á  ral.  Cuando  recibe  con  agra- 
dable solicitud  á  los  'humildes»  creen  los  poderosos  que  esto  es 
darles  alas  para  que  se  eleven  á  una  altura  desde  la  que  puetiea 
hacer  vacilar  los  fundamenloB  sociales.  Si  albaga  la  sobppbia  de 
.  los  grandes,  le  tachan  de  tirano,  le  acusan  de  dé>pota  ¡Cuánto 
sufre!  Curanto  padecel  Solo  continúa  en  este  maldito  destino  alen- 
tado por  la  espe«imza  de  oumplir  el  tiempo  que  le  falta  para  al- 
canzar el  máitímuttáe  la  jubiiuoion. 

E^scexia.   I'V. 

MATILDE,  EUGENIO. 

5üGE!fio.  lOué  agradable  sorpresa!  Dispénsame,  Matilde,  pero  suponía  qua 
tu  papá  estaba... 

»1atildb.  Habrá  ido  k  las  habitaciones  del  telégrafo. 

íuGENio.  Es  fácil.  El  gabán  y  el  sombrero  están  sobre  aquella  silla.  Vol- 
veré... 

íatilde.  Puedes  esperarle  si  gustas. 

íiíGENio    Sentiría  mucho  .. 

Iatílds  No  eres  incompatible.,  .  Ilace  algunos  momentos  que  estando 
aburrida  en  mi  habitación,  bajé  á  este  de^spacho  con  intenciones 
de  escribir  á  una  primita  que  quiero  mucho ,  y  llegué  en  oca- 
sión en  Tque  salian  por  esa  puerta  el  señor  lavares  y  el  jefe  de  la 
Administración  económica.  Me  sf.nté  en  esta  butaca,  y  compren- 
diendo lo  difícil  quri  es  desde  estos  elevados  puestos  aunar  mu- 
chas voluntades,  recordaba  el  gracioso  pasaje  del  anciano  leiia- 
dor,  que  no  sabiendo  como  agridar  á  los  viajeros  que  hallé  por 
el  camino,  aceptó  la  estraua  resolución  de  echarse  el  jumento  h 
cuestas.  No  hay  día  que  no  se  me  lamente  papá  de  un  suceso 
análogo  al  del  leñador,  porque  ¿con  quién  mejor  que  con  una  bija 
puede  un  padre  desahogarse? 

¡UGKNio.  Pero  tu  papá,  en  medio  de  las  contrariedades  de  la  vida  y  de  las 
que  tienen  origen  en  eít  cargo  que  desempeña»  es  el  hombre  mas 
feliz  de  la  tierra.  Sabe  herir  perfectamente  las  teclas  del  piano 
gubernamental.  Es  tan  buenol  Yo  le  quiero  tantol 

Iatilde.  En  eso  no  haces  otra  eosa  mas  que  pagarle  en  la  misma  moneda. 
En  algunos  casos  habrás  podido  apreciar  lo  mucho  que  te  dístin- 
tingue.  Tiene  formado  de  tí  el  mejor  concepto 

itXENio.  Es  verdad!  Yo  creo  que  debiamoi  hacerle  alguna  indicación  res- 

íK  Qe()t_o_á  nuestras  relaciones  amorosas!  ;Oué  oDínas  tü? 


-7-  •.  , 

Matildb.  No,  no,  de  nin^ttn  modo. 

EcGsmo.  AI  arrojar  ayer  flores  á  tus  plantas  me  dljpste  que  cnanto  ma 
puro  y  sencílln  es  el  amor,  eo  opinioo  de  un  poeta  fastellüno' 
mas  se  opone  á  la  amoii^ion  de  la  eJocueooía  Me  rogaba?  que  e' 
lo  sucesivo  te  hablase  el  lenguaje  ríe  la  verdad  y  la  verdad  es  ()u 
ya  es  tiempo  qae  te  resuelvas,  que  te  decidas...  Chica,  ó  herra^ 
ó  quitar  el  banco. 

MAmDE.  Considera,  Eugenio,  que  la  posición  del  empleado,  cuyo  destino  h 
debe  sólo  al  favor,  es  una  posición  falsa  Además»  tu  conoces^ 
como  yo,  las  necesidades  de  una  casa  y  sabes  lo  diOcíl  que  es  cu- 
brirl&s  con  el  modesto  sueldo  que  hoy  disfrutas. 

Eugenio.  La  razón  de  que  te  vales  para  eludir  tus  compromi<«os  es  bastante 
cguista. 

Matilde.  Nunca  El  amor  hnpone  sacriflcíos  á  que  yo  estaré  siempre  obli- 
gada y  no  es  pequeño  el  que  hago  con  no  acceder  á  tus  dfseos. 
Casarme  contigo  seria  parcí  mí  la  mayor  de  las  dichas,  si  al  hacerle 
DO  arrebatase  su  bienestar  á  tu*  pobre  madre,  ft  tu  desgraciada 
hermana 

BuGEmo.  Ellas  pasarían  por  donde  pactásemos  nosotros. 

Matilde    Y  todos  lo  pasaríamos  bastante  mal. 

EuGBRio.  ¿Pretendes  que  continuemos  asi  toda  la  vida? 

Matilde.  Toda  la  vida  no.  Si  como  cfoo  ingresas  de  aquf  h  poco  en  la 
carrera  del  profesorado,  que  es  tu  carrera,  ó  consigues  un  destino 
de  más  porvenir,  realizaremos  nuestro  deseo  con  el  desahogo.... 
Medita  un  poco  acerca  de  mis  palabras  y  te  coiveocerás  que  es 
estemporánea  tu  pretensión.  Siempre  han  sido  las  pasiones  ei  mas 
temible  consejero  del  hombre. 

EuGEmo.  Lo  conozco,  atraso  el  cariño  que  te  profeso  me  ciega  hasta  el  pun- 
to de  no  ver  el  negro  porvenir  que  con  nuestro  enlace  nos  aguar- 
da; pero  el  que  no  se  arriesga,  Matilde,  no  pasa  la  mar. 

Matilde.  Algunas  veces  te  be  oido  decir  que  es  más  elástico  el  duro  que  se 
gana  con  independencia  que  la  onza  procedente  de  un  sueldo.  Tu 
eres  Bacbiller  en  letras;  ¿por  qué  no  espiólas  ese  título? 

Eugenio.  ¿En  qué  forma? 

Matilde.  Podrás  establecer  una  Academia  preparatoria  para  los  aspirantes 
.  á  ingreso  en  las  carreras  especiales  y  abrir  una  cátedra  de  repaso 
para  los  alumnos  del  Instituto. 

Eugenio  Aplaudo  la  idea ,  pero  me  falta  lo  principal.  La  penosa  enferme- 
dad de  mi  madre  ha  consumido  mis  ahorros  y  me  encuentro  en 
una  situación  ecoffómica.  algo  lamentable.  Tendría  que  vivir  una 
casa  de  mas  precio  que  la  que  habito,  mejorar  los  moebles  y  hacer- 
me de  los  útiles  indispensables  al  establecimiento  de  un  colegio.: 
Además,  esta  clase  de  empresas  necesitan  da  la  protección  oficiay 


—  $~ 

La  influencia  de  la  política  alcanza  hoy  á  laa  profesiones  que  míí 
.  distante  est&fl  de^eUav  y  üe^raeiado  dai  que  no  cuente  oon  elapoyo 
«del  Gohierno  mi  oualquier  modo  de  vivirqoe  escoja. 

lATif.DE.  0tros[Gontar&QConiaiénDS'elefD6aAe»qae  tu.  A  papá  le  tendrías  de 
tu  parte. 

ÍUGBNic^.  No  echaré^en  ^^aco  roto  tu  advertancis ,  aunque  me  parece  imposi- 
ble vencer  las  graves  dificultades  que  han  de  presentarse  k  la  rea- 
lisacioA  de  ta  idea.  £s  una< idea: feliz.  ^ 

ÜATiLDK.  Siento  pasos 

^üGBmo^  Ellos  son.  fRirigiénéoie  i  tá  pumi».)  Biea  dicen  que  no  hay 
en  el  mundo /elioidad  compilen. 

MÁitLOE.  Adio9«  (Vme  ) 


[  EUGENIO,  ANÍBAL.  ANTONIO,  BERNABÉ. 

ikmBAL.    ¿Qtué  bañe,  por  aquí  este  buea  mozo? 

CuGENio.  Esperaba  k  usted  para  dar  cuenta  de  los  asuntos  pendientes  del 
negociada. 

Aníbal.  ¡Qué  chico  más  laborioso!  Todos  los  asuntos  los  tiene  al  dia:  el 
porvenir  debía  ser  de  la  juventud  esludioaa;  pera  desgraciada-- 
menté  en  España  los  boi^os  empleados  como  ustsedv  sueteBdarar 
poco«  Tengo  la  evid^encía  de  que  en  el  arreglo  praciioMlo  y  que 
está:  á  punto  de  publicarse,  le  dejan  á  usted,  fuera  de  la  plantilla. 
£1  país  es  patrimonio  de  dos  docenas  de.  familias,  y  hoy  por  des- 
gracia, la  de  usted  se  enaueotra  desheredada  y  proscripta 

Antonio.  Si  su  tic  de  usted  no  se  hubiese  ido  á  formar  parte  de  la  disiden* 
oía  del  Congreso,  olro  gaJIo  le  cantara.  fDiripéndose  á  Eu§9nioJ: 

&£RiNABÉ,  Lo  natural  es  que  el  Gobierno  no  respete  las  heofauraade  los  que 
le  son  hostiles 

Eugenio.  No  me  cojerfa  de  novedad;  pero  aún  me  queda  un  resto  de  espe^ 
raoza.  Antes  de  declarar  el  Gobierno  mi  cesantia,  dejará  en  la 
calle  á  los  que  públicamente  hacen  un  bastardo  uso  de  la  confian- 
za que  en  hHos  se  deposita.  Algo  chucante  es  que  el  señor  Belan- 
zos  se  considere  seguro,  y  yo....  Además ,  supongo  que  ustedoa 
tres.  .. 

\ntonio.  Nosotros  .. 

fteu^ABÉ.  Si;  nosotros  no  podemos  menos... 

íIníbvl  Es  cfórot  Nosotros  qué  hemos  de  hacer  mas  que  recomendar  á 
un  joven  tan  pundonoroso  y  tan  inteligente  como  usíled? 

ANTONIO.  Media  hora  hemos  estado  en  el  telégrafo  al  habla  con  el  Ministro, 
y  le  hemos  dicho  lo  que  puede  fijfurarse;  pero  las  gentes  de  lU- 
drid^  sabe  Udted  lo  q^ie  son. 


AmRAi'.    Nada  tionede  ostraftp  que  ba^anoMo  de  mercader  á  Qoef^tral 

r»'olamao¡ünes. 
Bernabó    iQoé  di.'^paratel 
Antonio.  Piensa  rnal,  y  acertarfts. 
KmKXL.    Uited  se  recoíiiienda  por  si  mismo. 
AifTomo.  flornhres  como  usted  oo  necesitan  apelar... 
Bernabé   Cornj  á  mi  me  consulten,  esté  usted  seguro  •• 
Eugenio.  No  sé  comió  pagar  á  usle^ie^  tanto  favor 
Aníbal;    Deje  usted  los  papeles  sobre  la  mesa,  y  después  de  comer  no< 

ocuparemos  del  despacbo. 
Antonio.  (¡Inocente!) 
Anuial.     (¡n  sventurado!) 
BfiaNABÉ.  (i Te  compadezcol) 
EiGEMo.  Con  el  perniso...  (VaseJ 

(IncUíkon  todos  ta  cabeza  J 

Dichos,  menos  Eug:enio 

Andai.  (En  tono  de  arrepentimiento  )  Las  últimas  palabras  de  este  joven 
me  han  conmovido:  estoy  resuello  á  deshacer  !o  hecho.  Yo  nc 
puedo  regalar  ¿  mi  conciencia  ona  carga  tan  pesada. 

ANTONie.  Lo  hubiese  usted  mirado  antes. 

Aníbal.  Los  remordimientos  me  pondrían  al  borde  del  sepulcro,  y  morir 
bajo  la  presión  de  un  crimen,  es  una  idea  que  mo  horroriza. 

AdroNio.  Poca  alma,  poco  estómago  tiene  usted  para  ser  hombre  politícoj 

Aníbal.  Sí  yo  careciese  de  estómago,  cree  usted  que  había  de  esur  en 
este  puesto?  ¿Cree  usted  que  habia  de  transigir  con  ciertas  cosas, 
ni  pasar  como  paso  en  él  la  pena  negra? 

Antonio.  Los  hombres  débiles  oo  sirven  para  Gobernadores  La  polftíca  no 
tuvo  entradas  cuando  nos  eocoatrábdmos  en  el  ostracismo,  y 
ahora  quiere  nstéd  tener  caridad  de  quién  con  nosotros  no  usó  de 
la  mas  ligera  benevoleneia. 

Am^iL.  Las  faltas  de  nuestros  adversarios  no  jasttficán  las  nuestras,  y  se- 
guir la  conducta  que  usted  aconseja  es  rebajarnos  más  de  lo  que 
ellos  estaban  á  la  caída  de  su  dominación.  ¿Qué  va  á  ser  de  nues- 
tra bandera?  Dónde  están  la  moralidad  y  la  justicia,  tan  decan^ 
tadas  cuando  nos  hallábamos  caídos? 

Antonio.  Esas  son  antiguallas  que  no  vienen  al  císo.  Todos  los  partidos  en 
la  oposieíon  predican  lá  buena  Üoclrina;  pero  cuando  llegan  ai 
peder  hacen  lo  que  más  conviene  k  ios  intereses  ste  sus  hombres. 
Con  que  al  vado  ó  &  la  puente.  I 


Artral.     ¿Tanta  plísale  O^ffé  i  ostidd  que  rdildiñvan  al  séKor  Cive^ta? 
Amtokio.  Muohal  y  ...  on  fin,  u^^ted  sabo  que  el  marquéis  dd  Navia  perdió 

días  pasados  el  eorto  resto  de  tu  larga  furluria  en  el  Castino  de 

Madfid,  y  que  hoy  pretende  dejar  h  usted  mas  deshancado  que 

lo  que  él  se  encuentra;  para  conseguirlo,  sólo  le  falta  el  peso  de 

mi  influencia^ 
Aníbal.    ¿Serla  usted  capái?... 
Antonio.  Tan  cap&z  como  ha  sido  usted  deiqiiítaf  á  mi  ahijado*  con  iaidea 

de  poner  et)  sa  puesto  al  sobrinito  de  su  esposa  "^ 

Aníbal.    Haga  usted  la  que  quiera,  séaor  don  Antonio  Haga  usted  lo  que 

quiera.  (Con  energía) 
BfiRNABÉ.  Señores,  por  Dios!  Yo  me  encargo  de  arreglar  este  asunto,  utili- 

2ando  los  buenos  servicios  de  este  oaballeritp.  fDin^éndf^  i 

García.  J 


.    Bi43hos  y  GARCÍA 

García.  Siempi^e  estoy  k  las  órdenes  de  mis  jefes:  en  el  campllmiento  de 
tni  deb^r  obedezco  ciegamente  como  el  más  subordinado  de  los 
de  mi  clase. 

Bernabé.  Se  trata  de  haoeir  ver  al  Miaisiro,  que  los  ai»usos  de  que  se  le  dio 
cuenta  el  miéreoles  átliino  relativos  al  seu0r  Cuesta,  resulta  ser 
hoy  autor  de  ellos  el  señor  Kodriguez.  Usted  se  encargará  de  for- 
mar el  opartudo  espediente,  y  ii  so  buen  juicio,  á  si»  alta  pene- 
Irioion  dejo. . 

García.  Comprendo,  señor  Administrador.  Pero  es  el  oaso  que  al  señor 
Eodriguez^  me  unen  lazos  de  íntima  amistad.  Además  tengo  miry 
adelantadas  relaciones  con  una  hermana  suya. 

Antonio.  Oira  misa  sale... 

Bernabé.  Este  problema  es  mas  dificit  de  resolver  que  el  de  la  cuadratura 
del  circulo. 

Anibal.  a  la  primera  objeción  que  haga  usted  á  su  jefe,  le  planto  de  pa- 
titas on  la  calle.  One  diga  ahora  el  señor  Drpotado  que  yo  no  ha- 
go uso  de  toda  la  energía  que  el  cargo  de  Gobernador  exige. 

García.  Yo  no  he  pretendido,  señor  Gobernador,  .  desobedecer  su  manda- 
to; pero  es  el  caso,  que  contra  mi  amigo  doo  Eogeoio  Rodríguez 
00  puedo,  ai  debo  hacer  nada. 

Bernabé.  Porqué? 

Aníbal*     Sí,  Señor,  por  qáé? 

García.  Por  respeto  á  la  amistad  y  por  la  Circunstancia  espeoialfsima  en 
que  me  colocaa  las  relaciones  amorosas  qw  too  so  hermaaa 
sostengo. 


ANiBAt     Pero,  bombVe,  usted  pmn  oasarse?  asted  «alie  la  qtiereon  las-mn 

jeres?  KsU  uslea  lopo?  Ademái»  ¿CQQ  qué  vA  usted  á  ffiaoleoerla 

Coo  cpatro  mil  reales  de  aoatdo? 
GAaau.     ¿Qué  dirían  ustedes  $i  m  pago  de  la  ooQi^ideracíoQ  quf  les  merez 

eo  y  He  la  honra  que  me  dispaosaa  liaciéodome  (guardador  de  lo 

seoreiüs  de  ta  poliiica,  yo  revelase  eslos  aéralos? 
AnTOifitL  Qué  bftbiafooe  de  deeU?  Que  er»  usted  qq.  fpal  caballero  ..  Qu 

era  «isted  aa.timidor. 
Garcu.    Pues  eso  misoio  dir&  rai  amigo  don  Eageoio,  y  algo  a&s  que  es 

80  f»rei;iDsa  barHoaiia,  A  quien  profaio  el  máa.siocero  >  deaintere 

$ado  carino. 
AüTOKio.  La  poHiioa  m  4ieoe  eBlraots,  y  como  usted  no  baga  abstraccío! 

4e  las  sayas»  dinoilmef^e  Ueg»r4  i.ooiia^uír  un  deatioo  que  valg 

la  peoa 
Aniru      Qué  cAndide  es  este  -chichi 

Bernaíé.  IÍ4]  c^Biiop  bft^eoogidM,  si  pretende  bueer  su  carrera  como  empleado 
Antomo.  Los  hombres  públicos  no  se  perteneceo  ft.  si  mismos;  esclafos  d 

laa  eireqnsUACias  iiedeo.  que  obrar  en  lef or  de  elUoi  aunque  t 

hacerlo  manchen  una  y  mil  veces  su  conciencia. 
Ahiial.    Por  tercera  vez  advierto  &  osted»  señor  Geroia*  que  su  obligacia 

es  obedecer  ciefamenle  los  mandatoe  de  sus  aoperioree. 
Garcu.    Pero  cuando  hay  una  mujer  de  por  media,  &  quien. •• 
AHiaAi«.    Asnino  hay  mujer  que  valga. 

3Sscezxa.  V^III. 

•     .  .1 

Dtcimd  T  MATILDE. 

Matilms.  Estpy  yp  p^ra  desmentir  tn  Aserto. 

Ambal.    Si  Dios  nos  hubiese  paesto  un  ojo  en  la  espaldaí  no  incorririamo 

en  ciertas  equivocacienes 
Antohio.  Pero  Y.  00  es  mujer,  Matilde. 
Matilde.  Pues  qué  soy?  Me  hace  graoial  No  me  pesarla  haber  vivido  en  u 

error.  *        • 

Antonio.    V.  es  un  protesto  de  la  providencia  para  tener  en  el  mundo  el  ti 

po  de  los  ángeles,  la  vera  efigia  da  los  serafines.    , 
JUathm,  QuógaUatey  qttépoótíco}.«.iQuó  hubiera  dicho  el  señor  don  An 

tonio,  si  hace  p«>co  a^  hubiese,  visto  en  la  .cocina  haciendo  el  café 

calentando  la  cena  y  freganda  U  lozal 
Aníbal,    Qué  es  esto  de  fregar.  Ios^l,,  baeer  caM  y  ealeniar  cena? 
ÜATiLoi.  ,S1,  papá:  el  ordenanza,  que  es  el  que  ahora  está  haciendo  las  ve 

cesdei  <9peioero,  le  cqnvid^rgio  boy  4  un  bautiso,   y  el  pobrecill 

ae  b^  esceiU^o  .^go  w  beber,  enfipn^rindose  incapaz  de  hace 

nada.  •  ' 


!«rB\L.     Na  deja  de  estar  chnseo  el  lanoel 

aiLOB.   Ni  él  deja  de  estar  alegre  y  festivo. 

NiRAL.  ¡Convertida  la  hija  de  uo  Gobernador  en  fregatriz  por- los  escesos 
de  nn  ordenanza!  Reto  no  se  paede  sufrir. 

LNTOffio.  Grave  cosa  es  que  los  dependientes  de  los  Gobiernos  de  provincias 
se  entreguen  t  tos  vicios.  A  propósito:  hay  un  ehico  en  mi  casa 
que  me  sirve  de  ayuda  de  cansara,  hijo  del  ama  que  im  cri6, 
que  desempeñaría  á  las  mil  maravillas  ese  destino:  adem&s,  ha  ser- 
vido en  el  ejército. 

[atilde.  Este  que  tto<otras  tenemos  también  habe(d)o  la  campaña  de  Áfri- 
ca, y  está  casado  con  la  nodríza  que  lactó  á  una  bermanita  mia. 

LWBAL.     A  este  diputad<í  todo  le  viene  bien.  (Aparte,) 

ANTONIO     Pero  puede  darle  algún  día  que  se  eneu<%ntre  bebido  por. .. 

Iatilw.  No,  señor,  ne:  no  le  dá  \íqv  nada  cnalo:  por  lo  único  qbe  le  dá  es 
por  contar  cuentos.  Ahora  )e  dejé  reflríendo  uno  que  ha  oído  en 
esa  botica  de  al  lado  donde  hay  un  mancebo  amigo  suyo,  (Mo  ^^ 
hecho  reir  tantel 

LNTONio.  Algo  bueno  daría  yo  porque  lo  repitiesen  esos  bellisímcs  labios  de 
coral. 

(krnabé.  F.sta  señorita  es  muy  amable... 

Iatilbb.  No  es  preciso  dar  nada.  Si  tienen  ustedes  gusto  en  que  yo*.  • 

kNTo.MO.  No  gu8to,'Siao  placer..  '  . 

íatildb.  Pues  bien.  Es  el  casoque.al  traisladarse  de  un  paebio  á  otro  un 
portugués,  llevAbaup  loro  que  á  cada  paso  iba  diciendo: — «Lorito 
real,  para  España  y  no  para  Portugal.»^ Indignado  el  portugués 
al  ver  que  el  papagayo  repetía  esta  especie  de  estribillo,  muy  oo« 
muo  entre  los  animalitos  de  su  clase,  miró  al  loro  y  le  {lijo  con  ai- 
re de  indignación. — «Vosé  irá  para  doade  lo  leven.» 

Ilntonio.  No  dejadíe  lenferchistel 

Bernabé .  ¡Qué  ocurrencial 

1atíli»e.   y  oportunidad ,  señor  diputado. 

kNiBvL.    Cuenta  otro,  hija;  eueuia  otro. 

bio^io.    Diga  usted,  Matiiditai  por  qué  cree  usted  que  el  cuento  es  oportinot 

¿ATILDE.   Porqués!. 

ANTONIO.  La /azon  es  conduyente. 

Iatilde.  Puesto  que  usted  se  empeña,  le  diré  que  el  cuento  es  oportuno  por- 
que usted  á  mt  juicio,  ha  tomado  á  papá  por  el  lofo  de  la  jaula  y  á 
cada  paso  le  está  marcande  el  camino  que  há  de  llevar. 

itiTONio.   oye  tísfedj  señor  don  Aníbal,  á  su  hija?' 

ÍRnMABÉ.  (Chúpate  esa!) 

^^ÍBAL.  Con  muchísimo  disgusto  la  oigo:  tur  ffo  tienes  que  entromnlerte  ea 
las  cosas  de  los  hombres  peiitieos.  La  eosa  públnsa  está  vedada  á 
las  mujeres*  ... 


Í--I8  — 

Matilob.  Qoe  no  sirva  de  dhgasto»  ptpi.  To  no  1m  qaeriJo  ofender....  a 

seAor  don  AnUmio. 
Antonio.  Ni  yo  puedo  ofeoderme  nonei  de  sus  palabru,  qoe  sólo  sirreo 

para  ensanchar  mi  ooraion,  para  elevar  mi  espirita 
11  ATILDE.  Las  siete  bao  dado,  y  estos  caballeros  nos  dispensarán  hoy  el  ho- 
nor de  acompañarnos  A  oomer. 
Antonio.  Mooho  lo  siento,  pero  me  esperan  anos  amigos. 
Aníbal.    Serta  on  desaire  ... 

Antomo.  No,  no:   •  yo  no  quiero  qoe  osled  lo  interprete.... 
BfiRN/iBa.  Tampoco  á  mi  me  seria  grato  que  nsted  se  0^'urase*...* 
Aníbal      Vamos,  pues. 
Hatildb.  Mira,  papá:  como  yo  no  estoy  aoostombrada  i  oonfeeoionar  el  caré. 

se  me  ha  ido  la  mano,  y  en  ?es  de  tres  tatas,  he  beobo  lo  menos 

nueve. 
Anírai.     Bien;  y  qué? 
Matilde    Que  debías  eonvidar  A  «se  jovencito  q«e  siempre  esti  cojido  &  la 

pinma  y  |iarHcetan  laborioso  y  tan  bumilJe.... 
Anibvl      Lo  es  eu  efecto. 
Ásmiio    No  lo  es, 
Aswa.     Le  digo  á  uíl^d  que  si 
Antonio,  Le  repito  á  u^ted  qué  no;  porque  aun  cuando  lo  sea,  hemos  que- 

dttdu  en  quH  d**je  de  sei*to,  ha^ia  que  venga  su  cesantía  y  coló* 

quen  en  su  logar  á  donMarttelini>(»ii9sfa. 
BftNNABí.  Usted  no  sabe,  Matilde,  los  peligros  que  corre  nn  jete  cuando  di 

df masidüa  coufianta  á  un  subalterno. 
Anual.     A  cumer. 

(Toda$M$9ún  ménoi  Gurda) 


GARCÍA. 

(Se  levanta  preei/niaáamnte  de  h  silla,  apar  Unióte  del  fíela '^ 
dor,  dende  figura  estar  escribiendo  cartas) 
¿Podrá  darse  una  posición  mas  especial  que  la  miaf  Habr&  quien 
tenga  valor  para  pretender  un  emplt^  i  vista  de  lo  que  &  mi  me 
pasa?  O  tengo  demAs  el  corazón,  6  me  estorba  el  estomagó.  Aquí 
tienen  ustedes  &  un  hombre  que  le  dan  á  elegir  entre  una  mujer  y 
on  destino;  entre  la  idealidad  y  la  realidad:  entre  la  esencia  y  el 
ser:  entre  ei  objetivo  y  el  subjetivo:  eatre  el  yo  y  el  oo  yo.  como 

diría  un  filósofo  alemán .  Me  decido  por dejar  ...  pere,  pó 

el  caso  es  grave  y  lo  consultaré  esta  noche  con  la  almohada,  y 
ella  es  posible  que  me  dé  on  salodabte  consejo,  ^ 

éM 


^14 


garcía   y  EU6SN10. 

Eucpiuo.   E^oy  yo  aquí  para  dArtoiol  Qu¿  iieoes?  Q\\é  te  púa?. 

García      Nada,  chico,  natía. 

KuGEKio     Algo  te>o<i«*^  A^uRfMMar  teatoroieola:  esas  frtaeft  que  estabas 

Itroouociaíido,  indican  .  . 
GAitcf A      Es  uq  seer^io  que  oo  puedo  revelar.  Te  ruego,  te  sufilieo,  que  lo 

respetee^ 
Eugenio.    Para  aii  no  debes  tener  secretos  nunca;  a^i  como  me  haces  partí* 

cipe  de  tus  ^li^beoiiQQe»,  deto»  quiero  QQaipar(4r  coutigo  los  dis- 

García.     Una  vez  sola  en  la  vida. 

Eugenio.  Ni  una,  ni  media.  Coniu  insistas  en  negarte,  creeré  que  ba9abosa- 
ófi  áp  1%  Qoofiftcua  queipa  ti  aieinpredapesKo.  Creeré  t^ue  e^tás  en 
inieltgeo^í^'i  WQ  ihUiáfi  jf  l^attajoe  atrtweria  ásuepeotiar...  pero, 
nó:  injuriarle  es  iojoriariDe. 

García.     El  sacrificio  á  que  tus  palabras  me  obligan... 

Eugenio.   No,  no:  perdona  mi  debilidad. 

Garcu.  Ahora  qeiero  que  lo  eepee  ledo  Se  trMa  de  eometer  conligp  uea 
vil^Hi,  Me  hüf)  buaeado  a  ibI  Qoffio  iostrumeiitQ  y  cofpo  verdugo 
de  tu  porvenir  y  eaeaieo  de  iu  lieofa. 

Ku^ISMQ,   ^ui^ef  el  infaoie^..  dónde  esli? 

García.  Ten  caima  El  Diputado,. el  (¡rohemador  y  el  Adipipjstrador,  quie- 
ren que  ioHruya  un  expediente  que  justifique  aoV9  ei  ^linis^ro  un 
parte  que  de  tí  h^adfMtOr  atrib0iyé«dPl^  ewi^ois  abusos  cometidos 
como  funcionario  páblico. 

Un  ordenanza  ^ieléjjrf^Oi  énira  en*pl  salón  lletando  un  porí$ 
€n  la  mano,  y  ánies  de  dirigirse  á  ias  habitaciones  del  Goberna^ 
dor^  dice: 

Ordenanza  ¿El  señor  Gobernador? 

García.     Eett  comieodo.  ¿Qué  quiere  uetedj 

Ordbnansa  Entregarle  eate  telegrama. 

GjircU.     Entre  u^ted  por  ahi  y  que  le  pasea  iieeado»  ;   . 

fVáse  Or4enanza.J 

Eugenio.  Dame,  fiarcie»  pormeoores. 

Garqa.     Seria  una  imprudencia  decir 

Eugenio.  Yo  no  tónge  pacteoeia  para  esperar»  i 

García.    Ni  yo ieogo  valor  para  revelártelo  aiquU 
EuGEMo.  Habla,  García,. no  me  martirices. 

"'•    Calla,  Eugeoioi  calla, oo  me.ooioprpipeU^  Asola^ettu  despacho 
te  lo  diré  todo,  Elk»  son:  ue^  le  ú^ujvv^.  . .  .  > 


-!$- 


.    ANÍBAL,  ANTONIO,  BERNABÉ.  ORDENANZA. 

t 

AiviBAL,     Ei  mat  cartiino  anrlarlo  pronte:  Armaré  el  telegrama  «lela  ^nperío* 

riJad  y  ins^iadáré  iomediatamente  la  órdea  ai  iQtere5atlo    \Po^ 

brecillo! 

fUaci  que  firma  el  reeibo  y  ee  h  mlreg^  al  Ordenanza ,  y  iiri^ 

^éMose  é  ét  diré: 

Enlre  usled  en  It  necretarfa  y  diga  al  seftor  doo  Eugenio  Redri- 

fii>z  qué  se  me  preíMile  enseguida*  Ni  3Íqiiier&  puede  «d  >  comer 

tranqníto  con  este  picaro  car$;o. 
Antonio.  Gracias  á  quD  nosotros  comenzafiios  á  tomar  café  cuando  se  sentó 

á  la  mesíi 
Bernabé    Y  que  e«taba  por  cierto  mujf  bien  hecho 
AfiToNib.  De  u»ks  rttanos  iau  delicadas  oonoo  las  de  Matilde;  bo  podía  menos 

de  re:«uliiir  un  maojar  asi^oisito. 
Aníbal,    (listo  fa  ya  paiaodo  de  castaña  oteuro.)  ¿Sí  protaoJerá  este  carca* 

mal  eaaiDorar  &  mi  hija?  (AparXie) 


Dichos  y  EUGENIO. 

Eugenio    ¿Dá  osla  su  permiso? 

Aníbal  .    Jamás  lo  ha  necesitado  usted  para  entrar  en  mi  despacho:  pase  usted  • 

Bernabé.  (Af]uí  fué  Troyal) 

Anibal.  Le  ilaino  á  usted  para  comomcarle»  coa  harta  pena  mía  y  de  estos 
dos  señores,  que  ambo  de  recibir  un  telegrama  del  Ministro,  en  el 
queme  preríeoe  haga  usted  inmediatamente  entrega  de  todos 
ios  papeles  de  so  negociado,  puesto  que  (e  declárd  oesante.  La 
obligación  en  que  yo  me  encuentro  de  cumplir  con  los  mandatos 
del  Gik>iernO|  ma  profKvoioBa  el  disgusto  de  ponerlo  en  su  cono- 
cimiento. 

EucKiAio.  Quisiera,  seftor  Gobornaéor,  saber  k»  motitos  de  tan  apremiante 
drded.^  .• 

Awbal.  Lo  ^oro^  Los  dé^thios  p6blieo9  que  sólo  ae  dan  con  el  titulo  de 
la  iaflaeiiciar  sequítaa  por  la  adi  raaoa  de  que  esta  influencia  falte. 

RuGKmo.  Sospecho  que  soy  victima  de  una  calumnia  infame,  de  una  combi- 
nación indigna. 

Aníbal.  Si  su  sospecha  de  usted  se  convierte  en  realidad,  oosotroa  tres, 
'  obrando  oon  la  lealtkd  ijua  noi)  oaraoterica,  desinentíriamos  ^  ^^ 
impostorei» . 


~  J6- 

ERifiíiÉ.  iQiié  iniqíiida  II  No  es  eslrano  qii«  hxjw  sorprendido  la  buena  N 
*     dfíl  Ministro 

NTONio.  Nosotros  ()9ianK>9  dí^piiesliid  á  inQoir  en  favor  de  usled  basta  don- 
de onestras  fuerzas  alcaooen.   * 

MiukL.  Bien  de<;ici  usted,  spñor  don  Antonio»  que  las  j^entes  de  Madrid 
eran  capaces  da  hacer  oídos  de  meroador  á  nuestras  roctamaciones. 

NTONio.  No  hay  luien  pueda  eou  ellos. 

EUNABÉ    Yo  sicmpí^  imgo  al  al  «la  en  un  hilo. 

LGENK).  Y  si  yu  le  digera  á  usted,  seúor  Goberaador,  que  esa  calumnia  ha 
nacido  aquí,  y  esa  combínaoion  89  ha  fraguado  hace  pocos  luinutos 
eo  este  despacho  por  las  tres  poraoMS  que  me  están  oyendo,  ¿qué 
diría? 

NiBAL.     Cóoio  se  atreve  á  suponer?. . . 

NTONio.   [Usted  está  delirando! 

ERNABÉ    ¿De  dónde  saca  que  nosolrnB? 

uttENio.  Lo  que  yo  oigO  no  oeoesito  que  nadie  me  lodiga.  Al  salir  de  esta 
habitación  pooobá,  me  detuvo  ua  agente  &  la  puerta  para  hacer- 
me dos  preguntas  «relativas  á  mi  negociado,  i^a  casualidad  hizo 
que  en  aquellos  mom^^ntus  estuvjeseu  ustedes  ocupándose  de  mi 
persona  y  sin  querer  percibí  ciertas  frases  que  una  por  una  pudie- 
ra repetir  El  seflor  don  Antonio,  cuyos  compromisos  son  tantos, 
que  para  satisfacerlos  no  tendría  bastante  con  todos  los  destinos 
habidos  y  por  haber,  quiere  ol  que  honrada  y  lealmente  desempeño 
yó,  para  colocar  en  él  á  don  Marcelino  Cuesta,  cuya  orden  de.  ce- 
santía se  ba  recibido  boy. 

.NTORio.  Usted  está  soñando. 

NiB\L.     No  puelo  tolerar  que  continúe  en  ese  camioo* 

tiiiNinÉ.  Es  un  desacato  6  la  autoridad. 

CGESfio.  Voy  á  conoluir,  señores,  ffo  hin  eaoontrado  ustedes  otro  empleado 
más  bonito  que  jó  de  losque  tienen  igual  sueldo  y  la  misma  catego* 
riü?  ¿Có  no  había  de  desprenderse  el  señor  don  Bernabé  del  señor 
Betanzos,  que  para  sus  miras  ulteriores  es  una  linda  alhaja?  ¿Có- 
mo había  de  consentir  el  señor  don  Antonio,  que  su  ahijado  se 
quedase  en  la  calle?  ¿Qué  iba  á  ser  entonces  de  ustedes?  ¿Cómo 
ni  quién  habla  de  formar  Iob  expedientes  madQsos  qoa  benefician 
los  intereses  del  Diputado  y  redoblan  el  sueldo  del  Administrador? 
No  contestan  I  jQué  han  de  contestar?  El  miedo  ^es  ooa  conseouen* 
cia  del  crimen,  y  el  crimen,  como  el  miedo,  inrbaa  siempre  tos 
sentidos. 

NTomo.  La  cólera  me  ahogaf  • 

ERNAB?.  La  ira  me  ciega,  .     .  •► 

NTBAL.    (Le  asiste  la  razón  y  ante  ella  no  puédamenos  de  enmudecer.) 

.liTONio.  ¿Pero  usted  en  qué  piensa,  señor  don  Anibal? . 


—  17  — 

Bernabé   Usted  es  el  llamado... 

ÁifiBAL.    Yo,  ti,  yo.  Salga  osted  lomediatamente  y... 

EuoBifio.  Si,  señor,  salgo;  pero  salgo  pofqqe  no  qoiaro  respirar  la  viciada  \ 
Dósfera  de  este  despacho:  porque  oo  quiero  enbngarme  en  el  i 
mundo  lodo  que  le  sinre  de  pavimeoto;  pero  antes  de  salir  be  dec 
ciiles  que  son  los  autores  de  la  ruina  de  una  familia  decente;  c 
políticos  como  los  que  me  están  oyendo^  deshonran  los  partidas 
que  se  aGlian;  y  sepan,  por  ultimo  que  el  castigo  de  la«Providenc 
cae  m&sd  menos  tarde  sobre  la  cabeza  de  los  que  sin  fé,  sin  ce 
ciencia  y  sin  religión,  se  conducen  como  ustedes  han  obrado  ce 
migo.  ¡Miserablesl  (Vate  Eugenio;  sí  miran  iiHfrindidos  Ambi 
Anloni0  y  Bernabé ^  y  cae  el  kbn.J 


<    1 


I  .  t .  \ 


p—      » 


ACTO  SEGUIDO. 


'  la  misma  decoración  qué  el  primero. 


•       •  •  •        .         ,  TT^ 

UATILDÉ,  CRECÍA  que  entra  por  la  puerta  que  conaunioa  cotí 
lasoÚQinas.  .... 

García.    Ifoy  buenos  (fias,  HaiSdite. 
Mathoe.  Jiuy  Inieúos; .. 
Garoa.    Mudip  hi  madrugado  usted  hoy. 

lÍATiLDB.  fCooio  qu0  «I  toda  la  ooobe  ba.podido  pagar  los  ojos.  Me  hizo  tal 
impresioo  el  incidente  de  Eugenio»  que  en  mi  vida  reeaerdo  ha- 
bermb  visto  dito  afeotaiia^  De^poeé  que  ^ep^iarchó,  segun  me  ha 
dicbei  papá,  acordaroD  poner  eo  oonuoimienlo  del  Jtugado  el  des- 
j  aoaii»  que  eoo  ellafi  oomaliera  Gomo  papá  ed  tan  bueno,  ha  aci^e- 
dklo  á.  mis  ruego»  y  desiste-  por  w  parte  de  cUr  semejaote  paso,  y 
'    estay  asperaiido  4  qiie  toogan  esos  dos  señores  á  fln  de  iiifljir 
cerca  de  ellos  y  que  tamblgo.  deiislan.  ¿Usted  ha  visto  a  Euge- 
nio después  del  lance? 
García.     Ahdraveog^  de;stt  4ft8a;<Está  furioso,  desesperado;  parece  que 
ha  perdido  el  juicio:  no  le  bastan  retlexiooes:  se  cae  el  corazón  á. 
los; pues  o]féndoM  -.  N  madres,* moribunda  eu  una  cama,  pije  la 
I  muerto  a  toda  prisa:  la  bermaua  llora  ooioo  una  Magdalena,  y  él 
nüas  veoas  pretende  emididaf  se,  y  otras  intenta  desaliar  a  los  que 
;liB  haii>ti^id0á  tan. triste  aituaoion»  ;  . 
ÜAxafiEu.  ¿Serta  etapas Kle  compeler,  ua  a^eiktade?' 
Garqa.    Póngase  usted  en  su  jugar,  y  coippirQmdérft  q<ie  una  persona  en  ta^- 

.  ie»í0ir0iyMtaQk3íaBi  éaifa4i;Bfu46ta:&ci»aiqMier.«x)sa^ 
Matildr.  y  no  habría  u;:\  .a]^io  de? .«.  ., 

GAicti*  .  £ólé  osiedr^drla  qa¡i^&... 

Maiujd&^  JUI«f)atr^e4'qQa^'oigo  au  voz^.^  Él  ea;  dígale  q/xe  entre  y  déjeno?  ^^ 
blar  &  solasttop^  iostaotea*  Y4or.y.p<'ude&«ia. 


.1 


r 


-10- 
Elscexia.  II« 


Matilde.  Eugenio  1 

EuCffiNio.  ADoehe  juré  m  voWer  á  respirar  la  Tfciada  atmósfera  de  efite  des- 
pacho.  Si  al  verme  próximo  i  sds  puertas  has  supuesto  que  fo 
pretendía  ^neirar  por  elUsv  t6.  eq^lvocaate,  Uatilde.  César  murió 
¿  las  puertas  del  santuario  de  las  leyes:  á  otros  Césares  fingidos 
esperaba  yo  para  quitar.es  la  vida  4  las  puertas  del  santuario  de 
las  infamias. 

Matilde.   Cálmate,  EogenioVyo  pondré  ouanto  esté  de  mi  parte... 

Eugenio.    Muy  mal  harías  si.  te  tomases  la  molestia  de  ipQuir  en  mi  favor, 
-parque  en  ve2  de  agradeoértefo,  lo  jmgo  tina  grave  ofensa;  oofDO 
considero  en  todo  caso  los  favores  con  qué  uris  eneaiigos  me  con- 
vidan. 

Matilde.  KI  concepto  que  acabas  de  afAúitar  dasraíenle  las  palabras  qos  OQ 
esle  mismo  sitio,  me  dirigías  hace  poco  nás  de  qninceliocaa. 

Eugenio.  Ayer  eras  la  bija  de  m(  bienhechor  y  dáira  «iniípn:  tii  amigo  y 
fDi  t^ienheélwsi  iá.  isaiDbtado  mi  ni  -vieril^ga;  y  d»  labi^  de  0i 
terdiigd..¿ 

Matilde.  Kso  ne;  mi  padre  es  inetpAz  d«  baeer  wAs  jA ' alguna  vez  tran- 
sige con  ciertas  exigencias,  contrarías  A  lo  que  si»  Mbles  senti- 
mienlos  le  aconsejan,  ye  sN>y  ia  eaosa  inoeente;  n»  le  mueve  otra 
idea  que  kt  de  mí  porvenir;  no  tiene  otra  aspiraeion  qne  comple- 
tar los  aítos  qne  le  faltan  para  jfubilarse^  j  dqar  i  bu  kija  cuands 
^  muera,  oo  pedaio  de  pan. 

Eugenio.    Buen  principio  de  moral. 

Matild8.  No  debes  calificar  de  matos  los  setos  qne  emanan  de  nn  sentímiea- 
to  tan  legitimo. 

Eugenio.   La  coaciencia  está  por  cima  de  todas  las  miras  interatedas. 

Matiloe.  Reprueba  su  conducta!  A  mi  na  roe  oausarfa  eFtrafteía  que  la  pa- 
sión que  ayer  Día  declarastes  en  este  mismo  siliO'  te  hubiera  coo- 
ducido  ..  O  las  frases  que  entánees  me  dirigias  eran  ttipdcritas,  ó 
el  aborreoimiento  de  ahora  es^*.  Bl  amor  no  peede  cambiarse  ooa 
tanta  facilidad  e»  ddid. 

Eugenio.  Cuando  ei  hombre  tiene  de  por  medio  et  Muieslar  4e  una  madre, 
el  porvenir  de  una  familia  y  en  honra... 

Matilde.  A  esa  anciana  madre,  á  esa  desvattdn  famHia,  M  l<e  ialtasá  nada 
mientras  yo...  (ItevindosB  la  mano  al  bohith  d$  iumitíé^ 

EusBNio.   Pretendesrebajar  mi  dignidad  basta  el  punte... 


—  íl  — 

ine  con  la  di^i^j^raeia  misma;  yo,  qtie  mí  mayor  placer  es  eompar^ 
tír  con  ios  desgraciados  la:*  penas  qoe  sos  (fssreotoras  les  pndu 
cen,  ahora  qne  u  siioauíon  es  triste  y  desesperadOi  todo  lo  qu 
l^ago  y  todo  lo  qne  val^o... 

Eveemo.  De^ptiés  qne  veoRiie  las  ofensas  qoe  me  bao  inferido  y  el  peijuicic 
que  me  han  ocasiuoado,  hablaremos. 

ims4L.     (Dentro J  Matilde... 

Edcbhio.  ]  Ah!  ..  (Hace  un  m»mment^  de  ira,  inimtando  iirifirieal  $ilk 
en  que  Aníbal  kabla,  y  Matílde  te  iujela.) 

ÜAtiLDc.  ¿Tt;  vas  á  atrever?... 

Eugenio.    (Furinto )  Si...  sf! 

MATiLitt.  fSujHánéole  aún  )  ¿T  te  otTidarias  de  nuestro  amor  basta  el  paO' 
to  <1e  cometer  con  a<í  padre  nn  atentado? 

EcGBNio.  (faeilande  primero  jf  volviendo  emeguida  á  tu  primer  ímpetu.^ 
Matildel  ..  qaital... 

Matilde.  (Con  apñsitmamietUo  y  enerqinj  Bl  cariAo  que  ayer  roe  Tendías 
la  fé  y  la  moral  de  qoe  haces  alarde  a  todas  horas,  y  el  inleré 
que  demuestras  por  esa  pobre  madre  á  quien  Tas  á  matar  con  e 
Irlttmo  disgusto,  son  oná  grosera  mentira,  na  embusie  criminal 

EoGiNio.  La  voz  de  una  mnjer  Tirtnosa  es  el  m&s  poderoso  freno  &  las  pa* 
siooes  del  hombre.  (Vane ) 

(Matilde  cae  aceidentadé  en  una  butaca) 

AsiBAt.     (Deede  fuera.)  M%\\\6ñ ! 

Matilde.   Eugeniol...  Padrel 

JiKtUM»,  ANIfiAL,  ANTONIO  que  entra  por  la  puerta  de  la  oficina. 

AsTONio/ ¿Qné  habrá  sucedido  aqi]f?  Algo  académica  es  la  posición  qu( 

guarda  esta  señorita;  la  e^ena  debe  haber  sido  bastante  trágica 

¿Oiié  tiene  usted,  Matilde? 
Matildb.  Ha  visto  usted  salir  &  líu^enio? 
Artqhk)    Me  he  eacoiifrado  (?on  él^  &  la  ptierta,  pero  it>a  tan  ciego  que  n< 

me  ha  conocido.  ' 

AmsiL.  "*  (Ácétcándose.)  ti?í\M^,  qué  baees? 
Matilde.  Estoy  saludando  al  éenor  don  Aotonio. 
Aníbal.     Observo  qne  estás  asustada. .  conmovida . . .  esplicame  A  que  se  debe 
MATaDE;  Ró'iriieoio  ñaídá;  nó  se  qué  motivos  tengas... 
Antowo.  «Su  papá  tiene  derecho... 
Aníbal.     Justo!  Tu  papá  tiene  derecho... 
Matíldb.    Pues  bien;  Eugenio,  con  quien  acabo  de  hablar,  vino  á  bu?carm 

A  fin  de  que  yo  iaterceda  con  ustedes  y  vean  de  remediar  eo  I 


posiUe  $0  Iristo  y  aflictiva  sauaoian.  Desgarra!^,  el  alma  al  hacer 
h  {HDUira  de  du  estado  y  el.de  «u  anciana  madre;  sosipeché  que  la 
•  • :  fdila  (h  reoMRsoü  fiieieiel.priooipal  nHíQlivo.de  $<i  dese^peraciun ,  y 
con  un  movimiento  inslinliva  dirigí  la  mano  al  yboúíllo  pa^a  darle 
el  dinero:  que:  tt^vjese;  élo(Hiiprenclió\miA  iQi^oeio(i6i« ;  y  of^odiéii- 
dose  de  ellas,  en  ..vez  de.  .eaixnacse,  redobl<}  su  furia ,  cosa  muy 
natural  cuando  se  trata  de  una  persona, deoei^te  y; delicada.  Mi 
iblor  Xué.e&ioB^ea  Qlkátf  pirpluodo;.  oin^os^la  voz  de  paDá,  <jél  asun- 
tado se  maichú  preQ)|%dC^(Uer\te«  y  yo  eoDq)pvída  caí  sobre  esta 
butaca. 

Antonio.  Pobre  chico  y  pobre  Matildel  No  se  pueden  tener. tan  boeaos^sen- 
Umiento$::las  persoaas  demasiatk)  filan liTópioas,  como  usjli^i.yivea 
en  un  ¡nflerno  perpetuo. 

Matjlde...  Más  vale. pecar  pojr  ejpooso  que  por  defecto,' ^eaor  Diputado;  yoüo 
puedo  remediarlo:  en  viendo  una  desgraeia... 

Antonio.  Pues,  es  precisa  qus  lo  recnedie;  cuaudo.  ia  (iíaalropía  sale  de  apa 

yerdcideros  iímites^resun  vícím,  y  ios  vicioa,.» 

Aníbal.     Esta  hija  mia  tiene  uoas  cosaR,*. 

Matilde.  Y  no  podrá  hacerse  oada  eo  favor  de  esa  familia  d^savalida?... 

Antoniq..  Yo  úé$áQ  luegj  ie  perdooo  las  .ofensas  q^e  anoche*  .^  ;     .    :.     . 

Aníbal.     De  mí  no  hay  que  hablar  nada. . 

IMatilde.  Eso  no  os  basl^nte^t  pai^ .  ea  oe^eaario  proporcionar  á  Eugenio 
una  colocación,  un  destino^  un  asedio  pai^  que  esa  femiliá  boaca- 
da  no  perezca  en  la  miseria.  i 

Aníbal.     Bueno,  hija,  bueno. 

Antonio.  He  ahi  tiene  usted, eefior  don  Aníbal,  los  inconvenientes  de  la  probi- 

dad  en  los  empleados,  al  otrodia  de  dejarles  cesantes,  no  tienen 

.que  comer  Si  ese  niAo  hubiese  hecho  la  vista,  gorda,  y.  hubiese 

tenido  la  manga  ancha,  no  se  vería  hoy  con  el  bolsillo  tan  estrecho. 

Matilde.  ¡Au,  señor  don  Antonio!  Vale  mucho  la  tranquilidad  de  coooíei|« 
cia.  Üips  no  se  olvida  nunca  de  los  buenos;  y  los  malos,  más  tardo 
ó  más  temprano,  reciben  en  esta  vida  el  castigo,  y  ^n  ia  otra... 
quién  sabe  lo  que  les  espeía? 

Antonio,  Antiguallas  ridiculas  como  las  dé  8o  padre!. •• 

Matilde.  Antiguallas!... 

Anibal.  Son  las  once;  dentro  de  una  hora  tengo  que  estar  an  le  Diputa- 
ción: acompáñeaos  usted  ¿  almorzar. 

Antonio.   Con  mucho  guato. 

Matilde.  (Hay  representantes  del  país,  que  eo  tocando  á  oomer  son  los  pri- 
meros qué  acuden )  {Vame.J 


garcía  y  LUISA. 

i 

Gificu.  Sucedió  lo  qne  me  Agaraba;  asUo  almorxando;  siéntate  en  esa 
balaca  y  es^iérala  on  pono.  Él  no  poede  tardar  mucho. 

LcisA.      No  qiiisi(»ra  «fuedarme  sola:  me  dá  noa  vergQeua..* 

GiiR€tA«     No  sé  de  que... 

Luisá.  Yo  oo  esu>r  acostiraibrada  á  estas  casaa;  y  adem&s  la  pobreza  es 
tan  cobarde»  que  dudo  si  á  su  presencia  podns  articular  palabra. 

GhMQk.  La  necesidad  oarece  de  ley,  y  ante  )a  ley  de  Üa  neoeaidad,  no  bay 
otro  medio  que  iocliaar  la  frente. 

Luisa.  No  (tuedes  lli^ararle  el  trabajo  que  me  cuenta;  pero  otros  sacrifl- 
•    eios  mayores  «er la  capas  de  taaae^  per  aai  esa  (^obre  aociana» 

dsoencí  "V"* 

Dichos  y  BERN.ABÉ. 

Gaacu.  Al  safior  Adoiioístrador  puede  usté  I  indicarle  el  motivo  de  su  ^^i- 
sita,  y  él  le  facilitará  ei  camioo..*  Esta  señorita  es  la  hermana  del 
señor  Rodríguez  y  trae  una  preteosioo  cerca..» 

fiBRivASÉ.  Coo  que  esta  es... 

García.     Sf  seúor. 

BcfiNASÉ.  Tiene  uste<l  muy  buen  gusto.  Yo  también  serla  capaz  de  dejar  to- 
dos los  deslinos  del  mundo,  ánies  de  hacer  traición  &  uoa  jóAon 
tan  bella. 

García.     Favor  que  usted. tf  dispems^.  . 

BfiRs«AB&.  No  habrá  para  el  seiior  Gobernador  y  para  el  señor  Tavares  una 
recomendanh?Br  ipi^  pódenme  q,ue  I4. presencia,  de  esta  encanta- 
dora beldad. 

LmsAi      Idirgracias;  es  osted  muy  gaiatite.- . 

Gmm:U.    Tengo  que  cbnclair  para  lasdoce  naos. trabajos.  Confio  en  que... 

Berhabé.  Yaya  usted  descuidado. 

• '  ■    ■  • 

LUISA  y  iKIlNABfe. 

BfiRRaÉ.  Ni  so  hermano  de  usted,  ni  ese  otro  póUuelo  sirven  para  emplea* 
dos.  No  se  pdeden  llévat  hís  cfasas  tan  k  putita  de  lanta  como  ellos 
quieren.  Los  que  vivimos  del  presupuesto  tenemos  que  tragar  ea 
ocasiones  mucha  saliba*  .  • 

j 


~-2»  — 
iUrsA.       Lo  comprendo,  «^cftor  Admioisirador;  pero  sas  pocos  años  discoU 

pan  en  cierto  modo  su  proceder. 
lERNittÉ.  Si  no  hubiese  sido  yo,  el  uno  á  estas  horas  está  en  la  cárcel»  y  el 

otro  fuera  de  su  destino  Yo  ¡os  he  defendido  á  capa  y  espada,  y 

graéias  á.  mi . . . 
tUisA.       Se  conoce  que  tiene  asted  muy  buen  oorazoo, 
I^RifABÉ   Tanto,  que  tuve  intenciones  esla  mañana  de  lle^r  i  casa  de  usted 

an  despacho  de  apremio  con  las  dietas  de  treíoU  realas.  Es  la  me* 

jar  ooíñiston  de  que  poedir  disponer  boy,  y  con  treiuU  reales  dia- 
rios nadie  se  mucre  de  hambre. 
iUiSA.      {Cuánto  le  agradooeria  que  ese  despacho  de  apr^iio  ma  lo  eoire* 

gasel  Mi  hermano  tal  vez  na  quiera  recibirlo  de  manos  de  usted. 

JLt  cree* .  ••  • 
(ehnaré.  Entonces,  lo  mejor  será  que  en  caliendo  Gugeoio  do  casa,  me 

mande  un  recado,  y  yo  iré  en  persona... 
iUisA  Tanta  molestia...  pliede  usted  valerse.,: 
¡ERNABÉ.  No,  no;  su  hermano  de  usted  no  «abe  cómo  de  estas  cofbisiones 

se  saca  el  mejor  partich),  y  yq  quiero  instruirla.. .  C!on  que  me 

avisará  luego  que  esté  sola... 
lUiSA.       El  caso  es  que  no  tengo  criada  ood  quien...  Esa  miqer  qua^  na 

acompaña  es  la  doncella  de  una  vecina   • 
cBif  ABÉ.  Yo  colocaré  un  portero  en  la^  esquinas  de  la  calle^  era  QRcargo  de 

que  cuando  vea  salir  á  Eugenio... 
•uisA .       No  me  parece  mala  idea. 
KHNABÉ.  Quedamos...  en  que.. « 

.ÜISA.        Sí. 

H!soenei  VII. 

Dichos,  MATILDE,  ANÍBAL,  ANTONIO. 

ifiBAL.  Apropósito.  El  señordon  Bernabé,  que  es  persona  de  gusto,  j 
•siá  sieínpre  á  la  altora  de  la  moda,  convendrá  en  que  voy  beolio 
una.visioo. 

ERNABÉ.  No:  ese  frac  es  todavía  presentable. 

Iatilde.  Además,  papá,  el  habitó  no  baoe  al  monje  Se  ha  empeñado  este 
buen  señor  en  hacerse  un  traje  completo  de  etiqueta;  como  los 
destinos  duran  tanto  ea  EspaS^^  pueden  gastarte  la  paga  de  este 
mes,  para  tenerlo  quizá  que  arrinconar  al  siguiente. 

NiBAi.    El  cargo  exige  .. 

ATILDE  No  me  habia  fijado  en  usted.  {Á  Lma)  Saluda  á  esta  señorita. 
{A  Aníbal.) 

NTomo.  Qué  arrogante  figura!  . 


.  -2»- 

ik  ftaOftM   Esta  86fi«>riU  es  U  barmaoa  Ja  ttodrigueii  y  trae  cerca  de  ustedes 
yua  pretensión... 

XkibaLs     Usted  di(&  eu  qué  podemos  ••. 
(Luisa  prorrumpe  en  llanto  ) 

Matiíde  No  llore  usted,  hija.  Depae  Dsled  ese  taso  de  agua,  don  An- 
tonio 

Amonio.  (Dándole  el  a^na  )  La  pena  me  aboga  Estas  escenas  m)  coa- 
nnueven  hasta  el  punto  de. 

Bkemabé.  Es  preciso  tener  corazón  de  piedra  para  Qo  entristecerse  en  estjs 
ca.sos 

Hatílde.   Btiba  usted,  hija   Beba  usted. 

AviaiL*  (Conmovido  J  Supongo  cuál  es  el  objeto  de  su  visita;  pero  yo  no 
le  ^UMiLo  reroe<iio  á  su^^  uíliri.'iontís  Bslos  s<*ñ<irps,  qu*^  son  la  cau- 
sa de  oIIhs, Son  Urnbien  lus únicos  que  pu^ilen  rouisUÍHilus. 

Aktoivio.   ¿Nosotras?  UstcU,  que  es  la  jinmera  autoridad  de  U  pit^vinoia,  e£ 
.    el  qu(*  ptie'le  haber  dado  motivo  ••• 

Berraré    Yo«  señores,  soy  aquí  un  cero  6  la  izquierda. 

AnTuHio.    Me  parece  que  el  que  ha  pedido  la  cesantía  *"%  el  obligado.. •• 

Aníbal.     El  aliligaiio  ^^  el  que  me  ha  oblígadp  a  pedirla. 

IUtilob.    Entre  lodos  ia  mataron,  y  el  a  sola.  . 

Luisa.  Sea  el  que  quiera.  señ^Tcs,  mi  objeto  es  pedir  perdón  de  las  of^^.n- 
sas  que  Eugenio  haya  podido  iuferirle.^  y  rogar  d  li>s  tres  su  colo- 
cación, aun  cuando  sea  en  un  destino  de  méiius  sacudo. 

Antonio,  Kso  va  con  usted 

Aníbal.  Conmigo  no  vá  na  la,  porque  yo  me  voy  en  este  momento  A  la  Di- 
.putarioQ  provincial  á  presidir  la  sesión. 

AirroNio.  La  misma  falta  hace  usted  allí  que  los  perros  en  misa. 

ANIBAI4. ..  Le  he  dicho  que  boy  se  discute  una  cuestión  de  altísimo  interés,  y 
mi  presencia  es  indispensable. 

Antonio.  ¿Qué  cuestión jbs  esa  que  le  tiene  tan  preocupado?  Do  seguro  es 
una  de  las  muchas  pamplinas  A  que  este  seuor  suele  dar  gran  im- 
portancia. ¿Qué  hay^  don  Anibal,  qué  hay  en  la  Diputación? 

Aniial.  Casi  nada.  Hoy  seria  muy  fAoíl  que  se  ara&aseo  dos  diputaditos,  si, 
cerno  tercereen  discordia,  no  fuese  yo  A  dirimir  la  contienda. 

Antonio.  ¿Tan  grave  es  el  asunto? 

Aníbal.  Tan  grave»  que  v¿  A  cubrirse^la  vacante  de  Oficial  primero  de  la 
Secretaria. 

Antomo.  y  qué  calladito  se  k)  tenia  usted  lo* 

Besnabé,  Ya  pareció  aquello, 

Matilui*  La  ocasión  la  pintan.,.,  y  es  necesario  que  ese  destino  se  dé  al 
hermano  de  esta  señorita. 

Antonio.  Ha  tenido  usted  muy  buen  acuerdOi  Matilde» 

AKU4I.,    Mp  puede  ser. 


liNTOjíio.  0'^  fa!?  Ei<a.<  ñúi  palabra^  «^  la  m»^jor  defensa  qae  ante  Idítjos 
de  esla  señorita,  ha  podido  fiaoer  de  mi.    ' 

liERNABÉ^  No  le  qoedurá  á  usted  duda-que  yo  úo  soy  et  autor  de  la  cesaotia 
de  su  hermano  - 

¡M^K.       Pero,  señor  Gobe'rhaífor....     .        -. 

Jatildb.  Espo«?ihle,  pap,íi  ...  que  no... 

liNiBAL.     He  diohíi  que  íio,  y  doblemos*  la  h6ja.  ¿Otiiáres  que  tu  madreónos 

I  eslé  fastidiando  k  cartas  mn  la  colocación  dé  so  sobrino?  Dema* 

I  fiíado  fíiibes  Uv  í^tie  nos -dice*  cada  Vi?z  (]ftio  nos  escribe     Sin  diída 

aprendió  en  Viernes  aq  lello  da  «no  podemos  hacer  carféfa  de  es- 
te niño;  ningún  dia  asisto  á  ¡,1  uhivi^rsidad;  no  haoe' otra- ksosa  que 

I  matar  pefros  por  la^  calles  de  MaíFrid;    ttí  lo  voy  *  h  mandap  ^jwa 

I  .  que  \e  domestiques  los  huesos.»  Bonito  géníó  tiene  tu  madrel  por 

no  oirfá  sé  piyede  dar  algo  bueno. 

>fATit)>c.    Mi  primnr  es  ri^'O   Si  n<i  quiere  aplioárse  al  estudió,  qué  sé  dedi«' 
que  ¿  cuidar  ^us  haciendas  y  saldrá  mejor  patadó  qtM  con  un  des- 
tino: al  cabonó  le  hace  falta  para  vivir,  como  á  esta  pobr^  familia. 

ínibal;*  Dóefio  es  uñ  pan  con  un  pedazo.  Su  padre  se  habrá  echiaído  la 
cuenta  que  .<é  hacen  otros:  elqud  üo  sirve  para  nada,  áirvef>flra 
cobrar  la  nóri[iina.  •        -  .  .;> 

3ÉRNABÉ.  Eso  es;  él  óBcíó  do  eihpleado  m  es  otía  profesión  cótuo  otra  cual- 
quiera. *         .:....  í< 

^NTONío.  Para  ser  emplekdó;  aéfior  don  Aofbal;  se  Aeoe^tA  intéligenoia, 
aplicación  y  probidad  .  '       I   .  > 

\ÑinAL.     Hombres.  nórAíe'há^aníiálédes'HáBlar...  •-     :    » 

Antonio.  Cualidades,  que  seguti  nstéd  mísrhé,  lió  reuncí  so  ^brinb. 

^NIBAL.  Es  la  hora  en  que  debe  abriese  lá  sesión  y  i -[df  mé  gaka  eM'ar 
á  k)unto  ea  todáis  parléis.  Seüoresr/ ta  exaMilütf..;.  f intuía  úmt^ 
charle. J  .  ,  •      ' 

Matilde.   f*apá;  por  Dios...  •  '  '^    •    ^ 

ASíBAL.    H&dicho  que  nó,  y  iVóV  .... 

LtisA.       Pero,  señor  fiotflBrttád'éK;. 

Artonío.  Deje  usted',  L(riiaí    Irétdóá  jútilos^  á  1á  DipittacKoii',  fditfySéndtí^  6 
Artihal);  y  yo;  ecrfrteítiydé'usíéd,  dé  f  aler  á  p(yaer¿  Véreriaos  quién 
triunfa.  Cuente  usted,  nina,  con  iá  d^eUéacfál,  t(i]!é'y<]f  \vk  eár  ptt^' 
sOTitídefaqíifá^'pééb' á'llév^íiiáSo-cása:  j 

íuiSA.       Mil  gracias,  caballero. 

Aj<ibal.  Este  Biputado  es  la  somork  dé  ffMd;  jptiBá  ^  díjb  )i^i  la  tfóble 
pasada,  que  no  volvía  á  pisar  los  umbi^élfeá  ide'átfeíMlfeL^^pc^iSíd^- 
'  t\é  ífti  d'écfá  bsieA*  qiié^ná^ieVpuedééoM'h^iéUó^  éMpieaMs),^  y 
que  cualquier  dia  van  á  morir  aíf^d^'eYtipsñlhd'dg  l^átidad,  des- 
de el  secretara  hefs^ta  vél^  élHfiSo^  péiíHáí^'  kl  elfté*  jiéV^djIes'fiWíéó 
de  doQ  fulano,  explica  un  curso  completo  dtPi)ttl^diiUÍicadd^1^ 


qqe  se  te  balita  do  t/iU  áp  (iioales;  esotro  por^e  ea  mi&ado  de  no 
sé  quiéfl,  (tone  repar«»  A  todas  las  ouoQtaa  miioicipales;  el  otro, 
porque  ee  ooodUcipiilo  üe  doo  Pereooejo  y  el  atro  porque  Qo  b 
es  .  .  pero  eaio  serla  el  caeoto  de  nuQoa  acabar. 

ÁNTOifia.  Eolonees  estaba  de  aq^iel  parecer,  y  ahora  esloy  del  parecer  con« 
trario  Repito  que  yo  iré  eo  persona  .. 

Akíbal..  No,  no:  seú«»rita.  veo^a  usted  &  rei'^jerla  aquí,  que  yo  quiero  «en- 
tregársela por  mi  propia  roano.  (VIH  no  nietf5  este  (lájaro  las  na- 
ri<^es  )  Los  Dipnlad<i$  provú^ciales  son  muy  iodepandieotes.  (Aparte  / 
fSe  disponen  á  cogeih  los  somlfreros.J 

Matílds.  f Dirigiéndose  á  Lwsa.J  Ksia  o(*asioQ  me  proporciona  el  placer  de 
ofrecarie  upaca^  y  una.  amiga. 

Luisa.  En  el  u(;»(aero  treioU  v  do9  da  esta  misma  calle«  puede  disponer 
de  una  modeála  choza  y  de  una  humilde  servidora. 

■ 

EIsoexiA  'VIII* 


MATILDE. 

I 

Qué  peso  se  rpe  ba  quitado  de  encima!  No  liay  mal  que  por  biea 
no  venga.  Después  de  ascender  en  sueldo  y  categoría  vi  á  una  de* 
pendencia  donde,  portándose  bien,  como, él  sabe  hacerlo,  tendrá 
destino  para  toda  la  vida.  La  Providencia  es  muy  sabia;  jaio4s  se 
olvida  de  los  buenos.  ¡Con  cuánta  satisraocioo  verJa  .yo  en  este 
momento  ¿lEqgenio!  Quisiera  antes  que  otro  darle  tan  buena aoticia. 


Dicha  y  EUGENIO- 

Eugenio.  Pues  aqni  me  tienes* 

Hatilm.  Qué  feliz  soy!  No  es  posible  que  pueda  explicarte  el  placer  que 
én  estos  instantes  experimentol  La  satisfacción  que  me  acompaña 
es  tal,  que  acaso  y  sin  aoaso  no  podria  decirte  todo  lo  que  mi  alma 
siente...  Voy  á  contártelo  todo.  Interesada  tu  hermana  Luisa  en 
tu  porvenir  y,e&  el  bienestar  de  tu  madre,  ba  hecho  el  sacriQcio 
de  presentarse  en  este  despacho  &  gestionar  tu  reposición.  Sus  tier- 
nas lágrimas,  su especial  candor  y  singular  belleza  conmovieron 
tanto  ÉL  papá  y  ablandaron  de  tal  modo  el  duro  pecho  de  los  otros 
dos  señores,  que  han  ido  &  la  Diputación  provincial,  decididos  t 
que  recaiga  en  favor  tuyo  la  elección  para  oficial  primero  de  aque- 
lla secretaria,  con  más  sueldo  que  tenias  en  esta.  Yp  espero  que 
papá  estara  pronto  de  toelta  porque  no  le  llevaba  otra  idea.,. 


-28-       . 
¿Estás  contento?  Creo  qae  esti  es  la  mejor  satisfaccioD  que  pueden 

darle. 

EuGimio,  Si ..  pero  sentirla  que  mi  pobre  hermana  hdya  hecho  algo  que  le 
desdoro  ó  lastime  su  dignidad,  porqne  eotónoe^... 

ÜAYiLpB.  Los  hijos  no  se  desdoran  jamás  cuando,  en  la  forma  que  ella  lo  ha 
hecho,  buscan  un  pedazo  de  pan  para  su.^  padres.  No  creas,  Euge- 
nio, que  apesar  de  lu  sucedido  desi.Uo  do  mi  primera  ¡dea.  La  em- 
presa  qtie  le  inicié  ayer  tienes  que  lietarta  a  cabo  á  todo  trance. 
El  establecimiento  de  un  colegio  preparatorio  proporeiona  méuos 
gasto  del  que  tú  supones. 

EuGBtvio.    Moy  fácil  es  formar  el  presupuesto. 

M ATiLüB .  Manos  á  la  obra,  fDirigiéndoss  al  velador  y  tomando  una  pluma  .J 

ÉucsNio.  Tu  irabajo  fa  á  ser  ínfiiil.  Yo  no  puedo  disponer  buy  de  un  cuar- 
to. •  Ps...  por  poco  que  aqtiél  artoje..* 

Matilob.  [Magniflca  ocasión!  Ahora  que  recuerdo  el  Comandante  general 
piensa  recibir  de  un  dia  á  otro  la  orden  declarándole  de  cuartel. 
La  casa  que  deja  es  muy  apropósito,  y  según  me  ha  dicho,  hace  al* 
moneda  de  lodos  sus  muebles,  que  valdrán  ciento  cincuenta  ó  dos- 
cientos duros  Alli  tienes  butacas,  alfombra,  profusión  de  camas, 
útiles  de  cocina,  cómodas  habitaciones  y  absoluta  independencia 
entre  las  que  podíamos  ocupar  iiosotros  y  las  que  han  de  dest  Qirse 
á  los  alumnos. 

Eugenio,  Bien  cantas,  pero  mal  entonas  ¿De  dónde  quieres  tú  que  saque  esa 
cantidad? 

Matildb.  También  pnedo  proporcionarte  al  meilio.  ^Santiago  el  ordenanza 
cobrará  á  fin  de  mes  lo  que  como  reenganchado  alcanzó  al  recibir 
la  Ucencia  absoluta  y  desea  colocarlo  con  un  módica  interés  y  su* 
ñcicnte  garantía. 

Eugenio.  Pues.,,  si  me  lo  prestáá  mí  lO  Uene  tan  seguro  como  un  ochavo  á 
la  puerta  de  una  escuela  ¿Cómo  ni  con  qué  había  yo  de  pagármelos? 

Matilde.  Destinando  á  ese  fln  lodos  I09  meses  el  aumento  de  sueldo  que  vas 
á  tener  en  el  nuevo  destino,  eslíoguirás  en  poco  más  de  un  año  la 
deuda:  y  aquí  de  tus  palabras  de  ayer;  errar  ó  quitar  el  banco; 
mientras  no  adquiera$  una  posición  independiente  que  te  dé  lo  bas- 
'  tante  para  atender  á  las  necesidades  de  hoy  y  á  las  que  habías  de 
crearte  en  tunacvo  estado,  me  opongcf  á  que  demos  á  nuestras 
relaciones  cierto  carácter  de  seriedad.,  ^ 

Eugenio.  Conforme:  quiera  Dios  que  tus  proyectos  den  el  resultado  quQ 
'     deseas. 

Matilde.  Voy  á  decir  á  Santiago  que  nú  dé  apMcacion  alguna  al' dinero. 

Eugenio.   ¿Vuelves?  ..:..: 

10.    Adiós. /Káíf.;      '•     :    .......':.'::.     ...•.';.; 


--»- 


garcía.  ANÍBAL,  EUGENIO. 

García.     Muy  pronto  ha  dado  asted  la  vuelta.  No  habrá  habi  lo  sadíou. 

I^IHL'  C»\\e  luled»  hombre:  si  ooo.eistos  dipuiados^no  hny  quien  |MiA«1a* 
AJ  bajar  la  escalera  me  eooontPó  oon  cuatro  de  p11o<)  y  in«^  dijeroQ 
que  el  Vicepresideule  sigue  eou  uu  fuerte  catarro  eo  U  cama.  Se 
ha  empeñado  eo  no  tomar  los  polvos  de  Dower  que  le  propinó,  y 
quiera  Dios  no  ten^a  que  seotir. 

GAB<a4.     OfS  modo  que  iio  traerá  usted  la  credeucial  da  esta  caballerito? 

A>üUit«  i/^  iq*>6  traigo  es  U  cabeza  ha^ha  uo  bombo.  No  habia  yo  visto  4 
Bhta  linda  aihiija  que  eo  veinte  horas  me  tiene  dados  uiás  disgustos 
que  |)e|os  tengo' ea  la  cabeza.  Tiene  este  muebacbo  peor  ({énio 
que  mí  mujer,  que  es  cuanto  hay  que  tener. 

Eugenio.   Lof  poc^^s  unos. 

Ambal.      (Aparle,)  Cuando  yo  tenia  si>  edad  era  lo  mismo. 

GarcIa.  ¿Qabrá  .usted  hablado  á  esos  cuatro  sefiores  en  favor  de  Eugenio 
para  cubrir  la  vacante  de  cflcíal  primero  de  su  secretarla? 

AwBAL.  Fues  no  faltaba  ma^  Fué  el  saludo  que  les  hioe.  y  en  el  momento 
me  dijeron  que  era  cosa  corriente;  pero  enseguida  sacó  cada  uno 
un  plieguecito  do  exigencias  que  deben  ser  graciosas»  como  la  ma- 
yor parte  de  las  que  hacen. 

GARai.     Será,  necesario  servirlos  en  todo. 

Aníbal.  Al  momeo to  Lea  usted.  (Dá  á  García  papeles. J  Espere  un  poco. 
fDirigténdoee  á  Eugenio  J  • 

Con  esta  tarjeta  vá  á  casa  del  señor  Vicepresidente,  y  después  de 
ofrecerle. sus  re.ipetos,  le  hace  presente  el  gran  interés  mío  por- 
que se  le  coloque  ea  la  referida  vacante.  Es  cosa  beeba,  pero  nun« 
caestá  demás.., 

EdCBíiio.  Muy  t)ieo.  {VaseJ 


ANÍBAL,  garcía. 

Aaíbai.    Manos  á  la  obra.  ¿Do  quién  es  esa  nota  que  vá  usted  ¿  leer? 

GarcU.     (Leyendo  las  noiat.J  De  don  Basilio  Valdemoro. 

AifiEAu    El  que  siempre  se  encueolra  entre  Pmto  y  su  apellido:  no  dejaráa 

de  ser  chuscas  bus  pretensioaes. 
GAII6I4.    Quiere  que  se  autorice  á  un  ayuntamiento  para  roturar  la  dehesa 

boyal  y  poner  además  en  ella  ana  piaotacion. 


jAUCIA 

^NIÍSAL. 

jÍABClA. 

Vnjbal. 

JARCIA. 


KmnKL . 

jAftClA . 
blBAL. 


JARCIA* 

ILmbal. 


xAKCIA. 


ANÍBAL 

Sarcia. 


^MBilL. 


—  50  — 

Be  viñas ,  eb?  . 

Justo. 

Me  lo  figuré.  Concedido.  Despaes  esteoderii  usted  las  órdenes. 
Si  eso  le  compete  á  ellos, 

No  deja  de  estar  enterado  el  señor  Yaidemoro  de  las  atribuciones 
de  su  cargo. 

(Como  si  él  supiera  las  del  suyo.)  Además  quiero  que  se  eche  del 
iBÍsmo  pueblo  al  ama  del  cura  porque  influyó  en  las  últimas  elec- 
ciones apoyando  al  oandidatu  de  oposición. 
T  eso  es  posible? 

No  señ'>r.  Eso  es  preciso  que  ella  lo  pida. 
Una  orden  al  alcaMe  para  que  prevenga  a  esa  señora  que  en  el 
término  de  tres  dias  solicite  el  cambio  de  vecindad.  Vea  usted  has- 
ta qué  punto  engeu'ira  odios  la  política.  Suspenda  usted  lodo  pro- 
cedimiento El  cara  es  de  seguro  algún  pobre  aiusiano  que  estará 
hecbo  k  la  mano  de  esa  señora,  y  si  lo  separamos  do  *  ella,  ¿qué 
se  bade  hacer  sin  su  ama  de  gobierno?  Consultaremos  el  asunto  con 
el  oficial  letrado. 

(A  buena  parte  vá  á  parar )  Y  por  último,  pide* que  le  paguen  ai 
maestro  de  ed>'U»^la  las  diez  mensuali<iades  que  se  le  adeudan. 
De  ningún  modo  Los  profesores  de  primeras  letras  deben  no  co^ 
mer.  El  hambre  aguza  el  entendimiento;  y  sobre  todo  si  cerniesen^ 
desmenlirian  aquél  antiguo  proverbio  de  ((tienes  m^S  hambre  qtl0 
un/ maestro  de  escuela»...  Pasemos  adelante. 
Esta  otra  nota  es  del  señor  Pelaez.  Solicita  que  se  resuelvan  en 
justicia  varios  espedientes  de  fallidos  por  contribución  territorial:- 
que  Sü  declare  la*cadu(.*jdad  de  una  mina,  y  que  se  dé  un  estanco 
á  la  viuda  de  un  Guardia  civil,  que  cerca  de  su  pueblo  fué  victi* 
ma  de  la  ferocidad  de  unos  malhe(.borés. 
De  esa  no  tenemos  nada  que  hablar.  Ueclamaciones  de  tal  género... 
El  señor  Becerra  solicita  que  se  abone  &  un  ayuntamiento  el  inte- 
rés del  ochenta  por  ciento  de  sus  bienes  de  propios  vendidos.  Que 
se  otorgue  una  plaza  de  fámulo  en  el  seminario  á  un  hijo  de  un 
amigo  suyo.  Que  se  despache  el  expediente  de  dispensa  para  con- 
traer esponsales  dos  primos.  Desea  que  se  traslade  del  regimiento 
de  Zaragoza  al  batallón  de  Simancas  á  un  soldado.  Que  se  noaibre 
vista  de  la  Aduana  &  uno  que  seguía  la  carrera  de  eirujano  me- 
nor» y  se  ba  quedado  medio  ciego.  Que  al  Juez  de  paz  de  su  pue- 
blo se  le  haga  oidor... 

Que  se  lo  lleve  el  diantre  k  este  hombre.  Creen  que  un  Goberna- 
dor civil  puede  convertirse  en  papa,  obispo,  capitán  general,  mi- 
nistro de  Gracia  y  Justicia,  Audiencia  del  territorio,  y  hasta  He- 
dentor  del  mundo.  ¿Si  podré  yo  hacer  milagros?.     . 


—  51  — 

Garoa.     No  se  apnre  mM  señor  Gobernador,  todos  han  de  quedar  con* 

teDtos.  Yo  roe  encargo  de  ooid  placerlos. 
Aníbal.     Usted  se  (compromete? 
Garcu.     Ahora  mismo;  y  para  qoe  tenga  lagar  oon  la  mayor  premura  me 

voy  á  encerrar  en  «1  despacho  resertado»  j  aai  oo  me  perlurbari 

nadie. 
Akibau    Magnifico  acuerdo! 

fVdse  García  par  las  hahilaeimes  del  Gobernador.) 

Qué  muchacho  mas  dispuestol  Qué  talento  y  qué  sagacidall  Los 

siete  sábioi^  de  Grecia,  no  hubiesen  sido  capaces  de  inventar  y 

discurrir  lo  que  él. 


ANÍBAL,  MATILDE,  LCTSA. 

Vatildi.  ¡Pobre  chica !  ¿Qué  le  habrá  pasado?  la  be  visto  salir  de  su  casa  y 
'dirigirse  á  esta  enjugándose  las  lágrimas  con  un  pañuelo. 

ANiBáL.    ¿\  quién,  bija,  á  quién? 

Matilde.  A  Luisa,  papá  Tal  vez  estarla  sola  en  los  momentos  en  que  Dios 
haya  puesto  término  á  la  vida  de  so  madre. 

Luisa.  (Enira  llorosa,)  No,  no:  mi  madre  aun  vive,  y  á  fin  de  que  no  se 
entere  de  lo  que  icaba  de  sucederme,  hé  abandonado  en  este  inti* 
mentó  mi  casa.  Rl  señor  don  Antonio  y  el  señor  don  Büruabé  la 
han  elegido  por  teatro  de  sus  malogrados  deseos. 

Aníbal.    Como  no  se  esplique  usted  mejor,  no  la  entiendo  Luisa. 

Luisa.  Ellos  creian  sin  duda  que  agoviada  por  el  p^o  de  mis  desdichas 
iba  á  inclinar  mi  frente  con:>intiendo  que  pusiesen  en  ella  el  sollo 
de  la  deshonra.  ¡Insensatos!  M^cho  quiero  á  mi  madre:  grande  es 
el  ioteré-)  que  tengo  en  que  se  reparen  las  ofensas  que  á  mi  hcr-* 
mano  han  hecho,  pero  ni  el  bienestar  de  la  una  ni  la  honra  usur- 
pada al  otro,  los  comprarla  yo  jamás  á  tan  alto  precio. 

Matildb.  El  cielo  sin  duda  está  poniendo  á  prueba  so  paciencia  y  so  virtud. 

Akibal.  To  no  había  podido  creer  nunca  que  hubiese  en  el  mundo  seres 
tan  depravados. 

Luisa.  Quiero  que  lo  sepan  ustedes  todo:  ellos  serian  capaces  de  desfign-> 
rar  los  hechos,  de  ponerse  el  parche  antes  de  la  herida.  Al  llegar 
á  mi  casa  de  vuelta  de  este  despacho,  se  presentó  on  ella  el  señor 
Administrador,  que  en  este  mismo  sitio  me  habia  ofrecido  una  co- 
misión de  apremio  para  Eugenio:  yo  le  recibí  en  la  sala  con  las 
formas  de  la  buena  educación  que  mis  padres  me  han  dado:  se 
sentó  á  una  vara  distante  de  mí  y  me  dijo  que  mis  ojos  eran  dos 
especies  de  diablillos  que  habian  conseguido  enredar  su  alma  como 

u 


.—  8?  •!» 

piid]«fa  babeF^  fnradado  el  ipisiiu)  Li|2b<)il.  A  esfaa  palabra^  afiíl^ 
(tió  ütras ,  qu43  1%  bon0stída<l  se  ofenda  con  8u  si.m[>Ja  recaendo  y 
fué  acercando  con  industrioso  disimuJo  su  silla  á  Id  nnia)  hasU  el 
poato  de> cpi6^  en  plgua  xnome^Ao  cf»\  que  mi  roslüQ  polja  ^^c 
ruiiochadp  p^H*  el.  virus  4^  $a  repugoiiote  lAbM>f 

Matilde.  ¡Que  iDcügnidac^I 

Ambal.     |Miserablel 

Luisa.  No  piíd^Q  nicoos  4^  signifi^afln  mi  dj^i^f^r^de.  y  l^  despedí  con  fra- 
ses no  niu  y  corte599 

Matilde,  Cualquiera  eael  Ing^r  da  fisl^l  bebiese  hecho  lo  mismo. 

Aníbal.  A  eso  se  ésponea  los  que  no  respetau  nunca  las  copve^jencias  so- 
ciales, c 

Luisa.  La  casualidad  brto  que  mamá  me  llamase  entonces  para  incorpo- 
rarla en  la  cama,  probé  mis  fuerzas  y  viendo  que  me  era  imposible 
moverla,  traté  de  llanfiar  a  la  criada  de  mi  vecina.  Al  abrir  la  es* 
calera,  me  encontré  de  manos  á  boca  coq  el  señor  Diputado  Des- 
pués de  algunas  oortesfa^,  ^n  tener  eo  cuenta  mi  silnaclon,  trató 
de  hacerine  recordar  un  pasaje  mítológ^ico ,  pues  que  según  dijo 
iba  diispuesto  á  hacer  conmigo  lo  qud  el  dios  de  los  infiernos,  Plu«- 
tón,  hizo  000  Proserpina.  Vi  que»  tenia  tendencias  á  estrepharP9$ 
entre  sus  brazo?  y  ceveslida  de)  ppder  qu^  d4  la  razpi|y  me  abri 

r  ptiso  por  la  esQajera  salvando  cpp.  grao  prontitud  siis  peída ño^^At 

llegar  4  la  puerta  de  la  calle  quise  dar  voces,  pero  casi  no  tenia 
aliento  para  respirar,  y  sin  saber  oóo^o  oí  por  dóoda  Íie  llegado 
aquí. 

Matilde.  ¡Qué  horabresl 

Ambal.     |Están  or.  par  de  calamidades!.. •  ^      ^ 

ti^iSA        El  uoQ  me  bablaba  de  Luzbel!  el  otro  me  recordó  á  PlutonI  ' 

AJaiilde.  No  pueden  tener  en  la  memoria  otra  cosa  los  que  siempre  se  en- 
cuentran tan  cerca  del  pecado,  como  distantes  de  la  virtud.  Luz- 
bel y  IMiiton  serán  eternamente  sus  ami|20S 

Luisa.  ¡Es  verdad!  Este  lance  inesperado  eojendrará  nuevas  dificultades 
para  la  colocación  de  mi  hermano. 

Matilde.  Papá  pondrá  cuanto  esté  de  su  part9  y  conseguirá  vencer  las» 

Aníbal.    Sí,  sí  : 

Luisa.  Estoy  impaciente^  Mi  madre  habrá  ya  estrañado  mi  ausencia.^  No 
puedo  dejarla  3o|a  un  instante;  pero  sí  np  me  atrevo  ^  volver  á 
mi  cas^. 

Matilde,  ¿Qué  hacemos  eq  este,  caso,  papá? 

Aníbal.     Puede  ir  con  usted  qoo  de  los  inspectores  de  vigilaocia  que  están 
en  esa  antesala. 
Acepto  la  oferta,  mil  gracias. 
{luim  se  dirige  Aóct^i  la  puerta  con  intención  de  marcharse.) 


titea 


-Í5- 


BiüHOs;  EUGENIO,  ANTONIO,  BEIlNABt,  GARCÍA. 

AKTomo,  Estoy  seguro  qne  los  diputados  proirinciales  no  me  faltan  y  doy  á 
usted  anticipadamente  la  enhorabuena  por  su  nuevo  destino. 

BsanAPt.  Al  propio  tit*inp<»  reoiba  oeled  mi  m&s  sincera  felioitaeion. 

(Estas  palabras  dichas  desde  h  puerta  donde  Luisa  al  intentar 
salir  los  encuentra). 

Ixmíu      fRelrocede  sorprendiáaj .  \Kh\ 

Elocüio.  Esta  chica  es  una  criatura  particular.  No  sé  A  qué  viene  eso,  Lui« 
la:  de  cualquier  cosa  le  asustas. 

Luisa.      fAfectaétaJ.  Ht^  Q^uré  al  verte  con  esos  seAores  que  .«• 

EofiERK).    ¿Qiié  te  flguraste? 

Luisa.  Nada:  que  los  hechos  pasados  podian  dar  lugar  A  que  tuvieses  al* 
gun  grave  disgusto  con  ellos. 

taufío.   Todo  lo  ves  siempre  de  la  misma  manera.  Todo  el  que  babla  con* 
.  migo  cree  que  es  rai  enemigo. 

AitTOHio.  Y  á  todo  el  que  babla  con  ella  le  tiene  por  un  seductor  de  mala  fé. 

AiviSAL.    Ya  pareció  aquello. 

OnufABÉ.  Me  alegro  que  usted  reconozca  en  su  hermana  rarezas  que  A  ven- 
ces podrán  traerle- graves  compromisos. 

lucimo.  No  m^esplico... 

k^uku  Son  cosas  de  la  vida,  A  qué  usted  no  debe  dar  ninguna  ímpor* 
tancia. 

MATanc.  Muy  mal  baria  usted  si  las  tomase  en... 

Ilccekh).    Pero  señores  ¿qué  enigma  es  este? 

Amtokio.  Su  hermaniía  de  usted  es  á  mi  juicio  nna  de  esas  j<}venes  virtuo*- 
sas,  que  tienen  la  idea  de  que  á  la  desgracia  todo  et  mundo  se  lé 
atreve;  y  ha  creidb  ver  en  mi  hoy  á  uno  de  esos  seres  depravados 
.que  en  beneficio  de  sos  pasiones  y  de  sus  miserias,  esplolan  su  in- 
fluencia como  bofflhres  públicos  y  atrepellan  por  lo  que  debe  ser 
más  sagrado  y  respetable.  Elia  no  podrá  menos  de  reconocer  que 
ba  partido  de  una  equivocación. 

Aníbal.    (Aparte).  Él  es  el  que  debia  confesar  que  equivocó  el  camino. 

LuiiA.  Las  circunstancias  de  que  en  aquellos  momentos  estaba  rodeada» 
el  temor  de  que  la  visita  que  ustedes  me  hacían  pudiera  dar  mo- 
tivo á  las  murmuraciones  de  mis  vecinas,  me  obcecaron  basta  el 
punto  de  ver  tanto  en  usted  como  en  este  otro  caballero,  no  la 
mano  del  amigo  qtie  trataba  de  protegerme,  sino  el  brazo  criminal 
que  pretendía  asesinarme  Conflepo  (qi  debilidad,  y  esta  cenf 
debe  satiifacer  tanto  al  uno  comfi  i^  odo. 


Bernabé.  Si  no  podía  menos  do  ser  asi. 

iAntonio.  Soleen  aomooieato de estravlo poade itodar  una  persona  de  mi 

lealtad. 
Bernabé.  LeaUad  también  es.,.      /  .-       , 

¡Matilde.  (Apajrle).  La  lealtad  del  perro  que  lame  el  látigo  oon  qae  se  le 

castiga^ 
Jarcia.     Me  coorandisn  sas  palabras. 
lEuGENio.  Yoy  á  ahogarme  ea  ei  iiiar  de  las  dudas.  Te  exijo  Luisa  esplica* 

cioaes  ciaras  y  terminantes. 
Matilde.  ¿Para  qué? 
An[b.\l.     'i'odose  ha  concluido.  Ciertos  asdátos  no  es  prudente  ▼entilartos' 

en  este  sitio. 
Eugenio.   Es  prer^rible  la  muerte  á  la  desconQanxa  en  que  me  han  colocado. 
i  ¿Por  ventura,  Luisa,  en  cambio  del  deslino  prumetido  bas  hecho 

I  alguna  concesión  que  nos  deshonra?  |Si  tal  supiese!... 

ILutSA.       ¿Tan  mala  idea  tienes  formada  devmí? 
Eugenio.    Entonces  por  qué  ese  interés  en  ocultar  lo  que  más  tarde  be  de  sa« 

ber  «luizá  con  menos  exactitud  que  puedo  saber  ahora? 
Matilde.  El  suceso  de  que  se  trata  habla  muy  alto  en  favor  de  su  hermana 

de  usted. 
Eugenio.    Acabemos  de  una  vez,  Luisa. 
A^^bAl.    Luisa  ha  partido  de  una  equivocación:  ba  faltado  sin  pensarlo  y 

sin  quererlo  á  estos  dos  cabüileros.  Ahora  que  puede  juzgar  con 

calma  de  sus  palabras  y  de  sus  acciones,  comprende  que  el  ánimo  de? 

ellos  00  fué  asaltar  su  casa,  f  que  al  invadirla  no  la  confundieron' 

con  esas  mujeres  que  ciegas  por  el  oro  que  se  les  ofrece  ó  por  el 

porvenir  cui  que  falsamente  se  les  convida,  no  ven  que  la  bonra:eS' 

la  más  briltanta  de  las  posiciones,  la  más  preciada  de  las  riquezas. 
.(  Ella  |0S  faltó. suponiéndoles  pensamientos  que  no  hablan  pasado 

por  su  imaginación.  Declara  su  culpa  ¿por  qué  no  oonfersarla? 

Sólo  falta  que  le  perdonen. 
Eugenio.   ¿Con  que  han  pretendido  seducirte?  ¿Con  que  lian  alentado  contra 

In  honra? 
Matilde.   No,  no:  lo  ha  entendido  usted  al  revés,  Eugenio. 
Aníbal.     Es  todo  lo  contrario. 
Antomo    Esplicarse  con  mas  claridad  que  don  Anibal  lo  ha  hecho,  seria 

imposible. 
Beknui£.  Este  señor  no  habla  en  griego 

KuGEiAo.   En  cambio  yo  voy  á  hablarles  el  lenguaje  que  se  merecen  los  que 
jp       tan   indianamente  proceden.   Disponga  usted  de  mi  credencial, 

señor  Gobernador. 
García.     Puede  usted  hacer  uso  de  «mi  plaza. 
EuGGiHio.  Los  que  van  á  pedir  perdón  á  ella  son  ustedes»  pues  de  lo  contra- 


-88> 
rio,  ni  el  sitio  en  qae  me  eocueDlro  n\  las  personas  qae  me  rodean, 
serán  para  mi  obsiaculo  &  reparar  las  oTeasas  que  le  bao  inrerido. 

ANTomo.  Fíjese  usled  en  lo  que  dice. 

Bernabé   Este  joven  acoslombra  á  echar  la  fnerxa  por  la  booa.  fCon  d$sprecio  J 

EuGEKio.   fHace  un  movimienío  d$  ira  dirígiindase  á  BernabéJ .  (García 
lo  hace  al  propio  tiempo  y  se  dirige  a  Antonio). 

Matilob.   fSujeiando  á  Eugenio).  Tenga  usted  oalma.  Rodrigues. 

Luisa.      fSujeiando  á  García.)  No  se  comprometa  usted,  por  Dios. 

Aníbal.     Orden,  señores  /^£/af}iamfo>/.  Salvaguardias,  inspectores. 

Antonio,  Observe  que  soy  un  representante  del  país. 

Bernabé.  Se  ba  olvidado  usted  que  soy  su  jefe? 

Eugenio.    Qué  di^»otadOy  ni  qué.. 

García      To  no  tengo  ya  que  ver  oon  nada. 

Matilbs.  Por  Diosl... 

Luisa.      Garda! 

•fSe  produce  gran  confusión.  Acuden  inspectores  y  agentes  de  ár* 
den  público,  y  en  medio  de  molimientos  agresivos  por  parle  dé 
Eugenio  y  Garda ^  cae  inslanláneamente  el  lelonj. 


t 


« / 


ACTO  TERCERO. 

La  misma  decoración. 

ANÍBAL,  ANTONIO,  BERNABÉ. 

kmki.    Ayer  mismo  quedó  en  poder  del  Juzgado  de  primera  instancia  1  a 

comanicacion  dando  cuenta  del  alentado  que  ante  mi  cometieron 

los  señores  Rodiiguez  y  GarcfA. 

AüTomo.   Asf  me  gusta.  Bl  principio  de  autoridad  deb^quedar  en  sn  pu<»sto. 

Akibau^  La  dignidad  del  diputado  reclama  para  los  culpables  nn  severo 

castigo. 
BniiABÉ.  El  prestigio  del  cargo  que  desempeño  quedaría  rebajado  sí  no  se 

les  sentase  la  mano. 
KmáL.     En  medio  de  todo,  yo  creo  que  ustedes  dos  han  tenido  alguna  par- 
te de  culpa  en  aquel  incidente  y  bueao  sería  que  escogiésemos  ua 
medio  de  conciliación... 
Aktorio.  T#  no  transijo.  Pues  no  faltaba  mas! 
Bbmubé.  To  no  cedo  un  ápice  de  mi  derecho  Estaría  bonito! 
inoNio.  A  esa  señorita  ba  de  costar  cara  su  Imprudencia. 
Aníbal.    Seamos  justos.  Usted,  señor  don  Antonio,  y  usted,  señor  don  Ber« 
nabé,  creyeron,  como  generalmente  se  cree  que  á  la  pobreza  s< 
la  puede  seducir  con  facilidad:  dijeron,  aquí  q^ie  no  peco...  les  b< 
salido  la  criada  respondona  y  ahora  pretenden  que  paguen  justo 
por  pecadores .  Confleson  ustedes  que  allanaron  su  inorada  coi 
•  *  ona  intención  no  santa.  * 

AüTorao.  Pero  eso  es  natural  en  el  hombre. 
Bernabé.  El  'hombre  busca...  y  el  buscar...  Ps.  n»  es  pecado» 
AniBAL.    Pero  si  io  es  codiciar  los  bienes  ajenos  y  desear  la  mujer  de  U 

prógimo. 
Antomio.  Siempre  á  pleitos  con  el  catecismo  I 
Bernabé.  Este  señor  os  del  siglo  pasado! 

Anwal.     Yo  soy  de  todos  los  siglos.  La  moral  y  la  religión  no  mueren  jaraáj 
Atiiow¿.  Antiguallas!  EÍ  catecismo  de  Ripalda  es  una  letra  mueíta. 
Aníbau.  .  Porosa  sin  duda  aquellos  cabalierilos,  dijeron:  «la  letra  con  san 


~S8  — 
grd  entran  y  abriéndole  á  nst^d  la  cabeza»  iolenlaron  iotrodoGic 
en  sus  cerebros  tan  saludables  duolrinas 

Bernabé.  Se  llevaron  chasco.  Yo  no  recibí  mas  que  una  bofetada. 

Antonio  .  Y  yo ...    * 

Aníbal  La  pren-^a  periódica  se  ocupará  del  asunto^  y  vamos  á  andar  por 
ahí  (le  boca  e^  boca... 

Antonio.  YaIienlH  cuiílado  me  üá  á  rnf  de  los  pf^rí<)d¡cos.  Hoy,  merced  á  las 
exaJHfaciouos  de  algunos,  sucede  con^eiios  lo  que  al  paslor  que 
engañó  más  de  cuairu  veces  á  sus  com|:mñeros  con  que  venía  el 
lobo,  y  cuando  en  realidad  fué  acornelido  por  la  fleray  oo  le  hicie- 
ron caso. 

Aníbal.    ¿Con  que  insisten  ustedes  en  cometer  una  iniquidad? 

AntoniO     Yo  s!.  '  ' 

Bernabé.  Y  yo. 

Aníbal.     Haz  bien  y  no- mires  á  quién»  como  dijo  Jesucristo, 

Behnabé.  Esas  palabras  no  creo  que  sean  del  Redentor  del  mundo;  pero  caso 
que  lo  fueíao,  no  las  repeiirid  en  estos  tiempos  en  que  las  baenas 
acciones  son  generaímeole  eavidiudaSi  y  sabido  es  que'  la  renvidia 
crea  más  enemigos  (jiie  la  injuria.  ^ 

Antonio.  No  volvamos  á  io  mismo.  Procure  usted  que  le  teman  y  no  que  le 
compadezcan  •  Terminemos  esta  cuestión  que  no  merece  la  penada 
que  nos  ocupe  el  tiempo.  Se  trata  de  dos  subalternos,  y  nuestro 
decoro,  nuestra  dignidad,  nuestra  bonra,  están  &  más  altura» 

Aníbal.     Ayl  Si  Dios  no  lo  remedia.     (Aparte  ) 

Antonio.  ¿Ha  visto  usted,  señor  don  Bornabé,  el  telegrama? 

Bernabé    No  he  visto  nadía.  • 

Antomo.  Se  recibió  esta  madrugada.  El  Ministro  llama  &  Madrid  á  lodos  loi 
Diputados  adictos,  porque  las  oposiciones  intentan  dar  la  bLataHa 
al  Gobierno  Hay  crisis,  y  yo  pienso  partir  esta  tarda. 

BisRNABÉ.  No  se  olvidara  usted  do  gestionar  mi  ascenso» 

Antonio.   |Quó  disparalel 

AT91BAL.     (A  lo  que  estamos.) 

ScRNABÉ.  Llevo  dos  mjeses  ya  le  Administrador  de  segunda,  y  es  razón.. « 

IviBAL.  ¿Le  parece  á  ustedes  que  demos  una  vuelta  á  la  poblaoion?  Me 
han  dicho  que  ba'V  síntomas  de  alterarse  el  orden. 

kHTONio.  No  tengo  inconyeniéate  Aqui  no  se  ha  de  mover  nadie.  . 

iCRNABÉ.  Iremos. 

tmoNio.  Pero  convendría  que  llevásemos  cuatro  ó  seis  parejas  de  la  Guardia 
civil,  que  esploren  elt terreno,  y  otras  cuatro  ó. seis  que  nos  guar« 
den  la  espalda. 
OiiBAL.     To  no  tengo  nada  que  temer, 

iÑTONio.  No  lo  digo  por  eso.  Tampoco  yo  creo  que  le  he  hecho  da&o  Anadie. 
laRNABfi.  Me  parece  que  no  hay  rason  para  que  yi»  teog^  eoeoiigod»  . 


-5d- 

ÁKtBit.    (NingiiDO  se  conoce  ) 

AüTeüio   No  no9  aldjart»mos  muoho^  Lo  qae  interesa  es  vigilar  esta  mama** 

Da:  en  ella  debe  asted  aglomerar  toda  la  faerza  pública. 
Aníbal.    Esloy  seguro  t|ue  no  habrá  neoesidad. 

SBoexici  II. 

MATILDE  con  una  carta' cerrada  en  la  mano. 

Le  pondré  un  sello  de  franqueo  y  el  interior  es  el  medio  mis  pron- 
to y  seguro  para  que  llegue  &  su  poder.  El  ordenacza  lletará 
la  carta  al  correo.  (Llamando  J  ]Santiagol  f Sufra  el  Ordenanza)  . 
Sin  hablar  Ci>n  nadie,  sin  detenerle  en  el  camino^  la  pones  eo  el  bu- 
zón y  te  vjfnés  enseguida.  (Yase  el  Ordenanza).  Todo  piulo  oírlo 
desde  mi  Gnarto^¿Teniirán  valor  de  apellidarse  caballeros  ios  que 
tan  indignamente  se  conducen?  ..  Adulándome,  el  seiior  don  Amo- 
nio me  dijo  hace  dos  ñochas,  que  yo  era  nn  pret«!Sto  de  la  Pi  ovillen- 
cia  para  tener  en  este  mundo  el  tipo  de  los  ángeles,  la  vera  ePigío 
^   de  los  sera HneV  Cona'guoa  mas  verdad  podré  yo  decirle  ahora 
que  esa  misma  Providencia  la  tiene  á  él  en  e)  mundn  para  que  la 
especie  humana  pueda  apreciar  la  distancia  qun  media  enlre  el  vi- 
cio y  la  virtud,  entre  el  error  y  la  verdad.  La  Siwjíedad  debia  le- 
vantarse como  un  solo  hombre  contra  tan  villano  cumportamiento. 
¡Qué  días  tan  amargos  esperan  á  esa  pobre  familia!  . .  Si  yo  encon^ 
trase  una  i>ersc»na  de  mi  confianza  c(»q  quien  enviarles  estos  qui- 
nientos realesL*. 

Ssoexisi  III. 

MATILDE,  LUISA.  • 

LmsA.  Ay,  Matilde!  Usted  es  mi  único  puerto  de  salvación ,  mi  ánico  con* 
*  suelo!  Declaro,  confieso  que  ayer  comeii  una  Iigere7a  imperdona- 
ble, pero  lo  hice  cediendo  á  los  impulsos  de  mi  conciencia  y  de  mí 
razón.  Obré  mal,  pi^ro  ya  no  tiene  remedio. 

HatiíiDb.  No,  Luisa,,  no;  los  corazones  nobles  se  engrandeCeo  en  la  adver- 
sidad, alzando  la  cabeza  ante  los  yue  pretenden  esniavizarios. 

Luisa.  Ui  madre  se  agrava  de  hora  tfn  tora.  ICi^ta  mañana  al  de«:()ertaf 
llamaba  á  su  hijo  Bogenio  para  despedirse  de  él:  yo  procuré  ale- 
jar ioda  sospecha  y  me  van  faltando  las  fuerzas. 

MiTiLDE.  Dios  acude  siempre  á  las  mayores  necesidades.  Tenga  usted  fé  y 
resignación.  Me  voy  &  permitir  ofrecerle  estos  quinientos  reales, 

'  ^hica  cantidad  de  que  dispongo.  No  e^s  ana  limosna  que  le  dov  <h 

uñ  préstamo  que  le  liag». 


~|0- 

jUisa.  Soto  ftsi  puedo  aceptarlos,  A  qué  estado  ilegao  las  personas  qa# 
viven  del  presnpoesloK..  y  sip  embargo,  para  oada  deslíae  bay 
quince  prelendíontef:!...  Caáiido  llegará  el  día  eo  que  los  cargos 
públicos  busqiíen  k  los  hombres?  * 

Matilde  Eutónres  la  oaolon  seria  utia  nación  feliz,  y  los  españoles  estamos 
condenados... 

liUtSA  Influya  usted,  por  Dios,  con  sn  papá  y  haga  porque  no  los  trasla* 
den  á  la  cárcel.  Yo  estjy  dispuesta  á  sacriQcar  si  es  necesario...  ái 
pedirles  pñblicamenle  perdón,  á... 

íIatilds,    Kso.  jamás. 

^uisA.       iNo  puedo  detenerme!  Mi  madre  no  puede  estar  Mía  on  momento. 

il ATILDE    Yo  avisaré  4  ^^^^  luego  que... ' 

^viSA.       Asi  lo  espero.  Adiós. 

ttATU.I)B.   Adiod. 


MATILDK. 

■>  ,  , 

Estoy  atravesando  la  má^  terrible  délas  crisis.  Este  es  el  roomeo- 
to  histórico  de  mi  vida  más  interesante  Mi  razón  corre  el  grave 
riesgo  de  ahogarse  en  el  mar  ie  las  lamargurae.  Cualquiera  que 
ahora  me  oyese  diría:  |Lo  que  puede  el  amor!  No;  no  es  el 
carino  que  á  Eugenio  tengo  la  causa  de  que  yo  pierda  el  juU 
,  ció;  no  es  el  móvil  de  mi  locura;  no  es  el  motivo  de*  mi  deses- 

peración Mi  dolor  se  inspira  en  un  sentimiento,  quizá  mas  grande. 
La  idea  de  que  á  mi  padre  pueda  alcanzar  la  responsabilidad  mo- 
ral de  la  muerte  de  esa  iofeli/.  señora...  No  quiero  pensar  en  ello!..  • 
pero,  sí  no  puedo  menos.  Son  impotentes  la  fé  y  la  íllosoí'ía  á  que 
prescinda.  .  Acaso  leyendo  en  este  libro  cristiano,  que  siempre  me 
acomfiaña,  se  mitigue  mi  dolor,  se  disminuya  mí  penal  {Sata  un 
libro  del  bolsillo  y  lo  abre  J 

MATILDE,  ANÍBAL,  ANTONIO,  BERNABÉ. 

kmB4L.     ¿Se  le  habr.)  perdido  algo  á  ésta  chica  en  este  d^.^pacho? 
klATiLDE.  No  se  me  ha  perdido  nada.  Me  aburro  de  estar  sola  entre  las  cna- 

tro  paredes  de  mi  gabinete,  y  veago  aqui  á  contemplar  las  de  este. 
VmBAL.     Habrás  querido  decir  á  esperar  y  no  á  contemplar. 
Matilde.  ¿Cómo?  ..  Qué!    , 

.     Lo  sé  todo,  hija,  tpia  Tu  sagacidad  y  tu  cautela  no  te  han  valido 

en  ésta  ocasión. 


—  «♦  — 

AuBu.  Digo  que  e;tar&8  esportodo  k  e^ntastioloii  á  oiii  oirta  qao  e 
OrdeoaDza  ba  llevado  al  correo. 

ÜAmiis.  ¿Te  has  permitido  sorprender  mi  oorrespondeaoia? 

AiiTDMO.  Ja,  ja.  jal 

Bernabé.  Ja,  ja,  jal         .     . 

Ahíbal.    Tq  padre  tiene  dereobo,  tiene  obligación. •• 

Antonio,  Ja,  ja,  jal 

Bernabé.  Ja,  já,  jal  < 

Macuñi.  ¿De  qué  ríen^slOB?...  se  harían  tal  toe?  fAntonio^f  Bimabé  «r 
.  gmn  r^iemio.}  Si?...  Ya  que  me  provocáis  con  vuestra  risa,  voy  i 
repetir  las  palabras,  qne  un  momento  antes  de  entrar  vosotros  es; 
taba  pronunciando.  Bacía  yo:  no  es  et  amor  el  que  perturba  m 
razón,  no  es  el  cariño  que  le  profeso  la  causa  de  mi  locura:  es  ui 
sentimienlo  m&s  grande;  es* la  idea  de  qne  k  mi  padre  pueda  alean 
car  la  responsabilidad  de  vuestros  actos,  y  para  calmar  la  dcses 
peracion  a  que  estas  consideraciones  me  traían,  comencé  á  leei 
este  libro  cristiano,  porque  la  doctrina  que  sustenta  es  uo  buei 
bálsamo  que  derrama  en  el  corazón  afligido;  porque  la  verdad  qu( 
(predica,  es  la  llama  britiante  que  ilumina  mi  apagado  espíritu. 

Antonio.  Está  iospiradai  Ja»  jal  (Bernabé  ri$). 

Aníbal.     ¡  Aprieta  1 

Matílue..  Segáis  rieodoi  sin  dada  porqoe  la  sociedad,  á  pesar  de  vuestras 
infamias,  os  mima,  os  considera?  La  sociedad  ós  acoje  por  lo  qu( 
mundanamente  valéis;  el  cielo  os  repelerá  mañana  por  lo  que  mo< 
mímente  representáis.  £1  amac  k  un  hombre  como  yo  le  amo ,  nc 
es  ni  ejquiera  una  falta:  el  obrar  como  vosotros  obráis,  es  un  crf- 
menl  No  tne  avergüenzo  de  quererle!...  Vosotros  si  que  debéis 
'      avergonzé  rosl 

Ajítonio.   Ni  Cicerón  1 

Berivabé.  Ni  Sénecal 

Aníbal.     (Anda  con  ellos). 

Matilde.  ¿Qué  es  usted,  señor  don  Antonio,  mas  que.nn  especulador,  qyu 
gracias  á  la  politiza,  pusée  lo  que  legítimamente  no  le  pertenecel 
¿Quéasasted,  señor  ()on  Berns^bé,  mas  que  un  funcionario  públi. 
co,que  escudado  con  la  autoridad  de  su  cargo,  le  espióla  hasta  el 
estremo  de  mejorar  m  sueldo  con  e^  sudor  de  esos  infelices  á  quie- 
nes 1^  necesidad  obliga  á  pedir  comisiones  de  apremio,  de  cuya; 
dietas  U^ué  usted  la  avilantez  de  reservarse  una  bueoa  parte?  S 
reíais,  porque  sorprendiendo  mi  carta,  habéis  visto  en  ella  que 
amo  a  Eugenio,  sea  eohorabuenal...  ¿Mi  padre  no  es  gustoso? 

Aníbal.     No 

Maítílob.  Iiio7J?ues  ahora  voy  A  escribirle  una  oartí,  diciéndoie  que  le  abor- 


reeo#,  porqoa  entre  mi  amor  y  mi  padre,  ha¿o  jó  qoe  tiebe  Ineer 
'iifla  bofoi  bija;  pérb  eDtr¿  sú  bija  y  ustedes,  la  eleGoioo  para  mi 

padre  00  puede  ser  dudo^. 


Los  MISMOS,  menos  MATILDE. 

KiBAL .    Pendiente  de  sus  palatoas;  't\\>  'he  podido  articular  una  siquiera! 

¡Qué  talento  tiene  esta  crialural  iNo  sé  á  ^uiea  se  parepel 
[ERNABÉ.  {K  su  papal).  -' 

^ííTONio.    Bonito  discorsol 
Urnabé    Brillaote  peroractonl 
LNTomo.  Esto  surte  en  mi  ánimo  un  resultado  contrario.  La*»  lecciones  de 

moral  solemits  oírlas  ios  hambres  políticos  como  quien  aye  llover. 
{krnabé.   a  mi«  maldita  la  impresión  que  me  ha  beeho.  • 
ANÍBAL.     (Predicar  á  ciertas  personas,  es  predicar  en  desierto). 
kwTONio.  Voy  á  decir  al  Juez  que  duro  en  ellos.  ^ 
)ERKiiB¿.  Al  Promotor  le  encargaré  yó  quo  les  siente  bien  la  mano. 

(Dispuestos  á  marchar ,  entra  un  Ordenanza  de  íeíégrafos  y  Mé 

detienen) . 
iifiBAL.    Este  telegrama  sera  alf^ufta  oirfulár  á  los  Gobernadores,  diaiéof 
í  doles  que  la  crisis  se  ha  conjurado. 

kNTOifio»  Creo  lo  mismo.  En  tan  críticas  circunstancias  no  podia  caer  él 
i        ^      Gabinete.  De  ésta  hecha  nos  afirmamos  en  el  poder  para  mucho 

tiempo. 
3£RNA6É.  ¿Quién  lo  duda?.... Después  de  sofocar  una  insurreoctoo  y  haber 

alcanzado  un  triunfa  completo  en  las  elecciones,  no  podia  espe^ 

rarse  otra  cosa. 
kifTomo.  Ahora  puede  usted  contar  de  todas  veras  con  el  ascenso^  yes  pre«< 

ciso  que  antes  se  resuelva  el  espedientilfo  ese  de  Bienes  Nacíoba- 

les,  en  qoerestá  basada  una  gran- parte  de  mi  fortuna. 
Sbrnabé.  Prometo  á  usted,  dob  Antonio,  que  eso  queda  de  mi  cuenta. 
UNTomc  Ahora  si  que  resuelvo  el  problema,  mejorando  mí  capital  en  más 

de  cincuenta  mil  duros. 
Bernabé.  Y  yo  resolveré  el  mió,  yendo  á  una  capital  de  primera,  que  son 
(      '        mis  sueños  dorados.  Algo  comproraetiüilio  es  hacer  lo  qoe  usted 

quiere;  pero  tenemos  la  sartén  por  el  mango,  y.  lo  que  aquí  haga- 
I  tnos  lo  darán  por  heoho  en  la  junta  superior  de  Ventas. 

^wxAniio^    De  eso  no  hay  que  hablar.  Mi  carácter  de  representante  del  país... 

Pero,  señor  Gobernador,  ese  telegrama  está  en  griego? 

Viene  ea  cifra  y  be.  tenido  qua  a[»9lará  la  olave^  Atancioa:  «La 


erillisebt  iPMueito,  eoaargindata  de 'formar  el  MiohlBrio  do 
.        Salvador  Hi>(lrlgu£i  feoa.  u-^K^to  Uioe  la  primera  parte 

JürroNio.  Supiima  (i$ted  lo  demáa  ¿Qqíóo  btbia  de  sospechar  qao  don  Sal 
vaiior  pfxlia  llegar  á  MíBisiro?  £atró  doa  Salvador  y  se  salvó  < 
pais!  iQtié  dwáadatol  l¿\  seAor  Peña,  (foo  es  más  rudo  que  nú 
iAññtl  li$&2i  ee  la  qacioii  de  loa  vioeversas!...  las  qae  valicíDao  e 
ptiltUoa  andao.Meiqpreiior.  109  oerros  de  Ubedal  Ko  España  nuoc 
surrAe  lo  qtie  lóji^icameote  debe  sucederl 

BsRiféBÉ.  iBueaaf)  r^n  &  estar  las  coeas»  ¥  la  eegofida  parle»  qoé  diee? 

kf^íBm,,     aM  iii^j>b«oi9a4e  bsGdrtesl» 

Antonio,  üh  nm  pliHoada  le  dqaa  ft  uaa  como  el  gallo  di*  Moroo,  cacareat 
do  V  sin  plumas  Adkks,  toda  mi  iaQueaoial...  Adiós,  todo  mi  ta 
lerl  Piieiltí  usted  ir  liando  el  hati»;  peroaoies  resolverá  ..  La  ciuj 
de4)oy  e.s  un  itiértto  q/áñ  omtrae  (sara  no  dobla  asoaoso  maDana 

Aníbal.  Y  la  ier.cem  ^rle,  qite  es  \a  más  oegra,  dispone:  «que  en  < 
aolo  eoiiegtie  el  luaA'lM  de  la  proviflQi&  á  don  Kegeoio  Uodríguei 
ioteiiQaiaeate  eorabrado  Gobernador.»    * 

(Se  mrm  los  Ires  algunos  inslantssj. 

AflireNio.  No  lo  entienda.  A  ese  obi^ganiv:Í8?  Üigo  que  lio  Id  eetieodo. 

Bernabé    Ni.yul  (l^asmnioBé.ptsoipiiado)^ 

Aníbal.     La  eunsecuencia  es  la  coas... 

Amorío.  Ae|M>o  á  ii^ted  4|ue  oo  b  eotieado,  y  no  lo  enlieodo.  Venir  ese  sil 
bant^á  ocupar  eLBÍtlOQ  de  la  prifliera  autoridad  de  QSta  provincia 
desd(^  el  ooal  trastornará  todoe  oais  planes,  sacará  nuestros  trapos 
relucir  y  3dtieihoi.'baata<}qó  ponto  pretenda  ejercer  cch)  nosotros  s 
veuganzal 

Anibu.    Confui^ro»  (loo  Antonio^  ostoy  seguro  qne  no  ha  de  estrellarse. 

Berx'vabé.  Ocmmi^o  tampoco.  Yo  en  las  cuestiones  de  ustedes  no  podía  se 
otra  eo:=^á  queosDoro  á  la  izquierda. 

Antonio.  Todas  las  cul^)as  á  mil  El  señor  don  Aoíbal,  que  cuando  sorpren 
dio  al  Ordenanza  la  cartita  de  su  bija,  so  puso  de  veinte  coloro 
y  bubÁese  sido  eapa&  de  desbacerlo  entre  sus  mano^,  quizá  aspir 
á  casarla  c^in^l  ahor^.. .  y...  vamos  viviendo]  Don  Bernabé  lava 
rá  SU3  mauos,  y  yo»  que  no  quiero  sérmenos  que  ustedes,  le  ofre 
celé  nii  a (loye  para  cualquiera  que  en  mi  distrito  soa  caodidat 
del  Gi»bit*riuji.  Pero,  mirándülo  bien»  ¿no  comprenden  ustedes  qu 
la  actnai  siloaoioo  no  puede,  durar  mocho?  ¿que  esto  no  puede  se 
más  que  ww  Ministerio  transitoriü? 

Bkrnab¿    Estoy  en  lo  mismo. 

Antomo*  Las  primm^asdiaposieionQs  dan  la, medida  át,  lo  que  es,  y  de  1 
que  será  en  ailelanté.  , 

(Aníbal  escribe  contestando  al  parle). 


.^44  — 

^tRVAitf.  ¡Qué  escándalo!...  qaé  pafsl  Nombran  Gobernador  interino  &  na 

oiñOy  que  ayer  por  todo  eldia  acabó  la  carrera  de  Letras?  Y  yo, 
^  qne  llevo  tres  años  de  servicios,  no  he  podido  ascender  más  que  i 

gefe  de  una  AduiíDistracion  de  segunda! 
'A.Niomo.  Y  le  parece  á  ast  ed  poco,  bombre  de  Dios? 
Bbrmabé.  Comparado  con  el  Director  general,  que  el  año  anterior  cobraba 

seis  reales  diarios  por  escribir  las  f^jas  de  un  periódico...  mi  car- 
I  rera  no  es  una  grao  cosa.  ' 

^íiNTomo.   Ninguno  está  contento  con  sa  suerte p  Apostarla  la  oabeza  á  qae 

designan  para  candidato  por  mitlistríto,  á  un...  cualquiera. 
{Bernabé.   Pongo  cuanto  tengo  á  que  mi  sucesor  es  un  pelagatos. 
ANTONIO.    iQiió  iniquidadl  ¡En  qué  país  vivímosl 
BfiKNABÉ.  ¿Dónele  vamos  á  parar? 

-  \NTOMo.   Esto  es  iniouo!  El  porvemr  de  dos  hombres  honrados,  sujeto  á  los 
^  Vdi venes  de  la  poUtical  Ya  no  se  miran  los  servicio^) 

I  BERNABÉ.  Ya  no  se  atiende  á  tos  antecedentHsl  Haga  usted  méritos  en  una 
^  nación  comoeslal  Quisiera  nn  vivir  en  Espáñal 

j^KiBAL.     Bueu  remetiío.  .  (Cerca  es4á  Po<rtngal). 
.^^TONio.   iQué  manera  de  dar  los  destinosl  Dios  sabe  el  tiempo  que-  tendré^ 

inos  que  vivir  bujo  el  peso  de  una  tiranldl  Pero,  bombre,  qué  hace 

n^l'é  (Dirigiéndose  á  Aníbal), 
^\kibal.    He  coocluido.  En  la  necesidad  de  cumplir  con  la  orden  del  Minis- 
I  tro,  me  dispongo  á  poner  en  libertad  al  señor  Rotlríguez,  bacién-* 

^  .    dolé  entrega  del  cargo  al  mismo  tiempo^  De  paso  pienso  referirle 

I  .  c  por.6  lo  ocurrido,  en  obse^^ujade  la  verdad  y  descargo  de  mi 

>.  conciencia. 

•  Vntonio.  Bombre,  no;  veamos  de  discurrir  una  fórmula  con  que  todos  que- 
demos bien. 
Vmbal.    Ha  de  ser  pronto.  Yo  quiero  qne  ustedes  no  sufran  las  oonsecnen- 

cías  de  sus  estravlos. 
''^NTONio.  Usted  qué  opina,  Administrador? 

'  íérnabé    Opino,  qne  el  soííor  don  Auibal  se  dedique  sin  perder  momento  á 

<  influir  cerca  de  su  hija  Matilde,  á  flo  de  que  ella  incline  el  ánimo 

.   del  señor  Hodrigoez  y  queden  las  cosa^  como  si  nada  hubiese  pa- 

,  sado.  Así  podemos  conseguir  que  usted  quede  de  Gobernador,  don 

Antonio  s'ga  con  la  misma  influencia,  y  yo  conserve  mi  destinillo. 
¡^  Después  de  todo,  la  política  es  ooa  farsa.  El  señor  don  Antoaio 

se  encargará  de  llevar  la  noticia  á  su  familia,  y  yo  bajaré  á  la  Ins* 

peccion  a  comunicarle  el  telegrama. 
Antonio.,  Tade  me  parece  bkn,  meóos  ir  yo.á  una  casa,  donde  una  vez  fui 
í  y  no  debo  volver  jamás. 

AlHíbal.    La  obligación  de  trasladar  la  orden,  es  mia,  y  yo  no  falto  nunca 

á  mis  deberes.         


—  45  — 

Bernabé.  Iremos  los  tres;  pero  aotes  seria  oomreiilefitl  lo  diga  tisted  i  M 

tilde  que  lo  estimará  maoho. 
Aníbal.     Sí,  al.  Matildel  f Llamándola  J 

Dichos,  MATILDE. 

ü ATtLDB .  Llamas ,  papi? 

Aníbal.     Estos  cabdlleros  qoierea  hablarte. 

Matilde.    Puedan  empezar  cuando  gusten. 

Beriubé.  Usted,  MatUdíta,  no  babrá  escrito  á  Eogenio  la  carta  didénd( 

que  lo  aborrece? 
Matilde.   SI,  escrita  la  tengo. 
BsttMARÉ.  ¿Y  la  há  puesto  usted  ya  en  el  correo? 
Matilde    Nu,  pero  pienso  hacerlo. 
Bernabé.  No  la  ponga  usted.  Su  papá  está  conforme  con  esas  relaciones, 

hasta  los  veria  &  ustedes  oasados  OOQ  macho  gusto. 
Aníbal      Yo,  no.  Estos  señores... 
Matilde.    Ay,  qué  gracia! 
Beunabé    Matilde^  el  inu.td)  dá  muchas  vut'ltas,  y  quién  sabe  si  mañana 

otro  (lia  puede  soplarle  á  ese  j6^en  la  fortunal... 
Matíloe.  Ja,  ja.  jal  Bien  iimn  qi)<^  la  risa  anda  á  Darrios.  Todo  lo  sé: 

he  oído  todo  desiie  mi  gabinete  Ja,  )a,  jal  Muy  pronto  han  ap 

gado  uí^tedes  sus  fuegosl  Coa  qué  taoilidad  deponen  algunas  pe 

sonas  sus  rencores!  Ji,  ja,  jal  Ahora  toca  reír  a  los  que  hace  di 
•  mi&utos  lloraban;  abiira  tooa  llorar  4  kis  que  hace  diez  mínut 

reíao 
Antonio.   Considere  usted,  Matilde,  que  no  es  muy  noble  cebarse  con  1 

victimas. 
Matilde    Toiios  queremos  tnsticia,  y  ninguno  por  nnestra  casa.  La  mist 

considerdciun  hádetelo  usted  hacerse  para  que  no  llegara  este  cas 
Antonio.  Siento  mucho  decirla  que  sus  obras  no  respond-  n  á  sus  palabra 
Matilde.   Caballero,  mtí  estrada  mucho  que  un  represeutante  del  país,  e. 

rezca  del  criterio  necesario  para  dar  la  dd)ida  interpretación  á  i 

contento. 
Aníbal.     (Chúpate  esal) 
•Bbhixabé.  (Sí  cdotináa  la  discns^vD,  lo  tritural) 
Matilde.   Mi  risa  tiene  origen  eu  la  satisfacción  de  que  rae  reo  pof^eida  ca 

vez  que  estoy  en  lion'liiiione.s  de  hac'T  un  favor.  Yo  quiero  al  pri 

gimo  como  á  mí  raisina  Antes  lloraba  porque  no  tenia  elemeol 
para  haoer  triunfar  la  verdad  y  la  justicia;  ahora  raecr 

porque  dispongo  de  los  bastantes  á  praoiicar  un  prece^ 


sionT  y  lodo  mi  valknitíQlo  lof>oogí><le$íte  toego;A8USíórdet)esl 
i\?Ah.     Apren<lan  ustedes.  v    .      .      .    .,..<:.  .\.  .1.^  .   k 

kTiLDE.    Proceder  de  otro  modo  sería  imitarlos,  y  alguna  distancia  existe 

entre  don  Anlóaiof  "yá^^ams  y  -daüci  Mitlilde  Gimonez;  entre  don 

Bernabé  .. 
NiB\L      Kxisip  la  misma  qjíe;eíitfe  ios  tagetes  y  los... 
•:iinaBé    Bien  hace  en  suprimir  la  Sí^gnhda  parte. 
siBAL.     La  imfmc-iencia  en  que  me  encuentro  po(!  coasáaicarib'el  iébMifyttt' 

ma,  es  tal,  que  no  rae;jrteí|eiijjo,ínMW. 
?íTONK\   Con  que  por  parle  de  U3t«d  .. 

K-xwm    Tiííiw  e^lá  AJomneSra;  «Prwwí.,  V^p\^  m^  iS«ba  lE^tí^^ióí  enisígüida', 
!>íiuNio    iQué  buenas  son  algunas  mujeres! 
NiBAL      iQué  m<il<»s  swn  algunos  polilicus!    . 
íKNxBÉ.  ¡Qué  apuros  pasaíín<í«  Uí3  i^TíÍ«lQajdés! 
ATiLUE.    jQué  sabia  es  U  Providencial     < 
■•'*«.''•'.■ 

MATILDE. 

Famosa  lecoioiB  haa  reoibidol  Si  íe«  afurovocha»  do  será  mala. 
Creían  q.ae  yo.  ^ra  Hjapai  dse  aconsejar  A  Bu^^erjiio  que  ^jercte^.  cí» 
ellos  una  vertganza;  p^rak  venganza  ao  pUttde.  'leoer  cabida  ea 
los  coraxoaes  nobles,  ¿Góibo  habla  de  laoerla  en  el  sujfo?  ¡No  só 
,qtte  siento!  Todo^ei  sistema  nervioio...  Las  ifiipresion^^agraflHble» 
son -á  v0ce^ 'Curtoo  las.peaas.iQUfi-oo  ínaiiaD,Mpeco  ayudan.  Estaría 
gracioso  que. 


}• .  • 


MATILDE,  LUISA. 

[JiSA.  Matilde!  Matilde!. Han  llevado  4  casa  este  tplégrama  M»  Uo  Sa}- 
yadornos.ha  «aladul:  Bs  el  Prasideolf^dal  Coasejo  4e  Ministros 
y  nombra  á  líugenio  Gí)bernador  civil  interino  ¿Ü$t#d.lo  sabía? 

[atilde.  Sí:  papá  ha  recibido  otro  igual. 

ifiSA.  En  el  momento  que  lo  leyó  mi  wadra.  se  puso  tan  contenia,  taa 
alegre,  tan  animada,  qwe  ya-oo  d^bemqs  teioer  per  su  vid^  Cier- 
tas noticias  son  ca-paces  de  resurilar  á  m  muerto!  Si  .hubiese  un 
destino  para  cada  español,  los  español  es -éramos  eterpos. 

Iauldb.  El  Gobierno  que  publique  una  ley  haciendo  ewpleatfosiá  todos  los 
babitaní^  de  la  oacioa»  se  eierpiaa  en  el. poder. 


—  47  — 

Lviai.  ]Cómo  «orreo  las  nuevasl  Al  pasar  por  íi  poerta  de  lá  Inspecoioi 
de  policía,  donde  esláo  arrestado?,  me  detóve  ud  tnomeoto  y  o] 
pude  entrar  á  causa  de  ia  roncha  ($ente.  ¿Se  estraua  de  vercn 
alegre?  Usted  eslarft  triste  porqne  a  su  papa  le  dejan  casante.  N< 
tenga  cuidado;  que  estando  mi  tío  en  el  poder,  no  le  fallará  des 
«tino  Mi  madre  y  yo  hemos  dispuesto  dirigirle  un  télég^rama  pi- 
diéndole veinticuatro  mil  reates  de  sueldo  para  García. 

Matilde.  Veinticuatro  mil  reales?... 

Luisa.  Yeinticnalro  mil  reales,  ó  más;  y  luego  que  se  los  den  me  caso 
¿Quiere  usted  ser  la  madrina  de  boda? 

MiiTiLDE.   Con  mucfio  gusto .  En  <mmbio  usted  no  se  negará  &  serio  de  la  mia 

Luisx.       Qoél...  se  casa  usted  también? 

Matilde.  ConTlo  en  qoe  Eugenio... 

Luisa.  Mi  hermano  Kui^enio?  Qué  locaral  Mi  hermano  ocupa  hoy  .um 
posición  que  le  hace  digno  de  la  roano  de...  y  al  fio  y  al  cabo 
usted  es  la  bija  de  un  pobre  cesante  . . 

Matilde.   Luisa,  fijese  usted  en  lo  que  dicel...  ¿Se  olvida  tal  vez  de?... 

LoiSA.  ¿De  los  quinientos  reales  que  me  prestó  esta  mañ^ioa?  No,  señora 
La  primera  paga  de  Gobeírnador  que  cobre  Kugenio,  sera  para  pa 
gárselos  &  o.sted.  Mucho  tardan  en  subir  Los  minutos  me  parece 
años.  Voy  a  ver  si  surge  alguna  diíicultad.  {VasiJ  • 


MATILDE. 

Le  ba  perturbado  la  noticia  De  no  ser  así,  sos  palabras  hubiese 
producido  una  honda  pena  en  mi  aUna.  íi&  lo  estraño.  Estoy  se 
gura  que  muy  pronto  ha  de  arrepentirse  de  ellas  Es  muy  frecuen 
te.  por  desgracia^  que  un  favor  se  pagoe  con  una  ingratitud  Lo 
que  de  la  miseria  se  eWan  repentinamente  á  una  altura  que  nun 
ca  imaginaron,  suelen  en\anecerse  y  su  envanecimiento  se  encierr 
a  veíres'en  los  repugnantes  limites  de  la  soberbia:  esa  es  una  pro 
piedad  de  los  espíritus  débiles  Eugenio  vive  en  otras  regiones.  ; 
80  carácter  noble  y  generoso  no  le  es  permitido  ostentar  otro  or 
gallo  que  el  que  despiertan  las  buenas  acciones  Yo  soy  capaz  de  en 
trar  por  él  la  mano  en  el  fuego  sin  el  temor  de  abrasármela,  ¿l^oi 
qué  no  ha  dé  haber  en  el  mundo  una  mujer  que  no  dude? 


MATILDE,  LUISA. 
LvisA.  .    (En  tono  gravej.  No  los  dejan  andar.  De  todas  las  <}ep< 


—  *8  — 
$e  apn^soran  &  felicitarles    En  ias  veinte  harás  que  ba  duraiio  su 
prisión  solo  dos  ó  tres  amigos  bau  ido  á  verlos. 

riLPE    La  desgracia  tiene  tan  n^ala  cara,  qiie  todo  el  mando  huye  de  ella. 

SA.       Los  qua  ayer  anatematizaban  sus  actos,  hoy  de  seguro  aplaudí ráa 
su  qonducta    (Qué  grande  es  el  poder  de  la  polílical  Me  daba  las- 
.    tima  de  ver. el  papel  desaírala  que  viene  liaoiendo  su  pa^^á:   hasta 
los  porteros  parece  que  le  miran  ya  por  enoima  del  hombro. 

riLDE.  Eso  probara  á  usted  lo  que  son  los  destinos  púiblícos.  |Los  desti* 
nos  públioosl  Flores  galanas  que  al  más  ligero  soplo  se  deshojan,  y 
sólo  quedan  como  recuerdo  de  su  existenoia.  un  tallo  oi^bierto  de 
p^uneantes  espina?.  No  sé  como  hay  persona  á  quien  envanezca  ooa 
posición  oficial  por  elevada  «que  sea  Cuanto  hnás  alto  es  el  puesto 
que  por  el  favor  y  la  influencia  se  alcanza,  m&s  negro  es  eKporve- 
DÍr  que  al  agraciado  áe  le  ofrece.  Cuando  mi  padre  no  era  más 
que  un  simple  o&cial  de  gobierno  y  le  dejaban  cesante,  jamás  se 
desdeñó  en  dedicarse  á.  ciertos  trabajos,  que  hoy  de8pu<^  de  haber 
Stido O'ubernador  civil  Je  provint^ia,  lesera  imposible  hacer.  £i  ia- 
dostrial  más  humilde,  el  artesano  de  menos  foriuna  y  el  infeliz 
bracero,  viven  con  más  tranquilidad  que  los  empleados. . 

SA.  La  miama  idea  que  tiene  usted  de* ellos;  tengo  yó.  Con  más  gusto 
vería  á  mi  hermano  al  frente  de  una  Cátedra  6e  un .  Instituto, 
que  sentado  en  esa  poltrona:  boy  es  Gobernador  civil:  mañana 
que  mi  tio  caiga  del  poder  acaso  será  perseguido  por  los  adversa- 
rios. No  me  al'haga  nada  su  falsa  posición.  Opino  como'usted,  Ma*- 
tilde.  iQué  pobres  de  espíritu  deben  ser  los  que  se  envanecen  con 
los  destinos  públicosl 

nU)B.  Pues  óehese  usted  uoachinita  en  el  bolslHd,  Luisa.  Pocft  armonfa 
guardan  sus  palabra»  de  ahora,  con  las  que  hace  un  momento 
prouuHciaba. 

SA.       No  recueirdo...  La  impresión  que  en  los  primeros  momentos  me 
hie;o  la  noticia  y  el  cambio  repentino  que  en  favor  de  su  salud  que- 
brantada sufrió  mamáj-quizá  me  estravíarian  basta  el  puuto  de  po- 
.  ner  ea  mis  labios  pensamientos  que  nd  pueden  tener  cabida  ea  mi 
pecho.  ¿Qué  be  dicho  yo,  Matilde,  que  pueda  ofenderla? 

TILDE»  Dijo  usted,  Eugeuio  oisupa  hoy  una  posición  que  le  hace  digno 
de  la  mano  de...  y  ye,  al  fln  y  al  cabo  soy  la  hija  de  un  pobre 
cesante. 

SA.  £n  esos  instantes  en  que  DO  era  dueña  de  mi  niisma,  en  que  no 
me  daba  cuenta  de  mis  palabras  y  de  mis  acciones,  he  podida  in* 
ferirle  tan  grave  ofensa.  Ne,  no.  Matilde,  esas  frases  no  fueron 
bijas  del  egoísmo;  nacieron  de  mi  extraviada  razón.  Quó  mayor 
dicha  puede  alcanzar  un  hombre  que  tramarse  su  esposo!  Ninguno 
fiíáa  feliz  ique  Eugenio  si  al  cabo  se  uuie  á  aa^ed:  á  niMd,  que  tan 


—  49  — 

Mlisinuis  caaKdades  adornan:  &  usted  qoe  posee  ten  nobles  y 
nerosos  seolimientos. 

M4TI&D1.  La  honrada  lo  seré  yó.  Él  es  digno  de  mejor  suerte. 

L0194.  '  MiL  veces  no,  Matilde.  Antes  de  tratarla ,  mi  madre  y  yo  i 
deshacíamos  en  su  elogio  cada  vez  que  de  usted  nos  ocupaban 
ahora  qut  la  conocemos  la  prorasamos  una  especie  de  idolatría 
(Maiüde  arroja  algwu^s  iágrimat  que  enjuga  con  iu  pañuel 


Á»IBAi. 


Mathj». 
Akibal. 

Antohio 
Apiibal. 

BeRII4B6 

Aníbal 


ASTONIO 

Bbrnabí 

AtriBAL 

BSHRABÉ 
AüTOMlO 
Al«lBAL 

Bernabé 

AVIRAU 

A^tOMO 

Bi>KttABÉ. 

BUCEHIO. 


Tobos. 

Soberbia  ocasión  para  que  se  aclare  la  verdad  de  lo  ocorrido. 

que  estdmos  lodos  juntos,  quiero  esponer-los  becbosi  dando  á  c( 

cual  lu  que  le  pertenazüa. 

Si,  si;  que  bable  pa[>á. 

El  MÍQi5iro  dejó  cesante  con  fecha  trece  á  don  Maroelino  Cues 

abijado  üe  doo  Antonio. 

Porque  usted  había  pedido  la  plaza  para  un  sobrino  de  su  seño 

Üuu  Bortiabé,  que  es  un  segando  Maquiavelo... 

Yo  he  diohu  y  repito;  que  uo  soy  mas  que  un  cero  k  la  izquier 

Discurrió  el  medio  de  reparar  la  falta,  reponiendo  al  señor  Cue 

en  el  deslino  del  señor  Kodriguez.  Don  Antonio  me  amenazó: 

al  principio  no  le  hice  caso,  {^ro  después,  como  los  hombre^  ( 

bti<;u8  leñemos... 

ReQera  usted  las  cosas  tal  y  como  han  pasado.  El  qoe  se  opuse 

que  quitaran  á  ese  caballero,  fui  yo. 

Ha  iucurrido  usted  en  un  error.  . 

Yo  no  (ello  nunca  k  la  verdad.  Bon  Bernabé  tuvo  la  mayor  pa 

de  ia  ouipa 

La  tiene  su  debilidad  de  usted,  fia  ambicioo  de  este  caballón 

[C^o  se  aiiKTvel..» 

jCói3>ü5e.atrev.e?,.. 

Ustedes  me  calumuianl 

¿Nosotros? 

Yó?  ' 

Usted. 

(Todas  $tta$,palahrat  djichai  ton  emrfia  y  con  actitud  molem 

Silencio,  seopres«  Jamás  he  querido: saber  quienes  son  mis  ene 

gos¿  píorque.no  sé  si  tendría  ka  auSoieate  virtud  para<.  perdonar! 

Klqua  trató  ayer  de  perjudú^me,  con.  su  pan  se  lo  coma. 

ilogfiojafiíiilp  que  bajrao  tianido  lu«^Jod  fnisideofes  pasa  ' 

alegro^,  y  deben  liiiedés  alegrarse  más  que  yo,  porque  c 


ridacl  Di  de  mi  posición  en  j^^erjuioio  dd  ustode».  ámnopn  mi  con- 
ducta t]or«s'ifomuo'l9n»te  ti«nlMBs¿pDHtíeo6,  ftida  «ada  küai  l0t|iié 
quibra  yUe  baga  fetta^i^ue  ^\^$  áh  by^  jostieia,  /dibfitiesto  a8to| 

Tonto^  l)oü  Aq4M,  pída^fisted. 

jENio.  .  At  settoriuiereacacgo  yo  de  todaig^ar  tBaa:.larda.\»;.>.  . 

roMO  Hombre,  yo  voy  á  ser  franco.  La  situación  pasada  no  me  llenaba 
y  me  amoldo  cofirlaei^Rted  térla^Hresaií^wi  El  Gobierno  reciente* 
mente  caído  nos  ha  dado  perro. 

;enio.  Observo  quQ  usted,  S9guQ.>su  btstoria,  se  amolda  &  todas  las  sí- 
iuaciories. 

Tomo.  üs  v0rdid...:F4a(|desas'bnBiaQa».«^  Nb^úedo  vitir  fAibra  ia.  las 
esferas  aciales;  ooaodo  respiro  otra  attoiésfara  iqoe  90  es  esta, 
me  aboga.  Como  soy  politico  viejo,  90y>taalbien  un  etomento  muy. 
útil  á  la  autoridad  .,  Cazo  muy  Jaq^I...  Alnt^s  qaeutío  pieOBe^a 
coBSpif^r -so  lo  ooQi>isao«ñ  t(is>oi66;  y  e^tabdo  yo  ¡al  hdo.ule  ihiis 
Gobernadores,  el  orden  público  do  eí 'fiioii'^tie  9e.alt«re,  porque 
los  pungo  >al  üoiriente'^de  todos  li^s  planea  de  tos  «nüomigos  :3to;ú 
grande  ioilueooia  en  mi  disirilo;  7  si  el  GolrieroO  ^ine'  pre^'Hü 
bgeíio'opoyo,  iriuafaré  en  (as  próximas^ eteootones  jf  |íroaiaie  edf 
un  SeliM^nsordel  áiCAualórden'de  ootsas.  "    .        ^ 

;eifio.  No  me  es  ipo^ibte  aceptar  "SUS  ofertas  PieaiOiÜacertoiaiintrario  de 

^     .  lo't)iíe  oiroe'Gobernadores  hao  iieebo  Weoso'gdberQaf4K)n  el  buen 

ejemplo^  porque  el  buen  ejemplo  de  los  <gobemanies  es  la  única 

4at4a  (le  saNiSCion'para'el'p2fls:l*aa;N«ar  ta  ley  y  la jaaiiciay<e84c:fo 

único  que  aspiro  ¿boita,  usted,^$eaor4dQ<'B»MiiaM. 

TONio.  (La  justicia  déoste,  sera  la  juatida  de'Bnero) 

<NABl&  blempfe  hb ^4o  ¡cénioite . jiefo3.*)Ki.5uito:  jamáá  fce^Jejaflo  de  íreé- 
pond^  4  todas  sus  exigencias,  á  todos  sus  mátadates^^ya  se  hayan 
ín9|^aatec»la<ley^46  3[a<ealtovieieñj&)éra  ^de^Ha.  Tengo  ea  nii 
maao  (os  medios  para  ganar  IranquUa.'^  aesiaig^áameiit^  unaa  eiee- 
clones,  j  loda  mí  inieUgenuia,  toda  m^4etMidad,  ia  pongo '^Stts 
Ordenes.  !    . :    .     .    . 

GENIO.  Muy  malas  mañas  debe  usted  haber  adquiríde  ^n  esa  oondueíai 
y  gentes  de  malas  mañas  no  las  quiero  yo  á  mi  lardo*  ^Geeliooe 
usted  su  traslación  á  otra  provincia,  y  eso  le  tendrá  looaactfeiiia. 
'Sr^te&irodoo  AeMMl*  #8  iiioob  pero 

yo  me  encárgale  de  «queiresuetvaa  en  Madrid  >:oa  eiípe(Keate-'de 
daaifUacfon^/enel  sentido  qee  apetece.  Mi(9»atten  yo  an 

'^  Mgrato,i8Í  taoyi^e.me  eonrie4a'fortDaaH)Mldase  loatouevos  ofi- 
ciiQs  dei9tt  taija^  a  la  tqo6  isói^ia  y^lomiüaiaMei^de  ^A  astei  por 


AmUAi.    Bombre,  eso  es  casarse  por  telégrafo. 

Eugenio.  Nuestro  amor  do  es  de  tres  días;  trae  algoaa  fecha.  ¿Usted  s 

resuelve?  Repito  &  usted  que  se  decida,  señor  don  Aníbal. 
Amibal.    Yo  no  voy  á  ser  el  casado...  &  ella  corresponde  primero. •• 
Matíldb.  Si  papá  es  gustoso,  por  mi  parte..; 
Aníbal.     Siéodolo  tá... 
Eugenio,  Mi  hermana  ser&  la  madrina  de  nuestra  boda,  y  Matilde  y  y6  d 

la' so  ya. 
Garcu.     Nosotros  también  nos  casamos. 
liOisA.       Somos  felices. 

MATILDE.  fDirígiéndose  al  públicoj. 

Somos  felices,  verdad: 
Sin  embargo,  aqui  me  asalta 
La  idea,  de  que  algo  nos  falta 
Para  serlo  en  realidad. 
T  por  m&s  que  en  mi  sentir, 
Pueda  alguno  contestar 
Que  hay  la  virtud  de  no  dar 
Contra  el  vicio  de  pedir; 
Si  la  comedia  os  agrada 
Señores,  muy  poco  cuesta; 
Debéis  coronar  la  fiesta 
D&odonos  ana  palmada. 


FIIV, 


DETALLES 

PARA  LA  HISTORIA 


Farsa  cómico-üríca  en  un  acto  y  en  verso 


orlglunl  d« 


JOSÉ   JAOKSON   VEYAN 


zAÚaloa    á9\   maestro 

MANUEL  NIETO 

Biatrenada  oon  extraordinario  éxito  en  el  Teatro  del  Prín- 
oiPs    Alfonso  el   2   de  Ootnbre   de    1888. 


MAORIO 

KNRIQUS  AERSaUI,   EDITOR 

Atoeba,  64.  segvodo  itqaierda 

1888 


PERSONAJES.  ACTORES. 

Paca Srta.  Pastor  (L). 

Doña  Rosa Sra.  Rubio. 

Paco Sr.     Navarrete. 

El  Profesor »       Escríu. 


• 


Coro  dr  Costureras  y  de  Coristas 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor^  y  nadie,  sin  su 
permiso,  podrá  ponerla  en  escena. 

Los  representantes  de  la  Biblioteca  lírico  dramá- 
tica de  D,  Enrique  Arregui  son  los  encargados  eooclusiva'- 
mente  de  conceder  ó  negar  el  permiso  de  representación,  del 
cobro  de  los  derechos  de  propiedad  y  de  la  venta  de  ejcm 
piares. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción, 

Queda  hef'hc  el  depósito  que  marca  la  ley. 


ACTO  ÚNICO 


Sala  de  una  oasa  de  haéspedes.^Paerta  al  fura  y  lataralea. 

ESCENA  PRIMARA. 

Aparece   BOSA,   eniegolda  PaCA    y    PaCO^  que   lalen  por  la 

dereoha* 

BoSA.  Qaé  bien  la  vida  se  pasa 

8Ío  laberinto  de  gente! 
Tengo  un  bnésped  solamente 
que  ocupa  toda  la  oasa. 
Paga  sin  darme  ruidos 
doee  duros.  Sí,  sefior. 
Es  un  sabio  profesor 
de  los  Estados  Unidos. 
Con  fiambres  se  mantiene 
y  así  yo  no  me  atropello 
por  guisar,  pues  come  aquello 
que  más  á  mano  le  viene. 
Esa  costumbre  sencilla 
me  impide  hacer  buenas  obras. 
Y  se  han  quedado  sin  sobras 
loB\)obres  de  la  guardilla. 
Dos  comediantes  tronados, 
que  no  sé  qué  van  á  hacer, 
pues  necesitan  comer 
^  aunque  están  enamorados. 


_  6  — 
Alguien  se  acerca...  Ellos  sod. 

(Yendo  al  foro. — Saena  oampanUla  en  la  prima- 
ra dereoha.) 

Llama  el  httésped.  Volveré 
á  decir  que  no  hay  de  qué.,. 
Pobres,  me  dan  oompasiónt 

(Vaie  por  la  primera  dereoha.) 

ESCENA  II. 

Pausa  y  salen  PaCA  y  PaCO,  bastante  mal  vestldoa. 

MÚSICA. 


Paca. 

Yó  soy  Paoa  Peca. 

Paco. 

Yo  soy  Paco  Peco. 

Paca. 

Yo  nací  en  Ateca. 

Paoo. 

Yo  he  nacido  en  Meco. 

I 

Tal  miseria  toco 

que  por  juicio  saco, 

que  me  llamo  Foco 

en  lugar  de  Pace. 

Paoa. 

Soñó  glorias  Paca, 

pero  el  arte  rico 

descubrió  la  maca 

• 

y  me  ha  dado  el  mico. 

Los  DOS 

Saludan  á  ustedes 
con  mucho  placer. 
Paca  Peca  y  Paco  Peco 
que  no  tienen  que  comer. 


Paoo.  Muy  niño  me  hicieron  que  el 

pecho  dejara, 
y  tuve,  oh,  tormento, 
por  todo  alimento, 
bizcoc)i08  borrachos  de  Guadalajara. 


Paoa.  Mi  madre  infelioo  murió  al  darme  á  luz, 

y  cuando  lloraba 


—  7  — 

mi  abuela  me  daba 

bizoochos  bañados  de  Oalatayad. 


Paco. 

Ob  niñez  avaral 

Paca. 

Ob  infiel  juventadl 

Paco. 

De  Guadalajara. 

Paca. 

Da  Oalatayad. 

BABUillO. 

Paco 

Proteooión,  dioses  ingratos  I 

Paga. 

De  desventuras  ya  bastal 

Pago. 

Qae  somos  artistas,  basta 

la  suela  de  los  zapatos 

Que  baya  á  nuestro  afán  remedio. 

Paca. 

Siendo  ambos  dos  maravillas 

vivimos  en  dos  guardillas... 

Paco. 

Que  están  tabique  por  medio 

Paca. 

El  amor,  bravo  adalid  , 

que  eleva  los  corazones, 

nos  alzó  eien  escalones 

sobre  el  nivel  de  Madrid. 

Paco. 

Así  bailamos  el  resorte 

para  ensanobar  nuestro  anbelo. 

Paca. 

Sobre  nuestra  frente,  el  cielol 

Bajo  nuestros  pies  la  oortel 

Esottcbar  el  loco  enjambre 

que  va  del  placer  en  pos 

Paco. 

Y  encima  nosotros  dos 

muertos  de  amor  y  de  bambre. 

Paca. 

Turba  mis  dicbas  completas 

esa  frase. 

Paco. 

£1  bambre:  es  cierto; 

Ye  me  comía  un  cubierto, 

' 

entero,  de  á  dos  pesetas 

Paca. 

Y  si  bubieras  de  escoger 

entre  el  cubierto  y  mi  amor. 

PaOO. 

Callal  Oalla,  por  favor, 

y  no  me  tientes,  mujer! 

Paca. 

Qué  barias? 

Paoo. 

Ninfa  de  Ateea, 

tu  afán  de  inquirir  aplaca. 

-^  8  — 

Mi  corazón  dioe,  Paca, 
pero  mi  estómago  Peca, 

Paca.  £1  oabierto  has  elegido. 

Paoo.  No,  mi  bien,  es  que  te  amo 

y  hambriento  de  amor  te  Hamo 
por  tu  nombre  y  tu  apellido. 
Becuerdas  mi  amante  oara 
cuando  di  el  primer  repique 
sobre  el  prudente  tabique 
que  nuestros  cuartos  separa? 

Paca.  Nunca  olvida  mi  pasión 

aquel  solo  de  nudillos; 
oada  golpe  en  los  ladrillos 
sonaba  en  mi  corazón! 

Paco.  Becuerdas  que  al  otro  día... 

de  tu  fama  en  menoscabo... 

Paga.  Justo:  atravesaste  un  olayo... 

Paoo.  y  vi  tu  rostro,  alma  mía! 

Paca.  Aquel  intersticio  fiero 

se  abría... 

Paco.  Qué  hay  que  extrañar^ 

cada  suspiro  al  pasar 
ensanchaba  el  agujerol 
Una  tarde  de  verano, 
pude  á  través  del  tabique 
oogerte  el  dedo  meñique. 

Paca.  Y  luego,  pasó  la  mano. 

El  amor  es  buen  obrero 

Paoo.  A  la  siguiente  mañana 

logré  abrir  una  ventana 
sin  permiso  del  casero. 

Paco.  Sí,  pero  mi  honesto  amor, 

cortó  tu  intención  dañina, 
colocando  una  cortina 
como  velo  del  pudor. 

Paco.  Oon  respeto  sin  iguall 

no  temas  rompa  la  valla. 
Pfura  mí  es  una  muralla 
la  cortina  de  percall 
No  temas,  no  que  avasalle 
tu  virtud  sagrada  y  pura. 
En  casa  estás  tan  segura.  . 


—  9  — 

como  en  mitad  de  la  oallel 
Paca.  Gradaí,  mi  Paco  querido. 

Paco*  Mi  honor,  Paoa,  el  tuyo  abona. 

Faca.  Aquí  viene  la  patrona... 

Paco.  Si  habrá  sobrado  ooeidol 

ESCENA  III. 

Los  MISMOS  y  Doña  Rosa. 

Rosa.  Hola,  apreeiables  vecinosl... 

Paca.  Dofia  Rosa  de  mi  alma...l 

Rosa.  Cómo  vamos? 

Paoo.  Conque...  cánulí 

Sin  ecrnter. 

Rosa.  T  1»  oontraU 

para  Buenos  Aires? 

Paca.  Solo 

nuestros  dos  pasajes  pagan, 
no  dan  un  cuarto  de  préstamo... 

Rosa.  Así.  y  todo...  pecho  al  agua. 

Paoo.  Imposible! 

Rosa.  Bn  el  lugar 

de  ustedes,  yo  me  lanzaba. 

Paco.  Y  y®  también,  pero  amigo, 

dice  ésta  que  no<se  embarca. 

Paca.  T  lo  sostengo;  con  Paoo 

no  parto  á  tierras  lejanas, 
sin  que  antes  nos  eche  el  cura 
su  bendición  en  el  ara. 
No,  yo  tendré  t\  genio  abierto, 
seré  alegre  y  vivaracha, 
pero  á  fé  de  Paca  Peca, 
que  no  pecará  esta  Paca 
para  que  la  historia  diga. 
Pobrecita,  pero  honrada  I 

Rosa.  Bien. 

Pj^oo.  Dame  la  mano  y  toma 

lo  que  quieras. 

Paca.  ¿Qoi^n  lo  P»«»? 

Rosa.  Y  no  podrían  casarlos 

de  balde? 


—  10  — 

Paoa.  Qniáa  de  eso  tratal 

Paoo*  £1  sacramento  más  oaro 

de  todos  es  la  oasaea. 
Rosa.  Tal  vez  bajen.. . 

Pao  A.  Imposible. 

Es  precio  fijo;  do  bajan. 
Rosa.  Qaien  debe  ser  millonario 

es  el  huésped  que  hay  en  casa, 

un  profesor.  Mire  usté... 

su  anuncio  en  la  cuarta  plana. 

(Dándoles    «La  Correapoadeuoia,*  qaa  OOgd  de  la 
meaa.) 

Paoa.  Mister  Jacques:  profesor 

de  mundología  práctica, 

autor  de  una  historia  monstruo, 

moral  y  contemporánea, 

á  todo  el  que  lo  dé  datos 

particulares  de  £spafia 

y  rasgos  característicos 

de  esta  nación  desdichada, 

gratificará  al  instante 

que  se  presente  en  su  casa. 

Pez,  veintidós,  principal, 

frente  á  una  casa  de  vacas.  > 
Paco.  Es  original  el  hombre. 

Paoa.  £1  anuncio  tiene^ gracia. 

Quiere  datos  de  esta  tierra... 
Paoo.  Nos  hemos  salvado,  Paca! 

Ese  honabre  es  nuestra  fortuna. 

To  me  caso,  tú  te  casas, 

tú  te  ajustas,  yo  me  ajusto, 

yo  me  embarco,  tú  te  embarcas. 
Rosa.  Pero  qué  ha  pensado  usted? 

Paoa.  Pero  qué  has  pensado? 

(Le  habla  al  oído.)  Bastal 

A  las  guardillas  del  artel 
Paoo.  Apolo  nos  dé  sus  armasl 

Rosa.  Pero  oiga  usted... 

Paoa.  Hasta  ahora. 

Rosa.  Sepamos  de  qué  se  tratal... 

(Vaae  por  el  foro  detrás  de  ellos.) 


—  11  — 
B3CKNA   IV. 

Sala  fiSx*  P&OFI80R  por  U  primarA  Uqulerda/Vestlcá  may    raro 

y  reproientArA  unos  50  aflos. 

MÚSICA. 

Yo  soy  UQ  profesor 
que  no  lo  habrá  mejor 
•n  todo  Filadelfia 
ni  en  todo  Naeya-Yorok. 
Si  se&or.  Si  sefior. 
No  es  favor.  No  es  favor. 
Ni  en  todo  Filadelfia 
ni  en  todo  Nueva- York. 

Yo  tengo  la  historia 
toda  en  la  memoria. 
Yo  escribo  con  gran  critica 
y  gran  moral  política. 
Esclavo  del  deber 
si  empiezo  yo  á  escribir 
me  olvido  de  comer 
y  dejo  de  dormir. 

De  los  Estados  Unidos 
me  he  venido  aquí  á  estudiar 
y  aunque  de  mi  tierra  vienen 
los  camelos  y  cañarás. 

No  hay  que  dudar 

de  mi  formalidad. 

Yo  soy  un  profesor 

que  no  lo  habrá  mejor 

ni  en  todo  Filadelfia 

ni  en  todo  Nueva- Yorck. 

No  es  favor.  No  es  favor,  etc.»  etc. 

BABI.ÍÍ90 

No  fui  embustero -jamás 
y  el  no  serlo  no  me  pesa. 
A  mi  en  la  América  inglesa 
me  educaron  nada  más. 


—  12  — 

Nifio  á  New-Ycrck  me  UevAroD, 
pero  el  de  España  es  mi  sol... 
Soy  un  arbusto  espafiol 
que  al  nacer  lo  trasplantaron. 
Aunque  en  apariencia  inglés» 
si  escucho  una  seguidilla 
se  alegra  la  pajarilla 
y  se  me  bailan  los  pies. 
Una  historia  universal 
•soriboi  y  á  tomar  nota 
vengo,  pues  no  sé  ni  jota 
de  este  mi  país  natal: 
son  también  mis  intenciones 
yer  si  Qtro  asunto  se  zanja 
y  hallo  mi  media  naranja.,. 
Allí  no  hay  más  que  limmesl 
fis  la  mujer  más  barbiana 
la  española^  á  no  dudar. 
Yo  me  he  pedido  casar 
con  una  chica  alemana. 
A  una  extranjera  belleza, 
vamos,  le  falta  el  aqueU. 
Estoy  por  el  moscatel 
y  no  quiero  la  cerveza. 
Con  mi  anuncio  han  de  venir 
á  verme  por  de  contado. 
Si  tomo  notas  y  estado, 
aseguro,  el  porvenir. 

Patronal...  (Sabiendo  al  foro.) 


FiSCENA  V 

El  mismo.— Doña  Rosa. 

Boba. 
Pbof. 

Qué  hay  que  mandar?. . . 
Ya  sabe  que  espero  gente: 
Quépase  inmediatamente; 
el  que  me  venga  á  buscar. 

Rosa. 
Pbof. 

sin  anuncios  se  le  pasa 
hasta  aquí. 

No  tendrá  queja. 
Ahí...  Si  viene  alguna  vieja 

—  la- 
que DO  estoy  en  oasm. 

Dtle  QBté  uDft  exmwa  tublgiUL 
Roñk*  Anciaou  no  qviore  vor?... 

Paor.  Yo  do  tengo  que  aprender 

nedn  de  la  Hbioria  antigua. 

8i  es  joren»  sin  más  reeado 

me  la  pasa  «leté  en  seguida. 
Sosa.  La  intención  ee  eonoekia... 

Es  usted  enamorado? 
Prof.  De  mi  el  amor  no  se  mofa, 

perdí  ya  tanta  ilusión 

que  tengo  mí  ooraión 

lo  mismo  que  una  aloaohofa. 

Y  me  gusta  el  sexo  bello, 

sin  embargo. 
Rosa.  Vaya,  yaya! 

Ptov.  Poniéndome  donde  lo  bay*    ' 

yo  no  me  quedo  sin  ello.  (Paai*  eorts.) 

(Sa»iia  eamiMBUU.) 

BOSA.  Llaman. 

Pbof.  Alguna  yisita. 

Boba.  Voy  á  ver.  No;  que  son  des. 

(AwHnándOM  al  foro.) 

Pbof.  Que  todo  sea  por  Dios 

y  por  1»  eienda  bendital 

(Yase  doAa  Sos*  y  salea  Pa«a  7  P«eo.) 

ESCENA    VI. 

El  PBOFISOB  y  PaOA,  Teitlda  de  labradora  aragoneaa  y  PaOO 
de  maeitro  de  eieaela  eon  levita  7  loa  6odoi  de  faer a. 


Paoa. 

Se  pué  pasar?  (Deipoéa  de  entrar.) 

Paoo. 

Caballero... 

Es  usted  el  Profesor... 

que  se  anunda...? 

Peof. 

Si,  sefior. 

Paoa. 

Hemos  leío  el  letrero. 

P&OF. 

Bien»  pues  se  pueden  sentar. 

Paoa. 

Gradas... 

Paoo. 

Inútil  intento. 

Prof. 

Por  qué? 

—  14  - 

PxoD.  PorqDo  8i  me  siento 

no  me  puedo  levantar. 

Prof.  Está  usted  como  un  alambre. 

P^OA.  El  pobre  está  esfalleoío... 

Prof.  Qué  es  eso...?  Tiembla  de  frío...? 

Paoa.  No  sefior,  tiembla  de  hambre. 

Pago.  Hoy  acudo  á  su  presencia 

á  facilitarle  nn  dato 
de  este  país  insensato. 
Oiga  usted,  que  habla  la  ciencia. 
En  mi  triste  senectud 
el  saber  me  da  su  palma 
y  robustezco  mi  alma 
al  calor  de  la  virtud. 
Sin  que  premien  mis  desvelos 
con  retribudión  mezquina 
yo  le  enseño  la  doctrina 
á  los  pobres  pequcñuelos. 
Les  demuestro  que  hay  un  Dios, 
regla  de  gran  interés, 
y  les  demuestro  después 
el  que  una  y  una  son  das. 
No  será  ciencia  que  asombre, 
pero  es,  aunque  elemental, 

N  la  piedra  fundamental 

del  edificio  ¿el  hombre. 
Con  tan  «anta  profesión 
mi  estado  me  desconsuela. 
Yo  soy  maestro  de  escuela 
de  un  pueblo,  allá,  de  Aragón. 
Inútil  es  mi  interés 
y  recompensa  no  espero. 
No  me  pagan,  caballero, 
desde  el  año  ochenta  y  tresl 
La  miseria  me  desploma 
y  contra  el  Gobierno  chillo. 
Si  no  me  como  un  chiquillo, 
qué  pretenderán  que  coma? 
Ayer  me  vine  muy  serio 
á  ver  al  ministro.  QuiAl 
Como  hace  calor,  está 
de  baños  el  Ministerio. 


—  15  — 

# 

Si  esa  eondaota  leeztrafia,* 
j  tíene  nn  jnioio  sensaU» 
apante  usted  oste  dato 
para  la  Historia  de  Espaftal 
Pbof.  Qaeda  el  oaso  examiDado 

(ApnnUndo  en  on  llbrlto.) 

y  doy  mi  juicio  prudente. 
El  maestro,  sobresaliente; 
y  el  ministro,  reprobado. 
Qué  nación  tan  peregrina... 
Y  usted...  (A  Paca.) 

Paca.  Otrai  yo  he  Tinfo 

oon  el  maestro,  ques  mi  tio, 
pues,  porque  soy  su  sobrina. 
Vengo  á  hablar  lo  oonveniente. 

Pbof.  usted  me  dirá,  sefiora. 

Paca.  Pues  yo  he  sío  «grioultora... 

Otra  vitima  inocente! 
Mi  padre  era  Juan  Costal, 
un  labriego  aragonés; 
y  yo  soy  su  hija,  pues, 
aunque  el  decirlo  esté  mal. 
Aragonés  de  nación, 
á  la  holganza  le  hiso  guerra, 
pues,  y  temblaba  la  tierra 
al  golpe  de  su  asadón. 
Trabajando  de  oontino, 
llegó  Tifias  á  comprar; 
y  tuyo  afios  de  encerrar 
dos  mil  cántalas  de  yino. 
Siendo  rico  agricultor... 
pobre  hiso  Dios  que  muriera... 

Pboi*.  Quét...  Le  entré  la  fiioxera... 

álasyifias? 

Paca.  Aún  peor. 

Le  entré  el  Gobierno.,  que  es  ya 

una  nueva  plaga  aquf: 

con  trataos  por  aguí 

y  trataos  por  allát 

y  con  la  tarifa  extrafia 

y  con  la  escalera  alcohálica, 

ha  perdió  la  bucólica 


&  ..     M.      .>     '. ..    , 


—  16  — 

• 

It^  «grioultura  de  Espafia. 
Otrál  que  no  hay  salvaciÓD. 
Por  cada  grano  de  trigo 
sale  un  recibo  eoen^ígo 
de  esos  de  ooDtríb'iuiÓD. 
Gomo  sigan  de  ese  modo 
el  gobierno  va  i  embargar 
hasta  el  templo  del  Pilar 
con  la  virgencioa  y  todo! 
Mi  padre  vivir  queria 
mas  la  suerte  dijo  truco. 

Peof.  No  dejó  nada? 

PáOA.  Un  trabuco 

que  pué  que  me  sirva  un  dial 
Si  es  que  el  hambre  no  mitigo 
y  se  presenta  ocasión, 
ni  Agustina  de  Aragón 
va  á  tener  quever  conmigo! 
Gomo  se  arme  una  contienda 
tomo  parte  desde  luego, 
y,  otral  que  le  pego  fuego 
al  Menisterio  de  Hacienda. 
Lo  dichol  No  se  concibe 
un  gobierno  más  ingrato! 
Gonque  ahí  tiene  usté  otro  dato 
pa  ese  libróte  que  escribe! 

Pkof.  €  Agricultura  perdida 

por  el  Reino  de  Aragón...» 

(Bioriblendo  en  nn  libro  de  memorias.) 
Paga.  y  por  toda  la  nación 

se  halla  la  ruina  extendida. 

Vaya,  no  quiero  cansar... 
Pago.  Son  preciosos  los  instantes. 

Paoi*.  Esperen  ustedes  que  antes 

los  debo  gratiácar. 
Paoo.  Tal  molestía  le  prohibo. 

Paga.  Se  agradece  la  merced, 

pero  si  se  empeña  usted, 

yo  lo  que  me  dan  recibo. 

(Bl  Profeior  les  da  na  billete.) 

Pago.  (Ginouenta  pesetas!...)  (Aparte  á  Paoa.) 

I'ACA.  (Bravol) 


—  17  — 

Taoo.  (T  esta  «n  la  primera  eeeeva...) 

PBor.  Aunque  su  estado  me  ajMiia 

JO  BUS  noticias  alabo. 
Páoo.  Si  oye  que  un  maestro  murió 

en  España  de  ayunar, 

no  tíene  que  preguntar, 

ese  maestro  soy  yo. 
Paoa.  Si  oye  que  una  agríeultora 

pierde  la  oonformidá 

y  haoe  una  barbarídá, 

ya  sabe:  una  servidora. 
Pttor.  Adiós. 

Paoo.  (Nos  lució  el  trabiuo.) 

Paoa.  Vaya,  no  hay  que  entretenerle. 

(Ahora  que  suban  á  yerle 

las  costureras  de  abajo!) 

(VftDS»  por  el  foro.) 

ESCENA  VII. 

El  PboFISOB  y  enseguida  el  GORO  DI  OOSTÜBIBAB. 

^PboF.  Pobre  Espafia:  en  lontananisa 

tiene  su  ruina  segura. 
Buena  está  la  agricultura, 
y  buena  está  la  ensefiania. 
Sus  penas  al  declarar 
el  maestro  me  enternedó. 

(Sfteft  el  pafiaelo.) 

En  un  sabio  como  yo 
está  muy  feo  el  llorar. 
Las  matemáticas  ciertas 
apagan  el  sentimiento. 

(Raido  de  voces. > 

Eh?...  Qu4  es  eso?...tJn  regimiento 
que  se  cuela  por  las  puertas. 

(Sftle  el  Coro.) 

HÜSiCa^ 

A  verle  venimos, 
aefior  profesor. 


—  18  — 

porque  ahora  salimos 
de  nuestro  obrador. 

Prot.  Por  tantas  mercedes 

las  gracias  se  dan. 
A  ]os  pies  de  ustedes» 
y  ustedes  dirán. 

Coro.  Por  lo  alegre  y  por,  lo  lista^ 

es  un  tipo  la  modista 
que  se  debe  conocer. 
Y  al  hacerle  esta  visita, 
nuestro  gremio  solicita 
que  se  fije  con  cuidado 
si  lo  quiere  cenecer. 

Cuando  por  las  calles 
vamos  á  entregar, 
moviendo  los  talles 
solemos  andar. 
Y  si  acaso  llueve 
y  un  charco  se  ve, 
todas  enseñamos 
algo  más  que  el  pie. 

(Levantándoae  an  pooo  ol  vestido.) 

PboV.  Ojalá  que  hubiera 

cien  charcos  y  cien, 
para  que  les  viera 
algo  más  que  el  pie. 

Cobo.  Pasamos  el  día 

sin  pestafiear: 
cose  que  te  cose, 
dale  que  le  das; 
y  tanto  pespunte, 
y  tanto  hilvanar, 
con  una  peseta 
nos  suelen  pagar. 

Pbot.  Pues  cosiendo  menos, 

y  sin  tanto  afán. 


—  19  — 

▼ioiéndose  á  oasa 
les  daría  más. 
Cobo.  Ay!  Mi  peoho  sospiros  tihala 

de  amargo  dolor. 
Ay!  qué  vida  tan  mala,  tan  mala, 

sefior  Profesor. 
AjI  que  el  fuego  me  abrasa  por  dentro 

y  asi  no  estoy  bien. 
Ayj  que  qniero  easarme  y  no  enenentrOi 
no  encuentro  con  quién. 

Co&O*  Si  vuelve  á  Filadelfia 

6  Tuelye  á  Nueva  Tork« 
guárdeme  usted  un  pasaje 
á  bordo  del  yapor. 
Y  si  es  qae  me  mareo 
cemo  suoederá« 
diré  en  e]  balanceo. 
Que  me  dal  Que  me  da!  Qbe  me  dal 


Pebrecitas  nifias 
que  les  da  el  mareo 
y  no  tengo  tantos  brazos, 
tantos  brazos  cual  deseo. 

Cobo.  Vamonos  á  América, 

vamonos  de  aquí, 
que  ya  ningún  hombre 
se  casa  en  Madrid, 
ni  por  lo  eclesiástico, 
.  ni  por  lo  civil. 


-\ 


Allá  en  las  costas  americanas 
á  los  milores  les  sobran  ganas 

y  sin  tardar, 
nos  echa  el  cura  las  bendiciones 
y  somos  duefias  de  diez  millones, 

si  no  son  más. 

Al  vapor 

á  embarcar 

y  mar  adentro 

á  navegarl 


—  20  — 


Peo  r. 

Vayal  Que  0OÍ8  muy  btnitas. 

Lo  digo  formal  y  franoo. 

. 

Y  lodas  ooseis?... 

Todas. 

En  blanoo. 

Psor. 

Paos  ooiie  nsted  pantaditai. 

TJvík. 

Si  algo  nos  onoarga?... 

PaoF. 

Ciólos» 

y  qué  ojos  tíonon  tan  pillos! 

Tú  hazmo  treinta  oalzonoillos. 

Y  tú  oaarenta  pafiaolos. 

Camisas  qniero  al  instante. 

Tú  haime  oohonta  do  dornur, 

y  tú,  oiento  do  vestir 

00»  chorreras  por  delante. 

Todas. 

Brayol 

Paor. 

Ya  me  he  disparado. 

A  coser  y  no  haya  apuros. 

Tomar  yeintioinoo  daros 

oomo  pago  adelantado. 

ÜKA. 

Gradas,  y  adiósl 

Psor. 

En  mi  vida 

▼i  oosa  igaal.  Yo  estoy  tontol 

Todas. 

Adiósl  (Vanse  por  el  foro  corriendo.) 

Prof; 

Ehl...  Qae  volváis  pronto 

á  tomarme  la  medidal 

ESCENA.  VIII. 

El  PaOflSOR  y  eiuagnida  Paoo,  de  ftao,  esvaoterisando 

ándalas  fino. 

Esto  merece  apuntarse 
aunque  no  es  la  cosa  extraña. 
cCostureras  en  España 
grandes  ganas  de  casarse. 
Todas  suspiran  amor 
de  gracia  y  encanto  llenas, 
y  son  baenas,  pero  buenas; 
de  una  clase  superior.» 
(Baoribiendo  en  el  libro  y  lale  Paoo.) 
Luego  sacaré  do  aquí 


an 


—  21  — 

grandef  datos.  Ya  m  ye. 

Paco.  Bstoy  á  la  ordao  de  usté 

7  perdone  que  entre  así. 
A  floatrar  su  jaido  erítieo 
▼engo... 

Pbof.  y  qoiéa  esi.. 

Pago.  Ay,  qué  lila!... 

No  oonose  por  la  fila 
que  soy  un  hombre  polítioo? 

Pbof.  Bs  de  yeras?... 

Paco.  Oomo  el  soL 

Aqoi  tieae,  al  natural, 
el  tipo  más  general 
del  politice  espaftol. 

Pbof.  Ya  le  eaoaoho  satisfeolio. 

Paco.  Bn  esta  siensia  ó  este  arte 

entra  nno  por  oaalqoier  parte, 
en  no  siendo  por  derecho. 
Soy  dlpatao  después 
de  bastantes  desengaftes 
y  de  Hoyarme  seis  afios 
chillando  por  los  o«fés. 
Había  tela  oorriente 
para  comprar  9I  turrón 
y  aseguré  mi  elección 
llamándome  independiente. 
Fui  al  Congreso,  come  digo, 
y  al  yer  tirante  la  cuerda, 
zas!  que  me  senté  en  la  iaquierda. 

Pbof,  Híxo  usted  muy  bien,  amigo* 

Paoo*  Un  día  tuye  un  encuentro 

con  mi  gente  pereíosa, 
no  conseguía  gran  cosa 
y  zasl  me  senté  en  el  centro. 
Me  ofreció  el  Gobierno  más 
que  me  ofrecían  los  míos 
y  cogiendo  los  ayíos 
me  fui  á  la  derecha... 

Pnof .  Y  zas\ 

Paco.  Aquí  ne  hay  más  opiniones 

que  la  ganansia  segura. 
Yo  en  una  legislatura 


—  22  — 

figuré  en  siete  fracsiones. 

Oon  ooDstaQsia  y  oon  vigilia 

7  QDos  poBes  naturales^ 

pesqué  treitita  oredeusialés 

y  coloqué  á  la  familia.  * 
PñúW.  Y  usted  habla? 

Paco.  Come  un  loro. 

Me  da  cuerda  el  interéii 

y  me  estoy  charlando  un  mes. 

Si  tengo  un  pico  de  oro.      ^ 

Pues  si  el  charlar  es  el  arte  '^ 

que  aquí  la  ignorancia  amengua. 

Oréame  usté,  que  sin  lengua 

no  se  va  á  ninguna  parte. 

Teniendo  buena  memoria 

y  audacia^  y  poca  aprensión. 

Pa  muestra  basta  un  botón. 

Ahí  va  un  trozo  de  oratoria. 

(Be  oolooa  tma  aiUa  delante   toMi   y  le  laoa  loa 

paños.) 

Sefiores;  la  libertad 

y  el  poder,  y  el  despotismo 

y  la  fé  y  el  servilismo 

están  en  la  humanidad. 

Todo  gana  y  tede  pierde. 

No  hay  un  color  liso  y  franco 

y  lo  que  ayer  era  blanco 

mafiana  puede  ser  verde. 

Qué  es  la  ley?  Un  fuerte  escude. 

Nada:  palo  y  tente  tieso, 

desde  la  ley  del  progreso 

hasta  la  ley  del  embudo. 

No  he  de  hablar  del  pueblo  hebreo, 

de  Abraham  ni  de  Josué 

ni  pretendo  hablaros  de 

los  hijos  del  Gebedeo. 

La  verdad  es  una  sola 

No  admite  demostración. 

]De  aquí  la  constitución 

y  la  unidad  española! 

Quien  diga  otra  cosa  miente. 

Ño  equivocarse?..  Imposible. 


—  23  — 

Aquí  no  hay  nadie  iníalibU 
mu  que  nuestro  presidente. 
|Ah,  seftoresl..  Yo  hablaría 
de  oieneia  haciendo  derroobOi 
de  por  qué  es  negra  la  noebe, 
y  por  que  es  radiante  el  día. 
Yo  hablaría  del  digesto 
y  las  leyes  más  gloriosas, 
pero  hablaros  de  esas  ooaas 
era  salirme  del  tiesto. 
No  he  de  abandonar  el  eurso 
de  mi  expresado  problema, 
ni  he  de  salirme  del  tema 
objeto  de  mi  discurso. 
Bl  tiempo,  la  eternidad, 
el  medio  ambiente  del  hombre, 
la  reputación,  el  nombre, 
el  aire,  la  inmensidad. 
Todo  sujeto  al  capricho 
está  de  la  sabia  mano. 
No  hay  invierno  sin  verano 
ni  sombra  sin  luz.  He  didio. 

(Se  slentft  y  se  limpia  el  sudor  con  el  pa&aelo.) 

Pbof.  Bs  lo  quo  mi  duda  labra: 

qué  ha  dicho, 
p^oo.  Lograr  mis  firutes 

hablando  dnco  minutos 

sin  decir  una  palabra. 
PaOF.  Adivinarlo  no  supe. 

Paco.  Es  la  política  lucha. 

Prof.  y  el  país? 

Paco.  Paga  y  escucha; 

otro  fuma  y  él  escape. 

Conque  ya  hice  mi  retrato 

al  óleo  y  de  cuerpo  entero. 
PbOF.  Yo  le  daría  dinero, 

más  de  ofenderlo  no  trato. 
Paco.  Pnes  su  cortedá  es  ociosa 

é  impropia  de  su  alta  crítica, 

una  cosa  es  la  política, 

y  el  negocio  es  otra  cosa. 

A  recompensarle  voy. 


—  2*  — 

Su  audacia  no  tiene  igaal. 
Usted  será  liberal?  (Le  da  dinero.) 
Paco.  Qoíéa  sabe  lo  que  yo  soy. 

Veleta  que  vueltas  da 
al  viento  que  la  reclama, 
sin  saber  cómo  se  llama 
ni  saber  adonde  va. 
Un  charlatán  oportuna 
que  habla  y  habla  por  los  codos. 
Soy  el  bosquejo  de  todos 
y  el  retrato  de  ninguno. 
La  conveniencia  es  el  sol 
que  me  da  calor  vital. 
Soy  la  regla  general 
del  político  espafiol. 

(Vase  por  el  foro.) 

ESCENA   IX. 

Bl  PeoFXSOB  y  Doña  BoSA,  qae  sale  foro  derecha. 

PmoF.  Abur.  Pues  es  un  trabigo... 

oir  á  esa  tarabilla. 
Bso  es  una  maquínilla 
de  hacer  frases  á  destajos. 
Apunten..*  (Bsoribiendo  en  el  libro.) 

Rosa.  Verle  desea... 

Prof.  Quién? 

J^SA.  Una  desconocida 

PROP.  Es  fea? 

BoSA.  Bien  parecida. 

Pbof.  Pues  que  pase  si  no  es  fea. 

(Vase  Bosa.) 

ESCENA  X. 

El  PboFESOR  y  Paca,  vestida  de  ^hola  pobre- 

Prof.  Es  bonital...  Qué  fortwial... 

(Sale  Paea.) 

A  los  pies  de  usted,  sefiora. 


—  26  — 

Paca.  Soy  Pepa  U  plaoobsora... 

con  más  brillo  que  nbgnna. 
Yo  planoho  bien  y  deprisa, 
y  lo  sostengo  muy  bneca, 
porque  es  cuestión  de  mufieoa 
sacar  lastre  á  una  camisa. 
Tengo  fuerza  suficiente 
y  se  lo  pruebo  al  que  quiera. 
Planoho  en  oasa,  y  planoho  fuera 
si  me  llaman  mayormente. 
Buscando  estado  seguro, 
hace  años  qae  me  casé; 
pero  del  todo,  está  usté... 
No  á  medias. 

Pbof.  Ya  me  figuro. 

Paca.  Con  enterarse,  no  hay  duda. 

No  hay  quien  responder  no  sepa; 
en  preguntando  por  Pepa 
en  la  calle  de  la  Ruda... 
Vivo  en  el  catorce. 

Prof  Sí? 

Paca.  De  frente  á  la  trapería... 

Ye  usté  la  buñolería? 

Prof.  No  señora. 

Paca.  Pues  allí 

Prof.  Me  podría  usté  explicar 

á  qué  viene  ese  relato?... 

Paco.  Pues  viene  pa  darle  un  dato 

que  le  pué  á  usté  aprovechar. 
Mi  hombre,  que  es  Pepe  Pulió 
es  un  mozo  muy  varil; 
pero  el  pobre  es  albaftil. 
Será  bruto  mi  marío! 
Siempre  haciendo  el  primo  estás, 
le  digo  y  de  tonto  pasas. 
Miá  que  estar  haciendo  casas 
pá  que  vivan  loa  demás. 
El  trabajo  qué  te  dio 
nunca?  qué  jornal  me  traes? 
Morral,  si  un  día  te  caes 
y  te  matas,  que  hago  yo? 
Con  tus  trabajos  eternos 


—  26  — 

pues  nHnoa  salir  del  paso? 

No  es  más  expuesto  á  un  fracaso 

el  andamio  que  los  cuernos? 

No  tíenes  tanta  afición 

á  los  toros,  según  cuentas? 

Pues  tira  las  herramientas 

y  coge  el  percal,  melón! 

Pá  eso  DO  serás  tan  zote, 

yete  al  terreno  á  aprender 
I  j  déjate  ya  crecer 

los  tres  pelos  del  cogote! 

Que  sale  un  bicho  valiente 

y  te  coge  de  verdá? 

Morirás  con  dinidá 

donde  te  aplauda  la  gente! 

No  es  más  noble  y  más  honrao 

morir  Heno  de  oro  y  plata, 

que  morir  como  una  rata 

por  una  viga  aplastao? 

Asi  le  hablo  con  enojo, 

y  al  ver  que  él  no  dice  ná, 

le  daba  así  una  morra 

que  le  saltaría  un  ojo, 
PlKOF.  Bien  hecho. 

Paoa.  Si  usted  le  viera: 

joven,  de  buena  figura. 

Digo,  y  con  una  estatura 

que  domina  á  cualesquiera. 

Pero  él  matar?...  Esa  es  trola. 

No  tiene  delicadeza; 

y  en  vez  de  irse  á  la  cabeza 

sigue  arrimao  á  la  cola.  I 

Ni  le  pico  ni  le  enciendo,  J 

y  gracias  á  que  el  ISefior 

me  dio  un  hijo  mataor 

de  tres  años,  que  yo  entiendo. 

Ese  hará  una  suerte  rara, 

moreníto,  ya  se  ve, 

con  dos  ojos  negros  que 

no  le  caben  en  la  cara. 

Tiene  un  aire,  y  un  salera, 

y  una  planta,  y  un  aquel, 


'-- "f  ■ 


—  27  — 

7  que  ae  llama  Bafael 
pa  que  no  sea  torero! 
No  tiene  ideas  mesqninaa. 
Ese  oon  mi  sangre  oreoe, 
7  está  desde  qae  amanece 
toreando  á  las  Tecinas. 
Aunque  tan  pequeño  es 
da  señales  de  torero. 
Ya  le  dá  el  quiebro  al  oasero 
el  día  primero  del  mes. 
En  cuanto  á  llamar  empiesa 
i  la  puerta  sale  ya 
diciendo:  No  está  mamá. 
Pues  ten  quiebro  en  la  cabeza; 
como  ya  tiene  el  chiquillo 
sus  banderillas... 

Qué  horrorl 

Paca.  Se  las  puso  al  aguador 

ayer  tarde  en  el  pasillo. 
Se  las  puso  cuarteando, 
y  al  ver  que  huía  el  gallego, 
dijo:  Dármelas  de  fuego 
que  este  bicho  salió  blando. 
Él  día  que  Rafael 
mate  en  Madrid  una  fiera 
no  hay  en  la  tabacalera 
cigarros  puros  para  él. 
El  chico  canta  en  la  mano. 
No  hay  miedo  de  que  se  pierda, 
y  tiene  una  mano  izquierda 
que  ni  el  mismo  Cayetano. 
El  es  mi  alegría  entera 
y  al  ver  su  gracia  le  grito: 
ole  mi  niño  bonito 
con  sangrecíta  torera! 

PbOF.  a  usted  no  le  infunde  miedo 

esa  taurómaca  lid? 
Quiál...  Si  yo  soy  de  Madrid 
y  del  barrio  de  Toledo! 
fin  eso  española  soy 
y  á  mí  el  toreo  me  iiania. 
Como  que  he  empeñao  la  cama 


i«. '  ^^ 


—  28  — 

por  T6r  los  toros  de  hoy . 
Sin  el  dinero  bastante, 
y  pensando  en  la  función, 
le  dije:  «coje  el  colchón, 
Pepe,  y  echa  pá  adelante.» 
Se  lidian  toros  de  fama 
y  hay  que  llevar  á  Rafael. 
Yo  eché  á  correr  detrás  de  él 
oon  las  ropas  de  la  cama. 
Foco  dan  esos  judíos,, 
pero,  en  fio,  quién  se  resiente? 
Dos  duros.  Lo  suficiente 
pa  comprar  los  dos  tendíos, 
Al  oir...  Ehl  A  la  plaza! 
quién  no  pierde  la  prudencia? 
Y  que  es  de  Beneficencia. 
Ocko  toritos  cíe  raza! 
Bichos  de  esos  que  dan  guerra, 
de  empoje  y  de  muchos  pies. 
Dos  de  Colmenar  y  tres 
de  Moruve  y  Concha  Sierra. 
Puén  darse  los  intereses 
por  las  cuadrillas,  de  fijo. 
El  Guérrita  y  Lagartijo]    • 
Yaya  un  par  de  cordobeses! 
Aunque  tenga  que  vender 
la  casa,  quién  no  va  allí? 
Por  ver  una  cosa  así, 
quién  so  deja  de  comer? 

Prof.  Nadie  puede  sospechar 

delirio  tan  insensato. 

Paga.  Pues  ahí  tiene  usted  el  dato 

que  yo  le  venía  á  dar. 

Pbof.  Es  verdad  y  se  agradece. 

c Cuernos,  afición  inmensa!» 

(Apuntando  en  el  libro.) 

Tome  usted  la  recompensa. 

Paca.  Mil  gracias. 

Prof.  No  las  merece. 

Paga.  No  hay  quien  de  este  afán  me  aparte. 

Conque  ahur,  que  me  las  guillo 
á  llevarme  á  mi  chiquillo 


—  S9  — 

i  la  aoftdamia  del  arto. 
Andando,  Pepa,  que  ya 
por  yer  la  sangrienta  lid 
irá  rodando  Madrid, 
por  la  calle  de  Aleda. 
Fiestas  que  son  nuestras  solas 
son  más  alegres  y  francas. 
Ole  las  mantillas  Maneas 
qne  llevan  las  espaflolasl 
OM  los  qne  yan  gritando: 
A  la  Plazal  A  dos  reales! 
Y  olé  los  mosos  juncales 
con  salero  toreando! 
Que  viva  con  su  alegría 
la  planeluora  de  fama 
que  sabe  empeñar  la  isama 
para  ver  una  corría! 
(Vam  eovriendo  por  el  faro.) 

ESCENA  XI. 

Bl  PBOFXSOR  7  enaegolda  BOSA  7  Las  COBISTAS. 

Pbof.  Siempre  faé  tan  loco  afiin 

causa  de  nuestros  desdoros. 
Bn  España  Pan  y  toros^  ' 

y  antes  los  toros  que  el  pan. 

CSftle  doña  Roía.) 

Ta  las  visitas  deplbro. 

Be  aquí  no  habrá  quién  me  aparte. 
Sosa.  Una  comisión  del  arte. 

Pbof,  Sí... 

Sosa.  Las  señoras  del  Coro. 

(Vase  y  salea  las  eoclafeat.  Vestlcáxi  de  ealle,  ele* 
gantes,  paca  dlferenelarse  de  lai  oostarerai.) 

MÚSICA  • 

Somos  las  coristas: 
sernos  las  artistas  . 
que  cantamos  siempre 

en  comunidad. 
Si  el  arte  se  hermana 
al  sueldo  que  gana, 


—  80  — 

pAra  dos  pesetas 
no  lo  hacemos  mal. 
£s  la  verdadl  Es  la  verdad! 
Si  se  tiene  en  cuenta  e  1  precio 
no  86  puede  pedir  más. 

Hoy  se  empeñan  los  autores 
en  sacarnos  los  colores 
con  los  trajes  que  nos  dan. 
La  cuestión  es  desnudarnos 
y  lucirnos  y  ense&arnos 
con  rubor  de  la  moral. 

FrOf.  Según  lo  que  veo, 

muy  honestas  van. 
OoBo.  Si  va  á  vernos  al  teatro 

usted  mismo  juzgará. 
Pbof.  Pues  prometo  mi  asistencia. 

OoBO.  El  rubor  es  natural 

al  salir  con  esos  trajes 

de  capricho  que  hoy  nos  dan. 
Prof.  Pues  son  trajes  de  verano 

que  me  gustan  por  demás. 

Coro.  Nos  dio  el  público  la  norma 

y  es  cuestión  de  buena  forma , 
buena  forma  nada  más. 
Presentadas  de  ese  modo 
en  el  cuerpo  estriba  todo, 
lo  de  menos  es  cantar. 

Si  hay  una  polquita 
así  movidita, 
con  el  balanceo 
se  lleva  el  compás. 
Y  la  que  es  bonita 
se  lleva  á  casita 
oon  su  contoneo 
cien  novios  detrás. 


—  31  — 

Lao...  larán...  lao...  larin... 

Ay,  qué  afáD.  Ay»  qaé  afán. 

AI  mirar  los  eaballeros 

qué  ▼«rgüenza  que  nos  dá. 
Prof.  Lau...  laráu...  lan...  larán... 

Ay,  qué  afán.  Ay,  qué  afán. 

Batas  ohioaa  son  muy  ricas, 

na  las  puedo  ni  mirar. 

Me  entusiasmáis,  sí  por  Dios 

ooristas  angelicales. 

Y  las  partes  principales? 
Paca  y  Paco.  Pues  somos  nosotros  dos. 

ESCENA  ÚLTIMA. 

Los  lOBlIOS.  Paca  y  Paco  vestidos  enau  trojQ,  oomo  en  la  pri 

mera  esoena. 


Paca, 

Artástas  de  gran  valia. 

Paco. 

El  arte  representamos, 

y  cantamos  y  bailamos, 

que  esa  es  la  moda  del  día. 

Prof. 

Cantáis  y  bailáis?... 

Paca. 

Eso  es. 

Paco. 

Con  el  público  me  voy. 

Paoa. 

Desgraciada  de  la  que  hoy 

no  redoble  con  los  piéa. 

(Dando  unas  pataitas  por  lo  flamenoo.) 

Esto  da  la  fama  toda. 

Prof. 

Y  el  drama?... 

Paco. 

Yo  le  sé  hacer. 

Lo  quiere?...  Pues  va  usté  á  ver 

lo  que  es  un  drama  de  moda. 

Asunto  oómico-sério 

realista  y  trascendental, 

con  su  problema  social 

y  sus  puntas  de  adulterio. 

La  forma  grosera  y  rara. 

■ 

Hermana  de  Clara  es  Lu2. 

amiga  de  Luis  La  Crux 

y  esposa  de  Juan  Ferrara. 

El  padre,  don  Pedro  Lista, 

—  32  — 

68  muy  formal  y  severo. 

Ottando  joven  faé  negreríf^ 

cuando  viejo,  presi'imistaf 

La  Clara  idolatra  á  Jaan^ 

y  á  la  pobre  esposa  Luz, 

la  pretende  Luis  La  Craz 

que  es  muy  gnapo  y  muy  tmhán» 

Luis  se  enciende  en  torpe  fuego; 

la  honra  de  Luz  no  decae, 

y  Francisco  lleva  y  trae 

que  es  oficio  de  gallego. 

Juan  desprecia  á  su  cufiada, 

y  con  el  alma  en  un  tris, 

sabe  que  su  amigo  Luis 

quiere  á  su  Luz  adorada. 

Habla  al  padre  de  su  honor, 

y  don  Pedro,  con  desdén, 

dice  que  Luis  hace  bien 

porque  hoy  es  libre  el  amor. 

Luz  averigua  que  Olara 

ama  á  Juan,  promueve  un  cisco, 

y  da  á  su  hermana  un  mordisco 

en  la  mitad  de  la  cara. 

Juan,  del  suegro  se  aconseja, 

busca  á  Luis  con  ciego  af4n, 

pero  Luis  le  pega  á  Juan 

un  tiro  entre  ceja  y  ceja. 

Muere  el  bueno  y  triunfa  el  malo; 

pero  indignado  don  Pedro, 

exclama...  «To  no  me  arredrol» 

y  desnuca  á  Luis  jde  un  palo. 

Grita  un  inspector:  «AtráaU 

al  don  Pedro  furibundo 

que  exclama:  cQué  importa  al  mundo 

el  que  haya  un  cadáver  más! » 

Y  mata  al  pobre  inspector, 

y  con  saña  enfurecida 

á  si  mismo  se  suicida 

murmurando:  cBsto  es  honorl 

Clara  y  Luz  la  muerte  ven 

del  padre,  y  con  ira  insana 

se  tiran  por  la  ventana 


—  33  — 

imoidándotfe  tambiio. 

JBn  esto,  llega  el  gallego 

y  acaba  el  drama  ínsensate. 

Al  gallego  üo  lo  ttiato 

imra  que  declare  laego! 
OomsTAS.       BraTO...  Bien! 
Pbof.  Jamás  oí 

escenas  tao  realistas. 
Paco.  Pues  aplauden  las  coristas, 

que  son  el  público  aquí. 
Paga.  Ño  hay  quien  el  arte  levante. 

PsoF,  T  el  drama  Urico? 

Paca.  Horrorl 

Los  escriben,  sf  señor, 

pero  ya  no  bay  quien  los  cante. 
PaOF.  T  la  comedia? 

Paga.  BI  Parnaso 

no  halla  premio  á  su  vigilia,.i^ 
Paoo.  Son  pláticas  de  familia 

de  las  que  nadie  hace  caso. 
Paca.  La  comedia  de  interés 

á  lo  extranjero  se  inmola. 
Paoo.  Las  dan  con  salsa  española, 

pero  el  guisado  es  francés. 
PftOF.  Pues  está  el  Arte  en  un  brete 

Paga,  obra  que  el  cartel  resista 

den  noches,  si  no  es  revista 

es  piasillo  ó  es  saínete. 
Pago.  Muchos  tipos. 

Paga.  Alusiones 

á  la  política  tropa. 
Paco.  Muchos  trajes. 

Paga.  Poca  ropa. 

Pago.  Y  vánte  decoraciones. 

Paga.  Los  chulos  están  hadendo 

gran  furor. 
Paí o.  Oiga  usté  el  timo. 

Paca.  TA  eres  un  lila.  (Hablando  ea  ehulo.) 

Paco.  T  tú  un  primo. 

Paca.  Yo  distingo! 
Paco.  J^ues  yo  entiendo. 

Paca.  Tú  ¡ó  que  eres  es  un  randa. 


—  34  — 

Paco.  Tira  de  hacha. 

Paca  .  Pues  comienza. 

Yo  tengo  tanta  vergüenza  r 

como  el  que  menos,  conque  anda. 

(Hacen  ademan  de  tirar  de  navajftS.) 

Paco.  Ya  estás  de  cuerpo  presente! 

Paca.  l/no  sobra  de  los  dos. 

(Las  coristas  aplauden.) 

Paco.  Voz  del  pueblo  voz  de  Dios. 

Paga.  Esto  le  gusta  á  la  gente. 

Prof.  y  el  canto? 

Paca.  Pnes  en  la  escena, 

lo  flamenco  ha  4c  privar. 

una  danza  hay  que  cantar 

si  no  cubana,  chilena. 

Eso  es  lo  que  priva  aquí. 
Pago*  Es  la  música  maestra. 

Paga.  Quiere  un  botón  para  muestra?... 

Pues  chicas,  venga  de  ahil 

Un  capataz  tenía 

una  neguita  esclava. 
Pago.  ^  Y  aunque  la  sacudía 

ella  no  taba  jaba. 
Paga.     ^^  Por  fin  la  dio  un  neguito 

compañero,  compañero. 
Pago.  A  ver  si  el  tabajito 

marchaba  más  ligero. 
Paga.  Ella  desde  aquél  día 

se  animaba,  se  animaba. 
Pago.  Y  con  la  compañía 

vaya  si  tabajaba. 
Pago  t  Paga.        A  las  más  peresosas 

la  dan  los  negos 

dulse  alegría. 

Salen  mejor  las  cosas 

cuando  se  hacen 

en  compañía. 

Por  eso  desde  entóneos 

la  pebreoita  esclava 


•  ^■' 


—  35  — 


8Í  la  dejaban  sola 

8Ín  el  neguito 

no  tabajaba. 

Tobos. 

A  las  más  perezosas,  eto. 

Paca. 

nifia  Salomé 

chaladita  está; 

cuando  al  negó  ve 

digol...  DO  te  digo  ná! 

Tobos. 

nifia  Saloma,  etc. 

Pbof. 

Paca. 

rBoi*. 

Paca. 
Paco. 
Paoa. 
Paco. 
Paca. 

Peof. 
Paca. 
Paco, 
Paca. 

Pbof. 

Paca. 

Paer. 

Los  BOS. 

Pbof. 
Paco. 
Paca. 

Prof. 

Paca. 
Paco. 


Está  bien.  Tengo  del  arte 

el  verdadero  color 

Se  olvida  usted,  Profesor... 

(Indioando  dinero.) 

Verdad.  De  recompensarte. 

(Le  da  un  billete.) 

Cinco  durosl 

Los  cincuenta. 
La  cantitad  reunimos. 
Nos  casamos. 

Nos  unimos. 
Gracias:  nos  salió  la  cuenta. 
Qué  dicen? 

Soy  xmtk  artista! 
Nada:  su  anuncio  leímos. 

Y  siendo  artistas  fingimos 
esta  especie  de  Revista. 
Engafio  piramidal. 

Y  estas  niñas  hechiceras? 
Son  las  mismas  costureras, 
vecinas  del  principal. 
Conque  fué  farsa. 

Segura. 

Y  que  siendo  yo  tan  diestro!... 
El  politico.  £1  Maestro. 

La  Pepa  y  la  agricultura. 
Con  sus  tretas  insensatas, 

me  han  reb&dol 

Tontería. 
Pe  tanto  hacer  la  Oran  Tia. 


■rr' 


—  36  — 

ten«mo8  algo  de  ratas. 
Paca.  T  oob  grama,  sí  sefior. 

Prof.  Boa  ratasl...  Ta  considero. 

Falta  uno.  Bl  raiqi  tercero, 
;Paco.  ¡Pues,  llame  usted  al  aatert 

(Múiioa  7  eat  al  telón.) 


ÍIN  DE  LA  FARSA. 

* 


DETRAS  DE  LA  CORTINA 


Esta  obra  es  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  podr&, 
sin  8U  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en  Es- 
pafia  y  sus  posesiones  de  Ultramar,  ni  en  los  países 
con  los  cuales  haya  celebrados  ó  se  celebren  en  ade- 
lante tratados  internacionales  de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Administración  Lirico-dra- 
mática  de  DON  EDUARDO  HIDALGO,  son  los  encar- 
gados exclusivamente  de  conceder  ó  negar  el  permiso 
de  representación  y  del  cobro  de  los  derechos  de  pro- 
piedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


mki  DE  Lt  mm 


JUGUETE  CÓMICO 


EN  UN  ACTO  Y  EN  VERSO 


ORIGINAL  DE 


FRANCISCO  FLORES  GARCÍA 


Estrenado  en  el  TEATRO  LARA,  de  Madrid,  el  3  de 

Noviembre  de  1891 


-ií^^í»  m^^^i* — 


■<> 


MADRID 

ft.  VELASCO,  IMPRESOR,  RUBIO,  20 

1801 


REPARTO 

FEBS0NAJE3  ACTOBES 

ESPERAl^ZA Sha.    Rodríguez. 

POLITA Valverde. 

DON  PASCUAL Sr.      Rubio. 

ANDRÉS Ruiz  de  Abana, 

ISIDORO Ramírez. 

ANTONIO Capilla. 


^W^V^'^^r^^^^^l^^^^^' 


La  acción  en  Madrid,  época  actual 


Derecha  é  izquierda,  la  del  actor 


'■  kCTO  ÚNICO 


^^^r^^/%*s^^>^^ 


Gabinete  rico  y  elegante.'- Puertas  laterales  y  una  en  el  centro  del 
foro.— Un  sofá  pequeño  á  la  izquierda,  y  Junto  al  mismo  un  rela- 
dor  con  timbre,  libros,  periódicos  y  recado  de  escribir. 


ESCENA  PRIMERA 

ESPERANZA,  POLITA,   ANDRÉS   y  DON   PASCUAL 

And.  Vaya;  yo  les  dejo  á  ustedes, 

si  otra  cosa  no  me  mandan. 

Es  ya  muy  tarde,  y  me  voy 

á  la  oñoina. 
Esp.  ¿Te  marchas? 

PoL.  Espera  un  poco,  Andresito. 

La  ocasión  la  pintan  calva, 

y  es  ocasión... 
And.  (Ha  llegado 

el  momento  que  esperaba.'^ 
PoL.  Siéntate. 

And.  Vuelvo  á  sentarme. 

(Hay  que  proceder  con  calma.) 
PoL.  Tenemos  que  hablar  de  asuntos 

de  la  mayor  importancia. 

Sé  que  vas  á  sorprenderte. 
And.  ¿Sorprenderme?  Usted  se  engaña. 

Sé  lo  que  va  usté  á  decirme. 
PoL.  Si  á  nadie  he  dicho  palabra 


—  6  — 

del  asunto,  ¿cómo  sabes 
de  lo  que  trato? 
And.  usted  trata 

de  buscarme  un  sustituto 
en  el  amor  de  Esperanza. 

EsP.  Eso  es  imposible.  (Se  levanta.) 

PoL.  ¡Niña! 

PaS.  ¡Yo  no  lo  permito!  (Se  levanta.) 

And.  ¿Estaba 

^n  lo  cierto? 
Pas.  ¿a  qué  obedece?... 

Esp.  Yo  quiero  saber  la  causa... 

PoL.  Siéntense  ustedes,  ó  hago 

una  que  sea  sonada,  (se  sientan.) 
And.  ¿Qué  tal?  ¿Estaba  en  lo  cierto? 

¿Di  en  el  hilo  de  la  trama? 
PoL.  Sí,  Andrés;  tienes  un  olfato 

de  nariz  privilegiada. 
Esp.  ¿Por  qué  quieres  realizar 

tan  insólita,  mudanza? 
PoL.  Silencio.  Al  que  me  interrumpa 

lo  voy  á  echar  de  la  sala. 

A  mí  no  me  tose  nadie. 
Esp.  Voy  á  estar  muy  constipada. 

Pas.  Yo  también.  Y  toseremos 

cuanto  nos  diere  la  gana. 
PoL.  Yo  os  haré  sudar. 

And.  Señores: 

moderación  y  templanza. 

A  mí,  aunque  me  afecta  el  caso, 

quiero  tratarlo  con  calma. 

Pas.  (Aparte  á  Esperanza.) 

({Este  hombre  no  tiene  sangrel) 
Esp.  (¡O  tiene  sangre  de  horchatel) 

(vuelven  á  sentarse  todos  y  Politar  toca  Tin  timbre.) 


ESCENA  n 

DICHOS.  ANTONIO  por  el  foro  derecha 

PoL.  Si  viene  algún  posma,  de  esos 

que  vienen  á  dar  la  lata, 
le  dices  que  hemos  salido. 


—  7  — 


Ant. 

Eetá  bien,  (ifedio  mutur.) 

POL. 

Oye;  que  aún  falta. 

And. 

(Rápidamente.) 

Esa  consigna  no  reza 

con  don  Isidoro. 

Pas. 

(|Cá«pital) 

And. 

En  el  momento  en  que  llegue, 

pasa  recado. 

POL. 

{Me  pasma 
tu  penetraciónl— Ya  lo  oyes. 
Se  nará  como  usted  lo  manda. 

Ant. 

(Vaae  Antonio  por  el  foro.) 

ESCENA  m 

DICHOS,  menos  ANTONIO 

PoL.  Libre  ya  de  interrupciones, 

al  asunto. 
Esp.  (¡Estoy  en  ascuasl) 

PoL.  Mi  marido,  aquí  presente, 

ha  sido  tan  papanatas, 

(Movimiento  de  disgusto  en  Pascual.) 

que,  habiendo  ocupado  en  tiempos 
las  posiciones  más  altas, 

Len  las  cuales  ha  podido 
icer...  lo  que  otros,  se  halla 
pobre,  viejo  y  jubilado... 
y  sin  servir  para  nada. 

Pas.  (Paula!...  ¡Decir  que  no  sirvo 

ya  es  el  colmo! 

PoL.  Vamos,  calla 

y  no  interrumpas.  Sabiendo 
que  en  la  clase  burocrática 
aquel  que  es  escrupuloso 
nunca  llega  á  tener  blanca, 
no  me  conviene  que  Andrés, 
hombre  de  la  misma  laya, 
quiero  decir,  empleado, 
y,  al  parecer,  con  las  rancias 
costumbres  de  mi  marido, 
entre  en  mi  familia. 

Pas.  ¡Paula! 


—.8  — 

PoL.  Polita.  Sabes  de  antiguo 

que  así  es  como  se  me  llama. 
Pas.  Bueno,  bien;  Paula,.,  ó  Polita: 

bí  de  ese  modo  pensabas, 

¿por  qué  has  aceptado  antes 

al  hombre  que  ahora  rechazas? 
PoL.  Porque...  no  había  otra  cosa, 

y  á  falta  de  pan... 
And.  ¡Me  encanta 

esa  franquezal... 
Pas.  ¿y  ya  tienes 

el  yerno  que  te  hace  falta? 
And.  Tiene  á  Isidoro,  (ponderando  mucho.) 

Pas.  ¿Es  posible? 

And.  .Positivo. 

PoL.  Veo  que  estabas 

perfectamente  enterado 

de  mi  pensamiento. 
And.  jAnda!... 

Me  la  sé  á  usted  de  memoria ; 

y  sé  cómo  usted  las  gasta. 
Esp,  (¡Esto  me  parece  un  sueño!) 

PoL.  (Con  cierta  cortedad.) 

¿De  modo...  que...  no  te  enfadas? 

And.  ¿Enfadarme?  ¡Buena  es  esa! 

Pas.  (¡El  chico  es  de  buena  pasta!) 

And.  Yo  me  pongo  en  la  razón. 

Ese  rival  me  aventajo.... 
por  sus  medios  de  fortuna. 

PoL.  ¿Luego,  te  consta? 

And.  a  mí,  nada. 

Sé  que  es  rico,  porque  él  mismo 
lo  ha  dicho.  Yo  lo  ignoraba. 

PoL.  Pero,  ¿no  es  amigo  tuyo? 

And.  Sí;  desde  fecha  muy  larga. 

Estudió  latín  conmigo, 
juntos  fuimos  á  las  aulas... 

PoL.  (Ayl  ^'También  sabe  latín! 

Pas.  ¡Qué  felicidad! 

Esp.         .  ¡Qué  ganga! 

And.  Después  le  perdí  de  vista. 

Sé  que  se  ausentó  de  España 
y  que  estuvo  por  América... 

PoL.  Y  ha  estado  en  París  de  Francia, 


—  9  — 

en  Buda-Pesth,  en  San  Fete^ 

Burgos,,. 
Pas.  (Y  en  Guadalajara.) 

PoL.  Es  un  hombre  muy  corrido... 

y  muy  viajado,.,  y  muy... 
Pas.  BaBta. 

And.  Desde  que  le  encontré  aquí, 

me  dije:  «este  me  desbanca...» 

Y  me  di  por  desbancado. 
Esp.  (iQué  humillación!) 

Pas.  (Es  un  mandria.) 

And.         *  Para  allananarle  el  camino, 

hasta  he  mentido. 
Esp.  (¡Qué  farsa!) 

And.  Al  preguntarme  Isidoro, 

con  cierta  desconfianza, 

si  me  gustaba  esta  joven, 

dije  que  no  me  gustaba. 
Pas.  jHombrel...  [Eso  de  no  gustarte!... 

Esp.  Dijo  bien.  Las  cosas  claras. 

And.  Hasta,  para  precaver 

su  más  leve  suspicacia, 

le  he  dicho  que  soy  casado 

y  que  tengo  un  chico. 
Pas.  ¡Cascaras! 

And.  Que  ustedes  son...  cualquier  cosa; 

y  que  visito  esta  casa 

como  agente  de  negocios 

y  para  asuntos  de  banca. 
PoL.  ¿De  banca  has  dicho?  Muy  bien. 

Pas.  Muy  mal.  Y  no  se  me  alcanza 

por  qué  la  banca  has  nombrado. 
And.  Por  aquello  de:  «otro  talla.» 

PoL.  Andrés;  te  has  portado  como 

un  caballero  sin  tacha. 
Pas.  y  sin  miedo. 

Esp.  (Y  sin  vergüenza.) 

And.  En  obsequio  de  una  dama... 

PoL,  iQué  lástima  que  no  seas 

rico! 
And.  Pues  á  mí  me  halaga 

ser  pobre,  que  así  he  podido 

en  este  caso  agradarla. 
PoL.  Creo  que  tienes  talento. 


s 


—  10  — 
And.  Creo  lo  mismo. 

EsP.  (Levantándose.)       Dos  palabras. 

Todo  esto  es  muy  fin  de  siglo. 

Según  moda  üteraria, 

hoy  suele  llamarse  ^n 

de  siglo  á  la  extravagancia. 

E&  fin  de  siglo,  repito, 

respecto  de  Andrés,  que  pasa» 

ó  intenta  pasar  ahora, 
)or  las  envidiables  auras 
le  la  originaHdad, 

fruta  que  anda  muy  escasa 

en  los  tiempos  que  corremos. 

Esto  de  dar  calabazas 

el  novio  á  la  novia,  tiene 

desde  luego  mucha  gracia; 

debe  llevarse  al  teatro 

con  su  poco  de  mostaza, 

y  es  de  lo  más^n  de  siglo 

que  cabe  en  cabeza  humana. 

Lo  acepto,  y  paso  de  largo 

á  cosas  de  más  sustancia. 

Tú  apareces,  madre  mía, 

enteramente  atrasada. 

Este  es^n,  tú  eres  principio; 

y  en  medio  de  los  dos  falta 

algo  que  yo  he  de  poner 

sin  miedo  y  sin  arrogancia. 

Eso  de  concertar  bodas 

como  antes  se  concertaban, 

sin  tomanse  Ja  molestia 

de  oir  á  la  interesada, 

es  absurdo,  y  no  transijo 

con  semejante  antigualla. 
PoL.  ¡Niñal... 

Esp.  No  quiero  á  Isidoro. 

Pas.  Muy  bien  dicho. 

PoL.  Aquí,  ¿quién  manda? 

Esp.  En  mis  sentimientos,  yo. 

Pas.  Justo;  y  yo  mando  en  mi  casa, 

y  en  mi  mujer,  y  en  mis  hijos... 

V  ahora  ordeno... 

PoL.  (Gritando.)  TÚ  te  CallftS. 

Pas.  ¡Polita!... 


I 


—  it  — 

PoL.  ^Cómo  se  entiende?... 

Pas.  (Esta  mtijer  me  avasalla.) 

And.  (Bi^o  7  lApido  á  Esperansa.) 

^Hablaremos.  Tengo  un  plan.) 

PoL.  (moj  enyalentonada.) 

¿Quién  se  me  opone?  ¿Quién  aka 

el  dedo? 
And.  Nadie  se  atreve. 

Esp.  Yo  he  dicho... 

Akd.  (Aparte  á  Siperanxa.) 

(Calla  7  aguarda.) 


ESCENA  IV 

DICHOS  y  ANTONIO  por  el  foro  derecha 

►  Ant.  Don  Isidoro  González. 

PoL.  Espera  un  momento.  ^A  Esperanza.) 

Calma 
la  agitación  de  tus  nervios 
'  y  la  expresión  de  tu  cara. 

Esp.  Si  estoy...  tranquila. 

FoL.  (a  Antonio.)  Que  pase. 

And.  (Aquí  de  toda  mi  audacia.) 

ESCENA  V 

BICHOS,  IsmORO  por  el  foro  dezeehA 

Ibid.  ¿Se  puede  posar? 

PoL.  Avanti. 

IsiD.  ¿Qué  tal  va? 

PoL.  Cosí.,,  cosí. 

Pas.  (¿Cosiendo?)  (Aparte  á  Pollta.) 

PoL.  (a  Paacnai.)      (Para  que  él  vea 

eme  yo  también  sé  latín.) 
Isro.  ¿Y  usted,  mi  bella  Esperanza? 

£SP.  (Ásperamente  y  retirando  la  mano.) 

Muy  bien;  gracias. 
IsiD.  (jMe  lucí!) 

Poi«»  (¡Esta  muchacha  es  atrozl) 


^  42  — 

IsiD.  ¿Y  don  Pascual? 

Pas.  Tan  gentil. 

PoL.       '     (iSí;  gentil  de  casa  y  boca,) 

IsiD.  Choca,  Andrés. 

And.  Venga  de  ahí.  • 

(Con  él  tengo  que  chocar 

por  fuerza  al  cabo  y  al  fin...) 
Pas.  Sentémonos. 

(Esperanza  cambia  de  sitio  para  evitar  que  Isidoro  se 
siente  á  su  lado.) 

PoL.  (Esta  niña 

me  está  dando  que  sentir.) 

(Se  sientan  todos.) 

Isro.  Andrés...  ¿qué  tal  la  señora? 

And.  Pasando. 

IsiD.  ¿Y  el  chiquitín? 

And.  Pasando...  también.  (Pasando 

por  un  estado  civil 

que  no  es  el  suyo.) 
Isid.  ¡Te  envidio! 

Pas.  (Por  su  aplomo  en  el  mentir.) 

And.  jLos  chicos!  ¡Ah!  ¡Cuánto  cuestan! 

Isid.  ¿Y  ese  tuyo?... 

And.  (Burlándose.)        ¡El  infeliz 

ahora  está  echando  los  dientes! 

(¡Y  yo  las  muelas!) 
Isid  .  En  fin, 

tu  estado  es  el  más  perfecto. 
And.  (Y  el  más  barato  que  vi.) 

Isid.  (Mirando  amorosamente  a  Esperanza.) 

Como  yo  pueda,  muy  pronto 

ingresaré  en  tu  redil. 
And.  Lo  de  rcdiZ...  aplicado 

al  marido... 
Isid.  Es  un  decir. 

El  hombre,  solo,  se  aburre. 
Esp.  (Y  quiere  aburrirme  á  mí.) 

Isid.  En  llegando  á  cierta  edad 

hay  que  doblar  la  cerviz 

y  entregarse,  sobre  todo, 

cuando  se  puede  vivir 

con  ciertas  comodidades. . . 

y  con  ciertos  lujos...  y... 
PoL.  Está  entendido.  (¿Le  escuchas?) 


—  43  - 

Pas.  (i Ya  lo  creo!) 

And.  ¡Hombre  felizl 

PoL.  Si  ayer  no  le  entendí  mal, 

iba  usted  hoy  á  venir 
á  tratar...  no  sé  que  asunto... 

IsiD.  Sí...  pero... 

Pas.  (Aparte  á  PoUta.) 

(No  seas  cerril.) 
PoL.  Pasaremos  al  despacho 

de  mi  marido;  y  allí...  (Aparte  á  Pascuala 

(No  hay  que  dejar  que  se  enfríe.) 
Pas.  (¡Qué  mujer  más  incivil!) 

PoL.  (Dirigiéndose  á  Andrea.) 

¿No  lias  dicho  que  te  querías 
marchar? 

And.  (Sorprendido.) 

¿Yo? 
Pas.  ¡Cómo!... 

And.  Sí...  sí. 

PoL.  Pues  no  quiero  detenerte. 

Pas.  (¡Qué  modo  de  despedir 

á  las  gentes!) 
And.  Sí...  me  voy... 

IsiD.  ¿Por  qué  no  esperas  aquí? 

10  salgo  pronto.  (Bajo  á  Andrés.) 

(Tenemos 
que  hablar.) 
And.  Tengo  que  escribir 

algunas  cartas  urgentes 
á...  banqueros  de  París. 

(Bajo  y  rápido  á  Isidoro.) 

(En  el  Suizo  á  las  dos.) 

(Dando  la  mano  á  Polita.) 

Estoy  á  sus  pies. 
PoL.  Mersí. 

And.  Don  Pascual...  (Dándole  la  mano.) 

Pas.  ^       Hasta  la  vista. 

And.  (Bajo  y  rápido  á  Pascual.) 

(Muy  pronto  he  de  descubrir 
algo  que  á  usted  le  interesa.) 
Señorita...  (¡Estoy  febril!)  (vasc  foro  derecha.) 

PoL.  Tú  esperas  aquí  un  momento. 

EsP.  (Quieren  tratarlo  sin  mí.) 

Si  te  es  igual  en  mi  cuarto... 


—  44  — 

PoL.  Es  lo  mismo. 

Esp.  Adiós. 

IsiD.  jQue  spritf 

(Vase  Esperanza  por  la  primera  izquierda.) 


ESCENA  VI 

DICHOS,  menos  ESPERANZA  y  ANDRÉS 

PoL.  IjO  del  sprit  es  de  familia. 

Pas.  Cierto. 

IsiD .  Esa  niña  gentil. . . 

parece  triste... 
Pas.  y  lo  está. 

PoL.  No  es  tristeza.  La  infeliz 

se  encuentra  ruborizada. 

Sabe  que  va  usté  á  pedir 

su  mano...  y  le  davegüenza. 
Pas.  (jQué  descaro!) 

PoL.  Yo  no  fui 

nunca  vergonzosa. 
Pas.  ¡Paula! 

PoL.  Polita.  (a  Isidoro.)  ¿Vamos? 

IsiD.  (Por  fin.) 

(Vanse  los  tres  primera  derecha.  Queda  la  escena  sola 
un  momento,  pasado  el  cual  asoman  la  cabeza  res- 
pectivamente, Esperanza  por  la  primera  izquierda  y 
Andrés  por  el  foro  derecha.) 


ESCENA   VII 

ESPERANZA   y   ANDRÉS 

Akd.  ¿Estás  sola? 

Esp.  Sola  estoy. 

(Ambos  entran  en  escena.) 

And.  Entonces  voy  á  explicarte 

mi  plan. 

Esp.  Puedes  excusarte 

de  ese  trabajo..  No  doy 
importancia  á  lo  ocm-rido, 


—  45  — 

y  únicamente  lo  siento 
por  ti. 

And,  Escúchame  un  momento. 

Esp.  ¿Para  qué?  Hemos  concluido. 

And.  OTa  me  esperaba  esta  gresca.) 

Si  no  quieres  escucharme, 
¿por  qué  has  salido  á  buscarme? 

Esp.  rara  decirte  una  fresca. 

And.  Deja  ese  fiero  arrechucho. 

Mis  propósitos  son  buenos. 
A  un  grillo,  que  vale  menos 
que  yo,  se  le  oye. 

Esp.  le  escucho. 

And.  El  asunto  es  muy  sencillo,  (inquieto.) 

¿Oirán  la  conversación? 

Esp.  Si  están  en  la  habitación 

que  hay  al  final  del  pasillo. 

And.  Quiero,  para  la  jugada 

que  hace  días  discurrí, 
que  á  todo  digas  que  sí 
y  no  te  opongas  á  nada. 

Esp.  ¿Accedo  á  todo?  ¿No  hay  mal 

en  ser  tan  condescendiente? 

And.  No  á  todo,  precisamente; 

no  seas  tan  materitü. 

Esp.  Pero,  con  tal  sumisión, 

¿qué  podremos  conseguir? 

And.  Ganar  tiempo  y  ver  venir 

los  sucesos.  Mi  intención 
es  que  él  esté  satisfecho 
de  este  su  mejor  amigo, 
que  sea  franco  conmigo 
y  me  descubra  su  pecho. 
Cuando  muchaclio  tenía, 
por  norma  la  indiscreción; 
es  de  fácil  condición 
y  expansivo  en  demasía. 

Esp.  Muy  bien.  ¿Y  si  en  su  franqueza 

no  hallas  nada  censurable? 
And.  Pues...  dejo  de  ser  amable 

y  le  rompo  la  cabeza. 
Si  tras  de  estos  intervalos 
de  intriga  y  de  sumisión 
no  realizo  mi  intención, 


—  i6  — 

arreglo  el  asunto  á  palos. 
Esp.  ¿Y  si  al  dar  con  su  impostura 

estoy  ya  comprometida? 
And.  Es  muy  fácil  la  salida. 

Esp.  ¿Procedes  á  otra  rotura 

de  tu  rival?  Si  eso  vale, 

la  victoria  es  para  tí; 

pero  al  proceder  asi 

arriesgamos  mucho. 
And.  jDále 

bola!  Trastorna  mi  juicio 

la  resistencia  que  ofreces. 
Esp.  Cálmate,  Andrés,  que  pareces 

un  marido  en  ejercicio. 

Yo  te  quiero  secundar; 

pero  si  tu  plan  fracasa... 
And.  ¡Le  pego  fuego  á  la  pasa!... 

Esp.  jNo;  que  me  voy  á  quemarl... 

And.  Yo  estoy  ya  frito  y  quemado 

con  tantas  observaciones. 

Tengo  fundadas  razones 

para  el  plan  que  me  be  trazado. 

Tu  madre  está  deslumbrada 

con  el  nuevo  pretendiente 

y  una  oposición  de  frente 

no  serviría  de  nada. 
Esp.  En  fin;  ya  está  convenido. 

Yo  haré  todo  lo  que  pueda. 
And.  Suceda  lo  que  suceda, 

yo  habré  de  ser  tu  marido. 
Esp.  Repíteme  que  me  quieres 

después  de  ese  alarde  fiero. 
And.  Sí;  te  quiero  y  te  prefiero 

entre  todas  las  mujeres. 
Esp.  Vaya;  esto  es  ya  otra  cosa. 

And.  Tú  eres  mi  dicha,  mi  bien 

y  mi  cielo. 
Esp.  Tú  mi  edén. 

And.  Mona. 

Esp.  Mono. 

And.  ¡Deliciosa! 

Esp.  Nada;  ya  es  cosa  resuelta. 

And.  Me  voy.  Pudieran  venir 

y  mis  planes  destruir. 


► 


—  17  -. 

Esp.  Adiós,  vida. 

And.  Hasta  la  vuelta. 

(Le  dft  un  beso  en  la  mano  y  se  va  por  el  foro  dere- 
cha. En  el  instante  de  sonar  el  beso,  Pascual  y  Pollta 
por  la  primera  derecha.) 

ESCENA  Vni 

ESPERANZA,  POLITA  y  PASCUAL 

Pas.  iCaracoles! 

PoL.  ¡Eh!  ¿Qué  es  eso? 

Pas.  Nada.  ¿Estás  sola,  hija  mia? 

Esp.  Sí. 

PoL.  ¿No  lo  ves? 

Pas.  (Juraría 

que  oí  el  chasquido  de  un  beso.) 
PoL.        '    Parece  que  estás  tocado. 

Te  distraes  con  frecuencia. 
Pas.  (Casi  tengo  la  evidencia. 

¿En  dónde  se  lo  habrán  dado?) 
PoL.  Cuando  acabe  con  tu  padre, 

contigo  he  de  principiar. 

No  te  vayas. 
Esp.  Está  bien. 

(Se  sienta  Junto  al  velador  y  hojea  un  periódico  de 
modas,  sin  prestr.r  atención  al  diálogo.) 

PoL.  (¡Qué  tono!) 

Pas.  (¡Qué  sequedad!) 

PoL.  Mientras  que  Isidoro  acaba 

de  escribir  á  su  papá 

pidiéndole  los  papeles, 

concertemos  nuestro  plan. 

Tenemos  que  dar  un  té 

y  un  baile  de  sociedad, 

como  anuncios  oficiales 

de  la  boda. 
Pas.  Pero,  ¿estás 

loca?  Eso  cuesta  muy  caro 

y  no  tenemos  un  real. 
PoL.  De  sobra  lo  sé.  Por  eso 

te  hablo  del  caso.  A  contar 

con  lo  necesario,  nada 

te  hubiera  dicho. 


—  48  — 

Pas.  (Es  verdad,) 

PoL.  Vas  á  llegarte  en  seguida 

á  casa  de  Sandoval. 
Pas.  ¿De  Ezequiel? 

PoL.  Del  mismo. 

Pas.  Es  que... 

PoL.  No  me  repliques. 

Pas.  Bien. 

PoL.  Vas 

y  le  pides  diez  mil  reales... 

y  te  ofreces  á  pagar 

con  mi  renta...  y  en  tres  plazos. 
Pas.  Si  tu  renta.,  cuando  más, 

asciende  á  unos  tres  mil  reales, 

difíciles  de  cobrar, 

y  hay  ya  varias  hipotecas 

afectas  al  capital. 
PoL.  Bien;  ¿y  eso  qué  importa? 

Pas.  Nada. 

Pues...  que  vamos  á  tardar 

en  solventar  esa  deuda 

una  ciuisi  eternidad. 
PoL.  Por  eso  digo  en  tres  plazos. 

Pas.  ¡Tarde,  mal  y  nunca!  jYal 

No  lo  consiento. 
PoL.  Yo  sí. 

Pas.  (Polital...  (Escandallsado.) 

PoL,  Déjame  en  paz. 

Vete  ahora  mismo. 
Pas.  ¿Tan  pronto? 

PoL.  Sí;  no  quiero  demorar... 

Pas.  Bueno,  voy.  (Que  si  no  voy 

esta  mujer  es  capaz 

de  cualquier  cosa.)  Hasta  luego. 
PoL.  Te  espero  con  ansiedad. 

(Vase  Pascoal  foro  derecha.) 

ESCENA  IX 

ESPERANZA  y  POLITA 
POL.  (Qnitando  el  periódico  á  Esperansa.) 

Supongo  que  habrás  oído... 
Esp.  Nada. 


—  49  — 

PoL.  Escucha  y  lo  sabrás. 

(Me  parece  que  esta  niña 
es  muy  dura  de  pelar.) 

(En  tono  de  autoridad.) 

Está  acordada  tu  boda 

en  principio. 
Ksp.  No  está  mal. 

PoL.  Con  Isidoro. 

Esp.  Muy  bien. 

PoL  Y  á  la  mayor  brevedad. 

(Pansa  corta.  Transición.) 

¿Qué  dices? 
£sp.  Que  á  mi  me  toca 

obedecer  v  callar. 

POL.  ¿Oí  bien?  (Asombrada  ) 

Esp.  Perfectamente. 

PoL.  De  modo...  que... 

Esp.  Que  no  hay  más. 

PoL.  Esto  me  asombra,  después 

de  aquella  genialidad... 
Esp.  Ya  lo  he  pensado  mejor 

y  de  sabios  es  mudar 

de  consejo;  y  como  tú 

quieres  mi  felicidad... 

PoL.  (En  un  arranque  de  súbita  ternura.) 

¡Ven  á  mis  brazos!  {Con  esto 
me  acabas  de  conquistar!... 
¿De  modo,  que  cuando  él  salga 
y  explore  tu  voluntad?... 

Esp.  Ha  de  quedar  satisfecho. 

PoL.  jQué  cambio  tan  radical! 

lAhl  iQué  idea  se  me  ocurre! 

Ya  sé  quién  te  ha  hecho  cambiar. 

Andrés,  ¿eh? 

Esp.  Lo  has  acertado. 

PoL,  Si  la  que  á  mí  se  me  va... 

¡Qué  muchacho  tan  juiciosol 
¡Si  tuviera  el  capital 
del  otro!...  Pero  no  hablemos 
de  eso.  Te  voy  á  dejar, 
porque  creo  que  se  acerca 

Isidoro,  (volviendo  á  abrazarla.) 

Adiós...  imán. 
Tienes  un  sentido  práctico 


—  so- 
que no  tuvo  tu  mamá; 
y  te  has  hecho  de  sentido 
con  mucha  oportunidad. 

(La  abraza  nuevamente,   la  besa  y  vase   primera  i%- 
quierda.) 


ESCENA  X 

ESPERANZA,  y  en  seguida  ISIDORO,  primera  derecha 

Esp.  A  ello  me  he  comprometido 

y  afronto  la  situación. 

IsiD.  ¿Sola?  (Sale  guardándose  una  carta.) 

Esp.  Sola. 

Isro.  (Es  la  ocasión.) 

iQué  buena  suerte  he  tenidol 

Siéntese. 
Esp.  Me  sentaré, 

si  usted  quiere,  sin  protesta. 
IsiD.  Yo...  porque  no  esté  molesta... 

Esp.  Muchas  gracias. 

Isro.  No  hay  de  qué. 

(Se  sientan.  Pausa  conTeulente.) 

Su  benevolencia  invoco. 
Esp.  Se  la  doy  por  de  contado. 

IsiD.  Sus  padres  me  han  otorgado... 

Esp.  Sí;  lo  he  sabido  hace  poco. 

IsiD.  Pues  nos  vamos  á  casar... 

Esp.  (¡Este  hombre  no  pierde  ripio!) 

IsiD.  Empiezo  por  el  principio. 

A  mí  me  gusta  abreviar. 

Dejemos  de  hacer  el  bú 

como  lo  hace  mucha  gente. 
'  A  esta  altura,  es  conveniente... 

(Con  cierta  timidez.) 

que  nos  hablemos  de  tú. 
Esp.  ¿Es  conveniente?  ¿De  veras? 

IsiD.  Y  natural...  Yo  supongo... 

Esp.  Pues  tampoco  á  eso  me  opongo; 

empieza  tú  cuando  quieras. 

IsiD.  (Algo  desconcertado.) 

Tiene  usté  una  ingenuidad... 
que... 


—  24  — 

Esp.  La  que  el  caso  reclama. 

Yo  soy  muy  dócil. 
Ism.  (i Me  escama 

con  tanta  docilidad!) 

BiSP.  (Con  candor  infantil.) 

A  mi  no  me  satisface 

que  te  me  hayan  designado; 

pero  mamá  lo  ha  mandado... 

y  ella  sabrá  lo  que  se  hace. 
Ism.  jQué  confesión!  (Esto  va 

como  una  seda.)  De  modo, 

que...  usted... 
Esp.  Yo  paso  por  todo 

porque  lo  ordena  mamá. 

rero  me  pides  que  venza 

lo  grave  del  tratamiento 
.    jy  aún  sigue  tu  miramiento? 

¡Habla  de  tú...  sin  vergüenza!... 

Si  ya  todo  está  acordado 

y  todo  está  definido, 

debes  de  ser  atrevido 

y  francote...  y  descarado. 
Ism.  iMe  enamora  tu  franqueza! 

Esp.  Hija  es  de  mi  buen  deseo. 

Yo  soy  asi. 
Ism.  Ya  lo  veo. 

(¡Es  tonta  de  la  cabeza!) 

¿Conque,  hablando  en  puridad, 

tú  vas  á  ser  mi  mujer 

sólo  para  obedecer 

á  tu  madre? 
Esp.  Es  la  verdad. 

Ism.  Dime  también  con  la  misma 

franqueza,  y  sin  que  te  asombre 

mi  pregunta:  ¿hay  algún  hombre 

aue  mires  bajo  otro  prisma? 
o  entiendo... 
Ism.  Quiero  decir 

8i  amas  á  alguno. 
Esp.  ¿Quién?  ¿Yo? 

Ni  nadie  lo  pretendió, 
ni  sé  qué  cosa  es  sentir. 
Ism.  Siempre  es  un  consuelo.  ((Está 

en  el  limbo  este  angelito!) 


—  22  — 

Esp.  En  punto  á  amor,  me  limito 

á  lo  que  ordene  mamá. 

Isro.  ¿Y  si  tu  alma  se  complace 

en  otros  amores? 

Esp.  jAndal 

Yo  me  atengo  á  lo  que  manda; 
y  ella  sabrá  lo  que  se  hace. 

Ism.  ¿Tu  corazón  no  ha  latido 

de  amor  al  dulce  embeleso? 

Esp.  jEl  corazónl  ¿Y  qué  es  eso? 

IsiD.  (|ün  inconveniente!)  El  nido 

de  toda  humana  pasión 
y  el  centro  de  toda  fe. 

Esp.  Pues,  francamente,  no  sé 

qué  cosa  es  el  corazón. 
Pero  si  es  como  lo  pinta 
tu  deseo,  en  mi  sentir 
te  has  debido  conducir 
de  una  manera  distinta... 
y  explorar  mi  inclinación 
antes  que  la  de  mamá. 

Ism.  (Como  tonta,  lo  será, 

pero  me  dá  una  lección.) 
Ciertamente...  yo  he  debido... 

Esp.  El  sistema  que  prefieres 

es  el  mejor,  y  tú  eres 
cortado  para  marido. 

Ism.  ¿Cortado? 

Esp.  Y  predestinado.,, 

para  una  lucha  suprema. 

Ism.  ¡Gracias!  (¡Es  flojo  el  problema 

que  queda  aquí  planteado!) 

Esp.  De  que  piense  de  este  modo 

debes  dar  gracias  á  Dios, 
q.ue,  siendo  asi,  entre  los  dos 
muy  pronto  se  arregla  todo. 
Del  corazón  no  hay  que  hablar 
nada. 

Ism.  (Yo  estoy  escamado.) 

Esp.  El  corazán  está  á  un  lado 

y  á  un  lado  debe  quedar. 
Pensar  así  es  un  consuelo 
que  evita  tribulaciones, 
disgustos  y  desazones. 


} 


—  23  — 

ísiD.  (¿Me  estará,  tomando  el  pelo?) 

Esp.  Ya  es  asunto  terminado. 

IsiD.  (íAyl...  Si  no  fuera  tan  rica...) 

Esp.  Yo  discurro  así... 
Isro.  Se  explica. 

Esp.  Porque  asi  me  lo  han  mandado. 

Ism.  Conque  el  asunto...  (Leyantándose.) 

Esp.  (lo  miBmo.)  Por  mi 

se  le  puede  poner  punto. 

Penetrada  del  asunto, 

á  todo  digo  que  sí. 
IsiD.  Me  marcho,  pues. 

(intenta  besarla  la  mano  y  ella  la  retira  bruBcamente.) 

Esp.  ¡Qué  osadía! 

Isro.  ¿Eh?  ¿Te  alarmas  por  un  beso 

en  la  mano? 
Esp.  Para  eso... 

es  muy  pronto  todavía. 
IsiD.  ¿Y  esa  dócil  voluntad 

que  se  amolda  como  cera? 
Esp.  És  en  lo  que  cae  por  fuera, 

sin  tocar  la  dignidad. 
Isro.  (Menos  mal;  es  pudorosa.) 

Hasta  luego. 
Esp.  Hasta  después. 

Isro.  (Tengo  que  buscar  á  Andrés 

pfira  aclarar  una  cosa.) 

(Despedida  muda.  Isidoro,  ya  desde  la  paerta,  tira 
dos  ó  tres  besos  á  Esperanza  y  desaparaee  por  el  foro 
derecha;  Esperanza  acciona  con  ambas  manos  como  si 
quisiera  quitarse  los  besos,  y  en  esa  actitnd  la  sor- 
prende Follta.) 


ESCENA    \í 

ESPERANZA  y  POLÍTA,  primera  Izquierda 

PoL.  ¿Eh?  ¿Qué  miro?  ¿Estás  pillando 

moscas? 
Esp.  Parece. 

PoL.  Mujer... 

si  no  hay  moscas. 
Esp.  Hay  mosíJones. 


~  24  — 
« 

PoL.  Eso  es  otra  cosa.  Y,  ¿qué? 

¿Has  aceptado  á  Isidoro? 
Esp.  Por  siempre  jamás. 

PoL.  Amén. 

Esp.  y  ya  que  te  he  complacido 

en  todo  sin  oponer 

(Todó  muy  eDérgico.) 

la  más  leve  resistencia, 
vas  á  hacerme  la  merced 
de  no  hablarme  de  Isidoro, 
ni  de  la  boda,  ni  de 
nada  que  se  relacione 
con  este  supremo  bien, 
en  lo  que  resta  de  siglo... 
que  bastante  poco  es. 
jFavor  que  pido  de  veras 
y  que  sabré  agradecer!.. 

(Vase  por  la  primera  Izquierda.) 


ESCENA  n 

POLITA,  y  en  seguida  DON  PASCUAL,  foro  derecha 

PoL.  »Qué  tono  tan  imperioso! 

Me  ha  pegado  á  la  pared. 
Estas  mudanzas... 

PaS.  (Muy  agitado,  lirapiándüse  el  sudor  con   un  gran  pa- 

ñuelo de  yerbas.)       Ya  estoy 

de  vuelta  y  sudando  pez. 
PoL.  ¿Has  visto  á  Ezequiel? 

Pas.  Le  he  visto. 

PoL.  ¿Qué  tal  se  ha  portado? 

Pas.  Bien. 

En  su  clase,  es  lo  mejor 

que  puede  encontrarse. 
PoL.  Fué 

tu  amigo  desde  la  iafancia. 
Pas.  Y  me  sigue  siendo  fiel. 

PoL.  ¿Te  ha  tratado  con  cariño? 

Pas.  1  con  un  gran  interés, 

POL.  ¿Es  de  veras?  (May  alegre.) 

Pas.  hA  sesenta 

por  ciento.  Figúrate... 


—  25  — 

PoL.  ¿Y  dices  que  es  lo  mejor?... 

Pas.  üe  la  tribu  de  Israel. 

Como  judio  es  perfecto, 
y  es  perfecto  como  inglés, 
aunque  es  inglés  de  la  Mancha. 

PoL.  Cuesta  trabajo  el  creer 

que  llamándose  tu  amigo... 

Pas.  Me  extraña  tu  candidez, 

si  crees  que  un  usurero 
puede,  en  algún  caso,  ser 
amigo  de  nadie.  Y  yo 
no  me  quejo  de  Ezequiel 
sino  de  tí,  que  has  querido... 

PoL.  La  necesidad  es  ley. 

Hay  que  casar  á  nuestra  hija 
con  gran  decoro. 

Pas.  ¿y  después? 

PoL.  Después...  nada.  Viviremos 

con  lujo  y  esplendidez 
á  la  sombra  de  Isidoro. 

Pas.  Eso  es  indigno. 

PoL.  ¿Y  por  quéí 

Pas.  Primero,  porque  nosotros 

tenemos  para  comer 
con  mi  cesantía... 

PoL.  Y  para 

echar  coche.  [Qué  sandezl 
¿Si  pensará  este  pasivo 
que  soy  pasiva  también? 

Pas.  Además,  que  la  riqueza 

de  Isidoro,  está  por  ver. 

PoL.  ¿Aún  dudas?  Que  es  hombre  rico 

á  simple  vista  se  vé. 
Cuando  habló  de  casamiento, 
tú  quisistes,  á  tu  vez, 
hablar  de  dinero.  Entonces 
dijo;  «no  es  el  interés 
el  que  me  guía;  no  hablemos 
de  dinero.» 

Pas.  Bien;  y,  ¿qué? 

PoL.  Con  eso  vino  á  probar, 

como  dos  y  una  son  tres, 
que  el  dinero  no  le  importa... 
porque  lo  tiene. 


—  SO- 
PAS. O  porque, 

no  permitiendo  que  le  hablen 

de  ese  asunto,  no  habla  él, 

y  á  nada  se  compromete. 
PoL.  ¿Te  atreves  á  suponer?... 

Tiene  tierras  en  la  Habana, 

y  en  Ghina  y  en  Buda-Pesth. 
Pas.  Pues  Andrés  me  ha  prometido 

descubrir  hoy  el  pastel. 

POL.  (con  mucho  énfasis.) 

Andrés,  aunque  resignado, 
resignado  al  parecer, 
aunque  neutral,  me  parece 
que  es  sospechoso,  porque  es, 
aunqtie  pasivo,  un  rival 
del  otro,  y  no  he  de  creer 
lo  que  diga,  por  su  parte 
interesada...  é  infiel, 
aunque  hipócrita;  y  á  mi 
no  me  la  pega  ese  pez. 
Pas.  ¿Has  concluido,  hija  mía? 

¡Qué  modo  de  retorcer 
la  frase!...  Me  has  disparado 
un  párrafo  tan  cruel, 
con  tantas  sinuosidades 
y  con  tal  insensatez, 
que  en  diez  minutos  lo  menos 
no  me  podré  reponer 

del  susto.  (Suena  la  campanilla.) 

Llaman.  Me  ocurre 

una  idea.)  (a  Antonio  que  cruza  por  el  foro.) 

Escúchame. 
Ant.  Soy  todo  orejas. 

Pas.  Si  vienen 

don  Isidoro  y  Andrés, 

les  dices  que  hemos  salido, 

que  aguarden  aquí. 
Ant.  Muy  bien. 

(Vase  Antonio  foro  derecha.) 

Pas.  Tú,  ven.  Desde  aquella  puerta(Primera  derecha) 

vamos  ahora  á  sorprender... 

POL.  ¿Qué  me  propones?  (Escandalizada.) 

Pas.  Un  medio 

que  me  ha  ocurrido,  y  que  es, 


—  27  — 

como  hijo  de  mi  invención, 
de  asombrosa  brillantez. 
Yo  no  he  inventado  la  pólvora 
porque  he  nacido  después 
de  estar  inventada. 

POL.  (Burlándose.)  ¡Es  clarol 

¡Pirotécnico  tambiéul 

Si  tú  nunca  has  dado  chispa, 

¿cómo  quieres  suponer?... 
Pas.  Oigo  rumor  de  pisadas. 

Ven,  Paula. 
PoL.  ¡Polita!... 

Pas.  Ven, 

y  da  treguas,  por  ahora, 

á  tu  estulta  pesadez.  (Vanae  primen  derecha.) 

ESCENA  Xin 

ANDBÉS  y  ANTONIO  por   el  foro   derecha;    POLITA  y  PASCUAL 

ocultos 

And.  ¿Don  Isidoro? 

Ant.  Se  ha  ido. 

And.  ¿y  los  señores? 

Ant.  No  están. 

And.  (No  ha  concurrido  á  la  cita. 

Es  una  contrariedad 

grandísima.) 
PoL.  (¡Ya  habla  solo!) 

Pas.  (Mira,  todo  es  empezar.) 

And.  (Desesperado  y  alzando  la  voz.) 

Creo  que  he  jugado  con  fuego 

y  que  estoy  sobre  un  volcán. 
Pas.  (¡CaracolesI  ¿Le  has  oído?) 

PoL.  (No  temas.  Eso  es  liablar.) 

And.  (Dirigiéndose  al  criado.) 

Oye.  Yo  también  me  voy.  (suena  la  campanilla.) 

Ant.  Llaman;  y  tal  vez  será...  (vase  foro  derecha.) 

And,  Como  sea  la  familia, 

buena  lata  me  va  á  dar 

doña  Polita,  trasunto 

de  la  insustancialidadl... 
Pas.  fQuien  escucha  su  mal  oye.) 

PoL.  (El  también  me  escuchará.) 


—  28  — 
ESCENA  XIV 

DICHOS,  ISIDORO  y  ANTONIO,  por  el  foro  derecha 


Ant. 

Ahí  tiene  usté  á  don  Andrés. 

ISID. 

Te  encuentro,  gracias  á  Dios. 

And. 

Quedamos  en  que  á  la,R  dos, 

y  son  cerca  de  las  tres. 

ISID. 

¿Los  señores?... 

Ant. 

Han  salido; 

pero  me  han  dicho  que  aguarden. 

No  tardan. 

Isid. 

|Por  mi  que  tarden. 

POL. 

(¡Qué  groserol) 

Ant. 

(iSe  han  caido!) 

(vase  foro  derecha.) 

ESCENA  XV 

DICHOS,  menos  ANTONIO 


And. 

¿Dónde  habrán  ido  esas  gentes 

con  el  peso  del  calor? 

Isid. 

Solos  estamos  mejor. 

Celebro  que  estén  ausentes, 

que  así  podremos  hablar 

con  entera  confianza. 

And. 

Justo. 

Pas. 

(Principia  la  danza.) 

ÍSID. 

Andrés...  me  voy  á  casar; 

y  en  trance  tan  peligroso, 

á  modo  de  confesión, 

quiero  abrir  mi  corazón 

á  un  am;go  cariñoso. 

En  esta  empeñada  lucha 

quiero  ser  franco  contigo. 

And. 

Puedes  serlo. 

Pas. 

(iDigoI) 

PoL. 

(iDigo!) 

And. 

Habla. 

Pas. 

(Escuchemos.) 

Thii). 

Escucha.. 

—  i9  — 

Tienes  conmigo  el  deber 

de  ser  franco. 
And.  (En  lo  que  quepa.) 

Claro. 
Ism.  Para  que  yo  sepa 

á  qué  me  debo  atener 

con  toda  seguridad 

respecto  del  porvenir. 
And.  (Ya  le  veo  de  venir.) 

Habla  con  más  claridad. 
IsiD.  Júrame  por  cuanto  vales 

que  guardarás  el  secreto. 

¿Me  lo  juras? 
And.  ¡Lo  prometo! 

^ás  con  reservas  mentales.) 
Isid.  ^n  mi  triste  situación 

y  en  mi  porvenir  incierto, 

el  matrimonio  es  mi  puerto, 

mi  puerto  de  salvación. 

Esa  es  la  esperanza  sola 

de  mis  dichas  anhelantes. 
Pas.  (Yo  lo  tiro  al  agua  antes 

de  llegar  á  la  farola.) 
And.  iMe  dejas  maravilladol 

¿No  eres  rico? 
Isid.  No  lo  soy. 

And.  Pues,  ¿no  me  digiste?... 

Isro.  Estoy 

completamente  tronado. 
And.  ¿De  veras?  (¡Cuánto  me  alegro!) 

¿V...  te  casas?... 
Isid.  ¿Soy  un  zote? 

Para  que  me  ponga  á  flote 

la  fortuna  de  mi  suegro. 
Pas.  (Ya  estás  fresco.) 

And.  ^i^^  pensado. 

Eso  hacen  los  hombres  duchos. 
Isid.  Sigo  el  ejemplo  de  muchos. 

PoL.  (¡Tunante!) 

Pas.  (¡Ya  está  aviado!) 

Isid.  No  soy  sólo  en  mis  quimeras. 

And.  ¿Qué  has  de  ser?  Hay  una  raza 

que  se  dedica  á  la  caza 

de  las  ricas  herederas, 


-    30  — 

y  consigue  el  galardón 
que  ambiciona  en  su  porfía, 
teniendo  mucha  osadía 
y  poquísima  aprensión. 
Hay  también  entre  esa  gente 
que  comprende  mi  relato, 
algún  que  otro  mentecato 
que  se  cansa  inútilmente 
persiguiendo  la  opulencia 
por  el  camino  más  ruin... 
y  viene  á  quedarse,  al  fin, 
á  la  luna  de  Valencia. 

IsiD.  Tú,  en  ese  sentido,  has  sido 

algo  tonto. 

And.  No  lo  dudo; 

mas  si,  por  suerte,  enviudo... 
seré  un  hombre  de  sentido. 

Pas.  (¡Tiene  gracial) 

IsiD.  Me  has  de  dar 

datos  seguros,  Andrés, 
de  esta  fortuna. 

And.  Eso  es 

difícil  de  calcular. 

IsiD.  Pero  ¿tú  no  eres  su  agente 

en  los  negocios  de  banca? 

And.  El  crédito  es  la  palanca 

que  sostiene  á  mucha  gente. 
Las  casas  más  poderosas 
llegan  un  día  á  quebrar. 
El  comercio  suele  dar 
sorpresas  muy  dolorosas. 

IsiD.  ¿Y...  esta  casa?.,  (con  temor.) 

And.  (No  conviene 

que  se  enfríe  su  heroísmo.) 

Ism.  ¿Don  Pascual?... 

And.  iVaya!  Ni  él  mismo 

debe  saber  lo  que  tiene. 

Pas.  (Vaya  si  lo  sé.) 

PoL.  (¡Qué  par!) 

Isro.  Debe  de  ser  millonario. 

Ha  sido  alto  funcionario 
mucho  tiempo  en  Ultramar. 
Si  le  ha  llegado  su  vez 
j  no  supo  hacer  dinero, 


—  sí- 
es simple  de  cuerpo  entero. 

Pas.  (Primer  premio  de  honradez.) 

IsiD,  Según  pública  opinión, 

solo  se  vá  á  esas  regiones 

S>r...  especiales  razones. 
In  eso  tiene  razón.) 
IsiD.  Pero  no  tengo  maldita 

inquietud  sobre  ese  asunto. 

¡Don  Pascual  es  un  buen  punto/ 
Pas.  (¡Bribónl) 

PoL.  (Saluda,  Rosita.) 

IsiD.  De  suerte  que  tú  no  sabes, 

por  cálculo  aproximado, 

de  esta  fortuna  el  estado. 
And.  Esas  cosas  son  muy  graves. 

Isro.  Ser  muy  rico  es  mi  deseo, 

si  nó  no  baria  mi  esposa 

á  esa...  niña. 
And.  Es  guapa. 

Ism.  Y  sosa... 

y  cargante. 
Pas.  (iPiUo!) 

PoL.  (¡Feo!) 

And.  (procurando  contenerse.) 

Eso  de...  sosa...  á  mi  ver... 
Isro.  De  ello  persuadido  estoy. 

Sosa  y  cargante. 
And.  (No  voy 

á  poderme  contener.) 
PoL.  (¿^^^  ^^^®  Andrés  que  no  le  estrella?) 

And.  Tú  juicio  es  apasionado. 

Isro.  ¡Ayl  Si  tú  hubieras  hablado 

cual  yo,  de  amores  con  ella, 

advirtieras  claT amenté 

que  es  sosa,  simple  y  cargante. 
PoL.  (¡Ya  es  mucho  insistir!) 

And.  No  obstante, 

PoL.  (Es  un  tuno.) 

Pas.  (Un  inocente.) 

Isro.  Pero  todo  lo  concilla 

la  dote  que  he  de  pescar. 

Si  nó,  jqué  había  de  entrar 

en  semejante  familia! 
PoL.  (i  Ya  nos  llama  semejante!) 


/••• 


—  32  — 

IsiD.  Familia  cursi. 

Pas.  (¡Ya  escampa!) 

IsiD.  Don  Pascual  es  viva  estampa 

del  paquidermo  pensante. 
PoL.  (jTe  pone  de  oro  y  azull) 

IsiD.  ¿Y  doña  Polita?  Aburre 

con  su  chachara,  y  discurre 

lo  mismo  que  un  abedul. 
PoL.  (¡Graciasl) 

Pas.  (Tu  vez  te  llegó.) 

Ism.  ¿Y  la  chica?  El  angelito 

parece  un  pájaro  frito. 
And.  (Vaya;  á  este  le  pego  yo.) 

Estás  duro. 
IsiD.  Créeme,  Andrés. 

PoL.  (¡Este  hombre  no  tiene  freno!) 

IsíD.  Aquí  no  hay  más  lado  bueno 

que  el  lado  del  interés. 

And.  (Levantándose.) 

¡Ya  basta!  ¡Voy  á  curarte 
del  error  que  has  padecido, . 
y  no  sé  cómo  he  tenido 
paciencia  para  escucharte 
ese  estúpido  aluvión 
de  insultos  y  groserías, 
sin  dar  á  tus  demasías 
la  debida  corrección! 

IsiD.  (Que  so  ha  levantado  muy  sorprendido.) 

¿Eh?  ¿Qu  é  es  esto? 
And.  ¡Cuánto  diera 

porque  te  escucharan!... 

IsiD.  (Asombrado.)  ¿Qué? 

PoL.  (Estás  complacido,  y  te 

sale  por  nna  friolera.) 
And.  Mas  yo  les  he  de  contar 

toda  esta  conversación.. 
Isro.    . ,      Si  me  haces  esa  traición, 

si  llegas  á  malograr, 

indiscreto,  mi  jugada, 

rompo  este  pérfido  lazo... 
And.  a  ver...  ¿cómo? 

Ism.  De  un  balazo. 

And.  ¡Qué  risa! 

IsiD.  O  de  una  estocada. 


Esp. 

POL. 

Pas. 

IsiD. 

Pas. 

■ 

ISUL>. 

And 

« 

Ism. 

POL. 

1 

1 

And. 
Esp. 

1 

Pas. 

POL. 

Pas. 

-.33  - 

De  matarte  soy  capaz 
como  de  perderme  trates. 

(Salen  á  un  mismo  tiempo:  por  la  derecha  PoliU  y 
Pascual  7  por  la  ixquiorda  Eiperanxa.) 


ESCENA  XVI 

POUTA,   ESPERANZA,    ANDRÉS,   ISIDORO   j  PASCUAL 
No  le  mates...  (cantando.) 

íidem.)  No  le  mates... 

Déjale  vivir  en  paz.  (ídem.) 
¿Qué  es  esto? 

Que  hemos  oído 
el  cúmulo  de  imprudencias 
que  ha  dicho  en  sus  confidencias 
con  don  Andrés. 

(¡Me  he  lucido!) 
(Qué  feliz  casualidad!... 
¿Conque  oyeron?... 

(¡Suerte  ingrata!) 

Todo.  (Aparte  á  Andrés.) 

(Hasta  lo  de  la  lata 
y  la  insustancialidad.) 
(¡Demonio!) 

(Á  Isidoro  en  tono  de  burla.) 

Verde  y  azul 

se  ha  puesto.  ¿Está  usted  enfermo? 

¿Conque  soy  un  paquidermo? 

¿Conque  soy  un  abedul? 

¡Un  paquidermo  pensante! 

No  sé  cómo  no  salí... 
Esp.  ¿A  qué?  ¿No  ha  dicho  de  mí 

que  soy  sosa  y  soy  cargante? 

Esa  franqueza,  que  alabo, 

no  me  puede  incomodar. 

Las  cosáis  se  han  de  tomar 

según  de  quien  vienen. 
And.  iBravol 

¡Bien  dicho!...  ¡Muy  bien! 
IsiD.  (¡Me  aplasta!) 

And.  Con  tu  ingenio  peregrino 


-34- 

has  procedido  con  tino, 

y  has  puesto  el  dedo  en  la... 
Pas.  Basta. 

PoL.  Me  explico  en  este  momento 

por  qué  has  sido  complaciente. 

Andrés,  decididamente, 

eres  hombre  de  talento. 
Ism.  Se  me  ha  tendido  una  red 

para  causarme  una  afrenta. 
And.  ¿Te  atreves  á  pedir  cuenta? 

Esp.  ¿Y  la  conducta  de  usted? 

Isro.  Es  que... 

Esp.  Basta,  caballero; 

termine  aquí  la  disputa. 

Ha  equivocado  la  ruta, 

busque  usted  otro  sendero. 

Mujer  tan  sosa  y  cargante... 

no  puede  ser  su  ideal. 
IsiD.  (Una  sosa  que  al  final 

na  resultado  picante.) 

Me  marcho. 
Pas.  Eso  haría  yo 

en  su  lugar. 
PoL.  No  debemos 

retenerle. 
Isro.  (Á  Andrés.)  Nos  vcremos. 

And.  Se  me  figura  que  no. 

IsiO.  (volviendo  desde  el  foro.) 

La  maldad  que  en  tí  se  encierra 

me  tiene  maravillado. 

Siendo  tú  un  hombre  casado 

¿por  qué  me  has  hecho  la  guerra? 
Todos        |Já,  jál 
PoL.  Se  la  han  dado  á  usté 

como  al  ser  más  inocente. 
And.  No  soy  casado  al  presente; 

pero  en  breve  lo  seré. 
IsiD.  ¡Ahí  |Yal 

PoL.  ¿Se  va  usté  enterando? 

IsiD.  (iQué  planchal  |Qué  situación!) 

Abur.  ([He  sido  un  melónl) 

fVase  por  el  foro  derecha.) 
POL.  (Asomándose  al  foro.) 

No  escriba  usted  en  llegando. 


/ 


—  35  — 
ESCENA  ÚLTIMA 

DICHOS    menos    ISIDORO 

And.  Ahora... 

PoL.  Calla,  por  favor. 

(Dirigiéndose  al  público.^ 

Desde  luego  se  adivina 

que  la  comedia  termina 

con  boda.  Esto  es  de  rigor. 

Y  el  desenlace  sabido 

y  la  materia  agotada, 

te  suplico  una  palmada 

si  la  obra  te  ha  entretenido,  (cac  ei  teióu.) 


FIN  DEL  JUGUETE 


OBRAS  DE  D.  FRANCISCO  FLORES  OARCÍA 


EL  11  DB  DICIBMBRB,  comedia  en  un  acto  y  en  Teño. 

EL  1.*  DE  ENERO,  drama  en  nn  acto,  id. 

QUIEN  PIENSA  MAL....  juguete  cómico  id.  id. 

LA.  CUERDA  SENSIBLE,  id.,  id.,  id. 

LA  MÁS  PRECIADA  RIQUEZA,  comedia  en  id.,  id. 

LLEVAR  LA  CORRIENTE,  Juguete  cómico  en  an  acto  y  en  Terso, 

original. 
UN  DEFECTO,  id.,  id.,  id. 
DOÑA  CONCORDIA,  id  ,  id.,  id. 
RECETA  CONTRA  EL  SUICIDIO,  id.,  id.,  id. 
SE  DESEA  UN  CABALLEBO,  id.,  id., id. 
VICENTE  PÉRIS.  drama  liietórico. 
ENTRE  AMIGOS,  comedia  eo  un  acto  y  en  Terso. 
EL  NACIMIENTO  DB  TIRSO,  drama  en  un  acto.  (Segunda  edición.) 
LA  MADRE  DE  LA  CRIATURA,  comedia  en  dos  actos  y  en  Terso. 
CUESTIÓN  DE  TÁCTICA,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
LOS  VIDRIOS  ROTOS,  comedia  en  un  acto  y  en  prosa. 
NAVEGAR  Á  TODOS  VIENTOS,  comedia  en  dos  actos  y  en  verso. 
QALEOITTO,  jogaete  cómico  en  un  acto  y  en  verso.  (Caartaedieión.) 
DB  CÁDIZ  AL  PUERTO,  comedia  en  dos  actos  (1). 
LA  HERENCIA  DEL  ABUELO,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
LA  ÚLTIMA  CARTA,  monólogo  en  un  acto,  en  prosa  y  verso. 
CONFLICTO  ENTftE  DOS  INGLESES,  jugaete  cómico  en  un  acto 

y  en  verso  (2;. 
¡EN  CARNE  VIVA!  juguete  cómico  en  un  acto  y  en  verso. 
METERSE  EN  HONDURAS,  juguete  cómico-lírico,  en  un  acto  y  en 

prosa.  (Segunda  edición). 
MAPA-MUNDI,  juguete  cómico  en  un  acto  y  cuatro  cuadros  y  en 

verso. 
DE  CÁDIZ  AL  PUERTO,  zarzuela  en  dos  actos.  (Refundición.) 
LAS  CARTAS  DE  LEONA,  juguete  cómico  en  un  acto  y  en  prosa 

original  (3). 
EL  HOMBRE  DE  LAS  QAFAS,  juguete  cómico  en  un  acto  y  en 

prosa. 


(1)  En  colaboración  con  D.  Julián  Rome^ 

(2)  Con  el  nii«mo. 

(8)    Con  D.  Ángel  Rubio* 


ME  PESCA,  comedia  en  un  acto  y  en  prosa. 

UNA  DONCELLA  DE  ENCARGO,  jagruete  c6mico-liñco  en  un  acto 

y  en  prosa. 
POLÍTICA  INTERIOR,  jugrtiete  cómico  en  nn  acto  y  Prosa. 
VIRUELAS  LOCAS,  humorada  cómica  en  nn  acto  y  tres  cuadros  (pa- 
rodia del  drama  LA  PBSTB  DE  OTRANTO),  escrita  en  yerso  (1). 
COMO  BARBERO  Y  COMO  ALCALDE,  saínete  en  un  acto  y  en  verso 
EL  DIABLO  HARTO  DE  CARNE...,  Juguete  cómico  en  un  acto  y 

dos  cuadros  (parodia  del  drama   VIDA   ALEGRE    Y  MUERTE 

TRISTE,)  en  verso. 
GANAR  EL  PLEITO,  jugruete  cómico-lírico  en  un  acto  y  en  prosa. 
POR  LAS  RAMAS,  comedia  en  un  acto  y  en  verso,  original. 
EL  HIJO  DE  SU  PAPÁ,  juguete  cómico-lírico  en  un  acto  y  en  prosa. 

original. 
GUZMÁN  EL  MALO,  humorada  cómicp,  en  un  acto  y  en  prosa. 
EL  SEGUNDO  GRUPO,  comedia  en  un  acto  y  en  prosa,  original  (2). 
TRINIDAD,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
EL  ORO  DE  LA  REACCIÓN,  sátira  cómico-lírica  en  un  acto  y  en 

verso, 
i  EL  COCO!  juguete  cómico  en  un  acto  y  en  prosa. 
MIXTO  DE  INGLÉS  Y  CANARIO,  juguete  cómico  en  un  acto  y  en 

verso,  original. 
LA. GENTE  DEL  BRONCE,  saínete  lírico,  en  un  acto  y  tres  cuadros 

original  y  en  verso. 
LO  PROHIBIDO,  comedia  en  acto  y  en  verso. 
DOS  PASOS  AL  FRENTE,  juguete  cómico  en  un  acto  y  en  prosa. 
B  ALT  AS  ARA  LA  POLLERA,  sainóte  en  un  acto  y  en  verso. 
A  CARTAS  VISTAS,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
JUICIO  DE  FALTAS,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
EL  PARAÍSO,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
LA  CARTA  DE  UNA  MUJER,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
LA  LEY  DEL  EMBUDO,  comedia  en  un  acto  y  eu  verso. 
LA  PASTORA,  juguete  cómico  en  un  acto  y  en  prosa,  original. 
EL  PRIMER  ACTOR,  comedia  en  un  acto  y  en  verso,  original. 
DETRÁS  DE  LA  COaTINA,  juguete  cómico  en  un  acto  y  en  verso, 

originaL 


galería  de  TIPOS  -{Retratoit  y  cuadros  de  co8tumbres)*Un  tomo. 

¡COSAS  DEL  MUNDO!~(Narraciones>-Un  tomo. 

LA  CÁMARA  OSCURA.— Tipos  y  cuadros  de  costumbres,— Un  tdmo. 


(1)  En  colaboración  cen  D.  Julián  Romea. 

(2)  Don  D.  Luis  Taboada. 


%• 


Deuda  de  Gratitud. 


¿2<;^?^z><-«=^ 


y/zxatr 


^^í^^^ 


y 


DiDÁ  i  mmi 


EN   DOS   ACTOS   Y   EN   VERSO, 


DE 


D.  JOSÉ  PASCUAL  Y  TORRES 


ooOOOOooe=s- 


Basado  en  el  primero  y  segundo  ac- 
to del  drama 

Triunfó  la  Libertad  ó  la  batalla  del  Puente  de 

Alcolea, 

i  del  mismo  autor. 


MÁLAGA. 


Imp.  d«  H.  Hartinez  Rieto.  Gttmk  69. 


XSVl. 


Adolfo. 

Eduardo. 

D.  Gregorio,  (oiétfoótlé  cámara.) 

Elsna. 

Marta., 

Brujida. 

gumersinda. 

D.  Diego,  (médico). 

D.  Salvador,  (idem).     • 

Rafael,  (criado  de  Adolfo). 

Bartolomé,  (criado  de  Eduardo). 


Ca  acción  |)a0a  en  (íóríraba  en  Setiembre  be  1888. 


i 


/ 


Al  SR.  D.  mt  TIKSC4  Y  SIIRRA. 


DEL 

ÍLDSTBE  CASINO  ^ADUANO. 


Muy  8r.  mioi  recibid  esta  pequeña  muestra 
de  afecto,  este  ligero  estudio  literario,  que  os  de* 
dico;  confiado  en  vuestra  benevolencia,  feliz  re- 
cuerdo de  mi  breve  estancia,  graio  testimonio  de 
{^atitud  á  ese  Centro,  que  vos  presidís,  tan  dig- 
namente, reunión  escogida  de  la  aristocracia  ga- 
ditana, del  caballerismo  é  hidalguía;  de  la  siem- 
pre para  mí,  grata,  beUa  y  culta  Ciudad  de  San 
Servando  y  San  Germán. 

Si. al  leer  en  el  billete  de  presentación  la  si* 
guíente  nota:  «El  Casino  deja  consignado,  en  sus  a^, 
honor  tan  distinguido  é  inolvidabk,  constando  tal  distinción 
como  preclaro  timbre,» 

Me  considero  en  el  deber,  al  dar  á  la  imprenta 
DEUDA  DE  GRATITUD,  que  tan  bien  cuadra, 
por  baber  sido  tan  bien  acogido  y  atendido,  mas 
bien  por  deferencia,  que  por  mis  merecimien- 
tos, por  eáe  galante  Círculo,  dedicando  esta  obra 
al  Sr.  Presidente,  en  representación  del  mismo. 

Por  lo  tanto,  si  merece  la  aquiescencia  del 
Hustre  Casino  Gaditano,  quedarán  satisfecbas 
las  aspiraciones  de  su  afectísimo  seguro  servidor 

Q.  S*  M.  B. 
JOSÉ  PASCUAL  Y  TtíftRES. 


Hálasa  r  de  Dicieinl]re  de  1870. 

.  r 


Esta  producción  es  propiedad  de 
su  autor,  quien  perseguirá  ante  la 
ley  al  que  la  represente  en  cual- 
quier teatro  del  Reino,  café  cantan- 
te ó  de  Ultramar  y  del  estrang^ero,  y 
quien  la  reimprima  sin  su  permiso. 

El  autor  se  reserva  el  dereclio 
de  traducción  con  los  paises  estran- 
geros. 

Los  corresponsales  de  la  Galería 
del  Sr.GuUon  son  los  encargados  de 
la  venta  de  los  libretos  y  cobro  de 
dereclios  de  representación  en  los 
Teatros  de  España  y  América. 


Queda  hecho  el  depósito  que  mar 
ca  la  ley. 


NOTA.— Todo  ejemplar  que  no  Ue- 

ve  el  timbre  del  autor  y  una  se- 

flal  de  la  imprenta,  se  declarará 

I  furtivo  y  se  perseguirá  ante  la 

ley. 


2l(to  lúvxmeto. 


■■  •  '  3  ^  ^vC^  ^  W  ^  •  " 


El  teatro  representa  una  casa  de  campo  de  regular 
aspecto  arquitectónico,  al  frente;  en  el  lado  izquierdo 
de  la  fachada,  una  reja  grande  saliente,  de  orden  an- 
tiguo. Delante  de  la  puerta  habrá  un  pequeño  jardín 
con  su  enverjado.  Encima  de  la  misn^a  el  n.*  4.  Eii 
cada  lado  de  la  escena,  en  primer  término,  dos  árboles 
frondosos  y  debajo  del  de  la  izquierda  un  banco  ó 
peldaño  de  piedra.  Es  al  amanecer;  escúchase  el  ru- 
gido de  la  tempestad,  acompañada  de  truenos,  lluvia 
y  de  vez  en  cuando  se  ilumma .  la  escena  por  los  re- 
lámpagos. La  escena  pernpianece  solitaria  por  un  corto 
tiempo  y  después  sobreviene  la  calma  del  firmamento 
irritado. 

ESCENA  PRIMERA. 

Adolfo,  entra  con  un  par  acaguas  abierto  y  enmedio 

de  la  escena,  le  cierra. 

¡Gran  Dios! 

que  noche 

íne  ha  cogido!... 

¿De  qué  me  sirve 

mi  coche, 

si  lo  tengo  escondido? 

Y  á  propósito 

uno  ne  recibido 

del  constructor 


— 8— 
Mr-  Dumont, 
en  París  establecido, 
del  arte  un  primor. 
Mueble  inútil, 
hubiera  sido... 
Tal  vez  mis  caballos 
.con  la  tempestad; 
al  rugido  mfemal, 
se  huoieran  desbocados. 

Y  pobre  de  mí, 
espantados,  , 
mi  cuerpo,  al  suelo; 
hecho  pedazo^. 

Y  al    rodar 

por  el  duro   pavimento;  • 

mi  padre  despertar, 

en  su  tranquilo  aposento. 

[Estallando  un  relámpago  y  truenos). 

.    '. {pausa) 

Noche  cruel, 

aun  de  mí, 

se  acuerda  Lucifer. 


Pavura  me  dá, 
venir  por  éstos . 
vericuetos, 
á  ver  un  rostro  angelical. 
Pero  á  una  cita, 
es  preciso  acudid- 
dacta  una  palabra, 
no  se  puede  huir.  fpatisaj 


Estoy  hecho  un  chupón,' 
quién  podia  figurar, 
desenvuelto  el  aquilón , 
si  no  hacia  mas  que  chispear. 

•     » •• 

Así  confiado, 

de  este  mueble 

fui  armado,  fpo^trando  el  para-agv^J. 


I 


Elena. 
Adolfo. 


Elena. 

Adolfo. 
Elena. 


ün  rostro  hechicero 

mirar, 
del  espacio,  fúlgido  lucero, 

apreciar, 
querer  y  amar. 

Las  tres  dan,         (dando) 
en  el  silencioso  arrabal. 

•Ruido  siento,  si  ella  seró... 

ESCENA    II. 

Dicho.  Elena,  (abriendo  la  reja) 

¡Adolfo! 

/Elena! 

fmroximándose  á  la  reja.) 

¡Encanto  mió, 

sufrido'  por  tí, 

yerto  de  frió! 

El  huracán  desenvuelto, 

el  relámpago,  la  lluvia, 

el  granizo  envuelto. 

Los  elementos  desencadenados, 

corriendo  horrible  tempestad, 

por  esos  caminos  tortuosos*, 

silvando  el  furioso  vendaval. 

Ya  á  tus  plantas  postrado 

estoy, 
de  una  dama  tan  celestial. 
¿Por  qué  has  venido? 
áe  tu  cuerpo, 
no  te  has  condolido! 
El  cariño,  el  amor, 
que  te  profeso... 
Pobre  joven, 
Cupido,  te  ha  cegado; 
ciego,  no  has  visto  el  relámpago, 
sordo,  no  habéis  oido  el  trueno, 
é  insensible  al  agua  que  ha  caido. 

2 


Adolfo. 


Elena. 


Adolfo. 


Elena. 
Adolfo. 


Elena. 


Adolfo. 

Elena. 

Adolfo. 


~10~ 
Si  el  amor  me  ha  cegado, 

no  importa; 
acudo  á  la  reja  del  enamorado. 
Pero  caballero... 
yo  á  daros  la  cita, 
no  contaba  con  una  noche... 
Horrible ...  Si  Señora ,  infernal . 
Sin  embargo,  es  para  mí, 
lo  que  al  General  victorioso, 
cuando  se  apodera  de  un  fuerte. 
Me  considero  tan  feliz, 
que  los  rayos  del  huracán, 
me  parecen  cohetes,  brillando 
en  el  horizonte,  celebrando  mi  dicha. 
El  trueno  zumba  en  mis  oidos, 
como  las  salvas  de  la  artillería, 
al  saludar  un  personage  real. 
¿Pues  qué,  tan  fuerte  sois, 
á  las  influencias  atmosféricas? 
Cuando  se  escudan  en  el  amor, 
ni  se  vé,  ni  se  siente,  ni  se  escucha. 
¡Sois  tan  hermosa... 
Permitidme  besar^ 
vuestra  alba  mano! 
Tomad... — Soltad, 
mi  madre  se  aproxima, 
va  alborotar  la  vecindad. 
¡Oh,  me  amáis! 
¡Como  la  rosa,  al  roció! 
¡Gracias,  bien  mió! 

{Elena  vase,  cerrando  la  ^centana.) 

Me  quiere,  no  hay  duda,        {ala  escena) 

me  ha  dado  prueba, 

pues  á  la  cita  no  faltó. 

Si  yp  he  pasado  noche  cruel, 

ella  de  centinela,  bástalas  tres. 

Su  blando  lecho  dejó, 

á  la  ventana  amorosa  se  asoinó. 

Ya  mis  fatigas  olvidé, 


{dándosela) 


—11- 

al  fin  tuve  el  gusto  de  ver, 
al  sonMNsado  clavel. 

Vuelve  á  chispear... 

{Abriendo  él  par ü'-aguas.  Escúchase  al- 
gunos truenos  y  se  ^servan  relámpagos.) 
Se  inicia  otra  vez, 
el  horrísono  huracán. 
Los  elementos 
se  conjuran  contra  mí. 
Cuántas  fatigas  se  pasan, 
por  ver  á  una  bella  muger. 
A  los  salteadores  expuesto, 
á  un  catarro,  á  una  pulmonía, 
al  pasmo  y  al  tétano. 
Y  todo  por  una  seductora  muger. 


Debajo  de  este  árbol, 

trémulo  me  cobijaré, 

sus  fi-ondosas  ramas, 

el  turbión  aguantaré. 

{Sierra  el  para-aguas  y  siéntase  en  el 

banco,) 
Y  todo  por  un  palmito, 
el  rostro,  para  ver; 
de  una  hechicera  muger. 
Mano  á  la  petaca, 
puro  á  la  boca, 

y /weyo  á  quema-ropa.  {con  brío,), 

{Enciende  un  puro  y  fuma). 

ESCENA  III. 

Dicho.  Eduardo,   {con  capa.) 

Eduardo.      jBendito,  loado  sea  Dios!...    {ap.) 

y  que  noche  me  ha  ofrecido!... 
{sacudiendo  la  capa.) 
¿Apesar  de  la  capa, 


Adolfo. 


Eduardo. 


jLa  Uuvia  ha  cesado» 

pero  estoy  tan  empapado  I . . . 

(víielve  d  sacudiría.) 

Con  esta  clara,  me  marcho,    {ap.) 

al  fin  cojí  el  constipado... 

Josús,  María  y  José.      {Estornudando.) 


{Sacando  él  pañuelo,  se  le  olvida  el  para- 
aguas  y  vase.) 

¿Ruido  he  sentido, 

algún  pájaro,  tal  vez; 

del  nido,    habrá  salido? 

{Escudrinando  el  árbol  dd  lado  opuesto , 
en  donde  está  el  peldaño,  qne  es  de 
su  salida.) 

Ya  se  despide  el  verano, 

á  paso  agigantado. 

El  risueño  otoño, 

ofrece  verdor  á  la  pradera, 

Los  árboles  aun  conservan  sus  hojas, 

con  el  roció  bienhechor, 

crecen  las  aromáticas  flores, 

se  oyen  los  trinos  de  los  ruiseñores, 

y  las  rosas  abren  sus  corolas. 

El  trinar  de  los  pájaros, 

el  ambiente  emoalsamado, 

los  pastores  con  sus  cánticos,        * 

y  cuidando  el  ganado. 

(Dan  las  tres  y  media  J 

Qué  escucho,  las  tres  y  media, 

hora  de  la  cita  es...- 

(^Las  campanas  de  la  iglesia  próxima, 
tocan  el  aliaj 

Ya  las  campanadas, 

de  la  iglesia  del  arrabal; 

anuncian  al  mundo,  con  lenguas 

de  metal,  la  aurora  matinal. 


f 


Marta. 
Eduardo. 


Marta. 


Eduardo. 


Marta. 


Eduardo. 

Marta. 

Eduardo. 


Marta. 
Eduardo. 

Marta. 


Eduardo. 
Marta. 


ESCENA  IV. 

Dieh4).  Marta. 
¡Eduardo!      fabriefulo  la  ventana  J 
¡Marta,  vida  mia! 
{Se  aproxima  d  la  reja  y  se  quita  la 

capay  poniéndola  soir§  él  enverjado 

del  jar  din.) 
Cjseí  no  hubierais  venido, 
llena  de  pavura  he  estado. 
Toda  la  noche,  en  vela, 
esperándote,  al  amor, 
del  lento  fuego;  á  su  fulgor, 
he  sido  constante  centinela. 
Horrible    noche, 
El  firmamento  se  desencadenó, 
de  mi  capa  el  broche, 
con  presteza  ajustó; 
Sí,  estalló  furiosa  tempestad. 
El  silvido  del  viento  azotador, 
el  rugido  del  aquilón, 
retumbaba  desomdor, 
en  mi  p^echp  amoroso. 
¿Me  quieres? 

Sí. — ¿y  tú  que  pruebas  me  das? 
La  cita. — quieres  más. 
Mi  lecho  tranquilo  dejado, 
espuesto  á  mil  peligros, 
no  temiendo  del  aquilón  su  bramido. 
Me  basta. 
Pero  dejad.*, 
bese  su  nacarada  mano. 
Jamás. 

Cuando  el  himeneo, 
eche  su  bendición  nupcial. 
Palabra  os  doy. 
Pero  antes  besar. 
Jamás^ 

( Vase  cerrando  la  ventana  con  nnfutf^ 
te  adlvazo.) 


ESCENA    V. 

Dichos.  Adolfo  aparece  por  él  lado  izquierdo  de  la 
escena  ^  se  sorprende  al  ver  d  Edttardo  jparado  en 
la  reja  de  su  amada,  quédase  quieto,  estátwo  y  con- 
vulso. 

¿Cáspita?  {ap.) 

¡Fresco,  hemos  quedado, 

en  alas  de  un  lindo  rostro, 

y  de  un  beso  apasionado! 

Pícara,  ^[ue  mi  corazón 

en  la  reja  de  tu  ventana 

se  aprision<^... 

¡A  la  cita  comparecí, 

por  pri^mio  de  tantos  desvelos, 

ni  siquiera  un  beso  conseguí!      {vase.) 


Adolfo. 
Eduaüdo. 


Adolfo. 


Eduaudo. 


Vuelvo  por  el  para-aguas,    {ya  enmedio 

de  la  escena.) 
con  paso  veloz, 

f)ues  ya  cad  alumbras, 
os  rayos  lúcidos  del  sol. 
En  su  puño,  grabado  mi  blasón, 
mis  amores  descubiertos; 
si  mi  padre  lo  supiera 
me  daría  un  pescozón. 
("Toma  el  jtara-aauas.J 
Cáspita,  mas  que  observé,... 
mi  Elena,  hablando  con  otro  doncel. 
Ahora  mismo, 
la  llamaré... 
(Dando  tres  palmadas,  delante  de  la 

reja  O 
Por  vida  de...  mi  capa,    (volmcndopor 

el  lado  derecho.J 
Pero  tate,  un  hombre,  {ap.  y  sorprendido) 
parado  en  la  reja^ 

obaervaró... 


Adolfo. 

Eduaírdo. 
Adolfo, 


Eduardo. 
Adolfo. 


Eduardo. 


Adolfo. 
Eduardo. 

Adolfo. 

Eduardo. 

Adolfo. 

Eduardo. 
Adolfo. 


Eduardo. 
Adolfo. 


La  perjura,  poroso, 
no  quiso  dame  un  ^beso. 
Otro  mas  afortunado... 
("Colocado  ya  tras  el  árbol  del  lado  de- 
recho J 
Elena,  Elena,    ("permanece  ante  la  reja) 
así  me  juraste 
fiel  amor. 

Parece,,  padece,  {ap.) 

la  misma  afección. 
Ya  no  te  quiero,         {á  la  escena.) 
insconstante,  ingrata, 
infiel,  traidora. 
A  la  furia  de  los  lementos, 

espuesto 
á  los  salteadores,  á  los  malvados. 


... 


.    *    .    • 


Eso  no  será  conmigo.  {ap.) 

Mirad,  lo  que  son  las  mucres, 
no  contentas  con  uno,  quieren  dos; 
de  reemplazo... 

Señorito,  quedo,  despacito. 

Decidme,  a  esa  reja. . . 

{Valiéndole  al   encuentro,    y  aquél  se 

asusta.) 
Satisfacción,  no  debo  dar.  (reponiéndose) 

¿Cómo  que  nó? 

pronto,  acabad... 

¿Y  vos?  ¿por  qué  no  me  la  dais  á  mí? 

hace  poco  á  la  ventana  os  vi. 

Del  laberinto,  pronto, 

acabad,  salir. 

La  punta  de  mi  espada, 

mi  enojo,  vais  á  sufrir. 

A 'ese  buzón,  vine  aechar... 

Ese  no  e»  correo, 

y  esa  casa, 

merece  respeto... 

Vuelvo  á  decir. . . 

Vive  Dios... 


—16-. 
Es  1?  casa  ele  un  ángel. 
Eduardo  .      ¡  Hola!  una  dama! 
Adolfo.        Del  error  finjido, 

ya  habéis  salido, 
¿Vos  venido, 
á  enamorarme 

mi  dama?  {Arroja  él para-agi^as) 

Eduardo.      Sí. 
Adolfo.        ¿Cómo  se  llama? 
Eduardo.      No  doy  satisfacción. 
AiK)LFO.        Pues  entonces, 

á  batirnos  los  dos. 

{Se  haten,  yol  ruido  de  las  espadas^ 
Gümbrsiiída  se  asoma  oL  halcón  y  con 
él  plumero  en  la  mano.) 
Gumersinda    a  la  guardia,  á  la  guardia, 

socorro,  socorro. 

{A  las  voces  huyen  los  combatientes  por 
lados  opuestos  y  Eduardo  se  lleíoa  su 
capa,   t}um£rsi%da  cierra  él  tcdcon.) 

ESCENA  VI. 

D.  Grbgorio. 

A  visitar  la  hidrópica. 

la  enferma  de  la  ascitis. 

La  visita  del  arrabal, 

lo  primero;   se  levantan  temprano 

máxime,  cuando  está  de  gravedad. 

Después  la  gente  de  tono... 

Para  mí,  es  una  obra  de  candad, 

familia  que  están  en  la  orfandad. 

Dos  niñas  bellas,  y  la  viuda  de  un  militar, 

que  murió  en  la  batalla  de  Tetuan. 

¡Marta...  es  una  deidad! 


¿Qué  es  esto?    ~ 

{tropezando  con  él  para-aguas  y  lo  cojé) 

Un  para-aguas. 

ioh,  que  hermoso*.. 


—17— 
qué  empapado... 
¡qué  puño  tan  elegante! . . . 
¿nabrán  alguno  desplumado? 
La  noche  á  ello,  se  prestó; 
que  furioso  huracán; 
mis  persianas,  el  viento  se  la  llevó. 
¡Gracias  á  Dios 
la  tempestad  calmó! 
Gumersinda,  Gumersinda. 
f^Tira  de  la  campanilla  de  la  puerta  del 
jardín,  ^ 

ESCENA  VIL 

Dicho.     GUMBRSINDA. 

GuMEHSiNDA  Allá  voy...      {de  adentro.) 

buenos  días, 

Señor  Doctor,      {saliendo) 
Gregorio.     ¿Y  la  Señora? 
GüMJERBiNDA.  Mejor. 
Gregorio.     ¿Cnica,  este  para-aguas 

de  quién  es? 

GUMERSINDA.  NO  lo  Sé. 

¡Y  qué  hermoso  es! 
Gregorio.     Calle...  en  el  puño  esculpido, 

las  armas,  de  un  blasón. 
De  conde... 
¿Esta  noche, 
lo  habrán  desplumado? 

GUMERSINDA.Tal  VOZ,— Ó  UÓ. 

Esta  mañana, 

desde  el  balcón. 
Gregorio.     ¡Qué!  ("con  ansiedad. J 

GüMERSiNDA .  ¡Un  duelo! ... 

Lo  vi,  si  Señor. 
Gregorio.     Te  burlas. 
GümerSinda.No  Señor. 

Yo  en  aquel  aposento 

estaba,   barriendo 

fin  TiAvimento. 


-18— 
.  De  repente, 

siento  rugir  las  espadas; 

y  convulliente, 

me  asomo  al  balcón. 

Yo  llena  de  pavor, 

y  eso,  que  la  lengua, 

algo  se  me  travo: 

di  fuertes  voces,  que  con  ellas; 

pude  conseguir, 

de  la  batalla  su  conclusión . 

Tal  vez,  sin  mi  aparición, 

la  sangre  se  hubiera  derramado; 

y  hubiera  causado  defunción. 
Gregorio.     Y  al  fin  qué  pasó... 

¿y  los  combatientes? 
GuMERSiNDA.  Echaron  á  correr  los  dos. 


Tengo  el  gusto  de  decir, 
Que  á  la  contienda, 
di  conclusión. 

{D,  Cfregorio  le  dá  á  Gnmersinda  él  pa-- 
ra-agnas.) 
Gregorio.     Hiciste  buena  obra, 

y  te  la  premiará  Dios. 


A  visitar  la  enferma... 
Gumersinda.  Os  acompañaré... 
GregoiIio.     Será  mejor. 

( Vanse  á  la  casa  y  Gnmersinda  cierra 
1%  puerta  del  jardín.) 

ESCENA   VIII. 

i 

Rafael.    Gumíirsinda.     {después.) 

SinMuda,  este  será  el  sitio, 

al  menos  las  señas  iguales  son. 

Una  casa,  con  su  balcón, 

delante  de  la  puerta, 

un  jardin  con  su  enverjado. 


—19— 

el  número  se  me  ha  olvidado. 

{Golpeándose  la  frente.) 

El  para-aguas. . .  si  no  esta. . .  [Imscándolo) 

si  no  parece,  al  Guadalquivir, 

el  amo  me  echará... 

Bonito  se  vá  á  poner, 

si  no  vuelvo,  con  él. 

Y  qué  hago  yo, 

por  San  Camaleón...  ^ 

Me  ha  amenazado, 

dejarme  mocho, 

es  decir,  desorejado...         (pausa) 
'    Aquí  hay  algún  misterio, 

gato  encerrado.... 

y  no  me  atrevo  á  vaticinar. .'. 

A  esa  puerta,  voy  á  golpear, 

á  ver,  si  por  casualidad. 

¿  Y  con  qué  achaque,  diré 

que  con  ese  peldaño, 

me  he  roto  las  espinillas? 

{Tira  de  la  campanilla  de  la  puerta  del 
jar  din) 
GUMERSINDA.  Quién  es?       {astymdndose  á  la  ventana) 
Rafael .        Señora,  por  el  amor. . .    [Se  dirige  á  ella) 
GuMERSiNDA .  Perdouc ,  hermano . 
Rafael.         Sino  pido  limosna,  sino  qué, 

al  tiempo  de  pasar, 

con  esa  piedra  tropecé, 
GuMERSiNDA.  AJ  hospital. 
Rafael.        Señora,  por  caridad, 

ponerme  unas  hilas, 

aunque  sean  con  balsamina. 
GUMERSINDA .  Esperad .  {r^ase) 

Rafael.        ¡Ay,  que  chica  tan  hermosa, 

es  mas  bonita, 

que  la  hoja  de  la  rosa! 
GüMERSiNDA.Tomad...  bálsamo  de  Malats,  {wlmendo) 

es  un  magnífico  vulnerario, 

hacen  mis  Señoritas,  por  caridad. 
Rafael.        Gracias...  aunque  sea 

imprudencia...  ¿por  casualidad, 


-90— 
esta  mañana,  cuaüdo  ¿sacudir  las  esteras, 
visteis  un  pBra-aguas?... 
GuMERSiNDA  No.  ("Cerrando  con  un  fuer  te 

porrazo  la  ventana  J 
Rafael.        Vaya  con  la  chica...  ¿y  qué  humos? 

¡Si  'será  alguna  duquesa!...   ó  archidu- 
quesa! ... 
Pobre  oijejas  mias, 
no  lo  he  encontrado, 
en  capüla,  están  metidas,      (vase) 

ESCENA  IX. 


D.  Gregorio.  Marta. 


Gregorio.     Si  se  pone  peor, 


Marta. 
Gregorio. 

Marta. 


{Salen  de  la  casa 
y  en  la  escena.) 


al  instante... 
no  haya  dilación. 
Ayer  tarde, 
mas  me  gustó. 
Anoche  hubo, 

gran  cerrazón, 
a  atmósfera, 
perjudicado,  su   constitución, 
a  Dios.  (vase.) 

Vaya  con  Dios, 
el  Doctor. 

("Paseándose  por  delante  del  jar  din, J 

Dijo,  un  cumplido  caballero, 

á  una  inocente  jardinera; 

dime  niña  encantadora! 

¿me  das  un  beso  de  amor? 

Ella  asomada  á  la  ventana, 

le  respondió,  que  nó. 

El  caballero,  insistiendo 

con  mas  fuerza,  le  suplicó; 

rendidamente  enamorado, 

á  ella,  con  frases  que  cautivó. 

Mas  sólida,  en  su  pudor, 


í 


Marta. 


Eduardo. 


--Si-- 

^ante  espresicmesv  despreció. 

La  lluvia,  el  granizo, 

el  relámpago,  el  trueno, 

á  sus  cuitas  invocó; 

pidiendo  de  su  cabello  un  rizo. 

en  recompensa  de  su  amor. 

EUa  fuerte  en  su  honor, 

le  dijo  serena,  ^ue  nó. 

Despechado  de  mi  negativa, 

ligero  se  despidió. 

Pero,  si  amante,  torna  otra  vez, 

en  lugar  de  un  beso,  le  daré  una  flor. 

{Entra  en  el  Jardín  y  se  entretiene  en 
cuidar  las  Jíores  y  permanece  en  ¿I, 
durante  la  siguiente  escena)  ^ 

ESCENA    X. 


Dicha.    BDUAfiDO. 

Eduardo.      Mi  curiosidad, 

mi  honra  lo  exige... 
¿Quién  será, 
nocturno  rivalf 
^  Si  supiera  donde  vive, 
quien  es... 
le  retaría  al  combate, 
otra  vez... 
Esquela  de  desafío... 
la  mancha  inferida, 

á  mi  amor, 
requiere   cumplida 

satisfacción. 


En  lu^r  de  un  beso, 
le  darcuna  flor. 

Qué  escucho... 
el  canto  de  un  ruiseñor, 
que  gozosa  saluda 
£U  Creador. 


Marta. 
Eduardo. 


Marta. 
Eduardo. 

Marta. 

Eduardo. 


Marta. 
Eduardo. 


Marta. 
Eduardo. 


Marta. 
Eduardo. 


Marta. 


Le  daré  una  flor. 

No  es  ruiseñor 

me  parece   es, 

su  aulcevoz. 

{Se  aproxima  al  jardín  y  la  reconoce.) 

¡Marta! 

¡Eduardo! 

¿Por  qué  me  llamas, 

impía  Señora? 

¡No  me  faltéis  así, 

amado  Eduardo! ' 

¡Cruel,  fementida! 

¿Aquella  fé  promelida, 

dó  está? 

¡En  mi  corazón! 

No,  he  llegado  á  ver, 

la  traidora  mudanza, 

de  una  engañosa  muger. 

¡Ayer  fui  tu  encanto, 

tu  felicidad,  tu  bien! 

líoy  soy  el  blanco, 

de  tu  malévolo  desdén. 

¡Eduardo! 

Te  acuerdas  anoche, 

cuando  me  [retiré; 

otro  afortunado  amante 

á  la  reja,  se  llegó  después. 

Nó. 

Si,  qué  distinto  entonces, 

fué  tu  querer. 
Qué  amante,  consecuente, 

qué  falsa  después. 
¡Crueles  recuerdos, 
matadme  de  una  vez! 
¿Por  qué  habláis  así, 
no  soy  merecedora, 
de  lenguaje  tan  cruel. 
Si  la  veleta  de  la  torre, 
se  varía  al  impulso, 
del  viento  azotador. 
En  mí  no  haycambio» 


es  firme  mi  fé,  mi  amor. 
Ei>u ABXK> .      Mis  ojos,  han  llegado  á  ver, 

la  falsaria  mudanza, 
de  una  voluble  muger. 
{vaset  y  eUa  d  su  casa.) 

ESCENA  XI. 

Rafabl. 

No  lo  dije... 

me  ha  dado ,  cada  pescozón , 

que  por  poquito, 

me  convierte  en  chicharrón . 

¡Maldita  sombrilla! 

que  por  tí,. 

me  han  roto  una"  costilla. 

bribona. . . 
Al  tiempo  de  entrar, 
viendo  que  no  venia  con  ella, 
estalló  la  tempestad. 


Y  me  despide... 

me  cambia  la  veleta, 

y  tengo  que  picar  de  zoleta... 

Otra  vez  en  su  busca, 

pardiez... 

\Vase  por  lado  opuesto.) 

ESCENA  XII. 


(pausa  J 


(pausa  J 


Elena.  Adolfo,  (despuesj  (aquella  por  fuera  del 

jar  din.) 

Elena  .  Pobre  jardin 

con  la  enfermedad... 
está  casi  seco,  el  jazmin.  ^ 

Quiero  hacer  un  ramo, 
para  perfumar  su  aposento, 
para  mi  padre: 


Adolfo. 


Elena . 
Adolfo. 


Elbna. 
Adolfo. 


Elena. 
Adolfo. 


buscaré  |el  resedan, 
hortensias,  trinitarias, 
dalias,  carmelitas, 
dianas,  tulipán.  ' 

.     *    .    .     . CpausaJ 

Para   Adolfo: 
pensamientos,  ialelí. 
claveles,  tamarindos, 
lilas,-  jacintos, 
violetas,  flor  de  lí. 
(Entra  en  él  jardín,  para  escoger  las 

flores,  para  formar  los  ramos  J 
Si ,  aquí  me  lo  dejé . . .        {entrando . ) 
¿Si  mi  rival, 
se  lo  habrá  llevado? 
Por  todas  partes 
lo  he  buscado. 

. . .  ¡  Hé  aquí ,  que  la  casualidad , 
me  ha  puesto,  otra  vez; 
delante  de  la  casa, 
de  aquella  beldad! 
Sino,  nunea,  fementida, 
faltará  su  fé  prometida. 
Falsaria  muger,  engañosa, 
dándome  su  habla  ponzoñosa. 
Huye  no  te  quiero  ver,     . 
cara  de  Lucifer. 
¡Adolfo! 

Diablo,  ¡este  sitio  está  encantado! 
¿Será    aquel  mocito, 
á  la  ventana  estaba  colocado? 
¡Adolfo! 

¡Caramba,  el  eco  otra  vez! 
En  este  árbol, 
algún  nido 
escondido... 
{Se"  Silbe  en  el  peldaño  y  escudriña  él 

árbol.) 
¡Adolfo! 
JParcüeK... 
{Bajando  con  presteza  y  pavura.) 


s 


Elena. 
Adolfo. 


Elena, 
Adolfo. 


Elena. 

Adolfo. 

Elena. 


Adolfo. 
Elbna. 


¡Adolfo!  {llorando) 

Lágrimas... 

8i  serán  de  alguna 

muger? 

¡Que  sollozos, 

que    gemidos! 

fSfe  aproxima  al  jardín  y  reconociéndola) 

¡Elena! 

¡Adolfo! 

Bompe*  las  cuerdas, 

mi  resentida  lira, 

mis  dulces  endechas, 

rebosan  celos,  ira. 

¿quién  es  aquel,  queá  tu  reja, 

contigo  estaba  hablando? 

¡Yo  inocente,  de  negra  impostura! 

A  Dios  vanas  ilusiones. 

Escuchad...    (saliendo  d  la  escenaj 

de  mí  ten  piedad. 

Este  ramo,  que  estaba 

preparando,  con  las  flores 

derni jardin...  tomad. 

¡Jamás! 

Son  tan  inocentes, 

como  el  cariño  mió. 

(Xe  dd  el  ramo,  Adulfo  lo  toma  y  lo  ar- 
reza sohre  el  pddaño,  yoase. — Elena 
d  la  suya,  cerrando  él  jardint  con 
desden. J 


ESCENA  XIII. 

D.  Gregorio,    Gumersinda  y  Rafael  (después.) 

Gregorio.     A  la  obligación, 

los  enfermos  de  cuidado, 
son  de  preferenteatencáon. 
fTira  de  la  campanilla  de  la  puerta  del 
jardin  y  le  ^e.)    ' 
Gumersinda.  Señor  Doctor,     ("saliendoj 

4 


—26-- 
Gregorio.     ¿y  la  enferma? 
GüMERSiNDA.  Oreo  está  peor. 
Gregorio.     Voy  sin  dilación,      {entra  en  la  casa) 
GüMERSiNDA.  Pero  ya  es  hora  fd  la  escenaj 

de  la  limpieza, 

y  es  menester 

hacerla  con  presteza. 

{Con  el  sacudidor  limpia  la  reja  y  la 
verja  del  jardin,) 
Rafael.      '"  No  lo  he  encontrado,  {saliendo) 

por  mas  que  lo  he  buscado. 


¡Pero  tate,  la  criada  de  esta  quinta, 

la  del  otro  dia,  la  bella  niña! 

¡Algo  me  tenia  de  haber  encontrado! 

Por  casualidad, 

y  que  linda  que  es. 

Su  rostro,  es  tan  rojo, 

como  un  clavel. 
GuMERSiNDA.  No  Señor, 

a(]^uí  no  se  venden, 

ni  rosas, 

claveles, 

ni  mosqüetas. 

Es  un  recreo, 

de  mis  Señoritas. 
Rafael.        A  pares. 
GuMERSiNDA. Si,  sondes  hermanitas. 

la  mayor  se  llama 

Elena,  la  menor  Marta. 
Rafael.        ¿Son  solteras? 
GuMERSiNDA.  Vírgenes  de  puro  candor, 


Rafael.        Un  para-aguas... 
GuMERSiNDA.  Uno  compré  ayer. 
Rafael.        ¿Si  será  el  mió? 
GuMERSiNDA.  Al  público  estaba, 

con  dos  letras 

enlazadas. 


— S?7— 
Rafael.        Una  cifra,  la  C  y  F, 

Conde  de  la  Florida. 
GüMERSiNDA  No  sé  leer, 

mas  voy  por  él  {vapor  él) 

Eapael.  ¡¡El  mismo!!  ♦ 

/Reconociéndolo  y  lleno  de  alegría,  le 
dé  muchos  besos  y  abrazos  J 
GuMERSiKDA  ¡Insolente.— atrevido! 

(Dándole  un  bolso  con  monedas,) 
Rafael.         Tomad,  para  un  vesttdo. 
GuMERSiNDA .  Gpacias ,  gracias . 

este  ramiflete  tomad. 

{Dándole  el  ramo  de  flores  d  Rafael, 
quien  vase.) 

ESCENA    XIV. 

Dicha.    Bartolomé.— Marta    y  Elena,    {después.) 

Bartolomé.  ¿Esta  es  la  casa  de  la  viuda 

del  Coronel  D.  Antonio 

Chinchilla?... 
GuMERSiNDA.  La  misma. 
Baírtolomé.  De  parte  de  D.  Eduardo 

Rósales . . .  para  la  Señorita 

Doña   Marta. 

(Entregándole  una  caria  J 
GuMERSiNDA.  Está  mujbien. 
Bartolomé.  A  los  pies  de  V.        {vase.) 

GUMERSINDA.  Agur. 

Señorita  Marta,  {llamando) 

Marta.  ¿quié  es?  (de  adentro) 

GuMERSiNDA.  Una  carta. 

Marta.  A  ver.      {saliendo  á  fuera  del  jardin.) 

GxJMERSiND  A .  Tomad ... 

Marta.  {leyendo  en  voz  (uta,) 

«Anoche  mis  esperanzas  fenecieron. 
Marta,  he  visto  un  bulto,  un  hombre, 
parado  á  la  reja,  después  que  yo  la 
abandoné.— La  vida  me  es  muy  pesada, 
cruel. — En  el  mundo,  ya  se  acabó  la 


—28— 

virtud,  todfi  és^ una  mentira. — Dentro  de 

una  hora   y  á  su  vi^  daré  Sñ  •  '&    mi 
\  existencia.— *iK5?í^^rá(>. » 
(declamandoj 

¡Diosmio!  qué  es  esto,  no  puede  ser  mas, 

que  el  fruto  de  una  calumnia.  — 

Mi  conciencia  está  tranquila, 

mi  conducta,  es  tan  pura, 

como  la  luz  divina  del  sol. 

(Se  desfallece  y  y  se  le  cae  la  carta,  ca 
pendo  sobre  él jpeldano.) 
GuMÉRSiNDA.  Señor  Doctor,    Señor  Doctor. 
Gregorio.     ¿Qué  se  ocurre?         >  {saliendo) 
GuMERSiNDA.  ¡La  Señorita  Marta! 
Gregorio.     Un  desmayo... 

el  pomo  del  espíritu, 

volad...  Pobrecita, 

perdido  su  bello  color, 

opaco  de  sus  ojos  el  fulgor. 
GUMERSiNDA .  1  omad .  {volviendo) 

Gregorio.     Es  un  soponcio. 

Descuidad. .'. 

{Le  aplica  el  pomo.) 

Ya  vuelve  en  sí. 


Marta.  ¡Eduardo! 

GuMERSiNDA.  Negra  trama. 
Gregorio.     Lances  de  amor. 

Gumersinda  al  lecho, 

mucho  abrigo... 

( Vase  Marta,  apoyada  en  Gumersinda 
y  se  detienen  un  poco  en  el  jardín.) 
Elena.  .¡Hermana   mia! 

Marta.  ¡Elena! 

Elena.  Qué  tienes... 

Marta.         Nada...  un  poco 

indispuesta . . .       {vase) 


.Tífíar- 


ESCENA  XV. 
Dicho.    Bafabl,  Elbna.  {desfk  la^jpt^erta  de  la  casa.) 

Rafael,        La  Señorita,  {entrnndó) 

Doña  Elena  Chíncl^Ula. 
Elena,  ¿Qué  se  le  ofrece?    (safiendo  d  la  escena) 

Bafasl.        De  parte  del  CoAde  de  la  Florida. 
Elena.  A  ver. 

Rafael.        Tomad... 

A  la  orden  de  V.      :  {¡OMse) 


Elena. 
(peyendo) 


«Un  ciego  ao^or,  me  }ia  impulsado,  en 
una  noche  hom|)le»  ififernal,  acercarme 
á  su  ventana.— No  he  temido  á  los  fu- 
riosos elementos;  ni  el  trueno,  que  zum- 
baba en  mis  oidos^  ni  la  lluvia  que  Qaia 
á  torrentes,  evitaron,  mí  idolatría  hacia 
vos. — En  cambio,  al  volver  las  espaldas, 
un  rival  mas  dichoso,  conversaba  con 
aquella,  que  yo  creia,  me  era  fiel.— 
Dentro  de  una  hora,. y  á  y:u€«(tra  pre- 
sencia, dejaré  de  (^}bí\v. — La  Florida.^ 

{Se  le  cae  la  carta  y  se  desmaya  Sfíbveiél 
banco.) 


Gregorio.     Otra  tenemos... 

Gumersinda ,  Gumersinda. 
GüMERSiNDA.  Señor,  Señor.  (saliendo) 
GREGORIO .     El  Álcali- volátil , 

aquel  tarrito... 
Gumersinda.  Que  está  sobre 

el  velador. 
Gregorio.     El   mismo. 

( Vase  0%tímrsinf[fl) 
Gregorio-     ¡Pobrecita! 

lo  que  son  losxikQVÍf»... 

Gumersinda.  Aqui  esfá      Qii^i^ndé 


Gregorio.     Unas  gotas, 

echad. . . 


fChmersinda  merte  en  él  pañuelo  de  D. 
Gregorio,  unas  gotas,  quien  se  lo 
aplica  J 


¡Adolfo! 

dueño  mió. 

¿Qué  es  éso, 

mi  hermana... 

¡Elena! 

¡Marta! 
GuMERSiNDA.  Señorita,        {á  Marta) 

por  el  estilo 

otra  cartita. 
Elena.  ¡Adolfo! 


Elena. 
Marta. 

Elena. 


Marta. 


Pero  antes, 
que  nuestros  amantes, 
tanto  nos  querian. 
¿Por  qué  estas  cartas, 
ahora  nos  envian? 

GUMERSiNDA.  Debe  ser  el  fruto, 

de  una  ^ave, 
equivocación . 

Marta.         Asi  será, 

y  tal  vez 
tengan  razón. 


{Permanecen  cuidando  d  Siena  J 


ESCENA    XVI. 
Dichos.    Eduardo.    Adolfo. 

Aix)Lfo*        la  muerte  ó  la  vida. 

Elegir  armas, 
Eduardo.      La  pistola. 

duelo  ó  jeuicidiOí 


-31- 

Adolfo. 

El  duelo  es  mas  noble. 

Marta. 

¡Eduardo! 

Elena. 

¡Adolfo! 

( Volmendo  en  si,  se  levanta  como  una 
furia,  y  le  quita  la  pistola.  Marta 
hace  lo  mismo.) 

Gregorio.     Señores,  ya  la  pendencia, 

se  acabó... 

{Interponiéndose  entre  los  dos) 

Lástima  es, 

que  dos  jóvenes, 

mueran  en  flor. 


FIN   DEL  ACTO  PRIMERO. 


C' 


ACTO 


t  .  < 


LA    ENFERMA 


'^áo  $emnho. 


»»3jqccctt 


Gabinete  modestamente  amueblado,  á  la  derecha 
del  espectador;  dos  puertas  laterales,  una  de  estas, 
con  cortinage;  otra  á  la  Izquierda  y  otra  grande  al 
íondo,  con  su  tirador  de  campanilla.  Al  frente,  una 
cómoda,  con  su  respectivo  espejo  encima  y  floreros,  á 
nn  lado  de  la  puerta  principal  y  al  otro,  una  mesa, 
con  tapete  y  recado  de  escribir,  sillones;  y  al  otro, 
una  tarima,  con  su  copa  y  fuego  en  ella. 


ESCENA  I. 

D.*  Brígida,  aparece  sentada  al  lado  de  la  copa;  y  de 
vez  en  cuando,  remueve  él  fuego\  con  la  badila. 

Qué  agustia, 
qué  pesadez; 
qué  agonía, 
qué  languidez. 
Vivir  de  esta  manera, 
es'tan  cruel... 
Tantos  medicamentos^ 
tomados  con  el  ojimiel. 
Tres  años  de  sufrimientos, 
y  de  continuos  tormentos. 
Ni  los  brevages,  ni  los  opiatas, 
electuarios,  resolutivos;     ^ 
u  pildoras  ,^  íiyudas,         ■ 


—34— 

I 

sinapismo,  cáusticos* 
Ni  los  temperantes,  emolientes, 
anodinos,  narcóticos; 
fortificantes,  rubefacientes, 
Absorventes,  carminativos. 

Nada,  todo  es  música  celestial, 
la  muerte  será  mi  conclusión  final . 


ESCENA   II. 


MABTA. 


Brígida. 
Marta. 


Brígida. 
Marta. 


Brígida. 
Marta. 


Bicha.    Marta, 

¡Mamá!... 

¿qué  tal,  os  ha  sentado 

la  medicina? 

La  de  hoy,  muy  bien. 

Desde  que  D.  Gregorio, 

os  visita,  observo  estáis  mejor. 

El  rostro,  que  es  el  espejo  del  alma, 

manifiesta  sonrosado  color. 

Antes  mucha  languidez. 

y  suma    amarillantez. 

Es  un  famoso  doctor, 

médico  de  Cámara, 

No  visita  mas  que  á  la  aristocracia, 

á  los  Duques,  Marqueses, 

rara  vez  á  la  democracia. 

y  es  mucho,  de  agradecer, 

venga  á  visitar  al  arrabal, 

á  una  familia  de  poco  caudal. 

A  la  viuda  de  un  Coronel... 

Cuando  venga  le  pagaré, 

se  le  deben  muchas  visitas. 

Hasta  ahora,  no  ha  permitido. 

por  su  trabajo,  obtener, 

columnarias  pesetas. 

Es  muy  generoso. 

¡Y  muy  guapo  mozo! 


•  • 


Brígida. 
Marta. 


Su  salud,  algo  quebrantada, 
ha  venido  á  Córdoblí  á  mejorarla. 
Le  gusta  por  las  mañanas  salir, 
visitar  las  encantadoras  orillas 
del  Guadalquivir. 
Me  voy  á  reclinar,  un  poco... 
Muy  bien,  ..  déme  usted,  el  brazo. 
(Vanse  al  cuarto  de  la  cortina^ 

ESCENA  III. 


Elena,  sale  besando  él  retrato  de  Adolfo,  que  lleta 

al  pecho. 

¡Adolfo  mió! 
mi  amor, 

mandarme  una  carta 
tan  desconsoladora, 
de  injusto  furor. 
Esos  celos  infundados, 
son  los  que  te  han 
impulsados... 
Cuando  te  amo  tanto,, 
eres  la  luz  (jue  guia,^ 
•    mi  existencia, 
el  faro  de  mi  vida. 
No  puede  vivir, 
sin  mí;  la  temjjestad  pasó; 
y  quiere  revivir, 
correspondencia  de  amor. 


Adolfo. 
Elena  . 


Le  voy  á  despedir, 
me  deje  en  paz, 
sola,  con  mi  hermanita 
y  mi  Mamá. 

* >••• 

¡Elena,   Elena!  {de  adentro) 

(golpeando  á  la  ventana) 
¡No  lo  dije,... 
si  no  me  deja  de  vivir! 

(^Adolfo  golpea  con  mas  fuerza.) 


Adolfo. 


Elena. 


Adolfo. 


—36— 

Le  abro,  lo  recibo,  nó, 
no  lo  quiero  recibir. 

{Aproadmdndose  á  la  ventana.) 

{Adolfo  vuelve  d  golpear.) 

Qué  fastidioso... 
¡Mas  quién  se  resiste, 
á  un  amoroso  adalid! 

{A  inendo  la  puerta . ) 

Estrella  divina,  {saliendo.) 

que  alumbráis 
al  firmamento; 
diamantina, 

Surpurina, 
el  Cielo  apo^nto. 
Porfiado  galán, 
martíharos,  no  me  deiais, 
ün  momento  de  paz. 
Dijustada  me  tenéis, 
con  aquella  misiva  cruel. 
Asi  como,  por  derrochador, 
faltáis  al  estudio, 
y  en  el  examen  probareis, 
vuestra  falta  de  aplicación. 
Siempre  por  esa  Sierra  Morena, 
en  busca  de  los  osos,  jabalíes, 
podéis  encontrar  una  pantera, 
y  á  morir  se  esponeis. 
¡Demonio  de  afición, 
las  cabezas  de  la  caza 
ponerla  luego  en  el  corredor! 
Me  acompaña  mis  criados, 
hago  parada  en  el  Capricho; 
de  mi  pariente  el  Marqués 
de  Benamejí,  palacio  de  recreo. 


\ 


ESCENA  IV. 

Adolfo.    Elena,    después  D.  Gregorio.  (Suena  la 

campanilla. J 


Elena. 

Adolfo. 
Elena. 


Gregorio. 
Elena. 


Adolfo. 
Gregorio. 


¿Q¡uién  será? 

sin  duda,  el  médico. 

¡D.  Gregorio!... 

Sin  duda. . . 

esa  persona  tan  digna 

tan  numanitaria, 

tan  filantrófica. 

Que  de  la  altura, 

que  su  saber,  su  ciencia, 

le  ha  colocado; 

ora  visita  al  poderoso 

como  al  desvalido.      {Le airela  puerta) 

Buenos  dias. 

Señorita  Elena. 

Buenos  dias, 

Señor  Doctor. 

¿Estáis  de  sus  achaques, 

ya  mejor? 

¿Este  pais,  os  sienta  bien? 

Sí,  desde  que  respiro, 

el  ambiente  puro  ael  aire, 

doy  mas  libre  el  suspiro; 

que  á  Marta  dedicado, 

S[uisiera,  por  ella... 
uera  aceptado. 


fpausaj 


En  la  Corte,  sofosante, 
una  atmósfera, 
pestilente».. 

A  caballo  hago  mis  escursiones, 
á  Córdoba  la  Vieja,  á  Rivera,     . 
al  Capricho,  á  las  ventas  de  Alcolea. 


Este  movimiento,  esta  acción, 


Adolfo. 

Elena. 
Adolfo. 


Elena 


han  fortalecido  mi  constitución. 

Otras  veces  prolongo  mas  el  viage, 
y  me  dirijo  a  Sierra  Morena, 
á  las  Ermitas, 
á  Belmez  y  Espiel, 
ásus  cuencas  carboníferas; 
esas  piedras  negras, 
que  puestas  en  combustión, 
dan  unnulso  á  las  fábricas, 
á  los  ferro-carriles, 
á  las  navegaciones  marítimas 
por  medio  ael  vapor  del  agua, 
en  ebullición. 

La  gloria  de  esa  invención 
se  debe  á  un  navegante  español. 
A  Blasco  de  Garay. 
'    Hizo  un  ensayo 
para  propulsar, 

una  nave  de  doscientas  toneladas, 
llamada  la  Trmidad. 
En  Barcelona,  en  1543, 
llegada  de  Oolibria 
al  mando  de  Pedro  Scarza, 
su  Capitán. 

Francia,  Italia,  Inglaterra, 

y  los  Estados  Unióos;  se  disputan 

la  gloria,  de  la  invención,  del  vapor; 

pero  el  descubrimiento, 

es  del  Ilustre  marino  esi^diño\.{con/íierza) 

{ pausa) 

La  máquina,  en  aquel  puerto  se  probó, 
nombrada  por  Carlos  Quinto, 
una  científica  comisión. 

Los  esperimentos  estrangeros, 
mucho  después  se  verificaron, 
i.     *..«..•• 
Se  reducía  á  una  gran  caldera» 


de  agua  hirviendo  y  unas  ruedas 

cotíipiicadas  de  madera, 

á  uno  y  otro  lado  de  la  embarcación. 

Aquel  asombroso  invento, 
perfeccionado  con  el  tiempo; 
le  quita  las  alas  al  viento. 

Y  marchamos,  tan  cierto 

y  ligero  á  Paris,  Berlín, 

Mosco w  y  San  Pesterburgo; 

que  el  mismo  diablo,  del  aserto, 

se  espantaría  del  portento, 

del  huma  y  del  movimiento. 

./  .    , fpausa) 

Gregorio.     España,  otras  veces,  la  Señora  del  mundo, 

tan  rica  en  productos  agrícolas, 
minerales,  riqueza  pecuaria,  marinas, 
y  ahora  en  letargo  profundo. 
.'        (pausa) 

Elena,  Consiste  en  que  todos  los  dias, 

hay  una  zaragata,  una  revolución; 
la  presa  se  disputan  como  fieras, 
en  Madrid,  se  vende  dulce  turrón. 

Adolfo.         Levanta  tu  cabeza,  noble  y  erguida, 

{con  energía.) 
y  será  acatada,  respetada  y  querida. 


Gregorio. 
Elena. 


Adolfo. 


¿Y  la  enferma? 

Creo  está  peor, 

la  fatiga  le  produce, 

sofocación... 

Lleva  tanto  tiempo  de  padecimientos, 

ya  desahuciada  por  muchos  médicos. 

Mi  única  esperanza, 

la  cifro  en  vos. 

En  su  habilidad, 

y  en  su  famosa  reputación. 


Gregorio. 


Adolfo. 


—40— 
Confio  en  Dios. 
{Vanse  este  y  Elena  ai  cuarto  de  la 

cortina) 
Mucho, 
alivio 
deseo. 

Aqui  reina,  una  agitación  estrema, 
la  hoguera  encendida,  va  á  estallar. 
Voy  á  mi  casa,  tomo  la  escopeta, 
y  me  lanzo  á  la  calle...  á  olfatear 

. {pausa) 

y  si  preciso  fuera,  al  campo  á  pelear, 
el  puesto  del  honor  me  llama, 
acudamos  liberal. 

( Vase  'por  la  de  enfrente) 


ESCENA    V. 


GUMBRSINDA,  sole  por  la  puerta  principal,  con  man- 
tón y  cesta. 

Vengo  de  la  compra, 
el  pueblo  está  armado.  ' 

Muchas  tropas 
vienen  de  todas  partes. 
No  se  puede  transitar, 
>  por  la  calle  del  Potro, 

y  los  alrededores  déla  Catedral. 
Yo  me  apresuré  á  comprar, 
y  en  casa  me  meto, 
por  si  esto,  viene  formal. 


Esto  es,  el  juicio  final. 


ipatisa) 


{Vase  a  su  cuarto,  izquierda) 


-41— 


ESCENA  VI. 

D.    Gregorio.    Elena.    Marta,    {salen  del   de  ia 
derecha,  y  después  Gümersinda,  por  la  izquierda^ 


Gregorio. 


Elena . 

Marta  . 

Gregoiíio. 
Elena. 
Gregorio. 
^    Marta. 
Elena. 
Gregorio. 
Marta. 
Gümersinda. 
Marta. 


Gümersinda. 


Elena. 

iSfUMBRSÍNDA. 


Junta  al  instante... 

la  enfenna, 

está  de  sumo  cuidado... 

Agotados  los  medios 

terapéuticos, 

hay  que  apelar 

á  los  quirúrgicos. 

A  la  operación 

de  la  paracentesis. 

Como  único  y   supremo 

esfuerzo  de  la  Medicina. 

Vos  sois  el  médico  de  cabecera 

y  lo  que  disponíais...  • 

Damos,  por  necHo. 

Pues  Junta. 

¿A  quién  se  llama? 

A  quienes  ustedes  quieran. 

A  D.  Diego  Rodriguez. 

Y  á  D.  Salvador  Valdecaiito. 

Conforme. 

Gümersinda.         ftlamándólaj 

Señora.  fsaliendoj 

Al  instante  llamad, 

á  D.  Diego  Rodriquez, 

y  á  D.  Salvador  Valdecanto, 

que  antes  visitaron  á  Mamá. 

Pero,  si  por  las  calles, 

no  se  puede  transitar; 

no  se  vé,  mas  que  gente 

armada,  fusiles,  escopetas, 

tambores,  cometas 

y  una  efervecencia  infernal. 

No  hay,  otro  remedio. 

¡Y  si  me  meten, 

6 


■  I 


—42— 
en  el  principal! 


^con  intencionj 


Marta. 


Gregorio. 


En  fin,  allá  voy,  y  sea 

lo  c|;ue  Dios  quiera. ..  .    "! 

("Vase  d  su  cuarto,  toma  él  mantón^  vol- 

mendo;  vase  por  la  puerta  principal 

de  enfrente) 
Tomad,  señor  Doctor, 
el  importe  de  vuestros 
honorarios ...       (le  ofrece  un  bolsoj 
Que  disparate,    ' 
mi  único  anhelo, 
es  procurar  restituir; 
mi  vehemente  deseo., 
á  la  enferma ,  la  salud , ; 
con  tierna  solicitud. 
( Vase  al  cuarto  de  la  cortina  con  Mena) 


ESCENA    VII. 

MARtA.    Eduardo    (por  la  principal  J 

Eduardo.      Hoy  no  salir  á  la  calle, 

ni  á  misa,  Gordo  va 
es  un  babel... 
¿Y  Mamá?   * 

(pausa) 
Peor, 

pide  Junta, 
D.  Gregorio. 
Pues  Junta, 
la  misión  que  me  trae,, 
hoy  á  visitaros, 
es  el  de  despedirme  de  vos. 
Tengo  que  partir,  sin  dilación, 
para  Manila, 
via  de  Marsella 
por  el  primer  vapor. 


Marta. 


Eduardo. 


Ayer  recibí,  una  misiva,  de  mi  tic» 
rico  hacendadbp  de  aqUeUfi  pabladon: 


/ 


Marta. 


Marta. 
Eduardo. 


Marta. 


-43- 

es  muy  anciano  y  t^l  vez,  me  declare, 
su  heredero  universal,  á  su  defunción. 

Voy  á  despedirme 

de  Elena  y  de  tu  Mamá, 

{Entrando  en  la  haütacion  de  esta.) 
¡Como  una  piedra, 
me  he  quedado. . . 
Se  fué  para  mí, 

el  lucero  adorado!     •  .  ' 

D.  Gregorio,  con  atención 
cariñosa  me  mira, 
su  mustio  corazón ; 
propicia,  creo  esj^ra, 
favorable  ocasión; 
Es  seguro,  recibirá 
inesperado  alegrón. 
Nosotras,  qué  esperamos 
evL  el  mundo,  sino  una  colocación. 

. (^pausa) 

Un  rato  á  la  labor, 

otro  ál  balcón, 

en  el  peinado, bella  flor, 

en  el  vestido,  no  falte  un  botón. 

(^pausa) 

{EduQ/rdo  sale  y  desde  él  dintela  del 

cuarto  de  acuella) 
A  Dios,  á  Dios. 
¿Y  volverás  pronto? 
]Hiia  mia! 
será  muy  difícil... 

conque  asi,  á  Dios    (abrazándola,  vase.) 
A  Diófl,  á  Dios. 
Se  fué  mi    ¡Eduardo! 
haga  buen  viaje, 
quiera  Dios. 
Le  salve  la  tempestad 
^e  la  furia,  s^  rigor. 
Mis  relaciones 
dieron  conclusión. 


--44- 

ESCENA    VIII. 

Dicha.  GüMERSiNDA,  fpor  la  principal  y  entra  y  deja 

el  mantón  sobre  una  silla.) 

GuMERSiNDA.  La  diligencia  despachacja, 

los  médicos  pronto   vendrán; 

Tódavia  me  dura  el  pavor, 

aquel  rugir  de  las  espadas, 

y  todo  fué  grave  equivocación . 

Mis  Señoritas; 

á  sus  respectivos  amantes 

en  distintas  horas, 

é  la  reja  los  citó. 
Marta.  EUos  acudieron, 

y  como  se  vieron, 

era  una  misma 

creyeron ; 

hacia  cara  ^  las  dos 

y  de  aquí  partió  '    . 

^  la  ofuscación. 

Aquel  maldito, 

para-aguas  olvidado, 

aquella  capa  empapada 

en  la  verja  colgada, 

fueron  la  culpa 

de  la  trabazón. 
GuMERSiNDA.D.  Eduardo,  al  tiempo  de  marchar 

V  encontrado  no  muy  lejos  de  acá, 
ha  dado  muestra  de  su  hberalidad.  ' 
Como  recuerdo  de  despedida, 

me  ha  regalado  una  onza  de  oro. 

Y  me  compraré  un  miriñaque, 
un  trage,  una  bata,  un  gorro, 
como  Señora,  aristocrática. 

Marta.  De  tu  clase,  quiere  salir, 

cuando  trasciende  á  democracia 

»GüMERSiNDA.  Nunca  he  tenido, 

una  moneda  tan  gorda... 

Marta.         Muger,  se  dice 


—45— 

de  mas  valor. 

A  ver... 
GuMERSiNDA.  Tomad. 
Marta.  El  busto  es  de  Carlos  III, 

rey  sabio,  prudente  y  justo. 
^  Aquel,  si  que  fué  un  gran  Monarca, 

E adre' benéfico  de  sus  pueblos, 
uena  elección  en  sus  ministros, 

un  Conde  de  Aranda,  un  Floridablanca. 

En  su  reinado, 

la  marina  militar, 

lle^ó  á  un  gran  apogeo 

poder  colosal. 

Hoy  escalan  el  poder, 

hombres  de  poca  sabiduría, 

y  de  poco  valer. 
GüMERSiNDA.  Así  anda  ello, 

siempre  revuelto... 

Voy  á  guardar 

la  onza  al  cofre.  {vase  á  su  cnarto) 

Marta.  Esa  es  la  habilidad 

de  los  polítiQos  modernos 

por  regla  general. 

Mucho  prometer, 

nada  bueno  hacer. 

ESCENA  IX. 

Marta.  D.  Diego  Rodríguez  y  D.  Salvador  Val- 
decanto.  Suena  la  campanilla  y  aquélla  dbre.  Des^ 

pues  D.  Gregorio. 
D.  Diego  y 
*  D.Salvador. Señorita, 

buenos  dias. 
Marta.  Buenos, 

lo  tengan  ustedes. 
Diego.  ¿Y  la  enferma? 

Marta,         Peor, 

pasen  ustedes 

a  su  habitación* 
Salvador.    C&n  vuestro  permiso*  (^Stúe  D.  (hegOnol 


Marta. 


Gregorio. 


Marta. 
Gregorio. 
Marta. 
Gregorio. 


Marta. 


fSntran  en  d  (matto  de  la  cortina  !>• 

SoH'oadOT  y  D.  Diega.) 
Quiera  Dios 
le  den  la  salvación. 


Quiero  aprovechar 
los  momentos, 
mientras  el  diagnóstico 
hacen  mis  compañeros. 

Marta, 
vuelvo  á  reiteraros, 
mi  carino,' mi  pasión; 
á  manifests^ros, 
este  sincero  amor, 
hace  tiempo  os  profeso,  , 
sois  vijda  mia,  mi  embeleso. 
Siendo  tan  buiena  hija, 
seréis  I;)uena  esposa. 
Os  contestaré. 
¿Y  cuando? 

Salvándose  la  enferma. 
Si  mis  compañeros, 
son  de  la  misma  opinión, 
es  seguro  el  triunfo, 
su  salvación... 
Entonces  con  mi  amor, 
pagaré  vuestros  desvelos, 
vuestra  abnegación. 


{patcsaj 


/■ 


ESCENA   X. 
Dichos.  Elena.  D.  Salvador  y  D.  Diedo.  {mlviendo) 


Diego. 


{dB.  Gregorio^ 


Compañero, 

soy  de  vuestra 

opinión,     y 

No  hay  otro  recujrso, 

que  hacer  de  la  paracentesis, 

la  operación. 

Pues  el  líquido, 

esparcido  en  el  abdomen, 


r 


-47— 
í     empuja  el  diafragma,    * 

y  demáa  viceras, 

naciendo  ya  muy  difícil         \ 

la  respiración. 
Salvador.     Yo  peopinaría  la  escila, 

las  nojas  de  digital  purpurea, 

las  fricciones  cop  el  acetato  de  amoniaco. 
Diego.  Esos  son  medios  paliativos, 

hay  qiie  recurrir  á  los  heroicos. 
Gregorio.  -  La  punción  ó  la  muerte,    {con  energía) 

Esta  última  es  infalible, 

ejecutemos  lo  primero, 

Dios  querrá;  ' 

evitemos  lo  segundo. 
Diego.  La  operación, 

la  confiamos  en  vos. 

{Entran  en  el  cuarp.  Siena  con  el  pa-- 
ñuelo,  injuga  sus  lágrimas.  Marta 
hincase  de  rodillas,  hasta  la  conclu- 
sión de  la  plegaria  de  Mena.)  0 
Marta.         Virgen  María,  ^ 

prestad  acierto, 

vuelva  la  alegría, 

á  estas  hijas, 

desventuradas, 

y  en  tí  confía. 

{pausa) 

Sé,  Virgen  beUa,  » 

mi  amparo; 

mírame  con  amor; 

no  soy  digna, 

con  una  mirada, 

de  compasión. 

ípausaj 

Elena  .  Virgen  pia  y  clemente ,    {arrodillándose 

•  hasta  concluir 

laplegaria.) 

amparo  del  desvalido, 

desde  la  mansión  celeste, 

vela  por  nuestro  ser  querido, 
/ 


Diego. 

Salvador. 

Gregorio. 
Marta  . 


Gregorio. 
Marta  . 


—48— 
Yo  vengo,  Virgen  á  besar, 
las  estrellas  de  tu  manto, 
misericordiosa  acoge  nuestro  llanto, 
del  peligro  á  la  enferma  salvar. 

'    .     .        (pausaj 

Niñas  la  operación ,      {saliendo  'primero) 

salió  ala  perfección. 

La  enferma,  {despnes) 

ya   respira  mejor. 

La  ciencia  triunfó.  {último) 

¡Con  qué,  Señor  Doctor 

podré  pagaros,  vuestra  ciencia, 

vuestros  servicios,  su  abnegación! 

¡¡Con  vuestra  mano!! 

HiComo  DEUDA  DR  GRATITUD!!! 


FIN   DEL   DRAMA. 


EL  DIABLO  EN  EL  nOLINO 


n-  ; 


:_.  L 


.y 


Á-> 


Esta  obra  es  propiedad  de  sus  autores,  y  nadie  podrá, 
sin  su  permiso,  reini]n*im  ría  ni  rdpiesentarla  en  Es- 
paña y  gu8  posesiones  de  Ultramar,  ni  en  los  paÍT«s  con 
quienes  hnja  celebrados,  ó  5»  celebren  en  adelante  tra- 
tados intero&cionales  de  l)ro^  iedad  literaria. 

Los  autores  se  reb*^rvan  el  ñerecho  de  traducción. 

Loa  comisionados  lie  las  Galerías  delosSree.  Hidal- 
go y  Arregui  y  Aruej,  son  los  encárgalos  exclusiva- 
mente de  conceder  ó  neg-ar  el  permiso  de  represen- 
tación y  del  cobro  da  los  uereclios  de  pro'áedad. 

Queda  hecho  el  de;-ó¡sito  que  míiviui  la  ley. 


Por  ser  tan  vivo  de  genio  el  Sr.  Ciiartcro,  no  ha  sido 
posible  imprimir  esta  obra  hasta  la  cincuenta  represen- 
tación. 

ViGARVA. 


OPUm  CÓMICA  ER  ER  ICTO  T  DOS  CUIDIOS 


LETRA  DE  LOS  SEÑORES 


CUARTERO    Y  VIGARVA 


MÚSICA   DEL  MASSTBO 


DON  RAFAEL  TABOADA 


Estrenada  con  gran  éxito  en  el  TEATRO  DE  RECOLETOS  la  noche  dei 

n  de  Julio  de  1891 


-<^^^^^-h 


MADRID. 

R.   VELASCO,   IMPRESOR,   RUBIO,    20 


1861 


\/' 


I/'. 


Á  LA  SEÑORITA 


f)oííá  I<uéfeéiá,  ^fáijá 


Ya  que  Lucrecias  la  historia 
menciona  tan  sólo  dos, 
muy  pronto  será  precisa 
esta  notable  adición: 
«  Lucrecia  Arana  y  cantante, 
£ntre  todas  la  mejor, 
que  aun  haciendo  de  diablo 
tiene  de  un  ángel  la  voz. » 


^uaztcto 


9) 


ic^axva 


Madrid,  26  de  Agosto  de  1891. 


REPARTO 


rZfiSOlTAJSS 


ACTOBES 


LAMBERTO. .  • Srta.  D.^  Lucrecia  Arana. 

BERTA »     »  PiIarAcevcs. 

C0LÁ8 Sr.   D.  Vicente  G.«  Valero, 

EL  BUQUE  i) »     »  Mariano  de  larra. 

FINGEELING »     »  Alfredo  QueYedo. 

UN  ALDEA^O •»     »  Pablo  Arana. 

Aldeanos  y  aldeanas 


La  acción  en  el  Ducado  de  Augustoburgo  (Sajonia) 

Siglo  XVII 


(l)    Por  iDdisposlción  del  Sr.  Larra  se  encargó  dol  papel  el  beñor 
Vcdia  desde  la  quinta  representación. 


ACTO  ÜNICO 


CUADRO  PRIMERO 

Campiña  frondosa.  A  la  derecha  una  granja  ó  casa  de  labor,  con 
pnerta  practicable. 


ESCENA   PRIMERA 

ALDEANOS  y  después  COLAS  y  BERTA  por  la  primera  derecha 

Maslca 

Coro  Hoy  es  día  de  alegría, 

de  placer  y  bienestar, 
pues  se  cafia  la  muchacha 
más  bonita  del  lugar. 
La  fortuna  le  sonríe 
á  ese  timo  de  Colas, 
pues  se  lleva  la  muchacha 
más  bonita  del  lugar. 
Aquí  los  novios  llegan, 
que  vivan  años  mil; 
la  novia  es  muy  bonita, 
el  novio  muy  cerril. 
Desde  hoy  siempre  juntitos 
felices  vivirán, 
y  boda  tan  dichosa 
preciso  es  festejar. 


8 


Colas 

Coro 

Berta 

Coro 

Mujeres 

Colas 


Berta 


Coro 


Mil  gracias  muchachos. 
¡Que  viva  Colas! 
Gracias,  amigas  mías. 
Qué  bonita  está. 
Envidia  nos  causa 
su  felicidad. 
Pronto  mi  esposa, 
Berta,  has  de  ser, 
y  yo  tu  esposo 
amante  y  fiel.  . 
Yo  tus  caprichos 
satisfaré, 
como  un  borrego 
por  tí  seré. 
Nada  me  importa  . 
que  quieras  ser 
conoto  un  borrego 
sumiso  y  fiel. 
Toda  mi  alma, 
toda  mi  fe, 
la  tiene  otro, 
lo  sabes  bien. 
Al  ver  en  ella 
tanta  frialdad, 
muy  mala  espina 
esto  nos  dá. 
Berta  es  muy  lista, 
torpe  es  Colas, 
y  algo  muy  grave 
le  ha  de  pasar. 


HaMado 

Colas         Bien;  basta  de  bulla  y  dejadnos  en  paz. 

Berta         Yo  os  doy  mil  gracias. 

Colas  Y  yo  también  por  vuestras  atenciones,  y 
sólo  me  resta  rogaros  paséis  á  mi  casa  á  be- 
ber y  comer  todo  lo  que  os  apetezca. 

Uno  jViva  Colásl 

Todos         ¡Viva! 

Ald.  (Llevándole  aparte.)  Sea  enhorabuena.  Colas. 

¡Cómo  te  envidiamos  todos!  ¡Buen  bocado 
vas  á  comerte! 

Colas  ¡  Animall  A  tí  sí  que  te  hace  falta  un  bocado. 


—  9  -~ 

Berta         Entrad,  amigos  míos. 
Uno  ;Que  vivan  los  novios! 

Todos  ¡Vivan!  (Vanse  por  la  izquierda.— Rltomello  en  la 

orqueslft.) 


ESCENA  n 


BERTA    >'   COLAS 

Colas  Nada,  está  demostrado  que  no  hay  manifes 

taciones  tan  espontáneas  como  las  de  los 
estómagos  agradecidos. 

Berta         Colas,  tengo  que  hablarte  seriamente. 

Colas  Bueno;  pues  prometo  no  reirme. 

Berta  Ya  sabes  que  pobre  y  huérfana  me  recogió 
mi  padrino,  á  quien  procuro  siempre  com- 
placer. 

Colas  Bien,  ¿y  qué? 

Berta  Espera.  Mi  padrino  ha  dispuesto  que  rae 
case  contigo,  jiorque  eres  un  hombre... 

Colas  Eso  sí. 

Berta         Un  hombre  honrado. 

Colas  Como  que  me  llamo  Colas. 

Berta  Yo  me  caso  por  darle  gusto,  pero  ya  sabes 
que  no  te  amo. 

Colas  Vamos,  no  disimules,  mujer,  déjalo  para 

después  de  casados. 

Berta  {Animal! 

Colas  ¡Dice  que  no  me  ama  y  me  llama  animal! 

(Riéndose  mucho.) 

Berta         Ya  te  he  dicho  mil  veces  que  mi  corazón  no 

me  pertenece,  que  es  de  otro. 
Colas  Pero,  mujer... 

Berta         Y  qué  quieres,  yo  le  he  jurado  eterno  amor. 
Colas  Eso  no  es  más  que  una  alucinación;  no  en 

balde  os  llaman  flacas  á  las  mujeres. 
Berta         ¿Y  tengo  yo  la  culpa? 
Colas  ¿De  ser  flaca? 

Berta         De  que  hayan  ganado  mi  corazón. 
Colas  ¿^^^  jugado?  |Haber  dicho...  mus! 

Berta         Tú  no  eres  capaz  de  comprenderme  y  te 

dejo.  Reflexiona  bien  á  lo  que  te  expones  si 

te  casas  conmigo.  (Entra  en  la  casa.) 


—  40  — 

ESCENA  III 

COLAS,  á  poco  EL  DUQUE,  FINGERLING  y  CORO,  por  la  izquierda 

Colas  ¡Que  reflexione!  jQue  reflexione!...  La  cosa 

tiene  mucho  que  pensar...  (Después  de  meditai- 

un  rato.)  Pero,  ¡bah!  Me  caso  y  luego  pensaré 
lo  que  debo  hacer.  Si  todos  los  maridos  lo 
hubieran  reflexionado  antes  no  habría  ba- 
das, y  no  habiendo  bodas...  pues,  ecétera. 

Música 

Coro  El  Señor  de  estos  dominios 

boy  nos  viene  á  visitar, 
y  sin  duda  vá  de  caza 
por  lo  apuesto  y  lo  marcial. 
¡Viva  el  Duque!  Viva  el  Duque, 
nuestro  noble  bienhechor, 
que  perdona  los  arriendos 
si  es  mal  año  de  labor. 
¡Viva  el  Duque!  ¡Viva  el  Duque, 
nuestro  noble  bienhechor! 

DuQ.  (saliendo  con  gravedad  cómica,  seguido  de  Pingerling.) 

Yo  soy  un  Duque  singular, 
original,  muy  especial, 
que  su  ilusión  es  el  cazar 
y  buenas  liebres  atrapar. 
Por  mi  donaire  sin  igual, 
no  falta  nunca  una  beldad 
que  admire  el  porte  seductor 
del  más  bizarro  cazador. 
¡El  terror  de  perdices,  conejos, 
,  de  patos  y  liebres 
el  gran  tirador. 
Coro  Pues  hace  bien 

el  gran  señor, 
en  sostener 
esa  afición. 
Mas  como  al  blanco 
nunca  da,  , 

ni  una  perdiz 
logró  cazar. 


Y  le  elejamos 

con  su  ilusión, 
porque  siempre  nos  compra  perdices» 
conejos  y  liebres 
el  buen  tirador. 


DuQ. 


Coro 


Yo  soy  un  Du(jue  original, 
que  abandonando  la  ciudad, 
se  viene  al  campo,  y  le  es  igual 
el  que  haya  caza  ó  no  cazar. 
Pero  si  encuentro  una  mujer, 
se  inunda  mi  alma  de  placer, 
y  del  conejo  corredor 
no  hace  gran  caso  el  cazador; 
porque  quiero  muchachas  bonitas, 
remonas  y  guapas, 
que  es  mucho  mejor. 
Pues  hace  bien 
el  buen  señor,  etc. 


H¿&bl:4cio 


FlNG. 


DüQ. 

PlNG. 
DuQ. 


FlNG. 

Colas 

FlNG. 

Colas 

FlNG. 

Colas 

FlNG. 

Colas 
DuQ. 


Señor:  debo  advertiros  que  no  hay  que  per- 
der tiempo;  la  noche  se  viene  encima  y  hay 
que  pensar  en  buscar  alojamiento. 
Procura  que  sea  donde  haya  mujeres  bo- 
nitas. 

Pero,  señor... 

Haz  ió  que  te  mando.  Ya  sabes  que  soy  un 
Duque  oríginal,  y  no  permito  que  me  con- 
tradigan. 

(a  Colas,  que  estará  á  la  puerta  dé  la  casa.)  ¡Acér- 
cate, estúpido! 

(¿Quién  será  éste  que  me  conoce?) 
¿A  quién  pertenece  esa  casa? 
Al  padrino  de  mi  novia. 
¿Es  guapa? 
Como  un  sol. 

(ai  Duque.)  Ya  tciiéis  el  alojamiento  que  de- 
»seábais. 

¿Qué,  pensáis  hospedaros  aquí? 
i  Yo  soy  un  Duque  muy  original! 


—  ín- 


colas 

DUQ. 

•OOLÁS 

Coro 
DuQ 

OoLÁS 

Coro 

DüQ. 

Colas 
Coro 
DuQ. 
Colas 

DüQ. 
FíNG. 

Colas 

FlNG. 


Vos  podréis  ser  todo  lo  original  que  queráis, 

pero  en  esa  casa  no  podréis  dormir. 

¿Por  qué  razón? 

ror  la  razón  de  que  me  voy  á  casar  esta  no^ 

che.  ¿No  es  verdad  que  voy.á  casarme? 

Sí,  si;  va  á  casarse. 

Mejor. 

Y  habrá  b  illa.  ¿Verdad  que  habrá  bulla? 
Si,  sí  la  ha:)ra' 

Mejor. 

Y  habrá... 
|Já,  já,  já! 
Mejor. 

Y  además,  ya  comprenderéis  que  yo  necesito 
quedarme  solo  con  mi  mujer:.. 
Fingerlíng,  dispon  lo  que  te  he  ordenado. 
Entremos,  señor. 

Pero  .. 

Entremos.  (Entran  en  la  casa.  Ritornello  en  la  or- 
questa. El  Coro  se  va  por  la  izquierda,  haciendo  burla 
a  Colas;  éste  los  arremete,  las  mujeres  dan  un  chillido 
y  desaparecen.  Golas  se  va  por  la  derecha  arriba.) 


ESCENA  IV 


BERTA,  que  sale  de  casa 


jEs  imposible  convencer  á  Colas!  ¡Y  nada, 
mi  padrino  se  empeña  á  todo  trance  en  que 
la  boda  se  efectúe!  ¿Por  qué  no  hemos  de 
tener  Hbertad  para,  expresar  nuestros  sen- 
timientos? Si  así  fuera,  yo  le  diría  á  mi 
Lamberto.,. 


Lam. 


Masica 

(Dentro.)  Anior  es  la  delicia, 
si  se  ama  con  pasión; 
su  fuego  da  la  vida 
al  triste  corazón. 
Dame  tu  amor; 
que  suspira  por  tí  fiel  y  amante 
el  trovador. 


-  43  - 

ESCENA  V 

BERTA  y  LAMBERTO 

Lam.  ¡Berta  mía! 

Berta  ¡Mi  Lamberto! 

Lam.  ¡Luz  del  cielo! 

Berta  ¡Dulce  bien! 

Lam.  El  hr.llarto  entre  mis  brazos 

es  la  dicha  que  soñé,  (se  abraz«n. 
Como  en  la  aurora 
naciente,  el  sol 
H'i  hiz  derrama 
sobre  la  flor, 
así,  bien  mío, 
al  verte  yo, 
lu2  á  mi  alma 
presta  tu  amor. 

Berta  Como  en  la  aurora 

naciente,  el  sol 
su  luz  derrama 
sobre  la  flor, 
así,  bien  mío, 
al  verte  yo, 
late  amoroso 
mi  corazón. 


Lam.  ¡a  salvarte,  mi  bien,  yó  vengo  aquí! 

Berta  ¡Con  tu  amor,  mi  Lamberto,  soy  felizf 

Lam.  ¡Con  ingenio  y  astucia  venceré! 

Berta  ¡Tuya  siempre,  yo  juro,  ñel  seré! 


Los  dos  Como  en  la  aurora,  etc. 

¡Oh,  qué  dicha  es  amar 
con  ardiente  pasión! 
¡Es  delicia  sin  par 
el  gozar  del  amor! 

¡Mi  dulce  bien, 

mi  dulce  amor, 

tuyo  será 

mi  corazón! 


—  i4  — 

Hablado 

Bert^         Pero,  ¿cómo  has  venido? 

Lam.  ¡Por  salvarte  lo  he  arrostrado  todo!  Sé  que 

esta  noche  te  ibas  á  casar  con  un  estúpido, 

que  de  seguro  no  sabe  apreciar  los  tesoros 

que  encierras  en  tu  corazón. 
Berta         ¡Y  lo  malo  es  que  la  ceremonia  se  llevará  á 

efecto. 
Lam.  Ya  lo  creo  que  se  llevará.  • 

Berta         Entonces  no  veo  la  salvación. 
Lam.  Sólo  que  habrá  algo  imprevisto. 

Berta         ¿Algo  imprevisto? 
Lam.  Confía  en  mí ,  que  pronto  hallaré  un  medio 

para  que  seas  feliz  con  tu  esposo. 
Berta         ¡Imposible!  No  le  amo. 
Lam.  Ya  le  amarás. 

Berta         ¡Si  es  tan  feo!...  Me  voy;  si  nos  vieran  juntos, 

daríamos  que  murmurar. 
Lam.  ¿y  te  vas  así? 

Berta         ¿Cómo? 
Lam.  Sin  darme  un  abrazo. 

Berta         j,Y  si  nos  vieran? 

Lam.  Nada  temas,  bien  mío.  (La  besa  la  mano  ai  mis- 

mo tiempo  que  sale  Colas,  con  capa.) 

Colas  (¡La  llama  bien  mío!  ¡Y  la  abraza!  Pero ,  no 

importa...  Me  caso,  lo  he  reflexionado  bien.) 

Berta  ¡Colas!  (Vase  corriendo.) 


ESCENA  VI 


LAMÜERTO    y    COLAS 


Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 
Colas 


Señor  bar] ji lampiño,  ¿sabéis  que  Berta  se  va 

á  casar  esta  nocl;ie? 

Lo,  sé. 

¿Y,  sin  embargo,  la  abrazabais? 

¿Y  qué  mal  hay  en  ello? 

Mal  no  hay  ninguno;  pero  yo  voy  á  ser  su 

marido,  y  no  consiento... 

¿El  qué? 

No  consiento  que  nadie  la  abrace  antes 

que  yo. 


—  IS- 


LAM. 

Colas 


Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 
Lam. 

Colas 
Lam. 

Colas 

Lam. 
Colas 


Lam. 
Colas 

Lam. 
Colas 

IjA^Í. 

Colas 

Lam. 
Colas 

Lam. 


¿Y  ella  te  ama? 

Yo  creo  que  sí,  aunque  dice  que  no ;  pero  á 
las  mujeres  ya  sabéis  que  les  gusta  disi- 
mular. 

¿Y,  sin  embargo,  te  casas  con  ella? 
A  lo  seguro  me  atengo;  Berta  es  muy  boni- 
ta y  además  tiene  buen  dote. 
jY  si  te  pesa? 
Que  me  pese. 
¿Y  si  después?... 

También  me  caso;  he  decidido  sentar  pla- 
za de... 
jEstúpido! 
De  eso. 

Oye,  Colas;  voy  á  proponerte  un  negocio. 
¿Qué  dote  tiene  Berta? 
Cuatrocientos  florines. 
Yo  doblo  la  cantidad  si  me  dejas  ocupar  tu 
puesto. 
¿Cómo? 

Casándome  con  ella. 

Pero  eso  no  es  pasible,  se  conocerá  el  cam- 
bio y  todos  se  burlarán  de  mí. 
¿Y  qué  te  importa,  si  vas  á  ser  rico? 

(Después  de  pensar  nn  breve  momento.)  Acepto.  Es 

un  ])onito  negocio,  doblo  la  cantidad  y  me 
deshago  de  una  mujer  que,  aunque  me 
ama,  lo  disimula  mucho. 
Dame  tu  capa  y  toma.  (Le  da  un  bolso  y  Coiós 

le  entrega  la  capa.) 

(Abriendo  el  bolso  y  contemplando  el  dinero.)  ¡Cuán- 
to oro!  No  vale  tanto  una  mujer,  por  guapa 
que  sea. 

No  olvides  que  este  convenio  ha  de  quedar 
entre  nosotros. 
Descuidad 

Protegido  por  la  noche,  voy  á  casarme  con 
tu  futura. 

¿Con  mi  futura?  ¡Já,  já!  ¡Tiene  gracia!  Pero, 
decidme ,  ¿vos  quién  sois? 
El  diablo. 

(santignándose.)  ¡Ave  María  purísimal...   ¿Y 
veníís?... 
Del  infierno. 


~  i6  — 

Colas         Buena  tierra  para  el  mes  de  Enero. 

Lam.  Largo,  á  esconderte;  cuida  con  no  faltar  á 

tu  promesa,  y  además  has  de  obedecerme 

en  todo,  porque  si  no... 
Colas         Descuidad.  (No  hay  duda,  es  el  diablo;  pero 

lo  cierto  es  que  estos  son  florines.  ¿Harán 

moneda  falsa  en  los  infiernos?  Eso  sí  que  uo 

me  gustaría. 

(Vase  por  la  izquierda.  Obscura  la  escena.) 


ESCENA  Vn 

LAMBERTO ,  luego  BERTA  y  CORO 

Lam.  La  noche  está  obscura,  y  embozándome  no 

es  fácil  que  me  conozcan;  el  Padre  Agustín 
está  preparado  de  antemano,  es  amigó  mío  y 

me  guardará  el  secreto.  (Se  oyen  voces  dentro.) 
jYa  vienen!  (Lamberto  se  emboza  en  la  capa,  da  el 
brazo  á  Berta,  que  sale  de  la  casa  y  desaparecen  por 
la  derecha;  el  coro  sale  por  la  izquierda  y  sigue  á  IO0 

novios.) 

Hfnsiea 

CdRO  Vamos  contentos 

hacia  la  ermita, 
tan  grata  boda 
á  celebrar. 
Y  que  los  novios 
felices  sean, 
miles  de  años 
en  el  lugar, 

HVTACIOJT 


—  n 


CUADRO   SEGUNDO 

Interior  de  un  molino.— A  la  derecha,  en  primer  término,  puerta 
practicable  que  figura  ser  la  habitación  do  Berta;  en  segundo 
término,  una  escalerilla  que  conduce  al  dcsváu  ó  cámara,  con 
ventana  grande,  practicable,  en  la  derecha  del  foro,  y  capaz  para 
colocarse  una  persona  de  cuerpo  entero.— A  Ja  Izquierda  y  en 
primer  término,  puerta  también  practicable,  que  íignra  Hcr  la 
habitacii'm  donde  se  encuentran  alojados  el  Duque  y  Fingerllnp;. 
—Portalón  grande  en  el  foro  en  forma  de  arco.— Varios  sacos  y 
útiles  propios  de  la  molienda  eu  diferentes  sitios.- A  la  izquier- 
da, en  segundo  término,  una  messi  sobre  la  que  habrá  una  vía 
encendida. 

ESCKNA  VIII 

El  DüQüE  y  FIXGKRI  l'SCr  sin  CHroüHos,  espuelas,  arrnag,  etc. 

Luego   LAMBERTO 

Hablado 

FiNG.  Pero,  señor,  parecéis  un  molinero;  estáis 

todo  empolvado. 
DuQ.  Ya  sabes  que,  á  pesar  de  mi  edad,  me  gus- 

tan las  aventuras  amorosas. 
FiNG.  Reflexionad  que  en^  este  maldito  molino, 

según  cuenta  la  tradición,  anda  el  diablo. 
DuQ.  (íTe  permites  darme  consejos? 

FiNG.  Es  por  vuestro  bien. 

DuQ.  Te  prevengo  que  soy... 

F'iNG.  Un  duque  sumamente  original;  losé  desde 

el  primer  día  que  entré  á  vuestro  servicio. 
DüQ.  Pues  bien;  es  necesario  que  los  novios  no 

nos  vean. 
FiNG.  ¿Pero  el  marido?... 

BvQ.  Es  un  animal. 

Finí;.  No  me  opongo,  pero  es  un  animal  que  puede 

darnos  de  palos. 
\)v<j.  f;Tienes  miedo,  por  ventura? 

FiNG.  Por  Ventura,  no;  por  mi,  que  no  me  haría 

gracia  semejante  caricia. 
DuQ.  Calla,  cobardón;  mira  qué  sereno  estoy.  Eso 

que  se  cuenta  del  molino  es  pura  patraña. 
FiNG.  ¿De  modo  que  no  creéis?... 


—  '18  — 

DuQ.  ¿En  el  diablo?  ¡Qué  he  de  creerl  Aquí  no 

hay  más  diablillo  que  una  hermosa  mucha- 
cha, á  la  cual  es  preciso  conquistar, 

FiNG.  ¿Pero  qué  plan  tenéis? 

DuQ.  uno,  tan  original  como  mío.  Los  duques  de 

Augustoburgo  son  demasiado  nobles  para 
consentir  que  un  villano  se  lleve  semejante 
tesoro. 

FiNG.  ¿De  modo  que  pensáis?... 

DuQ.  jFingerling!  ¿Te  permites  hacerme  observa- 

ciones? 

FiNG.  Dispensad,  señor,  pero  no  sé  lo  que  me  digo. 

Además,  desde  que  entré  en  este  molino, 
tengo  un  miedo  atroz.  Aseguran  que  el  dia- 
blo empieza  por  llevarse  á  los  mayordomos. 

DuQ.  No  tendrás  la  conciencia  muy  limpia. 

FiNG.  ¡Qué  queréis,  señor;  todos  somos  pecadores! 

DuQ.  Bien,  no  pretendo  confesarte;  pero  te  doy 

la  absolución  con  tal  de  que  salgamos  bien 
de  esta  aventura. 

FiNG.  ¿P^^'^  persistís?... 

DüQ.  Calla,  coge  la  luz  y  ocultémonos;  porque  ya 

no  deben  tardar  los  novios  y  es  preciso  que 
nos  crean  descansando. 

Fino.  (cogiendo  la  vela.)  ¿Y  no  sería  mejor?... 

DüQ.  Te  repito  que  no  necesito  tus  consejos. 

LaM.  (Sale  por  la  puerta  del  foro  y  se  detiene  al  ver  al 

Duque    y  Fingerling,  permaneciendo  medio  oculto.) 

(¡Cielos!  [Mi  tío  y  Fingerling!  ¿Qué  buscarán 
en  este  sitio?) 

DüQ.  Además,  ya  sabes  que  la  molinera  me  ha 

impresionado  vivamente. 

Lam.  (¿Conque  esas  tenemos?) 

DüQ.  Y  que  el  marido  no  nos  estorbará. 

Lam.  (Eso  lo  veremos.) 

FiNG.  Ya  sé  que  habéis  dado  orden  de  que  lo  se- 

cuestren. 

DüQ.  Por  esta  noche  nada  más. 

Lam.  (¡Hola,  hola!  No  es  mal  susto  el  que  os 

pienso  dar.  Ahora,  por  el  pronto,  me  cdn- 

viene  alejarlos  de  aquí.)  (Se  aproxima  á  Finger- 
ling por  detrás  y  le  apaga  la  luz.)  ¡Bribón! 

FiNG.  (Temblando.)  jSeñor...  Scñor...  Han  apagado 

la  luz! 


—  19  — 

DuQ.  Habrá  sido  el  viento.  rAnda  delante,  cobar- 

de, que  estás  temblanaol 

FiNG.  Pasad  vos,  que  sois  valiente  y  también 

tembláis. 

DuQ.  Vamos,  anda  delante. 

Fino.  Os  tengo  demasiado  respeto  para  pasar  pri- 

mero. 

DuQ.  Bien,  agárrate  á  mi  y  pasaremos  los  dos 

juntos.   (Lamberto  va  por  detris  y  agarra  á  Fíd- 
gerling  ) 
FlNG.  (Aterrorizado.)  lAy,  Señor! 

I^UQ.  ¿Qué  te  pasa? 

FlNG.  Que  el  diablo  me  tira  del  faldón.  (Entran  pre- 

cipitadamente en  su  habitación.  A  obscuras  la  escena.) 


ESCENA  IX 

LAMBERTO 

¡No  llevan  mal  susto  dentro  del  cuerpo! 
Hay  que  convenir  que  este  molino  favorece 
mis  planes.  ¡Ja,  ja,  ja! 

música 

LEYENDA 

Cuentan  que  en  este  molino 
moraba  Luzbel 
en  forma  de  hermosa 
y  esbelta  mujer. 
Fama,  nobleza  y  dinero 
ganaba  Gortrón, 
su  amante  marido, 
en  esta  mansión. 
Mas  una  noche  vino  hacia  aquí 
un  galán  en  un  corcel, 
y  la  hermosa  del  molino 
á  la  grapa  fuese  de  él. 
Como  la  bella 
despareció, 
por  el  ducado 
corrió  la  voz 


—  20  — 

de  que  á  su  esposa 

muerte  le  dio 

el  molinero 

maese  Gortrón; 

y  por  su  crimen 

le  condenó 

nuestro  gran  duque 

á  ser  tostón. 
Deshabitado  quedó  el  molino, 
sólo  del  buho  se  oyó  el  cantar, 
duendes  y  brujas  se  entretenían 
gruesas  cadenas  en  arrastrar. 
En  la  comarca  despavoridos 
los  aldeanos  de  este  lugar, 
cuando  pasaban  por  el  molino 
hacían  siempre  ¡por  la  señal! 

(santiguándose  ) 

¡Já,  já,  já,  jál 
Ni  duendes  ni  brujas 
me  arredran  aquí, 
que  venga  el  diablo 
si  quiere  por  mí. 
Haremos  un  pacto 
famoso  los  dos, 
que  no  es  el  demonio 
más  diablo  que  yo. 


ESCENA    X 

LAMBERTO  y  COLA 

Hablado 

Colas  (Entra  jadeanle  y  asustado.)  ¡Por  fin  Uegué!   ¡Tu- 

nantesl  ¡Bribones'  Yo  creo  que  querían  ro« 
barme  la  bolsa  que  me  dio  el  personaje  mis- 
terioso. De  repente,  cuando  estaba  oculto 
esperando  á  que  salieran  de  la  ermita,  dos 
hombres  tratan  de  que  me  rinda  y  quieren 
ponerme  una  mordaza;  pero  yo...  á  este- 
.  quiero,  á  este  no  quiero...  ¡zas!  los  dos  en 
tierra,  porque  á  listo  me  ganarán,  pero  lo 
que  es  á  bruto,.. 
Iam.  jColás! 


<JOLÁS 

£rAM. 

COLÁB 

Lam. 
Colas 

Lam, 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 
Lam. 

Colas 
Lam. 

Colas 

Lam. 


Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 


Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 


—  21  — 

(Asustado.)  ;.Eh?  ¿Quién  me  llama? 
Soy  yo.  ¿Has  olvidado  nuestro  convenio? 
No,  señor  demonio. 
Pues  tráete  una  luz. 

Al  momento.  (Vase   por  la  luz,  viniendo  al   poco 
rato  primera  derecha.) 

Este  estúpido  va  á  echar  por  tierra  todos 
mis  planes. 

Ya  está  la  luz    (nejándola  sobre  la  mesa.) 

¿Con  quién  has  venido? 
Solo;  pero  esperaba  que  viniese  ella. 
Presumo  que  venías  á  ocupar  mi  puesto. 
Interinamente,  sí  señor. 
Eres  un  estúpido. 
El  afán  de  quedar  bien. 
No  olvides  que  estoy  decidido  á  hacerte 
rico. 

Me  gusta  que  os  decidáis. 
Y  que  también  puedo  decidirme  por  ahor- 
carte. 

En  eso  no  me  gustaría  la  decisión. 
Ya  sabes  que  si  te  pago  á  peso  de  oro  no  es 
por  tu  linda  cara. 

Sí,  ya  sé  que  es  por  la  linda  cara  de  mi  mu- 
jer, digo,  de  vuestra  mujer. 
Ahora  es  preciso  que  yo  permanezca  en  sitio 
seguro  donde  nadie  pueda  verme,  pues  los 
aldeanos,  al  notar  tu  ausencia,  vendrán  aquí 
con  la  novia. 

Tenéis  razón,  pero  yo  no  sé  dónde  vais  á 
esconfleros. 

(señalando  la  escalerilla   del  segundo   término  de  la 

derecha  )  ¿A  dónde  comunica  esa  escalera? 
A  un  desván. 

Pues  en  ese  desván  pienso  ocultarme, 
(santiguándose.)  |Ave  María  purísima!  ¿Igno- 
ráis que  ese  desván  está  habitado  por  el 
diablo? 
¿Qué  dices? 

Que  el  espíritu  maligno  del  molinero  Gor- 
trón  ha  fijado  su  residencia  en  él. 
¿Has  subido  alguna  vez? 
¿Yo?  ¡Dios  me  libre! 
Entonces,  ¿cómo  la  sabes? 


—  22  — 


Colas 


Lam. 

Colas 

Lam. 

Colas 

Lam. 


Porque  cuando  compró  el  padrino  de  Berta 
esta  hacienda  dijo  el  escribano  al  hacer  el 
inventario  que  en  el  desván  había  un  arca 
grande  llena  de  vestimentas  extrañas  y  con 
cierto  olorcillo  á  azufre,  y  aseguró  que  mae- 
se  Gortrón,  poseedor  de  ellas,  tenía  pacto 
con  el  demonio. 
Pues  me  conviene  ese  desván. 

Pero  reparad...  (Se  oye  dentro  gran  algazara.) 

Calla,  que  ya  llegan  los  aldeanos  con  la  no- 
via; procura  justificar  tu  ausencia. 
Bien,  señor;  ¿pero  no  podíais  darme  algo 
más  á  cuenta? 

Silencio,  que  ya  están    aquí.    ((Sube  por  la  es- 
calerilla del  segundo   término   derecha   y  se  oculta.) 


ESCENA   XI 

COLAS,  BERTA  y  CORO;  después  EL  DUQUE, FIN GERLINO  y  LAM- 
BERTO 


Ald. 

COLÁS 


Todos 

Uno 

Todos 


j  Colas!  ¡Colas!  Aquí  está  el  muy  mandria. 

Como  supuse  que  me  seguiríais,  me  vine 

corriendo  hacia  el  molino,  porque  no  me 

gustan  las  bromas  que  me  dan  las  mujeres. 

¡Já,  já,  já! 

Aquí  está  Berta,  i  Viva  la  novia! 

jViva! 


Coro 


Berta 


Coro 


Masica 

A  la  novia  es  necesario 
de  sus  galas  despojnr; 
la  madrina  solamente 
con  la  novia  debe  entrar. 
Buenas  noches.  Muchas  gracias; 
agradezco  tal  bondad. 
(Esta  farsa  ¡tengo  miedo! 
no  sé  cómo  acabará.) 

(Entra  con   la   madrina   por   la  primera  puerta  de- 
recha.) 

Vaya  una  chica  que  te  has  llevado; 
mímala  mucho,  mi  buen  Colas. 


—  23  ~ 


DuQ. 


FlNG. 


Coro 
Colas 


Caiita  á  la  novia  como  acostumbran 
los  que  se  casan  en  el  lugar. 

(a  la  poerta  de  su  habitación,  aoompañado  de  Fio- 
gerling  y  medio  ocultos.) 

¿Cómo  el  marido 
se  encuentra  aquí? 
¿Tú  sabes  esto, 
bnen  Fingerling? 
Es  que  las  órdenes 
que  disteis  vos, 
sin  duda  el  diablo 
las  revocó. 
Anda,  muchacho; 
anda,  Colas. 
Estad  atentos; 
voy  á  empezar. 


Coro 


Todas  las  cosas  del  mundo 
no  parecen  lo  que  son, 
porque  há  tiempo  están  reñidos 
el  dinero  y  el  amor. 
El  dinerito,  din,  din, 

es  mi  ilusión; 
y  con  él  soy  más  feliz     - 

que  con  amor. 
El  dinerito,  din,  din,  etc. 


Colas 


Coro 

L#AM. 


Las  mujeres  los  florines 
prefieren  á  un  buen  galán; 
y  los  hombres  preferimos 
florines  á  una  beldad. 
El  dinerito,  din,  din,  etc. 
El  dinerito,  din,  din,  etc. 
(Dentro.)  Amor  cs  la  delicia 
si  se  ama  con  pasión; 
su  fuego  da  la  vida 
al  triste  corazón. 
Dame  tu  amor,  dame  tu  amor, 
que  suspira  por  tí,  fiel  y  amante, 
el  trovador. 

(Mientras   Lamberto   canta   la   trova,    todos    quedan 
aterrados,  guardando  cada  uno  una  posición  distinta, 


—  24  — 

formando  cuadro,  y  el  que  esté  más  cerca  de  la  lue 
que  hay  en  la  mesa  debe  derribarla  al  suelo,  á  fin  de 
que  la  escena  quede  á  oscuras.) 

DuQ.  ¿Quién  canta  aquí? 

FiNG.        "  Del  diablo  es  la  voz. 

Coro     ■  Ese  canto  nos  aterra 

y  nos  llena  de  pavor. 

(Ábrese  la  ventana  grande  del  desván  y  aparece  Lam- 
berto, vestiso  caprichosamente  de  buho.  En  la  cape- 
ruza teudrá  dos  focos  de  luz  eléctrica,  que  figuran 
ser  los  ojos,  dando  á  la  escena  un  aspecto  fantástico. 
Todos  quedan  aterrados.  Muy  rebajada  la  luz  de  la 
sala;  el  escenario  á  oscuras.) 

Lam.  Amor  es  la  delicia,  etc. 

(Todos  hacen  la  señal  de  la  cruz.) 

Hombres  {Vade  retro!  [Satanásl 

¡Es  el  alma  de  Gortrón! 
¡Escapemos  presurosos 
de  esta  tétrica  mansión! 

(Vase  el  Coro  por  el  foro.) 

Lam.  ¡Já,  já,  já! 

(Se  cierra  la  ventana,  y  queda  la  escena  otra  vez  á 
obscuras.) 


ESCENA  XII 

EL  DUQUE,  PINGERLING,  y  luego  LAMBERTO 

HaliSado 

DuQ.  ¡Fingerling,  Fingerling!  Aquí  pasa  algo  que 

no  puedo  comprender. 

FiNG.  Señor,  dejemos  este  maldito  molino. 

DuQ .  ¿Tienes  miedo? 

FiNG.  A  qué  negarlo,  sí,  señor. 

DuQ.  La  verdad  es  que  yo  tampoco  estoy  muy 

tranquilo. 

FiNG.  Volvámonos... 

DuQ.  ¿Piensas  que  el  Duque  de  Augustoburgo 

retrocede  ante  ningún  obstáculo? 

FiNG.  Mirad,  que  eso  es  tentar  al  diablo. 

DuQ.  Pero,  ¿cómo  no  habrán  cumplido  mis  órde- 

nes los  encargados  de  secuestrar  al  marido? 


—  25  — 

FiNG.  Lo  veis,  señor,  eso  es  sobrenatural;  á  vos  os 

obedecen  todos  en  el  Ducado,  y  cuando  no 
acatan  \'nestras  órdenes  es  que  ocurren  co- 
sas extraordinarias. 

DuQ.  No  importa,  me  he  propuesto  conquistar  el 

corazón  de  esa  hermosa  molinera  y  no  re- 
trocedo. 

FiNG.  Señor... 

DtjQ.  Cállate.  Ahora  todo  está  en  silencio,  la  oca- 

sión es  propicia  para  hablarla.  (Lamberto  baja 
las  escaleras.)  El  marido  huyó  acompañado  de 
los  aldeanos  y  nos  dejaron  dueños  del  mo- 
lino. 

Lam.  (Aparte.)  ¡Hola!  ¡Hola! 

DuQ.  ¿Sabes  hacia  dónde  estala  puerta? 

FiNG.  ¿Conque  al  fin  nos  vamos? 

DüQ.  [Fingerling!  Te  prohibo  que  adelantes  los 

acontecimí  entos. 

Fino.  Como  habéis  dicho  ¿dónde  está  la  puerta? 

DuQ.  La  del  cuarto  de  la  moünera. 

Froo.  ¿Conque  seguís  adelante? 

DuQ.  Siempre  avanzando. 

Lam.  (Aparte.)  Yo  te  haré  retroceder. 

FiÑG.  Pero,  señor,  ¿no  sería  mejor  que  nos  fué- 

ramos? 

DüQ.  Cállate. 

Lam.  (Aparte.)  Es  preciso  que  salga  Berta  para  que 

mi  señor  tío  se  lleve  el  gran  chasco,  (na  dos 

golpes  en  la  habitación  de  Berta.) 
Los  DOS        (Aterrados  )  jAh! 
FíNG.  ¿No  OÍS? 

DüQ.  En  efecto,  parece  que  dan  golpes  á  la  puerta. 

FiNG.        .   Señor,  todo  esto  es  misterioso,  tengo  un 

miedo  que  no  me  lo  merezco. 
DuQ.  También  empiezo  yo  á  desconfiar  de  esta 

aventura.  (Lamberto  vuelvo  a  llamar.) 

Los  DOS       |Ah! 

FiNG.  (con  mucbo  miedo.)  Señor,  vuelvcn  á  llamar. 

DüQ.  (Tembloroso,)  Fingerling,  anda  con  tiento  y 

mira  si  encuentras  una  luz. 
Lam.  (Aparte.)  Eso  es  lo  que  no  has  de  conseguir. 


—  26  — 
ESCENA  XIII 

DICHOS,  BERTA  y  luego  COLAS 

Berta         (Desde  la  puerta.)  ¿Eres  tú,  Lamberto? 

Lam.  Baja  la  voz,  no  estamos  solos. 

FiNG.  Señor,  ahora  parece  que  siento  pisadas  j 

muy  menuditas,  sin  duda  es  la  molinera.  ' 
DuQ.  Pues  cállate,  porque  se  aproxima.  ¿Eres  tú,^ 

preciosa  molinera? 
Lam.  (Bajo  á  Berta.)  Contéstale. 

Berta         Sí,  señor  Duque. 
DuQ.  Al  fin  te  tengo  entre  mis  brazos. 

Música 

(Lamberto  á  la  derecha,  sigue  Berta,  el  Duque  y  Fin- 
gerllng.) 

DuQ.  SinparmoHnera 

(a  tientas  coge  á  Berta  por  la  cintura.) 

de  rostro  precioso, 
de  lindo  perfil, 
'permite  que  amante 
estreche  mi  brazo 
tu  talle  gentil. 
Por  Dios,  no  desprecies 
las  tiernas  palabras 
de  tanta  pasión. 
Escucha  mi  ruego 

y  Véme  á  tus  plantas,  (Se  arrodüla.) 

rendido  de  amor. 

(Berta  huyendo  pasa  á  la  izquierda  del  Duqne.^ 

Lam.  No  temas,  bien  mío, 

acércate  más. 
Berta  No  hay  duda,  es  el  Duque 

tan  tierno  galán. 

(eI  Duque  se  apercibe   de  la  pasada  de  Berta,  y  bufl- 
•     candóla,  coge  á  Fingerling.) 

DuQ.  Escucha  mi  ruego. 

Berta  Dejadme. 

Lam.  Verás 

qué  buena  lección 

le  vamos  á' dar. 


—  27  — 


DuQ. 

Sin  par  molinera,  etc. 

Berta 

Me  embarga  el  temor. 

TjAM. 

Acércate  más. 

FlNG. 

El  lance  es  atroz 
y  temo  el  final. 

(Apercibido  de  que  requebraba  á  Fingerliiig,  vuelve  á 

buscar 

á  Berta  en  la  derecha.) 

DuQ. 

Te  adoro. 

Berta 

¡Lambertol 

DuQ. 

Tu  amor  es  mi  dicha. 

Lam. 

Pesado  está  ya. 

Berxa 

Dejadme. 

DuQ. 

Te  adoro; 
de  mí  ten  piedad. 
No  seas  ingrata. 

(La  coge  la  roano.) 

Berta 

jSoltadme!..  ¡Tomad! 

^ 

(Le  da 

una  bofetada  al  Duque.) 

DuQ. 

Su  mano  de  nieve 
ha  herido  müaz. 

.  FlNG. 

Señor,  esto  sí 

» 

que  es  original. 

Lam. 

Por  atrapar 
tan  linda  flor, 
espinas  sólo 
se  encontró. 

Berta 

Amante  audaz 
es  el  señor, 
más  contener 
sabré  su  amor. 

DüQ. 

No  he  (le  ceder, 
que  impresionó 
esta  mujer 
mi  corazón. 

FlNG. 

Amante  audaz 
es  mi  señor, 
pero  su  faz 
Cupido  hirió. 

(Andan  á  lientaa  y  se  colocan  Lamberto  junto  á  Fin- 

gerling  y  Berta  al  lado  del  Duque.) 

DüQ. 

No  te  has  de  ir; 
te  he  de  pillar. 

Berta 

Lo  he  de  impedir. 

Lam. 

Te  he  de  burlar. 

FlNG. 


Lam^ 


DuQ. 
Colas 


Todos 


—  28  — 

(a  Lamberlo  creyendo  que  habla  con  el  Daque.) 

Que  era  cerril 
os  dije  ya. 
jEs  Fingerling! 
¡Toma,  truhán! 

(Le  da  una  bofetada.) 

Lo  (jue  aquí  pasa 
no  sé  explicar. 

(Entra  á  tientas  y  con  precaución,   y  se  coloca  entre 
Fingerlinsr  y  el  Duque.) 

Temblando  de  miedo 
aquí  vuelvo  á  entrar, 
puer>  pienso  que  alguno 
me  quiso  burlar. 

(Le  da  una  boíetaia  Fingerling  y  otra  el  Duque.) 

¡Socorro!  j Socorro! 
Conviene  escapar. 

(Berta  y  Lamberto  entran  por  la  primera  puerta  de  la 
derecha  y  Colas  se  va  por  la  del  foro.) 


ESCENA  XIV 


EL  DUQUE,  FINGERLING   y  BERTA 


flalilado 


DüQ.  ¡Dar  una  bofetada  á  un  Duque  tan  original 

como  yo! 

FiNG.  Pues  la  que  yo  he  recibido  ha  sido  mayús- 

cula. 

Berta  (saliendo  con  una  vela  encendida.)    PerO,  ¿qué  SU- 

cede?  ¿Qué  gritos  son  esos? 

FiNG.  ¡La  molinera! 

DuQ.  Dispensad,  hermosa  niña,  pero  en  vano  tra- 

téis de  disimular. 

Berta         ¿Yo? 

DuQ.  ¿No  habéis  estado  aquí  hace  poco  conmigo? 

Berta         Señor  Duque,  soy  honrada. 

DüQ.  Ya  he  sentido  vuestra  honradez  en  la  me- 

jilla. 

PiNG.  Y  yo  también. 

•  Berta         ¿Qué  decís? 


-  29  — 

DuQ.  Que  creyendo  que  eras  tú  quien  andaba  por 

el  molino,  6alí^á  tu  encuentro. 

Berta         ¿Y  habéis  recibido?.. 

DuQ.  Una  razón  contundente. 

FiNG.  No,  dos  razones  contundentes. 

Berta         ¡Já,  já,  jal 

Los  DOS      ¡Se  riel 

DuQ.  Pero  ahora,  preciosa  molinera,  prometo  des« 

quitarme  de  tanto  susto. 

Berta         ¿Cómo? 

DuQ.  Empezando  por  darte  un  abrazo,  (intenta  dár- 

selo.) 

Berta         (Huyendo.)  Eso  sí  que  no  lo  consiento. 

I^UQ.  ¿Quién  lo  impedirá? 


ESCENA  XV 

DICHOS  y  LAMBERTO 
LaM.  (Saliendo  de  pronto.)  ¡Yo! 

DüQ.  jlVli  sobrino!  ¿Tú,  tín  ose  traje? 

FiNG.  Señor  Duque,  no  es  Lamberto,  es  el  diablo, 

que  toma  Ja  forma  de  vuestro  sobrino. 
DuQ.  Calla,  imbécil. 

Lam.  Soy  yo,  que  sabiendo  vuestras  intenciones, 

he  venido  á  este  molino  para  salvai:  á  esta 

pobre  niña  de  vuestias  acechanzas. 
DuQ.  ¿Nada  más  que  á  eso? 

Lam.  y  de  paso  á  deciros  que  la  amo. 

DuQ.  ¡A  una  mujer  casada! 

Lam.  Decid,  ¿y  vos  no  sabíais  que  lo  era? 

DuQ.  (Apañe.)  ¡Me  partió! 

Lam.  Además,  todo  puede  arreglarse  con  tal  de 

que  deis  vuestro  consentimiento. 
DuQ.  Pero  el  marido... 

Br:rta         Yo  me  encargo  de  él. 
FiNG.  iLo  que  son  las  mujeres! 

DuQ.  Eso  sí  que  no  lo  entiendo. 

Lam.  Habéis  de  saber  que  la  farsa  de  esta  noche 

ha  sido  un  ardid  para  engañar  á  esas  pobres 

gentes 
Berta         Que  me  creen  casada  con  Qolás. 
DuQ.  ¿Y  no  lo  estás? 


—  30  — 

Lam.  ¿Podía  por  ventura  consentir  que  un  villano 

ge  llevase  semejante  perla? 

DuQ.  .  ¡Bravo,  sobrino!  Te  reconozco  en  ese  arran- 
que. 

Lam.  ¿Entonces  consentiréis  en  que  me  case  con 

Berta? 

DuQ.  No  debía... 

Berta         Señor... 

DuQ.  Yo  te  destinaba  la  mano  de  una  Duquesa 

de  Augustoburgo,  pero  soy  tan  original,  que 
apruebo  vuestra  unión. 

Berta         Gracias,  señor. 

Lam.  jQué  felicidad! 


ESCENA  ULTIMA 

DICHOS,  COLAS  y  CORO 

Colas  ¡Aquí  estál  ¡Aquí  está!  Adelante,  muchachos. 

(Todos  vienen  armados  de  garrotes   y    se   detienen  al 

ver  al  Duque.) 

I^UQ.  ¿Qué  es  eso^ 

Colas  ¡El  Duquel 

Lam.  Colas,  ya  sabes  nuestro  pacto. 

Colas  Sí,  ¿pero  y  los  florines? 

DuQ.  Yo  te  los  daré,  porque  he  decidido  que  Ber- 
ta se  case  con  mi  sobrino. 

Colas  ¡Viva  el  Duque! 

Coro  jViva! 

Todos  Amor  siempre  triunfante 

su  diciia  logra  al  fin, 
81  el  público  apadrina 
enlace  tan  feliz. 


TELÓN 


DE  VUELTA  DEL  VIVERO 


Esta  obra  ea  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  po- 
drá, sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en 
España  y  sus  posesiones  da  Ultramar,  ni  en  los  países 
con  quienes  haya  celeNrados,  ó  se  celebren  en  adelante, 
tratados  internacionales  de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserva  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Administración  Líriodra- 
mitica  de  D.  EDUARDO  HIDALGO,  son  los  encar- 
gados exclusivamente  de  conceder  ó  negar  el  permiso 
de  representación  y  del  cobro  de  los  derechos  de  pro- 
piedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


Tora  DEL  meo 


ZARZUELA  MAORILERA 


EN  UN  ACTO  Y  TRES  CUADROS,  EN  PROSA 


0BI0I5AL    DI 


música  del  maestro 


Ü.  JERÓNIMO  JIMÉNEZ 


Eslreiiada  en  el  TEATRO  DE  LA  ZARZUELA  la  noche  del  21  de  Noviembre 

de  1895 


-» 


fe~j%Ví, 


MADRID 

ft.  Velasco,  impresor,  Marqués  de  Santa  Ana,  20 
Teli/ono  numera  ssi 

f  «•& 


-•••3 


i  II  QUniDbDIO  IIUIKO 


&milio  y^ráy:$o^ 


ef^  fUu 


kti 


,eua  ^e  caiino 


♦  Qy'¿ac9^o 


REPARTO 


?EBS01TáJ£S  ACTOfiES 

LUCÍA Seta.  Montes. 

DOÑA  EÜLOGIA González  (N.). 

CONVIDADA  1.» Catalán. 

DON  AMBROSIO Se.  Rosell. 

MARTÍNEZ  (viejo  murguieta) Romea.. 

MAXIMINO  (camarero)  (1) Castilla. 

NICANOR ! . .  Moncayo, 

CELEDONIO  (camarero) Abana. 

MURGÜISTA  !.• Navaeeo. 

ÍDEM  2.** MoBA. 

ÍDEM  8.*'.<! Feías. 

ídem  4.® González. 

CONVIDADO   1.0 ToHA. 

Convidados  y  acompañamiento. — Coro  general 


r 

^poca  actual 


Las  indicaciones  del  lado  del  actor 


(1)  Este  papel,  á  pesar  de  sus  cortas  dimensiones,  debe 
repartirse,  siempre  que  haya  facilidad  para  ello,  á  un  actor 
cómico  de  verdadera  gracia.  Comprendiéndolo  así  el  primer 
actor  cómico  D.  Gabriel  Sánchez  de  Castilla,  y  accediendo  á 
mis  ruegos,  se  encargó  de  personificar  el  MaocimUiOy  con  tal 
propiedad  y  lujo  de  detalles  que,  debido  á  eso,  acogió  el  pú-' 
blico  esta  obra  con  marcadas  pruebas  de  regocijo,  desde  sus 
primeras  escenas. 

Quedan  autorizados  todos  los  Sres,  Archiveros  para  repro- 
ducir los  materiales  de  orquesta  de  esta  obra  y  servir  los  pe- 
didos á  las  empresas  teatrales  que  deseen  ponerla  en  escena. 


ACTO  ÚNICO 


«»^^<i%^rf*^ 


Decoraeióo  á  todo  foro  representando  el  Jardín  dd  uno  de  los  Yíto- 
ros  de  Madrid.  En  el  telón  de  foro  la  vista  panorámica  de  Madrid 
tomada  desde  el  Mansanares.  £n  primer  término,  izquierda,  nna 
caseta  rústica  que  sirye  de  leñera,  la  cual  tendrá  una  yentana  pe- 
queña en  alto,  de  frente  al  público.  A  la  derecha,  primer  lérmino, 
calle  de  árboles  que  conduce  al  cenador,  j  en  eegnndo,  fitchada 
del  restaurant  que  da  frente  á  la  escena  y  entrada  al  comedor.  Al 
foro  yerja  ó  empalizada  con  puerta  grande  de  entrada  al  Jardín, 
de  modo  que  quede  paso  entre  la  verja  y  la  fachada.  En  escena 
varios  veladores  con  sillas  y  banquetas,  etc.,  etc.  La  acción  em- 
pieza  á  media  tarde. 


ESCENA  PRIMERA 

CELEDONIO  arreglando  los  veladores  que  habrá  en   escena.   Otros 
Camareros  entran  y  salen  en  el  comedor  durante  el  número  de  mú- 
sica. DON  AMBROSIO  y  CORO  GENERAL  (dentro) 

Música 

Coro  (Dentro.) 

¡Brindemos  por  los  noviosl 
¡Que  viva  la  alegría 
y  siga  la  algazara 
hasta  que  acabe  el  día! 
jBrindemos  por  la  novia 
que  ya  impaciente  estál 


--8  — 

Voces  .    ¡Venga  ya! 

¡Venga  j^al 

(fiuido  de  chocar  las  copas.) 

Coro  ¡Que  brinde  ahora  el  padrino! 

Todos  (Grandes  risas.) 

iJá,  já,  já,  já! 

Amb.  (Hablado.) 

¡Señores,  no  apurarse 
que  aquí  estoy  ya! 
¡Brindo...  por  mi  parienta! 
Todos  ¡Já,  ja,  já,  já! 

¡Brindemos  por  los  novios!  etc. 

(Ruido  de  copas  y  grandes  carcajadas.) 


ESCENA  n 

CELEDONIO  y  MAXIMINO,  que  sale  del  comedor 

Ha1>lado 

Max.  ¡Vaya  una  juerga  que  se  traen  lus  de  la 

Doda! 
Cel.  ¡Ya,  ya! 

Max.  Milagru  será  que  nun  tengamus  que  sacar 

el  AM0NAQÜIU. 

Cel.  ¿El  qué? 

Max.  El  amona...  buenu,  esu  que  se  les  da  á  los 

borrachus  pa  que  se  les  pase. 

Cel.  ¡Ah,  ya! 

Max.  ¡Diablu!  ¡Si  están  bebiendu  más  vinu  que 

las  muías  agua! 

Cb^.  ¡Naturalmente!  Como  tienen  un  padrino  muy 

rumboso  y  es  el  que  paga  el  gasto... 

Max.  y  á  propósitu,  Celedonio,  ¿tú  sabes  quién 

es  el  padrinu? 

Cel.  ¡Anda,  pues  no  lo  tengo  de  saber!  El  padri- 

no es  el  señor  Ambrosio. 

Max.  Nun  le  conozcu. 

Cel.  Bueno,  pues  es  el  dueño  de  la  salchichería 

esa  de  la  calle  del  Gato.  Un  señor  muy  juer- 
guista que  viene  mucho  al  Vivero,  porque 
dice  que  está  hasta  aquí  de  su  mujer,  y  tiene 


-  9  .-. 
bnen  humor. .  y  mucho  pa^-né...  y  ole  que  sí. 

(Desplante  eómico.) 

Max.  No;  lu  del  parné  nun  me  choca  teniendu 

salchichería  en  la  calle  del  Gatu,  pero  lu 
preguntaba  porque  hame  parecidu  que  le 
gusta  mucho  la  novia. 

Cel.  jTóo  pué  ser!  ¡Como  que  la  Lucía  es  lo  nie- 

jorcito  del  gremio  de  chalequeras!  ¡Digo!  .. 
¡Una  mujer  de  U^apío  y  de  circunstancias... 

y  ole  que  sil  (Lo  mismo  que  antes) 

Max.  Yo  lo  digu,  porque  cuando  he  entrad u  con 

la  merluza,  heme  metidu  debajo  de  la  mesa 
pa  coger  la  servilleta  que  se  le  había  caído  á 
uno...  y  he  visto  que  el  padrinu  estaba... 
tras,  traSf  irás,  dándule  cun  el  pió  á  la  indi- 
vidua. 

Cel.  ¿En  dónde? 

Max.  En  la  bi;?otera...  vamos,  en  la  punta  del  za- 

patu...  lu  cual  que  me  escamó. 

Cel.  Eso  pasa  tóos  los  días.  Ya  te  irás  acostum- 

brando. 

Max.  ¡Sí,  es  verdad!  Esu  pasará  todos  los  días.  Lo 

que  nun  va  á  pasar  es  un  billetitu  de  cinco 
durus  que  hanme  culado  esta  mañana. 

Cel.  a  verlo. 

Max.  ¡Míralo!  (Enseñándole  un  billete  «.ie  Banco.) 

Cel.  ¿y  es  falso? 

Max.  ¡Cumpletamente  falsul 

Cel,  Pues  está  bien  imitao.  ¡A  cualquiera  se  lo 

dan! 
Max.  Esu  es  lo  que  yo  quisiera,  dárjíelo  -}.  algunu. 

(Sc  guarda  el  billete  en  el  bolsillo  izquierdo  del   cba- 

Jeco.)  ¡Pero  qué  -le  vamos  á  hacer!...  ¡Tendre- 
mus  paciencia! 

Cel.  También  á  eso  te  irás  acostumbrando. 

Max.  Conque  dime,  dime,  ¿y  con  quién  se  ha  ca- 

sadu  esa  chica? 

Cel.  Pues  se  lia  casao  con  Nicanor,  el  dependien- 

te de  la  salchichería;  por  eso  es  padrino  el 
señor  Ambrosio. 

Max.  ¿El  salchicheru? 

Cel.  Cabal.- 

Max.  ¡Ah!  Ahora  me  explicu  lo  del... 

Cel.  ¡Naturalmente!  ¡Já,  já,  já! 


—  40  — 

Max.  jJá,  já,  já!...  (alen  ios  dos.) 

Cel.  Como  (|iie  el  novio  dicen  que  es  un  panoli 

que  no  va  á  ninguna  parte. 
Max.  ¡Já,  já,  já!  El  novio  no  irá  á  ninguna  parte» 

perú  el  padrinu  sí  que  va  h-as,  tras^  tras,,. 

tras  la  novia. 

Voces  (Dentro.)  ¡Mozo,  mOZOl...  (Mamando.) 

Max.  (con  gravedad.)  ¡Anda,  Celedoniu,  que  te  lla- 

man! 

Cel.  ¡Que  te  llaman!  ¿Y  á  tí  no? 

Max.  No.  ¿Nun  oyes  que  dicen  mozu?  Pues  esu 

nan  va  conmigu.  Yo  soy  casad u. 

Ceí.  ¡No  estás  tú  mal  gallego!  (contestando.)  ¡Va  en 

seguida!  (Vase  ai  comedor.) 

Max.  ¡Já,  já,  já!  ¡Ahora  me  lo  explicu  todul  |Si 

teni;í)  una   penetración  pur  debajo  de  la 
mesa!... 

ESCENA  III 

DirFios  y  DOÑA  EÜLOGIA  por  el  foro  derecha  en  traje  do   vifi^e    y 

con  un  saquilo  de  mano 

EuL.  (Muy  agitada.)  ¡Ay,  muy  buenas  tardes!  (se  sien- 

ta junto  al  velador  Izquierda  y  se  abanica.) 

Max.  Téngalas  usted  muy  buenas. 

EuL.  i  Ay,  camarero,  no  sabe  usted  lo  que  me  ocu- 

rre! ¡No  sabe  usted  lo  que  me  pasa! 

Max.  Nun,  señora;  si  nun  se  explica. 

EüL.  ¿Dónde  están?  ¿Dónde  están? 

Max  ¿Perú,  quién? 

EuL.  Los  de  la  boda. 

Max.  ¡Ah!  ¿Pregunta  usted  por?...  Pues,  ahí  den- 

tro están  atracánduse  y  curriendu  la  gran 
juerga.  ¿Quiere  usted  pasar? 

EuL.  (Rápido.)  ¡No!  Al  contrario;  lo  que  quiero  es 

que  no  sepan  que  estoy  aquí. 

Max.  Pues  usted  se  la  pierde,  porque  la  boda  es 

de  lo  más  rumbosu  que  ha  habido  en  el  Vi- 
veru. 

Euí..  (¡Granuja!  ¡Viejo  yerde!...)  (Levantándose.)  Es- 

cuche usted,  caballero,  digo,  camarero,  ustez; 
perdone.  Ustez  no  se  ofenderá  si  le  doy  me- 
dio duro,  ¿jDerdá  ustez? 


-  11  — 

Max.  ¡Nunca!  Tratándose  de  una  señora,  ni  aun- 

que me  dé  uno.  (c:un  gravedad  ) 

EuL.  ¡Graciasl  Pues  ahí  tiene  usted  medio  duro»  y 

COntÓBteme  en  seguida.  (Le  da  una  moneda  y  el 
cmniarero  le  exaDilna  con  mucha  atención.)  Yo  nece- 
sito enterarme  de  too;  necesito  que  alguien 
me  ayude  y  no  tengo  otro  medio... 
Max.  (Rápido.)  No  iniport¿i;  es  buenu  este.  (oaardáD- 

dose  la  moneda.) 

EuL.  Digo,  que  no  tengo  otra  manera  de  averi- 

guar lo  que  quiero. 

Max.  ¡Ah,  j-a! 

EuL.  Vamos  á  ver.  ¿Ustez  conoce  al  padrino  de..* 

de  ese  bodorrio'?  (con  desprecio.) 

Max.  Yo...  la  verdad  ..  (vacilando.) 

EüL.  (Rápido.)  ¡No  me  lo  nitgiie  usted;  no  me  lo 

niegue  usted! 

Max.  ¡Bueno,  señora,  bueno!  (Aquí  de  Celedonio.) 

(imiundo  el  estilo   achulado  de   Celedonio.)    ¡Anda! 

¿Pues  nun  lo  tengu  de  conocer?  El  padrina 
es  el  señor  Ambrosia.  Un  señor  muy  juer- 
guista que  viene  muchu  al  Viveru,  porque 
dice  que  está  hasta  aquí  de  su  mujer... 

EuL.  ¿Eh? 

Max.  y  tiene  buen  humor  y  mucho  parné,  y  una 

salchichería  en  la  calle  del  Gatu...  y  ¡ule  que 

sí.  (imitando  el  desplante  que  h!2o  Celedonio  en  la  eir 
cena  anterior.) 

EuL.  jBasta!  Sei)a  usted  que  3^0  soy  su  señora. 

Max.  (Rápido.)  ¿La  del  Gatu? 

EüL.  [No! 

Max.  ¿La  del  budorrio? 

EuL.  jNo!  La  de  don  Ambrosio. 

Max.  (¡Anda,  demonio,  la  salchichera!) 

EuL.  Mi  marido  se  piensa  que  yo  estoy  entoavía 

en  los  bai'íos  de  La  Puda  ..  ¿sabe  usted?  y 
aprovechando  mi  ausencia  se  ha  permitida 
el  inuy...  el  muy... 

Max.  jYa,  ya  comprendu!... 

EüL.  Pero  yo,  que  he  adelantao  mi  regreso  por 

tma  casualidaz,  al  llegar  á  casa  he  sabida 
que  estaba  aquí,  y  como  la  novia  me  tiene 
muy  escamaa...  pero  muy  escamaa... 

Max.  (jEsta  suspecha  lu  de  la  bigotera!) 


EíTL,  Quisiera  que  usted  me  ayudase^  y  me  dijera 

desde  donde  puedo  verlo  todo  sin  que  se  en- 
teren. 

Max.  jYal  Quiere  usted  esconderse  y... 

Küi..  ¡Precisamente! 

Max.  Pues  mire  usted,  en  cuanto  acabe  la  comida 

saldrán  aquí,  porque  va  á  haber  baile  y  can- 
te, y  de  todo;  y  usted,  si  quiere,  puede  es- 
conderse ahí,  en  la  leñera,  (por  la  caseta  de  la 
izquleida.) 

EüL.  ¿En  la  leñera?  ^ 

Max.  Bí,  ahí  estará  usted  bien,  y  puede  verlu  todu. 

(Medio  mutis  hacia  el  comedor.) 

EuL.  Muy  bien  pensao...  (¡Y  como  se  propase... 

como  se  propale!...)  (con  rabia.) 

Max.  (volviendo.)  Le  advierto  á  usted  que  habrá 

leña... 
EüL.  Sí,  señor,  muchisma  leña.  (Por  pegar.) 

Voces  (Dentro.)  ¡Mozo!  ¡«.'amarerol...  (Golpeando  con  las 

cucharillas  en  ios  vasos.) 

Max.  (Contestando.)  ¡Va  en  seguida!  (a  Euiogia.)  Me 

llaman,  señora;  hasta  lue^o...  y  ya  lo  sabe 
usted.  La  puerta  está  por  el  otro  ladu. 

JB3uL.  Sí,  sí...  íVarnos  á  la  leñera!  (vase  izquierda.) 

Max.  Per  allí,  por  allí  (indicándole   la  dirección.)    ¡Va 

en  seguida!...  ¡Nun  sé  por  qué  me  parece 
que  la  boda  se  va  á  complicar!  (se  dirige  ai 

comedor  en  el  momento  que  sale  don  Ambrosio  con 
la  servilleta  prendida  al  cuello  y  coa  la  boca  llena  de 
comida.) 


ESCENA  IV 

DICHO  y  DON  AMBROSIO  por  el  comedor 

Amb.  (Desde la  puerta  )'¿Pero  vienen  esos  postres  ó  no? 

iÍAX.  Ahora  mismo,  señuritu.  (Medio  mutis.) 

Amb.  ¡  Ah,  oye!  ¿No  han  llegado  todavía  los  músi- 

cos para  el  baile? 

Mrx.  Nun  señor,  señuritu. 

Amb.  ¡Recorcho!    (¿No  habrá  recibido  Martínez 

mi  carta?)  Pues  mira,  en  cuanto  lleguen 


—  13  — 

avísame  porque  tengo  que  hablar  con  el  cla- 
rinete. 

Mx.  Está  bien.  (Medio  mutis.) 

Amb.  |Ah,  toma!  Por  si  á  mí  nie  se  olvida,  cuando 

vengan  los  músicos  les  das  este  billete.  (Dá». 

dolé  un  billete  de  Banco.) 
Max.  ¿Cinco  durus?  (Con  sorpresa.) 

Amb.  Me  parece  que  están  bien  pagaos,  ¿eh? 

Max.  jYa  lu  creu!  ¡Cinco  durus  pa  una  murga!  (se 

gunrda  el  billete  en  el  bolsillo   derecho    del  chaleco.)' 

Amb.  No  es  una  murga.  Es  una  orquesta  lo  que 

va  á  venir.  Además,  en  algo  se  ha  de  cono- 
cer el...  vamos...  las...  pero,  anda,  hombre» 

anda  por  los  postres...  (Empujándole.) 

Max.  ¡£n  seguida,  en  seguida!  (vase  segundo  térmiiio 

derecha.) 

Voces  .       (neutro.)  (Padrino,  padrino! 
Amb-  ¡Voy,  voy!  jíPero  qué  rica  está  la  merluza...  y 

qué  rica  está  la  chalequera!...)  ¡Voy,  voyt 

(Vaso  al  oomeJor.) 


ESCENA  V 

MARTÍNEZ  y  MÜRGÜISTAS  1.®  2.°  3.®  y  4.**  Entran  por  el  foro  coa 
tristeza  y  bastante  derrotados.— Martínez  llevará  en  la  mano  vi» 
clarinete  y  los  vitQñ,   cornetín,  flauta,  trombón  y  contrabajo  respecr- 

tivamente. 

Música 

Los  aNCo  iHoy  en  nuestra  profesión, 

somrs  genios  de  verdad, 
y  en  tocante  á  ejecución 
una  notabilidadl  (Tocan.) 
Y  á  pesar  de  ser  abí, 
como  ustedes  pueden  ver, 
no  comemos,  ¡ay  de  mí! 
desde  ante,  ante,  ante  anteayer^ 

¡Cómo  ha  de  ser! 

¡Cómo  ha  de  ser! 


—  li  — 

Yo  por  un  trozo  de  ro&biff 
toco  el  Guillermo  y  el  Falsfaff^ 
y  hasta  les  toco  aires  del  Riff, 

y  el  Paraninff, 

y  el  Paragraff. 

{Mareando  mucho  los  Anales.) 


Al  saber  que  hay  boda  ahí, 

^Señalando  al  comedor,) 

y  hoy  lo  quieren  ceUibrar, 

nos  colamos  hasta  aquí, 

por  úi  hay  algo  que  tocar.  (Tocan.) 

Como  es  fácil  suponer 

habrá  baile  y  buen  humor, 

y  en  seguida  de  comer, 

el  tocar  es  de  rigor. 

¡Si  hay  buen  humor 

es  de  rigorl 


Toco  Irs  polkas  de  Farbach, 
como  me  obsequien  con  sandwich 
y  el  repertorio  deOffenhach 

y  hasta  el  áeBach, 

y  el  de  Kaulich  (Tocan.) 


{véase  la  nota  que  va  en  la  música,  en    la    parte    de 
apuntar.) 

Con  esta  armonía, 

y  esta  fantasía, 

y  esta  melodía 

que  me  traigo  aquí, 

no  hay  cacharrería, 

ni  zapatería, 

ni  panadería 

qu'í  se  abra  sin  mí,  etc.  etc. 

(Tocan  todos.) 

Ha1>lado 

Hárt.         Esto,  amigos  míos,  es  para  que  vean  ustedes 
que  me  acuerdo  de  mis  comprofessres  y  les 


-  15  — 

busco  cuando  se  presenta  algo  de  provecho. 

MURG.  1.^    ¡Gracias,  don  Niceto!  (Dándole  la  mano.) 

Los  OTROS  TRES. — jMuchísimas  gracias,  don  Niceto! 

Mart.         jNo  hay  de  quél 

MüRG.  l.<>  Yo,  por  mi  parte,  le  agradezco  doblemente 
el  que  se  haya  acordado  de  mí,  porque  ten- 
go seis  hijos  y  suegra,  que  es  como  bí  dijéra- 
mos seis...  y  repique,  ¡y  no   tengo  trabajo! 

(Con  gran  desconsuelo.) 

Mart.         ¿Que  no  tiene  usted  trabajo? 

M'JRG.  l.o   ¡No  señor! 

Mart.  ¿Pero  le  ])arece  á  usted  poco  trabajo  tener 
seis  hijos...  y  repique?  Sin  en)bargo,  no  hay 
que  apurarse.  Hoy  comeremos  bien,  porque 
el  padrino  es  espléndido  y  además  cobrare- 
mos nuestro  par  de  pesetillas  por  barba. 

MüRG.  1.0   ¡Dios  lo  haga! 

Mart.  ¡Sí,  amigos  míos!  Esta  situación  pasará  pron- 
to; pasarán  estos  tiempos  y  entonces  no  se 
verá  postergado  el  verdadero  mérito.  (Todos 

asienten  á  lo  que  dice  Mariin<>z.)  ¡Sí,  amigOS  míOS! 

¡  Mi  desgracia  es  haber  nucido  español, 
créanme  ustedes.  ¡Ah!  ¡Si  yo  fuese  italia- 
no!... ¡si  yo  fuese  italiano! 

MuKG.  1.0  ¿Qué  sería  usted? 

Mart.         ¡Una  eminencia  musical! 

MuRG.  1.0  ¿Porqué? 

MuRG.  2  o  ¿Cómo  es  eso? 

MüRG  3.0   ¡No  veo  la  razón!... 

MuRG.  4.0   Expliqúese  usted. 

Mart.  Pues,  hombre,  muy  sencillo.  ¿Cómo  me 
llamo  yo? 

MüRG.  1.0   ¡Don  Ñiceto! 

MuRG.  2.0  ¡Eso  ya  se  sabe! 

MuRG.  3.0   ¡Don  Niceto! 

MuRG.  4.**  ¡Eso  es  evidente! 

Mart.  ¡Pues  ahí  lo  tienen  ustedes!  Si  siendo  espa- 
ñol soy  don  Niceto,  siendo  italiano  sería  Doth 
niceíil 

MuRG.  1.0   Y  la  verdad  es  que  tiene  usted  razón. 

MüRG.  2.0   ¡Pero  mucha  razón! 

MuRG.  3. o  Está  usted  cargado .. 

Mart.         (Rápido.)  ¡Sí  señor,  y  harto! 

MüRG.  3.0  Digo,  que  está  usted  cargado  de  razón. 


—  16  — 

Marx.  ¡Ah,  yai  Pero  es  claro,  hay  envidiosos  que 
todo  lo  acaparan  y  mientras  uno  tiene  el 
mérito  y  el  talento,  otros  tienen  la  fama. 

(Llevándolos  á  im  lado  y  con  coroje.)  Y  SÍ  no,  dí- 
ganme ustedes,  ¿qué  es  Bretón?  ^qué  es 
Bretón? 

MURG.  1.0    (Como  quien  hace  una  revelación  muy  grave.)  ¡Sala- 

manquinol 
Mart.         No  es  eso;  pregunto  qué  es  Bretón,  como  di- 
ciendo: ¿qué  méritos  tiene]  Bretón?  ¡Ningu- 
no! (Con  rancho  desprecio.) 

McRG.  1.0   Es  cierto,  ninguno. 
Muro.  2.o  ¿Qué  hh.  de  tenerlos? 
MüRG.  3.0   ¡Ni  por  asomo! 
Mrrg.  4.0   ¡EbO  es  evidente! 
Mari.         ¿Y  íJhapí? 

MüRG.  1.0    ¡Ah,  ese  sí!  (Descubriéndose.) 

McRG.  2.0    [Muchísimos!  (ídem.)     .        [  /     .  \ 

MüRG.  3.0  ¿Quién  lo  duda?  (ídem.)   -  ^  ^^  ^*  ''^^'■> 
MüRG.  4.0   ¡Eso.es  evidente!  (ídem.) 
Mart.         (con  desprecio.)  jTampocol 

MüRG.  1.0    (cubriéndose  )  DÍgO,  110,  tampOCO. 

Mttrg,  2.0  (ídem.)  ¿Qué  ha  de  tenerlos?       (  /.  ,        n 

MüRG.  3.0   (Mera  )  ¡Ni  por  asomo!  ¡  ^^  '^  ^^^'^ 

MüRG.  4.0  (ídem.)  ¡Eso  es  evidente!  \ 

Mart.         ¿Y  dónde  me  dejan  ustedes  á  Caballero? 

MüRG.  1.0  (ai  segundo )  (¿Dóudc  le  dejamos  á  Caballero?) 

MüRG.  2.0  (ai  primero.)  (l)onde  él  quiei'a.) 

MüRG.  1.0  (a  Martínez)  Donde  ustcdquiera. 

Mari'.         ¡Qué  ha  compuesto  La  Marsellesa!  ¡Mentiral 

La  Marsellesa  la  conozco  yo  desde  peque- 

ñito. 
Todos         ¡Y  yo!  ¡Y  yo! 
MüRG.  1.0  Si  mi  padre  la  cantaba... 
Mart.         Y  mi  abuela  la  tocaba... 
MüRG.  1.0   ¡Y  todos! 
Todos         ¡Y  todos!... 

MüRG.  4.0    ¡Eso  es  evidente!  (Marcando  el  estribiHo.) 

Mart.  En  fin,  repito  que  esto  pasará.  ¡Vaya  si  pa- 
Síirál 


( 


—  ti  — 


ESCENA  VI 


PICHOS  7   MAXIMINO,   por  el  segando  ténnlno   derecha,  con  nn 

plato  de  dulce  montado,  muy  grande  y  colocado  en  una   bandeja, 

de  modo  qne  le   ocupe   ambas  manos.  Otros  dos  camareros  salen 

también  con  postres  y  entran  en  el  comedor 


Max.    ■       (viendo  á  los  murgnisias.)  ¡Holal  ¿Ya  están  us- 
tedes aquí? 

Mart.         Sí  señor,  pero  hoy  no  venimos  á  lo  que 
oaiga;  hoy  venimos  llamados. 

Max.  Ya  lu  sé.  El  padrinu  de  la  boda  hame  en- 

cargadu  que  le  avise  en  cuantu  lleguen  us- 
tedes, porque  dice  que  tiene  que  hablar  con 
el  señor  de  clarinete. 
¿Ab,  le  ha  encargado  á  usted?... 
Si  señor,  y  además  hame  dadu  para  la  or- 
questa... 

¿Qué?  ¿Qué?...  (Hablan  unos  con  ©tros  con  mucha 
alegría.) 

(jAh,  qué  ideal  ^Aquí  del  billete  falsul  Estus 

peleles  no  habrán  vistu  nunca  billetes  é  nun 

lo  conocerán...) 

Pero  sepamos... 

¿Qué  le  ha  dado  á  usted?...  (1) 

(AManínea.)  Métamela  manu  en  este  bulsillitu 

chiquitU  y  ahí  lu  tiene.  (Martínez  le  mete  la  mano 
en  el  bolsillo   derecho   del  chaleco.)   ¡iNoü  {En  el 

otrul  ¡En  el  otrul  (¡En  ese  está  el  buenul) 

(Martínez  pasando   por  detrás,  hace  lo  mismo  en  el 
♦  del    lado   Izquierdo.)  jAhí,    ahíl...  ¡Ay,  qUC   me 

hace  cusqujllas!  ¡Qué  me  hace  cusquillasl 

¡Ay...  ay!...  (Riéndose.) 
Mart.  (sacando  el  billete.)  ¡  Aquí  CStá!  (2). 

Max.  (Viendo  el  billete.)  (¡Es  el  falsuI  ¡es  el  falsu!) 

Todos         ¡Un  billetel 


Mart. 
Max. 

Topos 

Max; 


Mart. 

MURG.  1.0 

Max. 


(l)     De  derecha  á  Izquierda: 

Knrguistas   4.°  y   l.^—Martlnez-Maxlmino— Murguistas  2."  y  8. 


(2)     Mur?ui8tas  4°  y 

y  8.» 


1.— Maximino— UartlDez—Murgalstas   2. 


—  48  — 


,Mart. 

Max. 
Ma&t. 

MüRG.  4.0 


MARf. 


Max. 


Marx. 
Max. 

MURG.  1.0 


Max. 

Muro,  l.o 
Max. 

Marx. 

Max. 

Marx. 
Max. 

Marx. 

Todos 

Marx. 


MüRG.  1.0 
MURG.  2.0 

Marx. 


jDe  cinco  duros!  ¿Ven  ustedes  cómo  les  de- 
cía yo  que  esto  pasaría  pronto? 
(Yo  nun  lo  creía  tan  fácil.) 
I  Vamos  á  comer  opíparamentel 

Eso  es  evidente,  (los  cinco  miran  al  plato  de  dul- 
ce que  tiene  el  Camarero,  con  muchas  ganas  de  meter- 
le mano  ) 

(Abrazándole.)  ¡Gracias,  camarero,  muchas  gra- 
cias! Y  diga  usted,  diga  usted...  ¿A  dónde  se 

ya  por  ahí?  (señalando  á  la  primera  derecha.) 
¿Por  ahí?  (Mirando  hacia  la  derecha.)  Por  ahí  Be 
va  al  cenador.  (Mientras  Maximino  vuelve  la  cabe- 
za hacia  la  derecha  Martínez  y  los  Murguistas  2.®  y  S.® 
cogen  dulces  y  meten  los  dedos  en  el  plato.) 

¡Ah,  ya!  ¿De  modo  que  el  cenador  está  por 

ese  lado? 

Sí,  señor,  por  ese  lado. 

(Que  ha   visto  la   operación  de  sus   compañeros.)  Y 

diga  usted,  diga  usted,  ¿qué  es  esa  caseta? 

(Por  (a  de  la  izquierda.) 

Pues  esa  caseta  (Mirando  á  la  izquierda.)  es  la  le- 
ñera. (Mientras  vuelve  la  cabeza  los  Murguistas  1.**  y 
4.®  repiten  la  operación.) 

¿Conque  la  leñera,  ¿eh?  ¿Y  hay  dentro  leña? 
¡Jel¡  je!  ¡je!  (¡Si  supieran  lu  que  hay!)  Ningu- 
no de  ustedes  se  figura  lu  que  tiene  dentru. 

(Que  aprovechando  un  descuido  ha  metido  el  dedo  en 
el  pastel  y  chupado  luego.)  jChantillyl 

¡Qué  chantilUriy  ni  chantiUínl..,  pues  dentru 
hay...  perú  nun  quieru  decirlo  porque  si  lo 
digu  va  á  descubrirse  el  pastel. 
No,  ya  no  se  descubre,  (con  intención.) 
Ea,  cun  permisu,  voy  á  entrar  estu,  y  le  avi- 
saré al  padrinu  que  están  ustedes  aqu^ 
¡Sí,  vaya  usted,  vaya  ustedl...  ¡Adiós,  cama- 
rei-ol 

¡Vaya  usted  con  Dios,  camarero!  (Todos  le 

acompañan  entre  abrazos  hasta  la  puerta  del  comedor.) 
(Bajando    al    proscenio.)  ¡Ya   lo    han    vistO    US- 

tedesl  ¡Cinco  duros!  ¡Aquí  están!  (Enseñando  ei 

billete.) 

¡Cómo  me  voy  á  poner  el  cuerpo  de  judías! 

¡Y  yo! 

Ahora,  si  les  parece,  mientras  hablo  con  el 


—  19  — 

señor  AmbroBÍo  y  se  organiza  el  baile,  pue- 
den ustedes  ir  al  cenador  y  pidan  ustedes  de 
largo...  de  largo,  que  aqui  nay  dinero  para 
todo. 
MuRG.  l.o  jMuy  bien  pensado!  |A  comerl 

Todos  ;A  comer!  ¡A  comerl   (Vanae   ios  cuatro  muy  ale- 

gres por  el  primer  término  deredia.— Masica  en  la  or* 
questa.)  ' 


ESCENA  Vn 


MARTlI^EZ.  D05}A  EULOGIA,  asomándose  á  la  ventana  de  la  leñ«. 

ra,  y  Inego  D<yi  AMBROSIO  por  el   comedor.    Martínez  se  sienta 

Junto  al  velador  de  la  izquierda,  y  limpia  el  clarinete  con  el  pañuelo 

Marx.  Y  á  todo  esto,  ¿»iué  me  querrá  el  señor  Am- 
brosio? ^Querrá  convidarme  á  comer?  ¡Es 
muy  posiblel  Como  es  amigo  mío,  nada  ten- 
dría de  extraño,  y  si  Uil  sucediese  les  doy  un 
par  de  pesetillas  á  esos  (con  desprecio.)  pobrea 
hombres  y  me  quedo  yo  con...  justo,  con 
diecisiete.  ¡Negocio  redondo! 

IiUL>  (Asomándose  á  la  ventana.)    jCuánto    tarda   eSft 

gente! 

AmB.  (Que  sale  del  comedor  con  un  racimo  do  uvas  en  la 

mano  y  hablando  á  los  de  dentro.)  ¡LuegO  VUelvol 

¡luego  vuelvo! 
EuL.  (¡Aquí  sale  el  infame!) 

Mart,         Ya  esta  aquí  el  señor  Ambrosio. 
Amb.  (volviendo  hacia  el  comedor.)  ¡Ahí  Que  no  se  Co- 

man ustedes  todo  el  queso,  que  aun  no  lo 
he  probado. 

MaRT.  (Levantándose.)  ¡Señor  Ambrosio!  (saludando.) 

Amb.  ¡Hola,  Martínez!  (picando  del  racimo.) 

Marx.         He  recibido  su  carta,  y  aquí  me  tiene  usted 

á  su  disposición. 
Amb  ¡Muy  bien  hecho!  Ya  sabía  yo  que  usted  no 

faltaría.  ¿Y  los  otros  murguistas,  han  venido 

también? 

Marx.  Sí,   señor;   los  p^'of esores  (Con  gravedad  cómica.) 

están  cenando  en  el  comedor;  digo,  están 
comiendo  en  el  cenador. 
Amb.  y  usted,  ¿ha  comido  ya? 


—  20  — 


Amb. 


EUL. 

Amb. 


Marx.         No,  señor;  desde  ayer  por  la  tarde  estoy  sin 

probar  bocado.  (Ahora  me  va  á  convidar.) 
Amb.  Pero,  hombre,  ¿y  por  qué  no  me  lo  ha  dicha- 

usted  antes? 
Marx.         (Muy  alegre.)  (|Me  convida,  me  convida.) 
Amb.  ¡Ah!  Yo  no  puedo  consentir"  que  un  amiga 

mío  siga  sin  probar  bocado.  jNo  faltaba  más! 
í Pique  usted,  hombre,  pique  usted!  (presen- 
tándole el  racimo.) 
Marx.         ¿Etí?  (Valiente  comida...  pero  en  fin.) 
EüL.  (Lo  que  es  generoso,  es  como  él  solo.)  (Du- 

rante esta  escena  dou  Ambrosio  aceionará  al  hablar,  dd- 
modo  qne  le  retire  ol  racimo  cada  vez  que  Martínez- 
va  á  picar.  Ensáyense  los  movimientos.^ 

Vamos  á  ver,  Martínez;  ahora  ^ue  estamos- 
solos,  voy  á  decirle  á  usted  para  qué  le  he 

llamado.  (Se  lo  lleva  hacia  la  derecha.) 

(Si  yo  pudiera  oírles.) 

Yo  soy  padrino...  No,  aquí  nos  pueden  oir. 

(por  los  del  comedor.^  {Hay  quc  tfencr  prccau- 

cióll!  (se  lo  lleva  hacia  la  derecha^  colocándose  de> 
bajo  de  la  ventnna  donde  está  Eulogia.)  Yo  SOy  pa- 
drino de  una  boda,  y  en  este  momento  esta- 

moS  ahí...  (señalando  ni  comedor.) 

Marx.  Hí,  ya  lo  sé.  Sé  que  el  novio  es  Nicanor,  su 
dependiente,  y  que  la  novia  es  Lucía,  lacha^ 
lequera.  Una  chiquilla  muy  guapa...  (ai  oído.) 
y  que  le  gusta  á  usted  mucho. 

Amb.  ¡Rocorcho!  ¿Quién  se  lo  ha  dicho  á  usted? 

Marx.         ¡Todo  se  sabe! 

Amb.  Bueno,  pues...  (ai  oído.)  sí  que  me  gusta. 

Marx.  (ai  oído.)  No  me  extraña,  porque  tambiéa 
me  gusta  á  mí. 

Amb.  (ai  oido.)  Pues  limpíese  usted  que  está  de 

huevo. 

Marx.  (ai  oído.)  ¡Ojalá!  (Aito.)La  verdad  es  que  es  una 
muchacha  muy  guapa  y  muy  trabajadora. 

Amb.  ¡Vaya!  Le  llaman  la  chalequera  porque  su 

eppecialidad  son  los  chalecos,  pero  sabe  ha- 
cer también  ternos  completos,  ¡ya  lo  creo! 

Marx.         Entonces,  ¿por  qué  no  se  dedica  á  los  ternos? 

Amb.  Toma,  porque  si  en  vez  de  chalecos  hiciera 

teriios,  ya  no  sería  chalequera, 

Marx,         Es  verdad. 


"»^* 


—  21  — 

A&fB.  Seria  tetiiera.,,  y  eso  es  lo  que  no  quiere. 

Mart.         y  tiene  razón. 

Amb.  Bueno,  pues  oiga  usted  para  qué  le  he  lla- 

mado. Yo  quisiera,  ya  que  usted  es  discreto  y 
buena  persona,  que  me  escriba  usted  una  car- 
ta, conforme  á  este  borrador,  y  cuando  todo 
el  mundo  esté  entreteni<lo  con  el  baile...  (bo- 

tregándole  un  papel.) 
£UL#  (Asomáudose  á  la  Tentana.)  ({ Ah,  pillol) 

Marx.  Basta,  ya  comprendo...  se  la  entrego  á  la 
muchacha. 

Amb.  (Rápido.)  |NoI  Al  contrario,  se  la  entrega  us- 

ted á  Nicanor. 

Marx.  ¿Pero  va  usted  á  declararse  á  su  depen- 
aiente? 

Amb.  ¡No,  hombrel  El  objeto  es  alejarle  un  rato  y 

poder  divertirme  á  mis  anchas;  ¿comprende 

usted?  (Acción  de  abrasar.) 

Marx.         Sí,  señor,  pero  ¿cómo  se  consigue?... 

Amb.  Muy  fácilmente.  Yo  sé  que  Nicanor  tuvo 

una  novia,  que  se  llamaba  Petra,  y  á  la  cual 
le  tenia  mucho  miedo...  porque  era  atroz. 
Pues  bien;  la  Petra  se  marchó  á  Fihpinas 
hace  dos  meses,  pero  como  Nicanor  no  lo 
sabe,  fingiendo  una  cita  bajo  amenaza... 

Marx.         Ya  comprendo,  por  miedo...  (Acción  de  mar. 

charae.) 

Amb.  jNaturalmentel 

Marx.  ¡Vaya,  vaya  con  don  Ambrosio!  Siempre 
tan  alegre... 

Amb.  ¡Qué  recorcho!  Hay  que  aprovechar  las  oca- 

siones. Además  como  mi  mujer  está  fuera... 

(Muy  alegre.) 

EüL.  (Eso  es  lo  que  tú  quisieras.) 

Marx.         ¡Hombre,  no  lo  sabía!... 

Amb.  Si;  está  en  los  baños  porque  padece  una 

hinchazón... 
Marx.         ¿Y  en  dónde?  ¿en  dónde? 
Amb.  En  La  Puda. 

Marx.         ¡Qué  hinchazón  más  rara! 
Amb  .  Hombre,  no;  digo  que  está  en  los  baños  de 

La  Puda,  porque  tiene  una  hinchazón  en  la 

pierna... 
Marx.         ¡Ah,  ya! 


<¡)<9  

EüL.  (¡Pero  qué  falta  le  hará  decir  esas  cosasI...)> 

(Oyense  dentro  voces  de  los  convidados.) 

Amb.  Ea,  ya  salen  los  de  la  boda.  Vayase  usted  al 

cenador,  y  mientras  come  me  escribe  la 
carta,  ¿eh? 

Mart.  Como  usted  guste.  ^Nada,  que  voy  á  tener 
que  pagarme  la  comida.  (Afortunadamente- 

tengo  dinero  de  largol)  (Vaae  derecha.) 

EuL.  (Ya  salen;  no  quiero  que  me  vean.)  (cerrando. 

la  ventana.) 


ESCENA  VIII 


DICHOS,    LUCÍA,   NICANOR,  UN  CAMARERO   y  CORO  GENERAL;: 
salen  del  comedor  con  mucha  algazara 


CONV.  1.* 

Todos 
Nic. 

CoNV.  1.^ 
Todos 
Amb. 


Nic. 

Amb. 

Nic. 

Amb. 

Lucía 

Nic. 

Amb. 


CONV.  1.» 
CONV.  1." 

Todos 

Nic. 

Camar. 


j  Vivan  los  noviosl 
|Vivaaaan!... 

{Gracias,  señores;  muchas  gracias. 
¡Viva  el  padrino! 
iVivaaa!... 

(como  dando  nn  viva.)  jGraciaaas!...   digo,  nop 
(con  mucha  finura.)  gracias,  señores,   muchas 
gracias.  ¿Y  qué  tal?  ¿Se  lía  comido  bien? 
Muy  bien,  superiormente  bien;  y  ahora,  Lu- 
cía... á  casita,  á  casita,  que  creo  que  va  á 

llover,  (cogiéndola  del  brnzo.) 

iQué  ha  de  llover,  hombre,  qué  ha  de  11^ 
ver!  No  seas  impaciente.  Luego  irás... 
Pero,  si  es  que...  vamos...  que... 
¡Hay  tiempo  para  todo! 
Tiene  razón  el  padrino.  Hay  que  complacer 
á  los  amigos. 

¡Bueno,  tendré  paciencial  (¡Cuándo  nos  do- 
jarán  solos!...) 

Y,  sobre  todo,  después  que  he  mandado 
venir  una  orquesta  para  el  baile,  ¿me  vas  á 
desairar? 

Tiene  razón  el  padrino. 
¡Muy  bien  hablao! 
¡A  bailar,  á  bailar! 
¿Y  en  dónde  están  los  músicos? 
Están  en  el  cenador,  atracándose  de  judias». 


—  23  — 


Amb. 

Todos 

Nic. 

Amb. 

Lucía 

CONV.  1.' 

Nic. 


lAnda  y  diles  que  vengan  en  seguida!  (vase 

el  Camarero  por  la  derecha.) 

jEso,  eso!  jVenga  música! 

iPero,  si  á  mi  no  me  gusta  bailar! 

No  importa;  yo  bailaré  por  tí.  (a  Luda.)  ¿Qué 

tal? 

Con  mucho  gusto. 

(a  Nicanor.)  Nosotros,  entre  tanto,  echaremos 

un  tute. 

¡Vamos  allá!  (Nicanor,  el  Convidado  1.^  y  otroi 
dos  amigos  se  sientan  Janto  al  velador  de  la  derecha 
y  jaegan  ¿  los  naipes.) 


ESCENA  IX 

DICHOS,  el  CAMARERO.  MARTÍNEZ    y    loa  MURQUISTAS^   por  U 

derecha 


Camar. 


Amb. 

Mart. 

Amb. 

Mart. 

Amb. 

Marx. 

Amb. 

Todos 


Coro 


¡Aquí  están  los  músicos!  (Entran  los  Mnrgnis. 
tas  comiendo  todos  y  con  grandes  pedazos  de  pan  en 
la  mano,  y  vanse  á  colo(  ar  á  un  lado  de  la  escena  y 
tocan  á  BU  tiempo,  dirigidos  por  Martiaez.) 

(a  MarUoez.)  Pero,  ¿aúu  no  han  acabado  us- 
tedes de  comer? 

¿Cómo  aún?  Si  yo  no  he  empezado,  y  á  es- 
tos todavía  les  faltan  dos  ó  tres  platos... 
iHolal  Se  conoce  que  se  están  dando  un 
banquete... 

No  es  eso;*  digo  que  les  faltan  dos  ó  tres 
platos  que  rebañar. 

(Ah,  pues  ya  los  rebañarán  luego;  ahora 
venga  música  y...  (sajo.)  ¿Está  ya  la  carta? 
(ídem.)  Sí,  señor;  la  tengo  en  el  bolsillo. 
(Pues  venga  una  habanera...  y  siga  \sl  juerga! 
(A  bailar,  á  bailar! 

Hnslcft 

Cógete  del  bra/o 

y  á  bfiCilar, 
porque  ya  la  murga 

va  á  empezar. 


Coro 


—  24  - 

(Toca  la   orquesta   una  habanera.    Todos  *  bailan  en 

parejas,  y  don  Ambrosio  con  Lucia.)  ^ 

(Bailando.) 

jAy,  ay,  ay, 
no  te  acerques  así 
que  me  voy  á  caer, 

ay,  ay,  ayl 
I  Yo  me  siento  morir 

de  placerl 


Cuando  bailo  la  habanera 
con  s^  suave  movimiento, 
lo  hago  yo  de  tal  manera, 
que  no  sé  lo  que  me  da. 


lAy,  ay,  ay, 
no  te  acerques  asíl  etc. 


Todos 


Amb. 


Siga  el  balanceo, 
mueve  el  cuerpo  bien, 
porque  la  habanera 
tiene  su  vaivén. 

(ai  pasar  por  delante,  bailando  con  liucia.) 

(jTodo  un  salchichero 
verse  en  este  estao\ 
I  Yo  estoy  que  echo  bombas! 
I  Yo  estoy  sofocao\ 

(ai  terminar  el  número  las  parejas  seguirán  pasean* 
do8e  por  escena,  dispersándose  poco  á  poco  en  dis- 
tintas direcciones.) 


Todos         ¡Otra,  otral 

NlC.  (Dejando  el  juego,   y  lo   mismo   que  antes.)  ¡Muy 

bien,  Lucía,  muy  bien;  y  ahora  á  casita,  á 
casita,  que  creo  que  va  á  lloveri 
Amb.  iQué  ha  de  llover,  hombre,  qué  ha  de  Uo- 

verl  ¡No  seas  impacientel  Luego  irás... 
Lucía  (¡Ya  me  va  escamando  el  padrino!) 

Nic.  ¡Bueno,  tendré  paciencia!  (¡Cuándo  se  acá- 


—  25  — 


Marx. 

Nic. 
Marx. 

Nic. 

Marx. 

Nic. 

Marx. 

Nic. 

Marx. 


Nic. 
Amb. 

Nic. 

Lucía 

Amb. 


bará  eBi&juergal^,)  (Don  Ambrodo  j  Luda,  ha- 
blan aparte  en  vos  baja.) 

(Acercándose  con  dislmnlo  y  bajo  á  Kieanor.)  ¡Ni- 
canor! 

¿Qué  hay? 

¡Chistl  Esta  carta  que  me  han  dado  para 

ueted.  (Entregándole  una.) 

¿Para  mi? 

¡Chist!  Mucho  ojo,  porque  es  reservada. 

(Bajando  la  toz.)  ¿Y  quién  se  la  ha  dado  á 

ted? 

(Como  qnícn  dice  un  gran  secreto.)  )La  Petra! 
(Rápido.)  ¿Eh?  (ocultando  la  carta.) 

¡Hasta  luegol  (Dirigiéndose  á  loa  murgnistas.)  ¡Se- 
ñores profesores. ..  á  rebañar!  (Vanse  loa  mú- 
sicos por  la  derecha.) 

(¡Dios  mío,  qué  contratiempo!) 
Nosotros  vamos  á  dar  una  vuelta  por  el  jar- 
dín. (Del  brazo.) 

¡Sí,  vayanse  ustedes,  vayanse  ustedes!... 
¡Hasta  luegol  « 

¡Luego  vuelvo!  (Vanse  oro  izquierda.) 


ESCENA  X 


NICANOB,  bajando  al  proscenio  y  sacando  la  carta  con  mucho  recelo 

de  que  le  yean 


Nic. 


Marx. 


Nic, 


¿Qué  me  querrá  esa  chica?  ¡Veamos,  vea- 
mos! (Leyendo.)  «Por  UQ  gabán  de  verano... 
tasado  en  tres  pesetas,  cincuenta...» 

(Que  sale  corriendo  por  la  derecha.)  ¡NicaUOr,  Ni- 
canor! (Con  una  carta  en  la  mano.)  Ño  eS  eSa.  Me 

he  equivocado.  Esa  es  una  papeleta  de  em- 
peño... Esta  es<..  esta  es...  (Dándole  la  carta.) 
I  Ah,  ya  decía  yo!...  (Vase  Martínez  por  la  derecha.) 
¡Veamos!  (Música  en  la  orquesta.) 
(Leyendo.) 

«Mi  cerido  Nicanor: 
He  sabido  por  Pilar 
que  te  olvidas  de  mi  amor 
y  te  acabas  de  casar. 
Si  como  es  de  suponer 


tú  no  ciereSj  con  razón, 

que  se  entere  tu  mujer 

y  tengáis  una  cusHón, 

antes  de  iros  á  dormir 

dega  á  todos  los  que  estáu, 

y  no  dejes  de  salir 

al  café  de  San  Millán. 

Vé  al  café,  que  allí  estaré, 

mas  te  azbierto,  Nicanor, 

que  si  no  vas  al  café 

te  armo  un  lío  superior. 

Quiero  despedirme  así 

de  lo  mucho  que  te  amé 

y  recibe  para  tí 

un  abraco  de  tu — P.» 

¡Tú  P!  • 

(Mirando  la  firma.)  ¡Tu  PI  ¡La  verdad  cs  quG  se 
necesita  tupé  para  escribirme  una  carta  como 
esta  el  mismo  día  de  mi  boda.  Porque  esta 
carta  es  de  la  Petra...  no  me  cabe  duda.  La 
conozco  en...  en  el  tupé.  ¿Y  qué  hago  yo?  No 
tengo  más  remedio  que  ir  á  la  cita,  porque 
sino  es  capaz  de  presentrrse  en  mi  casa  y 
armarme  un  escándalo.  Conozco  bien  á  esa 
chica  y  sé  que  se  atreve  á  todo.  ¡Tal  vez  por 
dinerol...  ¿Y  cómo  dejo  á  mi  mujer  con  esta 
gente?  ¡Ah!  ¡Sí;  es  lo  mejor!  El  señor  Ana 
brosio,  que  me  ha  hecho  tantos  favores,  no 
se  negará  si  le  pido  otro  más.  El  puede  ayu- 
darme. (Llamando.)  ¡Señor  Ambrosiol  ¡Señor 
Ambrosio!... 


ESCENA  XI 

NICANOR  y  DON  AMBROSIO,  luego  EULOGIA 

Amb.  ¿Qué  es  eso?  ¿Qué  te  ocurre?  (¿Se  Habrá  tra- 

gado el  anzuelo?) 

ííic.  ¡Ay,  señor  Ambrosiol  Un  compromiso,  un... 

vamos...  un  gran^compromiso..»  (No  sé  cómo 
decírselo.) 

Amb.  ¿Qué  es  ello?  ¿Quieres  dinero?  ¿Necesitas 

dinero?  (sacando  una  cartera.) 


_  27  — 

Nic.  No,  muchas  gracias:  es  decir,  lo  cogeré  por  si 

acaso,  pero...  pero...  es  otro  favor  el  que  quie- 
ro de  usted.  (Se  guarda  la  cartera.) 

Amb.  ¡Si  es  cuestión  de  dinero,  gasta  lo  que  quie- 

ras! (|Se  larga,  se  larga!) 

Nic.  Pues  es  que.,   un  asunto  muy  urgente  me 

obliga  á  dejar  á  ustedes  un  momento...  es 
decir...  no  sé  lo  que  tardaré  y... 

Amb.  Vamos,  que  quieres  marcharte,  ¿no  es  eso? 

Pues,  anda,  hombre,  anda;  por  mí,  ya  te  estás 

largando.  (Empujándole.) 

Nic.  Sí,  si  ya  me  voy...  ya  me  voy.  Pero  es  que  yo 

no  quisiera  dejar  aquí  á  mi  mujer,  ¿usted  me 
comprende?  porque  como  hay  tanto  pillo.,. 

Amb.  ¡Muchos,  muchos,  no  lo  sabes  tú  biení 

Nic.  Yo  quisiera... 

Amb.  (¿Q^^  querrá?) 

Nic.  Que  me  hiciera  usted  el  favor  de...  vamos, 

de  acompañar  á  casa  á  mi  mujer... 

Amb.  (Con  grai^  borpresa.)  ¿Qué  dices?  ¡ruf  I  (Conlenlen- 

do   una  explosión  de  risa.)  Conque...   \puf\  COn 

que  quieres  que  yo  acom...  \puf\  acompañe 
á  ♦u  mujer? 

Nic.  Si,  señor...  digo,  si  no  lo  toma  usted  á  mal. 

Amb.  ¡Quita,  hombre!  ¿Qué  lo  he  de  tomar  á  mal? 

Nic.  ¿De  modo  que  está  usted  conforme? 

Amb.  Completamente;  siendo  cosa  tuya  no  puedo 

negarme. 

Nic.  Entonces,  voy  á  decírselo  á  mi  mujer. 

Amb.  No  hace  falta;  ahora  llamaremos  á  todo  el 

mundo  para  despedirlos...  y  á  casita,  á  casi- 
ta que  creo  que  va  á  llover... 

Nic.  No,  si  no  corre  prisa.  Ya  ha  aclarado... 

Amb.  ¡Qué  ha  de  aclarar,  hombre,  qué  ha  de  acla- 

ran ¡Cuanto  antes  mejor! 

EüL.  (Desde  la  ventana.)  (|Tú  no  cuentas  con  la  hués- 

pedal) 

Amb.  ¡a  ver,  señores,  todo  el  mundo  aquí!  (Dando 

voces  y  fuertes  palmadas.) 

Nic.  ¡Pronto,  Pronto  todo  el  mundo!... 


—  28  — 


ESCENA  ÚLTIMA 

DICHOS,  LUCÍA  y  CORO  GENERAL  por  todos  lados 


Coro 


Miislea 

¿Qué  es  eso? 

—¿Qué  ocurre? 
¿Qué  es  eso? 

— ¿Qué  pasa? 
¿Será  alguna  broma? 
¿riera  alguna  guasa? 
¿Por  qué  tales  voces 
y  tal  confusión? 
Sepamos  la  causa, 
¡silencio,  chitónl 


Amb. 


(Lucia  habla  aparte  con  Nicanor.) 

Señores,  la  fiesta 
se  va  á  rematar, 
porque  estos  muchachos, 
como  es  natural, 
después  de  seis  horas 
de  mucha  ansiedaz, 
no  es  raro  que  quieran 
á  solas  hablar. 


Ellos 


No  es  de  extrañar 
que  á  su  casa  los  novios 
se  quieran  marchar. 


Ellas 


Tienen  razón, 
yo  en  su  caso  tendría 
la  misma  opinión. 


Nic. 


(a  Lucía.) 

Aunque  mucho  lo  siento, 
esposa  mía, 


—  so- 
nó puedo  acompañarte 

como  querÉi; 

mas  luego  iré 
y  al  fin  entre  mis  brazos 

te  estrecharé. 


AUB. 


(a  Lucia.) 

Por  si  acaso  yo  sirvo 

ya  le  he  propuesto  (por  Nicanor.) 
mientras  dura  su  ausencia 

cubrir  su  puesto, 

y  así  lo  haré... 
y  al  llevarte,  Lucía, 

me  luciré. 


Lucía 


^No  sé  por  qué  sospecho, 

pero  adivino, 
que  esto  es  una  emboscada 

de  su  padrino, 

y  si  acerté 
yo  le  juro  que  pronto 

me  vengaré.) 


Coro 


(Lo  que  sucede  es  raro, 

y  es  cosa  extraña 
que  no  sea  el  marido 

quien  la  acompaña. 

No  sé  por  qué, 
pero  si  hay  un  motivo 

yo  lo  sabré.) 


Nic. 

Lucía 

Amb. 

Coro 

Nic. 

Amb. 

Lucía 


Aunque  mucho  lo  siento...  etc. 
(No  se  por  qué  sospecho...)  etc. 
Por  si  acaso  yo  sirvo...  etc. 
(Lo  que  sucede  es  raro...)  etc. 

(a  Lucia.) 

Da  el  brazo  á  mi  padrino. 

jEso  es  muy  justol 
Lo  haré,  ya  que  te  empeñas, 

por  darte  gusto. 

(cogiéndose  del  brazo  de  don  Ambrosio.) 


—  so  — 

Amb.  (a  Nicanor.) 

Y  tú  queda  tranquila. 
Nic.  jAsí  lo  espero! 

Amb.  Ya  ves  que  en  buenas  manos 

está  el  pandero. 

Lucía  (a  Nicanor  ) 

[Ven  prontol 
Amb.  (a  Lucía.)  ¿Nos  marchamos? 

Lucía  Cuando  usted  quiera. 

(No  sabes,  pobrecillo,  * 

lo  que  te  espera.) 


Coro  Lo  que  sucede  es  raro 

y  es  cosa  extraña,  etc. 


Amb.  (ai  coro.) 

Disuélvase 
la  reunión, 
y  acabe  aquí 
la  diversión. 
Marchemos,  sí, 
sin  más  tardar 
lue  es  hora  al  fin 


de  descansar. 
¡Vamonos,  pues! 
{Vamonos  ya! 


(cogiéndose  del  brazo,  por  parejas  y  animando  mach» 
la  escena.) 

Vamonos  ya  todos,  llenos  de  alegría, 
unos  en  simones  y  otros  en  tranvía. 
Vamonos  de  prisa,  vamonos  afuera 
que  ya  están  los  coches  en  la  carretera. 


(simulando  que  gritan  á  un  tranvia.) 

Ellas  — ¡Cobrador!  ¡Cobrador! 

Hágame  usté  el  favor, 
que  vamos  á  subir 
gente  de  buen  humor. 

Ellos  —¡Pare  usté!  ¡Pare  usté! 


—  3i  — 


Ellas 


Ellos 


Todos 


Coro 


¡Que  aun  no  me  monté 
y  no  me  he  de  quedar 
para  volverme  á  pié. 
— (No  seguir!  ¡No  seguir! 
¡Que  aun  tienen  que  venir 
cuatro  personas  más 
que  están  para  salir. 
— jVámonos!  jVámonosI 
(Si  al  fin  lo  quiere  Dios, 
que  van  montados  ya 
doscientos  veintidósl... 
Y  suena  el  timbre 

!r  suena  el  pito, 
os  mayorales 
lanzan  un  grito 

¡Ehl  lEh! 
y  \hala\  \hala\  \hala\ 
sin  podernos  revolver 

\hala\  \hala\  ¡halal 
empezamos  á  correr 

y  \hala\  \hala\  ¡halal 
tumbo  allá,  tumbo  aquí, 
por  la  cuesta  San  Vicente 
penetramos  en  MadrL 

Como  no  haya  una  cuestión 
que  nos  haga  detener, 
entraremos  en  Madrid 
antes  del  amanecer. 


Lucia 


EUL. 


Amb. 


Este  viejo  es  un  bribón 
que  me  va  á  comprometer, 
y  he  de  darle  una  lección 
si  se  llega  á  enternecer. 


ií 


Mi  marido  es  un  bribón! 
No  me  puedo  contener. 
jMe  las  tiene  que  pagar 
ó  muy  poco  he  de  poder! 


¡Cómo  brinca  el  corazón 
de  alegría  y  de  placer! 
iQué  diría,  la  infeliz, 
si  me  viera  mi  mujer! 


—  32  — 

Nic.  ¡Ya  que  es  buena  la  ocasión, 

no  me  quiero  entretener, 
y  me  voy  á  San  Miilán 
á  buscar  á  esa  mujer! 


Todos       ^        Y  ¡Aa?a!  j^a/a!  ¡Aa?a! 

ere»,  evC.a* 


(ai  terminar  la  parte  cantada  del  número,  Nicanor 
vasa  corriendo  por  el  foro  izquierda.  El  Coro  general, 
abriendo  calle,  deja  pasar  á  Lucía,  que  va  del  brazo 
de  don  Ambrosio.  Todos  dan  un  «[Viva  la  novial» 
general  y  agitando  los  sombreros  en  alto.  Cuando 
don  Ambrosio  y  Lucia  ban  salido  de  escena,  aparece 
doña  Eulogia  por  la  izquierda,  descompuesta,  y  gri- 
tando furiosd  á  su  marido:  jFalso!  ¡Falso!  En  este 
momento  sale  Martínez  por  el  primer  término  izquier- 
da también  muy  agitado,  cOn  el  billete  en  la  mano  y 
gritando  con  mucho  desconsuelo:  {Falsol  ¡Falsol  y 
sale  también  corriendo.  Todo  este  flnal  muy  rápido  y 
con  mucha  animación  en  escena.) 

,  iniJTACIOlf 


Telón  corto.  Representa  el  interior  del  portal  de  una  casa  de  recln.- 
Jdad,  de  modo  que,  á  la  luz  de  la  luna,  se  vea  el  patio  y  las  puer- 
tas do  algunas  habitaciones  de  los  primeros  pisos.  A  la  izquierda 
se  verá  el  arranque  de  la  escalera,  y  en  sitio  conveniente  un  fa- 
rol con  luz  encendida.  A  la  derecha  se  supone  la  entrada  de  1&. 
calle. 


ESCENA   PRIMERA 

LUCÍA  y  DON  AMBROSIO,  por  la  derecha 

Amb.  ¡Éa,  ya  hemos  llegadol 

Lucía  Sí,  ya  hemos  llegado,  y  lo  que  más  sienta 

es  que  se  haya  usted  molestado  por  mí. 


I '. 


Amb. 


.'  »• 


Lucía 

Amb. 

Lucía 
Amb. 

Lucía 

Amb. 

Lucía 

Amb. 


Lucía 

Amb. 


Lucía 
Amb. 


• '  » 


Lucía 
Amb. 


,r-/-; 


X'fJ 


Lucía 

Amb. 
Lucía 


Amb. 
Lucía 

Amb. 

Lucía 


—  33  — 

(con  faiameria.)  fCalla,  tonta,  bí  110  ha  sido  mo 
lestial...  Si  yo  tengo  mucho  gusto...  pero  di- 
me,  dime,  ¿por  qué  no  has  querido  que 
Viniéramos  ei^  coche? 

Porque  eistaha  mify  sofocaba  y  'quería'  tomar 
el  fresco. 

* 

¡Hubiéramos  reñido  tan  bien  en  un  co- 
checito! 

Ya  le  he  dicho  á  usted  que  quería  andar. 
Ya,  ya  lo  he  visto,  "porgue  mé  has  traído  á  -. 
un  paso...  ¡Recórcho  qué  trotel 
Y  á  propósito,  señor  Ambrosio,  ¿se  puede  • 
saber  á  dónde  ha  ido  Nicanor-  con-  tanta 
prisa? 

Pues,  hija,  Vá'te  lo  hé'dich'Oí  Un- asunto  ur-  ' 
geutíélthc/\.  "     -  '    ' 

¿Pero,  qué  asunto  puede  tener  un  marido 
el  día  de  la  boda  que  no  sea  con  su  mujer? 
¡El  comercio,  hija,-el'comerciol  Los  que  vi- 
vimos del  comercio  tenemos  que  sacrificar- 
nos muchas  veces.    ' 
Bueno,  ¿pero  á  dónde  ha  ido? 
Pues' ha  ido  á;..  (¿já  dónde  le  -diré  yó?)  á... 
recoger  una  partida  que  hemos  recibido  de 
salchichas  de  Muta. 
¿Salchichas  de  muía? 

Sí,  de  un  fabricante  de  Muía,  que  es  una 
especialidad  haóiendo  salchicha»; 
¿Y  no  podía  haberlo  dejado  para  mañana? 
[Cál'El  comerció  es  lo  primero;  el  comercio 
esla  palanca  social...  que...  asegura  el  por- 
venir del...  de  la...  pero,  vamoa.  arriba,  va- 
mos arriba  que  se  hace  tarde. 
¿Cómo  arriba?  De  ninguna  manera.  Yo  no 
quiero  que  usted  se  moleste. 
Pero  si  no  es  molestia...  si... 
Nada,  nada,  usted  se  marcha  ahora  á  su 
casita...  y  á  descansar,  que  buena  falta  le 
hace. 

Pero  si  es  que... 

No  se  empeñe  usted,  porque  es  inútil.  Yo 
subiré  sola. 

(¡Se  escama,  se  escama!) 
Conque...  señor  Ambrosio...  (Dándole  la  mano.) 

3 


.  >y. 


~  34  — 


Amb. 


Lucía 
Amb. 


Lucía 


Amb. 

Lucía 

Amb. 

Lucía 

Amb. 

Lucía 
Am0. 


tantas  gracias  por  todos  sus  obsequios  y 
hasta  mañana. 

(No  conviene  que  sospeche.  Fingiré.)  Bueno, 
pues  ya  que  lo  quieres,  anda  con  Dios.  Que 
duermas  bien...  y  hasta  mañana. 
Muchas  gracias,  padrino. 

(Ahora  la  engaño.)  (Medio  mutis.)  j  Ah!  (como  re- 
cordando.) Se  me  olvidaba...  Me  ha  dicho  Ni- 
canor, que  cuando  venga  dará  tres  golpeci- 
tos,  ¿sabes?  es  decir,  que  si  oyes  que  llaman 
en  la  puerta  así,  tan,  í«m,  tan.,,  es  tu  marido. 
(|Te  veo!)  Me  alegro  de  saberlo,  porque  así 
en  cuanto  oiga  ¿an,  tan,  tan,  abro...  (en  se- 
guidita.) 
]Ea,  pues,  adiósl 
Adiós,  señor  Ambrosio. 
(voiTiendo.)  Ya  lo  sabes,  tan,  tan,  tan,  ¿eh? 
Sí,  ya  lo  sé. 

(ídem.)  No  vayas  á  hacerle  esperar  al  pobre 
chico. 
Pierda  usted  cuidado...  que  no  esperará. 

¡Adiósl...  (Vase  don  Ambrosio  derecha.) 


ESCENA   n 


LUCÍA 


¡Já,  já,  já!  ¡Pobre  señor  Ambrosio!  ¡Se  cono- 
ce que  me  ha  tomado  por  otral  ¡Mire  usted 
que  decirme  que  cuando  oiga  tres  golpeci- 
tos  es  que  llega  mi  marido!  El  si  que  es  el 
que  quiere  llamar  á  la  puerta  para  que  le 
abra.  ¡Lo  que  es  como  vuelva...  se  ha  caído! 
Ahora  subo,  cierro  por  dentro  y  hasta 
que  vuelva  Nicanor  no  entra  nadie.  (Enciende 

una  cerilla  y  yase  por  la  izquierda  cantando  muy 
alegre.) 


—  35  — 


EUL. 

Mart. 

EüL. 

Mart. 

EüL. 

Mart. 

EuL. 


Mart. 

EüL. 

Mart. 

EuL. 

Mart. 

EUL. 

Mart. 

EUL. 

Mart. 


EUL. 

Mart. 


ESCENA  m 

DONA  BULOGIA  y  MARTÍNEZ,  por  la  derecha 

¡Venga  usted,  señor  Martínez,  venga  usiedt 
)Ayl  Estoy  sudando  pez  con  la  carrera  que 
me  ha  hecho  usted  dar. 
No  importa;  luego  se  refrescará  usted.  ¡Tam- 
bién yo  vengo  sofocada! 
¿Está  usted  segura  de  que  esta  es  la  casa? 
Si,  esta  es. 

¿Y  cree  usted  que  habrán  llegado  ya? 
I  Ya  lo  creo!  (Jomo  que  veniainos  pisándoles 
los  talones;  toma,  que  si  no  hubiera  sido 
por  el  carro  de  la  carne  que  se  metió  por 
medio  y  los  perdimos,  vo  le  aseguro  que  el 
escándalo  se  lo  doy  eu  mitad  del  arroyo. 
Pero  no  importa  se  lo  daré  arriba.  ¡Granujal 

{Pillo!  ¡Qué  hombre!  (a  Martlaez,  qiieesUrá  ejE». 
minando  el  billete  con  mucha  atención.)    ¿Pero   hft 

visto  usted  qué  fal.-^o? 

|Ya  yai  ¡Y  yo  que  no  he  sabido  hasta  esta 
tarde  en  qué  se  los  distinguía! 
¡Ahí  ¿Pero  se  les  conoce  en  algo? 
¡Ya  lo  creo!  ¡En  que  tienen  la  nariz  máB 
.  gordaJ 
¿Sí?  ¡Pues  más  gorda  se  la  he  de  poner  yo 
entoavía!... 

Y  en  que  son  más  largos.,,  y  en  que  la  som- 
bra no  la  tienen  muy  buena... 
¿Pero,  qué  sombra  quié  ustez  que  tenga  aa 
tío  así? 

¡Señora,  que  está  usted  hablando  de  Goyal 
¡Qué  Goya  ni  qué  calabazas!  Estoy  hablan- 
do de  mi  marido. 

¡Ah!  Creí  que  del  billete...  La  verdad  es  que 
el  señor  Ambrosio  se  La  portfido  muy  mal 
conmigo.  ¡Después  que  yo  le  he  escrito  la... 
digo,  el...  digo. 
(Rápido.)  ¿La  qué? 

La...  un&fuga  de  clarinete  que  le  he  escrito 
en  la...  en  la  mayor... 


.  w 


.  -r    36    — 

EüL.  Bueno,  no  se  apure  usted.  Ya  le  he  dicho 

que  yo  le  daré  un  billete  .  bueno  si  me  ayu- 
da. Ahora  lo  principal  es  sorprenderle  y 
,  armarle  un  escándalo.  Ea,  no  perdamo» 
tiempo.  Vamos  arriba.  "'    '  • 

JtÍART.  .  Vximos,  vamos  donde  tísted  quiera...  y  no 
se  olvide  usted  del  billetito,  ¿éh?  (Encuenden 

dos  cerillas  y  vanse  por  la    izquierda.— "Músicíi  én  I» 
■    orquesta  y  mutación.) 


1a  escena  dividida.— La  parte  derecl\a  (del  aotor)  representa^ el  des-^ 
cansino  del  último. piso  de  la  casa,  donde  termíhá  la'ei^caléra.— 
AI  fondo,  una  barandilla  de  hierro  ó  madera  que  se  sui>6üe  da 
al  patio.- Más  al  fondo,  buhardillas,  chimeneas  de  casas'  lume^ 
dlatas,  etc  ,  etc.,  y  en  último  término,  en  el  telón  de  foto,  "otros- 
tejados,  torres,  etc.,  de  algunos  edificios  de  Madrid.  Esta  part» 
de  la  escena  estará  débilmeiit.nltiminadapor  la  luz  déla  luna,  que* 
se  yerá  entre  nubes.— Kn  el  muro  divÍBorio,  un  ventanillo  pe- 
queño,  y  al  lado  puerta  de  entrada  á  una  habitación.  Esta  puertft 
tendrá  el  número  6.— El  Ifido  izquierdo  de  la  escena  (quo  debe- 
ocupar  fólo  una  tercera  parte, de  la  mis^naj,  representa^ una' salita- 
modfsta  con  puerta  al  foro,  con  coriinas.— En  esta  sala  liat)rá,  eu 
el  centrO)  nn  velador,  y  sobre  él  una  Jaula  con  un  can&rio  títo, 
7  un  ca,ndelero  con  vela.  Sillas  de  p»Ja  á  los  lados,  consola,, 
caadlos,  ote  ,  etc. 


ESCENA  PRIMERA  .     . ' 

LUCÍA  por  la  den  cha  del  ludo  derecho,  que  es  donde  se  supone  que^ 

termina  la  escalera.  Sale   con  una  cerJla  encendida,  saca  una  llave- 

del  bolsillo  y  entra  en  su  l'.abitacién. 

Lucía  ¡Ay!  ¡Gracias  á  Dios  que  me  encuentro  err. 

casa!  (cierra  la  puerta   y   enciende  la  bujía.)    ¡Creí 

que  no  se  acababa  nunca  el  bailoteo!  ¡Y 

ahora  que  recuerdo!...  (viendo  la  jaula  del  cana- 
rio..) {Pobrecito  mío,  que-  no  te  he  puesta 
comida!  Pero,  es  claro,  ¿en  un  día  como  el 
de  mi  boda,  quién  se  iba  á  acordar?...  Y  no- 
tiene  ni  una  gota  de  agua...  ni  un  caña- 


—  37  — 

món...  ¡Ah,  3*0  te  aseguro  que  no  rae  vuelva 
á  pasar  esto!  Cuaucio  me  case  otra  vex,  yo 
me  acordaré  de...  ¿pero  qué  estoy  diciendo? 
]S\  me  oyera  Nicanor!...  Voy  á  ponerte 
agua,  pobr^ícito,  voy  á  ponerte  agua...  (vm« 

por  la  puerta  del  foro  de  )a  hablUción,  lleTándoM 
]a  luz.) 


ESCENA  II 

Ktri^OGIA    y  MARTÍN KZ,  luego  LUCÍA.  (EuIoría  y  Martlnei  por  la 

derecha,  y  con  cerillas  enceadldas.) 


Eli.. 
Mart. 

EüL. 

Mart. 

EuL. 
Wart. 

EuL. 

Mart. 


EuL. 
Mart. 


EüL. 


I  Ya  eétamos  en  el  palomar! 
¿Y  en  dónde  vive  ^sa  chica? 
Ahí;  esa  es  su  habitación. 
Entonces,  apaguemos  las  cerillas.  No  con- 
viene que  vean  luz.  (Apagnu  las  cerlllaa.) 
¡Ahora,  vamos  adentro! 
;¿P,fí>ro  §síá  usted  decidida  á  entrar? 
Pues.  np.  f^a^a  mí\s;  y  si  no,  ¿á  qué  he  ve- 
nido? '    '        •• 

(Deteniéndola.)  Señora  Eulo^ia,   tenga  usted 
prudencia;  tenga  usted  serenidad.  Conside- 
ra; que  si  su  marido  está  ahí  dentro,  pudiera 
usted  ver  lo  que  no  quisiera  y... 
¡Pero  si  es  que  yo  quiero  verlo  todo! 
¡Chist!  Hable,  usted  más  bajo.  (Luoía  sale  con 

la  luz  y  con  una  jarra  bastante  grande  de  agua,  y  se 
sienta  al  velador,  de  espaldas  a  ln  pneria.)  Yo  mira- 
ré por  la  cerradura,  me  enteraré  de  lo  que 
'  ocurre  dentro  y  después...  después  veremos. 
¡Bueno,  haga  usted  lo  que  quiei'a,  pero  pron- 
to,, pronto!  (Mnrlíiiez  mirando  por  el  ojo  de  la  llave. 
Eulogia   con  la  mano  en  la  oreja,  como  escuchando,  7 

Lucía  hablando  al  canario.) 
■ .  •  '        ' 


XíUCÍA 


Ifúsica 

(ai  canario.) 

[Ya  esto^  á  tuladol 
¡Ya  ves  que  me  río! 


-  38  — 

¡Mira  si  te  quiero, 
pobrecito  míol 

lExJh,  (^En  yoz  baja.) 

¿Qué  vé  usted,  Maitíaez? 

MaRT.  (Mirando.) 

¡Yo  no  veo  nadal 
EuL.  (¡Este  clarinete 

toe  tiene  escamadal) 

Marx.  Ella  está  de  espaldas  (Mirando.) 

pero  no  la  llame. 
EuL.  Bueno...  ¿y  mi  marido? 

¿(Jomo  está  el  infame? 
Mari  .  No  lo  sé,  señora, 

positivamente, 

pero  me  figuro 

que  estará  de  frente. 

Lucía  (ai  canario.) 

¿Quién  te  quiere  á  tí? 
¡Monlnl 

EüL.  (Alarmada.)  * 

¿Eh? 

JLUCÍA  (CoQ  zalamería.) 

¡Monínl 

(Haciendo  con  la  bona  ese  ruido  característico  con  que 
se  alegra  á  los  pájaros  ) 

Mart.  No  es  nada,  señora, 

(¡Va  á  armarnos  ahora 
la  de  San  Quintín!) 

Lucía  ¡Ponte  más  cerquital .. 

[Junto  á  mi  boquita! 
EüL.  ¿Pero  está  usted  viendo 

que  desvergonzada 

es  esa  niñita? 
Lucía  ¿Quién  te  quiere  á  tí? 

¡Monín!  ¡Galán! 

(Repite  el  rnido  con  la  boca.) 

Eui..  ¿Le  ha  llamado  mono? 

Mart.  ¡Es  que  tiene  en  casa 

un  orangután! 


—  39  — 
Lucía  Ponte  más  cerquita,  etc. 


SuL.  ¡Ya  eso  es  demasiao! 

Marx.  ¡Verá  usted  si  el  mico 

le  tira  un  bocaol 


¡Vamonos  á  casa, 
que  es  lo  más  prudentel 
EüL,  (Como  yo  le  coja 

no  le  queda  un  diente.) 

(Los  dos  forcejan,  él  queriendo  UeyárseU  y  ella  que- 
riendo  entrar.) 
Lucía  (ai  canario.) 

Mientras  esperamos 
á  mi  maridito, 
cuéntame  tus  penas, 
pobre  pajarito. 


¿Quién  te  quiere  á  tí? 
¡Kico!  ¡Rico! 
¡Monlnl  ¡Monín! 

Martínez  Eulogia 

¡Qué  atrocidad!  ¡Qué  atrocidad! 

¡Qué  situación!  *  ¡Qué  picarón! 

¿Qué  pasará?  I^oy  va  á  saber 

¡Válgame  Dios!  lo  que  soy  yo! 

Hablado 

EüL.  ¡Ya  no  quiero  oir  más!  ¡Canallas!  (Queriendo 

entrar  en  el  cuarto.) 

Mart.        (Deteniéndola.)  ¡Señora  Eulogia,  tenga  usted 

calma!... 
EuL.  Yo  entro!... 

Mart.         ¡Calma!  ¡calma!... 
EuL.  iSe  necesita  poca  vergüenza!... 

Mart.         Es  verdad,  muy  poca;  pero  piense  usted 

que  no  conviene  dar  un  escandio  á  estas 

horas  y  á  estas  alturas... 
Eul.  ¿a  qué  alturas? 


-    40  — 


Mart. 

EUL. 

Mari. 


Eur. 
Mart 


EüL. 

Mart. 

EüL. 

Mart. 


Lucía 


Mart. 

Ec'L. 

Lucía  - 
Mart. 

Eüti..  •  .■ 

« 

Mar*f,' 
Lucías  , 

EUL. 

Lucía 

EUL. 

LuoÍA 

EuL. 

Lucía 


I A  estas,  señora,  á  las  del  quinto  piso!  Me 
ha  ocurrido  una  cosa  para  enterarnos  mejor. 
¿Qué  cosa? 

Como  por  ahí  (La  cerradura.)  no  se  ve  lo  bas- 
tante, yo  vo}'^  á  llamar  á  la  puerta,  y  cuando 
diga:  «¿Quién  es?»  nos  callamos. 

.  [ClarOrsi  coi;iQ9ei:^  la  jvoz  no  abriránl 
Salen  á  mirar  por  el  ventanillo, '  y  aprove- 
cho ese  momento  para  enterarme  de  quién 
hay  dentro.       .       .  .,  ^ 

,\NíO.  está  mal  pensado. 
Manos. á  1^  obira.^jAh!  ¿Y  el  billetito? 
Hombre,  no  sea  usted  pesado.  Tómelo  us- 
ted, (sacándolo  del  bolso  de  mano.) 

Gracias.  (¡Este  ya  ha  caído!)  (Martínee  da  tres 

golpecitos  en  la  puerta  y  se  coloca  con  la  cara  Junio' 
al  ventanillo,)  , 

■  ¿Quién  es?  (Pequeña^. pausa,  durante  la  cual  M^rlí- 
uez  hace. señas  a  doñaiEulogia  de  que%UArde  silencio.) 
jNo  contestan!  (Martínez  Tuelve  á  dar  otros  tres 
golpes  y  repite  el  jue^ó/le  antes.)  <^Ue   quién  eS? 

(¡Ah!  ¡Este  es  don  Ambrosio  qué  quiere  en- 
trar! ¡Ahora  yerá^lo  que  es  bueno!)  (contes- 
tando.);  ¡Voy,  voy!  ¿^sómese  usted  al  venta- 
nillo y.  abro, en  ,.^egWÍda.  (coge  el  jarro  de  agua 
que  tandrá  sobre  la  mesa,  abre  el  ventanillo,  y  lo  arro- 
ja con  fuerza,  diciendo.)  ¡Allá  Val 
((%ue  retoiVe  el  a^rna  de  lleno«en  la  cara,  da  un  grito.) 
jAyl  .::,i.o:  .,.-  :     , 

¿Pero  qué  ,e^  estp?  (Alto.) 
¡Ja,  ja,  jai  ¡Pobre  viejo! 
I  Esto  es  una  burla! 
•:j Ese- canalla  tiene  la.culpíi,  A)3ra  usted  en 

seguida.  (Golpeando  la  puerta.) 
■"i Abra. usted!  (Quitándose  el  chaquet  para  sacudirlo.) 

;  ¿Eh?'¡No  era  el  señor  Ambrosio!...  ¿Pero 

quién  habla?...  (Abriendo  la  puerta.J 

¡NoFotmsk 

¡Señora  Eulogia!  (Sorprendida  y  saliendo  al  des- 
cansillo.)  "  . 

¿Dónde  egtá  ese,  l?ipmbre? 
¿Quién?  ■  . .;  ,  . 

|Mi  marido! 
¿8u  marido?,   j,  ,     , 


--.44  — 


Mart. 
Lucía 
Mart. 


(Si,  señora,  está  abll  (Entra  en  lah&bltaclón.) 

¿Ahí?...  jEstá  usted  fresco!  (con  ironía.) 

jEs  verdad,  demasiado  frescol  (Martines,  para 

aecarse  el  agua,  deja  el  clarinete  sobre  el  yelador.) 


ESCENA  ni 


•   .; 


')>,-i 


». 


DICHOS  7  NICANOR  por  la  derecha  y  cofi  una  cerilla  encendida 


Nic. 

Lucía 
Nic. 

Mart. 

íilC. 

Lucía' 

Eu^.  . 

Nic.V  . 


Marti 
Nic. 

MART^ 

Nic. 
Mart. 
Nic. 
Mart. 

Nic. 

Mart¿ 


I  - 1 


Nic. 
Mart, 


Pues,  señor,  me  he  cansado  de  esperar  en  el 
café  y  la  Petra  no  ha  parecido.  ¿Será  algu- 
na broma?  ¿Eh?...  (viendo  á  ios  oíros.) 

¡Nicanor! 

¡Calle!  ¿Ustedes  por  aq.uí?  ¡Señora  Eulogial 

(saludándola.) 
.  ,  (Sale  del<;u»rto^  dej^ndqse  olyidado  el  clarlnele.)  ¡Sí, 

I  señor;  todos  por  aqu'íl 
(¡Qué  compromiso!  ¡El  murguista!)  ¿Y  á  qué 
se  debe  esta  visita  repentina? 
Yo  te  lo  expliparé. . 

éí,  ya  te  lo  explicaremos.  (Entran  en   la  hablta- 
,  >     cl(in  y  hablfn.) 

(Acercándose  á  Martínez.)  ¡Por  DioS,  nO  me  COm- 

.prometa  usted!  No  diga  usted  nada  de  la 
carta. 

(Distraíí^o,.)  ¿De  qué  cárta?... 
.  Pe  la  que. le  dio  á  usted  la  Petra  para  mí. 

¡Ahí  (No  me  acordaba.)  ¿Y  qué  tul,  ha  acu- 
.  dido  al  caí é?  .        . 
]No„6eí)or!, 

(¡Claro,  qué  ha  de  acudir!) 
He  estado  esperándola...  ¡y  nada! 
(¡Naturalmente!...) 

.,  ,]^  noi.mujei:  se  enterara!...  ¡Yá  ve  usted  qué 
compromiso!... 

.  (¡Qué  idea!  A  éste  le  saco  el  dinero.)  Pues, 
mire  usted,  si  quiere  usted  hacer  un  peque- 
ño sacrificio,  yo  me  (comprometo  á  librarle 

,,:■    (Je  Qsa  mujeí. 
¿Para  siempre? 

Para  siempre;  soy  capaz  de  mandarla  á  Fili- 
pinas... (que  ep  donde  está.) 


I  ■  ■   1 


■       :   .'I     i 
'    ii   .  • 


-^   4Í  — 


Nic. 

Makt. 

Nic. 

Mart. 
Nic. 


Mart. 
Nic. 

MaRT. 


Nic. 
Mart. 


Nic. 


EüL. 

Lucí\ 

me. 

EUL. 

Lucía 
N:c. 

EUL. 
Los  TRES 
EíJL. 

Nic. 
Eüi. 

Lucía 

EüL. 

Nic. 
Lucía 

EuL. 
Nic. 
Lucía 
EuL. 


Y  para  eso,  ¿qué  hace  falta? 

[Cinco  duros,  nada  más  que  cinco  durosl 

Pues  no  haj'  más  que  hablar,  (sacando   la   car- 
tera.) 

(¡Asi  como  así  no  hay  tal  mujerl) 

(¡Así  como  así,  lo  paga  el  padrino!)  El  caso 

es  que  no  tengo  más  que  este  billete  de  diez 

duros.  ¿Tiene  usted  vueltas? 

jSí,  S€}ñorl 

Pues  ahí  va,  (Le  dt  el  biUete.) 

Ahí  van  las  vueltas,  (sacando  un  bUIete  de   cinco 

duros.)  (¡No,  el  de  la  nariz  gordal)  ¡Ahí  val 

(Le  da  otro  billete.) 

¿De  modo  que  puedo  estar  tranquilo? 
¡Completamente  tranquilo!  Y  ahora  que  !• 
he  dado  á  usted  el  billetito...  que  usted  la 
pase  bien...  (como  lo  he  pasado  yo.) 
Muchas  gracias.  ¡Vaya  usted  con  Dios!  (vas© 

Martínez  por  la  derecha.)  j  Ay,  qué  pCSO  Se  me  ha 

quitado  de  encima!  ¡Voy  á  ver  á  mi  mujer- 
cita!...   (Dirigiéndose  ala  habitación.) 

(a  Lucía.)  Nada,  como  venga,  te  aseguro  que 
nos  vamos  á  divertir  con  él. 
Lo  tendrá  bien  merecido. 
(Entrando.)  ¡Aquí  estoy  yo! 
(Rápido.)  ¡Silencio! 

¿Qué? 

Alguien  sube  la  escalera. 

Oigamos.  (Pausa.) 

¡Ambrosio!...  ¡Ese  es  Ambrosio!...  Conozca 
sus  pasos... 
Bueno,  ¿y  qué?... 

(a  Lucía.)  Ésta  es  la  ocasión;   aproveché- 
mosla. 

Es  verdad,  (cogiendo  la  luz.)  Vamos  adentro, 
Nicanor. 

(Empujándole.)  Anda,  Nicanor. 
(Atontado.)  ¿Pcro  qué  van  ustedes  á  hacer? 
¡Vamos,  Nicanor!    * 
¡Adentro,  Nicanor! 
¿Pero,  yo...  pero,  qué?... 

¡Pronto!  (Empujándole.) 

¡Que  llega!  (lo  mismo.) 


Nic. 


—  43  — 

(Dando  yueltas,  Teiletiéndose  á  entrar.)  [PerO...  DO 

entiendo  una  palabra...  yo  estoy  tonto... 

(Vanse  loa  tres   por   la  puerta  del   foro,   Uerándoa» 
la  luí.) 


ESCENA  IV 


MARTÍNEZ  por  la  derecha  con  cerilla  encendida.  Luego  BÜLOGIA 

en  la  habitación,  lin  luz. 

Mart.  Me  he  dejado  el  clarinete  ahí  dentro,  y  mar 
ñaña  tempranito  tenemos  bautizo  de  unos... 
(Tirando  el  fósforo.)  ,Caracole8,  que  me  quemot 
jLlamaremosi  No  es  cosa  de  perder  esa  cha- 
pucilla  por  falta  de  instrumento.  (Da  treí  gol- 
pes en  la  puerta  y  escucha.) 

EUL.  (Saliendo    foro   y  sin    laz )   ({Ah,    gran    bribón  1 

{Caíste  en  el  garlito!) 
Marx.         ¿Se  habrán  dormido  ya?  ¡No,  no  lo  creo... 
Esta  noche  es  noche  buena,  y  no  es  noche 

de  dormir,  (vuelve  á  llamar.) 

EuL.  (Abriendo.)  [Ahora  verás  lo  que  es  buenol 

Marx.         Ya  está  aquí. 

EuL.  (En  TOS  muy  baja.)  jSilenciol 

Marx.  (Entra,  dejando  la  puerta  abierta.)  (¿Eh?) 

EuL.  (Llamándole  con  cariño  y  muy  bajo.)  ¡Padrinot 

Marx.         (¡Zapatetal  ¡Me  lo  estaba  maliciando!) 

EuL.  (Muy  bajo.)  ¿Es  USted? 

Marx.         (Alegrándose.)  (¡Qué  tentaciónl...)  jSí! 

EuL.  No  haga  usted  ruido. 

Marx.  (¡Miren  la  niña!...)  |Nooo!..,(Aquí  me  encuei>- 
tro  yo  algo.) 

EuL.  Acerqúese...  Déme  usted  un  abrazo... 

Marx.  (Muy  alegre.)  (¡Alg#  se  pcscal...  ¡Algo  se  pes- 
ca!...) Voy... 

EuL.  (Sujetándole  y  dándole  golpes  y  pellisoos.)  jGanallal 

¡Infame!  ¡Bandido!. . 

Marx.         ¡Ay,  Dios  mío!  ¿Qué  es  esto?... 

EüL.  ¡No  te  me  escapas! 

Marx.  (¡Misericordia,  iSeñor!)  (consigue  desasirse  y  es- 
capa, á  tientas,  por  la  puerta  del  foro.) 

EuL.  (Buscándole  por  la  habitación.)  ¿Dónde  eStáS,   tU* 

nante?...  ¿Dónde  estás?... 


—  44  ^ 


ESCENA  V 


9)10HA  y  DON  AMBROSIO  por  la  derecha  sin  luz  y  con  aire  de  con- 
quistador 


Amb. 


EüL. 


Amb. 

EüL. 

Amb. 

EüL. 

Amb. 


Aquí  estoy  ya.  (Muy  alegre.)  {A.y,  lo  que  me 
espera  ahí  adentro!.. ,  |  Vamos  allá!  (Dirigiéndo- 
se á  la  puerta.)  ¿La  puerta  abierta?  ¿Hola,  ho- 
la? [Esto  es^pan  comido!  (Entra.) 
¡Cerraré  la  puerta  y  no  te  me  escaparás!  (Tro- 
pieza con  don  Ambrosio.)  ¡All!  |Te  pillé!...  (Gol- 
peándole.) 

¡Cuerno!  ¿Qué  es  esto? 
(En  voz  ai'ta.)  ¡Bribón!... 
¿Pero  quién  es?... 
¡Soy  yo!  ¡Sinvergüenza! ;     •.  /  . 


ESCENA    ULTIMA 


>  4 


,    »       DICHOS,  LUCÍA,  luego  NICANOR  y  MARTÍNEZ 
Lucía  (Asomándose  á  la  puerta  del  foro  con  luz.)  ¡BuenaS 

noches,  padrino! 
Amb.  ¿Eh?  (viendo  á  Eaiogia.)  ¡Horror!   ¡La  de  La 

Puda! 
EuL.  ¡La  'misma!  fGrranuja! 

Amb.  (¡Ábrete,  tierra!)  (Sale  corriendo  ai  descansillo.) 

EüL.^         "  No  te  escapas,  no.  (Sal^e  detras.) 

Nic.  (por  el  foro.)  ¿Péro  qué  es  esto?  ¡Yo  estoy 

tonto! . 
Mart;         (liüe'  sale  detras  por  el  foro.)  Nada,  estiua  broma 

del  padrino.  (Salen  toí^os  al  descansillo.)  (1) 

LúcíÁ  '       Justo.  Una  broma  del  padrino...' 

EüL.  Sí,  Una  broma  de  mi  marido,  (con  intención.) 

¡Cómo  es  tan  bromista!... 
Amb.  y.  de  mi  mujer...  ¡Cómo  es  tan  oportuna!..  • 

EUL.  (¡Y  que  lo  digas  muy  alto!)  (Pellizcándole.) 

Amb.  (Gritando.;  ¡Cómo  es  tan  oportuna!... 


(l)     De  deicecha  á  izquierda.  Martínez— Eulogia—tucia—Nicanor. 


—  45  ^ 

EuL.  (¡Calla,  bribón.) 

Nic.  (Riéndose.)  Ha  tenido  gracia  la  broma;  pera 

mucha  gracia.:. 
Mart.         jMucha,  muchal 

NlC.  Y  ahora...  (cogiendo  dcl  brazo  ¿  Luda  eomo  en  el 

primer  cuadro.)  A  casita,  á  casita,  qu6  va  á 

llover. 
Todos         (Rápido.)  ¿Qué  dice?  ¿Qué?... 
Nic.  Quiero  decir  que...  vamos,  que...  ya  es  hora 

de  retirarse  todo  el  mundo...  ¿Eh? 
Marx.         Tiene  razón;  retirémonos  todos...  (sajo  á  don 

Ambrosio.)  (Pero  le  advierto  á  usted  que  el  bi- 

lletito  que  nos  dio  era  falso.) 
Amb.  jBueno,  hombre,  buenol 

Mart.         No,  señor,  falso...  falso... 
Amb.  (Aparte  á  Martínez.)  Quiero  decir  que  ya  le  daré 

a  usted  otro,  con  tal  de  que  se  calle... 
Mart.         (Vaya,  menos  mal.  jAl  menos  me  cobraré  la 

paliza!)  Muchas  gracias,  señor  Ambrosio!.- 

(ai  público.) 

Ya  que  á  este  pobre  señor 
le  ha  costado  su  dinero... 
¡que  no  lo  pague  el  autor 
á  la  Vuelta  del  viveroI 


FIN 


Las  tres  lindísimas  decoraciones  que  se  estrenaron  en 
esta  obra,  fueron  construidas  por  el  reputado  escenó- 
grafo D.  Luis  Muriel,  á  quien  el  público  premió  su  tra- 
bajo con  estruendosos  aplausos. 


EL  DIABLO  HARTO  DE  CARNE. 


OBBAS  DE  D.  FRIUB  FLORES  6ÍIRÉ. 


BL  11  DE  DICIEMBliE,  comedia  en  an  aoto  y  en  verso. 

EL  1.**  DE  ENEaO.  drama  en  un  acto,  id. 

ESCUELA  DE  AMOR,  jngnete  oómioo  en  id.  id. 

QUIEN  PIENSA  MAL...,  Jngnete  cómloo  id.  id. 

LA  CUERDA  SENSIBLE,  id.,  id.,  id. 

LA  MÁS  PRECIADA  RIQUEZA,,  oomedia  en  id.,  id. 

UN  DEFECTO,  id.,  id.,  id. 

DOÑA  CONCORDIA,  id.,  id.,  id. 

RECETA  CONtRA  EL  SUICIDIO,  id.,  id.,  id. 

SE  DESEA  UN  CABALLERO,  id.,  id.,  id. 

VICENTE  PÉRIS,  drama  histórico. 

ENTRE  AMIQOS,  oomedia  en  nn  acto  y  en  verso. 

EL  NACIMIENTO  DE  TIRSO,  drama,  nn  acto.  (Segunda  edicto  tu) 

LA  MADRE  DE  LA  CRIATURA,  comedia   en  dos  actoe,  en  verso. 

CUESTIÓN  DE  TÁCTICA,  oomedia  en  nn  acto  y  en  verso. 

LOS  VIDRIOS  ROTOS,  comedia  on  un  acto  y  en  prosa. 

NAVEGAR  Á  TODOS  VIENTOS,  comedia  en  dos  actos  y  en  verso. 

0ALEOTITO,  Juguete  cómleo  en  un  acto  y  en  verso  (Tercera  edl* 

cion.) 
DE  CÁDIZ  AL  PUERTO,  comedia  en  dos  actos.  (1) 
LA  HERENCIA  DEL  ABUELO,  comedia  en  un  acto  y  en  verso. 
LA  ÚLTIMA  CARTA,  moaólogo  en  uu  acto,  en  prosa  y  verso. 
CONFLICTO  ENTRE  DOS  INGLESES,  Jugaete  cómico  en  un  aoto  y 

en  verso.  (2) 
jEN  CARNE  viva!  Jugaete  cómico,  en  un  acto  y  en  verso. 
METERSE  EN  HONDURAS,  Juguete   cómloo-lirico,  en  nn  aoto  y 

en  prosa. 
HAPA-MUNDI,   Juguete  cómico  en  nn  acto  y  cuatro  cuadros  y  en 

verso. 
DB  CÁDIZ  AL  PUERTO,  zariuela  en  dos  actos.  (Eefündicion.) 
LAS  CARTAS  DE  LEONA,  Juguete  cómico  en  un  aoto  y  en  prosa» 

original.  (S) 


iMtoMÉÉl 


(1)  En  colaboración  con  D.  Julián  Rom6a« 

(2)  Con  el  mismo. 

(8)     Con  D.  Ángel  Rubio. 


1  LHOMBBE  Bfi  LAS  OAFASJuguete  cómieoen  uu  aeto  y  en  prosa. 

DE  PESCA,  oomedia  en  nn  acto  y  en  prosa. 

UNA  DONCELLA  DE  ENCARGO,  Juguete  oómleo  lirioo  en  un  aoto^ 

y  en  prosa. 
POLÍTICA  INTERIOR,  Juguete  cómico  en  nn  acto  y  en  prosa. 
TIRÜELAS  LOCAS,   humorada  cómica  en  un   acto  y  tres  cuadros 

(parodia  del   drama   LA   PESTE   Di;  OTRANTO),  escrita  ea  ] 

yerto.  (1) 
COMO  BARBERO  Y  COMO  ALCALDE,    saínete  en   un  acto   y   en 

verso. 
BL  DIABLO  HARTO  DE  CARNE...,  Juguete  cómico  en  un    seto  y 

dos  cuadros  (parodia  del    drama   VIDA    ALEGRE  Y   MUERTE 

TRISTE,  en  verso. 

GALERÍA  DE  TIPOS. —  (Retratos   y  cuadros  de   costumbres.)— Uil 

tomo. 
¡COSAS  DEL  MUNDO! — (Narr aciones). -ün  tomo. 
LA  CÁMARA  OSCURA.— Tipos  y  cuadros  óe  eo9tambres.~T7n  toma 


(1)     Bn  colaboraoion  con  D.  Jolian  Romei^. 


•  EL  11 


•  •• 


JIGDITI  COlICO  IK  DX  ACTO  T  DOS  CDiDROS 


{parodia  del  drama  vida  alegre  y  muerte  triste) 

escrito  en  verso 


OniGINáL  BE 


FRANGISGO  FLOBES  aARGÍA 


Representado  por  pritnara  tos,  ooq  extraordinario  «plaoto,  en  el 
Teatro  de  la  ALHAICBBA  el  7  de  Abril  de  18S8. 


MA.DBID:  1885 

eSTABUeCIMlENTO    tipogrX^ioo 
1»  y.  r.  MOtf TOTA  T  OOMPAfff 4 
,  Cafto«i  1. 


PERSONAJES. 


ACTORES. 


LOLILLA Sita.  Sanz. 

Soledad >  Casado  (D.*  S.) 

Tecla >  González. 

Bernardo Sr.  Sanohez  de  Castilla» 

BOADIL  el  grande J  Balaíruer 

BOADiL  el  chico i  *  ^aiagier. 

Quintín,  yeterínarío »  Altarriba. 

Alvarez >  Vega. 

Pancho >  Teroeño. 

Perico »  Castro. 

Baudilio »  Torrijos. 


La  acdón  se  supone:  el  primer  cuadro  eu  Madrid  y  el 
segundo  en  las  playas  del  Mediodía. 


Eita  obra  es  propiedad  de  in  autor,  y  nadie  podrá, 
•in  sa  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en  Btopa* 
fia  7  sos  poBeaiones  de  Ultramar,  ni  en  loa  paiset  oon 
los  enales  haya  oelebrados,  ó  sé  celebren  en  adelante» 
tratados  internacionales  de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reservan  el  derecho  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Administración  Lírico-Dra- 
mática, perteneciente  á  D.  Eduardo  Hidalgo,  son  loa 
encargados  de  conceder  ó  negar  el  permiso  de  represen- 
tación, y  del  cobro  de  los  derechos  de  propiedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  narea  la  ley. 


AL  REPUTADO  PRIMER  ACTOR  GOMICO 
D.  aABBIEL  SÁNCHEZ  DE  CASTILLA 


Mi  estimado  amigo:  A  usted,  que  desde  el  primer  tno- 
fpie-nto  acojió  esta  obra  con  singular  cariño^  que  la  ha  diri- 
jidv  con  esmero  y  que  ha  interpretado  el  protagonista  ma- 
ravillosamente ^  se  debe  en  grandísima  parte  el  éxito  que 
ha  obtenido. 

Cumplo  y  pues,  un  deber  de  gratitud  al  consignarlo  así, 
y  el' más  rudimentario  de  los  deberes  al  dedicarle  mi  mo- 
desto trabajo. 

Su  afectísimo  amigo  y  cutmirador^ 

FRANCISCO  FLORES  GARCÍA. 


ACTO  ÚNICO. 


Sala  modesta.  Paocta  grande  al  fondo  oon  cortina  basta.  Ventana 
á  lá  derecha,  en  primer  término:  en  segundo,  nna  puerta.  Dos 
paertaa  á  la  isqnierda.— A  la  derecha,  en  primer  tópninoi  dos 
butacas  grandes  de  gutapercha,  colocadas  de  modo  que  figuren 
un  «vis  á  vis.»  A  la  izquierda,  en  primar  término,  una  mesa  de 
pino  y  sobre  la  misma  un  botijo  de  barro  j  un  quinqué  enoen* 
dido.  Junto  á  la  mesa,  un  banco  de  madexa.  Billas  de  paja. 

ESCENA  PRIMERA. 

Pebico.—Baüdiuo, 

Pkb.  Será  una  noche  de  estragos: 

'  El  amo  quiere  cenar 

lo  mismo  que  Baltasar... 

uno  de  los  reyes  magos. 

Lo  tienes  todo  dispuesto? 
Baüd.  Tal  como  el  amo  mandó. 

PsB.  Has  traido  lo  que  encargó? 

Baud.  Al  fiado. 

Per.  Por  supuesto!... 

Baud.  Ya  gruñen!... 

Pbr.  Qué  se  ha  dé  hacer? 


—  10  — 


A  bien  que  yo  no  lo  escucho!... 

• 

Baüd. 

Es  que  ya  debemos  mucho! 

Per. 

Bueno!  Ese  es  nuestro  deber!... 

Baüd. 

Ha  llegado  la  ocasión; 
quiere  el  amo  darse  tono, 
y  habrá  aguardiente  del  mono 
y  aguardiente  de  Chinchón. 

Per. 

Cómo?  De  los  dos  habrá? 

Baüd. 

De  cada  uno  una  botella. 
Pájaros  f titos,  paella... 

Per. 

Fá  ella?  Si  ella  no  vendrá!... 

Baüd. 

No  me  refiero  á  Loliila, 
que  es  una  mujer  atroz: 
me  refería  al  arroz. 

Per. 

No  la  insultes,  pobrecilla!... 
El  amo  se  porta  mal 
con  eba  pobre  mujer. 

j 

Baüd. 

Mal,  no:  es  su  modo  de  ser... 
porque  es  un  hombre  especial. 

Per. 

Siempre  en  pos  de  lo  ilusorio 
con  los  imposibles  sueña. 

Baüd. 

Y  con  locuras.  Se  empeña 

en  que  él  es  don  Juan  Tenorio. 

Per. 

No  tiene  el  juicio  cabal. 

Baüd. 

Y  raya  en  lo  temerario. 

' 

Per. 

Y  se  viste  de  ordiuario 
lo  mismo  que  en  Carnaval. 

Baüd. 

Si  hasta  se  pone  plumeros 
en  los  sombreros  del  dial 

Per. 

Y  la  risible  manía 

de  llamarnos  escuderos^ 

Baüd. 

No  se  le  puede  aguantar! 

Per. 

No  se  le  puede  sufrir! 

Baüd. 

No  sabe  más  que  pedir! 

Per. 

Y  se  le  olvida  el  pagar! 

Baüd. 

Por  él  sufrimos  desvelos! 

Per. 

Siempre  intranquilos  estamos! 

Baüd. 

Y  por  eso  nos  portamos 
como  criados...  nwdelosl 

(Vaso  por  el  fondo,  y  apareoe  Teola 

aeganda  de 

reoha.) 

—  11  — 


ESCENA  II. 


Perico. — TbclAi  oon  nn  ramo  de  lilas. 


Tkct.a. 

Ta  te  das  tono  y  yo  espero. 

Peb. 

Estaba  muy  ocupado. 

Vienes  de  arriba? 

Tecla. 

Pe  arriba; 

es  deeir  del  sotabanoo.  (Sa  lienta.) 

Pbr. 

(Qaeriendu  cogerle  ana  mano.) 

Qué  díoe  Teda  de  bueno? 

Tecla. 

(Pegándole  en  las  manes.) 

No  soy  tecla  de  piano. 

Pee. 

Qaé  diees? 

Tecla. 

Qne  no  me  toques. 

Peb. 

A  qué  vienes? 

Tecla. 

Por  encargo 

de  mi...  señorita,  á  ver 

ai  sin  vergUensa  de  tu  amo. 

£Ila  llora  y  se  consume 

y  oomo  lo  quiere  tanto... 

no  comel... 

Peb. 

Por  qué  no  come? 

Tecla. 

Pues...  porque  no  tiene  un  cuarto. 

y  el  comer  cuesta  dinerol 

Ay,  los  hombres  son  muy  malosl 

üngafian  para  pescar, 

y.  en  cuanto  que  pescan  algo^ 

si  te  aide^  no  me  acuerdol 

Pero  me  voy  explicando 

sobre  cosas  que  no  importan. 

(Pansa  Inref  isima.) 

Si  importan! 

Per. 

En  qué  quedamos? 

Tecla. 

Pásmate!.. .  (Perico  estornada.) 

Esto  lo  aprendí 

en  libros  que  me  prestaron. 

libros  que  después  prohibieron 

por  ser  los  libros  de  un  vago. 

Peb. 

Pero,  mujer,  á  qué  vienes? 

I  I 


Tecla.. 


Per. 
Tecla. 


Per. 
Tecla. 


Per. 

ÍECLA, 

Peb. 

Tecla. 


Per. 


Tecla. 
Per. 

TxCLA. 

Per. 


Tecla. 
Per. 


Tecla. 
Per. 


—  12  — 

Pues  á  traerle  á  Bernardo, 
de  parte  de  mi,,  s^iúr a, 
estas  lilas. 

Es  buen  ramo! 
Robadas  en  el  Retiro 
están  por  sn  {uropia  mano, 
esponiéndose  á  que  ufa  gniírda 
la  hubiera  pegado  un  palo. 
PSnlas  en  ese  botijo: 
agua  tiene. 

Me  hago  el  dargo. 

(Pone  las  lilas  du  el  botijo.) 

Hablando  de  otra  materia: 
por  qué  no  sube? 

Ahoara  ha  dado... 
En  qué? 

En  ser  hombre  polítíoo. 
Pues  lo  que  es  en  ese  ramo, 
no  adelanta;  es  un  grosero, 
manque  lo  hagan  deputado: 
Anoche  se  fué  de  juerga^ 
oon  varios  jmfffo^;.  jugaron 
á  las  siete  y  media,  y  lugo 
por  mor  de  cmtion  de  ochavos 
hubo  un  desafío. 

A  qué? 
A  navaja,  á  quince  pasos. 
De  suerte,  que... 

Nada  temas: 
él  es  un  valiente,  un  bravo... 
según  él  mismo  asegura. 
Y  hay  quij  creerlo. 

Bstá^aro! 
Ahí  lo  tienes:  un  sime^n 
en  la  puerta  se  ha  parado. 

« 

( Asomándose  á  la  ventana.) 

Qué  feo  es,  mayormente! 

Ya  sube:  levanta  el  campo. 

(Vase  Teola  por  el  fondo,  y  salé  Bernardo,  ae^^ua- 

dá  derecha.  Vestido  de  medio  eaerpo  abajo,  á  ea* 

tito   del  siglo  XVI  7  de  medto  cuerpo   arriba,    á 

estilo  del  d  tf  <}n  el  sottbterO)  ti^ae  varlaa  pltuaas.) 


4 


—  13  — 

ESCENA  III. 

Perico  j  Bernardo. 

Bebn.  (Siempre  tengo  que  ir  en  coche 

por  temor  á  los  chiquillos.) 

Han  venido  ya  esos  pillos 

que  he  convidado  esta  noche? 
Peh.  No,  seftor. 

Bern.  Vaya  una  gente! 

Per.  El  lanee? 

Bern.  No  salió  mal: 

al  tuno  de  Villa-Real 

le  phité  un  chirlo  en  la  frente. 

El  gobierno  me  envenena! 

(Tiraii<So  un  paro  qiie  viene  f ornando.) 

Lástima  de  perro  grande/ 

Oye,  Perico. 
Per.  Usted  mande.       ' 

'Bern.  Está  dispuesta  la  cena? 

(S«ñ«t  afirmati-va  áe  Perico.) 

Porque  quiero  que  elíos  goce»... 

Qué  es  esto?  (TomAiulo  las  Ulas.) 
Per.  (Por  fin  las  videf) 

Unas  lilas  que  han  traído... 

pam  usted. 
Bern.  Bien  me  conocen! 

(Dlatraido,    tarareando,    oomiensa   á    romper    el 

ramo.) 

Per.  (Sefior,  esto  clama  al  cielo) 

M  se  entretiene  en  romperlas, 

mientra»  que  ella  por  cogerlas 

ha  podido  ir  al  Modelo!...) 
Bern.  No  será  cosa  sencilla 

saber  quién  las  ha  enviado, 

de  tanta»  oomo  me  han  dado 

su  corazón. 

(Se  pone  el  ramo  en  el  ojal  de  la  levita.) 

Per.  Fué  Lolillal 

B£RN«  Ooa  U  notioia  me  hieres! 


—  14  — 

Tú  tienes  muy  mala  sombral 
A  mí  nunca  se  me  nombra 
cierta  oíase  ie  mujeres. 

ESCENA   IV. 


Dichos. — B  au dilio. — Luego,  Lolilla. 

Baüd.  La  niña  del  sotabanco, 

quiere  entrar. 
Bbrn.  (Pierdo  la  calma.) 

Te  voy  á  romper  el  almal— 
Baüd.  (Como  si  yo  fuese  manco!) 

Bern.  Es  mucha  su  obstinación 

y  hará  que  mi  furia  estalle! 
Baud.  La  echaremos  á  la  calle. 

Bern.  Os  tiro  por  el  balconl 

Per.  (Cualquiera  entiende  á  estetíol) 

Bern.  Aunque  viene  á  incomodar, 

la  teaeis  que  respetar. 
Baüd.  Buenol 

Per.  (Quién  me  compra  un  lio?) 

Bern.  Y  ahora  he  de  llamarte  tunOt 

por  fuerza  del  consonante. 

Que  entre  esa  dama  al  instante 

y  que  no  pase  ninguno. 

(Vanse  Baudilio  y  Perloa,  aegon^a  derecha,  y  por 
la  misma  sale  LuULla.) 

LoL.  Bernardo,  vienes  herido? 

Estaba  tan  impacientel.. 
Bern.  No  sabes  que  soy  valiente? 

LOL.  Lo  has  dichol 

Bern.  Y  lo  he  repetido. 

LoL.  AJiora  que  te  he  visto,  ingrato^ 

si  quieres  me  marcharé, 
Bern.  No  te  vayas,  quédate. 

(Esta  me  va  á  dar  el  ratol) 

(Llevándola  al  banco.)  , 

Tus  arrebatos  modera, 
reposa  aquí,  y  un  momento,.. 
LoL.  (Duro  es!...  Parece  este  asiento 


—  16  — 


un  «sieolo  de  tcroera.) 

Bern. 

Eres  buena^  y  haces  tnat 

en  querenne. 

LOL. 

Y  me  lo  diees 

en  mi  c«ra? 

Bern. 

En  tos  naríoesl 

LOL. 

(Este  hombre  es  un  animall) 

'Decir  no  quiero  ]o  horrendo 

del  mal  que  me  haces  sufrir. 

Bern. 

Tú  no  lo  querrás  decir; 

pero  me  lo  estás  dioiendol 

LOL. 

Si  te  quiero  con  locnral 

Bern. 

(Besándole  la  mano.) 

To  te  quiero  mucho  más. 

Lot. 

Tú  me  quieres;  pero  estás 

á  baja  temperatura. 

No  lo  niegues,  si  eres  franco: 

en  sefial  de  tu  desvio, 

siento  en  tus  labios  el  frío 

que  siento  en  el  sotabanco. 

Allí  el  frío,  y  la  amargura, 

y  la  escasez  y  el  dolorl... 

Bern. 

Te  ha  colocado  mi  amor 

á  considerable  altura. 

y  aún  te  quejas? 

LoL. 

Es  que  lucho 

entre  tantos  padoceres, 

porque  te  quiero! 

Bern. 

Me  quieres? 

LOL. 

Mucho! 

Bern. 

Mucho? 

LOL. 

Muchol  Mucho! 

Bern. 

No  te  causa  admiración 

el  ver  como  te  he  tratado? 

Soy  asi,  porque  me  han  dado 

malísima  educación. 

Como  yago  me  crió, 

como  gatera  crecí, 

y  por  do  quiera  que  fui 

lo  que  pude  me  llevó. 

LOL. 

Tu  fondo  es  bueno. 

Bern. 

(Quó  error!) 

—  16  — 


Lot. 

Pero  hay  que  cavar  muy  hundo. 

Bebn. 

Desengáfiate:  en  el  fondo, 

no  soy  malo;  soy  peorl 

LOL. 

Paes  ni  aún  asi  te  reohaso. 

Bbrn. 

Yo  me  miro  en  tns  papilas! 

(So  abrasan  (uertemeote.) 

LOL. 

Has  deshojado  las  lilas. 

Bbrn. 

8í:  ftié  del  enconhonazo. 

LOL. 

Si  á  mi  sola  me  prefieres, 

perdono  tu  brusquedad. 

Bern. 

Te  prefiero— en  paridad — 

entre  todas  las  mujeres. 

LOL. 

En  purid&d?  No  adivino 

lo  que  me  quieres  decir. 

Bern. 

Quieres  conmigo  venir?... 

LOL. 

Adonde? 

Bern. 

A  Vifcigudino. 

LOL. 

Los  dos  solos? 

Bern. 

El  amor 

no  gusta  de  compañía. 

LOL. 

Es  que...  yo  te  lo  diria... 

• 

si  no  me  diese  rubor. 

Bbrn. 

Mujer,  ó  yo  soy  muy  bruto, 

ó  no  acierto  á  dónde  vas 

con  tu  jdea. 

LOL. 

Lo  sabrás... 

Bern. 

Caándo? 

LOL. 

Cuando  venga'cZ /rafa. 

Bern. 

No  entiendo... 

LoL. 

Puedo  decirte... 

ESCENA  V. 

Dichos. — Perico.— Luego,  BoaDIL  el  grande. — Alvarez  y 

Pancho. 


Per. 

Vienen! 

LOL. 

Qué  oportunos  sonl 

Bern. 

Dime  eso  en  otra  oeasión. 

porque  ahora  tienes  que  irte. 

LOL. 

Al  salir  me  van  á  ver. 

Bern.  ,  , 

Bahl  Qué  han  de  verte.  Eso  fuera 

—  17 


• 

sino  hubiese  otra  escalera. 

1 

LoL. 

Quién  la  ha  mandado  poner? 

Bern. 

Pues...  quien  puede. 

LOL. 

Siendo  así... 

Bern. 

Hay  gente  muy  prevenida. 

LOL. 

Guíame  en  esta  salida. 
Es  por  aquí? 

Bern. 

Por  aquí. 

(Vause  primera  izquierda.  Perieo  ol«rra  la  paar  - 

ta   y   salen   sogamda   dereoUa  Boadll» 

Alvares   y 

PaoohoJ 

BOAD. 

Porqué  cierras? 

Per. 

Esa  es  buena. 
Porque  corre  un  mentedüo,.. 

V 

BOAD. 

Estamos  de  tapadillo^ 

. 

Per. 

« 

Si  señor!  Voy  por  la  cena. 

1 

(Se  dirige  al  foudo) 

BOAD. 

Ella  há  estado  aquí. 

Per. 

Velay. 

BOAD. 

Vamos  á  indagar... 

Alv. 

Por  mí... 

BOAD. 

Ya  di  con  el  rastro...  Aquí 
hubo  lilas. 

Per. 

(Y  aun  las  hay!) 

(Vasa  por  el  foodo.) 

BOAD. 

Por  BU  amor  estoy  en  vilo; 
y  por  lograrla  he  de  hacer... 

(Tomando  un  pañuelo  del  banco.) 

Un  pañuelo  de  mujer! 

Alv. 

No  es  de  mujer;  es  de  hilo! 

BOAD. 

Está  la  prenda  empapada. 
Esto  indica... 

Panc. 

Échale  un  galgo! 

Alv. 

Mira  á  ver  si  tiene  algo 
en  alguna  rinconada. 

Boad. 

Binconada? 

Alv. 

Sí,  áfémia! 

Boad. 

Eso  es  hablar  en  camelól 
Ni  que  fuese  este  pañuelo 

obra  de  mamposteríal 

» 

Pero,  en  fin,  yo  me  lo  guardo 

y  en  mis  pesquisas  insisto. 

Alv. 

£OAB. 


Alv. 

BoAD. 

Panc. 

Alv. 

BOAD. 

Alv. 


Bbrn. 
Paño. 
Bbrní 

BOAD. 

Alv. 

BoAD. 

Bern. 


BOAD. 

Panc. 
Alv. 


— 18  — 

Lo  que  quieres,  por  lo  visto, 
es  desbancar  á  B«rDardo. 
No  lo  niego:  por  Lolilla 
doy,  como  quien  do  dá  nada, 
los  GánDenes  de  Granada, 
la  Giralda  de  Sevilla; 
y  entrando  en  otro  terreno, 
doy  tn  Petra  y  tu  Asunción, 
y  mi  Purificación  .. 
Hombre,  no  des  tanto.L. 

Baenoi 
Somos  unas  calaverasi 
Di  mejor,  unos  bandidosl 
El  terror  de  los  maridos! 
•    Y  el  terror  de  las  niñeras! 

ESCENA   VI. 

Dichos.— BkrNARDO,  primera  izquierda. 

Señoresl... 

Hola,  barbián] 
Adiós,  Pancho,  adiós  Boadil. 
Cómo  os  vá? 

Ferfefamenie. 
Y  el  Tenorio  de  Madrid? 
Cansado? 

(Furioso.)  Yo  no  me  canso! 
Si  lo  vuelves  á  decir!... 
Yo  juego.,  á  juegos  prohibidos, 
soy  más  valiente  que  el  Cid, 
tiro  muy  bien  la  navaja, 
soy  muy  guapo...  de  perfil, 
tengo  treinta  afios— y  días, 
DO  soy  corto  en  él  pedir,  . 
hago  todo  lo  que  debo, 
debo  yo  solo  por  mil, 
y  soy  y  seré  un  perdido 
desde  ahora  hasta  morir. 
Bienl 

Muy  bien! 

Ssto  es  un  hombret 


—   19  — 

Bern.  Períool...  Baudiliol...  A  mí, 

mis  esouderosl...  La  oenal 

(Deíoórrese  la  cortina  del  foudo.  Perioo  y  Bandilio 
saeau  ana  mesa  oun  platoi  y  botellaii  y  Ift  ponen 
en  la  iala.) 

Aly.  Alguno  falta. 

Bern.  Quídiíd: 

el  sabio  voierinarío, 

honra  de  nuestro  país 

en  la  cura  de  animales... 

y  aun  de  personas. 
BOAD.  A  ti 

te  prestó  un  servicio. 
Bern.  Inmensol 

.    Hace  un  año  que  en  Guadix 

me  mordió  un  perro  rabioso, 

y  ese  herrador  varonil, 

después  de  aplioi^rme  un  hierro 

muy  candente  en  la  naris, 

y  de  pouerme  un  bozal, — 

por  precaución,     junto  á  mi 

cama  estuvo  treinta  días 

con  sus  noches,  sin  dormir. 

«Tu  no  muerdes  por  ahora,»  ^ 

me  dijo  al  cabo. 
BoAD.  Y  al  fin, 

morderás?  Porque  conviene 

saber... 
Bern.  Me  pongo  febril 

en  ocasiones,  y  pienso 

que  he  de  morder...  y  Quintín 

tampoco  está  muy  seguro. 
Aly.  Es  ue^  sabiol 

Bern.  .Ün  infeliz! 

Panc.  Por  qué? 

Bern.  Porque  se  ha  casado! 

Me  lo  encentré  en  Chamberí 

con  su  esposa,  y  con  un  ohioo 

que  mamaba  en  un  atriL 
Alv.  Qué  atrocidad! 

Bern.  T  qué  cosas 

nos  obligan  á  decir 


BOAO. 


Alv. 
Bbrn. 

BOAD. 

Bern. 
Alv. 
Panc. 
Per. 


-.  20  — 
los  picaros  asonantes! 

Y  tu  hijo?  (A  Boadil.) 

Estudia  en  París. 
Diz  que  será  con  el  tiempo, 
peor  que  yo  el  chiquitín  I 

(Ofreciendo  una  oopa  á  Bernardo*) 

Una  copita  del  mono. 

Del  mono?  Venga  de  ahí!  (Chocan  y  beben.) 

Y  ahora  otra  de  Valdepeñas. 

De  halde  me  ha  de  salir!  (Beben.) 

Peío,  ese  herrador  no  viene? 

Ya  es  la  hora. 

Don  Quintíu!  (Anunciando.) 

ESCENA   Vil. 


Dichos. — Quintín. — ai  final  de  U  escena,  LoLILLA.  —Todo» 

ae  sientan  á  la  mesa.  . 


Bern. 

Tú,  entre  tanto  libertino! 

BOAD. 

^úf  que  eres  tan  timorato! 

Alv. 

Y  tan  corto  y  tan  pacato!... 

QUIN. 

Yo  pacato?  Venga  vino! 

(Perico  les  sirve.  Todos  beben.) 

BOAD. 

Brindo  por  la  dinamita! 

Alv. 

Por  los  vencidos  pudores! 

Panc. 

Yo,  por... 

Bern. 

Prudencia,  señores, 

que  ya  el  herrador  se  irrita. 

Dando  está  vivas  señales 

de  enojo  y  de  pesadumbre. 

Qüin; 

Yo  tengo  mucha  costumbre 

de  tratar  eon  animales; 

y  á  más,  pienso  que  es  tontuna, 

ó  más  bien,  solemne  yerro, 

enojarse  con  un  perro 

I 

porque  le  ladre  á  la  luna. 

Bern. 

Si  hablas  de  perros  aquí 

me  dan  ganas  de  morder. 

Boad. 

El  cebo.  Tú  has  de  caer! 

Muy  pronto  te  casas. 

Bern. 

(Ya  medio  borracho.)  Sí! 

—  21  — 

BOAD. 

Con  Lolilla. 

Bbrn. 

Qaé  demenoiaí 

QüIN. 

Qaién  me  sirve  viao  yiejo? 

BSRN. 

El  mejor  dia  la  dejo 

á  la  luna  de  Valencia.  (Bebe.) 

BOAD. 

Ahora  mismo. 

Bbrn. 

Esas  son  bromas. 

QuiN. 

(Este  Boadil  et  cruel.) 

BOAD. 

fisoríbe  en  este  papel... 

Bern. 

Pero,  tú  ¿por  quién  me  tomas? 

BOAD. 

Con  esa  actitud  confirma 

nuestro  dicho. 

Bern. 

Es  un  error  1... 

Venga  monol  (Todos  beben.) 

BoAD. 

(Lo  mejor 

es  falsificar  su  firma!) 

(Saoa  una  cartera  y  escribe.) 

Bern. 

Servidme  mono,  nialsinesl 

QUlN. 

Yo  brindo  por  mi  mujer!... 

Alv. 

Fuera! 

Panc. 

A  callar! 

QüIN. 

A  beber! 

Bern. 

Ah!...  Somos  unos  pillines! 

BOAD. 

(Leyeudo  lo  qao  ha  escrito.) 

(cLola:  por  razones  mil 

me  las  guipo  al  extranjero, 

■* 

y  contigo  es  mi  heredero; 

mi  contrincante  Boadil...» 

Si  es  tonta,  basta  este  escrito 

para  realizar  mi  idea; 

pero  como  no  lo  sea. ..) 

(Dando  el  papel  á  Perico,  que  se  va.) 

Bern. 

Chinchón!... 

QüIN. 

Un  pájaro  frito!... 

Alv. 

Que  se  lo  den!... 

QüIN.       . 

Os  mofáis? 

Vo  me  río  de  vosotros!... 

A  TV. 

Parap4/aro5...  nosotros!... 

Bern. 

Buenos  pájaros  estáis!... 

Más  vino!... 

QüIN. 

Si  ya  no  puedes!... 

Alv. 

Quién  se  rinde?... 

1 


—  22  — 

Panc.  Maiisamilal... 

BoAD.  A  la,  salud  de  Lolülal 

Bebn.  a  la  de  todos  ustedesl 

(Siile  Lolilla  muy  deagceftad»  por  el  foro  oon  im 

Pftpel  en  la  mano.) 
LOL,  Di  que  es  mentira  este  líol 

BoAD.  Le  hizo  el  efeeto  de  un  rayo!... 

LoL.  No  me  hablas?  Paes  me  desmayo! 

(Cae  deamayada  ea  una  de  las  bataeaa.) 
BbBN.  (Tcoándoae  la  frente.) 

Aquí  hay  fuego! 

(Tocando  una  mano  á  Lolilla.) 

Y  aquí  hay  frió! 

liOL.  (Incorporándose  stlibitamenteO 

No  me  quieres  responder? 
Tienes  instintos  de  fiera! 

Bern.  Si  tengo  una  filoxera 

que  no  me  puedo  lamer! 
— ^Marcado  ya  el  derrotero, 
planteado  el  asunto  así, 
vamonos  de  aquí,  que  aquí 
oonoluye  el  ouadro  primero. 
(Bn   este  momento,  el  apuntador   saca  el  braxo 
fuera  de  la  concha  y  con  tarugo  de  madera,  da  on 
porrazo  sobre  el  escenario,  al  cual  todos  los   per- 
sonajes hacen  un  giro  y  quedan  de   espaldas   al 
público,  y  á  otro  golpe  como  el  primero   abando- 
nan la  escena  con  precipitación,  saliendo  por  el 
fbro.  Salen  cuatro  asistencias  vestidos  de  laeayoa 
7  retiran  las  siUas,  llevándose  la  mesa  donde  han 
comido.  Una  de  las  butacas  la  pasan  al  otro  lado, 
colocando  al  lado  de  ella  un  brasero  con  tarima 
y  alambrera  y  dos  banquetas  pequeñas.) 


FIN  D£L  CUADBO  PRIMBBO. 


—  25  — 


ESCENA  PRIMERA.. 

PbRICO  y  BaODILIO,  por  el  fondo. — ^bie«o,  QOINTÍN. 


Per. 

Han  p^asado  Teinte  afios 

Baud. 

y... 

Caéntaselo  á  tu  abuela. 

Pee. 

(Asomándose  á  la  vantena.) 

Está  oscuro  y  huele  á  queso,. 

y  á  maiisoo.  (La  elerra.) 

Baud. 

Es  oourreuaía 

vivir  á  orillas  del  luar! 

Gnaudo  el  temporal  anreoia 

y  crecen  las  olas... 

Per. 

Esto 

es  la  mar! 

Baüb. 

Y.  sus  arenasl 

Per. 

El  ama  está  muy  malitol 

Baüb. 

Me  alegro. 

Per. 

Nos  tiene  cuenta   • 

Baud. 

Ya  comprende: 

-    él,  en  justa  recompensa. 

nos  dejará  alguna  manda... 

Per. 

Entendidol  Que  se  muera... 

y  deje  mandado! 

Baud. 

Justol 

Per. 

Eso  esperamos  yo  y  Teola, 

mi  mujer! — Paes  me  he  casada 

Baud. 

Gran  noticia!  Hace  ya  feeha 

que  lo  sé. 

Per. 

Conviene  que  el 

—  24  — 


públioo  también  lo  sepal 

Volviendo  al  asunto:  el  amo 

ha  hecho  venir  con  gran  priesa 

— ^y  eso  prueba  que  está  grave- 

ai  médieo  de  las  bestias. 

Baüd- 

Don  Quintín  fué  siempre  sa 

médico  de  cabecera, 

y  él  nos  dirá... 

Per. 

Viene  á  punto. 

Qdin. 

(Saliendo  por  el  foro  dereoha.) 

Y  el  amo? 

Per. 

Duerme  la  siesta. 

QüIN. 

Pero  está  ya  despejado 

de  su  última  borrachera? 

Per. 

*    Eso,  nunca:  las  empalma, 

y  rara  vez  se  clarea. 

Está  cuasi  embalsamado. 

QüIN. 

Es  la  epizoitia  que  Ilegal 

Baüd. 

Se  morirá. 

QüIN. 

Como  todosl 

Nadie  por  aquí  se  queda. 

Boadil  el  chico,  no  ha  vuelto? 

Per. 

Aún  no:  fué  á  cojer  almejas. 

Baüd. 

Se  nos  ba  colado  en  casa... 

QülN. 

Por  estas  playas  desiertas. 

además  de  lapas,  hay 

mujeres? 

Per. 

No;  lugareñas. 

QüIN. 

Pues  algo  busca. 

Per. 

(Bscaohaado )        El  señor 

viene  arrastrando  las  piernas. 

QüIN. 

Si  ya  ha  dormido  la  mona^ 

veremos  cómo  se.encuentra. 

ESCENA  II. 

DiCH0S.-*-BeRNARDO,  S6ganda    izquierda,    apoyándose  en    ckl 

qoioio  de  la  puerta. 


Bern. 
Per. 


En  dónde  está  mi  escudero? 
(Siempre  con  la  misma  tema!) 


—  25  — 

(Kutre  Parloo  y  BaadiUo  le  traen  ea  bra«^os,  y  le 
Alentan  en  la  bataoa  janto  al  teasero.  Pausa.) 
Bkun.  Aquí  el  brasero  me  quemal 

Me  ponen  jnnto  al  braserol 
No  me  ayudeisl...  Quiero  ver 
si  puedo  ir  al  otro  ladol 

(Dando  tra«piós  de  borracho,  ■•  aoeroa  á  la  buta- 
ca de  la  derecha.) 

QuiN.  (Aun  está  un  pooo  achispadol) 

Bern.  Vire  Dios  que  pudo  serl 

(Se  sienta.  Pansa  corta,) 

(Hace  ya  veinte  afios,  veinte, 

que  pasó  el  acto  primero, 

y  estoy  muy  malo,  y  me  muero 

por  mor  de  tanto  aguardiente!) 

Ya  9U8  podéis  retirar, 

quitarsíiS  pronto  delantel 

Aún  tengo  fuerza  bastemie 

para,  tirar em  al  marl 

(Vánia  Perico  y  Bandllio.) 
QiTiN.  Fuerza? 

Bbrn.  Muohal 

QoiN.  Bsimportano 

darla  de  tan  animal. 
Bern.  Es  que  luego,  en  el  final, 

tengo  que  matar  á  uno. 
QaiN.  Cómo  te  enouentras? 

Bern.  Mejor! 

QuiN.  (Llevó  una  vida  de  perro!) 

Bern.  Lo  que  necesito  es  hierro! 

QuiN.  Manda:  yo  soy  herrador. 

Bern.  Conque  te  vas? 

QaiN.  Me  han  llamado 

porque  mi  nieto  está  triste. 
Bern.  Valiente  locura  hiciste 

tú  con  haberte  casado! 

Yo,  que  no  llegué  á  ese  punto, 

pienso  irme  al  cementerio 

como  cumple  á  un  hombre  serio: 

como  un  cadáver  difmto! 

Manto,  y  caris,  y  crespón, 

y  capÚK  de  moche  inmensa, 


—  26  — 

y  niebla  que  se  condensa, 
y  nube,  y  rayo,  y  turbión, 
y  las  olas,  y  la  mar!... 

QoiN»  A  qué  tanta  algarabía? 

Bebn.  Todo  esto  es  pura  poesía, 

para  yenir  á  parar 
en  que  llueva  ó  haga  frió; 
me  tienes  tranquilo  aquí 
al  pensar  que  por  ahí' 
no  hay  ningún  pariente  mió. 

QüiN.  Si  así  la  existencia  entiende 

tu  egoísmo  vanidoso, 
serás  felizl 

Bern.  Muy  diohosol 

Digo...  nol 

QülN.  Quién  te  comprende? 

Explícate  en  español 
y  habla  claro  y  sin  rodeos. 

Bern.  Hombre...  estos  son  los  mareos 

que  me  produce  el  alcohol. 
Estoy  medio  trastornado; 
^  pero  hablándote  en  verdad... 

y  también  en  puridad^ 
la  palabra  me  ha  gustado! 
yo  necesito,  en  mi  pena, 
algún  carino  á  gue  asirme 
y  un  palmo  de  tierra  firme,., 
por  más  que  vivo  en  la  arena. 

ESCENA  III. 

Dichos.— Boabíl  el  Chico,  por  ei  fondo. 


BOAD.  EL  C.  Buenas  tardesl  (Tono  agrio  ) 

QülN.  Holal  (Kl  Wjo 

de  su  papá.) 

Bern.  (Tono  duro.)    Buenas  tardes. 

BoAD.  el  C.  Cómo  va? 
Bern.  Peor. 

BoAD.  EL  C.  Me  alegrol 


Bebn. 

BOÁD  EL  C. 

Brrn. 

BOAD.  EL  C. 

BeRNo 
BOAD.  EL  0. 
QüIN. 

Bebn. 


BOAD.  EL  C. 

Bern. 

BOAD.  EL  C. 


Bebn. 


QaiN. 


Beun. 


BOAD.  EL  C. 


Bebn. 

QOIN. 

Bkrn. 


Boad.  el  C. 
Bebn. 


—  27  — 

• 

(Bate  Upo  me  haoe  sangre!) 
Qué  estaba  usted  reoordando? 
Las  traiciones  de  ta  padre. 
Ya  sé  que  fué  mi  papá 
mny  noiala  persona. 

Sabes?... 
Todo. 

(Bs  un  hijo  modelo!) 
Aunque  era  Boadil  el  Qrande 
— tu  papá,  que  no  esté  en  gloria- 
malo,  yo  era  más  infame... 
mejorando  lo  presente. 
Pues  á  confesión  de  parte... 
Tú...  conociste  á  Lolilia? 
lia  arrecojió  de  la  calle 
mi  papá.  Tiene  usted  celos? 

(Boadll  Ta  al  brasero  á  oaUnlarse.) 
(Aparte  á  Qulntin.) 

le  parece  que  le  agarre 
y  le  estrangule? 

Feto,  hombre, 
si  no  puedes  menearte! 
Además,  si  así  le  odias, 
debes  echarle  á  la  calle. 
No  puedo:  hace  mucha  falta 
luego  para  ^1  desenlace. 
Pues  si  no  fuera  por  eso, 
dime,  en  qué  cabeaa  cabe 
el  que  uno  admita  en  su  casa 
á  aquél  que  'viene  á  insultarle? 
Mi  papá  era  un  pobre  hombre, 
y  se  murió  de  cobarde, 
y  yo  en  todo  me  he  portado 
como  el  hijo  de  mi  padre. 
Creo  que  me  empieza  el  vértigo. 
No  te  escites. 

Acompáñame 
á  la  puerta  de  mi  cuarto. 

(Quintín  le  di  el  braso.) 
Bstá  usted  hecho  un  petate. 
Ya  te  lo  dirán  de  misas! 
Cuando  vuelves  á  cuidarnie? 


—  28  — 
(A  QainUa.) 

QuiN.  £ii  (manto  el  segundo  apante 

me  eohe  faera. 
Bkrn.  Hasta  la  tarde.  (Vase.) 

-QuiN.  Yo  voy  ha  emprender  la  marcha. 

BoAD.  EL  C.    Pues  yo  hé  resuelto  quedarme 

con  Bernardo. 
QuiN.  Ta  lo  he  visto! 

Vaya,  adiós!  (Qné  botarate!) 

(Vaso  Qnintin   foro  derecha,  y  Boadil    foro 

qnierda.) 

ESCENA  IV. 

Perico. —BAÜDIUO.—TECr.A,  segunda  derecha. 


i»- 


Per. 

Echa  una  firma  al  brasero.  (A  Baudilio.) 

Tecla. 

Cierra  la  puerta,  Perico. 

(Perico  cierra  la  paerta  del  foudo  derecha 

tres  rodean  el  brasero.) 

Per. 

Tecla,  tráeme  medio  chico. 

Baüd. 

Y  á  mi  otro  medio. 

Tecla. 

No  quiero. 

Per 

No  nos  quieres  complacer? 

Baud, 

No  atiendes  nuestro  reclamo? 

Per. 

Pues  hablemos  mal  del  amo, 

que  también  es  un  placer. 

l)ime,  tú:  qué  hizo  LoliUa 

después  de  la  horrible  escena 

de  aquella  famosa  cena? 

Tecla. 

La  cosa  era  muy  sencilla. 

Debió  que  aquella  acción 

era  obra  del  aguardiente, 

y  á  la  mafiana  siguiente 

pedir  una  explicación. 

Per. 

Y  por  qué  no  lo  hÍEO  así? 

Tecla. 

Phs!  Vaya  usté  á  saber! 

Per. 

£ra  tonta  esa  mujer? 

B.IÜD. 

Por  fuerza! 

Tecla, 

Pienso  que  si! 

Per. 

No  se  debió  de  marchar 

sin  explicarse  los  dos. 

y  los 


—  29  — 


Tecla. 

Se  fué  sia  decir  adiós, 

y  hasta  el  dia. 

Per. 

Es  sisgularl 

(Saenan  golpas  en  la  paorta  del  foado.) 

Tkcla. 

Han  llamado? 

Pkr. 

No  he  sentido... 

Tecla. 

Pues  me  parece  que  siento... 

Baüd. 

Es  el  viento. 

Tecla. 

£1  viento? 

Per. 

El  viento. 

(Llaman  ooa  más  faena.) 

Tecla. 

Pnes  el  viento  ha  repetido. 

Si  se  despierta  á  ese  son 

el  amo,  bronca  tenemos. 

Per. 

Sí,  bastante  caso  hacemos 

del  amo. 

Sol. 

(Dentro.)  Por  compasióol 

ESCENA   V. 


Dichos. — Bernardo, segandaizquierda.-  -Deapaes,  Soledad. 


Bkkn. 


Sol. 
Bern. 


Sol. 

Bern. 

Sol. 

Bern. 


(Deáde  el  quicio  do  la  puerta.) 

No  estáis  oyendo  llamar? 
Será  algÚD  pobre  iofelice. 

Socorro!  (Orltaudo  dentro.) 

Socorro,  dice? 
Pues  eso  es  que  quiere  entrar. 

(Perico  abre,  y  Soledad  entra  desgreñada^) 
No  puedo...  (Vacilando.) 

S9  va  á  caer! 
Mi  madre,  yo,  y  él.  Dios  mío! 
Todo  negro!...  Todo  fríol  (Cai  al  aueío.) 
Yo  la  quiero  arreoogerl 

(Viene  arrastrándose  hasta  Soledad  y  forcejea  para 
levantarla.) 

Ay!...  No  me  puedo  lucir! 
Hay  más  triste  desconsuelo? 
Yo,  que  alcé..;  tantas  del  suelo... 
donde  no  quiero  decir, 
ahora  que  tengo  interés 


—  30  — 

en  cargar  con  la  virtnd, 

me  lo  impide  la  salud! 

A  una!..  A  las  dos!..  A  las  tres! 

(Con  mnoha   difloultad  la  leyanta  y  ae  la   «oha 
sobro  un  bra:io.) 
Realizada  mi  intención 
y  mi  fuerza  ya  probada 
en  esta  primer  vegada^ 
llevarla  á  mi  habitación! 
Y  veré  si  á  esta  doncella 
le  es  mejor,  en  puridad, 
el  darle  hospitalidad 
con  asistencia  ó  sin  ella! 

(Los  criados  llevan  en  brazos  á  Soledad  por  la  se- 
gunda izquierda;  Bernardo  les  sigue  á  rastra.) 

ESCENA  VI. 

BoADIL. — Después  PERICO  y  luego  SoLEDAD. 

BoAD.  KL  C.    Pues,  señor,  todo  me  sale 

á  medida  del  deseo, 
su  madre  tiene  morriña^ 
lo  mismo  que  los  gallegos, 
y  Bernardo  no  podrá 
defenderla,  si  es  un  muerto! 

(A  Perico  que  sale.) 

Esa  chica  qué  tenía? 
Pee.  Carpanta:  ya  está  comiendo. 

BoAD.  KL  C.    Y  don  Bernardo? 
Per.  Empinando. 

BoAD.  elC.    y  Tecla? 
Per.  Haciendo  pucheros. 

Es  filoxera  sensible. 
BOAD.  EL  C.    Vete:  todo  está  dispuesto 

para  hacer  una  trastada 

digna  del  nombre  que  llevo. 
Per.  Eso  me  complace  mucho, 

porque  me  pone  á  dos  dedos 

de  que  el  bueno  de  mi  amo^ 

al  ver  mi  comportamiento, 

se  acuerde  de  mi  al  morir 


—  31  — 


y  me  deje  algún  recuerdo.  (Vase.) 

BOAD. 

EL 

0. 

Crepúsculo,  uoche,  sombras, 
calma,  fiebre,  astucia,  pecho. 

(Se  ooalta  en  el  foado  y  lale  Soledad.) 

Sol. 

Aunque  empina  mucho  el  codo. 

parece  un  sefior  muy  bueno 
y  muy  campechano.  Lástima 
que  tenga  un  vicio  tan  feol 

Gielosl  (Al  ver  á  BoadU.) 

BOAD. 

EL 

0. 

Tú  aquí  Soledad? 

Sol. 

Por  casualidad.  Mas  voy... 
Pero  y  tú?... 

BOAD. 

EL 

c. 

También  estoy 
por  otra  camolidad! 

Sol. 

Vaya,  cuántas  novedadesl 

BOAD. 

EL 

c. 

Todo  tiene  su  pretesto. 

Sol. 

T  su  porqué. 

BOAD. 

EL 

c. 

}L  está  esto 
lleno  de  cauBolidades! 
Tu  madre? 

30L. 

Queda  en  las  Ventas, 
al  otro  lado  del  rio.  . 
Yo,  muerta  de  hambre  y  de  frió 
me  vine  aquí. 

BoAD. 

EL 

0. 

Qué  me  cuentas? 

Sol. 

Aunque  desaparecí 
sin  avisar  mi  partida, 
de  improviso  y  á  escondida, 
te  quiero  mucho. 

BoAD. 

EL 

c. 

Y  yo  á  tí. 

Sol. 

Yo  másl 

BOAD. 

EL 

c. 

Yo  másl 

Sol. 

No  concedo! 

BoAD.  EL  G.     Partamos  la  diferencial 
Sol.  Yo  te  quiero  con  vehemencia; 

pero  me  ios  mucho  miedo. 
BoAD.  EL  C.    Nos  casamos. 
Sol.  '    Has  hablado 

de  veras? 
fioAD.  EL  C.  No  sé  mentir! 

Sol.  Hombre,  no  me  hagas  reir, 

que  tengo  d  labio  cortado! 


—  32  — 

BoAD.  EL  C.     Para  probarte  mi  amor, 

antes  que  acabe  la  noche 

yo  te  llevaré  en  un  coche 

con  tu  madre. 
Sol.  (Qué  candor!) 

Los  dos  solos,  no  es  verdad? 
BoAD.  EL  C.    Y  en  coche! 
Sol.  Estoy  encantada! 

BoAD.  BL  C.     Qué  dices? 
Sol.  Que  está  probada 

tu  inocencia.,,  en  puridad! 
BOAB.  EL  G.    Vamonos,  pues. 
Sol.  Antes  quiero 

despedirme  de  ese  anciano. 

Aunque  bebe,  es  tan  humano! 
BOAD.  EL  C.    Despacha:  fuera  te  espero. 

(Vase  fondo  rlereoha.) 

ESCENA  VIL 

SOLKDAD.—TÉCLA  y  BAUDILIO,  sosteniendo  á  BERNARDO. 

Bern.  Más  aprisa! 

BeRN.  (Amenazándole.)  (Si  no  fuera!...) 

Tecla.  (Amenazándole  también  por  detrás.) 

(Perdonaba  sus  tesoros!) 
Bern.  Torpes! 

Sol.  (Yo  veo  los  toros 

desde  la  contrabarrera.) 
Bern.  No  duerma  esta  noche  ya. 

No  duerme  ese  mar  tampocor 
Tecla.  Dormir  el  mar?  (Está  loco!) 

BekN.  (Sentándose  en  el  sillón  de  la  izquierda.) 

Este  es  mi  sitio.  A  jajá! 

Os  espanto? 
Tí?CLA.  (Está  demente!) 

Baüd.  No  tal. 

Tecla.  Vaya  un  pensamiento! 

Bern.  No  hay  qne  olvidarse  un  momento 

de  que  yo  soy  muy  valiente! 

Ir  sus!...  Solo  quiero  estar  I 

(Vánse  Tecla  y  Baudilio  segunda  derecha.) 


—  33  — 

Sol.  Sefior... 

Bern.  Quién  eres?  Ahí  Sít 

Tú  puedes  quedarte  aquí... 

y  hasta  me  puedes  hablar. 

Nada  tienes  que  temer; 

acércate,  estoy  sereno. 
Sol.  Yo  sé  que  usted  es  muy  bueno! 

Bern.  Tu  lo  sabes?  Ya  es  saberl 

(Paana  —Tiritando.) 

Horrible  frió  se  sientel 
Qué,  si  esto  es  una  nevera! 
Sol.  Voy  á  quitar  la  alambrera. 

(Qaita  la  alambrera  del  brasero. ) 

Está  bien? 

Bebn.  Perfeotamentel 

¿  nadie  se  le  ha  ocurrido 
eso  que  acabas  de  hacer! 
Tu  tienes  mucho  saber! 

Sol.  (En  qué  lo  habrá  conocido?) 

Bern.  Me  tratan  que  es  un  horror. 

Y  es  claro!  la  gente  extraña 
no  tiene  gusto  ni  mafia! 

Sol.  Malas  mafias,  sí  sefior. 

Bernd.  ün  beso! 

Sol.  Es  cosa  sencilla 

según  la  intención  y  i  quién. 
Tome  usted.  (Le  besa  en  la  fronte.) 

Bern.  (Saben  muy  bien 

los  besos  de  esta  chiquilla!) 
Sol.  {Parece  inquieto.,»  Vadlo..* 

y  al  fin  hará  que  me  escame.) 
Bsrn*  Siéntate  á  mi  lado,  y  dame 

tu  mano. 
Sol.  (Yo  estoy  en  vilo!) 

Cómo  está  usted? 
Bern.  £1  mareo 

vá  pasando  por  mi  nombre! 

Nada,  que  tenemos  hombre! 
Sol.  Donde  está,  que  no  le  veo? 

Bern.  Nuncio  de  pac  y  alegría, 

dime  ahora,  en  puridad, 

tu  nombre. 


—  34  — 

80L.  Soy  Soledad-. 

Bern.  Soledad  del  alma  mía! 

Dime  ¿caando  aquí  viniste?..»  i  ._ 

Sol.  Estaba  lloviendo  mucho. 

Besn.  Lloviendo  dices?  Qué  escucho? 

Ira  de  DíosI  qué  digiste? 
Sol.  Pero...  ¿se  incomoda  usted?  ^ 

Bern.  Tengo  en  mi  pecho  una  fragua. 

En  cnanto  nombran  el  agua 

en  seguida  me  dá  sed;  \ 

y  en  mid  rudos  padeceros 

y  en  la  crisis  de  hh  mal, 

ver  quisiera  un  maniantol  ) 

brotando  de  esas  paderes... 

y  aplicar  mi  boca  al  chorro. 
Sol.  No  haga  usted  esos  estremosl 

Agua  fresca  ya  tenemos: 

beba  usted  por  el  pitorro. 

(Dándole  agaa  por  el  botijo.)  "     4: 

Bbrn.  Ahora  respirar  quisiera 

aire  fresco. 
Sol.  Yo  abrirél 

;Bern.  Tengo  calor...  desde  que 

has  quitado  la  alambrera. 

(Abriendo  U  vent;aua.) 
^OL.  El  viento  dé  la  mafiana 

« 

refresque  su  frente  grave. 
Bern.  (Es  muy  lista!  Si  hasta  sabe 

cómo  se  abre  una  ventana!) 

En  esta^vida  de  abrojos, 

tú  sola  me  has  comprencKdoI 
Sol.  En  qué  me4o  has  conocido?  ^  '^\ 

Bern.  En  lo  blanco  de  los  ojosl 

Tú  has  nacido  en  esta  playa? 
Sol.  No:  soy  paisana  del  Cid;  ^       - 

pero  vengo  de  Madrid. 
Bern.  Hay  allí  tanto... 

Sol.  Cál 

Bern.  Vayal 

Sol.  Voy  á  decir  mi  sedreto 

y  usted  me  vá  á  consejar. 
Bern.  Habla. 


—  36  — 


Sol. 

Me  Toy  á  casar... 

pronto^  oon  un  baen  sujeto. 

Bern. 

Tu  suerte»  pobre  miúer, 

me  eausa  mucha  inquietud. 

{Oon  tono  de  dlsearso,  eafátiou.) 

La  virtud...  es  la  Tirtudl 

f  el  deber..*  es  el  deber! 

BiAueha  eon  atendon 

lo  que  decirte  he  resuelto; 

mira  que...  el  diablo  anda  suelto.  . 

y  quien  quita  la  ocasión... 

Antes  juergét:  hiego  oMdol 

Nunca  para  el  bien  es  taidel 

ttira  el  eisoo  como  ardel 

Sol. 

Clarol  Porque  está  encendido! 

Bebn. 

Bl  brasero  simboliza 

el  amor  y  la  costumbre! 

Ahora  confortable  lumbre... 

y  luego  después  cenisal 

El  novio...  ¿es  joven  honrado? 

Sol. 

Sí  señor,  Boadil  el  chico. 

Bebn. 

Cómo?  ISía  posible?  Ese  mico? 

Ay,  que  me  dál  (Se  desvaDMe.) 

Sol. 

Qué  le  ha  dado?. 

Bebn. 

Lolal...  Lolillaj...  (Como  ddlUando.) 

Sol. 

Qué  oi? 

Bern. 

Te  estrafia  ese  non^bre? 

Sol. 

Mucho. 

Bemuchfsimol 

Bern. 

Qué  escucho? 

Sol. 

Mi  madre  se  llama  asil 

Bebn. 

Quién  eres  tú? 

Sol. 

Salvo  error... 

Bebn. 

Quién  soy  yo? 

Sol. 

(Si  en  sí  volviese...) 

Bebn. 

Quién  es  ella?...  Qoién  es  ese? 

(S«&alsodo  al  apuntador.) 

Sol  i 

Ese  es  el  apuntador. 

Bebn. 

Lolilla...  Mi  amor  profundo! 

Sol. 

Es  mi  madre. 

Bebn. 

Cierta  estás? 

(Soñal  afirmativa  de  Soledad.) 

—  36  — 

Tú  eres  mi  hijalNo  hay  más 

que  una  Lolilla  ea  el  mundo! 

Rato  hi  que  lo  presentía. 
Sol.  Cómo?  Usted? 

Bbrn.  .    Yo  mismo...  yo! 

Sol.*  Usted...  mi... 

Bern.  Yo...  Tu... 

Sol.  Ahí 

Bern.  Oh! 

Sol.  Papá!  Mi  padre!  (Gritando.) 

Bern.  (Orltando  también.)  Hija  mía! 

(Se  abrasan  fuertemente.) 

ESCENA  ULTIMA. 

/ 

Dichos. — BoaDIL,  foro  derecha. — Luego  LOLILLA  y  después 

QüIIíTIN. 


Boa». 

Ven!  (Llamándola  oon  la  mano). 

Sol. 

No  quiero! 

Bern. 

Miserable! 

BOAD. 

Vente  conmigo  ó  te  mato. 

• 

Bern. 

Hablas  así,  mentecato, 
porque  no  tengo  aquí  el  sable! 

BOAD. 

Ven!  (Tirando  de  Soledad.) 

Bern. 

Bse  no  tiene  enmienda! 

LoL. 

Soledad!  (Saliendo  por  el  foro.) 

Sol. 

Ahí 

Bern. 

Lola! 

BoAD. 

(A  Lolilla.)            Harpía! 

Sol. 

Defiéndeme  madre  mía! 

LOL 

Que  tú  padre  te  defienda! 

(Empujándola  oae  sobre  Bernardo.) 

BoAD. 

No  cedo,  por  Beloebú! 

Sol. 

En  mi  presencia!...  Qué  horror! 

Bern. 

Dónde  has  visto  un  seductor 
que  se  atreva  á  lo  que  tú? 

BOAD. 

£s  que  quiero  atropellar        ' 
por  todo!  Nada  respeto! 

Bern. 

Ven  acá...  y  estáte  quieto: 
porque  te  voy  á  matar. 

(Roadil  viene  al  sillón  y  abrasándose 

con  Ber* 

.       .  —  37  — 

Bardo,  dan  dos   ó  trei  vaeltai  de  vals,    y  eudo    á 
caer  de  rodilUi  á  la  dereeha.) 
Al  fíD  mi  rabia  te  inmolal  • 

Ed  vano  oonmigo  luchas! 
Quieres  machas  cosas?  Muchas? 
BoAD.  Nol  To  queria  una  solal 

(Bernardo  mata  A   mordiaoos,  á  Boadil  de  la  ma- 
nera mis  cómloa  qne  se  le  oonrra.) 

Sol.  Se  lo  comel 

LoL.  Menos  malí 

Sol.  Yo  estoy  aterrorizada! 

QciN.  (Saliendo  por  el  fondo  eon  nn  bozal  en  la  mano.) 

Hidrofobia  declarada! 

Voy  á  ponerle  el  bozal! 
Bern.  Espera,  que  yo  también... 

me  muero...  y  seremos  dos, 

(Colocándose  entre  las  dos.) 

Soledad!  ..  Lolilla!...  Adiós! 

(Levantándose  y  dirigiéndose  al  público.) 

Qué  ustedes  lo  pasen  bien! 

(Una  agonía  muy  eorta  y  muy  cómica:  en  cuanto 

se  qaeda  rijldo,  cae  el  telón.) 


FIN. 


EL  DÍA  DEL  JUICIO 


Bata  obra  ea  propiedad  de  su  autor,  y  nadie  podrá, 
■in  sn  permiso,  reimprimirla  dí  representarla  en  Es- 
paBa  y  sas  posesiones  de  Ultramar,  ni  en  los  países 
con  los  cuales  baya  celebrados  ó  se  celebren  en  ade- 
lante tratados  internacionales  de  propiedad  literaria. 

Bl  autor  se  reserra  el  derecbo  de  traducción. 

Los  comisionados  de  la  Administración  lirioo-dra* 
mátiea  de  DON  EDUARDO  HIDALGO,  son  los  encar- 
gados exclusivamente  de  conceder  6  negar  el  permiso 
de  representación  y  del  cobro  de  los  derechos  de  pro- 
piedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


ÍL  DU  DEL  jn 


PBOTEGTO  UBICO  PARA  LO  FOTORO 


EN  UN  ACTO  Y  CUATRO  CUADROS,  EN  VERSO 


ORIOIKIL  DR 


CALIXTO    NAVARRO 


MÚSICA  DBL  MABSTKO 


JOAQUÍN  VALVERDE  (HIJO) 


Hepresentado  con  aplauso  por  primera  vez  en  el  TEATRO  ESLAYA  de  Madrid, 

la  noche  del  S2,  de  Diciembre  de  i802 


MADRID 
R.  VELASCO,  IMPRESOR,  RUBIO,   20 


REPARTO 


PSBSOKAJSS 


ACTOBES 


Blanca Srta.  D.&  María  González  (1> 

Encamada Salomé  Pachol. 

Rita Elena  Salvador. 

Dofía  Je9wa Juana  Eubio. 

Práxedes Nieves  González. 

Julia Carmen  Pérez. 

El  Delegado Sr.   D.    Vicente  G.  Yalerow 

Arturo Vicente  Carrión. 

Pepe José  Sigler. 

Punto  Ifi José  Biqnelme. 

PwÚQ  2.0 )  •  ^    ^.^ 

j  í  Arturo  La  Eiba. 

Pedro Ramiro  Toba. 

Criítpin José  Riquelme. 

Don  Abundio Agustín  Dorado. 

Perpetuo Arturo  La  Biba. 

Ordenanza Pablo  Arana. 

Fernando José  Biqnelme. 


^^F^s^^^r^^^^*^^>0^^i^^t^ 


Guardias,  encuarteros,  cobradores,  conductores,  pelotaris  y  guardias cÍTÍle»^ 

Coro  general,  niños  y  comparsas 


(l)  Desde  la  14  representación,  y  por  enfermedad  de  la  señorita 
González,  se  hizo  cargo  del  papel  de  BLANCA  la  Srta.  Carmei» 
Gardoso. 


ACTO  ÜNICO 


* 


ANTE-CUADRO 

Kn  el  momento  de  empezar  la  ginfonia,  bajará  por  delante  del  te~ 
lón,  quedando  sospendldo  en  el  centro  de  la  embocadura,  un 
cartel  grande,  en  el  cual  se  leerá  con  caracteres  rojos  muy  per- 
ceptibles, la  siguiente  qaintilla: 

Puesto  de  España  al  servicio, 
pensó  un  legista  novicio 
las  cosas  que  irán  pasando^ 
y  serán  un  hecho.  ^Cuándo? 
Muy  pronto:  EL  DlA  DEL  JUICIO. 

Homentes  antes  de  alzarse  la  cortina  desaparecerá  el  cartelón. 


—  6  — 


CUADRO  PRIMERO 

Interior  de  una  delegación.  Dos  mesas  de  escritorio,  nna  frente  á 
otra  y  en  las  cuales  aparecen  escribiendo  Juan  y  Pedro.  Mampa- 
ra en  la  puerta  del  foro,  puerta  lateral  derecha,  y  otra  á  la  iz- 
quierda. Teléfono.  Armario  de  libros.  Cuadros  con  fotografías  ei^ 
las  paredes,  etc.,  etc. 


ESCENA  PRIMERA 

« 

COBO  de  guardias  de   Orden   público,    que    van   entrando  por  Ift 
puerta  del  foro,  de  dos  en  dos,  con  una  cartera  debajo  del  brasor. 

JUAN  y  PSDBO  escribiendo 

Hulea 

Coro  Nosotros  somos 

aquellos  guardias 
escarnio  y  mofa 
de  la  nación, 
que  ahora  asistimos 
á  una  academia 
donde  aprendemos 
educación. 

No  hay  que  llamamos 
á  voz  en  grito. 
Es  nuestro  lema 
la  urbanidad, 
y  á  los  vecinos 
garantizamos 
imperturbable 
tranquilidad. 


Si  hay  escándalo,  acudimos 
y  en  la  bronca  intervenimos, 
procurando  que  haya  paz; 
dar  motivo  no  queremos 
á  que  digan  que  tenemos 
en  lugar  de  sangre  agraz. 
Es  la  verdaz,  es  la  verdaz. 
Paciencia  muy  cumpUda 


paxa  el  monomaniaco, 
y  contra  la  bebida 
frasquitoB  de  amoniaco. 
La  multa  establecida 
al  que  hable  mal  de  Dios, 
y  para  las  non-santas 
papel  del  sello  dos. 

El  gobierno,  que  nos  premia 
con  justicia  y  previsión, 
al  que  cumple  en  la  academia 
le  señala  una  pensión. 

Nosotros  somos 

aquellos  guardias 

sostén  de  esquinas 

de  la  ciudad, 

hoy  garantía 

del  t^nseunte 

y  defensores 

de  la  verdad,  etc.,  etc. 

Es  cosa  de  buen  ver 

hacer  por  complacer; 

si  que  lo  es. 

(En  la  misma  forma  qne  entraron  lalen  por  la  puerta 
de  la  isqulerda.) 


ESCENA  n 

JUAN,  PEDRO  7  el  ORDENANZA,  que  entra  y  lale,  legún  conviene 

al  diálogo 

HaMado 

Juan  Multa  al  cochero  Andrés  Ponce, 

berlina  ciento  cuarenta, 

por  usar  de  malos  modos 

y  por  dar  una  peseta 

falsa  á  don  Lucio  Rodríguez, 

San  Vicente,  quince,  tienda. 
Ped.  jCJobrada! 

Juan  Apercibimiento 


-  8  — 

á  Tomasa  la  prendera, 

por  escándalo  en  la  vía 

con  palabras  incorrectas, 

mal  sonantes,  y  excluidas 

del  uso  por  la  Academia. 
Ped.  ¿Apercibimiento,  sólo? 

Juan  ¡Es  primeriza! 

Ped.  Aquí  reza 

como  reincidente. 
Juan  ¿Si? 

Pues  multa  y  destierro  en  ella. 

(Toca  el  timbre  y  sale  el  Ordenanza.) 

Ped.  Este  expediente  á  la  caja, 

y  que  Cobramiez  extienda 

el  documento  de  pago. 
Ord.  Ahi  hace  rato  que  espera 

una  mujer.  Rita  Mingo. 
Ped.  Ayer  di  la  papeleta: 

está  citada  á  las  once. 
Juan  {Pues  ya  son  y  siete! 

Ord.  ¿Entra? 

Ped.  ¡Claro  está! 

Ord.  Viene  con  otro 

señor... 
Ped.  ¡Venga  con  quien  quiera! 

Juan  ¡Al  público  no  se  le  hace 

nunca  esperar! 

Ped.  ¡Anda,  vuela!  (Vaae  ordenanza.) 

Juan  Si  lo  sabe  el  Delegado 

nos  suelta  una  reprimenda 
y  nos  suspende  lo  menos 
por  ocho  ó  diez  dias. 


ESCENA  ni 

DICHOS,  RITA  y  DON  ABUNDIO 

Rita  ¡Buenas! 

¿Puede  saberse  á  qué  viene 
mandarme  esta  papeleta 
con  diez  pesetas  de  multa? 

Ped.  Si,  señora;  aqui  lo  expresa. 

ToT  pelma  en  la  vía  pública. 


—  9  — 

Rita  ¡No  tiene  usté  mala  pelma! 

Juan  ¡Ahí  ¿La  señora  es  la?... 

Rita  ¡Sí! 

La  que  se  sienta  en  la  acera, 

porque  la  calle  es  del  rey. 
Ped.  |No  hay  tall 

Rita  ¡Que  no! 

Ped.  ¡No! 

Rita  ¡Esta  es  buena! 

Juan  La  calle  es  del  transeúnte, 

y  el  que  el  paso  le  intercepta, 

por  atentar  al  derecho 

de  gentes  paga  la  pena. 
Rita  Pero,  señor,  si  mi  cuarto 

parece  una  chichairera; 

y  que  lo  diga  este  hombre. 
Abun.  La  habitación  es  pequeña... 

Rita  Y  sin  luz  y  sin  ventanas 

pa  que  entre  el  aire  siquiera. 

Usted  viene  de  hombre  bueno; 

hable  usted  ya. 
Abun.  Sí;  es  muy  cierta 

la  afirmación... 
Rita  ¿Y  una  qué  hace? 

¿A  ver?  Salirse  á  la  puerta 

á  respirar,  porque  una... 

también...  no  es  una  de  piedra. 
Ped.  ¿De  modo  que  el  cuarto  es  chico? 

Rita  Y  pago  veinte  pesetas. 

Ped.  Pero  ¿es  chico? 

Rita  De  mantillas. 

Usted...  (a  don  Abundio.) 

Abun.  La  verdad  es  esa. 

Ped.  Entonces  el  propietario 

falta  á  las  reglas. 
Abun.  ¿Qué  reglas? 

Ped.  y  por  moroso  en  cumplirlas... 

Juan,  apunte  usted  sus  señas. 
Abun.         No;  señores,  poco  á  poco: 

la  habitación  es  estrecha, 

pero...  larga;  como  larga 

habrá  muy  pocas. 
Rita  Pamemas. 

La  sala  esprósimamente 


~  iO  - 

como  un  pañuelo  de  hierbas; 
la  alcoba  mía  y  de  mi  hombre, 
mal  compara,  una  leñera; 
y  si  es  la  cocina...  tuve 
que  darle  al  gato  soleta, 
porque,  al  pasar,  con  el  rabo 
me  tiraba  las  cazuelas. 
Usté  es  hombre  bueno. 

Abun.  Sí, 

pero... 

Rita  Y  usté  tié  concenda. 

Abun.         ¡Sí! 

Rita  Y  usté  cobra  los  cuartos 

mes  á  mes,  y  pela  apela, 

Juan  ¡Ah!  Pero  ¿usté  es  el  casero? 

¿Tendrá  usté,  entonces,  licencia 
con  el  visto  bueno  del 
arquitecto? 

Abun.         (confuso.)      En  la  cartera  .. 

No,  pues  la  he  dejado  en  casa. 

Juan  La  ley  bien  claro  lo  expresa: 

cuarto  habitado  por  pobres, 
que,  examinado,  no  tenga 
las  condiciones  precisas 
de  salubridad,  se  cierra 
en  tanto  que  el  propietario 
no  cumpla  con  estas  reglas. 

Ped.  y  aquel  que  contraviniese 

lo  que  se  manda  y  ordena 
será  condenado. 

Abun.  ¡No! 

Juan  Y  usté  no  se  va  sin  ella. 

Abun.         Pienso  obrar. 

Ped  .  Tarde  piache, 

Rita  Que  pague  este  tío  miserias. 

Ped.  ¡No,  los  dosl 

Juan  Los  dos  faltaron. 

Abun.         Pero,  señor,  si  yo... 

Ped.  Vengan 

conmigo  á  contaduría 
á  que  les  ajusten  cuentas. 

Abun.         ¡Y  yo  vine  de  hombre  buenol 

Juan  ¡Lo  que  engaña  la  apariencia! 


—  11  — 


ESCENA  IV 

JUAN,  el  ORDENANZA  y  en  legnlda  JBSUSA.  con  un  perrito 

ai  braso 

Ord.  Una  señora... 

Juan  Que  pase. 

Ord.  Pase  usted. 

Juan  Cayó  jaqueca. 

Jes.  ¿Está  el  señor  Dele^kdo? 

Juan  Aún  no. 

Jes.  Son  las  once  y  media. 

Juan  Siendo  asunto  de  oficina... 

Jes.  jSl»  señorl 

Juan  Tal  vez  yo  pueda... 

Jes.  ¿Qué  es  esto?  ¿Qué  significa 

esta  citación...  grosera, 

que  á  mi  nombré  y  apellido 

encontré  bajo  la  puerta? 

¿Qué  delito  se  me  imputa, 

cuando  asi  se  me  atrepella? 
Juan  Aquí  dice,  por  chismosat 

y  según  las  referencias 

que  existen  en  la  oficina, 

creo  que  usted  menudea 

las  visitas... 
Jes.  Sí,  señor; 

visito  con  gran  frecuencia 

la  casa  de  don  Juan  Gómez, 

la  de  don  Pedro  Tardienta, 

viuda  de  Roca  Mojada, 

señoras  de  Carangüesa... 
Juan  Pues  eso  precisamente, 

eso,  motiva  la  pena. 

Hay  un  decreto  prohibiendo 

las  visitas  por  sistema, 

en  atención  á  las  múltiples 

y  muy  razonadas  quejas 

que  ha  recibido  el  Gobierno, 

que  el  bien  de  España  desea. 
Jes.  ¿y  nadie  va  á  ver  á  nadie 

porque  el  Gobierno  no  quiera? 
Juan  ¡A  ve;c  sil  A  criticar  no. 


—  42  - 

Eso  de  coger  la  inedia, 
marcharse  á  ver  á  una  amiga, 
en  busca  de  la  merienda, 
despellejando  al  vecino, 
y  sembrando  en  casa  ajena 
con  los  celos  la  discordia, 
y  los  chismes  y  la  guerra, 
se  acabó  señora  mía: 
y  paga  usté  lo  que  sea 
y  se  corrige  del  vicio, 
ó  duerme  usté  en  la  galera. 

Jes.  ¡Es  abusivo  el  decreto 

y  yo  apelaré  á  la  prensa! 

Juan  Muy  bien  pensado;  y  á  Poncio 

Pilatos. 

Jes.  ¡También  es  buenal 

Yo  sola  en  casa,  me  aburro. 

Juan  Pues  márchese  usté  á  la  iglesia. 

Jes.  Hace  frío,  y  me  constipo. 

Juan  Entonces,  va  usté  á  las  dehesas 

de  Amaniel,  y  se  está  al  sol, 
que  en  este  tiempo  calienta; 
pero  no  piense  usté  hacer 
de  esas  visitas  á  secas 
que  abuiTcn  á  las  familias, 
y  fastidian  y  molestan. 

Jes.  ¿y  se  condona  la  multa 

que  me  había  sido  impuesta? 

Juan  Qué  disparate:  se  paga, 

y  si  hay  retraso,  la  apremian, 
y  en  tercer  grado,  la  embargan, 
y  se  procede  á  la  venta. 

Jes.  ¿Siete  con  setenta  y  cinco? 

I  Ahí  van! 

Juan  Falta  aquí  una  perra 

de  las  grandes. 

Jes.  (Le  da  el  perro.)    ¡TomC  USté! 

Juan  ¡Señora! 

Jes.  No  hay  más  moneda. 

Juan  Pero... 

Jes.  ¡y  á  fé  de  Jesusa    ^ 

Pesadilla,  que  se  acuerdan! 

Juan  Tome  usted  este  bicho. 
Jes.  ¡No; 


Juan 


-  13  — 

lo  dejo  para  que  muerdal  (vaae.). 
Pues,  señor,  un  perro  grande, 
que  al  bolsillo  se  me  pega. 
Regalo  para  mi  novia. 
Vamos  dentro  á  hacer  la  entrega. 


ESCENA  V 


El 


DELEGADO  que  sale  acosado  por  ARTURO  y  por  PEPE 


MÚBÍiM 

Art.  ¿Por  qué  causa,  señor  Delegado, 

expresarse  en  francés  es  pecado? 
Pepe  ¿Y  si  hablar  en  francés  no  lo  es, 

por  qué  multan  al  que  habla  en  inglés? 
Art.  ¡Estas  leyes  me  dan  un  sofoco! 

Pepe  ¡Yo  no  puedo  sufrirlas  tampocol 

Deleg.        ¡De  su  mano  me  tenga  á  mi  Dios 

ó  les  voy  á  pegar  á  estos  dos! 

¿Usté  donde  nació?  (a  Arturo.) 
Art.  8oy  hijo  de  Boro. 

Deleg.  ¿Y  usté,  José  Marín? 

Pepe  Nacido  en  Ajofrin. 

Deleg.  ¿Sus  padres? 

Art.  De  Daimiel. 

Deleg.  ¿Los  suyos? 

Pepe.  De  Buñol. 

Deleg.  ¡Y  usté  habla  á  lo  Cromwel, 

y  usté  á  lo  Ravachol, 
y  harán  un  mal  papel 
si  escriben  españoll 


Pepe 


Ya  la  vida  me  da  splen, 
y  aunque  vivo  muy  striCf 
mi  patrona  es  un  huldoc, 
y  no  tengo  ni  un  chelín. 
Cuando  viajo  sli  pincar, 
sueño  estar  lanzado  al  turf^ 
me  enamora  andar  en  bree, 
y  me  muero  por  un  lunch. 


u  — 


Art. 


Pepe 

.Art. 

Deleg. 

Art. 

Pepe 

Deleg. 


Art. 

Deleg. 

Pepe 

Det£G. 

Pepe 

Art. 

Pepe 

Deleg. 


Art. 
Pepe 
Deleg. 
Art. 


Yo  habito  rué  Mayor, 
con  una  soli  fem^ 
y  tengo  mucho  sic^ 
y  visto  á  la  dernier. 
Empeño  al  par  de  sm, 
por  ir  al  haccarrat, 
y  mi  lever  tuchur 
fué  un  plato  defuagrá  ■ 
[Yes,  yes,  yes! 

|üi,  uil 
jYo  estoy  fuera  de  mil 
jüi,  ui,  uil 

¡Yes,  yesl 
¡Les  daba  asi  un  revés! 

Hablado 

A  bien  que  esto  es  una  broma. 
¡No  me  dé  usté  en  la  barriga! 
¿Más  por  qué  se  nos  castiga? 
Por  perversión  del  idioma. 
El  sistema  es  depresor. 
De  los  de  mayor  caHbre. 
¿Pues  no  hay  enseñanza  libre? 
Enseñanza,  si  señor; 
aprenda  el  que  es  erudito 
de  otras  lenguas  los  destellos 
para  entenderse  con  ellos 
en  su  tierra,  ó  por  escrito, 
pero  llamar  sanfasón 
al  desahogo,  es  cruel, 
y  á  las  niñas  cíeymuzsel, 
y  al  que  nos  sirve  garsón, 
sólo  es  propio  de  tontines 
y  danzantes  majaderos. 
¿Por  qué  chapó  á  los  sombreros 
y  chaqué  á  esos  levitines? 

^'^ues  no  faltaría  más! 
a  no  hay  peUs  comités^ 
ni  vis  avisj  ni  suarés 
ni  es  la  sombrilla  antucas. 
¿Y  esto  se  escucha  con  calma? 
Tampoco  yo  me  acomodo... 
|Ya  está,  traducido  todo! 
¡¡Pobre  Pina  de  mi  almall 


—  <5  — 
ESCENA  VI 

DICHOS:  PERPETUO  j   el  ORDENANZA 

Oro.  Le  he  dicho  á  usté  que  entre  dentro, 

sin  dÍBCUSiÓn.  (Empujándole.) 

Perp.  jAndal...  ¡Andal 

ipu8  señor,  no  es  usté  naide 

arrempujando/ 
Deleg.  ¿Qué  pasa? 

Perp.  If^racumes,  señor  mió, 

y  usté  que  tiene  pestafUi 

y  un  quinqué  salva  la  parte, 

con  luz  natural,  y  cMna, 

yerá,  estando  aliqumday, 

si  éste  bulo  no  tiépata, 

y  lo  fané  del  servicio; 

que  aquí  s' afufa  el  que  falta 

y  el  que  se  propone...  mangue, 

proceder  como  Dios  manda, 

que  lo  apiolan  y  eli, 

que  le  diñan  la  castaña. 
Art.  Pues  él  habla  en  español, 

pero  no  entendí  palabra. 
Pepe  Y  éste,  ¿no  vicia  el  idioma? 

Deleg.        Ahora  verá  usté:  Ordenanza. 

Este  va  á  los  Escolapios. 
Perp.  ¿Qué?...  ¿Yo  á  la  escuela? 

Art.  {Qué  gracial 

Perp.  Hombre,  ¡si  yo  soy  muy  hombre! 

Deleg.        ¿Sabe  usté  leer? 
Perp.  ¡Ni  falta! 

Ord.  ¡Venga  usté! 

Perp.  ¿Quién,  yo  al  colegio? 

¡pues  tendría  que  ver!  (Amenazando.) 

Deleg.  ¡Guardias!  (saien  doi.) 

Perp.  ¡Señores!  (porque  lo  sujetan  con  cordeles.) 

Deleg.  ¡Codo  con  codo! 

Perp.  ¿Pero  ustedes  ven?... 
Ord.  |En  marcha! 

Pepe  La  letra  con  sangre  entra. 

Art.  Medida  muy  bien  tomada. 


-  i6  -^ 

Deleg.  jQue  le  den  una  cartilla! 

Perp.  Pues  ni  que  fm  yo  una... 
Ord.  ¡Callal  (Vanae.) 

Pepe  jOjo,  Arturito! 
Deleg.  ¿Y  ustedes, 

á  ver,  pagan  ó  no  pagan? 

Art.  |Sí,  señorl 
Pepe  ¡Pero  ahora  mismo! 

(Echando  mano  al  bolsillo.) 

Deleg.        Ahí,  á  la  izquierda  es  la  caja,  (vanae,) 
En  menos  de  cuatro  meses 
es  esta  España  otra  España, 
con  un  gobierno  que  tenga 
fuerza,  valor  y  constancia. 
jNo  ha  de  encauzarse,  queriendo, 
yo  lo  creo  que  se  encauza!  (vas©.) 

Húsica  cu  la  orquesta 
jniJTAClOJi 


CUADRO  SEGUNDO 


Calle  corta 


ESCENA  Vn 


O 


PUNTO  1."  por  la  Izquierda  y  PUNTO  2.    por  la  derecha 

Punto  2.o  Chico,  tanto  tiempo  sin 

verte;  ni...  y  yo  preguntando... 

¿qué  es  de  tu  vida? 
Punto  l.o  Pasando, 

querido,  las  de  Caín. 
Punto  2  o  ¿Se  persigue  mucho?...  (Acción  de  tirar.) 
Punto  l.o  ¡Cá! 

¡Hojalá,  voto  al  infierno! 

Alto:  ¡El  Juez!  Pues  al  gobierno; 

se  dá  la  guita  y  ya  está. 

Más  ahora...  ¡Condenación! 

es  un  mito  echar  el  pego. 


-n- 

Punto  2.^  ¿Pero  no  hay  casas  de  juego? 

Punto  l.o  Con  rótulo  en  el  balcón. 

Punto  2.o  Pues  siendo  así,  cosa  rara 
que  tú  no  saques  tu  escote. 

Punto  l.o  Si  no  hay  quien  ponga  un  burlóte 
por  un  ojo  de  la  cara. 
Nos  ha  entrado  la  segur 
porque  el  gobierno  traidor 
daba  un  premio  al  inventor 
que  suprimiese  el  albur. 
Conseguirlo  era  un  bocado 
y  al  concurso  fueron  mil, 
y  un  músico  zascandil 
es  quien  nos  ha  reventado. 

Punto  2.o  ¿Te  quedaste  sin  oficio? 

Punto  l.o   ¡Abur,  ideas  empíricas! 
Hay  unas  barajas  lírioas 
que  á  Dios  le  quitan  el  vicio. 

Punto  2.o  ¡Qué  ingeniol 

Punto  l.o  ¡Ya  es  discurrirl 

Punto  2.o  ¿Cantan  las  cartas? 

Punto  l.o  Y  tanto, 

que  hecho  el  juego,  con  su  canto 
dicen  la  que  va  á  venir. 

Punto  2.o  ¿Y  entonces,  de  sopetón, 
todos  á  una? 

Pmnto  l.o  ¡Y  con  qué  inquinal 

Punto  2.o  ¿Pero  cómo  se  adivina?... 

Punto  l.o  Escucha  la  explioación. 

Máslea 

Punto  l.o  Tiro  yo  sobre  el  tapete 

como  albur  un  rey  y  un  siete 
y  es  -el  rey  la  de  ganar, 
pues  de  dentro  del  paquete, 
dando  al  punto  sabia  ley, 
suena  un  canto  de  violines. 

Punto  2.o  Y  se  pone  todo  al  rey. 

Punto  l.o  ¿Qué  es  el  rey  un  infeliz 

y  es  el  siete  la  que  abona? 
( >antará  la  codorniz 
de  Pepa  la  Frescachona, 
Si  después  se  tira  el  gallo 

2 


—  18  - 


Punto  2.o 

Los  DOS 

Punto  l.o 


Punto  2.  o 
Punto  l.o 
Punto  2.o 
Punto  l.o 
Punto  2 » 
Punto  l.o 
Punto  2/» 
Punto  l.o 
Punto  2.o 

Punto  l.o 
Punto  2 » 
Punto  1.^ 

Los  DOS 


que  es  un  dnco  y  un  caballo 
y  el  caballo  en  puerta  está... 
Ya  aprendí  la  teoría: 
toque  de  caballería. 
Tra,  tra,  tra,  ta,  ta,  tá. 
Dices  tú  «va  muerto  el  cuatro» 
¿y  á  la  quinta  el  cuatro  está? 
«No  le  mates,  no  le  mates.» 
jjuegol 

I  Venga! 

Ya  no  va. 

jAs  y  seis!  (punto  de  atención.) 

¡Yo  copo  al  as! 
Tres  y  cuatro 

¿Tres  y  cuatro? 
Si  ¡eso  €s! 

No  cabe  duda  ninguna, 
sin  disputa,  yo  copo  al  tres. 

¡Sota  y  dos!  (dos  campanadas.) 

Mato  la  sota. 
Ya  aprendistes,  eso  es. 
Ay,  qué  barajita,  ya  es  bueno  el  asunto, 
no  hay  gaohó  que  talle,  pues  con  esta  broma 
hace  punto  el  punto  y  así  logra  al  punto 
que  no  coma  el  conia  ni  que  se  lo  coma. 


Hablado 

Punto  2  o  Pues,  chico,  se  me  íigura, 

aunque  me  duelen  tus  quejas, 
que  el  músico  á  quien  motejas 
ha  dado  en  la  matadura. 

Punto  l.o  Ahora  vamos  poco  á  poco 
mirando,  si  otro  folias 
les  cambia  Jas  melodías, 
y  Cristo  se  vuelve  loco. 
¿Habrá  marcha  real  en  manó 
y  á  los  dos  cartas,  un  as? 
Y  rey  que  salte  al  compás 
del  himno  republicano. 
La  reserva  te  suplico... 

Puedes  fiarte  de  mí.  (Despidiéndose.) 

¿Llevas  tres  pesetas? 

¡Sí! 


Punto  2.o 
Punto  l.o 


Punto  2.o 
Punto  l.o 
Punto  2.o 


—  19  — 

Punto  1  o   ¡Venganl 
Punto  2.o  ¡Tomal  (DándoseiM.) 

Punto  I.®  ^Dándole  la  maiio.)  [Graciafi,  chico!  (Va«e.) 
'  Punto  2.o  Costumbre  tan  detestable, 
aún  no  se  acaba,  y  á  fé 
daré  aviso  para  que 
le  apliquen  la  ley  del  sable. 
Asi  expondrá  los  motivos 
de  por  qué,  en  giros  inciertos, 
si  antes  levantaba  muertos, 
ahora  sacrifica  vivos,  (vaae.) 


ESCENA  Vm 

PRÁXEDES,  JULIA  y  FERNANDO,  al  final  de  la  escena  el 

ORDENANZA 


Práx. 
Fern. 
Práx. 
Julia 
Fern. 
Práx. 


Fern. 
Práx. 


JUUA 

Práx. 


Julia 
Fern. 
Práx. 
Julia 

Fern. 


¡Vamos,  Femando,  que  no! 
¡Pelo,  señóla!... 

|No  quiero! 
Mamaita,  si  él  se  empeña- 
Si  yo  tengo  gusto  en  ello... 
Pase,  el  almuerzo  en  los  Cisnes 
y  pase  tras  el  almuerzo 
esa  docena  de  guantes, 
ya  que  se  puso  usted  terco. 
¡La  sombrilla! 

¡Doña  Pláxedes, 
pol  Dios!.. 

Bien,  no  la  nombremos; 
pero  el  abanico  mío 
y  la  caja  de  pañuelos 
no  he  debido  consentirlo. 
Yo  ya  me  opuse,  ¿no  es  cierto? 
Y  ahora  comprar  chufas,  ¿eh? 
¡Nada,  no;,  no  lo  consiento! 
Mira  qué  alfiler  más  mono 
lleva  Fernando. 

¿Es  recuerdo? 
Si  usted  como  tal  lo  acepta... 
Pero,  ¿qué  hace  usted,  diablejo? 
¿Lo  tomo,  mamá? 

Señóla, 


—  20  — 

dígale  usted  que  si. 

Práx.  Bueno. 

Julia  ¡Me  da  cortedad! 

Práx.  jjulita!.. 

¡Niña!..  No  se  hacen  desprecios; 
y  basta,  basta,  Fernando, 
'        ó  verá  usted  si  me  ofendo. 

Fern.  Ahola  tomamos  un  coche. 

Práx.  ¿Un  coche? 

Fern.  ¡Si  está  muy  lejos 

el  flontón  que  se  inaugula! 

Julia  ¿De  mujeres?  (Tengo  celos.) 

Fern.  ¡No  temas!  Allí  va  uno. 

Práx.  En  tranvía  cuesta  menos. 

FEkN.  Si  no  hay  tlanvías,  señóla. 

Práx.  Es  verdad,  con  el  concierto... 

Julia  ¿Y  tocan  los  cobradores, 

conductores  y  encuarteros? 

Fern.  Y  muy  bien;  son  una  especie 

de  bemoles  callejelos. 
Los  ploductos  se  destinan 
á  lemedial  atlopellos, 
indemnizaciones,  culas. . 

Práx.  ¡Qué  cosas  hace  el  gobiernol 

Fern.  Anda,  ¿y  el  último  bando? 

Ha  plohibidolos  entielos 
y  las  manifestaciones, 
y  las... 

Juua  Eso  está  bien  hecho, 

porque  se  ponen  las  calles 
á  lo  mejor... 

Práx.  ¿y  los  muertos? 

Fern.  Van  por  la  londa. 

Práx.  ¡Ah!  ¿Si? 

Fern.  Y  la» 

plocesiones  pol  el  templo 
ó  pol  la  londa;  ios  meetings 
pol  la  londa  y  al  Vívelo, 
y  las  glandes  folmaciones 
por  la  londa,  al  C^elo  Neglo. 

Práx.  ¿Todo  por  la  londa? 

Fern.  Todo. 

Se  han  subido  los  télenos. 

Julia  ¿Qué  ruido?.. 


^ 


—  21  — 

Fern.  Los  del  tlanvia. 

Práx.  Pues  no  hay  que  perder  el  tiempo. 

Fern.  ¿Conque  se  va  en  coche? 

Práx.  ¡Vaya! 

Fern.  ¡Eh!..  No  me  escucha.  ¡Cochelo! 

Práx.  Apriétale  las  clavijas. 

Julia  Lo  vamos  á  dejar  seco,  (vanie.) 

Ord.  Lo  que  es  á  éstas,  por  gofronaSy 

las  pesco.  jBah,  si  las  pesco! 
¿Coches  á  mi?  A  la  trasera 
me  subo,  y  quién  dijo  miedo,  (vaae.) 

JHVTACIOM 


CUADRO  TERCERO 

Plasfl,  no  á  mucho  foro;  eif  diferentes  muestras,  tanto  d«  los  baleo- 
nes  como  de  las  portadas,  se  leen  los  sfgatentes  rótulos:  «Taona». 
«Bazar  elástico»,  *Se  gisa  de  comer»,  «Ay  Chuletas»,  «Villar  y 
tertulia»  y  otros  carteles  pequeños. 


ESCENA  IX 

Seis  ENCUABTSROS,  chicos  que  traerán  en  la  manó  colleras  peque- 
ñas de  cascabeles  y  .campanillas,  detrás  los  conductores,  los  bajos 
«oú  trallas  y  pitos;  y  por  último,   primeros  y  segundos  tenores  con 

timbres 


— Aquí  están  los  Encuarteros 

insolentes  y  groseros, 

— detrás  marchan  los  del  pito: 

ahí  va  el  tronco,  señorito. 

— Los  del  timbre  y  la  cartera, 

los  pelmazos  cobradores; 

abroncamos  á  cualquiera, 

porque  somos  los  peores. 

— [Anda,  pronto,  chico,  engancha! — jMulal 

—Ahora  no,  que  sube  cuesta! — |ArreI 

— Quite  usté  que  le  dé  al  torno. — ¡Plancha! 


—  52 


-El  que  quiera  que  se  agarre. 
jArrel  [sóo!  ¡arre!  isóoo! 


Cobradores  malos  modos, 
conductores  y  encuarteros^ 
somos  tres  bichos  distintos 
y  un  peligro  verdadero. 
Vaya  si  hago  ruido 
con  los  cascabeles; 
jpito!  ¡pito!  ipitol 
oaje  usté  si  puede; 
venga  movimiento, 
duro  con  la  tralla^ 
suba  el  m;6nos  torpea 
y  el  qa€  no,  que  caiga. 


Si  lleva  usté  mucha  prisa, 
suba  usté  al  tranvía  pronto 
y  llegará  usté  hecho  un  cisco,, 
pero  á  su  tiempo,  tampoco. 
Vaya  si  hago  ruido,  etc.,  etc. 


Quieta,  generala, 
no  seas  revoltosa, 
deja  de  correr. 

I Y — a,  y — a! 
porque  si  no  paras, 
á  ese  de  la  boina 
vamos  á  coger. 

ly— a,  y— a! 
¿dónde  va,  señora? 
Voy  á  la  que  llaman 
puerta  de  Alcalá. 
¡Ese  cabayero, 
como  baje  andando^ 
dá  una  costalá! 
Vamos  sin  tardar 
pues  faltan  dos  minutos 
para  llegar. 
|Riá! 
Vamos  sin  tardar.  (Vange.) 


-  i3  — 


ESCENA  X 


JUAN  y  PEDRO  con  unas  carpeta,  pequeñas   en  Ja  mano,    Upiz   T 
cuartUlas,  que  van  tomaodo  nota  de  los  letreros 

HaMado 

Ped.  TaoTMj  isin  H! 

Juan  Apunta. 

Bazar  elástico.  ;  Aprieta! 
Ped.  y  este  servicio,  ¿por  quién 

lo  hacemos?  ; 

juj^  Por  la  Academia. 

Ped.  Graciaé  á  Dios  que  se  ocupa 

en  cosas  de  transcendencia. 
Juan  ¿Se  ffisa  de  comer? 

Ped.  \knas,, 

duro  con  él! 
Juan  AylL..  Chuletas, 

Ped.  Interjecciones  con  hueso, 

chico. 
Juan  ¿Será  que  se  queja? 

Ped.  Mira,  Villar  con  7. 

Juan  ¡Sí!... 

Y  ahí,  ¿qué  venden? 
^^  ^  jChichonerafll 

Juan  jQué  atrocidad!...  Para  niños 

del  tamaño  que  se  quieran. 

Verás  tú  cómo  mañana 

ni  un  rótulo  de  estos  queda. 
Ped.  La  cultura  irá  ganando. 

Juan  Pues  si  esto  es  una  vergüenza. 

Ped.  Vé  por  ese  lado  tú , 

que  yo  sigo  por  la  izquierda.  (Vanse.) 

ESCENA  XI 

EL  DELEGADO,  CRISPÍN,  de  etiqueta  con  corona  dorada  y  cetro| 
detrás  una  pareja  de  la  Guardia  civil 

Deleg.        ¡Eal  Andando,  que  hace  frío; 

no  quiero  conversación. 
Crisp.         ¿Pero  á  mi,  por  qué  razón 


—  24 


Deleg. 

Crisp. 

Deleg. 

Crisp. 

Deleg. 

Crisp. 

Deleg. 

Crjsp. 

Deleg. 

Crisp. 

Deleg. 

Crisp. 


Deleg. 


Crisp. 

Dkleg. 

Crisp. 

Dei^g. 

Crisp. 

Deleg. 

Crisp. 

Deleg. 

Crisp. 

Deleg. 
Crisp. 
Deleg. 
Crisp. 


Deleg. 


se  me  prende,  señor  mió? 
Bien  claro  está,  ¡por  ladrón! 
¿Cómo  es  eso? 

¿Usté  qué  es? 
¡Primer  actor! 

{Embustero! 
¡Actor  cómicol 

¡Cal 
Pues... 
¿qué  soy? 

Lo  que  era  hace  un  mes. 
¡Zapatero! 

¡Ehl 

¡Zapatero! 
A  mí  me  aplaude  la  gente 
y  me  llaman  eminente, 
porque  de  un  mes  á  esta  parte... 
¿Se  suben  tan  fácilmente 
los  escalones  del  arte? 
Con  justa  razón  me  apeno 
viendo  otros  cien  como  usté. 
A  mí  me  aplauden  y  estreno. 
¡Pero  dice  usté  haiga! 

¡Bueno! 
¡Y  se  nesecita! 

¿Y  qué 
que  lo  diga? 

¡Habrá  truhán! 
¡Guzmánl  ¡Latorrel  ¡Qué  actores! 
¡Anda!  ¿Latorre  y  Guzmán? 
¡Si! 

¡Como  que  esos  señores 
ganaron  lo  que  me  dánl 
¿Quién  fué  Felipe  Segundo? 
El  que  iba  tras  del  primero. 
¿Quién  hizo  El  hombre  de  mundo? 
Cualquiera,  Pepe  ó  Facundo; 
á  mí  guita,  caballero. 
Si  canto  mal,  bailo  bien; 
y  aunque  digan  que  hablo  mal, 
por  mi,  que  siga  el  belén, 
siempre  que  el  lunes  me  den 
de  nómina  un  capital. 
Deje  usté  ya,  pues  me  afrenta, 


—  25  - 


Crisp. 


Deleg. 
Crisp. 


Deleg. 

Crisp. 
Deleg. 

Crisp 


Deleg. 
Crisp. 


esa  corona  que  ostenta  (Qoiiándoseía.) 
y  ese  ridículo  tjetro 

(Se  lo  quita  ) 

g^Ti  sabe  usté  lo  que  es  metrol 
os  veces  cero  cincuenta. 
¿Que  carezco  de  instrucción, 
de  artistica  educación, 
de  iniciativa?  Convengo, 
si,  señor;  mas  como  tengo 
el  doií  de  la  imitación... 
Procure  usté  ser  flemático 
que  se  ha  de  quedar  estático. 
Pero  es  que... 

Sea  usté  amable 
y  verá  lo  más  notable 
que  hay  en  el  arte  dramático. 

(Hace  yarias  imitaciones  ó  recítese  aquello  que  crea 
el  actor  más  condnceiite  ptira  hacerse  aplaudir,) 

I  Anda  á  una  celda,  reptil, 
que  tu  insolencia  me  exalta! 
Pues  como  yo,  hay  otros  mil. 
Por  eso,  lo  que  hace  falta, 
es  mucha  Guardia  civil. 
Pues  si  prende  usté  en  su  celo 
lo  malo  que  se  conoce, 
va  usté  á  llenar  el  Modelo. 
¡Pero  hay  tantos,  justo  cielo! 
Sí,  señor;  de  trece,  doce,  (vaose.) 


ESCENA  XII 

BLANCA  y  las  suyas  con  traje  de  caprico  y  boina  de  su  color,  lle- 
vando todas  en  la  mano  una  pelota  encarnada  sujeta  al  dedo  de 
corazón  por  una  goma  larga;  después  ENCARNADA  y  las  suyas 
con  trajes  análogos,  boinas  grana  y  pelotas  blancas  sujetas  en  la 

misma  forma 


Blanca 


Blúsica 

Si  consiguió  renombre 

la  ninfa  Eucaris, 
algo  han  de  hacer  que  asombre 

las  pelotaris. 


Enc. 


Blanga 


Enc. 


Blanca     í 
Enc.  ( 


Blanca 
Enc. 


Todas 


—  26  — 

Y  si  hay  qui^n  no  lo  crea, 
sabrá  por  su  interés, 

que  dan  una  bolea 

lo  mismo  que  un  revés. 

Si  la  manzana  gana, 

quien  quiere  Paris, 
ya  están  por  su  manzana 

las  pelotaris. 

Y  el  que  la  dé  de  tuno, 
sépalo  de  una  vez, 

se  saca  aquí  del  uno 
lo  mismo  que  del  diez. 
A  pollo  lamido, 
que  ofrece  su  brazo, 
por  ser  presumido 
le  va  de  rechazo, 

jpelotazol 
Al  hombre  sesudo 
de  gran  bigotazo, 
que  Ja  echa  de  viudo 
por  dar» un  bromazo, 

¡pelotazol 
En  el  frontón  del  querer 
con  mucha  fuerza  hay  que  dar, 
porque  faltar  es  perder 
y  es  preciso  no  faltar. 
Mida  usté  al  terreno, 
bueno,  bueno,  bueno; 
no  hace  falta  encomio, 
mí  querer  regalo, 
malo,  malo,  malo, 
que  yo  doy  con  momio. 
Si  el  primer  novio  se  va 
aprovechar  la  ocasión, 
porque  no  hay  partido  ya 
siendo  el  zaguero  tumbón. 
Mida  usté  el  terreno, 
bueno,  bueno,  bueno; 
palo  al  que  se  arrima 
mi  querer  regalo; 
malo,  malo,  malo, 
que  yo  doy  con  prinia. 
Si  consiguió  renombre 
la  ninfa  Eucaris,  etc.,  etc. 


I 


-»-^ 


Blanca 


Todas 
Enc. 


Blanca 

BiJiNCAS 

Enc. 


mMíMmIf 

Si  68  pwi  el  hombre  un  Edén 
el  mundo  en  que  se  alborota» 
llegó  el  tiempo,  ¡voto  ¿  dénl 
en  que  nosotras  íAvcAÁéa 
devolvamoe  la  pdoía. 
QtoaMr  siempre  es  lo  primero, 
sm  que  el  contrario  lo  note, 
y  si  hace  iaqat  rastrero, 
devuélvasela  al  zaguero, 
aprovechando  el  rebote. 
Mucho  de  aquí  y  muchos  pies 
para  luchar  sin  reparo, 
ganando  en  un  dos  por  tres. 
Bolea  al  que  juegue  claro; 
al  que  ande  turbio,  revés. 
lEso! 

¡Al  frontón,  camaradas, 
y  cuenta  la  que  se  escurra, 
por  si  vinieran  mal  dadasl 
{Urra  por  las  blancasi 

|Urra! 
{Urra  por  las  encarnadasl 

(Música  ea  la  orquesta,  que  ya  no  debe  cesar  basta  el 
fluaL  Las  pelotaris  se  van  abrazadas  unas  con  otras  y 
dando  saltos  al  compás  de  la  orquesta.) 


ESCENA  ULTIMA 

EL  DELEGADO  ^ 

Puesto  de  España  al  servicio, 
pensó  un  legista  novicio 
lo  que  habéis  ido  escuchando, 
y  que  será  un  hecho...  ¿Cuándo? 
jquién  sabel  El  día  del  juicio. 

CUADRO  CUARTO 

Telón  que  represente  una  alegoría  del  juicio  final.— Fuerte  en  la 

orquesta 


TELÓN 


OBRAS  D8  D.  CALIXTO  N/VARRO 

Y  EN  COLABORACIÓN  CON  OTROS  AUTORES 


COMEDIAS  EN  ÜN  ACTO 


¡A  gusto  de  todos,  verso. 

¡A  lo  tonto,.,  á  lo  tonto!  id. 

Antojos,  prosa. 

A  Segura  llevan  preso^  id . 

¡Bilbao  es  nuestrol  verso. 

Brujerías,  prosa. 

Chindasvinto,  verso. 

Como  perros  y  gatos,  id. 

Correo  interior,  id. 

Curro-Cttchares,  verso. 

Dos  reales  de  judias^  id. 

Distracciones^  id. 

El  pueblo  rey,  id. 

El  héroe  de  Aleaban,  id. 

El  día  del  santo,  id. 

El  café  Imperial,  id. 

El  nuevo  impuesto,  id. 

El  22  de  Junio,  id. 

El  ángel  vengador,  prosa. 

El  santo  del  chico,  id. 

El  dominqOy  verso. 

El  cementerio  del  año,  id. 

El  monarca  y  el  abad,  id. 

El  ramo  de  la  africana,  prosa 

El  pintor  José  Mivera,  verso. 

Electro-manía,  prosa. 

El  orden  de  factores...,  id 

Entrada  por  salida,  id 

Enciclopedia,  id 

España  y  sus  hijos,  verso. 

Entre  hombres...,  id. 

En  los  pasillos,  id. 

Efecto  contrario,  prosa 

Mrmar  la  paz,  verso. 

Ftiituro  imperfecto,  id. 

Gundemaro,  prosa. 

Wja  única,  id. 

Hecho  un  San  Lázaro,  verso. 


Jugar  con  elfí4ego,  verso. 

Za  crisis,  prosa. 

La  Internacional,  verso. 

La  homeopatía,  prosa. 

La  calle  del  Arenal,  id. 

La  venida  del  planeta,  verso. 

Lazo  de  amor,  id. 

¡La  vida!  iá . 

La  mano  de  Dios,  id. 

Lo  qus  no  puede  leerse,  id. 

Los  obstáculos,  prosa. 

Las  América»,  vemo. 

Los  dos  polos,  id. 

Las  perdices,  prosa. 

Mala  sombra^  id. 

Miss  Leona,  id. 

Medias  suela»  y  tacones,  id. 

Mi  tía,  verso. 

Mi  tocayo,  id. 

Muy  corto,  id. 

Noche  buena  y  noche  malajiá^ 

¡¡No  llora!!  prosa. 

Pasteles  y  vino,  verso. 

Perico,  id. 

Principio  y  fin  de  un  actorfiá^ 

Quien  bien  ama..  ,  id. 

Rarezas,  id. 

Sablazos  á  domicilio,  verso. 

Salón-Eslava,  id. 

¡Se  da  dinero!  id. 

Soy  un  caníbal,  prosa. 

T.  B.  O.,  i.1. 

Un  consejo   á  los   maridos^ 

verso. 
¡Un  valiente!  prosa. 
Un  marido  infeliz,  verso. 
¡Un  conspirador! ^TOBA. 
Zarandaja,  id. 


EN  DOS  ACTOS 


Antes  y  después,  verso. 

Bueno  como  el  pan,  prosa. 

Con  buen  fin,  verso. 

Cosas  de  Pepe,  prosa. 

Dos  Hermanes,  id. 

-B»  Babia,  Id. 

El  barrio  de  Maravillas,  verso 


Escupir  al' délo,  prosa. 
La  prima  donna,  iá . 
Las  de  VilladiegOy  verso. 
Padre  y  padrino,  prosa. 
Sin  padre  ni  madre.  Id. 
Tres  yernos,  id. 
TJn  padre,  id. 


EN  TRES  ACTOS 


LoÁt  dos  sortijaSy  verso. 

Ley  de  amor,  orosa . 

Los  inútiles^  id. 

Los  murciélagos,  verso. 

Mendoza  y  Óompañia^  prosa. 


Un  capricho,  verso. 
Orgullo,  amor  y  deber,  prosa. 
Quemar  las  naves,  id. 
Vivir  de  milagro,  id. 


ZARZUELAS  EN  UN  ACTO 


A  la  puerta  del  Suizo,  verso. 
A  real  por  duro,  id. 
jAlPololiá. 
jA  España!  iá. 
Arriba  y  ahajo,  id, 
As/nor  obliga,  id. 
A  temo  seco,  id. 
Bal-masqué,  prosa. 
•  Blanca  ó  negra,  verso . 
Brinquinij  iá. 
Bromas  pesadas,  iá. 
Boda  ó  muerte,  iá. 
Bodas  de  oro,  id. 
Congreso  doméstico,  iá. 
Contaduría,  prosa. 
Con  paz  y  ventura,  iá. 
Corina,  verso. 
Curro  Achares,  iá. 
Cromos  madrileños,  iá. 
Dar  la  casta  fía,  id. 
Dos  entre  dos...,  iá. 
Dudas  y  celos,  iá. 
De  viva  voz,  iá. 
El  93,  id. 
El  bobo,  iá. 
El  invalido,  iá. 
El  estudiarúe,  iá. 
El  estudiantiílo,  iá. 
El  nene,  id. 

El  siglo  de  las  luces,  prosa  y 
verso. 


El  pájaro  pinto,  verso. 
El  baile  del  porvenir,  id. 
El  mirlo  blanco,  id. 
El  monaguillo  de  las  Salesas, 

Ídem. 
El  himno  de  Riego,  id. 
El  Noy,  Milord  y  Monsieur, 

prosa  y  verso. 
El  salto  del  gallego,  id. 
El  bazar  H.,  iá. 
El  día  del  juicio,  id. 
El  dinero  y  lafort%ma,  iá. 
El  bazar,  iá. 
En  la  venta,  iá. 
En  el  cuartel,  iá. 
En  LeganéSy  iá. 
El  proceso  del  saínete,  iá. 
El  rey  de  oros,  prosa. 
Fiestas  de  antaño,  iá. 
Mrmar  las  paces,  iá. 
Fortuna  te  dé  Dios,  hijo...,  iá, 
Frasquito  Barbóles,  iá. 
Fuego  en  guerrillas,  iá, 
Flam^ncomanía,  prosa. 
Hipócrates  y  Galeno,  id. 
Juan  del  pueblo,  verso. 
La  salsa  y  los  caracoles,  prosa. 
¡Lorito  real!  verso. 
Los  aparecidos,  iá. 
La  cita,  prosa. 
Luda  Pastor  ó  Pichichi,  id. 


La  forastera  ( monólogo  ), 

verso. 
La  cruz  de  San  LucaSy  id. 
La  gran  colmena^  prosa  y 

verso. 
Loa  do8  cammos,  id. 
Lo8  pájaros  del  amor,  id. 
Laida  aragonesa,  iá. 
La  «na  y  la  otra,  prosa 
La  gatita,  verso 
Los  náufragos^  verso. 
¡¡¡LosUl  Id. 

Madrid  por  dentro,  id. 
Maéaid  petit^idi  y  prosa. 
Madrid  vi^o  y  Madrid  ime- 

vo,  id. 
Magia  blanca,  prosa. 
Mata-moros,  id. 
Maestro  de  amor^  verso. 
¡Maridos  á  peseta!  prosa. 
Mentiras  de  nn  curial^  id. 
¡Nos  mcUamosI  id. 
Nido  de  amor,  prosa. 
Oros  son  triunfo,  id. 
Ondukuíiones,  v.  y  p. 
Ordeno  ymandoy  prosa. 
Ótelo  y  DesdémófUi,  verso. 


Pan  negrOf  prosa. 
Pasante  de  Notario. 
Paz  conyugal,  verso. 
¡Pero  cómo  esta  Madridl  id. 
Plan  de  estudios,  i\. 
Periquito  entre  ellas,  íá. 
Percances  domésticos,  id. 
Primo...  de  un  prímOy  iL 
Q.  Q.,  prosa. 

República  femenina,  vemo. 
Simulacro,  prosa. 
Sin  conocerse,  verso. 
Se  gisa  de  comer,  id. 
Señor  feudal,  prosa. 
8<üa  ae  armaé,  id. 
Salú  y  suerte,  verso. 
Ternera,  7.  3.o,  id. 
Tipos  y  topos,  id. 
Toros  en  ParíSf  id. 
Toros  y  cañas,  id. 
Tres  píes  para  un  banco,  id. 
Una  fiera,  prosa. 
Vn perro  grande^  id. 
Variedades,  verso. 
¡Viva  tu  miidrel  íá. 
Veneno   nacicnal,   prosa   y 
verso. 


EN  DOS  ACTOS 


Abril  y  Mayo,  verso. 
Cosas  de  pueblo,  id. 
Dos  leones,  prosa. 
El  laurel  de  oro,  verso. 
El  barón  polaco,  prosa. 
Huyendo  de  ellas,  verso. 
Ida  y  vuelta,  id. 
La  tela  de  araña,  id. 
La  barretina,  prosa. 
Martes  trece,  id. 

EN  TRES  ACTOS 

(hrona  contra  corona,  verso.    Jorge  el  guerrillero,  id. 
El  bergantín  adelante,  prosa    La  condesita,  prosa. 

y  verso.  La  Santa  Cecilia,  verso. 

El  sacristán  de  Saa  Justo,    Los  maitines,  di. 

Los  saltilbanquis,  id. 


Madrid  vi^o  y  Madrid  nue- 
vo, ver^^o. 
María,  id. 
Novio  y  marido,  id. 
Olla  de  grillos,  id. 
¡Pobres  madres!  id. 
¿Quién  es  el  loco?  id. 
Un  viaje  á  la  luna,  id. 
Una  aventura  en  Siam,  id. 


verso. 


El  grito  de  guerra,  id. 
Héroes  y  verdugos,  id. 


Miguel  Strogoff,  id. 

Nuestra  Señora  de  París,  prosa. 


-    «  »t  ■■■¡¿.■■Zj..      y. 


OBRAS     MUSICALES 


DE 


JOAQUÍN    VALVERDE   (HIJO) 


^^>^^>^^*»/>^>JS^\^^^^ 


Con  las  de  Caín. 

Madrid  Petit. 

Caretas  y  capuchones. 

Los  boquerones  (*) 

Entrar  en  la  casa. 

La  fuente  de  los  milagros. 

Cerrado  por  nacimiento  (*) 

Charito. 

El  mirlo  blanco. 

El  ordinario  de  Villamojada. 

El  paso  de  Judas. 

Corte  y  cortijo. 

El  Señor  Juan  de  las  Viñas. 

El  botón  de  muestra. 

Mañana  será  otro  día. 

El  cervecero. 

El  Gran  Capitán  (*) 

Las  alhajas. 

El  día  del  juicio. 


(*)     En  colaboración 


^^  ^ 


^  <- 


^t>// 


C^  ^  ' 


(f^-^^^^^    /y-^ 


í>    > 


día  de  prueba 


f«r->>V*^r .       ri  '  ''  ) 


EL.  TEATRO 


día  DE  PRUEBA 


DRIIA  n  TR18  ACTOS  ORIGIHAL  Y  El  VERSO 


DB 


D.  VICENTE   COLORADO 


D.  FRANCISCO  F.  VILLEGAS 


l^trenado  en  el  Teatro  Bspafiol  con  extraordinario  éiáf 
la  noche  del  16  de  Enero  de  1894. 


I"  iw»i 


MADRID 

Establecimiento  tlposT^fico  de  Afustf n  ATrial » 
San  Bernardo^92, —Teléfono  3.074, 

1894 


•*• 


■í 


»      ,      .b-.      »4k  ». 


PERSONAJES  ACTORES 


MARÍA Sra.D/ Julia  Sala. 

ANDRÉS.  .•••..••.. •  •  D.  Wenceslao  Bueno. 

DON  FERNANDO.. •   Jeté  Mata. 

JUAN ,. • 1   Francisco  Gómez. 

CURRO...... •   Salvador  Soler. 

LUIS •   Rafael  López. 


La  acción,  en  Madridí  empieza  al  amanecer  del  día  2  de  Blajr» 

^   de  1806,  7  termina  A  la  miyma  hora  del  día  siguiente. 


ACTO  PRIMERO 


Jardía  de  casa  particQlar ;  á  la  derecha  del  público  páíbellón  con  es- 
calinata practicable;  en  el  fondo  Terja  de  hierro  con  puerta; 
árboles ,  arbustos ,  macetas ,  macizos  de  plantas ,  etc .,  etc* 

m 

ESCENA  PRIMERA 
JUAN 


¡Ya  terminé!...  ¡Buena  siega!... 
Ni  una  flor  queda  en  las  ramas. 
¡Pobres  rosas!  pronto  mustias, 
marchitas  y  deishójadas, 
seréis  despojos  del  viento; 
las  mismas  manos  que  os  daban 
con  tanto  amor  la  existencia, 
ahora  la  vida  os  arrancan... 
Gero,  en  fin,  ¡qué  se  ha  de  hacer! 
el  amo  es  amo  y  lo  manda. 
Como  hay  boda,  don  Fernando 
á  los  novios  agasaja, 
y  quiere  que  sea  un  nido 
de  flores  toda  la  casa. 
¡Dichosos  ellos!...  ¡y  triste, 
triste  de  Andrés!...  Siempre  pasa 
lo  mismo;  las  alegrías 
de  los  felices  se  labran 
con  las  penas  del  que  sufre: 
¡es  la  condición  humana! 
para  un  ramo,  ¡cuántas  flores! 


para  un  goce,  ¡cuántas  lágrimas! 
¡Ay!  cuando  mi  Andrés  se  entere 
de  que  María  se  casa... 
porquey:aunque  jamás  lo  ha  dicho, 
•     la  adora  con  toda  el  alma; 
Dios  le  dé  resignación 
para  sufrir  su  desgracia. 
Per.Q,  ^-y  Curro? 

(Llamando.)         ¡Curro!...  Vamos; 
¿por  dónde  demonios  andas? ; 

ESCENA  II 

JUAN  y  CURRO 

Curro.  ¿Qué  quiere  usted,  señor  Juan? 
JuAÍf.     Que  cojas  el  cesto  y  vayas 

á  adornar  la  galería 

y  el  pabellón. 
Curro.  ¡Pues  no  es  nada!... 

¡si  no  se  encuentra  un  capullo 

por  un  ojo  de  la  cara! 

¡Qué  degollina  de  flores! 
'-  ¡qué  limpias  están  las  ramas! 

Y  la  cosa  lo  merece;  y 

la  señorita  se  casa 

hoy  con  don  Luis,  y  hay  que  echar      - 

el  jardín  por  la  ventana. 

¡Qué  excelente  pareja  hacen! 

ella  es  joven,  buena  y  guapa 

y  él  es  rico  y  un  real  mozo.. 
Juan.     Pero,  ¿callarás? 
<3urro.  iQué.  gracia! 

callar,  cuando  la  alegría 

me  sale  á  brincos  del  alma. 

¡Qué  gran  día,  señor  Juan! 
JüAK.     (Con, tristeza,) 

¡Muy  bueno! 
Curro.  ¡Pues  ahí  es  nada! 


Dentro  de  poco  la  boda,    . 

después  refresco  en  la  sala; 

luego  en  el  patio  nosotros 

armaremos  la  gran  zambra; 

vendrá  Lucas  el  barbero, 

que  hace  hablar  á  la  guitarra, 

y  la  Petra  con  su  novio, 

y  la  Rosario,  y  la  Paca, 
•y  el  pinche,  y  el  cocinero, 

y  usted  y  yo...  ¡hasta  mañana 

habrá  jota,  y  seguidillas, 

y  bromas,  y  risa,  y,.. 
JuÁH.  ¡Basta! 

CuiiRO.  ¡Si  viera  usted  la  cocina!... 

aquello  parece  Jauja. 

Aquí  hay  un  par  de  jamones, 

allí  un  cordero  que  sangra, 

más  allá  pollos  rellenos 

y  truchas  asalmonadas; 

al  otro  lado  licores, 

quesos,  bizcochos,  naranjas, 

varios  pellejos  de  vino, 

y  dulces  y  mantecadas. 

¡Cómo  el. asado  se  queja 

'4    porque  le  tuestan  las  ascuas^ 

•       mientras  murmura  el  puchero 

y  refunfuña  la  grasa! 

Las  mozas  pelan  las  aves 

y,  al  par  que  las  pelan,  cantan 

al  compás  de  los  morteros 

donde  los  pinches  machacan... 

¡Qué  música,  señor  Juan! 
Juan.     Para  música  tu  charla. 
CURRO.  ¿Se  enfada  usted? 
Juan.  Me  impacientas. 

Curro.  ¡  Si  tiene  usted  una  cara 

más  triste  que  el  Viernes  Santo! 
Juan.     Pues  no  estoy  triste,  te  engañas. 


10 

Cada  cual  goza  á  su  modo. 
Curro.  ¡Qué  alegría  esa  tan  rara! 
Juan.      Hay  lágrimas  que  se  ríen 

y  risas  que  vierten  lágrimas.  * 
Curro.  Eso  no  reza  conmigo; 

me  gustan  las  cosas  claras; 

¿que  estoy  contento ?. . .  alegría , 

y  saltos,  y  carcajadas; 

¿que  estoy  triste?  hago  pucheros 

y  la  pena  me  atraganta. 

Eii  cai;nbio  otros...  como  Andrés... 
Juan.      ¿Qué  dices  de  Andrés? 
Curro.  Yo,  nada 

puedo  decir  que  le  ofenda; 

que  á  bueno  nadie  le  gana , 

y  es  valiente  como  el  Cid , 

y  generoso  sin  tacha;  > 

pero,  como  divertido 

y  alegre,  según  las  trazas, 

es  también  de  los  que  ríen 

igual  que  lloran  en  Francia. 
Juan.     ¿Pues  qué  ha  ocurrido  ? 
Curro.  A  eso  voy. 

Ayer,  al  salir  de  casa, 

le  hallé  en  la  esquina  del  Prado 

inmóvil  como  una  estatua. 

— cHola,  Andrés»,  le  dije  yo, 

«{buena  se  va  á  armar  mañana!» 

—  «¿Que  se  va  á  armar?...  ¿Qué  sucede?» 

— «¿Tú  no  sabes  lo  que  pasa? » 

— -«Dímelo  y  me  enteraré.» 

— «jSi  hace  ya  un  mes  que  no  se  habla 

de  otra  cosa ,  y  en  el  barrio 

lo  saben  hasta  las  ratas ! 

Pero  como  tú  no  has  ido 

á  vernos  desde  las  Pascuas 

de  Navidad...» 

—«¿Y  qué  es  ello?» 


II 

— i|Qué  ha*tle  ser!  Pues  que  se  casa 

la  señorita  María  ^ 

con  don  Luis.  • 

— c  ¿Cuándo?»     *• 

—«Mañana.» 
Juan.      ¡Ah,  Curro!  ^Qué  es  lo  que  hiciste? 

(Aparte.) 

(¡Y  yo  que  se  lo. ocultaba!) 
Curro.  ¿Pues  qué  mal  había  en  ello? 
Juan.     Dices  bien;  pero...  tan  grata 

noticia...  así...  de  repente... 
Curro.  |  Pues  si  viera  usted  qué  xara 

puso  Andrés!...  ¡ni  la  de  un  muerto! 

Y  luego,  casi  con  rabia , 

asiéndome  de  este  brazo 

que  por  poco  me  le  arranca , 

prorrumpió  desencajado 

y  comiéndome  á  mtradas: 

—«Eso  no  puede  ser,  Curro.» 

Mas  cuando  yo  le  juraba 

que  decía  «i  Evangelio, 

repuso: — «Perdona,  y  gracias; 

te  agradezco  la  noticia. 
.  Adiós,  Curro;  hasta  mañana; 
^  no  faltaré.» 

Juan.  ^' Eso  te  dijo? 

Curro.  Con  esas  mismas  palabras. 


^CENA  m 

JUAN ,  CURRO  y  D.  FERNANDO 

D.  Fer.  ¡Cómo  se  entiende i^,; Os  estáis 
charlando  con  esa  calma 
habiendo  tanto  que  hacer?... 
¡Me  gusta  vuestra  cachaza! 
¡Ea,  Curro!  A  trabajar. 


«I 


t2 

Curro.  (Cogiendo  el  cesto  de  flores  y  yéndose  d 
escape:)  ^    _   ' 

Allá  voy.  • 
D.  Fer.  ¡Valiente  alhaja! 

^Por  qué  me  miras  tan  serio? 

¿en  qué  piensas?  ¿qué  te  pasa? 

¿eres  de  yeso  ó  de  carne? 

¿no  tienes  ni  una  palabra 

para  mí  de  enhorabuena  ? 
Juan.      Bien  sabe  Dios  que  mi  alma 

siente  por  suyos  Iqs  duelos 

y  alegrías  de  esta  casa. 
D.  Fer,  Por  eso  deseo,  Juan, 

que  conmigo  los  compartas. 

Ya  somos  viejos  amigos. 
Juan.      ¡Tan viejos!    . 
D.  Fer.  Desde- la  infancia 

hasta  hoy,  hemos  pasado 

muchas  penosas  borrascas 

tú  y  yo  juntos;  ¿lo  recuerdas? 
Juan.      ¡  Ya  lo  creo !  .  •♦ 

D.  Fer.  La  más  mala 

•  \fué  la  muerte  de  mi  esposa... 

¡  pobrecilla !  ¡  Era  una  santa ! 
Juan.      Más  buena  que  el  pan. 
D.  Fer.  ¡Oh!  Si  ella 

yiviese  hoy,  y  presenciara 

la  boda  de  su  María... 

Dios  dispuso  de  su  alma; 

desde  el  cielo  nos  contendía, 

y  en  el  cielo  nos  aguarda... 

En  fin,  mientras^  llega  el  día 

en  que  hemos  de  ir  á  buscarla  ,     ^ 

(que  será  pronto),  pondremos 

al  mal  tiempo  buena  cara, 

Y  no  lo  digo  por  hoy, 

que,  á  la  vez  que  en  nuestras  almas, 

resplandece  en  todas  partes 


/ 


i 

I  «3 


la  alegría:  está  la  casa 

que  parece  un  jubileo; 

la  primavera  embalsama 

el  ambiente ,  ni  una  nube 

el  azul  espacio  mancha, 

y  el^sol  su  madeja  de  oro 

en  el  oriente  desata... 
.   la  naturaleza  entera 

hoy  se  ha  vestido  de  gala. 
Juan.     Para  el  que  es  feliz,  ¡gran  dial 

mas,  par»  el  triste..; 
D.  Fer.  iQuién  habla 

de  tristezas! 
Juan!  Yo  pensé... 

.D.Fer.. Vamos  á  ver^  ^qué  pensabas? 
Juan.     Que  cuando  á  boda  repican 

en  la  iglesia  las  campanas 

nace  un  4mor  y- otro  muere. 
D.  Per.  ¡Quién  hace  caso  de  fábulas! 
Jvan.     Por  algo  lloran  los  padres 

cuando  los  hijos  sé  casan. 
D.  Ferv  Se  llora...  porque  se  llora... 

sin  fundamento,  sin  causa.' 

Porque  María  se  case 

(¡algún  día  he  de  casarla!), 

^'voy  á  llorar  como  un  tonto? 

¡ni  que  fuera  una  desgracia! 

¿La  voy  á  enterrar  acaso? 

¿no  la  adoro?  ¿no  me  ama? 

¿no- soy  su  padre?  ¿no  es  mi  hifa?  " 

¿no  vendrá  á  verme  á  esta  casa? 

¿no  iré  yo?...  ¡El  dia^o  te  lleve ! 

que  la  lengua  se  me  traba 

y  ya  no  sé  lo  que  digo,    -  •      . 

ni  lo  que  pienso,  ni  nada. 
>  fToda  la  noche  .he  pasado 

dando  vueltas  en  la  caipa» 

sin  poder  pegar  los  ojos;    • 


«4 

ni  hallar  instante  de  calma. 

ItJAN.      ¡La  alegría!...  es  natural. 

D.  Fer.  Pues  bien;  no,  señor.  Pensaba 
en  que  hace  veintidós  años 
que  María  me  acompaña 
constantemente,  y  en  que  hoy,.t 
esa  dicha  se  me  acaba. 
El  pájaro  va  á  romper 
los  alambres  de  su  jauks 
y,  con  jubilo,  á  otro  hogar 
•'    '  extraña  tiende  las  alas. 


.^ 


m       *    .       .  < 


ESCENA  IV 

DON  FERNANDO  y  MARÍA 

(Juan  al  principio  que  esU  «n  escena,  termina  sus  quehaceres 

.  y  se  marcha.)  -«• 

María.   ¡Ya  levantado  aunque  el  dia 

ha  amanecido  hace  poco! 
D.  Fer.  Pues,  por  tu  parte,  tampoco 

te  has  descuidado,  María. 
María.   Esta  noche,  casi  toda       ^ 

la  pasé  en  claro. 
D.  Fer*  Es  sabido;. 

iqué  muchacha  habrá  dormido 

la  víspera  de  su  boda!    , 
María.   ¡Padre  mío! 
D.  Fer.  No  es  reproche; 

tal  contento... 
María.  No.  señor; 

la  tristeza  y  el  temor 

me  han  desvelado  esta  noche. 
D.  Fbr.  ¿Qué  estás  diciendo? 
María.  Nq  sé 

que  triste  presentimiento 

amargó  mi  pensamiento 


í3 

que,  á  pesar  mío,  lloré. 
En  el  cielo  que  parece 
más  azul,  de  pronto  sube 
sin  saber  cómo  una  nube 
que  cíe.lo  y  tierra  obscurece.   . 

D.  Fer.  También  lo  mismo  sentí;     . 
pues  temo  que,  tu  amor  fiel, 
seajodo  para  él... 
y  el  olvido  para  mí. 

María.  ¿Qué  dice  usted? 

D.  Fer.  La  verdad, 

por  terrible  que  parezca. 

María.   Hará  usted  que  me  entristezca 
tan  injusta  Crueldad. 
¿No  le  amo  á  usted  con  pasión? 

D.  Fér.  ¿Será  cierto? 
.  María.  _         ¡Y  lo  ha  dudado! 

D.  Fer.  Hoy  cambias,  hija,  de  estado. 

María.  Pero  no  de  corazón. 

Ya  sabe  usted  que  no  he  sido 
la  que  proyectó  mi  boda ; 
y  si  con  el  alma  toda 
sus  consejos  he  seguido , 
es  porque  á  usted  ciegamente 
amo  con  amor  inmenso , 
padre;  y  asi  amarle  pienso, 
como  ahora,  eternamente. 

D.  Fer.. Sigue,  sigue;  ¡cuánto  bien 
me  hacen  tus  palabras ! 

María.  VamoS , 

usted  quiere  que  riñamos. 
.  D.  Fer,  Estoy  celoso. 

María.  ¿De  quién? 

D#  Fer.  { Oh !  no  creas  que  te  riño ^ 
ni  te  enojes  si  me  quejo;      - 
soy  tu  padre  y  soy  ya  viejo , 
es  decir,  dos  veces  niño. 
Egoísta  ^  he  codiciado 


iC 

que  sólo  para  mí  fuera  . 

tu  amor ,  que  tu  vida  entera 
.me  la  hubieses  consagrado;  ' 

perdona  tanta  ambición; 

siempre  te  he  querido  así; 

tú  eres  tqdo  para  mí : 
.  alma',  vida  y  corazón.  • 

Sí ;  desde  tu  nacimiento 

has  llenado  mi  existencia ; 

de  tu  amor  y  tu. presencia 
.'  se  nutrió  mi  pensamiento ; 

como  un  chiquillo,  siendo  hombre, 

gocé  en  tu  primer  sonrisa, 

y  en. la  palabra  indecisa 

con  que  decías  mi  nombre ; 

sostenida  por  mis  brazos 

á  andar  de  niña  aprendiste , 

y  á  mí ,  antes  que  á  nadie ,.  diste 

tus  besos  y  tus  abrazos.; 

ya  joven ,  tus  alegrías , 

tus  esperanzas ,  tus  penas , 

tus  horas  malas  y  buenas 

fueron  mías ,  sólo  mías. 

Así  el  tiempo  y  el  amor 

formaron  tan  fírmes  lazos., 
. .  .que  hoy,  al  hacerse  pedazos , 

me  va  á  matar  el  dolor. 
Makía.   ¡Padre! 
B.  Fer.  a. tu  dicha  me  inmolo, 

más  tiemblo  al  ir  á  perderte; 

sin  ti,  á  mis  años,  la  niuerte 
•  es  preferible  á  estar  solo. 

María.  ¿A  qué  hablar  de  soledad, 

de  dolor  y  de  morir,  .. 

puesto  que  hemos  de  vivir 

con  la  misma  intimidad? 
P.  Fer.  ¿Siempre  bajo  el  mismo  techo  i*... 
María.   ¿Quién  ha  pensado  otra  cosa? 


i7 

D.  Fer.  ¿Siempre  á  tu  lado.^ 

María.  Y  dichosa 

de  verle  á  usted  satisfecho. 
D.  FcR.  Eso  es  todo  lo  que  ansio : 

no  separarme  de  ti 

nunca. 
María.  ¡  Qué  fuera  de  mí 

lejos  de  usted,  padre  mío ! 
D.  Fbr.  ¡Nunca  me  dejes,  María!... 
María.  Pero,  ««'qué  motivo  he  dado 

para  que  haya  usted  pensado?... 
D.  Fer.  ¡Oh!  perdona  mi  porfía. 

Dices  muy  bien.  A  mi  edad 

se  discurre  lo  peor. 

¡Siempre  juntos! 
María.  Si,  señor; 

siempre. 
D.  Fer.  ;  Qué  felicidad ! 

ESCENA  V 

D.  FERNANDO,  MARÍA  y  ANDRÉS 

D.  Fer.  Mira  quién  viene,  hija  mía. 
María.  Andrés. 

D.  Fer.  Le  estaba  esperando. 

And.       Buenos  días ,  don  Fernando ; 

que  Dios  te  guarde,  María. 
María.  ^-Por  fín  te  has  dejado  ver. 
D.  Fer.  Pero,  hombre,  ¿qué  te  ha  impedido 

en  medio  ano  haber  venido 

por  esta  casa? 
And.  El  deber. 

D.  Fer.  ¡El  deber!...  Pues  el  primero, 

sea  ese  tuyo  cual  fuere, 
.  es  querer  á  quien  nos  quiere 

con  afecto  verdadero.  - 
And.       Crea  usted  que  para  mí 

antes  es  eso  que  todo. 

2 


i8 

D.  Fer.  i  Lo  disimulas  de  un  modo, 

que  dudo  si  será  así! 
And.       {Oh!  no  me  haga  usted  la  ofensa 

de  dudar  de  mi  cariño;  . 

quien  le  debe  desde  niño 

á  usted  gratitud  inmensa, 

^' cómo  habia  de  olvidar 

tal  deuda  en  su  juventud^ 
D.  FfiR.  ¿Quién  habla  de  gratitud  ? 
And.       Déjeme  usted  recordar; 

que  aunque  entonces  mi  memoria 

era  frágil,  aún  grabada 

de  mi  niñez  desgraciada 

llevo  aquí  {señalándose  elpecho)la.  triste  historia, 

Huérfano,  desamparado, 

sin  asilo,  sin  parientes,  . 

vagabundo  entre  las  gentes, 

hambriento  y  desabrigado, 

iba  solo  y  dolorido 

por  las  calles  ai  azar, 

como  el  ave  que  al  tornar 
'  al  nido  no  encuentra  el  nido; 

cuando  un  hombre,  un  artesano 

que  por  mi  lado  pasó,  ,.         ' 

se  detuvo  y  me  tendió 

mudo  de  emociq^  la  mano. 
D.  Per.  Era  Juan. 
And.  Sí,  mi  buen  Juan,  .    ■ 

que  llevándome  consigo, 

al  huérfano  le  dio  abrigo 

y  partió  con  él  su  pan. 

Me  trajo  aquí,  reñrió 

acción  tan.noble  y  honrada, 

y  usted,  con  voz  alterada 

y  balbuciente,  exclamó: 

— •  Bien  hecho  está  l<j  que  has  hecho; 

serás  para  él  un  padrazo»; 

y  á  la  vez  que  en  un  abrazo 


19 

le  oprimió  contra  su  pecho:. 
— •  No  sólo  aplaudo  tu  acción ,  * 
sino  que  también— le  dijo — 
^  al  que  tú'adoptas  por  hijo, 

le  doy  yo  mi  protección. » 
}  Y  aún  duda  usté  de  que  le  ame!... 
Si  llegara. á  suceder 
tal  cosa,  fuera  yo  el  ser 
.    .       más  indigno ,  más  infame. 

D.  Fer.  ¡Por  vida  de!...  ]Pues  no  toma 
la  cosa  por  dopde  quema ! 
Vamos,  hombre,  ten  más  flema 
^  para  sufrir  una  broma. 

]MarÍa.  Debió  de  entenderlo  así ; 
^  pero  yo  no  le  perdono 

tantos  meses  de  abandono. 

T>.  Fer.  ¿Por  qué  no  has  venido  aqui, 
como  solías  hacer, 
á' vernos  de  vez  en  cuando? 

And.      Ya  dije  á  usted,  don  Fernando,    -i 
que  mi  deber... 

D.  Fer.  ¿Qué  deber? 

And.       ¿  Ignora  usted  por  ventura 
que  en  todas  partes  aumenta 
cierto  rumor  de  tormenta 
qUe  grandes  males  augura  ? 

D.  Fer,  l^s  verdad.  - 

And.  Del  Pirineo, 

que  Dios  y  naturaleza 
erigieron  fortaleza 
digna  de  marcial  empleo,  % 

á  Cádiz,  que  sus  pies  baña 
en  dos  mares  cuyas  olas 
besan  playas  españolas, 
no  hay  un  rincón  en  España 
que  no  vea  con  temor 
al  ejército  francés 
llegar  amigo,  y  después 


20 

avanzar  conquistador.  * 

Ellos  pisan  nuestras  leyes, 
«.  mandan  en  nuestro^  hogares  y 
ultrajan  nuestros  altares 
y  cautivan  nuestros  reyes ; 
]y  aun  llaman  con  insolencia 
nuestro  deber  osadia , 
la  libertad  rebeldía 
y  crimen  la  independencia! 

D.  Fer.  ^'Y  hay  quien  sufra  tal  cinismo? 

And.       En  todos  los  pechos  late 

la  indignación,  y  el  combate 
estallará ;  acaso  hoy  mismo. 

María.   jHoy  mismo! 

D.  Fer.  "      Andrés  ^exagera; 

su  imaginación  se  exalta 
y... 

And.  ¡Exagerar!...  ¡Ay,  si  salta 

la  chispa  y  prende  la  hoguera  i 
porque  será  asolado r, 
voraz  y  terrible  incendio, 
tanto  como  el  vilipendio 
que  nos  causa  el  invasor. 
Salga  y  recorra  Madrid, 
vaya  y  hable  en  cualquier  parte; 
cada  casa  es  un  baluarte, 
en  cada  pecho  hay  un  Cid; 
sólo  un  acto  de  imprudencia, 
y  el  pueblo,  con  arrogancia, 
se  lanzará  contra  Francia 
al  grito  de  independencia. 

D.  Fer.  A  mí  no  me  pesaría; 
lo  digo  como  lo  siento. 

María.  Vamos,  un  loco  hace  ciento; 
¿también  usted?... 

D.  Fer.  Sí,  hija  mía; 

soy  viejo,  n-as,  como  lleguen 
las  cosas  hasta  el  amén , 


21 

]juro  á  Dios  que  yo  también 

he  de  ser  de  los  que  peguen! 

Que  no  cometan  excesos 

y  se  vayan  á  su  tierra ; 

pues  como  estalle  la  guerra , 

se  dejan  aquí  los  huesos. 

¡Quél  ¿No  recuerdan  su  historia.^ 

Alli  habrán  visto  con  creces 

que,  nuestras  armas,  mil  veces 

los  derrotaroh  con  gloria.  ¡ 

¿Y  hoy  nos  quieren  someter  ' 

como  á  esclavos  sin  honor? 

/Piensan  que  nuestro  valor 

no  es  hoy  el  mismo  de  ayer? 

Si  nos  tratan  de  oprimir, 

con  sangre  lo  han  de  llorar, 

porque  es  más  fácil  entrar 

en  España ,  que  salir. 

Y  Transición.) 

Mas  quizá  en  este  momento 

como  el  héroe  de  Cervantes , 

pensamos  que  son  gigantes 

unos  molinos  de  viento. 

Lo  que  fuere  sonará. 

Esperadme;  voy  á  dentro 

un  instante ,  á  ver  si  encuentro 

todo  preparado  ya. 

« 

ESCENA  VI 

MARÍA  y  ANDRÉS 

María.  ¡Ohl  Me  han  llenado  de  inquietud  el  alma 

esos  tristes  presagios  que  has  traído. 
And.       ¿Temes  que  turben  la  apacible  calma 

de  tu  felicidad  ? 
María.  No,  no  han  nacido 

de  un  impulso  egoísta  mis  temores 


I 

! 

I  ; 

I  .  ' 


22 

fr  e  conmueve  el  pesar ,  su  angustia  siento  y. 
y  al  fondo  de  mi  ser  llega  el  lamento 
que  en  la  tierra  levantan  los  dolores. 
Soy  débil 9  soy  mujer;  aquí  nacida, 
tranquilos  corren  para  mí  los  años 
apartada  del  mundo ;  mas ,  ;  qjxé  vida 
no  ha  sido  más  ó  menos  combatida 
.  ^or  crueles  y  amargos  desengaños! 

And.       i  Qixé  sabes  de  dolor  1 

María.  No  digas  eso. 

¡Qutf^no  sé  de  dolor!...  ¡Cuánto  te  engañas! 
¡  Pues  qué  sentí  cuando  el  postrero  beso  " 
dejó  en  mis  labios,  al  morir^  impreso 
la  madre  que  me  tuvo  en  sus  entrañas  I 
{Que  no  sé  de  dolor!...  ¡Ay,  cuántas  penas ^ 
como  en  el  mío,  vi  en  otros  hogares 
que  cuajaron  la  sangre  de  mis  venas!... 
4 Qué  intuitos  y  varios  Iqs  pesares 
que  en  todas  partes,  por  diversos  modos ^ 
germinan  espontáneos  en  la  tierra!... 
Pero  ninguno,  Andrés,  como  la  guerra, 
que  es  el  supremo  mal,  causa  de  tocLps. 

And.       Ese  es  el  mundo,, valle  de  amargura; 
*    .  pero  el  hombre  más  ruin  y  desgraciado 
probó  entre  tantas  hieles  la  dulzura; 
sólo  yo,  sin  consuelo  y  sin  ventura, 
.     el  dulzor  de  la  vida  no  he  gustada. 

María*  ¿Pues  qué  te  falta?    ;         ' 

And.  ~  ¿Que  mje  falta,  dices?    ' 

Una  madre  que  amar  y  que  me  ame, 
y,  para  hacer  mis  horas  más  felices, 
bálsamo  en  las  abiertas  cicatrices 
de  mi  angustiado  corazón  derrame. 
Jamás  la  conocí ;  ¡  santa  quimera 
que  en  vano  4,mi  memoria  restituyo  I 
Quizás  el  pecho  que  por  vez  primera 
á  mis  sedientos  labios  ofreciera 
el  jugo  de  la  vida,  no  fué  el'suyo. 


¿^ 


23 

¡Parece  que  en  el  mundo  se  ha  agotado 
la  fuente  del  amorl...  Mientras  devoro 
tantas  ansias  de  amar  y  ser  amado, 
indiferente  pasa  por  mi  lado 
y  veloz  huye  lo  que  más  adoro  « 

•     •  cual  huye  la  salud  del  apestado. 

María.   ¡Qué  pronto,  Andrés,  tu  corazón  olvida! 
Mi  padre,  Juan  y  yo,  ;no  te  queremos! 

And.       Pero  el  amor  que  llena  nuestra  vida , 

el  tierno  amor  de  la  mujer  querida,        ' 
á  quien,  de  hinojos  ante  Dios,  cedemos 
corazón,  alma,  vida,  honor  y  nombre,' 
amor  santo,  amor  grande ,  amor  et^no 
que  no  ha  sido  negado  á  ningún  hombre^ 
'     ese  amor  celestial,  |ay! ,  es  mi  infíerno. 

María.  ¿Has  amado  quizá? 

And.  Con  alma  y  vida. 

María.  ¿Y  la  que  adoras?... 

And.  Nunca  ló  ha  sabido; 

pertenece  ya  á  otro  hombre. 

María,   .  Pues  olvida. 

And.       Amo  una  vez,  pero  jamás  olvido. 

María.  Los'  años  calmarán  todos  tus  duelos. 

^  '      •       .       ' 

And.       Los  años  no  han  de  darme  alivio  alguno. 

María.   En  otro  amor,  encontrarás  consuelos. 

And.       M(  amor  es  como  el  Dios  que  está  en  los  cielos 
infínito ,  Inmortal ,  eterno  y  uno. 
f Breve  pausa*) 

i  Y  hubiera  sido  taíTÍbtiz !..,  Cifraba 
en  su  amor  mi  ventura;  de  mis  penas 
al  deseado  término  llegaba , 
y  por  ella  ser  grande  ambicionaba 
y  derramar  la  sangre  de  mis  venas. 
Pero  ella,  indiferente,  no  veía 
este  profundo  y  vivo  sentimiento 
en  que  mi  pecho  apasionado  ardía; 
.  ¡no lo  advirtió  jamás!...  Hasta  que  un  día 
en  otro  hombre  fijó  su  pensamiento. 


24 

Presencié  el  despertar  de  sus  amores , 
inundarse  su  pecho  en  dulce  encanto 
como  el  cielo  en  el  alba  de  colores , 
sus  sueños,  sus  miradas,  sus  temores... 
¡Ay!  ¡cuánto  mi  alma  ha  padecido!  ¡cuánto! 

María.   Mucho  debiste  de  sufrir. 

And.  No  hubiera 

á  este  nuevo  dolor  sobrevivido 
si  otra  pasión ,  no  menos  verdadera , 
no  menos  grande  y  santa,  no  viniera 
á  levantar  mi  espíritu  abatido. 

María.   ¿Otra  pasión? 

Akd.  Inerme  y  ocupada 

por  extranjera  y  aguerrida  tropa, 
vi  á  mi  patria  .enxregarse  confiada 
á  ese  genio  terrible  cuya  espada 
cubre  de  sangre  á  la  vencida  Europa. 
Por  vez  primera  entonces,  desde  el  fondo 
del  alma  mia,  enardecido,  siento 
que  á  tan  tremenda  angustia  correspondo 
con  un  impulso  irresistible  y  hondo 
que  el  peligro  hace  amar  con  ardimiento: 
el  amor  de  la  patria ;  el  más  sagrado 
de  todos  cuantos  hay  en  nuestro  pecho; 
amor  que  al  débil  trueca  en  esforzado; 
amor  puro,  amor  fuerte,  amor  honrado, 
que  mil  héroes  y  mártires  ha  hecho. 
¡Dar  mi  sangre  y  mi  vida  en  tu  defensa, 
verte  grande  y  feliz  cual  fuiste  un  dia, 
volver  por  la  honra  tuya  ante  lá  ofensa, 
eso  siente,  eso  quiere  y  eso  piensa 
por  ti  mi  corazón,  oh  patria  mía! 
Tú  eres  mi  madre,  tú  la  amante  esposa 
que  mis  penas  mitiga  con  sus  besos; 
pueda  antes  de  morir  verte  dichosa 
y  en  tu  seño  tener  la  humilde  fosa 
donde  duerman  en  paz  mis  pobres  huesos! 


ESCENA  VII 

ANDRÉS  y  JUAN 

Juan.      Preguntan  por  ti,  Maria. 
María.  Allá  voy.  Andrés,  quisiera 

que  tuya  mi  dicha  fuera 

y  tu  desventura  mía. 
Ano.      Deseo  de  todos  modos 

que  seas  feliz. 
María.  Lo  creo; 

y  yo,  Andrés,  también  deseo 

veros  felices  á  todos. 

(Vase  Maria;  Andrés  queda  pensativo^  y 
hay  una  breve  pausa*) 
Juan.      ^En  qué  piensas? 
And.  En  mil  cosas 

y  en  nada. 
Juan.  Di^  ^-cuáles  son? 

Anr.      Me  esperan;  ya  habrá  ocasión... 
Juan.      ¿En  qué  empresas  sediciosas 

andas  metido? 
And.  ¿Yo,  empresas? 

Juan.      Sí,  Andrés;  he  oído  contar 

que  os  disponéis  á  luchar 

contra  las  tropas  francesas; 

y,  según  lo  que  he  sabido, 

en  reunión  celebrada 

por  gente  juramentada, 

su  jefe  te  han  elegido. 

Dime,  ¿es  verdad? 
And.  ••   Verdad  es; 

mis  amigos  me  han  honrado 

con  ese  puesto. 
Juan.  Cuidado; 

mira  lo  que  haces,  Andrés. 


26 

¿Qué  intentáis? 
And.  Salvar  ét  España. 

JüAÑ.      ¡Temerario  pensamiento! 

¿Y  no  veis  que  ese  ardimiento 

que  os  envanece,  os  engaña? 

Sin  jefes  y  sin  soldados, 

sin  armas  ni  municiones^ 

¿qué  haréis  contra  esas  legiones 

de  guerreros  esforzados, 
.   de  mil  victorias  testigos 

frente  adversario  mejora 
And.     ^E1  verdadero  valor 

no  cuenta  los  enemigos. 
Juan.      El  valor,  sin  la  prudencia, 

es  locura  y  fanatismo. 
AnjÍ).       No  hay  grandeza  ni  heroísmo ' 

sin  un  poco  de  demencia. 
Juan.      Pero,  insensato,  ¿qué  harás, 

si  sois  unos  cuantos  locos? 
And.      ¿Qué  haremos  siendo  tan  pocos?... 
-pues  dar  ejemplo  á  los  más. 
.  Mi  pecho  indignado  late; 

á  m¡^  amigos  juré 

luchar  con  eUp's,  é  iré   : 

guiándolos  al  combate.    ' 
Juan.      El  éxito,  en  cualquier  obra, 

es  del  más  hábil.  Vosotros,    . 

^xon  quien  contáis? 
And.  Con  nosotros. 

Juan,      ¡Buen  puñado!  j;  v 

AnD.  Hasta  y  sobra. 

Si  opresa  la  patria. gime, 

el  pueblo  se  sacrifica. 
Juan.      Y  el  fuerte  le  crucifica. ,. 
And.       ¡Qué  importa,  si  la  redime! 
Juan.      No  quiere  á  su  patria  más 

el  que  más  la  compromete. 
And.       ^'La  amará  el  que  se  somete 


»7 

al  extranjero,  quizás? 
Juan.      Esperar  es  lo  mejor. 
And.       El  sufrimiento  no  espera. 
Juan.      ¿Y  si  todo  se  perdiera? 
And.       Se  habrá  niuerto  con  honor. 
Juan.      (Buen  consuelo! 
And.  Nuestra  hazaña 

otras  puede  fomentar; 

gota  á  gota  se  hace  el  mar, 

grano  á  grano  la  montaña. 
Juan.  .   Estás  ciego. 
And.  No  me  pesa: 

todo  á  la  patria  se  inmola. 

Corra  mi  sangre  española 

derramando  la  francesa* 
Juan.      Eo  vano  tratas,  Andrés, 

de  engañarme  y  de  engañarte; 

no  es  eso  lo  que  á  arrojarte 

te  induce  al  peligro. . 


And. 

¿Que  es? 

Juan. 

¿Qué?...  Que  estás  desesperado. 

And. 

No  entiendo  á  usted.  . 

JUÁÑ. 

.0  no  quieres 

entenderme. 

•                                                                                               • 

And. 

1  Por  Dios! 

Juan. 

Eres, 

• 

en  verdad ,  muy  desdichado. 

Sé  que  has  puesto  él  alma  toda 

•. 

en  una^mujer. 

And, 

¡Maríal 

Juan. 

Que  con  otro,  en  este  día , 

- 

ha  de  celebrar  su  boda. 

And. 

¿V  usted  piensa  ? . . .                ^ 

Juan. 

Y  con  razón ; 

que  tu  pesar  es  tan  fuerte, 

que  busca  alivio  en  la  muerte 

tu  angustiado  corazón. 

And. 

¿Eso  piensa?...  No  es  mi  pecho 

V 


28 

tan  frágil  que ,  al  arrostrar 
los  embates  del  pesar, 
caiga  en  pedazos  deshecho ; 
el  infortunio  ha  templado 
mi  alma,  no  hay  pesadumbre 
que  no  tenga  por  costumbre, 
pena  que  no  haya  arrostrado ; 
mas,  aunque  la  dicha  anhelo , 
aunque  el  amor  de  María 
mi  felicidad  seria , 
le  juro  á  usted  por  el  cielo 
que  si  ella  me  llama  ahora 
para  llevarla  al  altar 
y  oigo  á  mi  patria  á  la  par 
que  oprimida  gime  y  Hora... 
no  ío  dude  usted ,  la  palma 
del  martirio  abrazaría, 
•     y  por  mi  patria  daría 

dicha  y  amor,  cuerpo  y  alma. 

Juan.     No  aplaudo  tu  desvario. 

And.      Nuestra  patria  es  nuestra  madre. 

Juan.     ¿Y  yo?  ¿no  me  llamas  padre? 
¿no  me  quieres? 

And.  {Padre  míol 

masque  padre,  ciertamente; 
pues  no  debiéndole  el  ser 
se  impuso  tan  gran  deber 
y  me  amó  entrañablemente. 

Juan.     Y  ahora  debes,  en  conciencia, 
como  la  vida  yo  á  ti 
te  he  consagrado,  tú  á  mí 
consagrarme  tu  existencia. 

And.       Jamás  á  su  padre  ha  honrado, 
ni  merece  amor  ni  vida, 
quien  por  la  patria  ofendida 
la  sangre  no  ha  derramado. 

Juan,      j  Andrés,  hijo  mío !... 

And.  Adiós, 


29 

que  viene  aquí  don  Fernando, 

y  no  ha  de  yermé. 
Juan.  ¿Hasta  cuándo? 

And.       Hasta  cuando  quiera  Dios. 

ESCENA  VIII 

JUAN,  D.  FERNANDO,  MARÍA  y  LUIS 

D.  Fer.  Parece  que  se  retrasan 

un  poco  los  convidados. 
Luis.      No  me  sorprende;  en  Madrid 

pasa  hoy  algo  extraordinario. 
María.   \  Sólo  faltaba  que  tú 

vengas  también  á  asustarnos ! 
D.  Fer.  ¿Pues  qué  sucede? 
Luis.  Ocurrir... 

nada  ocurre ,  don  Fernando. 
D.  Fer.  Pues,  entonces,  ¿por  qué  has  dicho 

que  pasa  en  Madrid  hoy  algo? 
Luis.      Y  es  verdad.  Desde  mi  casa 

á  la  de  usted  he.  encontrado 

por  esas  calles  y  plazas, 

tan  desiertas  de  ordinario 

á  estas  horas,  numerosos 

grupos  de  hombres  conversando 

en  voz  baja  y  con  misterio; 

todos  ellos,  agitados, 

accionaban  con  viveza 

y  miraban  de  soslayo, 

con  ademanes  y  gestos 

incomprensibles  y  extraños. 
D.  Fer.  Juan,  ¿y  Andrés? 
Juan.  Salió  ahora  mismo» 

D.  Fer.  El  quizá  pudiera  darnos 

noticias ;  pero,  su  marcha , 

me  parece  mal  presagio. 


1 


30  t 

María.    ¿Porqué? 

D.  FfiR.  Porque  es  natural 

que  viniera  á  compaáarnos 

como  testigo  á  tu  boda. 

(A  Juan,) 

¿Dónde  ha  ido?  » 

Luis.  Don  Fernando, 

¿no  oye  usted? 
D.  Per.  ¿Qué?...  No  oigo  nada. 

'(Rumor.) 
iuAN.      Es  verdad ;  aunque  lejano, 

se  oye  un  rumor... 
D.  Fer.  o  soy  sordo, 

ó  estáis  vosotros  soñando 

(  Suena .  una  descarga  lejana ,) 
María.   )  Jesús,  María  y  José  1 
Luis.      ¿Y  ahora? 
Juan.  Son  tiros. 

D.  Per.  ; Diablo! 

lo  que  es  ahora,  no  hay  duda ; 

son  tiros  los  que  han  sonado. 


ESCENA  IX 

JUAN,  DON  FERNADO,  MARÍA,  LUIS  y  CURRO 

Curro.  ¡Señor  Juan,  don  Luis,  María! 

Todos.  ¡Curro! 

D.  Per.  ¿Qué  hay? 

Curro.  Don  Fernando, 

¡  qué  ha  de  haber !  ¡  Que  ya  se  armó 
la  de  San  Quintín!  ¡Que  vamos 
á  limpiarnos  de  franchutes 
en  menos  que  canta  un  gallo 

D.  Per.  ¡  Ea!  Dinos  lo  que  ocurre, 

lo  que  has  visto  6  te  han  contado, 


3í 

sin  andarte  por  las  ramas 

y  sin...    . 

(  Suena  otra  descarga. ) 

María.  \  Virgen  del  Ampafo! 

Curro.  ¿Oye  usted >  Los  madrileños 
están  ahora  celebrando 
nuestra  santa  independencia 
'  con  el  francés  á  balazos. 

D.  Fer.  Pero,  hombre,  di  lo  que  sepas; 

¿no  ves  la  angustia  en  que  estamos? 

Curro*  Pues,  en  resumidas  cuentas _, 

no  sé  nada  entre  dos  platos.  . 

D.  Fer»  Entonces... 

Curro.  Espere  usted 

á  ver  si  recuerdo  algo. 
Cuando  salió  Andrés  de  aqui, 
se  unió  á  unos  hombres  armados 
que  en  una  tftlle  inmediata 
parecían  aguardarlo. 
Hablaban  al  mismo,  tiempo ;/ 
los  unos  decían  :—f ;  Vamos 
al  Parque  de  artillería ! » 
,  '  otros  muchos :— « ;  A  Palacio , 

«    .  ádefende'r  álqs  nuestros!» 

y  los  más  de  ellos : — « ¡  Al  Prado ! » 

En  esto  que  uña  descarga 

resonó,  y  aprovechando 

el  silencio ,  Andrés ,  se  sube 

á  una  reja,  y...  j cielo  santo^ 

la  arenga  que  les  echó!... 

¡qué  cosas  les  dijo!...  ¡vamos, 

que  parecía  <}ue  un  ángel 

por  su  boca  estab&i  hablando ! 

Y,  á  cada  palabra  suya , 

\  qué  gritos !  [  cuánto  entusiasmo ! 

¡viva  España!  ¡muera  Francia!... 

Y  rezándooste  rosario , 

á  una  voz  de  Andrés ,  se  fueron 


32 

todos  por  la  calle  abajo* 
D.  Feíi.  ¿y  qué  más?  ^ 

Curro.  ^-Quiere  usted  más?. •• 

(Se  oye  otra  descarga,) 

Pues  ya  está  usted  contestado. 

ESCENA  X 

JUAN,  DON  FERNANDO,  MARÍA,  LUIS,  CURRO  y  ANDRÉS 

María.   Andrés  llega. 

D.  Fer.  Así  sabremos* 

qué  sucede. 
And.  Don  Fernando; 

temí  que  ustedes  se  hallasen 

fuera  de  casa. 
Juan.     (Que  ha  ido  acercándose  á  Andrés.} 

¡ Insensato ! 
D.  Fer.  ^  Qué  pasa  ? 
And.  Que  al  fín  llegó 

la  hora  del  desagravio. 

Hace  un  instante  han  querido  y 

con  el  príncipe^  arrancarnos 

honor  y  patria,  y  el  pueblo^ 

cual  si  estuviese  animado 

por  solo  un  alma ,  y  tuviese 

nada  más  que  un  solo  brazo, 

acometió  á  los  franceses 

á  las  puertas  de  palacio. 
María.   ^' Ha  corrido  sangre?  ; 

And.  Mucha; 

y  correrá,  hasta  que  hayamos  • 

arrojado  al  extranjero 
y  tanta  injuria  vengado. 

La  patria  nos  llama  á  todos. 
D.  Fer.  Pues  si  nos  llama,  aquí  estamos. 

Curro,  trae  pronto  mis  armas. 


33 

María.   ¡Padre! 

D.  Fer.  Reprime  tu  llanto. 

Juan,  tú  te  quedas  coa  ella. 
(Aparte  Juatt;) 
(Sésu  padre  si  yo  falto.) 
María.  (Señalando  á  su.  padre): 

Luis...  •• 
Lois.  Iré  con  él,  Marta. 

María.  No  te  apartes  de  su  lado. 
Curro.  Aquí  están: 

(Curro  trae  dos  escopetas  que  cogen  D,  Fernando 
y  Luis,) 

¿Y  para  mí? 
Juan.      ;Tú  también?...     . 

CxJKRO.  ¡Pues  está  claro!  *" 

Cogeré  la  podadera 
y...  ¡zas!  á  podar  gabachos. 
.(Otra  descarga,)  ., 

And.       Nó  perdamos  tiempo. 
María.  ¡Padre! 

D.  Fer.  Hija  mía,  adiós.  (Se  abracan,) 
(A  Andrés,)  Partamos. 
(Sa  len  por  el  foro,  formando  grupo  d  la  puerta  dé 
la  verja,  D,  Fernando,  Andrés  y  Luis  y  Curro; 
sobre  la  escalinata  del  pabellón  Juan  sostiene  d 
Marta, que  .llora.  Al  caer  el  telón  se  oye  una 
nueva  y  nutrida  descarga',  Debe  procurarse  que 
esta  descarga  y  las  anteriores  sean  muy  poco 
ruidosas  y  á  la  mayor  distancia  posible  de  la 
escena,)  v 


FIN  DEL  ACTO  PRIMERO 


ACTO  SEGUNDO 


Habitación  en  casa  de  D.  Fernando;  puertas  laterales ;  por  la  del 
.  foro  se  ve  la  arboleda  del  jardín ;  á  la  derecha  una  mesa  de 

escribir ;  la  acción  empieza  al  caer  la  tarde  y  termina  ya  bien 

entrada  la  noche. 


ESCENA  PRIMERA 
JUAN  y  CURRO  ( que  entra  en  escena). 

Curro.  ¿Y  don  Luis?  ¿cómo  se  encuentra? 
Juan.      ¡Déjame  en  pazl 
Curro.  ¡Vaya  un  geniol 

Juan.      Como  me  apuréis  un  poco , 

cojo  una  estaca  y  la  emprendo 

con  todo  el  mundo  á  estacazos 

hasta  que  os  muela  ios  huesos. 
Curro.  ¿Por  qué  razón? 
Juan.  Porque  sí. 

Curro.  ¿Qué  hemos  hecho? 
Juan.  ¿Qué  habéis  hecho?... 

¡Os  podéis  vanagloriar^^ 

de  vuestra  hazaña! 
Curro.  ¿Volvemos 

á  las  andadas? 
Juan.  ¡Qué  dial... 

Curro.  De  gloria. 
Juan.  Para  el  infierno. 

Madres  sin  hijos,  mujeres 


35 

sin  esposos,  pequeñuelos 
sin  padres^.,  lágrimas,  luto, 
hambre,  miseria...  todo  eso 
queda  del  día  de  hoy; 
¡mira  tú  lo  que  habéis  hecho! 

Y  por  ñn  de  fiesta,  ahi  tienes 
prisiones,  fusilamientos... 

Curro.  ¡Después  de  todo...  qué  importa!' 

¡Paciencia!  Tras  de  estos  tiempos 

de  dolor,  otros  vendrán 

de  alegría  y  de  contento; 
'  mientras  tanto,  ¡que  nos  quiten 

los  franceses  que  hemos  muerto! 
5uAN.      Porcada  uno  de  los  suyos 

cayeron  cien  de  los  nuestros. 
CuKRo.  Eso».,  según  y  conforme, 

señor  Juan;  pues  como  echemos 

bien  las  cuentas,  me  parece 

que  per  allá  nos  iremos. 

Y  si  no,  vamos  á  ver, 
aquí  estoy  yo  sano  y  bueno 
y  lo  menos  he  ensartado 

á  diez  franceses...  ¡lo  menos! 
pues,  si  cuenta  los  heridos, 
vaya  usted  echando  ceros; 
y  don  Luis...  ¡no  digo  ijada! 
y  nuestro  amo...  ¡vaya  un  viejo! 
pues,  ¿y  Andrés?...^ ese  ha  matado 
tres  6  cuatro  regimientos.        - 
Y,  lo  que  digo,  á  nosotros 
no  nos  ha  pasado  ni  esto; 
porque  es  verdad  que  á  don  Luis 
le  han  hecho  en  el  hombro  izquierdo 
una  herida...  poca  cosa... 
¡quién  hace  casjl...  Por  cierto 
que  si  Andrés  no  sale  al  quite, 
disparando  al  granadero 
%n  tiro  á  boca  de  jarro 


36 

que  le  atravesó  los  sefsós, 
está  dd'n  Luis  á  esta¿  fechas  .  * 
más  difunto  que  mi  abuelo. 
Esta  es  la  verdad. 

•Juan.  Í^     Te  dejas    .^-". 

Jo  peor  en  el  tintero. 

Curro.  ¿Y  qué  es  lo  peor? 

Juan.     -  <fNo  sabes, 

Curro,  que  está  puesta  á  precio 
la  cabeza  de  Andrés?    . 

Curro.  jClaro! 

Juan.      ¿Que  daráii  miles  de  prepio , 
.  á  quien  diga  dónde  se  halla 
ó  le  entregue  vivo  ó  muerto?  . 

Curro.  Eso  prueba,  señor  Juan, 
'  que  Andrés  tiene  mucho  mérito, 

Juan.      Y  qué  algún  traidor,  tentado 
por  el  maldito  dinero, 
le  venderá  como  Judas 
vendió  á  Cristo. 

Curro.  No  lo  creo; 

ni  él  se  dejará  coger,  '-  - 
ni  hay  español  qne  haga  esoy- 
además,  que  hoy  ó  mañana 
pondremos  tierra  por  medio,  . 

Juan.      ¿Dónde  vais? 

Curro.  A  recorrer  . 

España,. pueblo  por  pueblo, 
p2M*a  que  á^todo  «monsiúa 
le  retuerzan  el  pescuezo. 

Juan.      En  fin,  que  estáis  á  matar 
él  y  tú  con  el  pellejo. 

CüRRQ.  De  la  nada  lo.  hizo  Dios. 

con  que  bien  poco  perdemos. 

ÍU/»N.      Basta  de  conversación 

y  marcha  á  ocupar  tu  puesto; 
y,  si  asoma  una  patrulla, 
ven  á  avisarnos  corriendo. 


37 

OuRRO.  i  Bonito  oñcio!  Sin  armas 
andar  por  ahí  al  ojeo 
y  coper  en  cuanto  asomen    ' 
un  par  de  gorras  de  pelo... 
¡yol  que  tengo  tantas  ganas 
de  echar  un  baile  con  ellos. 
"*   Juan.     -Curro,  ¿quieres  que  nos  cojan 
y  nos  fusilen? 

•Curro..     .  No  quiero. 

Juan.      Pues,  entonces,  á  cumplir 
con  tu  obligación. 

►Curro.  {Haciendo  vna  reverencia  cómica,) 

Adiéu. 

5  ESCENA  II 

JTJ^lN  y  D.  FERNANDO 

íD.  FfeR.  ¿Con  quién  hablabas? 
luAN.  Con  Curro. 

D.  Fbr.  Pobre  muchacho;  es  muy  bueno. 
Juan.      /Cómo  está  don  Cuis?  .  . 

íD.  Fer.  Descansa; 

tiene  alguna  fíebre ;  pero 

el  cirujano  me  ha  dicho 

que  curará  en  poco  tiempo. 
fuAN. .    Y  el  cirujano,  ¿es  persona  '*' 

de  confianza?"  - 
D.  Fer.    -     .      *  La  tengo 

como  en  mí  mismo. 
Juan  ^Hay.qúe  andar 

con  cien  ojos ;  donde  menos 

se 'piensa...  ^ 
f;^.  Fer.  No  temas  nada; 

respondo  de  él. 
Juan.  Bueno,  bueno. 

.D.  Fer.  ¿Y  Andrés?  ¿Ha  venido? 
Juan.  No, 


3S 

D.  Fer.  ^* Dónde. andará?    . 

JuAN%  Estoy  inquiete; 

porque,  según  mis  noticias, 
le  buscan  con  mucho  empeño, 
y  si  un  traidor  le  descubre 
y  le  delata... 

D.  Fer.  \Le  cuelgo 

para  escarmiento  de  pillos! 

Juan.      Pero  ustedes ,  ¿no  salieron 
de  aquí  juntos? 

D.  Fer.  Ya  lo  viste; - 

juntos  fuimos  en  efecto; 
mas,  á  los  pocos  minutos 
de  haber  empezado  el  fuego, 
cayó  herido  Luis;  y  Andrés, 
con  tres  de  sus  compañeros, 
nos  hizo  volver  á  casa; 
desde  entonces  no  le  veo. 
Pero  Curro,  que  quedó 
con  él  y  qué  en  todo  el  tiempo 
que  ha  durado  la  refriega 
no  se  apartó  ni  un  momento 
de  su  lado,  nos  ha  dicho 
que  sin  temor  esperemos 
su  vuelta  aquí ,  y  que  esta  noche 
llevará  á  un  lugar  secreto 
á  Luis,  affñ  herida  puede 
á  él  y  á  nosotros  perdernos. 
Esto  es  lo  que  hay ;  pero  yo, 
como  tú ,  ya  me  impaciento 
y  temo  qu»  algún  cobarde 
le  haya  al  francés  descubierto» 
Voy  á  averiguar  yo  mismo... 

Juan.      ¿Usted  mismo? 

D.  Fer.  Pronto  vuelvo» 

Juan.      Es  peligroso  salir. 

D.  Fer.  ¿Quién  hace  caso  de  un  viejo? 

Juan.      Si  no  respetan  á  nadie. 


« "  •• 


39 

D.  Fkr.  No  importa. 

Juan.  Entonces,  iremos. 

D,  Fer.  No;  tú  te  quedas  en  casa. 

por  lo  que  ocurra  á  ios  nuestros. 

ESCENA  III 

MARÍA  y  LUIS 


María.  ^- Te  sientes  fuerte? 

Luis.  *  Muy^fuerte. 

María.   ^Y  el  bíazo? 

Luis.  Bien, 

María.  No  lo  muevas. 

Luis.      Si  alguna  vez  se  me  olvida, 
él  mismo  me  lo  recuerda 
con  un  dolor  tan  agudo 
que  me  hace  ver  las  estrellas. 
Pues  ya  sabes  el  remedio : 
muy  quietecito,  y  paciencia. 
Siéntate  en  este  sillón. 
¿Y  tú? 

También;  aquí  cerca» 
¡Quién  había  de  decirnos 
esta  mañana,  qu«J;iubieran 
de  ocurrir  tantos  sucesos... 
menos  el  que  más  desea 
mi  corazón ! 

María.  Es  verdad. 

Luis.      Cuando  atravesé  esa  puerta, 
venía  alegre  y  dichoso 
para  llevarte  á  la  iglesia ; 
y  de  re^pente,  María, 
la  boda  se  trocó  en  guerra , 
nuestras  galas  fueron  luto 
y  las  alegrías  penas. 
Pero  al  ñn,  todo  ha  pasado. 


María. 


Luis. 

María. 

Luis. 


40 

María.   ¡  Oh !  i  Quién  sabe !  La  sangrienta    . 

lucha  de  hoy,  y  sus  terribles 

dolorosas  consecuencias, 

engendrarán  nuevos  males ;  .  I 

que  siempre  vi^en  ias  penas 

á  bandadas. 
Luis,  No,  María; 

desecha  tales  ideas. 

Y  ahora,  hablando  de  otra  cosa, 

^*  cuál  dirás  que  es  la  sorpresa 

más. grande  que  hoy  he  tenido? 

Vamos,  ¿á  gue  n9  lo  aciertas? 
María.   Gomó  tú  no  me  lo  digas, ' 

no  adivino  lo  que  sea. 
Luis.      Pues  me  sorprendió  que  Andrés, 

al  verme  herido ,  saliera 

con  tanto  arrojo  y  peligro 

de  su  vida  en  mi  defensg. 
María.   A  mí  me  hubiera  asombrado  * 

mucho  más  que  no  lo  hiciera.         ^ 
Luis!'     ¿No  has  observado  que  siempre  ' 

existió  entre  los  dos  cierta  ^  ' 

frialdad,  y  por  su  parte , 

tal  desvío  y  tal  reserva, 

que  huía  de  hablar  conmigo  . 

y  esquivaba  mi  presencia?    . 
María.   Aprensión  tuya. 
Luis.  Quizá; 

pero,  como  yo,  cualquiera       . 

hubiera  pensado,  viendo 

su  altivez  y  su  aspereza,  .     '    • 

que ,  más  bien  que  amigo  mío,  - 

mi  enconado  rival  era.  .  *  • 

Tal  vez  fueron  infundada^ 

esas  mezquinas  sospechas.    ' 
Haría.  No  lo  dudes. 
Luis.  Ni  es  posible, 

María,  qué  dudar  pueda 


.^.:ü3í 


41 

de  quien  con  tanto  valor  * 
me  ha  salvado  la  existencia. 


ESCENA  IV 

MARÍA ,  LUI§ ,  CURRO ;  á  poco  JUAN 

.  Curro.  |  Ea  1  Digo  que  no  quiero,' 

y  no  quiero;  ¡se  ha  acalcado  1  . 
Luis.      ,fQué  pasa,  Curro? 
Curro.  ¿Qué  pasa?... 

Pues  por  lo  .que  yo  no  paso. 

Llevo  cerca  de  tres  horas 

sin  mover  piernas  ni  brazos , 

ni  decir  oxte  ni  mpxte  ' 

entre  la  hierba  agachado, 

y...  {se  acabó ^ 
Luis.  ^-Qué  es  lo  que  haces? 

Curro.  Pues,  ¿qué  he  de  hacer?  Vigilando. 
Juan.      ¿Ya  dejaste  el  escondite? 
Curro.  Sí,  señor.' 

Juan.  *  ¿Ha  ocurrido  algo? 

Curro..  Nada..  .       ' 

Juan.  .    ¿Pues  qué  haces  aquí? 

Curro.  He  venido^.. 

Juan.  ¿A  qué?  Habla  claro. 

Curro.  A  que  me  den  un  fusil, 
Juan.,"  ¿Unfusil?.^. 
Curro.  De  los  del  amo. 

Juan.  '  Y  tú,  ¿para  qué  lo  quieres? 
Curro.  Eso  no  hay.  que  preguntarlo. 
Juan..     Si ,  para  comprometernos. 
Curro.  ¡Yo,  señor  Juan  1 
Juan.       .  Vete  al  diablo. 

Curro.  ¡Comprometerlos  á  ustedes!... 

¡juroá  Diosl... 
JUAN^  Juras  en  vano. 


42 

Curro.  Pero  venga  usted  aquí,  . 
señor  Juan ;  si  por  acaso 
se  presentan  esos  tunos 
á  la  puerta,  ¿qué  les  hago? 
¿Les  pregunto  por inadama 
y  los  enfants?,,,  pues  jcanastoal 
me  descerrajan  un  tiro 
á  las  primeras  de  cambio; 
¿echo  á  correr?.. .  pues  lo  mismo; 
¿me  quedo?...  pues  otro  tanto. 
Y  entonces,  ¿qué  pasará? 
Pues  piasará...  ¡esto  es  más  claro 
que  la  luz  del  día !  que  ellos 
aquí  entrarán  sin  obstáculo 
como  Pedro  por  su  casa, 
y  prenderán  á  nuestro  amo, 
y  á  usted,  y  á  la  señorita, 
y...  jcolorín  colorado! 
Mientras  que  si  yo  tuviese 
un  fusil,  pongo  por  caso, 
cuando  quisieran  entrar 
les  podría  echar  el  alto; 
y,  tiro  va  y  tiro  viene, 
pasaríamos  el  rato 
hasta  que  todos  ustedes 
lograran  ponerse  en  salvo. 
Ya  que  esté  de  centinela , 
quiero  estar  con  arma  al  br^zo 
para  defender  mi  puesto 
cuando  sea  necesario. 
Además,  que  es  triste  cosa 
que  á  uno  le  den  un  balazo 
y  le  dejen  en  el  sitio 
sin  haber  hecho  otro  tanto. 
¡Como  lleguen  á  venir!... 
lo  que  es  solo  no  me  largo ; 
por  lo  menos,  tres  franchutes 
van  conmigo  al  otro  barrio. 


43 

Juan.      Mira,'coge  lo  que  quieras, 
y  déjame  en  paz,  muchacho. 

Curro.  Gracias,  gracias,  señor  Juan; 

muchas  gracias. 
Juan.  i  Y  cuidado 

con  lo  que  haces ! 

Curro.  ¡Qué  he  de  hacer! 

Entre  los  bojes  mirando 
lo  que  pasa  por  la  calle; 
y  si  asoman  los  gabachos, 
dejarlos  venir;  si  llaman, 
que  llamen;  pero  si  al  cabo 
forzasen ia  verja,  entonces... 
¡  no  hay  más  remedio !  disparo. 

Luis.      Dice  bien. 

Curro.  (Yéndose.)  Hasta  la  vista. 

Juan.      Curro. 

Curro.  ^- Qué  hay? 

Juan.  Déjame  á  mano 

el  otro  fusil. 

Curro.  (Haciendo  ademán  de  disparar,) 

¿  También 
usted  quiere...? 

Juan.  Por  si^acaso ; 

-i^  se  van  poniendo  las  cqms 

de  tal  suerte... 

Curro.  (Saliendo  de  escena:) 

¡  Qué  apostamos 
á  que,  con  tanto  gruñir, 
nos  resulta  un  veterano? 

ESCENA  V 

MARÍA,  LUIS  y  JUAN 

Luis.      Pero,  dígame  usted,  Juan^ 

^•qué  pasa? 
Juan.  Nada. 

Luis.  Por  algo 


44.       V 
serán  esas  precauciones. 
Juan.      Ya  lo  dije:  por  si  acaso. 
^  Luis.      ^* Teme  usted...? 
Juan.  Todo  lo  temo ; 

desde  que  está  pregonado 
Andrés... 

(Él  talento  de  la  actrif  que  haga  el  papel  de  Ma^ 
t^a,  así  como  el  director  de  escena,  interpreta- 

.  rán  la  excepcional  situación  de  dicho  personaje 
desde  el  final  de  la  escena  tercera  hasta  el  mo^ 
mentó  en  que  oye  pronunciar  el  nombre  de  An~ 
drés.  En  este  intervalo  su  imaginación  ha  debi- 
do evocar,  sin  duda^  los  recuerdos  del  pasado, 
para  explicarse  mejor  la  naturaleza  de  los  sen- 
timientos que  Jta  inspirado  á  Andrés,  Esto  no 
llega  al  público,  pero  debe  de  tenerse  éñ  cuenta 
para  expresar  convenientemente  la  situación  de 
María*)  '  . 

María.  <;  Qué  dicen  ustedes? 

Juan.,     y  además,  se  ha  puesto  un  bando... 
María.  (Inquieta,) 

¿Qué  significa...? 
Juan,  En  el  cual 

exhórtase  al  vecijidario 

á  que  le  delate. 
Maílía, -fCon  impaciencia,) 

Pero, 

^•qué  están  u&tedes  hablando?^ 

¿qué  le  ocurre  á  Andrés?  ¿qué  es  eso 

de  pregones  y.  de  bandos? 
Luis.      (Haciendo  señas  á  Juan  para  que  calle,) 

Nada.  ¿No  vienes,  María? 
María.  Ya  iré. 
Luis.  No  tardes. 

María.  No  tardo. 


<• 


■  45. 
ESCENA  VII 

MARÍA  y  JUAN 

María.   Juan. 

Juan.     .  ¿Qué  quieres? 

María.'  ¿Dónde  vas? 

Juan.  ..  Pues  á  recorrer  la  casa. 

María,  No  tengas  prisa. 

Juan.    .  ¿Y  siNpasa 

•  '  ■  cualquier  cosa? 

María.  Luego  irás. 

Escucha.  . 

Juan,  ¿Por  qué  ese  empeño? 

María.   Hoy  tienes  muy  mal  humor. 
Juan.      Tal  vez. 
María.  Pues  hazme  el  favor 

de  desarrugar  el  ceño.  . 

Necesito  hablarte. 
Juan.  ¿A  mí?... 

Déjalo  para  después. 
Ma^ía.    Teujgo  que  hablarte  de  Andrés» 
Juan.      ¿Tú  de  Andrés? 
María.  Siéntate  aquí. 

Juan.      ¡Bueno  va!  Ya  estoy  sentado.      '  . 
María.    Siempre  fui  una  buena  hermana 
*  de  Andrés;  pero  está  mañana 

por. vez  primera  he  dudado 

de  que  mi  afecto  haya  sido 

lo  que  creía. 
Juan.  ¿Porqué? 

María.   Porque  ahora  de  cierto  se 

que  el  suyo  no  he  merecido. 
Juan.      ¿En  qué  te  fundas? 
María.  .  .  En  todo,    . 

Si  Andrés  á  mí  me  quisiera 

como  le  quiero,  se  hubiera  . 


46 

conducido  de  otro  modo. 

Juan.      Tú  no  sabes  lo  que  dices. 

María.  Entre  hermanos  no  hay  Secretos; 
y,  sin  pecar  de  indiscretos, 
se  cuentan^  si  son  felices, 
sus  intimas  alegrías, 
y  en  la  desgracia  sus  penas; 
como  yo,  que  á  manos  llenas 
le  contaba  á  Andrés  las  mias. 
No  asi  él;  que  me  ha  ocultado, 
hasta  hoy  mismo,  una  pasión 
que,  á  la  vez  que  el  corazón, 
su  existencia  ha  destrozado. 
¿Conoces  tú  á  la  mujer 
que  es  causa  de  sus  dolores? 

Juan,      Nunca  á  mí  de  sus  amores 
mg  ha  hablado. 

María.  ¿Y  á  sorprender 

no  llegaste  su  tristeza? 

Juan.      Eso  sí. 

María.  ¿Y  no  te  contó...? 

Juan.      Nada;  jbuena  tengo  yo 
para  cuentos  la  cabeza! 

María.   Pues,  por  mi  parte,  he  podido 
fácilmente  comprender         .. 
que  Andrés  ama  á  una  mujer 
y  que  no  es  correspondido. 

Juan.      Es  posible. 

María.  No;  es  seguro, 

Y  tú  la  conoces. 

Juan.  ¿Yo?. 

María.  Sí  ;  tú  la  conoces. 

Juan.  No, 

María.  Júramelo,  Juan. 

Juan.  No  juro, 

María.   No  insisto ;  me  basta  ver 
que  no  quieres  contestar; 
porque. á  veces  es  callar 


47 

tanto  como  responder. 
(Breve  pausa,)  ' 
Escucha  de  todos  modos : 
mi  padre  y  tú  habéis  querido 
mucho  á  Andrés^  pero  yo  he  sido 
quien  le  quiso  más  de  todos , 
que  al  ñn  juntos  compartimos 
de  nuestra  infancia  los  días, 
y  las  mismas  alegrías 
y  pesadumbres  tuvimos. 
Aún  en  los  troncos,  grabados, 
de  los  árboles ,  si  vas 
al  jardín,  encontrarás 
nuestros  nombres  enlazados ; 
aún  se  ve  perfectamente 
la  fecha  que  Andrés  trazó, 
el  día  que  se  ausentó, 
en  la  piedra  de  la  fuente; 
tal  vez  mi  primer  pesar 
lo  causó  aquella  partida, 
cuyo  c  adiós  >  de  despedida 
á  gritos  me  hizo  llorar; 
¡qué  triste  me  pareció 
.  sin  Andrés  el  mismo  cielo! 
y  su  nombre ,  ;  con  qué  anhelo 
mi  corazón  repitió! 
No  acertaba  á  estar  sin  él ; 
y  á  medida  que  la  ausencia 
se  acortaba,  {qué  impaciencia 
me  acosaba  tan  cruel! 
En  mis  cartas — «¿Volverás 
pronto?!,  siempre  le  escribía; 
y  al  volver,  { con  qué  alegría 
le  dije:-- «Ya  no  te  irás!! 
\  Qué  días  los  que  siguieron 
al  de  su  vuelta !  Dichosos, 
alegres  y  presurosos 
para  nosotros  corrieron. 


4  4»  .         . 

Llama  con  sinceridad 

estas  cosas  por  su  nombre 

y  di,  ¿no  es  querer  luniíombre 

y  quererle  de  verdad? 
.  .     -    (Breve  pausa,) 
*^  ¿No  me  respondes? 

(Pausa,)  Quien  calla; 

Qtorga,  JuaiL  " 

Juan.  .    Así  es. 

Marííu  Pues  conmigo  há»sido  Andrés 

el  revés  de  la  medalla. 

Siempre  le  hallé  cariñoso, 

pero,  si  no  de -altanero, 

tiLVO  mucho  de  severo 

en  nuestro  trato  amistoso, 
Juan.      Es  su  carácter. 
María.  Hoy  sé 

que  es  su  carácter  asi; 

pero  antes  de  hoy  no  lo  vi , 
.  y  al  juzgarle  me  engañé." 

Hoy  que  sé  cuánta  amargura 

su  corazón  envenena, 

por  evitarle  una  pena 

diera  mi  mayor  ventura; 
■  ^         y  me  inspira  esa  mujer, 

que  tah. mal  paga  su  amor, 

ira  y  rabia. 
Juan.  .      ¡Pues,  señor, 

no  me  queda  más  que  ver! 
María.   ¿Qué  es  lo  que  quieres  decir? 

¿por  qué  extrañas? 
Juan.  ¿Que  te  inspira 

esa  mujer  rabia  é  ira?... 

¡Piies  si  ella  te  llega' á  oirl 
María.   ¿La  conozco?- 
Juan.    .  ¡Qué  séyot' 

María.   ¿Sabes?... 
Juan.  Que  haberla  querido 


49 

su  eterna  desgracia  ha  sido; 
María.   Pues  si  él  mismo  me  contó 

que  no  la  ha  dicho  jamás 

que  la  amaba* 
Juan.  Cierto. 

María.  Pues 

si  es  desgraciado,  lo  es 

por  su  culpa  nada  más. 

Si  de  ignorante  ha  pecado, 

esa  mujer,  no  es  traidora; 

quizá  le  quiere,  y,  ahora, 

siente  que  él  haya  callado. 

¿Por  qué  le  ocultó  su  afán? 
Juan.     ¿Pues  qué  querías  que  hiciese? 

¿que  en  la  calle  la  siguiese 

como  hace  tanto  galán 

imbécil,  y  como  niño, 

sin  pizca  de  reñextón, 

la  dirigiera  al  balcón 

ya  una  mirada ,  ya  un  guiño? 

Pues  si  lo  ha  creído  así, 

tal  mujer  no  le  conviene; 

porque  ha  probado  que  tiene 

(Tocándose  con  el  dedo  en  el  pecho  y  en  la 
frente,) 

muy  poco  de  aquí,  y  de  aquí. 
María.   Eres  injusto. 
Juan.  Si  yo 

la  conociera,  ¡qué  cosas 

tan  famosas  la  diría... 

De  seguro  que... 
María.  Habla. 

Juan,  No; 

no  son  del  caso,  María; 

pero,  ¡tendrían  qae  oirl    •  . 
María.   ¿Qué  le  pensabas  decir? 
Juan.      ¡Tantas  cosas  le  diría! 
María,   Vamos;  dímelas,  por  Dios; 

4 


50 

lo  deseo. 
Joan*  iQué  caprichol 

María.   Dime... 
Juan.  Nada.  Harto  te  he  dicho, 

y...  basta  ya. 
María.  Juan... 

Juan.  Adiós. 


ESCENA  VIII 

MARÍA  (sola). 

Harto  claro  dio  á  entender 
que  es  por  mí. tanta  pasión, 
i  Si  él  callara ,  el  corazón 
me  lo  haría  comprender!...  • 
Yo  soy  la  ingrata  mujer 
que  hirió  á  Andrés  con  su  desvío.,. 
Mas  ¿por  qué  este  desvario? 
^'por  qué  la  inquietud  me  asalta? 
i  por  qué  mi  mente  se  exalta^ 
pensando  en  Andrés,  Dios  mío! 
¿Qué  es  esta  ansiedad  que  siento 
que  hasta  ahora  jamás  sentí?.,. 
Cuando  ha  poco  á  Andrés  oí 
pionderar  su  sufrimiento, 
me  pareció  que,  á  su  acento, 
se  alzaba  algo  que  dormía 
en  mi  alma,  y  que  moría 
algo  que  el  alma  ocupaba... 
Era  una  luz  que  expiraba 
al  par  que  otra  luz  nacía. 
Aquel  que  en  noche  estrellada 
contempla  el  suave  fulgor 
que  llena  de  resplandor 
la  ancha  bóveda  azulada, 
cuando  fíja  la  mirada 


51 

en  tantas  estrellas  bellas, 
imagina  que  son  ellas 
luz  clara  y  resplandenciente... 
mas  brilla  el  sol  en  Oriente 
y  se  apagan  las  estrellas. 
Quien  en  la  margen  de  un  rio 
ve  las  ondas  pasajeras 
que  entre  apartadas  riberas 
corren  con  sonante  brío, 
:se  asombra  del  poderío 
del  agua  que  ve  pasar, 
pero  la  llega  á  olvidar, 
y  hasta  la  juzga  menguada, 
•cuando  la  ve  sepultada 
entre  las  olas  del  mar. 
Quizá  en  rústico  rincón 
'  vivió  alegre  el  campesino 
bendiciendo  su  destino, 
sin  codicia  ni  ambición ; 
mas  si  á  dorada  mansión 
le  lleva  su  buena  suerte, 
y  de  ella  dueño  se  advierte, 
Jo  que  antes  le  parecía 
el  centro  de  su  alegría 
lugar  lo  juzga  de  muerte... 
Por  sol  la  estrella  tomé, 
pensé  que  el  río  era  mar 
y  el  pobre  y  rústico  hogar 
regio  palacio  juzgué. 
jCuán  grande  mi  engaño  fué! 
Ante  el  nuevo  resplandor 
pierde  la  estrella  el  fulgor, 
el  hogar  se  desvanece, 
el  río  en  el  mar  perece... 
y  reina  sólo  el  amor. 


^^ 


5^ 

ESCENA  IX 

MARÍA,  DON  FERNANDO  y  JUAN, 
(b.  Fernando  entra  agitadfsimo  y  detrás  de  €1  Juan.;^ 

Juan.      ¿Qué  tiene  usted ,  don  Fernando? 
'    D.  Fer.  ¡Hay  que  verlo!...  j  vive  Cristo!.,, 
¡  verlo ,  como  yo  lo  he  visto  1 
María.   ^* Qué  ha  visto  usted? 
D.  Fer.  Ese  bando 

inicuo  que  pone  á  precio 

la  cabeza  de  Andrés. 
María.   {En  un  grito.)  ¡Ahí 

Juan.      Calle  usted. 
D.  Fer.  ¡  Déjame  ya      . 

desahogarme  y  que  hable  recio! 
María.   ¿Le  condenan?... 
D.  Fer.  Por  valiente. 

María.   ¿Le  matarán?... 
D.  Fer.  A  traición, 

que  hombres  de  tal  corazón 

no  se  matan  frente  á  frente. 
María.  Pero,  ¿c{\ié  hizo? 
D.  Fer.  Defender 

su  patria;  oponer  su  pecho 

en  franca  lid;  eso  ha  hecho; 

¡qué  menos  podía  hacer! 

Y  ofrecen  puñados  de  oro 

por  su  vida;    ¡miserables! 
Juan.      Serán  con  él  implacables. 
María.   ¿Y  Andrés?   ¿Dónde  está? 
D.  Fer.  Lo  ignoro.- 

En  busca  suya  salí 

hace  un  rato,  y  rio  le  hallé;    ' 

ni  alma  ninguna  se  ve 

que  transite  por  ahí. 

Madrid  es  un  cementerio; 


53 

sus  calles  están  desiertas, 

cerradas  todas  las  puertas, 

sus  hijos  en  cautiverio. 

En  silencio  y  soledad 

se  pone  el  sol  y  anochece , 

y,  como  el  día,  padece 

que  agoniza  la  ciudad. 

A  veces  á  mis'oídos 

confusas  quejas  llegaban, 

que  de  pronto  se  trocaban 

en  sollozos  y  gemidos ; 

fácil  era  adivinar 

lo  que  allí  pasado  habia, 

sólo  un  dolor  este  día 

hace  gemir  y  llorar; 

bien  lo  dicen  altaneros 

y  arrogantes  los  franceses, 

conduciendo  como  á  reses 

á  inocentes,  prisioneros. 

cuadro  tan  desolador 

en  m^dio  de  tanta  calma , 

á  la  vez  infunde  al  alma 

ira,  vergüenza  y  horror. 
fuAN.      ¿Qué  ruido?... 
Haría.  (A  Juan,)       Mira  quién  es. 
D.  Fer.  ¿Curro? 

JuAüT.     (Desde  el  foro.)  No  es  Curro  el  que  viene. 
D.  Fbr.  ¿Será  Andrés? 
María*  ¡Qué  duda  tiene  I  * 

Sus  pasos  conozco. 

( Se  va  al  foro  y  exclama ,  estrechando  con  efu'- 
sión  entre  las  suyas  la  mano  de  Andrés,  que 
aparece  en  escena ,) 

¡Andrés! 


34 


ESCENA  X 

}f  ARf  A.  DON  FERNANDO,  JUAN  y  ANDRÉS 

And       (Estrechando  las  manos  de  cada  uno  de  los  que- 
nombra.) 
María...  Juan...  don  Fernando... 
María.   ¡  Gracias  á  Dios  que  has  venido ! 
Juan.      ¿  Dónde  has  estado  ? 

^-  ^^^'  ¿Qué  ha  sido 

de  ti?  ¿Qué  has  hecho? 

^^^-  Salvando 

de  esa  cobarde  matanza 

á  mis  amigos,  al  par 

que  les  aliento  á  tomar 

pronta  y  terrible  venganza. 
Juan.      ¿Aún  piensas  en  combatir? 
And.       En  aflicción  tan  inmensa , 

¿en  qué  <free  usted  que  piensa 

todo  español?...  ¿en  huir? 

Nuestro  ánimo  no  se  abate; 

haremos  el  sacrificio 

de  la  vida,  en  el  suplicio 

lo  mismo  que  en  el  combate. 
Juan.      Os  será  adversa  la  suerte 

una  vez  más. 
And.  ¡y  qué  importa! 

á  la  larga  ó  á  la  corta 

el  pueblo  será  el  más  fuerte. 

Sacien  en  Madrid  su  saña , 

en  crímenes  y  atropellos 

se  gocen,  y  contra  ellos 

se  alzará  más  pronto  España. 

Cuanto  más  grande  la  ofensa, 

cuanto  mayor  el  ultraje, 

más  se  avivan  el  coraje 

y  el  ardor  en  la  defensa. 


55 

Los  odios  que  desenfrenen 
contra  ellos  se  volverán. 

Juan.      (Olas  que  alza  el  huracán 
en  la  arena  á  morir  vienen! 

And.       a  veces  humilde  río 

que  en  paz  la  llanura  baña, 
desciende  de  la  montaña 
turbio,  furioso,  bravíof. 
rompe  el  cauce  que  le  encierra, 
asuela  ciudad  y  llano, 
y  cual  furioso  Océano 
inunda  toda  la  tierra. 

D.  Fkr.  Es  verdad. 

Juan.  ^  Usted  también 

aplaude  tales  locuras? 
^  no  bastan  las  desventuras 
que  tenemos? 

María.  Dices  bien. 

Juan.      Hora  es  ya  de  dar  oídos 
á  la  razón ,  y  confíese 
que  estamos,  mal  que  nos  pese, 
derrotados  y  vencidos ; 
que  es  tan  odioso  el.  cobarde 
huyendo,  como  el  valiente    •* 
que  sucumbe  inútilmente 
de  su  arrojo  haciendo  alarde. 

And.       ¡Oyéndole  se  diría 

que  no  tiene  corazón! 

¡Someter  á  la  raz(S|i 

desapasionada  y  fría 

el  impulso...  no,  el  instinto 

que  ciegamente  nos  mueve 

á  matar  al  que  se  atreve 

á  profanar  el  recinto 

de  nuestro  hogar,  y  sus  manos 

pone  en  nuestra  madre,  y  mata 

á  nuestra  esposa,  y  maltrata 

á  nuestros  hijos  y  hermanos!... 


5^ 

.  En  tales  casos ,  pensar 
es  tan  infame^  que  fuera 
más  grande  y  noble  una  ñera 
que  mata  sin  razonar. 

Juan.      ¿No  te  inspira  compasión 
tanta  víctima  inocente?    . 

And.       Como  otro  cualquiera  siente 
y  sufre  mi  corazón; 
mas  no  me  inspiran  ternezas 
el  crimen  y  la  metralla, 
ni  mi  indignación  se  acalla 
con  femeniles  flaquezas; 
no  suspirO'y  me  contengo 
ante  el  vil  asesinato: 
odio  al  verdugo,  y  le  mato, 
y  á  la  víctima  la  vengo. 

Juan.      Tu  pasión  no  tiene  nombre; 
¿sólo  al  odio  has  áe  ceder? 

And.       Llore  la  débil  mujer 

tales  desdichas,  no  el  hombre. 
Si  hubiera  usted  presenciado 
la  catástrofe  tremenda 
como  yo,  y  en  la  contienda 
á  tanto  héroe  asesinado... 
entonces,  |ay!  no  hablaría 
de  piedad  y  compasión, 
que  también  su  corazón 
de  cólera  estallaría. 
Aún  se  alzan  ante  mis  ojos 
tantas  escenas  de  muerte; 
la  hostilidad  de  lo -inerte; 
los  palpitantes  despojos. 
Todavía. mis  miradas 
ven  presurosas  pasar, 
como  las  olas  del  mar, 
mil  sombras  ensangrentadas. 
Aún  parece  que  se  escucha 
el  pavoroso  estampido 


57 

del  cañón,  y  que  á  mi  oido 

liega  el  fragor  de  la  lucha. 

Hubo  instantes  eaque  entramos, 

cual  segador  en  las  mieses, 

entre  masas  de  franceses 

cuyas  filas  derribamos. 

Ayes,  gritos  y  clamores 

llenaban  el  ancho  cielo, 

y,  en  ríos  de  sangre  el  suelo, 

víctimas  y  matadores. 

En  nuestro  triunfo  embriagados 

con  denuedo  combatimos, 

pero  en  breve  espacio  vimos 

que  un  enjambre  de  soldados, 

hombres  duchos  en  las  artes 

de  ganar  una  batalla, 

como  ciclópea  muralla 

nos  cercó  por  todas  partes. 

En  infernal  remolino 

nos  batimos  brazo  á  brazo, 

dispuestos  en  corto  plazo 

á  morir  ó  abrir  camino. 

No  fué  larga  la   agonía; 

combatiendo  sin  cesar 

logramos  al  fin  llegar 

al  Parque  de  Artillería ; 

¡ahí  entonces  la  luz  del  sol 

me  pareció  .más  brillante; 

jqué  orgullo,  en  aquel  instante*, 

tuve  de  ser  españoll 

Eran  pocos;  reunidos 

«n  torno  de  una  bandera 

que  ya  un  harapo  sólo  era; 

rotos,  sangrientos,  heridos. 

En  medio  del  grupo  había, 

espada  en  mano,  un  soldado , 

pálido  y  ensangrentado^ 

que  el  combate  dirigía 


1^8 

con  la  varonil  cabeza 

entre  el  fuego,  altiva  y  sola 

cercada  de  una  aureola 

de  magnífíca  belleza. 

Junto  á  los  héroes  yacian 

cadáveres,  cuyos  ojos 

mirar  con  ira  y  enojos 

al  invasor  parecían. 

Tres  veces  seguidas,  tres, 

aniquilar  intentó 

aquel  baluarte,  y  huyó 

el  ejército  francés. 

Pero  ¡ayl  al  ñn  pudo  más 

la  traición  que  el  heroísmo  ^ 

y  allí  cayó  el  patriotismo 

á  mansalva  y  por  detrás. 

De  su  infame  traición  ciertos 

pronto  gritaron :  «¡Victorial» 

y  en  aquel  campo  de  gloria 

sólo  hubo  un  montón  de  muertos. 

(Breve  pausa,)- 

Hable  usted  de  compasión 

cuanto  quiera;  mi  piedad 

*se  ha  trocado  en  crueldad, . 

y  en  piedra  mi  corazón. 

Ante  la  sangre  vertida, 

ante  mis  muertos  hermanos, 

no  gimo,  buscan  mis  manos 

con  ansia  el  arma  homicida ; 

la  sangre  enemiga  vierto , 

y  ni  cejo  ni  perdono; 

sólo  arrancar  ambiciono  ^ 

mil  vidas  por  cada  muerto. 


59 
ESCENA  XI 

MARÍA,  JUAN,  DON  FERNANDO,  ANDRÉS  y  LUIS. 
(Al  principiar  la  escena,  Joan  trae  una  luz  que  coloca  sobre  la  mesa.> 

Luis.      Andrés,  celebro  eacontrarle; 

tengo  con  usted  hoy  deuda 

de*gratitud. 
An».  jPor  favor!... 

Su  buen  deseo  exagera; 

quien  cumple  con  su  deber^ 

en  la  paz  como  en  la  guerra, 

merece  que  se  le  estime, 

mas  no  que  se  le  agradezca. 

¿Y  la  herida? 
Luis.  No  fué  nada ; 

ya  casi  no  me  molesta. 
Ahd.       ¿Podrá  usted  venir  conmigo? 
Luis.      Cuando  quiera  y  donde  quiera. 
And.       Estar  herido,  es  decir 

que  se  estuvo  en  la  pelea; 

y  el^herido,  y  las  personas 

que  le  encubran,  tienen  pena 

de  muerte. 
Luis.  ¿Y  usted? 

María.  ¿No  sabes 

que  á  ti  también  te  condenan?... 
And.       Eso  nada  significa ; 

quizá  muy  pronto  me  tengan 

al  alcance  de  sii  mano; 

veremos  cómo  se  arreglan, 

cuando  estemos  frente  á  frente, 

para  cumplir  la  sentencia. 
María.   ¡Oh  Andrés!  ¿No  fuera  mejor 

que  mi  padre  dispusiera 

que  fuésemos  á  pasar 


6o 

unos  meses  á  la  hacienda 

que  tiene'en  el  campo,  y  tú 

con  nosotros  te  vinieras? 

Nada  mejor  que  estar  juntos. 
D.  Fer.  Me  parece  bien  la  idea. 
And.       No  insistan  ustedes  más; 

suceda  lo  que.suceda 

he  de  cumplir  lo  que  debo. 

(A  Luis*) 

¿Vamos  ya  ? 
Luis.  Cuando  usted  quiera. 

And.      (A,  D.  Femando,) 

Si  alguna  cosa  ocurriere 

ya  ustedes  saben  las  señas, 
t).  Fer.  Conocemos  bien  la  casa. 
María.  ¿Os  podremos  ver  en  ella? 
And.       a  cualquier  hora. 
I>.  Fer.  Que  Juan 

os  acompañe. 
And.  Que  venga 

si  quiere. 
Juan.  ¡  No  he  de  querer! 

D.  Fer.  {A  Juan,) 

Te  vas  ú  la  descubierta    . 

delante  de  ellos ,  ^  entiendes  ^ 
Juan.     Sí,  señor. 
D.  Fer.  Juan ,  que  no  tengan 

un  mal  encuentro. 
Juan.  *  Usted  sabe 

que  soy  la  misma  prudencia. 

( Juan  recoge x  entrega  á  Luis  y  Andrés  sus  ca-^ 
pos  y  sombreros.) 
Luis.      Adiós,  María. 
María.  Adiós,  Luis. 

Luis.      Don  Fernando...  (Hablan  ios  dos,) 
María.  Andrés,  {qué  peaa 

tenernos  que  separar ! 
And.      Ya  le  verás  con  frecuencia. 


6i 

Makía.   ¿Yáti? 

And.  También. 

María.  Que  no  hagáis 

locuras  que  os  comprometan. 
And.      Te  respondo  de  él,  María. 
María  ¿Y  de  ti? 

Ano.  Lo  que  Dios  quiera» 

María.  No,  Andrés;  pediré  á  la  Virgen 

del  Carmen  que  te  proteja. 

(Se  van  todoSy  menos  Marta,  por  la  puerta  dcT 
primer  término  derecha,) 

ESCENA  XII 

MARÍA  y  DON  FERNANDO 

(María  co^re  un  libro  y  se  sienta  á  leer  en  el  primer  término  izquierda p 
á  poco  llega  su  padre,  que  dice  la  siguiente  frase  en  el  umbral  de  la 
puerta.) 

D.  Fer.  Ya  se  marcharon. 

(Pausa; pasea  la  mirada  por  todas  partes;  se  di-- 
rige  al  sillón  que  está  junto  á  la  mesa,  y  se 
sienta.) 

\  Qué  triste 
es  estar  solo ! 

(Pausa;  coge  y  suelta  preocupado  los  objetos  de- 
la  mesa  y  arregla  el  pábilo  déla  luf,) 
No  acierto 
á  moverme  ni  á  hablar  alto. 
(Otra pausa;  se  vuelve,  sin  levantarse,  hacia  Ma- 
rta, á  quien  contempla  en  silencio,) 
¿Qué  haces,  hija  mía? 
María.  ,   Leo 

este  libro  de  oraciones. 
Y  usted ,  ¿en  qué  piensa? 
D.  Fer.  Pienso 

en  que  ha  dicho  no  sé  quién 
que  cada  hombre  es  un  misterio, 


t>2 

y  es  la  verdad;  y  si  no. 
^cómo  te  explicas  tú  esto? 
E^ta  mañana,  tu  boda 
me  entristecía  en  extremo; 
la  casa,  tan  animada, 
se  me  antojaba  un  infíerno; 
no  quería  ver  á  jiadic; 
irritaban  mi  mal  genio 
cuantos  me  hablaban,  y  yo 
les  respondía  gruñendo; 
gozaba  en  la  obscuridad, 
me  deleitaba  el  silencio    . 
y,  estar  inmóvil  y  solo 
sin  pensar,  era  mi  anhelo. 
Pues  bien;  ahora  me  sucede 
todo  lo  contrario:  siento 
que  al  ñn  no  te  hayas  casado; 
que  el  sol  no  luzca  en  el  cielo; 
que  no  esté  aquí  con  nosotros . 
medio  Madrid  por  lo  menos, 
para  charlar  por  los  codos 
y...  ¡vamos!  que  no  me  encuentro 
tampoco  á  gustó  esta  noche, 
y  á  mi  pensar  me  entristezo 
por...  porque  sí. 

ESCENA  XIII 

MARÍA,  DON  FERNANDO  y  CURRO 

Curro  entra  de  puntillas  y  se  dirige  á  Don  Fernando,  con  qoieaiiaUa 
á  media  voz;  Marfa  vuelve  á  su  lectura. 

Curro.  Don  Fernando. 

D.  Fer.  ¿Qué  ocurre? 

Curro.  Que  ahí  les  tenemos, 

D.  Fkr.  ¿a  quién? 

Curro.  Pues,  á  los  franchutes. 

D.  Fer.  ¿Qué  dices? 

Curro.  Ni  más  ni  menos. 


(•3 

Equivocaron  las  señas, 

y  llamaron  los  zopencos 

en  ese  jardín  que  está 

frente  por  frente  del  nuestro; 

bajaron  á  abrir,  y  mientras 

deshicieron  el  enredo 

me  enteré  de  cabo  á  rabo 

de  todo  lo  que  dijeron. 

Saben  que  Andrés  tiene  aquí 

amistad  y  parentesco, 

y  nos  vienen  á  prender. 
D.  Fer.  ¿Qué  hacemos,  Curro? 
Curro.  ^'Qué  hacemos?... 

pues  la  cosa  es  bien  sencilla; 

sin  pérdida  de  momento , 

usted  y  la  señorita 

toman  las  de  Villadiego. 
D.  Fer.  ^-Tú  te  vendrás  con  nosotros? 
Curro.  No,  señor;  que  yo  me  vuelvo 

al  jardín  á  todo  escape. 
D.  Fbr.  (i'Qué  intentas? 
CtJRRo.  Entretenerlos 

como  Dios  me  dé  á  entender, 

don  Fernando,  y  ganar  tiempo 

para  que  escapen  ustedes. 
D.  Fer.  ¿Y  tú? 
Curro.  Iré  á  buscarles  luego. 

(Se  oyen,  fueray  fuertes  y  repetidos  golpes,) 
María.  (Asustada,)  Padre,  llaman. 
D.  Feb.  (Con  misterio,)  Calla  y  vente 

conmigo. 
María.  jDivinos  cielos! 

¿qué  pasa? 
D.  Feb.  Ya  lo  sabrás; 

ahora  sigúeme  en  silencio. 
Curro.  Pronto.  (María y  don  Fernando  se  dirigen  á  ¡a 

puerta  del  primer  término  derecha  ) 
D.  Fer.  Que  te  espero,  Curro. 


64 

Curro.  Bueno,  señor. 

D.  Fer,  (Al  ir  á  desaparecer,)  Que  te  espero. 

ESCENA  XIV 

« 

CURRO 

(Una  vez  solo,  Curro  se  va  de'  puntillas  por  el  foro.— La  escena 
queda  sola  durante  algún  tiempo.— Después  de  un  buen  rato  de- 
haber salido  Curro,  se  oye  un  tiro ;  de  allí  á  poco,  otro;  luego  ^ 
dos  á  la  vez.  Estos  disparos  deben  ser  muy  poro  ruidosos.— 
Transcurren  algunos  segundos,  y  aparece  de  nuevo  Curro ,  por  la 
puerta  del  foro,  herido  y  tambaleándose.) 

Curro.  Han  desperdiciado  un  tiro; 
bastaba  con  el  primero. 
De  dos  y  yo  he  tumbado  á  dos ; 
gano  por  un  tanto  el  juego. 
(Apaga  la  lu^^y  arrastrándose  penosamente  llega 

á  la  puerta  del  forOj  cerrándola  con  grandes 

esfuerzos,) 
Ahora,  cuando  entren  aquí, 
no  hallarán  á   nadie»  (Cae  muerto  contra  la. 

puerta.) 

ESCENA  XV 

CURRO  y  DON  FERNANDO 

(Don  Fernando  aparece  en  la  puerta  por  donde  salió ,  se  dirige  at 
foro,  tropieza  con  el  cuerpo  de  Curro,  se  inclina ,  le  reconoce  y 
exclama : ) 

D.  Per,  ¡Muerto!' 


FIN  DEL  ACTO  SEGUNDO 


ACTO  TERCERO 


Habitación  modestísima ;  puertas  laterales  y  una  ventana  grande 
en  el  foro.  A  la  izquierda  del  actor,  una  imagen  de  la  Virgen  de 
los  Dolores. 


ESCENA  PRIMERA 

ANDRÉS,   JUAN  y  LUIS 
(Juan  y  Luis,  á  la  izquierda;  Andrés,  á  la  derecha,  escribiendo.) 

Juan.  -  Para  que  amanezca,  falta 

mucho  tiempo  todavía. 
Luis.      ¡Qué  hermosa  noche! 
Juan.  Sí;  pero 

las  mañanas  son  muy  frías. 

Vaya  usted  á  echarse  un  poco. 
Luis.      ¿Para  qué?...  no  dormiría. 
Juan.     Y  tu,  Andrés,  ¿cuándo  concluyes 

esas  cartas? 
Ano.  En  seguida. 

(Dictándose y  escribiendo,) 

t...  Hay  que  sublevar  en  masa 

>á  todas  nuestras  provincias; 

>que  el  grito  de  independencia 

•España  entera  repita, 

»y  resuene  en  nuestros  campos, 

•en  las  aldeas  y  cimas 

>de  nuestras  libres  montañas 


66 

»en  tantas  guerras  invictas. 

»A  todas  partes  llevad 

»la  imagen  sangrienta  y  viva 

»de  este  glorioso  y  terrible 

»Dos  de  Mayo,  que  atestigua 

»que  el  valor  de  nuestros  padres 

»aün  en  los  hijos  palpita. 

•  Decid  á  nuestros  hermanos 

}»que  Madrid  perece  victima 

»de  la  perfidia  francesa, 

»que  España  gime  cautiva, 

»que  su  honra  es  nuestra  honra, 

»que  en  nuestros  esfuerzos  fia 

»su  libertad  y  grandeza , 

»y,  por  causa  tan  bendita 

»y  justa,  debemos  todos 

•arriesgar  hacienda  y  vida.» 

He  terminado.  Estas  cartas, 

asi  que  haya  entrado  el  día, 

quiero  que  las  lleve  usted 

á  quienes  van  dirigidas. 

(Entrega  las  cartas  á  Juan ,  que  se  las  guarda,) 
Juan.      ¡Ahí  Mientras  tú  en  fomentar 

la  guerra  sólo  meditas, 

en  el  viento  de  la  noche 

llegan  claras  y  distintas 

á  estos  sitios  las  descargas 

con  que  á  los  nuestros  fusilan. 

(Señalando  á  la  ventana,) 

¿No  las  oyes?...  A  pequeños 

intervalos  repetidas, 

anuncian  con  ronco  estruendo 

que  expirantes  caen  cien  victimas. 

Al  través  de  las  tinieblas, 

desde  esa  ventana  mira, 

y  verás  las  resplandores 

de  los  disparos. 
And.  Daría 


67 


JIdan. 
And. 

X.UIS. 


fUAN. 

-And. 
Juan 


And. 
Juan. 

^ARÍA. 

And. 
Xuis. 


por  tomar  pronta  venganza, 

si  las  tuviera,  cien  vidas. 

¿Será  fecunda  la  sangre 

hoy  á  torrentes  vertida? 

Ño  lo  dude  usted ;  la  hora 

del  desquite  se  aproxima. 

¡Ah!  Si;  no  pueden  quedar 

sin  castigo  tanta  inicua 

crueldad  y  tanta  infamia, 

ó  en  los  cielos  no  hay  justicia. 

(Se  oye  llamar  al  exterior  de  ia  casa.) 

(A  Andrés,)  ¿Has oído? 

Si;  han  llamado. 
(Dirigiéndose  á  la  ventana.) 
¿Quién  será?  (Se  asoma.) 

No  se  divisa 

más  que  un  bulto. 

Pues  pregunte. 

(Gritando.)  ¿Quién  llama? 

(Dentro.)  Soy  yo. 

I  i  María ^• 


ESCENA  II 

ANDRÉS ,  JUAN .  LUIS  y  MARÍA 

^<Jaaii  sale  á  abrir  y  vuelve  con  María;  mientras  tantp,  Andrés 
y  Luis  han  estado  asomados  á  la  ventana. ) 


t^uis.      ¿Qué  ocurre? 

And.  ^  Por  qué  ese  llanto  ? 

JMaría.  (^So//ofanio.;  Mi  padre... 

And.  ¿Qué  ha  sucedido? 

María.  (Con  hipo. )Ptoso...  preso... 

«Luis.  ^^e  han  prendido 

los  franceses? 
iüAN.  ¡Ciclo  santo! 


68 

María.   ¡Padre  mío!... 

JoAfi.  Vamos,  calma; 

tranquilízate^  hija  mía.  .^ 

And.       Pero,  ¿cómo  fué,  María? 
Luis.      Dínoslo. 

María.  ¡Padre  del  almaj 

And.        Habla. 
María.  Salisteis,  y  allí 

nos  quedamos  él  y  yo 

solos;  á  poco  llegó 

Curro,  y  hablaron;  yo  oí 

llamar;  mi  padre,  en  seguida, 

.seapercó  á  mí;  «calla  y  vente» ^ 

me  dijo;  é  inmediatamente 

nos  pusimos  en  huida. 

No  fué  muy  largo  el  camino; 

pues,  en  la  calle  cercana, 

llamó  quedo  á  la  ventana 

de  la  casa  de  un  vecino; 

me  conñó  á  s\i  cuidado 

mientras  él  iba  á  buscar 

á  Curro  y  á  averiguar 

lo  que  en  casa  había  pasado. 

Tras  los  vidrios  de  la  reja 

me  puse  al  punto  en  acecho, 

febril,  palpitante  el  pecho,     \ 

sin  exhalar  ni  una  queja; 

de  allí  á  poco  oí  el  disparo 

de  un  tiro...  y  otro  después... 

y  luego  dos...  ¡ay,  Andrés! 

¡qué  angustia!  ¡qué  desamparo! 

yo  no  sé  lo  que  sentí 

cuando  entre  tanto  soldado 

vi  á  mi  pobre  padre  atado 

pasar  delante  de  itíi; 

perdían- el  acto  el  sentido,  - 

y,  apenas  lo  recobré, 

aquella  casa  dejé         -^  • 


69 

y  corriendo  aquí  he  venido. 

Luis,  Andrés...  ¡por  compasión! 

Salvad  á  mi  padre. 
Luis.  Fía 

en  nuestro  esfuerzo,  María. 
And.      Por  lograr  su  salvación 

hemos  de  hacer  sin  tardanza 

cuanto  pueda  nuestro  brío. 
María.   ¡Oh  sí,  en  vosotros  confíol 
And.       Si;  no  pierdas  la  esperanzal 

Juan...  Luis...  los  dos;  ya  propicias 

ó  adversas,  con  prontitud 

y  con  toda  exactitud, 

traedme  cuantas  noticias 

sea  posible  recoger 

de  don  Fernando;  aquí  espero. 
Luis.      Vamos,  Juan. 
Juan.  Sí,  vamos;  pero... 

¡ya  lo  puedes  suponer! 

ESCENA  III 

^^    ANDRÉS  y  MARÍA 

t 

María.  ¿Qué  ha  dicho? 

And.  Nada.  Cálmate,  María. 

María.  No  me  engañes  >  Andrés ;  por  Dios  te  ruego 
que  no  me  ocultes  la  verdad.  Sería     ^ 
criminal  mi  abandono,  y  moriría 
desesperada  y  blasfemando  luego.     . 
Si  ha  de  morir,  dejadme  ir  á  su  lado, 
que  le  hable,  que  le  escuche,  que  me  vea; 
que  no  piense  que  yo  le  he  abandonado; 
que  en  trance  tan  horrible  y  desdichado 
yo  su  consuelo  en  su  agonía  sea. 

And.       No  morirá. 

JMTaría.  Ya  nada  bueno  auguro. 


70 

And.       No  morirá. 

María.  Cuando  de  aquélla  suerte 

fué  preso  y  arrastrado,  de  seguro 

la  muerte  le  darán. 
And.  Pues  yo  te  juro 

que  salvaré  á  tu  padre  de  la  muerte.    ' 
María.    ¡Andrés!  ¡Andrés! 

And.  Despierta  á  la  esperanza^ 

María.  ¿Quizá  su  salvación  está  en  tu  mano? 
And.       Maria,  á  poco  mí  poder  alcanza; 

pero,  por  esta  vez,  ten  confianza. 
María.  ¿Será  verdad? 

And.  No  juro  nunca  en  vano. 

Makía.   ¡Qué  bueno  eres,  Andrés!  ¡Y  yo  tan  ciega 

que  tu  alma  generosa  no  veía! 

¡Cómo  el  destino  con  nosotros  juega! 

¡Tengo  la  dicha  junto  á  mí ,  y  se  entrega 

á  un  bien  dudoso  el  corazón! 
And.  María, 

¿qué  dices? 
María.  Déjame  que  en  este  instante 

te  exprese  con  verdad  mi  sentimiento; 

no  me  juzgues  ni  creas  inconstante: 

hoy  por  primera  vez  me  siento  amante, 

hoy  por  primera  vez  el  amor  siento. 
And.       El  dolor  te  trastorna. 
María.  No  lo  creas; 

nunca  en  mi  alma  como  ahora  han  sido 

tan  claras  y  precisas  las  ¡deas; 

mírame  cara  á  cara,  porque  l^as 

lo  que  hasta  hoy  en  mis  ojos  no  has  leído» 
And.       ¡María! 
María.  Fui  inexperta,  fui  inocente; 

te  llamaban  mi  hermano,  y  como  hermana 

creía  que  te  amaba  ciegamente ; 

hasta  que  he  comprendido  de  repente 

ese  funesto  error  esta  mañana. 
And.      ¡Calla!  ¡calla,  por  Dios!  porque  imagino 


71 

que  dictan  tus  palabras  mi  promesa. 

María.   La  fícción  aborrezco  y  abomino ; 

¿por  qué  ese  pensamiento  tan  mezquino 
cuando  mi  amor  el  labio  te  confíesa? 
No  es  un  ciego  egoísmo  el  que  me  inspira^ 
ni  el  agradecimiento  el  que  me  inñama, 
es  el  amor;  y  si  lo  dudas,  mira... 
¡que  perezca  mi  padre  si  es  mentira  I 
¿Dudas  aún  de  que  mi  pecho  te  ama? 

Ano.       ¡Gracias!  ¡gracias,  Dios  miol  ¡Has  apartado 
de  mis  labios  el  cáliz  de  amargura  I 
¡Amar  inmensamente  y  ser  amado!... 
El  dulzor  de  la  vida  ya  he  gustado. 
¡Y  en  qué  instante  me  ofreces  la  ventura! 

María.   ¡Andrés!  ¡Andrés! 

And.  ¿Será  cierta,  María, 

esta  dicha  que  tanto  codiciaba? 

María.   ¡Que  si  es  cierta!...  ¿Lo  dudas  todavía? 

And.       ¡Oh!  ¡qué  felicidad! 

María.  ¡  Yo  no  sabia 

cuánto  te  amaba,  Andrés,  cuánto  te  amaba! 

El  afecto  tranquilo  y  confiado, 

la  vida  de  familia  sin  enojos, 

la  costumbre  de  verte  aquí  á  mi  lado, 

como  á  Juan  y  á  mi  padre,  han  ocultado 

el  amor  tantos  años  á  mis  ojos. 

Pero  existía  en  mí  este  sentimiento, 

existía;  y  la  fiebre  abrasadora 

de  este  día  de  lucha  y  sufrimiento, 

tanta  ansiedad,  el  choque  violento 

de  tantas  penas  como  el  alma  llora 

y  el  estrago  terrible  de  la  guerra, 

sacudieron  con  furia  mis  entrañas 

y  surgió  esta  pasión  que  el  alma  encierra  ^ 

cual  surge  en  los  temblores  de  la  tierra 

el  volcán  que  corona  las  montañas. 

And.       ¡Cuánto  dolor,  cuánto  pesar  y  cuánto 
martirio  este  momento  recompensa! 


72 

¡Amar  sin  esperanza,  sufrir  tanto, 

y  de  pronto  gozar  el  dulce  encanto 

de  una  dicha  tan  honda  y  tan  inmensa! 

Porque  tú  no  lo  sabes;  yo  te  amaba 

como  á  un  ángel  del  cielo  cuando  niño; 

joven,  en  contemplarte  me  extasiaba, 

y  en  amor  invencible  se  trocaba 

el  de  la  infancia  fraternal  cariño. 

Siempre  he  tenido  de  mi  amor  conciencia; 

siempre,  siempre  te  amé;  siempre  he  pensado 

consagrarte  á  ti  sola  la  existencia; 

te  amaba  en  tu  insensible  indiferencia; 

á  otro  querías...  y  también  te  he  amado. 

Por  ti  mi  corazón  se  sacriñca; 

como  el  fuego,  mi  amor  voraz  se  extiende; 

la  escoria  con  sus  besos  purifica, 

da  luz ,  fuerza ,  calor  y  vi  vinca, 

nace  en  la  tierra  v  hacia  el  cielo  asciende. 
Muría.  Piensa  en  mi  padre,  Andrés. 
And.  Tuya  es  mi  alma, 

mi  existencia  también  tuya,  María; 

por  tu  felicidad  daré  con  calma 
la  sangre  de  mis  venas ,  y  la  palma 

<íq1  martirio  veré  con  alegría. 
Ta  no  me  importan  penas  ni  dolores; 
rseré  animoso  ante  la  adversa  suerte , 
mx  corona  de  espinas  tendrá  flores, 

endulzarán  mis  odios  tus  amores 

y  con  valor  arrostraré  la  muerte. 
"María.  No  me  hables  de  morir;  tan  sólo  anhelo 

que  salves  á  mi  padre,  y  ¡qué  felices 

podremos  ser! 
And.  ¡Felices!...  sí...  ¡en  el  cielo! 

María.  Y  en  la  tierra. 

And.  En  la  tierra  todo  es  duelo» 

sangre  y  desolación. 
María.  Andrés,  ¿qué  dices? 

And.       ¡Ayl  si  supieses  la  tremenda  lucha 


73 

que  entre  mi  corazón  y  mi  albedrio 
se  libra  en  este  instante!...  porque,  escucha, 
aunque  por  ti  mi  abnegación  es  mucha, 
algo  protesta  en  mi,  y  á  pesar  mío. 
Es  mi  amor,  si,  mi  amor  que,  violento, 
egoísta  y  cruel,  me  grita  y  llama, 
y,  con  terrible  y  angustiado  acento: 
thuye,  dice,  al  peligro  y  al  tormento, 
y,  pues  eres  dichoso,  vive  y  ama». 
¡Es  tan  grata  y  tan  bella  la  existencia 
después  de  haber  luchado  y  padecido!... 
¡Ay!  ¡cómo  renunciar  á  tu  presencia! 
¡cómo  aceptar  una  tan  larga  ausencia 
cuando  apenas  tu  amor  he  conocido! 

María.  No  te  comprendo,  Andrés;  si  de  la  muerte 
librares  á  mi  padre  sin  ventura, 
¡cuánto  mi  corazón  no  ha  de  deberte ! 
pero,  muriendo,  seguiré  su  suerte 
y  perderás  mi  amor  y  mi  ternura. 

And.      ¿Tú  morir?...  ¡  Ah!  no  abrigues  más  temores; 
pronto  á  tu  padre  abrazarás  gozosa; 
pasarán  de  esta  guerra  los  horrores, 
vendrán  horas  de  paz,  tiernos  amores 
serán  tu  encanto  y  vivirás  dichosa; 
y  mi  recuerdo  llenará  tus  días 
sin  que  pueda  borrarlo  ningún  hombre; 
á  mí  me  deberás  tus  alegrías , 
las  esperanzas  tuyas  serán  mías 
y  con  fervor  pronunciarás  mi  nombre.  , 
¿Tú  morir?...  ¡Ahí  perdóname,  María, 
si  dudé^  si  temí;  Dios  igualmente 
el  cáliz  del  dolor  apartó  un. día 
de  sus  labios,  y,  al  verse  en  la  agonía, 
dobló  abatido  la  divina  frente. 


74 
ESCENA  IV 

ANDRÉS ,  MARÍA  y  JUAN 

María.   ¡Ohl  ¡Juan!  ^ Traes  noticias? 
Juan.  Sí. 

And.       Diga  usted  pronto  por  Dios, 

qué  ha  averiguado. 
María.  (Viendo  que  trata  de  separar  á  Andrés.) 

A  los  dos. 
Juan.      ¿A  los  dos?...  No;  (á  Andrés)  sólo  á  ti, 
María.  (Con  ansiedad.) 

Y  á  mí,  Juan. 
Juan.  De  ningún  modo. 

María.  (Atemorizada,) 

i  Le  han  matado,  Virgen  mía ! 
Juan.      No  ha  muerto. 
And.  Hable  usted;  María 

debe  de  saberlo  todo. 
Juan.      ¿Tienes  el  juicio  cabal? 
And.       He  ofrecido  no  ocultarla 

la  verdad. 
Juan.  ¿Quieres  matarla? 

And.       Más  cruel  y  más  mortal 

es  el  silencio  traidor 

que  por  la  espalda  nos  hiere ; 

María ,  como  yo,  quiere 

ver  cara  á  cara  el  dolor. 

Además,  si  don  Fernando 

vive  aún,  se  salvará; 

hable  usted,  que  nos  está 

con  su  silencio  matando. 
Juan.      Sea,  pues  que  así  lo  quieres. 

Pasé  por  el  Prado;  allí, 

montones  de  muertos  vi 

de  hombres,  niños  y  mujeres. 

A  la  gente  se  fusila 


1^ 

sin  auxilio  de  la  cruz, 
de  grupo  en  grupo,  á  la  luz 
de  un  farol,  puestos  en  ñla. 
Apartando  con  horror 
la  vista  de  tanto  mal, 
dirigime  al  Principal 
por  saber  de  mi  señoi*. 
El  jardín  de  casa  abierto 
vi  al  pasar,  y,  entre  el  tumulto 
de  la  gente  medio  oculto, 
que  á  Curro  sacaban  muerto. 
And.       ¿Ha  muerto  Curro? 
JüAN\  Luchando 

como  un  héroe;  por  salvarle, 
y  sin  duda  por  vengarle, 
prendieron  á  don  Fernando. 
María.  (Cuántas  desgracias! 
Juan.  Seguí 

mi  camino,  y,  al  fín  de  él, 
la  verdad  fué  más  cruel 
de  lo  quedantes  presumí. 
Entre  un  grupo,  cuya  suerte 
leí  en  su  aspecto  sombrío, 
vi  á  don  Fernando. 
María.  ¡Dios  mío! 

And.       ¿Le  han  condenado?... 
Juan.  Sí;  á  muerte. 

María.   ¡Padre  del  alma! 
Juan.  Altaneros, 

tranquilos,  y  custodiados 
por  numerosos  soldados, 
estaban  los  prisioneros, 
esperando  la  brigada 
que  los  iba  á  conducir 
hasta  el  Prado. 
María.  ¡Va  á  morir, 

Santo  Diosl 
And.  No  temas  nada. 


76 
María.   | Sálvale! 


And. 

Sin  duda  alguna. 

Juan. 

En  este  instante  quizá 

hacia  el  patíbulo  va; 

no  hay  esperanza. 

And. 

Sí;  hay  una. 

{Con  solemnidad,) 

Juan. 

^Cuál? 

And. 

Esperadme  los  dos. 

{A  Marta.) 

juré  que  le  salvaría 

y  le  salvaré,  Maria. 

Juan. 

¿Cómo? 

And. 

Como  quiera  Dios. 

Juan. 

Andrés,  no  quiero  que  partas. 

María. 

¡Qué!  ¿No  lé  dejas  marchar? 

And. 

No  se  olvide  de  llevar 

á  su  destino  esas  cartas. 

Juan. 

Creo  en  tus  ojos  leer 

una  decisión  funesta. 

And. 

Acabemos. 

Juan. 

Pues  contesta; 

¿.qué  es  lo  que  piensas  hacer? 

And. 

Urge  el  tiempo. 

Juan 

No  te  irás. 

María. 

¿Que  no  se  irá? 

Juan. 

Escuchar. 

And. 

No. 

María. 

¡Matas  á  mi  padre! 

Juan. 

¡Yo! 

María. 

Sí;  tú  le  matas. 

And. 

Atrás. 

Juan. 

Andrés ,  no  me  desesperes ; 

te  he  dado  casa  y  abrigo, 

mi  pan  compartí  contigo. 

me  debes  vida  y  cuanto  eres , 

por  ti  arrostré  mil  pesares ; 

y  ahora,  que  á  la  vejez  llego, 

77 

¿me  abandonarás?...  Te  ruego, 

cual  te  amparé,  que  me  ampares. 
And.      Se  me  parte  el  corazón, 

pero  no  la  voluntad. 
María.   ¿Será  tarde?...  jQué  ansiedad! 
Juan,      No  vayas;  ¡por  compasión! 
And,       Paso ;  todo  inútil  es 
Juan.      Ve  estas  lágrimas. 
Añd.  .  Ya  el  día 

no  tardará.  Adiós ,  María. 

Adiós,  Juan. 
Juan.      (Siguiéndole.) 

¡Andrés,  Andrés! 

ESCENA  V 

MARÍA 

Ya  se  fueron;  ¡qué  agonía! 

¡Cuánta  siniestra  negrura! 

¡Cuántas  olas  de  amargura 

invaden  el  alma  mia ! 

(Se  asoma  á  la  ventana.) 

Ni  el  más  ligero  rumor 

en  la  obscuridad  se  advierte... 

El  silencio  dé  la  muerte 

causara  menos   horror... 

Todo  negro,  todo  en  calma... 

eterna  noche  de  duelo... 

¡Cuántas  sombras  en  el  cielo! 

¡Cuántas  sombras  en  el  alma! 

(Pausa.) 

Pasa  el  tiempo... 

(Dirigiéndose  á  la  imagen  de  la  Virgen,} 

Virgen  pura , 
gloria  y  esperanza  nuestra, 
á  quien  el  cielo  nos  muestra 
como  faro  de  ventura; 


7» 

túy  que  amparas  y  proteges 

á  justos  y  á  pecadores, 

apiádente  mis  dolores; 

Madre  mía,  no  me  dejes 

huérfana  y  sola  en  la  vida ; 

ten  compasión,  ten  clemencia 

y  á  mi  padre  la  existencia 

sálvale,  Virgen  querida. 

En  ti  espero,  en  ti  confío 

y  en  el  que  llevaste  un  día 

en  tus  entrañas, 
D.  Fer.  (Dentro.)  María. 

María.  ¿Esa  voz?...  {éll 

(Entra  D,  Femando  y  se  abra  jan,  J 

;  Padre  mío! 

ESCENA  VI 

MARÍA  DON  y  FERNANDO 

María.   ¡Libre!. .«  La  Virgen  del  cielo 
ha  escuchado  mis  plegarias; 
gracias,  gracias.  Madre  mía. 
¿Y  Andrés? 

D.  Fer.  ¿Andrés? 

María.  De  esta  casa 

salió  ha  poco. 

D.  Fer.  ¿Dónde  ha  ido? 

María.  Al  saber  que  usted  estaba 

preso  y  condenado  á  muerte^ 
secó  piadoso  mis  lágrimas, 
jurándome  que  él  podía 
salvarle ;  y,  sin  más  tardanza, 
se  marchó  con  tal  objeto 
no  ha  mucho. 

D.  Fer.  ¡Cosa  más  rara! 

María.   ¿No  le  vio  usted? 

D.  Fer.  No  le  he  visto. 


r 


79. 

María.  Entonces,  padre,  ¿á  qué  causa 
debe  usted  el  estar  libre? 
¿Qué  ha  pasado? 

D.  Fer.  Calla ,  calla... 

deja  que  recuerde...  Temo 
comprender...  Sí,  sí;  marchaba 
yo  con  otros  infelices 
entre  dos  ñlas  compactas 
de  soldados,  cuando  un  hombre, 
el  rostro  envuelto  en  la  capa, 
se  fué  xil  jefe  de  la  escolta 
y  hablaron  breves  palabras; 
después,  el  jefe,  mandándome 
desatar,  dijo  en  voz  alta: 
—  «Estás  indultado  y  libre; 
puedes  marcharte  á  tu  casa.i 

María.   ¿Y  ese  hombre?... 

D.  Fer.  No  sé  quién  era; 

los  soldados  me  cercaban, 
la  noche  era  aún  muy  obscura 
y  él,  lejos,  se  recataba. 

María.   Sería  Andrés. 

D.  Fer.  ¡Oh!  sí,  ha  sido 

Andrés!... 


ESCENA  Vil 

MARÍA ,  DON  FERNANDO  y  JUAN 

(Juan^  que  ha  oído  las  ultimas  palabras  anteriores,  entra 
apresuradamente  j  descompuestos  traje  y  rostro.) 

Juan.  |Le  matan!  ¡le  matan! 

Se  ha  entregado  por  usted. 
D.  Fer.  ¿Qué  dices? 
María.  ¡Andrés  del  alma! 


1 


8o 

JvAN.     (Abriendo  la  ventana,  cuya  viva  luf  del  amanecer 
contrastará  con  la  obscuridad  de  la  escena^ 
Mire  usted. 

(Se  acercan  todos  á  la  ventana  y  miran  al  exte- 
rior.) 
D.  FiR.  Soy  un  cobarde. 

María.  (Cayendo  anonadada  en  los  brafos  de  su  padre.) 

I  Qué  horror  1 
Juan.     (Enarbolando  los  puños.)  ¡Venganza!  ¡venganza! 


Madrid  5  de  Octubre  de  1893. 


FIN    DEL   DRAM.\ 


.* 


BL  DUHANTB  IUGRO. 


OBRAS  DEL  MISMO  AUTOR. 


EN   CN   AGTO. 


Ona  e«iiield«Dela  alf«b4tl««. 

6o  aninul  raro. 

10  qae  le  f«lU  i  mi  miiido. 

Vi  borde  del  predplelo. 

Dot  y  tres...  dos. 

Anror*  de-  liberud. 

Una  CMe  de  ierae. 

líEl  inundo  ^n  nn  arniMiol! 


La  venida- del  Mesías. 
Un  Mllord  de  Ciemposaelos. 
Americanos  de  peg'a. 
Pedro  el  Veterano. 
Bl  retrato  de  Macaría. 
lEl  demonio  de  los  BafosH*! 
La  eomedianta  Raftna. 
El  impuesto  de  g^nerra. 


m   D06   ACTOS 

Uoa  eonversioa  en  diei  minitos.   . 


üo  liberal  como  hay  machos. 
El  CaD-cio.-iAtrás,  paisano! 
Setiembre  dol  16  y  Abril  dol  W. 


tu  Toatro  en  1876!! 
El  principe  Lila. 
Satanás  lí. 
Bl  Diamante  negro. 


EH  Tflfi^ACTrO^. 


La  Almoneda  del  diablo. 
El  paloma  asni. 
La  espada  de  Satanás. 
La  lanrel  de  plata. 


La  asnina  del  ptadoy  sartoela. 
Desde  Cares  á  Flora. 
Los  amores  del  diablo. 


PIEZAS   BILINGÜES. 


De  femater  á  lacayo. 

Les  elecsions  d  an  poblet. 

Un  rato  en  l'hort  del  Santlsslm. 

Gn  les  festes  d  nn  earroj^. 

La  mona  de  Paseaa. 

La  flor  del  eami  del  Gran. 

La  toma  de  Tetnan;  ^  zarsaela. 

Dos  pichoneftdel  Tnria,  '  larsaela. 

La  cotona  d  Alaenas. 

Telémaco  en  I  Albufera,  parodia. 

Una  broma  de  Sabó. 

Una  paella. 

Un  doctor  de  seca. 


Zapatero...  á  tus  zapatos. 
L'ag'ttelo  PalilIagTog^a. 
Nabolaela  d'estin.  ^ 
Carracuca!!! 
La  eomedianta  Rufina. 
El  que  fuigr  de  Den... 
Adán  y  Eva  en  Burchasot, 
Doña  Juana  Tenorio. 
Arros  en  fesols  y  naps. 
Dos  Adans  contra  un  aterp. 
La  ocasio  la  pinten  calva. 
Volantins  en   Chirívella. 
Chavaloyes. 


1  Música  de  D.  Joaqain  Miró* 

2  Id.  Id. 

3  Música  (le  D.^F.  A.  Barblerf» 

4  Id.  del  Sr.  Nieto. 


EL  DIAMANTE    NEGRO 


cuiiTo  cowico-iiRico-rimsTico 


BN  DOS  ACTOS  BN  PROSA  T  VERSO, 


nano  con  n  mnáHinfo  m  wu  obm  fiirciiá 


DON  BAFAEL  MABÍA  LIEBM 


■vsiorfk  ra 


DON  BENITO  DE  MONFORT. 


Estrentdo  con  éxito   extraordinario    en   el  TEATRO   DEL  JARDÍN    DEL 

BUEN  RETITO  e!  7  de  Jallo  de  1876. 


^«^N^^i^* 


MADRID. 

HiraBRTA   m  iOSB  BODBIGDBZ.— «AL VARIO,  tS'. 

1878. 


PERSONAJES.  ACTOKES. 


FLORALBA , Saa.  D.*  Romualda.  Moriones. 

J ABADITA c .  • Pascuala  Cabezas. 

> 

UN  P\JE.   .; M.  Fernandez. 

QUIQUIRIQUÍ Sr.  D.  José  García. 

PEDRO Antonio  Campoamor. 

ROBERTO Carlos  Marrón. 

Tiroleses  de  uno  y  otro  sexo. — Acompañamiento  fantástico.— 
Tres  duendes.  •  •        _ 


Decoraciones  de  D.  Antonio  Bielsa. 
Trajes  de  D.  Dalmacio  Detrell. 
Atrezzo  de  D.  Nicolás  Rodríguez. 
Bailables  de  D.  M.  Muñoz. 


La  acción  en  el  Tirol. 


EsU  obra  et  propiedad  de  D.  ALONSO  6ULL0N,  y  nadie 
podrá,  sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en  España 
y  SUS  posesiones  de  Ultramar,  ni  e'ñ  los  países  con  los  cnalea 
haya  celebrados  ó  se  celebren  en  adelante  tratados  intemacio» 
nales  de  propiedad  literaria. 

Los  comisionados  representantes  de  la  Galería  Lirico-Drami- 
tica,  titulada  El  Teatro,  de  dicho  señor  GULLON,  son  los  exclu- 
sivamente encarg'ados  de  conceder  ó  neg'ar  el  permiso  de  re- 
piesentaciou  y  del  cobro  de  los  derechos  de  propiedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


AL  8EN0R 


DON    FELIPE    DUGAZGAL. 


Dedica  esU  obrilb,  eo  preoda  de  iofiriibla  afecto,  m 
apasiooado  amigo 


ÍHoraet    tíLaiMí.  £iev.a. 


ACTO  PRIMERO. 


SeUa.  Á  i*  derecha,  primer  término,  la  paerU  de  una  cabana.  Un  grran 
peftoa  en  el  eentro  del  teatro,  í  la  Altura  de  la  tevcera  ó  eaarta  ca^a. 
En  lontanansa  caserío. 


ESCENA  PRIMERA. 

CORO  DB  SBFÍORAS  y  PEDRO.  Éste,  pensativo,  i  la  isquierda.  El  coríJ  á 

la  derecha,  cachich«ando. 

MÚSICA, 

Unas.  El  secreto  Pedro 

nos  revelará 

si  se  le  pregunta 

sin  importitnar. 
Otras.  Según  y  eonlbnne, 

qué  es  muy  animal, 

y  si  le  parece 

no  contestará. 
Todas.  Vamos  á  probar, 

vamos  á  probar.  (Acércense  i  Pedro.) 

Hermano  Pedro, 
¿por  qué  se  os  ve 
tan  pensativo? 


—  8  - 

Pedro.  Yo  os  lo  diré. 

Hay  UD  secreto 

que  esclarecer, 

y  annqae  soy  listo 

no  doy  con  él. 
Ck>ao.  El  misterio  no  existe 

más  que  en  ta  mente. 
Pbbeo.  Hay  misterio  en  mi  casa. 

Podéis  creerme. 
Coro.  Para  tales  creencias 

tendrás  indicios. 
Pedro.  Sí  señor,  y  muy  grandes. 

Coro.  Varaos  á  cirios. 

(MistoriosMiMiU  lo  qae  si^ue.    Pedro  rodoftdo  de  1m   campe- 
sinas.) 

I. 

Pbdro.  Cuando  le  roba  la  noche 

al  cíelo  su  hermoso  azul, 
rauda  ninfa  en  áureo  coche 
llega  envuelta  en  negro  tul. 
Llena  el  aire  el  son  de  un  coro 
que  hace  el  alma  extremecer, 
y  se  ve  una  lluvia  de  oro 
dulcemente  descender. 

Pero  invisible 

se  hace  la  lluvia 

antes  que  el  suelo 

llegue  á  tocar, 

y  se  oye  apenas 

el  rumorcillo 

de  plata  y  oro 

que  hace  el  metal. 
Din,  din, 
dan,  dan. 

Como  si  dijera 

para  hacer  rabiar, 

según  yo  colijo 


—  9  — 

por  aquel  compás: 

din,  din, 

dan,  daa, 
me  yerás,  me  yerás, 
pero  no  me*  Catarás. 

GoRO.  Gomo  si  dijera 

para  hacer  rabí»",  etc. 

l^EDRO.  La  fantasma  cansa  njiedo; 

yo  tirito  de  pavor. 
¡Es  un  duende  por  lo  yisto! 
Coro.  ¡Cielo  santo,  qué  temblor! 

(Tiemblan  todos,  apretándose  los  anos  contratos  otros.) 

Todos.  Temblemos,  tej^blemos, 

recemos,  recemos, 

si  no  de  congoja 

me  da  un  patatús. 

¡Ay,  ay,  pobrecilla, 

si  el  duende  me  pilla... 
QuiQ.  Socorro,  socorro. 

Todos.     (Gran  yol)  ¡Los  duendes  ¡Jesús! 

(Sate  huyendo  y  muy  asustado  Qaiqíñriqoi.) 

QuiQ.  ¡Que  me  sigue! 

Coro.  ¿Quiéu? 

QuiQ.  ¡La  sombra! 

Coro.  ¡Ay!  ¡Es  cierto,  mírala!  (Saltando  todos  de  miedo.) 

QoiQ.  ¡Ay!  ¡Que  viene  por  la  izquierda! 

Coro  de  hombres.   (Saliendo.) 

¿Quién  se  asusta? 

Coro  DB  mujeres  y  hombres.      ¡Já,  já,  já!...  (Gran  carcajada.) 

QORO.  Dime,  ¿qué  tienes, 

Quiquiriquí? 
QuiQ.  Mil  sanguijuelas 

en  la  nariz. 
Coro.  ¡Ay,  qué  desgracia! 

Di,  ¿cómo  fué? 


—  40  — 

QuiQ.  En  dos  ^abras 

yo  lo  diré. 

I. 

QuiQ.         (Señalando  i  l«  aarli.) 

Como  ea  lagar  denártces 
tengo  un  pitorro  cual  veis, 
antes  que  beban  mis  labios 
quiere  el  pitorro  beber, 
w.  .  Á  beber  me  eché  de  bruces 

en  la  balaa  que  hfty  allí, 
y  saqué  una  t^eretígena 
donde  tuve  \k  narisl 
Amigciflos  mfos, 
por  amor  de  Dio9^ 
arrancad  los  bicbos 
que  dan  picazón. 

¡Ay,  ay,  ay! 
cuatro  rascáditas 
pido  por  faVdr. 

11. 

QuiQ.  Gomo  en  lugar  de  narices 

con  esta  alcuza  nací 
que  sale  al  doblar  la  esquina 
antes  que  yo  la  nariz, 
á  beber  me  eché  de  bruces 
de  la  balsa  en  el  pilón 
y  se  dieron  las  malditas 
en  mi  alcuza  un  alcuzon. 
Amiguitos  mios 
etc.,  etc. 

Coro.  Pobre  muchacho, 

rabiando  está; 

en  sus  narices 

hay  que  rascar. 

¡Ay, 


— 11  — 

^     qué  risa  que  me  da  á  mi 
el  pobre  Quiquiriquí! 
¡Já,já,já! 
Rasca  que  te  rasca 
te  rasca  hasta  aUl, 
rasca. que  te  rasca, 
¡ay,  Quiquiriquí! 
QuiQ.  ¡Ay,  qué  pena  que  me  da  á  mí, 

ay>  pobre  Quiquiriquí! 


HABUUM. 

QviQ.  Arrancedme  por  Dios  estos  bichos,  aunque  me  arran- 
quen ellos  las  narices.  ¡Y  como  chupan  las  condenadas! 

Pkdeo.     ¡y  que  están  gorditas! 

QuiQ.  Pero  no  están  hartas.  Estas  sanguijuelas  deben  ser  es- 
pañolas. 

Todos.     Já^já!... 

Pedro,    Espera  y  las  echaremos  sal  en  la  cola.  Vé  á  buscarla, 

nina.  (A  ana,  que  se  va  corriendo  y  vaelre.) 

QtijQ.  Guando  vuelva  ya  se  me  habrán  comido  la  mitad  del 
aparato  de  oler!  ¡Ay!  Ya  está  ahí!  (Dando  en  saiio.) 

Varios.   ¿Quién? 

QuiQ.      La  sombra  que  me  persigue. 

Varios.    ¿Dónde? 

QüiQ.       ¡Ay! 

Todos.     ¡Ay!  (SaUan  todos.) 

QuiQ.      No  es  por  allí,  que  es  por  el  otro  lado. 

Pedro.  Tranquilízate  que  nadie  te  acosa,  y  cuenta  con  detalles 
lo  sucedido. 

QuiQ.       ¡Ay,  si  no  puedo!  Qué  dolor  tengo  en  la  tabaquera! 

ESCENA  II. 

DICHOS  y  ROBERTO.  Salé  de  la  choza. 

Roberto.  Te  está  bien  empleado  por  curioso. 


—  12  - 

QuiQ.       No  te  alegres  de  mi  desgracia,  hermano. 

Roberto.  Eso  te  enseñarii  á  respetar  lo  que  no  te  importa. 

Psoao.     Pero  me  importa  á  mi. 

RoliBRTO.  Poco  más  ó  méDos,  io  mismo  que  á  éste.  Esa  ambicioo 

que  te  devora  será  la  causa  de  tu  ruina. 
Pedro.     Pues  sí  señor.  Quiero  descubrir  el  secfeto  que  rodea 

nuestra  casa. 
Roberto.  Mejor  fuera  respetarlo,  puesto  que  así  lo  desea  nuestro 

anciano  padre. 
QuiQ.       Toma,  y  nuestro  padre,  ¿por  quó^  tiene  secretos  para 

nosotros? 
Pedro.     ¿Los  tenemos  nosotros  para  él? 
QuiQ.       Yo  no  le  oculto  nada.  Guando  tengo  hambre  se  lo  digo 

francamente... 
Pedro.     Cuando  tengo  sed  lo  confieso  sin  rodeos... 
QuiQ.      Y  cuando  me  hacen  falta  un  par  de  zapatos  le  digo  que 

me  los  compre. 
Pedro.     Yo  me  los  compro  sin  decírselo. 
QciQ.       Ya  veis  sí  se  puede  ser  más  franco. 
Roberto. En  fin,  desistid  de  vuestro  tenaz  empeño... 
Pedro.     No  señor...  En  nuestra  casa  debe  existir  un  gran  tesoro 

oculto...  Y  es  fuerza  descubrirlo. 
QoiQ.       Yo  quiero  ser  poderoso. 

Pedro.     Y  yo...  Tener  palacios,  jardines,  fiestas,  comidas...  Ti- 
rar de  largo,  en  una  palabra. 
QoiQ.      Y  de  un  coche  si  es  preciso.  (En  serio.) 
Pedro.     Eso  no. 

QüiQ.       Yo  sí...  Ya  me  voy  hartando  de  ir  á  pie. 
Pedro.     Pues  figúrate  lo  que  á  mí  me  pasará  con  esta  bola.  (Mo. 

viéndose  el  abdomen  d»  un  lado  á  otro.) 
QuiQ.         Hombre,  sí  que  debe  ser  molesta...    (Le  da  una  «rran  pal- 
mada en  el  abdomen.) 

Pedro.     ¡Ay!  (Ríen  todos.) 
QuiQ.       Andar  por  el  mundo  con  ese  peso.. . 
Pedro.     No,  si  no  me  incomoda...  Yo  estoy  ágil...  y  ando  con 
mucha  gracia.  Mira  la  prueba.  (Da  un  paseito  srrotesco.) 

QuiQ.         ¡Viva  lo  bonito!  (Rectuebrándole.) 


—  13  — 

Pedro.  Eso  mismo  me  dicen  las  mujeres...  (Sonriendo  candorosa* 
mente.)  Y  hay  uoa...  hay  uoa...  la  más  bonita  de  todas... 

Roberto.  ¡Floralba! 

Pedro.  Tu  novia.. .  Es  decir,  tu  novia  hasta  que  yo  quiera^  por" 
que  se  me  Ggura  que  la  he  flechado. 

Roberto.  ¡Imposible!... 

QuiQ,      Si  Floralba  está  enamorada  de  éste... 

Pedro.  •  Poro  se  fija  mucho  enmi.  Y  me  gasta  unas  bromitas..< 
Anoche  después  de  cenar  salía  yo  alomar  el  fre&co,  res" 
pjrando  fatigosamente^  como  todo  el  que  ha  cenado 
bien...  cuando  me  encontré  á  Floralba...  «Qué  cansado 
estás,»  me  dijo...  Bastante;  la  contesté. — «¿Qué,  te  mu- 
das de  casa?»— No;  ¿por  qué  lo  dices?— «Como  te  llevas 

á  cuestas  la  cómoda...» — (Aludiendo  al  abdomen.)    Y   me 

dio  un  papirotazo  en  la  esfera,  que  me  encantó. 

Todos.     ¡Já,  já,  já!... 

Pedro.     He  conocido  que  me  quiere  mucho. 

QuiQ.      ;En  el  papirotazo? 

Pedro.  Y  en  todo...  ¡Oh!  descubra  yo  el  tesoro,  que  mia  será 
la  mano  de  esa  niña.  . 

Roberto.  Yo  te  prohibo  alzar  los  ojos  delante  de  Floralba. 

Pedro.     El  corazón  es  libre. 

QuiQ.       Y  los  ojos  también. 

Pedro  y  QuiQ.  Y  haremos  de  ellos  lo  que  nos  dé  ia  gana  y  mira- 
remos así...  y  haremos  estos  guiñitos  y  los  pondremos 
en  blanco  y  bizcos  y  tuertos  y  como  nos  parezca... 
y  á  ella  le  gustará  mucho... 

Roberto.  -Imposible!... 

Pedro.     Si  no  que  se  lo  pregunten  á  ella... 

QuiQ.         Aquí  está  Floralba.  (Todos  miran  al  foro.) 


ESCENA  111. 

DICHOS  7  FLORALBA. 
MÚSICA. 

r 

Cofto  GENERAL.  Llega,' Floralba, 


—  ít  - 

pura  y  gentil. 
Ven,  montañesa, 
ven  bacía  aquí. 

(Llaman  todos  con  la  mano.  *Apareee  Floralba  por  el  foro. 
Viste  un  traje  al  eapricho  y  fantasía,  entrelazado  con  rami^®  T 
flores.  Un  pig'arillo  sobre  la  cabeza  y  dos  en  los  hombros.) 

Flor.  Gracias,  amigos, 

gracias  sin  fin. 

(Pedro  y  Roberto  se  aproidman  4  saludarla.  Floralba,  reunién- 
dolos,  les  canta  lo  qne  8ie*ne<) 

Dos  raiseñores 

diéronme  alH  (Señala  ai  eam{.o.) 

estos  consejos 
qne  vais  á  oír. 

I. 

*  Dijo  el  primer  ruisé&or 

que  debe  toda  mujer, 
si  la  requieren  de  amor, 
de  este  modo  responder. 
Busque  otra  comarca 
sí  va  con  mal  fin, 
que  no  somos  bobas 
.     ^.  las  de  por  aquí. 

No  á  mis  paisanítas 

queráis  engañar... 

pues  la  tirolesa 

le  contestará: 

La,  ia^  la  itú  ;^ 

la,ía,  itú, 
somos  previsoras 
las  de  por  aquí. 
La,  la,  la  itu, 

la,  la,  la^ 
saben  defenderse 
las  de  por  acá. 
Todos.  La,  la,  itu,  etc. 


-I».— 


Flor. 


Todos. 


Flor. 


RoseiiTO. 


II. 

Diz  elfiegundo  que  amor 

as  inariposilla  ioGel, 

que  ya  no  pieosa  en  la  flor 

si  ha  libado  con  su  miel. 
Si  la  mariposa 
tiene  un  &lso  amor, 
busque  otras  montañas 
que  las  del  Tiro!. 
Ño  á  mis  paisanitas 
piense  en  engañar» 
pues  la  tirolesa.   . 
le  contestará: 
La,  la,  itu^  etc^ 
La,  la,  itu,  etc. 


QülQ. 


Pedho. 


HABLADO 

Si  no  es  del  alma  antojo, 

las  tintas  del  enojo 

tiñen  de  palidez  ese  semblante.  (Á  Roberto.) 

¡Oh,  yo  las  borraré,  que  mi  alegría 

rasga  de  la  tristew  el  negro  f  eio 

como  rasga  las  sombras  de  la  noche 

la  luz  primera  al  irradiar  el  día, 

de  rosa  y  nácar  esmaltando  el  cielo. 

Gs  Terdad,  mi  Floralba. 

Tu  voz  es  mi  consuelo, 

de  tus  ojos  la  luz,  luz  es  del  alba 

que  el  mal  ahuyenta  de  la  noche  mia. 

(Como  encandilado.) 

(¡Cuan  regraeioaa  esté!  ¡Me  la  comía!) 

(Dándose  cierto  tono.) 

Amaren  este  valle 

donde  se  crian  mozo»4ia  este  talle, 

peligrosillo  es,  porque  loi  celos 


^»!««^*»* 
,-^*'' 


-  16- 

no  dan  sino  amargura  y  sinsabores. 
Flor.  No  dan  sino  agasajo  mis  amores. 

Si  ni  familia  tengo,  ya  lo  sabes, 

que  amargue  mi  pasión; 

sí  que  la  tengo, 

y  con  ella  te  ufanas 

y  mi  pena  ufanándote  mitigas: 

mí  padre  es  Dios,  las  aves  mis  hermanas, 

las  flores  mis  amigas. 

Y  en  lenguaje  privado » 

aves,  flores  y  yo  nos  entendemos. 

Oye  lo  que  ha  pasado. 
Roberto.        La  historia  con  placer  escuchar.  ji,5t. 

QUIQ.  Poesseñor...  (Vai  hablcv.) 

Flok.  Tú  callado. 

QüiQ.  Ya  está  el  cerrojo  ecliado. 

(Poniéndose  dos  dedos  entre  los  labios.) 

Flor.  Al  cruzar  por  esa  vega 

que  frondosa 
manto  de  flores  despliega 
I  caprichosa, 

>  de  un  clavel  la  gallardía, 

\  á  cogerlo 

I  provocó  la  mano  mia. 

I  Presurosa 

¡  lo  separé  de  su  tallo, 

f  y  en  su  cáliz  entreabierto 

]  que  los  céfiros  velaban, 

dejé  impresa  una  caricia. 
Brisa  y  flores  murmuraban... 
a  Pues  lo  besa 
'  con  delicia, 

para  mi  tengo  por  cierto 
í  que  el  clavel  irá  á  Roberto.» 

;  Lo  acertaban. 

t  Mecí  en  el  ambiente 

'  gallardo  el  clavel; 


—  17  — 


'ias  aves  llegaron, 
las  brisas  vinierOD  y 
las  flores  se  alzaron 
dejándome  en  él, 
perfames,  esencias, 
rocín  y  cadencias; 
acepta  el  clavel; 
que  á  par  del  rocío 
de  perlas  del  rio, 
y  esencias  y  flores, 
y  besos  de  amores, 
y  cantigas  suaves 
de  armónicas  aves, 
de  amar  signo  fiel, 
van  dulces,  risueños, 
mis  mágicos  sueños, 
mí  paz,  mi  ternura, 
mi  amante  ventora, 
mi  fe  más  querida^ 
mi  aliento,  mi  vida 
y  el  alma  con  .él. 

ionada  el  clavel  á  Roberto.) 

Mi  labio  la  flor  besa 

y  mi  cariño  tu  cintura  enlaza.  (La  abraza.) 

Es  inmenso  mí  amor...  es  infinito. 

Para  él  el  clavelito, 

y  para  mf...  señor... 

La  calabaza. 
Pues  no  ba  de  salirse  con  la  suya...  Temblando  de  aoior 

be  de  ver  á  mis  pies  á  esa  OrgUlloSa.  (Saena  ana  campan  a. 
Quedan  cuchicheando  Pedro  y  Quiquiriquí.) 

Roberto.  Amigos,  esa  campana  os  llama  al  trabajo  nuevamente. 

(Entra  en  la  casa.) 

Varios.    Adiós,  Floralba. 
Flor.       Id  con  él,  compañeras. 
Pedro.     Palabra,  Quiquiriquí. 

QuiQ.         Dlla.  (Hablan  «I  oido  los  dos' hermanos.) 

2 


UOBERTO. 


Pedro. 

QuiQ. 
Pedro. 


—  18  — 
Roberto.  Espérame  un  momento. 

Flor.  ¿Á  dónde  vas?  (Roberto  ha  salido  trayendo  an  cesto  de 
viandas.) 

Roberto.  Á  llevar  la  comida  á  los  pobres  viejos. 

Flor.       Dichoso  tú  que  tienes  padres,  (viaae  a)  foro.)  Aquí  te 

esperaré. 
Pedro.     ¿Harás  lo  que  mando? 
Qdiq.      De  esta  vez  ó  muerto  ó  poderoso.  Ahora  verás  tú  quién 

es  Calleja.  (Váse  corriendo.)  ' 

Pedro.  (Contoneándose.)  Y  yo  á  enamorar  á  esa  rebelde.  Cupido, 
dame  tus  flechas.  Ninfa  de  las  montañas,  préstame  ia 
armonía  encantadora  de  tu  voz. 

Flor.       Esperaré  á  Roberto  cogiendo  flores  en  el  jardiníllo. 

Pedro.       ¿Floralba?  (Va  &  «ntrar  en  la  choza.) 

Flor.      ¿Qué? 

Pedro  .     Escúchame  un  instante . 


MÚSICA. 

Pedro,  acompañándose  á  i*  gpaitarra,  canta  g^rotesca  y  melancólicamento. 

Pedro.  Si  tú  mí  amor  desdeñas, 

te  juro  y  es  tan  fijo 
como  el  sol, 
que  hoy  mismo  este  botijo 
se  rompe  entre  las  peñas 
delTírol. 
Piedad  de  mí, 
piedad  de  mí. 
Dame  un  dulce  sí. 
Pues  lloro  yo, 
pues  lloro  yo 
No  mj^^áes  un  no. 
Flor.  No,  no  esperes  que  yo  te  mire, 

Perico  amigo, 
con  tal  furor. 
No,  que  en  tanto  que  yo  respire, 


—  i9  — 

Roberto,  diga 
será  mi  amor. 
Pides  y  en  vaoo  ruegas 
á  mis  favores 
poder  Jlegar. 
Yo  sé  que  el  favor  ao  liegas 
ni  mis  amores 
á  conquistar.  . 
Pkdro.  Mira  mi  quebranto, 

mira  mi  llorar. 
Duélate  mi  llanto, 
calma  este  penar. 

(Florálbft  repite  la  letra  que  dice.) 

Á  DÜO. 

Flor.  No,  no  esperes  que  yo  te  mire,  %l 

Pedro.  No,  no  esperes  que  yo  te  mire, 

Perico  amigo, 

con  tai  rencor.    . 
No,  que  en  tanto  que  yo  respire 

prometo  y  digo 

aeras  mi  amor. 
Flor.  (Voy  á  burlarme 

de  este  infeliz.) 
Pedro.  Voy  á  matarme, 

voy  á  morir. 
Flor.  No,  que  mi  mano 

es  para  tí. 


Los   DOS. 


Gomo  el  jilguero 
que  por  el  prado 
dulce  y  parlero 
saltando  va... 
Mr  enamorado 
corazoncito 
de  cahñito 
saltando  está. 


—  fj- 


Aqu¡<  ven^ 

▼en  á  oir^ 

oye  bieo' 

qué  latir. 

¡Qué  saltar, 

qué  temblor! 

¡Mi  temblor 

es  de  amor! 

Flor; 

Es  fuerte  el  ti-tí. 

Pedro. 

Es  fuerte  lel  ta-tá. 

Flor. 

Pues  ven  hacia  mí. 

Pedro. 

Pues  ven  !)ácia  acá. 

Los  DOS. 

Gomo  el  jilguero,  etc 

HABLADO. 

Pedro. 


Flor. 
Pedro. 


Conque  al  fin  la  reina 
de  las  altas  cimas 
que  el  Tirol  protegen 
y  el  Tírol  dominan, 
por  mi  amor  ganada, 
por  mi  amor  herida, 
su  amor  con  su  mano 
me  dá  compasiva. 

(Dengosa.)  Á  ciegaS»  Gupído, 

sus  flechas  envía. ' 
Pues  no  ha  de  pesarte 
Tirolesa  linda. 
Mi  cara  es  graciosa, 
alegre  mi  risa, 
los  ojos  tunantes, 
la  mirada  picara, 
y  el  talle...  no  digo 
que  sea  la  espiga 
que  al  aire  se  mece; 
pero  vamos...  niña, 


fT.": 


iW 


24  — 
es  retrecherillOj^    , 

(Dando  uo  paseito.) 

y  eso  eslá  á  la  vista. 
Soy  rico  en  haciendas, 
que  yo  tengo  viñas, 
yo  tengo  ganados, 
yo  tengo  gallinas, 
yo  tengo  cabritos, 
yo  tengo  cabritas, 
y  pues  yo  te  adore 
y  tú  eres  bonita, 

y  la  reina  eres  *"*  .  '3 

•de  las  nltas  cimas 
que  al  Tiro!  rodean 
y  ni  Tirol  dominan, 
aunque  me  incomoda 
-    y  aunque  me  fastidia 

<Hin€¿nao  la  rodilla.) 

por  causa  del  buche 
doblar  la  rodilla, 
la  doblo  y  te  digo 
c^n  mí  voz  meliflua, 
«dame  un  sí  del  alma, 
tirolesa  mi  a.» 
^LOR.  Levanta  del  suelo 

y  escucha  á  la  niña 
cuyo  pie  recorre 
las  vedadas  cimas 
que  el  Tirol  rodean 
7  ei  Tirol  dominan. 
Cuando  te  despiertes 
por  la  mañanita, 
de  frente  al  espejo 
sin  pasión  te  miras; 
y  así  que  sus  rayos 
verídicos  digan, 
que  es  bella  tu  cara 


■j^f 


—  22  - 

y  alegre  tu  risa, 
tunantes  los  ojos, 
la  mirada  picara, 
y  flexible  el  juego 
de  tu  cinturita, 
▼íenes  aquí  en  súplica 
de  la  mano  mía; 
pero  en  tanto,  Pedro, 
repara  y  medita 
si  es  precio  tu  cara 
de  esta  sonrisilla, 
de  éste  moTimiento, 
de  esta  gallardía, 
de  mis  ojos  garzos 
de  mi  boca  rica. 
Aflígete,  sufre, 
solloza,  suspira, 
maldice,  patea, 
y  rabia  y  suplica, 
pero  no  consigues 
de  la  Floralbílla 
más  que  un  par-  de  pares 
de  calabacitas. 

(Váse  dándole  un  fuerte  gpolpe  en  el  abdomen.  Pedro  rompe  á 
Uorftr  grotescamente  y  con  mucha  fuerxa.) 

ESCENA  IV. 

PEDRO  y  en  segruida  QUIQUIRIQUÍ. 

Pedro.  Me  clavó  en  el  buchecillo 

una  flecha  envenenada. 
No  peca  de  cariñosa 
la  niña...  ¡pero  de  clara! 

( Vuelve  á  llorar  estrepitosamente.) 
QUIQ.         (Sale  azorado.) 

iPedroI  Ay! 

Pedro.  ¡Ay!  (Saltando  los  das  de  miedo.) 


—  28  — 

que  hau  desplegado  en  sas  jaulas. 
Al  eDtrar  yo  se  incorporan 
sin  decir  ni  una  palabra. 
Yo  saludo  y  me  contestan 
rascándose  con  la  pata, 
no  sé  si  el  pico  ó  la  cresta, 
pero  en  fin,  con  mucha  gracia. 

PkDKO.      (Con  ansiedad  creciente.) 

No  divagues,  por  Dios  santo. 

QuiQ.  En  el  centro  de  la  estancia 

▼eo  una  gallina  rubia, 
no  era  rubia,  era  jabada, 
no  era  jabada,  era  negra, 
tan  negra  como  mis  ansias, 
con  el  pico  levantado, 
puestas  en  hueco  las  alas, 
el  ojo  doliente  y  triste, 
quejumbrosa  y  apenada. 
Por  la  actitud  que  tenia 
vine  á  conocer  que  estaba 
en  estado  interesante... 
De  pronto  gime,  se  agacha, 
vuelve  pudibunda  el  pico 
esquivando  mis  miradas, 
hace  un  postrimer  esfuerzo, 
cacarea,  se  levanta, 
y  con  aire  victorioso 
su  pico  al  suelo  señala 
diciéndome:  «ahí  queda  eso» 
mientras  al  nido  volaba. 

Pedro.  Abrevia  la  historia,  hermano. 

QuiQ.  Sobre  amarilleutas  pajas, 

puestas  en  cesto  de  mimbres 
y  adornos  de  filigrana, 
lecho  nupcial  de  la  bfpeda, 
espléndido  reposaba 
un  huevo  de  oro  tamaño. 


—  26  - 


Pedro. 

QoiQ. 

Pedro. 

QülQ. 

Pedro. 

QülQ. 


Pedro. 

QüIQ. 


Ágil  mi  mano  le  agarra; 
sueoa  QQ  tnieaoy  Jas  gallinas 
86  estremecen  en  s  us  jaulas, 
cruje  el  gallinero  todo, 
todo  el  mundo  me  amenaza. 
Á  una  luz  fosforescente, 
de  olor  de  azufre  impregnada, 
veo  aparecer  la  sombra; 
salto  al  suelo  y  ella  salta, 
y  corro  y  corre  tenaz   • 
hasta  las  puertas  de  casa, 
y  ai  verme  libre  supongo 

que  ha  quedado  disipada.  (MirandQ  á  todas  partes.) 

b)6ta  68  la  historia  completa, 
esta  es  h  gloriosa  hazaña; 
'  y  pues  descubrí  el  secreto, 
y  pues  rompí  la  charada, 
y  pues  descifré  el  enigma, 
y  pues  disipé  tus  ansias, 

á  cambio  del  huevo  de  oro  (Presentándolo.) 

dame  un  abrazo  del  alma.  (Se  abrazan.) 
Más  que  la  vida  te  debo.. 
Caliente  está  aún,  repara. 
Es  verdad.  Y  es  de. oro. 

.  De  oro 
macizo... 

Pero  se  ablanda 
con  la  presión. 

Debe  ser 
que  esté  pasado  por  agua, 
pero  cuando  llegue  á  duro. .. 
Ya  se  le  enfría  la  cascara, 
ya  pesa  más... 

¿Y  nd  había 
más  huevo  que  éste? 

Acabaras. 
Á  millones  y  á  granel; 


—  ar- 
las hueverías  de  España, 
que  son  las  más  abundaDtes^ 
con  la  nuestra  comparadas 
son  una  pobre  tortilla*  •   ^ 

Apueste  yo...  un  real  de  plata 
áque  no  hay  quien  rompa 
el  huevo. 

Pedro.     (AtnstMio.)       No  lo  intentes. 

QuiQ.  Vamos,  calla. 

Quiero  si  el  huevo  se  ronipe 
que  venga  aqui  la  fan1»sma. 

(tCstrella  el    haevo  eontra  el    suelo.   Gran   trueno    y    muchas 
TOees' fuera.  Tumulto  y  confusión.) 

Losóos.  ¡Ayl... 

(Huyen  despavoridos.) 


ESCENA  V. 

CORO  GENERAL,  JABADITA  y  PEDRO.  Por  to^os  lados  lleg^an  en  tropel 
los  aldeanos.  Jabadita  viste  un  traje  de  fantasía. 

MÚSICA. 

Coro.  ¿Qué  ocurre,  qué  pasa, 

qué  es  ello,  decid? 
Pedro.  Que  el  cielo  y  la  tierra 

se  quieren  hundir.  (Aparece  Jabadita.) 

Jabadita.  No  es  cierto.  La  causa 

soy  yo. 
Todos.     (Temblando.)    ¡Ay  de  mí! 

¿Quién  sois?  (Váse  Pedro.) 

Jabadita.  Al  instante 

lo  voy  á  decir. 

í. 

Jabadita.  Mi  nombre  es  Jabadita, 

y  mi  linaje 
ya  lo  deja  ver  el  traje 


-28  — 

con  que  por  ei  mundo  voy. 
Mi  madre  es  la  bonita 

gallina  de  oro, 
y  del  mágico  tesoro 
la  heredera  sola  soy.  . 

Guando  la  pluma 

llegue  á  soltar  ' 

y  en  vez  del  feo 

caracacá 

el  castellano 

llegue  yo  á  hablar, 

seré  pollita 

de  sociedad.  -         , 

Haré  monadas 

de  acá  y  de  aquí. 

Bonitos  pollos 

vendrán  tras  mí, 

y  con  mí  cara 

y  á  más  din,  din, 

y  hermosa  reina 

de  los  dandys^  * 
al  mirarme  rica  y  bella  "^ 

y  adorada  aquí  y  allí,  , 

rabiarán  por  mí  de  envidia 
las  pollitas  de  iMadrid. 

Coro.  (Repite  el  estribillo.) 

JaBADITA.  (Yendo  al  foro.) 

Probad,  mis  secuaces, 
que  vengo  de  paz. 
Mis.mariposíllas, 
alegres  bailad. 

(Aparecen  diez  y  seis  mariposas.  Bailete  de  maripojsas ,    «oreado 
y  con  aeompañamieiito  de  liras.) 

CoHo .  .  La  marípusilla 

va  de  flor  en  flor 
porque  es  coqúetilla 
más  que  el  niño  amor. 


-^  29  — 

Bello  un  mariposo 

viene  tras  de  mí. 

Ya  que  es  tan  hermoso 

Je  diré  que  sí.*. 

Siga  la  fiesta^ 

viva  el  amor. 

Ven,  mariposa, 

ven  á  mi  voz. . 


HABLADO. 

Pudro  asoma  la  cabeza  poco  i  poco  por  et  primer  bastidor  de  la  izquierda. 

Jabadita.  No  temáis,  campesinos.  Vengo  de  paz.  Y  tú,  mortal 
usombfadizo,  que  temeroso  de  mis  encantos  te  guareces 
en  el  follaje,  ven  á  mi  presencia. 

Pedro,     (á  aigrunos  campesinos.)  Bso  va  con  alguno  de  vosotros. 

Jabadita.  No  va  sino  contigo.  (¿No  te  inspira  confianza  la  bonda- 
dosa luz  que  ifradia  en  mis  ojuelos?) 

Pedro.     (Parece  buena  persona.) 

Jabadita.  (Uéga  sin  temor,  mi  amigo  Pedro.) 

Pedro.     ;Ah!  Conque  la  cosa  va  con  miquis. 

Jabadita 4  Efectivamente,  va  contiquis, 

Pedro.  Pues  aquí  me  tenéis.  ¿Y  cómo  sabéis  nii  nombre,  sin 
conocerme? 

jAB\DitA.  Y  también  codozco  á  tus  hermanos. 

Pedro.     ¿Los  conocéis  sin  conocerlos? 

Jabadita.  De  algo  ha  de  servirme  el  oficio  de  hechicera. 

Todos.     (Persignándose.)  ¡Ave-María  Purísima! 

Jabadita.  No  os  asustéis.  Vengo  á  labrar  vuestra  dicha.  He  sufri- 
do esclava  harto  tiempo.  ¿Es  mucho  que  quiera  hacer 
felices  á  los  que  me  han  dado  la  libertad? 

Pedro.     ¿Esclava,  dónde? 

Jabadita.  En  el  gallinero  de  vuestra  choza. 

Pedro.     Pues  no  os  he  visto. 

Jabadita.  Cómo  habías  de  verme  si  me  encerraban  los  nítidos  y 
quebradizos  muros. . . 


—  30  - 

Pedbo.     No  sigáis. . .  Estabais  prisionera  entre  las  paredes, 

Jabadita.  De  un  huevecilio  de  tórtola. 

i^EDBo.     ¿Vos?  ¡Pues  eche  usted  huevo! 

Jab4Dita.  Místierios  de  la  hechicería.  Soy  hija  del  ave  de  oro. 

PsDRO.     Cs  decir,  una  pollita  que  me  está  dando  gana  de  aletear, 

de  haeer  la  rueea  y  de...  ¿Y  quién  es  ese  pájaro  dorado? 
Jabadita.  Una  princesa  reducida  á  la  forma  de  ave  por  celos  de 

un  poderoso  encantador. 
Pedro.     De  manera  que  al  desencantada,  le  hemos  hecho  un 

beneflcio  inmenso. 
Jabadita.  Que  sabrá  recompensar  largamente. 
Fedro.     Bendito  sea  mi  hermano  que  dio  en  el  quid.  Permitid 

que  os  lo  presente.  Es  el  más  poqueño  de  la  familia, 

¿Quiquiriquí?  Es  buen  muchacho.  Un  poquillo  feo... 

No  tiene  el  aire  de  &milis  como  yo;  ¿Quiquiriquí?... 

Pero  en  fin,  no  todos  han  de  nacer  con  esta  suerte... 

(Paseándose.)  ¿Quiquiriquí?... 
jABADiTA.  Inútil  es  que  le  llames. 
Pedro.     ¿Por  qué? 

JaBADITA.  Apartad.  Porque  está  allí.  (Tiende  U  varita  mágica  y  vese 
trasformarse  en  un  enorme  huero  un  gran  peñón.) 

Pedro.  En  ese  huevo;  pues  ya  habría  con  su  yema  para  un 
centenar  de  flanes.  ¡Pobre  hermano  mío!  Estará  hecho 
un  poik). 

Jabadita.  Efectivamente,  un  pollo  hechp  y  derecho. 

Pedro.     ¿Y  por  qué  lo  habéis  aprisionado? 

Jabadita.  Pena  es  impuesta  al  descubridor  del  hechizo.  - 

Pedro.     Pues  cualquiera  puede  hacerles  á  ustedes  un  favor. 

Jabadita.  Premiase  el  beneficio,  pero  se  castiga  la  curiosidad. 

Pedro.    Yaya,  vaya.  Yo  voy  i  romperle,  la  coronilla  al  haevo 

Jabadita.  Quieto...  Eso  me  toca  á  mí.  Id  vosotros á  recoger  el  te- 
soro que  08  aguarda  en  nuestro  nido. 
Pedro.     ¿Mucho  metal? 
Jababita.  Más  del  que  podéis  imaginar. 
Pedro.     Vamos.  ¡Viva  la  hechicera! 
Todos.     ¡Viva! 


-33  — 


mas  dar  me  da  Tergúencita 

un  ese  í  sí. 

Con  placer  escucho 

1 

tu  cacarear, 

y  me  gusta  macho 

ese  aletear. 

• 

Cumple  tu  deseo 

» 

pues  resuena  aqui 
ese  cacareo 

de  Quiquiriquí. 

• 

1 

(Sepánnge  como  avergonzados  y  se  miran 

como  á  hurtadillas 

1 

poniéndose  el  dedito'en'la  boca.) 

De  rubor  arde  mí  cara, 

tengo  miedo  á  mi  papá. 

QüIQ. 

Yo  quisiera  que  usté  hablara 
>     de  su  amor  á  mi  mamá. 

JXBADITA. 

¡Qué  mirar!  ' 

QuiQ. 

¡Qué  placer! 

Jabadita. 

¡Qué  gozar! 

QüIQ. 

¡Qué  mujer! 

Jabadita. 

Ven  á  mi. 

QüIQ. 

Allá  voy. 

Jabadita. 

¿Vienes,  di? 

QülQ. 

Tuyo  soy. 
Al  ver  la  de  tus  hechuras 
ese  a  ele  sal, 
etc  ,  etc. 

• 

Jabadita. 

Tambieu  la  de  tus  hechuras 
ese  a  ^le  sal, 
etc.,  etc. 

« 

HABLADa 

QtftQ.       Pero  qué  impetuoso  vengo  al  mundo  después  de  mi 

rara  trasmigración! 
Jabadita.  Poco  habéis  perdido  con  ella. 
QuiQ.       Al  contrario.  He  ganado  mucho.  De  simple  paleto  estoy 


^»  o4r,  "~- 

hecho  un  señorito. 
Iabadita.Uq  polio  de  la  última  cria. 

QUIQ.         ÜQ  daody,  un  lion.  (Paseiadose  de  un  lado  4  otro.)   ¡Qué 

maneras  tan  distinguidas!  ¡Qué  delicadeza  de  senti- 
mientos! [Qué  figura  sobre  todo!  ¡Y  la  ropa  es  elegan- 
tísima!  (ai  mirarse  por  delri»  se  ve  U  cola.)    ¡Sauta   María 

Magdalena!  ¿Qué  plumero  es  este? 
Jabadita.BI  distintivo  de  la  especie. 
QoiQ.       ¡Jesús!  ¡Anda,  y  cómo  se  menea!  (Dando  saiutos  y  mirin- 

dssp  hacia  atris.) 

Jabadita.  y  os  hace  mucha  gracia. 

QuiQ.         Parezco  un  gallo  inglés...  (Ríe  mucko  y  salta  como  riñendo.) 

Esto  sí  que  es  bueno,  esto  sí  que  es  bueno.  (Si^ae  sai. 

tando.)  ^ 

Jabadita.  No  os  mováis  tanto,  que  os  podéis  desplumar. 

QuiQ.  Cá  ..  Estas  cosas  se  mueven,  pero  no  se  caen...  Y  á 
toda&  estas,  podéis  explicarme  lo  que  ha  sucedido? 
¿Qué  pasa? 

JABADiTA.Que  descubriendo  vos  el  secreto  de  la  gallina  mágica, 
sois  rico»  poderoso,  y  estáis  en  camino  de  ll*{gar  á  la 
felicidad  suprema. 

QuiQ.       ¡Ay,  explicádmelo  todo! 

JABADiTA.Más  tarde  os  lo  explicaré.  Ahora  es  imposible.  Ved  que 
llega  la  comitiva.  Lo  primero  es  entregaros  y  entregar 
á  vuestros  hermanos  los  talismanes  á  que  por  él  descu- 
brimiento os  habéis  hecho  acreedores. 

Qmq.       ¿Conque  tenemos  talismanes? 
ABAD1TA. Los  más  poderosos  de  la  hechicería,  (voce»  y.aigrazara 

dentro.) 
Voces.       (Dentro.)  ¡V?Va!  (Muchas  veces.) 

ESCENA  VIL 

D]CHOS,  PEDRO,   ROBERTO,   FL0RALBA,   CORO   GENERAL. 

Pedro.     ¡Viva!  Ya  estoy  aquí. 
QuiQ.       ¡Pedro! 


-  38  - 
Pedro.    ¿Qué  bicho  es  este?  Ose...  ose...  (Como  se  espanta  4  las 

l^llinas.) 

.    tíuiQ.      Sí  soy  Qai<iuiríqaí. 
•   Roberto.  ;Herinano  mío! 
Pedro.    ¡Somos  felices!  Hemos  heredado  una  iufiuídad  de  talis- 
manes, y  DO  hay  más  qoe  irlos  rompiendo  para  realizar 
nuestros  deseos. 
Quino.     ¡Floralba! 

Pedro.     ¡Oh!  Ahora  que  soy  rico,  yo  me  Tengaré  de  Floralba. 
Jabadita.  Pase  la  comitiva. 

(Con  macha  vos») 


MÚSICA. 

Coro.  ¡Es  un  prodigio! 

¡Qué  admiración! 
¡Qué  miga  llega 
la  procesión! 

(Apareee  al  son  de  la  marcha  la  comitiva  de  Jabadita.  Des- 
cuellan en  alia  tres  duendes  vestidos  fantástica  y  ricamente, 
Cada  uno  de  ellos  trae  sobre  un  paño  de  g^rana  y  plata,  an 
casto  de  mimbre  plateado.  Heno  de  huevos  de  oro.) 

Jabadita.        Talismanes  son  de  precio 
los  que  allí  mirando  estáis. 
Uno  de  estos  caiiastillos 
corresponde  á  cada  cual. 

(Por  cada  uno  de  loe  tres  hermanos.) 

Coro.  ¡Qué  riqueza!  ¡Qué  fortuna! 

¡Quién  tuviera  un  talismán! 
Roberto,  (á  Fioraiba.)   De  una  riqueza 

toigo  ambición, 

si  ella  engrandece 

tu  dulce  amor. 
Flor  .       (Con  pasión . )   ¡  Pobre,  te  quiero 

que  pobre  soy! 

(Agrúpase  el  foro  alrededor  de  los  amantes.) 


-  38  - 

PiDRO.    (A|r.>  Estapicboiic 

y  este  pichón, 
hoy  van  á  diunde 

Ib  desazón. 
Tengo  niw  idea 
qoe  ee  de  mi  flor. 
Tengo  el  talento 

de*  Salomón. 

(lnp«rfttiytBeBte   lo  qaa  sigtie.  T9ntí  de  tv  cesto  un    boev» 
4e  oro.) 

Dela^cesiilla 
que  le  tooó, 
qníero  al  instante 
la  destroccion. 
Hoya  ei  tesoro 
qoeapeteoíé    • 
7  sea'ríco 
sólito  yo. 

(Estrellft  el  hneyo  con  faerM.  XI  eesto  de  Roberto  se  trasto  rma 
en  gpran  bonqnet.)    ' 

Cobo.  ¡Jesús  qué  asombro! 

{Qué  admiración! 

(Coge  Roberto  ano  d«  los  radrilletes  db  flores. ) 

RoBBBTo.  Nada  importa  la  riqueza  m 

cuando  puro  es  el  amor, 
mira  toda  roí  grandeza  . 
eondensada  en  una  flor. 
Como  ella  pura 
.    es  mi  querer,,      ,•■.■■. 
-por  ella  juro 
tu 'esposo  ser. 
Plor.  Lá,  lá  lá.  itá, 

saben  defenderse 

las  de  por  acá.    (En  son  de  burU.). 

Roberto.     Pues  que  ingrata  cr^vs.  juro  por  mi  Dios, 

olvidar  tu  heclii7.o,  olvidar  tu  amor. 
Flor.  Ingrata  me  llama,  cuando  amante  soy. 


—  37  - 
Pedro.        Las  pesa»  se  olvidan  y  empiece  el  amor. 

(Mucha  animaeion.) 

Floe.  Camino  es  la  vida 

sembrado  de  flores, 

sí  dulces  amor^ 

las  hacen  brotar. 

Hoy  Hora  Roberto, . 

mañana  dtchosck. 

qn  prado  frondoso 

podrá  transitar. 
Iabadita  y  QüiQ.       Oye  bien  lo  qae  dice 

por  Dios,  por  Dios, 

y  que  nunca  me  falte 

tu  dulce  amor. 

Es  mi  dioba  en  el  mundo 

« 

ser  tu  piebon. 

No  te  olvides  iqonona 

de  mi  pasión. 
Todos.  Camino  es  la  vida 

sembrado  de  ñores,      .     . 
etc.,  etc. 
Coaa.  ¡Qué  placer  es  cantar, 

qué  placer  es  amar! 

(Baja  el  telou  cuiíwk)  Mti  el  euadro  más  animado.) 


flN  ftBt  IkCTO    PRISIBRO 


acE 


ACTO  si:guini)0. 


lardin .  -^Deeormeion  corta . 


ESCENA  PRIMEHA. 

ROBERTO   y  CORO  DB  HOMBRES. 

Roberto  «e  halla  pensativo. 

MÚSICA. 

(Como  murmuración.) 

Coro.  Diz  que  está  maleficado 

por  la  magia  negra,  y  diz 
que  del  cielo  abandonado 
ya  no  puede  ser  feliz. 
Lo  del  maleficio^ 
según  mi  pensar, 
tíeae  ciertamente 
probalulidaa. 
Yo  no  sé  de  cierto 
sisera  verdad... 
pero  asi  se  eoenta 
por  Ja  vecindad. 
Roberto.  Dejadme  un  momento. 


--  40  — 

Cobo. 

¿Por  qué,  por  qué? 

Roberto. 

Porque  es  mi  gusto 

que  me  dejéis. 

Coro. 

Pues  que  éi  lo  manda. 

▼ámOUOS  ya.  (Váse  el  Coro,) 

Roberto. 

Quieren  las  penas 

la  soledad. 

• 

ESCBNA   li. 

ROBERTO,,  solo. 

ROMANZA. 

Roberto. 

El  amor  es  un  foro 

de  luz  cubierto, 
que  del  mar  de  la  vida 

luce  en  el  puerto. 
De  su  luz  me  alumbraron 

ríeos  fulgores, 
pero  apagan  los  celos 

sus  resplandores. 
¡Ah! 

Luz  de  esperanza, 

vena  alumbrar 

el  faro  mió 

que  muere  3ra. 

Coro  de  mujeres     (Dentro.) 

Lá,  lá,  rá, 
lá,  lá,  rá. 
Roberto.  Es  la  voz  de  la  ^peranza 

la  que  hiriendo  el  alma  está. 

(Aparecen  diez  y  seig  pi^es  eleg^ftntíslmos.  Coro  de  mujeres.) 

Coro  y  Pajes.         Una  princesa  altiva, 

de  rostro  singular, 

humildemente  pide 

permiso  para  entrar. 
Roberto.  (Con  afán.)  ¿Quién  es,  quién  es? 


-  41  — 

^AiEs.  Sabedlo  pues* 

Tiene  Jabios  de  rubí 

como  yo. 
Febo  el  cutís  coaM  á  mí* 

le  doró. 
En  su  boca  vi  labnr 

rica  mieiy 
7  es  su  talle  singular 

un  clavel.  > 
Es  la  más  bonita  flor 
del  pensü» 
/  Es  su  cuello  seductor 

de  marfil. 
De  su  frente  el  celestial 

rosicler, 
es  del  nácar  matinal 
el  nacer..  . 
¡Ay,  caballero, 
decid  ligero,, 
que.á  mi  seaora 
vais  galante  á  recíbirl 
¡Ay,  sí! 
RoBBRTO.  Rayo  de  amor--deá  que  perdí, 

consolador — peoetra  en  mi. 
Con  tu  brillar— me  das  el  ser, 
cesó  el  pesar— y  el  padecer. 


HABLADO. 

RoiBRTO.  ¡Ob!  ¿Guiado  podré  ver  á  la  princesa?  ¿Decidme,  dónde 

se  halla? 
Un  pajb.  á  dos  pasos  de  aquí. 
RoBEato.  Llevadme  á  su  presencia. 


ESCENA  III. 

DICHOS  y  FLOlULBAa  éa  tr^e  de  tiecWc^er^,  envuelta  en  un  gran  albornoz. 

»  •  • 

Flor.       En  ella  estáis. 

Roberto.  ¿Qaé  me  queréis?  ¡I£l  taoratode  esa  voz,  qoé  dolce^ 
mente  suena  en  mis  oídos!  Es  la  voz  de  Fioralba. 

Flor.  Va  á  reeonocerme.  Utilizaré  mí  talismán.  Haced  que  no 
me  reconozca,  auxiliares  de  mi  poder.  Despejad;  y 
cuenta  con  revelar  á  nadie  mí  secreto.  (SaUdan  respetao- 
sámente  loa  Pajes  y  vinseu^)  ¿Habels  amado  á  uua  Campe- 
sina llama  Floralba? 

Roberto.  Si. 

Flor.  ¿Que  ingrata  á  vuestros  amores  os  ha  abandonado  al 
veros  en  la  pobreza? 

Roberto.  Sí. 

Flor.  .   ¿Habéis  oído  hablar  del  diamante  negro? 

Roberto.  ¿Un  talismán  perteneciente  á  las  joyas  de  la  corona? 

Flor.  Joya  riquísima,  que  Pedro,  vuestro  hermano,  regaló  á 
Floralba  á  costa  de  la  mitad  de  su  fortuna.  Pues  bien, 
ese  diamante  ha  sido  robado. 

Roberto.  ¿Por  quién? 

pLOR.  Por  una  hechicera  que  favorece  tus  amores.  Floralba 
llora  la  perdida  joya.  Toda  su  ambición  se  cifra  hoy  en 
recobrarla. 

Roberto.  ¿Dónde  está  la  hechicera  de  que  me  habéis  hablado? 

Flor.       Soy  yo  y  hé  aquí  el  diamante  (Presentando  on  estachito.) 

Roberto.  ¿Esta  es  la  joya? 

Flor.      Guardadla.  Yo  os  la  entrego. 

Roberto.  ¿Para  que  se  la  devuelva  á  Floralba? 

Flor.  Semejante  paso  os  costatla  la  vida.  Floralba  os  amará 
mientras  el  anillo  no  salga  de  vuestro  poder. 

Roberto.  ¿Es  posible? 

Flor.  Para  enternecer  vuestro  coraton,  para  obligaros  á  de- 
volver el  anillo,  se  emplearán  ruegos,  lágrimas  y  las 
súplicas  más  ardientes,  hasta  de  Floralba  misma.  No 
cedáis  á  tamaüas  superolierias  ó  perderéis  para  siempre 


—  45  — 

su  amor. 
Roberto.  ¿Cómo  resistir  á  las  súplicas  de  Floralba? 
Flok.      Si  cedéis,  al  par  de  so  amor  perderéis  la  -TÍda. 
RoBBKTO.  ¿Quién  me  asegura  yuestri^  veracidad  y  vuestro  poder? 
Flor.       Yo  misma. 
RoBBRTO.  Descubrios  si  queréis  que  os  ere». 

Flor.         Uirad.  (Tr^fómas)»  •«  Ninfa.) 

Roberto.  ¡ AIi!.  . .  ¿Quién  sois? 


MUSCA* 

Flor.  Soy  un  sueño  del  amor 

ó  el  producto  de  un  vapor 

celestial. 
Bella  ninfa  del  edén 
en  mi  pecho  anida  el  bien 

como  el  ma^. 

Pura  y  bella, 

vaporosa, 
sobre  el  tallo  de  una  rosa 

tengo  un  nido 

y  allí  estoy. 

Soy  estrella 

de  colores 
que  protege  los  amores. 

Esto  lie  sido 

y  esto  soy. 
Roberto.  Si  esto  es  m, 

bdla  nila, 

pieda4  F^i  mí. 

Flor.  En  dolencias  del  rosal 

me  da  abriga  un  ideal 

alhelí. 

Que  la  eseneia  4®  la  flor 

es  el  nido  del  anor 


Flor. 


Roberto. 


—  44  - 

para  mí. 

DÜO. 

Pura  y  bella, 

vaporosa, 
sobre  el  tallo  de  una  rosa 

tengo  an  nido 

y  alü  estoy. 

Soy  estrella 

de  colores, 
que  protege  los  amores. 

Esto  he  sido 

y^tosoy. 

Pura  y  bella, 

vaporosa, 
sobre  el  tallo  de  una  rosa 

tiene  un  nido, 

á  verlo  voy. 

Á  la  estrella 

de  colores 
protección  á  mis  amores 

yo  la  pido 

por  quien  soy. 


Roberto. 


Flor. 

Roberto. 
Flor. 


HABLADO. 

No  partas  de  aquí  veloz. 
Te  lo  pido  por  el  cielo, 
que  es  bálsamo  de  consuelo 
la  armonía  de  tu  voz. 
Guarda  esa  joya  preciada 
y  del  más  discreto  modo. 
Mas  ¿quién  eres? 

Lo  soy  todo 
á  veces,  y  á  veces  nada. . 


—  48  — 

Soy  la  Ninfa  del  esfiacfo, 
que  al  salir  de  su  palacio 
leve  y  paré, 
con  su  alieiito*    ^ 
da  á  las  brisas  movimiento, 
.  y  á  las  auras  matinales 
da  frescura. 
Roberto.  La  que  las  pjantas  orea, 

la  que  dulce  Mancea 
las  espigas  á  stt  paso, 
la  que  flores ^at  acaso 
desparrama... 
Flor  .  La  qu»  al  jil^ero  canoro 

que  de  cplillos  godvuIso 
seestaemeo»... 
da  el  impulso* : 
para'aubir)á  la  rama, 
que  se  meee 
Gen  el  peso. 
Y  al  son  de  canto  de  aniore!» 
dó  la  dulce  compañera 
que  le  esp^a 
le  da  un  bes6     » • 
que  mitiga  sus  dolores. 
Y  soy  el  ave, 
1a  débil  nube 
de  seno  vano, 
que  al  cielo  sube 
dejando  el  llano, 
y  en  giro  suave 
c  volver  resuelve, 
deshace  el  vuelo^ 
.  y  al  llano  vuelve 
dejando  el  cielo. 

(Con  Tolubilidad.  gn^MÍa  y  coquetería.  Rapidez  hásla  el  Anal.) 

Indecisa, 
soy  encanto, 


—  46  — 

soylabrísa, 

soy  el  liento, 

soy  la  risa, 

libre  gíroy 

veugo  y  voy. 

Soy  acento 

de  uu  suspiro, 

soy  el  Tiento, 

soy  la  espuma, 

soy  aliento, 

soy  la  pluma, 

no  más  soy. 
Que  tengo  del  hada 
fantástico  el  modo, 
y  así  lo  soy  todo, 

y  asi  no  soy  nada.  {VUe  corriendo.) 

RoBBRTo.  Ocúltase  y  me  convida 

con  amores  y  placeres. 
Yo  he  de  averiguar  quién  eres 
aunque  me  cueste  la  vida,  (váse.) 


MDTACIOa. 

Rotonda  de  flores  en  el  palacio  de  Pedro. 

ESCENA  IV. 

COBO  DB  PAiES. 

MÚSICA. 

('.ORO.         (Dirigriéndose  al  público.) 

La  bella  Jabaditá 
la  tímida  potlíta, 

que  salió  ha  poco  del  Cascaron 
--•Ib  juro  por  tai  nombre — 
demuestra  por  el  hombre 

una  marcada  gran  afición. 


—  47  — 

No  lo  desmiento^ 

bien  puede  ser, 

que  yo  ia  sieuto 

por  la  mujer. 

Y  DO  e*  tontana, 

pues  juro  á  Díoa 

que  más  que  una 

me  ifUíitaB  dos. 
¡Ay  mujercitas  mías, 
guardado  teogo  aquí 
un  almacén  de  besos 
que  luchan  por  salir! 
Bl  cerrojillo  es  débil 
y  ya  no  puedo  más. 
Salgan,  pues,  mis  besitos 

de  su  cautividad,  (fichando  besos  al  aire.) 

Besad  ahí, 

lo  mando  yo, 
sobre  la  frente  sí, 
sobre  la  boca  no. 


HA«UkDO. 

ESCENA  V. 

PBDRO  y  en  segruida  QUIQUIRIQUÍ. 

Pedro.  Cantar  en  palacio  cuando  está  afligido  vuestro  dueño  y 
señor...  D^pejad... 

Un  paje.  Seuor!... 

Pedro.  Despejad  os  digo...  Los  buenos  psyes  deben  llorar  cuan- 
do-llora  su  amo. 

QuiQ.  (Saliendo.)  Sí  señor,  SÍ  soñor,  ó  cuando  llora  algún  su- 
jeto de  la  familia.  (Ron^pe  á  llorar.)  Vamos,  vamos,  des- 
pejad... (incJínanse,  los  pi^es  se  vaiu) 

TcDRO.     Ya  ves,  ya  ves  la  felicidad  que  tenemos. 

tíuiQ        Ojalá  hubiéramos  seguido  toda  la  vida  siendo  pobres. 


-48  - 


Pbdro. 

Qdiq. 

Pedro. 

QülQ. 


Pbdro. 
Qüio. 

(*BDRO. 
QülQ. 

Pedro. 
Qdiq. 

Pedro. 


QüiQ.    . 


Pedro. 

QülQ. 

Pedro. 

QüIQ. 

Los  DOS. 
QlllQ. 
Los  DOS. 


Desde  que  me  tentó  el  demonio  de  la  ambición,  no  ka 
asomado  á  mis  labios  ni  una  sonrisa. 
Ni  á  )os  mios.  Y  si  rae  río  será  por  dentro,  porque  yo  no 
lo  noto. 

Quince  días  hace  que  heredamos  los  talismanes  y  mir^ 
los  que  me  quedan^  todo  por  satisfacer  los  caprichos  do 
Floralba. 

Eso  me  pasa  á  mi  con  Jabadita.  Dice  que  quiere  estc^. 
¡Pum!...  Talismán  roto.  Que  quiere  lo  otro...  ¡Pum!... 
HueToa  al  plato.  Que  quiere  lo  de  más  allá...  ¡Tortilla! 
Que  se  me  antoja  lo  de  más  aquí...  Revueltos  ó  estre- 
llados. T  de  rotura  en  rotura  vamos  derechos,  derechos 
á  la  miseria...  (Llora.)  Porque  esto,  ¿qué  es  ya?  Una 
miseria. 

Nosotros  tenemos  la  culpa.  Somos  demasiado  débiles 
con  las  mujeres. 
Sí  señor. 
Nos  enternecemos  en  seguida. 

Y  es  que  piden  las  cosas  con  tanta  gracia... 

Y  como  ponen  aquella  boquita  de  piñón... 

Y  aquellos  ojitos  tan  retrecheros  para  pedir  las  cosas... 

(Se  van  animando  y  sonriendo  poco  i  poco  ) 

Es  verdad...  Floralba  onando  quiere  algo,  dice...  «Mi- 
ra... Pedro...  monin...  anda,  cómprame  una  co.síta...» 
¿Quién  no  se  enternece  cuando  le  llaman  monin? 
Pues  mi  novia  dice,  dice...  «¿Quién  te  quiere  á  tí  en  el 
mundo,  cachumeno?...»  Y  si  yo  me  hago  de  pencas,  se 
pone  así  dengosa  y  como  enfadada*  (Haciendo  dengaes.) 

Y  el  deditO  aquí  como  la   mia.    (Poniéndose  un  dedo  sobre 
un  lado  de  la  boca.) 

Y  da  una  patadita  como  esta...  Haciendo  luego  asi... 

Y  dice  vete,  vete,  que  no  te  quiero... 

Si,  ven  con  zalamerías...  (imitando  ios  dos  ros  mismo»  $c»- 

tos  de  las  iilujeres.  (       "  . 

Já,  já,  já.  Qué  ricas  son! 

Y  qué  guapas!...  Pero  después... 
(L)oiando.)  Me  dice  que  no  me  quiere. 


— '4^  — 


Pedro. 

QoiQ. 

Redro. 

ftoiO^ 

Pedro. 

Qüio. 

.  P^DROU 
QüIQ. 

Pedi|0. 


Pedro. 


Pedro. 

QülQ. 

Pediro. 
Qoio. 

I 

Pedido. 

QülQ. 


Pedro. 
QuiQ. 


Y  yo  me  moriré  de  trístesa..*  (Si^an  llorando  estrepitosa. 
n.QBtea^ 

Y  yo  demelan...  de  melan...  de  melancolfa...  Se  roe 
había  atrayesado  la  palabra. 

Pero  yo  poy  más  mfellz  qoe  tá,  porqiie  á  iestas  fechas,  ' 
|i6d  do  sé  8i  me  easo  ó  do  con  Flomiba. 
^i  yio«o|i  la  p0l]jta.i.  tPere  oo  lo  taifas  toÜo  dispoesto 
para  casarte  hoy  mismo?    .i'<     í  > :  ^    •    '  t 
Si,  hombre,  y  dentro  da  oa^nitot  verás  Hegar  toda  la 
[comitiva  de  la  boda  con  él  éserl)MHio  al  freiite. 
.¿Pero  eUa.  consiente  iteicaéaFibt      ..        i  i 
.  Con  una  soAsa  oondieiq» .  Fisrattia.  se  can  omroigo  hoy 
á  ]BSii4^9)»r,iacobiíoel  «j^amante  negroiqne  ha  sido 
robado  de  nuestra  joyeiía,  no  sé  por  qníén.  ' 
Por  el  diablo  tal  vez.  De  modo  qu%  si  el  diamante  no 
.parepe..<  /.•,'.«<•;.••.  »i 

No  mi^tcaso»  Ya  vesiaítsoyr  mea  desgradado^que  tú. 
Eso  no.  Tú  al  menos  consenwf  la  heehafli.^mp]eta  y 
los  instintos  del  hombre,  pero  «yo,  defde  fUe  roe  hallo 
ingerto  en  ^Víís  soy  elser.KtásJnfelk  de  lá  creación. 
NOy  sí  que  4ebe  ser  una  pejiguera. . 
No  lo  sabes  biaa^^Kstaide  participar  de  doij  naturalezas 
diferentes...  ea  ini^guantable.  Aanérdata  siso  de  lo  su- 
cedido ayer.      :   '    •  /'•'■. 
SI;  quando  aataado  eael  baaquale  oficial..i 
Vi  una  cazuela,  con?  salvadb  y  me  fui  derecho  á  co- 


>••■«!         ■' 


mérmela.         \- 

¿Y  el  sueño  qufi  to  jcofii^  por  lasibodheá? 

En  cuanta  osourece^'ttfi  estoy  doMieiido  como  los 

gallos.  ■  •  <  ■  v;      •  -'■'■■i-') ' 

Y  naturalmente,  te  despiertas  al  amanecer... 

Y  empiezo  á  caatar>, y  despierto  á  todos  los  de  la  casa 
con  mi  maldito  quiquiriquí.  Y  lo  malo  no  es  eso...  Mira, 
tiéntame  la  eabeza...  Tres  chichones  como  tres  nuece!^. 
¿De  qué  es  eso?  ' 

De  una  caída.  Como  duermo  en  el  barrote  de  una  silla 
desde  que  soy  gallo,  anoche,  ¡cataplum!  me  desnuqué. 

4 


—  50  — 

• 

Pkdro.     ¡y  qué  greserits  hnoes  en  sociedad! 

QciQ.       Machas.  Me  rasco  delante  de  las  gentes,  así  como   st 

tuviera  pico... 
Pbdro.    No,  no  es  eso.. • 

Qgiq.       Ya.  Qite  estof  casi  siempre  con  la  pata  éücogida. 
Prdro.    Eso  es.  Y  cdmo  estiras  el  pescuezo  á  lo  mejor! 
Qgiq.       y  lo  que  megusta  %i  maíz.  Y  mé  pni<^a,  porque  estoy 

fuerte  y  robusto. 
Pedro.    ¡Y  lo  peor  na  es  eso! 
QuiQ.    .  Lo  peor  es  que  desde  que  soy  gallo,  en  viéndolas  ya  me 

tienes  rascando  el  suele   y...  (Escarbando  como  los  gallos.) 

ademas...  ademas.!.  quQ  siento  así...  uiios  instintos  de 
sultán...  y  una  gana  dB  comprar  pañuelos  para  rega- 
larlos... 

Pedro.     Jabadita... 

QuiQ.  Esa  es  la  favorita  siempre.  Y  más  se  aumenta  mi  amor 
cuanto  más  enciende  mis  celos  con  isus  coqueterías... 

Pedro.    ¿Ha  salido  coqueta? 

QuiQ.  Más  que  jaca  ton  penacho.  Delira  cuando  la  regalan  ó 
la  dicen  una  ftor,  se  entusiasma  con  la  lectura  de  las 
cartas  de  amores  y  se- pasa  el  (fia  escribiendo,  y  tiene 
papel  y  sobres  de  todas  ciases;  y  más  correspondencia 
que  un  ministro  en  tiempo  de  elecciones.  Y  como  es 
una  pollito  inocente  que  no  conoce  la  doblez  de  los 
hombres,  estoy  temiendo  que  me  la  engatasen,  porque 
en  medio  de  todo,  es  «na  bobalicoDU. . . 

Jabadita.  (Dsntro  )  ¿No  hay  más  cartas? 

QuiQ.  ¿No  lo  dije?  Ya  está  preguntando  por  la  corresponden- 
cia. Esto  co  hay  quien  lo  aguante...  Voy  á  romper  las 

« 

cartas  y  al  cartero...  ¿y  lo  ves,  (viendo  aparecer  á  Jabadita 
con  ana  carta  en  la  m«M.)  lo  OStás  vieudO?...  Carta  Canta. 
(La  orquesta  ha  dicho  «I  pnltidio  durante  tas  frases  ant&riores.) 


#• 


—  sí  — 


^v 


^ABADITA, 


Pedro. 
Jabadita. 
QuiQ. 
Jabadita. 


Femó  y  Qmo. 


1. 


Jabapita. 


IQue  leas,  sin  «¿líividd 

imepétco  por  leal. 

Soy  presa  de  tos  labioa, 

afrenta  del  coral. 

En  ti  cifré  mi  suerte, 

que  vivo  para  ti. 

Un  no  seri  la  nmerte^ 

será  \9k  tida  un  9k^ 
Alma  del  atana^, 
luz  de  n¿  amor. 
am«te  y  cariñosa 
e^Jit^mepor  Dios. 
¿Contestarás?' 
Contéstale. 
¿Quó  le  dirás? 
Yo  ledúé. 
Oue  roe  sorprendí, 
que  pollita  soy, 
ni  diré  que  si 
.^  /  si  diré,  que  no. 
Que  puede  esperar 
sien  mi  tiene  fe. 
Lo  de  contestar 
que  lo  pensaré.. V 

Cual  todasy  sí  lo  yiera 
T-tengo  para  mí— 

pensará  la  manera 
de  decir  que  ú.  * 

II. 

Si  escuchas  sin  enojos 


4^ 


JT 


—  82  -. 

los  ayes  de  iñi  fe, 
la  ?ida  por  despojos 
y  el  alma  te  daré. 
La  llQTia  ni^ioenta 
la  flor  para  lucir, 
y  yode  taboquita 
ia  miel  para  vivir. ' 
Alma  del  alma, 
hix  de  mi  amor,  etc. 

.  I  '     ^IJII  . 

|;iQ.  Tiene  la  molleja  vátia^ 

yatelod^e.  '  • 
.I|badita.  Siiobplekáé. 

¡Qaé  deudas^  c^é  bellezas 
encierra  la  vída-lmniáiia! 
¡Cuánta  dorada  ilasion! 
¡De  cuántas  ricas  mercedes 
me  privé  entre  las  paredes 
del  nitído  caseáron! 
Bello  es  el  mondo.  \k  gozar! 
Nada  á  la  iglibranciá  asusta.    % 
¿Te  gusta  el  mundo? 
4ab|oita.  7'    r»i'  M?  ^Me  gusta. 

I  Me  gusta  hasta  ^ekrari 

i  ¿Y  los  hombresí^ftoé  regalo? 

é  ¡Oh  muQdo  hevtttoso  7  ftmeno! 

1^í:d|o.  ¡El  nido,  «n^ielia^ha,  es  bueno 

i  pero  los  pairos  «matos.*  f 

¡No  ei  cieMo,.^vole  4  mi  nombre! 
*   ¡Es  malji)ichdl  .>-Ar.\  v.j 

t  M  ¡Qneisi-quieres! 
Son  mejoiHBftilias'mUieres^  •; 
Jaba|ita.        Bien;  pero  halriemoeidelihombre. 
¡El  hombre!  Hprrendo  animal! 


.^ 


•  ■■» 


■^.. 


—  83?^£- 


QüIQ. 

Jabadita. 

Pedro. 

Jabaoita. 

QüIQ. 

Pedro. 
Jabadita. 


QülQ. 

Pedro* 


Jabadita. 

QülQ. 

Jabadita. 


Pedro. 


Coociencia  gastadtf  f  lísléii .    < 
¡Es  bello  en  su  parte  fínica! 
¡Pero  en  su  parte  ttiofall..; 
Casi  mi  valor  abismas. 
¡Si  tú  sas  mañas  supieran! 
¡Ay  si  al  hombre  conoderas 
del  amor  bajo  Í0»pr(á(nas! 
Vais  á  hacer  qtf»f  ferda  el  tino. 
¿Pues,  qué  es  el  hodtb^e,  señor, 
i  baxo  el  prisma  del  amor? 
\  Un  animal  mtiy^dámiMy.  - 
;  Alma  insensible  yayiesa 
( quo  sin  amar  8^  enamora. 
|Un  cocodrilo  que  llora 
^para  acercarse  la  presa. 
¡  Sierpe  de  dulce  ¡sÜbar, 
; — ^y  lo  dirésin;empdcho:-^ 
[  Es  una  sirena  macho 
que  aduerme  con  su  óantar« 
^  Y  ese  hombre,  dadme  una  guía 
;;que  sirva  >de  luz  y  norma» 
¿qué  forma  tien^? 

Ujia  forma    ' 
inuy  parecida  á  4a  m'ia. 
Si  de  ellos  m&éM  de  guardar, 
lo  interesante  ante  todo^ 
es  saber  alg^i  del  modo       - 
que  tienen  de  enamorar. 
Yo  lo.  diré.  Esos  vampiros.  = 
—y  á  ver  si  tú  los  resistes— 
ponen  las  caras  muy  tristes 
y  extraían  hondos  suspiros.- 
Lanzan  miradas  traidoras,  • 
se  ac(^n,  que  sufren  juran,   * 
y  en  4  oído  murmuran 
pajabhl^  hakgidorae;     . 

Se  vanVyu^YlMLMEefeíí^í.?^^ 


««Y»' 


—  54- 


de  gemir  y  saspinr. 

y  otra  y^  vuelia  á  mirar 

. 

acariciando  e)  bigote. 

Jabadita. 

¿El  bigote? 

PfiDRO. 

Sf  sefior. 

Jabadita. 

¿Qué  es  bigote? 

Pedro. 

¿Hará  que  rían? 

Qüio. 

Unos  pelos  que  se  crian  ; 

sobre  el  labio  superior. 

Jabadita. 

Signe... 

Pedro. 

Fingiendo  un  decoro 

"* 

que  no  sienten,  entra  aquello 

de  «alma  mia  y  ángel  bello. 

»con  qué  pureza  te  adoro. 

• 

«Sin  ti  no  puedo  vivir. 

)»Tú  eres  toda  mi  alegría...» 

Frases  que  á  ciento  en  un  día 

se  las  suelen  repetir. 

Jabadita. 

¿Hay  Ul  falsedad? 

Guio. 

Asi  es. 

PSDRO. 

Después  entre  ruego  y  qtieja 
piden  bablar  por  la  reja. 
Se  les  concede. 

Jabadita. 
Pedro. 

¿Y  después? 
Las  lágrimas  les  asoman, 

QülQ.  ' 

juran — por  supuesto  en  vano— 
y  piden  besar  la  mano. 
Piden  si  no  se  la  toman. 

PIlDRO.     ' 

Gomo  suplican  de  un  modo 

Jabadita. 

que  obliga... 

Sí,  besarán. 

Prdho. 

Y  si  la  manóles  dan... 

Qmo.     ♦ 

Se  suelen  tomar  el  codo. 

Jabadita. 

¡Grande  atrevimiento  es! 

Pedro. 

¿Y  después? 

(¡Pues  es  bicoca!) 
Ponen  asedio  á  la  boca. 

—  86  — 


Jabadita. 

QüIQ. 

Jabadita. 
Pedro. 

Jabadita. 
QviQ.  * 

PEDao. 


í  A  la  boca? 


Jabadita. 


Sí.  .   , 

¿Y  después? 
¿Si  h  logran  asaltar, 
para  qué  quieren  mip  Tífta? 
Bien.  ¿Y  después? 

Pero  njíia, 
¿dónde  Tamos  á  parar? 
Después  á  las  infelices 
que  asienten  á  peticiones» 
las  dejan  esos  bribones 
con  un  palmo  de  narices. 
Que  en  un  principio  pequeños, 
como  altaneros,  y  bravos 
cuando  de  viles  esclavos 
pueden  eregirse  en  dueños, 
nada  su  audacia  respeta» . 
y  de  éste  ó  del  otro  Of  odo., 
arramblan  luego  con  todo 
como  cero  de  ruleta, 
arrastrando  el  vendaban    ■, 

4. 

de  su  loca  juventud, 
talentos,  valor,  virtud, 
los  afectos  y  el  cauduL  . 
Porque  es  el  hombr§  iina  abeja 
que  en  viendo  pur^  upa  flor, 
las  otras  flores  se  deja; 
llega ,  la  murmura  amor, 
liba  la  miel  y  se  aleja. 
Gastáis  la  pólvora  en  ¡salva. 
Y  sabe  Quiquiriquí  H 
que  ni  >  o  te  quiero  á  tí, 
ni  á  Pedro  quiera  Floralba. 
Floralba  quiere  j  rpe  alegro 
á  Roberto  con  pasito. 
Roberto  está  en  posesión 
del  rico  diamante  negro; 


».....«'*'•'■ 


-  86^ 

y  pues  vuestra  magia  cesa 
porque  os  vence  vuestro  hermano, 
hoy  da  á  Rbbertu  su<^ano 
la  graciosa  tirolesa. >:■■.,;• 
Yo  no  te  pueéby  qmr«r;^ 
debo  en  vista  det  percance 
sostener  á  todo  trance 
mi  dignidad  de  i£ruier. 
La  causa  ya  no  me  cáiíó, 
pues  que  tu  ignorancia  advierto. 
No  quiero  un  maridoí  ingerto, 
mitad  hombre  y  mitad  galio, 
que  en  las  grandes  recepciones 
de  cumpleaños '6  de  idias^y 
me  rasgue  las  sillerías 
con  las  uñas  ó  espolones. 
No  quiero  vivir:  al)  lado 
de  un  señor  Quiqiiní<)ufy '  ■* 

qué  en  viéndolas  ande  a^... 
como  San  Juan  ladeado, 
y  adore  á  aqueUa  this  esta, 
y  ande  en  roipala(^  rico 
haciendo  así  con  el  pico 
y  enrqjeada  la  cresta, 
y  tenga  instintos  agrestes 
y  habitar  quíeria  en  los  vallesi     ' 
Soy  celosa.  Que  te  calles.  {kPéá^.) 
.  Muy  celosa.  No  contestes.  (Á  oaiqniriquí.) 
Y  quiero,  pues  soy  bonita, 
—por  más  que  él  no  sea  hermioflo— 
un  marido  muy  mimoso, 
pero  para  mí  sólita. 
Que  no  se  aparte  de  mí, 
que  en  mí  vea'  su  alegría, 
que  se  pase  el  santo  dfii 
acariciándome  así.         t        ' 

(Como  describiendo  círcitlos  con  un  pico.) 


—  87  ^- 

Piensa  no  más  eémo  fistes ' 
r  y  di  si  formad  taü  nóevas 
paedeii  gostar.-^No  los  ixnievas.— (Por  ios  ümos.) 
Pueden  gustar...— <2oe  oo  chistes.— 

(Tapándole  la  boea.) 

á  aoa  niña  de  eitas  galas, 

orgullo  de  las  morenas. 

Por  si  lo  tomáis  á  buenas, 

y  si  lo  tomáis  á  malas 

y  de  pena  os  sentís  llenos, 

al  anochecer  tomáis 

un  caldito,  os  arropáis, 

y  mañana  ya  estáis  buenos.  (Váge  coniendo.): 

f  ESCENA  VII. 

OOIQÚlRIQüi    y    PKDaO. 

Roivpea  i  llorar.. 

QüiQ.      Ya  lo  oyes.  Ya  lo  oyes. 

Pedro.    No  hay  en  el  muñd'ó  un  ser  más  ingrato  que  la  mujer. 

QyiQ.  ¿Despreciándome  Jabadita,  para  qué  quiero  yo  este  res- 
to de  fortuna? 

Pedro.     Ni  yo  esta  miseria,  despreciándome  Floralba. 

QuiQ.  Ea,  mi  partido  está  tomado...  Me  YueWo  á  mis  mon- 
tañas. Uno,  dos,  tres,  cuatro,  cinco...  Limpio.  Ya  no 
tengo  ni  un  solo  talismán.  Ya  soy  tan  pobre  como 
nací ..  ¡Ah!  que  faltaba  este...  (otro  huevo  que  estrella.) 
Pum.  ¡Lo  mismo  baria  si  fuera  un  hombre!  (váse.) 

ESCENA  VIH. 

PEDRO,    solo. 

Pues  tiene  razoo  mi  hermano.  ¿Para  qué  quiero  estos 
embelecos  sí  de  nada  me  han  servido?  Uno,  dos,  tres, 

'  cuatro...  (¡jnCO....    (Aompe  cuatro  hoeros,  (»ero  4I  ir  á  rdtai- 
per  el  quinto  se  detiene.)   ¿Qué?...    ¡JOSÚS  qué  idea!...    La 


-.88  — 

posesioii  del  diamante  negro  da  la  victoria...  Pues 
bien...  Despojo  á  Roberto  de  la  jofya...  Sí,  ¡eso  es  lo 
que  qoiero!  Venga  á  mi  poder  el  diamante  negro. 

(Cono  invoesndo  á  na  ser  y  e8tr«llando  el  huevo.  Brota  dot 
saelo  un  grocioeo  pedestalito;  sobre  él  Tiene  una  eigita  que 
encierra  el  diamante  neflrro.)   ¡Uh!   CUmpHdo  VOO  mí  deseO. 

Aquí  está  el  dianUnnte! 

ESCENA  IX. 

PEDRO  y  iABADlTA,  asoma  la  cabeza  por  la  derecha. 

Jabadita.  ¿Qué  dice? 

PEoao.  Sí,  éste,  éste  es  el  anillo  mágico.  Éste  es  el  poderoso 
diamante  negro,  por  cuya  influencia  iba  yo  á  ser  des- 
graciado. Dios  se  lo  pague  á  Jabadita  que  me  descubrió 
el  poseedor  de  la  joya.  Yo  me  vengaré  de  Roberto. 
¡Floralba  es  miaí  (Váse.) 

ESCENA  X. 

MBADITA  y  ea  ^^uida  QVljDUIRIOni. 

Jabadita.  Una  indiscreción  mia  ha  robado  á  Floralba  la  ventura. 

Sí  á  costa  de  mí  vida  pudiera  devolvérsela... 
QuiQ.       Ya  estoy  más  tranquilo. 
Jabadita.  (¡Olí!  ¡Él  puede  salvarme!)  Una  palabra. 
QüiQ.       No  estoy  en  casa. 
Jabadita.  Una  palabra  digo. 
QuiQ.       Conmigo  no  hable  usted,  faltona. 
Jabadita.  Préstame  un  talismán  y  soy  tu  esposa  antes  de  acabar 

el  dia. 
QuiQ.      Á  buena  hora,  mangas  verdes. 
Jabadita.  Un  talismán  y  soy  tu  espesa., 
QoiQ.      Sirven  en  tortilla...  Ahí  están.  (Señala  ai  suelo.)  Todos 

los  he  destruido  de  una  vez.. 
Jabadita.  ¡Jesús! 

Voces.     (Dentro.)  ¡Vivan  los  novios!  • 

Tonos.     ¡Vivan! 


-89  - 

Jabadita.  ¡Ya  es  tarde!  Van  i  firmar  los  coBtrafos  de  boda.  Pobr^ 

Fioralba. 
Voces.     (Dentro.)  ¡ Vívanlos hotíos! 
Todos.     ¡Vivan! 


ESC2NA  XI. 

* 

ROBERTO,  FLORALBA,  ^ABADITA^  QDiOOlRIOUi:  baile  de  |r*llinM. 

*    ■ ' 

Tiempo  de  marcha:  tA  son  de  ella  salen  loe  pi^es,  las  damM,  los  tiroleses 
y  Codo  el  acompañemiento  del  acto  primero. 

MÚSICA. 


Coro  general. 

La  hermosa  Fioralba 

sus  votos  cumplió. 

pues  se  une  á  Roberto 

con  lazos  de  amor. 

r 

Viva  Fioralba 

rica  y  feliz, 

viva  Fioralba 

mil  veces,  mil. 

Roberto. 

¿Bres  dichosa, 

Fioralba,  di? 

Flor. 

Más  venturosa 

nunca  me  vi. 

ROKRTO. 

Dulce  consuelo 

hallo  en  tü  amor. 

Flor. 

Pródigo  el  cíelo 

premia  ei  candor. 

Ni  cáliz  con  rocío 
ni  garza  en  libertad, 
surcando  en  el  vacio 
con  grave  majestad; 
ni  rayo  que  fulgura 
tras  nube  que  pasó. 


—  60- 

consigue  más  irentura 
D¡  más  placer  que  yo. 
Arroyos  y  flonss 
y  besos  de  amores, 
venid  de  mi  dicha^ 
venid  á  aprender. 
GampiBtojg.  y, fuentes .. 
de  limpias  corrientes, 
en!inisaie^as> 
^enid  á  beber. 

(Roberto  y  el  Coro  coretn  este  canto*) 

RoBBRTO.  Firmemos  el  contrato 

Flor.  Con  gozo  he  de  j^mr. 

Roberto.  Y  Dios  bendííga']til^¿ó 

tu  amor  eia  el  altar* 


ESCUNA  xn. 

DICHOS  y*  PEDRO. 

Pedro. 

¡Tened!" 

Roberto.     • 

¿Qué  sucede? 

Pedro. 

Tened  y  escuchad. 

El  diamante  negro 

lo  tengo  yo 

, 

merced  á  la  mágja¿ 

Flor,  y  Roberto. 

¿Qué  dice? 

Todos. 

{6ran  Dios! 

Roberto. 

jRobároniae  la  joya! 

Pedro.      (Triunfante.)     '            *• 

Mi  esposa  té  serás.     • 

JaBADITA.(Á  Quiquiriquí,  aparte.)       - 

(Mi  amor  sí  lú  la  salvas. ' 

QüiO. 

Tu  amor;  no  digas  más. 

Á  costa  dé  mí  vida 

• 

la  tengo  que  salvar;  (Váse  corriendo.) 

Jabadita. 

Bella  aurora  de  tu  vida       i 

los  senderos  alumbró, 

—  61  • 

indiscreto  el  labio  min 
tus  fulgores  eclipsó! 

Píedady  piedad. 
Quiera  ílios  qcie  la  esperanza 

yfmfjk  hermosa^- 
tu  catulno  á  íltiminar. 

Floralba^  Rodbrto,  PsMia y€oiie  general. 

Bella  au^bía  de   j  ??•  [  vida, 

1o8  scndecps  alumbró/ 
indtscr^f  l^bip  suyo 
sus  fulgores  eclipsó. 
Vifiíif^r  piedad. 
Qijue^:  Pjos  q«'e  la  (nperausa 
veQga.hanii06a  '■] 

^  {  étttekid  á  numiiiai'. 

su      *     .  < 


'*    h  . 


8tt 


HABLÜJDO: 


I    < 


Flor.  En  red  de  amor  gimo  presa* 

T^ya  es  m^.alma,  aifuíla  tienes.  (Á  Roberto.) 
Pedro.  Por  fin  vencí  ^us  desdenes^ 

orgollosa  tjrol^; 

Calma  tu  aupiprc^/oafan, 

vea  á  casarte,  pi¡onti,t9. 

No  hagas  den^!^.^ 

ESCENA,  Xin. 

DICHOS  7  OVIQtnRIQUi.' 

OiiQ.  '  ,  :,  ¡EJi,,  quietifeOj! 

que  aún  existe  un  talisnuiu.  . 

(Trae  un  haevo  d^.p^O.  en  la.;inMpk) 

Ante  mi  poder  te  inclina 
y  tú  has  vencido,  mancebo, 


—  62  - 


para  adquirir  este  huevo 
muerte  he  dado  á  la  gallina. 

(^lovimiento  de  espanto.) 

Que  Tiielva  á  ser  el  diamante 
de  Roberto.  No  te  inquietes. 
Pedro.  Le  daba  uc  par  de  moquetes. 

Quio-  ¡Qué  pillo  soy! 

Pedro.  Di,  borgaittey 

¿no  conoció  tu  simpleza 
que  al  matar  á  ese  animal 
cegabas  el  manantial 
de  nuestra  pingue  riqueza? 
QtiQ.  ¡Ay!  es  cierto! 

Pedro.  ¡Lo  adivina 

cuando  ha  cometido  el  yerro! 
QuiQ.  Es  verdad,  pues  muerto  el  perro. . . 

ya  no  pondrá  la  gallina.^ 
Pedro.  La  idea  ha  sido  funesta. 

¡Qué  felicidad  tan  corta! 
QuiQ.  Es  cierto;^¿más  q^aé  ine  importa, 

si  yo  me  caso  con  esta?  (Por  MbA<^t«..) 
La  mano. 
Jabadita.  ^ebo  otorgarla « 

Flor.  Os  probará  esa  toütunsí» ' 

que  no  merece  fortuna 
quien  no  sabe  conservarla. 
Pedro.  Buena/ieccíon.  Yo  me  alegro. 

La  leerte  he  despreciado. 
^Qué  necio! 
^^^^'  No  os  dé  cuidado.. 

Merced  al  diamante  negro 
que  gran  poder  me  asegura, 
para  vivir  y  gozar 
yo  os  abro  de  par  en  par 
las  puertas  de  la  ventura: 


a 


^::: 


vr'i 


r'^ 


—  63  — 

t 

APOTEOSIS. 

Y  4;omo  opioion  es  mía, 

que  es  la  paz — si  éste  do  engaña- 

un  hogar  en  la  montaña 

y  una  santa  ecouomía, 

no  en  red  de  ambiciones  presa, 

renuncio  al  bríllo,  al  poder, 

porque  sólo  quiero  ser 

Floralba  la  tirolesa. 

MÚSICA. 

Un  aplauso  quiero 
de  vuestra  bondad, 
y  las  tirolesas 
lo  agradecerán. 
Lá»  lá,  lá»  lá, 
y  las  tirolesas 
lo  agradecerán. 


riN  DK  LA  OBRA. 


, — í»- 


KOTA. 

En  ios  teatros  donde  no  haya  cuerpo  de  baile,  pueden 
suprimirée  Io8  bailetes  de  esta  obra. 


^xn_. 


EL  DIAMANTE  ROSA 


ZARZUELA  DE  GRAN  ESPECTÁCULO 


EN  DOS  ACTOS  Y  DIEZ  CUADROS 


ESCRITA  EN  VERSO  SOBRE  EL  PENSAIIENTO  DE  URA  NOVELA 


POR 


GÜILLERHO  PERRÍN  Y  MIGUEL  DE  PALACIOS 

HÜSICA  DIL  MAISTBO 

MIGUEL    MARQUÉS 


)btreiiada  eon  <xito  «xtraordinaj-io  en  el  TEATRO  DE  LA  ZARZUELA 

la  noche  del  25  de  Enero  de  1890. 


MADRID 

lUPRaNTA   DB    JOSB    ROJDRKKJB 

ATOCHA,  100,  miKClPAL 

1890 


Z 


PERSONAJES 


ACTORES 


BERTA  DUBUN Sha.  Folgado  (C). 

REINA  MAKALA Srta.  Alba  (L.). 

ALBERTA »  Pastor  (C). 

MARY  DUBUN Sra.  Toda. 

MISTER  JüáTO Sr.  Mesejo  (J.), 

LUIS »  Cerrón. 

ANTONIO  GARCÍA »  Mbsejo  (E.), 

MISTEa  DÜBLIN »  Jimeno.       . 

LUCCA V »  Ferrandiz. 

VON-BRUN »  Vedia. 

EL  NEGRO  DALÍ w  Ruesga. 

EL  REY  TONAÍA »  Alba. 

LOPEPE »  Arana. 

EL  VIEJO  JHON »  GüZMÁN. 

MISTERDRAQÜE (  ^ 

UNGütA )         "  ^^"^'^"• 

EL  VIEJO  GRAND »  Caba. 

POLISMAN  !.• »  ValcArcel. 

POLISMAN  2.° »  Cuadras. 

UN  MINERO »  Morales. 

UN  CRIADO »  Picazo. 

CAFRE  !.• »  RiAZA. 

C4FRB  2." »        Martínez. 

♦ 

Mineras. 'Mineros,  Convidados,  Boers-holandeses,  Cafres,  Zalús, 
Guardia  imperial.  Guardia  roja,  Guardia  azul,  Guardia  negra. 
Esclavos,  Esclavas,  Fetiches,  Espantamoscas,  Doncellas,  Por* 
taestandartes,  Portabanderas,  Portaescudos,  Portalanzas,  Mú- 
sicos, Ministros,  Altos  dignatarios.  Servidumbre  de  la  reina. 
Magos,  Coro  general  y  Comparsas. 


títulos  de  los  cuadros 


ACTO  PRIMERO 

CUADRO  I/— Bl  gran  problema. 
CUADRO  2/— Bl  diamante* 
CUADRO  3/— Deuda  pagada. 
CUADRO  4.'— Una  traición. 
CUADRO  5.®— Bl  incendio. 

ACTO  SEGUNDO 

CUADRO  6.*— A  través  del  TranevaaL 

CUADRO  7.^— Lopepe. 

CUADRO  8.'— liá.  fiesta  de  los  Betchuanas. 

CUADRO  9.'— Transición. 

CUADRO  40.— ¡Lo  que  es  la  lélicidadl 


DECORACIONES 


ACTO  PRIMERO 

Cuadro  i ." — ^Interior  de  un  laboratorio  químico  (coa  trans- 
formación), nueva*  del  Sr.  Amalio» 

Cuadro  2.— Gabinete  de  paso  en  casa  de  mister  Dublín  (te- 
lón corto),  nueva,  del  Sr,  Muriel. 

Cuadro  3.**— Plaza  en  el  Griaualand,  nueva,  del^Sr.  MurieL 

Cuadro  4."— Interior  de  la  cabana  del  viejo  Jhon  (telón  cor- 
to), nueva,  del  Sr.  Amalio, 

Cuadro  5.*— Salón  de  baile,  en  casa  de  Dublío  (con  tranis- 
formación),  nueva,  del  Sr.  Amalio. 

ACTO   SEGUNDO 

Cuadro  6.* — Montañas  y  exterior  de  una  granja  de  Boers- 
holandeses,  nueva,  del  Sr,  MurieU 

Cuadro  7.®— -Orillas  del  río  Limpopo  (telón  corto),  nueva,  del 
Sr.  Muriel, 

Cuadro  S.^^La  gran  ciudad  del  Rey  Tonaia,  engalanada 
para  la  fiesta  de  los  Búfalos  Negros,  nueva,  del  Sr.  Amalio. 

Cuadro  9.° — Una  selva  (telón  corto.) 

Cuadro  iO. — Gran  parque  en  casa  de  mister  Dublín  (con 
transformación),  nueva,  del  Sr.  Muriel, 


La  acción  de  la  obra^  en  el  Griqualand  (Cabo  de  Buena  Espe- 
peranza),  acto  primero.  Los  cuatro  primeros  cuadros  del  acto 
secundo  en  el  Transvaal  y  el  quinto  en  el  Griqualand, 


• 

Los  figurines  han  sido  dibujados  por  el  Sr.  MurieL 

Los  diseños  para  los  palanquines  y  carrozas  del  acto  se^  - 

gundo,  han  sido  dibujados  por  el  Sr.  Amalio. 
Los  trajes  han  sido  confeccionados  por  el  sastre  Sr.  Villa.  • 
El  atrezzo  ha  sido  dirigido  y  construido  por  el  Sr.  Bueno. 
La  obra  ha  sido  ensapda  y  puesta  en  eiscena  por  el  Director 

V  primer  actor  D.  José  Mesejo,  y  concertada  por  el  reputado 

Maestro  D.  Manuel  Nieto, 


A  todos  los  que  tanto  interés  han  demostrado  en  la  represen- 
tación de  esta  obra,  les  repiten  miles  de  gracias 


k  LOS  ACTIVOS  ¥  ESPLENDIDOS  EMPRESARIOS 


DEL    TEATRO    DE    ¡LA    ZARZUELA 


DON  FRANCISCO  SICILIA 


DON  JOAQUÍN   LAHÓZ 

sus  siempre  agradecidos  amigos, 


J^<f   aifáf^ea. 


.  .V 


->?» 


ACTO  PRIMERO 


CUADRO    PRIMERO 


8L  oaur  wnomoML 


Cabana  rúitlea  i  tres  eajai.  Interior  de  na  laboratorio 
^^aímtco*  Ettantct  de  caftat  eoo  lib-ot  y  papelea.  Apara* 
doret  ráttiect  de  madera  con  retortai,  fraseoa,  alambi* 
qaei,  ete.y  ote.  Aparatos  do  física.  Todo  lo  dicho  en  e) 
telón  de  foro,  enyo  telón  se  abrirá  4  su  debido  tiempo* 
Á  la  derecha  del  piimer  término,  f^^an  ^orno  encendido 
con  e^ran  matráx,  retortas  y  alambiques.  A  la  isqnierda 
en  seg'ondo  término,  mesa  rústica  con  papeles  y  libros 
en  desorden.  Lampara  encendida.  Primer  término  da  la 
izquierda,  pnerta  y  reutana  practicables.  Bereehai  primer 
término,  pnerta.  Sillón  y  siUas  rústicas*  (ToJa  esfia  de- 
coración debe  ser  lo  mis  rústica  posible  y  formar  con 
los  enseres  de  ella  el  conjunto  mes  aproximado  i  la  rea* 
lidad.)  Es  de  noche.  Un  rayo  do  luna  entra  por  la  ven- 
tana al  levantarse  el  telóa. 


—  10  — 


ESCENA  PRliMERA 

ANTONIO  garcía  j  DALÍ.  El  prim«r«  tomado 
leyendo,  y  el  tobando,  junto  al  horno,  «vivando  la  lonibre. 

MÚSICA 

CORO  DE  MINEROS,  denuo. 

El  rudo  trabajo 
cesó  con  el  día, 
la  noche  al  minero, 
le  presta  alegría. 
'  Busquemos  amores 
con  férvido  afán, 
busquemos  la  dicha 
que  el  vino  nos  da. 

Tiene  el  minero 

trabajador, 

pecho  de  cera 

para  el  amor. 

¡Viva  la  orgía, 

viva  el  licor, 

fuera  las  penas 

del  corazón! 

(V*  ol  canto  alejándose  poco  i  poco  ) 

HABLADO 

García,  (ai  negrro.)  Dalí,  cierra  la  ventana 
que  esos  mineros  borrachos, 
cerca  de  la  media  noche 
me  fastidian  con  sus  cantos. 

Dalí.         (Ciorra  la  ventana  y  vacWe.) 

¿De  cuándo  acá  la  alegría 
te  causa  molestias,  amo? 
García.  (Levaatándote.)  Desde  que  sé  que  soy  rico; 
desde  esta  tarde  muchacho. 
Este  pedazo  de  piedra 


—  il  — 

(Saca  del  bolsillo  aa  pedr«teo.) 

tiene  la  culpa  del  cambio.» 

Yo  he  sido  siempre  feliz 

cuando  no  tenía  un  cuarto. 

Soy  español  y  nací 

no  sé  n,i  por  qué,  ni  cuándo. 

Llevé  vida  aventurera 

y  de  crápula  y  trabajos; 

he  corrido  medio  mundo 

siempre  como  ave  de  paso; 

allí  dejaba  una  deuda, 

allá  una  mujer  llorando; 

en  fin,  que  he  sido  un  demonio, 

y  ahora  me  encuentro  en  el  Cabo 

este  de  Buena  Esperanza, 

de  minero  trabajando. 

Dalí.      Pero  acabaron  tus  penas: 
hoy  eres  un  potentado; 
ese  diamante  es  soberbio^ 
no  hay  otro  de  igual  tamaño. 

Gakcía.  Es  verdad.  Pero  refiere, 

¿cómo  has  podido  (encontrarlo? 
Cuéntame  otra  vez...  . 

Dalí.  Pues  nada: 

subí  coa  grandes  trabajos 
la  carretilla  de  arena 
que  de  la  mina  se  extrajo, 
y  al  arrojarla  en  la  criba 
sentí  que  un  cuerpo  pesado 
rebotó  en  ella;  lo  cojo, 
y  mudo  quedé  al  mirarlo; 
conocí  que  era  un  diamante 
entre  su  ganga  encerrado. 
Lo  guardé,  corrí  en  tu  busca 
y  ahí  lo  tienes  en  tus  manos. 

García.    Mi  fiel  Dalí.  (Abrasándolo.) 

Dalí.  No  era  mío; 

lo  encontré  en  tu  mina  amo: 

es  tuyo^  como  Dalí 

que  es  tu  perro  y  es  tu  esclavo. 
García.  Gomo  no  tengo  costumbre 

de  ser  rico,  estoy  cargado 


—  i2  — 

de  tener  este  pedrusco; 
¿qué  te  apuestas  á  que  abro 
la  ventana  y  se  lo  tiro 
á  los  mineros  borrachos? 
Dalí.       jQué  locura!  Señor,  oye; 

lo  que  precisa  es  que  huyamos. 
Que  nadie  sepa. . 
Garcu.  El  primero 

que  ha  de  saberlo  es  mi  hermano, 
mi  amigo  del  corazón; 
en  cuanto  llegue,  lo  charlo.  (TriMieión.) 
Pero  ya  tarda  Luis 
esta  noche. 
Dalí.  Pues  es  claro, 

al  lado  de  una  mujer 
el  tiempo  no  se  hace  largo. 
García.  ¿De  una  mujer? 
Daij.  ¿Qué?  ¿No  sabes 

que  está  muy  enamorado? 
¿Que  está  loco?    • 
García.  No.  ¿Por  quién? 

Dau.       Por  Berta. 

García.  ¿Qué  estás  hablando? 

¿Por  Berta  dices,  Dalí?  (Pausa.) 
Por  eso  no  me  hizo  caso 
cuando  la  hablé  de  mi  amor. 
Le  amará,  no  hay  que  dudarlo; 
entre  un  ingeniero  y  yo, 
la  elección...  ¡Voto  al  diablo! 
Dalí.      ¿Pues  por  quidn  sino  por  ella 
trabaja  tan  sin  descanso 
hace  un  mes,  en  este  horno 
que  siempre  estoy  atizando? 
Porque  quiere  conseguir 
un  diamante  fabricado, 
un  diamante  artificial... 
(Está  locol  ¡Hay  que  dejarlo! 
García.  ¿Tú  qué  sabes?  {No  te  rías, 
mi  amigo  Luis  es  un  sabio! 
Dalí.       ¡Lo  será!  pero...  señor... 

si  á  esa  mujer  te  ha  quitado, 
¿cómo  le  defiendes? 


—  15  — 

García.  Oye: 

aunque  ligero  de  cáseos, 
tengo  un  corazón,  que  vale 
más  que  el  diamante  que  guardo. 
¿Me  quita  la  novia?...  bueno. 
¿Le  gusta?  Se  la  regalo: 
por  mi  parte  hecha  la  boda: 
lo  siento,  pero  me  aguanto, 
y  aunque  yo  sufra,  quisiera 
ser  cura  para  casarlos; 
•   tanto  le  quiero...  Y  escucha 
porque  le  quiero,  muchacho.  (Pausa.) 
Yo  fui  un  mal  hijo,  sí, 
un  mal  hijo,  á  qué  negarlo. 
A  mi  madre  abandoné  . 
y  á  mi  patria,  y  de  verano. 
Hice  vida  aventurera, 
y  un  día  llegó  á  mis  manos 
sin  saber  cómo,  una  carta: 
mi  madre  estaba  espirando. 
Lloré  primero,  después, 
ansioso  volé  á  su  lado. 
Llegué  á  tiempo,  la  besé, 
su  cuerpo  cayó  en  mis  brazos.    . 
(Todo  acabó!  ¡Pobre  madre! 
me  dije  yo  sollozando.  (Con  ironía.) 
Mas  los  curas  en  mi  patria 
no  entierran  cuando  no  hay  cuartos, 

(Con  entusiasmo.) 

Luis,  cristiana  sepultura 

dio  á  aquel  cuerpo  idolatrado, 

y  al  rodar  sobre  la  caja 

la  tierra,  sonó  aquí  tanto,  (En  «i  toma&n) 

que  pareció  que  decía 

(ama  á  Luís  como  á  un  hermano! 

(pausa.  Transición.) 

¿Lloras,  Dalí? 

Dalí.         (Yendo  hacia  el  horno.)  ¡Buona  aCCÍÓnl 

Gaagia.  ¿Dónde  vas? 
Dalí.  Alborno,  amo, 

que  quiero  avivar  la  lumbre. 
Garcha.  Tienes  razón,  por  si  acaso, 


—  44  — 

que  al  hacerle  Dios  tan  bueno, 
también  pudo  hacerle  sabio. 

m 

ESCENA  II 

DICHOS  y  LUIS  por  la  primera  de  la  izquierda. 

Luis.       Dalí;  retírate,  basta, 

no  alimentes  más  el  fuego. 
Gabcia.  Hombre,  da  las  buenas  noches. 
Luis.       ¿Estabas  aquí?...  Me  alegro. 

Tengo  que  hablarte. 
García.  Y  yo  á  tí. 

(VolTiéndoie  i  Dalí.) 

Uno  sobra. 
Dau.  •         Y  es  el  negro. 

(Vage  por  la  tercera  de  la  derecha.) 

ESCENA  III 

DICHOS  menos  DALÍ 

Luis.       Antonio,  nada  te  he  dicho 

de  una  pasión  que  alimento, 

mas  hoy  necesito  en  alguien 

depositar  mi  secreto. 

Desde  mi  llegada  al  Cabo 

en  calidad  de  ingeniero 

para  hacer  sobre  las  minas 

un  estudio,  el  más  completo, 

no  he  sido  dueño  de  mí; 

una  mujer  es  mi  dueño. 
García.  Pues  también  por  ahí  se  pueden 

hacer  estudios  mineros. 
.  Luis.       No  me  interrumpas,  y  escucha. 

Esa  mujer  de  mis  sueños.... 
García.  Es  Berta  Dublín;  lo  sé. 

Tienes  buen  gusto;  me  alegro. 
Luis.       ¿Cómo  sabes?...* 
García.  Esas  cosas 

se  adivinan,  majadero. 

Y  ándate  con  pies  de  plomo,  (Con  sraveató.) 


—  15  — 

que  viven  por  elja  muertos 

machos;  y  uno,  sobre  todo,  (Dánicso  totto.) 

que  está  muy  bien  de  dinero. 
Ldis.       Sí;  Lucca  el  italiano; 

lo  sé,  no  le  tengo  miedo; 

quiere  el  padre...  pero  ella... 
García.  (¡Caracoles!  un  tercero.) 
Luis.       Pues  Antonio,  hasta  esta  noche 

no  hablé  á  su  padre. 
García.  Lo  creo. 

Como  que  es  un  padre  ese 

de  padre  y  muy  señor  nuestro. 

No  he  visto  padre  más  bruto. 
Luis.       Le  dije  mi  pensamiento; 

que  era  para  mí  su  Berta 

todo  en  el  mundo...  y  el  necio, 

¿sabes  qué  me  preguntó?... 
García.  ¿Que  si  tenías  dinero? 
Luis.       Yo  le  hablé  de  mi  carrera, 

de  mis  estudios  diversos, 

y  hasta  le  dije  á  ese  imbécil 

la  esperanza  de  mi  invento. 
García.  ¿El  diamante  artificial? 

Y  se  reiría  tu  suegro. 
Luis.       Me  dijo  con  mofa:  «Bien; 

en  cuanto  logre  usted  eso  ..» 
García.  Y  me  traiga  usté  un  diamante 

del  tamaño  de...  un  sombrero, 

véngase  usté  por  aquí 

y  de  la  chica  hablaremos. 

Vaya,  sé  franco,  Luis; 

vaya,  ¿á  que  te  dijo  eso? 
Luis.       Cosa  parecida,  sí. 

|Perdí  á  mi  Berta! 
García.  Bien;  pero 

no  es  para  desesperarse; 

olvídala,  y  otra  al  puesto. 
Luis.       ¿Olvidarla?  No  es  posible, 

querido  amigo,  no  puedo. 
García.  (Pues  resulta  amelonado; 

es  un  buen  melón  de  invierno.  (Transícióa.) 

¡Por  Vidal  ¡Pobre  Luis! 


~  16  — 

Y  el  caso  es  de  los  más  serios. 

Y  yo  sin  decirle  nada 

de  la  piedra  que  aquí  ten^o.)  (Paaga.) 

Oye,  Luis...  (|Pero  qué  ideal) 
Luis.       ¿Qué  quieres? 
García.  Nada.  Hasta  luego. 

Que  descanses.  (¡Es  magnífica!... 

¡Si  todo  lo  que  yo  pienso!...) 
Luis        |Descanso!  No;  á  trabajar 

con  entusiasmo  en  mi  invento. 

Si  resuelvo  el  gran  problema 

esta  noche,  lo  veremos. 
Garcu.  Animo,  que  lo  resuelves. 

Nada,  hombre,  que  está  hecho. 

(íÁ  éste  le  pago  la  boda 

como  él  pagó  aquel  entierro! 

(Vtse  por  l«  teretra  de  U  derocha  ) 

ESCENA  IV 

LUIS  levantándose  y  dlHeriéndose  al  horao.  Pausa. 

Aún  no  está  el  horjv)  apagado; 
calma  corazón  y  fé; 
quién  sabe  si  alcanzaré 
ese  diamante  anhelado. 
Y  si  le  llego  á  alcanzar, 
tras  de  mi  gloria  segura, 
tendré  otra  gloria  más  pura 
en  el  ángel  de  mi  hogar. 
¡Ciencia,  sírveme  de  guía; 
da  luz  á  mi  pensamiento 
y  dé  yo  al  mundo  este  invento! 

(Toca  los  alambiques.) 

iNo!  |No  es  tiempo  todavía! 

(Se  dtrigre  al  sillón  y  se  recuesta  o«  él.) 

Tarde  para  mi  pasión 
se  extingue  esa  llama  vaga; 
á  medida  que  se  apaga, 
se  enciende  mi  corazón. 

(Queda  pensatÍTO,  y  poco  á  poco  iaclinala  caben 
y  «e  qaeda  dormido.  Preludio  ea  la  orquesta.) 


—  47  — 


MUTACIÓN 

(Sa  abre  el  telón  de  fondo*  Aparece  ana  caToraa 
ó  garata,  y  en  sn  fondo  el  brillante  tallado.  Alegro* 
ria:  cuadro  plástico*  Boita  Dablía  en  un  salón  coa 
mlster  Dublin,  y  á  tu  lado  Lula  el  liq^oaiero»  Este 
estará  representado  por  una  contrafignra*) 

ESCENA  V 

DICHO  7  GARCÍA  sinuosamente  por  la  derecha,  tdrcer 

tórmino. 

García.  ¡Dormido!  ¡Sueña  quizás 
con  su  invento  soberano! 

(Coge  el  martillo,  rompe  el  matrás  ó  retorta  Ó  in- 
troduce en  él  el  diamante») 

¡Te  pagué  la  deuda  hermano! 
¡Sé  feliz!  ¡Que  haga  otro  más! 

(Se  retira  por  la  tercera   do    la  derecha,  y  queda 
escondido.  Sig^ue  la  mdsica.  £1  telón  de  fondo  se 
cierra.  Un  rayo  de  sol  entra  por, la  ventana*) 
LTJIS*  (Levantándose.) 

¡Será  sueño  ó  realidad, 
ó  será  mi  empeño  loco! 

(Se  dirige  al  horno,  ve  el  matraz  roto,  acaba  de 
romperlo  y  saca  la  piedra.  Se  dirig^e  con  ella  ha- 
cia la  ventana^  la  abre  y  mira  á  la  luz  del  día  la 
piedra*) 

¡Es  un  diamante!  ¡Lo  toco! 

¡No  es  un  sueño!  No.  ¡Eg  verdad! 

Mi  fe  todo  lo  alcanzó, 

¡he  resuelto  el  gran  probleiña! 

(Vase  por  la  primera  de  la  izquierda.) 
García.  (Saliendo,) 

¡Cada  loco  con^su  tema! 
¡Quien  lo  ha  resuelto,  soy  yo! 

(Música  fuerte  y  mutación.) 


2 


/ 


—  48  — 


CUADRO  SSaüNDO 


t 


U  DUMAMTB! 


Tvlóa  corto*  Un  {gabinete  de  paso  cd  casa  de  mUter  Da* 
blin.  El  carácter  de  este  telón  debe  ser  rástico.  Pieles,  ar-* 
mas,  etc.,  en  el  telón*  Es  de  día. 


ESCENA  PRIMERA 

.    MISTER  DUBLtN  y  LUGGA  saliendo  por  la  izquierda. 

HABLADO 

DuBUN.  Nada,  nada,  amigo  Lacea, 

de  usté  será  la  muchacha. 
LuccA*    ¿Formalmente? 
DvBUN.  Formalmente. 

Guando  doy  una  palabra... 
LuccA.    Pero  Berta,  al  ingeniero 

ya  sabe  usted  que  le  ama. 
DcBUN.  £1  amor  en  estos  tiempos 

es  una  fórmula  vana. 

¿Guánto  tienes?  Tanto:  eso. 

£1  novio  que  tiene  en  caja 

muchas  libras  esterlinas, 

es  el  novio  que  se  casa. 


—  49  — 

LucGA.    Entonces,  yo  soy  el  novio. 
Digo,  si  no  me  desbanca 
con  sn  invento  colosal, 
ese  ingeniero  camama 
qne  pretende  por  la  química, 
llenarnos  de  piedras  falsas. 

DuBUN.  Se  necesita  estar  loco 

para  que  anoche,  en  mi  casa 
me  hiciera  la  peticióo 
formal  de  que  le  casara 
con  mi  hija.  , 

Luce  A.  ¡Qué  inocente  I 

DuBLiN.  Mire  usté  que  tiene  gracia. 
Es  claro,  le  eché  de  aquí 
y  con  cajas  destempladas. 

LvcGA.    Pues  según  oí  decir 

esta  mañana  en  la  plaza, 
ha  fabricado  un  diamante 
en  esta  noche  pasada. 

DuBUN.  ¡Será  posible! 

LüocA.  Eso  dicen. 

Mas  no  creo  una  palabra.  (Transieión.) 
Me  voy  á  la  mina,  suegro. 

DuBUN.  Adiós,  yerno. 

LvcGA.  Muchas  gracias. 

(Le  da  la  mano  y  vase  por  la  derecha.) 

ESCENA  II 

DÜBLÍN 

Es  un  negocio  redondo: 
con  éste  Berta  se  casa, 
yo  manejo  ambas  fortunas 
y  no  hay  quien  me  tosa,  vaya. 


—  20  — 

ESCENA  III 

DICHO,  MISTER  JUSTO,    de    levita  negra,  paatalóa 
negro,  chaleeo  blanco,    sombrero  de  eopa  blanco  con  gasa 
negra,  gaantesy  etc.  Tipo  exajerado  de  finura,  DOS  NE- 
GROS con  maletas,  aombrereras,  etc. 

Justo.     ¿Se  puede?  ¿Da  usté  permiso? 
DuBLiN.   Es  mister  Justo...  Adelante. 

¿Cuándo  se  ha  llegado? 
Justo.  Ahora. 

DuBLiN.  ¿Y  viene  usté  en  ese  traje? 
Justo,     Yo  no  puedo  gastar  otro, 

éste  es  el  más  presentable. 
DuBLiN.  ¿Cuarentas  leguas  en  carro 

hizo  usté  con  ese  empaqpie? 
Justo.     Sí  señor,  cuarenta  leguas, 

y  nada,  sin  arrugarme. 
DüBLiN.  ¿Y  sin  dormir? 
Justo.  No  señor. 

Yo  no  duermo  en  los  viajes, 

se  echa  á  perder  la  pechera 

y  se  arruga  mucho  el  traje, 
DuBLiN.  De  modo  que  habrá  sufrido 

molestias  incalculables. 
Justo.     Muchas.  Pero  todas  ellas 

han  podido  soportarse 

menos  aquel  carretero... 

¡Qué  manera  de  faltarles 

á  las  muías!  ¡Santo  Dios! 

¡ün  sexo  tan  respetable 

como  el  sexo  femenino! 
DuBLiN.  (¡Qué  fino,  si  va  á  quebrarse!) 

Vamos,  que  es  usted  el  tipo 

de  la  finura  más  grande. 
Justo.     (Transición,)  jAy,  Jesús,  qué  ordinariez! 

¡Cómo  he  podido  olvidarme! 

¿Cómo  está  usted?  ¿y  la  niña? 

¿y  su  bella  y  respetable 

hermana? 
DuBLiN.  Todos  muy  bien, 


—  21  — 

Justo,     ¿Y  los  negros  y  los  cafres^ 

DvBLiN.  Tan  cafres. 

Justo.  Celebro  tanto... 

¿Y  aquel  buldog  que  al  marcharme 

quedaba  con  el  moquillo? 
DuBLiN.   Murió. 
Jdsto.  {San  Roque  le  ampare! 

Le  acompaño  en  la  desgracia, 

porque  un  perro  ya  se  sabe 

que  es  el  amigo  del  hombre, 
DuBLiN.  Si  quiere  usted  cepillarse, 

pase  usted... 
Justo.  Gracias,  lo  estoy. 

Llevo  aquí  lo  indispensable 

(Sacando  de  los  bolsillos  cepillos,  ate.) 

para  hacerme  la  toilette 

hasta  en  medio  de  la  calle. 
DuBLiN.  Entonces  voy  á  avisar... 
Justo.     iQue  no  se  moleste  nadie! 

No  consiento  que  por  mí... 

(Vase  Bnblfn  por  la  izquierda.) 

¡Hijos  míos!  ¡Dispensadme! 

(Fijándose  en  los  nebros.) 

¡Cargados  con  las  maletas! 
¡Qué  olvido  tan  censurable! 

(Salen  dos  Criado*  por  la  izquierda  y  eog^en  las 
maletas  á  los  l7eg^ros  que  kaeen  mutis  por  la  de* 
recha.) 

Señores,  si  ustedes  gustan, 
ahora  pueden  retirarse. 
Yan  á  salir  esas  damas. 
Me  pondré  más  presentable. 

(Saca  de  los  bolsillos  cepillo  y  espejo,  y  (se  atnsa 
pelo  y  bigote,  etc.) 


ESCENA  IV 

DICHOS,  DÜBLIN,  BERTA  y  MARY  por  u  Uquierd*. 

MÚSICA 


Berta. 

JU'iTO. 

Mary. 
Justo. 

DlíBLlN. 

Berta. 
Justo. 
Mart. 
Justo. 


Mister  Justo. 

Señorita. 
Mister  Justo. 

Noble  Mis. 
Ya  tenemos  al  viajero 
de  regreso  por  aquí. 
¿Qué  tal  el  viaje? 
¡Cosa  sin  igual! 
¿Ha  visto  usted  mucho? 
He  visto  la  mar. 
y  con  su  permiso 
y  con  su  licencia, 
si  no  es  imprudencia 
lo  voy  á  contar. 
Pero  si  molesto, 
me  callo  y  chitón, 
yo  no  falto  nunca 
á  la  educación. 
En  Londres  los  trenes 
van  por  los  tejados, 
París  está  todo, 
todo  entarimado. 
Parecen  salones 
las  calles  allí 
y  todas  las  mujeres 
son  tres  jolies. 
Alli  se  proteje 
tan  sólo  el  trabajo; 
la  gente  de  arriba, 
la  gente  de  abajo, 
corren  todos  juntos 
al  mismo  ideal: 
y  allí  se  administra 
de  un  modo  especial. 
Todos  Ijs  gobiernos 


—  83  — 

I 

buscan  el  progreso; 
por  eso  adelantan^ 
por  eso,  por  eso.. 
En  ambas  poblaciones 
la  civilización^ 
llegó  al  grado  supino 
de  la  perfección. 
Por  eso,  por  eso, 
vale  la  nación. 

(Máry,  BerU  7  Publii,  repitan) 

Justo.  De  la  capital  de  la  Francia 

un  martes  salí, 
y  el  domingo  á  las  tros  de  la  tarde 

entraba  en  Ifadrid. 

Siempre  allí  los  trenes 

llegan  retrasados. 

Madrid  está  está  todo 

muy  mal  empedrado: 

parecen  estatuas 

los  guardias  allí, 

y  si  hay  alguna  riña 

no  quieren  ir. 

Allí  no  se  mira 

por  el  que  trabaja, 

la  gente  de  arriba 

y  la  gente  baja, 

por  distintos  lados, 

marcha  cada  cual, 

y  allí  se  administra 

á  lo  concejal. 

Todos  los  gobiernos 

tienen  poco  seso, 

por  eso  se  atrasan, 

por  eso,  por  eso; 

y  la  pobre  España 

con  tanta  filtración, 

llegó  al  grado  supino 

de  la  inanición. 
Todos.  Por  eso,  por  eso,  etc. 


—  24  — 

> 

HABLADO 

DuBLiN.  iPues  estará  buena  España! 
Justo.     Aquel  país  vive  muerto. 
Mabt.     Bien.  ¿Y  qué  tal  el  negocio? 
Justo.     En  Londres  lo  hice  soberbio: 

he  vendido  cada  piedra... 

En  París  también  fué  bueno. 
Berta.    ¿Y  en  Madrid? 
Justo.  Así,  tal  cual. 

Llegué  en  muy  buenos  momentos. 

Pues  me  compraron  diamantes 

unos  muchachos...  suspensos. 
DuBLiN,  ¿En  qué? 

Justo.  Creo  que  en  moral. 

Maht.     Pero  misler,  ya  hablaremos. 

Usté  querrá  descansar. 
Berta.    Tomar  algún  alimento. 
DuBLiN.  Eso  se  arregla  en  seguida.... 

Buena  carne  y  vino  bueno... 

Anda,  Mary,  díle  á  Tom 

que  haga  un  rosbeef  al  momento. 
Justo.     Señora,  no  lo  permito... 

(Coriándoie*la  retirada.) 

iMuchas  gracias,  lo  agradezco  1 

¡Que  no  molesten  ustedes 

por  Dios  á  los  cocineros! 
DuBLiN.  Vaya,  pues  á  descansar. 

Ande  usted. 
Justo.  Usted  primero. 

DUBLIN.    Es  lo  mismo,  pasaré.  (Vase  por  la  Izquierda.) 

ESCENA.  V 

DICHOS,   m«Bo.    DUBLIN 

Justo.       (ofreciendo  el  brazo  á  Mary.) 

Señorita,  el  honor  tengo 
de  ofrecerle  á  usted  mi  brazo' 
para  ir  al  otpo  aposento. 
Mart.    Muchas  gracias.  (¡Justo  mío! 

No  me  hables  con  cumplimientos... 


—  «5  — 

Entre  dos  que  bien  se  aman...) 
Justo.     Es  verdad;  mas  me  violento, 
me  parece  que  te  falto 
cuando  te  digo  un  requiebro. 
Y  el  día  de  nuestra  boda, 
á  fe  de  Justo,  yo  creo 
que  no  he  de  decirte  nada 
por  no  faltarte  al  respeto. 
¡Porque  tú  eres  muj  señora 
y  yo  soy  muy  caballero! 

(Medio  matis,  y  do  pronto  auelU  el  brazo  de  Mar j 

7  Tuelve  hacia  BerU.) 

¡Pero  que  Olvidol...  (iccUnándose.) 

\k  sus  piésl 
Dispénseme  si  un  momento 
olvidé  la  cortesía, 
mas  como  el  amor  es  ciego, 
uno  no  ve  á  lo  mejor... 
¡Con  su  permisol  Hasta  luego. 

(Coge  otra  voz  el  brazo  á  Mar  y  y  vase  por  la  iz* 
qaierda.) 

Berta.    ¡Ay,  qué  pesadez!  ¡Qué  hombre, 
es  lo  más  cumplimentero!.. • 

ESCENA   VI 

BERTA    y    LUIS  por  la  derecha. 


Lüis.       ¡Berta! 

Berta.  ¡Luis! 

Luis.  Mi  bien  amado « 

Qué  dichoso  llego  á  tí: 

la  fortuna  conseguí; 

aquel  disin^áute  anhelado, 

las  venturas  que  los  dos 

buscamos  con  noble  afán, 

ya  realizadas  están. 
Berta.    ¿Qué  dices?  ¡Habla  por  Dios!  (Pausa.) 
Luis.       Vine  tu  mano  á  pedir; 

de  esta  casa  rae  arrojaron, 

de  mi  ciencia  se  mofaron; 

y  pensando  hasta  en  morir. 


—  26  — 

con  pena  á  mí  hogar  llegué 
y  con  afán  ilusorio 
entré  en  el  laboratorio, 
víme  solo  y  tuve  fé. 
Trabajé  para  alcanzar; 
luego  el  sueño  me  rindió; 
después  el  alma  soñó 
lo  que  encontré  al  despertar* 
¡La  ciencia  al  cabo  triunfante, 
tú  en  mi  mente,  vida  mía, 
en  el  pecho  la  alegría, 
y  Qn  mis  manos  un  diamante! 


MÚSICA 


Luts. 


Berta. 


Luis. 


Berta. 


Berta. 


Por  fin  el  cielo 
propicio  dá 
i  nuestras  almas 

felicidad. 
Dicha  y  ventura, 
riqueza  y  amor, 
ya  nuestro  sueño 

se  realizó. 
Mi  pecho  amante 
no  se  engañó,^ 
y  mi  esperanza 

se  realizó. 
Dicha  y  ventura 
por  fin  logré, 
¡ahí  qué  dichosos 
vamos  á  ser. 
Cuántas  veces,  Berta  mía,  . 
llena  el  alma  de  dolor, 
al  trabajo  yo  corría 
con  constancia  y  con  valor. 
Cuántas  veces,  bien  amado, 
llena  el  alma  de  pasión. 
De  los  cielos  he  implorado 
para  tí  la  protección. 
Cuántas  veces 


—  27  — 

delirante, 
te  ha  jurado 
amor  constante 
este  triste  corazón, 
y  animaba 
tu  desvelo 
por  lograr 
el  puro  cielo 
que  soñaba 
mi  pasióa. 
Tu  amor, 
tufé, 
pagarte 
yo  sabré. 
Luis.  Cuántas  veces 

delirante 
te  ha  jurado 
amor  constante 
este  triste 
corazón; 
y  animaba 
tu  desvelo 
por  lograr 
el  puro  cielo 
que  soñaba 
'    mi  pasión. 
Mi  amor, 
mi  bien, 
mi  dicha 
ya  logré,  • 
Los  DOS.        Y  el  íulce  y  tierno  afán 
la  dicha  de  los  dos, 
por  fin,  propicio  el  cielo 
por  fin  nos  otorgó. 
Mi  amor,  etc. 


—  28  — 

ESCENA  VII 

DICHOS   7   DUBLtN  por  U  isquierda. 

HABLADO 

DUBLIK.    (Vieado  i  LoU.) 

¿Qué  es  esto?  ¡Voto  al  diablol 

¿Aquí  otra  vez?  ¡Señor  mío  I 

Pues  cuenta  que... 
Luis.  Perdonad; 

yo  mi  palabra  he  cumplido 

y  vengo  aquí  por  la  vuestra. 
DuBLiN.  ¿Cómo? 
Luis.  Anoche  me  habéis  dicho 

que  cuando  hiciera  un  diamante 

volviese  aquí,  y  he  venido. 

(Le  entrega  la  pitdra.) 

Ved  si  es  falso,  y  responded 

si  puedo  ser  vuestro  hijo. 
DuBUN.  (Pausa.)  {Oh,  qué  asombro,  qué  ejemplar! 

Y  TOS...  ¿cómo  habéis  podido?... 
Luis.       La  ciencia  todo  lo  alcanza. 

DUBLIN.    ¡Vale  un  fortunón!  (Transición.) 

;Mi  amigo, 

no  pensé  que  erais  tan  sabio  t 

¡Este  diamante  es  magnífico!  ' 

¿Y  podrán  hacerse  muchos 

de  este  tamaño?.*. 
Luis.  Lo  mismo. 

Lo  importante  aquí  es  la  fórmula; 

hallada,  todo  es  sencillo. 
DuBLiN.  (iEste  hombre  va  á  ser  un  Creso! 

¡Roschild  será  un  pobre  chico! 

¡Es  la  gran  adquisición! 

Pero  antes  yo  necesito 

cerciorarme  de  si  es  bueno.) 
Berta.    (Ap.  á  Luís.)  (El  dinero  es  su  delirio^ 

no  es  posible  corregirle.) 
Luis.       (Verás  si  le  corregimos.) 
DuBLiN.  (Llamando.)  ¡Mister  Justo!  jMister  Justo! 


—  29  — 


ESCENA  VIH 


Justo. 

DUBLIPÍ, 

Justo. 


DICHOS,  JUSTO  y  MARY 
¿Quién  llama? 


DUBLIN. 


Justo. 


Todos. 
Justo. 


Yo. 

Á  su  servicio. 

(Reparando  en  Lois.) 

¡Caballero!  ¿Cómo  va? 
Déjese  usted  de  ser  fino. 
Tome  usted.  ¿Qué  vale  eso? 

(Le  entrtg^a  la  piedra.) 

Señores,  con  su  permiso. 

(Saca  los  lentos,   examina  la  piedA  y  empieza  á 
hacer  aspavientos.  Pansa.) 

¡Raro  ejemplarl  Bien  tallado; 
según  lo  que  yo  colijo 
valdrá  más  de  cien  millones. 
(Cien  millones! 

¡Claro^  amigos! 
Si  es  más  grande  que  el  Koi-^or 
que  tiene  enorgullecido 
al  tesoro  de  Inglaterra, 
jSi  éste  es  mayor  que  el  magnífico 
Gran  Mogoll  Pues  ya  lo  creo. 
¡Si  el  del  Czar  es  un  cominol 
¡Si  éste  es  un  diamante  rosa 
de  padre  y  muy  señor  mío! 
¡Ohl  ¡qué  ilustración  tan  vasta! 
¡Lo  de  vasta  me  ha  partido! 
¡Venga!  ¡Venga! 

(Recogiendo  la  piedra  á  Dablin.) 

¡Enhorabuena! 
Este  ejemplar  habrá  sido 
hallado  en  su  mina. 
Luis.  No: 

.     ¡es  artificial! 
JusTo^  ¡Dios  mío! 

¿Y  quién  es  el  fabricante? 

DUBUIf*   ¿El  fabricante?  (Trantlelón.  Á  Lnls.) 

¡Mi  hijo! 


Mart. 
Justo. 

DUBLIN. 

Justo. 


30  -. 

£1  esposo  de  mi  Berta 
que  lo  es  desde  ahora  mismo. 
Ésta  noche  los  contratos; 
el  diamante  á  mi  holsillo; 
el  casamiento  mañana; 
sí  señor,  mañana  mismo, 
¡y  en  cuanto  pase  la  luna, 
á  trabajar,  hijo  mío! 
Berta.    ¡Mi  padre!  ¡Qué  bueno  es! 

DdBLIN.    (Guardándole  'la  piedra.) 

Ya  lo  creo  que  es  buenísimo; 

vale  más  de  cien  millones. 
Justo.     Pero  señores,  yo  opino 

que  se  lleve  al  viejo  Jbon 

ean  piedra,  con  sigilo, 

para  que  la  talle. 
DuBLiN.  ¡Clarol 

LuccA.    No  hay  otro  más  entendido. 
DuBLiN.   ¡Yo  estoy  loco  de  entusiasmo! 

Vaya,  venirse  conmigo 

á  casa  del  tallador* 

Vosotros,  adentro,  y  chito. 

Vamos... 
LvccA.  {Hasta  luego,  Berta! 

Berta.    Adiós.  (Vaie.) 

MART.        (Aparte  á  Jasto.) 

(¡Vuelve  pronto...  niño!) 

Justo.       (Dándola  el  brazo  y  acompañándola.) 

Hasta  después.  (Vate  Mary.) 
DUBLIN.  (Cociendo  de  un  brazo  á  Jasto.) 

¡Vamos,  hombre! 
Justo.     ¡Qué  ordinario  es  este  tío!) 

(Van  á  salir  y  entra  Lneea.) 

ESCENA  IX 

DICHOS  y  LUCCA  por  la   derecha. 

Lucga.    ¡Señores! 

DuBLiN.  (¡El  otro  yerno!) 

LuGCA.     Llego  en  feliz  ocasión, 
pues  ella  me  proporciona 


f 


—  31  ^ 

el  saladar  á  los  dos. 

(DlrlgiéndoM  á  Lois  y  i  Jacto.  Á  Jaito.) 

Dar  á  usted  mi  enhorabuena. 

Justo.       (lueliniadote  coa  respeto.) 

¡Ahí  ¡muchas  gracias,  señor! 
LuccA.    (Á  Luis.)  Y  á  usted,  señor  ingeniero, 

¡mis  plácemes!  ¡Vive  Dios  • 

que  sois  un  sabio! 
Luis.  ¡Mil  gracias! 

LurcA.     ¡Hnrra  por  el  inventor 

del  diamante  artificial! 

Ha  hecho  una  revolución 

en  ]a  plaza  esa  noticia. 
Luis.       ¿Se  ha  sabido?  (Con  extrañeta.) 
LuccA.  Sí  señor. 

Se  supo  que  esta  mañana 

al  primer  rayo  del  sol, 

estuvo  usted  en  la  casa 

del  lamoso  viejo  Jhon, 

el  tallador  de  diamantes. 
Luis.       Es  cierto. 
LucGA.  £1  cual  se  asombró 

de  piedra  de  tal  pureza 

y  de  tan  alto  valor. 
DuBLiN.  Se  exagera  mucho,  mucho... 
Justo,     Pero  en  este  caso,  no. 

Porque  como  antes  he  dicho 

es  más  grande  que  el  Koi-nor 

y  que  él... 
DuBLiN.  ¿Quiere  usté  callarse? 

Justo.     Hasta  la  respiración 

me  corta  el  mal  educado. 
DoBLiN.  Hombre,  no  sea  usté  atroz. 
Luis.       Conque  vamos,  mister  Dublín. 

DUBLIN.    Vamos.  (Media  matU.) 

LuccA.  Un  momento:  yo  (Á  Dobiía.) 

quisiera  que  muy  en  breve 
los  contratos  de  mi  unión 
con  mi  Berta  se  firmasen. 

Luis.       ¿Qué  dice  usted?... 

LuccA.  Me  otorgó 

hace  muy  poco  su  mano. 


—  32  --. 

DuBLiN.  Sí,  sí...  pero  es  la  cuestión... 

que  ahora...  se  casa  con  éste,  (por  Lnis.) 

Que  lo  he  pensado  mejor, 

que  me  da  la  gana,  ]ea! 

¡Y  que  esto  se  concluyó  1 
LuGCA.    jMistcr  Dublínl 
DuBLiN.         *  ¿Qué?  Lo  dicho.  (Á  uu.) 

A  casa  del  tallador. 
LuGCA.    Usté  falta  á  su  palabra 

y  nos  veremos  los  dos. 

Conmigo  no  juega  nadie. 
Lins.       Yo  soy  un  buen  jugador, 

y  le  acepto  una  partida, 

y  veremos,  ivive  Dios! 

quién  la  gana. 
DuBLiN.  No  hay  partida. 

El  que  lo  parte  soy  yo.  ( So  avaíanxa  á  él.) 

Justo.       (interponíóndose.) 

iGaballeros!  No  faltarse... 
que  es  de  mala  educación. 

(DablÍQ  vaso  por  la  derecha.) 
Luis.         (pasando  al  lado  de  Lacea.) 

Berta  me  ama.  ¡Será  mía! 
Lucca...  Pensadlo  mejor.  (Vaso.) 

Justo.       (Pasando  cómieamonte  al  lado  de  Lacea.) 

Señor  Lucca...  Siento  mucho... 
LucGA.    (Basta! 

Justo.     ¡Bueno!  iServidorl  (vase.  Pausa.) 
Lucca.     Sólo  queda  la  venganza, 

la  tomaré  de  los  dos.  (Vase.) 

(Música,  mataotón.) 


—  33  — 


CUADRO  TERi 


»^>^: 


DSÜDA  I>AOADA 


Plaza  del  Griqaaland.  Casas  do   madera   y  caña  y  paja;  ár* 
boler,  etc.  £n  el  telón  del  fondo   montañas   fin  vegetación. 
En  el  primer  término  de  la  derecha  tahoraa  con  mosaay  ban- 
cos fuera.  En  el  primer  término    do   la   izqaierda  casa  rús" 
tica  con  una  maestra  qna  dice:  «Jhon,  tallador.»  £■  de  día. 


ESCENA  PRIMERA 

CORO  D£  MINEROS.  Vosiirin  pontaíón  bombacho,  bo- 
tas altas,  camisa  y  encima  chaquetón.  El  pantalón  sujeto 
con  grandes  correas  de  cuero,  sombretos  de  fieltro  anchos; 
anos  sentados  bebiendo,  y  otros  de  pió   formando  corrillos* 

VON-BRÜN 

« 

MÚSICA 

Von-Brün.       Bebed,  bebed. 

¡Viva  el  licorl 

fuera  las  penas 

del  eorazón. 
Coro  Minbros.  Tiene  el  minero 

trabajador 


—  34  — 

pecho  de  cera 

para  el  amor. 

|Viva  la  orgía, 

viva  el  licor, 

fuera  las  penas 

del  'corazón! 
Brün.         No  olvidéis  con  el  vino 

lo  que  nos  trajo  acá.  . 
Coro  Mineros.  iEso,  jamás! 

Ese  ingeniero 

de  los  demonios 

la  pagará. 

Pero  chitón 

y  precaución, 

que  nadie  sepa 

de  los  mineros 

la  decisión. 

Si  hace  diamantes 

nos  arruina; 

hahrá  la  mma 

que  abandonar, 

y  por  su  culpa 

ricos  mineros 

en  pordioseros 

se  trocarán. 
¡No  será! 
¡Antes  á  nuestras  manos 
morirá! 

Coro  Mineras.   (SaUendo  por  ambos  ledo»  ) 

¿Es  cierto  lo  que  dicen 

por  esta  villa? 
¿Que  existe  un  ingeniero 

que  ya  fabrica 
diamantes  á  granel 

de  gran  valor? 
Decidnos  lo  que  ocurre, 

por  favor.  , 

Brün  t  coro  de  Mineros.  Es  cierto  lo  que  dicen, 

pero  chitón; 

que  nadie  sepa 

de  los  mineros 

la  decisión. 


-35- 

Coro  Mineros.  Con  el  diamante 

qne  ha  fabricado, 

ese  malvado 

rico  será, 

y  por  su  culpa 

nos  perderemos 

y  nos  veremos 

pronto  sin  pan. 
|No  será! 
¡Antes  á  nuestras  manos 
morirál 
Coro  Mineras.  £n  defensa  del  trabajo» 
de  los  hijos  y  el  hogar, 
es  preciso  que  esta  noche 
castiguemos  su  maldiul. 

iMaera,  muera 

el  ingeniero 

qne  arruinarnos 

quiere  asíl 

¡Muera,  muera, 

muera,  sil 

Tonos.       En  defensa  del  trabajo,  etc.,  etc. 

HABLADO 

BauN.      Pero  silencio^  por  Cristo, 
que  todo  va  á  malograrse. 
Esta  noche  aquí  á  las  ocho. 
Prudencia  y  calma.  Dejadme. 

(Vase  «1  Coro^   unos  por  la  taberna  y  otros  por 
distintos  lados  de  la  plasa.  Von-Brnn  se  sienta 

• 

Jonto  á  la  mesa  de  la  taberna  caando  todos  han 
desaparecido.) 

Aguardemos  aquí  á  Lucca. 

ESCENA   ÍI 


DICHO  y  LÜCCA 

Brun.      ¿Qué  tenemos?  Bien  tardaste. 

LüGGA.    (senUndose.)  Lo  del  diamante  es  on  hecho» 


—  36  — 

Ese  viejo  miserable 
casa  á  Berta  con  el  otro, 
y  yo  me  quedo  en  la  calle. 

Brun.      ¡Buena  fortuna  te  quita 
el  viejo  DubliQ,  tunante! 

LuccA.     Pues  no  me  importa,  Von-Brun; 
lo  que  yo  quiero  es  vengarme. 
¿Cuento  contigo? 

Brun.  Pues  claro. 

El  pueblo  en  estos  instantes 
está,  que  con  una  chispa 
el  incendio  es  formidable. 

LrccA.     Pues  hay  que  encender  los  ánimos, 
y  decirles,  que  si  hace 
el  ingeniero  más  piedras, 
su  ruina  es  inevitable. 

Brun.      ¡Eso  piensan  1 

LiTccA  Y  es  lo  cierto. 

Ahora  yo,  por  otra  parte, 
contigo,  á  nuestro  negocio. 
Es  preciso  apoderarse 
del  viejo  Jhon. 

Brun.  ¿Para  qué? 

LüccA.     El  va  á  tallar  el  diamante; 
Dublín  con  el  ingeniero 
dentro  de  breves  instantes 
llegarán;  se  han  detenido 
en  casa  de  mister  Draque, 
el  jefe  de  policía. 
En  cuanto  caiga  la  tarde, 
tú,  con  dos  buenos  amigos, 
vienes  para  apoderarte 
del  viejo. 

Brun.  ¿Y  si  se  resiste? 

LuGCA.     La  mordaza  y  maniatarle. 
Preparados  dos  caballos; 
tus  dos  amigos^  á  escape  * 
con  el  viejo  y  con  la  piedra, 
pues  es  fuerza  que  la  tall^ 
á  mi  casa  en  Kimperley; 
que  de  vista  ni  un  instante 
le  pierdan . 


—  57  — 

Brun.  Muy  bien  pensado. 

Luce  A.     Que  no  vaya  á  malograrse- 

el  plan  por  una  imprudencia. 
Bhün.      Todo  se  hará  cual  mandaste. 
Luce  A.     Sin  el  diamante  no  hay  boda. 
Brun.      Fabricará  otro  al  instante 

puesto  que  tiene  el  secreto. 
Luce  A.     ¿Y  cómo  ha  de  fabricarle 

sin  laboratorio? 
Brun.  .       ¿Cómo? 

LuccA.     Porque  ese,  esta  noche,  arde, 
Brun.      Te  comprendí,  vales  mucho. 

(Lovantándose  y  dándose  las  manos.) 

Luce  A.  Veremos  lo  que  tú  vales. 

Brun.  Adiós,  Lucca. 

Luce  A.  Adiós,  Von-Brun. 

Bru>.  Hasta  luego,  (vaso.) 

LuccA.  Buenas  tardes, 

(Lacea  vuelve  á  sentarse,  llama  y  un  mozo  lo  traen 
un  vaso  de  Qll^i  bebida  ingesa.) 

ESCENA  m 

.DICHO,  ANTONIO,  GARCÍA  y  DALÍ 

García.  Dalí,  paga  al  tabernero 

sesenta  boks  de  cerveza 

que  le  debo  hace  seis  meses. 

No  conviene  dejar  deudas... 

una  persona  decente 

debe  pagar  lo  que  deba  (Dándole  dinero.) 
Dalí.       ¿Le  doy  propina,  señor? 
García.  Que  se  quede  con  la  vuelta. 
Dalí.       Falta  un  pico. 
García."  Pues  por  eso. 

(Vase  Dalí  por  la  taberna.) 

ESCENA  IV 


DICHOS,   menos  DALÍ 

García.  Mi  decisión  está  hecha. 


—  38  ~ 

Dos  caballos  esta  tarde, 
y  con  el  negro  á  ver  tierras. 
Seguir  mi  vida  de  siempre^ 
mi  gran  vida  aventurera. 
¿Qué  hago  yo  aquí?  Luis  se  casa, 
á  mí  me  va  á  dar  dentera 
si  asisto  á  la  boda,  vamos; 
ya  le  he  pagado  la  deuda... 
Nada,  nada,  de  verano... 
Griqualand,  hasta  la  VQelta. 

(Va  á  salir  y  le  detiene  Lacea.) 

Luce  A.     Hola,  García, 

García.    (Acercáodoee  i  la  mesa.)  AdiÓS,  LuCCa. 

¿Qué  se  hace?  ¿Se  refresca? 
LüccA.    Tomando  un  vaso  de  gin, 

¿Quieres  otro? 
García.  Bueno,  venga.  (Sentándose.) 

LüccA.     Pero  vas  á  pagar  tú 

porque  estás  de  enhorabuena. 
García.  Yo,  ¿por  qué? 
Luce  A.  Tu  buen  amigo 

te  señalará  una  reiita.  (Con  ironía.) 

Como  fabrica  diamantes, 

hará  todos  los  que  quiera. 
García.  Á  millones,  ya  lo  creo... 

iTodo  lo  puede...  la  ciencia! 
LuccA.     Y  díme,  ¿esta  noche  irás 

como  todos,  á  la  ñesta 

de  casa  de  Mister  Dublín? 
García.  Yo  ya  no  estoy  para  juergas 

como  dicen  en  mi  patria. 

Muy  pronto,  en  cuanto  anochezca, 

salgo  andando. 
LuccA.  ¿Para  dónde? 

García.  Toma,  para  donde  sea. 

Á  recorrer  el  Transval, 

me  harté  de  vida  minera. 

Yo  soy  libre  como  el  pájaro, 

que  cuando  le  agrada,  vuela. 
LuccA.     ¿Y  vas  solo? 
García.  Con  el  negro. 

LuccA.     ¿No  ves  á  Luis? 


—  39  — 

García.  ^  No  me  deja 

marcharme,  si  yo  le  veo. 
LucGA.    (iOhl  ¡qué  magnífica  idea!) 
García.  (¿Verlos  casar?...  Eso  no; 

para  eso  no  tengo  fuerzas.) 

ESCENA  V 

DICHOS   y]  DALÍ 

Dalí.      Todo  corriente,  señor. 
García.  Á  casa  por  las  maletas. 

Lucca,  adiós. 
LuccA.  Adiós,  García. 

García.  Griqualand,  hasta  la  vuelta. 

(volviéndose  i  Laeca*) 

A  los  que  les  debo  algo» 
que  volveré...  cuando  vuelva. 
No  les  pago,  porque  así 
sabré  que  de  mí  se  acuerdan, 
y  eso  siempre  es  un  consuelo. 
Conque  abur,  lo  dicho,  ¡ea! 

(Vanse  García  y  Dalí.) 

ESCENA    VI 

LUCCA  íoio. 

Todo  se  presenta  bien: 
la  marcha  de  éste,  la  fiesta, 
los  Mineros  en  motín; 
tendré  victoria  completa. 

(Vase  por  la  taberna.) 

ESCENA   VII 

MISTER  JUSTO  y  MISTER  DRAQUE,  jefeUe  poli 

cía  inpleía.  Este  personaje  llevará  g'afas  ahumadas. 

Justo.     Los  ladrones,  son  gentuza 

que  se  entran  sin  cumplimientos 
y  sin  permiso  en  las  casas; 


—  40  — 

forzoso  es  que  aseguremos 

la  casa  del  viejo  Jhon. 
Draque.  No  hay  cuidado,  caballero; 

el  jefe  de  policía 

os  da  palabra  de  ello. 
Justo.      Hay  que  tener  mucha  vista. 
Draque.  Sí  señor,  y  yo  la  tengo. 
Justo.     ¿Con  esas  gafas  ahumadas? 
Draque,  Esto  es  porque  íiace  ya  tiempo 

padecemos  de  oftalmía 

los  individuos  del  cuerpo. 

ESCENA   Vm      , 

DICHOS,  DÜBLIN  y  LUIS  por  la  derocha. 
DUBLIN.     (Leyendo  la  maestra.) 

Jhon,  tallador.  Ya  llegamos. 
Luis.       ¿Estará  en  su  casa  el  viejo? 

DUBLIN.     Sale  poco.  (Á  DubUn.) 

Ya  le  he  dicho 

al  señor  jefe,  que  creo 

que  aquí  lo  más  oportuno 

es  custodiar... 
DüBLiN.  Bueno,  bueno. 

Cállese  usted. 
Justo,     (incomodado.)    Ya  me  callo 
DuBLiN.  Es  usté  un  pesado. 

(Á  Lais  y  á  Draque    haciéndoles   entrar  en    casa 
del  tallador.) 

Entremos,  (vanse.) 

Justo.       (viéndolos  entrar.  Paa^a.) 

No  le  digo  que  es  muy  bruto; 
pero  conste  que  lo  pienso. 

MUTACIÓN 


—  41  — 


GUADRa  CUARTO 


VNA  TBAIdÓIff 


Telón  corto*  Interior  de  ana  casa  rústica  on  casa  de   Jhon 

ol    tallador.   Ventana  grande   pI    foto,   qua   da   al    campo. 

Empieza  i  anochecer  desde  el  principio  de  este  cuadro. 


ESCENA  PRLMERA 

DÜBLIN,  LUIS,  JUSTO  y  DRAQUE,  por  la  .io.«h., 

y  JHON  por  la  izquierda. 


Los  CUATRO. 

Jho>*. 

Los  CUATRO. 

Jhon. 

Los  CUATRO. 


Luis. 

DUBUN. 


MÚSICA 

¡Ah  de  casal 

¿Quién  va  allá? 
¡Todos,  somos  amigos! 
Señores,  ¿y  qué  tal? 
Muy  bien  nos  va. 

Es  nuestra  visita 

de  lo  más  formal; 

aquí  hay  una  piedra 

sobrenatur  al. 

Un  rico  diamante, 

pero  artificial. 

Es  de  tal  tamaño 


—  42  — 

que  hay  que  saludar.  (Saiadae  todos.) 
Justo  yDaÁQUE.  Y  como  es  tan  grande 

él  lo  viene  | 

yo  lo  vengo  ( *  custodiar. 
Jiiox.  Y  yo  lo  recibo 

con  sati-sfacción, 
esto  es  una  honra 
para  un  tallador. 
Todos.  [Síseñorl 

DcBUN.  Y  para  su  dueño 

es  gloria  mayor, 
Justo.  Y  archipislonuda 

para  un  servidor. 
Lris.  Y  mucho  más  grande 

para  su  inventor. 
Todos.  Y  hasta  espeluznante 

pora  el  guardador, 

¡Si  señorl 
Que  conste  asi. 
Luis.  No  tiene  igual, 

Jhon.  Monumental. 

Justo.  Piramidal. 

DuBLiN.  Es  colosal 

Todos.  Y  tal  y  tal. 

Guidadito, 
despacito, 
no  se  vaya  á  desgraciar; 
mucho  ojo 
que  el  tallado 
ha  de  ser  muy  especial. 
£s  colosal, 
piramidal. 

Precaución, 

discreción 
y  al  que  robarlo  intente^ 
ipiml  ¡pam!  |pom! 


HABLADO 

DüBLix.  Ya  sabéis,  mi  viejo  Jhon, 


—  43  — 

el  valor  que  deposito 
en  vuestras  manos. 

Jhon.  Lo  sé, 

y  quedaréis  complacido 
de  mi  trabajo.  Esta  piedra, 
que  es  de  un  valor  infinito, 
un  bello  diamante  rosa, 
tallarla  bien  es  preciso; 
pero  tengo  que  tardar. 
Ahora  bien,  yo  necesito 
una  guardia  en  esta  casa. 

Luis.       Kso  ya  estaba  previsto. 

DuBLiN.   Perfectamente.  Pues  vamos.  (Á  Luí».) 

Justo,     (á  todos.)  Señores,  no  lo  permito. 
Si  ustedes  tienen  que  hacer) 
vayan  en  buen  hora,  amigos; 
pero  yo  me  quedo  aquí 
mientras  esos  individuos 
de  la  policía  vienen. 
Cuando  lleguen,  me  retiro, 
entretanto  velaré 
por  el  gran  excelentísimo 
diamante  que  nos  ocupa. 
Márchense  ustedes:  he  dicho. 

Luis.       Muy  bien  pensado. 

Draoik.  Está  bien. 

DUBLIN.    (Dándolo  U  mano  y  apretindosaU.) 

Eso  le  honra  á  usté  muchísimo, 
muchas  gracias. 
Justo.     (Hacíondo  gestos.)  ¡Basta,  hombre! 

(Vanse  todos  monos  Jasto  7  Jhon.) 

Me  ha  dejado  sin  servicio 

la  mano  derecha. 
Jhon.  ¿Cómo? 

JusT^     De  un  apretón;-  si  es  tan  fino, 

que  hasta  cuando  da  la  mano 

da  una  coz  el  pobrecito. 


—  44  — 

ESCENA  II 

JUSTO  y    J  HON 

JiioN.      Ahora  vamos  á  guardar 

la  piedra  en  sitio  seguro, 

en  mi  taller,  y  dispense 

si  lo  encuentra  usté  algo  sucio; 

porque  he  tenido  alhamíes 

y  aún  andan  por  allí  algunos 

utensilios  del  oficio; 

espuertas  de  yeso,  cuhos.,. 
Ji:sTo.     No  importa,  tendré  cuidado. 
JiiON.      Hombce,  como  usté  es  tan  pulcro, 

se  lo  advierto. 
JrsTo,  Muchas  gracias. 

(Por  precaución  yo  me  suho 

los  pantalones.) 
Jhon.  Entremos. 

JrsTO.     Primero  usté.  Yo  el  segundo. 

(Vanso  por  la  izquierda.) 

ESCRNA  III 

VON  RRUN  por  la  ventana,  y  á  poco  dos  ou  mascara  Jos. 

BrT.N.         (Apareciendo  y  miran<lo.) 

jNadiel  (Saltando  la  ventana.) 

Estará  en  el  taller. 

(Se  dirig-o  á  la  izqnioi'da.) 

¡Con  él  está  mister  Justo!... 
jQué  contratiempo!.,. 

(Se  dirig'C  á  la  ventana  y  hacu  señas.) 

Subid. 
Si  el  fino  chista,  lo  esnuco. 

(Entran  los  enmascarados») 

Adelante.  Ya  sabéis, 
por  la  ventana  del  muro 
que  da  al  campo,  con  el  viejo... 
De  lo  demás,  yo  me  ocupo. 

(Vanse  por  la  izquierda.  Se    oye  dentro  roído,  y 
dos  gritos  ahogados.  Todo  instantáuoo.) 


—  4o  — 

ESCENA  IV 

MISTER  JÜSJO  lleno    do  yeso  la  cora,  cabeza  y  todo 

el   traje. 

Justo      ¡Ladrones!  iPillos!  ¡Tunantes! 

jAy,  Jesús,  cómo  me  han  puesto! 

¡Horror!  Me  han  tirado  al  rostro 

toda  una  espuerta  de  yeso. 

Me  han  cegado,  y  en  resumen, 

que  se  llevaron  al  viejo 

con  el  diamante,  y  á  mí 

que  me  han  dejado  indefenso. 

Prefiero  mejor  un  tiro 

á  que  me  manchen.  Mas  debo 

avisar  á  lodo  el  mundo 

por  si  aun  podemos  cogerlos. 

Pero  antes  voy  á  vestirme, 

porque  así  no  me  presento, 

(Va  á  salir  por  la  derocha.) 

KSCENA  V 

DICHOS  y  POLISMAN  1/  y  2."  por  la  derecha. 

PoL  I.'*    ¡A  sus  órdenesl 

Justo.  Muy  bien, 

llegan,  como  siempre,  á  tiempo. 

Vengan  ustedes  conmigo. 

Nos  robaron. 
PoL.  1.*  No  podemos. 

Venimos  á  custodiar, 

¡Custodiemos! 
PoL.  2."*  ¡Custodiemos! 

(Dan  media  rnelta  y  vanso  por  la  izquierda.) 
Justo.       ÍLes  mira  marcharse,  y  dice  despaés.) 

¡Imbéciles!  Les  falté».. 
¡Pero  con  éstos  no  peco! 

(Vase  por  la  derecha.) 

MUTACIÓN 


I 


-  46  — 


GÜADBO  QUINTO 


U  INCENDIO 


Gran  Balón  de  baile  en  la  casa  rúitlca  de  mister  DabHn* 
'Arañai  oncendldtt»  pioles,  armas,  etc»  Todo  lo  qoe  dé  ca- 
rácter i  U  cata  de  un  minero  en  el  Cabo  de  Baena  Espe* 
raasa.  Puertas  laterales.  Al  fondo,  frau  balcón,  terraza  de 
cristales  con  plantas,  etc.  Es  de  noche. 


ESCENA  PRIMERA 

DÜBLÍN,  BERTA.  MARY,  LUIS,  CONVIDADOS, 

CORO  GENERAL.   Vestirán   trajes  sencillos  á  la  moda 
inglesa,  y  les  hombres  lo  mismo,  sin  gran  etiqueta» 

MÚSICA 

G.  GENERAL.  Sea  enhorabuena 
mil  felicidades 
dé  Dios  á  los  novios 
que  á  casarse  van. 
£1  novio  es  apuesto 
la  novia  muy  bella, 
y  no  hay  dos  cual  ella 
en  el  Griqualand. 
A  felicitarlos 


—  47  — 

venimos  acá. 

Dios  les  dé  á  los  novios 

la  felicidad. 


HABLADO 

Dl'blin.   ¥o,  señores,  agradezco 

todas  las  enhorabuenas 

que  me  dais  por  esta  unión. 

Caro  yerno,  pocos  llegan 

á  conseguir  lo  que  tú. 
Luis.       Cierto,  victoria  completa. 

Un  ángel  y  una  fortuna; 

sólo  soy  feliz  por  ella.  (SoiaU  á  Berta.) 

ESCfiNA    II 

DICHOS  y  JUSTO  vestido  de  etiqueta,  por  la  derecha. 

DvBLiN.  Pero  ese  ave  de  rapiña, 

es  decir,  ese  escribano, 

¿cuándo  viene? 
Justo.  ,  Buenas  noches. 

(Entiando  muy   ag^itado   i  dirigiéndose  á  loa  se" 
ñoras») 

Les  beso  á  ustedes  las  manos. 

(Á  los  caballeros.) 

Y  á  ustedes  beso  los  pies. 
Luis.       ¿Mas  por  qué  tan  sofocado? 
Berta.    ¿Qué  le  pasa? 
DüBLiN,  ¿Qué  sucede? 

Juflro.     Oigan  ustedes  el  caso. 

Dos  cargaron  con  el  viejo. 

otro  me  puso  hecho  un  trapo, 

y  en  fin,  yo  lo  siento  mucho... 

lel  diamante  lo  han  robado! 

(Sensacióa  general.) 

DuBLiPc.  ¿Quién? 

Luis.  ¡CieJosI 

BkRTA.  ¿Cómo? 

Maht.  ¿Qué  dice? 

DuBLir^.  ¿Pero  cuándo  ha  sido? 


—  48  ~ 

Luce A.  ¿Cuándo? 

Ji'STo.     Hace  una  hora  no  más, 

tiempo  que  he  necesitado 

para  arreglarme  y  vestirme. 
DuBLix.   ¡Una  hora!  ¡Mamarracho! 
Justo.     ¿Delante  de  tanta  gente 

faltarme  á  mi?  (Retlrándoge  á  un  Udo.) 

Mary.  [Justo  amado! 

Justo.     ¡Qué  hermano  tienes! 
DuBLiN.  ¡A  ver, 

la  policía  del  Cabo!... 
Justo.     Sí,  para  bastante  sirve. 

Crudo.    (Por  laderoeba.) 

¡Señores!  El  escribano. 
DuBLiN.  A  la  calle,  que  no  entre. 

Ya  no  hay  boda  ni  contratas... 

Lo  que  quiero  es  el  diamante. 
Berta.    ¡Luis  mío! 
Luis.  ¡Pierde  cuidado! 

DuBi.iN.   ¡Ah!  Ya  conozco  al  infame... 

(Entran  por  la   derecha  Luoca,    Von-Bran    y  un. 
Minero.) 

Es  Lucca  el  italiano 
el  que  nos  hizo,  traición. 

ESCKNA  iil 

DICHOS,  LUCCA,  VON-BRÜN  y  MINERO 
Luce  A.     No;  Lucca  es  un  hombre  honrado. 

(Sensación  general.) 

Cuando  me  enteré  del  robo, 

pensé  lo  que  está  pasando; 

que  á  mí  se  me  acusaría, 

y  puse  en  averiguarlo 

todo  mi  empeño.  Yo  sé 

quiénes  fueron  los  malvados. 
DuBUN.  ¿Quiénes? 
Luce  A.  Antonio  G^ircía 

y  el  negro  Dalí. 
Luis.  Rechazo 

esa  acusación  infame. 


-  49  - 

BauN.      Los  hemos  visto  á  caballo 

internarse  por  la  selva. 
Minero.  Y  yo  les  vi  que  sacaron 

las  maletas  de  la  casa. 
Brün.      y  esta  tarde  cuando  estábamos 

bebiendo  gin  en  la  plaza 

nos  dijo  á  todos,  me  marcho 

y  se  despidió. 
Minero.  Verdad. 

Berta,    (á  Lni».)  Me  habló  de  amor,  no  hice  caso, 

rechacé  sus  pretensiones,     ' 

y  no  dudes,  se  ha  vengado. 
Luis.       Imposible,  no  lo  creo. 
DüBLiN.  Pero  vamos  á  buscarlos. 
Justo.     Tiene  usted  mucha  razón. 

Sí  señor,  yo  le  acompaño. 

DUBUN.    (Pe|r¿ndole  ua  empujón.) 

Quítese  usted  de  mi  vista. 
Justo.     (Me  falta  hasta  con  las  manos.) 
Litis.       Si  es  cierto,  perdí  un  amigo: 

Mas  señores,  ¿á  qué  tanto 

pensar  en  persecuciones? 

Si  él  fué,  yo  se  lo  regalo, 

y  quien  hizo  aquel  diamante 

puede  hacer  otro.  (Todrs  agianten.) 
DUBLIN.    (Aleyrándoge.  Paasa.)  ¡PueS  clarol 

¡Qué  tontos  fuimos!  ¿Verdad? 
En  seguida  el  escribano. 

Rafdo  dentro  de  mueras,  etc.) 

¿Pero  qué  es  eso? 
{-'^-  ¿Qué  pasa? 

LüCCA,  (Corriendo  al  balcón-terraw  y  abriéndole.  Sé  re 
decoración  de  calle  rústica  de  Crlqaaland,  y  qq 
edificio  al  fondo  envuelto  en^Uamas  eompIeU- 
mante.) 

¡Es  el  pueblo  amotinado 
que  incendia  el  laboratorio! 

Luís.  iMiserables!  (Corriendo  al  balcón.) 

Berta.    ¡Cielo  santol  (Dosmayándow.) 


-80  — 


MÚSICA 

Todos.  ¡Qué  horror!  ¡Señorl 

jYa  todo  concluyó! 
La  dicha  que  reinaba 
en  pena  se  trocó. 
Coro.  (Dentro.)  En  defensa  del  trabajo 
de  los  hijos  y  el  hogar, 
castigaemos  del  infame, 
castiguemos  su  maldad. 
Muera,  muera,  el  ingeniero» 
que  arruinarnos  quiere  así. 
Muera,  muera. 
Muera,  sí. 
Luis.  |Seca  el  llanto,  vida  mía, 

que  me  mata  tu  dolor; 
la  ventura  que  se  aleja 
más  enciende  mi  pasión! 
Berta.       Este  llanto,  bien  amado, 
no  lo  causa  mi  dolor, 
que  por  tí  tan  sólo  lloro 
pues  te  hiere  la  traición. 

CONCERTANTE 


Luis.  Seca  el  llanto,  vida  mía, 

que  me  mata  tu  dolor, 
la  ventura  que  se  aleja 
más  enciende  mi  pasión. 

Berta.       Este  llanto,  bien  amado, 
no  lo  causa  mi  dolor, 
que  por  tí  tan  sólo  lloro, 
pues  te  hiere  la  traición. 

DuBUN»      Esos  viles,  al  robarme, 
se  llevaron  mi  ilusión; 
para  siempre  se  borraron 
mis  ensueños  de  ambición. 

LuCGAy  VoN-BrUN  y  MlNEROS. 

La  venganza  que  buscaba 
ya  mi  pecho  la  alcanzó; 
para  siempre,  yo  he  deshecho 


—  81  — 

la  ventara  de  los  dos. 
Justo  y  Mabt.  La  venganza  que  buscaban 

la  ba  logrado  el  traidor; 

para  siempre,  él  ha  deshecho 

la  ventara  de  los  dos. 
G.  GENERAL.  Á  alcanzar  el  premio  iba 

la  constancia  de  los  dos; 

tornadiza  la  fortuna 

la  ventura  les  robó. 

Luis*    .         (Desprandléadose  da  los  brazos  de  Berta.) 

Mas  ya  que  la  desgracia 
nos  quiso  herir  asi, 
sigamos  á  los  viles 
del  mundo  hasta  el  confín. 
La  gloria  de  mi  invento, 
las  dichas  de  mi  amor, 
reclaman  que  marchemos 
en  busca  del  traidor. 
Todos.       Las  glorias  de  su  invento, 
las  dichas  de  su  amor, 
reclaman  el  castigo 
del  vil  y  del  traidor. 

(ÁTftnxftndo.) 

Á  partir, 
á  marchar, 
ni  un  punto 
descansar. 
Corramos 
tras  del  vil; 
castigo 
á  su  maldad. 
T  el  diamante 
que  á  la  ciencia 
supo  un  hombre 
arrebatar, . 
de  las  manos 
de  esos  viles 
es  preciso 
recobrar. 


—  82  — 


¡Á  partir, 
á  marchar! 


(Gran  «onfosiÓD;  se  oyen  roces  dentro  y  gritos  de 
{mneral  EL  ineandio  sig^ae  Tiéndese  4  través  del 
fran  balcón;  todos  los  personajes,  salea  por  dis- 
tintos lados.  ▼  cae  el  tal¿n.) 


tintos  lados,  y  cae  el  telón.) 


FIN  DEL  ACTO  PRIMERO 


ACTO  SEGUNDO 


CÜADBO   SEXTO 


[A  T&AViS  VS3L  TBMHSVUai 


Grandes  montañas  ilnminadas  por  el  sol  poniente.  Colinas 
todas  practicables  j  con  rampas^  arraneando  d«sde  la 
coarta  caja  hasta  el  segando  termine  inclnsive.  En  el 
primer  término  de  la  derecha  ana  granja  de  Boers-holanr 
desea  con  sn  pequeño  jardín  4  la  entrada.  Á  la  isqniar* 
da  nn  gran  árbol  con  nn  banco  al  pié. 

ESCENA   PRIMERA 

DÜBLtN.  BERTA,  HART,  LUCCA.  BRUN,  JUSTO 

y  nn  GÜIAl  salen  por  la  isqnlerda  y  como  si  bajaran  de  an 

carro  donde  yan  las  maletas;  dicho  carro  so  supone  está  á 

la  isqnierda,  al  pié  de  las  montañas. 

MÚSICA 

Gnu.      ¡Alto! 

Justo.  ¿Qué  es  esto? 


-  «4  — 


OUBUN. 

¿Llegamos  ya? 

Guia. 

Esa  es  la  Granja 

(SeftaUndo  á  la  derecha.) 

del  viejo  Gratid. 

Bebta. 

Pues  bajemos 

y  en  ella  podremos 

al  fin  descansar. 

(Uegpan  todos  á  la  pnerta.) 

Todos. 

¡Ah,  de  la  Granja! 

Grand.  (Saliendo.)  ¿Quíén  llama? 
Todos.  Viajeros 

ingleses.  Mineros 

del  Griqualand. 
JviSTO.  Aquí  es  decantada 

la  hospitalidad. 

Para  presentarse 

debe  cepillarse 

todo  caballero 

con  educación.  (Saca  nn  cepUto.) 

Yamos^  míster  Dublin, 
haga  usté  el  favor 
de  limpiarme  por  la  espalda 
la  levita  y  pantalón. 

DUBLIN.    (Empajándole.) 

¡Yaya  usté  al  demonio! 
Justo.  ¡Siempre  tan  faltón! 

(Se  oye  dentro  músiea  deTlolinos.) 

Berta,  ¿Qué  música  es  e$a? 

¿No  escucháis?...  ¿Oíd?   ; 
Justo.  Estas  son  costumbres 

viejas  del  país. 

Aquí  se  recibe 

siempre  con  violín... 

Son  muy  musicales 

las  gentes  de  aquí. 

ESCENA  II 

DICHOS,  7  por  la  granja  taleti  ALBCRTA    GRAND 
f  BOEéRS»  tocando  el  TÍolin. 

Alb.  Salud  á  los  viajeros 

que  acaban  de  llegar. 


—  88  — 

Grand,       ,  Me  doy  la  enhorabuena 

de  verlos  por  acá. 

Coro  de  señoras. 

Salud  á  los  viajeros 
que  acaban  de  llegan 

Coro  de  hombres. 

Tenemos  mucho  gusto 
en  verlos  por  acá. 

(Rodean  ¿  los  TiajerosT.) 

Viajeros.       ¿Señores,  qué  es  esto? 
¿Por  qué  tal  recepción 
y  al  son  de  los  violines 
bailáis  en  derredor? 
Alé.  Estas  son  costumbres 

viejas  del  país. 
Aquí  todo  se  hace 
tocando  el  violin. 
Oíd,  oíd. 
Cómo  el  violin 
dá  la  expresión, 
del  sentimiento 
del  corazón. 
y  como  aquí , 
todo  es  verdad, 
siempre  el  violin 
en  juego  está. 
Guando  nace  un  chiquitín 

suena  el  violin, 
cuando  dos  se  casan  bien, 
á  la  iglesia  van  con  él. 
Que  se  muere  un  mfelíz, 
le  acompañan  con  violin. 
Con  violin  se  ofrece 

la  hospitalidad; 
aquí  á  todas  partes 
con  violin  se  va. 
Porque  es  el  violin 
la  fiel  expresión^ 
de  los  sentimientos 
de  un  buen  corazón. 

(imitando  el  violin.) 

Tai,  taí^  tai, 


—  86  — 


Todos. 
Grand. 

Justo. 


Todos. 


el  arco  por  acá. 

Tai,  etc., 
y  el  arco  por  aquí. 

Tai,  tai,  etc. 

Estas  son  cosumbres 

en  esta  región. 
¿Cuáles  son  las  vuestras? 

Tocar  el  violón. 
Oid,  oíd, 

con  atención 

lo  que  en  España 

he  visto  yo. 

Como  el  violón 

da  la  expresión, 

del  sentimiento 

del  corazón. 

Y  como  allí 

nada  es  verdad, 

siempre  el  violón 

en  juego  está. 
Si  se  casa  un  ochentón 

suena  el  violón. 
Se  subleva  don  Manuel, 
el  violón  detrás  de  él. 
Si  hay  alguna  discusión, 
todos  locan  el  violón. 

Con  violón  se  vive 

siempre  por  allá; 

es  el  inslrumento 

que  se  toca  más. 

Porque  es  el  violón 

la  fiel  expresión, 

de  los  infelices 

de  aquella  nación» 

Tai,  tai,  taó, 

el  arco*por  acá, 

tai,  tai,  taó 

y  golpe  de  violón» 

•    Tai,  tai,  etc. 

Aquí  con  violín, 

allá  con  violón,  ^ 


—  57  — 

cada  uno  toca 
según  su  afición. 


HABLADO 

Viejo.     Podéis  disponer  de  todo; 

de  mi  persona  y  mi  granja. 
Alb.        Somos  BoerS'holandeseSf 

y  nadie  en  esta  comarca 

ni  á  hospitalarios  nos  vence 

ni  á  francos  nos  aventaja. 
Berta.    Y  yo  en  el  nombre  de  todos 

os  doy  expresivas  gracias. 
Viejo.     La  norma  aquí  es  la  finura, 

con  finura  se  agasaja, 

con  finura  se  recibe. 

Justo.       (Pasando.) 

Entonces,  yo  soy  de  casa. 

(Saladando  al  TÍejo.) 

¿Cómo  esta  usted?  ¿Y  la  niña? 

Es  una  rosa  temprana. 
'  ¿Y  la  familia,  qué  tal? 
Viejo.     Todos  buenos,  muchas  gracias. 
Justo.      Tengo  un  placer... 
Viejo.  Tengo  un  gusto. . 

Justo.     Mandeusted. 
Viejo.  Usted  me  manda. 

Justo.  Justo  Bloquer,  Mikir-Maken. 
Viejo.  Jacobo  Von-Grand  y  Makas, 
DuBLiN.  Se  encontró  con  otro  fino. 

{Nos  hemos  lucido!  ¡Basta! 
Ale.       Señores,  á  descansar. 
Viejo.     En  seguida,  no  fal taba. . . 

Arreglarlo  todo,  todo. 

Luis.         (Á  Berta.) 

Berta  querida,  descansa. 
Berta.    Hasta  luego. 
Mary.    (ÁJu8to.)         ¿Tú  no  vienes? 
Justo.     Me  quedo  por  si  hago  falta. 

(Vanso  Al  berta,   Berta,  Mary  y  el   Coro  por    la 
f^raojtt.) 


—  M  — 

* 

ESCENA  III 

DICHOS  meaos  lo«  anterioret* 

Viejo.     ¿Y  vosotros?  ¿no  queréis 
honrar  mi  casa,  señores? 

Ltis.       Con  mucho  gusto,  mas  antes 
queremos  nos  proporcione 
noticias  de  dos  viajeros 
que  aquí  debieron  anoche 
detenerse,  procedentes 
de  Portchesftron. 

Viejo.  Sí,  dos  hombres. 

DuBLiN.  De  diferente  color. 

Lvis.       Los  cuales,  según  informes, 
atraviesan  el  Transvaal, 
viajando  en  un  carricoche 
del  que  tira  un  avestruz. 

Viejo.     Son  los  mismos.  Sí,  señores. 
Uno  español  muy  simpático. 
Nos  dedicó  unas  canciones 
que  empezaban  con...  ¡tu  madre! 
Y  acababan...  lOlé,  olél 

Luce  A.    ¿Y  el  otro  era  un  negro? 

Viejo.  Sí. 

DvBLiN.  ¿Y  aquí  pasaron  la  noche? 

Viejo.     Unas  dos  horas  escasas 
estuvieron,  se  conoce 
que  viajan  con  mucha  prisa. 

Luce  A.    Como  que  son  dos  ladrones 
.    que  venimos  persiguiendo. 

Luis.       (No  puedo  oir  que  ese  hombre 
llame  ladrón  á  García.) 

Viejo.     Fácilmente  se  les  coje. 

Pues  si  llegan  al  Limpopo, 
y  sus  vados  no  conocen, 
se  quedan  en  sus  orillas 
y  los  caires  me  los  cojen; 
los  encierran  por  espías, 
los  ceban  y  se  los  comen. 

Justo.     ¿Pero  el  bistek  personal 


—  59  — 


Justo. 
Viejo. 
Justo. 

VlBJO. 

Justo. 


Viejo. 


es  de  moda  entre  esos  hombres? 
Viejo.     No  señor.  A  los  espías 
dan  tratamientos  feroces, 
pero  son  muy  buenas  gentes, 
muy  finos  y  servidores. 
¿Fino*?  Vestirán  de^  negro. 
No  visten. 

¿No?  ¿Pues  entonces? 
No  necesitan  vestirse; 
son  negros  como  tizones. 
£1  color  ya  es  de  etiqueta, 
menos  mal.  Y  esos  señores 
¿están  muy  cerca  de  aquí? 
Tan  cerca,  que  algunas  noches 
andan  por  esas  montañas, 
y  lo  que  pueden  lo  cojen; 
pero  no  hacen  daño  á  nadie. 
¿Y  diga  usté?... 

iBasta,  hombre! 

(Á  lot  demás.) 

Bien  pronto  estarán  cogidos. 
Ahora,  dejad  que  reposen 
las  señoras,  y  después 
entrada  la  media  noche, 
emprendemos  el  camino. 
LucGA.    Pues  á  descansar,  señores. 
Von-Brun  y  yo  velaremos, 
OS  preciso  que  se  compren 
ahora  mismo  los  caballos.     . 
Es  verdad. 

Mas  eso  corre 
de  nuestra  cuenta. 

Hasta  luego. 
Hasta  pronto. 

(Vansa  por  la  ^anja  con  el  Viejo  Grand.) 

Buenas  noches. 

(Acercándose.) 

Si  ustedea  juzgan  que  yo 
puedo  ser  útil...  Entonces 
ni  tomo  nada,  ni  duermo, 
y  me  tienen  á  sus  órdenes. 
LuGGA.    No  señor. 


Justo. 

DUBUN. 


Luis. 


DUBLIN. 

Brun. 
Luis. 

DUBUN. 

Luce A. 
Justo. 


Bruh. 
Justo. 


—  60  — 

A  descansar. 
Mi  ofrecimiento^  que  conste.  (vm«.) 

ESCENA  IV 

LÜCCA  I  VON-BRÜN 


Brun 


Cada  vez  te  entiendo  menos 
Lucca,  ¿cuáles  son  tus  miras? 
Salimos  del  Griqualand 
persiguiendo  á  ese  García 
que  nosotros  acusamos, 
y  al  cual  esta  noche  misma 
quizá  le  daremos  caza; 
¿qué  vas  hacer  cuando  él  diga 
que  es  inocente?  ¿A  ver,  díme? 
LuGCA .    Tienes  muy  poca  malicia. 
¿Vistes  con  qué  habilidad 
me  introduje  en  la  familia 
hasta  hacerles  ver  que  yo 
por  mi  dignidad,  debía 
venir  en  la  expedición 
y  los  convencí  en  seguida? 
¿Tistes  como  á  tí  también 
te  propuse  para  guía 
por  conocer  el  país 
diciendo  que  útil  serias? 
¿Vistes  como  á  mister  Dublín 
convencí,  de  que  su  hija 
estaba  expuesta  á  peligros 
en  ^1  Griqualand,  en  vista 
de  la  actitud  que  tomaron 
los  obreros  de  las  minas, 
y  en  contra  del  ingeniero 
el  viejo  trajo  á  la  niña 
á  pesar  de  los  obstáculos 
y  de  todas  las  fatigas? 
Pues  si  viste  todo  esto, 
¿cómo  dudas  todavía 
de  que  yo  tenga  mi  plan? 
Antes  de  que  raye  el  día 
he  de  verlo  realizado. 


—  61  — 


Bruw. 

jComo  no  le  comunicas!... 

¿Qué  es  lo  que  piensas?  • 

Luce A. 

¿Qué  pienso? 

Mostrar  amistad  sencilla; 

comprar  ahora  los  caballos, 

é  internamos  en  seguida 

en  los  matorrales;  luego. 

con  tu  ayuda  y  mi  pericia^ 

robar  á  Berta,  y  después 

á  Kimperley. 

Brun. 

¡Por  mi  vida, 

que  te  honra  mucho  ese  plan! 

Con  el  diamante  y  la  chica... 

LUCCA. 

Es  completa  mi  venganza. 

{Silencio,  por  si  vigilan! 

El  ingeniero  conmigo... 

Brun. 

Noté  que  bien  no  te  mira. 

LVCCA. 

¡Ya  las  pagará  ese  necio! 

¡Vamos! 

Brvn. 

La  caballeriza 

- 

de  Pedro  Grind  está  cerca. 

Lusca. 

Pues  anda  delante.  Guia.  (Vsnie.) 

ESCENA  V 


MISTER  JUSTO  por  la  c^ftnja,  con  ana  eaja  debajo  d,al 

braso. 

Ahora  que  no  me  ve  nadie, 
voy  á  hacerme  la  toüette. 
Saldremos  á  media  noche, 
y  un  hombre  de  mi  jaez 
debe  presentarse  limpio. 
Aquí  no  molestaré. 

(Coloca  la  eaja  en  el  banco  que  hay  debajo  del  ár- 
bol. Paoaa.) 

Me  quitaré  la  levita 
y  el  chaleco.  No  está  bien 
quedarse  en  paños  menores; 
pero  aquí  nadie  me  ve.  (Pausa.) 
Gomo  no  hay  bastantes  camas, 
me  tocó  dormir  con  el 


—  62  — 

estúpido  mister  Dublín. 
Yo  con  un  hombre  qae  es 
tan  ordinario...  jIm{iosi¿le1 
Voy  á  abrir  el  neceser 
á  ver  si  me  falta  algo.  (Abriéndolo.) 
Está  como  lo  arreglé. 
Cuatro  barras  de  cosmético, 
colonia,  agua  de  Suez, 
pomada  de  lirio  verde, 
peines,  cepillos:  muy  bien; 
todo  en  orden,  todo  en  orden; 
¡como  yo...  vamos,  no  hay  tres! 

(Múaica  piano  en  la  orquesta.  Van  aparaeicndo  por 
laa  colinas  cafres  negros.  Sacan  las  maletas  y  ob* 
jetos  que  figpnran  estar  en  el  carro.  Caatro.de  ellos 
reparan  en  Jaste  y  bajan  «i ganosamente  en  el  mo- 
mento que  se  Indiqoe.) 

jYoy  á  darme  de  jabón! 
Primero  me  afeitaré; 
sin  luz,  yo  me  afeito  al  tacto; 
V  por  cierto  que  una  vez 
recuerdo  que  al  afeitarme 
tanta  carne  me  corté, 
que  si  hay  allí  un  cocinero 
le  sobra  para  un  bistek, 

(Se  da  de  jabón.  Pansa.) 

Vaya,  ya  estoy  jabonado.  (Cogo  la  navaja.) 
Vamos.  Una,  dos  y  tres. 

(En  este  momento  han  bajado  ya  los  cafres  y  co*- 
gen  á  Jnsto  y  se  lo  llevan;  otro  cogpo  el  neceser  y 
la  levita  y  el  chaleco.) 

¿Pero  qué  es  esto?  {Los  cafres! 
Señores,  ¿pero  por  qué?... 
¡No  faltarme!  ¡Me  digieren, 
me  digieren  de  esta  vez! 


MUTACIÓN 


^63  — 


CÜAD&O  SEPTUaO 


LOPSPS 


Sflra  corta.  Orillas  del  Limpopo*  Primer  Urmino  de  la  de- 
recha serie  de  eaba&as  de  cafres;  las  dos  primeras  practica- 
bles* Primer  término  de  la  itqalerda,  naos  matorrales  espe- 
sos de  poca  altara;  lo  bastante  para  ocultar  Tarias  personas* 

Bi  d^  noche* 


ESCENA  PRIIIERA 

LOPEPE  y  CORO  DE  HOMBRES  (cafres  nebros)  que 
salen  por  detréi  de  los  matorrales* 

MÚSICA 

Cobo*         ¡Saludl  loh,  gran  Lopepe, 
caudillo  de  este  kraall 
la  orilla  del  Limpopo 
tranquila  está« 

Retoño  de  la  loba 

ta  cuerpo  esbelto  es, 

tu  voz  es  la  armoniosa 

del  ave  del  Mambé. 

Salud  al  vencedor 

del  fiero  Nomafú, 


! 
t    I 


—  64  — 

al  hijo  de  Sobusa, 

al  rayo  de  la  luz. 
LoPEPE.  Hijos  del  búfalo 

y  del  leopardo, 

el  kraal  os  brinda 

paz  y  descanso. 
Capaes.         ( Dentro*. )íLopepe I  ¡Lopepe! 

ESCENA  II 

DICHOS  y  MISTER  JUSTO  en  mangas  de  camUa  y  con 

sombrero  de  eopa  paetto.  Despnós  OCHO  CAFRES  coa  las 

maletas  abiertas,  levita  y  neceser  da  mister  Josto. 

Justo.  .  iSeñorl  iSeñorl  (Mirando  i  Lopepe.) 

Éste  es,  por  las  trazas, 

un  gobernador. 
Cafres.         Nieto  del  Mavinki, 

sol  de  rayos  mil, 

del  esclavo  blanco 

este  es  el  botín. 

(Tiran  i  los  pies  de  Lopepo  las  maletas  abiertas.) 

Justo.  Tened  más  cuidado 

que  cuesta  el  dinero. 

(Estos  son  salvajes, 

perb  verdaderos.) 
Lopepe.         ¿Quién  eres?  (Á  Josio.)  Vosotros 

el  botín  coged.  (Á  ios  Cafres.) 

JfJSTo.  Merienda  de  negros 

mí  ropa  va  á  ser. 
No  lo  quiero  ver.  (Á  Lopepe.) 
Yo  soy  mister  Justo, 
todo  un  caballero 
muy  fino  y  cortés. 
Me  ban  cogido  estos, 
y  aquí  me  han  traído, 
yo  no  sé  por  qué, 
ni  para  qué. 

(Lcs  Cafres  se  han  repartido  camisas,  toballas,  ame- 
ricanas, etc.,  y  se  las  ponen  de  distintos  modos 
por  la  cabeza,  etc.  Lopepe  se  pono  la  levita  do 
mister  Jasto.) 


—  68  — 

Coro.        (Saltando  y  haciondo  contorstonet.) 

lAhüI  iAhü!  ¡AbúI 

Mavinki  y  Nomafú. 

¡Ahéi  jAhél  (Ahé! 
*  Bassato  de  Mambé. 
Justo.  Si  sigue  el  reparto, 

¡qaé  barbaridad! 

en  paños  menores 

me  van  á  dejar. 
LopEPE.         Paso  al  gran  Lopepe, 

rayo  de  la  luz. 

(Contoneindose  con  la  leTÍt«.) 

Justo.  Lo  que  es  de  levita, 

bonito  estás  tú. 
Coro.         Con  los  trajes  del  blanco, 

los  betchuanas, 
qué  bien  están. 

{Abál 
¡Macabé!  ¡Macabé! 

¡Qae  bien! 
¡Ahú,  Ahú!,  etc. 
Justo.        Me  han  dejado  sin  prendas 

los  betchuanas 
para  alternar. 

¡Ahál 
¡Macabé!  ¡Macabé! 

¡Qué  bienl 
¡Ahú!  ¡Ahú!  ¡Ahú! 
#  Reniego  del  zulú. 
¡Ahél  ¡Ahé!  ¡Ahé! 
Me  comen  de  esta  vez. 
¡Ahél 
Coro.  ¡Ahú!  ¡Ahú!,  etc. 


HABLADO 

LoPEPE.  Basta  de  saltos  y  ahullidos, 
que  me  duele  la  cabeza.. 

Justo.     (Yo  pensaba  que  los  cafres 
la  tenían  de  madera.) 

Cap.  1.*  ¿Y  qué  hacemos,  gran  Lopepe? 


—  66  — 

Justo.     (iVaya  un  nombre,  ó  lo  que  sea!) 
LopEPB.  Con  esos  trapos,  al  kraal. 
JcsTO.     Trapos  les  llama  á  mis  prendas 

el  negro  beccerro  mate. 

Nada,  y  ellos  se  las  llevan. 

(VftnM  todoA,  dotpoés  de  haberlo  recogido  todo.) 

¿Me  permite  usté...  don  Pepe? 
LoPEPE.  Ghist. 

Justo.  {Púml  don  Pepe  me  pega. 

LopEPE.  Vamos  á  ver,  ¿tú  quién  eres? 
Justo.     ¡Qué  ordinario,  y  me  tutea! 
LoPBPE.  Habla  sin  miedo,  que  aquí 

no  comemos  carne  fresca. 
Justo.     Yo  me  llamo  misler  Justo, 

soy  subdito  de  Inglaterra^ 

soy  habitante  del  Cabo, 

y  soy  corredor  de  piedras. 
LopEPE.  ¿No  eres  un  espía?  Bueno. 

Tu  mano. 
Justo.  {¡Si  no  la  aprietal) 

LOPEPE.  (Coge  U  mano  qao  le  tiende  Jatto  y  te  la  coloca 
sobfe  la  cabeza.) 

¡Por  Mavinki  y  Nomafú! 
Justo.     ¡Vaya  un  pelo!  jsi  son  leznas! 
LopEPB.  ¿Pero  tú  no  me  saludas? 
Justo.     Es  verdad.  Á  la  Europea. 

¿Cómo  estás?  ¿y  la  señora? 
LoPEPB.  ¿Qué  es  eso? 
JüSTO.  iMujer  á  secas!  - 

LoPEPE.  No  sigas.  ¡Racalamú! 
Justo.     ¿Qué  dice?  Vaya  una  lengua, 
LoPEPE   Mi  mujer  la  Macaloa 

era  un  tipo  de  belleza; 
.  yo  la  amaba  mucho,  mucho: 

un  blanco  vino  á  esta  tierra 

y  á  mi  negra  se  llevó. 
Justo.     Esa  si  que  es  la  más  negra, 
LoPEPE.  Ella  fué  mi  favorita 

por  lo  gallarda  y  esbelta; 

pesaba  más  que  dos  vacas... 

Di;  ¿por  qué  se  marchó  ella? 
Justo.     Á  pesar  de  pesar  tanto, 


—  67  — 

la  majer  siempre  es  ligera.  (TrMsici¿B.) 
¿Y  Gomo  hablas  nuestro  idioma? 
LopEPB.  Porque  me  enseñó  la  lengua 
ese  blanco  que  te  he  dicho. 

Justo.      (Sacando  U  ten^a.) 

Pues  la  burla  fué  completa. 
LopBPE.  ¿Y  tú,  á  qud  has  venido  aquí? 
Justo.     Fué  porque  tu  gente  bestia 

me  trajo.  Mis  compañeros 

estarán  llenos  de  pena 

por  mi  desaparición. 
LopBPE.  ¿Dónde  está  la  gente  esa? 
Justo.     En  una  granja  de  boers 

que  debe  estar  aquí  cerca. 
LopEPE.  ¿Y  qué  buscan?  ¿Qué  pretenden? 

¿Por  qué  no  se  me  presentan? 

]Yo  debo  saberlo  todol 

(Tirándose  de  la  lerlta.) 

Justo.     Lopepe...  Mira  que  es  nueva. 
LopEPE.  ¡Que  vengan!  ¡Racalamül 
Justo.     (Este  cafre  me  cornea.)  (Raido  dentro.) 
LoPEPE.  ¿Pero  qué  es  eso?  ¿Qué  pasa?  (Mirando.) 
Jvsto.     Son  más  cafres  que  se  acercan. 
¡Me  quedo  en  paños  menoresl 
¡Me  desnudan  de  esta  hechal 

ESCENA   III 

DICHOS,  CAFRE  l.«,  DÜBLIN,  LUIS,  BERTl, 

^ARÍ,  LUCCA  Y  VON-BRUN  por  toa  «atorrnlet. 

* 

Cap.  i."*  unos  blancos  quieren  verte. 
Justo.     (¿Serán  ellos  esos  blancos?) 
LopEPB.  Que  lleguen  á  mi  presencia. 

DUBLDf.    Mister  Justo.  (Saliendo.) 

Mart.  ¡Justo  amadol 

(Todos  lo  abrazan  y  le  rodean.) 

Luis.       Le  juzgábamos  perdido, 
Berta.    Pero  por  fin  le  encontramos. 
Justo.     ¿Y  de  qué  modo?  Señores, 
perdonen  si  en  este  estado 
me  presento.  No  m^  mires,  (Á  Marj.) 


—  68  — 

que  estoy  hasta  pornográfico. 
LoPEPE.  ¿Quién  sois?  ¿De  dónde  veníst 

¿Á  dónde  vais? 
Luis.  Jefe  bravo 

de  los  caires  betchuanas, 

tu  protección  demandamos. 

Venimos  del  Griqualand 

y  del  Limpopo  los  vados 

pasaremos  esta  noche, 

si  como  esperan  los  blancos 

les  das  tú  licencia  y  guías 

para  que  el  gran  soberano 

Tonaia,  el  poderoso, 

nos  reciba  en  su  palacio. 
DuBUN.  Somos  mineros.  Venimos 

persiguiendo  á  dos  malvados. 
LopEPE.  Bien,  os  haré  ésos  favores, 

pero  ¿qué  ofrecéis  en  cambio 

al  nieto  del  gran  Mavinki? 
LüccA.    (Á  Luis.)  (Ofrecedle  dos  caballos.) 
Luis.       Un  fusil  con  municiones. 
LoPEPE.  No  es  bastante. 
Luis.  P^^s  te  damos 

también  un  par  de  pistolas. 
LopEPE.  Con  eso  se  cierra  el  trato. 

Ahora,  á  descansar  al  kraal. 

Las  cabanas  de  ese  lado, 

(señalando  á  la  derecha.)     ~ 

OS  pertenecen.  Entrad. 

Lopepe  es  hospitalario.  (Todos  saludan.)    ^ 

DuBUN.  Tú,  Berta,  con  ^ary,  aquí. 

(Sefialando  It  primera  cabana.) 

Los  hombres  nos  arreglamos 
de  cualquier  manera. 
LopEPE.  Entrad. 

(Mary  y  Berta  entran  an  la  primera;  los  demáa 
por  ta  segunda.) 

Justo.    ^iLopepel  Primo  del  rayo, 
sobrino  de  la  centella 
y  pariente  del  relámpago, 
yerno  del  sol  y  la  luna, 
de  las  estrellas  cuñado, 


—  69  — 

en  fin,  de  lo  que  tú  qníeras... 
Te  suplico  por  los  astros 
me  devuelvas  la  levita 
y  un  neceser,  que  amo  tanto, 
como  tú  amabas  la  vaca 
que  se  fugó  con  el  i)laDCO. 
LopEPE.  Esto  nunca.  De  lo  otro 

ya  hablaremos  más  de3pacio« 

(Vase  por  U  deracka.) 

Justo.     Yo  no  puedo  andar  alí; 
me  vestiré  de  prestado. 

(Vmo  por  la  segunda  eabafia.) 

ESCENA  IV 

DALÍ  qae  sale  por  los  matorrales. 

Dalí       Yo  les  he  visto;  no  hay  duda, 
es  Berta,  Doblin,  son  ellos. 
¿Qué  buscan  aqui?  ¿Á  qué  vienen?  n 
¿Sabrán...  pero  no  lo  lo  creo, 
que  los  cafres  á  mi  amo 
han  cogido  prisionero? 
¡Es  imposiblel  ¿En  las  minas, 
como  han  podido  saberlo? 
Al  atravesar  los  vados 
anoche  nos  sorprendieron; 
yo  pude  escapar,  pero  él 
bien  pronto  quedó  sujeto. 
Aunque  la  noticia  es  mala, 
no  pudo  llegar  á  ellos 
con  tal  rapidez;  la  causa 
después  la  averiguaremos; 
lo  importante  es  que  aquí  están, 
que  yo  veré  al  ingeniero, 
qne  le  hablaré,  y  entre  todos 
á  mi  amo  salvaremos. 
Viene  gente...  ¿Serán  cafres? 
¡Á  los  matorrales,  negro!  (s«  escondo  ) 


—  70  — 


ESCENA  V 

LUGCA  y  YON-BRUN  ti^noMmeiite  por  la  der«chft« 

LüccA.    La  impaciencia  m«  devora, 

Yon^Brun,  se  a^rca  el  momento. 

¿Los  caballos? 
BauM.  Eslán  cerca. 

LuGGA.    En  el  kraal  todo  en  silencio. 

Yon-Brun,  esa  es  la  cabana 

donde  está  Berta. 
Dau.       (Escondido.)  ¿Qué  OS  esto? 

iLncca  y  Yon-Brnnl 
LucGA.  Con  sigilo 

entramos,  la  sorprendemos 

la  cojo,  monto  á  caballo 

y  á  á  Kimperley  me  la  llevo. 
Brun  .      Tienes  razón.  Adelante. 
LuGCA.     Tú  te  quedas  un  momento 

por  si  Mary  se  apercibe... 
.  Si  grita... 
BauN.  No  podrá  hacerlo. 

No  me  encargues  más. 
Dalí.  ilnfames, 

pretenden  robarlal 
LvccA.  Adentro. 

(Entran  en  la  primara  «abaña. ) 

Dau.      (Saliendo.)  {Entrad,  entrad,  la  salida 
está  guardada.  Aquí  espero. 


ESCENA  VI 

DICHOS  y  LUGGA  ItoTando  on  brazos  á  BERTA; 

dotpoét  BRUN 

LUGCA.     (Tapando  la  boca  &  Berta  qno  qniero  gritar  y  Im* 
cha  por  desasirse  de  los  brazos  de  ¿t.) 

¡No  grítesl  ¡Luchas  en  vano  I 
Dalí.      ¡Cobarde]  Yo  la  defiendo. 
LüccA.     IDalil 
Berta.  ¡Dalí! 


—  71  — 

(Qn%  lia  loando  paitar  U  mtno  do   Laeea   de 
su  bpca.) 
LVCGA.  I  Aparta!  (Sacando  un  reTÓWar,) 

Dau.  {Tira! 

LvGCA.  (Si  tiro  todo  lo  pierdo.) 

Brun.  iLucca! 

LuGCA.  (vundoá  Brun.)  {Mátame  á  ese  hombre! 

(Bran  laea  na  )reT¿lTar  y  diipara*) 

LüGGA.      Somos  perdidos. 

(Soolta  á  BarU|  qaa  la  reeo(r«  DaH«) 

¿Qué  has  hecho? 
Bbun.      {Huyamos! 

(Vaosa  corriendo  por  la  izquierda  Lacea  y  Brvn.) 
Berta»     (Q«a  to  á  Dall  y  qaiere  se^nirloe*) 

{Detente! 

Dau.  {Aquí!  (Uamando.) 

Berta.    {Socorro! 

ESCENA  VII 

DICHOS»  LUIS  y  DUBLÍN;  á  poeoLOPEPB  y  CAFRES 
Luis.        {Berta! 

DüBUN.  ¿Qué  es  esto?  (Vien<1o  á  DaU.) 

{£1  negro  Dalfi  ¡Tunante!  (Cogriéndoia.) 
{Ya  le  tengo!  {Ya  le  tengo! 

Berta,     (interponiéndose.) 

¡Padre.)  {Dalí  me  ha  salvado! 
Luis.       ¿Qué  dices? 
DvBLiN.  Habla  al  momento. 

Lo  PEPE.  (Saliendo  con  los  Cafres.) 

¿Quién  ha  turbado  el  reposo 

de  este  kraal?  {Habla  extranjero! 
Berta.    La  traición  de  un  miserable 

que  no  ha  logrado  su  objeto. 

Lucca  y  Von-Brun,  padre  mío, 

de  aquí  robarme  quisieron. 
Dau.       Yo  estaba  en  los  matorrales 

y  sorprendí  sus  intentos. 

Él  la  llevaba  en  sus  brazos; 

yo  se  la  arranqué  de  ellos. 

He  amenazó,  resistí.. 


—  7¿  — 


Berta. 

Sobre  él  Yon-Bran  hizo  íaego. 

DUBUfC. 

¡Ahy  canallas! 

LV18. ' 

¿D6nde  están 
esos  infames? 

Dalí. 

Huyeron.' 

Luis. 

Pues  Dalí,  pronto,  un  caballo 
toma  al  punto  de  los  nuestros, 
y  persigúeme  á  ese  hombre. 

Dalí. 

Yo  le  traigo  vivo  ó  muerto. 

LOPEPE. 

A  perseguir  al  traidor, 
con  él  irán  mis  guerreros. 
Blanco  que  roba  mujeres 
le  sacrifico  al  momento. 

Luis. 

iGorre,  puesl  (Á  DaU.) 

Dalí. 

{k  Luis  aparte.)  Sí,  pero  autes, 
es  preciso  que  salvemos 
á  mi  amo. 

Lvis. 

¿Dónele  está? 

Dalí. 

Ha  caído  prisionero, 
del  rey  cafre  Tonaía. 

Luis. 

Yete,  que  le  salvaremos. 

Dau. 

Corro  en  su  busca. 

LOPEPB. 

(k  los  cafres.)           {Marchad! 

(Vaie  Dalí  seguido  de  cuatro  Cafres,' 

por  la  i 

qulerda.) 

DUBLIN. 

¿Dejas  escapar  al  negro 
sin  saber  lo  del  diamante? 

Luis 

Á  García  ya  le  tengo. 
Sé  donde  está. 

DUBLIN. 

¿Sí?  Pues  dímelo. 

ESCENA    VIII 

DICHOS*  y  JUSTO  con  QDa  blata  anelia  do  Dublía  y 

sombrero  de  copa. 

Justo.     Señores,  ¿qué  ha  sido  eso? 
No  he  podido  venir  antes 
porque  me  estaba  vistiendo. 

DuBLiN.    ¡Mi  blusa! 

Justo.  Perdone  usted, 

no  he  tenido  más  remedio, 


—  73^ 

aunque  no  está  en  mis  principios. 

(lodioando  el  robo*) 

Berta.    Pero  ahora  que  recuerdo, 

¿dónde  está  Mis  Mary? 
JcsTo.  ¿Cómo? 

Berta.    Venga  usté  conmigo.  Entremos. 

(Vante  por  U  cabafia  primera  Jatto  y  Berta.) 

Luis.       Ilustre  caudillo.  (Á  Lopepe.) 
LopEPE.  (Habla! 

Luis.       ¿Quieres  decirme  si  e^  cierto 

que  tu  gran  rey  Tonaía 

tiene  á  un  blanco  prisionero? 
L('PEPE.  Por  espía.  Sorprendido 

fué  por  varios  de  los  nuestros  ». 

al  atravesar  el  rio. 
iUiBi.iN.  ¡Pues  magnífico,  soberbiol  (Á  Lepóle,) 

Ese  hombre  es  el  que  nosotros 

veníamos  persiguiendo. 
Luis.       Preciso  es  que  nos  dé  guías 

para  marchar  al  momento. 
Lopepe.  Yo  mismo  os  conduciré 

en  mi  canoa,  pues  debo 

asistir  á  la  gran  fiesta 

de  los  tres  Búfalos  negros. 
DuuLiN.  Pues  marchemos  cuanto  antes 

porque  ya  está  amaneciendo. 

(Empieza  á  amanecer.) 

ESCENA  IX 

DICHOS,  JUSTO,  BERTA  y  MARY  por  la  derecha. 

Justo.     Aquí  está  ya  sana  y  salva.  (Á  Mary.) 

Cálmate  ya,  dulce  dueño. 
Mart.     ¡Ay,  qué  susto  más  terriblel 
Justo.     ¡Claro!  Tenía  un  pañuelo 

de  ocho  puntas  en  la  boca. 
Mary.     Y  aún  respiraba. 
Justo.  Lo  creo. 

(¿Tendrá  grande  mi  futura 

el  paso  del  alimento?) 
DüBLiN.  Ya  todo  pasó  y  en  marcha. 


—  74  — 

JvsTO.     ¿Lopepe,  me  vuelves  eso? 

LopEPB.  ¿Qué  quieres? 

JvsTO.  iMi  neceserl 

La  levita  no  la  quiero, 

porque  no  te  da  la  gana 

de  dármela. 
LopEPE.  Lo  concedo. 

(Hae*  Mfta  á  na  Cafr6  y  ¿tte  antref*  al  nacaMr  4 
Juta.) 

Luis.       Mister  Dublín;  ¿vamos? 
DuBUN.  Vamos. 

LoPEPE»  Las  canoas  al  momento. 

(Vaua  todoi  par  la  doraeha.) 

Justo.     |Mi^neceser  de  mi  alma! 

Voy  á  ver  si  está  completo.  (Lo  abr».^ 
iHorrort  ¡BandidosI  iLadronesI 
Se  me  han  comido  los  negros^ 
cuatro  tarros  de  pomada 
y  tres  barras  de  cosmético. 

(Vaaa  eorriando  por  la  doraeha.) 


MUTACIÓN 


V 


—  «  — 


CÜAD&O   OCTAVO 


VL  mSTA  «B  IOS  BSTCBOANAS 


Gr«a  pl»sa  á  todo  foro  en  el  krtal  del  rey  Toneíe^  enge- 
Uneda  con  trofeos,  ete.  Al  fondo  derecha,  palacio  ráe- 
tieo  del  r«y.  Al  fondo  iiqa  lerda,  gran  gruta  formada  de 
piedras  preelosas:  se  t¿  bastante  de  sa  interior*  En  el 
segando  tirmlno  de  la  derecha,  dosel  y  trono  para  el  rey 
y  sa  espossi  todo  engalanado*  Esta  decoración  se  deja  ¿ 
jnicio  del  pintor  escenógrafo»  Es  de  día. 


MÚSICA 

Desfile  por  el  palacio. 

i.^    La  gaardia  negra. 

2.*    Ministros  y  altos  dignatarios. 

3.*    Gran  palanquín  con  los  reyes  y  al  lado  cuatro 

doncellas  de  la  reina. 
4.°    Todos  los  viajeros  y  Lopepe« 
5.^    La  guardia  imperial. 


HABLADO 

ToNAiA.  Que  empiece  la  fiesta, 
yo  mando  y  ordeno. 


—  T6~ 

LopEPE.  Ante  Tonaía, 

humíllese  el  paeblo, 

(Todos  haecn  usa  roTeroneia») 

Justo.     Qué  cafres  tan  finos 
y  cuánta  etiqueta; 
y  estar  yo  en  la  corte 
^    y  sin  ropa  negra. 


MÚSICA 

Sicn>«  «1  desfile  por  la  Grata. 

i  .•    Guerreros  negros. 

:?."    Doncellas. 

'S*    Palanquín  con  un  ídolo. 

4.**    Hechiceros. 

ij."    Otro  palanquín,  con  otro  ídolo. 

0/    Esclavas. 

7."  Portabanderas,  estandartes»  escudos  y  lanzas. 
.8.°  Caudillos,  fetiches,  guerreros,  magos  y 
acompañamiento. 

9.^    Espantamoscas. 

10.    Gran  palanquín  con  los  tres  biifales  negros. 

i  i .  Cierra  la  comitiva  la  guardia  cafre  y  un  gran 
carro  con  trofeos,  tirado,  por  negros,  ban- 
deras y  la  Guardia  azul  ^mujeves). 

Coro  general.     Salud,  señor, 

salud,  gran  rey, 
del  trono  de  A/encí, 
el  tigre  y  el  leopardo 
se  humillan  ante  tí.     . 
Del  gran  monarca  negro 
ninguno  es  vencedor, 
tu  fama  es  coma  el  rayo 
purísimo  del  sol. 
LopEPE,  ^       El  rey  os  da  las  gracias 

por  tanto  favor. 
To.NAiA«  La  reina  Makala 

que  entone  su  canción. 

Makala.  (Baja  del  Uono,  avanza  y  todoi  la  rodean.) 


~  77  — 

Del  Búfalo  negro, 
del  gran  Unwattif 
la  canción  es  ésta, 
oíd,  oíd. 

(CANCIÓN  CAFRE) 

En  la  verde  orilla 

del  claro  Limpopo, 

Zulí,  la  doncella, 
se  enamoró 
de  un  bravo  caudillo 
de  escudo  de  cuero, 
de  lanza  acerada, 

de  fiero  valor. 

Una  noche  triste 
que  el  viento  silbaba, 
que  el  trueno  rugía 
y  el  snelo  temblaba. 

Del  fondo  agitado 

del  revuelto  río, 
Lamúf  el  hechicero, 
cual  sombra  surgió. 
Y  al  ver  la  doncella, 
que  en  la  orilla  estaba, 
sediento  de  amores 

la  arrebató. 
Y  el  bravo  caudillo 
maldijo  las  aguas, 
y  al  negro  hechicero 

valiente  retó, 
y  entonces  un  rayo 
hiriendo  al  caudillo 
en  búfalo  negro 

le  convirtió. 
Cobo.  Y  entonces  un  rayo 

hiriendo  al  caudillo 
en  búfalo  negro 

le  convirtió, 
Makala.         ¡Temblad,  temblad! 
\Lamú,  perdón  I 
iNuttca  nos  mandes 
tu  maldiciónl 


—  78  - 

Coro.  Temblad,  temblad, 

Lamúf  etc. 


HABLADO 

Makala,  Del  hechicero  Lamú 

esta  es  la  triste  leyenda, 

y  de  los  búfalos  negros 

al  celebrarse  la  fiesta, 

tiene  el  deber  de  cantarla 

todos  los  años  la  reina. 
Bbrta.    La  leyenda  es  muy  sentida. 
DvBLiN.  Es  muy  bonita. 
Luis.  ¡Interesal 

llARY.     Extraordinaria  costumbre, 

¿verdad,  Justo? 
Justo.  Mas  no  buena. 

Eso  es  convertir  los  reyes 

en  cantantes  de  zarzuela.  (Pausa.) 

TONAIA.  (Aransaado.) 

Empiece  la  ceremonia, 
y  venga  la  copa  regia 
con  la  bebida  sagrada. 

(VanM  dos  donctllas,  y  ea  seguida  vaelTon  coa 
una  graa  copa  de  oro.) 

Justo,     (á  Lopepo.) 

Oye,  ¿qué  bebida  es  esa? 
LopBPB.  Es  un  brevaje  compuesto 

del  zumo  de  la  hoja  seca. 
Justo.  (iQué  poco  zumo  tendrá!) 
LoPEPE.  Luego  ese  zumo  se  mezcla 

con  las  aguas  del  Limpopo, 

y  se  le  añade  pimienta, 

jugo  de  cardo  silvestre, 

y  sangre  de  una  pantera. 
Justo.     ¿Y  luego? 
LopEPs.  Luego,  se  bebe. 

Justo.     Claro,  y  luego  se  revienta. 

Ton  AI  A*   (Con  la  eopa  on  la  mano.) 

Beberán  antes  los  blancos; 
mas  porque  tranquilos  beban, 


—  79  — 

primero  mis  regios  labios 
tocarán  la  copa  esta. 

(Mete  U  beca  dentro  del  -rato.) 

Justo.     Cualquiera  bebe,  después 
de  esa  majestad  tan  negra. 
Va  á  teñir  la  copa. 

(Pm»  U  'eopa  á  Luie,  Berta,  Mary  y  detpméa  á 
Dttblin.) 
DUBUN.    (Deapaét  de  bebgr») 

¡Cuerno!  (PadindoU  á  Jasto.) 

¡Mister  Justo,  cosa  buenal 
Justo.     Que  lo  beba  Nomafú. 
Makalá.  Extranjero,  el  que  no  beba 

queda  convertido  en  búfalo. 
Justo.     No  bebo  aunque  me  convierta 

en  becerro,  no  señor, 

vamos,  que  no  bebo,  |eal 
ToNAiA.  ¡Como  no  bebas,  te  rajo! 
Justo.     Hay  que  beber  á  la  fuerza. 

(Se  aproxima  la  copa  á  loa  labios  y  empleía  ba 
bacer  ge<»toa.) 

DuBLiN.  ¿A  qué  sabe  mister  Justo? 
Justo.     ¿A  que  quiere  usté  que  sepa? 

Á  infusión  de  prestamistas  • 

con  raspaduras  de  suegras. 
ToNAiA.  Ahora  en  la  pira  sagrada, 

y  al  gran  búfalo  en  ofrenda, 

quememos  al  prisionero. 
Justo.     (iQué  tranquilidad  tan  regia! 

Lo  mismo  asan  aquí  un  honüire 

que  dos  kilos  de  chuletas.) 
ToNAiA.  Salga  el  blanco  de  la  gruta. 
Luis.       Señor,  un  momento.  Espera. 

Ese  prisionero  blanco 

que  á  quemar  vais  á  la  fiesta,* 

es  nuestro  compatriota, 

y  aguardo  de  tu  clemencia 

le  pongas  en  libertad. 
ToNAiA.  ¡Imposible! 
Luis.  Cuanto  quieras 

pídenos  por  su  rescate. 
Hakala,  Hay  que  quemarlo  á  la  fuerza, 


—  80  -^ 

aunque  después  de  quemado 

las  cenizas  se  os  entregan. 
Justo.     Sí  señor,  muy  bien  pensado 

lo  que  ha  pensado  la  reina. 

Es  muy  nuevo,  nos  llevamos 

al  amigo  en  la  cartera. 
ToNAiA.  No;  mi  pueblo  necesita 

un  sacrificio. 
Makala.  Se  tues1|l 

al  prisionero,  no  hay  más. 
Justo.     Tiene  la  señora  ésta, 

unas  ganas  de  rosbiff. 

No  es  guapa,  pero  es  muy  bestia. 
Luis.       Gran  rey,  nosotros  te  damos 

porque  el  prisionero  cedas 

fusiles  y  municiones. 
DuBLiN.  ¡GaballosI 

Justo.       (Sacando  dUz  eéntimot.) 

Y  yo  una  perra 

que  me  dieron  en  España, 

es  decir  esta  moneda. 
ToNAiA.   (Cogi0adoi9.)  lOh,  qué  adomo  tan  bonito 

para  mi  corona  regia! 
JusTOf     (A  snstompa&eros.)  (Déjenme  ustedes  á  mí. 

(Á  Mary.)  Ofréceíc  tu  pulsera, 

y  es  el  prisionero  nuestro. 
Mary.     (á  u  reina.)  Este  don  para  la  reina. 
Makala.  (Con  cntusUimo.)  Mira,  mira,  Tonaía. 

TONAIA.    (Ve  la  paltera  y  hace  nn  signo  de  aprobación.) 

Libre  está  el  blanco.  ¡Que  venga^ 

(El  pneblo  aransa  y  grita  demaforaiiaTnonta  pro* 
testando  de  la  orden  del  rey.  Dos  g-uorreroi  en- 
tran on  la  grata  para  asear  al  prUioncro.) 

¡Maviakil...  iRacalamuúI 

(EI  pueblo  ae  humilla  y  calla  anic  la  furia  del 
monarca.) 

Justo.     Ya  están  como  unas  ovejas. 

Todos  los  pueblos  lo  mismo; 

el  que  les  manda  les  pega. 
LopEPE.  (á  Tonaía.)  ¿Y  así  siu  el  sacrifício 

á  dioses,  y  ¿  pueblo  dejas? 
ToNAiA.  (iraenndo.)  ¡Al  rey  uo  SO  le  replica! 


—  81  — 

Y  para  que  el  paeblo  aprenda 
ya  qne  nú  hay  esclavo  blanco 
quemaré  tu  carne  negra. 

{Sujetadlel  (Lo*  graerrarot  ttijitaa  i  Lopep«.) 

LoPBPB.  {Gran  señor! 

ToNAiA.  ¡Soy  el  rayo  de  la  guerra! 
Justo.     (¡Lo  fríen!)  Oye,  Lopepe; 

te  suplico,  por  si  testas, 

que  me  legues  la  levita. 
ToNAiA.  ¡Pronto,  la  pira  dispuesta! 

(Se  diriyea  lodos  i  arrof  lar  la  pira.) 

« 

ESCENA  II 

DICHOS  y  ANTONIO  GARCÍA 

Gaacu.  ¡Berta!  ¡Luis!  ¡Todos!  ¿Qué  miro? 
Lvl5        ¡Amigo,  por  fin  te  hallamos! 
DvBUN.   ¡Tuno,  por  fin  le  encontramos! ' 
García.  Mas  ¿qué  es  esto?  ¡Yo  deliro! 

¿Cómo  vosotros  aquí? 

¡No  me  explico!  ¡No  comprendo! 
DuBLiN.  Te  venimos  persiguiendo. 
García.  ¿Persiguiendo,  á  quién?  ¿A  mí? 

Habla  Luís:  ¿por  qué  razón 

dice  Dublín  lo  que  dice? 
DiJBLiN.  Dublín,  que  no  se  desdice, 

te  llama  infame  ladrón. 
García.  ¿Ladrón  yo? 

DUBLIN.  Sí. 

García.  ¡Por  mi  h 

que  no  comprendo!... 
Luis.  Un  instante. 

(interponiéndoae.) 

DuBLiN.  Tú  me  robaste  el  diamante. 

Berta.    ¡Padre! 

Luis.  ¡Cabna.  Dublín! 

García.   (Con  asombro  á  Luis.)  ¿Qué? 

Explícame  por  favor 
lo  que  en  mi  ausencia  ha  pasado, 
y  quién  es  el  que  ha  man(^ado 
con  tal  calumnia  mi  honor. 

6 


—  82  — 

Luis.  (TrantlelÓQ  y  ptotft*) 

Mi  ciencia  logró  alcanzar, 

como  tú  sabes,  García, 

un  diamante,  y  aquel  día 

que  iba  dichoso  á  lograr 

mi  gloria  en  esta  mujer,  (por  Beru.) 

todo  me  lo  arrebataron; 

el  diamante,  lo  robaron. 
García.  ¿Y  pudiste  suponer 

que  tu  amigo.,.  lo  robó? 
Luis.       Tu  ausencia  te  delataba; 

Lucca,  además,  te  acusaba, 

mi  amistad  te  defendió; 

pero  ante  indicios  fatales... 
García.  (Coa  uonu.)  Á  la  evidencia  cediste, 

y  es  claro...  me  perseguiste... 

(Con  dotprecio.)  ¡Tú  y  yo  uo  somos  iguales! 
Luis.       ¿Cómo? 
García.  (Coft  rapidéi.)  Me  sobra  razón 

para  decir  lo  que  digo, 

y  no  puede  ser  mi  amigo 

quien  no  tiene  corazón; 

que  es  no  tenerle,  pensar 

que  yo  tal  infamia  hiciera, 
Luis.       iVé  lo  que  dices! 
Garqa.  Espera, 

que  ya  voy  á  terminar.  (Pausa.) 

Buscabas  gloria  y  amor 

en  tu  ciencia  decantada, 

y  yo,  sin  pretender  nada; 

logré  pronto  el  bien  mayor. 

La  fortuna  vino  á  mí 

y  casi  la  desprecié; 

yo  una  deuda  te  pagué, 

y  de  tu  lado  partí 

después  de  hacerte  dichoso^ 

por  noble  agradecimiento, 

y  te  dejé  con  tu  invento 

y  feliz  por  ser  su  esposo. 

(Señalando  ¿  Berta.) 

¡Bien  pagas  mi  afán  sincero  I 
Luis.       ¿Qué  dices?  ¡Habla;  lo  ansio! 


—  83  — 

García.  Aquel  diamante,  era  mío. 

Luis.        jTuyo? 

García.  Sí;  decirlo  quiero. 

En  la  mina  que  era  mía 

lo  encontró  mi  fiel  Dalí, 

y  cuando  triste  te  vi 

exclamé  con  alegría: 

es  un  tesoro,  no  importa; 

de  tu  ciencia  yo  dudaba, 

el  diamante  te  salvaba, 

y  lo  puse  en  la  retorta. 

¡Ingrato!  ¡Duda  otra  vez!  . 

¡Duda  de  tu  noble  amigo! 

Te  adyierto,  que  por  testigo 

sólo  tengo  mi  honradez. 
Luis.       De  modo  que  mi  deseo, 

mi  ciencia,  fueron  locura. 

Ya  se  eclipsó  mi  ventura. 

¡Perdona,  Antonio,  te  creo! 
DuBuiy.  Si  mi  frase  le  ofendió 

que  me  dispense  suplico. 

(¡Si  la  mina  de  este  chico 

pudiera  explotarla  yol) 
JüiTO.     Una  pregunta  indiscreta. 

¿Berta  con  el  ingeniaro 

se  unirá? 
DuBuif.  Con  el  minero. 

Justó.     ¡Huy!  ¡qué  tío  más  veleta! 
Tonaia.  Extranjeros,  en  mi  trono 

ved  de  la  fiesta  el  final. 
Luis.       Nuestra  religión  nos  veda... 
Toivau.  Entonces,  idos  en  pu; 

hasta  pasar  el  Limpopo 

mi  guardia  os  escoltará.  (Vas»  U  Gaardia  ne^rav 

ESCENA  III 

DICHOS,' UN  CAFRE,  despaés  LÜCCA  manUtado. 

Gaprb.    ¡Rayo  del  sol! 

ToifAu.  ¿Qué  sucede? 

Cafre.    ]Señort  Otro  preso  blanco. 

(E1  paobU  da  señalaa  de  regoeijo.) 


—  84  — 

ToNAU.  Conducidle  á  mi  presencia. 
Pero  pronto. 

LOPEPE.  Estoy  salvado.  (Sale  Loee*.) 

Luis.       ¡Lncca! 

Garcu.  jlnfamel 

Luce  A.  Estoy  perdido. 

García.  ¡Tú  me  acusaste,  Yülanol 

¡Habla!  Tú  eres  el  ladrón. 
Lu€GA.    ¡Sí;  yo  fui,  á  qué  negarlo! 
DuBLiN.  ¿Dónde  está  el  diamante,  dílo? 
LuccA»     No  lo  sabréis  de  mis  labios. 
Luis.       Lucca,,  que  vas  á  morir. 
LuGGA.     La  muerte  tranquilo  aguardo. 
ToNAiA.  Libre  está  Lopepe,  cafres.  ÍDomUq  á  Lopepe.) 

¡Pueblo!  ¡Ahí  tienes  otro  blancol 

(El  pueblo  prlU  y.roeifera.) 

Berta.    ¡Qué  castigo  más  horriblel 
DuBLix.  Su  fin  encontró  el  malvado. 
Berta.    La  humanidad  nos  lo  pide; 

es  necesario  salvarlo. 
García*  ¡Es  verdad! 
Luis.  ¡Dejadme  á  mí! 

¡Ah!  ¡señor! 
Lopepe.  (Abarte  á  LjAu)  Ruegas  en  vano. 

Si  le  perdonan  me  queman. , 
Luis.       Pero... 
Lopepe.  Silencio;  marcharos; 

porque  si  amotino  al  pueblo, 

os  hacen  aquí  pedazos. 
Berta.    ¡No  hay  salvación! 
Luis.  És  inútil. 

García.  Dios  le  castiga. 
Lopepe.  Marchaos. 

To?(AU.  Empiece  la  ceremonia. 
Justo.     ¡Pobre  Luccal 
DuBUN.  \  Vamos! 

García.  ¡Vamos! 

(Vanse  loa  Yiajeros.) 

TONAiA.  Arda  la  pira  sagrada, 

y  á  las  llamas  el  esclavo. 

(Másica.  Empieza  ¿  arder  la  i>ira  y  caá  el  t«l4n 
de  cuadro.) 


--85  — 


GUADSO  NOVENO 


TBAVSXCaÓN 


SeWa   corU.    Preludio  por  la  crqoesta. 


COADBO  DEI 


H  I  V 


LO   QVS  S^j;  LA   FELICIDAD 

Gran  jardín  á  todo  foro  con  rei^taelóa  tropical.  Estatuas, 
estofas,  flores,  etc.  Gran  mesa  eon  serrleio  de  gran  eomida, 
eandelabros  con  luces,  ja(  roaos,  etc.  En  el  centro  de  la  mesa 
an  gnran  adorno  de  metal  de  bastante  altura  y  que  se  dis< 
tin§^  Men  por  el  público.  Es  de  noche.  Al  empezar  el  coa- 
dro la  lona  ilumina  la  escena;  despoés,  cuando  se  indique, 
cambia  el  coadro* 

ESCENA  PRIMERA 

Al  levantarse  el  telón  todos  aparecen  sentados  ¿    la  most. 

DÜBLlN,  BERTA,  GARCÍA,    MARY,   JUSTO  y 

CONVIDADOS  DB  AMBOS  SEXOS.   Gran  alegría  al 

leraatarse  el  telón. 

Justo.     ¡Buena  comidal  lExcelentel  (Urantándose.) 
Señores... 


-  86  — 

Varios,  ¡Que  hable! 

Justo.  Un  momento. 

Propongo  un  voto  de  gracias 

al  anfitrión,  (lodoi  apUudea.) 

DuBLiN.  Agradezco 

todas  vuestras  atenciones.  (Prasa.) 
Con  motivo  del  regreso 
de  nuestro  largo  viaje, 
me  dije,  ¿cómo  festejo 
nuestra  vuelta?  y  en  seguida 
me  contesté:  pues  comiendo. 

(Todo»  api  and  en.) 

Justo.     Muy  bien  pensado,  en  la  mesa 
se  funden  los  pensamientos. 
El  que  mastica,  agradece, 
y  el  que  agradece...  pues  eso. 

(Todos  rien  y  empiezan  i   lerantarso  de  la   mesa 
formando  grupos.) 
DlTBLIN.    (Bajando  ai  proscenio  con  an  g-rapo.) 

No  hay  mayor  dicha  que  ver 

los  amigos  que  queremos, 

en  un  convite  cual  éste 

reunidos  y  contentos. 
Justo.     Uno  falta. 

Gargu.  Lo  supuse.  .    . 

DuBLiN.  Es  verdad,  el  ingeniero. 
Justo.     Su  invento  resultó  al  fin 

lo  que  ya  todos  sabemos. 
DuBUN.  Sin  embargo,  prometió 

despedirse  y  vendrá  luego. 
Mary.     ¿Lo  ves?  Va  á  venir.  (Á  Berta.) 
Berta.  No,  Mary. 

Le  conozco.  Está  resuelto 

á  volver  á  Francia.  Ya 

nunca  acaso  nos  veremos. 

(Vaose  Dablín  y  García  por  el  foro.) 

ESCENA  II 

DICHOS   y    LUIS 

Luis.       ¡Señoresl  (satndando.) 
Berta.  ¡ÉU 


—  87  — 

Mary.  ¿No  lo  ves?... 

¿no  te  dije  que  vendría? 
Justo.     ( Abraaindoie.)  iQueridísimo  ingeniero! 
Luis.       í  Berta! 
Berta.  ¡Lais! 

Luis.  La  suerte  mía 

no  quiso  hacerme  dichoso; 

\Xe  amaré  toda  la  vida! 

Voy  á  Francia,  mi  trabajo 

acaso  hará  que  consiga 

lo  que  me  negó  la  suerte. 
Justo.     Va  á  hacer  una  tontería, 

Luis.  Mary,  adiós.  (Tendiéndolo  las  manos.) 

¡Berlal 

(Se  oyen  voces  do  DaU.) 

Justo.     ¿Qué  pasa? 

escena  m 

DICHOS   y  DUBLIN  con  el  diamante,  i  peco  el  negro 
DALÍ  y  el  riejo  JHON.  Empiezan  las  nubes  á  obscorecei- 

la  luna* 

DuBLiN.   ¡El  diamantel  ¡Berta,  hija! 

I  Ya  le  tengo,  ya  le  tengol 
Berta.    ¿Cómo? 
Luis.  ¿Qué? 

DuBLiN.  De  la  alegría 

no  puedo  hablar. 
Justo,  ¿Quién  le  trajo? 

DUBLIN.    Mirando  la  piedra.) 

¡Oh,  qué  piedra  tan  magnífica! 
¡Qué  tallado  más  hermoso! 
fCómo  brilla!  ¡Cómo  brilla! 
¡Mirad! 

Luis.  (viendo  entrar  al  ne^^ro.)  ¡El  negrO  Dalí! 

Dau.       ¡El  mismo! 
DvBLiN.  ¡Dios  le  bendiga! 

Justo.     ¿Cómo  recobró  el  diamanté? 
Dalí.       Pues  la  cosa  es  bien  sencilla. 

Salí  persiguiendo  á  dos, 

de  uno  me  puse  en  la  pista. 


—  88  — 

E  ntre  el  matorral  espeso 
mirando  que  se  me  iba 
hiee  faego,  cayó  un  hombre, 
llegué  al  sitio  y  vi  con  ira 
que  la  bala  hirió  á  Von-'Brun. 
Guando  á  rematarle  iba, 
me  dijo:  Dalí,  delente, 
y  yo  te  daré  noticias 
del  diamante,  ¿Qué  diamante? 

(Empieta  k  reUmpagaear  poco  i  peco  y  mo   oyeo 
traenos  lejanos.) 

pregunté^  Nada  sabía. 

Habló,  le  escuché,  partimos 

á  Kimperley  en  seguida, 

y  allí  encontré  al  viejo  Jhon. 

i'omé  por  acción  más  digna 

recuperar  el  diamante 

que  seguir  sohre  la  pista 

de  Lucca. 
García.  Hiciste  muy  bien. 

El  desgraciado  fué  víctima 

de  los  cafres  betchuanas.. 
Jhon.      Dos  meses  día  por  día 
-     tardé  en  tallar  esa  piedra 

prisionero  en  la  guarida 

de  aquellos  dos  miserables. 
DuBLiN.  (Abrasátidoift.)  üslé  ya  68  de  mi  familia. 

Yo  mantengo  á  todo  el  mundo. 
Justo.     Dispénseme  que  le  diga 

que  el  diamante  no  es  de  usted. 

DUBLIN,    ¿Quét  (Mirando  i  Gáreia.) 

Verdad,  Es  de  García. 
García.  No  es  mío. 

DUBLIN.    (Con  alegría  )  ¿No?  ¿PtteS  dC  quiétt? 

García.  Del  ingeniero  y  su  hija. 

Lws.       No, 

Berta.  iLnisI 

DüBLiN.   (A  Lnis.)  ¿Cómo  quc  no? 

¡El  escribano  en  seguida! 

¡Tu  mano!  (A  Luis.) 

Dame  la  tuya.  (A  fiwta,) 

(Les  echa  la  bendición.) 


—  89  — 

¡Lo  que  es  la  piedra  ya  es  mía! 

(Lm  reUiupafM  llumlnsn  la  ^tceii»,  y  se  Of ea 
lar|^»  y  proleaf^dot  traenM.) 

Justo.     Un  suegro  eon  variaciones. 

Luis.       ¡Pero  Antonio!... 

García.  Si;  la  vida 

me  has  salvado...  Sed  felioes. 
Berta.  [Oh!  ¡Muchas  gracias.  García! 
DiTBLiN.   ¡Venga  champagne!  ¡Pronto,  pronto! 

¡Celebremos  nuestra  dieha! 
Justo.     Que  el  cíelo  está  de  tormeala. 

Tamos  á  mojarnos. 
DuBLiN.  ¡Quita! 

¡Que  llueva!  ¡Vengan  botellas! 

El  diamante,  que  presida 

colocado  en  este  centro* 

(Lo  coloea  «n  el  centro  de  metal.) 

Justo.     Con  centinelas  de  vista. 
DuBLiN.  El  negro  Dalí  me  basta. 
¡Hurra!  ¡Viva  la  alegría! 

(Alcatara  y  moTimiento  ea  toda»:  ko  destapan  bo" 
tellaa  do  Champagne.) 

MÚSICA 

Todos.  De  la  alegría 

que  el  cielo  da, 
el  complemento 
es  ¿1  champagne. 
¡Choquen  las  copas    . 
pronto,  á  beber! 
¡Viva  la  orgía! 
¡Viva  el  placer! 

(Brilla  un  fuerte  relámpago  y  ae  oyó  an   trueno 
prolongado.) 

Ya  la  tormenta 
ruge  violenta; 
el  ronco  truena 
pavor  nos  dá. 
Pero  no  importa, 
la  vida  es  corta; 
siga  la  fiesta, 
no  hay  que  temblar. 


—  90  — 

iGhoqaen  las  copas 
pronto,  á  beberi 
¡Viva  la  orgía! 
I  Viva  el  placer! 

(Gran  relámpago  y  trueno  proloo^ado,  7  cae  «a 
rayo  qae  Gg^era  fundir  el  diamante  qve  está  on  el 
centro  de  metal.) 

|Ah,  qué  horror! 
\E\  trueno  retumbó! 

¡Oh,  terror! 
¡El  rayo  allá  cayó! 

Dl'ULIN.    (Acercándose  á  la  mesa.) 

¿Dónde  está  el  diamante? 
Luis.  ¡Todo  concluyó 

el  rayo  maldito 

la  piedra  fundió! 
Todos.  La  dicha  en  este  mundo 

jamás  constante  es: 

el  hombre  en  un  momento 

la  ve  desvanecer. 

Las  vanas  ilusiones 

desparecieron  ya. 

¡Adiós,  hermosos  sueños! 

¡Adiós,  felicidad! 


HABLADO 

DuBLiN.  ¡Nada,  que  de  Dios  estaba 

no  fuera  mío  el  diamante! 
García.  ¿Hay  ventura  más  constante 

que  la  que  esa  piedra  daba? 

(Señala  á  tais  7  Berta.) 

¡Ved  qué  dicha  más  segura    . 
la  que  el  amor  les  concede! 
¡Ved,  mister  Dublin,  si  puede 
existir  may*r  ventura! 
DuBLiif.  Es  cierto,  no  hay  que  dudar: 
son  el  amor  y  el  trabajo 
las  venturas  que  aquí  abajo 
solamente  hay  que  buscar.  (Á  Luis  y  Berta.) 
Así  lo  quiso  el  destino. 


—  91  — 

fi£RTA.    Por  fin  le  Hamo  mi  esposo. 

García,  (ÁLuís.)  Oiga  usted,  señor  dichoso, 
que  quiero  ser  el  padrino. 

Mary.      ¿Lo  ves,  Justo?  ¡Casamiento! 

Justo.     Vaya,  pues  también  los  dos... 
(Ap.)  (iNo  le  pido  más  á  Dios 
que  un  rayo  en  aquel  momentol) 

^IVIúsica.  TelÓQ.) 


FIN  DEL  DIAMANTE  ROSA 


NOTAS  IMPORTANTES 

Debemos  hacer  presente  á  las  empre- 
sas de  los  teatros  de  provincias  y  Ultra- 
mar, que  para  los  trajes  y  atrezzo  de  esta 
obra  existen  figurines  y  fotografías,  de 
las  cuales  pueden  sacar  los  modelos  para 
la  confección  de  atrezzo  y  vestuario,  pu- 
diendo  para  ello  dirigirse  á  los  pintores 
Sres.  Muriel  y  Amalio,  ó  á  la  fotografía 
de  la  calle  del  Prado,  núm.  JO,  en  Madrid. 

Las  decoraciones  que  para  esta  obra 
tienen  que  hacerse  imprescindiblemente, 
son  las  siguientes: 

ACTO  PRIMERO 

Cuadro  í.^-^Bl  laboratorio,  con  su  trans- 
formación. 

Cuadro  3.* — ^La  plaza  del  Griqualand. 

Cuadro  5.®— El  salón  de  baile,  con  su  trans- 
formación. 

ACTO  SEGUNDO 

Cuadro  {/«-Montañas  y  granja  de  Boers- 
holandeses. 

Cuadro  3.^— B1  kraal  del  rey  Tonaia. 

Cuadro  5/-— El  Jardín,  con  su  transforma- 
ción. 


OBRAS  DE  LOS  MISMOS  AUTORES 


bn  un  acto 
Villa....  t  palos. 

iQmÉñ  FCERA  bllaI 

Solteros  ektre  paréntesis. 

La  PlLARlCA. 

Miss  Eta, 

Tarjetas  al  muioto. 

El  Zaragozano. 

Ghin-Ghin. 

El  Glob  de  los  feos» 

GARAL4MPI0. 

El  7  DE  Julio. 

Don  Dinero. 

Una  señora  en  un  tris. 

Los  inútiles.  (Tercera  edición.) 

MOEi;LfiS  FUSADOS. 

Apuntes  del  natural. 

Certamen  nacional.  {Tercera  edición.) 

La  cruz  blanca. 

Las  dos  madejas. 

Liquidación  general. 

Los  Primaveras. 

¡Al  OTROMUNDOl 

La  de  Roma« 
Misa  de  Réquiem. 


EN  dos  actos 

Madrid  en  el  año  2.000« 
El  diamante  rosa. 


DIANA 


DIANA 


DRAMA  II GDATBO  ACIOS  !  U  PURA 


OKWnMl  DC 


DON  NARCISO  GONZÁLEZ  DE  MESA 


MA.DRIO 
IMPRENTA  DE  iOSÉ  RODRÍGUEZ 

MOMA,  100,  MliaC»M 

i892 


PERSONAJES 


DIANA. 

BRÍGIDA,  criada  de  Diana. 

GOLETA,  muchacha  del  paeblo. 

HUGO. 

JUAN  CABET. 

CENTELLAS. 

DlONlS,  padre  de  Goleta. 

PEDRO»  correo  de  Gabinete. 

UN  JUEZ. 

UN  ESCRIBANO. 

UN  FRAILE. 

EL  VERDUGO. 

ALGUACILES,  SOLDADOS  Y  GENTE  DEL  PUEBLO. 

La  acción  tiene  lagar  en  una  ciudad  de  Flandes,  por  los 
anos  de  1573  á  1574. 

Los  sucesos  del  cuarto  acto,  acontecen  seis  meses  después 
de  la  fecha  que  se  fija  en  la  escena  XV  del  acto  tercero. 


Esta  obra  es  pro¡4edftd  do  sa  sator,  y  nadie  podrá,  sin  sa  pernüsoy 
reimprimirla  ni  repreieniarla  en  £spaña  y  sus  posesiones  de  Ultm- 
mar,  ni  en  los  pa<ses  eon  los  eaales  se  hayan  eelebrado  ó  se  celebren  en 
«delante  tratados  internaeionales  de  propiedad  literaria. 

El  autor  se  reserra  el  derecho  de  traducción* 

Los  comisionados  representantes  de  la  Galería  LírÍco*Dramátiea, 
titulada  El  Teatro,  de  DON  FLORENCIO  FlSCOWICH,  son  los  oxcln- 
elTamente  encargados  de  conceder  ó  neg^ar  el  permiso  de  representación 
y  del  cobre  do  los  derechos  de  propiedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley. 


A    MI    ESPOSA 


LA  Sra.  Ma 


En  frnéba  de  mi  cariño. 


^^arccéo^  ^t>n{&€Í/e»  M  %jWó逧. 


Habana,  21  de  Diciembre  de  1891. 


NOTA  DEL  AUTOR 


Como  quiera  que  este  drama  fué  admitido  para  su 
representación  en  el  teatro  de  Novedades  casi  al  ir  á  fina- 
lizar la  temporada  de  1888  á  1886,  y  entonces  llevaba  el 
titulo  de  Mariana,  y  siendo  ya  con  éste  dos  los  dramas 
míos  que  se  publican  por  la  Galería  Lírico-dramática 
del  Sr.  Fiscowich  sin  haber  sido  puestos  en  escena,  debo 
decir  algo  del  por  qué  de  su  variación  de  título  y  de  por 
qué  lo  doy  al  público  sin  haber  sido  representado. 

El  que  este  drama  lea  ó  lo  vea  representar  (si  alguna 
vez  le  cabe  esa  suerte),  no  ha  de  ser  muy  lince  para 
comprender  que  Diana,  el  personaje  principal  de  la 
obra,  no  es  otra  que  doña  Mariana  Pineda,  la  heroica 
víctima  que  sacrificó  en  Granada  el  miedo  y  el  rencor  de 
un  Gobierno  despótico  y  tenebroso  á  fines  del  primer 
tercio  de  este  siglo.  Es  claro  que  Diana  resulta  ser  en 
mi  drama  lo  que  fué  dona  Mariana  Pineda,  y  buen  cui- 
dado he  puesto  en  que  el  carácter  de  mi  personaje,  sus 
acciones  y  vicisitudes,  no  me  desmientan;  sóio  que  por 
virtud  de  mi  soberano  capricho,  Diana  vive  en  Flandes 
y  en  el  último  tercio  del  siglo  XVI,  en  vez  de  vivir  en 
Granada  en  el  año  1831;  y  así  como  doña  Mariana  Pi- 
neda sucumbió  en  la  horca,  yo  á  Diana  la  hago  morir  en 
la  hoguera. 

Entonces  ya  no  es  la  misma,  se  me  dirá. 

No  es  la  misma,  es  verdad;  pero  es  otra  tan  idéntica, 
aunque  colocada  en  otro  país  y  en  otra  época,   y  es  tan 


semejante  el  medio  ambiente  entre  que  vivió  doña  Ma- 
riana Pineda  y  en  el  que  yo  coloco  á  Diana,  que  bien 
puede  ser  que  á  aquélla  le  sucediera  mucho  de  lo  que  yo 
invento  para  ésta,  salvo  la  intercepción  del  indulto,  me- 
dio éste  del  que  me  valgo  para  que  la  acción  resulte  más 
dramática  y  más  tenebroso  el  carácter  de  Hugo,  asi  como 
me  valgo  de  la  invención  del  fugado  Juan  Gabet  para 
hacer  resaltar  más  la  bondad,  la  virtud,  la  serenidad  de 
alma  y  la  energía  de  Diana. 

En  Idol  una  bandera  tricolor  y  las  ideas  liberales 
infundían  á  los  Gobiernos  rencores  y  tan  pánico  terror, 
como  en  1873  las  doctrinas  de  Lutero  y  las  ambiciones 
de  Guillermo  de  Orange,  allá  por  los  Países* Bajos. 

En  una  y  otra  época,  ¡cuántas  Marianas  y  cuántas 
Dianas  deben  haber  sido  sacriñcadas! 

Escribí  el  drama  con  el  titulo  de  Mariana  en  1884,  y 
era  mi  protagonista  la  verdadera  doña  Mariana  Pineda, 
y  el  lugar  de  la  acción,  Granada;  y  la  época,  los  años 
de  1830  y  l831;  pero  después  de  escrito  el  drama,  pronto 
noté  que  era  crueldad,  y  mucha,  poner  el  dedo  sobre  esa 
llaga  aún  abierta  en  el  recuerdo  de  personas  interesadas 
por  el  parentesco  con  la  víctima  y  con  los  delatores,  qui- 
zás viviendo  todavía  testigos  presenciales  y  aun  actores  en 
aquel  famoso  procáso.  Todo  esto  motivó  que  rompiese 
el  drama  escrito,  y  variando  algo  su  argumento,  trasla- 
dando la  acción  á  otro  país  y  á  otra  época,  resultó  otro 
drama  distinto,  aunque  parecido;  pero  el  personaje  Ma* 
riana  siempre  me  resultó  el  mismo,  tal  y  cual  yo  lo 
había  concebido  en  el  primer  drama,  y  tal  y  cual  debió 
ser  á  juzgar  por  las  noticias  y  antecedentes  que  me  hube 
de  procurar  antes  de  escribirla.  Y  por  eso  en  el  segundó 
drama,  que  es  éste,  escrito  bajo  la  idea  del  primero,  dejé 
subsistente  el  tíúilo  de  Mariana,  y  así  lo  presenté  á  la 
empresa  del  Teatro  de  Novedades  en  el  invierno  del 


año  i885y  dividida  la  obra  en  tres  actos  y  un  Epílogo^ 
componiéndose  el  acto  tercero  de  dos  cua(ir»)s. 
^  Pressntado  al  empresario  y  ápreciable  actor  D.  Ri- 
cardo Morales  por  un  amigo  suyo  y  mío,  le  entregué  el 
manuscrito,  y  á  los  muy  pocos  día>  me  contestó  que  la 
obra  quedaba  aceptada  para  su  representación,  si  bien  se 
había  visto  obligado  á  hacerle  algunas  supresiones,  por- 
que el  drama  resultaba  muy  largo  y  la  empresa  tenía  el 
compromiso  de  dar  funciones  por  secciones  á  razón  de 
dos  dramas  cada  noches  aconsejándome  de  paso  que 
hiciese  resaltar  más  el  carácter  de  Coleía,  uao  de  los 
personajes  del  drama.  Acepté  las  supresiones,  acepté  el 
consejo,  y  dejnndo  al  actor  el  manuscrito,  puse  manos  á 
la  obra  de.  hacer  más  interesante  el  papel  de  Coleta,  para 
lo  cual  me  bastaba  un  borrador  que  yo  conservé,  pues 
todo  el  trabajo  consistía  en  rehacer  ei  Epílogo, 

Se  puso  en  ensayo  el  primer  acto,  según  me  dijo  don 
Ricardo  Morales,  quien  me  invitó  á  que  asistiese  á  los 
ensayos  del  acto  segundo;  y  habiendo  tenido  yo  á  mí  es- 
posa enferma,  ni  me  fué  posible  estar  al  tanto  para  que 
mi  drama  hiciese  ^su  camino,  ni  pude  terminar  el  nuevo 
Epilogo  hasta  que  ya  casi  expiraba  la  temporada  de  aquel 
añOi  Rííci.bió  el  Sr.  Morales  el  Epílogo  rehecho  y  lo  co* 
rrigió,  diciéndome  que  estaba  dispuesto  á  que  el  drama 
íuese  puesto  en  escena,  á  pesar  de  que  faltaban  ya  pocos 
días  para  la  clausura  del  teatro;  pero  que  sería  mejor 
dejarlo  para  el  año  siguiente,  porque  á  ningún  autor  le 
con  venia  estrenarse  en  las  últimas  representaciones  de 
una  temporada,  ni  á  los  actores  les  había  de  gustar  estu- 
diar u  la  obra  nueva  para  una  sola  representación. 

Coincidió  con  esta  advertencia  mi  traslación  de  des- 
tino á  Granada,  por  lo  que  recogí  el  manuscrito  de  la 
obra  que  hoy  doy  al  público,  y  á  Granada  fui,  en  cuya 
ciudad  no  me  fué  dable  llevarla  al  teatro,  porque  la  sola 


vez  que  allí  actuó  en  el  espacio  de  dos  años  una  compa* 
nía  dramática  (la  de  la  señora  Cirera),  no  había  termi- 
nado de  trasladar  al  limpio  el  manuscrito  que  me  de- 
volvió el  Sr.  Morales,  cuyas  supresiones  y  correcciones 
acepté,  con  las  que  estoy  muy  contento,  porque  el  drama 
ha  ganado  mucho,  y  por  lo  que  siempre  le  viviré  agra- 
decido. Y  convencido  de  que  el  drama  Mariana  era  ya 
una  obra  de  argumento  convencional  y  de  pura  fantasía, 
no  quedando  del  primero  que  escribí  (del  histórico)  otra 
cosa  que  la  identidad  del  carácter,  virtudes  y  vicisitudes 
de  la  heroína,  le  he  cambiado  el  título  que  ^le  puse  por 
el  que  ahora  lleva. 

No  siendo  frecuente  la  venida  de  compañías  dramá- 
ticas á  esta  capital  de  la  Gran  Antilla,  y  trayendo  su  re- 
pertorio, si  acaso  vienen,  para  satisfacer  al  público  en  el 
breve  período  de  tiempo  que  aquí  permanecen;  y  no 
siendo  fácil  conseguir  sea  este  drama  puesto  en  escena  en 
Madrid  en  otro  teatro  que  el  de  Novedades,  por  su  sabor 
melodramático,  en  cuyo  teatro  no  conozco  en  la  actua- 
lidad á  nadie  que  me  pueda  recomendar,  porque  reco- 
mendaciones suelen  necesitar  en  estos  tiempos  los  dramas 
para  colocarse  (salvo  raras  excepciones),  ni  más  ni  me- 
nos que  como  los  hombres  que  solicitan  un  destino  para 
comer,  á  fin  de  que  no  duerma  por  más  tiempo  en  los 
cajones  do  mi  bufete,  he  decidido  su  publicación  para 
ver  si  así  consigo  siquiera  que  sea  criticado,  aunque 
también  para  eso  suelen  necesitarse  recomendaciones. 


T 


ACTO  PRIMERO 


.Sala  daeentemente  amaeblada.   La   accióa,  por  la  tarde,  poco  antes   de 
Anochecer.  Al  fondo  de  la  sala   está  la  paerta  de  entrada.   A  la  iz* 
qaierda  hay  otra   puerta  y  en  el  costado  lateral  derecho    hay  una 
paerta  y  una  yentana*  Cerca  de  la   yentana,  sentadas  en  torno  i  un 
yelador,  se  hallan  Diana  y  6r%ida  trabajando  en  labores  de  costura. 


KSCENA     IMUMKRA 

DIANA    y  BRÍGIDA 

Diana.    Está  anocheciendo. 

Brig.      Estas  tardes  de  invierno  son  muy  cortas. 

Diana.    Paes  es  necsario  concluir  esta  tarea. 

Brig.  Trabajáis  mucho,  señora.  Joven;  viuda,  hermosa,  no 
rica,  pero  con  recursos  para  pasarlo  bien...  no  sé  por- 
qué os  afanáis  tanto. 

Diana.  Lo  mío  es  bastante  para  mí,' y  aún  me  sobra,  pero  no 
tanto  como  yo  quisiera. 

Brig.      Hay  que  admiraros. 

Diana.  Gomo  es  poco  lo  que  me  sobra  después  de  cubrir  mis 
necesidades,  no  hay  otro  remedio  que  trabajar  para 
ganar  más. 


—  12  — 

Bbig.  Toda  exageración  es  mala.  Os  estáis  matando  y  nadie 
os  lü  agradece. 

Diana.  No  te  creo.  Los  pobres  siempre  Agradecen  lo  que  se 
Iiace  por  ellos. 

Brig.  Los  pobres  son  may  desagradecidos,  creed  me:  y  so- 
bre todo,  es^  clase  de  pobres  qae  os  inspiran  lástima. 

Diana.    ¡InfelicesI  Inocentes  son  los  más. 

Brig.  ¡Pero  si  todos  so  a  herejes!  Ya  vendrán  mejores 
tiempos. 

Diana.  Mi  espirita  lo  adivina.  Los  martirios  siempre  son  fe- 
cundos. 

Bric.  Na  veo  ensartar  la  aguja.  (Gsta  mujer  es  buena  de 
puro  vanidosa.) 

Diana.    AUora  encenderás  laz;  espera  que  acabe  de  anochecer. 

Brig.  La  verdad  es,  que  mejor  estaríamos  paseando  á  pesar 
del  frío. 

Diana.  ¡Paseando!  No  hay  familia  que  no  esté  de  duelo.  No 
puedo  yo  vivir  alegre  cuando  otros  padecen. 

Brig.  Es  lo  cierto  que  de  duelo  sólo  están  los  malvados. 
Pues  buen  remedio:  que  sean  buenos. 

Diana.    Ya  no  se  vé.  Hay  que  encender  luz.  (oejaa  de  tr^bAjar. 

Se  le  Tantea  de  sus  asientos  y  eondoeen  el  velador,  las  sillas  y 
la  ecstora  al  centro  de  la  sala.  Mientras  hacen  todo  esto  sl|^a4iii 
.  hablando  ) 

Rrig.      La  verdad  es  que  la  ciudad  parece  un  desierto. 

Diana*  Como  todos  temen  amanecer  en  la  cárcel  ó  en  el  pa- 
tíbulo, nadie  va  á  parte  alguna. 

Bi'.iG.  Todos,  no.  Por  cierto  que  á  vos  no  os  arredra  ir  á  la 
cárcel. 

Diana.  Todos  ios  días  iré  en  tanto  que  me  sea  posible  y  me 
lo  permiUn. 

Brig.      No  me  hace  gracia  acompañaros. 

Diana.  No  me  acompañarás;  iró  sola.  No  á  todos  nos  com- 
place enjuj^ar  las  lágrimas  de  los  desgraciados. 

Baig.      (Esta  mujer  os  insufrible.) 

Diana.  En  socorrer  y  consolar  á  los  pobres  y  á  los  presos» 
hallo  mi  suprema  felicidad. 


—  13  — 

Brig.      (lYa!  Porque  la  tengan  por  santa.) 

Diana.    Trae  laz,  pues  urge  concluir  y  entregar  esta  labor.  ' 

Brig.  Lo  que  yo  digo,  señora,  es  por  vuestro  bien.  Cual- 
quier día  os  levantan  una  calumnia,  y  en  lugar  de  ir 
á  la  cárcel  á  socorrer  y  consolar,  os  quedáis  allí  sin 
quien  os  socorra. 

Diana.  Todo  podría  ser,  pero  no  lo  temo.  Trae  luz  y  no  me 
turbes  el  ánimo  con  tus  augurios.  (Vase  Bríg^ida  por  u 

pnerta  del  foro.) 

ESCENA  II 

DIANA 

¿Y  por  qué  he  de  temer?  Cumplo  mi  oblig  jción,  cum- 
plo con  los  preceptos  de  la  caridad  cristiana,  sin  mez- 
clarme á  dar  ni  á  aquitar  (a  razón.  Si  me  persiguen 
los  hombres,  Dios  me  premiará.  ¡Bienaventurados  los 
que  padecen  persecuciones  por  la  justicial  (Vase  por  la 

izquierda.  En  el  Instante  mismo  en  qae  Diana  desaparece  entra 
en  escena  Brígida,  qae  trae  en  la  mano  ana  lámpara  encendida, 
dejándola  sobre  el  Telador.  Después  cierra  la  ventana.) 

ESCENA  ni 

BRÍGIDA 

Santas  y  buenas  noches.  ¡Calle!  No  está  aquí  la  vir- 
tuosa. ¡La  virtuosal  Soy  ya  muy  vieja  para  que  me 
engañen.  ¿Una  mujer  tan  hermosa,  de  apenas  veinti- 
cinco años  y  sin  amante?  Increíble  es.  ¿Estará  re- 
zando? Dios  no  me  perdone  sí  creo  que  ella  reza.  Para 
mi  gusto  es  luterana.  Yo  no  sé  nada,  pero...  En  fin, 
me  es  igual.  Cerró  la  ventana  por  si  viene  el  señor 
Hugo.  ¡Qué  buen  señorl  ¡Qué  espléndido!  Bien  me 
paga  mi  oficio.  Por  cierto,  que  lo  hago  muy  mal  y 
adelanto  poco.  Hoy,  aun  no  le  he  hablado  á  Diana  de 


—  14  — 

él.  ¿Si  pensará  la  tonta  que  la  sirvo  con  gusto  por 
los  dos  escudos  que  me  paga?  ¡Ayl  Si  da  en  seguir 
virtuosa  6  viuda,  me  arruino.  ¡La  detestol 


ESCENA  IV 

BRÍGIDA  T  DIANA 

Diana.  ¿Hablas  sola?  ¿Estás  murmurando? 

Baiti.  ¿Vo  murmurar? 

Diana.  Me  pareció. 

BuiG.  Señora,  es  que  rezaba. 

Diana.  Vamos  á  coser,  á  concluir  esta  obra. 

BaiG.  Pronto  estará.  Yo  soy  trabajadora  y  vos  coséis  mucho 

y  bien.  (Halaguémosla.)  (Se  »ientan  á  eoKer  corra  da  U  Irz.) 

Diana.  Ur^e,  port{ue  Goleta  quiere  llevar  á  su  pobre  pariré 
una  prenda  de  abrigo.  \\S^n  la  cárcel  se  siente  mucho 
frío,  y  como  el  padre  de  Goleta  está  enfermo,  y  yo  la 
quiero  tantol 

Sí,  excusaos  ahora  con  el  cariño  que  tenéis  á  Goleta. 
Achacailo  mejor  á  vuestra  bondad,  á  vuestro  deseo  de 
hacer  bien  sin  mirar  á  quién. 
No  lo  niego;  pero  eso  no  quita  que  yo  quiera  á  Go- 
leta V  al  quererla,  siento  mayor  placer  aliviando  las 
miserias  de  su  familia. 

{Siempre  tan  buenal  Digo,  no;  porque  algo  tenéis  do 
cruel. 
¿Yo? 

(Ya  planteé  la  cuestión.)  Vos,  sf;  porque  esa  misma 
y  superior  bondad,  ese  continuo  placer  de  la  caridad, 
es  seguro  que  redunda  en  perjuicio  de  alguno  ó  de 
algunos. 

Diana.    No  te  comprendo. 

Brig.  ¿Es  posible  creer  que  en  la  ciudad  no  haya  un  hom- 
bre, ó  varios,  que  por  vos  vivan  muertos  de  amor? 

Diana.  No  lo  creo.  Vivo  retraída,  fiel  á  la  memoria  de  mi 
esposo. 


IRIG. 


Diana. 


Brig. 

Diana. 
Bbig. 


—  i5  ^ 


Brig. 

Diana. 

Bhig. 

Diana. 

BuiG. 

Diana. 


BlUG. 


Duna. 
Brig. 

Diana. 
Brig. 


Diana. 

Brig. 

Diana. 

Brig. 
Diana. 

Bbig. 

Diana. 

Brig. 

Diana. 

Brig. 

Diana. 

Brig. 

Diana. 


Pues  los  hay. 
¿Cómo?  ¿Tú  Ic  sabes? 
Debe  haberlos,  quise  decir. 
Me  habías  alarmado. 

(¡Mojígatal)  Mujer  que  reúne  virtud  y  tantas  gracias, 
por  fuerza  tiene  adoradores. 

Lo  ignoro.  No  lo  creo;  pero  si  los  hay,  pierden  el 
tieíiipo.  Quiero  decir  que  lo  perderían,  si  se  atre- 
vieran,.. 

Esa  es  la  crueldad  de  que  yo  hablaba.  Vos,  ]ya  se  ve! 
no  reparáis.  ¡Siempre  tan  seria!  ¡Pero  si  vierais,  como 
yo  veo,  el  efecto  que  producís!... 
¿Tú  sabes?  .. 

No  os  alarméis;  yo  no  sé  nada,  ni  he  visto  rondador 
alguno. 

Entonces,  no  formes  juicios  temerarios. 
Yo  soy  vieja,  señora,  ly  he  visto  tanto!  El  amor 
nunca  está  ocioso.  El  amor  es*á  en  ¿a  vida,  y  por 
fuerza  hay  almcs  que  penan...  porque  vos  su  pena  no 
consol  :iis. 

No  es  culpa  mía.  Cambia  de  conversación. 
Esta  noche  tarda  el  señor  Hugo  en  venir. 
Siempre  viene  más  tarde.  Vendrá,  de  seguro  Agra- 
dezco su  asiduidad,  porque  es  desinteresada. 
Tal  vez  no. 

Dos  años  hace  que  me  visita  todos  los  días,  desde  la 
muerte  de  mi  esposo. 
Pues  por  eso. 

Siempre  comedido,  respetuoso,  breve  en  sus  visitas. 
Pues  por  eso. 

Nunca  me  habló  á  solas,  ni  lo  pretendió. 
¿Tímido?  Síntoma  de  ei  amorado. 
Era  muy  amigó  de  mi  Rafael. 
Tal  vez  desea  heredar  á  su  amigo. 
Por  haber  sido  amigo  de  Rafael  le  recibo,  y  porque 
su  conducta  no  me  da  que  sospechar    Dice  la  gente 
que  es  duro  de  corazón,  vanidoso,  enemigo  de  todo 


—  16  — 

adelanto,  de  toda  mejora..*  Si  eso  es  verdad,  lo  de- 
ploro; pero  conmigo  se  porta  con  mucha  discreción. 

Bbig.       Ya  terminó  mi  costura,  ¿y  vos? 

DlA^A.  Ahora  mismo.  En  seguida  vas  á  la  tienda/ haces  la 
entrega  y  traes  el  dinero,  i Brígida  esta  ya  He  pié.) 

Ba  G.  Pensar  que  un  caballero  joven,  apuesto,  rico  y  ele^ 
gante  visita  todos  los  días  á  una  mujer  de  vuestras 
prendas,  ¿y  pensar  que  no  está  de  vos  enamorado? 
Eso  sóíamenle  lo  puede  pensar  y  creer  la  que  es  suma 
virtud  y  suma  bondad. 

Diana.  Pues  por  si  acaso  es  eso,  y  te  agradezco  el  aviso,  voy 
á  procurar  que  me  visite  más  de  tarde  en  tarde. 

BáiG.       (Sombría.)  ({Ay  de  tí,  si  tal  hacesl) 

DiaNa.    Ya  confluí.  Ayúdame,  Brígida,  á  doblar.  Aún  es  tem- 
prano... hay  tiempo.  Ve  y  no  tardes  en  volver.  No 
quiero  estar  sola,  por  si  viene  el  señor  Hugo. 
Yo  nunca  me  tardo,  señora.  Si  me  detengo,  es  en  la 


Brig. 


iglesia. 


Diana.    Esta  noche,  ni  eso. 

Brig.  (Murmvrando,  pero  «on  intención  de  qae  Diana  la  oiga.)  Tam- 
bién es  fuerte  cosa,  que  no  pueda  una  rezar  sus  ora- 
ciones. 

Diana.  Rezarás  en  casa,  á  la  vuelta.  Mi  reputación  exige  que 
ese  cabsllero  no  me  halle  sola. 

Brig.       (¡Tonta!  Pues  por  eso  tardaré )  Volveré  en  seguida. 

Diana.    Cierra  bien  la  puerta. 

Brig.         (Pues  no  la  cierro.)  (Voso  BrCg^ida  por  la  puerta  del  fondo.) 


ESCENA  V 

DIANA. 

{Amor!...  ¿amar  yo?  ¿Por  qué  no  amo?  Amé  á  Rafael 
con  delirio  y  con  ternura.  Algo  amo  yo  ahora,  algo 
que  no  acierto  á  definir,  algo  grande.  Kl  bien,  ¡sí! 
¡amo  el  bien!  Pero,  ¿amar  al  señor  Hugo?  ¿al  azote 
de  los  que  padecen?  ¿al  enemigo  de  les  que  piensan  y 


—  17  — 

de  los  que  sienten?  ¡Nunca!  Si  yo  he  de  amar  algo, 
no  es  eso. 


KSCRNA    VI 

DIANA  y  JUAN 

Joan  entra  por  la  paerta  del  fondo,  desparorido,  des§;«rrado3  lea  vestí- 

dos,  ensangrentado  el  rostro,  y  en  cuanto  ve  i  Diana  va  como  á  ampa* 

rirse  de  ella,  y  se  arroja  snpHeanle  á  cas  pies. 


Diana. 

Juan. 

Diana. 

Juan. 

Diana. 

Juan. 

Diana. 

Juan. 

Diana. 

Juan. 

Diana. 

Juan. 

Diana. 

Juan. 

Diana. 
Juan. 

Diana. 
Juan. 


Diana. 


Juan. 


(ai  verle.)  \ky\ 

¡Señoral  ¡compasión,  señora! 
¿Qué  queréis?  ¿Quién  sois? 
¡Piedad,  señora  I  ¡piedadl 
Alzad.  ¿Qué  pasa? 
Me  persiguen. 
¿Quién? 
La  justicia. 

Bien.  Alzad;  serenaos  un  poco  y  pensad  lo  que  con- 
viene hacer. 

Perdonadme,  señora,  ó  no  me  alzo. 
Perdonado  estáis. 

¡Oh,  graciasl  (Se  pone  de  pié.) 

Tomad  aliento,  sentaos  y  hablad.  {; Pobre  jovenl) 

No  me  han  visto  entrar.  Los  Alguaciles  perdieron  mi 

pista  muy  lejos  de  aquí. 

Pero  ¿quién  sois?  ¿por  qué  os  persiguen? 

Soy...  un  fugado  de  la  cárcel.  Soy.,,  ¡un  sentenciado 

á  muertel 

¡CielosI 

No  os  asustéis,  señora.  ¡Tened  lástima  de  mí!  ¡Ampa-' 

radme  en  trance  tan  borri))le,  en  momento  tan  so- 

lemnel  (VaeWe  á  caer  de  rodillas  á  los  pies  do  Diana  ) 

¡Infeliz!  ¿Y  si  vienen?  ¿Y  si  registran  la  casa?  Huid, 

huid. 

¡Imposible!  ¡Mi  salvación  está  aquí! 

'      ^  2 


—  48  — 

Diana.  Pero  alzad,  y  hablemos  de  una  vez.  Sentómonos»  con- 
tadme  vuestra  situación  y  deduzcamos  de  ella  el  re- 
medio que  puede  aplicarse  á  caso  tan  grave,  (se  8¡oi;Ua. 

La  «g^itaeión  qae  le  posee  ob'fg^a  á  Juan  i  moverse,  á  mirar  y 
oír  CAO  desconfianza,  y  caando  so  exalta  se  pono  de  pié.) 

Juan.       Mañana  debía  morir. 

Diana.     ¡Qué  horror! 

Juan.  '  ¡Es  horroroso,  sí!  ¡Horroroso  es  despedirse  déla  vida 
joven,  lleno  de  alientos,  de  esperanza  y  de  generosi- 
dad! ¡Horroroso  es  contar  por  las  pulsaciones  los  ins- 
tantes que  se  suceden,  y  pasan  y  no  vuelven,  y  taher 
así  los  momentos  de  vida  que  nos  quedan. 

Diana.     Calmaos. 

Juan.  ¡Amar  la  luz,  amar  la  vida,  amar  con  el  alma  y  saber 
en  cuál  instante  va  á  desgarrarnos  la  existencia  la 
inexorable  ley  humana!  ¡Eso  es  horrible,  señora;  vos 
lo  habéis  dicho! 

Diana      ¿Por  qué  os  han  sentenciado? 

Juan.  Por  conspirador  y  por  hereje.  Ese  fué  el  pretexto; 
pero  esto  es  largo  de  contar.  ¡\h,  señora!  Si  supiese 
el  rey  los  abusos  que  se  cometen  á  la  sombra  de  su 
poder;  si  conociese  las  iras  y  los  odios  que  se  desen- 
vuelven y  las  venganzas  que  se  logran,  pretextando 
amor  que  no  le  tienen  y  servicios  que  no  le  hacen^ 
¡cómo  castigaría  á  esos  traidores! 

Diana.     ¿Cómo  os  llamáis? 

Juan.       Juan. 

Diana.     ¿Juan  nada  más? 

Juan.  ¿Para  qué  decir  mi  apellido?  jOb,  no  es  desconfianza, 
señora!...  Si  me  aprisionan  de  nuevo  y  muero  en 
horca,  ó  en  hoguera,  mi  apellido  debe  olvidarse.  Si 
escapo  de  tan  afrentosa  muerte,  si  huyo,  si  gracias  á 
vos  me  salvo... 

Diana.     Eso,  eso  es  lo  que  importa.  Veamos  cómo  puede  ser. 

Juan.       Dadme  asilo  hasta  la  media  noche. 

Diana.     ¿Y  mi  honra?  Viuda  y  joveii,  y  acechada... 

Juan.      Tenéis  razón,  señora:  la  honra  es  más  que  la  vida. 


¿Qaé  importa  ta  vida  de  un  hombre  anu^  la  lionra  d& 
una  mujer?  Señora,  perdón  y  adiós.  (\u<o  ecmo  qae  se 

va.  Diana  lo  detieae  eoo  vlvaxa.) 

Diana.     ¡Jesúsl  No,  hofnbre,  no.  ¿Dónde  vais? 

Juan.       A  donde  me  ll«ve  la  suerte. 

Diana.  {Quieto!  ¡quieto  aquí!...  iNo  me  extraña:  el  alma  he- 
rida, el  corazón  lastimado... 

Juan.  El  corazón  lastimado  mana 'sangre;  el  alma  herida  se 
revela. 

Diana.  .  Vamos,  sentaos  otra  \^.z. 

Juan.  La  casualidad  me  condujo  á  esta  casa.  ^Bendita  sea  la 
Providencia!  Vos  sois  buena.  Yo  os  conozco. 

Diana.     ¿Me  conocéis? 

Juan.  ¿Quién  no  conoce  á  la  madre  dé  los  pobres,  á  la  que 
consuela  á  los  presos  y  ampara  á  todos  los  desvalidos? 
En  i  a  cárcel  os  he  visto  muchas  veces...  antes  os  co- 
nocía ya.  ¿No  es  verdad  que  no  me  dejaréis  sin  am- 
paro? Asilo  hasta  media  noche,  no  pido  más. 

Diana.  Bien,  sí;  pero  es  el  caso  que  yo  no  vivo  sola.  Temo  á 
la  indiscreción,  á  la  fatalidad, 

Juan.  Tengo  amigos  y  dinero;  dinero  y  amigos  me  facilita- 
ron la  fuga.  Me  esperan  á  la  media  noche.  Con  un 
buen  caballo  pronto  llegaré  á  la  frontera. 

Diana.     ¿No  conspiráis? 

Juan.       Ni  conspiro  ni  he  conspirado. 

Diana.     ¿No  sois  hereje? 

Juan.       Ferviente  católico  soy. 

Diana.  Si  viniese  la  justicia...  si  sospechasen  que  estabais 
aquí...  [Dios  mío! 

Juan.  ¿Tenéis  miedo?  Entonces...  (Haca  adem¿n  de  levaatarsa 
de  la  silla.) 

Diana,  (ccn  vWexa.)  Temo  por  vuestra  vida.-— Pero  ya  estáis 
menos  agitado.  Debéis  tener  frío,  hambre  y  sed. 

Juan.  Tengo  sed;  sed  de  la  fiebre  que  me  devora:  sed  es  lo 
que  tengo. — Sueño,  necesidad  de  reposo,  es  lo  que 
siento;  pero  no  dormiré.  No  es  posible  dormir  al  que 
no  sabe  cómo  ha  de  despertar.  (Saea  aa  pafloeio  y  ae 


—  20  — 


limpia  el  «odor  de  la  frente.  Mo  vaeWe  i  §^oardarlo,  y  sin  sar 
bar  lo  que  hace,  fel>ril,  lo  paaa  de  la  una  á  la  otra  mano  hasta 
qae,  dUtraido,  lo  deja  caer  al  «oelo.) 

Diana.    Voy  á  traer  un  poco  de  vino  generoso. 
Juan.      Y  mucha  agua,  porque  me  abraso. 
Diana.    Voy  teniendo  confianza.  Pasa  el  tiempo  y  nada  turba 

la  tranquilidad.— Voy  por  el  agua.  ¿Queréis  comer 

algo?  Fiambres  tengo. 

UAN.        Beber  nada  más.  (Vaie  Diana  por  la  pnerta  del  fondo.) 


J 


líSCENA  VII 


JUAN 


|A  dónde  me  ha  traído  la  casualidad!  \Y  en  qué  mo- 
mentos! ¡Destino  inexcrutable!  ¡Amarla  tanlo  tiempo, 
bendecirla  en  silencio  y  deberle  ahora  mi  salvación! 


KscENA  vm 

JUAN  T  DIANA 

Diana  trae  en  ana  bandeja  nna  copa  con  yino  y  nn  vaso  con  a^uai 


Diana. 

Juan. 
Diana. 

JfJAN. 

Diana. 

Juan. 

Diana. 


Juan. 


Ya  estoy  aquí.— Cerré  bien  la  puerta  de  la  casa. — ^Be- 
bed. (Juan  se  pono  de  pié  y  bebe  con  ansia.) 
¡Gracias!  (Se  oye  golpear  en  ana  puerta,  por  el  foro.) 

(Asustada.)  ¡Llaman! 

Ocultadme,  abrid,  y  sea  lo  que  Dios  quiera,  (vuelven 

á  repetirse  los  §^oIpes.) 

Prisa  trae  el  que  llama. 
Pues  abrid  pronto. 

(Sefialando  A  la  puerta  de  la  isquierda.)  Ese  CS  mi  dormito- 
rio, lugar  segaro,  sí  no  es  la  justicia.  (Coioca  la  bando- 
ja  sobre  el  velador.) 

¿No  tiene  otra  pnerta  está  habitación? 


—  21  — 

Diana.    Esta  sólo;  pero  entrad  traaqailo.  La  alcoba  de  una 
majer  honrada  63  un  lugar  infranqaeable.  (LUman  por 

tercera  tos  ) 

JuAM.      Se  Í!npacíentan. 

Diana.     (Aliando  la  Yos.)  Voy  en  seguida.   (Vato  por  U  puerta  del 
fwndoi) 

KSCKNA  IX 

JUAN 
iCuárita  ansiedad!  (Escachando.)  No  son  los  esbirros d& 

la  justicia.  (Vaae  por  la  poerta  de  la  Izqaierda^    cerrándola.) 


ESCENA  X 

DIANA   y   GOLETA 

Diana.    ¿Por  qué  llamabas  con  tanta  prisa? 

Coleta.  Vengo  muerta  de  miedo. 

Diana.     ¿Qué  te  asusta? 

Coleta.  Y  al  mismo  tiempo  me  alegro. 

Diana.    ¿Qué  pasa? 

Coleta.  ¡Ahí  es  nada!  ¿No  sabéis?  Se  ha  fugado  un  preso  de 
la  cárcel:  un  reo  de  muerte. 

Diana.    ¿Si?  No  sabía  nada.  Cuenta...  cuenta. 

Coleta.  Pues  sí  señora;  el  señor  Juan  Cabet. 

Diana.    ¿Cabet? 

Coleta.  ¿Por  qué  os  sobresaltáis? 

Diana.  No,  hija  mía,  no.  Es  el  afán  de  la  curiosidad.  Prosi- 
f^ue,  prosigue. 

Coleta.  Tengo  mucha  sed.  Ya  se  vé:  el  susto  y  lo  que  he  co- 
rrido. Aquí  hay  agua.  (Repara  en  el  vaso  que  hay  sobre 
el  reí  ador  y  se  bebe  la  poea  a^a  qae  dejó  Jaan.)  PoCa  dej6 

la  visita. 
Diana.    (Con  Tireza  y  asnttada.)  ¡SÍ  uo  he  teuido  visita  ningunat 

Eso  lo  trajo  Brígida  para  mí. 
Coleta   ¿Y  el  vino?  Vos  no  bebéis  vino. 


—  22  — 

Diana.    (¡Torpeza  míal) 

Coleta.  (AfligrióadoM.)  ¡Ya  no  me  queréis! 

Diana.  Sí,  hija  mía,  sí;  pero  no  me  gastan  las  muchachas 
cariosas  y  preguntonas. 

€oLETA.  {Ya  no  me  queréis!  Os  veo  asustada,  conmovida;  veo 
pruebas  de  que  aquí  ha  estado  alguien,  y  como  vos 
no  tenéis  secretos,  y  como  yo  os  quiero  macho,  de- 
seaba enterarme,  por  si  se  atreven  á  daros  algún  pe- 
sar* (Con  bravara  y  desbarro.)   £1  quC  Se  atreva  COU  VOS, 

se  acuerda  de  Coleta.  ¡Por  mi  madre! 

Diana.  Sí,  visita  tuve  y  le  di  ese  agasajo;  pera  el  $usto  que 
me  notas  es  inquietad  por  ese  pobre  Cabet.  Prosigue 
tu  relato. 

Coleta.  (Cuando  ella  miente. ••  algo  oculta,  á  alguno  fa- 
vorece.) 

Diana     Vamos,  cuenta. 

Coleta.  (Mucho  ha  tardado  en  abrir.) 

Diana.    ¡Coleta! 

Coleta.  Pues  señor,  que  don  Juan  Cabet,  rico  y  guapo  mozo, 
preso  por  sus  amores  á  cosas  que  dicen  que  no  son 
buenas,  se  fugó  de  la  cárcel,  y  que  era  reo  de  muerte, 
ya  lo  dije.  Tuvo  el  caballero  la  mala  suerte  de  ser 
descubierto  ea  su  tuga,  y  por  calles  y  plazas,  y  por 
huertos  y  tejados,  lo  hau  perseguido  como  á  una 
fiera.  Por  fin,  se  les  ha  ido  de  entre  las  manos.  ¡Me 
alegro!  Está  la  ciudad  que  parece  que  vienen  los  fran- 
ceses. Los  Alguaciles  corren,  gritau,  aullan;  los  Sol- 
dados están  sobre  las  armas...   ¡Gran  belén!  ¡gran 

belén!  (Se  aflige  de  pronto  y  se  limpia    las   lágrrimas  con  la 

panta  del  delantal.)  ¡Lo  sicuto  por  mi  pobrc  padre!  En 
las  cárceles,  siempre  que  se  fuga  alguno,  lo  pagan  los 
infelices  que  se  quedan.  Seguro  es  que  no  me  le  di» 
jan  ver  más. 

Diana.  Mañana  iremos  á  verle,  pero  es  de  necesidad  que  esta 
noche  le  lleves.con  qué  abrigarse.  Brígida  fué  por  di- 
nero y  no  debe  tardar. 

CIoleta.  y  mi  padre  estará  contento,  de  seguro.  Mi  padre 


~  23  — 

quiere  mucho  al  señor  Juan  Cabet.  Ds  el  que  siempre 
nos  daba  trabajo;  y  si  no  es  por  éi,mal  lo  hubiéramos 
pasado  en  ocasiones.  Yo  le  quiero  muchísimo. 

Diana.    ¿Le  conoces  lú? 

Goleta.  |Ya  ío  creol  ¿Cómo  no  he  de  conocer  al  que  ha  siJo 
ángel  tutelar  de  mi  familia,  después  de  vos?  Vos  tam- 
bién le  conocéis. 

Diana,    ¿lol 

Goleta.  Le  habéis  dado  consuelo  con  vuestras  bondadosas  pa- 
labras. 

Diana.    ¿En  dónde? 

Coleta.  En  la  cárcel.  ¡Por  cierto  que  os  miraba  de  un  modot 

Diana.    No  lo  recuerdo. 

Goleta.  ¡Pobre  señor  Cabet!  Toda  la  ropa  blanca  se  la  mar- 
caba yo.  Con  lo  que  rae  pagó  por  los  ültimos  Ififtiue- 
los  que  le  bordé,  pude  corapar  el  vestido  que  llevo 
encima.  Ya  sabéis  que  yo  no  bordo  mal. 

Diana.    Mañana  te  regalaré  yo  otro^  vestido. 

Goleta.  ¡Qué  buena  soisl  Pero...  y  esto, ¿qué  es?  (Repara  en  ei 

pañuelo  que  se  le   cayó   á   Jaaa  y  lo  recoce  y  lo  examina  con 

detención.)  ¡Un  pañuclo...  y  fino,  de  batistal 

Diana.    Sí,  sí,  es  el  mío.  (¡Otra  desdichal) 

Goleta.  Tiene  sangre  y  polvo. 

Diana.  Dámele  acá.  El  polvo  es  del  suelo,  y  la  sangre...  que 
me  he  pinchado. 

Goleta.  ¡Cs  singular!  Estas  cifras  las  he  bordado  yo.  ¿A. 
ver?  J.  C.  Justo;  esto  dice:  Juan  Gabel. 

Diana,  (xapaivdo  u  boca  a  Coleta.)  ¡Silcncio!  ¡Silencio,  des- 
dichada! 

Goleta.  ¡Por  Dios,  señora!  ¡que  me  ahogáis! 

Diana.    Si  pronuncias  ese  nombre,  me  pierdes. 

Coleta.  ¡Ha  estado  aqfti!  (¡Cuando  yo  decía!...) 

Diana.    Estuvo  y  se  fué. 

Coleta.  Fortuna  ha  sido  que  yo  haya  visto  todo  esto;  fortuna 
ha  sido  y  no  poca.  ¡Buena  la  hacemos  si  lo  llega  á 
ver  la  vieja  Brígida,  tan  habladora  cotno  es!  Ya  me 
contaréis  mañana,  cuando  estemos  más  serenas. 


—  21  — 

Diana,    Fortuna  ha  sido:  tienes  razón. 
Ck>LBTA.  No  hay  que  perder  tiempo.  Los  vasos  á  la  alacena  y 
el  pañuelo  al  fuego.  (Aquí  debe  estar  oculto.)  (Se  Ueva 

la  bandejft  y  el  pañuelo;  pero  antee  de  ealir  por  la  paerta  del 
fondo,  «cha  ana  mirada  á  la  paerta  del  donuitorio  de  Diana.) 

ESCENA   XI 

DIANA 

Es  verdad:  fortuna  ha  sido.  Si  Brígida  ó  Hugo  llegan 
á  ver  lo  que  Coleta,  soy  perdida  y  se  pierde  ese  infe- 
liz Gabet.  ¡Qué  angustia!  ¡qué  temor!  iCon  qué  lenti- 
tud pasa  el  tiempo  esta  noche!  ;Dios  quiera  prote- 
.    .       gernos! 

ESCENA    Xlí 

DIANA  y  COLETA 

Coleta.  Ya  no  hay  rastro.  Hasta  que  se  promulguen  leyes  más 

justas,  hay  que  vivir  muy  alerta. 
Duna.    Dios  te  lo  pague. 
Coleta.  ¡Caramba!  ¡y  me  queríais  ahogar! 
Diana.    Perdona. 

Coleta.  ¡Chistl  Oigo  abrir  la  puerta. 
Diana.    Será  Brígida,  que  tiene  llave. 
Coleta.  Ella  debe  traernos  noticias  recientes. 

ESCENA  xrii 

DIANA,  COLETA  y  BRÍGIDA 

Brío.      Vengo  horrorizada.  Aquí  está  el  dinero;  tres  essados. 

¡Jesás,  Jesús,  Dios  nos  asistal 
Diana.    ¿Qué  tienes? 
Coleta.  ¿Qué  sucede? 


—  2o  — 

BiUG.  ¡Ahí  es  nadal  La  ciudad  está  alarmaila.  Se  lia  fugado 
de  la  eircel  un  bandido,  un  monstruo.  ¿Qué  digo?  ün 
monstruo  es  poca  cosa.  Se  ha  fugado  un  traidor,  un 
hereje,  un  partidario  de  las  doctrinas  de  Latero,  un 
orangísta.  Le  buscan  por  el  arrabal. 

Diana.     |Ah! 

BaiG.  Pero  que  le  echen  galgos.  Las  autoridades  le  suponen 
ya  lejos  y  salvado. 

Coleta.  {Alabado  sea  Dios! 

Brig.  .  ¿Eh?  Permita  Dios  que  lo  atrapen,  ün  alguacil  amigo 
mío  cree  que  aun  no  ha  salido  el  prófugo  de  la  ciudad. 

DfANA.     ¿Eso  dicen? 

BáiG.  Lo  que  es  yo,  como  supiese  dónde  se  oculta,  le  de- 
nunciaba y  á  los  encubridores  también.  (Diaoa  no  podds 

resistir  la  emoción,  y  cae  temblorosa  en  una  silla  mirando  eon 
inquietad  á  la  paerla  de  la  izquierda.  Brígida  no  so  fija  en  esta 
cireanstancia,  pero  Goleta  sí.) 

Diana      (¡Protégele,  Dios  mío!) 

Coleta.  (La  señora  está  asustada.  Oculto  le  tiene.) 

BaiG.       No  saldría  yo  esta  noche  á  la  calle  por  nada  bueno. 

Diana.     (Hay  que  alejar  á  esta  furia  todo  el  tiempo  posible.) 

Coleta.  ¿Estáis  enferma,  señora? 

Diana.     Estoy  inquieta.  Tengo  miedo,  como  Brígida. 

Brig.       \Y  pensar  que  vivimos  solas  dos  mujeres  indefensas! 

Diana»     Esta  noche  debía  Coleta  hacernos  compañía. 

Bbig.       Bien  pensado. 

Coleta.  Yo,  con  mil  amores;  pero  debo  avisar  á  madre  para 
que  no  pase  cuidado  por  mí. 

Diana.  Es  justo.  Toma,  Goleta,  el  dinero  que  me  dio  Brí- 
gida. Llévalo  á  tu  madre,  y  que  tu  hermana  Berta 
compre  el  abrigo  para  tu  padre. 

Coleta.  Gracias,  señora,  gracias.  Mujer  tan  buena  ha  de  ganar 

el  cielo.  (Besa  ana  mano  á  Diana.) 

Brig.       (Así  se  cobra  fama.) 

Diana.     En  tales  circunstancias  y  á  estas  horas  no  está  bien 

que  vaya  una  muchacha  sola  por  la  calle.  Brígida  te 

acompañará. 


—  26  — 

BaiG.       ¿Yo?  ¡Va^'á!  Acompañar  á  una  moza  que  tiene  más 

bríos  que  un  dragón. 
Goleta.  Mucho  que  sí.  • 

Diana.     Brígida,  obedece  y  calla.  Peor  será  q'ie  pasemos  la 

noche  sin  su  compañía. 
Brig.       Vaya  sola  y  vuelva  sola. 
Diana.     No  le  permito  volver  si  no  la  acompañas. 
Brig.       ¡Si  es  que  ten^o  mucho  miedo! 
Diana.     Con  más  temor  quedo  yo  mientras  volvéis. 
Goleta.  VamoS)  señora  Brígida,  vamos. 
Brig.       ¿Miedo  aquí?  ¿Quién  se  ha  de  atrever  á  darnos  an 

susto?  Nadie.  Todo  el  barrio  sabe  que  aifuí  visita  el 

muy  n(  ble  y  muy  poderoso  señor  Hugo. 
Diana.     (¡Ah,  qué  idea!  Bien  discurrió.) 
Brig.       La  j nslicia  no  ha  de  atreverse  á  sospecliar  de  esta  casa. 
Goleta.  Claro  es  que  no,  ni  nadie. 
Brig.       V  el  prófugo  no  vendrá  por  acá  por  la  cuenta  que  le 

tiene. 
Diana.     iQue  se  hace  tarde! 
Brig.       (El  señor  Hugo  no  ha  venido  aún.  Debo  marcharme 

y  dejarla  sola.)  (Llaman  á  la  paorta  de  la  casa.)  El  SCñor 

Hugo  debe  ser.  Voy  á  abrir. 

ESCENA  XIV 

DlA^A   y    COLETA 

Diana.     (¡Malhaya  mi  suerte!)  (a  Coioia.)  Haz  de  modo  que  vol- 

volváis  pronto. 
Goleta.  No  hemos  de  tardar. 

ESCENA    XV 

DIANA,    COLETA,    BRÍGIDA   j  HDGO 

Brígida  entra  detrás  do  Hupo,  adulándolo. 

Hugo.      Buenas  noches,  Diana. 


'—  27  — 

Diana.    Huy  buenas,  señor  Hugo. 

Brig.  (a  Haflpo.)  iQué  tarde!  (qué  tardel  Nos  tenéis  muy  ol- 
vidadas. 

Hugo.      Los  negocios  públicos. . . 

Brig.       Tomad  asiento,  caballero.  Aquí,  en  esta  silla. 

Hugo.      Si  Diana  me  da  permiso... 

Diana.     Sentémonos.  Y  vosotras,  ya  sabéis. 

Brig.  ¿A.  ver?  Este  pobrecito  señor  trae  muy  mojada  la 
capa.  La  extenderé  un  poco  para  que  se  seque.  En 
esta  silla...  ó  si  no,  mejor  estará  entre  estas  dos. 

.  (Toma  la  capa  de  flu^o   y  la  tiende,  eolg^ada  de  dos  tUlas  qae 
coloca  al  lado  do  la  p^aerta  de  la  izquierda;  pero  tin  qae  impi^ 
^aa  el  paso  al  dornuitorio  de  Diana.) 

Goleta.  Señora  Brígida,  ¡que  se  hace  tarde! 

Hugo,      (a  Diana.)  ¿Se  marchan? 

Diana.     Por  poco  tiempo:  volverán  pronto... 

Hugo.      (Al  fin  le  hablaré  sin  testigos.) 

Diana.    Ya  veis,  señor  Hugo,  la  confianza  que  m^  inspiráis. 

Hugo.      La  merezco. 

Brig.  Ya  está  tendida.  Vamonos,  si  mi  señor  Hugo  no  dis- 
pone otra  cosa. 

Hugo,  (á  Brígida,  con  inteñeión.)  Gracias,  muchas  gracias  p6r 
vuestro  celo,  madre  Brígida.  Nada  tengo  que  desear. 

"Brig.       Entonces,  adiós. 

Hugo,      (á  Diana.)  Es  muy  buena. 

Goleta.   (Desda    la    puerta   del   fondo,    al    irse    con   Brígida.)      ¡Muy 

buena...  muy  buena!...  (ipara  emplumarla!) 

KSCENA    XVI 

DIANA  y  HUGO 

Hugo.  Duros  tiempos  corremos.  Temí  que  esta  noche  la  sa- 
grada ^obligación  de  velar  por  el  orden  me  vedase 
venir. 

Diana.    ¿Peligra  el  orden? 

Hugo.  No,  precisamente  hoy,  en  este  momento.  Pero  si  las 
autoridades  continúan  tratando  con  suavidad  á  los 


—  28  — 

enemigos  nuestros  y  de  Dios;  si  d  Duque  de  Alba  no 
llega  pronto,  ¿quién  es  eapáz  de  saber  lo  que  su- 
cederá? Es  el  Duque  gran  amigo  mío. 

Diana.    Pero  ¿qué  ha  pasado  hoy? 

Hugo.  Hoy  poca  cosa,  y  me  importa  más  á  mí  que  al  Go- 
bernador. Un  enemigo  mío  se  ha  fugado  de  la  cárceL 
Es  hombre  peligroso  para  mí  y  para  las  instituciones. 
La  vida  daría  yo  por  apresarle;  pero  ni  lo¿  jueces  ni 
el  Gobernador  desplegan  la  energía  que  es  necesaria 
y  yo  les  aconsejo. 

Diana.    Uaro  es  el  día  que  no  hay  reo  de  muerte. 

Hugo,  iiso  es  poco.  ¡Ya  se  vé  I  Así  cunde  la  herejía  y  se 
pierde  lodo  respeto.  En  vano  escribo  á  Bruselas  al 
Virrey  y  á  sus  Ministros:  allí  están  también  por  la 
suavidad.  Ya  vendrá  el  Duque  de  Alba. 

Diana.    ¡Si  están  atestadas  las  cárceles! 

Hugo.      Es  poco,  es  poco. 

Diana.     (Este  hombre  es  un  monstruo.) 

Hugo.  Hoy  temí  no  poder  venir  á  visitaros,  y  lo  hubiese 
sentido.  No  concilio  bien  el  sueño  la  noche  que 
tengo  la  desgracia  de  no  veros.  Por  fortuna  mía,  eso 
ha  sucedido  pocas  veces,  desde  que  murió  Rafael: 
Dios  lo  haya  en  su  gloria. 

Diana.  Allí  está,  de  seguro.  (l£ste  hombre,  ¿sería  capaz?...) 
Os  estoy  muy  agradecida,  señor  Hugo:  vuestra  dis» 
creta  amistad  me  honra,  y  sabiendo  yo,  como  sé,  que 
os  mostráis  mi  amigo  por  haberlo  sido  de  mi  esposo, 
sería  en  mí  descortés  b'rusquedad... 

Hugo.  ¡Qué  dichoso  fué  Rafael!  Y  lo  mereció,  porque  era 
muy  bueno. 

Diana.    Por  eso  soy  fiel  á  su  memoria. 

Hugo.  Hacéis  bien;  pero  es  lástima  que  tanta  hermosura  se 
marcbite  bajo  las  tocas  de  la  viudez.  ¿Por  qué  no  os 
casáis? 

Diana.    (¡Se  atreve  á  lo  que  nunca!) 

Hugo.  Dicen  que  sois  la  virtud  personificada,  la  madre  de 
los  afligidos;  pero  no  piensan  como  dicen. 


—  29  — 


Diana. 
Hugo. 


Duna. 
Hugo. 


Diana 

Hugo. 

Diana. 

Hugo. 

Diana. 

Hugo. 

Duna. 

Hugo. 

Duna. 

Hugo. 

Diana. 
Hugo. 
Diana. 
Hugo. 


¿Qaé  piensan?  ¿Qué  piensan? 

¿Cómo  queréis  que  yo  sepa  fijamente  lo  que  piensan? 

Pero  es  casi  seguro   que  no  piensan  nada  bueno. 

(Oiana,  It  rilada,  te  pooo  d«  pl¿  ) 

[Señor  Hugo! 

¿Os  incomodáis?  Hacéis  muy  mal.  Yo,  que  os  estimo; 
yo,  que  os  quiero...  bien,  esto  cuento  para  que  me- 
ditéis que  á  una  mujer  tan  bella  y  tan  joven  no  le 
conviene  vivir  sola.  £1  mundo  murmura. 
iQué  me  importa  á  mí  del  mundol 
(La  altivez  de  su  virtud  me  intimida.) 
¡Y  yo  que  os  creía  mi  amigo! 

Y  lo  soy,  lo  soy:  no  lo  dudéis.  (Hago  se  pone  de  pie.) 

Me  dais  el  mayor  de  los  pesares. 
La  culpa  es  vuestra. 


Diana, 

» 

Hugo. 


Diana. 

Hugo. 

Diana. 


Tomad  estado. 

¿Sin  amor?  ¿Con  quién? 

¿No  amáis  á  nadie?  ¿á  nadie?  (Esto  lo  dice  Ueno  de  afán, 
Tendiendo  ta  secreto.) 

A  nadie  entre  los  vivos:  lo  juro. 
(lOh,  dicha!) 

Preciso  es  que  me  expliquéis... 
Murmuraciones...  envidias...  rencores:  hé  aquí  lo 
que  los  buenos  alcanzan.  £1  mundo  toma  la  bondad 
por  hipocresía.  ¿Cómo  es  posible  imaginar  una  mujer 
como  vos,  sin  novio  ó  sin  amante? 
(May  aitwa.)  ¿Y  680  piensa  el  mundo?  ¿Y  eso  pen- 
sáis vos? 

Yo  no  lo  pienso:  el  mundo  puede  pensarlo.  No  tenéis 
derecho  á  vivir  sin  amar,  no  siendo  monja.  Y  como 
todos  sabemos  que  hay  muchos  hombres  que  por 
vuestro  amor  darían  la  vida... 
¿Vos  también  lo  sabéis?  ¿Conocéis  alguno? 
Muchos  conozco,  y  sé  de  uno  que  os  idolatra. 
(lOh,  imprudencia  mía!)  Compadezco  á  ese  hombre. 
No  puedo  amarle. 


—  30  — 

Hugo.      (Eso  ya  lo  veremos.)  Ya  veis,  Diana,  cómo  la  voz  pd- 

blíca,  aun  siendo  injusta,  llene  derecho  á  suponer 

que  al  no  tomar  marido... 
Diana.     ¿Cs  porque  teogo  amante?  Y  vos,  ¿quó  opináis,  señor 

Hugo? 
Hugo.      Lo  que  habéis  jurado. 
Diana,     Gracias,  muchas  gracias  por  la  fe  que  tenéis  en  mi 

palabra.  Por  lo  injusto  de  la  opinión  y  per  mi  fama, 

voy  á  rogaros  que  no  me  visitéis  más...  después  de  la 

oración  de  la  tarde. 
Hugo.  (Adivinó  mi  amor.) 
Diana.     Eso  exige,  muy  celosa,  mi  buena  fama.  Aquí  no  entra 

más  hombre  que  vos,  y  tan  cumplido  caballero... 
Hugo.      Es  exigir  demasiado. 
Diana.     Silencio  y  mudemos  la  conversación,  porque  llega 

gente 
Hugo.      (Si  no  mintió,  aún  tengo  esperanza.) 

ESCENA   XVir 

DIANA,  HUGO,  BRÍGIDA  y  COLETA 

Goleta.  Ya  estamos  de  vuelta,  señora.  Ya  fué  mi  madre  á 
comprar  el  abrigo  para  padre.  Mi  hermana  Berta  se 
lo  llevará  mañana,  porque  esta  noche  ya  no  dejan 
hablar  con  los  presos.  Dejad  que  os  bese  y  os  abrace. 

Diana.     Sí,  hija  mía;  ven  á  mis  brazos,  (se  abraiaa.  Ea  unto 

qae  Goleta  y  Diana  soitianen  la  conversación  qae  antecede) 
Brígida  y  Hogo  hacen  eome  qae  hablan  entre  si.  Saenan  las 
ocho  en  el  reloj  de  una  iglesia.  Todoe  están  en  tornó  al 
Tolador.)  ' 

Hugo,      (a  Diana.)  Ya  es  hora  de  retirarme. 

Diana.     ;Si  vos,  señor  Hugo,  pudieseis  hacer  algo  en  favor  del 

padre  de  Goleta! 
Hugo.      Veremos.*,  veremos:  los  tiempos  son  malos  y  los 

hombres  peores. 

BrIG*         (Se  dirige  al  dormitorio  de  Diana.)  (Arreglemos   el    ICCho 


—  3i  — 
de  esa  gazmoña.  {Espinas  le  echaría  de  buena  gana!) 

(Entra  en  el  dormitorio  sin  que  de  ello  se  aperciban  ni  Coleta 
ni  Diana.  Mucha  rapidez  en  la  ejoeaelón  de  la  escena  qae 
signe.) 

ESCENA  XVIII 

DIANA,  HUGO  y  COLETA;  luego  JUAN  y  después  BRIGIDA 
Coleta    (a  Hugo.)  ¡Mi  agradecimiento  sería  eternol 

BrIG.  (Dentro  gritando.)  iSoCOrroI  ¡SoCOrrot 

Diana.     {Virgen  de  las  Angustias! 

Coleta.   (Grito  prclongado.)  ¡Ayl 

Hugo.  ¿Qué  pasa?  ¿qué  pasa?  'Las  anteriores  exclamacienes  son 
casi  simaltáneas;  al  oir  los  personajes  los  gritos  de  Brígida^ 
Hugo  saca  la  espadi;  Diana,  poseída  de  terror,  crasa  las  manos 
y  las  eleva  hacia  el  cielo,  viendo  que  el  escondido  ha  s'do  des- 
cubierto, y  Coleta,  comprendiendo,  de  golpe,  la  sitaaeión,  al 
dai  so  terrible  grito,  entte  verdadero  y  fingido  miedo,  da  on 
manotazo  á  la  lámpara  y  la  derriba  y  apaga.  Hugo,  ya  á  obs* 
caras,  al  dirigirse  al  dormitorio,  trcpieza  con  las  silLs  y  so 
enreda  con  la  capa  que  está  «n  ellas  tendida,  por  lo  que  cae:  al 
alzarse  del  suelo  se  desorienta,  y  á  tientas  toma  ona  dirección 
contraria  á  la  puerta  del  dormitorio.  Brfgide  sigue  pidiendo 
socorro  i  gritos.  Coleta,  en  cuanto  apaga,  la  éax,  va  rápida  y 
cdn  segaridad  á  la  puerta  de  la  izquierda.  Allí  tropieza  con 
Juan,  que  sale  á  tientas,  le  reconoce  al  tacto  per  el  veatido,  lo 
toma  de  la  mano  y  se  le  lleva  por  la  puerta  del  fondo.  Un 
Instante  después  sale  Brígida  del  dormitorio  á  tientas  y  llena 
de  terror.  Por  fin  vaelve  á  entrar  Goleta  en  escena,  trayendo 
en  ana  palmatoria  una  vela  encendida*  Todo  á  sa  tiempo.) 

Brig.   iSocorroI  ¡Socorrol 
Coleta.  (Estaba  aquí.) 

Hugo.        (ai  tropezar  y  caer.)  ¡lofíemo! 

Diana.    (iPiedad,  Dios  mío,  piedad!) 

Juan.        (Apareciendo  y  tropezando  con  Coleta.)  ({Una  mujer!  ¿Será 

ella?) 
Coleta,  (a  jaan  ai  oido.)  (Seguidme:  soy  Coleta.) 


—  32  - 
Brig.        (Saliendo  del  dórmitoHo.)  ¡Un  hombre!  |Es  UD  liombrel 

Hugo.  .  No  atirO  con  la  puerta.  (Brígida  y  Hogo  se  halUn  ya  ano 
jonto  al  otro») 

Brig.        ]Era  un  hombre! 

Higo.  ¿Qué  dices?  (Entra  Coleta  con  la  vela  encendida  y  deja  la 
Icz  sol.re  el  velador,  en  coyo  mueble  está  el  sombrero  de  Ho^o. 
Saena  al  toque  de  ánimas  ) 

ESCENA  XIX 

DIANA,  HUGO,  BRÍGIDA  y  COLETA 

Coleta.  ¡Alabado  sea  Dios!  Aquí  hay  luz. 

Brig.        (a  Hago  aparte.^  (¡Un  hombre  en  su  cuarto!) 

DiA?(A.    (¡iNo  me  atrevo  á  respirar  1) 

Hugo.     ¿Qué  ha  pasado? 

Coleta.  Buen  susto  nos  habéis  dado,  madre  Brígida.  ¿Ya  veis 

fantasmas? 
Hugo      Veamos...  Sepamos  lo  que  es.  (ai  dtdr  esto,  toma  con 

ími^etu  la  las  y  entra  en  el  dormitorio.  La  escena  qneda  á  oba— 
cu  as.  Mientras  -vuelve  Hug^o,  Coleta  y  Diana  cambian  entre 
si,  aparta,  las  frase» que  slg^uen.) 

Coleta.  ([Está  en  salvo!) 
Diana.    (¿Por  dónde  salió?) 

Coleta.  (Por  la  puerta,  de  prisa  y  quedilo.)  (Entra  Hugo  en  es- 
cena.) 
Hugo.     No  hay  nadie. 

Brig.  Pues  yo  juraría...  (Recoge   la  capa  de  Hugo   y  se  la  coloca 

á  éste  sobre  los  hombros.  El  deja  la  luí  en  el  velador  y  toma 
el  sombrero  ) 

Hugo,  (a  Diana.)  Adiós,  señora.  Ha  sonado  el  toque  de  áni- 
mas y  no  debo  permanecer  aquí.  Me  alegraré  que  no 
tomen  cuerpo  las  fantasmas  que  asustaron  á  Brígida. 

Mañana  volveré.  (Se  dirige  á  la  puerta  del  fondo.  Brígida 
le  sigue  con  la  luz  en  la  mano,  como  para  alumbrarle  el  paso* 
Ya  en  la  puerta,  Hugo  se  vualve  para  saludar  á  Diana,  que  no 
le  mira  ni  le  atiende,  mostrámloie  así  su  desprecio.) 


—  33  — 
Brig.       (a  Hagro  aparte.)  (¡Era  un  hombre!) 

Hugo.       (a  Brígida  aparte.)    (]Es  precisO  vigílarlal)    (Coleta  se  fij3^ 
en  estos  apartes.) 

Goleta.  (¡Como  yo  me  enfadel)  (Vansa  Bngo  y  Brígida.  Coleta  ios 

rig'QO  pisando  de  pantlllas.  La  escena  qneda  á  obscuras.  En 
cnanto  Diana  qneda  sola,  cae  de  rodillas,  crnsa  las  manos  y  ele- 
Tft  lá  mirada  snpUcante  hacia  el  cielo.) 

Diana.    ¡Dios  mío,  tened  compasión  de  todos  los  desgracia- 
dos! (Telón.) 


FIN  DEL  ACTO  PRIMERO 


ACTO   SEGUNDO 


La  mlima  deeoraeión. — Es  de  día. 


ESCENA    PRIMERA 

HUGO  y  BRÍGIDA 

Hag^o  está  sentado,  Brígida  de  pié. 

Hugo.  He  de  creer  lo  que  dices,  pues  tanto  lo  aseguras; 
pero...  ¿tú  le  viste? 

Brig.      No  le  vi.  Entré  sin  laz.  ¿Cómo  le  había  de  ver? 

Hugo.      ¿Entonces?... 

Brig.       Percibí  su  aliento^  le  oí  respirar. 

Hugo.   ,  Ese  no  es  un  dato  seguro. 

Brig.       Le  toqué  con  mis  manos. 

Hugo.      Eso  ya  no  admite  duda. 

Brig.  Le  oí  escapar,  pisar  en  el  suelo.  {Vamos,  señor!  un 
hombre  no  pasa  desapercibido.  Un  hombre  era.  ¡Mi- 
ren la  santal 

Hugo.      Pero  ¿por  dónde  salió? 

Brig.  Por  aquí,  por  esta  sala.  Ese  dormitorio  no  tiene  otra 
salida. 


3( 


Hugo.      ¡Imposiblel  Yo  le  hubiera  oído. 

Bbig.       La  confasión  lo  impidió. 

Hugo.      Me  hubiese  apercibido  de  algo. 

Brig  .  ¿A  obscuras?  Pues  qué,  ¿pensáis  que  no  apagaron  la 
luz  exproleso? 

Hl'Gü.  Podría  ser.  Hay  que  vigilar  á  Diana,  ¿lo  entiendes? 
Ed  tí  confío,  y  ¡ay  de  tí  y  de  ella  si  rae  engañáis! 
(So  poDo  de  pié.)  Si  me  sirves  bien  te  doblo  la  paga. 

BftiG.        ¡Qué  bueno  soisi 

Hugo  Necesito  saber  lo  que  hace,  lo  que  dice  y  lo  que  pien- 
sa. Es  preciso  que  me  des  cuenta  diaria  de  sus  accio- 
nes. (D«atro  se  oyó  un  silbido.) 

Brig         Eso  es  una  señal. 

Higo.      Me  avisan  que  Diana  viene. 

Brig.       Pues  idos:  no  sea  que  llegue  y  os  encuentre. 

Hugo.      Con  frecuencia  habíale  á  Diana  de  mí.  Ya  me  voy 

cansando  de  fingir  una  bondad  que  no  poseo. 
Brig.       Lo  malo  es  si  ella  quiere  al  escondido  de  anoche. 
Hugo.      ¡No  tiene  amante,  not  Ella  lo  ha  dicho  y  yo  lo  creo. 

Pero  cela  y  vigílala...  por  si  acaso. 
Brig.       ¿No  tiene  amante?  ¡Qué  candido  soisI  ¿Y  qué  puede 

ser  lo  de  anoche? 
Hugo.      ¡Quién  sabel  Ya  lo  sabremos. 
Brig.       Yo  creo  que  es  luterana,  orangista,  conspiradora. 
Hugo.      ¡Ojalá! 

Brig.       ¿Cómo?  ^¿Os  alegraríais? 
Hugo.      Tal  vez  sí. 
Brig.       No  lo  entiendo. 
Hugo.      Ni  hace  falta  que  lo  entiendas,  sino  que  me  sirvas. 

Adiós  y  hasta  luego.  (Vaso  por  la  paerta  del  fondo,) 

ESCENA  li 

BRÍGIDA 

¡Desagradecido!  ¿Altiveces  conmigo?  Pues  no  hay 
enemigo  pequeño,  señor  Hugo.  Tú  eres  malo,  aunque 


i 


—  37  — 

arrogante  joven;  pero...  como  dice  el  refrán:  «para 
un  guapo,  otro  mayor.»  ¡Nos  veremosl  Tú  tienes  el 
demonio  en  el  cuerpo  y  pierdes  el  reposo  por  el  amor 
de  Diana  ¿Por  el  amor?...  No;  por  el  amor,  no.  El 
diablo  quiere  su  alma...  y  tú  quieres  lo  que  Satanás 
dȒsprecia.  |Nos  veremos!  Te  sirvo  por  el  dinero... 
iQué  necios  son  los  que  hacen  de  los  hombres  dóciles 
instrumentos,  en  vez  de  hacerlos  sus  amigos!  Ya 
llevas  el  veneno  en  el  cuerpo:  sentías  celos,  sospe- 
chabas otros  amores,  y  ahora  te  vas  de  aquí  creyendo 
que  ese  ángel  de  bondad  es  una  mujer  hipócrita  y 
vulgar...  una  farsante.  ¡Diana!. ••  ¡la  buena...  la  vir- 
tuosa... la  santal  Aborrezco  á  esa  mujer  con  toda  mi 
alma.  ¡Dianal...  ¡la  gentil...  la  hermosa...  la  discretal 
Me  ensoberbezco  cuando  la  miro.  ¿Tú  joven  y  yo 
vieja?  ¿Tú  virtuosa  y  yo  pecadora?  ¿Tú  amada  y  yo 
aborrecida?  ¿Tú  hermosa  y  yo  fea,  horrible,  siempre 
fea  desde  la  niñez?  Eres  insoportable,  señora  mía.  ¿A. 
qué  vienen  al  mundo  esos  seres  tan  perfectos,  llenos 
de  talento,  de  bondades  y  de  virtudes?  ¿A  echarnos  en 
cara  á  los  demás  nuestros  pecados  y  nuestra  fealdad? 
Pues  que  paguen  su  culpa.  ¿No  castiga  la  sociedad  á 
todo  el  que  hace  daño?  Sí:  eso  está  en  la  ley.  Pues  esa 
hacen  los  buenos:  sublevar  las  conciencias  mancha- 
das, perjudicar  á   los   malos.    (Sa  asoma    i  mirar   por^  U 

▼entanaa.)  Hela,  quo  allí  vieno.  ¡Y  es  hermosa!  ^her- 
mosa como  deben  ser  los  ángeles!  (Sa  sapara  de  ia  ▼an<* 

tana.)  Mi  odio  va  á  poder  más  que  tu  dinero,  señor 
Hugo.  ¡Que  pague  su  culpa! 

ESCENA  m 

BRÍGIDA   y   DIANA 

Duna.    ¿No  ha  vuelto  Coleta  de  sa  casa? 
Brig.       Todavía  no,  señora. 


—  3^  — 
Diana.    Bien;  quítame  el  maato. 

BaiG.         (DospreadUndo  el  manto  á  Diana.)   POF  ahí  paSÓ    el   SeñOr 

Hago...  To  estaba  en  la  ventana. 

Diana.    ¿Por  qué  me  hablas  ahora  del  señor  Hago? 

BaiG.  Porque  me  preguntó  por  vos  con  mucho  interés.  Di- 
jo qae  luego  viene. 

Diana.    Lo  siento,  después  de  lo  de  anoche... 

Bbio.       ¿Qué  sería?  ¿Habéis  pensado  en  ello? 

Diana.  Eso  pregunto  yo:  ¿qué  sería?  Tú^  que  armaste  el  es- 
cándalo; tú,  que  poco  discreta,  has  comprometido  mi 
reputación;  tú,  que  algo  viste  ó  sentiste,  ¿tú  me  lo 
preguntas? 

Brig.       En  verdad,  en  verdad  que  no  sé  qué  creer.  Sin  duda 

fueron  visiones  mías.  (Dobla  el  manto  y  lo  deja  sobre  naa 
•illa.) 

Diana.  (¿Qué  importa  mi  disimulo?  ¿Qué  importa  la  sombra 
de  una  sospecha  en  mi  fama,  si  salvo  la  vida  á  un 
hombre?) 

Brig.  T  como  venía  de  la  calle  sobresaltada  por  la  fuga  de 
ese  mal  hombre,  de  ese  hereje,  de  ese  demonio  de 
Juan  Gabet,  los  dedos  se  me.  antojaron  huéspedes. 
Perdonadme,  señora,  perdonadme. 

Diana.  Perdonada  quedas,  pero  cuidado  con  otra.  ¿Y  quién 
es  Joan  Gabet?  ¿Tú  le  conoces? 

Brig.  En  mi  vida  le  he  visto,  gracias  á  Dios;  pero  debe  ser 
horrible.  Dicen  que  es  joven  y  que  fué  rico.  De  se- 
guro es  bizco  ó  tuerto,  mal  encarado,  patizambo  y 
jiboso;  una  imagen  del  enemigo  malo.  De  seguro  no 
es  como  el  señor  Hugo. 

Diana.    No  me  hables  más  de  ese  hombre; 

Brig.  \E\  señor  Hugo  sí  que  es  buen  mozo  y  hombre  de 
bien  á  carta  cabal!  {Ya  veis,  nunca  le  han  procesado! 

Diana,    (impaeieate.)  Gállate,  Brígida. 

Brig.  Y  creo  que  no  exagero  si  digo  que  está  enamorado 
de  vos  desde  antes  que  os  casarais  con  el  señor  Ra- 
fael. 

Diana.    Te  he  dicho  que  no  me  hables  más  de  ese  hombre. 


—  39  — 

Bbig.       ¿Del  señor  HUgo?  ¿De  vuestro  amigo? 

Diana.    De  ese. 

Brig.       iAhl  Yo  creí  que  os  referíais  á  Juan  Cabet. 

Diana.    De  Juan  Cabet,  habíame  todo  lo  quieras;  pero  del  se  * 

ñor  Hugo,  ni  una  palabra;  ¿io  entiendes?  ó  sales  de  un 

casa  inmediatamente. 
BiiiG.       (¡Eso  no  me  conviene!) 
Diana.    No  te  olvides,  ó  date  por  despedida. 


ESCENA  IV 

DIANA,  BRÍGIDA  7  GOLETA 

€oLETA*  ¡Qué  dichosa  soy!  Hoy  tengo  permiso  de  madre  para 
pasar  todo  el  día  aquí;  al  lado  vuestro,  señora  (Apar- 
te  á  Dian»,  con  rapMés,  abraiindoU.)   (]He  de   hablaros  á 

solas!) 

Diana.  Pues  que  tú  vas  á  hacerme  compañía,  concedo  permi- 
so á  Brígida  para  que  vaya  á  paseo  y  á  visitar  sus 
parientes. 

BfiíG.       (¡Algo  traman!) 

Goleta.  El  día  está  muy  sereno;  parece  un  día  de  primavera. 
Vamos,  madre  Brígida,  á  tomar  el  sol.  Hoy  es  día  de 
gresca  para  mucha  gente.  Empluman  á  Sabina  y  la 
pasean  caballera  en  una  muía. 

Diana.    ¿Qu*'?  ¿Es  eso  verdad? 

Brig.       ¿Quién  es  Sabina?  ¿Es  joven  ó  vieja? 

Goleta.  Joven  y  hermosa. 

Diana.    ¿Qué  ha  hecho  esa  desdichada? 

Goleta.  ¡Pchts!  Poca  cosa.  Según  se  dice...  ha  despreciado  á 
cierto  caballero  principal,  y  ha  sido  denunciada  por 
los  esbirros  del  señor  Hugo. 

Duna.    ¿De  Hugo? 

Brig.       ¡Ooletál 

Goleta.  (Fln^Uado  §pran  pesadambre.)  |Ay,  DioS    mío!    ¡I.O  dije  y 

fué  sin  querer. 


' 


—  40  — 

Diana.    ¡Ilogol  ¡Siempre  sa  nombre  acusado  por  la  desven- 
tura! 

Brig.       Las  lenguas  largas  deberían  ser  cortadas. 

Coleta.  Eso  digo  yo.  ¿Creeríais,  señora,  que  toda  la  vecindad 
sabe  lo  que  aquí  pasó  anoche? 

DIA^A.    ¡Brígidal 

Brig.  Yo  no  he  dicho  nada^  creedme.  Sin  duda  oyeron  mis 
gritos,  y  por  eso... 

Coleta.  ¿La  señora  Brígida  habladora?  ¿Quién  es  eipáz  de 
creerlo? 

Brío.       (Huyamos  á  la  tempestad.) 

Diana.    Mejor  e«  no  juzgar  cuando  faltan  pruebas. 

Brig*  Hago  uso  del  permiso;  voy  á  dar  unas  vueltas  por  !a 
plaza. 

Coleta.  Si  no  andáis  listas,  vais  á  llegar  tarde. 

Diana.    (Esta  mujer  me  da  en  qué  pensar.) 

Brig.  ¿Yo  ir  á  ver  á  esa  infeliz  criatura?  ¡Dios  me  libre  I 
Sólo  por  ver  la  gente  iría  yo.  (Necesito  disimular 
para  saber  lo  que  traman.) 

Diana,    (a  Brigid»*)  Vete  y  déjanos  en  paz. 

Coleta.  Además...  hoy  no  hace  falta  la  acompañante,  puesto 
que  el  señor  Hugo  ya  estuvo  aquí. 

Diana.    ¿Aquí?  ¿Cuándo? 

Coi^TA.  Antes  de  llegar  vos. 

Brig.  Ya  os  dije...  pasó...  preguntó...  (Me  marcho,  me  mar- 
cho.) Voy  por  el  manto.  (Vate  da  prlta.) 

ESCENA  V 

DIANA   T  COLETA 

« 

Diana.    La  compañía  de  esta  mujer  es  peligrosa. 

Coleta.  Es  una  bpuja. 

Diana.    Mañana  la  despido. 

Coleta.  Mejor  sería  hoy. 

Diana.    Y  eso  de  esa  pobre  joven,  ¿es  cierto? 

Coleta.  Cierto  es;  sólo  que  no  es  una  joven. 


—  41  — 

Diana.    ¿Y  por  qué  has  dicho  que  lo  era? 

Coleta.  Si  digo  que  es  una  vieja,  la  madre  Brígida  oo  entra 

en  deseos  de  ver  la  azotina  y  no  se  aiarcha. 
Día  Na.    ¿Es  preciso? 
Goleta.  Tomad  esta  carta.  Es  del  señor  Cabet. 

Diana.  ¡Ah!  ¿Porqaé  me  escribe?  (Diana  tiene  la  carta  en  la  mano 
cuando  Brig^ida  lleg^a*  Ésta  no  pasa  de  la  puerta.) 

ESCENA   VI 

DIANA,  COLETA  y  BRÍGIDA 

Brig.       (La    scriben.  Bueno  es  saberlo.) 

Goleta.  La     mora  Brígida, 

Brig.       ¿M    mandáis  algo,  señora? 

Diana.    Naáa  Vele. 

Brig.       (Lo  sabrá  el  señor  Hugo.)  (Vate.) 

ESCENA  VII 

DIANA   y    GOLETA 

Goleta.  No  penséis  que  he  mentido  al  hablar  mal  del  señor 
HuKo. 

Diana.    Ese  hombre  es  un  demonio. 

Coleta  No  os  fiéis  de  él,  porque  es  muy  malo.  ¡Cuan  dife- 
rente es  estará  vuestro  ladol 

Diana.    Te  prohibo  las  adulaciones. 

Goleta.  No  lo  digo  yo,  lo  dice  la  voz  pública.  Pero...  la  carta, 
la  carta;  leed  la. 

Diana.    Tienes  razón:  la  había  olvidado.  Leamos  la  carta  de 

ese  desdichado  joven.   (La   lea   para  »',  y  en    tanto    habla 
Coiota.) 

Goleta.  Disfrazado  está,  y  espera  la  contestación  en  la  hoste- 
ría de  ahí  enfríente.  ¡Me  ha  suplicado  tanto! 

Diana.  Desea  despedirse  de  mí;  peto  eso  es  una  imprudencia, 
una  temeridad. 


—  42  — 

Goleta.  Dijome  que  sería  breve,  y  que  si  le  reeibís,  ea  se* 

gaida  emprende  la  marcha. 
Diana.    Sea.  Díle  que  le  espero,  y  mientras  él  oslé  aquí  vigila 

tú,  no  le  vaya  á  suceder  una  desgracia,  v^asa  Coleta.) 

ESCENA  VIH 

DIANA 

¿Cómo  negarme,  si  dice  que  no  huye  mientras  de  mí 
no  se  despida?...  ¡Tiemblo  de  pavor  á  la  idea  de  que 
le  puedan  volver  á  encarcelarl  Sería  su  muerte  se- 
gura. Es  imprudente,  temerario.  Venga,  venga,  no 
*vaya  á  ser  yo  causa  de  su  muerte.  (Oenita  u  carta  q«« 

contervó  en  la  mano») 


ESCENA  IX 

DIANA  T  JUAN 

Joan  Cabet,  Ttste  al  oso  militar,  eon  la  banda  roja  da  eapitáa»   Lloara 

ombosado  y  al  entrar  ae  deaemboza. 

Juan,      Señora... 

Diana*    Sed  breve...  y  ¡adiós! 

Juan.  Irme  de  la  ciudad  sin  despedirme  de  vos,  era  impo- 
sible. 

Diana.     Bien;  ya  me  visteis:  marchad. 

Juan.  ¿Teméis?  Razón  es.  ¿Quién  no  teme  comprometerse 
hablando  con  un  perseguido,  con  un  sentenciado  á 
muerte? 

Diana.  ¡Sois  Injusto!  Os  digo  lo  que  anoche  os  dije:  temo  por 
vuestra  vida,  señor  Gabet. 

Juan.      ¡Ahí  ¿Ya  sabéis  mi  apellido? 

Diana.     Ya  lo  sé'  pero  idos,  ¡por  DiosI 

Juan»      Todavía,  no. 

Diana.    Sois  un  temerario.  ¿Qué  queréis? 


—  43  — 


Juan. 

Diana. 
Juan. 


Diana. 
Juan. 
Diana, 
Juan, 


Diana. 
Juan. 
DiAnA. 
Juan. 

Diana. 


Juan. 
Diana. 


Juan. 

Diana. 
Juan. 


Diana. 


Daros  las  gracias,  haceros  ana  pregunta,  revelaros 
un  secreto  y  luego  partir  para  Holanda. 
¿Y  Si  os  sorprenden?. ••  Voy  á  cerrar  la  puerta. 
Inútil  afán;  peligrosa  medida.  Sí  nos  sorprenden,  sea 
€on  la  entrada  libre.  Yo  estoy  juzgado:  conviene  que 
no  os  juzguen  á  vos. 
Hablad,  hablad  pronto. 
¿Qué  pensáis  de  mi?  ¿Me  creéis  un  malvado? 
.Os  creo  por  vuestra  palabra. 
Señora,  os  admiro...  y  os  estimo.  Por  eso  quiero  que 
sepáis  que  el  hombre  que  an  oche  á  vuestra  casa  llegó 
por  azar;  que  el  hombre  que  os  pidió  un  asilo,  es  un 
honibre  honrado.  No  soy  criminal,  no;  no  soy  lutera- 
no; no  soy  orangista.  Un  miserable  me  ha  calumniado; 
un  vil,  que  tiene  mañosos  instrumentos  para  sus  ven- 
ganzas, y  oro,  influencia  y  poder  para  todos  sus 
deseos. 

¿Quién  es  ese  perverso? 
Hugo  de... 

(Galladl...  ¡Siempre  él! 

Lo  juro,  señora:  soy  inocente.  Si  fuese  culpable  no 
estaría  aquí  hablando  con  vos. 
Bueno...  bien...  lo  presumía.  Idos  ya,  no  seáis  impru- 
dente. Asi  no  se  juega  con  la  vida.  ¡Marchad!  La 
pregunta  está  hecha,  las  gracias  dadas,  la  despedida 
tuvo  lugar.  Del  secreto  nada  quiero,  nada  debo  saber. 
Mi  secreto  es  lo  más  importante. 
No  insistáis,  calladlo.  En  cuanto  yo  lo  sepa,  ya  no  es 
secreto.  £1  tiempo  pasa  y  me  asaltan  terribles  presen- 
timientos. 

No  temáis  por  mf .  Estando  á  vuestro  lado  ha  de  pro- 
tegerme Dios. 
¡Tengo  miedo! 

Vengo  disfrazado.  El  gentío  que  vaga  por  las  calles  y 
estos  atavíos  militares,  me  protegen.  Además,  me 
creen  muy  lejos  de  aquí. 
Mejor  estaréis  lejos,  siendo  verdad. 


—  44  — 


Juan. 


Diana. 
Joan. 


Duna. 

Juan. 

Diana. 


JuANt 

Diana. 


Seré  breve.  Oíd:  amo  á  una  majer  joven  y  bella;  en 
silencio  la  amo,  hace  ya  mucho  tiempo.  No  pude  de- 
cirle mi  amor  en  circunstancias  tan  graves.  Es  her- 
mosa y  buena,  como  vos  lo  sois.  ¿Queróis  hacerme  la 
merced  de  hacer  llegar  este  papel  á  sus  manos? 
¿La  conozco  yo? 
Hay  doble  sobre:  debajo  del  primero  encontraréis  sus 

señas.  (L«  ofrece  ana  carta  cerrada,  que  Diana  no  te  deeidd  4 

tomar.)  l'erdouad,  sros  ofende  el  encargo. 
)0h,  no  es  esol 

Es  rili  última  súplica.  (Diana  toma  la  carta.) 

Dddine  acá...  y  en  marcha.  Ni  un  iustante  más,  ¡por 

DiosI    V  Él   os  proteja.  (Toma  á  Juan  de  la  mano  y  lo  coa- 
doce  á  la  puerta.) 

{Adiós,  señora,  adiós,  y  bendita  seáis  I 

¡Adiós...    adiÓsl    (Entra  Coleta  corriendo  y  detiene  á  Jaan.) 


ESCENA  X 

DIANA,  JUAN  y  COLETA 


Goleta.  ¡El  señor  Hugo,  el  señor  Hugol 
Juan.      ¡Mi  enemigo! 
Diana.     ¿Él? 

Juan.        Saldré  antes  que  él  llegue,  (coleta   le  detiene  y  Diana  M 
Inteipone  en  la  puerta.) 

Goleta.  |Imposible!  La  calle  está  llena  de  alguaciles  y  soldados. 

Diana.      ¡Dios  nos  Valgal  (Coleta  empuja  á  Juan  hacia  el  dormitorio 
de  Diana.  I 

Juan.       ¿Otra  vez? 

Goleta.  No  hay  otro  remedio. 

Juan.      ¡Menguada  es  mi  suertel  (ja«n  «ntra  en  el  dormitorio, 

cuya   puerta    cierra  Coleta.    Diana,    asoktada,    ra    bajando   al 
primor  término.  Aparece  Hn^o  en  la  puerta  del  foodo.) 


—  lo  — 


ESCENA  Xí 

DIANA,  COLETA  y  HUGO 
UüGO.     Dios  os  guarde,  Diana. 

Diana.     Él  sea  con  vos.   ¿Qué  queréis?  (Hago  avanza  y  coa  81  ña 
imperiosa  iodiea  i  Coiota  que  debe  irse.) 

Hugo.     Ofrecí  venir  hoy. 

Coleta.  (jGon  tal  que  se  vaya  pronto!) 

Diana.    No  te  vayas,  Goleta. 

Hugo.     A  solas  quiero  hablaros,  Diana. 

DiAiXA.    Con  testigos  ha  de  ser,  señor  Hugo.  De  otro  modo, 

no  consiento. 
Hugo.     Sea  con  testigos,  pero  en  voz  baja  hablaremos:  os  lo 

ruego,  señora.  (Diana  había  al  oído  i  Coleta.  É^ta  traspone 
el  nmbral  de  la  puerta  del  fondo  y  en  todo  lo  qae  resta  do  esta 
escena  se  deja  ver  de  enando  en  cuando.) 

Diana,    (a  Ha«ro.)  Podéis  hablar. 

Hugo.     Os  hallo  inquieta,  desmejorada. 

Diana.     Pasé  la  noche  sin  dormir. 

Hugo.     No  hablemos  de  anoche. 

Diana     Mejor  es.  Y  hov,  ¿qué  queréis? 

Hugo.     Importante  es  el  motivo  que  me  trae. 

Diana.    ¿Por  eso  venís  á  visitarme  seguido  de  un  ejército? 

Poco  galante  sois. 
Hugo.     Me  han  asegurado  que  Juan  Gabet  está  en  la  ciudad  y 

le  voy  buscando. 
Diana.    Lejos  ha  de  estar,  si  es  avisado. 
Hugo.     Hombres  de  mi  confianza  le  han  visto  hoy,  y  dicen 

que  en  esta  calle. 
Diana.    ¿Y  venís  á  buscarle  en  mi  casa? 
Hugo.     No:  vengo  á  ofreceros  mis  servicios. 
Diana.    ({Respiro!) 
Hugo.     Vfengo  á  ofreceros  mi  amor. 
Diana.    ¿Vos?...  ¡Qué  dice,  madre  mía! 
Hugo.     ¿Os  admira?  Lo  creo;  pero  escuchad. 


—  46  — 


Hugo. 


Diana. 
Hugo. 


Diana.  Señor  Hago:  isi  es  que  me  espanto  de  oírost...  ¡Ah, 
Rafaell  iRafaell 

Hugo.     ¿Lloráis?  ¿Es  que  me  aborrecéis? 

Diana.  ¿Yo  amada  de  vos?  ¿Y  venís  á  decírmelo  cuando  vais 
persiguiendo  á  un  desgraciado?  No  perdáis  el  tiempo, 
señor,  porque  se  os  va  á  escapar  el  enemigo.  Dejad 
el  amor  para  ocasión  más  propicia.  Guando  se  sienten 
rencores,  cuando  se  desean  víctimas,  es  un  ultraje 
hablarme  de  amor. 

Diana,  os  amo  con  toda  el  alma,  creedme;  os  amo 
dosde  hace  mucho  tiempo;  os  amo  desder  antes  que 
Rafael  os  amase. 
¡Oh!... 

¿Dudáis?  Oíd,  oíd:  cuando  iba  á  vencer  mi  timidez; 
cuando  iba  a  arrojarme  á  vuestras  plantas  y  á  confe- 
saros mi  amor,  entonces  os  enamoró  Kafaei  y  con  él 
os  casasteis,  y  no  le  maté  por  no  turbar  vuestro 
sosiego. 

DiAN4.    ¡Señor  Hugo! 

HuGp.  No  le  maté,  porque  no  me  aborrecierais.  Y  desde  en- 
tonces creció  mi  amor,  y  aborrecí  á  Rafael  y  maldije 
mi  suerte.  ¡Cuánto  padecí,  señora,  mientras  fuisteis 
casadal 

Diana.    ¿Y  queréis  que  os  ame?  ¡Dios  mío,  este  hombre  estálocol 

Hugo.  ¡Loco  de  amor.  Dianal  Os  amé,  os  casasteis  y  perdí  la 
esperanza:  ¡no  quiero  volver  á  perderla!  No  quiero 
que  otro  hombre  más  dichoso  os  llame  suya.  El 
mundo  cree  que  tenéis  amante:  el  mundo  lo  dice  y  yo 
lo  sospecho. 

Diana.    ¿Sospecháis?  ¡Ah,  calumnia  vil! 

Hugo.     ¡Acordaos  de  anoche! 

Diana.    ¡Basta! 

Hugo.  Habéis  de  oídme,  señora,  por  doloroso  que  á  los  dos 
nos  sea.  Si  aceptáis  mi  amor,  redimís  un  alma:  me 
salváis  para  el  cielo.  Mi  amor  es  ya  deseo  indomable. 
Sin  vos,  sin  vuestro  amor,  la  tempestad  que  ruge  en 
mi  pecho  será  temible. 


Diana.  ¡Amor  de  Satanás!  ¡No  puedo  ser  vuestra  esposal  ino 
puedo!  Juré  á  Rafael  en  sa  lecho  de  muerte  no  volver- 
uie  á  casar. 

Hugo.     No  os  caséis...  ¡pero  amadmel 

Diana.    (iLrguidí,  may  aitUa.)  ¡Sois  UQ  ínfamel  ¡Salid,  salid  de 

mi  casa!  (ColeU  se  Moma  i  la  paerta.) 

Goleta.  (Esto  no  acaba  en  bien.)  (VaeWe  Coleta  á  sos  paseos,  apa- 

raeleodo  y  desapareciendo  &  interTalos*  Hago  se  hioea  de  redi* 
lias  delante  de  Diana.) 

Hugo.     ¡Así,  señora,  os  lo  suplico! 

Diana,      | Nunca!  (Hag^o  se  pone  de  pié,  sombrío.) 

Hugo.  ¡Vos  lo  habéis  querido!  He  suplicado,  me  he  humi- 
llad o,  he  procurado  -salvar  mi  alma.  ¡Ahora  os  toca 
suplicar  á  vos! 

Diana.    ¿A  mí? 

Ck>LETA.  (Dasde  la  paerta.)  (¿Qué  díCC?) 

Hugo.  ¿No  es  cierto,  señora,  que  por  nada  de  este  mundq 
querríais  vos  ser  causa  de  infinitas  desgracias? 

Diana,    De  ninguna. 

Hugo.  Ved:  aquí  traigo  un  salvo-conducto  en  blanco  firma- 
do por  el  teniente  del  Virrey,  Os  le  hubiera  dado  para 
Juan  Cabet, 

Diana.      (Aterrada.)  jAh! 

Hugo.      Para  Cabet,  que  está  oculto  en  vuestra  casa. 

Diana.     Mentís. 

Hugo.      No  lo  neguéis:  le  he  visto  enlrar. 

Diana.  ¡Señor!  ¡Señor!  ¿Cuándo  llegará  á  la  tierra  el  reinado 
de  los  justos? 

Hugo.  Vana  declamacióa.  ¿Qué  dejáis  para  el  cielo?  Vuestro 
humanismo  es  mentira.  Cabet  irá  á  la  hoguera,  mo- 
rirá quemado  vivo,  ¡por  culpa  vuestra! 

Diana.     ¡Dios  mío!  ¡Dios  mío! 

Hugo.      A  una  señal  mía  sube  la  gente  armada. 

Diana.     Perdón,  ¡perdón  para  ese  desgraciado! 

Hugo.      Sed  mía«  y  le  perdono  y  le  salvo.  ¿Galláis? 

Diana.     Salvadle...  y  matadme  á  mí, 

Hugo.  •  ¿Tanto  le  amáis? 


—  48  — 


DlAIfA. 

Hugo. 


Diana. 

HCGO. 

Diana. 
Hugo. 


Goleta. 

Diana. 

Hugo. 


Diana. 

Hugo. 

DlASfA. 

Goleta. 


La  ira  os  ciega. 

(Bajando  la  TOi  para  qae  no  le  oig^a   Coleta.)  Y    mOrlrá   el 

padre  de  Goleta,  que  yo  todo  lo  puedo  con  mi  influjo 

ly  mi  maldad!  (Diana  rae  de  rodillas  datante  do  Ha§^.) 

¡Tened  compasión  de  mil  ¡tened  compasión  de  todos! 

Así,  mujer  altiva,  á  mis  pies,  suplicante  y  llorosa  .. 

así  le  quiero  ver. 

Seré  vuestra...  haré  cnanto  queráis. 

Alza,  pues,  y  loma  el  salvo-conducto,  (coieta  baja  ai 

primer  término.  Hago  eteribe  en  'el  Mlvo-eondaetn,  TaUéndose 
del  recado  de  escribir  qae  hay  sobre  el  celador.  Diana  ae  pone 
de  pi¿*) 

(Aparte  á  Diana.)  f¿Qné  le4)abéis  ofrocido?) 

(a  Coleta.)  (Un  imposible.  ¡El  dolor  enloquece!) 

(a  Diana,  mostrándole  en  ana  mano  el  saWo-eondacto  y  «n    la 

otra  un  silbato.)  Escoged:  cl  papel  da  la  vida,  un  silbido 
traerá  la  muerte:  escoged.  (Bajando  u  voz  ai  oído  de 
Diana.)  O  ser  mía,  6  matarlos. 

(A  Hago,  también  en  toi  baja  y  al  ofdo.)  |Ser  tU  espOSE    y 

morir  de  vergüenza  y  de  dolorl 
HoVy  hoy  mismo.  Júralo. 
¡Lojurol 

(Amenace  con  el  pafio  i  Hugo,  desde  lejos  )  ¡Infame! 


ESCENA   XII 

HDGO,  DIANA,  COLETA  t  JUAN 


Se  abre  con  violencia  la  paerta  del  dormitorio  y  aparece  Joan,  enearén* 
dose  conHug-o.  Este  da  an  paso  atr&s  y  desnada  la  espada.  Las  dos 
majerea  se  interponon  entre  ambos  (esto  sólo  en  el  primer  instante*) 
Después  Ccleta  cierra  la  paerta  del  fondo  y  se  qaoda  como  §^ardándcla« 

Diana  queda  situada  entre  les  dos* 

Juan*      (a  Hug^o  con  caima  y  coa  despreeio )  Eres  UH  miserable. 


—  49  — 

Juan.      (a  Diana.)  No  puedo,  no  debo  aceptar  vuestro  sacri* 

ficio:  me  entrego  á  la  justicia. 
Diana.    (Coó  energía.)  ¡Jamás! 
Juan.       (a  Hag^o )  Aquí  me  tienes,  mal  caballero.  Guarda  esa 

espada:  la  mía,  hela  aquí,  á  los  pies  de  tu  víctima. 

(Saca  la  espada  del  tahalí,  coa  Taina  y  toda,  y  la  eoloea  4  los 

piéa  de  Diana.)  Llama  á  tus  CMbirros,  llámalos,  mons- 
truo; atadme  y  preparad  la  hoguera...  Yo  soy  Juan 
Cabet,  tu  enemigo;  yo  te  execro,  engendro  de  Sata- 
nás; yo  iré  al  martirio  del  fuego  y  Diana  no  será 
tuya. 
Hugo.  (A  iuan.)  No  te  mato  porque  eres  del  verdugo.  (En- 
vaina la  espada  y  da  un  silbido.) 

Coleta.  iMisericordial 

Juan.      (a  Hag^o.)  Llama,  llama  pronto  á  tus  esbirros.  (Diana, 

eon  rapidez,  toma  nna  mano  &  Hago  y  lo  Ueva  imparte,  soste- 
niendo con  Tiveía  el  diálog'o  que  slg^ue.  Coleta  entretanto  re- 
coge doi  suelo  la  espada  de  Cabet  y  se  la  eoloea  en  el  taliali, 
flgnrando  que  con  él  sostiene  muy  animada  eonyersaeióny  así 
como  persaadi¿ndole  que  haya.) 

Duna,  (a  Hago.)  (El  salvo-conducto...  ¡pronto!) 

Hugo,  (a  Diana.)  (¿Mía?) 

Diana,  (a  Hugo.)  (Sí.) 

Hugo,  (a  Diana.)  (¿Hoy?) 

Diana,  (a  Hago.)  (Sí.) 

Hugo,  (a  Diana.)  (¿Juras?) 

Diana,  (a  Hago.)  (iPor  Rafael!) 

Hugo,  (a  Diana.)  .(Toma.) 

Diana.  (ai  tomar  el  papel.)  (Ah!  ¡Ya  era  tiempo!  (a  Joan,  dán- 
dole el  papel  despaés  de  pasarle  la  Tlsta.)   Tomad:    estáis 

salvado. 

Goleta,  (a  Juan.)  Huid  sin  dilación.  (Hogo  oye  con  caima  erazado 
de  brazos.) 

Juan,     (a  Diana.)  No  me  voy,  sí  os  sacrificáis. 

Diana.  (Aparte  i  Jaan.)  (Lo  obtuve  por  sorpresa  y  puede  arre- 
pentirse. Os  exijo  obediencia.)  (La  puerta  del  fondo  se 
maeve  como  si  la  forzaran.) 


—  50  — 

Juan,  (a  DUna.)  Oledezco,  porque  lo  exigís,  (a  Uago.)  Bon- 
dad tuya,  traición  debe  ser.  (Se  abre  U  puerta  del  foad* 
y  enüran  en  tamalto  Aigoaellaa,  Soldados  y  Hombrea  del  pao* 
blo,  gente  baldía  derota  de  Hag^o*  Diana  y  Coleta  aprovechaQ 
el  primer  Instnate  ala  Utabear,  y  tomando  á  Cabet,  cada  ane 
de  «na  maao,  le  arr  astran  hasta  la  puerta»  dominando  con  ene 
Toees  á  la  masa  de  gente  qae  ha  entrado  y  qae  no  comprende 
la  aitmelón.  Macha  rapldéi.) 

ESCENA    XIII 

HUGO,  DIANA,  COLETA,  JUAN,  ALGUACILES,  SOLDADOS 

y  HOMBRES  DEL  PUEBLO 

Diana.    Paso,  paso  al  capitán  Diéguez. 

Coleta.  Paso  ai  capitán  de  los  tercios  del  rey.  (La  gente  abre 

paso  y  Jnaa  se  va.) 

ESCENA  XIV 

DICHOS,    menos   JUAN 

Diana.    (Aparte  i  Hago.)  (Despedid  á  esta  gente.) 
Hoco,      (a  los  que  entraron.)  Esperad  en  la  calle. 

Goleta.   (VoJ  á  ver  si  le  siguen.)  (Vanse  Hombres,  Soldados  f  AH 
gnaclles.  Coleta  se  asoma  á  mirar  por  la  ventana.) 

ESCENA  XV 

HUGO,   DIANA   y   COLETA 

Hugo.      Hoy  seréis  mía. 
Diana.    (Hoy  me  toca  morir.) 
Hugo.      Hoy.  ¡Sin  remedio! 

Diana.      (Como  respondiendo  A  sa  pensamiento.)  {Slu  remodíot 
Coleta.   (Separándose  de  la  ventana.)  Se  SalvÓ. 


-  51  — 

Hugo.  No,  todavía  no. 

Diana.  ¿Cómo?  ¿decís  qae  no? 

Hugo.  (Aparte  á  Diana.)  (Ei  salvo-conducto  es  falso.) 

Diana,  (irritada.)  ¿Dudáis  de  mi  palabra? 

Hugo.  Hasta  la  bendición  napcial. 

Diana.  Eso  me  autoriza... 

HU'iO.  A  negaros  si  podéis. 

Diana.  ¿Y  si  me  niego? 

Hugo.  kSsos  dos  hombres  pueden  morir.  (Vaae  por  u  paerta  del 

fondo.) 

Diana.    ¡Ah,  bestia  humana,  que  has  arrojado  tu  disfraz  áe 

hombre! 
Coleta.  Esos  dos  hombres,  dijo.  ¿Quién  es  el  otro? 
Diana.    Tu  padre. 

Coleta.   (Dios  nos  asista!  (Las  dos  se  abraxan  llorando  y  cae  el  telón.) 


FIN  DEL  ACTO  SEGUNDO 


ACTO  TERCERO 


La  misma  deeoraeión*-— Es  da  día.—- Eacima  del  velador  hay  an  -vaso 
eoD  agaa,  aa  reloj  de  arena  f  recado  de  escribir* 


ESCENA  PRIMERA 

DIANA 

(Rápidas  pasan  las  horas!  ¡Si  me  parecen  minutos! 
¿Será  posible  qne  yo  me  despose  con  Hago?  ¡No,  no! 
¡Eso  sería  nn  horror,  un  sacrilegio!  Sí,  porque  eso 
sería  condenarme  en  vida  y  renunciar  al  cíelo*  ¿Yo 
esposa  de  tal  hombre?  ¡Nunca!  ¡Si  á  su  lado  no  podría 
ser  buena!  (uora.  Breve  paasaj  Y  pasa  el  tiempo  y  á 
nada  me  resuelvo,  y,  ¡sin  remedio!  ha  de  llegar  el 
fatal  instante.  Lo  he  jurado,  y  debo  cumplir  mi  pala^ 
bra  ..  ó  morir.  ¡Morir!  ¿Por  qué  no?  ¡No...  no,  Dios 
mío!  Ese  monstruo  es  capaz  de  todo...  ¡Ni  muerta  yo, 
respetaría  él  mi  memoria,  y  sacrificaría  á  esos  ino- 
centes 1  ¡Qué  horror!  Me  zumba  la  cabeza,  se  me  quie- 
ren salir  los  ojos  y  me  abraso  de  sed.  (Se  iieva  ei  raso 

á  los  labios  y  lo  Vaelre  á  dejar  en  el  velador.   Mira  el  reloj  j 

le  da  la  vaeiu.)  ¡Aht  Mo  duclc  el  alma,  se  me  escapa 


—  54  — 

el  penan mieoto  y  el  tiempo  avanza,  lavanza  inexora- 
ble! Así  caentan  los  sentenciados  á  muerte  los  ins- 
tantes de  su  vida,  de  la  vida  que  se  les  ya.  {Pobre 
Juan  Gabet,  abora  te  comprendo!  £1  recuerdo  de  tus 
penas  endulza  las  mías.  Aquí  está  la  cart^  que  me 
dejó,  ¿Será  para  míT  ¡Debe  serlo!  La  desgracia  atrae 
á  los  buenos  unos  á  otros.  |Dame  treguas,  dolor  mío, 
para  cumplir  su  encirgo!  ¡Dame  treguas,  desgracia 
mía,  para  que  se  aumente  mi  dolor,  si  en  mi  puso  su 

cariño!  (Rompe  «l  primer  sobre  j  lee.)  «Este  eSCrítO  es 
para  vos,  Diana.»  (RepresenUodo.  Mny  abatido.)  i  He  lo 
daba  el  corazón!  (Rompe  el  oegaodo  sobro  y  lee.)  «Os  C0« 

nozco  bace  un  año  y  os  amé,  Diana;  porque  hay  her- 
mosuras como  el  imán»  y  porque  el  amor  entra  por 
los  ojos  y  en  el  alma  queda.  Os  atoaba  ya,  convidado 
por  vuestra  virtud;  os  conocía  ya,  atraído  por  vues< 
tra  fama,  y  calló  y  padecí,  porque  fuera  de  tiempo 
es  imposible  llegar  ante  una  mujer  como  vos.»  (ooja 

de  loor  y  declama.)  Llegó  tarde,  SÍ;    ¡llegó  tarde!  (Vaelre 

á  loor.)  ttPero  os  seguía  discreto,  y  soñaba  sin  discre- 
ción, y  adivinaron  mi  amor,  y  (perdonad  por  lo  que 
os  revelo)  en  cuanto  mi  amor  supieron  me  encarcela- 
ron, y  en  mí  se  cebó  la  calumnia  y  el  rencor  más  en- 
conado.» (Deja  do  loor  y  declama.)  {Ah,  fatal  revelación! 

¡Triste  suerte  mía!  (VooIto  4  leor.)  «No  sería  por  vues- 
tro amor,  no  sería  por  eso;  pero  de  un  amigo  logré 
un  enemigo  en  el  hombre  que  os  visita,  y  con  ese 
reñí,  y  ese  fué  mi  delator,  artero  y  falso.»  (Deja  do  leor 
y  deeiama.)  ¡Soñor!  ¡Señor!  ¿Por  qué  ponéis  la  ley  y  ia 
autoridad  de  los  hombres  al  servicio  de  los  malvados? 
(VqoIto  i  loor.)  üY  i  la  cárcel  fui.  Allí  ibais  vos  todos 
los  días,  y  me  consolabais...  como  á  los  demás  pre- 
sos. Consolabais  al  desgraciado,  sin  sospechar  mi 
amor.  iBendije  mis  prisiones!  Pero  el  Satanás  que  me 
odia  quiso  ir  demasiado  lejos.  Me  iban  á  matar,  sin 
misericordia,  calumniado  y  envilecido  mi  nombre. 
Entonces  huí,  pude  huir,  y  el  azar  me  llevó  hasta 


-  55  — 

vuestra  casa.  Lo  demás,  ya  lo  sabéis.  Os  amo  sin  es* 
peranza,  pero  os  amo  con  toda  mi  alma.  (Adiós...  y 
bendita  seáisl»  (Deja  de  leei.)  (Me  amal  Este  sería  un 
hombre  digno  de  mi  amor,  sí  no  lo  hubiese  sido  Ra- 
fael. Rompamos  esta  carta,  porque  está  visto:  amar* 
me  es  un  crimen.  Rompamos  esta  acusación.  (Rompe 

la  eatta  y  arroja  lea  pedazos  por  la  renUna,  y  asomada  por 
•Ha  queda    aa  momento  mirando    haeia   afuera.)    |Me  duelO 

verla  volar!  {Paréceme  que  son  pedazos  de  mi  alma 
que  se  van.  (vaoUe  ai  udo  dei  celador.)  ¿Amaré  á  Ga- 
bet?...  No;  no  le  amo,  ni  debo  amarle,  ni  deben  amar- 
me. ¿Qué  alcanzan  con  amarme?  Los  buenos  delin- 
quen ante  los  hombres,  y  los  malos  pecan  ante  Dios. 
Tú  has  sido,  Rafael  mío,  el  único  amador  feliz.  ¡Tú 

kne  esperas   en  el  cielo!  (Bre-ve  pausa.    Mira  con  afán   á  la 

clepsidra.)  ¡Cómo  pasa  el  tiempo!  Otra  vez  se  colmó  la 
medida,  ¡otra  vez!  El  mejor  pensamiento  es  el  prime- 
ro. (Aparece  Brígida  en  la  puerta.  Diana  no  la  ve,  y  de  on 
pomito  que  saca  de  la  escarcela,    yierte  anas  g^olas    en  el  agva 

del  Taso.)  ¡No  tiembles,  pulso  cobarde!  La  muerte  es 
una  buena  amiga.  ¡Dios  velará  por  esos  inocentesl 

(Gvarda  el  pomito  en  la  escareelaé) 


ESCENA  II 

DIANA    y   BRÍGIDA 


Bbig.  Ya  estoy  de  vuelta,  señora. 

Diana.  |Ah!  ¿Eres  tú?  (Vete! 

Brig.  (¿Qué  es  esto?) 

Diana.  ¡Yete,  6  no  seró  dueña  de  mi  voluntad! 

BaiG.  (Ganemos  tiempo.) 

Diana.  (Yete,  te  he  dicho!    (Brígida  se  arroja  a  ios  pies  da  Diana.) 

Brig.  Perdón,  señora  mía,  perdón  si  en  algo  os  he  ofendido. 

DiANA.  ¡Me  has  vendido,  me  has  calumniado! 

BaiG.  Perdón,  perdón  y  escuchadme. 


—  5t5  — 
Duna.    Levanta,  hipócrita:  levántate  y  vete,  (envida  te  pene 

d«  pié.) 

Bbig.  ¿Pero  qné  pasa?  ¿qaé  sacede?  Seguro  es  que  ese  mal 
hombre  ha  hecho  algana  de  las  suyas. 

Duna.    ¿De  quién  me  hablas? 

Bbig.       Del  señor  Hugo. 

Duna.  Aparta,  mujer  infame,  aparta.  ^Vas  á  hablarme  mal 
de  tu  cómplice?  iVete,  ó  no  podré  conteiiermel  ¡Yetel 

BaiG.      Bien,  yo  me  iré;  pero  sin  vuestro  perdón,  ¡jamás! 

(VaelT«  i  hincarte  de  rodtllaa,  sapUcanto.) 

Duna.  ¡Mi  perdón!  ¿Pides  mi  perdón?  Te  lo  niego.  Pero  asi 
estás  bien,  de  rodillas,  ¡vieja  miserable!  Asi,  verdugo 
de  mi  alma,  así:  á  los  pies  de  tu  víctima. 

Brig.       |Por  Diosl 

Duna.  ¡Mi  perdón!  Pues  qué,  ¿no  me  ves  espirante?  ¿No  eres 
tú  la  causa  de  mi  muerte  y  de  mi  oprobio?  ¡Qué  te 
estoy  contando,  si  tú  lo  sabes  mejor  que  yol 

Brig.       ¡Perdón,  perdón! 

Duna.    ¡Nunca! 

Baio.       Es  preciso  que  me  oigáis.  No  casóis  con  el  señor 

Hugo.    Es  un    malvado.  (Diana  apoya  sos  manos  en  los 
hombrof  de  Bríg^ida,  y  brayía,  faera  de  si,  la  sasade.) 

Diana.  .  ¿Y  eres  tú  quien  me  lo  dice?  ¿Tú?  ¡aborto  del  infierne^! 
Brig.       ¡Que  me  ahogáis!  ¡que  me  muero!  (Diana  se  repone  y  la 

deja  quieta.) 

Duna.    Sería  indigno  de  mí.  (Brígida  se  pone  de  fié.) 

Brig.       (Tú  me  lo  pagarás.) 

Diana.    Vive...  vive. 

BftiG.  ¿Me  culpáis?  ¿Queréis  que  me  vaya?  Yo  no  debo  aban* 
donaros,  y  no  os  abandono.  He  sido  miedosa,  por- 
que... sabedlo,  he  tenido  y  aún  tengo  mucho  miedo. 
Ya  estoy  arrepentida:  ¡lo  juro!  Remedio,  remedio  al 
mal,  es  lo  que  debemos  buscar.  Busquemos,  que  la 
Providencia  acude  en  los  días  aciagos. 

Duna.    ¡Blasfema! 

Brig.  Vos  sois  buena,  fuerte  con  vuestra  virtud,  y  yo  soy 
dibil  y  cobarde.  Vos  sois  joven,  discreta  y  hermosa^ 


~  57  — 

y  yo  anciana,  pobre,  ignorante.  Vos  podéis  luihar  y 
yo  no  puedo.  Salióme  al  paso  el  senor  Mago,  y  me 
tentó  y  me  venció.  Ya  estoy  arrepentida.  ¡Perdo- 
nadme! 

Diana.  Quo  te  perdone  Dios.  (Ya  no  vaelro  á  hacer  caso  de  Br{- 
gida.) 

BaiG.  ¿Quién  es  este  hombre  que  así  me  vence,  y  me  sub- 
yuga y  me  llena  de  terror?  ¿Quién  es?  me  pregun- 
taba... ¿No  roe  atendéis,  señora?  Sin  vuestro  perdón 
voy  á  morirme  de  vergüenza,  y  no  me  marcho  si  no 

es  perdonada.  (Diana  egtá  ai  lado  del  velador,  tiene  CA  ana 
mano  el  vaso  y  con  la  ctra  so  oprime  nna  sien.  Brígida  signad 

hablando  para  s{.)  (Va  á  beber*,  cou  eso  tendría  bastante» 
Lo  cierto  es  que  á  no  ser  tan  buena,  me  ahoga.) 
Diana.     (¡Es  imposible  sufrir  más!  Busquemos  el  remedio.) 

(Se  va  acercando  el  vaso  á  los  labios.) 

Brig.  (iQué  tontos  son  los  buenos!  Al  fin  perdonan;  y  si  no, 
vamos  á  verlo.) 

Diana,  (oprimiéndoso  la  frente.)  (¡Así,  así  cueutan  los  senten- 
ciados á  muerte  la  vida  que  se  les  va!  Así,  por  los  la- 
tidos acelerados  de  la  sangre.)  (Entra  Coleta,  muy  alegare 
por  la  puerta  del  fondo.  La  sig^oe  Pedro,  que  se  qaeda  en  el 
umbral  de  la  puerta.  £n  o^te  instante  va  á  beber  Diana,  pero 
al  o!r  la  vos  de  Coleta  se  detiene,  y  poco  á  poco,  sin  darse 
cuenta  de  lo  qne  hace,  deja  otra  vez  el  vaso  encima  del  ve- 
lador*) 


ESCENA  lil 

DIANA,  BRÍGIDA,  COLETA  y  PEDRO 

Goleta.  ¡Albricias,  señora,  albriciasl 

Diana.    ¿Vienes  contenta? 

Brig.      ¿Qué? 

Goleta.  ¡El  señor  Gabet  está  salvado,  y  mi  padre  también! 

¡Viva,  vi  val 
Diana,    ¿Salvados?  Explícate  pronto. 


—  58  — 

B«iG.       ¡Si  yo  lo  decial  (¿Qaé  será?) 

GoLBTA.  (Á  DUaa.)  Dejad  que  os  abrace.  |  La  alegría  me 
mata! 

Diana*     Habla,  Goleta,  habla. 

Coleta.  Hasta  soy  capaz  de  abrazar  á  la  madre  Brígida;  pero 
no,  no:  sería  demasiada  benignidad. 

Diana.     ¡Coleta! 

Coleta.  Tenéis  razón:  soy  muy  loca  y  os  tengo  impaciente. 
Ese  que  está  en  la  puerta,  ese  os  un  buen  primo  mío. 
Acércate,  hombre:  la  señora  te  da  su  permiso,  (padro 
s«  coloca  al  lado  da  Coleta.)  Estc  primo  mío,  es  corrco  de 
gabinete,  en  la  casa  del  Virrey.  Hace  un  cuarto  de 
hora  ha  llegado  de  Bruselas  con  dos  pliegos  urgen- 
tes para  el  Gobernador.  Es  uno  de  ellos,  el  iadulto 
amplio  para  el  señor  Cabet,  y  el  otro  es  la  orden  para 
que  se  ponga  á  mi  padre  en  libertad.  Y  como  este 
primo  mío  nos  quiere  mucho,  y  sobre  todo  á  mí,  en 
seguida  ha  traído  la  noticia  á  mí  casa,  y  hasta  ahora 
sólo  sabemos  la  novedad  los  presentes,  mí  familia  y 
el  Gobernador. 

Brig.       ¡y  aún  hay  quien  dice  que  no  hay  clemencia! 

DiA.iA.    Fausta  es  la  nueva  para  todos. 

Goleta,  (á  Diana.)  (Ya  no  os  casaréis.) 

Diana.  Es  urgente  que  se  corran  las  órdenes.  Vamos  en  se- 
guida á  ver  al  Gobernador. 

Golbta.  Algo  hay  más  urgente. 

Brig.       ¿Pero  cómo  ha  sido  eso? 

Goleta.  De  sencillo  modo.  El  señor  Cabet  tiene  amigos  y  pa- 
rientes. Se  supo  su  sentencia  de  muerte,  y  corrieron 
dineros  y  caballos.  El  señor  Obispo  de  GüeMres  in- 
tervino, y  el  señor  Cabet,  que  era  inocente,  se  ha 
salvado.  Mi  padre  ha  quedado  en  libertad,  pues  se ~ 
hallaba  preso  por  su  afecto  hacia  el  señor  Cabet.  Hé 
aquí  la  historia.  La  cuestión  era  llegar  pronto,  y 
Pedro  es  un  buen  jinete,  (a  Pedro.)  Ahora,  amigo  mío, 
vete  á  beber  á  la  vecina  hostería  y  espérame  allí. 

(Pedro  hace  que  se  ▼%  y  Diana  lo  detiene.) 


—  59  — 

Diana.  Esperad.  Jasto  es  gratificar  á  quien  tanto  bien  nos  ha 
traído. 

Goleta.  De  eso  me  encargo  yo,  cuando  Dios  y  padre  lo  per- 
mitan. Qice  venir  á  Pedro  para  que  fuese  un  testímo^ 
nio  yivode  mis  declaraciones.  Déjanos,  Pedro:  la  se- 
ñora te  lo  manda-.  (Pedro  saluda  y  fo  va.  Diana  y  Coleta  ee 
abraian.) 

Diana.  (¿Triunfará  la  inocencia?  ¿Triunfará  la  virtud?  (Aun- 
que en  eata  eieena  Brígida  toma  parta  en  la  eonTersaeión,  es 
ala  que  Coleta  y  Diana  le  presten  atención,  y  lo  mismo  acón'- 
teeo  en  la  escena  qoo  sigaO') 


ESCENA  IV 

DIANA,  COLETA   j  BRÍGIDA 

Diana   toma  su  manto  qne  quedó  sobre  un  mueble  en  el  acto  anterior 

y  se  lo  prende. 

Diana.  Vamos,  Goleta,  vamos  pronto  á  ver  al  Gobernador, 
que  es  buen  amigo  mío. 

Coleta.  Antes  es  vuestra  felicidad.  Vamos  despacio.  Yo  quiero 
casarme,  pero  vos  no,  y  es  preciso  que  no  os  caséis. 

Diana.  ¡No  me  recuerdes  mi  desdicha!  Vamos  á  lo  que  he 
dicho  y  después  á  buscar  á  tu  padre. 

Goleta.  Eso  no  corre  prisa.  Padre  saldrá  hoy  en  libertad  y  el 
señor  Gabet  no  debe  haberse  ido  todavía. 

Diana.    Debe  estar  lejos. 

Goleta.  No  lo  creáis.  £1  campo  es  muy  peligroso  para  el  que 
huye.  En  la  ciudad  estará. 

Bríg.      Capaz  será  de  ello. 
•€i0LETA.  (Á  Diana.)  Lo  quo  corrc  prísa  es  libertaros  á  vos. 

BaiG.      Eso  es  lo  importante. 

£toANA.    ¡Lo  he  jurado! 

CoLET^t.  Oíd,  señora:  cuando  loca  de  dolor  salí  de  aquí,  hálle- 
me en  casa  con  la  buena  nueva,  y  fui  á  participar  mi 
alegría  á  mí  confesor  que  también  lo  es  vuestro. 


—  60  — 

Diana.    ¿Hablaste  con  él? 

Coleta.  ¡Y  se  lo  he  contado  todol  [todol 

Diana.    ¿Qué  dijo? 

Goleta.  Se  lo  conté  por  desacreditar  al  señor  Hugo.  Yo  quería 
denunciar  á  la  justicia  lo  que  hace  ese  fiero  señor  y... 

Brig.      ¿Qué  dijo? 

Diana.    Sí:  ¿qué  te  dijo? 

Coleta.  Se  aiogró  por  mi  padre,  se  alegró  por  el  señor  Cabet, 
rae  díó  el  parabién  y  luego  se  puso  muy  serio. 

Brig.      ¿Muy  serio? 

Coleta.  Y  cada  vez  con  mayor  seriedad  me  dijo  de  este  modo: 
«El  señor  Hugo  puede  mucho  y  es  muy  malo.  Lo  me- 
jor que  podría  hacer  Diana  es  huir  hoy  mismo;  pero 
eso  es  difícil  á  una  mujer  Su  juramento  es  nulo,  co- 
mo arrancado  por  la  fuerza.  Se  ha  portado  bien:  su 
virtud  y  su  conciencia  deben  ser  sus  consejeros.  iQue 
le  inspiren  el  acierto!»— Callóse  y  yo  exclamé: — Pero 
¿quién  es  ese  hombre  terrible  que  así  vence,  asusta  y 
logra? 

Brig.      ¿Qué  contestó  su  paternidad? 

Coleta.  Y  así  me  dijo: — «Coleta,  hija  mía,  oye,,  y  aprende  y 
sabe  que  todo  no  se  puede  decir.  En  cada  aldea,  en 
cada  pueblo,  en  cada  ciudad,  donde  quiera  que  hay 
seres  humanos  asociados  civilmente,  hay  un  hombre 
ó  una  mujer,  un  demonio  como  el  señor  Hugo,  dueño 
de  todas  las  voluntades  y  de  todos  los  secretos,  de  to- 
das las  tentaciones  y  de  todas  las  hipocresías,  y  por 
eso  mismo  de  todos  temido  y  respetado.  El  poder  y  la 
riqueza  le  sonríen;  su  aliento  y  su  mirada  envene- 
nan. Esos  seres  están  por  encima  de  la  ley  humana. 
Fingen  ser  virtuosos  y  son  enemigos  de  todo  bien  j 
de  toda  virtud,  y  sólo  la  virtud  puede  vencerlos.  Pro- 
cura ser  discreta.  Las  flores  delicadas  de  los  campos 
se  deshojan  al  primer  soplo  de  la  tormenta;  no  olvi- 
des, pues,  que  tú  eres  ana  florecílla  y  que  el  señor 
Hugo  es  una  tempestad:  huye  de  su  camino,  pero  no  le 
irrites.» — Calló,  medió  la  mano  á  besar  y  me  despidió. 


i 


—  61  — 

Brig.      ¿Lo  veis,  señora,  lo  veis?  ¡Cómo  había  yo  de  resistirlel 

Diana.    Juró.  ¡No  hay  remediol 

Brig.       Pero...  si  el  juramento  es  nulo. 

Goleta.  Fué  arrancado  por  la  fuerza. 

Brig.       Y  el  señor  Gabet  está  indultado. 

Goleta.  T  mi  padre  saldrá  libre. 

Diana.    (O  ser  suya  ó  morir.  ¡Morir  de  todos  modosl) 

Goleta.  Os  autorizó  á  negaros  si  podíais. 

Brig.       Y  podéis. 

Diana.    ¿Y  si  me  niego? 

Goleta.  So  amenaza  es  ya  imposible. 

Brig.  ¡Gasarse  una  mujer  tan  buena  con  un  hombre  tan 
malo!  No  puede  ser. 

Goleta.  Gonsultad  con  vuestra  conciencia. 

Brig.       Al  lado  de  ese  hombre  la  vida  os  será  un  martirio. 

Diana.  ¿Gomo  casarme  con  él  si  no  le  amo?  ¡Si  le  aborrezco! 
No  debo  casarme  con  él,  no;  la  conciencia  me  lo  grita, 
mi  dignidad  me  lo  manda.  Sea  como  queréis,  sea  como 

yo  quiero.  (Se  tienta  y  escribe  dictándose  en  alta  voz.)  aSc- 

ñor  Hugo:  puedo  negarme,  y  me  niego.  Los  dos  se 
han  salvado.  Es  inútil  que  insistáis,  porque  estoy  re- 
suelta á  no  volver  á  veros  más.»  (cierra  el  escrito  ea 
forma  de  carta  y  lo  entrega  á  Coleta.]  Toma,  GolCta,  lieva 

tú  misma  el  recado. 
Goleta.  Así  os  veis  libre  do  tan  tremendo  dolor. 
Diana.    No  te  detengas. 
Goleta.  Pedro  llevará  la  carta  á  su  destino.  (Vase  Coleta.) 


ESCENA   V 

DIANA   y   BRÍGIDA 

Brig.  No  le  ha  de  gustar  al  señor  Hugo  el  recado,  pero 
¡que  rabie!  Después  de  todo,  su  amor  es  más  un  em- 
peño que  una  pasión.  Los  hombres  malos  no  tienen 
amor  anadie. 


—  62  — 

DiANV  ¿Todavía  estás  aquí?  Te  mandé  salir;  te  despedí  de  mi 
casa. 

Bbig.  Dócil  obedezco  para  probaros  mi  cariño  y  mi  arre- 
pentimiento He  iré;  pero  dejadme  arreglar  mi  equi- 
paje. Mientras,  salís  con  Coleta...  y  cuando  volváis» 
me  despido. 

Diana.    Antes  de  la  noche  has  de  irte. 

Brig.       Sois  muy  injusta  conmigo. 


KSCENA  VI 

DIANA,  BRÍGIDA  y  COLETA    ' 

Goleta.  Ya  fué  Pedro  con  la  carta,  y  le  encargué  también  que 
averigüe  algo  sobre  el  paradero  del  señor  Cabet.  Ya 
podemos  irnos,  señora. 

Diana.    Sí,  vamonos. 

€oLETA.  £1  paseo  os  ha  de  sentar  bien. 

Diana.  Vamos,  vamos,  no  sea  que  Hugo  se  decida  á  replicar. 
No  quiero  verle. 

Brig.      Como  se  atreva  á  volver,  yo  le  diré  cuántas  son  cinco. 

(Vaose  Diana  y  Célela.) 

ESCENA  Vil 

BRÍGIDA 

Que  ha  de  venir,  es  seguro:  en  cuanto  se  entere  del 
recado  |Ah,  florecilla,  expuesta  á  la  furia  del  hara^ 
cánl  Si  yo  dicto  la  carta,  no  sale  mejor.  ¡Mujer  odiosal 
Has  puesto  tus  manos  sobre  Brígida  y  te  has  perdido. 
Necesito  vengarme  y  gozar  en  tu  desventura.  Pero 

¿cómo?  ¿por  qué  medio?  (Queda  pensativa.  Aparece  Ceo- 
lellaa  en  la  puerta  del  fondo.) 


—  63 


ESCENA  VIII 

é 

BRÍGIDA   y   CENFELUS 

Cent.      {Ah,  de  la  casa! 

Brig.       ¿Eh?  ¿Quién  es? 

Cent,      ün  pobre  viajero. 

Brig.       Esta  casa  no  es  un  mesón. 

Cent.      Pero  ¿qué  miro?  |Tú  eres  Brígida! 

Brig.       {Centellas! 

Cent.      El  mismo. 

Brig.       ¿Por  dónde  has  entrado? 

Cent.      Por  la  puerta. 

Brig.       ¿Forzándola? 

Cent.  Estaba  abierta.  Desde  que  forcé  los  remos  de  una  ga- 
lera, no  me  dedico  á  ese  oficio.  Están  muy  malos  los 
tiempos. 

Brig.       (Ay,  Centellas,  qué  tiempos  aquellos! 

Cent.  Eramos  jóy enes.  Yo  era  un  bravo  y  tú.,,  más  vale 
callarlo;  percí  se  ganaba  dinero.  Yo  fui  á  galeras  y  til 
ala  vergüenza. 

Brig.       ¡Ceoteliasl 

Cent.      No  te  incomodes:  si  eso  es  verdad. 

Brig.  ¿Y  qué  quieres?  ¿Por  qué  te  atraves  á  entrar  en  esta 
casa? 

Cent.  El  hambre  es  itiuy  atrevida.  Lo  que  quiero  es  comer. 
Pasé,  vi  la  puerta  abierta  y  entré,  bien  ageuo  de  que 
te  pudiese  hallar  á  tí  dentro  de  esta  casa. 

Brig.         (Aladi«ndo  i  ua  envoltorio  que   Centellas   g^uarda    debajo    del 

brasc.)  ¿Y  qué  es  eso? 

Cent.  -Ui  equipaje 

Brig.  Es  bien  reducido. 

Cent.  Menos  tenía  ayer. 

Bhig.  (coo  Ironía.)  ¿Algúu  hallazgo? 

Cent.  Una  herencia. 

Brig.  ¿A  quién  has  heredado? 

Cent.  Pobre  y  hambiieato,  vagaba  yo  anoche  por  el  bosque. 


—  64  - 

cuando  acertó  á  pasar  un  viajero  no  mal  portado  y  de 
misteriosa  apariencia.  Aqaí  está  mi  negocio,  me  dije, 
y  mi  hambre  le  asaltó. 

Brig.       ¿Le  mataste? 

Cent.  Allí  se  quedó  para  pasto  de  los  lobos.  Recogí  este 
fardo,  que  era  todo  lo  que  llevaba.  ¡Qué  desengaño 
tan  cruell  K\  hombre  no  llevaba  ni  un  escudo,  ni  esto 
se  puede  vender  á  nadie. 

Brig.       ¿Tan  mala  es  la  herencia? 

CEZfT.  Dentro  de  este  envoltorio  hay  una  magnífica  bandera 
holandesa,  y  en  ella,  bordado  con  mucho  primor,  el 
escudo  del  príncipe  Guillermo  de  Orange. 

Brig.       Mal  lo  puedes  pasar. 

Genr.  Entre  los  pliegues  de  la  bandera  se  esconde  una  biblia 
de  Lutero  y  un  paquete  de  cartas  dirigidas  á  ,una  per- 
sona desconocida,  porque  en  los  sobres  sólo  hay  una 
inicial.  Todos  dicen:  apara  D^...»  Las  cartas  están 
firmadas  por  los  capitanes  rebeldes  que  se  han  apo- 
derado de  Harlém. 

Brig.       iJesucristoI  Vete,  vete  pronto. 

Cent.      Sin  comer,  nunca. 

Brig.  Con  esos  efectos  estás  muy  comprometido  y  me  com- 
prometes á  mí  también.  ¡Pues  ahí  es  nada!  Heregía  y 
conspiración.  \Y  en  esta  casa,  donde  todos  los  días 
viene  el  muy  alto  y  poderoso  juoz,  el  señor  Hugo! 

Cent.       (Azorado.)  ¿Sí? 

Brig.       Si  llega,  y  te  encuentra  y  barrunta  lo  que  posees,  te 

ahorca. 
Cent.      O  me  manda  quemar.  Mira,  Brígida,  dame  alpún 

fiambre  y  un  vaso  de  vino,  y  me  marcho  en  seguida. 
Brig.      Vale  más  que  te  vayas  ahora  mismo. 
Cent.      Sin  comer,  jamás. 
Brig.       (Este  bribón  me  va  á  servir.) 
Cent.      Mira  que  me  desmayo. 
Brig.       ¿En  cuanto  comas  te  marchas? 
Cent.      Yo  te  lo  juro. 
Brig.       Pues  sigúeme.  (Voy  á  ver  si  puedo  emborracharlo.) 


—  65  — 

(TaoM  por  la  paerta  de  la  doroehat  Ál  tiempo  mismo  eotra 
Hago  por  la  del  fondo.) 

ESCENA  IX 

HUGO 

¿Dónde  estará  Diana?  Sin  dada  ya  sabe  que  Juan  Ca- 
bet  está  perdonado  y  ha  ido  á  buscarle.  ¿Qué  otra  ex- 
plicación  puede    tener  esta  carta?  (Trae  en  la  mano  la 

qae  le  eseribió  Diana.)  ¿Yo  asi  burlado?  ¡La  ira  me  abra- 
sal  |Ab,  pasión  maldital  {Ab,  torpe  deseo  que  así 
adormeces  mi  altivez!  ¡Dianal  ¡Dianal  ;,A  mí  una 
burla  como  esta?  Mía  bas  de  ser,  ó  te  hollaré  (Apar-ee 

Brígida  en  la  paerta  de  la  derecha.)  COn  míS  plantas  COmO 
huello  los  signos  que  trazó  tu  mano.  (Arroja  U  carta  al 
•nelo  y  la  pisa.) 

ESCENA  X 

HUGO   y  BRÍGIDA 

Brig.      Muy  buenos  días,  señor  Hugo. 

Hugo.      ¿Dónde  está  Diana?  ¿dónde  está? 

BaiG.  Salió...  porque  ya  sabréis  que  han  perdonado  al  señor 
Juan  Cabet. 

Hugo.      ¡Por  mi  torpeza!  ¡Por  mi  bondad! 

Brig.       Y  sale  libre  el  padre  de  Coleta. 

Hugo.  El  infierno  se  revuelve  contra  mí,  pero  yo  me  ven- 
garé. (Brígida  recoce  del  snelo  la  earta,  la  rompo  y  arroja  los 
pedazos  por  la  Tontana.) 

Brig.    .  (Esto  sería  prueba  en  su  favor.) 

Hugo.      ¿La  rompiste?  Bien  has  hecho.  Así  quebraré  yo  la  vida 

de  Diana. 
Brig.       Está  enamorada  de  Juan  Gabet. 
Hugo.      ¡Desdichada  de  til  ¿qué  has  dicho?  ¡Di  que  mientes! 

¡Dílol 

8 


—  66  — 

Brig.  y  86  casaráDi  do  lo  dadéis. 

Hugo.  Naoca:  mía  ó  muerta. 

BaiG.  Diana  os  aborrece. 

HoGO.  Yo  domaré  sa  esqoivóz. 

BaiG.  Por  el  terror.  Eso  puede  mucho. 

Hugo.  Tienes  razón.  Probemos  ese  medio.  (Saea  nn  boUi.io 

eon  dinero  y  le  lo  da  i  Brígida.)  El  demoníO  te  ha  ínspi « 

rado.  Aqni  hay  cien  doblas  y  te  daré  otras  ciento,  si 
Diana  duerme  esta  noche  en  la  cárcel. 

Brig.  Ordenad  que  la  prendan  en  seguida,  sin  perder  mo- 
mento. 

Hugo.      ¿Golpe  seguro? 

Bbig.  Seguro.  {Si  todo  lo  tengo  listo!  Que  registren  bien  en 
su  dormitorio. 

Hugo  (Yéndose.)  Pucs  uo  más  dilaciones;  pero  ¡ay  de  tí  si 
me  eo gañas! 

Brig.      Descuidad,  que  yo  también  trabajo  por  mi  cuenta. 

(Vase  Hago,  y  Brígida  qaeda  por  «n  momento  en  la  paertn, 
riéndole  ir.  Entra  Centellas  en  escena,  eon  su  fardo  debsjo 
del  braio.) 

ESCENA  XI 

BRÍGIDA  y  CENTELLAS 

Brig.       ¿Ya  saciaste  el  hambre? 

Cent.      Y  la  sed.  iQué  buen  vino  me  has  dado! 

Brig.       ¿Y  te  marchas? 

Cent.      En  seguida. 

Brig.      ¿Qué  piensas  hacer  con  ese  lio?    • 

Cent.      Allá  veremos. 

Brig.  Con  eso  vas  muy  cemprometido.  Debes  deshacerte  de 
esos  objetos. 

Cent.  Sería  lo  mejor;  ipero  á  nn  pobre  le  duele  tanto  des- 
hacerse de  una  herencial 

Brig.  £1  señor  Hugo  ha  estado  aquí  y  ahora  mismo  acaba 
de  irse. 


—  67  — 

Cent.      (De  eso  ya  me  he  enterado  yo.) 

Brig.       De  buena  has  escapado. 

Cent.      Por  eso  quiero  escapar  de  esta  casa. 

Bbig.  ¿Por  qué  no  me  dejas  ese  fardo  á  mí,  y  así  te  vas 
libre  de  cuidados? 

Cent.  ¡Cuánta  abnegaciónl  jY  luego  dicen  que  no  hay  bue- 
nos amigos  en  la  tierra!  Yo  debo  corresponder  á 
tanta  generosidad  huyendo  sin  más  tardanza.  ¿Cómo 
he  de  permitir  que  te  comprometas  tú  por  salvarme 

yo?   Me  marcho  y   me   marcho.    (Hace   eomo  que  se  ya  y 
Brígida  lo  deti«ne.) 

Brig.       (Con  resoiaeión.)  Te  io  compro  todo. 

Cent.  Eso  ya  es  otra  cosa,  porque  eso  es  señal  de  que  ne- 
cesitas estos  objetos.  Siendo  así,  te  los  vendo. 

Brig.       Mi  interés  es  por  salvarte. 

Cent.      (Pues  los  vas  á  pagar  caros.) 

Brig        Por  supuesto,  que  ios  vas  á  vender  por  poco  dinero. 

Cent.      ¿Cuánto  me  ofreces? 

Brig.       Tres  doblas. 

Cent.      Ciento  quiero,  ni  una  menos. 

Brig.  ¡Jesús!  Eso  es  un  tesoro.  ¿De  dónde  iba  yo  á  sacar 
tanto  dinero?  ¿Ni  para  qué? 

Cent.      El  señor  Hugo  te  ha  dado  un  bolsillo  con  esa  cantidad. 

Brig.       (Como  negando.)  ¡Avo  María  Purísima! 

Cent.      Y  te  ha  prometido  otras  ciento. 

Brig.       Tú  has  bebido  mucho. 

Cent.  Bastante;  pero  al  mismo  tiempo  os  escuchaba.  ¿Cómo 
vas  á  vender  y  calumniar  á  tu  señora,  si  no  me  com- 
pras todo  esto? 

Brig.         (Haciendo  garandes  proteataa  con  el  adem&n.)  TÚ   nO   haS  CS- 

cuchado  bien. 

Cent.      Entonces,  adiós. 

Brig.       Veinticinco  doblas. 

Cent.      Ciento. 

Brig.       Cincuenta. 

Cent.  ¿Y  mi  silencio  y  mi  complacencia  en  servirte,  no  va- 
len nada? 


—  68  — 

Bbig.  (HtbUndo  eontigro.)  Yo  Siempre  fea...  ¡ella  hermosal  Yo 
siempre  mala...  lella  buena!  (Transieión.)  Pero  hom- 
bre, si  lo  qae  pides  es  mucho,  ¡muchísimo! 

€ent.      i  Pero  si  el  señor  Hugo  dará  mucho  más! 

BrIG.         (Olrs  yei  dominada  por  la  envidia.)   ¡Ella  querida   de  tO— 

dos,  y  yo  vieja,  aborrecida!  Por  entregarla  al  verdugo 
doy  las  cien  doblas^  y  daría  hasta  mi  alma.  (Entreg^a  i 

CenUllaa  el  bolsillo  qae  le  dio  Hng-o  y  le  toma  eou  preelplta* 

ción  el  fardo.)  Toma...  dame...  y  vete.  ¡Vete,  que  el 
llanto  me  ahoga!  ¡Ay,.qué  cara  es  la  venganza!  (vase 

por  la  puerta  de  la  Isqoierda  llevándose  el  fardo.) 

ESCKNA   XII 

CENTELLAS 

¡Ay,  qué  lástima  de  soga!  Aquí  hay  que  huir  el  cuerpo, 
porque  de  mi  lío,  que  es  pequeño,  esta  gente  va  á  ha- 
cer un  lío  muy  grande.  Ya  tengo  dinero.  (Hace  sonar 

las  monsdat  del  bolsillo  y  se  -va  por  la  paerta  del  fondo.) 

■ 

KSCKNA  XIII 

BRÍGIDA 

£1  fardo  lo  ha  dejado  en  el  dormitorio  do  Diana. 

¡Qué  sacrificio  tan  grande!  ¡Me  voy  á  morir  de  dolor! 
Menos  mal  si  la  queman.  Ha  puesto  5us  manos  sobre 
mí,  y  no  la  perdono.  ¡Qué  virtud  tan  oJiosa  la  de  esa 
mujer!  ¡Maldición  sobre  ella!  (Vase  por  u  paeru  de  u 

derocha.  Por  la  del  fondo  entran  Diana,  Coleta  y  Dionfs.) 

hSCKNA   XIV 

DIANA,  COLETA  y  DIONÍS 
Coleta.  Ya  hemos  llegado.  Hoy  rae  parece  que  respiro  mejor 


—  69  — 

que  otros  días.  Al  fin  estáis  en  libertad,  padre  mío* 

Diana.  A  vuestra  casa,  Dionís,  áyuestra«casa  en  seguida* 
Allí  os  esperan  con  afán. 

DiONis.  A  mi  casa  voy,  á  abrazar  á  mi  esposa  y  á  mis  hijos; 
pero  Goleta  ha  de  quedarse  aqui. 

Diana.  Hoy  debéis  reuniros  en  familia,  y  Goleta  es  vuestra 
hija  querida. 

Goleta.  Brígida  está  despedida.  ¿Cómo  queráis  que  os  deje- 
sola?  Un  abrazo,  padre;  abrazadme  y  b&sta  mañana. 

Diana.  Me  duele  el  tiempo  que  habéis  perdido  acompa- 
ñándome. 

DiONis.  Era  mi  obligación.  ¿Cómo?  Vos  habéis  sido  mi  pro- 
videncia y  la  de  mis  hijos,  como  lo  sois  de  todos  los 
necesitados;  vos  habéis  hecho  que  la  orden  de  mi  li- 
bertad se  comunique  pronto;  vos  misma  habéis  ve- 
nido á  sacarme  de  la  cárcel,  ¿y  no  queréis  que  ya 
venga  hasta  dejaros  en  vuestra  casa?  Eso  es  lo  menos, 
que  puedo  hacer.  Mi  vida  os  ofrezco  si  de  ella  nece- 
sitáis 

Goleta.  ¥  la  mía  y  la  de  mis  hermanos. 

Diana.     Exageráis  lo  que  hice. 

DiONis.    ¡Qué  hermosa  es  el  bien,  señoral 

Goleta.  |Qué  hermosa  es  la  caridad! 

Diana.  Más  hermoso  es  el  agradecimiento.  Id,  buen  padre, 
id  con  vuestros  hijos  y  no  os  privéis  por  mí  de  la 
compañía  de  Goleta. 

DiONis.  Goleta  se  queda.  Adiós,  hija  mía,  hasta  mañana.  Adiós, 
señora,  y  Dios  os  premie  en  el  cíelo  por  vuestras  bue- 
nas obras  en  la  tierra. 

Diana.     A  vuestra  casa,  Dionís,  á  vuestra  casa. 

DiONis.    Adiós,  Coleta. 

Goleta.  Adiós,  padre.  (Oionís  y  Coleta  m  abrazan.) 

DioNís.    {Dios  os  bendiga,  hermosa  señoral  (Vase  por  la  paoru 

del  fondo.) 


•¡o  — 
.    ESCENA  XV 

DIANA    y    COLETA 

GoLBTA.  ¿Habrá  venido  el  señor  Hugo? 

Duna,    No  quiero  ni  preguntarlo. 

Goleta.  ¿Aún  tenéis  puesto  el  manto?  (Desprende  ei  manto  i 
mana.)  Permitid  que  os  lo  quite.  ¡Que  se  os  vea  la 
frente!  Así.  |Qué  bi  en  os  estaría  una  corona  de  flores! 

Diana.    {FloresI  ¿Flores  con  el  alma  dolorida? 

Coleta.  Ya  no  hay  que  temer.  Ya  todo  nos  sonríe. 

Diana.  Mañana  es  el  día  de  los  Difuntos.  Mañana  cubriré  de 
flores  la  tumba  de  Rafael. 

Coleta.  No  se  han  de  sembrar  pocas  en  torno  á  vuestro  se- 
pulcro el  día  que  vos  muráis.  Pero  ¿quién  piensa 
ahora  en  la  muerte?  Vivid  mil  años. 

Diana.  Dios  me  dé  vida  para  ceñirte  la  frente  con  olorosos 
azahares. 

Coleta.  Vuestra  corona  es  mejor.  Cada  vez  que  os  miro,  creo 
ver  en  torno  á  vuestra  cabeza  una  aureola  de  vivísi- 
ma luz,  así  como  el  nimbo  de  los  santos. 

Diana.    Exaltaciones  son  de  tu  cariño. 

Coleta.  Dicen  las  gentes,  comparando  eotre  vos  y  el  señor 
Hugo,  que  vos  venís  del  cielo  y  él  del  infierno;  que 
vos  sois  la  luz  y  él  es  la  sombra;  que  vos  sois  la  bon- 
dad humilde  y  él  es  la  soberbia  satánica;  que  vos  sois 
la  pureza  y  él  es  el  pecado.  Y  eso  lo  dicen  sin  saber 
que  él  y  vos  os  conocéis  y  os  tratáis. 

Diana.  Con  el  fresco  timbre  de  tu  voz,  ¡cuántas  ideas  has 
agolpado  en  mi  mente!  Yo  no  creo  ser  buena,  porque 
ser  buena  sería  ser  perfecta,  pero  soy  mejor  que  Hu  go. 
Hugo  es  hijo  de  estos  líempos  de  tra  nsición  en  los 
que  riñen  su  último  combate  las  fierezas  del  ayer  y  el 
humanismo  del  mañana.  ¿Quién  vencerá?  La  victoria 
es,  en  esta  batalla,  para  el  soberbio  que  dispone  de  la 
fuerza  en  el  momento  de  la  lucha;  pero  la  gloria  es 


—  71  — 

para  la  bondad,  que  con  su  constancia  y  á  fuerza  de 
YÍrtudeSy  prepara  en  la  tierra  un  hermoso  porvenir 
para  la  raza  humana.  En  tiempos,  quizás  muy  lejanos 
todavía,  los  libros  y  los  sabios  no  serán  perseguidos, 
y  los  hombres  serán  honrados  por  sus  virtudes.  (Se 

oyen  aaos  g^olpM  por  la  paerta  del  fondo.) 

Goleta.  Llaman,  y  fuerle. 

Diana.     ¿Quién  podrá  ser?  (Entra  Brígida  en  Mcona.) 


ESCENA  XVI 

DIANA,  COLETA  y   BRÍGIDA 


Brig.  Voy  á  ver  quién  es. 

Diana.  .¿Aún  estás  en  mi  casa? 

BaiG.  Me  iré  en  seguida. 

Diana.  Averigua  quién  llama  y  luego  vete.  (Vase  Brferida  por  ei 

fondo.) 

Goleta.  Pocas  ganas  tiene  Brígida  de  irse. 

Diana.    Pues  ha  de  irse  antes  que  la  noche  llegue.  (vneWo  á 

entrar  Brígida.) 

Brig.      Señora:  un  señor  Juez  pide  permiso  para  hablaros. 
Diana.    Di  que  puede  pasar. 
Brig.       Es  que...  viene  acompañado. 
Goleta.  ¿Con  quién? 

Brig.       Trae  Escribano,  Alguaciles  y  Guardias. 
Goleta.  iCielosI  ¿Qué  puede  ser? 

Diana,    (a  Brígida.)  Di  al  señor  Juez  que  le  espero.  (Vase  Brí- 
gida por  el  fondo.) 

Goleta.  ¿Qué  puede  querer  la  justicia? 

Diana.    Ya  lo  veremos. 

Goleta.  Estoy  atormentada  por  la  curiosidad. 


—  72  — 

ESCENA  XVII 

DIANA,  COLETA,  un  JUBZ,  .a  ESCRIBANO,  ALGUACILES 

y  SOLDADOS 

El  JaM  entra  delante,  •egwldo  del  Escribano,  ambos  coa  el  sombrero  «a 
la  mano,  y  detrás  entran  los  Al^naciles  y  Soldados,  cabíertos.  Brígida 
atrarlesa  la  escena  y  se  ts  per  la  puerta  de  la  derecha.  Diana  qaeda  en 
primer  término  entre  el  Jaes  y  el  Escribano*  Coleta  4  la  iiquierda,  los 
Alguaciles  á  la  derecha,  en  segundo   término,  y   los  Soldados  á  nno  y 

otro  lado  de  la  puerta  del  fondo. 

Juez.  Perdonad,  señora,  si  vengo  á  turbar  vuestra  tranqui- 
lidad. 

Diana.  Bien  venido  seáis.  ¿Qué  queréis  de  mí?  ¿En  qué  puedo 
serviros?  Pero...  ¿á  qué  este  aparato  de  fuerza,  señor 
Juez? 

Juez.       En  cumplimiento  de  mi  penoso  deber. 

Diana.    ¿Venís  á  prender  á  alguien? 

Juez.       A  vos. 

Diana.    ¿A  mí? 

Coleta.  ¿Qué  dice? 

Diana.    ¿De  qué  me  acusan? 

Juez.      De  hereje. 

Coleta.  ¡Jesús!  ¡Si  es  casi  una  santal 

EsGRiB.    Hay  que  ver  si  resulta  cierta  esta  denuncia»  (Maestra 

un  papel  que  tiene  en  la  mano.) 

Goleta.  ¡MiserablesI 
Duna.    ¿Una  denuncia  anónima? 
EscaiB.    Se  ofrecen  testigos. 
Juez.      Y  pruebas. 

Diana.     Leed  me  esa  calumnia,  (bí  Escribano  se  caía   las  antiparras 
y  lee.) 

EsGRiB.    «Acusada  de  sostener  correspondencia  con  los  secta- 
rios de  Lutero.» 
Diana.    Eso,  en  mí,  no  hay  quien  lo  crea. 
Juez.      Pero  hay  quien  lo  pruebe. 


-  73  — 

EscRiR.    (Lejendo.)  ((Aciísada  de  conspirar  á  favor  de  Holanda.» 
Diana.    ¡Mentira! 
Coleta.  ¡Impostural 

EscRiB.    (Leyendo.)  «Acusada  de  dar  asilo  á  herejes  y  conspira- 
dores sentenciados  á  muerte.» 
Diana.   .|Las  pruebasl  ¿Dónde  están  las  pruebas? 
Juez.       Dicen  que  en  vuestra  casa. 
Diana.    Registrad,  señor  Juez,  registrad.  (Coleta  se  aprcximt  a 

Diana  y^  lat  des  forman  grapo.) 

EsGRiB.    (ai  Jues.)  ¿Se  procedc  al  registro? 

Juez.      (a  Diana.)  ¿Dónde  está  vuestro  dormitorio? 

Diana.    Aquí:  esa  es  la  puerta* 

Juez.       (ai  Escribano.)  (Dejad  el  dormitorio  para  lo  último.) 

Coleta.  ¡Valor,  señora!  ¡Valor! 

Duna.    ¡Que  registren,  señor  Juez! 

Juez.  (ai  Escribano.)  Empezad  por  alli.  (Lo  señala  la  paerta  de 
la  derecha.  Vase  por  ella  el  Escribano  y  le  signen  todos  menos 
Dittoa  y  el  Juei.) 


ESCEN  V  xvín 

DIANA  y  EL  JUEZ 

Juez.  Señora:  cuando  no  me  miran  los  familiares  de  la  jus- 
ticia, antes  que  Juez  soy  caballero. 

Diana.    Siempre  debéis  serlo. 

Juez  La  ley  es  la  ley;  pero  si  algo  os  puede  comprometer, 
entrad  en  el  dormitorio,  y  lo  que  sea  arrojadlo  por  la 
ventana.  En  el  dormitorio  dicen  que  están  las  prue- 
bas..* 

Diana.    Tranquila  está  mi  conciencia. 

Juez.       No  basta  eso  para  escapar  en  bien. 

Diana.    ¿Siendo  inocente? 

Juez.       La  sois  y  vais  á  aparecer  criminal, 

Diana.    Entonces,  ¿qué  es  la  justicia? 

Juez.       La  esclava  de  las  leyes. 

Diana.    (May  «xiitAda.)  ¡Mientras  haya  serviles,  habrá  tiranos; 


—  74  — 

pero  8ÍD  tirAAoSy  sin  tormentos,  sin  verdagos  y  sin 
dóciles  é  impasibles  hechuras  de  los  poderosos,  ni 
habría  héroes  para  la  historia,  ni  mártires  para  los 
altares,  ni  energías  para  el  alma,  ni  esperanzas  para 
el  cielo,  ni  progresos  para  la  humanidad!  ¡Que  me 
juzgue  Dios! 
Juez.       {Ha  cumplido  el  caballero! 

Duna.     ¡Haga  justicia  el  Juez!  (Entran  en  eieéna  todos  ks  qne  •«.- 
lieroo  «n  la  anterior,  j  a«  attaan  como  aates#«taTÍeroa.) 

ESCIÍNA  XIX 

DIANA,  EL  JUEZ,  EL  ESCRIBANO,  COLETA,  ALGUACILES 

y  SOLDADOS 

EscBíB.    (Al  Jaos.)  {Nada  hemos  bailado! 

Coleta.  ¡Nada!  ¡Si  no  es  pesible! 

Juez.      Registrad  en  esa  habitación.  (Sefiaia  i  u  paerta  de  u  u- 

quierda  y  ranee  por  ella  el  Escribano  y  los  Al§^uaciles.) 

Coleta,  (a  Diana.)    (¿Y  eátáis,  señora,    tranquila?    ¿Nada 

teméis?) 
Diana.    Soy  inocente.  ¿No  lo  sabes  tú? 

Coleta.  (¡Tengo  mucho  miedo!)  (Vaelren  i  entrar  en  escena  el  Es- 
cribano y  los  Alonad  los.  Uno  de  ellos  trae  el  fardo  qae  Cente- 
llas vendió  á  Brígida;  va  sacando  los  objetos  ano  i  «no,  «o  los 
Ya  entregando  al  Jaei,  éste  los  pasa  al  Esctibano,  qae  los 
examina  y  denunciai  como  se  indica  en  la  escena  que  signe. 
Aparece  en  la  paerta  del  fondo  Juan  Cabet,  rostido  de  caballero 
de  la  época;  pero  al  pronto  nadie  repara  en  él,  ni  traspasa  el 
umbral  de  la  paerta  hasta  qae  es  cportano») 

ESCENA  XX 

DICHOS    y    JUAN 

EsGRiB.    Dimos  coD  las  pruebas. 
Juez.       Veamos. 


—  75  — 

EsGMB.  «Una  Biblia  de  Lulero.» 

Diana.  ¿Una  Biblia? 

Goleta.  ¿A  ver? 

Juez.  Indicio  de  la  sospecha* 

EsfíRiB.  (iVarias  cartas  firmadas  por  Lázaro  MúUer,  capitán 

rebelde.» 

JoEz.  ¿Su  fecha? 

EsGRiB.  De  este  mes  y  en  Harlém* 

Diana.  ¡Me  calamnianl 

Goleta.  Todo  eso  es  una  farsa. 

EscBíB.  aOtras  cartas  fírmadds  por  Felipe  Coninxo.» 

Diana»  Esos  papeles  no  son  míos. 

Juez.  ¿A  quién  se  dirigen  esas  cartas? 

EscRiB.  A  D*...:  no  hay  sino  esa  letra. 

Juez.  Sospecha  vehemente. 

E9GRIB.      (Extandlaodo  U  bandera  para  qaa  ae  rea.)    (ilUna  bandera 

con  los  colores  y  armas  de  Guillermo  de  Oraoge.» 
Juez.      Prueba  plena. 
Diana.    Falsedad  notoria...  criados  comprados.  (Jaan  Cab«t 

baja  al  primer  término.) 

Juan.      Esos  objetos  son  míos,  señor  Juez. 
Diana.    ¡Ahí 

Juez.  (a  Joan.)  ¿Vos  os  llamáis  Juan  Cabet?  (Jaan  mueatra  na 
papel  al  Jnei.) 

Juan.      Leed. 

Juez,  (oeapnéa  de  leer.)  Este  cs  uu  salvo-couducto  á  favor  del 
capitán  Diéguez. 

Juan.      Ese  era  yo.  Estaba  perseguido. 

Juez.  ¿Cómo  están  en  esta  casa  los  objetos  que  por  vuestros 
reclamáis? 

Diana.    No  son  suyos. 

Juan.      Míos  son. 

Diana.    Miente,  señor  Juez,  miente. 

Juan.  Míos  son:  por  míos  los  reclamo.  Aquí  los  dejé  olvi- 
dados, aquí  me  oculté. 

Diana.     ¡Jesús! 

Goleta.  ¡Mentira! 


—  76  — 
Juez.       (a  Diaoa.)  Anoche  era  un  reo  de  maerte  y  le  ocaltás*- 

teÍ8  á   la  jasticia.    (S«   poa«   «l   lombreio    y   el  Escribano 
también.) 

Juan.       Mentí  por  salvarla. 

Juez.  (a  I04  Algaaeltea.)  Prended  á  esa  mujer.  (Jaan  desenvaina 
la  espada  y  haea  eara  i  loa  Al^nacÜes;  pero  los  Soldados  le  sn* 
jetan  per  detrás.) 

Jdan.      i  Atrás,  canalla!  ¡Ah!  jMaldicidnl 

Juez.       Así:  desarmadlo  y  prendedlo  también. 

Juan.  (a  Diana.)  iMe  vencen,  señoral  Os  quise  salvar  y  os  he 
perdido. 

Juez.       A  la  cárcel  los  presos. 

Diana,  (con  exauaci¿n.)  A  la  cárcel,  al  tormento,  á  la  hogue- 
ra. Vamos  allá.  Con  la  sangre  de  los  inocentes  y  las 
cenizas  de  los  mártires,  se  amasan  los  horrores  que 
fecundan  las  ideas  del  progreso  y  de  la  libertad.  Va- 
mos al  martirio.  (Vaie  con  yalentía  por  la  poerta  del  fondo 
y  tras  olla  todos.  Joan  va  sujeto.) 

Coleta.  ¡Tened  piedad!  |Si  son  inocentes!  (Mientras  se  van  yendo, 

aparece  Brígida  y  atraviesa  la  escena  hasta  la  (ioerta  del  feudo 
como  para  cerciorarse  de  que  Diana  va  aprisionada.  Despaés 
baja  al  primer  término,  frotándose  las  manos  de  contento.) 


ESCENA  XXí 

BRÍGIDA 

Gayó  la  cierva  en  la  trampa.  (Ca«  ei  telón.) 

s 


FIN  DEL  ACTO  TERCERO 


ACTO  CUARTO 


Un  patio  de  la  cárcel.  Al  fondo  vna  verja  da  hierro  con  puerta  praeti- 
eablcy  da  doble  hoja.  La  paerta  está  cerrada.  Más  allá  de  la  verja  an 
pasadisoy  limitado  por  el  telón  del  foro,  qne  debe  representar  nn 
grupo  de  edificios  de  la  misma  cárcel.  En  el  costado  lateral  de  la  de- 
recha hay  dos  paertasy  y  entre  ambas,  an  nicho  con  una  santa  ima- 
gen y  delante  una  lámpara  ardiendo.  Frente  á  la  segunda  paarta, 
casi  en  el  centro  del  escenario^  dejando  libre  la  vista  de  la  gran 
puerta  del  fondoy  sa  eleva  una  crus  de  madera  pintada  de  negro.  En 
el  costado  lateral  da  la  izquierda,  hay  un  pabellón  saliente,  coo 
puerta  practicable,  que  da  sobre  la  cara  lateral.  Al  frente  del  páblleo 
■  tiene  el  pabellón  una  ventana  con  fuertes  barrotes  de  hierro»  que- 
dando como  un  pasadito  entre  la  fachada  de  la  ventana  y  el  primer 
término.  Debajo  de  esta  ventana  hay  uu  asiento  adosado  al  muro. 
Este  pabellón  es  la  prisión  de  Diana.  La  ventana*  reja  del  pabellón 
tiene  una  contraventana  que  se  cierra  por  la  parte  de  la  escena.  Es 
de  dia,  primeras  horas  de  la  mañana. 


ESCENA  PRIMERA 

BRÍGIDA 

Creo  que  hoy  terminarán  mis  angustias.  De  nadie  se 
ha  fiado  el  señor  Hugo,  sino  de  mí,  para  que  esté  al 
inmediato  cuidado  de  Diana.  Y  ella  se  siente  tortu- 
rada con  mi  presencia,  y  yo  me  siento  en  tortura  á  la 


—  78  — 

presencia  de  mi  Tíctima.  ¡Caántos  deseos  tengo  de 
qae  maeral  Pero  es  preciso  fingir  compasión  para 
engañar  al  mundo.   Es  preciso  disimular  mucho. 

Vamos  acontar  mi  dinero.  (S«  tienU  en  el  banco  debajo 
de  la  Taotana,  taea  ana  bolta  j  cmplesa  i  contar  monedas, 
prodaeiondo  el  consf fílente  roído  metálico.  Diana  se  asoma  á 
la  reja»  Visto  do  oe^^o  y  lloTa  ol  cabello  svelto  y  deatrensado») 


ESCENA  II 

BRÍGIDA  T  DIANA 
Diana.    Ese  debe  ser  el  premio  de  su  traición.  Cercana  debe 

estar  mi  muerte.  (nUna  se  separa  de  la  ventana  y  Brígida 
escoride  el  diaero  al  ver  qoo  llega  gente.) 

ESCENA  III 

BRÍGIDA,  HUGO,  el  JUEZ,  el  ESCRIBANO  y  caatro  AL- 
GUACILES 

Los  qve  llegan  entran  por  la  primera  paerto  lateral  de  la  derecha. 

JuBZ.       (ai  Escribano.)  Notificad  la  sentemsia  á  la  reo. 

ESGRIB  (Á  Brígida.)  Abrid  y  entrad.  (E1  Eserlbanc,  Brígida  y  dos 
Algaaciles  entran  en  ol  pabellón.  Otros  dos  Algaaelles  qnedan 
en  la  paerta.) 

ESCENA  IV 

HUGO,  .1  JUEZ  }  do.  ALGUACILES 

Juez.      (á  H«go.)  No  debéis  estar  aquí.  El  suceso  os  tiene 

afectado. 
Hugo.     Daría  mi  vida  por  salvar  la  de  Diana. 


—  79  — 

Juez.  ¡Qae  no  os  oigan!  Vuestro  celo  en  su  favor  os  puede 
comprometer. 

Hugo.     Sus  confesiones  se  las  arrancó  el  tormento. 

Juez.  Tiene  cómplices,  y  ni  aun  á  costa  de  su  perdón  quiere 
declarar  sus  nombres. 

Hugo.      (Cómplices  imaginarios:) 

Juez.      Testigos  en  su  contra,  hay  muchos. 

Hugo.      (Testigos  falsos.) 

Juez.       Padece  manías. 

Hugo.      ¿Quién  dice  eso? 

Juez.      La  mujer  que  la  guarda  y  otros  muchos. 

Hugo.      (Miserables  hechuras  mías.) 

Juez.      Y  pues  que  no  la  perdonan,  mejor  es  que  muera. 

Hugo.      ¿Mejor? 

Juez.      Mejor  es  morir  que  vivir  loco. 

Hugo.      ¿Diana  loca? 

Juez.       Prefíere  morir  á  delatar 

Hugo.      Eso  prueba  su  virtud  y  su  entereza. 

Juez.      Esa  mujer  es  el  ídolo  de  las  gentes  sencillas. 

Hugo.      La  tarde  de  hoy  será  de  duelo. 

Juez.  Quizás  la  mañana.  Se  teme  un  motín.  Pretenden  sal- 
varla, y  si  damos  tiempo... 

Hugo.      No  lo  harán.  Si  es  necesario,  yo  intercederé  por  ella. 

Juez.  Serían  inútiles  vuestros  ruegos,  si  fuese  preciso  ade- 
lantar la  ejecución.  La  leña  está  amontonada  en  la 
plaza. 

Hugo.  Haré  que  el  pueblo  se  retire;  haré  que  se  doblen  las 
guardias. 

Juez.       Es  lo  prudente.  Y  quedad  con  Dios,  que  mi  deber  me 

llama  á  la  prisión    de  Diana.    (E1   Jaai  penetra  en  el  pa- 
bellón.) 

ESCENA  V 

HUSO,  COLETA,  dot  ALGUACILES  y  «n  SOLDADO 

Entra  Coleta  corriendo  por  la  primera  pnerta  lateral  do  la  doreeha,  y 
detrás  de  ella  nn  Soldado,  deteniéndola;  pero  ella  laeha  y  arrastra   al 
Soldarlo  detris  de  si.  Los  Algaacil«4  sig^aen  en  to  paesto. 


—  80  — 

Goleta.  ¡Dejadme,  dejadme!  Son  inútiles  vuestros  esfuerzos.  O 
me  matáis,  ó  la  veo.  ¡Soltad,  soltadl  (ai  ver  ei  Soldado 

á  Hago  soolta  á  Coleta  y  m  dotcobre.   Hugo  eogo  i  Coleta   con 
Tioieneia  por  an  braio.) 

Hugo.      ¿Qué  vienes  á  hacer  aquí? 

COLRTA.    (Oeassiéndose  por  ao  meTlmiento  braieo.)    ¡No   me  toqaéjs! 

¡Cuidado! 
Hugo.      Vete,  ó  mando  que  te  azoten. 
Goleta.  Aquí  mandan  los  jueces.  '^ 

Hugo.      No  verás  á  Diana. 
Goleta,  i  O  la  veo,  ó  me  matan  I 

Hugo.  (ai  Soldado.)  Llévatela  por  la  fuerza.  (El  Soldado  se  apo- 
dera de  Coleta,  qoe  se  resute,  reno^indose  la  lacha*  Al  fin  e*l 
Soldado  la  arrastra  hacia  la  puerta.) 

Goleta.  jfTo,  nol  ¡Si  es  inútil!  ¡Si  me  haréis  pedazos!  ¿Y  hay 
justicia  en  la  tierra?  ¡Padre,  padre!  ¡Socorro,  socorro! 

(Á  los  gritos  de  Coleta,  salea  del  pabellón  el  Jues,  el  Escribano, 
Brígida  y  los  otros  dos  Alguaciles.  Brígida  cierra  la  poerta  del 
pabollón.  Los  demás,  todos  acudeo  á  donde  asti  Coleta*  Diana 
se  asoma  i  la  reja  del  pabellón.  Dionís,  vestido  de  soldado  y 
con  una  pica  en  la  mano,  se  deja  ver  por  detrás  de  la  verja  del 
fondo.  Brígida  baja  al  primer  término  despaés  de  haber  cerrado 
la  puerta  del  pabellón.) 

ESCENA    VI 

HUGO,   GOLETA,   el  JUEZ,   el   ESCRIBANO  y  BRÍGIDA; 

DIOiNÍS,   detrás  de  la  verj»;  un  SOLDADO,  cuatro  ALGUACILES 

y  DIANA,  por  dentro  de  la  roja. 

Rapidez  en  las  frases  y  en  la  acción  ea  los  primares  momentos. 

Goleta.  (Socorrol 
JoEZ.      ¿Quién  pide  favor? 
DioNis.    (jRayos  del  cielo!) 
Goleta.  |No  puedo  más! 

Juez.         (ai  soldado,  interponlóndose  entre  ól  y  Coiota.)  ¡Suelta!  ¿NO 

ves  que  es  casi  una  ni  fia? 


—  81  — 

Goleta.  ¡Gracias,  gracias,  señor  Jaez! 
Diana.     (Era  Coleta.) 
Diopíis.    (j Pobre  liija  míal) 
Juez.      (a  Coleta.)  ¿Qué  quieres? 
Coleta.  Quiero  ver  á  mi  señora. 
Diana.     (;Cs  ella!) 
Hugo.      Quiere  ver  á  Diapa. 
Juez,      (a  Hago.)  ¿Y  os  oponíais? 

flüGO.  Ese  Soldado  cumplía  con  su  deber.  (Coleta  se  arrodiUa  y 
suplica  al  Jaez.) 

Coleta.  lAh,  señor!  ¡señor!  Dadme  permiso  para  verla,  para 
hablaijla,  para  besarla.  ¡Si  la  quiero  como  á  mi  madrel 
Va  á  morir,  y  es  el  único  consuelo  que  nos  queda. 

Juez.      Levántate.  ¿Eres  Goleta? 

Coleta.  Coleta. 

Juez.      Yo  te  concedo  el  permiso  que  solicitas.  (Coi«ta  m  pooe 

de  pié.) 

Hugo,      (ai  Juez.)  ¿1^0  habéis  pensado  bien? 
Juez,      (a  Hogo.)  Acaba  Diana  de  hacerme  igual  súplica. 
Hugo.      Si  Diana  lo  desea,  no  se  le  puede  negar  ese  consuelo. 
Coleta.  Pero  ¿es  verdad? 

Juez.  Vas  á  verlo.  (Dionft,  con  la  pica  ai  hombro,  te  pasea  por  de- 
trás de  la  yerja.) 

Hugo.      (¡Si  coleta  sabe  algo!...  ¡Si  lo  revela!...) 

Juez,  (a  Brígida.)  Vais  á  permitir  á  esta  joven  que  hable  con 
Diana  por  allí,  por  la  reja. 

Goleta,  (ai  Jooz,  aparte.)  (Esa  yieja  es  muy  mala,  ¡muy  malat 
En  cuanto  os  vayáis  no  ha  de  dejarnos  hablar.  Que- 
rrá escucharnos,  ¡y  estorba  tanto  un  testigo  ádos  que 
se  quieren  bien!) 

Juez,  (a  Brígida.)  Vjds  á  vigilarlas,  pero  no  á  escucharlas. 
Tenedlo  bien  entendido. 

Brig.      Seréis  obedecido,  señor  Juez. 

Hugo.      (Necesito  hablar  con  Brígida.) 

Juez,  (á  Coleta.)  Si  la  carcelera  no  cumple  con  mi  orden, 
acude  á  mí. 

Goleta.  ¡Cuan  bueno  sois!  ¡Cuan  bueno  es  Dios!  (coieu  se  iie^ 

6 


—  82  — 

ha%ta  la  eroi  <Í«  nad«nf  y  qaeda  i  sa  pié  en  oración  haaU   el 
final  de  la  aaeana.) 

Juez.      Ya  es  hora  de  salir  de  aquí. 
Hugo,      (a  Brinda  )  (Luego  he  de  hablarte.) 
Juez,      (a  Ha^o.)  Vamos,  señor. 

Hugo.  YamOS.  (Vanae  por  la  primera  paerta  lateral  da  la  derecha 
Hn^o  primero  j  tras  él  loa  demia,  menoa  Brígida  y  Coleta. 
Diana  alf^ae  aaamada  á  la  reja  del  pabellón  y  Dionís  continúa 
aa  eentineln.  Goleta  deja  de  orar.) 


ESCENA  Vil 

COLETA,  BRÍGIDA.  DIANA  y  DIONÍS 

Duna.    Ya  se  van.  ¿Y  Golela? 
Goleta.  (¡Por  fin!) 
Bbig.       (No  las  perderé  de  vista.) 

Coleta,  (a  Brígida.)  Tú,  aquí,  madre  Brígida,  á  este  lado.  Le- 
jos de  Diana,  lejos  de  mí.  ¡Cuidado  con  acercartef 

(Poco  á  poco,  y  ▼oWiéndoae  para  mirar  á  Bríg^ida,  se  va  apro-» 
simando  á  la  reja  del  pabellón,  paro  Diana  no  la  ve  haala  qae 
ae  proaenta  de  llei.o.) 

BaiG.       (Bueno  es  que  me  vean  rezar  por  el  alma  de  la  sen» 

tenciada.)  (Se  arrodilla  delaftte  de  la  imagen  del  nicho  y  hace 
como  que  reaa,  pero  ae  coloca  de  modo  qae  pueda  ver  á  Coleta. 
Por  fin  llega  Coleta  á  donde  eatá  Diana.  Explosión  de  afecto  en 
ambaa.) 
Coleta.  (BeaándoleáDianalaamanoa.)  {Señoral  ¡SeflOrd   míal 

Diana.     (Besando  i  Coleta.)  ¡Coletal  ¡Golela  de  mi  almal 

Goleta.  ¡Os  quieren  matar  I 

Diana.     ¿Y  tu  padre? 

CoLKTA.  Le  veréis. 

Diana.    ¿Y  Juan  Cabet?  ¿Sigue  preso? 

Coleta.  Le  dieron  por  libre  y  está  en  Bruselas. 

Diana.    ¿En  Bruselas? 

Coleta.  Gestionando  vuestro  perdón. 


—  83 

Diana.  Dios  se  lo 'pague.  Nada  logrará.  ¡Está  mi  maerte  tan 
cercana! 

Goleta.  ¡Quién  sabel  Yo  no  puedo  creer  en  vuestra  muerte. 

Diana.  Hoy  me  queman.  ¡Soy  un  moribundo  en  la  agonía; 
pero  veo  á  un  ser  querido,  te  veo  á  tí  después  de  seis 
meses  de  misteriosa  reclusión  y  de  tormentos,  y  ben- 
.  digo  á  DiosI 

GOLBTA.  (Bajando  la  vos  y  arrodillándose  en  el  banco  de  piedra  para 
qae  Diana  la  oi^a  mejor.)  (Oíd,  OÍd  todo  lo  que  VOy  á  de<" 

Ciros;  oídlo  sin  moveros,  sin  hablar.  Brígida  nos  está 
acechando  y  yo  vengo  á  salvaros.) 

Diana.     (¿Tú?) 

Goleta.  (La  menor  imprudencia  puede  perdernos  á  todos.) 

Diana.     (Habla.)  • 

Goleta.  (El  señor  Cabet  obtuvo  la  libertad  hace  tres  meses. 
Procuró  veros.  ¡Inútil  síánl  Yo  también  lo  he  procn-* 
rado  inútilmente.) 

Diana.     (Lo  creo,  mis  buenos  amigos.) 

Goleta.  (Sabíamos  los  tormentos  que  os  daban,  las  decisiones 
de  los  jueces^  la  sentencia  recaída  y  aplazada  en  es- 
pera de  vuestras  denuncias.  Nombraron  Gobernador 
de  la  ciudad  al  seiípr  Hugo.) 

Diana.    (¡Ahí) 

Goleta.  (Y  el  señor  Gabet  decidió  ir  á  Bruselas  á  procurar 
personalmente  vuestro  perdón.  £1  caso  urgía,  podía 
llegar  el  duque  de  Alba  y  entonces  no  había  re- 
medio.) 

Diana.     (No  ha  llegado,  y  ya'  16  ves,  me  matarán.) 

Goleta.  (Yo  estoy  aquí  y  os  salvo.  Mi  padre  ha  comprado  á 
un  centinela  y  ocupa  su  puesto.  Pedro  espera  cerca, 
tiene  un  buen  caballo  y  es  un  buen  jinete.  £ni^ 
brazos  y  á  todo  correr,  dentro  de  una  hora  estáis  en 
salvo.) 

Diana.     (¿Y  Dionís?  ¿y  tú?)  • 

Goleta.  (Os  seguiremos.) 

Brig.      (Larga  es  la  plática. y  ya  me  impaciento.)  (sa  poae  d* 

pió  haciendo -reTereneias  al  tanto.) 


—  84  — 

Diana,  (a  CoUu.)  (No  puedo  aceptar  vaestro  sacrificio.  Ponéis 
en  peligro  vaestra  vida.) 

Coleta.  (EsforsándoM  en  coBTancer  i  Diana.)  (En  el  peligro  esta— 
roos.  No  se  evita  de  ningún  modo.  El  pueblo  conoce 
ya  vuestra  sentencia  y  no  se  conforma  con  ella. 
]Guánta  sangre  se  derramará  si  estalla  un  motín!  Ese 
generoso  pueblo,  de  quien  sois  el  ídolo,  será  acuchi- 
llado por  las  tropas  de  Hugo.  Y  luego  llegará  el  señor 
Cabet»  enamorado,  y  os  traerá  el  perdón,  la  vida,  y 
morirá  de  dolor  al  hallaros  muerta:  porque  vais  á 

morir.  (Cruia  1m  manos  en  actltad  de  aúplíet.)  ¡Morir  VOS! 

|Tan  joven,  tan  buena,  tan  hermosa  y  tan  queridal 
Morir  inocente  ¡en  la  hoguera!  ¡Y  morir  en  el  mes  de 
las  flores,  cuando  todo  convida  á  vivir!  Morir  vos  es 

matarme.)  (Diana  be«a  ¿OD  efaiión  la  eabeza  de*Coleta.) 

DiA!«A.  (¡Hija  de  mi  corazón!) 

C)LETA.  (¿Os  salvo?) 

Diana.  (Hágase  tu  voluntad.) 

Goleta.  (Pues  adentro...  y  Dios  sea  con  nosotros.)  (indica  & 

Diana,  con  el  ademán,  qae  se  separe  de  la  reja,  y  en  seguida 
cierra  la  contra^ventana  con  .cerrojo.) 

ESCENA  VIH 

•  I 

DIONIS,   COLETA  y   BRÍGIDA 

Bbig.      ¿Qué  haces? 
Goleta.  Gierro  esta  ventana. 

Brig.  ¿Para  qué?  Ya  es  hora  de  que  te  vayas,  (coleta  te  apro- 
xima a  Brígida.) 

Goleta.  Madre  Brígida,  escúchame  un  secreto,  (l»  eo^e  con 

fuersa  por  an  braso.) 
Brig.        Suéltame  ó  grito.  (Coleta  saca   un  paSallto   y   nmenasa   á 

Bríg^ida.) 
Goleta.  ¡Si  gritas,  te  mato!  (Dlon{s  se  acerca  á  U  Torja.  Erigida  se 

ToeWe  hada  él,  Inrocándole  para  qoe  la  soeorra.) 

Brig.       ¡Favor,  centinela,  favorl 


j 


—  85  • 

Goleta.  ¡Callal 

Brig.       ¡Grita,  soldado,  grital 
Goleta.  Padre,  ¿qué  hago? 
DiONis.    Si  se  resiste,  mátala.    . 
BaiG.       ¡Su  padrel  ¡Estoy  perdidal 

Goleta.  ¡Obedecel  (Brígida  se  arrodilla  á  ios  pies  de  Coleta,  qae  no 
la  suelta  y  la  amenasa  eon  el  pañal  hasta  el  fia  de  esta  escena* 
Coleta  la  va  obligando  á  acercarse  i  la  paerta  del  pabellón.) 

.  Brig.      Tú  eres  buena.  Tú  no  puedes  verter  la  sangre  de  una 

pobre  anciana. 
Goleta.  Sigúeme  y  obedece. 

Brig.         ¡Perdón!  (Uegan  i  U  paerta  del  pabellón.) 

Coleta.  Si  quieres  vivir,  abre  esa  pueiHa. 

Brig*      ¡No,  eso  nol 

Goleta.  ¡Abre,  víbora,  abre,  ó  mueres!  (Brigada  saca  ana  Uare  j 

abre  la  paerta  del  pabellón,  dejando  la  llave  en  la  cerradara.) 
Brig.         ¡Ya  está!  ¡Sí,  ya  está!  (ColeU  empaja  con  faena  á  Bríe^ida 
Y  la obll§^  á  entraren  el  pabellón,   quedándose  ella  en  el  um- 
bral; Dlonís  sigue  todos  sns  movimientos.) 

Goleta,  (a  Brígida.)  Entra,  (a  oionís.)  Padre:  ¡alerta!  (Entra  en  ei 

pabellón  entornando  las  hojas  de  la  puerta.) 

ESCENA  IX 

DIONÍS,  detris  de  la  verja. 

¡Solemne  momento!  Por  fortuna  nadie  pasa.  No  soy 

cobarde  y  tengo  miedo.  ($e  qalta  el  sombrero  y  lo  maeve, 
eomo  hadando   ana  señal,  en  dirección   i  la  derecha»)    Allí 

está...  ya  me  vio. 

ESCENA  X 

DIONÍS  y  PEDRO,  detrás  de  la  Tarja. 

DiONis.    Goleta  y  Diana  van  á  salir.  Espéralas  á  caballo.  Si  la 
salvas,  ¡cómo  te  va  á  querer  mi  hija!  (Vase  Pedro  por 


—  86  — 

donde  Tino.  Bionítt  eoo  U  pie»  •!  hcmbro,  viélva  á  patearM. 
Salen  del  pabellón  Diane  y  Coleta.  Díase  lleva  pneato  el  manto 
de  Brígida.  Coleta  eierra  con  IUto  la  pnerta  del  pabellón,  y  se 
guarda  la  llave  en  nn  bolilUo*) 

ESCENA  XI 

.    DIONIS*  GOLETA  y  DIANA 

Coleta»  Bueno  es  dejarla  encerrada. 

Diana.    |Si  te  sorprendenl... 

Coleta.  Imitad  todo  Ko  posible  el  modo  dé  andar  de  Brígida.. 
Encorvaos  nnpoco...  asi.  Rebozaos  bien,  que  no  os 
vean  él  rostro.  Todo  va  bien.  Un  poco  de  serenidad, 
an  poco  de  audacia,  y  dentro  de  algunos  minutos,  en 
libertad. 

Diana.    |Yoy  á  salvar  mi  vida  y  tiemblol 

Goleta.  (SeftaUndu  á  la  leganda  pnerta  de  la  dereeba.)  Por  allí  sal- 
dréis. Cuando  yo  dé  tres  golpes  en  la  puerta,  abridla, 
y  salid  sin  miedo  y  sin  perder  tiempo.  Ahora,  un 
abrazo  y  adiós. 

Diana.    ¡Bendita  seasl 

Coleta.  To  me  marcho  por  donde  he  entrado.  Conviene  que 
me  vean  salir,  y  es  prudente  una  exploración.  (Se  abra- 
tan  ybeean.) 

Diana.    ¡Adiós! 

Goleta.  ¡Hasta  luego!  (a  Dioníi.)  ¡Padre,  ayudadme!  (vase  por 

la  primera  puerta  lateral  ^e  la  derecha,  y  Dlonít  por  el  miamo 
lado  trae  la  Torja.) 

ESCENA  XII 

DIANA 

Conforme  deelama  te  ra  aproximando  á  la  emi. 

¡Soy  inocente  y  me  da  miedo  huir!  Pero  es  necesario. 
Debo  evitar  que  se  derrame  sangre  por  mí  causa.  Esa 


—  sí- 
es la  puerta,  esa  es  la  barrera  que  derriban  los  cora- 
zones generosos  para  ofrecerme  vida  y  libertad.  Ape* 
das  puedo  tenerme  en  pié.  ¡Me  faltan  las  fuerzas!  'Ha 

llegado  ya  i  la  craz  y  se  sajota  de  ella.)  TÚ  me  offCCeS  apo- 

yo,  santo  signo  de  la  redención  humana.  Bajo  la  som- 
bra de  tus  abiertos  brazos  me  siento  revivir,  (se  oyen 

tres  golpes  detrás  de  la  segunda  paerta  lateral  de  la  derecha. 
Diana  se  reboza  bien  en  el  manto  y  abre  la  puerta»  Eotra  Ha—, 
go  y  la  puerta  se  cierra  otra  ves*  Creyendo  que  Diana  es  Brí— 
gidsy  la  eoge  por  una  muñeca  y  la  hace  bajar  al  primar  t^'r'* 
mino.) 


\ 


ESCENA  XIII 

DIANA    y    HUGO 

Diana.    (Aterrada.)  (¡Hugo!) 

Hugo.      ¿Qué  ha  dicho  Coleta?  ¿Qué  le  ha  contado  á  Diana? 

(Diana  se  reboza  todo  lo  posible.) 

Diana.    (Sacrificio  perdido.  ¡Pobres  amigos  míos!) 

Hugo.        (Con  violencia.)  ¿No  rospoudcs?  (Diana  eonsigne  desasirse 
de  Hugo.) 

Diana.    ({Estoy  maldita!) 

Hugo.  ¿No  respondes?  ¿Se  lo  dijo  quizás?  (como  si  le  gritara  su 
conciencia. j  {Licvas  cubiorto  el  rostro  y  me  huyes  con 
horror!  ¡Lo  sabes  tú  también,  y  te  avergüenzas  y  te 
horrorizas  á  pesar  de  ser  mi  cómplice!  Fué  mi  em^ 
peño  dominar  su  virtud  y  hacerla  mía,  y  quiero  ha- 
blarle, porque  si  hoy  se  rinde  á  mis  deseos  aún  puedo 
salvarla. 

Diana.    (¿Qué  dice,  santo  Dios?) 

Hugo.  Gs  grave  mi  secreto  y  me  importa  mucho  saber  si  lo 
supo  Coleta. 

Diana.    (¡Monstruo!) 

Hugo.  (En  tono  confidencial.)  Haco  uu  mcs  vcuía  de  Bruselas, 
y  á  toda  rienda,  un  correo  trayendo  un  pliego  para 
mí,  como  Gobernador  que  soy  de  esta  ciudad.  £s6 


—  88  — 

pliego  era  para  mi  más  qae  un  tesoro;  era  mí  feUcí- 
dad;  era  el  medio  de  rendir  á  esa  soberbia  majer,  y 
r  á  eso  vengo.  Si  aquí  llegaba  el  correo  y  se  sabía  el 

contenido  del  pliego,  mi  esperanza  se  malograba. 
Hice  asaltar  y  asesinar  al  hombre  que;  le  traía,  y  el 
pliego  ha  llegado  á  mi  poder,  pero  nadie  lo  sabe, 
porque  en  el  secreto  consiste  el  que  pueda  yo  conse« 
guir  mis  deseos  6  mi  venganza.  Aquí  traigo  ese  pa- 
pel. Si  Diana  acepta  mis  proposiciones,  la  llevo  ea 
triunfo  á  su  casa;  si  se  niega,  la  envío  al  suplicio.  Est 
ese  papel,  conseguido  por  los  afanes  de  Juan  Cabet, 
está  escrito  el  perdón  para  Diana.  (Sa  jergao  Diaa»,  so 

deitoea  ol  manto,  qae  le  qaeda  sobre  los  hombros,  y  ameaasa- 
dora  se  adelanta  haeta  Heco.  Este  qoeda  en  el  primer  momento 
como  anonadado  y  va  retrocediendo,  pero  pronto  recobra  sa  atL*- 
dada  y  sa  soberbia  ) 

Diana.    ¡Traidor  1 

Hugo.      ¡Diana! 

Duna.  ¡Mal  caballero,  alma  depravada,  engendro  mons- 
truosol  ¿piensas  vencer  con  el  terror?  La  bondad  po- 
dría rendirme,  la  soberbia  jamás.  Y  tanto  se  irrita  mi 
alma  al  sentir  el  espoleo  de  tu  empeño  vil  y  tenaz, 
que  ya  sus  energías  me  dan  alientos  para  tomar  ven- 
ganza por  mi  propia  mano. 

Hugo.  Imposible  es  tu  salvación  si  no  escuchas  la  voz  de  mí 
deseo. 

Diana.    Prefiero  los  horrores  del  suplicio  al  horror  de  mirarte. 

(Se  oyen  tres  golpes  tras  laseganda  paerta  lateral  ¿e  la  dere- 
cha. Al  oírlos  Diana,  conmovida,  comprendiendo  que  aquella  es 
la  sefialpam  qae  huya,  nopaede  contenerse  y  dice:)  «{Goleta'v 
(En  seguida  corre  hacia  la  paerta  para  decir  á  Goleta  qae  hay»; 
pero  Hago,  qae  se  figura  qae  Diana  va  á  irse,  te  interpone  entre 

•Ua  y  la  paerta.)  ¡Coleta!  ¡Colota,  sálvatc,  sálvatel 

Hugo.     Tú,  no. 

Diana.    Me  quedo.  No  queriéndolo  tú,  ¿cómo  me  iría?  De 

golpe  lo  entendí:  eres  mi  sino. 
Hugo.     Tú  lo  has  dicho. 


^89- 

DiANA.  A  mi  existencia  va  unida  tu  maldad  como  al  cuerpo 
su  sombra,  y  sólo  nos  separará  la  muerte.  (Aparecen 

por  detrás  de  la  verja  Coleta  y  Dlonft,  y  al  ver  i  Dlaoa  deaea* 
bierta  y  i  Hago  allí,  demoeatraa  sa  desesperacióa  y  se  qaedan 
escachaado») 

ESCENA  XIV 

DUNA,  HUGO,  COLETA  y  DIONIS 

Hugo.      ¿Por  qué  resistes,  si  soy  tu  sino? 

Diana.     Me  has  de  perseguir  mientras  viva,  y  si  no  te  venzo 

en  la  lucha,  con  mi  muerte  se  va  á  librar  la  humani- 

dad  de  un  enemigo.  Mi  muerte  es  tu  muerte.  Con  el 

cuerpo  que  muere  desaparece  la  sombra  que  le  per- 

.     sigue. 

Hugo.  ¿Y  cómo  has  de  vencer?  Hoy  mismo  y  en  ardiente 
pira  se  abrasará  tu  carne. 

Diana.  Hoy,  aquí  misqno,  he  de  publicar  tus  villanías,  y  has 
de  morir  de  vergüenza. 

Hugo.  ¿Y  las  pruebas?  ¿A  quién  han  de  creer  entre  una 
hereje  que  acusa  sin  pruebas  y  un  caballero  honrado? 

Diana.  (conTencida  y  eon  desdón.)  A  la  mentira,  al  dolo,  al  cri- 
men: no  me  cabe  duda. 

Goleta.  Al  pueblo,  padre,  al  generoso  pueblo  debemos  acu- 
dir. (Vanie  Diond  y  Coleta  per  la  derecha,  eorriendo.  Diaea  y 
Ha|po  vuelvea  la  eabesa  y  loe  vea  al  eir  la  vos  de  Goleta.) 

Hugo.       (Refirióndoee  á  loa  qae  se  yan.)  ¡Deliraul 


ESCENA   XV 

DIANA    y    HUGO 

Diana.  ¡Quién  sabe!  El  imperio  de  los  malos  está  en  la  tierra; 
pero  la  humanidad  por  la  tierra  tiene  que  pasar  para 
poder  ir  al  cielo.  Los  buenos  son  .los  vencidos,  y  en 
sus  mismas  derrotas  les  anima  la  esperanza  de  su  fu- 


-  90 


tura  gloria:  vale  más  ese  divino  consaelo  que  los 
laureles  mundanos. 

Hugo.  No  hables  de  esperanza  cuando  matas  la  mía.  No 
hables  de  consuelos  cuando  desmientes  tu  bondad. 

Duna.  ¿Qué  entendíais  por  bondad  los  inhumanos?  Para  vos- 
otros la  bondad  es  la  servil  sumisión.  Estáis  acos* 
tumbrados  á  que  el  miedo  y  la  adulación  os  bese  las 
plantas,  y  es  bueno  nada  más  el  que  se  humilla.  Co- 
diciáis una  mujer  y  es  la  suma  bondad  si  se  doblega 
á  vuestros  deseos:  si  se  resiste,  vuestro  furor  la  com- 
bate,  y  ó  cede  por  la  fuerza,  ó  se  la  mata. 

Hugo.  ¿Quién  no  codicia  á  la  mujer  á  quien  ama?  Mi  amor 
será  empeño  terrible;  pero  es  amor.  No  me  desespe- 
res más. 

Diana.  Amor  es  todo  lo  hermoso:  lo  que  nos  place;  lo  que 
dulce  y  sereno  nos  convida  con  la  felicidad;  lo  que 
nos  sonríe.  No  es  amor  lo  fuerte  y  lo  terrible,  lo  que 
asusta  y  atormenta^  lo  que  hiere  y  mata.  No  es  amor 
el  deseo  torpe,  la  calumnia  vil,  la  cobarde  impuden- 
cia y  la  venganza  miserable* 
Basta  ya:  no  más  declaraciones.  ¿Tú  me  quieres 
amar? 

Es  imposible.  Amé  á  Rafael  y  me  espera  en  el  cielo. 
Ibas  á  fugarte:  tienes  amor  á  la  vida,  y  es  porque 
prefieres  ir  en  busca  de  Juan  Cabet  á  ir  en  busca  de 
Rafael.  Tú  amas  á  Cabet  y  los  celos  me  abrasan. 
¿Tú  sentir  celos?  Envidia  y  despecho  es  lo  que  sientes. 

(Violento  é  imperioso.)  iBaSta! 

Sí,  basta.  Es  gran  locura  perder  el  tiempo  en  oírte, 
cuando  tu  felonía  me  tiene  sentenciada  á  morir.  (Ho^o 

'  saca  an  pspel   del  jabóa   ó  de   U  «Mcarcela   y  se  lo  ensofta  i 
Diaaa.) 

Hugo.      Por  última  vez  te  lo  pregunto. 

Diana.      (Con  arranque,  lurrojáodosa  aobre  Rugó  y  lachando  por  obleaer 

el  papel.)  Esc  cs  mi  pcrdóu,  el  perdón  que  has  robado. 
Hugo.     O  cedes,  ó  le  quemo. 
Diana.     Es  mío...  ¡es  mi  vid  al 


Hugo. 

BlANA. 
6uG0. 


Duna. 
«Hugo. 
Diana. 


> 


—  91  — 
Hugo.      Soy  el  más  faerte. 

Diana.      ¡Quiero  vivir!  (Síq  dejar  de  lachar  se  Tan  acercando  á  la 
'  lámpara.) 

Hugo.      ¿Qaieres  ser  mía? 
Diana.     íYo  te  abominol 

Hugo.  (Aproximando  el  papel  i  la  las.)  Sea  aatofcha  de  tu  fa- 
neral. 

Diana*  (Redoblando  las  esfaerzoi.)  ¡NO,  hol  (Al  ver  arder  el  papel.) 
¡Ahí  (Grito  desesperado.  Diana,  como  ana  loca,  con  la  Tista 
fija  en  el  papel  qae  se  qaema,  se  lleva  las  manos  á  la  cabeza  y 
permanece  akf  un  momento.  Hog^o  qoeda  Interpaestb  entre  elU  y 
el  papel  qoe  arde,  gozando  en  la  dMosperadón  de  sa  TÍctlma. 
Un  Inttante  después  se  oyen  gritos  lejanos^  por  el  foro,  indica'* 
dores  del  principio  de  an  motín  popal  ar,  qae  se  repiten  dos  ó 
tres  Teces.  Estos  gritos  Tan  Tolviendo  4  Diana  en  sí,  y  reco- 
brando sa  razón,  bacé  notar  A  Hago  qae  aún  puede  salvarse»  En 
la  lacha  anteriormente  sostenida,  se  le  debe  caer  á  Diana  el 
manto,  quedando  como  cuando  se  asomó  á  la  reja.)  ¡GritOS  de 

esperanza!  ¡Voces  que  imploran  mi  perdón! 

Hugo.        No  hay  perdón  para  ti.  (Vase  precipitadamente  por  la 
ganda  puerta  lateral  de  la  derecha.) 


ESCENA   XVI 


DIANA 


\ 


En  euanlo  Hago  desaparece  legUtra  las  dos  puertas  de  la  derecha  por 

ti  están  abiertas,  pero  resisten,  y  dice  con  desconsuolo:    «¡Cerradas!]^  ^ 

Poco  á  poco  se  va  situando  en  el  centro  de  la  escena. 

¡Cerradas!  ¿Estos  gritos  que  oí,  serán  los  cantos  de 
mi  funeral?  ¿Serán  himnos  de  mi  salvación?  Mi  juicio 
se  transforma.  No  es  posible  que  yo  muera  infamada 
en  horroroso  suplicio,  quemada  viva,  siendo  inocente, 
cuando  las  aún  encendidas  pavesas  del  papel  que  con- 
tenía mi  indulto  acusan  la  maldad  y  la  traición  de  mi 

eiiemigO.  (Breve  pansa,  durante  la  cual  se  vuelven  A  oir  Itis 


—  92  ~ 

^rltof,  pero  ilempre  lejanos.)  {Otra  VOZ!  ¡CÓmO  SOfreS,  00- 
razón  míOl  (Ca«  de  rodllUe  coa  lu  manos  crasadas.)  ¡A  tí, 

Dios  mío,  te  invocol  Hágase  ta  volantad.  (Qaeda  en 

oraeͿB  coa  la  cabeza  baja  y  loe  ojos  cerrados.  Por  las  dbs  paer* 
tas  de  la  derecha,  slmaltineameate,  entran  en  escena  el  JaeS| 
el  Eecribaoo,  vn  grnpo  de  Atgaactles  y  na  Fraile.  Se  abro  la 
pnerU  del  fondo,  y  aparece  en  ella  el  Verdugo  Tostldo  de  rojo 
con  an  pegne&o  haa  de  leña  debajo  del  brazo  Izquierdo  y  una 
tea  encendida  en  la  mano  derecha.  Detrás  del  Verdag^o,  y  en  la 
parte  de  allá  de  la  Terja,  se  coloca  un  piquete  de  Soldados  coa 
un  tambor  destemplado.  Algunos  grupos  de  gente  dei  pueblo 
llegan  poco  después,  y  quedan  tres  la  verja  eon  los  Soldados. 
Diana  no  se  mueve  ni  se  apercibe  de  to  que  pasa  hasta  que  al 
Juet  le  dirige  la  palabra.) 


ESCENA  XVn 

DIANA,  el  JUEZ,  el  ESCRIBANO,  un  FRAILE,  el  VERDU- 
GO, ALGUACILES,  SOLDADOS  y  GENTE  DEL  PUEBLO 


Juez. 

EscaiB. 
Juez. 
EscaiB. 
Juez. 


ESCBIB. 

Juez. 


Duna. 


Juez. 


(ai  Eseribano,  indieándole  que  alU  «stá  Diana.)  Miradla  re- 
zando. 

Está  fuera  de  su  prisión. 
Iba  á  fugarse. 

Por  eso  adelantan  la  hora  de  su  suplicio. 
Pretenden  salvarla  por  medio  de  un  motín;  pero  esa 
empresa  requiere  bríos  y  tiempo,  j  antes  de  que 
puedan  intentarlo  Diana  no  existirá,  á  no  ser  que  de* 
clare  quiénes  son  sus  cómplices. 
Poco  falta  ps^ra  las  diez. 

Esa  es  la  hora  que  ha  de  sonar  para  llevarla  al  supli- 
cio. Vamos  á  interrogarla  por  última  vez.  (Dirige  i* 

palabra  á  Diana.)  ¿Scñont?... 

(Coma  si  TolTiera  de  nn  letargo.)  ¿Quíéu  CS?   (ai  raeoaoear 

al  Jues  se  pone   de  plá,   rápida.)  |Ah!    La  PrOVidcnCÍa   OS 

envía.  He  de  revelaros  un  secreto  muy  grave. 
Eso  puede  ser  vuestra  salvación. 


_¿5l. 


—  93  — 

Diana.     Es  segura  si  hay  justicia  y  piedad  en  la  tierra. 

Juez.  De  vos  depende.  Tengo  el  encargo  de  preguntaros 
por  vez  postrera,  y  en  público,  si  queréis  dar  los  nom- 
bresf  de  vuestros  cómplices. 

Diana.    |Lo  de  siempre!  ¡No,  y  mil  veces  he  dicho  que  no! 

Juez.       Señora,  pensadlo  bien. 

Duna.  Miradme  bien,  miradme  todos.  ¿Tengo  yo  cara  de  te- 
ner cómplices?  ¡Ah,  señor  Juez!  ¿Pues  no  veis  que 
tener  cómplices  es  prueba  de  la  culpa? 

Juez.  Declarad,  por  vuestro  bien.  Dentro  de  breves  instan- 
tes ya  no  será  tiempo. 

Diana.  ¡Declaro  que  muero  sin  culpa!  ¡Declaro  que  mi  muer- 
te sería  un  crimen,  porque  en  virtud  de  un  decreto 
del  Virrey  Requesens,  he  sido  perdonada! 

Juez.       ¡Eso  es  un  sueño,  un  delirio! 

EscRiti.    Una  quimera* 

Duna.  ¡Un  sueño!  ¡un  delíriol  ¡una  quimera!  ¿No  sabéis, 
acaso,  y  lo  sabe  todo  el  mundo,  que  Hugo  pretendió 
mi  amor?  Y  aquí,  ante  esa  santa  imagen;  aquí,  ante 
ese  sagrado  signo  de  la  humana  redención,  acabando 
ofrecerme  el  perdón  y  la  vida  si  doblegaba  mi  volun- 
tad á  sus  deseos. 

Juez.      (ai  Escribano.)  (Su  manía.) 

EsGRiB.    (ai  Jaex.)  (Bien  decía  su  carcelera.) 

Diana.  Hace  un  mes  venía  de  Bruselas  un  correo,  siendo  por- 
tador de  un  pliego,  y  en  ese  pliego  estaba  escrito  mi 
perdón.  El  correo  fué  asesinado  en  el  camino  y  el 
papel  llegó  á  manos  de  Hugo,  y  creyéndose  fuerte  de 
ese  modo,  vino  el  cruel  á  exigirme  amor  á  cambio  de 
mi  vida.  De  sus  lal^íos  he  oído  la  infamia  que  os  re- 
lato. ¿Es  posible  mi  supücio? 

Juez.       ¡Pruebas,  pruebas  de  lo  que  decís! 

EscBíB.    ¡Testigos  hacen  falta! 

I^Na.      (Moitrando  las  pavesas  del  papel  qos  se  qaem¿.)  LaS  pmebas 

que  puedo  presentar  son  estas  cenizas. 
EscRiB.    ¡Un  papel  quemado! 
Duna,    Por  testigos  tengo  esa  santa  imagen,  esa  cruz  y  esa 


—  94  — 

lámpara  coya  llama  ha  servido  para  quemar  el  doca- 
ment^.  (Dios  os  ilumine  y  terí|;a  misericordia  de  mil 

JuBz.  Las  pruebas  nada  dicen,  y  aunque  los  testigos  son 
buenos,  son  mudos. 

Duna.    ¿Y  he  de  morir? 

Juez.      (ai  Eteribano.)  (¿Qué  opináis?) 

EsGRiB.  (Al  Joes.)  (Puede  ser  todo  ello  una  fábula  para  demo- 
rar su  suplicio.) 

Diana.    ¿Y  he  de  morir?  Contestad. 

Juez.        A  las  diez.  (D*o  álet  cAmpanadM.) 

EscAiB.    ¡Esa  es  la  horal  , 

Diana.  ¡Oh!  (Exelamacióa  de  hnrror.  Breve  pansa.  Gira  la  mirada 
con  extrsTfo  ea  torno  de  tí»  f  habla  con  exattaeión.)  ¡La  ho* 

ral  Hombres  inhumanos  y  perversos,  ¿así  inj arláis  á 
la  justicia?  Soy  inocente,  y  me  sentenciáis;  me  per- 
donan... no,  no  me  perdonan,  me  hacen  justicia  los 
que  mandan  y  me  queman,  los  que,  torpes  y  ciegos, 
obedecen  á  la  maldad,  despreciando  lo  justo  del  man- 
dato. ¡La  horal  Es  el  instante  escogido,  la  víctima 
está  indefensa  y  el  suplicio  preparado,  ¿qué  importa 
lo  demás?  Es  preciso  el  escarmiento,  el  espectáculo, 
y  urge  martirizarme.  Las  pruebas  de  la  inocencia,  la 
evidencia  de  mi  absolución,  vendrán  luego,  cuacdo 
convertidas  mis  carnes  en  ceniza  se  haya  cumplido  el 
fallo  de  mi  bárbaro  destino.  {Ah,  desdichada  edadl. 

( Va  cobrando  entérela   y  aerenidad.)    {AqUÍ   Cl    VOrdugO..* 

allí  la  hoguera...  la  curiosidad  en  los  rostros  y  el 
miedo  «n  el  corazónl  )Dios  no  os  ha  de  perdonar  y  la 
historia  tampocol  ¡Prended,  atormentad,  sentenciad, 
quemad  sin  miserícordia,,avivad  las  llamas  de  las  pi- 
aras, y  al  rojo  resplandor  de  las  hogueras,  llenad  el 
mundo  de  luz  que  lo  ilumine  y  de  fuego  que  lo  puri- 
fique! ¡Y  veréis  entonces  cómo  llegan  tiempos  de  hu- 
manismo y  de  piedad,  y  cómo  los  que  hoy  son  luga* 
res  de  suplicio,  se  transforman  en  altares  suntuosos 
que  glorifiquen  á  las  víctimas!  ¡Esos  tiempos  llega- 
rán, mi  espíritu  lo  adivina,  y  la  raza  humana  honra- 


—  95  — 

rá  á  los  justos,  á  los  buenos  y  á  los  mártires^  haciea- 

do  imperecedera  su  memoria! 
Juez.      Ha  sonado  la  hora. 
Diana.    Puos  vamos  ya.  (Asi¿ndo«e  del  Fr«ne.)  Vamos^  padre, 

vamos  á  esperar  la  justicia  del  cielo,  (vmo  por  u 

puert»  de  la  verja  dal  fondo,  precedida  y  rodeada  do  Algoaei* 
loa*  El  Verdal^  va  delante  de  todot,  el  Jaex  y  el  Eserihano 
detrit  de  Diana,  y  cierran  el  cortejo  los  Soldados^  haciendo 
tonar  la  caja*  Laa  mujerea  del  pneblo  alg^aen  al  piqaete,  pero 
loa  hombrea  te  qaedaa  trae  la  verja,  en  ya  puerta  ae  vaeWo  á 
cerrar.  Entra  Hago  en  eseena  por  una  do  las  paertaa  do  la  do" 
reeha.  Aparecen  Coleta  y  Dlooía  detráa  de  la  verja  y  anos  hom* 
broa  con  haces  do  picas  y  espadas  y  las  reparten  entre  los  hom- 
bres del  pneblo.  El  cortejo  se  va  alojando  y  el  tambor  va  poeo 
i  poeo  amortiguando  el  r«{do  de  sas  golpes. 


ESCENA  XVIII 

HUGO,   COLETA,  DIONÍS   y  GENTE  DEL   PUEBLO 

Hdgo.      (Aquí  habrá  soledad.  Aquí  he  de  ocultar  mi  ver- 
güenza y  mi  derrota.) 
Goleta.  (Blandiendo  ana  espada.)  lÁ  salvarla,  Ó  á  morir! 
Dioins.    lA  salvarla  I 

Hugo.        (Refiriéndose  á  los  qao  hay  tras  la  verja.)  |lmbécilesl  (Vanse 
todos  menos  Hago.) 

KSGENA   XIX 

HUGO 

iPor  fin  calló  la  destemplada  caja!  Sus  golpes  sentía 
yo  aquí  en  lo  interior  del  pecho,  lo  mismo  que  si  so- 
bre el  corazón  me  descargasen  cíciópóos  martillazos. 
I  Miseria  humanal  ¿De  qué  sirve  el  poder  vencido  por 
la  voluntad  de  un  ser  débil?  ¿De  qué  sirve  el  deseo 


—  96  — 

arrogante  de  la  fiereza  ante  la  apaéible  resistencia  de 
la  virtud?  ¡Yo,  humillado,  y  ni  siquiera  me  queda  el 
placer  de  matar  su  memoria!  ¡Ni  siquiera  esa  ven- 
ganza! Ella,  Diana,  va  al  suplicio  como  á  sus  nupcias 
con  Rafael.  Un  ¡ay!  un  pequeño  dolor, la  muerte...  ¡y 
es  feliz!  Muere  venerada,  llena  de  piedad  y  amor. 
Flores  sembrarán  en  la  tierra  que  la  sepulte  y  serán 
reliquias  los  huesos  y  los  cabellos  de  la  mujer  que  me 
desdeñó.  |Y  yo,  aquí,  vencedor  vencido,  silbado  por 
el  respeto,  y  el  miedo  y  el  terror  que  infundo!  ¡Pero 
¡no!  ¡no!  Bien  muerta  está.  En  el  mundo  de  los  vivos 
está  Juan  Cabet.  El  dolor  de  ese  hombre,  su  condena- 
ción en  vida,  ¡esa  es  mi  victoria! 


ESCENA  XX 

HUGO    y    JUAN 

Joan  con  botas  d«  monUr  y  aspattlas  entra  an  «ácana  par  la  primera 
pnerta  lateral  de  la  derecha.  Lleg^a  afanoso  con  an  pUeg^o  de  papel  en  la 
man«»  Al  entrar  no  repara  en  Hugo,  qne  en  dicho  momento  ha  de  ha* 
liarse  en  segando  término  cablerto  por  la  eras;  pero  Hago  s{  re  á  Jaai^ 

desde  el  primer  iastantea 

HüGO.     (Al  Ter  i  Joan.)  (¡Cabet!  SatHUás  le  trae.) 
Juan.      Este  es  el  patio...  aquella  es  la  prisión  de  Diana.  Pero 
¡qué  soledad!  No  hay  centinelas,  ni  carceleros,  ni 
jueces.  ¿Habré  llegado  tarde?  (Se  oye  dentro,  é  lo  lejoe, 

an  gran  rocerfo  confaso   y   prolongado.  Juan    se  asonft  4  la 
Terja,  por  la  parte  de  la  itqaierda,  para  oir  mejor.) 

Hugo.     (¡Cómo  voy  á  gozar  en  su  desventura!)  (Vase  eoa  iigiio, 

por  la  primera  paerta  lateral  de  la  derecha,  cerrando  !•  pMrta 
despais  de  haber  salido.) 


—  97  — 

ESCENA  XXI 

JUAN 
Esos  gritos...  el  silencio  que  aquí  reina...  (sa  aeercA  « 

la  puerta  del  pabellón  y  escacha.)  Nada  Se  oye.  ¡DiOS  míol 

¡Dios  míol  ¿Habrá  muerto?  ¿La  estarán  quemando? 
¿Irá  á  morir  cuando  de  nuevo  traigo  su  perdón,  ese 
perdón  misteriosamente  robado?  ¡Ah,  no,  nol  Gsos 
lejanos  gritos  son  una  revelación.  Diana  está  en  el 
suplicio.  Quizás  es  tiempo  de  salvarla,  si  acudo  dili-* 

gente.  (Corra  hacia  la  puerta  por  donda  entró,  la  encuentra 
cerrada  y  la   golpea  con    desesperación.  Después  acude  4  la  sa- 

^nda  puerta.)  ¡Cerrada!  ¡Abrid,  abrid!  ¡Maldición!  La 
han  cerrado  tras  de  mí.  ¿Y  por  dónde?...  Otra  puerta. 
¡Cerrada  también!  ¡Hugo!  ¡Hugo!  Reconozco  tu  mal- 

mad.  (Se   dirige  á  la  puerta  central    de    la  rerja.)    Esta    es 

•  Otra  salida.  No  cede...  se  abre  por  fuera...  ¡y  otra  vez 

se  oye  gritarl    (otra  vez  se  oye  el  lejano  Toeerío.)  ¡Diana! 

¡amor  míol  ¡no  me  acuses  si  mueres!  ¡Yo  también  me 
muero  de  dolor!  ¡Ah!  Trepando  por  la*  verja,  podré 

salir.  (Empieza  á  trepar  por  la  verja,  cuando  se  abre  la  primera 
puerta  lateral  de  la  derecha  y  entra  Hug^  en  escena  seg^nido  do 
Qn  Soldado.  A.  la  vos  de  Hugo,  Juan  detiene  su  ascensión.) 

ESCENA  ÚLTIMA 

JUAN,   HUGO  y  an  SOLDADO,  que  entra  y  se  va  en  seg'uida. 
HüGO.       (ai  Soldado.)  Cierra  por  fuera  y  vete.  (Vase  el  Soldado.) 

Juan.      ¡Hugo! 

Hugo.     Antes  que  puedas  traspasar  la  verja,  he  de  matarte. 

Juan.         (Dirigiéndose  á  Hugo.)  ¿Y  Diana? 

Hugo.     En  el  suplicio. 

Juan.      ¡Asesino!  ¡Abre,  abre!  ¡Manda  abrirl 

7      • 


—  98  — 
Hugo.     Después  del  toque  de  agonía.  (Se  oye  do  naero  ei  Toeerío, 

lajaao  «orno  antes»  pero  más  inerte  y  prolongado*) 

Juan.  Tú  fuiste,  tú,  el  que  interceptó  el  perdón  de  Diana, 
de  esa  mártir,  de  esa  mujer  cuya  vida  es  mi  vida; 
pero  aquí  Ke  traigo  otra  vez.  ¡ Abrel 

Hugo.  Inútil  porfía.  Ese  perdón  que  traes  es  mi  denuncia. 
Ese  perdón  es  la  vida  de  la  mujer  que  tú  amas,  y 
antes  la  quiero  muerta  que.  en  tus  brazos.  ■" 

Juan.  ¡Abre,  ó  te  mato!  (Ábrel  (Desmda  U  espada.  Sago  hace 
lo  mismo.) 

Hugo.     Cuando  su  alma  suba  al  cielo. 
Juan.      Guando  la  suya  suba  al  cielo,  la  tuya  bajará  al  in- 
fierno» (Ataca  con  brío  i  Hago,  qne  te  defiende.) 

Hugo.  Y  tú  quedarás  en  ol  infierno  del  dolor. 

Juan.  ¡Muere,  miserable!  (Hago  ese  herido.) 

Hugo.  No  la  verás...  más. 

Juan.  Todavía  puedo  llegar.  lAyudadtne,  Dios  del  cielo! 

(Corre  hacia  la  verja.  Dentro  se  oye  raído  lejano  como  de 
lacha  y  gritos  más  fuertes  y  prolongados  q«e  las  yecos  ante- 
floree.) 

YoGBs.    (Dentro.)  |Hurra!  [muera!  ¡viva! 
Juan.      Gritos  de  victoria. 
Hugo.      ¡Voces  malditasl  . 

Juan.        Aún  es  tiempo.    (Va  i  trepar  por   la  verja,  pero    ana  cam« 

pana  de  iglesia  da  el  toqne  de  agonía.    Jnsn   cae   de  rodillas, 

deja  caer  la  espada,  se   cubre  el  rostro  con  las  manos  y  llora.) 

¡Muerta! 

Hugo.  (incorporándose  por  an  gran  esfaertOt)  He  VCncidó.  (Cae 
muerto  y  se  baja  el  telón,  oyéndose  aún  el  lento  y  lúgubre 
toqne  de  la  campana.)    . 


FIN  DEL  DRAMA 


\ 


i 


{ 


\